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Notas de clase

Principios de la mecánica cuántica

La física cuántica ha reemplazado a la física clásica en términos de descripción fundamental de


nuestro universo físico y se utiliza permanentemente para describir la mayoría de los fenómenos que
ocurren a pequeñas distancias (es decir distancias atómicas y moleculares). La física cuántica es el
resultado de aplicar el marco de la mecánica cuántica a diferentes fenómenos físicos. Por ejemplo, la
electrodinámica cuántica se obtiene al aplicar la mecánica cuántica al electromagnetismo, la óptica
cuántica se obtiene al aplicar la mecánica cuántica a dispositivos ópticos, gravitación cuántica cuando
se aplica a la gravitación, etc. La mecánica cuántica provee, de hecho, un marco teórico coherente y
elegante. La era de la cuántica surgió formalmente en 1925, con los aportes de Erwin Schrödinger y
Werner Heisenberg, pero las semillas iniciales de estos aportes fueron sembradas por Max Planck, Albert
Einstein, Niels Bohr, Louis de Broglie, entre otros. Realmente representa un gran logro de la imaginación
humana haber desentrañado el abstracto y contraintuitivo conjunto de reglas que definen a la mecánica
cuántica. Intentaremos sintetizar en lo que sigue las ideas y perspectivas principales detrás de la escena
de la teoría cuántica.

1. Primeros indicios y fenómenos asociados


1.1. Pérdida del determinismo
Uno de los logros más importantes de Maxwell fue el resultado de que sus ecuaciones del electro-
magnetismo permitían describir la existencia de ondas que se propagan en el vacío (o, de hecho, también
en otros tipos de materiales o sustancias llamados dieléctricos). En particular, en 1865 Maxwell propuso
que la luz era una onda electromagnética, que se manifestaba como una fluctuación propagante de los
campos eléctricos y magnéticos, lo cual luego fue verificado experimentalmente. Esto llevó a que los
físicos de finales del siglo XIX estuvieran convencidos de que la luz era una onda. Este convencimiento,
de todas maneras, no duró mucho tiempo. Los experimentos realizados sobre la llamada radiación de
cuerpo negro y sobre la fotoemisión de electrones mostraban evidencia de que algo acerca de esta
concepción ondulatoria de la luz no funcionaba correctamente y que el comportamiento de la luz debía
ser algo un poco más complicado que el de una simple onda.
Max Planck y Albert Einstein fueron los principales contribuyentes a la resolución de los inconve-
nientes que sacaban a la luz (valga la redundancia. . . ) estos experimentos. En primer lugar, Max Planck
propuso (en 1900) que un cuerpo negro sólo era capaz de absorber o de emitir energía en forma de
paquetes con una mínima cantidad de energía permitida cuyo valor es E = hν, donde h se denomina
constante de Planck 1 y ν es la frecuencia (en Hz) de la vibración de la onda electromagnética cuya ener-
gía es absorbida o emitida. Luego Einstein asoció esta mínima cantidad de energía (llamada “cuanto”,
del latín “quantum”) al fotón, que sería el equivalente a “una partícula de luz” portadora de la mínima
energía posible para la frecuencia de vibración correspondiente a tal onda electromagnética. En base a
La fundamental constante de Planck toma el valor h = 6,626 × 10−34 J s y aparecerá por todos lados en la formulación
1

matemática de la mecánica cuántica.

1
estas nuevas ideas o postulados Einstein pudo explicar (en 1905) el efecto fotoeléctrico (con lo cual fue
galardonado con un premio Nobel). Es decir, una onda electromagnética puede pensarse también como
un “haz de partículas” con energía bien definida. Esta dualidad onda-partícula de la luz lo perturbaba
un poco, dado que la teoría de Maxwell era muy convincente respecto de la naturaleza ondulatoria de
la luz. Aun así, no tuvo otra alternativa que asumir que la luz puede comportarse como onda o como
partícula, lo cual requería el desarrollo de nuevas teorías físicas más allá de la física clásica. A pesar de
que nunca estuvo muy a gusto con la mecánica cuántica sus ideas y aportes contribuyeron de manera
importante a su construcción.
A los físicos les tomó hasta 1925 aceptar la naturaleza corpuscular de la luz. Los experimentos de
Arthur Compton sobre la dispersión de la luz (en 1923) al interactuar con la materia convenció a los más
escépticos. Hoy en día, bajo todo ese manto de misterio, los fotones son manipulados por científicos
en todo el mundo y hemos crecido acostumbrados a su existencia. Cada fotón de luz visible porta muy
poca energía y un pulso de luz láser puede contener varios miles de millones de fotones. Nuestro ojo,
sin embargo, es un muy buen detector de fotones: en total oscuridad podemos ver luz cuando sólo 10
fotones impactan nuestra retina. Cuando decimos que la luz se comporta como partículas nos referimos
a partículas de naturaleza mecano-cuántica: cada partícula es un paquete de energía y momento que
no puede subdividirse. . . o sea, no nos referimos a un punto corpuscular clásico newtoniano, que es
un objeto sin volumen con posición y velocidad definidas. Resulta entonces que la energía de un fotón
depende solamente del “color” (o longitud de onda) de la luz y está dada, como ya mencionamos aunque
ahora lo dejamos bien establecido, por
E = hν. (1)
La frecuencia de un fotón determina la longitud de onda λ de la luz mediante la relación

c = λν, (2)

donde c es la velocidad de la luz. Todos los fotones verdes, por ejemplo, tienen la misma energía y para
incrementar la energía de un haz de luz manteniendo un mismo color sólo se necesitan más de tales
fotones en dicho haz.
En lo que sigue veremos un ejemplo que demuestra que la existencia de los fotones implica que
la mecánica cuántica es no determinista. Con esto decimos que el resultado de un experimento no
puede estar determinado, como lo era en la física clásica, por las condiciones que están bajo control del
experimentador.

Ejemplo: Consideremos un polarizador cuya dirección preferencial está alineada con la dirección x̂,
como muestra la Fig. 1. Si un haz de luz cuyo vector campo eléctrico oscila a lo largo de esta dirección

Figura 1: Polarizador alineado con la dirección x̂.

incide sobre el polarizador lo atravesará (idealmente) sin ser absorbido. Por el contrario, si el campo

2
eléctrico oscila en la dirección ortogonal no pasará en absoluto. Es decir, luz polarizada en la dirección
ŷ será completamente absorbida por el polarizador (ideal). Ahora consideremos un caso intermedio, en
el que la luz incidente esté polarizada formando un ángulo α con la dirección x̂, como muestra la Fig. 2,
¿qué sucederá?. Si pensamos al haz de luz como una onda que se propaga el campo eléctrico incidente

Figura 2: Luz incidente polarizada con un ángulo α respecto a la dirección x̂.

Eα toma la forma
Eα = E0 cos αx̂ + E0 sin αŷ. (3)
Este campo eléctrico tiene módulo E0 y por el momento ignoramos la dependencia temporal y espacial
de la onda, dado que no son relevantes para esta discusión. Cuando este campo eléctrico incida sobre
el polarizador la componente x atravesará el polarizador mientras que la componente y será absorbida.
Entonces, detrás del polarizador tendremos

E = E0 cos αx̂. (4)

Seguramente recordemos que la energía de una onda electromagnética es proporcional al cuadrado del
módulo del campo eléctrico. Esto significa que la fracción de energía del haz que atraviesa el polarizador
es cos2 α. También es sabido que la luz que emerge del polarizador tiene la misma frecuencia que la luz
incidente.
Hasta el momento vamos bien, pero ahora tratemos de entender este resultado pensando acerca
de los fotones que componen el haz de luz incidente. La premisa es que todos los fotones en el haz
incidente son idénticos. Más aun, los fotones no interactúan entre sí. Incluso podemos imaginar que a
toda la energía del haz incidente la enviamos de a un fotón por vez hacia el polarizador. Dado que la
luz que emerge del polarizador tiene la misma frecuencia que la incidente, y por lo tanto los fotones que
la componen tienen la misma energía, debemos concluir que cada fotón individual o bien atraviesa el
polarizador o bien es absorbido. . . si una fracción de un fotón atravesó el polarizador entonces tendría
menor energía, y por lo tanto menor frecuencia, lo cual es algo que no sucede en la práctica.
Esto nos enfrenta a un problema. Como ya sabemos de ondas, aproximadamente una fracción cos2 α
de los fotones deben atravesar el polarizador, dado que esa es la fracción de energía transmitida. En
consecuencia, una fracción 1 − cos2 α de los fotones debe ser absorbida. Pero si todos los fotones son
idénticos, ¿por qué sucede que algunos de ellos son absorbidos y otros no? La respuesta que emerge
de la mecánica cuántica es, de hecho, que esto sucede por una pérdida del determinismo. Es imposible
predecir si un fotón particular va a atravesar el polarizador o no, lo mejor que se puede hacer es predecir
probabilidades. En este caso hay una probabilidad cos2 α de que un fotón atraviese el polarizador y una
probabilidad 1 − cos2 α de que no lo haga.
Hay dos posibles salidas a este problema. En primer lugar, tal vez el polarizador no es en realidad
un objeto muy homogéneo y dependiendo dónde incida el fotón será transmitido o absorbido. Los ex-
perimentos muestran, sin embargo, que este no es el caso. Una posibilidad más intrigante fue sugerida

3
por Einstein y otros, y tiene que ver con la existencia de variables ocultas. Los fotones, aunque aparen-
temente son idénticos, pueden tener otras propiedades ocultas, aún no comprendidas, que permitirían
determinar con certeza cuál fotón atravesará el polarizador y cuál no. Las teorías de variables ocultas
parecerían ser incomprobables pero llamativamente pueden ser testeadas. A través de los trabajos de
John Bell y otros, los físicos han desarrollado experimentos muy bien diseñados para descartar la mayoría
de las versiones de las teorías de variables ocultas.2 Nadie ha descubierto hasta ahora cómo establecer
el determinismo en la mecánica cuántica y parecería ser una tarea imposible.

Breve paréntesis sobre la notación de Dirac para estados cuánticos: Cuando describimos,
por ejemplo, fotones en el marco de la mecánica cuántica usamos funciones de onda, o
equivalentemente podemos hacer uso del lenguaje de estados. Un fotón polarizado a lo largo
de la dirección x̂ no se representa usando un campo eléctrico, en cambio sólo le damos un
nombre a su estado, por ejemplo
|fotón; xi . (5)
Aprenderemos más adelante las reglas para manipular estos objetos, pero por el momento
podemos pensar que el objeto |. . .i es un vector en algún espacio a definir. El otro estado
posible para el fotón es el vector
|fotón; y i , (6)
que representa a un fotón polarizado a lo largo de la dirección ŷ. Estos estados son las
funciones de onda que representan al fotón. Ahora podemos decir que un fotón polarizado a
lo largo de la dirección dada por α está en un estado |fotón; αi que puede expresarse como
combinación de los dos estados anteriores, es decir

|fotón; αi = cos α |fotón; xi + sin α |fotón; y i . (7)

Esta ecuación debe compararse con (3). A pesar de que hay similitudes (ambas son superpo-
siciones) una refiere al campo eléctrico mientras que la otra refiere a “estados” de un fotón.
Si el polarizador está alineado con la dirección x̂ cualquier fotón que lo atraviese estará en
el estado
|fotón; xi , (8)
lo cual puede compararse con (4), donde se ve que el factor cos α tiene que ver con la
amplitud de la onda. En (8) se ve, en cambio, que no aparece dicho factor para un fotón.
En general, en la mecánica cuántica, se usa mucho esta notación que se denomina notación
de bra-ket’s o notación de Dirac para describir estados cuánticos. Se llama “ket” a un estado
denotado |. . .i, como acabamos de ver. Y para cada ket existe un correspondiente “bra”,
denotado como h. . .|. Esta notación tiene que ver con el producto interno (o “bra-ket”) entre
dos estados (o vectores) en un espacio de Hilbert, que se expresa
 
B1
∗ ∗ ∗ ∗ ∗ ∗  B2 
 
hA|Bi = A1 B1 + A2 B2 + . . . + An Bn = A1 A2 . . . An  .
...
Bn

El asterisco indica complejo conjugado. Como queda claro, un ket corresponde a un vector
columna y un bra a un vector fila de tal manera que tenga sentido el producto interno entre
ambos. El producto interno amplía la definición de producto escalar en un espacio vectorial
complejo.

1.2. Radiación de cuerpo negro, la catástrofe del UV


Veremos muy resumidamente uno de los primeros problemas con los que se topó la física clásica, que
fue sobre el cual Planck hizo sus importantes contribuciones respecto de la cuantización de la energía y
sentó así las bases para el posterior desarrollo de la mecánica cuántica durante los inicios de 1900.
Todo cuerpo real a cierta temperatura absoluta T emite radiación al entorno a la vez que absorbe
radiación del mismo, ambos efectos con cierta eficiencia menor a 1 (la eficiencia con la que emite y
2
Ver nota al pie número 16 más adelante.

4
absorbe radiación un cuerpo negro se cuantifica mediante los parámetros  y A, conocidos como emisi-
vidad y absorbancia, respectivamente). Un cuerpo negro se entiende como un cuerpo ideal que absorbe
perfectamente toda radiación que incide sobre él (de ahí el adjetivo negro) y también emite perfecta-
mente radiación (es decir A = 1 y  = 1), independientemente de la frecuencia de la misma y de manera
isotrópica. Además, un cuerpo negro se considera en equilibrio con su entorno, es decir que absorbe
tanta radiación como la que emite. Por radiación entendemos, obviamente, a ondas electromagnéticas
de cualquier frecuencia en el rango 0 < ν < ∞. El mecanismo por el cual absorbe o emite radiación un
cuerpo negro puede asociarse a la vibración térmica de sus átomos constituyentes. Ciertos objetos reales
se aproximan bastante bien al ideal de cuerpo negro, por ejemplo las estrellas, la radiación cósmica de
fondo del universo y el filamento de una lámpara incandescente son muy buenas aproximaciones. Un
cuerpo negro más “casero”, sin embargo, puede fabricarse con una cavidad hueca de interior metálico y
aislada térmicamente de su entorno en la cual se practica un pequeño orificio por el que puede ingresar
radiación o bien emerger radiación de la cavidad (ver Fig. 3a).3

Figura 3: Esquema de un cuerpo negro, conformado por una cavidad hueca, aislada térmicamente de su entorno
y con un orificio.

Experimentalmente se verifica que el espectro de la radiación emitida por un cuerpo se distribuye


siguiendo una curva característica de densidad de energía (por unidad de volumen) vs. frecuencia (o
longitud de onda) que sólo depende de la temperatura T (no depende ni de la composición química del
cuerpo negro ni de su forma). Esta distribución es continua y tiene un máximo para cierta frecuencia νm
que es proporcional a T (ley de Wien).4 Es decir, a mayor temperatura mayor es la frecuencia principal
de emisión (o menor es la longitud de onda principal) como se ve en la Fig. 3b (esto hace que a medida
que calentamos un cuerpo lo empecemos a ver incandescente, tomando primero un color rojizo, pasando
luego a verse más blanco y luego más azulado). Se verifica también que la intensidad total (potencia
por unidad de área) irradiada por un cuerpo negro (en este caso  = 1) es

I = σT 4 , (9)

lo cual corresponde al área total bajo la curva de emisión y se conoce como ley de Stefan-Boltzmann.
Pero vayamos al punto que nos resulta importante. . . hasta 1900 no había sido posible mediante
argumentos clásicos encontrar una expresión que permita describir la forma de la curva de la Fig. 3b
para la distribución espectral. Lo mejor que se tenía hasta entonces eran la ley de distribución de Wien
3
Véase por ejemplo este link.
4
La ley de Wien generalmente se expresa λm T = b, donde λm es la longitud de onda que corresponde al máximo de
emisión y b es una constante. La longitud de onda λm a la vez corresponde a una frecuencia νm = c/λm , donde c es la
velocidad de la luz. En definitiva νm resulta proporcional a T .

5
(derivada en 1894 a partir de argumentos termodinámicos), dada por

u(ν, T ) = Aν 3 e −βν/T , (10)

que ajustaba correctamente las curvas experimentales para altas frecuencias (o bajas longitudes de onda,
es decir por encima del UV) mediante los parámetros A y β y la ley de distribución de Rayleigh-Jeans
(derivada en 1900 a partir de argumentos electromagnéticos), dada por

8πν 2
u(ν, T ) = kT, (11)
c3
que ajustaba correctamente las curvas experimentales para el rango de bajas frecuencias (o altas lon-
gitudes de onda, es decir por debajo del IR). Esto se conoció como la catástrofe del UV de la teoría
electromagnética clásica, dado que no lograba explicar algo aparentemente simple como la distribución
del espectro de radiación electromagnética de un cuerpo para altas frecuencias. La Fig. 4 esquematiza
la situación global de las fallas de la física clásica al 1900, evidenciadas por sus falencias al intentar
explicar la curva de emisión del cuerpo negro.

Figura 4: Esquema de un cuerpo negro, conformado por una cavidad hueca, aislada térmicamente de su entorno
y con un orificio.

Fue Planck en 1900 quien propuso una idea innovadora para intentar resolver este problema. Sugirió
que los intercambios de energía entre la radiación y las paredes de la cavidad debían darse de manera
discreta. Es decir la cavidad sólo puede absorber o emitir energía en múltiplos enteros de cierta energía
mínima E = hν, lo cual se conoce como el postulado de Planck para la cuantización de la energía. Esta
cuantización permite llegar a la ley distribución de Planck, dada por5

8πν 2 hν
u(ν, T ) = , (12)
c 3 e hν/(kT ) − 1
que solucionó el problema ajustando sorprendentemente bien a la curva experimental de emisión para
todo el rango de frecuencias (o longitudes de onda), como se muestra en la Fig. 5. La simpleza de la
propuesta de Planck es realmente sorprendente!
Vale la pena como ejercicio demostrar que mediante la ley de distribución de Planck se recupera la
distribución de Rayleigh-Jeans en el límite de bajas frecuencias y también la distribución de Wien en
5
La derivación de esta ley se puede ver en este link.

6
Figura 5: Comparación entre la distribución de Planck y datos experimentales para un cuerpo negro a 1595 K.

altas frecuencias. Además, haciendo la integral de la ley de distribución de Planck para todo el rango
de frecuencias también se puede demostrar que se recupera la ley de Stefan-Boltzmann. Todos estos
hechos son evidencias contundentes de que la cuantización de la energía era la pieza que estaba faltando
para completar el rompecabezas de la emisión de radiación de un cuerpo negro.

1.3. Efecto fotoeléctrico


El efecto fotoeléctrico fue observado experimentalmente por primera vez en 1887 por Heinrich
Hertz, al iluminar metales con luz visible o UV.6 En 1902 Lenard recopiló experimentalmente una serie
de características de este fenómeno, pero ninguna de ellas era explicable mediante los argumentos de la
física clásica (es decir usando el concepto de ondas electromagnéticas). Sin embargo, Einstein tomó el
postulado de Planck para intentar explicar el fenómeno considerando a la luz como un haz de fotones.
En esta concepción los electrones del material son capaces de absorber completamente la energía
transferida por los fotones, y de esta manera absorben cuantos de energía hν, lo cual es independiente
de la intensidad de la luz incidente.7 Cuando hν (la energía de un fotón) supera cierto valor mínimo hν0
entonces comienza la emisión de electrones, sin importar cuán intenso es el haz de luz. Esta frecuencia
se conoce como frecuencia de corte y la energía asociada φ = hν0 se conoce como función trabajo
del metal y es la mínima energía que hay que aportarle a un electrón del material para que pueda ser
arrancado del mismo (cada material tiene su correspondiente valor de función trabajo). Otra observación
de Lenard fue que una vez superada la frecuencia de corte los electrones podían eyectarse con velocidad
(energía cinética) creciente a medida que se aumentaba la frecuencia de la luz. Esta energía cinética
aumenta linealmente con la frecuencia de la luz, según

Ec = hν − φ = h(ν − ν0 ), (13)

es decir que la energía sobrante luego de extraer un electrón con una energía igual a la función trabajo
va a parar a la energía cinética con la que sale despedido el electrón del metal.
Cabe mencionar que los fotones no tienen masa en reposo, lo cual tiene sentido ya que iluminar un
objeto no le estamos aportando masa a dicho objeto. Esto se deduce de la teoría de la relatividad, de
la cual sabemos que la energía E y el impulso p de una partícula con masa en reposo m0 satisfacen la
6
Cabe traer a colación que los electrones en ese entonces eran partículas de “carga mínima” recién descubiertas. . . se
confirmó su existencia y su carga en 1897 a través de los experimentos de Thomson y Wiechert.
7
Una de las observaciones de Lenard fue que la emisión de electrones del metal dependía de la frecuencia de la luz y no
de la intensidad de iluminación.

7
relación q
E= p 2 c 2 + m02 c 4 . (14)
Como las componentes de la velocidad se obtienen derivando las componentes de la energía respecto a
las respectivas componentes de p8 vemos que
∂E
v=
∂p
pc 2 (15)
=q .
p 2 c 2 + m02 c 4

Pero si pensamos en un fotón debe ser v = c y esto nos lleva a que m0 = 0, por un lado, y a que

E = hν = pc, (16)

por otro lado, estableciendo que el fotón no tiene masa pero sí tiene momento p = hν/c.

1.4. Modelos atómicos y cuantización de órbitas atómicas


Después de descubrir experimentalmente el nuúcleo atómico en 1911, Rutherford propuso un modelo
para explicar las propiedades del átomo, el cual consistía en electrones de carga negativa orbitando
alrededor de un nuúcleo con carga positiva y de mucho mayor masa que el electrón.
Este modelo “planetario” tiene dos defectos importantes. En primer lugar los átomos serían ines-
tables, dado que las cargas aceleradas (electrones) en sus órbitas emitirían radiación e irían perdiendo
energía gradualmente hasta colapsar inexorablemente sobre el núcleo. En segundo lugar la emisioón
de radiación de este decaimiento orbital debería abarcar un espectro continuo de frecuencias, lo cual
tampoco concuerda con las observaciones experimentales.

Modelo atómico de Bohr. En 1913 Bohr propuso un modelo más estable, pensando en órbitas
circulares, basado en hipótesis contrarias a la física clásica y de por sí aparentemente bastante arbitrarias,
a saber:

sólo se permiten órbitas “estables” (estados estacionarios) con ciertas energías discretas E1 , E2 ,
E3 , etc.

Las órbitas permitidas tienen un momento angular que es un múltiplo entero de ~ = ~/(2π) según

L = n~ regla de cuantización de Bohr.

El electrón no pierde energía (no emite radiación) si permanece en una órbita estacionaria. Los
electrones pueden intercambiar energía en forma discreta. Para saltar de una órbita m a otra órbita
n un electrón debe absorber o emitir cierta cantidad de energía que corresponde a la diferencia de
energía entre Em y En , es decir
hν = Em − En .
8
Esto es fácil de ver considerando como ejemplo la energía cinética de una partícula libre, para la cual E = mv 2 /2 que
también puede escribirse como E = p 2 /(2m) (ya que p = mv ). Entonces ∂E/∂p = p/m = mv /m = v y verificamos que
la velocidad es igual a la derivada de la energía E respecto al momento p.

8
Teniendo en cuenta la interacción coulombiana (la gravitatoria es 1040 veces menor) a partir de L = n~
puede obtenerse el radio de la n-ésima órbita y la velocidad lineal en dicha órbita para el caso del
hidrógeno, con un solo protón en el núcleo, se obtiene
4π0 ~2 2 e2 1
 
2
rn = n = n a0 y vn = , (17)
me e 2 4π0 n~
donde 0 es la constante dieléctrica del vacío, e es la carga del electrón y a0 = 0,053 nm es el radio
de Bohr (el radio de la menor órbita permitida). En el átomo de hidrógeno, al ser la masa del protón
mucho mayor a la del electrón, puede asumirse que el protón está inmóvil (la masa reducida de este
sistema es prácticamente igual a me ) de tal manera que

1 e2
En = me vn2 −
2 4π0 rn
e2
=− (18)
8π0 rn
me e 4 1
=− 2 .
2~ (4π0 )2 n2
Volveremos a encontrar esta ecuación más adelante cuando estudiemos el átomo de hidrógeno con la
teoría cuántica, donde quedará demostrado el gran mérito del modelo atómico de Bohr al describir con
precisión el espectro de emisión del hidrógeno.
La energía de la menor órbita en el átomo de hidrógeno es

E1 = −13,6 eV (= 2,18 × 10−18 J),

y cuando un electrón decae de un estado m a otro estado n libera un cuanto de radiación con energía
hν = hc/λ con λ dada por  
1 1 1
=R 2 − 2 ,
λ n m
donde 2
e2

me
R≡ = 1,097 × 107 m−1 ,
4πc~3 4π0
se conoce como constante de Rydberg y encontraremos también más adelante cuando estudiemos el
átomo de hidrógeno desde el punto de vista cuántico.

Regla de cuantización de Wilson-Sommerfeld. Hasta aquí contamos con el postulado de Planck para
cuantizar la energía (E = nhν) en el caso de intercambio de radiación electromagnética y también las
reglas de cuantización derivadas del modelo atómico de Bohr (L = n~). En 1916 Wilson y Sommerfeld
intentaron formalizar estas ideas proveyendo reglas que contuvieran a las anteriores. Según su propuesta,
para sistemas cuyas coordenadas son periódicas en el tiempo debe estar cuantizada la variable acción
de la mecánica clásica, es decir
I
pdq = nh (n=0, 1, 2, . . . ).

Veamos un par de ejemplos de esta regla de cuantización, para verificar que efectivamente contiene a
las anteriores. Para un oscilador armónico 1D puede verificarse que9
I
E
pdq = ,
ν
9
Se puede ver la demostración de esto en este link.

9
lo cual debe ser múltiplo de h y entonces En = nhν, de acuerdo con el postulado de Planck. Si analizamos
un electrón moviéndose en una órbita circular, usando la coordenada angular φ, tenemos
I
Ldφ = nh.

Como en un potencial central el momento angular es constante esta condición se traduce en 2πL = nh
y entonces L = n~, de acuerdo con el postulado del modelo de Bohr.
Estas reglas de cuantización conforman lo que se conoce hoy como la “vieja teoría cuántica” entre
1900 y 1925.

1.5. Efecto Compton


En 1923, Arthur Compton realizó experimentos de dispersión de rayos X al incidir éstos sobre un
bloque de carbón.10 En los rayos dispersados observó una variación (aumento) de la longitud de onda
de los rayos X (que se denominó luego efecto Compton), lo cual no es explicable mediante la teoría
electromagnética de la luz. Compton atribuyó esta variación a a la pérdida de energía de los fotones
cuando colisionan con los electrones libres del material (los electrones se consideran libres dado que
la energía de los rayos X es mucho mayor a la energía de ligadura de los electrones más externos al
núcleo atómico). Además de esta componente dispersada también se observa lo que predice la teoría
electromagnética de la luz: que la radiación dispersada debe tener la misma longitud de onda que
la incidente y una intensidad dispersada que depende del ángulo de observación según 1 + cos2 θ. La
explicación de Compton se basó en la conservación del momento y de la energía, tratando a la dispersión
como a un proceso de colisión balística entre el fotón y el electrón, dando fuerte soporte a la teoría
cuántica.

Figura 6: Efecto Compton de dispersión de un fotón por un electrón libre.

La conservación del momento y de la energía se expresan

p = p0 + π
q (19)
2 0
hν + me c = hν + π 2 c 2 + me2 c 4 .

Introduciendo las componentes del momento (ejercicio) se obtiene el corrimiento Compton de la longitud
de onda dispersada (λ0 ) respecto de la incidente (λ), dada por
h
∆λ = λ0 − λ = (1 − cos θ). (20)
me c 2
Esta expresión concuerda adecuadamente con los datos experimentales.
10
Se puede ver el artículo original en este link.

10
1.6. Dualidad onda-partícula
La cuantización de la energía permitió entonces a Planck encontrar la ley de distribución de la
emisión de cuerpo negro y también a Einstein explicar correctamente el efecto fotoeléctrico. Estos dos
resultados le confirieron gran contundencia a las ideas de dualidad onda-partícula de la luz. Tan es así
que Louis de Broglie propuso11 extender esta misma idea a la materia. . . si la luz podía comportarse
como onda y como partícula tal vez la materia también podría comportarse de la misma manera.
Matemáticamente la hipótesis de de Broglie se escribe de manera muy sencilla, según [ver Ec. (16)]

h
λ= , (21)
p

esto es, a toda partícula con momento p se puede asociar una longitud de onda λ dada por (21). Dada
la pequeñez de la constante de Planck esta longitud de onda se hace prácticamente cero para objetos
en la escala macroscópica de nuestra vida cotidiana pero se hace tanto mayor a medida que el orden de
magnitud del módulo de p se hace más parecido al orden de magnitud de h (∼ 10−34 ). Considerando
el vector número de onda k, cuyo módulo es 2π/λ, también puede escribirse
p
k= . (22)
~
La hipótesis de de Broglie fue verificada experimental mediante difracción de electrones. Los experi-
mentos más relevantes fueron los de Davisson y Germer (1927) y Thomson (1928). Davisson y Germer
hicieron difractar un haz de electrones en un cristal de níquel (un arreglo ordenado de átomos de Ni, que
forman una estructura periódica).12 Aunque la dispersión de los electrones se da en todas direcciones,
ellos observaron un máximo de intensidad de electrones dispersados para φ = 50◦ (ver Fig. 7). Este
patrón se repetía incluso cuando usaban haces de electrones de bajísima intensidad, al punto de poder
considerar que sólo un electrón por vez estaba siendo dispersado.

haz de electrones
detector

φ
Ni θ
planos cristalinos

Figura 7: Experimento de dispersión o difracción de electrones por un cristal de Ni, realizado por Davisson y
Germer en 1927.

Esto es similar a lo que se observa en los patrones de interferencia que se generan con ondas elec-
tromagnéticas (en la interferencia de película delgada, por ejemplo). En este caso los planos cristalinos
de alguna manera reflejan los electrones, como si fueran espejos reflejando ondas electromagnéticas, y
luego los electrones dispersados interfieren entre sí como si fueran ondas, generando máximos y mínimos
11
En su tesis doctoral titulada “Recherches sur la théorie des quanta” o “Investigaciones sobre la teoría de los cuántos”,
presentada en 1924 y accesible en este link.
12
Se puede leer el reporte original de estos resultados en este link.

11
de intensidad. Si consideramos una separación entre planos cristalinos igual a d, como se muestra en la
Fig. 7, entonces la condición para obtener un máximo es la denominada ley de Bragg,13 que establece

nλ = 2d sin θ, (23)

es decir que habrá interferencia constructiva entre los haces de electrones reflejados en dos planos
atómicos consecutivos cuando la diferencia de camino entre ellos sea un múltiplo de la longitud de onda
de la “onda” asociada a estos haces electrónicos. El primer máximo (n = 1) corresponde a una longitud
de onda  
φ
λ = 2d cos , (24)
2
ya que θ = π/2 − φ/2 (ver Fig. 7) y sin θ = sin(π/2 − φ/2) = cos(φ/2). Para el níquel era conocido en
ese entonces que d = 0,091 nm (o bien 0,91 Å), o sea que la longitud de onda que se deduce de esto
es  
φ
λ = 2d cos = 0,165 nm. (25)
2
La energía cinética, E = p 2 /(2me ), de los electrones utilizada en el experimento fue de 54 eV y, según
de Broglie, de la Ec. (21) se desprende que
 2
p2 1 h
E= = = 54 eV (= 8,64 × 10−18 J), (26)
2me 2me λ

es decir que
h
λ= √ = 0,167 nm, (27)
2me E
lo cual está en excelente acuerdo experimental con (25).
En 1928 Thomson también confirma la hipótesis de de Broglie, difractando electrones a través de
películas de un material policristalino, lo cual sumaba evidencia experimental a favor de la naturaleza
ondulatoria de la materia en la escala atómica. Experimentos de este tipo se siguieron sucediendo con el
transcurso de los años con estructuras de masa creciente. Más recientemente, alrededor del año 2000,
se han realizado experiencias de difracción de estructuras más macroscópicas, como moléculas de C60
en 1999,14 fluorofulerenos (C60 F40 ) en 200315 y moléculas orgánicas de tamaño considerable en 201116
y 201317 . . . los crecientes tamaños y masas de estas estructuras hacen que las mismas se ubiquen en la
difusa barrera entre el ámbito clásico y el cuántico. Cuanta mayor masa posee un objeto mayor es su
impulso o momento y por lo tanto menor su longitud de onda, como se establece en (21).
Cabe mencionar por último que Yves Couder y Emmanuel Fort, en 2006, observaron el compor-
tamiento de pequeñas gotas de aceite de silicona moviéndose sobre una superficie vibrante del mismo
líquido. Las pequeñas gotas parecen acoplarse con las ondas que éstas generan en el líquido debajo
al “rebotar” sobre su superficie, lo cual según ellos emularía la llamada dualidad onda-partícula de la
escala cuántica. Llamativamente, aunque se trata de un sistema macroscópico, ellos demostraron que
se recupera el fenómeno de interferencia y difracción de las gotas cuando éstas atraviesan dos rendijas
practicadas sobre el líquido.18
13
Una deducción simple de esta ley se puede ver en este link.
14
https://doi.org/10.1038/44348 (PDF)
15
https://doi.org/10.1103/PhysRevLett.91.090408 (PDF)
16
https://doi.org/10.1038/ncomms1263 (PDF)
17
https://doi.org/10.1039/C3CP51500A (PDF)
18
Estos interesantes resultados, que se asocian a la discutida teoría de la onda piloto (o pilot-wave theory ) de de
Broglie-Bohm, pueden verse en https://doi.org/10.1103/PhysRevLett.97.154101 (PDF).

12
1.7. Superposiciones cuánticas
Las teorías físicas pueden ser lineales o no lineales, siendo éstas últimas más complejas que las
primeras. El electromagnetismo, por ejemplo, es una teoría lineal. Esto significa que si hay dos soluciones
a las ecuaciones que emergen de dicha teoría entonces la suma (o superposición) de las dos también
representa una nueva solución. La mecánica cuántica también es una teoría lineal, es decir que si hay
dos soluciones para la ecuación de Schrödinger la suma de ellas también será una solución. Sin embargo,
aunque en la física clásica esta idea de superposición es directamente entendible, en la física cuántica
la interpretación de superposición es muy llamativa.
Un ejemplo interesante de esto sale del interferómetro Mach-Zehnder, que consiste en un arreglo
experimental de divisores de haz, espejos y detectores. Alrededor de 1890 Ernst Mach y Ludwig Zehnder
usaron un interferómetro de este tipo para estudiar la interferencia entre dos haces de luz (aún no estaban
establecidas las ideas de la cuántica por ese entonces). Un divisor de haz, como su nombre indica, divide
un haz de luz incidente en dos haces: uno que es reflejado y otro que es transmitido por el divisor.
Asumiremos que el divisor está balanceado, es decir que la intensidad del haz transmitido es igual a la
intensidad del haz reflejado.
La configuración del interferómetro Mach-Zehnder, que se muestra en la Fig. 8, tiene un divisor a la
izquierda (BS1) y otro a la derecha (BS2). Entre medio tiene dos espejos, M1 en la parte de arriba y M2
en la parte de abajo. Así, un haz de luz que proviene de la izquierda es dividido por BS1 en dos haces,
cada uno de los cuales incide sobre un espejo y es enviado a BS2. En BS2 los haces son recombinados
y enviados a dos detectores D0 y D1.

Figura 8: Interferómetro tipo Mach-Zehnder.

Es relativamente simple orientar los divisores de tal manera que el haz incidente, luego de dividirse
en BS1 y recombinarse en BS2, se dirija a D0. En este arreglo no debería llegar luz a D1, lo cual
requiere una condición de interferencia bien precisa en BS2. Nótese que hay dos haces que llegan a BS2
y llamemos a al de arriba y b al de abajo. Hay dos contribuciones de luz en D0: la reflexión de a en BS2
y la transmisión de b en BS2 también. Estas contribuciones interfieren constructivamente para resultar
en un haz que llega a D0. También hay dos contribuciones de luz en D1: la transmisión de a en BS2 y
la reflexión de b en BS2. Estas dos contribuciones interfieren destructivamente de tal manera que no
llegue luz a D1.
Es instructivo pensar en el haz incidente como una secuencia de fotones que enviamos al interferó-
metro, de a un fotón por vez, y ver qué es lo que debe estar sucediendo. Esto muestra que, a nivel del
fotón, cada fotón debe interferir consigo mismo para dar el resultado observado! De hecho, la interfe-

13
rencia entre dos fotones no es posible: la interferencia destructiva entre ellos, por ejemplo, daría como
resultado ningún fotón pero esto es imposible desde el punto de vista de la conservación de la energía.
En definitiva, cada fotón hace algo tan extraño como viajar en simultáneo a lo largo de las dos ramas
del interferómetro! Cada fotón está en una superposición de dos estados: uno en el que el fotón está
en la rama superior y otro en el que está en la rama inferior. En conclusión, el estado del fotón en el
interferómetro es un estado en el que el fotón parece estar haciendo dos cosas incompatibles al mismo
tiempo.

1.8. Entrelazamiento cuántico


Cuando consideramos la superposición de estados de dos partículas podemos obtener el fenómeno
que se denomina entrelazamiento cuántico. Los estados entrelazados de dos partículas son aquellos en
los que no se puede hablar separadamente del estado de cada partícula. Es decir, las partículas están
ligadas en un estado común en el que ambas están entrelazadas.
Consideremos dos partículas no interactuantes. La partícula 1 puede estar en cualquiera de los
estados
{|u1 i , |u2 i , . . .}, (28)
mientras que la partícula 2 puede estar en cualquiera de los estados

{|v1 i , |v2 i , . . .}, (29)

Puede parecer razonable concluir que los estados del sistema completo que incluye a ambas partículas
puede estar especificado dando el estado de la partícula 1 y el estado de la partícula 2. Si este fuera el
caso los posibles estados se escribirían como

|ui i ⊗ vj , (30)

con i, j ∈ N, para alguna elección específica de valores i , j que especifican el estado de ambas partículas,
respectivamente. Hemos usado el símbolo ⊗, que significa producto tensorial, para combinar los dos
estados en un único estado del sistema completo. Más adelante veremos más en detalle el concepto de
producto tensorial, pero por el momento podemos pensar que es un tipo de producto que es distributivo
sobre la suma y que obedece leyes simples de la siguiente manera
(α1 |u1 i + α2 |u2 i) ⊗ (β1 |v1 i + β2 |v2 i) = α1 β1 |u1 i ⊗ |v1 i + α1 β2 |u1 i ⊗ |v2 i +
(31)
+ α2 β1 |u2 i ⊗ |v1 i + α2 β2 |u2 i ⊗ |v2 i .
Los coeficientes pueden moverse a través de los ⊗ pero el orden de los estados debe preservarse. El
estado del lado izquierdo (que se expandió en el lado derecho) es todavía del tipo de estados en el que se
combina un estado de una partícula (α1 |u1 i+α2 |u2 i) y un estado de la otra partícula (β1 |v1 i+β2 |v2 i).
Al igual que los estados dados por (30) este estado no es entrelazado.
De todas maneras, usando los estados de (30) podemos construir superposiciones un poco más
complicadas. Consideremos, por ejemplo, la siguiente

|u1 i ⊗ |v1 i + |u2 i ⊗ |v2 i . (32)

Un estado se dice entrelazado cuando no puede escribirse en la forma factorizada (· · ·) ⊗ (· · ·), que nos
permite escribir el estado simplemente dando el estado de cada partícula. Se puede ver que el estado
dado en (32) no puede factorizarse. . . si se pudiera debería ser mediante un producto como el de (31).
Claramente, involucrando estados como |u3 i o |v3 i que no aparecen en (32) no sirve. Para determinar
las constantes α1 , α2 , β1 y β2 comparamos el lado derecho de (31) con nuestro estado y concluimos
que necesitamos
α1 β1 = 1 , α1 β2 = 0 , α2 β1 = 0 , α2 β2 = 1. (33)

14
Es claro que no hay una solución. La segunda ecuación, por ejemplo, requiere que α1 o β2 sean cero.
Pero teniendo α1 = 0 se contradice la primera ecuación y teniendo β2 = 0 se contradice la última
ecuación. Esto confirma que el estado (32) es, de hecho, un estado entrelazado. No hay manera de
describir este estado especificando un estado para cada una de las partículas.
Tratemos de ilustrar este ejemplo usando electrones y sus estados de espín. Consideremos un estado
de dos electrones dado por |↑i ⊗ |↓i. Como la notación lo indica, el primer electrón está descripto
por la primera flecha y tiene su espín alineado con la dirección (digamos) z positiva (o spin up). El
segundo electrón, descripto por la segunda flecha, tiene spin down (dirigido hacia z negativo). Esto no
es un estado entrelazado. Otro estado posible es aquel en el que ambos electrones están exactamente al
revés, es decir |↓i⊗|↑i. Esta segundo estado tampoco es entralazado. Pero resulta que por superposición
podemos considerar el estado
|↑i ⊗ |↓i + |↓i ⊗ |↑i . (34)
Este sí es un estado entrelazado del par de electrones.19
En el estado (34) el primer electrón tiene spin up si el segundo electrón tiene spin down (primer
término) o bien el primer electrón tiene spin down si el segundo tiene spin up (segundo término). Hay una
correlación entre los espines de las dos partículas; siempre apuntan en direcciones contrarias. Imaginemos
que los dos electrones entrelazados (llamémoslos A y B por brevedad, aunque se los suele llamar Alice
y Bob) están muy alejados entre sí: A está en la Tierra y B está en la Luna. Nada que conozcamos
está conectando estas partículas, pero aun así sus estados están ligados. Las mediciones que realicemos
sobre las partículas separadas van a estar correlacionadas. Supongamos que sobre A medimos el espín.
Si se encuentra que A tiene spin up el primer término de (34) es el que indica el estado del par de
electrones. Como ya mencionamos antes, el estado de ambas partículas inmediatamente se transforma
en el primer término. Esto significa que el electrón B en la Luna instantámeante va a configurarse en
spin down, lo cual puede comprobar alguien en la Luna que pueda medirlo. Este efecto sobre el electrón
B sucede antes de que alguien en la Tierra pueda comunicar (a la velocidad de la luz) a la persona
en la Luna que el resultado de la medición sobre A fue spin up. Por supuesto, los experimentos deben
realizarse sobre un ensamble de muchos pares de partículas, cada par con el mismo estado entrelazado
de (34). La mitad del tiempo el electrón en la Tierra se encontrará spin up, con el electrón en la Luna
spin down, y la otra mitad sucederá lo contrario.
Las correlaciones cuánticas en estados entrelazados son muy sutiles y requieren experimentos muy
sofisticados para mostrar que las mismas no son reproducibles como correlaciones clásicas.20 De hecho,
experimentos con estados entrelazados han confirmado la existencia de correlaciones cuánticas. Aun
cuando puede parecer lo contrario, el fenómeno de acción instantánea a distancia asociado con las
mediciones sobre partículas entrelazadas muy distantes no conduce a ninguna paradoja ni contradicción
con las ideas de la relatividad especial. De hecho, no se puede usar el entrelazamiento cuántico para
enviar información más rápido que la velocidad de la luz.

19
Se deja como ejercicio demostrar que este estado no puede ser factorizado y que, por lo tanto, corresponde a un
estado entrelazado.
20
Esto fue estudiado por John Bell, mencionado anteriormente, quien en 1964 publicó un artículo fundamental (PDF)
sobre lo que luego se llamó el teorema de Bell.

15

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