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Meditación Día 30

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DÍA 30*

Patrono de los Moribundos


Ruega por nosotros
El nombre de José será nuestra protección durante todos los días de nuestra vida, pero especialmente a
la hora de la muerte.
— Beato Guillermo José Chaminade

S an José tuvo una feliz y santa muerte. Falleció contemplando a Jesús y


descansando en los brazos de María. ¿Qué mejor muerte podría experimentar
una persona? Dios ha designado a San José Patrono de los moribundos porque él
quiere que experimentemos una muerte santa y feliz como la de San José.
Si bien la muerte es parte de la vida, no es una parte fácil de vivir.
Abandonarse y decir adiós a familiares y amigos resulta muy complicado. En
muchos monasterios hay carteles que dicen “Memento Mori” (recuerda que vas a
morir). Estos carteles no están colocados con una intención morbosa, sino como
recordatorio de que nuestra vida en la tierra llegará a su fin y tenemos que estar
preparados para la muerte porque Satanás siempre intenta llevar a un alma a la
desesperación para que se aleje de nuestro amoroso Dios en esa última hora.
Pregúntale a cualquier sacerdote y te dirá que a la hora de la muerte el alma
libra un combate espiritual, y por eso tenemos que invocar a nuestro padre
espiritual para que nos fortalezca, nos proteja y nos llene de confianza en el amor
y la misericordia de Dios.

Jesús le concedió [a San José] el privilegio especial de proteger a los moribundos en contra de los engaños
de Lucifer, de la misma forma que a Él [a Jesús] lo había salvado de los planes de Herodes.
— San Alfonso María de Ligorio

SAN JOSÉ ES TU PATRONO PERSONAL. San José es el patrono personal de


cada uno porque todos vamos a morir, nadie estará aquí para siempre, por lo que
cuentas con un amoroso padre espiritual que te ayudará a prepararte para la
muerte. En su lecho de muerte, el mismo San José ha de haber estado preocupado
por el futuro de su esposa e Hijo. ¿Sufrirán? ¿Serán tratados cruelmente por los
demás? ¿Su futuro será feliz? Pero San José tenía una infinita confianza en el amor
y la misericordia de Dios, y falleció confiando en que la Divina Providencia de
Dios cuidaría de su esposa y de su Hijo. Con San José en tu vida tampoco tendrás
que temerle a la muerte, porque cuando llegue tu hora San José te ayudará a tener
una feliz y santa muerte.

La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte. En la Letanía de los Santos, por
ejemplo, nos pide rezar: “De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor,” a pedir a la Madre de
Dios que interceda por nosotros “en la hora de nuestra muerte” (Avemaría), y a confiarnos a San José,
patrono de la buena muerte.
— Catecismo de la Iglesia Católica

El Catecismo nos dice que para prepararnos a morir, debemos “encomendarnos a


San José.” En otras palabras, ¡consagrarte a San José! Para prevenir una muerte
desdichada, una muerte que nos sorprenda sin preparación, sin los últimos
Sacramentos, hay que consagrarse a San José y llevar una vida de santidad; de esa
forma la muerte no nos llegará estando desprevenidos. En nuestros días mucha
gente no está preparada para morir, no piensan en su mortalidad, viven como si
fuesen inmortales e inmunes a la tumba. La muerte para esas personas será una
tortura.
En cuanto a ti, te aconsejo que lleves una vida piadosa unido a la Iglesia,
manteniéndote en estado de gracia mediante la Confesión y la Santa Comunión
frecuentes. ¡Entrégale todo a San José!

Esa persona [devota de San José] le rogará le consiga la gracia de morir como él: con el beso de Jesús y
en los brazos de María.
— Beato Guillermo José Chaminade

Dichoso serás si mueres asistido por San José. Entonces no te importará si las llamas te devoran, las
aguas te inundan, o la enfermedad te mata; las oraciones a San José te cubrirán con su manto protector
para defenderte.
— Venerable Nelson Baker

*Del libro CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ – LAS MARAVILLAS DE NUESTRO PADRE ESPIRITUAL- Donald H. Calloway,
Mic.

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