❞𝑨𝒏̃𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝒊𝒄𝒆𝒏𝒕𝒆𝒏𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒐𝒍𝒊𝒅𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝑰𝒏𝒅𝒆𝒑𝒆𝒏𝒅𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂 𝒚 𝒅𝒆
𝒍𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒉𝒆𝒓𝒐𝒊𝒄𝒂𝒔 𝒃𝒂𝒕𝒂𝒍𝒍𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑱𝒖𝒏𝒊́𝒏 𝒚 𝑨𝒚𝒂𝒄𝒖𝒄𝒉𝒐❞
TEMA:
OBRA LOS RÍOS PROFUNDOS
AUTORA : ADRIANA DANITZA
SULLCA HUILLCA.
GRADO: 6TO.
SECCION: B.
NACI EL 03 DE FEBRERO DE 2013 EN E
HOSPITAL BELEMPAMPA
CUSCO – PERU
2024
EL VIEJO
Catedral del Cuzco.
El relato empieza cuando el narrador (Ernesto)
cuenta su llegada al Cuzco, acompañando a su
padre Gabriel, quien era abogado y viajaba
continuamente buscando donde ejercer su
profesión. Soy Gabriel
Abogado
En la antigua capital de los incas visitan a un pariente rico al que conocen corno El
Viejo, para solicitarle alojamiento y trabajo, pero este resulta ser un tipo avaro, tosco y
con Tama de explotador, por lo que deciden abandonar la ciudad y buscar otros rumbos.
Necesito
alojamiento
Pero antes pasean por la ciudad. Ernesto se
deslumbra ante los majestuosos muros de los
palacios de los Incas,
cuyas piedras finamente talladas y perfectamente encajadas le parecen que se mueven y
hablan. Luego pasan frente a la Iglesia de la Compañía y visitan la Catedral, donde oran
frente a la imagen del Señor de los Temblores.
Allí se encuentran nuevamente con el Viejo, quien estaba acompañado de su sirviente
indio o pongo, símbolo de la rata explotada. Ernesto no puede contener el desagrado que
le produce el Viejo y lo saluda secamente.
LOS VIAJES
Cuenta anécdotas curiosas que les toca vivir a ambos en
algunos pueblos. Llegan por ejemplo a un pueblo cuyos niños
salían al campo a cazar aves para que no causaran estragos en
los trigales.
En ese mismo pueblo, había una cruz grande en la cima de un
cerro, que durante una festividad religiosa era bajada por los indios en hombros.
En otra ocasión llegan a Huancayo, donde casi se mueren de hambre pues sus
habitantes, que odiaban a los forasteros, impidieron que los litigantes (clientes) fueran a
verles.
Tengo
hambre
En otro pueblo las personas les miran con rabia a excepción de una joven alta y de ojos
azules, que parecía más amigable.
Ernesto se venga en esa ocasión cantando huaynos a todo pulmón en las esquinas.
En Huancapi, cerca de Yauyos, contempla como unos loros que posaban en los árboles
son muertos a balazos por unos tiradores, siendo lo extraño que dichas aves no se
animaran a alzar vuelo y cayeran así mansamente, una tras otra.
De allí pasan a Cangallo y siguen hacia Huamanga, por la pampa de los morochucos,
celebres jinetes de quienes se decía que eran descendientes de los almagristas.
LA DESPEDIDA
También le promete que le matricularía en un colegio. Llegan pues a Abancay y se
dirigen a la casa del notario, pero este resulto ser hombre enfermo y ya inútil para el
trabajo, para colmo, con una mujer e hijos pequeños.
Descorazonado, el padre prefiere alojarse en una posada, donde coloca su placa de
abogado.
Pero los clientes no llegan y entonces decide reemprender sus viajes • Pero esta vez ya
no le podrá acompañar Ernesto, pues ya estaba matriculado de interno en un colegio de
religiosos de la ciudad, cuyo director era el Padre Linares.
Su decisión se apresura cuando un tal Joaquín, un hacendado de Chalhuanca, llega a
Abancay a solicitarle sus servicios profesionales. Ernesto se despide entonces de su
padre y se queda en el internado
LA HACIENDA
La vida de los indios de la hacienda colindante a Abancay, Patibamba, a donde solía ir
los domingos tras salir del internado, pero a diferencia de los indios con quienes habia
pasado su niñez estos parecían muy huraños y vivían encerrados.
Relata también las misas oficiadas por el Padre, y
corro este predicaba el odio hacia los chilenos y el
desquite de los peruanos por la guerra de 1879
(recordemos que eran los anos de 1920, en plena
tensión peruano-chilena por motivo del litigio por
Tacna y Arica) y elogiaba a la vez a los
hacendados, a quienes calificaba como el
fundamento de la patria, pues eran, según su juicio, los pilares que sostenían la riqueza
nacional y los que mantenían el orden.
PUENTE SOBRE EL MUNDO
El rio cercano a Abancay, sobre el cual los conquistadores españoles construyeron un
puente de piedra y cal que hasta hoy sobrevive.
Con la esperanza de poder encontrar a
algún indio colono de la hacienda, Ernesto
aprovecha los domingos para visitar
Huanupata, el barrio alegre de Abancay,
poblado de chicherías, arrabal pestilente
donde también se podían encontrar mujeres
fáciles. Para su sorpresa no encuentra a
ninguno de los colonos, y solo ve a muchos forasteros y parroquianos.
De todos modos continua frecuentando dicho barrio, pues los fines de semana iban allí
músicos y cantantes a tocar arpa y violín y cantar huaynos, lo que le recordaba mucho a
su tierra.
Luego pasa a describir la vida en el internado; en primer lugar cuenta como el Padre
organizaba a los a alumnos en dos bandos, uno de «peruanos y otro de chilenos» y lo
hacía enfrentar en el campo, a golpes de puño y empellones, como una manera de
incentivar el espíritu patriótico.
Luego menciona a los alumnos, refiriendo sobre sus orígenes y características: el Lleras
y el Añuco, que eran los más abusivos y rebeldes de los alumnos; el Palacitos, el de
menor edad, y a la vez el más tímido y débil de todos; el Romero, el Peluca y otros más.
También se menciona a una joven demente, la opa Marcelina, que era ayudante en la
cocina y que solía ser desnudada y abusada sexualmente por los alumnos mayores,
sobre todo por el lleras y el Peluca.
El lleras incluso trata de forzar al Palacitos para que tenga relaciones sexuales con la
opa, mientras esta era sujetada en el suelo con el vestido levantado hasta el cuello.
El Palacitos se resiste, llorando y gritando, El Romero, hastiado de los abusos del
Lleras, le reta a pelear, pero el encuentro no se produce.
ZUMBAYLLU
Para los mayores solo se trata de un juguetes infantiles pero los más chicos ven en ello
un objeto mágico, que hace posible que todas las discusiones queden de lado y surja la
unión.
Antero le regala su zumbayllu a Ernesto y se vuelven desde entonces muy amigos. Ya
con la confianza ganada, Antero le pide a Ernesto que le escriba una carta de amor para
Salvinia, una chica de su edad a quien describe como la niña más linda de Abancay.
Luego, ya en el comedor, Ernesto discute con Rondinel, un alumno flaco y desgarbado,
quien le reta a una pelea para el fin de semana.
Lleras se ofrece para entrenar a
Rondinel mientras que Valle alienta a
Ernesto. En la noche, los alumnos
mayores van al patio interior; allí el
Peluca tumba a la opa Marcelina y yace
con ella. De lejos, Ernesto ve que el
Lleras y el Añuco amarran sigilosamente algo en la espalda del Peluca.
Cuando este vuelve al dormitorio, Ernesto y el pampachirino se espantan al ver unas
tarántulas o apasankas atadas en su saco, Pero los otros internos se ríen; el mismo
Peluca arroja y aplasta sin temor a los bichos.
EL MOTÍN
A la mañana siguiente, Ernesto le entrega a Antero la carta
que escribió para Salvinia; Antero la guarda sin leerla.
Luego le cuenta a su amigo su desafío con Rondinel.
Antero se ofrece para amistarlos y lo logra, haciendo que los
dos rivales se den la mano. Luego todos se van a jugar con los
zumbayllus.
Al mediodía escuchan una gritería en las calles y
divisan a un tumulto conformado por las chicheras
del pueblo. Algunos internos salen por curiosidad,
entre el los Antero y Ernesto, que llegan hasta a la
plaza, la que estaba copada por mujeres indígenas que
exigían que se repartiera la sal, pues a pesar de que se había informado que dicho
producto estaba escaso, se enteraron que los ricos de las haciendas las adquirían para
sus vacas.
Encabezaba el grupo de protesta una mujer robusta llamada doña
Felipa, quien conduce a la turba hacia el almacén, donde
encuentran 40 sacos de sal cargados en mulas. Se apoderan de la
mercancía y lo reparten entre la gente. Felipa ordena separar tres
costales para los indios de la hacienda de Patibarnba.
Ernesto la acompaña durante todo el camino hacia dicha hacienda, coreando los
huaynos que cantaban las mujeres. Reparten la sal a los indios, y agotado por el viaje
Ernesto se queda dormido.
AI anochecer le encuentra allí Antero, quien le cuenta que el Padre Linares estaba
furioso por su ausencia. Ambos van a la alameda a visitar a Salvinia y a su amiga
Alcira; esta última estaba interesada en conocer a Ernesto, según Antero. Pero al llegar
solo encuentran a Salvinia, quien se despide al poco rato pues ya era tarde. Antero y
Ernesto vuelven al co1egio.
QUEBRADA HONDA.
Ya en el colegio Ernesto es llevado por el Padre a la capilla. Luego de azotarlo el Padre
le interroga severamente. Ernesto se atreve a responderle que solo había acompañado a
las mujeres para repartir la sal a los pobres.
El Padre le replica diciéndole que aunque fuese por los pobres se trataba de un robo.
Finalmente castiga a Ernesto prohibiéndole sus salidas del domingo.
Al día siguiente Ernesto acompaña al Padre al
pueblo de los indios de la hacienda. El Padre
se sube a un estrado y empieza a sermonear a
los indios en quechua. Les dice que todo el
mundo padece, unos más que otros, pero que
nada justifica el robo, que el que roba o recibe
lo roba do es igual condenado. Pero se
alegraba que el los hubieran devuelto la
mercancía y que ahora la recibieran en mayor
cantidad.
Ante esta predica ardiente las mujeres romper en llanto y todos se arrodillan. No lo
vuelven a ver más; des pues supieron que aquella misma noche huyo del colegio. El
añuco también se alista para irse del colegio, aunque reconciliado con todos. El
Palacitos se alegra pues cree que con la reconciliación ya no ocurrirán mas desgracias
en el pueblo.