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Cuarta Ola del Feminismo: Quererlo Todo

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Hacia la cuarta ola

del feminismo:
querer al fin tenerlo todo
Hacia la cuarta ola
del feminismo:
querer al fin tenerlo todo
Melissa Aimé Fernández Chagoya
Coordinadora
Hacia la cuarta ola del feminismo:
querer al fin tenerlo todo

Primera edición 2024

Universidad Autónoma de Aguascalientes


Av. Universidad 940, Ciudad Universitaria
Aguascalientes, Ags., 20100
[Link]
[Link]

Melissa Aimé Fernández Chagoya


(coordinadora)

Melissa Aimé Fernández Chagoya


Marilú Rojas Salazar
María Cristina Ríos Espinosa
Odette Alonso Yodu
Natalia Simoncini
María Teresa Garzón Martínez
Izchel Cosío Barroso
Ignacio Lozano Verduzco
Héctor Iván Delgado Estrada
Lía Nereida García Barreto (La Novia Sirena)

Primera corrección de estilo: Nahomi Daniela Zalaiz Gómez

ISBN 978-607-8972-18-0

Hecho en México / Made in Mexico


Índice

Prefacio
Querer al fin tenerlo todo: 11
repaso histórico y geopolítico para dimensionar
la magnitud de la marea actual
Melissa Fernández Chagoya

Parte 1
Las que nos los dieron todo 39

Ecoerosofías ante la era de lo viral: disidencias


epistémicas descoloniales
Marilú Rojas Salazar 41

Una lucha femenina por la autonomía espiritual


y moral: Pioneras españolas educadoras de niñas
nahuas en la Nueva España (1531-1536)
María Cristina Ríos Espinosa 51

Arcón de letras sáficas: miradas a la poesía lésbica


mexicana
Odette Alonso 69

Nuestra Sor Juana interior: representaciones


e interpretaciones feministas contemporáneas
Melissa Fernández Chagoya 89
Parte 2
En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo 121

Habitar la palabra
Natalia Simoncini 123

El legado Salander
María Teresa Garzón Martínez 131

Cirugía de la obesidad: retórica de una tecnología médica


masculinizada
Izchel Cosio Barroso 141

Torcer la educación de políticas educativas, currículo


y práctica docente sobre el cuerpo y el afecto
Ignacio Lozano Verduzco 161

Arte, violencia y masculinidad: apuntes lejanos


para su destrucción
Héctor Iván Delgado Estrada 185

Careta, caretita: cuento ilustrado sobre niñeces trans


Lía Nereida García Barreto (La Novia Sirena) 197

Referencias 217

Narradoras de la marea actual 239


A Amalia Chagoya Obregón, quien me lo enseñó todo;
a la memoria de Claudia Cortés Calderón (†),
quien lo entregó todo.

A las de antes, que nos lo dieron todo; a las jóvenes,


que lo están logrando todo.

Gratitud y reconocimiento pleno para el equipo de trabajo del


Seminario Estudios de género: teorías contemporáneas
y acción política, 2016-2022.

Aarón Esquivel Javier, Rodrigo Solano García, Dafne


Ingrid Huerta Ruíz, Pauli Álvarez Alcalde, Ale Cruz Velásquez,
Valeria González Ceja, Sabrina Bonanomi Fernández, Naomi
Bernáldez Chávez, Rodrigo Fernández Pérez, Gabriela Estrada
García, Vianey Martínez Guevara, Mitzi Yerandy Ruíz Díaz,
Salma Austria Guarneros, Nahomi Daniela Zalaiz Gómez,
Alma Ortiz Ángeles, Emilio Jiménez Sandoval, Andrea Gisel
Torres Mejía, José Villagrán Jacques, Ángel Bernal Flores
y Diego Ramírez Ramírez.

Gracias a ustedes, querido equipo, todo fue posible.


Prefacio

Querer al fin tenerlo todo:


repaso histórico y geopolítico
para dimensionar la magnitud
de la marea actual

Melissa Fernández Chagoya

Como punto de partida, las olas

Las olas del feminismo, como las olas del mar, son irrepetibles
aunque respondan a patrones. Algunas llegan con más fuerza y lo
derriban todo; otras, por el contrario, acarician y suavizan el te-
rritorio circunscrito a una temporalidad y a una geografía. Cada
ola trae consigo su vaivén y sus demandas políticas, su textura y
sus agendas, generadas siempre de su potencia: las mujeres.
Como una primera definición, sugiero pensar el feminismo
como un conjunto de teorías, metodologías y prácticas políticas
que buscan describir y criticar las relaciones de poder históri-
camente adscritas a los sexos, con el fin de conocer y dar lugar
a la experiencia de las mujeres o aquello que se ha construido
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

como lo “femenino”. Historizar la opresión sistemática sobre las mujeres y las


identidades subalternas, en mi opinión, ha caracterizado al feminismo. No
obstante, se le ha presentado de manera lineal, dividido en cohortes históricos
y geográficos, y, aunque pueda ser cuestionable pensarlo como primera ola,
segunda ola y tercera ola, considero pertinente establecer las generalidades de
cada una de ellas, como ya lo han hecho las mexicanas Ana Lau Jaiven, Eli Bar-
tra y Anna María Fernández Poncela y la argentina Gabriela Borrelli Azara.1
Desde mi lectura, esas autoras proponen su propia genealogía feminista
para problematizar el movimiento de las mujeres a lo largo y ancho del plane-
ta, aunque quizá caigan en una continua fragmentación. Asumo también los
riesgos de esa esquematización y me dispongo a compartir mi propuesta desde
el concepto de olas, describiendo las características de cada una, para concluir
con el agitado e incipiente debate que enuncia el principio de la cuarta ola del
feminismo.
Es oportuno plantear hoy en día estas preguntas: ¿podemos volver a ha-
blar de feminismo en singular?, ¿cuáles son las prácticas feministas que han
caracterizado a cada ola y qué podría hacer diferente a la cuarta?, ¿en todas
ellas se construye un sujeto político del feminismo, es decir, cada ola constru-
ye y legitima su propio sujeto político, luego entonces, cada ola remarca una
agenda feminista? Para dar respuestas, me permito exponer un recorrido por
las olas del feminismo.

Primera ola del feminismo: con a de humanas

Europa, entre finales del siglo xviii y mediados del siglo xix. Es ésta la deli-
mitación geopolítica que solemos conocer como la primera ola, respecto de
la cual postulo que su agenda aún está pendiente.2 En esa primera etapa, las
mujeres buscaron reivindicar su “naturaleza”, evidenciar la jerarquía impuesta
a los sexos para, de ese modo, superar los obstáculos que imposibilitaban la
igualdad (sufragio femenino, derechos de propiedad, etcétera). Marcela Lagar-
1 Eli Bartra, Anna M. Fernández Poncela y Ana Lau Jaiven, Feminismo en México, ayer y hoy (México:
uam, 2002). Gabriela Borrelli Azara, Lecturas feministas / Escritos desde el siglo v a.C. hasta el presente
(Buenos Aires: Ediciones Futurock, 2018).
2 Melissa Fernández Chagoya, “Olas del feminismo: la perenne búsqueda de la igualdad”, en Agnosia / Re-
vista de Filosofía del Colegio de Filosofía y Letras (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019),
[Link]

12
Prefacio

de, antropóloga mexicana a quien preferimos llamar merecidamente Marcela


La Grande, explica por qué fue necesario hacernos humanas, en otras palabras,
demostrar al mundo que somos iguales a “el Hombre”, aquella figura discursi-
va que impone los parámetros modernos –y actuales– sobre lo humano.3
En ese contexto, para el también conocido como feminismo moderno,
podemos identificar el “primer” acto feminista en 1791, que se dio al denun-
ciar la ausencia de la mujer como sujeto jurídico en los Derechos del Hombre y
del Ciudadano de 1789 y al declarar los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.
Eso se debe a la filósofa y escritora francesa Olympe de Gouges, quien tiempo
después fuera condenada a muerte por guillotina. A su vez, en 1792, la tam-
bién filósofa y escritora Mary Wollstonecraft, inglesa, publicó la Vindicación
de los derechos de la mujer:4

De acuerdo con su experiencia en este terreno –primero como mujer, hija y


hermana, más tarde como institutriz y profesora, después como teórica y filó-
sofa y, por último, como madre–, en Vindicación la filósofa se propuso analizar
y criticar los principales materiales al respecto, centrando su atención sobre
todo en los documentos redactados por espíritus que compartían con ella los
principios e ideales del pensamiento ilustrado.5

El pensamiento y las acciones francesas e inglesas parecieran ser el ori-


gen del feminismo, pero no. En otras latitudes del mundo también ocurrieron
cosas, ciertamente impensables. Me refiero a la capital de la Nueva España,
específicamente en el ex Convento de San Jerónimo, donde tan sólo cien años
antes, en 1692, Sor Juana Inés de la Cruz escribió su Primero sueño.6 Si bien ese
3 Marcela Lagarde, “Violencia de género y paz social unidas por la vida y la libertad de las mujeres”, en 10
Años de Historia 1995-2005 / Hilando Redes, Asociación Seminario Mujer Latinoamericana-Mujer Anda-
luza (Granada, 1998), 23-34.
4 Luz Stella León Hernández, “François Poullain de La Barre: feminismo y modernidad”, en Celia Amorós,
Tiempo de feminismo / Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad (Valencia: Ediciones Cáte-
dra, 2010), 43-89.
5 Isaac P. Moctezuma Perea, “La crítica de Mary Wollstonecraft a la ética cortesana y caballeresca”, en
Filósofas de la Modernidad temprana y la Ilustración, Viridiana Platas Benítez y Leonel Toledo Marín
(coords.), (Xalapa: Colección Investigación Colectiva 8, Biblioteca Digital de Humanidades, Universidad
Veracruzana, 2014), 117.
6 Sor Juana Inés de la Cruz, en Obras completas, Francisco Monterde (ed.), (México: Porrúa, 2010). El tema
del claustro femenino e históricamente feminista lo abordo en “El Claustro femenino o Juana Inés somos
todas”, en Inundación Castálida, vol. 5, núm. 14 (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2020),
60-64, [Link]

13
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

poema no adquiere el estatuto de pliego, reforma ni escrito de ley, sí expresa


la visión libertaria que Sor Juana anhelaba para sí y para todas las mujeres.
Ese “papelillo” debe ser considerado como la manifestación y la exigencia de
libertad que rondaba desde ese lugar a las mujeres, o al menos aquellas que
se permitían soñar en la Muy Noble y Leal Ciudad de México, es decir, en el
México virreinal del siglo xvii.7 Así también, previo a su despliegue poético
en Primero sueño, Sor Juana compuso su Carta atenagórica discurriendo en la
discusión sobre la naturaleza de la mujer y su relación con el conocimiento y
el estudio.8
Sor Juana, visionariamente, reflexionó en torno a la situación de las mu-
jeres un siglo antes que las que consideramos pioneras de lo que ahora cono-
cemos como el feminismo occidental. Ella,

cercana a la modernidad no sólo porque se acerca a algunas propuestas carte-


sianas, sino precisamente porque exhibe, junto a las formas argumentativas de
la escolástica, ideas humanistas, imágenes herméticas y una actitud crítica ante
el conocimiento que me parece ser el signo más importante de su modernidad
filosófica.9

La primera ola es muy importante para entender la situación actual de


las mujeres. En el siglo xix surgió por primera vez un feminismo de carácter
internacional para dar respuesta a los problemas que estaban provocando a las
mujeres, en particular, la revolución industrial y la expansión del capitalismo.
Podemos establecer cuatro tendencias de pensamiento-acción:

• el movimiento sufragista, con el que comienza la vindicación del de-


recho al voto de las mujeres;10 por ejemplo, en Estados Unidos fue
aprobado uno de los textos del sufragio femenino en 1848, mientras

7 Fernández Chagoya, “El Claustro femenino o Juana Inés somos todas”, 60.
8 Laura Benítez Grobet, “Algunas reflexiones sobre el filosofar de las mujeres en la modernidad temprana”,
en Filósofas de la Modernidad temprana y la Ilustración, Viridiana Platas Benítez y Leonel Toledo Marín
(coords.), (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2014), 13-23.
9 Benítez Grobet citada en Fernández Chagoya, “El Claustro femenino o Juana Inés somos todas”, 63.
10 Moctezuma Perea, en su artículo “La crítica de Mary Wollstonecraft a la ética cortesana y caballeresca”,
plantea que fueron las ideas de Wollstonecraft las que propiciaron ese logro político de las mujeres; con
la filósofa inglesa se empezó a elucubrar lo que cien años después al fin se materializó: la participación
política formal de las mujeres a través del derecho al voto.

14
Prefacio

que en Europa fue hasta 1928 que se permitió el voto a las mujeres y
en México fue el 17 de octubre de 1953;
• el feminismo socialista, aquél que propuso la vuelta a pequeñas co-
munidades para desarrollar la igualdad tanto social como de género;
una de sus máximas exponentes fue la escritora francesa de ascen-
dencia peruana Flora Tristán, con su libro Unión obrera, publicado
en 1843, donde dedicó un capítulo a analizar la situación de la mujer
obrera;11
• el feminismo marxista, que ofreció una nueva explicación del origen
de la opresión de las mujeres y puso como foco el patriarcado; instau-
ró una nueva estrategia para su independencia, prestando atención a
la explotación económica y sexual de la mujer, análisis desde el cual
el cuerpo de las mujeres es considerado objeto de apropiación y me-
dio para la explotación;
• el anarcofeminismo, parte del movimiento anarquista primo-herma-
no, que contó con numerosas mujeres que contribuyeron en la lucha
por la igualdad a pesar de que los varones involucrados tuvieran pos-
turas antiigualitarias.

Así pues, la primera ola significa el logro del posicionamiento que hoy en
día gozamos muchas mujeres. Es una larga, intempestiva y atropellada marea
histórica a la que debemos prácticamente todo lo que en este siglo xxi tantas
de nosotras tenemos. Derechos civiles, económicos, sociales y políticos: sufra-
gio, propiedad, educación, seguridad social, salud, alimentación: son logros de
la primera ola, si bien sería impreciso suponerlos realizados para todas las mu-
jeres, y de ahí que resulte pertinente hacer un serio balance y reconocer que si
algunas los ejercemos se lo debemos a quienes remontaron aquella primera ola,
que por lejana que parezca en algunos contextos es necesaria en muchos otros.

11 Flora Tristán, Unión obrera (México: Fontamara, 1993).

15
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Segunda ola del feminismo:


igualdad ante la ley desde las diferencias naturales

La segunda ola, de acuerdo con Eli Bartra, es aquella que se impulsó entre 1950
y 1980. En ella se buscó desvelar la desigualdad no oficial (de facto) y apelar a
la sexualidad de las mujeres como manera de apropiación del cuerpo, con lo
cual se consiguió entablar debates sobre el papel de la mujer en la familia y en
el trabajo. En ese contexto se lograron los derechos sexuales y los derechos re-
productivos, esto último de suma importancia para algo que, paradójicamen-
te, ahora se empieza a gestar con mayor fuerza: el derecho a no reproducirse.
La violencia contra las mujeres apareció como tema en la agenda feminista de
la segunda ola, que a su vez dio principio en buena medida al debate sobre lo
público y lo privado. Las tendencias de pensamiento-acción surgieron tanto
en Estados Unidos como en Europa. Las del lado estadounidense son:

• el feminismo liberal, que definió la situación de la mujer no como


una opresión, sino como una desigualdad, y postuló las bases para
una reforma del sistema con que lograr la igualdad; la psicóloga Betty
Friedan, la principal exponente del feminismo liberal, ayudó a fundar
en 1966 la Organización Nacional para las Mujeres, pero ya en 1963
su libro La mística de la feminidad se había convertido en referente
para quienes se interesaban en adentrarse en esos “problemas que no
tienen nombre” pero que tienen sus obvias raíces en las desigualda-
des de género;12
• el feminismo radical, que actualmente es uno de los más desqueri-
dos, pero el menos analizado y menos comprendido; luchó contra el
patriarcado al buscar la desestabilización de la división sexual del tra-
bajo, y una de sus aportaciones más significativas es la organización
de grupos de autoconciencia que definían a la mujer como categoría
política y sujeto de derechos, no como una esencia –a diferencia del
feminismo liberal, que partía de la noción de “mujer” como aquella
mujer blanca, burguesa o de clase media y heterosexual–; la principal
exponente del feminismo radical es la escritora Kate Millett, a quien
le debemos la multicitada frase “Lo personal es político”,13 clave por
12 Betty Friedan, La mística de la feminidad (Valencia: Ediciones Cátedra, 2016).
13 Kate Millett, Política sexual (Valencia: Ediciones Cátedra, 2010).

16
Prefacio

las implicaciones de ese vuelco desde lo personal hacia lo social y, por


ende, hacia lo político, para entender los nuevos debates y las nuevas
luchas que se empiezan a tejer desde ese terreno que propone proble-
matizar y politizar lo privado.

Apenas un año antes del periodo que he delimitado para la segunda ola,
pero definitiva para ésta, apareció una figura crucial: la filósofa y escritora
francesa Simone de Beauvoir. Con su libro El segundo sexo, publicado en 1949,
analiza el ser mujer y su situación a lo largo de la historia y de los ciclos vi-
tales respecto de sí misma, del hombre y de la sociedad, que hace desde un
andamiaje de corte existencialista, con bases filosóficas, epistemológicas, an-
tropológicas, sociológicas, históricas, biológicas, médicas, psicológicas y aun
psicoanalíticas, marxistas y literarias, y también alistó el terreno para voltear la
mirada hacia lo privado, lo íntimo, como problema político. A Beauvoir no se
le puede catalogar ni como feminista liberal ni como feminista radical, porque
va mucho más allá de los principios que definen esas dos tendencias. Beauvoir
con su obra marca una tercera tendencia de la segunda ola: el feminismo de la
igualdad, o de la diferencia, el cual propone que lo que se ha entendido como
“mujer” (concepto relacionado con el ser “hembra”, biológico) y la exigencia de
su “femineidad” (concepto relacionado con el género, “femenino”) son cons-
trucciones sociales y culturales a partir de la idea que se tiene del cuerpo, un
cuerpo sexuado de realidad concreta. Es decir, no sólo con ciertas característi-
cas fisionómicas y genéticas, sino además con funciones biológicas específicas:
en el caso de la mujer, sus facultades exclusivas para la gestación y la materni-
dad, que no posee el hombre (“macho”, en términos biológicos; el “varón” y su
“masculinidad”, en términos de género, “masculino”), pero las cuales definen
y diferencian apenas una parte de la identidad de cada sexo y no en exclusiva
ni en apego a realidades de identidad individual y con criterios propios, sino
social y culturalmente condicionados. El problema surge cuando se establece
como hecho incuestionable que las características de las mujeres y las que se
les atribuyen por ser mujeres son inferiores, por lo que su ser es circunscrito a
su constitución biológica, fundamentalmente por su aparato reproductor, que
lo es también para el placer, pero el placer para el hombre. El problema se agu-
diza cuando la mujer interioriza esa inferioridad: incapacidad, insuficiencia,
carencia, vulnerabilidad, dependencia, subyugación. Esa postura se resume en
la célebre frase de Beauvoir: “No se nace mujer: llega una a serlo”. Así, no existe

17
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

vínculo “natural” entre mujer y femineidad, ni entre hombre y masculinidad.


Las diferencias entre ambos sexos, señala Beauvoir, no determinan ni deben
influir en su igualdad de condición ante la vida y ante el mundo (mismos dere-
chos, mismos deberes), de acuerdo con un pensamiento racional de igualdad
entre seres humanos y según términos de la Ilustración, que también son parte
del andamiaje de la filósofa francesa. Mujer y hombre “son necesarios el uno
para el otro”, en relación recíproca.14
Como continuación de las reflexiones de Beauvoir en la línea del femi-
nismo de la diferencia, en 1994 la filósofa y lingüista belga-francesa Luce
Irigaray, en su libro Amo a ti, resalta la diferencia por sobre la igualdad entre
los sexos. Afirma que la igualdad de derechos es requisito indispensable para
que la verdadera diferencia entre mujeres y hombres sea una realidad indi-
vidual y socialmente aceptada, respetada, necesaria para ir más allá de un
“simple reparto de roles sociales prefabricados”: “Yo no soy tú, hombre, yo
no soy todo y, en este sentido, no represento una unidad del género humano.
El género humano está compuesto de dos géneros y ninguno puede ser el
modelo del otro.”15
Por su parte, en la década de los setenta las exponentes italianas del
feminismo de la diferencia, en conjunto conocidas como rivolta femminile
(revuelta femenina), buscaron rescatar lo considerado femenino para que,
en efecto, ser mujer “sea hermoso”. En esa perspectiva hay una revaloración
y una reivindicación positivas de lo que individual y socialmente se entiende
como lo “femenino”, porque la femineidad “no es sólo opresión”, de acuerdo
con Carla Lorenzi, una de las representantes de la rivolta femminile, cuyos
libros de base son Escupamos sobre Hegel, de 1970, y La mujer clitórica y la
mujer vaginal, de 1971. En ellos, Lorenzi critica el patriarcado y lo define
como una colonización ejercida sobre las mujeres. Apela, ante ello, a la ne-
cesidad de tomar conciencia y la importancia del reconocimiento entre mu-
jeres, en su calidad de sujetos, como cuestiones centrales para la liberación
femenina.
Vemos, entonces, que las corrientes acuñadas en la segunda ola del femi-
nismo defienden la liberación de las mujeres poniendo en balance la igualdad
y la diferencia junto con el desarrollo social y la búsqueda de una mejor vida
en lo individual, asumiendo que las mujeres son diferentes a los hombres pero
14 Simone de Beauvoir, El segundo sexo (México: Penguin Random House, 2015).
15 Luce Irigaray, Amo a ti / Bosquejo de una felicidad en la historia (Argentina: Ediciones de la Flor, 1994).

18
Prefacio

que ante la ley ambos son iguales, condición que debe comprenderse y respe-
tarse: la equidad como salida del problema de la desigualdad de género.16

Tercera ola del feminismo: décadas de los ochenta y los noventa


del siglo xx, después de todo y en medio de la globalización

La tercera ola se presentó como respuesta a los aspectos percibidos como fallos
de la segunda ola, esto es, la esencialización, la naturalización y la homologa-
ción de experiencias “femeninas”. Se apostó por pensar a las mujeres, en plural,
considerando las diferentes categorías a que dan lugar las corporalidades; raza
y racialización, clase, sexualidad, sexo y género, edad, nacionalidad y normo-
corporalidad, entre otros, son fundamentales para conocer la situación y la
condición de eso que hemos construido como “mujer”.
Las teorías de la interseccionalidad y de la intersubjetividad representan
una muestra de lo que la tercera ola dejó para las teorizaciones feministas; son
claves para pensar el feminismo en su diversidad y para hablar desde distintos
lugares de enunciación. Esto es importante para acercarnos a los feminismos
negros y analizar la ruptura con los feminismos blanco-occidentales, así como
reflexionar sobre otras expresiones a que hace referencia la teoría del punto de
vista o standpoint theory.
Durante las décadas de 1980 y 1990 fue crucial rastrear la crítica a los
feminismos de Occidente, que desconocen las diferencias entre las mujeres y
tienden a universalizar las opresiones que viven las mujeres blancas hetero-
sexuales, que principalmente figuran desde el feminismo liberal. Así, aparece
otro problema de la diferencia, que permite reconocer la existencia de femi-
nismos plurales desde los cuales se hace una crítica a la modernidad fuera
de Occidente. Me parece pertinente apuntar lo que plantea el black feminism
(feminismo negro) expuesto por la escritora afroestadounidense bell hooks:

16 Equidad e igualdad son nociones frecuentemente usadas en los discursos en materia de creación de po-
líticas públicas con perspectiva de género. La equidad, grosso modo, hace referencia a la búsqueda de la
igualdad entre hombres y mujeres tomando en cuenta las necesidades específicas que tenemos las mu-
jeres respecto a las de los hombres, y se asume que éstas son históricamente distintas. La igualdad hace
referencia al hecho de acceder y ejercer los mismos derechos, es decir, igualdad ante la ley. Comité para la
Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas
de Discriminación contra la Mujer [CEDAW/C/MEX/CO/7-8, documento 12-45539 (S) 111012 151012]
(Ginebra: Naciones Unidas, 7 de agosto de 2012).

19
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

la permanente crítica al “feminismo blanco”, reconceptualizando, en primera


instancia, la noción de clase. Más allá de la capacidad económica adquisitiva,
del apellido, del linaje, etcétera, la clase condiciona el comportamiento: cómo
te percibes, qué se espera de ti, qué tienes que esperar de los demás, qué y
cómo lo das a los demás, concepción del futuro, cómo se siente, cómo se actúa,
cómo se piensa.17 En ese tenor, hooks ofrece también una reconceptualización
de “opresión” como la ausencia de elecciones, y de ahí que considere, desde ese
lugar de enunciación, que las mujeres blancas podrán ser víctimas del sexismo
pero que el racismo les permite actuar como explotadoras y opresoras de otras
personas, particularmente de mujeres negras. Las búsquedas de la filosofía
del feminismo negro se orientan, así, a defender que las mujeres negras son
intrínsecamente valiosas y que su liberación es un imperativo porque la nece-
sidad de autonomía es de todas y cada una de las personas humanas.
Estudios como los realizados por la antropóloga colombiana Mara Vive-
ros Vigoya nos ayudan a comprender cómo el cuerpo puede ser analizado más
allá de sus fronteras biológicas occidentales racistas, es decir, que la sexuali-
zación de la raza y la racialización de la sexualidad naturalizan las diferencias
sexuales acarreando consigo desigualdades sociales mundiales.18 La socióloga
sudafricana Zine Magubane, por su parte, se pregunta cuáles son los “cuerpos
que importan” apuntando que la forma de mirar y analizar implica una jerar-
quía de valores. Las marcas de clase, ejemplifica Magubane, varían histórica-
mente haciendo “diferencias que importan”.19 Así, analizar críticamente de abajo
hacia arriba, fuera de plano y cuestionando la “obviedad”, es decir, lo “incuestio-
nable”, es lo que se pretende hacer desde la teoría interseccional feminista.
En la tercera ola se busca, asimismo, desvelar los diferentes mecanismos
de opresión que imposibilitan materializar la igualdad. Aquí y con más fuer-
za se despliega lo que conocemos como teorías contemporáneas de género. A
continuación, sin establecer niveles de importancia –pues todas importan–,
jerarquías ni contextos de aparición, presento lo que considero que pueden
ser algunas de las ideas centrales de las teorías contemporáneas de género,

17 bell hooks, “Mujeres negras / Dar forma a la teoría feminista”, en bell hooks et al., Otras inapropiables /
Feminismos desde las fronteras (Madrid: Traficantes de Sueños, 2004), 33-50.
18 Mara Viveros, “La sexualización de la raza y la racialización de la sexualidad en el contexto latinoamericano
actual”, en Memorias del Primer Encuentro Latinoamericano y del Caribe: La Sexualidad frente a la Sociedad,
Gloria Careaga (coord.), (México: Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia, 2008), 167-198.
19 Zine Magubane, “Which Bodies Matter? Feminism, Post-Structuralism, Race, and the Curious Theoreti-
cal Odyssey of the ‘Hottentot Venus’”, en Gender and Society, vol. 15, núm. 6 (2001), 816-834.

20
Prefacio

entendiendo por centrales aquellas premisas que nos ayuden a ubicarlas en


su espacio-tiempo y, así, comprender cómo pueden ayudarnos a explicar las
problemáticas actuales atravesadas por la lógica de género.
El poscolonialismo y el descolonialismo feministas son teorías que pueden
hermanarse hasta cierto punto, pues es necesario tomar en cuenta que provienen
de geografías y corrientes de pensamiento diferentes: el poscolonialismo hace una
crítica de la modernidad desde Occidente y el descolonialismo lo hace fuera de
Occidente. La filósofa Gayatri Chakravorty Spivak y la socióloga Chandra Talpade
Mohanty, ambas indias pero que radican en Reino Unido, coinciden en que es
momento de problematizar el desplazamiento de “Europa y sus otros”, una Euro-
pa constructora de la otredad y propiciadora de la subalternidad. El poscolonia-
lismo nos ayuda a entender la modernidad como un proyecto fallido, a analizar
sus contradicciones económico-políticas y su impacto en esos “terceros mundos”
construidos bajo sus dictados.20 Desde una postura autocrítica, las exponentes del
feminismo poscolonial insisten todavía en la importancia de identificar los euro-
centrismos que se puedan colar en los proyectos políticos emancipatorios, lo que
nos conduce inevitablemente a sostener planteamientos sobre ética con aquello
considerado “subalterno”. Eso responde a la “colonialidad del ser” –y del saber– y
a la condición de subalternidad frente a países considerados del “primer mundo”.21
En el presente trabajo es pertinente atribuir el giro descolonial lati-
noamericano a la filósofa argentina María Lugones, a la antropóloga social
dominicana Ochy Curiel y a la filósofa, también dominicana, Yuderkys Es-
pinosa Miñoso. Si bien no son las únicas, considero que merecen un papel
estelar, ya que nos invitan a pensar en un feminismo antirracista y anticla-
sista. Su propuesta de pensamiento-acción es la de registrar producciones
teóricas y prácticas subalternizadas, racializadas y sexualizadas; observar la
colonialidad del poder y sus inacabadas construcciones: los indígenas, las
etnias y la romantización del mestizaje, tres constructos que abonan a la
colonialidad internalizada desde la cual operamos en la academia, e incluso
en ciertos activismos.22

20 Gayatri Chakravorty Spivak, “Estudios de la subalternidad: deconstruyendo la historiografía”, en Sandro


Mezzadra et al., Estudios postcoloniales / Textos fundamentales (Madrid: Traficantes de Sueños, 2008), 33-68.
21 Chandra Talpade Mohanty, “Bajo los ojos de Occidente: academia feminista y discursos coloniales”, en
Descolonizando el feminismo: teorías y prácticas desde los márgenes, Liliana Suárez Navaz y Rosalva Aída
Hernández Castillo (eds.), (Madrid: Ediciones Cátedra, 2008), 117-160.
22 María Lugones, “Colonialidad y género”, en Tabula Rasa, núm. 9 (julio-diciembre de 2008), 73-101. Ochy
Curiel, “Crítica poscolonial desde las prácticas políticas del feminismo antirracista”, en Nómadas, núm.

21
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Conviene destacar también a la física y filósofa de origen indio Vanda-


na Shiva, principal exponente del ecofeminismo. Ella, retomando ideas de los
años setenta, ha buscado para la tercera ola del feminismo una sociedad donde
las mujeres vivan sin opresión: una sociedad ecológica, descentralizada, no
jerárquica y no militarizada, con democracia interna y en la que prevalezca el
uso de tecnologías respetuosas con el medio ambiente en comunas autosus-
tentables de mujeres.23
Podrían dialogar las ideas del descolonialismo y del ecofeminismo con
aquellas que propone el feminismo comunitario, cuya exponente más conoci-
da es la escritora aimara boliviana Julieta Paredes, quien destaca también que
el colonialismo es patriarcal. La propia Paredes denomina como “entronque
patriarcal” el cruce entre el capitalismo y el colonialismo, y al neoliberalismo,
“producto reciclado” del patriarcado. Propone, desde esa postura, una recon-
ceptualización del feminismo para no practicar el occidental, que no necesa-
riamente representa a las mujeres históricamente racializadas. Apuesta, así,
por la construcción de demandas colectivas desde el fundamento de que la
pobreza es parte de la subordinación de género, de clase y de etnia.24
Por sus evidentes afinidades, también cobra relevancia en dicho diálo-
go el feminismo chicano, cuya exponente principal es la doctora en literatura
comparada y escritora tejana de origen mexicano Gloria Anzaldúa. Ella se re-
firió a las culturas “que traicionan”, a la identidad chicana forjada en la historia
de la resistencia de la mujer indígena y de la mujer mestiza en un país con las
características de Estados Unidos. Apostó por una experiencia híbrida pro-
poniendo autodenominarse como new mestiza, modo de ser y de experiencia
que implica la apropiación y la existencia de un lenguaje propio.25 Por su par-
te, la californiana también de origen mexicano Chela Sandoval, especialista
en artes y ciencias e historia del conocimiento, ha ofrecido apuntes para una
“metodología de los oprimidos”, en la que las tecnologías digitales que generan
26 (Bogotá: Universidad Central, abril de 2007), 92-101. Yuderkys Espinosa Miñoso, “De por qué es nece-
sario un feminismo descolonial: diferenciación, dominación co-constitutiva de la modernidad occidental
y el fin de la política de identidad”, en Solar, año 12, vol. 12, núm. 1 (Lima, 2012), 141-171.
23 Maria Mies y Vandana Shiva, Ecofeminismo / Teoría, práctica y perspectivas (Barcelona: Icaria, 2013).
24 Julieta Paredes, Hilando fino desde el feminismo comunitario (México: El Rebozo-Zapateándole-Lente
Flotante-En Cortito que’s Palargo-AliFem, 2014).
25 Gloria Anzaldúa, “Los movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan”, en bell hooks et al., Otras
inapropiables / Feminismos desde las fronteras, 71-80. Gloria Anzaldúa, “La prieta” y “Hablar en lenguas /
Una carta a escritoras tercermundistas”, en Esta puente, mi espalda / Voces de mujeres tercermundistas en los
Estados Unidos, Cherríe Moraga y Ana Castillo (eds.), (San Francisco: ism Press, 1988), 156-168 y 218-228.

22
Prefacio

formas de agencia y conciencia puedan ser instrumentos para crear modos


efectivos de resistencia en las condiciones culturales de la posmodernidad, y
así puedan considerarse constituyentes de una vía cyborg de resistencia.26
Tan crítico como los anteriores y en la línea del materialismo histórico
y del feminismo marxista, el feminismo materialista surgió en la década de
1970, apuntando como tesis principal que el “género” es una construcción so-
cial que marca papeles obligatorios a las mujeres, a las que se les restringe a la
procreación y a la maternidad, forzadas a ello para sostener los estancos de la
división sexual del trabajo según el sistema patriarcal capitalista. Sus princi-
pales teóricas son la estadounidense doctorada en Inglés Rosemary Hennessy,
la socióloga y escritora inglesa Stevi Jackson y la socióloga y escritora francesa
Christine Delphy.
El materialismo histórico se ha mantenido en continua relación con el
feminismo lésbico. Este último ha promovido una investigación concebida
como estilística y semántica sobre los papeles de género socialmente impues-
tos, y a partir de ahí superarlos.27 Asimismo, el feminismo lésbico problematiza
las categorías “hombre” y “mujer” con una perspectiva política, asumiéndolas
como clases sociales. El pensamiento heterosexual expuesto por la filósofa y
escritora francesa Monique Wittig, una de las representantes del feminismo
lésbico, es el régimen político para vivir en sociedad. En otras palabras, las
lesbofeministas apelan a la dialéctica del género y a un posicionamiento radi-
cal frente al discurso de la naturalización de la diferencia sexual que se traduce
en desigualdad social.28
He observado una vertiente teórica que, me atrevo a inferir, ha surgido
de la tercera ola: la del análisis crítico de la masculinidad. Promueve que, al
asumir la masculinidad como concepto, pensar a los hombres y pensarse los
hombres como sujetos genéricos, se pueden detectar los resquicios de su pa-
radójica condición para, así, renunciar a ella.29 Y a propósito de sujetos que
26 Chela Sandoval, “Nuevas ciencias. Feminismo cyborg y metodología de los oprimidos”, en bell hooks et
al., Otras inapropiables / Feminismos desde las fronteras, 81-106.
27 Ochy Curiel y Jules Falquet (comps.), El patriarcado al desnudo / Tres feministas materialistas: Colette
Guillaumin-Paola Tabet-Nicole Claude Mathieu (Buenos Aires: Brecha Lésbica, 2005).
28 Monique Wittig, El pensamiento heterosexual y otros ensayos (Madrid: Egales, 2006).
29 Melissa Fernández Chagoya, “Hombres feministas: el escándalo de renunciar a la masculinidad”, Trabajo
y violencia / Perspectivas de género, María J. Rodríguez Shadow y Beatriz Barba Ahuatzin (eds.), (México:
Centro de Estudios de Antropología de la Mujer, 2015), 66-87. Melissa Fernández Chagoya, “¿Quién pue-
de ser feminista? Aprehensión del feminismo entre hombres activistas contra la violencia hacia las muje-
res”, en Varias miradas, distintos enfoques: los estudios de género a debate, Daniela Cerva Cerna (coord.),

23
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

no responden a la identidad “mujer” y “hombre”, la teoría queer ha sido muy


aguda al dar cuenta de los procesos de desnaturalización y al proponer una
politización sexual que deshaga la legitimación de lo que asumimos como “na-
tural”; en esa deslegitimación, la identidad sexual tendría que ser una posición
transitoria, una práctica, y nada más. La propia operación ideológica de cons-
titución de sujetos es la que genera la “ilusión” de un sujeto esencial anterior a
lo social y constituyente de lo social mismo: “uno se convierte en lo que es en
la medida en que reconoce en ese ser lo que desde siempre ha sido, situándolo
de esta forma en un lugar anterior al acto de interpelación/socialización.”30
De acuerdo con la italiana Teresa de Lauretis, doctora en lenguas y li-
teraturas modernas, y la filósofa estadounidense Judith Butler, a quienes se
les atribuyen las premisas fundacionales de la teoría queer, las tecnologías de
género resultan ser el conjunto de instituciones y técnicas que producen “la
verdad” sobre la masculinidad y la feminidad.31 Éstas se dan, a su vez, gracias
a la performatividad de los cuerpos; es decir, en su reiteración, los cuerpos se
hacen inteligibles, se sujetan en y a normas y conductas, de manera que en los
cuerpos se ejerce el dispositivo de poder.32
Hasta este punto, reitero que lo expuesto hasta aquí no es una minuciosa
ni acabada revisión de autoras, teorías y corrientes. He puntualizado sólo al-
gunos aspectos que considero importantes para nuestro primer acercamiento
a ciertas nociones de género que, en mi opinión, se pueden figurar como parte
de los efectos de la tercera ola, sus agendas, sus demandas sociales y las necesi-
dades identificadas por sus sujetos políticos. La interseccionalidad, la intersub-
jetividad, el cuestionamiento de la heterosexualidad como régimen, la crítica
a la modernidad desde las teorías poscoloniales y descoloniales, la propuesta
teórica y política de renunciar al género, la problematización de la masculinidad
y el desvelamiento de la lógica de género que se asumió como natural y desde

(Cuernavaca: Universidad Autónoma del Estado de Morelos-Instituto de Investigación en Humanidades


y Ciencias Sociales-Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Estudios Regionales, 2017), 199-226.
30 David Córdoba García, “Teoría queer: reflexiones sobre sexo, sexualidad e identidad. Hacia una politiza-
ción de la sexualidad”, en Teoría queer / Políticas, bolleras, maricas, trans, mestizas, David Córdoba, Javier
Sáez y Paco Vidarte (eds.), (Madrid: Egales, 2005), 25.
31 Teresa de Lauretis, “Sujetos excéntricos: la teoría feminista y la conciencia histórica”, en De mujer a género
/ Teoría, interpretación y práctica feministas en las ciencias sociales, María Cecilia Cangiano y Lindsay
DuBois (comps.), (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1993), 34.
32 Judith Butler, El género en disputa / El feminismo y la subversión de la identidad (Barcelona: Paidós, 2007).
Judith Butler, Cuerpos que importan / Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (Buenos Aires:
Paidós, 2005).

24
Prefacio

la cual se justifican los ejercicios de poder y de violencia son apenas parte del
complejo de elementos que nutren y dan diversidad a la potente tercera ola.
Cabe preguntarnos ahora: ¿las mujeres serían el sujeto político de la tercera
ola del feminismo? Si es así: ¿cuáles mujeres? Sin tener las respuestas, es perti-
nente aclarar que no es “la mujer” de la primera ni de la segunda ola, es decir,
blanca, burguesa, heterosexual, etcétera, que se intentó universalizar desco-
nociendo la existencia y la experiencia de otras mujeres. Pero ¿y acaso todas
las identidades subalternizadas se colocan como sujeto de la tercera ola del
feminismo?
El cierre de este apartado es un buen momento para subrayar que durante
la primera ola se estableció que el término “igualdad” aludía precisamente a la
crítica que ha realizado el jurista italiano Luigi Ferrajoli: a un intento de uni-
versalización del sujeto masculino que también en el plano normativo excluye
–no contempla sino desplaza, ignora– al sujeto femenino, discriminándolo en
el goce de muchos de los derechos que se proclaman como universales.33 Si-
guiendo esa crítica, la segunda ola apelaría a la igualdad en los derechos del
hombre y del ciudadano que, sin embargo, por estar basada en la asunción
del sujeto masculino como parámetro, se zanja en la asimilación jurídica de
las mujeres a los varones y, por consiguiente, en una ficción de igualdad que
deja de hecho subsistir la desigualdad como producto del desconocimiento de la
diferencia.
Es, pues, la tercera ola la que critica la igualdad jurídica que, al no hacerse
cargo de las diferencias y de su concreta relevancia en las relaciones sociales,
está destinada a permanecer inefectiva y a ser desmentida por las desigualda-
des concretas en las que se transmutan las diferencias. Se denuncia, desde ese
lugar, que la igualdad ha sido relativa, sólo reconocida para una parte privile-
giada de seres humanos, arbitrariamente confundidos con la totalidad.
Para la cuarta ola se antoja ampliar el sujeto político del feminismo com-
plejizando las demandas y, quizá, ocultando al mismo tiempo el objeto del
feminismo. Es probable que nos estemos enfrentando con la búsqueda de una
igualdad despolitizada y deshistorizada, pero vayamos por partes.

33 Luigi Ferrajoli, Derechos y garantías / La ley del más débil (Madrid: Trotta, 1999).

25
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Desafíos para la cuarta ola

Me permito definir la cuarta ola del feminismo, por el momento, teniendo


presentes la tecnología y las herramientas computacionales que están permi-
tiendo a las mujeres y a otras identidades subalternizadas construir un mo-
vimiento online fuerte, popular, reactivo. Su contexto histórico es, en efecto,
la actualidad condicionada por la digitalización y la virtualidad; su contexto
geográfico es mundial. Se adjudica uno de sus principios a las manifestaciones
de la banda de música punk-rock Pussy Riot, colectivo de mujeres activistas
rusas que en sus actuaciones exponen y ponen en escena performances sobre
determinadas injusticias, de las cuales hacen tomas (fotos, audiovideos, clips)
para denunciarlas públicamente por las redes sociales. Y junto a las de ellas,
hay otras manifestaciones de denuncia situadas geopolíticamente fuera de los
márgenes occidentales.
La viralización mundial de tomas públicas y performances de denuncia
han puesto en relación directa las prácticas feministas con la tecnología, tal
como sigue ocurriendo con Un violador en tu camino, propuesto inicialmente
por el colectivo de mujeres chilenas Las Tesis y reproducido en numerosos
países, y no sólo los de habla hispana. La hiperconectividad que facilita el in-
ternet es, quizá, el primer impulso de la tendencia actual en los feminismos.
Ciberfeminismo es el término acuñado para designar la incipiente cuarta ola, y
con él se asume que la apropiación de la tecnología garantiza la difusión a gran
escala para la toma de conciencia y la capacidad de agencia.
Por lo que respecta al andamiaje epistemológico y la delimitación del sujeto
político de la cuarta ola, sugiero que nos ubiquemos al margen del posfeminismo,34
la corriente no excluyente de personas que no se identifican como “mujeres” ni
como “hombres”, según los planteamientos de la especialista en artes cinema-
tográficas y medios estadounidense Sarah Projansky, la socióloga inglesa An-
gela McRobbie, la filósofa estadounidense Judith Butler y el filósofo español
Paul B. Preciado. Diversas son las definiciones que nos ofrecen, pero se obser-
va un consenso acerca de que el prefijo pos- o post- indica no sólo un después
sino sobre todo un pensamiento que trasciende los primeros planteamientos
del feminismo, el cual se está reformulando con nuevas directrices, con nue-
vos métodos y, probablemente, con nuevos sujetos políticos.

34 Posfeminismo o postfeminismo, traducción del inglés postfeminism.

26
Prefacio

Para Projansky, el concepto de posfeminismo perpetúa el feminismo en


sí, e insiste en su superación. La clave está en determinar qué tipo de feminis-
mo es perpetuado en el actual proceso de negociación o transformación, para
lo cual distingue cinco categorías de discursos posfeministas, en los cuales in-
cluye a los hombres: el postfeminismo lineal, que considera que el feminismo
fue superado en términos de luchas históricas ya culminadas; el postfeminis-
mo radical, que no sólo anuncia el fin del feminismo sino que se pronuncia
en contra de ciertas posiciones feministas equivocadas; el postfeminismo de
la igualdad, que considera que hombres y mujeres vivimos en igualdad, ergo,
el feminismo ya no es necesario; el postfeminismo positivo, que no centra su
análisis en la estructura de reproducción de la ideología patriarcal sino en las
resistencias ante el ejercicio del poder. A partir de esas categorías, Projansky
afirma que, en aras de lograr la igualdad de género, nada impediría considerar
como feministas a algunos varones, que lo son “incluso más que algunas mu-
jeres que se autodenominan feministas”.35
A diferencia de Butler y de Preciado, Projansky se muestra muy reticente
a considerar el posfeminismo como una corriente emancipatoria para las mu-
jeres. Para ella, como también lo advierte McRobbie, el posfeminismo puede
que sea “un fenómeno social y cultural que permea actualmente el pensamien-
to de las mujeres jóvenes y que la hegemonía patriarcal utiliza para frenar el
movimiento feminista contemporáneo”.36
Por su parte, Butler se define a sí misma como posfeminista, toda vez que
asume el feminismo como “un proyecto ilustrado que no sólo es un proyecto
inacabado, sino irrealizable”.37 La filósofa argentina María Luisa Femenías lo
explica de la siguiente manera:

Si recordamos la convocatoria de Beauvoir de convertirnos todas y todos en


sujetos libres capaces de ejercer nuestra libertad y nuestra transcendencia, la
primera crítica está centrada en que las mujeres no nos podemos constituir
en sujetos. Esto es así porque la noción misma de sujeto, que ella asimila a la
noción de varón, siguiendo a Irigaray pero cuya crítica ya viene de Lacan y de

35 Sarah Projansky, Watching Rape / Film and Television in Postfeminist Culture (Nueva York: New York
University Press, 2001), 79.
36 Angela McRobbie, The Aftermath of Feminism / Gender, Culture and Social Change (Londres: Sage Pub-
lishing, 2009), 16.
37 Judith Butler, “Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría femi-
nista”, en Debate Feminista, año 9, vol. 18 (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1998), 65.

27
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Derrida, se constituye como tal en un espacio que es simbólicamente masculi-


no: un espacio centrado simbólicamente en el orden simbólico del padre. Si el
orden es masculino, no nos constituimos en sujeto porque el pedido que hace
Simone de Beauvoir es un imposible. Las mujeres no podemos, dice Butler, ser
sujeto. Por lo tanto, dejamos por lo menos ahora en suspenso qué somos. Con
base en esta primera crítica a Simone de Beauvoir, Butler fundamenta el fraca-
so del movimiento feminista, que viene luchando desde hace siglos por reivin-
dicaciones que nunca terminan de consolidarse. Esto es así porque su intento
es el intento por acceder a algo a lo que, de hecho, es imposible de acceder.38

Preciado comprende que, en esa imposibilidad, las posiciones de los


cuerpos en los diferentes sistemas culturales (sexo, género, deseo) producen
sujetos (in)inteligibles en un punto determinado de la jerarquía social. Por
ello, explica, se parte de conceptos que conforman las dicotomías naturaleza/
cultura, sexo/género, etcétera, que han sufrido una maniobra con el posfemi-
nismo, lo cual nos permite variar la posición de los cuerpos en la sociedad en
relación con las ideologías de género hasta ahora vigentes.39
Bien visto, el posfeminismo está todavía poco documentado y, por lo tan-
to, analizado, si lo comparamos con otras corrientes feministas desarrolladas
entre las décadas de los sesenta y ochenta del siglo xx. Sin embargo, es muy
criticado, aun desde la academia. Y lo mismo ocurre con la cuarta ola. De ahí
la importancia de un primer acercamiento como el que intento compartir a
través de estas líneas.
Respecto a lo que la cuarta ola evoca y redibuja de sus antecesoras, hasta
el momento puedo vislumbrar que se retoma el separatismo propuesto por el
feminismo radical en la segunda ola. Considero que ello se debe a que las per-
sonas integrantes de la segunda ola descubrieron, de una vez y para siempre,
que ni el Estado ni el patriarcado las defenderán porque, por buenas razones
e intenciones que tenga una corporalidad habitada y construida desde la ca-
tegoría política “hombre”, no las ayudarán en sus necesidades y aspiraciones
de cambio ni renunciarán –renuncia en muchas ocasiones imposible– a sus

38 Maria Luisa Femenías, conferencia Aproximación al pensamiento de Judith Butler, dictada durante la Ter-
tulia Feminista les Comadres, en Casa de Encuentro de las Mujeres (Gijón), el 5 de diciembre de 2003,
[Link]
39 Paul B. Preciado [Beatriz Preciado], Manifiesto contra-sexual / Prácticas subversivas de identidad sexual (Ma-
drid: Opera Prima, 2002). Paul B. Preciado [Beatriz Preciado], Testo yonqui (Madrid: Espasa Calpe, 2008).

28
Prefacio

privilegios; porque ya no se busca su protección a cambio de sumisión, a costa


de cualesquiera que sean las consecuencias. Los colectivos de defensa perso-
nal feminista, por poner un ejemplo, cada vez cobran más fuerza y sentido.
Encabezados por mujeres, son espacios creados para mujeres en los que se
enseñan a sí mismas a defenderse y a pelear; muchos de esos colectivos im-
piden la entrada a los varones. Así, en México es resaltable el ejemplar tra-
bajo de autodefensa feminista que ofrece Comando Colibrí, liderado por la
escritora y “académica por estrategia” María Teresa Garzón Martínez, en San
Cristóbal de las Casas, Chiapas, y por la politóloga Darinka Denisse Lejarazu
Hernández, en Ciudad de México. Ambas son expertas en kempo americano
y muay thai, respectivamente, entre otras disciplinas de artes marciales para la
defensa personal; junto con sus colaboradoras no sólo brindan herramientas
y conocimientos para que las mujeres “se defiendan físicamente de un ataque,
sino para que se reapropien de sí mismas, como una forma de autocuidado y
cuidado colectivo.”40
Al mismo tiempo, la cuarta ola retoma lo plural que nos ha dejado el
feminismo liberal, también de la segunda ola. Me parece que eso responde a
la distinción de otras experiencias en los márgenes que se asemejan a las ex-
periencias de las mujeres, porque del acompañamiento que ha caracterizado
a los movimientos de mujeres no se podía esperar menos sino el arropamien-
to de otras causas; porque es seductor acariciar la posibilidad de renunciar a
las categorías impuestas y aprender de experiencias trans, no binarias y otras
identidades, las cuales, en efecto, hacen del género una performance y, en de-
finitiva, una decisión previamente politizada. Decisión nunca exclusivamen-
te personal y autónoma, es cierto, pero cuando menos es aceptada y ejercida
por voluntad. Todo lo anterior implica asumir las consecuencias y, aún más
importante, reconocer que esa posibilidad de al fin quererlo todo sigue estan-
do en el horizonte de personas privilegiadas, estudiadas, urbanas; de quienes
con mayores probabilidades de volver realidad lo que se han permitido soñar,
como aquella, “la peor del mundo”, Sor Juana.
En la calle, en lo público, se manifiesta más ese al fin quererlo todo. Es el
caso de los movimientos de alcance internacional conformados por personas
jóvenes, en su mayoría universitarias y universitarios que se hacen visibles por
medio de marchas presenciales y virtuales y en las que incluyen demandas

40 Para conocer más, recomiendo visitar su página de internet: [Link]

29
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

políticas. Eso es el 8M: una manifestación masiva de cada 8 de marzo para


denunciar los feminicidios y la violencia sistemática contra las mujeres:

Ocho meses tras el masivo 8M es un tiempo prudente para plantearse si el femi-


nismo se ha subido ya a su cuarta ola. Es decir, si el movimiento ha sentado las
bases reales y teóricas de un nuevo periodo histórico. Aunque la historia necesita
de una perspectiva, la respuesta es que sí. El nuevo impulso del feminismo tie-
ne los ingredientes que definen esta cuarta ola. El gran elemento común que lo
aglutina es la lucha contra las violencias, la violencia sexual, no sólo en el ámbito
privado sino en el público, y el tránsito de la teoría a la acción. La nueva ola es
además un movimiento de masas gracias a las redes sociales.41

Tanto así lo es, que el 8M de 2020 reunió a millones de mujeres en las ca-
lles, además de las que se unieron desde las vías virtuales, todo a lo largo y an-
cho del planeta, seguido de una convocatoria al Paro de Mujeres el 9 de marzo:

Leyendo algunas de las atroces declaraciones de presidentes de Chile, Argenti-


na, Brasil y México, entre otros –las mujeres tienen la culpa de ser abusadas, si
dicen no quiere decir sí, no la violaría porque es fea, no la contrato porque se
embaraza y me sale muy cara, groseras, conservadoras, corazoncitos–, queda
aún más clara la urgencia de protestar, resistir y no permitir que se rompa el
hilo de la esperanza hasta que desaparezcan la desigualdad, la discriminación,
el machismo y la violencia. [...]
Marcharemos porque tenemos miedo, a pesar del miedo y para ya no vivir con
miedo. Marcharemos con más ganas, para que el Estado deje de devaluar a un
movimiento que no dejará de crecer hasta que la muerte y la impunidad paren.
La indiferencia ya no es opcional. [...]
El paro del día 9 fue ignorado por el jefe del Estado mexicano porque las mu-
jeres no formamos parte de su agenda. Tendrá que cambiar de opinión más
pronto que tarde, de modo personal, con sus palabras y acciones, porque el
mundo ya cambió, aunque él no se haya dado cuenta.42

41 Cristina Sen, “El feminismo se sube a la cuarta ola”, en La Vanguardia (Barcelona, 1 de noviembre de
2018), [Link]
[Link]
42 Vale Villa, “8 y 9 de marzo: nadie nos detendrá”, en La Razón (México, 6 de marzo de 2020), [Link]
[Link]/opinion/8-y-9-de-marzo-nadie-nos-detendra/

30
Prefacio

La marea verde es otro movimiento social que demanda la despenaliza-


ción del aborto y que responde al advenimiento de la cuarta ola. Sus caracte-
rísticas, al parecer, comienzan a definirla por sí misma:

Un nuevo hito se suma al movimiento internacional de mujeres de nuestra


época. El pasado 8 de agosto, miles de personas en todo el mundo nos manifes-
tamos por el derecho a decidir y en solidaridad con las pibas en Argentina, que
ese día peleaban en las calles la legalización de la interrupción voluntaria del
embarazo. El fenómeno de la marea verde, su impacto en nuestro continente y
otros países del mundo, son suficiente argumento para que incluso medios de
la prensa burguesa hablen de la cuarta ola del feminismo y de la pelea por el
aborto legal como una “conquista anecdótica de un futuro próximo”.43

La lucha por la despenalización del aborto no ha iniciado en los tiempos


actuales, evidentemente. Si podemos situarla en alguna ola, sería en la segun-
da, y podríamos rastrearla más específicamente entre las feministas radicales
–pero no sólo entre ellas– a partir de la década de los sesenta, cuando se agudi-
zaron las discusiones sobre los derechos sexuales y reproductivos, potenciados
a su vez con la creación de la píldora anticonceptiva. Sin embargo, lo que sí
parece ser nuevo son las manifestaciones sobre demandas similares en distin-
tos puntos del mundo logrados con mayor alcance y difusión con los cambios
tecnológicos, lo cual contribuye a la globalización del feminismo.
Mediante las redes sociodigitales y el uso extensivo de las tecnologías de
la información y la comunicación se han propiciado movimientos conocidos
ahora como ciberfeministas.44 En 2017, el movimiento #MeToo,45 originado
en Estados Unidos, inauguró una serie de denuncias públicas contra perso-
najes reconocidos en los medios de comunicación masivos y de la industria
del entretenimiento. Una actriz denunció a un director de cine e invitó a otras
mujeres a hacerlo. Muchas mujeres, en efecto, lo hicieron. El cibermovimiento
#MeToo llegó a Latinoamérica con fuerza, y entre marzo y abril de 2019 en

43 Mariel Ochoa y Marisol Flores, “Marea verde: ¿Una nueva ola del feminismo?”, en La Izquierda Diario
(México, 2 de octubre de 2018), [Link]
minismo
44 Irene Soria Guzmán (coord.), Ética hacker, seguridad y vigilancia (México: Universidad del Claustro de
Sor Juana, 2016).
45 Antes de que tomara mayor fuerza y se viralizara, la iniciativa Me Too (sin hashtag) fue propuesta en 2006
por Tarana Burke, activista afroestadounidense, a través de la ya cerrada red social MySpace.

31
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

México se lanzaron, a través de la red social Twitter, varios listados de denun-


cias divididos en gremios: #MeTooEscritores (más de ciento treinta escritores
denunciados como acosadores), #MeTooAcademicos (más de cien académi-
cos denunciados como agresores sexuales), #MeTooMusicos (más de ciento
cuarenta y cinco músicos denunciados como violentadores), #MeTooPerio-
distas (más de doscientos noventa periodistas denunciados por algún tipo de
violencia sexual) y un largo etcétera. De acuerdo con estudios de medios, 99%
de los agresores denunciados son hombres.46
Previo al remolino del #MeToo fue el despliegue de experiencias com-
partidas en #PrimeiroAssedio, surgido en Brasil en 2015 y replicado en el
resto de Latinoamérica con el hashtag en español #MiPrimerAcoso. Ese mo-
vimiento online ha desvelado espeluznantes casos de violencia sexual exa-
cerbada contra las mujeres, en cifras elevadísimas. En México, la edad del
primer acoso que las mujeres denunciaron está entre los seis y los diez años;
59% de las mujeres que compartieron su experiencia tenían esas edades
cuando fueron víctimas de acoso o abuso sexual.47 Estamos hablando, pues,
de violencia sexual contra las niñas, principalmente por hombres adultos
violentadores y pederastas.
Reconociendo esa cruda realidad, las mujeres y otras corporalidades
históricamente subalternizadas y vulnerabilizadas, cansadas de tanta vio-
lencia y franco desamparo, se han fusionado para potenciar un feminismo
diferente:

El de ahora parece un feminismo más flexible, popular, comunitario y mucho


menos ortodoxo que el tradicional. En América Latina, donde se está expan-
diendo como la pólvora y con su misma intensidad, se ha convertido en una
expresión de guerra de guerrillas. Las mujeres están siendo asesinadas y se han
cansado de ser formales. “Este feminismo no sabe de teoría, pero la aprende en
diálogo con las académicas, entiende que su lugar está al lado de los oprimi-
dos, y desprecia la figura liberal y oenegeísta del feminismo que conocimos en
las últimas décadas. Acá es cuerpo a cuerpo, palabra a palabra, hasta construir

46 Redacción, “#MeToo: cronología de un reclamo que cimbró a México”, en Infobae (México, 2 de abril
de 2019), [Link]
cimbro-a-mexico/
47 Abril Mulato, “El gráfico sobre la edad a la que empieza el acoso en México”, en Verne, de El País (México,
19 de mayo de 2016), [Link]

32
Prefacio

el discurso común o hacer de la acción un discurso en sí mismo”, explica Marta


Dillon, periodista, escritora, activista lesbiana y miembro de Ni Una Menos.
Señala, además, que esa democratización del discurso ha conseguido “vencer
la estigmatización de la que somos objeto desde que existe la palabra ‘femi-
nista’. Ahora incluso nos quieren demonizar usando esa categoría absurda de
‘feminazi’”. Dillon, una de las voces más relevantes del movimiento en Latino-
américa, se felicita porque las mujeres estén saliendo a las calles a decir basta y
plantear reivindicaciones en el ámbito laboral, pero también en el de derechos
civiles. “Esta vez se trata de la mujer como sujeto político, capaz de establecer
alianzas transversales, insólitas e inesperadas. La internacional feminista está
en marcha, pero no es homogénea. Al contrario, habla muchas lenguas, tiene
distintos colores y se nutre de esas experiencias diversas”. Dillon destaca ade-
más que en esta ocasión, y para variar, “la ‘masividad’ del movimiento llega
desde el Sur, desde los países más empobrecidos”. También busca la implica-
ción de los hombres, conscientes de que, sin su participación, el cambio será
mucho más complicado.48

Otro movimiento es el llamado escracheo feminista, es decir, que pone


en evidencia y denuncia violentadores cobijados por “el pacto patriarcal” y la
“impunidad patriarcal”.49 Se realiza por medio de tendederos, donde se cuel-
gan notas y letreros con los nombres de los violentadores y frases o breves des-
cripciones de sus acciones, o mediante pintas en los lugares de trabajo de los
violentadores y con posts en las redes sociodigitales. También conocido como
denuncia pública feminista, el escracheo se originó posiblemente en Argenti-
na, en las luchas levantadas por la desaparición forzada durante la dictadura
de ese país, y se adjudica a la asociación civil H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la
Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Escrachar tiene el obje-
tivo de que las violencias y sus perpetradores sean dados a conocer al público
para, de esa manera, ejercer presión sobre las autoridades, toda vez que, ante
la falta de efectividad de las instituciones para atender de manera certera y
confiable los reclamos, los escraches representan un espacio de denuncia en
48 Paka Díaz, “El resurgir del feminismo: ¿estamos ante la cuarta ola?”, en Mujeres a Seguir (México, 11 de
julio de 2017), [Link]
[Link]
49 Melissa Fernández Chagoya, “Cuerpos que no importan: la indolente mirada masculinista desde donde
se imparte la (in)justicia hacia las mujeres en México”, en Género y Salud en Cifras, vol. 14, núm. 3 (Méxi-
co: Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, septiembre-diciembre de 2016), 46-58.

33
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

busca del acceso a la justicia; en el mejor de los casos, significa un limitante


menos para su ejercicio.50
El escracheo feminista está teniendo efectos inesperados. Luego del 9
de marzo de 2020, varias instituciones de educación superior, tanto públicas
como privadas, en México y en el resto de Latinoamérica se sumaron al tende-
dero de denuncias. Se trata de una instalación que tiene sus orígenes en 1978
con el trabajo de la artista mexicana Mónica Mayer, quien en el Museo de Arte
Moderno instaló El Tendedero, con la consigna “Como mujer, lo que más de-
testo de la ciudad es: ___”. Cuarenta y dos años después, El Tendedero se volvió
una instalación recurrente, un espacio de expresión, de denuncia, de acusa-
ción y de protección en el anonimato. Cada tendedero de denuncias puede ser
visto como práctica política aislada, pero de manera individual y en conjunto
han logrado que algunas instituciones de educación superior suspendan a pro-
fesores marcados, los retiren de sus cargos o los amonesten. Si bien, el proble-
ma del acoso y del hostigamiento sexual está muy lejos de ser resuelto, en gran
medida debido a que pocas acusaciones son llevadas al ámbito jurídico, me
parecen resaltables los logros que los tendederos están impulsando.
Mientras que en la tercera ola se hacía manifiesta la necesidad de dialogar
en torno a la dicotomía lo público/lo privado, uno de los legados de Millett y
de otras feministas radicales que recoge la cuarta ola es la conceptualización de
una triada: lo público/lo privado/lo íntimo. Lo íntimo hasta ahora es definido
como aquello de la vida personal que no debe ser sometido ni a exposición ni
a negociación. De ahí que, en mi opinión, la marea verde, los cibermovimientos
como #MeToo y #MiPrimerAcoso, el escracheo, la toma masiva de las calles y,
particularmente, la toma por estudiantes feministas de las instalaciones de
instituciones de educación superior sean algunos elementos fundacionales
de la cuarta ola.51
La filósofa Amelia Valcárcel y la periodista Nuria Varela, ambas espa-
ñolas, coinciden con la perspectiva de mi apreciación, si bien se refieren a

50 Layla Sánchez Kuri, “Del escrache feminista como acción sororaria y su comunicación efectiva para la
denuncia”, en Mujeres Net (México, junio de 2016), [Link]
[Link]
51 Hasta la fecha, en Latinoamérica se han sumado instituciones de educación superior de México, Chile,
Ecuador y Argentina. Por ejemplo, en 2018 fue la toma de varias facultades de la Universidad Austral, en
Chile, y desde enero de 2020 han sido tomadas las facultades de Filosofía y Letras, de Ciencias Políticas y
Sociales y de Artes y Diseño de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre muchas otras.

34
Prefacio

las prácticas feministas de su país de hoy en día.52 Notable también es que


algunas académicas europeas discutan sobre la influencia que tiene el movi-
miento latinoamericano de mujeres sobre el europeo. Todo parece indicar que
la cuarta ola también está promoviendo la problematización y, hasta cierto
punto, la reconceptualización de la idea de Sur Global y de mundialización,
pensándolas desde Occidente, desde territorio occidentalizado pero nunca
central, dialogando y marcando la pauta mediante sus prácticas discursivas
hacia Occidente-Centro.
La cuarta ola se propone para problematizar y responder una serie de
preguntas que emanan de eso que nos dejó la tercera ola, los avatares de la
contemporaneidad: ¿quién es el sujeto político del (pos)feminismo?, ¿cómo
mundializar una causa sin pretender universalizarla al estilo colonial?,
¿cómo trascender de la conciencia de opresor-oprimido?, ¿cómo apostar por
una reflexión y una práctica ética con la subalternidad?, ¿cómo operan la raza,
la clase, la sexualidad, la edad y la nacionalidad en las formas de materializar el
feminismo actual?, ¿cómo deshabitar la desigualdad histórica y configurarnos
como sujetos de derechos, de facto? Consideremos que

[e]l gran aporte de la marea verde en Argentina radica en que, con su lucha,
se está abonando al desarrollo de una nueva subjetividad para el movimiento
internacional de mujeres, basada en la confianza de sus propias fuerzas. La
apuesta es que esto impacte en sectores del movimiento obrero, cuyas fuer-
zas son ya mayoritariamente femeninas. En Argentina, México y el mundo
estamos escribiendo nuevas páginas en la historia de la lucha por nuestros
derechos y por nuestra emancipación.53

La cuarta ola se nos presenta iracunda, irascible. Es representada por


personas ciertamente sobreinformadas, hiperconectadas a y por las redes so-
ciodigitales, hasta cierto punto poco reflexivas. No son necesariamente inte-
lectuales ni académicas. No son las pensadoras que salieron del canon, como
en la primera ola; tampoco son las ilustradas y burguesas, como en la segunda;
tampoco son las académicas activistas, como en la tercera ola. Las de la cuarta
ola son militantes jóvenes –incluso muy jóvenes– hipersensibles, con todas

52 Amelia Valcárcel, Ahora, feminismo / Cuestiones candentes y frentes abiertos (Madrid: Ediciones Cátedra,
2019). Nuria Varela, Feminismo 4.0 / La cuarta ola (Madrid: Ediciones B, 2019).
53 Mariel Ochoa y Marisol Flores, “Marea verde: ¿Una nueva ola del feminismo?”.

35
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

sus emociones a flor de piel, llevando a cabo acciones políticas que los medios
de comunicación, al menos en México, tildan de “radicales” y “violentas” a
causa de su bravura y su hartazgo. Ellas se manifiestan haciendo pintas sobre
monumentos históricos nacionales y quemando edificios de instituciones gu-
bernamentales.
Las múltiples formas de materialización de la incipiente cuarta ola puede
que nos desconcierten. Los acontecimientos ocurren más rápido de lo que
podemos conocerlos, tanto más, comprenderlos. Lo cierto es que su marea ha
empezado, la comprendamos o no. El feminismo, al parecer, devino fenómeno
de masas, lo cual hasta cierto punto potencia su mundialización:

El feminismo para el 99% encarna una visión del universalismo como siempre
en formación, siempre abierto a la transformación y al debate, siempre afir-
mándose a sí mismo a través de la solidaridad [...] es un feminismo incansable-
mente anticapitalista; un feminismo que no se dará nunca por satisfecho con
meras equivalencias hasta que no logremos la igualdad, al que no le bastarán
los derechos ni las leyes hasta que no tengamos justicia, y que nunca se conten-
derá con la democracia hasta que no llegue el momento en que la libertad indi-
vidual se determine por fin sobre la base de la libertad de todas las personas.54

Quizá vaya siendo momento de apostar por un feminismo híbrido, que


no sea lo que ha sido, es decir, que no sea ese feminismo que representa
únicamente a una ínfima parte, como argumentan las filósofas estadouni-
denses Cinzia Arruzza y Nancy Fraser y la historiadora de origen indio Tithi
Bhattacharya:

Necesitamos asociarnos con militantes antirracistas, ambientalistas, con ac-


tivistas que luchan por los derechos migrantes y de lxs trabajadorxs; solo así
podrá el feminismo estar a la altura del desafío de nuestros tiempos. Solo re-
chazando el dogma de “ir adelante”, solo rehusándose a aceptar el feminismo
del 1%, puede nuestro feminismo llegar a convertirse en un faro de esperanza
para todxs lxs demás.55

54 Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, Feminismo para el 99% / Un manifiesto (Buenos Aires:
Rara Avis, 2019), 121-122.
55 Ibid., 16-17.

36
Prefacio

Necesitamos un feminismo consciente de los elementos que lo compo-


nen, para el que la igualdad, no sólo ante la ley sino también en oportunidades,
en condiciones, de facto, sea la meta consumada. Es durante la actual cuarta
ola que podríamos ser, al fin, sujetos de derecho, manteniendo nuestra a de
humanas. O quizá, por el contrario, ya no nos interese aprender y replicar eso
que hicieron de nosotras.
Las líneas que he dedicado a este apartado trazan apenas un esbozo de lo
que está siendo la cuarta ola. Es, por tanto, una reflexión inacabada y, lo acepto,
con referencias insuficientes, en cuyo recorrido no he seguido un orden cro-
nológico estricto, no obstante disponer de métodos de investigación. Se debe
a que la cuarta ola está ocurriendo(nos) ahora mismo. Pretender documentarla
para luego interpretarla no sólo sería arriesgado, sino además prematuro, in-
cluso irresponsable. El feminismo de hoy está consumándose con inmediatez
y, quizá con más fuerza que nunca, se nos presenta inasequible, tanto que a
algunas nos está rebasando. De esta forma, me aventuro a compartir mi re-
flexión, colmada de admiración por las jóvenes protagonistas de la presente
coyuntura histórica y política, y también me sitúo desde el desconcierto, pues,
insisto, la cuarta ola está ocurriendo.

37
Parte 1
Las que nos los dieron todo
Ecoerosofías ante la era
de lo viral: disidencias
epistémicas descoloniales 1

Marilú Rojas Salazar

Epistemologías alquímicas disidentes

La alquimia, en la antigüedad y en la época medieval, era una


doctrina y una ciencia –o protociencia, según se mire– a la que
se dedicaban ermitañ@s, sabi@s, teólog@s y filósof@s, pero
muchas de las mujeres que la practicaban eran consideradas
como brujas y perse guidas por ello. Era el estudio experimental
de las mezclas químicas y el arte de la transmutación con el que
se pretendía descubrir los elementos esenciales que componen

1 Parte del presente trabajo es derivado del conversatorio con Ivone Gebara, Maricel
Mena López y Marilú Rojas Salazar realizado en la celebración del aniversario de
la Cátedra Gonzalo Báez Camargo, de la Comunidad Teológica de México, en abril
de 2021.
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

el universo, convertir los metales en oro y descubrir el elixir de la vida, de la


eterna juventud para vencer a la muerte. Uno de sus más preciados objeti-
vos era descubrir la piedra filosofal, la cual les permitiría realizar esos y otros
portentos. Especialmente para los hombres alquimistas, la piedra filosofal se
tornó en una fijación, pues estaban convencidos de que les daría toda la con-
centración del poder.
Las alquimistas mujeres, en cambio, experimentaban y jugaban con los
procesos de mezclar hierbas, sustancias, realidades, especies y demás seres,
entes y entidades. Para ellas, no había “pureza” en todo lo que conformaba
el universo; no existían cuerpos “puros”, sino las más diversas posibilidades
de combinación que aplicaban en el ejercicio del poder sanador de sus cuer-
pos. Utilizaban, así, el conocimiento y el arte de mezclar al servicio del cui-
dado común, y a esos saberes los llamo epistemologías alquímicas disidentes.
Mezclas de cuerpos, especies, naciones, sangres, fluidos, ideas, subversiones,
militancias, compromisos y realidades políticas, sociales, culturales epistémi-
cas y religiosas: todas las mezclas posibles de todos los elementos posibles. Y
coloco las epistemologías alquímicas disidentes, además, como una cualidad de
los profetismos híbridos callejeros expresados en las actuales militancias de las
asambleas, las marchas, los mítines y las protestas como derecho a levantar la
voz que clama justicia en los desiertos urbanos. Digo desiertos urbanos porque,
contradictoriamente, si pensamos en la urbe como un gran espacio sobrepo-
blado, también es hoy un espacio lleno de asfalto que produce un calor asfi-
xiante, resultado de la contaminación y de la depredación ambiental, y donde
cada vez menos es escuchado el clamor por la justicia.
Traigo el concepto de alquimia feminista al contexto de profetismos emer-
gentes observados en las protestas feministas callejeras en toda Abya Yala (como
se llamaba el Continente Americano antes de la colonización) porque ése es, a mi
juicio, el fenómeno que estamos viviendo las feministas entre las marchas contra
los feminicidios, las protestas contra la desaparición de mujeres, las jóvenes que
militan el feminismo de calle liberándolo del encorsetamiento de la academia,
las redes de compañeras ciberfeministas que irrumpen en el espacio virtual pro-
moviendo la conciencia crítica de género, las mujeres buscadoras de familiares
desaparecid@s y que ahora pasan de ser víctimas a ser militantes de una causa
por la justicia y la dignidad, las mujeres que resisten ante el neocolonialismo
patriarcal, las mujeres defensoras de la tierra y de sus cuerpos-territorio, las mu-
jeres defensoras del agua en lucha contra las industrias extractivistas patriarcales

42
Parte 1. Las que nos los dieron todo

neocoloniales del capitalismo devastador, los movimientos subversivos de las


comunidades lgbtttiq+ que siguen cuestionando la sociedad homo-lesbo-
transfóbica e hipócrita que pretende ser progresista pero manteniendo las ex-
clusiones y las desigualdades. Sin duda, ésos son los movimientos proféticos que
hoy denuncian con voz potente las injusticias que cruzan por las identidades, los
cuerpos, las sexualidades y los erotismos de cada persona.
Al reflexionar sobre los fenómenos sociales de disidencia y profetismo,
he pensado en la alquimia, y la hago convertirse en el arte feminista de trans-
formar el dolor y la violencia en un ejercicio de subversión epistémico-corporal
y en el arte de despatriarcalizar el mundo a través de sus sabidurías, sus conoci-
mientos y sus entretejidos sororales. En el arte de mezclar los saberes cotidianos
de las mujeres mediante la colectiva construcción de una conciencia crítica de
género. En el arte de mezclar e hibridar estudios, disciplinas y métodos: fi-
losofía, química, biología, física, medicina, astrología, semiótica, misticismo,
arte, espiritualidad, empirismo y todo puesto a reaccionar con la energía eró-
tica que emana de los cuerpos vulnerados y, así, posicionarnos ante la vida
para clamar justicia, dignidad, equidad y cada uno de los derechos que nos
corresponden ante esta sociedad que se niega a evolucionar pero que no obs-
tante va mutando velozmente. En el arte de combinar las causas más diversas
en nuestras luchas cotidianas para transmutarlas en modos de fisurar el sis-
tema patriarcal neocolonial fundamentalista, que desde hace tiempo permea
los estados, la política, las formas de concebir el país, la nación. Y brotan esas
trasmutaciones, esas mezclas y esas hibrideces como recurso alquímico para
experimentar y encontrar la mejor fórmula con que resolver el “mal de estos
tiempos”. Brotan justo en medio de la actual crisis social mundial y entram-
pados en una pandemia viral que ha cobrado millones de vidas, poniendo en
entredicho absoluto nuestras arrogancias, nuestras convicciones basadas en la
supremacía antropocentrista. Brotan justo cuando estamos tambaleándonos
como especie y alzando la voz para replantearnos quiénes somos y cuál es
nuestro papel en el mundo. Eso que se hace en los laboratorios para conocer
y combatir el virus que nos está doblegando podemos considerarlo como “al-
quimias”, metáfora de lo que los movimientos feministas han estado haciendo
para enfrentar las problemáticas sociales de esta era de lo viral. Es también la
época de lo viral porque estamos viviendo día con día la difusión masiva de
realidades y que provocan conmoción social: se viraliza cada denuncia, cada

43
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

manifestación, cada movimiento feminista gracias a la tecnología, específica-


mente las de internet y las redes sociales.
Es la alquimia como ciencia de los cuatro elementos, de la búsqueda de
tinturas y medicinas sanadoras –que en los feminismos comunitarios es un ele-
mento central– la que me lleva a proponer la alquimia feminista, es decir, el
arte de mezclar las diversas causas feministas, la mezcla donde no hay feminis-
mos puros pero sí radicales, entendiendo por radicalidad el arte de descolonizar
nuestros cuerpos-territorio, nuestras mentes, nuestros afectos, nuestros senti-
pensares para liberarnos del racismo, del clasismo y del sexismo. Cierto día, una
de mis alumnas me hacía ver que una corriente de feminismo cuestiona los fe-
minismos radicales. Me hizo pensar que, ciertamente, no hay feminismos puros,
pero que la radicalidad es un elemento integrante de los feminismos todos, un
ingrediente al cual no podemos renunciar dentro de nuestras alquimias.
Apuesto, entonces, por la alquimia feminista como metodología en diá-
logo con nuestras diversidades y luchas cotidianas, como esa sabiduría de la
mezcla que propone Ivone Gebara:

Hoy estamos intentando acoger la diversidad y la mezcla que somos, como


desafío y única condición para que la vida se exprese en su multiplicidad sin
límites. Por eso, muchas organizaciones de mujeres se mezclan con las muchas
banderas que reivindican la dignidad humana a partir de la multiplicidad de
situaciones.2

Siguiendo las metáforas de la alquimia como metodologías de investi-


gación y nuevas rutas de construcción del pensamiento, del discurso y de la
vida misma, la alquimia feminista es también una mezcla de corporalidades,
sexualidades, diversidades, luchas, territorios, realidades y rutinas diarias que se
entretejen. Las mujeres no buscamos, como los alquimistas hombres, la piedra
filosofal para concentrar el poder y convertir metales en oro, sino usamos la al-
quimia para combinar las vidas, los saberes, los sabores, nuestros pequeños po-
deres, nuestros deseos, nuestras luchas y nuestras cotidianidades como el arte de
transformar nuestras vidas en espacios vivibles para todas, cuantas sea posible.
La alquimia me hace vivir el feminismo, sí, como una lucha cotidiana,
pero también como una magia en la que nos es posible soñar, no con ingenui-

2 Ivone Gebara, Filosofía feminista / Brevísima introducción (Montevideo: Doble Clic, 2014).

44
Parte 1. Las que nos los dieron todo

dad, sino soñar y recuperar la fe, confiar en que las luchas de las compañeras
serán capaces de transformar sus entornos en espacios dignos y saludables.
Y sin excluir de ello la contradicción. Para Gebara, la contradicción es un
elemento esencial de esas mezclas, ya que somos seres diversos y nos man-
tenemos en contradicción contra la lógica patriarcal de las purezas y de los
binarismos, en los cuales se es bueno o se es malo, coherente o incoherente, de
un grupo o del opuesto, cuando la vida real no es así. La contradicción es un
ingrediente con el cual convivimos las feministas como un ejercicio epistémi-
co crítico y autocrítico de nuestras propias certezas, que atraviesan nuestras
vidas cotidianas, y la alquimia es un saber, una ciencia y un arte ancestral que
actualmente vamos redescubriendo en nuestras contradicciones.

Ecoerosofías

He alquimizado el concepto ecoerosofías, comprendiéndolo como la fuerza in-


terior de cada ser vivo que se posiciona para relacionarse con el mundo que le
rodea y que emerge de los cuerpos que habitan otro cuerpo, un cuerpo que nos
hospeda llamado Tierra, la cual es un ser vivo con una ternura radical impre-
sionante. Nótese que no la defino como “madre” ni como “casa común”, como
tradicionalmente se le concibe, y es intencional. Primero, me resisto a llamarla
“madre tierra” porque también estamos sometiendo a los mandatos de género
a ese maravilloso ser vivo que nos hospeda. Segundo, tampoco me refiero a
este planeta cósmico como oikos, pues tradicionalmente se ha interpretado
el vocablo griego como “casa común”, sólo que ese concepto, a mi juicio, tie-
ne dos problemas epistémicos de fondo: por un lado, evoca la casa patriarcal
y las relaciones jerárquicas que en ella se establecieron a partir del modelo
kyriocéntrico: del griego kyrios, que significa “señor, tutor, maestro”, que en la
antigua Grecia designaba al tutor oficial o legal de una mujer, pero también
estratificado hacia abajo, hasta los esclavos –independientemente de si eran
mujeres u hombres–; por otro lado, la casa es un objeto que puede ser vendido
o comprado a través de la lógica del mercado, es decir, funcionaba como una
unidad económico-social en la antigua Grecia, como lo sigue siendo ahora. En
ese modelo, el paterfamilias es el hombre blanco, rico y libre que ejerce su autori-
dad soberana: en la antigua Grecia, era un heleno dueño del oikos, que establecía
una jerarquía androlineal desde el varón más anciano hasta el varón más joven,

45
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

que no era otra cosa sino una serie de jerarquías patriarcales. Las mujeres, l@s
niñ@s y l@s esclav@s eran bienes o pertenencias del paterfamilias.
Así, ¿en qué sentido tendría hoy que abordarse oikos? Desde el ecofemi-
nismo, que estudia cómo es que las relaciones establecidas en el espacio Gaia
(Tierra), el hábitat común de la humanidad, han sido relaciones de cosifica-
ción y de mercadeo desde el modelo kyriocéntrico, que se basa y se sostiene
mediante la dominación y la explotación de quienes también habitan dicho
espacio. Actualmente, esos “bienes” también son las comunidades lgbtttiq+,
los pueblos originarios, los ecosistemas, las especies no humanas, etcétera. Re-
cuperar la Tierra como un cuerpo vivo y no como un objeto conduce a la
corresponsabilidad intersubjetiva con ella para transformar las relaciones de
dominación-opresión-explotación, transmutarlas en relaciones de equidad y
de derecho como ser viviente. Además de reconocer que existe una conexión
político-ideológica entre la dominación de las mujeres y la sobreexplotación de
la naturaleza, lo cual se asume como “natural”, también en el ecofeminismo se
analiza la situación de devastación que sufre el planeta provocada por el mismo
sistema patriarcal, aferrado al ejercicio del poder “sobre” otros. Las ecofemi-
nistas, así, luchan por deconstruir esa “naturalización’ y construir una pro-
puesta en la que se nos reubique a los seres humanos dentro del lugar de la
creación: como parte de ésta y no como los únicos, los mejores ni los que están
por encima de ella. De esa manera, se anuncia el final del llamado Antropoce-
no y la emergencia de una nueva era. ¿Tal vez la era de lo viral?
Un segundo ingrediente en este caldero de alquimias es la erótica. Cuan-
do hablo de erótica, estoy hablando de la fuerza interior que cada ser vivo
posee y que llamamos también espíritu. Esa fuerza es potencialmente política,
en el sentido de que con ella se busca el mayor bien posible para los demás
seres, no sólo para la especie humana, y, a partir del reconocimiento de la in-
terdependencia de unos y otros, establecer nuevas relaciones para la necesaria
armonía de los ecosistemas, democrática para los grupos humanos. La erótica
se torna totalmente cuerpo-territorio, pues emerge de nuestras corporalida-
des, de nuestras cavernas, de nuestras porosidades y de nuestros fluidos como
fuerza de resistencia subversiva que se opone a los sistemas de dominio, al
sometimiento y a los mandatos de género. Esa fuerza que emana de nuestras
sexualidades corpóreas es la que nos permite defender los cuerpos considera-

46
Parte 1. Las que nos los dieron todo

dos abyectos, los cuerpos representados en géneros y los cuerpos rechazados;3


los cuerpos que importan y los cuerpos que hasta ahora no han importado:
el cuerpo-tierra, el cuerpo-agua, el cuerpo-aire, el cuerpo-fuego, el cuerpo-
animal, el cuerpo-vegetal, el cuerpo-mineral. Una fuerza con que insistir en
que tod@s somos parte integrante de una corporalidad mayor llamada Tierra,
y así, desde un cuerpo no patriarcal, tomar conciencia de que es ahí donde
cohabitamos tod@s y desde donde clamamos justicia en los movimientos ca-
llejeros de denuncia y protestas.4 Desde las sofías

La sabiduría clama en las calles,


Alza su voz en las plazas;
Clama en los principales lugares de reunión;
En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones.5

La divina sabiduría o rûa , “sabiduría que emana de la boca de Dios”, es


descrita por el autor o la autora del texto bíblico como la mujer que se encuentra
en la frontera de los caminos, la frontera entre lo masculino y lo femenino, entre
lo nativo y lo extranjero, entre lo creado y el creador, entre dios y diosa;6 en la
frontera de la descolonialidad que se resiste al racismo, al sexismo y a toda exclu-
sión. Los saberes y los sabores ancestrales están representados en la maravillosa
imagen de una mujer, oriunda de pueblo, que se suelta el cabello y sale a predi-
car a las calles. La sabiduría es representada también como la mujer anfitriona
de un banquete. Para nuestros contextos, la sabiduría es refigurada en las ma-
nifestaciones y los movimientos callejeros de mujeres que están protestando a
lo largo y ancho de nuestros países latinoamericanos y caribeños en defensa de
sus cuerpos y el de la tierra –la Tierra– y en denuncia del extractivismo; en la
búsqueda de seres queridos desaparecidos, en su mayoría mujeres víctimas de
la violencia. Las asambleas callejeras, afirma Judith Butler, se están oponiendo
a la precariedad y a la exposición de los cuerpos a la violencia y al abandono,
cuerpos cuya vida está amenazada. Y es en esas asambleas donde reside un po-

3 Judith Butler, Cuerpos que importan / Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (Buenos Aires:
Paidós, 2005).
4 Judith Butler, “Vulnerabilidad corporal, coalición y la política de la calle”, en Nómadas, núm. 46 (Bogotá:
Universidad Central, abril de 2017), 13-29.
5 Proverbios 1, 20-21.
6 Ángel F. Méndez Montoya, El festín del deseo / Hacia una teología alimentaria (México: Conspiratio,
2010).

47
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

der que hace posible la afirmación del derecho.7 Dicho poder, a mi juicio, ema-
na de las sabidurías que conspiran, de los cuerpos en disidencia a través del
poder de la palabra como denuncia profética, ya que los movimientos que más
están haciendo tambalear al Antropoceno son los feministas, los ecologistas
y los migratorios. Las sabidurías han emigrado a las calles, y desde ese nuevo
areópago claman justicia, cuestionan a las academias y bregan por quebrantar
los sistemas de opresión, descolonizando la propia comprensión del concepto
atrapado en los esquemas de erudición y colocándose en y desde su cuerpo, su
erotismo, su sensualidad y su sexualidad para retar a quienes los han concebi-
do sólo desde el “intelecto” y en el lenguaje del raciocinio absoluto.
Concibo la ecoerosofía, entonces, como la trinidad feminista que inha-
bita los cuerpos diaspóricos y fragmentados, los cuerpos desechados por el
Dios patriarcal, los cuerpos pornografizados y utilizados por la sociedad de
consumo y la mercadotecnia. Entiendo la ecoerosofía como fuerza vital de re-
sistencia que se opone al olvido y hace resurgir la memoria clandestina en los
marginados de la historia. Marginados que encuentran placer en la esperanza
política y anhelan el deseo de una justicia que no termina de llegar.
La fuerza (Eros) sabia (Sofía) del cuerpo que nos hospeda (Eco) inhabi-
ta nuestros cuerpos y el cuerpo de toda la creación, confluye en una unión
hipostática en la que las tres amantes poseen el ardiente deseo de mantener
una comunión en correlación con todas las personas diversas (sexo-género),
superando la homofobia, la lesbofobia y la transfobia; en una interpenetración
de las culturas y las razas para superar cualquier xenofobia y mostrar, así, la
unión de la diversidad. La trinidad ecoerosofiánica reconoce que la distin-
ción es necesaria para la comunión como realidad abierta, en la que las tres
realidades no constituyen un círculo cerrado sino una espiral de personas, y
que los cuerpos diaspóricos –cuerpos despreciados por su sexo, su género,
su racialidad, su situación social–, cuerpos fragmentados o necrofílicos, son
inhabitados por la consubstancialidad ecoerosofiánica.
Eros, Sofía y Oikos: cada una penetra en las otras y se dejan poseer entre
ellas; cada una mora en la otra, se abren hacia afuera de sí mismas e invitan a
las criaturas del universo a la vida divina en la humanidad plena. Son la fuerza
que inhabita nuestras sexualidades, nuestros erotismos y nuestros cuerpos vul-
nerados por los sistemas patriarcales, y son la fuerza que nos hace pasar de la

7 Judith Butler, Sin miedo / Formas de resistencia a la violencia de hoy (México: Taurus, 2020).

48
Parte 1. Las que nos los dieron todo

rabia a la resistencia cada vez que nos juntamos en las calles para protestar, para
clamar justicia, para constituirnos en un cuerpo formado por otr@s much@s
cuerp@s y practicar el arte de alquimizarnos en un clamor común que anhela,
en la era de lo viral, transformar los entornos cotidianos en espacios verdadera-
mente vivibles. Eso nos conduce a repensar la antropología y la epistemología
de academia para retarnos a pensar “fuera del eje”, como Gebara plantea.8 Y es
que pensar fuera del eje implica descolonizar la propia academia; se trata de
pensar con el cuerpo, desde los sucesos de la vida cotidiana, desde relaciones
interpersonales diversas, plurales y no heteronormadas, y muchas veces desde
otros parámetros no rigurosamente académicos. Entonces, mi propuesta no es
prescindir del rigor científico ni de la estructura académica, sino hacer lo que
yo llamo devaneos epistémicos.
Los devaneos epistémicos son los coqueteos o flirteos entre el rigor cientí-
fico occidental y las sabidurías descoloniales, que no carecen de rigor y método,
sino que incorporan la vida cotidiana, el amor, las mezclas de las sabidurías que
venimos senti-pensando desde las corporalidades abyectas y desde los cuer-
pos marginales. Devaneos epistémicos significa coquetear con la sexualidad,
el erotismo, la pasión y el deseo como características del conocimiento y de los
saberes cotidianos en una especie de epifanía de lo cotidiano. De esa manera,
conseguiremos iniciar un proceso real de descolonización de los conocimien-
tos situados, sexuados y anhelados. Coquetear en la era de lo viral a la que nos
enfrentamos es un reto, contrario a

[l]a digitalización que desmaterializa y descorporeíza el mundo. En lugar de


guardar recuerdos, almacenamos inmensas cantidades de datos. Los medios
digitales sustituyen así a la memoria, cuyo trabajo hacen sin violencia ni de-
masiado esfuerzo. La información falsea los acontecimientos. Se nutre del es-
tímulo de la sorpresa. Pero éste no dura mucho.
Rápidamente sentimos la necesidad de nuevos estímulos, y nos acostum-
bramos a percibir la realidad como una fuente inagotable de éstos. Como
cazadores de información, nos volvemos ciegos ante las cosas silenciosas y
discretas, incluso las habituales, las menudas y las comunes, que no nos esti-
mulan, pero nos anclan en el ser.9

8 Ivone Gebara, Ensayo de antropología filosófica / El arte de mezclar conceptos y plantar desconceptos (Na-
varra: Verbo Divino, 2020).
9 Byung-Chul Han, No-cosas / Quiebras del mundo de hoy (México: Taurus, 2021).

49
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

El mundo se vacía como voces sin cuerpo, afirma el filósofo surcoreano-


alemán Byung-Chul Han. Y, mientras tanto, las ecofeministas, con nuestras
propuestas eroecosofiánicas, afirmamos la necesidad de los cuerpos deseantes
de una auténtica calidad de vida y clamamos por el derecho a ser cuerpos
llorados, cuerpos que importan, cuerpos en alianza política,10 cuerpos que en-
carnan la comunión de la divinidad en el devaneo cotidiano entre la trascen-
dencia y la inmanencia. Afirmar la corporalidad ante esta era cibernética que
nos descorporaliza conlleva subvertir y cuestionar sus extremos, pues, aunque
no se trata de condenar los avances tecnológicos y científicos –mucho nos
han permitido crear y establecer otras muchas formas de comunicación–, sí
tenemos que ejercer el sentido crítico y plantearnos: ¿qué pasa con nuestros
afectos, con los tiempos de placer y con nuestra propia corporalidad en esta
era de lo viral?

10 Vid. Judith Butler, Sin miedo / Formas de resistencia a la violencia de hoy.

50
Una lucha femenina
por la autonomía espiritual
y moral: Pioneras españolas
educadoras de niñas nahuas
en la Nueva España (1531-1536)

María Cristina Ríos Espinosa

Con el presente ensayo invito a establecer un puente herme-


néutico entre las luchas de las pioneras españolas en la Nueva
España con las luchas de las feministas jóvenes de hoy, pues re-
significar la historia nos permite vincular nuestra vida cotidiana
con el pasado a través de la memoria, con reflexiones que traten
de responder a la pregunta de cómo vivieron esas españolas en
tierra extraña el control masculino sobre sus vidas. El dominio
patriarcal sobre las mujeres tiene una genealogía histórica, de
implicaciones políticas, y con mi investigación deseo contribuir
a la revisión de los orígenes para entender nuestro papel actual
como mujeres.
Los monasterios de la Ciudad de México fueron fundados
entre 1531 y 1536. Al final de ese periodo, sumaban alrededor
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

de diez casas-monasterios para la cristianización de mujeres indígenas;1 estu-


vieron activos durante doce años y albergaron por edificación entre trescientas
y cuatrocientas niñas, hijas de principales y caciques naturales, lo que hace un
total de cuatro mil niñas.2 El objetivo era evangelizarlas y procurarles matrimo-
nios cristianos en las Indias, para que ellas mismas “plantaran” la cristiandad en
sus familias, según el proyecto de fray Juan de Zumárraga, uno de los principales
impulsores de la educación en la Nueva España –si bien no fue ni el primero ni
el único–. Se esperaba, de acuerdo con fray Bernardino de Sahagún, que incluso
algunas de ellas pudieran hacerse monjas, así como se esperaba que algunos de
los varones se convirtieran en religiosos profesos.3
Por diversas razones, las educadoras españolas elegidas fueron beatas.
Los monasterios de la capital novohispana ya estaban establecidos a la lle-
gada de las primeras, en 1531. Según refieren Josefina Muriel4 y Pilar Gon-
zalbo Aizpuru,5 Zumárraga, ya en calidad de obispo de la Nueva España, y
Hernán Cortés, en calidad de capitán general, habían solicitado a los reyes el envío
de maestras españolas desde la península, virtuosas en lo moral y en lo espiritual,
para que se encargasen de la dirección de los internados. Quien obtuvo la autori-
zación real fue Cortés, invitándolas él mismo, y así fue como tres beatas viajaron a
la Nueva España, encomendadas para empezar a hacerse cargo de la educación
de las niñas nahuas del monasterio principal en la Ciudad de México, que estaba

1 Esos monasterios fueron precedidos por el de Texcoco, fundado por fray Pedro de Gante y erigido en
1528, y el de Huejotzingo, fundado en 1526 por fray Martín de Valencia junto con el resto de los misione-
ros franciscanos conocidos como los doce apóstoles americanos. Aun antes que fray Juan de Zumárraga,
ellos realizaron los primeros esfuerzos por la evangelización y la educación de los naturales, incluidas las
mujeres, cualquiera que fuera su edad, pero principalmente de las niñas y las jóvenes. María Cristina Ríos
Espinosa, “Influencias devocionales en las místicas heterodoxas femeninas de Nueva España (1531-1536)”,
en Pensamiento Novohispano, 20, Noé Héctor Esquivel Estrada (coord.), (Toluca: Universidad Autónoma
del Estado de México, 2019), 79-98, [Link]
[Link]?sequence=1&isAllowed=y
2 El establecimiento de esas casas se hizo en Texcoco, Huejotzingo, Cholula, Tlaxcala, Chalco, Cuautitlán,
Xochimilco, Tehuacán, Tlalmanalco, Otumba, Tepepulco, Coyoacán y Ciudad de México. Diana Barreto
Ávila, “Beatas medievales educando princesas nahuas en el monasterio de la Madre de Dios”, en Vida
conventual femenina (siglos xvi-xix), Manuel Ramos Medina (comp.), (México: Centro de Estudios de
Historia de México Carso-Fundación Carlos Slim, 2013).
3 Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, vol. 1, Josefina García Quintana
y Alfredo López Austin (eds.), (México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1989).
4 Josefina Muriel, Los recogimientos de mujeres / Respuesta a una problemática social novohispana (México:
Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1974).
5 Pilar Gonzalbo Aizpuru, Las mujeres en la Nueva España / Educación y vida cotidiana (México: El Colegio
de México, 1987).

52
Parte 1. Las que nos los dieron todo

situado a espaldas de la casa de Márquez, sobre la calle del Arzobispado, hoy


calle de Moneda. Para 1532, se contaba con treinta maestras españolas dedica-
das a la educación de las niñas nahuas.
Eran beatas franciscanas y agustinas, pero sin estar sujetas a ninguna
regla, como era común entre las religiosas y los religiosos no profesos de
las diferentes órdenes, y eso les dio cierta libertad de acción en sus modelos
educativos y devocionales. Su estructura religiosa era medieval, y como no
se adhirieron a la reforma del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (arzo-
bispo de Toledo, primado de Castilla, inquisidor general, confesor de la reina
Isabel y principal consejero de la Corona),6 cuyo preeminente propulsor era
el obispo de la Nueva España, las tres beatas pioneras tuvieron con ambos
serios enfrentamientos, que fueron agravándose porque Zumárraga quería
imponerles su autoridad, al igual que los oidores de la Real Audiencia, y a
todos ellas opusieron resistencia. Las tensiones tuvieron como consecuencia
la persecución sistemática contra las beatas y sus devotos.
El contexto, además, propiciaba las resistencias y los conflictos en la
vida cotidiana, pues los españoles en general, sobre todo los hombres, impo-
nían a la fuerza o por medios pacíficos sus propios valores a los conquista-
dos, considerados súbditos de la Corona española y, por tanto, con cargo de
obediencia incondicional, irrenunciable e incuestionable. Al mismo tiempo,
entre los españoles mismos se imponían autoridad, y en este caso se trataba
de los hombres sobre las mujeres. Respecto al proyecto de Zumárraga de
educar a los naturales, empezando estratégicamente con las niñas nahuas
más pequeñas y las jóvenes para “salvarlas” de las costumbres “inciviliza-
das” y “paganas”, no debe perderse de vista que, además de hombre y español, era
franciscano, de una orden que tenía como uno de sus pilares la tradición eremita,
es decir, la de vivir “apartados del mundo”. Así, las prácticas religiosas y mo-
rales, de conducta individual y social que querían implantar Zumárraga y sus
seguidores estaban regidas no sólo por las jerarquías y las instituciones españolas
de la época, sino también impregnadas de la filosofía y el misticismo franciscanos.7

6 La reforma de Jiménez de Cisneros consistió sobre todo en la reorganización institucional del clero, bien
acogida dadas las buenas relaciones que tenía España en Roma durante la época. Esa reorganización no sólo
aplicaba al clero regular, sino también al secular, por lo que la Iglesia española se convirtió en un mecanismo
férreamente disciplinado, rígido, estrechamente vinculado a la política y a los intereses de la monarquía.
Pero también acogió algunas doctrinas y algunos conceptos inspirados en el humanismo europeo de finales
del siglo xv y comienzos del siglo xvi, principalmente la doctrina del recogimiento de Francisco de Osuna.
7 Nancy E. van Deusen, “Negociar el recogimiento. Recogimientos para mujeres y niñas en España, Nueva

53
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Respecto a las tres maestras españolas, un hecho fue particularmente crí-


tico para el enfrentamiento. Sucedió que las pioneras llegaron acompañadas
de un joven llamado Calixto de Sá, de 24 años, apuesto –“bien dispuesto”–,
solícito servidor de las beatas y particularmente afecto a una de ellas, la joven
Catalina Hernández, con quien tuvo gran familiaridad y “consolación espi-
ritual”. Calixto era un íñigo, es decir, seguidor de san Ignacio de Loyola, y su
íntimo amigo.8 El conflicto inició cuando a los jóvenes se les prohibió reunirse
y sostener cualquier tipo de relación. Sin embargo, Calixto, Catalina y las de-
más beatas desoyeron la orden de la Real Audiencia, y él fue tomado preso. Al
enterarse de la detención, Catalina escribió una carta de denuncia:

En su misiva, la beata denunciaba que la Real Audiencia no tenía inde-


pendencia y hacía todo lo que decían los frailes, por lo que tildaba a sus
miembros de “ombrecillos” [sic]: “no sabíamos que cosa era justicia, y que
no debíamos ignorar quienes son los frailes, ni darles el crédito que les da-
mos, y que con razón publicaban ellos lo que abiamos de fazer y lo quellos
quisiesen, a quen hora mala abíamos acá venido, si tal camino llevavamos”.9

Catalina, al salir en defensa de su amigo, advirtió que si a Calixto lo


desterraban, tanto ella como sus dos compañeras regresarían a España. El re-
sultado fue que Catalina también fue apresada y llevada a la Real Audiencia,
para que explicara las cartas enviadas a España y ahondar de dónde “sacaba”
su espiritualidad, pues los acusadores además tuvieron la sospecha de que se
trataba de una “alumbrada”. Supieron que, en Salamanca, Catalina era amiga
y vecina de la beata Francisca Hernández, muy reverenciada por su espiritua-
lidad, pero procesada y encarcelada por el tribunal del Santo Oficio, acusada
de “alumbrismo”:

En 1531, por ejemplo, la Real Audiencia levantó un proceso contra la beata


Catalina Hernández por “alumbrismo”. La audiencia comenzaba explicando
que Hernández, proveniente de Salamanca, había sido amiga y vecina de la

España y el Perú, 1500-1550”, en Entre lo sagrado y lo mundano / La práctica institucional y cultural del
recogimiento en la Lima virreinal (Lima: Institut français d’études andines-Fondo Editorial de la Pontificia
Universidad Católica del Perú, 2007), [Link]
8 Gonzalbo Aizpuru, Las mujeres en la Nueva España, 76-77.
9 Barreto Ávila, “Beatas medievales...”, 41.

54
Parte 1. Las que nos los dieron todo

beata Francisca Hernández, beata que se encontraba presa en la Inquisición


por alumbrismo, la cual había tenido un círculo espiritual y se consideró que
estaba iluminada.10

Antes de continuar, es necesario describir parte crucial del contexto. Uno de


los pensamientos teológicos que influyó en la orden franciscana aun antes de la
reforma de Jiménez de Cisneros fue el del franciscano Francisco de Osuna, quien
promovía el recogimiento como una práctica y una filosofía de la interioridad y
la contemplación para alcanzar la renovación espiritual, una manera más autén-
tica de practicar el cristianismo. Los principios de la doctrina del recogimiento,
habiendo estudiado Osuna las ideas de sus antecesores y de sus contemporáneos
al respecto, fueron recogidos en 1528 en su tratado Tercer abecedario espiritual,
que se convirtió en la base del misticismo hispano durante el Siglo de Oro. De
acuerdo con Nancy E. van Deusen, en la década de 1520 la vida espiritual de
España fue influenciada por dos grandes grupos religiosos: los recogidos, se-
guidores de Osuna, y los alumbrados, “que rechazaban toda mediación de los
funcionarios eclesiásticos, las meditaciones sobre la Pasión, los ayunos o la
penitencia, y se concentraban, más bien, en el dejamiento de la voluntad ha-
cia Dios en forma directa e interior.”11 De ahí que los alumbrados terminaran
siendo considerados como herejes. Por otra parte, es interesante el hecho de
que el Tercer abecedario espiritual estuviese disponible para todos, hombres y
mujeres, religiosos profesos y laicos, y que en él se ofreciera una serie de ejer-
cicios en etapas sucesivas para lograr el recogimiento según las capacidades
de cada persona, el vaciamiento de sí mismo alejado de todo placer mundano
y, así, permitir la entrada de Dios en el corazón. No obstante, respecto de sus
propios preceptos, Osuna

sintió que los clérigos y varones recogidos debían actuar como guías espi-
rituales en torno a la vía interna de comunión con Dios para las personas
laicas. En ese sentido, las obras teológicas de Osuna hicieron de puente entre
los mundos sagrado y secular al vincular la noción mística del recogimien-
to con su aplicación moral y práctica –institucional– en la esfera secular,
en particular en lo que se refería a las mujeres [ya que, en lo que a carne y

10 Ibid., 33.
11 Van Deusen, “Negociar el recogimiento”.

55
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

mundo toca,] el yo externo era débil, y varones y mujeres –en especial estas
últimas– eran fácilmente corrompidos o ganados por el mal.12

De esa manera, la imputación de alumbrada hecha contra la beata Catali-


na Hernández se debió a que, en una de sus misivas, relataba que ella sabía con
anticipación de su venida a la Nueva España antes de que fueran a buscarla a
Salamanca, lo cual causó recelos en los integrantes de la Real Audiencia. Ade-
más, temían que entre Catalina y Calixto se suscitara una situación análoga a
la relación, en España, entre la beata Francisca Hernández y uno de sus gran-
des admiradores y miembros de su círculo, fray Francisco Ortiz, quien a su vez
había sido procesado por oponerse a la detención de Francisca. Dicho círculo
era el de los llamados “alumbrados de Toledo”. La acusación de alumbrismo,
pues, se extendió a todos los que le tenían devoción a Francisca, y eso fue con-
siderado por los oidores como una prueba contra Catalina. Otra imputación
determinante fue el haber juzgado Catalina a Zumárraga y hacerlo manifiesto
en sus denuncias.
Es interesante observar cómo una llamada de atención por presuntos des-
acato e indisciplina se transformó en una acusación de herejía, evidencia del ar-
did de los frailes franciscanos, encabezados por Zumárraga –acciones de alcance
político–, con el que pretendían controlar a las beatas cuando abiertamente ellas
se negaron a obedecer sus mandatos. Al final, puesta al tanto de lo sucedido,
la reina Isabel las protegió enviando una real cédula por la que se les liberó
de la clausura con que intentaban los frailes castigarlas y someterlas, “ya que
no eran monjas profesas, sino seglares sujetas a la jerarquía ordinaria como
cualquier cristiano”.13
Como contraparte, lo que también destaca de aquel suceso es cómo las
beatas maestras lograron actuar con cierta autonomía e independencia al no
estar obligadas a sujetarse a un confesor –como sí lo estaban las monjas profe-
sas– que acechara cada uno de sus actos y revisara sus escritos y los censurara.
En eso encontramos, visto desde nuestra época, cómo es que por medio de
la escritura aquellas mujeres instruidas construyeron su subjetividad políti-
ca desde la Nueva España. La Real Audiencia informó al rey Fernando que
vigilarían muy de cerca a las beatas y que, de encontrar en ellas “bellaquería”,
las llevarían a la Inquisición. Por fortuna, el proceso se detuvo en ese mismo
12 Id.
13 Gonzalbo Aizpuru, Las mujeres en la Nueva España, 79.

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Parte 1. Las que nos los dieron todo

año de 1531, cuando los oidores tuvieron que declarar que no había delito que
perseguir, acatando la disposición de la reina.
Sin embargo, los enfrentamientos continuaron, pues con cualquier pre-
texto Zumárraga se empeñaba en meter a las beatas en clausura, tal como hizo
Jiménez de Cisneros con las beatas en España respaldándose en su reforma.
Uno de los conflictos con el obispo, y por el que éste amenazó con excomul-
garlas, se suscitó cuando las beatas pioneras pidieron remuneración a sus ve-
cinos a cambio de sus servicios médicos y de enfermería, pues el dinero que
el fraile les daba no les alcanzaba para su manutención. Fue Juana Velázquez,
otra de las beatas del monasterio de recogidas,14 quien decidió viajar a España
y exponer y denunciar ante el rey el trato que Zumárraga y los demás francis-
canos encabezados por él les querían imponer:

Estos enfrentamientos reflejan la estructura de las comunidades religiosas me-


dievales anteriores a la reforma de Cisneros, que respondían directamente al
Papa y a la Corona y mantenían una organización con reglas autónomas, en
comunidades y empoderamientos individuales y colectivos. Las primeras beatas
que llegaron a América eran mujeres seglares que habían aspirado a la santidad
en Castilla, haciendo un pacto directo con Dios por medio de su confesor, como
se estilaba en ese momento en España. Zumárraga temía un proyecto diferente
para las beatas, a las cuales quiso meter en clausura en 1537: “Señaló que las
beatas no tenían la conducta adecuada como no fuesen obligadas a clausura ni
obediencia, salen y andan fuera y disponen de sí a su voluntad”.15

Los reyes nunca aceptaron la propuesta de Zumárraga para someter a


las beatas pioneras, aunque, en una de sus visitas a la Corte, el obispo decidió
reclutar a siete mujeres seglares para educar a niñas y no depender de aquellas

14 Respecto a los monasterios de recogidas, ténganse en cuenta dos antecedentes: “En 1529, Juan de Zumá-
rraga (1468-1548), el franciscano recién nombrado obispo de la Nueva España, escribió al emperador
Carlos V informándole del proyecto en curso que tenía su orden de construir recogimientos que funcio-
nasen como colegios para las hijas de la nobleza nahua, y como asilos para otras mujeres y niñas. Para que
las instruyeran, solicitaba que se enviara a la Nueva España cinco beatas españolas a las cuales se tuviese
por ‘muy recogida[s]’ –espiritual y moralmente virtuosas–”, es decir, devotas de la doctrina de Francisco
de Osuna. Por otra parte, la obra de Osuna inspiró a fray Francisco de Quiñones, otro reformador y
prior general de la orden franciscana en España, quien instruyó a algunos de los primeros frailes que se
embarcaron hacia la Nueva España. Quiñones incorporó las nociones del recogimiento en la constitución
franciscana revisada para las casas de recogimiento, de 1523. Van Deusen, “Negociar el recogimiento”.
15 Barreto Ávila, “Beatas medievales...”, 43.

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HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

de las que sospechaba que eran alumbradas. No obstante los logros que alcan-
zó el obispo con las nuevas maestras, por lo cual tuvo el reconocimiento de
la reina, entre 1540 y 1550, la Corona dejó de apoyar las casas-monasterio
y los recogimientos de indígenas debido a que el obispo intentó eliminar el
señorío de los naturales, entre otras razones. Ya no tuvo sentido educar de ma-
nera diferenciada a la clase gobernante indígena, pero, además, y esto según
Zumárraga, los hombres nahuas se quejaban de que, por la educación que les
daban, las niñas, las jóvenes y aun las mujeres mayores dejaban de ser sumisas
y ya no querían servirlos como era su costumbre.16
Acerca de Catalina Hernández, Gonzalbo Aizpuru ha realizado un análi-
sis importante.17 Además de comprobar, como por su parte hizo Diana Barreto
Ávila,18 que Catalina fue una de las primeras tres beatas en llegar a la Nueva Espa-
ña para hacerse cargo de la enseñanza de las niñas nahuas, señala que la relación
que sostuvo con Calixto de Sá era de “consolación espiritual” y no carnal, como
considera Barreto Ávila, quien sostiene que se trataba de una relación ilícita,
y lo mismo, Adriana Rodríguez Delgado.19 De mi parte, a la luz de la revisión
de sus respectivas investigaciones, concuerdo con Gonzalbo Aizpuru. Al con-
frontar las fuentes historiográficas disponibles, no se encuentra prueba alguna
de una relación “pecaminosa”, malinterpretación que en su momento derivó
en las consabidas acusaciones, por lo cual no podemos asegurar que la per-
secución que sufrieron ambos amigos se debiera a un amorío, sino más bien

16 Id. Paradójicamente, la parte del proyecto educativo del obispo en que sí tuvo éxito fue la de la práctica
del recogimiento, si bien entre los naturales, y siguiendo el ejemplo de españoles radicados en la Nue-
va España, como las beatas pioneras, cobró diversas connotaciones y formas. Según Van Deusen, “[l]a
transculturación de las distintas y cuestionadas interpretaciones [del recogimiento] –configuradas por el
género y sostenidas por frailes, beatas y los padres indígenas– produjo nuevas prácticas del recogimiento,
distintivamente coloniales, que se adaptaron a las contingencias locales, primero en la Nueva España y,
después de mediados de siglo, en el Perú.” El fracaso del proyecto de Zumárraga tuvo lugar por la con-
fluencia de diversos factores. La primera y más evidente, las irreconciliables diferencias de las visiones de
mundo de los españoles frente a las de los naturales, con sus respectivas prácticas educativas, religiosas
y maritales. Luego, si bien es cierto, según consta en los registros historiográficos, que una parte de la
nobleza indígena se mostró indiferente, muchos caciques y principales sí tuvieron interés en el programa
educativo de los franciscanos y de otras órdenes que siguieron su modelo, como los agustinos, pero ese
interés decayó por el comportamiento racista de no pocos españoles. Por añadidura, las preocupaciones
y expectativas ideológicas de los franciscanos en general y de Zumárraga en particular también abonaron
al fracaso del programa educativo. Van Deusen, “Negociar el recogimiento”.
17 Gonzalbo Aizpuru, Las mujeres en la Nueva España.
18 Barreto Ávila, “Beatas medievales...”.
19 Adriana Rodríguez Delgado, Santos o embusteros / Los alumbrados novohispanos del siglo xvii (Veracruz:
Gobierno del Estado de Veracruz, 2013).

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Parte 1. Las que nos los dieron todo

por ser Catalina oponente frontal de Zumárraga, al no aceptar públicamente la


imposición de sometimiento y de negarse ella y sus compañeras a ser encerradas
en clausura bajo reglas monásticas a las que no habían jurado obediencia, como
sí se exigía a los religiosos profesos. La defensa de sí mismas que hicieron las
tres educadoras pioneras les confiere un poder político sugestivo, pues sabían
que tampoco debían sujetarse al control de sus vidas cotidianas por un confesor
ni figura de autoridad alguna, lo cual significaba verse libres de vigilancia y de
castigo físico, intelectual o espiritual: incluso, dentro de las condicionantes res-
trictivas sociales de la época por ser mujeres, tenían un margen suficientemente
amplio para asumir por sí solas la gobernabilidad de sus vidas. Ese margen de
libertad de alguna manera se vio favorecido porque en el periodo de 1531-1536
aún no surgía el alumbrismo en la Nueva España ni se había fundado el Tribunal
del Santo Oficio en las Indias, lo cual ocurrió hasta 1571.20
Por otra parte, resulta lógica la inquietud de los frailes oidores de la Co-
rona en la Nueva España, porque la práctica de la contemplación mística a
final de cuentas era una vía individualista de lograr la unión espiritual sin
necesidad de depender de los clérigos, de las jerarquías y de las instituciones
religiosas. Me parece que es por ello, y por saber leer y escribir, que las bea-
tas, visionarias y místicas, no monjas profesas, fueron el objetivo perfecto de
fiscalización de frailes, que querían obligar a las espirituales a convertirse en
monjas y obedecer a una orden religiosa para controlarlas. Con respecto a los
significados espirituales de la vida religiosa, Asunción Lavrin proporciona una
clara muestra de lo que significaban los votos de una religiosa, en particular el
“voto de obediencia”, el cual

significaba la renuncia de la propia voluntad y la subordinación incondicional


a la autoridad de los prelados y la abadesa del convento. La obediencia, de
acuerdo con el jesuita Antonio Núñez, se concibe como un proceso de volun-
tad, ejecución y entendimiento. La voluntad o decisión de acatar una orden y

20 La instauración de la Inquisición en la Nueva España se dio en tres periodos bien delimitados: una etapa
monástica, de 1522 a 1532, la de los frailes evangelizadores, principalmente franciscanos; una etapa epis-
copal, de 1535 a 1571, con obispos encargados de la justicia episcopal, encabezados por fray Juan de Zu-
márraga y fray Alonso de Montúfar; y el Tribunal del Santo Oficio, de 1571 a 1821, con don Pedro Moya
de Contreras, quien llegó a la capital de la Nueva España el 12 de septiembre de 1571 y realizó su primer
acto público el 2 de noviembre de ese año en la Catedral de la Ciudad de México. Rodríguez Delgado,
Santos o embusteros, 49-50.

59
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

su cumplimiento efectivo son actos inseparables que constituyen el fundamen-


to del voto.21

Eso explica la razón de que aquellas tres beatas evangelizadoras y edu-


cadoras traídas a la Nueva España se opusieran a ser encerradas en clausura,
pero además tuvieron el valor de escribir extensas cartas de denuncia a la Co-
rona, arriesgándose a ser procesadas y encarceladas, como lo fueron tantas en
España.
Y, respecto al alumbrismo, ¿eran alumbradas las beatas pioneras? No se
supo ni lo sabemos a ciencia cierta, pero todo parece indicar que la perse-
cución en su contra añadiendo esa imputación fue parte del ardid, al que no
le faltaron tintes machistas y fanáticos de los franciscanos encabezados por
Zumárraga, quienes se oponían tanto a los misticismos heterodoxos como a la
libertad de las mujeres,22 las cuales podemos considerar que se volvieron suje-
tos políticos gracias a su valiente defensa a través de la escritura y de su propia
educación, así como por una actitud en comunidad solidaria que hoy vemos
como activismo feminista. Podemos aventurar que ellas tenían una misión
similar a las de hermanas y hermanos de la vida común llamada “devotio mo-
derna”, y que muchas de las beatas, como Catalina Hernández, eran visionarias
y practicaban la “mística de fondo”, que también practicaban no pocos devotos
durante la Baja Edad Media en España y el resto de Europa.

21 Asunción Lavrin, Las esposas de Cristo / La vida conventual en la Nueva España (México: Fondo de Cul-
tura Económica, 2016), 119.
22 En otro de sus tratados importantes, Norte de los estados, publicado precisamente en el año de los desa-
fortunados conflictos entre el obispo y las tres beatas, Francisco de Osuna amplió su concepto de recogi-
miento “como una virtud moral y norma de conducta para las mujeres [...] virtud importante, al igual que
el honor, sobre todo para las mujeres. Muchos de los moralistas de la época creían que el recogimiento
–una conducta decorosa y modesta–” en el encierro era necesario para que así pudiera cumplirse un
orden dictado por la naturaleza y por Dios: “La tarea del hombre [es] cuidar de la mujer; sólo él [puede
ofrecerle] la salvación de los peligros que [emanan] del interior de su propio cuerpo.” Así, el franciscano
fundador de la doctrina de los recogidos matizó sus preceptos respecto a la conducta misógina impe-
rante en todos los medios sociales de España, trasladados a la Nueva España por conquistadores, frailes,
gobernantes y demás colonos, cuando “muchos moralistas defendían el encierro físico como un medio
con el cual contener las imperfecciones femeninas. En la España católica y musulmana, la promoción de
la reclusión femenina contaba con antecedentes antiguos y medievales, y formó parte de las discusiones en
los círculos intelectuales europeos de la edad moderna temprana. Por ejemplo, muchos autores renacentis-
tas coincidían con la proposición de Aristóteles de que las mujeres eran varones defectuosos, y de que las
diferencias sexuales estaban predeterminadas por voluntad divina. Para Aristóteles, estas distinciones se
reflejaban naturalmente en la organización de la vida social, así como en la división del trabajo dentro de las
esferas pública –masculina– y privada enclaustrada –femenina–.” Van Deusen, “Negociar el recogimiento”.

60
Parte 1. Las que nos los dieron todo

Según Julio Jiménez Rueda, los alumbrados y otros místicos fuera del
orden eclesiástico reformado fueron contagiados por el luteranismo, contrario
al cristianismo hispano:

La influencia del protestantismo que predicaba la inutilidad de las obras, ya que la


fe era la única capaz de salvar el alma, la de los místicos alemanes [...] que predi-
caban el panteísmo y el quietismo, fueron propicias al nacimiento de la secta [de
los alumbrados,] que conmovió [...] a la sociedad española del segundo tercio del
siglo xvi.23

El misticismo alemán al que se refiere Jiménez Rueda es el concebido y


promovido por Meister Eckhart, cuya obra estudió el clérigo franciscano se-
cular Juan de Valdés, el más notable de los alumbrados españoles y uno de los
propulsores del alumbrismo en España. Marcelino Menéndez y Pelayo, en su
Historia de los heterodoxos españoles, escribe:

Como Eckhart había sido condenado en Roma; como en Taulero y Suso, con
ser varones piadosísimos, se notaban pasajes sospechosos, Lutero y los suyos
pusieron en las nubes a estos místicos del siglo xiv y hasta los miraron como
predecesores y maestros suyos, como testes veritatis. Y, amalgamando sus doc-
trinas y las de Melanchton y las que le sugirió su propio fanatismo, se levan-
tó Juan de Valdés, el más notable de nuestros iluminados, a defender en las
Consideraciones divinas no sólo el quietismo, sino la doctrina, enteramente
molinosista en profecía, de que “con satisfacer el apetito se mortifican mejor
los afectos”, lo cual atenúa luego con mil primores y repulgos de expresión, sin
duda para no escandalizar los castos oídos de Julia Gonzaga.
Si de tal modo se torcían espíritus tan rectos y delicados como el del autor del
Diálogo de la lengua, ¿qué había de hacer el populacho rudo, salvaje e igno-
rante; qué los frailes malos, groseros, concupiscentes y enojados de los rigores
de la Orden; las monjas sin vocación, las beatas con puntas de celestinas, los
soldados que volvían de Italia infestados con todos los vicios del bel paese?24

23 Julio Jiménez Rueda, Herejías y supersticiones en la Nueva España (México: Imprenta Universitaria, 1946),
141.
24 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel
de Cervantes, 2003), [Link]
les/html/

61
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Aunque el quietismo y la doctrina molinosista no habían surgido sino has-


ta el siglo xvii, con el teólogo y sacerdote jesuita español Miguel de Molinos,25
el luteranismo ya existía y fue condenado y declarado herejía por la Iglesia
cristiana, católica, apostólica y romana. Dice Jiménez Rueda al respecto:

La Inquisición comienza a echar mano de todos estos “alumbrados” atajando,


así, un principio de corrupción que amenazaba más que la propaganda del
protestantismo o la persistencia del judaísmo en la vida española, ya que ata-
caba al pueblo mismo, corrompiéndolo y derivando a la prostitución espíritus
sencillos, presa fácil de la superstición y del engaño.26

Juan de Valdés: “predicador de una doctrina corrupta”. La misma califica-


ción le da Menéndez y Pelayo a la beata de Piedrahita, María de Santo Domin-
go, quien, no obstante ser muy cercana a los reyes y ciertos preeminentes de la
Corte española, como el cardenal Jiménez de Cisneros, fue sometida a varios
procesos inquisitoriales, de cuya condena se salvó gracias a la intercesión del
cardenal y de otros cortesanos influyentes. Ella decía tener conversaciones con
Cristo, de quien se consideraba esposa, entre varios “arrebatos y revelaciones”.
Otros alumbrados, como los de Toledo, según Menéndez y Pelayo, al que se-
cunda Jiménez Rueda, eran una congregación secreta formada por “casi todos
idiotas y sin letras. Su doctrina era una mezcla de luteranismo y de iluminismo
fanático. No creían en el misterio de la transubstanciación y rechazaban la
veneración de las imágenes y negaban el infierno”.27 Las valoraciones de Me-
néndez y Pelayo y de Jiménez Rueda, como puede observarse, adolecen de un
muy marcado sesgo para tratarse de académicos, que refleja sus prejuicios y
sus condicionamientos religiosos y sociales. De acuerdo con Álvaro Castro
Sánchez, los místicos heterodoxos, entre ellos los alumbrados,

han sido juzgados como un ejemplo de enfrentamiento entre la teología esco-


lástica y la mística, como un efecto de la reforma cisneriana y de la observancia
espiritual franciscana, así como una forma de evangelismo con conexión con

25 Quien expuso sus conceptos y promovió dicha doctrina a través de su tratado Guía espiritual que desem-
baraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro
de la paz interior, publicado en 1675.
26 Jiménez Rueda, Herejías y supersticiones..., 141.
27 Id. Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles.

62
Parte 1. Las que nos los dieron todo

el erasmismo o el luteranismo, siendo una suerte de protorreformistas. Ade-


más, se ha pretendido identificar la doctrina filosófica que dicho movimiento
profesaba y, en los últimos tiempos, también han sido vinculados con la tra-
dición humanista e inclusiva de la fe que construyeron algunos conversos y
hombres de Iglesia desde el siglo xv, como Alonso de Cartagena o Hernando
de Talavera. También se ha comenzado a estudiar el fenómeno desde una his-
toria externa a la interna de las ideas y creencias, destacando su conexión con
la nobleza o desde la sociología del libro espiritual.28

Las visiones y revelaciones de la beata de Piedrahita, dominica nacida en


Ávila, España, son semejantes a las de otra nacida en Ávila: Santa Teresa, quien
también tuvo gran influencia en los reyes y en la Corte española. De igual ma-
nera perseguida, se libró del castigo y fue canonizada en 1622.
El influjo en la Nueva España de Santa Teresa de Ávila, practicante del
misticismo de fondo, igual que San Juan de la Cruz, nacido en Fontiveros y
canonizado en 1675,29 queda testimoniado por un relato que hizo sor Agustina
de Santa Clara, monja dominica del Convento de Santa Catalina de Siena, en
Puebla de los Ángeles, quien

afirmó haber tenido una visión de Teresa de Jesús: “siendo arrebatada en éx-
tasis, se había hallado en un prado muy verde y deleitoso donde había gran
cantidad de garzas, entre las cuales había visto a la madre Teresa de Jesús”. No
sabemos cómo llegó la noticia de la existencia de Teresa de Jesús a esta religio-
sa dominica. Quizás a través de un texto impreso o manuscrito, o por medio de
referencias orales, tal vez por algún contacto con los frailes carmelitas, quienes
desde 1596 ya estaban presentes en la Ciudad de los Ángeles. Incluso podría-
mos suponer que la conoció a través de su confesor, Juan Plata, quien llegó al
virreinato en 1585 desde Toledo, España.30

28 Álvaro Castro Sánchez, “Los alumbrados del reino de Toledo. Religiosidad interior y recepción de la re-
forma en Juan y María de Cazalla”, en Michel Boeglin, Ignasi Fernández Terricabras y David Kahn (eds.),
Reforma y disidencia religiosa / La recepción de las doctrinas reformadas en la Península Ibérica en el siglo
xvi (Madrid: Casa de Velázquez, 2018), [Link]
29 Además, ambos fueron poetas místicos del Renacimiento español, de los más connotados. San Juan de la
Cruz fue reformador de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundador de la Orden de los
Carmelitas Descalzos junto con Santa Teresa de Jesús.
30 Doris Bieñko de Peralta, “Madre y escritora: Santa Teresa en las visiones de las monjas novohispanas
(siglo xvii)”, en De Ávila a las Indias / Teresa de Jesús en la Nueva España, Manuel Ramos Medina (ed.),
(México: Centro de Estudios de Historia de México Carso-Fundación Carlos Slim, 2016), 48.

63
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

La madre Teresa de Jesús aún no había sido canonizada y, por tanto, dada
a conocer de manera extensa entre los fieles, lo cual es importante referencia
de una época en la que las monjas visionarias y místicas eran vigiladas recelo-
samente por los confesores para evitar el “contagio luterano” y de otras espiri-
tualidades heterodoxas fuera del dogma de la Iglesia: “Era usual que en estos
casos se ordenara a la penitente una confesión general por escrito en la que se
detallara su vida material y espiritual”.31
Los siglos xvi y xvii fueron una época en que las personas místicas y vi-
sionarias podían ser santificadas o beatificadas, y canonizadas si eran religiosos
profesos, por su vida ejemplar de virtudes representadas en una experiencia
mística a través de la literatura, por ejemplo, o, al contrario, condenadas por
la Inquisición cuando sus experiencias y sus testimonios escritos se salían del
dogma o del canon de la Iglesia, como sucedió en la mayoría de los casos.
Los criterios de la ortodoxia eclesiástica hacia esas experiencias unitivas eran
radicales, tanto en Europa como en América: la condena o la santificación, el
Infierno o el Paraíso. Y para sor Agustina de Santa Clara fueron la condena y
el infierno: tras denigrantes procesos, fue encerrada en las cárceles del Santo
Oficio el 27 de septiembre de 1597. Se cree que fue traicionada por su confe-
sor, nada menos que Juan de Valdés, acusado asimismo de alumbradismo y de
unión carnal con sor Agustina.32
Es de considerar que las visiones de las monjas de clausura y de las
beatas eran comunes, y también las de los hombres religiosos. Podemos ex-
plicarlas como construcciones de una imagen a través del “ojo del alma”, a
través de la ceguera, de lo invisible; una mirada de punto ciego de la visua-
lidad como aquello que condiciona el ver, por lo regular por una vía incons-
ciente, la mayor parte de las veces más que consciente, y gracias a un método
para alcanzar el éxtasis místico y reflejarlo en visiones. Eso era la ascética, es
decir, un método de vida de eliminación del goce de los apetitos externos, un
rechazo de las cosas del mundo y un dirigirse hacia el alma interior (“hombre
interior”), hacia el fondo del alma, para encontrar la chispa, la centella, la mo-
rada de Dios trino en el fondo del ser. Ello requería ejercicios y prácticas de
31 Santiago Cortés Hernández, “Las visiones de las monjas novohispanas y su relación con el arte sacro de
los siglos xvii y xviii”, en Prolija Memoria, V, núm. 1-2 (2010-2011), 190.
32 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles. Archivo General de la Nación, Inqui-
sición, vol. 180, exp. 2, f. 213v. Nos dice Bieñko de Peralta que el caso ha sido estudiado por José Abraham
Villeda en “Redención en cuerpo y alma / Proceso inquisitorial contra sor Agustina de Santa Clara, 1598-
1601”, en Ramos Medina (comp.), Vida conventual femenina (siglos xvi-xix).

64
Parte 1. Las que nos los dieron todo

quietismo o reducción de las potencias del alma, es decir, del entendimiento,


de la razón, e incluso de la imaginación: la ascética y la reducción como con-
dición de posibilidad de la mirada sobrenatural.
Un método o ritualismo cristiano, como el ya mencionado misticismo
de fondo, es el que practicaron San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila.
Se puede estudiar desde el ámbito estético, en el sentido de la producción de
un goce. Sin embargo, empobrece la radicalidad de esa experiencia vital, pues
en la unión mística, es decir, en la unión primordial con el Uno o el Todo se
suprime la individualidad. Otra cosa será la búsqueda de una comunicabili-
dad de la experiencia ontológica a través de la fenomenología de la visión y de
la experiencia mística, es decir, del aparecer en una representación sensual y
material a través de su expresión iconográfica y poética o literaria. Sensuales,
al final, para tratar de expresar lo “inefable”, aquello informe como es la di-
vinidad. Pero no es lo mismo la experiencia unificadora y su expresión, y yo
quiero centrarme en lo primero. Para ello, requiero de su expresión estética
en la poesía mística, en la escritura autobiográfica de los diarios femeninos
y la iconografía del Barroco novohispano, aunque sólo como un medio para
abordar el fenómeno y probar desde ahí su relación con la mística de Eckhart.
Según Menéndez y Pelayo y Jiménez Rueda, los frailes venían a la Nue-
va España huyendo del rigor conventual que el cardenal Jiménez de Cisneros
había instituido a raíz del relajamiento en las órdenes monásticas durante la
Edad Media, lo cual dio lugar a la conocida como Reforma Cisneriana. Hu-
yeron de ese rigor –aseveraron el historiador y el abogado escritor– y se refu-
giaron en la Nueva España, “[l]ejos de España, viajeros de vastos territorios
recién conquistados, sentíanse [...] independientes y libres de toda coacción”.33
Las personas alumbradas fueron condenadas públicamente por la Inqui-
sición española el 9 de marzo de 1623; entonces, comenzó su persecución. Y
parece ser que fue en Sevilla donde más éxito tuvieron sus reglas devocionales
heterodoxas, principalmente entre mujeres de la nobleza, es decir, personas
con estudios, cultivadas, de manera que no era la ignorancia el “suelo fértil” de
esas doctrinas, como afirmaban tajantemente Menéndez y Pelayo y Jiménez
Rueda. ¿Por qué siguen a académicos como ellos? Crea cierta sospecha que
sepamos de las doctrinas heterodoxas por la pluma de sus detractores y no por
los testimonios escritos de sus practicantes.
33 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles. Jiménez Rueda, Herejías y supersti-
ciones..., 159.

65
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

En particular, entre las investigaciones historiográficas más recientes so-


bre el misticismo femenino en la Nueva España, entre 1598 y 1803, se encuen-
tran las realizadas por Fernando Ciaramitaro y Adriana Rodríguez Delgado.34
Por su ensayo “Alumbradas e ilusas de Nueva España. Un estudio a través de
la documentación del Santo Oficio (1598-1803)”, publicado en Revista de la
Inquisición / Intolerancia y Derechos Humanos, sabemos de los alumbrados
novohispanos del siglo xvii y de su genealogía histórica, con orígenes en Es-
paña. También sabemos más sobre sus prácticas a través de los edictos inqui-
sitoriales de 1574, además de los procesos y los edictos de 1582 y 1650, que
pueden constituir una base de análisis. Así, ahora sabemos que la doctrina
alumbradista tiene cuatro principios: 1) nadie puede salvarse sin oración men-
tal, 2) deben despreciarse las obras exteriores, 3) se rechaza la intermediación
de la Iglesia y 4) es indispensable la impecabilidad del cuerpo y del alma de la
persona –es decir, evitar las “deshonestidades carnales”–.
A partir del cruce de las fuentes historiográficas revisadas para el pre-
sente trabajo, puedo afirmar que las restricciones para formar parte de los es-
tudios formales teológicos y escolásticos, reservados a los hombres, llevó a
formas alternativas de espiritualidad practicadas por las beatas, más libres en
comparación con las monjas profesas al no estar sujetas a reglas de clausura ni
a votos de obediencia, por ejemplo. Pero al ser las beatas figuras importantes
en la educación de las niñas nahuas, como ya vimos, se explican las prácticas
místicas heterodoxas como método de espiritualidad y como forma de vida,
más que como una experiencia radical. La búsqueda de la comunicación directa
con Dios, sin las mediaciones hierofánicas y de la institucionalidad religiosa, se
convierte en una forma de acceso al conocimiento de Dios por vía negativa, en
la práctica de lo que se conoce como un misticismo de fondo –un cristianismo
de fondo, más específicamente–, tal como lo practicaron San Juan de la Cruz y
Santa Teresa de Ávila. Por sus cualidades, el misticismo de fondo se nutre de
otras fuentes místicas y ascéticas heterodoxas, lo cual no fue excepción en la
Nueva España, donde surgieron prácticas sincréticas, confluencia con visiones
de mundo, mitos, cosmogonías y rituales indígenas.
He dicho en párrafos previos que no podemos saber a ciencia cierta si
fueron o no practicantes del alumbrismo las tres primeras beatas españolas en

34 Fernando Ciaramitaro y Adriana Rodríguez Delgado, “Alumbradas e ilusas de Nueva España. Un estudio
a través de la documentación del Santo Oficio (1598-1803)”, en Revista de la Inquisición / Intolerancia y
Derechos Humanos, núm. 20 (Madrid: Dykinson, 2016).

66
Parte 1. Las que nos los dieron todo

las Indias, consideración que se extiende a las que fueron llegando hasta 1536.
Eso no obsta para elaborar algunas conjeturas de que las pioneras tal vez sí lo
hayan sido, a partir de los hechos ya descritos: 1) el que un hombre tan devoto
como Calixto de Sá encontrara “consolación espiritual” en Catalina Hernán-
dez puede ser una señal de lo atractivo del método espiritual y que el círculo de
la beata se haya extendido incluso a las veintinueve beatas que posteriormente
estuvieron a su cargo en la escuela-monasterio; 2) el haber sido Catalina amiga
íntima de Francisca Hernández, quien a su vez en España reunió en torno a ella,
por su probada devoción, un círculo de seguidores en busca de una espiritua-
lidad auténtica y sin intermediarios; 3) el haber aceptado Catalina venir a la
Nueva España, por petición de Cortés, quizá para evitar las persecuciones que
se estaban ejecutando contra beatas en España, o bien, por su vocación misio-
nera, o por ambas razones; y 4) la predicción visionaria de Catalina sobre su
viaje a la Nueva España antes de que fueran a buscarla a Salamanca.
Sea por convicción misionera o por temor a la clausura con que se estaba
castigando a los acusados de alumbrados, aquellas beatas aceptaron arriesgar-
se en la empresa de venir, sin saber bien a qué se enfrentarían, pero además
ante la posibilidad de quedarse frente a todos los vientos en contra de su mi-
sión educadora y evangélica. La sospecha de alumbradismo no descarta el mó-
vil político de los franciscanos encabezados por Zumárraga, y de Zumárraga
mismo, al no lograr controlarlas y evitar debilitarles el poder. Es lógico, si las
beatas podían tener cierto control sobre la conducta y las conciencias de las ni-
ñas nahuas mediante su modelo educativo, uno de corte medieval que a la sazón
practicaban grupos de hermanas y hermanos de vida común que promovían
una relación directa con Dios a través de la mística, sin intermediación de
confesores ni figura clerical alguna –generalmente hombres que mantenían
el control, la vigilancia constante y el ejercicio de poder sobre las conciencias
y las conductas femeninas–. Así, esos hombres de autoridad espiritual y moral
no sólo temían perder su poder jerárquico e institucional como representan-
tes de la Iglesia ibérica y novohispana, sino además temían la dispersión del
luteranismo, ya triunfante en todo el norte de Europa hacia 1527, así como de
otros movimientos espirituales en distintas regiones de España.
Todo ello representó una lucha política que fue ensañándose. Si esas mu-
jeres podían tener contacto directo con Dios en el plano místico hasta con-
vertirse en intermediarias alternativas de los sacerdotes de la Iglesia católica
ortodoxa, ¿qué implicaciones tendría no sólo en la falta de gobernabilidad de

67
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

la vida de los fieles, sino además su significación en el plano del espacio público
gubernamental? Luego exigirían participación en los cargos públicos reservados
a la ortodoxia novohispana, como fue el caso de los movimientos intelectuales
independentistas posteriores, durante el siglo xix, reflejado en el ideario po-
lítico de Servando Teresa de Mier, el fraile dominico y liberal perseguido e
ilegalmente excomulgado, hecho prisionero, despojado de su título de doctor,
de sus libros y de sus actividades de educación, exiliado.
Según los estudios de Ciaramitaro y Rodríguez Delgado, no existe una
fuente histórica o historiográfica que dé cuenta detallada sobre cómo fue el paso
del alumbrismo de España a la Nueva España. Sabemos sólo del primer caso por
el proceso inquisitorial en Puebla de los Ángeles contra sor Agustina de San-
ta Clara, pero se puede inferir de la llegada de inmigrantes provenientes de
Extremadura, España. No obstante, los orígenes de la doctrina alumbradista
pudieron surgir con las beatas españolas pioneras del círculo de Catalina Her-
nández. Ellas pudieron haber sido su antecedente y heroico comienzo.

68
Arcón de letras sáficas: miradas
a la poesía lésbica mexicana

Odette Alonso

La primera fue Sor Juana. Cuando escribió “Ser mujer, ni estar


ausente, / no es de amarte impedimento; / pues sabes tú que las
almas / distancia ignoran y sexo. / ¿Puedo yo dejar de amarte /
si tan divina te advierto?”1, no estaba hablando del Amado, sino
de Lysi, es decir de María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga,
condesa de Paredes y marquesa de la Laguna y, por entonces, vi-
rreina de la Nueva España. El género femenino y la alusión al
sexo que las almas ignoran cuando se enamoran no dejan duda.2
De modo que la genealogía de mujeres en la literatura
mexicana empieza con esa figura monumental y, con una pre-

1 Sor Juana Inés de la Cruz, “Romance: Puro amor, que Ausente, y sin deseo de indecen-
cias, puede sentir lo que el más profano”, en Obras completas (México: Porrúa, 2010), 26.
2 Para conocer más sobre el romance poético entre Sor Juana y María Luisa, véase Ser-
gio Téllez-Pon, Un amar ardiente: Poemas a la virreina (Madrid, Flores Raras, 2017).
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

cursora de su altura intelectual y nivel poético, inicia también el linaje lésbico


en nuestras letras. Después, por razones más que sabidas, es difícil encontrar
menciones o referencias claras a esta naturaleza. Intuir matices sáficos en la
poesía fue, durante siglos, una persistente lectura entre líneas, desentrañando
alusiones ambiguas, insinuaciones, frases dichas como al desgaire y que po-
drían significar muchas otras cosas. Hallar esos tonos ha sido como abrir el
viejo cofre familiar, un poco clandestinamente, e ir enseñando esos tesoros,
esos secretos que a veces eran sólo presentimientos, primero a las amigas más
íntimas y cómplices y luego, con cierto atrevimiento, a las demás.
Es así como se habla, por ejemplo, de Dolores Guerrero (1833-1858), una
poeta duranguense de la primera mitad del siglo xix que, muy jovencita, es-
cribió ciertos poemas eróticos y en uno de ellos, titulado “A…” o “Nomás a ti”,
podría presumirse un aliento lésbico de difícil comprobación, porque “en sus
versos no hay evidencia léxica que pueda sustentar que se trata de un amor
entre mujeres, porque si bien se expresa el deseo por una mujer desde una
voz femenina es difícil que el lector relacione el contenido de los versos con el
deseo lésbico si desconoce que el autor es una mujer”.3
Y esto no era raro. Así transcurrió también casi todo el siglo xx. Ni si-
quiera en poetas como Gabriela Mistral o Alejandra Pizarnik son fácilmente
reconocibles esos tonos, aun cuando ahora sepamos otros aspectos de sus vi-
das que las acercan a una identidad lésbica. Fueron más comunes esas apari-
ciones aisladas o disimuladas, especialmente tratadas por varones, como el
famoso soneto de Efrén Rebolledo “El beso de Safo”, que ni siquiera habla de
mujeres reales, sino que es la descripción de una pieza escultórica. O ciertos
personajes de la narrativa, más arriesgada sin dudas, en obras como Santa
(1903), de Federico Gamboa; Los muros de agua (1941), de José Revueltas; Fi-
gura de paja (1964), de Juan García Ponce; o los cuentos “Raquel Rivadeneira”
(1959), de Pita Amor –el primer escrito por una mexicana en donde aparece
un personaje lésbico y una relación sexoafectiva, aun enfermiza y denigran-
te–, y “Las dulces” (1979), de Beatriz Espejo. Casi todos esos personajes son
ubicados en la marginalidad, los trastornos mentales o emocionales, la falta de
seguridad, la vergüenza, los ambientes carcelarios o prostibulares.

3 Ana Lilia Hernández Rodríguez, “La literatura lésbica mexicana. Cambios y continuidades en la propues-
ta identitaria en Amora (1989) de Rosa María Roffiel y Crema de vainilla de Artemisa Téllez (2014)”, tesis
de maestría (Cuernavaca, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2021), 16, en [Link]
mx:8080/xmlui/bitstream/handle/20.500.12055/2444/[Link]?sequence=1

70
Parte 1. Las que nos los dieron todo

A finales de los años sesenta del pasado siglo explosionan luchas sociales
y estudiantiles en casi todo el planeta. En México, la llama de Tlatelolco no
se apagó con la represión de octubre del 68: en 1971, se funda el Frente de
Liberación Homosexual y en 1975, Nancy Cárdenas, Carlos Monsiváis y Luis
González del Alba publican el primer manifiesto en defensa de la homose-
xualidad en la revista Siempre! En esa década surgen, además, otras organiza-
ciones como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (fhar) (1978),
el Grupo Lambda de Liberación Homosexual (1978), fundado por Claudia
Hinojosa, y algunos grupos de lesbianas, como Ácratas (1975), Lesbos (1977)
y Oikabeth (1978), esta última considerada la primera organización pública
de lesbianas en México, fundada por la artista y activista lesbofeminista Yan
María Yaoyólotl Castro.
En 1976, salió el primer número de fem, primera revista feminista del
continente, con un equipo encabezado por Alaíde Foppa e integrado por Mar-
garita García Flores, Elena Poniatowska, Marta Lamas, Lourdes Arizpe, Elena
Urrutia y Margarita Peña, entre otras, y donde se dio cabida no sólo a las cues-
tiones teóricas y prácticas del feminismo, sino también a la vida cotidiana de
las mujeres y a su creación literaria y artística.
En junio de 1979 se realizó en la Ciudad de México la primera marcha
del orgullo homosexual, y, ese mismo año, Claudia Hinojosa presentó una po-
nencia en el Cuarto Congreso Mundial de Sexología, realizado en el Centro
Médico Siglo xxi, en la cual defendió el derecho al lesbianismo y criticó abier-
tamente la postura heterosexualista de la sexología. Ella obtuvo una de las pri-
meras candidaturas a un cargo de elección popular abiertamente lésbico-gay,
en 1982.
En Latinoamérica, y ya más bien en su exilio barcelonés, se posesiona
dentro la tradición de la poesía lésbica la figura enorme de Cristina Peri Rossi
y al norte, en Estados Unidos, entre las chicanas ya destellaban Gloria Anzal-
dúa y Cherríe Moraga, que publicaron, en 1981, This Bridge Called My Back:
Writings by Radical Women of Color. Anzaldúa publicaría, además, Borderland
/ La Frontera: the new mestiza, su libro más emblemático, en 1987.
Es en ese contexto que, en junio de 1986, sale de las prensas independien-
tes de Ediciones femsol el primer libro de Rosamaría Roffiel (Puerto de Ve-
racruz, 1945): Corramos libres ahora, poemario que se adelanta por tres años a
la primera edición de Amora, su novela lesbofeminista que inauguró la etapa
más consistente de la narrativa y de la literatura lésbica en México.

71
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Corramos libres ahora, que no ha dejado de tener reediciones posteriores


durante más de tres décadas,4 es un poemario atrevido y transgresor en el cual
se menciona abiertamente, por primera vez, la palabra vulva con gozo y no
con vergüenza. Esto ocurre en su poema “Gioconda”:

Mi vulva es una flor


es una concha
un higo
un terciopelo
está llena de aromas sabores y rincones
es color de rosa
suave íntima carnosa

Guarda celosa entre sus pliegues


el centro exacto de mi cosmos
luna diminuta que se inflama
ola que conduce a otro universo

Es mi segunda boca
mis cuatro labios
es traviesa
retoza
chorrea
me empapa

Le gustan las lenguas que se creen mariposas


los penes solidarios
la pulpa de ciruela femenina
o simplemente
las caricias venidas de mí misma

Es pantera
gacela

4 Primera edición: Ediciones femsol, junio 1986; segunda edición: Taller de publicidad Norma Flores,
1994; tercera edición: Prensa Editorial LeSVOZ, enero de 2008; cuarta edición y primera con audiolibro:
Prensa Editorial LeSVOZ, noviembre de 2018. Datos proporcionados por la autora, Rosamaría Roffiel.

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Parte 1. Las que nos los dieron todo

conejo
se ofrece coqueta si la miman
se cierra violenta si la ofenden
es mi cómplice
es mi amiga
una eterna sonrisa de mujer complacida.5

Rosamaría escribe con el cuerpo, desde él, a través del mismo. Y con una
valentía –que entonces podría llamarse, incluso, desparpajo– que, si bien se
daba en los márgenes de la lucha política, no era tan frecuente en la poesía
escrita por mujeres de la época. Vean, si no, esta declaración de amor entre
mujeres que es su poema “La suave danza”:

Nos besamos
por el puro
absoluto
placer de besarnos
listones de lenguas
dientes como peces alados
festín de salivas
giros
valses
pájaros

tu boca ranura
cereza
grosella
mi lengua gaviota
cometa
sirena
se encuentran

se tocan
se enredan

5 Rosamaría Roffiel, “Gioconda”, en Corramos libres ahora (Ciudad de México: LesVOZ, 2008), 7-8.

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HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

marineras de un viaje
sin ida ni vuelta

tu boca es el mar
mi lengua, un barco de vela.6

El placer erótico no está separado de la resistencia y de las luchas por las


reivindicaciones políticas. Pero llama la atención, especialmente, el tono pro-
vocador y a la vez humorístico de ese abordaje de la identidad lésbica. Véanlo
aquí, en este poema “¡Huy, qué susto!”, donde además resignifica, con natura-
lidad y orgullo, términos usados peyorativamente para referirse a las lesbianas,
como volteadas o invertidas, y desarma estereotipos y reacciones frecuentes,
incluso en la actualidad:

Somos volteadas
invertidas, divertidas
(y soñadas)
[…]
Se dice que comemos carne humana
más no todas, no lo crean,
también hay vegetarianas

Alguien afirma que nos gustan las espuelas


mas no a todas, no lo crean
existen miles de tacones y de medias

Hay quienes juran y aseguran


que salen llamas cuando nos amamos
que han visto chispas cuando el suéter nos quitamos
que predecimos el futuro y somos malas
¡huy, qué malas!

6 Roffiel, “La suave danza”, Corramos libres ahora., 52.

74
Parte 1. Las que nos los dieron todo

La palabra da temores,
da sudores y estertores

Da rasquiña y urticaria

Si se dice es en voz baja,


o de plano no se dice

Huy, qué asco, se proclama


(y en el fondo: ¡Huy, qué ganas!)

Sí, señoras. Sí, señores.


No se asusten. No hay alarma.
Todo es simple en esta vida

Somos mujeres. Somos lesbianas.


Y, como ustedes, somos Alma.7

Pero, al final, a pesar de ser las ovejas descarriadas, vergüenza de las fami-
lias conservadoras, nos reconoce como sobrevivientes de esas circunstancias y
de nuestras propias batallas y tristezas:

Sobrevivientes

Yo conozco tu locura porque también es la mía

Somos locas rebeldes


locas del estar vivas
locas maravillosas
estrafalarias, floridas

Ovejas negras
descarriadas sin remedio
vergüenza de la familia

7 Roffiel, “¡Huy, qué susto!”, Corramos libres ahora, 21-22.

75
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

piezas de seda fina


amazonas del asfalto
guerrilleras de la vida

Locas de mil edades


llenas de rabia y gritos
buscadoras de verdades
locas fuertes
poderosas
locas tiernas
vulnerables.

Cada día una batalla


una norma que rompemos
un milagro que creamos
para poder seguir siendo

Locas solas
tristes
plenas

Mujeres locas, intensas


locas mujeres ciertas.8

Corramos libres ahora es una joya de libro del que una quiere retomar
todos los poemas, porque cada uno habla de la condición lésbica desde lugares
diferentes. Y es bonito comprobar cómo se incrementó su bagaje entre una
edición y la siguiente, corregidas y aumentadas cada vez. Rosamaría Roffiel es
también una de nuestras joyas, porque en ella se concentran las experiencias de
toda una vida como poeta, narradora y feminista. No dejen de buscar sus libros,
que hablan por ella (aunque ella no se calla nunca).
Como ya he comentado antes, en aquellos años setenta y ochenta, Nancy
Cárdenas (Parras, Coahuila, 1934-Ciudad de México, 1994) fue la gran pione-
ra del movimiento de liberación homosexual en México. En cierto material de

8 Roffiel, “Sobrevivientes”, Corramos libres ahora., 11.

76
Parte 1. Las que nos los dieron todo

archivo se le escucha afirmando: “La historia no estaba hecha: la historia podía


hacerla yo”9, y sí que la hizo.
Dramaturga, locutora, actriz, cineasta, poeta, activista, apareció en 1973
en el noticiero más visto de la televisión mexicana, 24 Horas, donde fue en-
trevistada por su titular, Jacobo Zabludovsky, a propósito del despido de un
trabajador supuestamente homosexual en una tienda departamental. Allí ha-
bló de la desigualdad de derechos de los homosexuales en México y de las
distorsiones que el psicoanálisis y la psiquiatría hacían de la homosexualidad.
Fue la primera mexicana en defender públicamente, en televisión nacional, la
diversidad sexual y la homosexualidad como opción de vida digna.
Nancy Cárdenas dirigió, en 1973, la primera obra de teatro de temática
gay montada en México: Los chicos de la banda, de Mart Croweley, y en 1988
presentó la primera en abordar el tema del sida: Sida… así es la vida, de Wi-
lliam Hoffmann. Además, montó Claudine en la escuela (1979), basada en la
obra de Colette, Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1980) de Reiner
Werner Fassbinder y una versión de El pozo de la soledad (1985) de Radclyffe
Hall, entre tantas otras puestas donde se aludía, más o menos abiertamente, a
asuntos relacionados y colindantes con la homosexualidad, cosa que en la es-
cena mexicana de entonces era considerado, cuando menos, un atrevimiento
escandaloso.
En medio de la lucha política y la algarabía teatral, tuvo tiempo, también,
para esbozar versos. Y ese estilo tienen, el de notas rápidas tomadas al calor
de la intensa vida y salpicadas de elementos que apuntan a esas características
vivenciales.
Vean, por ejemplo, el siguiente poema:

ENTRE TANTAS LIBERACIONISTAS QUE CONOZCO,


sólo tú
—de apariencia tan frágil—
has querido llevar a la cama
esos principios básicos de la teoría.10

9 Cineteca Nacional, “Entrevista a Olivia Peregrino directora de Querida Nancy”, video de YouTube, publi-
cado el 17 de octubre de 2022, [Link] (Fecha de consulta: 24
de julio de 2023).
10 Nancy Cárdenas, “Entre tantas liberacionistas que conozco…”, tomado de La Insignia, 9 de junio de 2004:
[Link] (Fecha de consulta: 24 de julio de 2023).

77
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Así los escribía, con el primer verso en mayúsculas sostenidas, a modo de


título y de comienzo. Y estaban llenos de ese humor sarcástico que la caracte-
riza. Vean el siguiente:

SI HABITAMOS EN EL DISTRITO FEDERAL,


las pueblerinas románticas tenemos que resignarnos:
la vida no transcurre junto a un estanque, sino a un costado del Periférico.
Allí, Muñeca del Asfalto,
—bajo la lluvia—
decidiste que esa noche dormirías conmigo.11

Como en la de Rosamaría Roffiel, en esta poesía no hay subterfugios ni


ocultamientos. En los dos anteriores, ya han leído que habla de la cama y del
acueste. Vean, en el siguiente, la sorpresa de la entrega inesperada y el asombro
del hallazgo inaugural:

¿POR QUÉ A MÍ,


criatura de otras edades culturales,
entregarme la firmeza de ese músculo angelical,
las texturas diversas de tu intimidad
bañada al instante por las aguas sagradas del amor,
el primer estremecimiento de tu entraña profunda?12

Y no repara en miramientos para llevar al verso las bellezas de una vida


compartida entre mujeres que son, al mismo tiempo, novias, amantes, amigas:

EN UN MISMO DÍA,
somos novias adolescentes
que se besan furtivas en los estacionamientos,

11 Cárdenas, “Si habitamos en el Distrito Federal…”, tomado de La Insignia, 9 de junio de 2004: [Link]
[Link]/2004/junio/cul_020.htm (Fecha de consulta: 24 de julio de 2023).
12 Cárdenas, “¿Por qué a mí…”, tomado de La Insignia, 9 de junio de 2004: [Link]
junio/cul_020.htm (Fecha de consulta: 24 de julio de 2023).

78
Parte 1. Las que nos los dieron todo

amigas que se encuentran por casualidad en un acto social,


amantes que deliran con un viaje al mar.13

Y aunque quisiera seguir mostrándoles sus textos por páginas y páginas,


les dejo este último, suerte de confesión y declaración de principios:

SOY PELIGROSA,
es cierto: siempre busco vengarme
de los dueños del capital, los burócratas,
los curas y las mujeres que abusaron de mi cariño.14

Su Cuaderno de amor y desamor 1968-1993 fue publicado en 1994, el


año de su muerte, de manera póstuma. La publicación tiene fecha de im-
prenta del 15 de marzo de 1994, pero en la cuarta de forros alcanzan a con-
signarse la muerte de Nancy en la Ciudad de México, el 23 de marzo. Según
consta en la página legal, esa primera edición estuvo al cuidado de la propia
Nancy y de Laura Michel Treviño. Salió bajo el sello Sentido Contrario, edito-
rial que estaba a cargo de Consuelo Sáizar y Gerardo Gally. La segunda edición
apareció en mayo de 2004 y fue una coedición entre Miguel Ángel Porrúa y el
Instituto Coahuilense de Cultura.
Es en esa tradición que se inserta, desde sus inicios, la poesía de Artemisa
Téllez (Ciudad de México, 1979). Su primer libro, Cuerpo de mi soledad,15 ini-
cia con una invocación a Lilith, la desobediente, santa patrona de las subversi-
vas expulsadas del paraíso desde el principio de los tiempos:

Oración a Lilith

Mujer loca hecha de viento


Lilith voladora e impura
rompe el espacio y el tiempo
y ven a nos sin premura.

13 Nancy Cárdenas, “En un mismo día…”, tomado de Albino Galeana Alcaraz, “Cuaderno de amor y des-
amor, 1968-1993 (fragmento) / Nancy Cárdenas”, video de YouTube, publicado el 26 de septiembre de
2021, en [Link] (Consultado el 24 de julio de 2023).
14 Cárdenas, “Soy peligrosa…”, tomado de La Insignia, 9 de junio de 2004: [Link]
junio/cul_020.htm (Fecha de consulta: 24 de julio de 2023).
15 Artemisa Téllez, Cuerpo de mi soledad (México: Aquelarre, 2010).

79
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Insumisa y primigenia madrastra


de las de Eva rechazadas hijas
haz que en nuestros blancos lechos
nunca falten besos, calor ni compañía;
que las estrellas nos iluminen
que nunca se acabe el deseo ni el vino
y que no nos topemos nunca
ni opresor ni cadena por nuestro camino.
Que no nos dé por la monogamia,
la abnegación ni la servidumbre
y que siempre seamos leales
a nuestra naturaleza de brisa y de lumbre…16

Aliento y sonoridades clásicas se respiran en la intención métrica, sintác-


tica, rítmica y estrófica de Cuerpo de mi soledad, al decir de su autora “poemas
marcados de sal” pero también “gitanerías y carnavaladas”, alegrías juveniles y
pasiones más o menos desbocadas, como debe ser toda pasión que se respete:

Carnavalesca

Gitanerías y carcajadas,
panderos, sonatas,
besos y champaña;
las manos unidas,
los pies que no paran
patinan el aire
en eróticas danzas.
En la lejanía,
de estrellas rodeada,
la luna nos mira
con su gorda cara.
Gitanerías, carnavaladas,
caminos jarochos
de locura y danza,

16 Téllez, “Oración a Lilith”, Cuerpo de mi soledad., 7.

80
Parte 1. Las que nos los dieron todo

los días de marzo


que nunca se acaban
en estos caminos
de lascivas galas.
Frente a nuestros ojos
pasa la comparsa
tres mil corazones
nos vuelven la espalda,
nos damos un beso
salado de playa
y oscura nos cubre
la noche encantada.
Gitanerías y carcajadas,
rumbas y danzones
invaden las almas
y junto a las horas
de azul mascarada
la mar canta eterna
un vals que no para…17

El cuerpo, fuente del gozo y del dolor, ese “cuerpo expectante” –los ojos,
las sienes, las manos, la boca naufragio, los labios, el vientre donde zurcir
palabras–, es la materia –sangre y sustento– donde Artemisa asienta y eleva
la poesía. Cuerpo espejismo, artificio y fuego prometeico, paraísos perdidos y
reencontrados. Cuerpo suyo de soledades y también de compañías, porque va-
rias mujeres habitan estas páginas; por ejemplo, las dos amantes del siguiente
poema, que retoma ese aliento divertido y provocador que ya habíamos visto
antes en Rosamaría Roffiel y Nancy Cárdenas:

Mías

Tengo dos amantes,


dos esposas, dos amigas:
una que ya no es

17 Téllez, “Carnavalesca”, Cuerpo de mi soledad, 10.

81
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

y la otra no, todavía.


Por las dos yo velo y pienso
y por las dos me preocupo:
de ninguna nada espero
más que, tal vez, a futuro.
Las dos se parecen mucho,
se gustan, se conocen;
las dos son amigas
entre ellas, mías
y a la larga o a la corta
todas somos familias;
mujeres locas de viento,
incestuosas hermanitas…18

Y entre todos esos cuerpos, resalta la voz tras la que se oculta y se asoma
la propia autora, esa “guerrera / con ínfulas de bruja”, esa “alegradora / arena
de su mar / escribidora”, con “esencia / de mujer y de lesbiana”.19
Diez años después, en el confinado 2020, sale a la luz Mujeres de Cro-
magnon20 donde, retadora e insinuante, como siempre, Artemisa vuelve a con-
frontar a sus lectoras y lectores con los deseos más oscuros, los más intrincados,
a veces desatados y feroces, y con la posible inminencia de cumplirlos. Es así
como poetiza escenas que van de lo íntimo a lo público, y viceversa, hablan de lo
inconfesado y lo confeso, del amor mal entendido y de la reinvención del amor.
Muchos son poemas cortos y poéticamente contundentes, como éste:

Deseo

Ser —de entre millones— esa gota audaz


que se resbala
contra el cristal de tu ventana.21

18 Téllez, “Mías”, Cuerpo de mi soledad, 21.


19 Téllez, “Verso de mí”, Cuerpo de mi soledad, 16-17.
20 Artemisa Téllez, Mujeres de Cromagnon (México: Verso Destierro y Campo Literario Editores, 2020).
21 Téllez, “Deseo”, Mujeres de Cromagnon, 21.

82
Parte 1. Las que nos los dieron todo

O más extensos y encendidos como “Con pasión”, juego de palabras y


significados, del cual les comparto la primera parte:

Y no puedes porque tus yemas se queman


de tanto pasar las cuentas de tu rosario.

Y no puedes porque tu boca se ocupa


un avemaría tras otro.

Y no puedes porque tus ojos miran con arrobo


el crucifijo sobre tu cama.

Y mientras yo te observo,
deliciosa compañera de celda,
tan santamente desperdiciada.22

Así, blasfemo, sonsaca el verso a la religiosa, a la amante, a la esposa, a


todas las mujeres, que son “la misma / y dividida”, en una eucaristía donde el
cáliz, húmedo, está en la fantasía, en la incandescente comunión de la palabra,
en la incitación al beso y al regusto. “Comerte a besos / preciado cordero de
mi apetencia, / inmolarnos solas / en una habitación ajena / a los rigores del
tiempo”,23 dice la voz poética y plantea una continuidad de las cronologías,
un amarse más allá de lo que transcurre y lo que termina, de los pasos que no
pueden detenerse, del ayer y del futuro.
Frontera cuir,24 de Ingrid Bringas (Monterrey, 1985), mereció en 2021 el
15º Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada que convoca la
Universidad Autónoma del Estado de México. Es, al decir de la poeta Enzia
Verduchi –una de las jurados que otorgó el premio–: “un libro transgresor
y subversivo que aborda las disidencias sexuales y la migración; son versos
sobre cruzar el borde del idioma y los confines del cuerpo, el vigor del deseo y
el arrojo a la muerte para ser otro/otra en donde ‘La frontera es el cruising de
las naciones’”.25

22 Téllez, “Con pasión”, Mujeres de Comagnon, 22-23.


23 Ibid., 23.
24 Ingrid Bringas, Frontera cuir (Toluca: Universidad Autónoma del Estado de México, 2021).
25 Enzia Verduchi, “Nota de contraportada”, en Frontera cuir, op. cit.

83
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

La esencia de lo queer es su negación a integrarse a lo institucionalizado,


por eso en Latinoamérica se le llama, castellanizado, cuir. Lo cuir es la disiden-
cia sexogenérica mayor, post homosexual y post gay. No es una identidad, es un
posicionamiento crítico ante los efectos naturalizadores de cualquier identi-
dad. Y es justo ahí donde se ubica Frontera cuir. “¿Quién necesita identidad?”,26
se pregunta: “No hay turismo para los desplazados”,27 se responde.
El de Ingrid no es un poemario complaciente que cuente los amores –con-
trariados y transgresores– gays y lésbicos. No. Son los poemas de los otros, de
toda la cuirdad ubicada, además, en el contexto limítrofe de la frontera geo-
gráfica, más allá de la “nación marica” que desprecia a los pobres. En esos
límites están los migrantes de las maras centroamericanas, el mulato maricón
mesero y sexoservidor, la qharimacho lavaplatos, la trans cholita, el mapuche,
las sudacas, las tecnocholitas y un Cristo que es una mujer trans. Cuerpos en
fuga; de la tierra y del propio cuerpo, cuerpos transgredidos y transgresores
porque “para ser lo que se quiere ser es preciso abandonarlo todo”.28 Cuerpos
transeúntes, transfronterizos. La voz poética también es disidente y cuir, no
se identifica con binarismos, no teme usar palabras políticamente incorrectas,
mezcla lenguas y nacionalidades, narra sin escrúpulos.
De Frontera cuir quiero destacar dos poemas. El primero, dedicado a la
qharimacho, palabra de origen quechua que se refiere, ofensivamente, a una
mujer de ademanes masculinos, marimacha, sospechosa de ser lesbiana que,
en el caso del texto, es doblemente marginada en los contextos de la migración
ilegal.

Qharimacho

Ser llamado monstruo con la cara rayada


mujer no mujer
qharimacho

Lavar vajillas por 5 dólares la hora


volver a casa
uñas rotas

26 Bringas, “¿Quién necesita identidad?”, Frontera cuir, 48.


27 Bringas, “Habitantes”, Frontera cuir, 51.
28 Bringas, “Nunca es demasiado tarde para irse”, Frontera cuir, 28-29.

84
Parte 1. Las que nos los dieron todo

codos secos
mujer mara
down, depressed, stressed
apagar el televisor, volver al exhausto trabajo
oasis de cuerpos ausentes
por la calle los blancos te gritan: ¡lesbiana,
go home!
regresa a casa qharimacho

Hacer de tu mutar un ejercicio


el ser entre tanto domesticado
qharimacho
sin papeles
sin geografías
sin tablas
apenas la noche oscura
frente al tocador antiguo un cuerpo que no es tu cuerpo.29

El otro texto, “Sudaka/marica”, aún refiriéndose a dos mujeres que bailan y


que podrían o no ser lesbianas, mezcla una serie de apelativos que parecieran no
tener que ver unos con otros, o no tener que ver con el poema en cuestión, pero
que, sin embargo, conforman un conjunto absolutamente cuir: las danzantes
son cholas bolivianas que bailan techno en una réplica del carnaval de Oruro
llevada a cabo en San Francisco, California. En el título del poema, los términos
“sudaka”, usado por obvias razones, y “marika” diluyen el género de las danzan-
tes, y ambas palabras están escritas con “k”, lo cual abona al uso experimental de
la nominación poética.

Sudaka/ marika

Habrá quien se lave las manos


cuando dos mujeres bailan
se miran como si flotaran en un mar espumoso

29 Bringas, “Qharimacho”, Frontera cuir, 35.

85
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Volviendo a su origen
el de dos aves que emigran
habrá quien se lave la boca
y no entienda su lenguaje
la costura indígena de un silencio incómodo
cholitas apátridas
dos geografías vagabundas

Cuando dos mujeres bailan


tecno-cholitas
el mundo las mira a través de sus calles sobrepobladas
left- right
left- right
el carnaval de Oruro en San Francisco
dos mujeres bailan y todo arde.30

A la par de estas cuatro poetas que he revisado, hay, en la actualidad,


decenas de otras que conviven en un espacio en el que confluyen tres genera-
ciones de creadoras: las de mediados del siglo xx, las de finales y las jóvenes,
muchas de ellas nacidas ya en el presente siglo. Hay en esos grupos colindan-
tes desde autoras consagradas, con libros, premios, reconocimiento, hasta
principiantes que, con decisión y valentía, están iniciando ese camino.
Porque, digámoslo de una vez, escribir un poema sáfico es un acto de cora-
je, pero entregarlo para que sea publicado es una desobediencia y un acto de ac-
tivismo político contra la idea tan naturalizada de la heteronorma y sus trampas
inviolables; es poner sobre el papel, sobre la mesa, sobre la vida, la existencia y la
persistencia de otros modos de amar, de gozar, de vivir y de luchar.
La consigna feminista de “Lo personal es político” nunca estuvo tan vi-
gente como en la época actual, y no quiero dejar de mencionar una reunión
poética que compilamos Paulina Rojas Sánchez y yo, y que salió de las prensas
de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, también en el año 2020: Ver-
sas y diversas. Muestra de poesía lésbica mexicana contemporánea,31 un libro
que agrupa a 53 poetas que no sólo escriben sobre la intimidad del cortejo, el

30 Bringas, “Sudaka/marika”, Frontera cuir, 23.


31 Paulina Rojas Sánchez y Odette Alonso (coords.), Versas y diversas. Muestra de poesía lésbica mexicana
contemporánea (Aguascalientes: Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2020).

86
Parte 1. Las que nos los dieron todo

deseo o el amor entre mujeres, sino que observan otros tantos aspectos y es-
pacios de la existencia lesbiana: la segregación y la discriminación y cómo en-
frentarlas, la participación política, la revisión del trabajo artístico de nuestras
antecesoras, los proyectos culturales y la multidisciplinariedad que trasciende
hacia formas de oralidad como los slams.
Pero a pesar de ser un esfuerzo importante para dejar ver el trabajo que
han estado realizando estas mujeres, Versas y diversas no es conclusivo ni pre-
tende tener la última palabra: muchas más poetas están creando en México en
el momento actual y habrá nuevas posibilidades para reunirlas y dejar constan-
cia de sus pasos y de sus versos para que el arcón no vuelva a cerrarse ni a ser
secreto, para que todas podamos seguir diciendo: Esto somos y aquí estamos.

87
Nuestra Sor Juana interior:
representaciones
e interpretaciones feministas
contemporáneas 1

Melissa Fernández Chagoya

¿Qué loca ambición nos lleva


de nosotros olvidados?
Si es para vivir tan poco,
¿de qué sirve saber tanto?

¡Oh, si como hay de saber,


hubiera algún seminario
o escuela donde a ignorar
se enseñaran los trabajos!

Sor Juana Inés de la Cruz.

1 Avances de este ensayo fueron dictados en conferencia como parte del Cuarto Con-
greso Nacional de Investigación Interdisciplinaria / Enfrentando Retos Emergentes
de Ciencia y Tecnología, en el Área 4 de Humanidades y Ciencias de la Conducta de
la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Adminis-
trativas del Instituto Politécnico Nacional, en noviembre de 2020, y publicados en las
correspondientes memorias. Una versión completa y revisada es esta que ofrezco en
el presente libro.
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Cada quien hace a su Sor Juana a imagen y semejanza

Durante el curso Sor Juana: Su Mundo y Nuestro Mundo impartido por el sor-
juanista Daniel de Lira Luna en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en ple-
no caluroso verano de 2019, el catedrático, en aras de compartir su pasión por
nuestra monja, dijo, a manera de broma y refiriéndose a los trabajos de Octavio
Paz y de Amado Nervo, que “cada quien hace a su Sor Juana a imagen y seme-
janza”. De esa frase es que surgen las presentes líneas, con las que me propongo,
por momentos desde el desacato, una reflexión en torno al entendimiento, la
evocación y la acción que pueden suscitarse a partir de los escritos de Sor Juana
entre las feministas contemporáneas y sus prácticas. Con este acercamiento a
Sor Juana busco conocer cómo la estamos entendiendo a ella, “la peor del mun-
do”, y, aquí y ahora, en esta ciudad que la albergó, donde decidió soñar para vivir,
escribir, cocinar y morir, en su Claustro, el Convento de San Jerónimo.
Los estudios sobre la vida y la obra de Sor Juana no cobraron interés sino
hasta el siglo xx, y pueden dividirse en tres etapas. Se ha convenido en que la
primera empieza con los estudios de Amado Nervo y la publicación, en 1910,
del libro Juana de Asbaje y culmina con la reunión del corpus que se conside-
ran las obras completas de la monja, a cargo de Alfonso Méndez Plancarte y
Alberto G. Salceda, publicadas en 1957 (un proyecto que comenzó en 1951):

El cúmulo de biografías que de la monja se escriben en esta primera época


tiene, en efecto, aún el sabor panegírico del texto de Calleja y un marcado
sabor hagiográfico. A la zaga de Amado Nervo, hubo en la primera mitad del
siglo xx una gran cantidad de escritores de la talla de Alfonso Reyes, Pedro
Henríquez Ureña, Genaro Estrada, Ezequiel A. Chávez, Genaro Fernández
MacGregor, Karl Vossler, Alfonso Junco, Gabriela Mistral, Enrique Díez Ca-
nedo, Concha de Salamanca, Dorothy Schons, Manuel Toussaint, Julio Jimé-
nez Rueda, Xavier Villaurrutia, Ludwig Pfandl, Rubén Salazar Mallén, Jorge
Cuesta, Ermilo Abreu Gómez o Anita Arroyo, que en los vastos dominios de la
investigación literaria e historiográfica, a secas, se dedicaron a juntar granitos
de arena, quien más quien menos, para ir construyendo con paciencia una
morada biográfica para Sor Juana Inés de la Cruz.2

2 Herón Pérez Martínez, “La vigencia de Sor Juana Inés de la Cruz”, en Acta Universitaria, vol. 18, número
especial 1 (Guanajuato: Universidad de Guanajuato, septiembre de 2008), 6, [Link]
[Link]/[Link]/acta/article/view/127/112

90
Parte 1. Las que nos los dieron todo

Tras la publicación de las Obras completas por Méndez Plancarte y Salce-


da, la segunda etapa abarca hasta 1995, año del tercer centenario de la muerte
de Sor Juana. Durante ese lapso, se fortalecieron las investigaciones acadé-
micas y, de acuerdo con Herón Pérez Martínez, destacan las realizadas por
Dorothy Schons y Pedro Henríquez Ureña.3 Por mi parte, incluyo las de Sara
Poot Herrera, sorjuanista de sorjuanistas. En la tercera etapa, actualmente
en curso, se continúa la tradición biográfica que fincó la primera, ahora con
rasgos de ficción, así como el rigor académico impulsado por la segunda. La
característica que distingue esta tercera etapa es la creatividad, plasmada en
las diversas formas en que se están interpretando la vida y la obra de la monja
jerónima: la Sor Juana que queremos.
En numerosos estudios acerca de Sor Juana se reconstruye su vida desde
el misterio. Se critica una parte del acercamiento que hizo Octavio Paz, por
ejemplo, ya que se dedica de manera “poco interesante” y desproporcionada “a
intentar resolver la índole de la relación entre Sor Juana y la virreina de Lara”.4
A Amado Nervo, por su parte, se le critica que lo haya hecho desde una lectura
idealizada y desde su propio deseo.5 Y, por supuesto, hoy en día es permanen-
te la crítica sobre la atribución que se hace a Sor Juana de un feminismo que
no estaba en la esfera de maneras de pensar ni de ser en su época.
También se ha hecho de Sor Juana un fetiche. Irving A. Leonard la describe
como “bien dotada también musicalmente” y en varias ocasiones hace alusión
a su “belleza”.6 Lo que llama particularmente mi atención en su análisis es que
compara el pensamiento de la jerónima con el “legítimo y filosófico”, es decir, el
pensamiento masculino. Kepler, Galileo, Descartes, Pope y Bacon son citados
por Leonard al tiempo que se refiere a los escritos de Sor Juana siempre con un
“pero” de por medio. Ese pero indica desde el silencio que Sor Juana, antes que
pensadora visionaria, incluso adelantada a la modernidad, era una mujer.

3 Id.
4 Lucía Dufort, El feminismo de Sor Juana Inés de la Cruz / Lecturas modernas de su Respuesta (Estocolmo:
Institutionen för spanska, portugisiska och latinamerikastudier-Stockholms universitet, 2011), https://
[Link]/smash/get/diva2:472769/[Link]
5 Sin embargo, para el poeta David Huerta es uno de los mejores trabajos de que se sigue disponiendo para
incursionar en la biografía de Sor Juana. David Huerta, “Un libro alado / El estudio de Nervo sobre Sor
Juana”, en Inundación Castálida, vol. 4, núm. 9 (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019),
43-44, [Link]
6 Irving A. Leonard, La época barroca en el México colonial (México: Fondo de Cultura Económica, 1996),
251. Las cursivas son mías.

91
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

La comparación con los filósofos mencionados, y con muchos otros,


persigue el afán de personalizarla, es decir, el afán de Leonard de apropiar-
se de Sor Juana, de poseerla, y de ahí la reincidencia y la exacerbación de
algunos sorjuanistas por sus escritos en torno al amor: “Pero la mente y el
corazón de Sor Juana respondían instintivamente a un pragmatismo más
experimental y ella no pudo resolverse a sucumbir a las distinciones y con-
tradistinciones verbales que constituían la vida intelectual de su ambiente”.7
Aprecio más la lectura que ofrece Carmen Beatriz López-Portillo Romano,
rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana, quien afirma que “la
falta principal de Sor Juana fue la defensa por la libertad y el derecho al
conocimiento y a la palabra, atrevimiento inaceptable en una mujer, más en
una monja. Las constantes que atraviesan su vida y su obra son el amor a la
libertad y el amor al saber”.8
Respecto a otros atributos, como el don de la música y la habilidad para
las matemáticas, López-Portillo Romano considera que le permitieron

conocer e interpretar el mundo, darle unidad al universo; así expresó su cu-


riosidad ante la realidad y el sueño, así se aproximó a la armonía de las esferas
[...] evocando signos hizo milagros, creó un universo lleno de corresponden-
cias ocultas; igual que Platón, igual que Pitágoras, buscó la proporción dorada
entre las cosas; hizo de la belleza, el silencio, la luz y el tiempo, música con
palabras.9

López-Portillo Romano revela el ingenio de Sor Juana y su insistencia


en la libertad a partir del saber, lo que la coloca en el mismo pedestal en que
podrían estar los grandes pensadores hombres que, además del amor, tenían
otras preocupaciones y sobre ellas también escribían:

Sor Juana entiende el amor por el saber como amor por la vida; amor y sapien-
cia unidos; philia y sophía: búsqueda de la verdad, preguntar sin fin dibujado
por ella en la Respuesta a Sor Filotea; adopción de la duda como incertidumbre

7 Ibid., 272. Las cursivas son mías.


8 Carmen López-Portillo Romano, “Yo, la peor de todas”, en Instituto de las Mujeres de la Ciudad de Méxi-
co, Sor Juana Inés de la Cruz entre nosotras (México: Instituto Nacional de las Mujeres, 2015), 49.
9 Carmen B. López-Portillo Romano, “De Fibonacci a Sor Juana: armonía en las artes”, en Inundación
Castálida, vol. 4, núm. 9 (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019), 101-109, [Link]
[Link]/[Link]/inundacion_castalida/article/view/681/1376

92
Parte 1. Las que nos los dieron todo

apasionada que construye una morada que de continuo se deshace para ser
restablecida, como en el Sueño [...].10

Humanizarla, pues, implicó en su momento hacer de ella un hombre o,


cuando menos, aclamar su “varonil inteligencia (quizás el adjetivo más usa-
do para calificar su genio). Pareciera que, por definición, no había manera
de hablar de ‘inteligencia femenina’”,11 toda vez que “[e]ste mundo parecía
sólo desdeñarla e, inevitablemente, el de Sor Juana fue un amor marchito –el
rechazo por parte del amado y el estar poseída por el no amado–, una an-
títesis triangular”.12 Esta última cita son palabras de Leonard, y desvelan la
imposibilidad de algunos hombres de aceptar el amor y el deseo de Sor Juana
por otras mujeres siendo mujer ella misma. No obstante, es a la vez y paradó-
jicamente lo que refuerza que hubo que hacer de ella un hombre, y quienes
por lo general de hecho o en su imaginario lo hacen son hombres que aman
y desean a las mujeres.
A diferencia de algunos sorjuanistas hombres, la mayoría de las sorjua-
nistas mujeres tienen menos reparo en su muy probable amicitia femenina.
Beatriz Colombi indica que

Octavio Paz propone la existencia de una “amistad amorosa” entre Sor Juana
y la virreina, pero también lee los poemas dedicados a María Luisa en clave
homoerótica, a pesar de prevenirse contra ello. Desde los estudios de géne-
ro, Emilie Bergmann ha señalado que Paz “oscila entre la ideología de una
amistad cortesana, neoplatónica, intelectual y espiritual y el anacronismo de
connotaciones lésbicas o sáficas”, y propone centrarse en la mirada transgre-
siva femenina, que restituye la voz lírica que había sido apropiada por la tra-
dición patriarcal de Safo, tesis que han continuado otros estudiosos en esta
área. Stephanie Merrim y Linda Egan remarcan la condición “andrógina” de la
enunciación sorjuanina [...] Georgina Sabat de Rivers, Marie-Cécile Bénassy-
Berling, Sara Poot Herrera, Nina Scott, Emil Volek, entre otros sorjuanistas,

10 López-Portillo Romano, “Yo, la peor de todas”, 52.


11 Martha Lilia Tenorio, “A propósito de Sor Juana a través de los siglos”, en Nueva Revista de Filología His-
pánica, vol. lvi, núm. 2 (México: Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México,
julio-diciembre de 2008), 510, [Link]
12 Leonard, La época barroca en el México colonial, 273.

93
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

resaltan que la mayoría de estas piezas evidencian la expresión de los tópicos


literarios de amistad femenina.13

Hago un esfuerzo en recordar textos que conozco, o que he escuchado ci-


tar, en que se aborde con semejante énfasis la orientación sexual de algún pen-
sador “canónico”, ya sea de la época de Sor Juana o incluso de la actual... Los
vínculos amorosos que hemos considerado como paradigmáticos son como
los de Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, de Hannah Arendt y Martin
Heidegger, entre otras parejas, y los asumimos como parte del cliché del amor
romántico intelectualizado, que no es sino al que se aspira desde la hetero-
sexualidad romantizada.
Algunas personas se apasionarán más por las cartas que se enviaron Si-
mone y Jean-Paul, Hannah y Martin, que fueron publicadas tan pronto como
fue posible, a diferencia de esas cartas de Sor Juana, “escritos privados de una
mujer noble del siglo xvii que, como muchos, fueron desatendidos o bien li-
brados al anonimato, confundidos entre legajos burocráticos”.14 Pero, en serio,
me pregunto cuánto tiempo hemos invertido en la sexualidad, o más aún, en la
homosexualidad, el lesbianismo o el homoerotismo de los escritores. ¿Cuántos
textos encontramos que hagan referencia, de manera prácticamente exclusiva,
a los amores y las pasiones de Edgar Allan Poe o de Miguel de Cervantes, por
ejemplo? El tratamiento sobre la vida amorosa y sexual de los grandes pensa-
dores radica en lo que observo en el libro La vida sexual de Immanuel Kant,
en el que su autor, Jean-Baptiste Botul, analiza las nociones kantianas sobre la
conducta moral versus la razón y la posibilidad latente y enajenante de objetua-
lizar a las personas según su deseo carnal.15 Sin embargo, el título de Botul hace
mofa de lo que el filósofo, según sus estudiosos, practicaba en su vida diaria.
¿Cuántos críticos literarios, escritores, historiadores y filósofos dedican
artículos, ensayos, conferencias y debates en torno a la vida sexual de quienes
hemos aceptado que marcan el pulso de la construcción del conocimiento?
La respuesta es que son relativamente pocos cuando se trata de hombres, o
cuando menos, no ha sido tema frecuente, como sí lo es en el caso de Sor Juana
13 Beatriz Colombi, “Sor Juana Inés de la Cruz y María Luisa Manrique de Lara: mecenazgo y amicitia”, en
Inundación Castálida, vol. 4, núm. 9 (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019), 63-70, http://
[Link]/[Link]/inundacion_castalida/article/view/675/1366
14 Id.
15 Jean-Baptiste Botul, La vida sexual de Immanuel Kant (México: Universidad Nacional Autónoma de Mé-
xico, 2016).

94
Parte 1. Las que nos los dieron todo

y sus pasiones con y por las mujeres, que hemos considerado como decidida-
mente platónicas y posiblemente carnales.
Al parecer, la orientación sexual de los pensadores varones que han fun-
dado o cambiado paradigmas, al menos en Occidente, y, por tanto, en el mun-
do occidentalizado, no es relevante. No tanto como sus ideas y legados... Pero,
entonces, ¿por qué las pasiones “lésbicas” de Sor Juana sí resultan superlativas?
Sor Juana nos impresiona, antes y ahora. No obstante, a algunos quizá les pese
su sexo y que, para lamento de otros, represente a las mujeres de su época y a
las de ahora. Sus obras fueron hasta cierto punto descalificadas por ser mujer
y no siempre situadas en el plano filosófico, sino invariablemente circunscritas
al ámbito literario.

En filosofía esto no es la excepción, al grado de que algunas de aquellas que


han resaltado por su ingenio e inteligencia han sido destinadas al ámbito li-
terario, omitiendo los aportes realizados a la madre de todas las ciencias; en
otras ocasiones se han de mezclar su actividad intelectual con su vida personal,
buscando calumniar y desacreditar su persona. Un ejemplo apropiado es nues-
tra filósofa novohispana, a quien se le conoce como la Décima Musa –sobre-
nombre que los intelectuales de su época le adjudicaron y que ha prevalecido
hasta nuestros días–, donde se le sitúa como aquella que inspira, pero no como
quien piensa y posee una cosmovisión con fundamento filosófico.16

Sor Juana también ha sido convertida en fetiche lésbico, construido


desde la mirada masculinista. Como Judith Farré dice, “[d]urante el siglo xvii
el claustro femenino seguía manteniéndose como paradigma ideal de retiro y
espiritualidad”,17 pero esa condición suele ser envuelta en imaginerías y fan-
tasías eróticas que corresponden más a nuestra época, en que se tiende a la
apropiación de los cuerpos y la reorientación del deseo hipersexualizándolos.
No obsta que en su Respuesta la propia Sor Juana lo explique llanamente:

16 Andrea Georgina Castell Rodríguez, “Sor Juana: pionera del feminismo en México”, en GénEros / Revista
de Investigación y Divulgación sobre los Estudios de Género, época 2, año 23, núm. 19 (Colima: Universi-
dad de Colima, marzo-agosto de 2016), 136, [Link]
[Link]
17 Judith Farré, “Damas y virreinas en el convento / Sor Juana de festín”, en Inundación Castálida, vol. 4,
núm. 9 (México, Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019), 73-79, [Link]
php/inundacion_castalida/article/view/676/1336

95
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado


y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi
salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujeta-
ron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola;
de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estu-
dio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros.18

Más sorjuanistas de lo que sería razonable esperar, mujeres y hombres,


han romantizado el encierro monacal sin reparar en que éste se lleva a cabo en
un espacio que deviene otro tipo de cárcel para las mujeres, por ser precisa-
mente mujeres “apropiadas colectivamente”:

viudas, monjas, casadas, solteras [...] los papeles que adoptaban dependían
en gran parte de su edad y de su estado civil [...] Las solteras no ofrecen un
estatus claro en la Colonia; casadas, viudas o monjas sí, [...] el matrimonio y
la disciplina conventual conferían a las mujeres modelos de comportamiento
diferentes [...].19

La socióloga francesa Colette Guillaumin expone que “lo único que es


dicho a propósito de los seres humanos hembras es su posición efectiva en las
relaciones de clase: la de ser primera y fundamentalmente mujeres”.20 Guillau-
min, feminista materialista, argumenta que lo que desvela la naturaleza espe-
cífica de la opresión de las mujeres, lo que nos hace entender mujeres como
“clase”, es la “apropiación”. La apropiación, pues, en dos sentidos imbricados.
La apropiación colectiva de las mujeres se da en un primer nivel por medio de
la familia, la religión y el servicio sexual, por un lado, y en el sentido de que
esas mujeres (madres e hijas, monjas y prostitutas) son mujeres de alguien (del
padre, del hijo, del esposo, de dios, de los hombres tratantes, de los consumi-
dores de sexo), todas ellas al servicio de la comunidad.

18 Sor Juana Inés de la Cruz, Obras completas, ed. Francisco Monterde (México: Porrúa, 2010), 831.
19 Pilar Pérez Cantó citada en Karen Esmeralda Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii: censura
y señalamiento. El caso de Sor Juana Inés de la Cruz”, en Educación y Humanismo, vol. 15, núm. 24 (Ba-
rranquilla, Colombia, Universidad Simón Bolívar, enero-junio de 2013), 266, [Link]
[Link]/[Link]/educacion/article/view/2220/2112
20 Colette Guillaumin, “Femmes et théories de la société: Remarques sur les effets thériques de la colère des
opprimées”, en Sociologie et sociétés, vol. xiii, núm. 2 (Montreal: Les Presses de l’Université de Montréal,
octubre de 1981), 19-32, [Link]

96
Parte 1. Las que nos los dieron todo

El segundo nivel de apropiación es el individual, a partir de lo cual se


entiende cada mujer como una unidad material productiva de la fuerza de
trabajo. La apropiación individual se manifiesta por medio de la apropiación
física a causa del “sexaje” (economía doméstica moderna), el uso del tiempo,
la captura de los productos del cuerpo y la violencia sistemática contra las mu-
jeres, la obligación sexual –en el matrimonio, por ejemplo, pero también en
ámbitos ajenos al matrimonio– y el control sexual realizado sobre todo por la
violación o el miedo a la violación. En otras palabras, la apropiación individual
equivale a asumir que ser mujer en una sociedad como la nuestra representa,
en sí, la obligación de atender, servir y cuidar a los demás, e implica, también,
la permanente posibilidad de ser violada.21
Así, aquel “pero” de Leonard responde a la vida privada y, con ésta, a
las experiencias afectivas que Sor Juana tuvo con mujeres. Y establece que las
mujeres pueden “ser varones” y poseer, dice él, “varonil inteligencia”, siem-
pre y cuando sea posible inmiscuirse en su intimidad, porque en el mundo
masculinista,22

al igual que en la sociedad seglar, la mujer debe estar [...] sometida a la juris-
dicción masculina, la única posible en ejercer una auténtica autoridad [...] Al
igual que en la vida laica, la figura masculina detenta la autoridad última que
rige cada una de las conciencias que le están subordinadas. Esto es la configu-
ración de una sociedad patriarcal.23

El mundo masculino supone que todo lo femenino le pertenece y puede


hacer de él lo que le plazca, y es así como se ha hecho de la vida privada de Sor
Juana un fetiche para su divertimento: “cualquier don que pueda poseer una

21 Melissa Fernández Chagoya, “Cuerpos que no importan: la indolente mirada masculinista desde donde
se imparte la (in)justicia hacia las mujeres en México”, en Género y Salud en Cifras, vol. 14, núm. 3 (Méxi-
co: Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, septiembre-diciembre de 2016), 46-58.
22 El masculinismo es definido por Michèle Le Doeuff como “la ideología política gobernante, estructurante
de la sociedad, de tal manera que dos clases sociales son producidas: los hombres y las mujeres. La clase
social de hombres se funda sobre la opresión de las mujeres [...] Entiendo por ‘masculinidad’ determina-
das prácticas –produciendo una manera de ser en el mundo y una visión de mundo– estructuradas por
el masculinismo, fundada por y para hacer posible la opresión de las mujeres. Entiendo por ‘hombres’ los
actores sociales producidos por el masculinismo, cuya característica común es construida por la acción
opresiva sobre las mujeres”. Michèle Le Doeuff, L’Étude et le Roue / Des femmes, de la philosophie, etc.
(París: Seuil, 1989), 102.
23 María Dolores Bravo Arriaga citada en Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 270.

97
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

mujer será algo que no pueda dominar [por sí misma] y, por tanto, algo que
pasará a ser de dominio y propiedad masculina”.24 Aún más,

la vergüenza, la piedad, el respeto y la docilidad fueron estereotipos sociales


que hacían de la mujer un sujeto valorado positivamente. En contraste, se con-
sideró negativo que una mujer mostrara atributos como locuacidad, intem-
perancia, obstinación e inconstancia. En una palabra, todo lo que implicaba
curiosidad de éstas por aprender o acercarse de otro modo a la sociedad era
vetado y marginado, por no corresponder al mandato divino de someterse al
orden establecido.25

La Sor Juana que yo quiero es una mujer lesbiana en el sentido de que


amaba y deseaba a las mujeres. Mi Sor Juana sostenía, además, una amicitia fe-
menina con las mujeres; su arrebato y su pasión por ellas, sin duda, trasciende
la sororidad. No obstante que esa lesbiandad haya tenido que ser considerada
invadiendo su ámbito privado e íntimo, si deseamos encontrar cierta funcio-
nalidad y prácticas politizantes para hoy, sea para legitimar la lesbiandad y los
vínculos eróticos, afectivos e intelectuales entre las mujeres en general, y no
para argüir preceptos que en ciertos espacios puedan desestimar otras carac-
terísticas sorprendentes y que son las que la hacen “la peor del mundo”. Pero,
para el mundo, Sor Juana Inés de la Cruz es la mejor.26

Sor Juana antes de las feministas

La primera ola del feminismo, o como yo prefiero llamarle, la ola con a de


humanas, convencionalmente la hemos delimitado en Europa entre finales del
siglo xviii y mediados del siglo xix. Esas feministas pioneras buscaron vindi-
car una igualdad, y los derechos que de ésta derivan, obstaculizada por lo que
hasta ese momento era un supuesto sobre la “naturaleza de las mujeres”:

24 Meri Torras, Soy como consiga que me imaginéis / La construcción de la subjetividad en las autobiogra-
fías epistolares de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Sor Juana Inés de la Cruz (Cádiz: Universidad de
Cádiz, 2003), 77-78.
25 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 266-267.
26 Teresa Castelló Yturbide y María Josefa Martínez del Río de Redo, Delicias de antaño / Historia y recetas de
los conventos mexicanos (México: Océano-Américo Arte Editores-Fundación bbva Bancomer, 2000), 93.

98
Parte 1. Las que nos los dieron todo

“femeninas por naturaleza”, y para reforzar esta idea, se aludía a su falta de


características positivas como sujetos y, también, se les alentaba a parecerse
a los varones en lo que concierne a la virtud, ya que éstos poseían cualidades
morales más elevadas [...] por ello, el modelo de feminidad que se construyó
fue acorde con la idea de mantenerlas en el ámbito de lo privado, pero este
modelo también se hizo con el firme propósito de controlar su sexualidad.27

Como expuse en el repaso histórico y geopolítico con el que abrimos el


presente libro, el pensamiento y las acciones de las pioneras europeas no son
propiamente el origen del feminismo, sino que la semilla podemos encontrar-
la, y así hemos de reconocerlo, en la vida y en la obra de nuestra Sor Juana, en
la Nueva España de finales del siglo xvii. Su Primero sueño: una visión poética,
un anhelo de libertad para sí misma y para todas las mujeres. Y asimismo, un
tratado filosófico acerca del conocimiento, del intelecto y de las dificultades
que depara el afán por el saber. Aun poco antes, en su Carta atenagórica, Sor
Juana discurre sobre la naturaleza de la mujer y su relación con el conocimien-
to y el estudio, manifestando la necesidad de libertad de ser y hacer, de “defen-
derse a sí misma y, con ella, a todas las mujeres, ya que consigue inscribir su
voz como mujer en el ámbito hispánico dominado por lo masculino”.28
Acerca de la Carta atenagórica, me permito citar en extenso una descrip-
ción de cómo y por qué fue escrita, de acuerdo con el sorjuanista argentino
Pablo Brescia:

La Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz se firma el 1


de marzo de 1691 en el Convento de San Jerónimo, Ciudad de México, y se
publica en España en 1700 en el tercer volumen de las obras completas de Sor
Juana Inés de la Cruz, titulado Fama y Obras pósthumas. La Respuesta ha sido
exhaustivamente leída e interpretada desde múltiples ángulos. Si nos detene-
mos un poco y reflexionamos sobre el documento, habría que preguntar: ¿qué
es la Respuesta?
El texto es una carta de respuesta. ¿A qué responde la monja jerónima? A la
publicación de un encargo que alguien le hace –“nació en V. md. el deseo de
ver por escrito algunos discursos que allí hice de repente sobre los sermones de
un excelente orador”, dice en lo que luego será la Carta atenagórica–. Sor Juana

27 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 266.


28 Ibid., 276.

99
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

cumple y hace de su opinión documento. La Crisis de un sermón versaba sobre


la mayor fineza de Cristo en respuesta tanto a la solicitud de ese personaje
como a los argumentos del Sermón del Mandato del predicador portugués An-
tónio Vieira. El 25 de noviembre de 1690 alguien firmaba en el Convento de la
Santísima Trinidad de Puebla un escrito que pasaría a conocerse como Carta
de Sor Filotea; era una misiva donde una misteriosa monja respondía al escrito
entregado por Sor Juana y “conversaba” con ella sobre las ideas de la Crisis de
un sermón en el contexto más amplio de la Sor Juana escritora. Manuel Fer-
nández de Santa Cruz era el hombre disfrazado de aquella misteriosa monja.
Sor Juana y el obispo se conocían y tenían una amistosa relación. Al prelado le
llega el texto sorjuanino. Lo lee, y redacta un texto de respuesta. Una respuesta
a una respuesta. Acto seguido, decide ponerle título (Carta atenagórica de la
madre Juana Inés de la Cruz) y dar a conocer públicamente ambos escritos –el
suyo como prólogo y el de Sor Juana– en un delgado librito de 32 páginas que
circula por la Ciudad de México en diciembre de 1690. Es así como aquella
“opinión” de Sor Juana llega a sus propias manos en una edición “aumentada”.
Después de tres meses, decide responder a la Carta de Sor Filotea (pero no sólo
a ese texto) con su Respuesta, el ensayo de autodefensa más importante de la
literatura colonial americana.29

Mucho se ha discutido acerca de si la Carta atenagórica fue escrita por


Sor Juana con fines de divulgación, tratándose de una crítica a un sermón pre-
dicado por un clérigo portugués de alto rango, o si fue publicada y titulada por
el obispo Fernández de Santa Cruz sin consentimiento de la monja. El caso es
que esa carta desató polémica en los círculos eclesiásticos porque en ella Sor
Juana contradice y desafía las tesis del padre António Vieira.30
Lo importante aquí es destacar que tanto en la Carta atenagórica como en
la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz Sor Juana reflexionó y discutió con funda-
mentos irrebatibles en torno a la situación de las mujeres un siglo antes de que
se manifestaran en público aquellas que hoy consideramos como pioneras del
feminismo occidental. Y no sólo eso, sino que, de acuerdo con la sorjuanista
mexicana Martha Lilia Tenorio, “la prueba más fehaciente de la autoridad lite-

29 Pablo Brescia, “Apuntes para leer la Atenagórica en la Respuesta”, en Inundación Castálida, vol. 6, núm.
19 (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2021), 56-57. Próximamente estará disponible en
versión digital, en la página de la revista.
30 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 273.

100
Parte 1. Las que nos los dieron todo

raria que fue adquiriendo Sor Juana es su inclusión como parte del canon. Para
cerrar el siglo xvii [en 1699], el erudito polaco Joannes Michaelis von der Ket-
ten, en su Apelles Symbolicus, la incluyó como autora de algunos símbolos”.31
Asimismo, Tenorio explica que la importancia de esa inclusión recae en que,
no siendo ni española ni portuguesa, a España y Portugal dirigió en gran parte
sus críticas literarias, filosóficas, teológicas y sociales, fundamentadas en una
perspectiva que hoy definimos como de género. No obstante, fue hasta 1804,
es decir, ciento cuatro años más tarde, que hubo otra mención de Sor Juana
en Europa, sin que ello tuviera mayor repercusión para que de alguna manera
las pioneras feministas de la primera ola tuvieran conocimiento de la monja
novohispana y su obra, puesto que muchas de esas mujeres eran educadas y
se abrían paso en ser cultas. Entonces, ¿cuánto más esperaremos nosotras, en
Latinoamérica, para pronunciar merecidamente a Sor Juana como la primera
feminista?, ¿cuántas menciones europeas necesitamos a lo largo del tiempo
para finalmente revelar a Sor Juana en el lugar en que siempre ha estado pero
sin que se le reconozca todavía?, ¿tan difícil nos resulta creer y asimilar ese
lugar como para declararla antecesora primera del feminismo mundial?
Sor Juana pertenece “a la modernidad no sólo porque se acerca a algunas
propuestas cartesianas, sino precisamente porque exhibe, junto a las formas
argumentativas de la escolástica, ideas humanistas, imágenes herméticas y una
actitud crítica ante el conocimiento, que me parece ser el signo más impor-
tante de su modernidad filosófica”.32 Sor Juana halló en su enclaustramiento
monacal el necesario apartamiento de la vida social de su época y del trato (in)
humano con que frecuentemente era tratada. Encerrándose a sí misma, abier-
ta en sí misma, propició su libertad para llevar a cabo reflexiones filosóficas de
relevancia feminista: “Las lecturas modernas de la Respuesta a Sor Filotea de
la Cruz están influenciadas por corrientes modernas feministas. Estas influen-
cias convierten a la Respuesta en un texto feminista escrito por la mano de una
feminista, a pesar de que dicha corriente política no existía en la época en que
fue producido el texto.”33

31 Tenorio, “A propósito de Sor Juana a través de los siglos”, 513.


32 Laura Benítez Grobet, “Algunas reflexiones sobre el filosofar de las mujeres en la modernidad temprana”,
en Filósofas de la Modernidad temprana y la Ilustración, Viridiana Platas Benítez y Leonel Toledo Marín
(coords.), (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2014), 13-23.
33 Dufort, El feminismo de Sor Juana Inés de la Cruz, 1.

101
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Me encuentro de cuando en cuando en mi propio arrebato cuando digo


que a Olympe de Gouges y a Mary Wollstonecraft podemos afirmarlas femi-
nistas, y además, entre las primeras, pero difícilmente escucharemos lo que
con insistencia sí escuchamos cuando alguien osa afirmar el feminismo de Sor
Juana: “La importancia de este documento [la Respuesta] reside en que, a fina-
les del siglo xvii, se empieza a cuestionar la idea de que las mujeres no deben
educarse y que su lugar debe ser el espacio del recogimiento y la sumisión”.34
Negar el feminismo de Sor Juana, quien “realizó en su tiempo la vindi-
cación del derecho de todas las mujeres a educarse, por un lado, hablando en
primera persona y defendiendo su vocación y, por el otro, sustentando la tesis
de la igualdad entre mujeres y hombres”,35 equivale a negarnos una vez más
la capacidad de pronunciar de viva voz, y desde nuestro lugar geopolítico de
enunciación, ser también protagonistas del feminismo, de lo que entendemos
por feminismo y de cómo vivimos el feminismo, incluso antes de que lo hicieran
las occidentales europeas y estadounidenses, pues antes fue nuestra Sor Juana.
En ese mismo sentido, el humanismo sorjuanino,36 además de estar en-
focado de manera puntual en demostrar la virtud y la capacidad de razón de
las mujeres, si bien posiblemente descansa en la pertenencia a la clase criolla
de la pensadora,37 dotó de cualidad humana a las “indias” y a los “indios”,
a las esclavas y a los esclavos. Indiscutiblemente eso fue la “estrategia de
transgresión del código patriarcal, acaso el más reaccionario de su periodo
histórico”.38
Sor Juana no sólo hablaba y escribía en español y en latín, sino también
en náhuatl. Apostaba por la libertad de las personas desde la igualdad recono-
ciéndolas desde ese elemento de identidad que es la lengua, y reivindicaba la
dignidad de toda persona como centro de su reflexión humanista:

Dignidad y legitimación del ser humano ante Dios son los temas centrales de
la monja, como son también los temas centrales de todo humanista. La tarea
del ser humano, su proyecto ético, consiste en la construcción de sí mismo,

34 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 275.


35 Ibid., 276.
36 Antonio Cortijo Ocaña, “Sor Juana o el sueño de la razón”, en Inundación Castálida, vol. 4, núm. 9 (Méxi-
co: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019), 87-92, [Link]
cion_castalida/article/view/679/1374, 88. Las cursivas son del autor.
37 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 276.
38 Id.

102
Parte 1. Las que nos los dieron todo

es decir, la construcción de un carácter desde una naturaleza inicial y con el


desarrollo de hábitos y experiencia. Sor Juana, intelectual de su época, se lanza
con su obra a construir una idea de sí misma y a construir una idea de nación
(o un esquema de vida político-social). [...] En este esquema general, Sor Juana
aporta su grano de arena, enano aupado a hombro de gigantes, desde un lugar
en el mundo, la Nueva España, y desde un convento, que dan sentido a su re-
flexión individual y colectiva.39

La Sor Juana que yo quiero es una pensadora latinoamericanista que


auguró la existencia de lo que llamamos América Latina. Si bien las y los
sorjuanistas coinciden en que ella habla de América desde la Nueva España,
a todas luces Sor Juana se anticipó a ideas mucho más progresistas que en la
modernidad tardía y que corresponden a propuestas de orden descolonial,
y por lo tanto, enteramente latinoamericanistas, como prefigura en uno de
sus romances:

Que yo, Señora, nací


en la América abundante,
compatriota del oro,
paisana de los metales,

adonde el común sustento


se da casi tan de balde,
que en ninguna parte más
se ostenta la tierra Madre.40

Pero también en otro romance Sor Juana expresa su pensamiento respec-


to de lo que podemos afirmar como un proyecto social y político para Amé-
rica, siempre vindicativo, como en los versos donde llama nada menos que
al pequeño hijo de los marqueses de La Laguna “a hacer suya la grandeza del
imperio de Moctezuma como forma de legitimación del triunfo de Améri-
ca (tropo que haría suyo el movimiento independentista del xix y la historia

39 Cortijo Ocaña, “Sor Juana o el sueño de la razón”, 92.


40 Sor Juana Inés de la Cruz, romance que empieza con el verso [Grande Duquesa de Aveyro], 37: “Aplaude
lo mismo que la fama en la sabiduría sin par de la señora doña María de Guadalupe Alencastre, la única
maravilla de nuestros siglos”, Obras completas, 48.

103
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

oficial republicana)”, de acuerdo con el médico psiquiatra, crítico literario y


escritor Héctor Pérez Rincón:41

Crezca gloria de su Patria


y envidia de las ajena;
y América, con sus partes,
las partes del Orbe venza.

En buena hora al Occidente


traiga su prosapia excelsa,
que es Europa estrecha Patria
a tanta familia regia.

Levante América ufana


la coronada cabeza,
y el Águila Mejicana
el imperial vuelo tienda,

Pues ya en su Alcázar Real,


donde yace la grandeza
de gentiles Moctezumas,
nacen católicos Cerdas.42

Asimismo, coincido en la valoración que Pérez Rincón hace de dichos


versos acerca de la definitiva convicción en Sor Juana de que “Europa le que-
daba chica a los dos altos linajes que convergían en el retoño”43 y, con él, a los
americanos todos. Así lo demuestran, con todas sus letras, estos otros versos
del romance que cité párrafos arriba:

Europa mejor lo diga,


pues ha tanto que, insaciable,

41 Héctor Pérez Rincón, “Evocación de Don José María El Mejicano”, en Letras Libres, año V, núm. 54 (Mé-
xico, junio de 2003), 83, [Link]
42 Sor Juana Inés de la Cruz, romance que empieza con el verso [No he querido, Lysi mía], 24: “Habiéndose
ya bautizado su hijo, da la enhorabuena de su nacimiento a la señora virreina”, Obras completas, 34.
43 Pérez Rincón, “Evocación de Don José María El Mejicano”, 83.

104
Parte 1. Las que nos los dieron todo

de sus abundantes venas


desangra los minerales,

¡Y cuántos, el dulce Lotos


de sus riquezas, les hace
olvidar los propios nidos,
despreciar los patrios Lares!

Pues entre cuantos la han visto,


se ve con claras señales
voluntad en los que quedan
y violencia en los que parten.44

El lugar de enunciación de mi Sor Juana feminista y latinoamericanista se


anticipa, pues, al discurso que hoy en día sustenta las prácticas descoloniales.
En El divino Narciso y en Neptuno alegórico, observamos que

desde su puesto como sujeto marginal, ya sea como mujer, como letrada auto-
didacta, es decir, sin haber acudido a academias o centros oficiales de estudio,
ya sea como sujeto colonial. Desde estos prismas diversos, Sor Juana se lan-
za a la aventura de definir inteligencia como capacidad cognoscitiva y Améri-
ca como ente de estudio y definición [...] construye una compleja propuesta
de gobierno (rección) con una base antropológica (el ser humano como ser
intelectual), ético-personal (dignidad femenina) y cívico-política (dignidad
colonial).45

La socióloga y sorjuanista mexicana Karen Esmeralda Rivera López ha-


bla de la identidad criolla de Sor Juana,46 y esa condición la entiendo como
anticipada conciencia, reflexión y transgresión de la monja, inverosímil para
su época, en torno a las dicotomías hombre/mujer, ibérico/indígena, coloni-
zador/colonizado, colonia/metrópolis, cristianismo/paganismo, y ello desde
su propia experiencia siendo hija de madre criolla y de padre español. Así
lo representa en los versos de inicio de la loa para El divino Narciso, auto sa-

44 Sor Juana Inés de la Cruz, [Grande Duquesa de Aveyro], Obras completas, 48.
45 Cortijo Ocaña, “Sor Juana o el sueño de la razón”, 88.
46 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 263-277.

105
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

cramental cuyos personajes son Occidente, América, Celo, Religión, Música,


Gentilidad, Gracia, Naturaleza Humana, etcétera:

[Música se dirige a todos los presentes]

Nobles Mejicanos,
cuya estirpe antigua
de las claras luces
del Sol se origina:
pues hoy es del año
el dichoso día
en que se consagra
la mayor Reliquia,
¡venid adornados
de vuestras divisas,
y a la devoción
se una la alegría;
y en pompa festiva,
celebrad al gran Dios de las Semillas!47

Sin faltar su penetración filosófica, también lo hace en la loa para el auto


sacramental El cetro de José, cuyos personajes son Fe, Ley de Gracia, Gracia
Natural, Naturaleza, Ley Natural, Idolatría, Música, Inteligencia, Conjetura,
Ciencia, Profecía, Envidia, José y sus hermanos, Faraón, etcétera:

[Fe a Ley de Gracia]

Yo estimo, Naturaleza,
ese obsequio que en ti halla
mi amor. Y supuesto que
del regocijo la causa
es la nueva conversión
de las Indias conquistadas,
donde tú por tantos siglos

47 Sor Juana Inés de la Cruz, 365: “Loa para el auto sacramental El divino Narciso / Por alegorías”, Obras
completas, 383.

106
Parte 1. Las que nos los dieron todo

de mí estuviste privada
en tanto individuo, cuanto
provincias tan dilatadas
de la América abundante
pueblan de naciones varias;
y tú, Ley Natural, no
solamente separada
de la Ley de Gracia, que es
quien tus preceptos esmalta
y perfecciona tu ser,
sino indignamente hollada
de la ciega Idolatría,
cuyas sacrílegas Aras,
a pesar de tus preceptos,
manchadas de sangre humana,
mostraban que son los hombres
de más bárbaras entrañas
que los brutos más crüeles
(pues entre éstos no se halla
quien contra su especie propia
vuelva las feroces garras;
y entre los hombres, no sólo
se ve el odio, pero pasa
a hacerse estudio el rencor
y a ser industria la saña,
pues no a otro efecto se ven
acicalar las espadas,
echar pólvora a las piezas,
unir el hierro a las lanzas...
¡Oh loca, humana ambición,
que de ti misma olvidada,
a ti misma te destruyes,
cuando piensas que te ensalzas!)...

107
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Pero volviendo al intento,


digo, que pues es la causa
del regocijo el ver tú

[sigue Fe a Ley Natural]

que llegó la Ley de Gracia


a darte aquel complemento
que por edades tan largas
deseaste; y tú, el mirar

[sigue Fe a Naturaleza]

que la Gente Americana


por bocas de mis Ministros
me ha dado feliz entrada,
será bien que por memoria,
de gloria tan señalada,
algún padrón levantemos;
y así, ved cuál os agrada.

[...]

[Idolatría a Ley Natural]

Yo no entiendo de cuestiones.
Bárbara soy; y no me faltan,
para replicar, principios.
Lo que digo es que, pues tantas
victorias has conseguido,
te contentes con gozarlas,
y que a mi Nación concedas
esta leve circunstancia

108
Parte 1. Las que nos los dieron todo

de sacrificar siquiera
los cautivos que Tlaxcala
le da al Mejicano Imperio.48

Cada una de estas y otras reflexiones hoy nos resultan familiares. En el


ámbito académico, forman parte de lo que a partir de las teorías de Immanuel
Wallerstein49 denominamos sistema-mundo-moderno-colonial, que tanto se
discuten en hoy en día.

Sor Juana representada: la Sor Juana que queremos

Sor Juana siempre ha sido representada. Juan de Miranda, pintor español del
tardobarroco, a inicios de la primera mitad del siglo xviii pintó un retrato de
la monja jerónima basándose en lo que él mismo quiso imaginar de ella, pues-
to que no la conoció personalmente: de pie en su biblioteca ante un escritorio
alto, postura poco usual para las mujeres de su época, y mirando directamente
al espectador en actitud gallarda, que acaso será mejor describir como

Piramidal, funesta, de la tierra


nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;
si bien sus luces bellas
–exentas siempre, siempre rutilantes–
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la pavorosa sombra fugitiva
[...]50

48 Sor Juana Inés de la Cruz, 371: “Loa para el auto intitulado El cetro de José”, Obras completas, 464-465 y
468.
49 Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial / La agricultura capitalista y los orígenes de la econo-
mía-mundo europea en el siglo xvi, tomo I (México: Siglo xxi, 1979).
50 Sor Juana Inés de la Cruz, “El sueño”, 216: “Primero sueño, que así intituló y compuso la madre Juana Inés
de la Cruz, imitando a Góngora”, Obras completas, 183.

109
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Sor Juana Inés de la Cruz, por Juan de Miranda (ca. 1713)


Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (Ciudad de México).

Hacia mediados del mismo siglo xviii, el pintor novohispano Miguel


Cabrera, uno de los principales representantes del barroco virreinal –y quien
nació en el mismo año en que murió la monja–, hizo un retrato de Sor Juana
basándose en el de Miranda, con elementos compositivos muy similares salvo
que la representa sentada ante su mesa de trabajo, también mirando directa-
mente al espectador. En ambos casos se realzan la fuerza y el poder que ella les
inspiraba, una representación fuera de los cánones pictóricos esperados en ese
contexto para una monja.

110
Parte 1. Las que nos los dieron todo

Sor Juana Inés de la Cruz, por Miguel Cabrera (ca. 1750)


Museo Nacional de Historia-Castillo de Chapultepec (Ciudad de México).

Desde entonces, son numerosas y diversas las representaciones que se


han hecho de Sor Juana. Baste asomarse a un buscador de internet para encon-
trar (casi) todas las maneras imaginables de retratarla visualmente –también
ha sido retratada mediante la palabra escrita y mediante recursos cinemato-
gráficos–. Sandra Valenzuela, artista plástica mexicana, realizó un dibujo a
línea, en blanco y negro, para ilustrar el promocional de la primera edición del

111
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Seminario Estudios de Género: Teorías Contemporáneas y Acción Política, en


2016, bajo mi coordinación y llevado a cabo en las instalaciones de la Univer-
sidad del Claustro de Sor Juana. La Sor Juana de Valenzuela es masculinizada,
acaso una vez más, o como habitualmente se hace en tiempos recientes; con
bigote de puntas cortas estilo inglés, está ataviada con traje informal, holgado,
a cuadros grandes; luce, además de la toca mojil, corbata sobre camisa, cin-
turón, pañuelo en saco y mocasines. En actitud casual, la jerónima lleva las
manos en los bolsillos del pantalón, con esas ligereza y laxitud que nos evocan
las pasarelas de modelos juveniles:

Sor Juana Inés de la Cruz, por Sandra Valenzuela (2016).

Por su parte, Carolina Alcocer, diseñadora gráfica mexicana, realizó


una composición digital para ilustrar las ediciones tercera y cuarta del semi-
nario, de 2019 y 2020. La Sor Juana de Alcocer es elegante y formal –sin bi-
gote, pero con una masculinización que a la vez resalta su femineidad–, muy
esbelta; la figura de la monja, en blanco y negro, está realizada en un formato
que recuerda las litografías del siglo xix, ataviada con traje estilo inglés liso,
corbata sobre camisa de collarín y puños de mancuerna, guantes de piel y
botines; en su mano izquierda porta una chistera, con la que saluda, y en la
mano derecha, una fusta, como si se dispusiera a cabalgar. Como fondo, una
composición geométrica con los colores del arcoíris, símbolo del movimiento
lgbtttiq+:

112
Parte 1. Las que nos los dieron todo

Sor Juana Inés de la Cruz, de Carolina Alcocer (2019).

Representarnos es una actividad habitual, acaso espontánea y con un


componente de necesidad, que implica la conciencia de la identidad de la per-
sona misma y de las demás personas. María Teresa Atrián Pineda, politóloga,
escritora y sorjuanista mexicana, en una de sus conferencias para el seminario,
titulada “Filosofar en femenino” (2016), nos hizo ver cómo Sor Juana realizó
en su Respuesta un acto de reconocimiento de las mujeres que eran conoci-
das en su época y de quienes había aprendido y tomado ejemplos valiosos
para su vida, y para ello entramó una especie de nomenclatura o nominalia
en la cual, mediante la representación verbal, rescató de ellas todo lo que, al
parecer, carecía de “respuesta” ante las imposiciones del masculinismo. Me
permito de nuevo citar en extenso, esta vez a nuestra Sor Juana:

Confieso también que con ser esto verdad tal que, como he dicho, no necesi-
taba de ejemplares; con todo, no me han dejado de ayudar los muchos que he

113
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

leído, así en divinas como en humanas letras. Porque veo a una Débora dan-
do leyes, así en lo militar como en lo político, y gobernando el pueblo donde
había tantos varones doctos. Veo una sapientísima reina de Sabá, tan docta
que se atreve a tentar con enigmas la sabiduría del mayor de los sabios, sin
ser por ello reprendida, antes por ello será juez de los incrédulos. Veo tantas y
tan insignes mujeres: unas adornadas del don de profecía, como una Abigaíl;
otras, de persuasión, como Ester; otras, de piedad, como Rahab; otras, de per-
severancia, como Ana, madre de Samuel; y otras infinitas, en otras especies de
prendas y virtudes.
Si revuelvo a los gentiles, lo primero que encuentro es con las Sibilas, ele-
gidas de Dios para profetizar los principales misterios de nuestra Fe; y en tan
doctos y elegantes versos que suspenden la admiración. Veo adorar por diosa
de las ciencias a una mujer como Minerva, hija del primer Júpiter y maestra de
toda la sabiduría de Atenas. Veo una Pola Argentaria, que ayudó a Lucano, su
marido, a escribir la gran Batalla Farsálica. Veo a [las hijas] del divino Tiresias,
[Manto, la vidente de Apolo, y Dafne, la sacerdotisa de Delfos,] más [doctas]
que su padre. Veo a una Cenobia, reina de los Palmirenos, tan sabia como va-
lerosa. A una Arete, hija de Aristipo, doctísima. A una Nicostrata, inventora
de las letras latinas y eruditísima en las griegas. A una Aspasia Milesia, que
enseñó filosofía y retórica y fue maestra del filósofo Pericles. A una Hipasia,
que enseñó astrología y leyó mucho tiempo en Alejandría. A una Leoncia, grie-
ga, que escribió contra el filósofo Teofrasto y le convenció. A una Jucia, a una
Corina, a una Cornelia; y en fin, a toda la gran turba de las que merecieron
nombres, ya de griegas, ya de musas, ya de pitonisas; pues todas no fueron más
que mujeres doctas, tenidas y celebradas y también veneradas de la antigüedad
por tales. Sin otras infinitas, de que están los libros llenos, pues veo aquella
egipcíaca Catarina, leyendo y convenciendo todas las sabidurías de los sabios
de Egipto. Veo una Gertrudis leer, escribir y enseñar. Y para no buscar ejem-
plos fuera de casa, veo una santísima madre mía, Paula, docta en las lenguas
hebrea, griega y latina y aptísima para interpretar las Escrituras. ¿Y qué más
que siendo su cronista un Máximo Jerónimo, apenas se hallaba el Santo digno
de serlo, pues con aquella viva ponderación y enérgica eficacia con que sabe
explicarse dice: Si todos los miembros de mi cuerpo fuesen lenguas, no basta-
rían a publicar la sabiduría y virtud de Paula. Las mismas alabanzas le mereció
Blesila, viuda; y las mismas la esclarecida virgen Eustoquio, hijas ambas de
la misma Santa; y la segunda, tal, que por su ciencia era llamada Prodigio del

114
Parte 1. Las que nos los dieron todo

Mundo. Fabiola, romana, fue también doctísima en la Sagrada Escritura. Pro-


ba Falconia, mujer romana, escribió un elegante libro con centones de Virgi-
lio, de los misterios de Nuestra Santa Fe. Nuestra reina Doña Isabel, mujer del
décimo Alfonso, es corriente que escribió de astrología. Sin otras que omito
por no trasladar lo que otros han dicho (que es vicio que siempre he abomi-
nado), pues en nuestros tiempos está floreciendo la gran Cristina Alejandra,
Reina de Suecia, tan docta como valerosa y magnánima, y las Excelentísimas
señoras Duquesa de Aveyro y Condesa de Villaumbrosa.51

Sor Juana sabía que no era ni sería la única. Sabía, además y “para no bus-
car ejemplos fuera de casa”, de los privilegios que le implicaban su condición
de criolla y su clase; siendo hija cuya familia materna no vivía en precariedad,
“gozó de la protección y del apoyo de los virreyes de ese periodo, lo que le
permitió moverse con mayor libertad en un espacio negado para las mujeres y,
después, porque mantuvo un diálogo directo con el poder eclesiástico, lo que
se tradujo en persecución y censura cuando explicitó su bagaje intelectual.”52
No dejará de ser suficiente recordar que el destino de las mujeres se limi-
taba a ser hijas, esposas, madres, viudas; y al convento, el espacio de huida de
aquello, paradójicamente sólo “podían ingresar las españolas y mestizas que
contaban con una dote, en tanto que las españolas pobres y mujeres de las castas
[y las] desprestigiadas por la pérdida de su virginidad tuvieron como alternativa
para sobrevivir las relaciones de concubinato o de prostitución”.53 Sor Juana
sabía que era de las pocas afortunadas, mas no por ello se mostraba indiferente
con sus congéneres mujeres. Sabía lo que hoy repetimos al unísono: ellas so-
mos nosotras, nosotras somos todas. Démosle la palabra:

y al fin resuelve [el venerable Doctor Arce], con su prudencia, que el leer pú-
blicamente en las cátedras y predicar en los púlpitos, no es lícito a las mujeres;
pero que el estudiar, escribir y enseñar privadamente, no sólo les es lícito, pero
muy provechoso y útil; claro está que esto no se debe entender con todas, sino
con aquellas a quienes hubiere Dios dotado de especial virtud y prudencia y

51 Sor Juana Inés de la Cruz, 405: “Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz”, Obras
completas, 839-840. Las negritas son mías, para especialmente destacar los nombres de las mujeres a las
que Sor Juana ofrenda reconocimiento.
52 Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 264.
53 Noemí Quezada citada en Rivera López, “Modelo de feminidad del siglo xvii...”, 268.

115
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

que fueren muy provectas y eruditas y tuvieren el talento y requisitos necesa-


rios para tan sagrado empleo. Y esto es tan justo que no sólo a las mujeres, que
por tan ineptas están tenidas, sino a los hombres, que con sólo serlo piensan
que son sabios, se había de prohibir la interpretación de las Sagradas Letras,
en no siendo muy doctos y virtuosos y de ingenios dóciles y bien inclinados;
[...] porque hay muchos que estudian para ignorar, especialmente los que son
de ánimos arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la Ley
(que es quien las rehúsa); y así hasta que por decir lo que nadie ha dicho dicen
una herejía, no están contentos. De éstos dice el Espíritu Santo: In malevolam
animam non introibit sapientia. A éstos, más daño les hace el saber que les hi-
ciera el ignorar. Dijo un discreto que no es necio entero el que no sabe latín, pero
el que lo sabe está calificado. Y añado yo que le perfecciona (si es perfección la
necedad) el haber estudiado su poco de filosofía y teología y el tener alguna
noticia de lenguas, que con eso es necio en muchas ciencias y lenguas: porque
un necio grande no cabe en sólo la lengua materna.
A éstos, vuelvo a decir, hace daño el estudiar, porque es poner espada en
manos del furioso; que siendo instrumento nobilísimo para la defensa, en sus
manos es muerte suya y de muchos. [...]
¡Oh cuántos daños se excusaran en nuestra república si las ancianas fueran
doctas como Leta, y que supieran enseñar como manda San Pablo y mi Padre
San Jerónimo! Y no que por defecto de esto y la suma flojedad en que han
dado en dejar a las pobres mujeres, si algunos padres desean doctrinar más
de lo ordinario a sus hijas, les fuerza la necesidad y falta de ancianas sabias, a
llevar maestros hombres a enseñar a leer, escribir y contar, a tocar y otras ha-
bilidades, de que no pocos daños resultan, como se experimentan cada día en
lastimosos ejemplos de desiguales consorcios, porque con la inmediación del
trato y la comunicación del tiempo, suele hacerse fácil lo que no se pensó ser
posible. Por lo cual, muchos quieren más dejar bárbaras e incultas a sus hijas
que no exponerlas a tan notorio peligro como la familiaridad con los hombres,
lo cual se excusara si hubiera ancianas doctas, como quiere San Pablo, y de
unas en otras fuese sucediendo el magisterio como sucede en el de hacer labo-
res y lo demás que es costumbre,
Porque ¿qué inconveniente tiene que una mujer anciana, docta en letras y de
santa conversación y costumbres, tuviese a su cargo la educación de las donce-
llas? [...] Y todos conocen que esto es verdad; y con todo, se permite sólo por el
defecto de no haber ancianas sabias; luego es grande daño el no haberlas. Esto

116
Parte 1. Las que nos los dieron todo

debían considerar los que atados al Mulieres in Ecclesia taceant, blasfeman de


que las mujeres sepan y enseñen; como que no fuera el mismo Apóstol el que
dijo: bene docentes. Demás de que aquella prohibición cayó sobre lo historial
que refiere Eusebio, y es que en la Iglesia primitiva se ponían las mujeres a en-
señar las doctrinas unas a otras en los templos; y este rumor confundía cuando
predicaban los apóstoles y por eso se les mandó callar; como ahora sucede, que
mientras predica el predicador no se reza en alta voz.54

La enseñanza entre mujeres y para mujeres es uno de los legados de Sor


Juana. En esa sintonía estamos nosotras, seguidoras sin la categoría de sorjua-
nistas que estudiamos a Sor Juana en su Claustro, (re)viviéndola, impulsadas
por ella, con el afán de atender lo que Tenorio expresó: “Humildemente puedo,
yo, también, dar testimonio de esa fascinación: es apasionante ir descubriendo
lo que las sucesivas generaciones vieron en Sor Juana, cómo la leyeron, qué le
elogiaron, qué le criticaron, como bandera de qué ideología la usaron”.55
Entonces, ¿cuál deseamos que sea la línea de investigación entre las per-
sonas estudiosas de Sor Juana? Sería prudente atender a lo que nos advierte
la propia Tenorio: “en los últimos años ha habido una avalancha de estudios
sorjuaninos, pero estos trabajos no han constituido ningún aporte o avance
sustancial en el estudio de Sor Juana; al contrario, debido a su carencia de ri-
gor y a su desafortunada búsqueda de novedad, han desdibujado la obra de la
monja”.56 Acaso en esta aguda crítica radique la vigencia de Sor Juana.
Incluso hoy, a trescientos años de haberse publicado sus escritos, consi-
dero que revisar la vigencia de nuestra monja puede ser también una línea de
investigación de orden académico, pero, sobre todo, político. La escritora y
sorjuanista mexicana Lourdes Aguilar Salas al respecto reflexiona en que

[u]na postura logocentrista nos diría que no existe nada detrás del lenguaje es-
crito, del texto, del poema, de la foto, de la selfie. Ya en el siglo xxi la realidad
misma es cuestionada [en cuanto] existencia ontológica. El vacío absoluto
se quiere llenar con las pantallas (los fantasmas), con las imágenes [...] Pare-
ciera que hay una incapacidad de la razón y de los sentidos para reconstruir y
reconocer la realidad. Es difícil ir del pensamiento contrarreformista barroco

54 Sor Juana Inés de la Cruz, 405: “Respuesta...”, Obras completas, 840-842.


55 Tenorio, “A propósito de Sor Juana a través de los siglos”, 505.
56 Ibid., 522.

117
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

al pensamiento de la filosofía actual. Sin embargo, algo nos une con la época
de Sor Juana: el engaño. En la llamada posmodernidad, la mercancía, el mer-
cantilismo fetichista o simplemente el dinero nos ha llevado a combinar (por
no decir a confundir) el sujeto del objeto que construía los conceptos. La exis-
tencia de la realidad, de la persona, de la imagen, nos lleva a tener una lectura
actualizada del “engaño colorido”.57

“Engaño colorido”: se trata del tema de uno de los sonetos filosófico-mo-


rales de Sor Juana:

Este que ves, engaño colorido,


que del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido


excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,


es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,


es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.58

Una vez más y como siempre, Sor Juana nos increpa, nos llama a cuestio-
narnos en pleno siglo xxi. “Ya había demostrado que el mundo de los sentidos
no era necesariamente teocéntrico; ella y su poesía tuvieron la duda del ser,

57 Lourdes Aguilar Salas, “Del engaño colorido al engaño posmoderno”, en Inundación Castálida, vol. 4,
núm. 9 (México: Universidad del Claustro de Sor Juana, 2019), 119-123, [Link]
[Link]/inundacion_castalida/article/view/683/1350
58 Sor Juana Inés de la Cruz, 145: “Procura desmentir los elogios que a un retrato de la poetisa inscribió la
verdad, que llama pasión”, Obras completas, 134.

118
Parte 1. Las que nos los dieron todo

del existir y del permanecer en la realidad versus la vida no real –hoy, la vida
virtual–. El mundo actual de la ciencia, la tecnología y el internet nos pone
frente a frente con el fantasma de nuestra selfie. ¿Qué pensaría Sor Juana si
nos viera tomándonos a diario ingente cantidad de ‘engaños coloridos’? Sirvan
estas líneas de reflexión para abonar en nuestra respuesta”.59
Cuántas posibles respuestas por intentar en torno a cómo interpretamos,
representamos y actuamos a Sor Juana, acerca de cuál es la Sor Juana que cada
una quiere para sí a la luz de nuestras actuales prácticas feministas, en tiem-
pos de la (incipiente) cuarta ola del feminismo. Posibles respuestas que nos
llevarían a más preguntas. Sirva mi aportación para rescatar qué queremos de
nuestra Sor Juana, o, mejor aún, qué de nosotras mismas teniendo como guía
luminosa lo que creemos que quisiera ella de nosotras.

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?


¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas;


y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi pensamiento
que no mi pensamiento en las riquezas.

Yo no estimo hermosura que, vencida,


es despojo civil de las edades,
ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor, en mis verdades,


consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.60

59 Lourdes Aguilar Salas, “Del engaño colorido al engaño posmoderno”. En Inundación Castálida, (Número
9, 2019), 122-123.
60 Ibid, 146: “Quéjase de la suerte: insinúa su aversión a los vicios y justifica su divertimiento a las musas”,
Obras completas, 134-135.

119
Parte 2
En primera persona:
ser (en) nuestro cuerpo
Habitar la palabra

Natalia Simoncini

Cuánto trabajo para una mujer saber quedarse sola y envejecer.


Gloria Martín

Hay un punto mudo en la palabra. Late en su penumbra bien visible


entre una pretendida libertad y un desconocimiento. Acaso de allí no
se salga sino hablando para producir otro silencio. Uno que cante,
pinte, escriba. Uno que nos toque y despierte en lo que se revela como
un golpe fuera de decir y callar.
Natalia Sordi

Soy esta mujer que canta. Mi voz canta, y al cantar


soy canto de otras voces y vocera de múltiples
palabras, de estos y otros tiempos

En la música habilito un nuevo registro de aquellas voces que, si


bien se escribieron y luego se leyeron, quedaron quietas, algu-
nas más que otras, en ciertos círculos y espacios no tan transita-
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

dos ni oídos. Historias en forma de verso y en forma de prosa que dan cuenta
de otros tiempos, de otras mujeres, de otros circuitos, de ciertos privilegios, de
específicos espacios de formación y pertenencia.
Siguiendo una línea imaginaria en el tiempo, podemos pensar que no
siempre la voz de las mujeres fue escuchada, ni por ellas mismas. No era co-
mún para las mujeres acceder a la educación ni a la ciencia, ni a la política,
ni a las artes. Las mujeres poetas que he elegido y cuyos poemas hasta aho-
ra he musicalizado representan para mí esos primeros decires, esas prime-
ras palabras que tímidamente comenzaron a decir otras cosas. Y aunque ellas
emergieron de espacios o posiciones privilegiadas alejadas de lo popular (por
describirlo de alguna manera), como colectivo no son la excepción entre las
vulnerabilidades propias del género.
Con respecto a mí, no sé si es el arte lo que yo elijo o si el arte me elige. La
música no se separa de mi modo de ser en la vida. Confluyen palabras, poesía,
melodías, paisajes, historias, experiencias en toda mi humanidad. Entiendo,
problematizo y me interpelo. No sería posible pensarme como mujer en el arte
fuera de mi contexto, de mi historia, de mi identidad, de mi percepción del
mundo, de mis afectos, de mis fragilidades.
Imagino el sonido de las obras de arte al llegar a ellas. Si son pinturas,
como las de una de las mujeres pioneras que trascendieron en las artes plás-
ticas, Frida Kahlo, siento cómo su vida estuvo marcada por la paradoja y la
tragedia. En el caso de la literatura, al leer, investigar y musicalizar a mujeres
escritoras inmersas en culturas tan diversas entre sí se fue fundando casi un
mismo canto que se asemeja en orillas y costados. Así sucedió con Silvina
Ocampo, quien residió en Villa Ocampo junto a su hermana Victoria y Adolfo
Bioy Casares, en aquella ciudad atlántica del sur de Argentina, en el Mar del
Plata. Allí recibían a otros escritores, a artistas e intelectuales de la época. La
poesía de Silvina, así como la de otras autoras, parecen para mí tener un men-
saje encriptado. En su poema “Las huellas” encontré una historia de amor y
amistad entre Silvina y Gabriela Mistral. Es decir, ese poema tendría por des-
tinataria a la poeta chilena, con quien mantuvo un vínculo epistolar durante
veinte años, aunque en tan sólo dos ocasiones pudieron reunirse, frente a las
costas del mar argentino. Y esto digo en mi canción:

124
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Huellas

A orilla de las aguas,


en la luz del suelo unidas
como si juntas caminaran
parecería que se amaran.1

En el caso de la escritora mexicana Rosario Castellanos, elegí componer


una canción inspirada en su vida de soledad. En ella, pareciera interpelar al mie-
do, a la incertidumbre, a la memoria, como expresa Rosario en muchos de sus
versos. El eje de su obra, que abarca todos los géneros literarios, incluyó también
la defensa de los derechos de la mujer, lo que la convirtió en un símbolo del fe-
minismo en Latinoamérica. La mía es una canción de cuna para la poeta:

Soledad

Es grande el mundo,
del tamaño del miedo
Es largo el tiempo,
largo como el olvido.2

Uno de los más recientes poemas que he escogido para musicalizar es


“No quisiera que lloviera”, de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, exiliada
hace más de cuarenta años en Barcelona, España. Ella conjuga el desamor, el
desarraigo y la desesperación, y yo tomo algunos de sus versos:

No quisiera que lloviera

No quisiera que lloviera


en esta ciudad sin ti
no quisiera que lloviera

1 Véase en [Link]
2 Véase en [Link]

125
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

La literatura me mató
y te le parecías tanto.3

Hasta el momento he elegido un puñado de poemas y sigo trabajando en


una lista considerable. Algunos están firmados con pseudónimos masculinos
para, como bien sabemos, poder existir o hacerse visibles. Muchas de mis es-
critoras son francesas e inglesas. Las que he elegido pertenecen a un periodo
de la historia de la literatura que va de 1840 a 1960.4 Las primeras razones,
los motivos, las causas por las cuales las elijo son que hacen despertar en mí
imágenes, y luego, sonidos. Y así se van sucediendo en inmensas posibilidades
de orquestar y conformar una nueva forma de decir lo dicho por ellas, como
suele pasar cuando leemos y nos identificamos e imaginamos protagonistas.
Mi manera de leer implica melodías y armonías. Esos versos han ido flo-
reciendo en mí como palabras acomodadas musicalmente. Y entonces realizo
una síntesis entre mi subjetividad y la de las poetas. Intento acortar la distancia
y empatizar desde esta que soy con aquellas que fueron. Intento que esas pa-
labras que leo me transporten a sus espacios y afectos y contextos. Intento ser
parte de sus historias. Como ya he dicho, para mí las palabras tienen música,
aunque tantas se me escapan, se me escurren, pero eso me pasa con las mías. Y
en ese punto se mezclan lo propio y lo externo, confluyendo lo que en mí ha-
bita y habitando lo de ellas. Y me permito habitar lo que recibo, con sonidos,
y en mi canto entonces vuelven a ser vigentes palabras anteriores, antiguos
sentires, dolores y cantares. Las orillas se asemejan en vivencias y paisajes de
afectos, en opresiones, renuncias y silencios, aunque los momentos y las regio-
nes sean lejanas. Llegan nuevos tiempos, con otros colores. Nuevas mareas que
bañan muchas más realidades que pequeñas islas.
Hoy más mujeres hemos tomado la palabra. Se escucha, se escribe, se
denuncia, se grita y se canta. Hemos ido abriendo otras compuertas, otras li-
bertades, otras decisiones. Se dice, se explicita. Los cuerpos se hablan, se mue-
ven. No se calla igual, no se canta igual. Dos ejemplos extraordinarios son Las
Tesis, en Chile, con Un violador en tu camino, y Vivir Quintana, en México,
con La canción sin miedo. Son ellas y son cientos, miles de mujeres que alzan
sus voces y construyen un nuevo modo de decir.

3 Véase en [Link]
4 Déborah Daich y Diana Helena Maffía, integrantes de la Colectiva de Antropólogas Feministas (caf), del
Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires.

126
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Cantamos sin miedo, pedimos justicia,


gritamos por cada desaparecida.
Que resuene fuerte “¡Nos queremos vivas!”
¡Que caiga con fuerza el feminicida!
[...]

Soy Claudia, soy Esther y soy Teresa,


soy Ingrid, soy Fabiola y soy Valeria,
soy la niña que subiste por la fuerza,
soy la madre que ahora llora por sus muertas
y soy esta que te hará pagar las cuentas.5

Son, serán nuevos los desafíos. Sin embargo, no todo está dicho, ni visto
ni oído. Estos tiempos de muchas más palabras dejan poco margen para el
otro, otra, otre. Poco margen para la imaginación, para la angustia, para la
espera, para la metáfora, para el resto. Y así vemos recrudecidas las formas de
violencia en un contexto de mayor abundamiento de leyes de protección en
los territorios.
Que hoy sea más fácil decir, convocadas a unirnos en gritos semejantes,
no implica necesariamente que las transformaciones se hayan alcanzado en
el nivel estructural de la sociedad. Los escenarios de desigualdad y opresión
se visten con otros colores y otras telas, pero permanecen todavía. Tal como
explica la antropóloga argentina Rita Laura Segato en su libro La guerra contra
las mujeres, durante la reciente década esa beligerancia ha implicado tres ám-
bitos principales: patriarcado, Estado moderno y violencia.6 Recorre años de
investigaciones e interpretaciones de las realidades pasadas hasta las contem-
poráneas, como la violencia extrema contra cuerpos feminizados cuando hay
situaciones de conflicto armado, señalando la raigambre patriarcal de actos
que no son sino demostraciones públicas de dominio y de poder masculinos.
Los movimientos feministas transversales en tiempos y espacios han ido
generando otros sentimientos de comunidad, de sororidad. Los colectivos que
encarnan luchas y revoluciones levantan banderas en las cuales se esbozan
nuevas voces que, como otrora hicieron las poetas, nombran necesidades ur-

5 Vivir Quintana, La canción sin miedo, con El Palomar, video de YouTube, publicado el 07 de marzo de
2020, en [Link] (Consultado el 24 de julio de 2023).
6 Rita Laura Segato, La guerra contra las mujeres (Madrid: Traficantes de sueños, 2016).

127
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

gentes. Tenemos poetas, actrices, músicas y cantoras; también artistas popula-


res, movimientos culturales, organizaciones barriales y de mujeres que tienen
discurso propio y a las que habitan otras palabras. No podemos más que unir-
nos todas en un solo grito, en una voz común: una marea del feminismo que
actualmente crece, avanza y baña de sororidad historias silenciadas, décadas y
siglos de opresión e inequidad. Por supuesto que eso implica otros riesgos, otras
rupturas, otras formas de arte, otras maneras de construir, otros desafíos. Como
mujer, como docente y como artista me atañe, me incluye, me convoca.
Hoy las calles son tomadas por una gran ola de mujeres, la gran marea
verde, que sobre todo en Argentina tiene corrientes y contracorrientes. Plu-
ralidad de feminismos se hacen escuchar, pisan veredas, ponen sus cuerpos y
portan un pañuelo verde como icono y bandera para denunciar y reclamar por
sus derechos. Entre ellas me mezclo y canto versos a su lado, compartiendo
espacio y tiempo. Habilitamos juntas la palabra libertad, de otra manera.
Y aquí me detengo un poco para declarar, haciendo hincapié, que hay una
grieta muy grande respecto de aquellas mujeres que han sido dejadas caer del
tejido social y respecto de otras vulnerabilidades a las que se les suma la de géne-
ro: la pobreza y la feminización de la pobreza, las mujeres a cargo de hogares,
las mujeres que tienen discapacidades, las mujeres que están en penales, las
mujeres en situaciones de encierro y en hogares de protección, las mujeres en
cualquier espacio bajo condiciones perversas y de lógica patriarcal que re-
producen y magnifican la inequidad y la injusticia.
Marcela Lagarde y de los Ríos, antropóloga feminista mexicana, en su libro
Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas define
políticamente a las mujeres en la relación específica con el poder, que se carac-
teriza por la privación de la libertad, por la opresión: “Las mujeres están cautivas
porque han sido privadas de autonomía vital, de independencia para vivir, del
gobierno sobre sí mismas, de la posibilidad de escoger y de la capacidad de
decidir sobre los hechos fundamentales de sus vidas y del mundo”.7 Así, en el
caso de los penales, muchas mujeres se encuentran presas por delitos menores
pero obligadas a cumplir condenas desproporcionadas, con castigos que rayan
en crueldad y tiempos absurdamente prolongados dictados por sus propios
agresores.

7 Marcela Lagarde y de los Ríos, Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas
(Ciudad de México: pueg-unam, 2005).

128
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Comparto experiencias desde hace muchos años en Argentina, tanto en


políticas de género en espacios gubernamentales como en proyectos de coo-
peración, junto a equipos interdisciplinarios que incluyen profesionales de la
salud mental, del trabajo social y del derecho. Y allí me encuentro con que
tienen un pacto de sororidad las mujeres encarceladas, muchas con edades por
debajo de los treinta años, que han aprendido que se tienen a sí mismas y entre
sí. Entre ellas y entre rejas y entre paredes, cantan, tejen, pintan, sueñan y se
preguntan qué mundo les espera cuando se cumplan sus sentencias y salgan.
Le cantan a la libertad y a la vida, le cantan al amor, a sus hijes, y a veces cantan
buscando que la justicia las alcance.
Entre ellas y otras víctimas, puede que mi canto se transforme en otra cosa,
en herramienta, y que mi voz amortigüe pesares y sea puente entre historias de
mujeres a las que la desigualdad, la violencia y el desarraigo han empujado a
habitar oscuros espacios de soledad. Desde el repertorio testimonial que he ele-
gido para cantar hasta mi trabajo en grupos de acompañamiento para el fortale-
cimiento de mujeres en situación de vulnerabilidad, tanto en mi país de origen
como en México, tanto en las cárceles y los refugios como en los organismos
indigenistas,8 todo forma parte de mi realidad personal y en todo voy descu-
briendo cómo en el despliegue de un sentimiento sororo y de comunidad puede
abrazarse colectivamente un sueño tan profundo que hasta puedan atravesarse
muros, rejas y medidas de seguridad.
En grupo, trabajamos e intentamos llegar a ellas, para escuchar sus pa-
labras. Las de cada una: habladas, gritadas y cantadas. Suele pasar que el si-
lencio ocupe un lugar para decirnos muchas cosas. La propuesta siempre es
construir, compartir un solo canto, que nos abrace, que nos represente y que
nos iguale. Desde los más íntimos, oscuros y antiguos silencios hasta intentar
drenar desorganizados llantos. Todo puede formar parte de un canto que nos
identifique, nos conmueva y nos represente, aunque esté lejos de aquellos can-
tos escritos a partir de la poesía.
Ellas, éstas, nosotras cantamos igual con un canto que se asemeja al de
otros siglos, con un cansancio en la piel y en la voz, con los cuerpos y las cuer-
pas dolidas y castigadas; asustadas, ensimismadas, mutiladas, a veces silencia-
das por la opresión y la desesperanza.

8 Colaboro con la Red Nacional de Refugios (rnr) y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (inali),
ambos en Ciudad de México, y el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (celali), en
Chiapas.

129
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Muchas fácilmente dicen y otras, tímidas, escuchan, pero las palabras


vuelan traspasando los muros, que les recuerdan e insisten en recordarles que
son las víctimas. Sus voces se elevan y denuncian un más allá que las ignora
y las olvida. Y les vuelven a cantar a los amores, a eses hijes que no pudieron
ahijar, a las libertades, a lo que quisieron ser, a lo que dejaron afuera, a lo que
perdieron al entrar, a lo que le temen al salir, a lo que todavía sueñan. Y tanto
me enseñan...
La pandemia, como seguramente imaginan, reforzó el grosor de las pa-
redes y aisló más de la cuenta algunas historias. Privadas doblemente de lazos
más allá de sus antiguas privaciones, esos espacios no elegidos las impulsan
directamente a ocuparlos. Allí, ellas dicen y son invitadas a cantar. Y yo allí
con ellas, intentando decirles y compartirles mi manera de trabajar, lo más
mío que tengo: mi música. Y este nudo que ahora mismo se me hace en la
garganta mientras escribo porque me faltan las palabras y porque me aborda
una inmensa emoción es el nudo que ellas me cuentan que sienten cuando les
pido que hagan el esfuerzo por cantar. Como si pudiese dejarse de lado lo que
anuda y oprime, lo que falta y acosa como presencia o ausencia. Y, aun así,
conmocionadas, angustiadas, desesperadas, cantan, cantamos.
Sucede que nos abrazamos en una manera arcaica de consolarnos, res-
catarnos y arrullarnos cual canción de cuna. Con otra forma, con otro texto,
con otro margen de metáforas, las mujeres alzamos la voz y entrelazamos los
sueños, hacemos ruido, ocupamos espacio, como las chamanas y las brujas de
la historia. La música es el lenguaje más común que encontramos para sanar,
para crear, para amar, para compartir construyendo, siendo y formando parte
de un colectivo mayor que hoy nos abraza como nunca antes.
Agradezco a la académica, cantante y productora Araceli Matus, por
aceptar revisar mi ensayo y aportar sus sugerencias. A la psicóloga y cantante
Mariana Pedrocco, por alentarme y guiarme en el camino de las subjetivida-
des. A la académica Melissa Fernández Chagoya, por convocarme a participar
en este libro.

130
El legado Salander

María Teresa Garzón Martínez

Dedicado a todas las amigas que han emprendido otro viaje, a otros
mundos, incluyendo a Tatis.
Puede que haya hombres grandes como casas y hechos de granito,
pero siempre llevan las bolas en el mismo lugar.
Lisbeth Salander

La muerte

La muerte respetada y venerada. La muerte amiga y enemiga. La


muerte siempre está desnuda de sentimientos y llena de signifi-
cados. Fito Páez dice que la muerte es celosa y es mujer, y tal vez
sea cierto. Cierto en un mundo donde puedes decidir morir por
mano propia, o morir de vieja o morir cuando el destino lo haya
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

decidido. Morir, en ese mundo, es un descanso, un darte la oportunidad de


aventurar otros universos, de ser otra cosa, un trascender de alguna manera,
saberse en fuga o, simplemente, poner un punto final. Morir es un suspirar, en
un suspirar. Pero estas muertes que vivimos en este mundo de hoy –el mundo
que para bien y para mal nos toca habitar– no son “mujer” y no son “celosa”.
¡No ofendas a la muerte hablando mentiras de ella! Sabemos que nos enfren-
tamos a la muerte macho: una muerte sin sentido, una muerte secuestrada por
el poder, una muerte hecha de granito, una muerte sistemática y sistematizada
que nos está arrebatando la vida, nuestras existencias singulares y plurales.
Esta mala muerte, esta que arranca y desgarra, esta que nos obliga a morir los
viernes a manos del sistema opresor y sus diferentes rostros. Tú dime, “¿tiene
ánimos aun de esto?”.1
“¿Qué más podemos hacer?”, me preguntó una amiga hace muchos años,
cuando nos enfrentábamos a las cifras desgarradoras de la violencia contra las
mujeres en el territorio que habitamos: México. Por aquella época, se reporta-
ba desde fuentes oficiales el feminicidio de una mujer por día, pese a las políti-
cas públicas, pese al movimiento social de mujeres, pese a la aspiración de una
“vida libre de violencias”, pese a todo nuestro ser y hacer individual y colectivo.
Hoy, la cifra se ha multiplicado. Y ya no podemos hablar de un sistema opresor
a secas, debemos dar nombre a esto: guerra. Una guerra contra las mujeres que
nos extermina de muchas formas: corporal, simbólica, económica, subjetiva,
laboralmente, y que no se sacia con “mujeres”, sino que ahora va por todo
lo demás: líderes, pensadoras, rebeldes, artistas, organizadas y organizadoras,
niñas, jóvenes, viejas. Tú dime, ¿qué es morir en México? Porque todas hemos
muerto aquí de alguna forma que siempre es dolorosa. Todas hemos perdido
alguna batalla.
“Es la mentira piadosa de la vida”, dice mi amiga Torrente. A eso nos en-
frentamos y con eso debemos lidiar. Corazón mil veces arrugado y quinientas
veces planchado para volver a llorar la pérdida. No tengo palabras de alivio, ya
no. Esa marca de la muerte macho se transforma en virus que invade toda es-
critura, todo ejercicio de denuncia, todo intento de justicia. Empero, tenemos
un legado de lucha que debemos honrar como mujeres y como feministas. En
el mundo, antes de los ciclos de la muerte, la guerra nos fue ajena, no así la
respuesta que apuesta por la vida. Y aunque a veces nos sentimos extrañas en
1 Fragmento del poema “Morir en México”, de Lobx Au Au. Circula en forma de fanzine, publicado en 2017
por Bloke Papelero Transhumante. Contacto: palabraslab@[Link].

132
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

un mundo deyecto, ya no tenemos miedo, aunque sí mucho coraje en su doble


sentido: rabia y valentía. Entonces, con el estómago apretado decimos una vez
más: ¡Basta! No nacimos para sobrevivir, nos recuerda Audre Lorde, nacimos
para vivir. Desde este resquicio de esperanza, aquí quiero vagar narrativamen-
te sobre la herida y aquella que inspiró en mí una cura para, de alguna manera,
apostar a un camino simbólico, imaginario y material de protección del noso-
tras que siempre es colectivo y polifónico y así, tal vez, mirar a los ojos a esta
mala muerte a ver si me atrevo a preguntarle “¿para qué todo esto?”.2

Maldito Face

Crecí en esa generación bisagra que debió aprender a manejar computadoras y


teléfonos celulares porque no tenemos el “chip incorporado”. En mis épocas de
juventud no existía el Facebook y los chismes se transmitían de otra forma. A
final de cuentas, no sé qué es ese dispositivo llamado red social: un mecanismo
súper sofisticado de espionaje, un rector de la vida a través de la cibernética,
una ayuda terapéutica o un simple entretenimiento. Pero nada nunca es sim-
ple entretenimiento. Las herramientas de comunicación siempre rebasan su
primer objetivo y devienen otra cosa. Forma de denuncia, por ejemplo. Y el
Face se alimenta de eso: la denuncia que se vuelve viral, que afecta de algún
modo a quien es su receptor y que, a través de su propio régimen visual, cons-
truye una hiperrealidad que es diferente y similar a lo que se experimenta
fuera de la red desde su propia literalidad.
“Violó a su hija de días de nacida y le destrozó todos sus huesos”, “la
mató por celos una semana después de su boda”, “se encuentra cadáver de
una mujer desconocida”, “la asesinaron a golpes”, “joven desaparecida”, “niña
desaparecida”, “otro feminicidio”, “líder social muerta”... Éstos son ejemplos de
los titulares que aparecen a diario publicados en el Face y que me han hecho
odiar dicha plataforma. “No se trata de un loco asesino en serie que haya en-
loquecido de tanto leer la Biblia. Simplemente [son] más de esos cabrones que
siempre han odiado a las mujeres”,3 dirá, con razón, Salander –la chica de las

2 Lobx Au Au, “Morir en México”.


3 Las citas que hacen referencia a la voz de Lisbeth Salander son tomadas de diversos portales, videos, pelí-
culas y libros. Se mantienen de esta forma pues el presente texto es más un ensayo creativo, performático,
que un texto académico.

133
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

dos neuronas y el dragón en la espalda–.4 Y agregará: “éste es un dolor al que


una se acostumbra de tanto repetirse”. “¡Maldito Face!”, exclamo a diario en un
intento absurdo de transformar el código, de hackear, de hacerle decir cosas
bellas, por ejemplo, que todas las amantes seremos inmortales. Se supone que
las redes sociales se definen por su naturaleza banal, pero estos titulares no
tienen nada de banal. Aquí no hay diversión, sólo constatación. Y si el Face es
tanto comunicación como mediación y control, a qué nos enfrentamos aho-
ra, en esta hiperrealidad que hiperboliza el dolor, el sufrimiento y el desga-
rro. Una pantalla etnográfica que da cuenta de la “reactivación de la caza de
brujas”, como la llama Silvia Federici. “Dios, después de todo, se mantiene al
margen de esto”.5
Sin embargo, muy a pesar de todas las muertas de las cuales el Face da
cuenta a diario, si hay guerra es porque hay respuesta de la resistencia, y vi-
ceversa. Lo anterior es también una linda hipótesis que me regaló Federici.
Esto nos ubica en otro lugar, en el sabor del café de mediodía, en el tener que
limpiar el baño, en el equivocarse de chat al mandar el mensaje por el Whats
–primo cercano del Face, pero más feo–, en el segundo de placer, en el cerrar
los ojos e imaginar la luna llena, en el decir “hoy no”. A pesar de las muertas la
vida sigue y la lucha no cesa, no para las mujeres que han decidido pelear por
“nosotras”. Un “nosotras” abstracto, plagado de relaciones de poder, jerarquías
y diferencias. Tan arbitrario como su mismo significante pero con olor a meta,
a punto de llegada, aunque en realidad sea muchos puntos de partida. Si to-
can a una nos tocan a todos pues es la única forma de aprender del daño del
impacto y enviar como advertencia un mensaje certero. Devenir hacker, inter-
venir el mundo, hacerlo nuestro, transformar el código del despojo. Según el
ataque, según la respuesta. Eso es seguro.

4 Lisbeth Salander es uno de los personajes protagonistas de la trilogía Millennium de Stieg Larsson, com-
puesta por las novelas Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor, 2005), La chica
que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Flickan som lekte med elden, 2006) y La reina en el
palacio de las corrientes de aire (Luftslottet som sprängdes, 2007). Todas tienen su respectiva versión cine-
matográfica.
5 Afirmación de Frank Castle, personaje de The Punisher, serie estadounidense creada en 2017 para Netflix
por Steve Lightfoot, basada en el personaje de Marvel Comics del mismo nombre.

134
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Extrañas relaciones

No alcanzan ni el tiempo ni la vida para ser ingenuas. El “nosotras” no incluye


a todas y no tiene por qué. No existe nada en nuestros cuerpos, en nuestras
opresiones, que nos hagan “hermanas en la lucha” per se. Somos cuerpos con
historia, lo que, en palabras de Aura Cumes Simón, significa que hemos sido
creadas, producidas, moldeadas por relaciones de poder. El patriarcado se
vuelve hueso, músculo, corazón y neurona. El poder, deseo. También, el pa-
triarcado se vuelve democracia, lenguaje inclusivo, el “gran proyecto” del que
tod@s somos parte, pero no las feministas. Ellas –las feministas– ni siquiera
en sus propios espacios, en contextos como la academia provincial –la ciudad
de los pobres corazones–, tienen un lugar, una voz, un liderazgo. Sólo perse-
cución, desprestigio, robo de su genialidad.
Así las cosas, evacuar el patriarcado de ti misma puede implicar morir a
lo humano y renacer en lo monstruoso, perra rabiosa que “muerde y no pela el
diente, contundente, mordaz, violenta si se quiere”.6 Todo amor apesta, toda
solidaridad, toda descolonialidad, toda sororidad si no se construye desde la
conciencia del poder y sus dispositivos. Créeme cuando te digo que Pierre
Bourdieu no te ayudará en esto, como no te ayudará ningún pensamiento
“crítico” nacido del androcentrismo y el eurocentrismo. Ninguna guerra se
gana sin conocimiento y, pese a que es fundamental conocer las “herramientas
del amo”, es cardinal –cardial elevado a la n veces– conocer nuestros conoci-
mientos, saberes, armas. “No puedes llevar una navaja a un tiroteo”.7 Por ello,
producir conocimiento feminista es una tarea que no se puede delegar a cual-
quiera que no tenga la humildad para aprender ni la tenacidad para hacerlo, y
menos cuando ese conocimiento implica la sobrevivencia de todas. Esto es un
trabajo 24 × 7. La defensa personal feminista también lo es. Cuando la moti-
vación se agota, la disciplina nos salva.
Una vez, supe de una investigación sobre feminicidio en el sur de los su-
res globales. Sus responsables: mujeres que creen que todo lo pueden porque
tienen títulos de doctorado y que eso es suficiente para pararte frente a un
grupo de jóvenes y enseñarles qué es el feminismo –cuando las jóvenes, a su
corta edad, ya son, hacen, sienten feminismo; es decir, tienen más trayecto-
ria–. ¿Feministas blancas académicas hegemónicas? Peor, porque por lo me-
6 A propósito, ver la Revista Vozal, disponible en [Link]
7 Frank Castle, The Punisher.

135
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

nos se hubieran preguntado por la relevancia de generar conocimiento sobre


feminicidio en un contexto geopolítico en terrible crisis. Pero no: su ambición
radicó en publicar libros –que no aportan nada al tema–, artículos –que no
aportan nada al tema–, viajes al exterior a congresos –que no aportan nada al
tema– y sni.8
Para sostener la farsa, se establecieron relaciones de apoyo al patriarcado
local. “Extrañas relaciones” en las que sólo los machos ganaron en términos
políticos, académicos y sexuales. Algunas veces se menosprecia el actuar del
oportunismo fálico. A propósito, se nos ha impuesto el silencio que encubre
las historias únicas y las versiones hegemónicas de los pobres poderes machos.
Silencio estratégico, también, puesto que, al igual que Salander, “a lo largo de
todos estos años he tenido muchos enemigos y hay una cosa que he aprendi-
do: nunca entres en la batalla cuando tienes todas las de perder. Sin embargo,
jamás dejes que una persona que te ha insultado se salga con la suya. Espera tu
momento y, cuando estés en una posición fuerte, devuelve el golpe, aunque ya
no sea necesario hacerlo”. Respira y sube la guardia, pues ha llegado tu hora y
la mía. Esta guerra permanece en nuestra mira.
Disculpa, ¿cómo llegamos a este punto? Ah, ya lo recuerdo. Lo digo una
vez más para que quede claro. Producir conocimiento sobre feminicidio en
contextos académicos formales y cuando se gana un chingo de dinero por eso
es una responsabilidad que sólo una feminista puede aceptar, ya que ser mujer
no es garantía de nada. Mucho menos tener un título de doctorado. Lo sabe-
mos: el doctorado no te quita lo pendeja. Y una cosa es preguntarle a la muerte
cuando has enterrado a varias amigas, cuando has puesto el cuerpo y has visto
al miedo a los ojos y otra cosa es hacerlo cuando nunca has salido a un plantón
pues no te interesa ni te importa. De todas formas, la realpolitik se puede hacer
desde casa, recostada en el sillón, viendo “Hecho en México”.9 No, compañera,
cuando vas a pelear no puedes apelar al sentido común. Así que si no puedes
matar el patriarcado que existe en ti, bajar la cabeza, reflexionar sobre tus pri-
vilegios –los muchos y los pocos–, comprometerte y “hacer lo tuyo”, entonces
da un paso al lado y no estorbes.

8 Sistema Nacional de Investigadores creado en México en 1984. El sni, en teoría, es un reconocimiento al


trabajo científico y, sobre todo, un reconocimiento económico a las trayectorias “sobresalientes” a través
de una beca según el nivel (candidatos I, II y III) que se tenga.
9 Primer reality show mexicano producido para Netflix en 2018.

136
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Colibrí

El bosque se incendia. Todos los animales corren para alejarse de las llamas,
pero una colibrí vuela en sentido contrario. Un venado la detiene y le pre-
gunta: “¿Qué haces? Vas hacia las llamas”. Y la colibrí responde: “Sí, allá hay
un lago”. Y el venado, incrédulo, replica: “Tú no podrás apagar el incendio.
Tu pico es muy chico y no podrá apagar las llamas”. La colibrí concluye: “Sí,
mi pico es muy pequeño y sólo puede llevar una gota de agua, pero yo estoy
haciendo lo mío”.
Nuestro bosque se incendia. Lo prende en llamas la pólvora de la ba-
lacera. Las fuertes risas de las jóvenes sin domesticar hacen contraste con el
chasquido de la vida que se apaga. En un mundo donde no hay inocentes sino
diferentes grados de responsabilidad, “hacer lo nuestro” es un imperativo de
lucha, signo de sobrevivencia y transformación, sinónimo de defensa perso-
nal. En efecto, las colibríes gritan:

Me sentí chiquita en un mundo de gigantes. Nos acostumbraron a vivir con


miedo y no está bien. Hubo algo que nos robaron. Muchas cosas no son tu
culpa. Al final del día es una lucha. Somos violentadas por ser mujeres. Sí,
reconozco que estoy en peligro, pero tengo herramientas para defenderme.
Ante el miedo tomo el control: aprendí a poner límites. Necesitamos estra-
tegias porque cuidarnos es nuestra defensa. Agudizar nuestros sentidos para
percibir situaciones de riesgo y evitarlas. Éste es nuestro espacio de confianza
donde nos reconstruimos desde la fuerza y en donde tú vas a ser la vencedora.
No venimos a competir entre nosotras. Estamos haciendo lo que nos toca y lo
estamos haciendo juntas. Comprenderte, amarte, defenderte, pelear, cuidar y
crecer. La felicidad a través de la fuerza nos libera. No sólo debemos prepa-
rarnos para pelear, debemos prepararnos para ganar. Porque no nacimos para
sobrevivir, nacimos para vivir.10

Ya no vamos a regalar nuestro llanto, ya no. Ya no vamos a sacrificar nues-


tra rabia, ya no. Ya no vamos a silenciar nuestro enfado, ya no. Voy a pelear por
mí y por ti y por un “nosotras” político y politizado. No me pidas más, pues
a aquella que escupe sobre mi tumba no la voy a defender, a la traidora, a la

10 Comando Colibrí, video promocional Fondo Semillas, de 2018, que circula en redes sociales.

137
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

nacida de la cabeza de Dios, a la cobarde que elige al jefe y no a la compañera, a


la que clava el puñal por la espalda, a la que usa nuestra potencia para su fama,
a la que difama a punta de mentiras limitadas en imaginación, a la que usa la
violencia y su falsa denuncia a su favor individual. Mi ser feminista, hoy pobre
de espíritu, no llega a tanto, y no lo siento, no lo dejo ir, no lo oculto, no lo
olvido, sólo lo respiro y lo pongo en mi puño. “Odio tener que fingir que estoy
bien cuando, en realidad, me estoy muriendo por dentro” (Salander). Y es que,
para mí, como para Salander, “la amistad –política–, o al menos mi definición
de ella, se basa en dos cosas: respeto y confianza. Y deben ser mutuas. Ade-
más, se tienen que dar los dos factores; puedes respetar a alguien, pero si no
hay confianza, la amistad se desmorona”. Si vas a depositar la vida en la fuerza
de la otra, la confianza lo es todo. Ahora entiendo que necesito menos de una
manada y más de un comando con una lógica tal y una fuerza de colibrí.

¿Te puedo llamar Lisbeth?

Todo gesto de rebeldía es un golpe al mismo tiempo que un bloqueo. Pelear es


un pacto sagrado que nos obliga a renacer en el ombligo de la luna. En efec-
to, toda guerrera despierta por un llamado antiguo. Se trata de un despertar
angustioso, agudo en cierto sentido. Un grito y una oración, un lamento pro-
pio acompañado de la luz que confirma que “lo que somos ahora [debe ser]
simplemente un reflejo de tiempos pasados”, como cree Salander. Una vez en
el umbral que te separa de ser tu propia maestra. el paso es obligado, no hay
vuelta atrás. El tatami te ha llamado y debes acudir. La calle también lo ha he-
cho. “El mal no desaparece, sólo adopta otras formas de vida”, afirma Salander.
Por eso, el gesto sutil y poderoso de levantar el puño es para las mujeres similar
al gesto de sacar nuestra “cartera”, como lo define Sabina Berman,11 pues con
ello a nuestra espalda una historia de años de despojo se desploma. El salto
cuántico radica aquí en transformar tu vida de forma radical. Ahora, mira de
frente a la mala muerte y pregunta: ¿para qué todo esto?
En realidad, ella nunca pensó en morir, pese a la basura que era su vida.
En cambio, tomó el control. Comprendió que también a ella le robaron algo y
que nunca fue su culpa. Se hizo sabia en las herramientas necesarias para su

11 En el video 15 años invirtiendo en mujeres, en [Link]

138
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

propia liberación y actúo en consecuencia. Salander era joven, tal vez dema-
siado, cuando hizo justicia a ella y a su madre por mano propia. Inteligente, sa-
gaz, decidida, comprendió que la herida es colectiva y se volvió especialista en
venganza. “Comprenderte, amarte, defenderte, pelear, cuidar y crecer”. Salan-
der pelea como si no tuviera miedo, pero eso no la libra del dolor. Sin embar-
go, “¿por qué conformarse con ser una princesa si puedes ser una guerrera?”.
¿Puedo llamarte Lisbeth? Igual que un día te lo dijo Mikael: “Yo no sé qué es lo
que ha pasado en tu vida, pero estuve a punto de morir y tú me salvaste. Aun
no tengo idea de lo que te ha ocurrido y no tienes que decírmelo. Me alegro de
que estés aquí”. “La felicidad a través de la fuerza nos libera... No sólo debemos
prepararnos para pelear, debemos prepararnos para ganar”.
Salander, hacker, escritora, potencia e inspiración que nos recuerda que
la mala muerte y su sistema de dominación patriarcal “deben enterarse de una
vez por todas que no pueden pelear con nosotras y salir invictos, pues nues-
tra actitud presente hacia ellos –como hacia el resto de su guerra– es que si
alguien [nos] amenaza con un arma de fuego, [vamos] a conseguir un arma
más grande”. A final de cuentas, “puede que haya hombres magnos como casas
y hechos de granito, pero siempre llevan las bolas en el mismo lugar” y es ahí
donde debes apuntar, pues aunque las mujeres no hemos inventado la vengan-
za, sí la hemos perfeccionado. Éste es el legado Salander para aquellas quienes
en la muerte se hacen memoria, en la defensa personal guerreras, magas y
sobrevivientes y en la vida feministas. Arañas que nunca se enredan en sus
telarañas. Entonces, respira, aprieta la panza y pon tu guardia, ya que cuando
eres la prioridad de tu propia existencia vas a recibir golpes, heridas profundas
–sangre, dolor y lágrimas–, pero vas a sobrevivir. Después de eso, ya veremos
todo lo demás. A final de cuentas, “lo que no te mata te hace más fuerte”.

139
Cirugía de la obesidad:
retórica de una tecnología
médica masculinizada

Izchel Cosio Barroso

Y me pregunto: ¿qué rebeliones somáticas podemos


intentar si aún no podemos plantear en todo su alcance
la salida del closet de los cuerpos gordos?
Laura Contrera1

Una mujer gorda que mira a los hombres


que miran a las mujeres gordas2

Quiero empezar el presente ensayo contando que antes de estu-


diar la gordura yo la he vivido. La vivo. Ésa ha sido una de mis
motivaciones personales más grandes volcadas a mi mundo aca-

1 Laura Contrera, “Cuerpos sin patrones, carne indisciplinada / Apuntes para una re-
vuelta gorda contra la policía de la normalidad corporal”, en Cuerpos sin patrones /
Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne, Laura Contrera y Nicolás
Cuello (comps.), (Buenos Aires: Editorial Madreselva, 2016), [Link]
dreselva1/docs/cuerpos_sin_patrones
2 He titulado así este apartado inspirándome en La mujer que mira a los hombres que
miran a las mujeres / Ensayos sobre feminismo, arte y ciencia, libro de Siri Hustvedt
(trad. Aurora Echevarría; Barcelona: Seix Barral, 2017).
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

démico y profesional.3 Pero además se ha vuelto indispensable pensar sobre las


gorduras y otras corporalidades relacionadas, considerando diferentes mira-
das, contextos y discursos, desde el médico que las clasifica como enfermedad
hasta aquel activista que politiza la palabra gorda y la experiencia de la gordura.
Ahora puedo entender que la obesidad es un fenómeno discursivo que se
ha configurado como una problemática corporal-social que no sólo es vincu-
lado con el campo de la belleza (estética), sino también y en particular con el
campo de la salud (medicina) moderna desde aspectos técnicos y científicos
específicos. Precisamente me baso en el supuesto de que la obesidad es un
discurso para analizar la cirugía bariátrica (o de la obesidad) como una de
las formas de materialización radical (de raíz) que produce un determinado
tipo de sujetos a partir de la idea de “curar el cuerpo gordo”, un cuerpo que,
por cierto, se ha convertido en lugar de intervención médica y en objetivo de
control institucional.
En adelante utilizaré el término cirugía de la obesidad por dos razones.
Primero, porque es un procedimiento quirúrgico desarrollado específicamen-
te como tratamiento para “curar” la obesidad diagnosticada como severa,
aquella “gordura” que se considera extrema y crónica; segundo, porque esta
intervención médica no se limita a una expectativa de pérdida de peso, sino
que evidencia un espectro de disciplinamientos corporales antes y después del
procedimiento quirúrgico, lo cual trastoca otras dimensiones de la cotidiani-
dad de las personas, generando procesos de subjetivación que son resguarda-
dos por una figura de poder (y autoridad), “el experto”. La segunda razón está
en que la cirugía de la obesidad es un problema para el pensamiento feminista.
Esta es una invitación a configurar el sentido problemático de esta cirugía des-
de el pensamiento feminista contemporáneo.

Cirugía de la obesidad

La cirugía de la obesidad es un conjunto de procedimientos que se han desa-


rrollado desde mediados del siglo xx.4 Consiste en un régimen preparatorio

3 Las reflexiones que desarrollo en este ensayo están enmarcadas en mi tesis doctoral.
4 Juan José González González, Lourdes Sanz Álvarez y Carmen García Bernardo, “La obesidad en la his-
toria de la cirugía”, en Cirugía Española, vol. 84, núm. 4, 188-195 (Madrid-Ámsterdam: Asociación Espa-
ñola de Cirujanos-Elsevier, octubre de 2008).

142
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

de pérdida de peso por control nutricional y actividad física, para luego rea-
lizar la remoción parcial (incluso total) del estómago (gastrectomía) con el
propósito de reducir su capacidad de almacenamiento, así como la remoción
parcial y la derivación o reconexión del intestino delgado (bypass intestinal o
gástrico) para restringir la absorción de algunas sustancias consideradas alta-
mente calóricas. Con esa intervención quirúrgica se espera que una persona
“pierda” entre 50 y 70% de peso corporal, lo que, de lograrse, se consideraría
como una cirugía exitosa.
De acuerdo con la Federación Internacional de Cirugía de la Obesidad
y Trastornos Metabólicos (International Federation for the Surgery of Obe-
sity and Metabolic Disorders, ifso), conforme se ha ido adquiriendo mayor
experiencia en el tratamiento de la obesidad, es decir, del control corporal,
también lo ha hecho el número de procedimientos quirúrgicos en el mundo:
hasta 2019, se registraron más de 833,687 cirugías, de las cuales cerca de 77.1%
fueron practicadas a mujeres, en porcentajes variables según el país, aunque
siempre ellas constituyen el mayor porcentaje de personas intervenidas.5
En México, la cirugía se considera como parte del tratamiento integral
por diagnóstico de obesidad severa, reglamentada por la Norma Oficial Mexi-
cana nom-008-ssa3-2010,6 y se realiza en unidades hospitalarias públicas de
alta especialidad debido a que se considera de alto riesgo. Sin embargo, es en
clínicas privadas donde se realiza mayoritariamente ese tipo de intervencio-
nes, con más de 90% de su actividad quirúrgica total. Hasta 2016, el costo del
procedimiento oscilaba entre 150 y 300 mil pesos en clínicas privadas, mien-
tras que en instituciones públicas el costo variaba según el resultado de los
estudios socioeconómicos realizados a los pacientes, pero era relativamente
bajo, entre 16 y 30 mil pesos.7 Con la llamada “cuarta transformación” (4T)

5 Avelina Landaverde Martínez, Proceso biocultural salud-enfermedad de la obesidad mórbida, en un


grupo de mujeres adultas con cirugía bariátrica del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutri-
ción Salvador Zubirán, tesis de maestría (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2016),
[Link]
6 Norma Oficial Mexicana NOM-008-SSA3-2010 Para el tratamiento integral del sobrepeso y la obesi-
dad, publicada en el Diario Oficial de la Federación: [Link]
Salud/[Link]#:~:text=NORMA%20Oficial%20Mexicana%20NOM%2D008,servicios%20de%20
atenci%C3%B3n%20m%C3%A9dica%3B%202o
7 Landaverde Martínez, Proceso biocultural salud-enfermedad de la obesidad mórbida... No existen en Mé-
xico informes oficiales del número de clínicas y hospitales privados donde se realiza la cirugía de la
obesidad, como tampoco un registro de cumplimiento del procedimiento de preparación ni del personal
multidisciplinario involucrado. Algunas instituciones públicas donde se realiza esa cirugía son el Hospital

143
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

del gobierno federal, actualmente los procedimientos son totalmente gratui-


tos, lo cual considero que, de mantenerse, llevará a un aumento desmedido y
preocupante de cirugías en los próximos años.
Las indicaciones institucionales para realizar la cirugía de la obesidad son
que la persona tenga un Índice de Masa Corporal (imc) de 40 o mayor de 35,
presente asociaciones con alguna complicación de salud relacionada con la obe-
sidad y que por más de dieciocho meses no haya perdido peso con un trata-
miento médico integral reciente –tratamiento bajo la supervisión de un equipo
de salud multidisciplinario: anestesiología, nutriología, endocrinología, cardio-
logía y psicología–. Esas condiciones conforman un diagnóstico que, en el fon-
do, apunta a una supervisión “experta” y autorizada vinculada a nociones de
buena ciudadanía, responsabilidad, moralidad y salud, entendida “salud” desde
estudios de medición (grasa, sangre, glucosa, presión arterial, oxigenación, entre
otros), que conducen a subjetivar la gordura como una enfermedad a curar, es
decir, que los sujetos la reconozcan y la legitimen como una norma subjetiva y
social.8 Es decir que cada sujeto también se reconoce enfermo.
No es de extrañar que casi todos los estudios realizados en el mundo
médico bariátrico y psicológico apuntan en una dirección pretendidamen-
te positiva basada en una lógica de causa-efecto-consecuencia, en la que
se presenta una imagen glorificada de la vida posquirúrgica: mejor salud
física y psicológica, mayor calidad de vida, entre otros aspectos.9 Sin em-

General de México; el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán; los hospita-
les de alta especialidad de la Secretaría de Salud, del Instituto Mexicano del Seguro Social y del Hospital
de Petróleos Mexicanos; y el Hospital General Dr. Manuel Gea González.
8 Joanna Zylinska, “Of Swans and Ugly Ducklings: Bioethics between Humans, Animals, and Machines”,
en Configurations, vol. 15, núm. 2 (Baltimore: Johns Hopkins University Press, primavera de 2007), 125-
150, [Link]
CHINES_ZYLINSKA.pdf [versión en línea fuera de Configurations].
9 Julia Temple Newhook, Deborah Gregory y Laurie Twells, “The Road to ‘Severe Obesity’: Weight Loss
Surgery Candidates Talk About Their Histories of Weight Gain”, en Journal of Social, Behavioral, and
Health Sciences, vol. 7, núm. 1 (Mineápolis: Walden University, 2013), 35-51, [Link]
[Link]/cgi/[Link]?article=1087&context=jsbhs || Karen Synne Groven, Målfrid Råheim
y Gunn Engelsrud, “Dis-appearance and Dys-appearance Anew: Living with Excess Skin and Intesti-
nal Changes Following Weight Loss Surgery”, en Medicine, Health Care and Philosophy, vol. 16, núm.
3 (Ámsterdam-Nueva York: European Society for Philosophy of Medicine and Healthcare-Springer,
agosto de 2013), 507-523, [Link]
and_dys-appearance_anew_Living_with_excess_skin_and_intestinal_changes_following_weight_
loss_surgery || Karen Synne Groven y Gunn Engelsrud, “Negotiating Options in Weight-loss Surgery:
‘Actually I Didn’t Have Any Other Option’”, en Medicine, Health Care and Philosophy, vol. 19, núm. 3
(Ámsterdam-Nueva York: European Society for Philosophy of Medicine and Healthcare-Springer, sep-

144
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

bargo, poco se analiza desde la perspectiva social que la cirugía de la obesidad


conlleva un sinnúmero de efectos secundarios físicos, como la anemia crónica,
y psicológicos, como la ansiedad por fracaso si no se “pierde” el peso indicado.
Tampoco se pone en perspectiva crítica en cuanto forma de tecnologización del
cuerpo y de la salud, pues, pese a ser una intervención compleja y riesgosa, cada
año aumenta el número de mujeres que optan por someterse a ese procedimien-
to, sobre el cual los estudios, al menos en México, aún son escasos.
¿Cómo se ha construido la retórica sobre la cirugía de la obesidad y quié-
nes han participado en ella contribuyendo a la tecnologización del cuerpo y
de la salud? ¿Qué nos dice socialmente ese procedimiento cuya pretensión es
“curar cuerpos obesos” pero que termina por no cumplir con su promesa de
salud? ¿Por qué es posible pensar que la cirugía de la obesidad es una tecno-
logía médica que se encuentra masculinizada? Con base en estas preguntas, el
objetivo de mi ensayo es explorar la retórica de la cirugía de la obesidad como
una tecnología médica masculinizada. Argumento que dicha cirugía es una
forma de materialización del discurso científico de la obesidad, que eviden-
cia una intervención corporal-experimental masculinizada concreta, directa y
violenta en los cuerpos clasificados médicamente como obesos.
A diferencia del concepto de belleza, frente al cual existen muchas y varia-
das críticas feministas en relación con la intervención de los cuerpos grandes
(gordos) femeninos y feminizados, cuando aparece la palabra salud ésta tiende
a pensarse como un concepto que remite a una “realidad” originariamente
pura, inmaculada, primordialmente buena y, por lo general, neutra: “men-
te sana en cuerpo sano”, dicen por ahí. Justamente por esa tendencia es que
mantengo mi discusión en el campo de la salud, porque considero que debe
ubicarse en el mismo panorama crítico que pudiera tener la belleza obligatoria
para las mujeres, pues, ¿qué es la salud en la modernidad sino un conjunto de
ideas, conceptos, discursos y tecnificaciones corporales que tienen intenciones
y propósitos de disciplinamiento y normativización? La salud, como actual-
mente se nos hace entenderla, está codificada a partir de tecnicismos médicos
y salubristas. No obstante, la medicina también es cultura,10 y por lo tanto

tiembre de 2016), 361-370, [Link]


have_any_other_option || Landaverde Martínez, Proceso biocultural salud-enfermedad de la obesidad
mórbida...
10 Deborah Lupton, La medicina como cultura / La enfermedad, las dolencias y el cuerpo en las sociedades
occidentales, trad. Eva Zimerman y Javier Escobar (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2012).

145
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

factible de ser sometida a crítica y deconstrucción, al igual que el término que


parece haberse vuelto su sinónimo, la salud.
Esta es una invitación a configurar el sentido problemático de esta
cirugía desde el pensamiento feminista contemporáneo. Con esta introduc-
ción enfatizo mi compromiso con el cuestionamiento de aquello en lo que
pareciera que no tenemos potestad de dudar desde ningún lugar y en ningu-
na circunstancia: la clasificación institucional de una característica corporal
como enfermedad y que se ha constituido en discurso científico antiobesidad,
una retórica que se ha vuelto cruel enunciación del destino11 de quienes po-
demos enunciarnos como gord*s12 y ha autorizado socialmente intervencio-

11 David Le Breton, “Introducción: un borrador del cuerpo”, en David Le Breton, Adiós al cuerpo / Una teo-
ría del cuerpo en el extremo contemporáneo, Ociel Flores Flores (trad.), (México: La Cifra Editorial, 2007),
35-52, [Link]
David_Le_Breton_Adios_al_Cuerpo.PDF
12 En adelante, en algunos momentos utilizaré el asterisco, siguiendo la idea del poema que lleva como título
el de ese signo, escrito por Mauro Cabral. Habla de que * representa una ruptura no sólo lingüística sino
también visual ante la mirada de quien lee; en mi caso, aplica en el contexto de la denominación plural
de la gordura y de sujet*s gord*s. Mauro Cabral (ed.), Interdicciones / Escrituras de la intersexualidad en
castellano (Córdoba: Anarrés Editorial-Astraea Lesbian Foundation for Justice-Espacio Latinoamericano
de Sexualidades y Derechos, 2009), 14, [Link]
[Link]. He aquí el poema:
Asterisco
Podríamos escribir siempre los
Podríamos escribir as/os
Podríamos escribir las y los
Podríamos escribir las, los y les.
Podríamos usar una arroba
Podríamos usar una x
Pero no. Usamos un asterisco.
¿Y por qué un asterisco?
Porque no multiplica la lengua por uno.
Porque no divide la lengua en dos.
Porque no divide la lengua en tres.
Porque a diferencia de la arroba no terminará siendo la conjunción
de una a y una o.
Porque a diferencia de la x no será leído como tachadura,
como anulación,
como intersex.
Porque no se pronuncia.
Porque hace saltar la frase fuera del renglón.
Porque es una tela de araña, un agujero, una estrella.
Porque nos gusta. Faltaba más!
Ahora bien,

146
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

nes médicas radicales como la cirugía de la obesidad. Por eso, y después


de varios años de investigación, ahora me considero una mujer gorda que
mira a los hombres que miran patológicamente a las mujeres gordas.

Curvar las posturas críticas: corporalidad, gordura y tecnociencia

Celia Amorós nos recuerda que la función de toda teoría crítica es desvelar y
desarrollar una teoría emancipadora y reflexiva a partir de un análisis explica-
tivo, que en nuestro caso trata de analizar la opresión de las mujeres a través de
la historia, de la cultura y de las sociedades para lograr la articulación de nue-
vas formas de relacionarnos: “el feminismo se articula como crítica filosófica en
tanto que es él mismo una teoría crítica y se inserta en la tradición de las teorías
críticas de la sociedad. La teoría feminista, en cuanto teoría, tiene que ver con el
sentido original del vocablo teoría: hacer ver.”13 Y es que, de acuerdo con Amo-
rós, ese hacer ver es inseparable de la mirada crítica extrañada,14 es decir, que a
través del extrañamiento en una puesta en cuestión el propósito de la teoría crí-
tica es tensar lo obvio –que de tan obvio ya no es percibido–. Así, en el proceso
de tensar desde una postura crítica se sumarían cuatro elementos a considerar
en las problematizaciones que involucran a las mujeres gordas: ubicar las esferas
pública y privada, identificar el androcentrismo en las estructuras organizati-
vas, desvelar la violencia contra las mujeres y reconocer las nuevas ideas sobre
la categoría género.15 A partir de esa noción de tensión, propongo un puente
transdisciplinario construido con algunas líneas discursivas en clave feminista,
de las cuales sólo abordaré las que abonan a mi reflexión.
El asterisco
No aparece siempre y en todas partes
No se usa para todo, ni tod*s lo usan.
En este libro la gente escribe como quiere y puede.
El asterisco no se impone.
De todas las cosas,
Esa.
Esa es la que más nos gusta.
13 Celia Amorós, “El feminismo como crítica cultural y filosófica”, en Feminismo y filosofía, Celia Amorós
(ed.), (Madrid: Síntesis, 2000), 98, [Link]
mo-y-filosof%C3%[Link]
14 Ibid., 99.
15 Michelle Lazar, “Feminist Critical Discourse Studies”, en The Routledge Handbook of Critical Discourse
Studies, John Flowerdew y John E. Richardson (eds.), (Londres: Routledge, 2018).

147
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

La primera línea discursiva en la que me apoyo la integran los estudios del


cuerpo y de las corporalidades, que se ocupan de la recuperación de posturas
teóricas, concepciones y propuestas para el análisis de lo corporal y de “todos sus
aspectos, ya sea materiales o desde las prácticas, las representaciones, los discur-
sos y las emociones”.16 Implica pensar, más que en cuerpos, en corporalidades,
que entiendo como “una construcción fluida y diferenciada, lugar de potencial
más que de algo dado [que] toma en cuenta [...] la diferencia sexual [...] las
diferencias raciales, las de clase, las de capacidades, en conclusión, el contexto
específico de la materialidad del cuerpo”.17
Los activismos gordos (gord*s), a su vez, han sido centrales en mi pro-
ceso de reflexión crítica, siendo la segunda línea discursiva en que me apoyo.
Además de que constituyen un parteaguas en mi vida, también se han vuelto
indispensables para configurar categorías sociales mediante su apéndice aca-
démica, los estudios de la gordura. Éstos integran un campo interdisciplinario
basado en la tradición de los estudios de género y de los estudios queer. A
partir de ellos se han elaborado explicaciones alternas a las formas en que se
describe y se trata la gordura, así como del fenómeno de patologización de las
personas gordas mediante la categoría social “obesidad” y sus aspectos cul-
turales, históricos y políticos.18 Dichos estudios representan una posibilidad
para tensionar el discurso biomédico que clasifica (diagnostica) a las personas
con sobrepeso u obesidad, así como de descomponer sus materializaciones al
situarlas en sus contextos.
Elsa Muñiz afirma que en términos sociológicos las cirugías son disposi-
tivos de poder complejos y heterogéneos cuya función es normalizar y trans-
formar.19 Entonces, las cirugías son dispositivos tecnológicos materializados
ante la noción de curar, que adquiere otro sentido a la luz de las intervenciones
médicas “expertas” sobre los cuerpos que son considerados excedidos de gra-
sa, masa y peso. Por lo tanto, no basta con aceptar que una corporalidad “debe
ser curada”, sino, más bien, debemos preguntar qué es lo que en el fondo se

16 Elsa Muñiz, “Presentación”, en Elsa Muñiz, El cuerpo / Estado de la cuestión (México: La Cifra Editorial-
Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, 2015), 12.
17 Ibid., 10.
18 Deborah Lupton, “Reframing Fat: Fat Activism and Size Acceptance Politics”, en Deborah Lupton, Fat
(Abingdon-Nueva York: Routledge, 2013). || Charlotte Cooper, Fat and Proud / The Politics of Size (Lon-
dres: The Women’s Press, 1998).
19 Elsa Muñiz, La cirugía cosmética: ¿un desafío a la “naturaleza”? / Belleza y perfección como norma (México:
Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 2011).

148
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

pretende curar de un cuerpo gordo calificado como tal con grado de “severi-
dad”. Desde ese cuestionamiento, recurro a los estudios de ciencia, tecnología
y sociedad con la pieza conceptual de tecnociencia.
Grosso modo, la tecnociencia puede entenderse como la conversión de
tecnología y ciencia que utilizan los sistemas biológicos y orgánicos para mo-
dificar ciertos procesos del cuerpo o de lo que hemos llamado “naturaleza”. Es
también aquella disciplina científica al servicio del capital que no puede ser
puesta en práctica sin el desarrollo tecnológico de élite y corporativo.

Retórica y cuerpo

Con Raúl Dorra, entiendo la retórica como el arte de significar y de existir so-
cialmente, de hacerse presente y de ocupar un lugar en las instituciones,20 pero
también, y esto es un punto clave, como el arte de componer o modelar un
discurso a la manera de un cuerpo: la palabra hace figura en un sentido literal,
es decir, existe una relación anatómica entre cuerpo y palabra.21 El cuerpo se
traduce en palabras, aunque también se vuelve ellas.
La sinécdoque cuerpo-palabra-figura implica aceptar que el interés por el
cuerpo es el interés por el sujeto sensible, aquel que tiene voz, que habla, y que
hablando crea el espacio hablado.22 De ahí que algunos cuestionamientos fun-
damentales para quienes estudiamos y vivimos la gordura son: ¿quiénes han
hablado por l*s gord*s?,23 ¿qué se ha hecho con eso que se dice de l*s gord*s?,
¿cuándo y cómo las personas gordas hablamos por nosotras mismas? Estas
preguntas, que ponen no sólo en duda sino en entredicho el discurso basado
en un supuesto interés, se han formulado apuntando a que el lenguaje cien-
tífico se ha apropiado de la sinécdoque cuerpo-palabra-figura y ha forzado el
espacio en donde se puede hablar del tema, ha validado ciertos sujetos para
una enunciación normativa y ha negado la posibilidad de expresión de otr*s:
nosotr*s.

20 Raúl Dorra, La retórica como arte de la mirada (Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla-
Plaza y Valdés Editores, 2002), 9-44.
21 Id.
22 Id.
23 Nicolás Cuello, “¿Podemos lxs gordxs hablar?: activismo, imaginación y resistencia desde las geografías
desmesuradas de la carne”, en Laura Contrera y Nicolás Cuello (comps.), Cuerpos sin patrones / Resisten-
cias desde las geografías desmesuradas de la carne (Buenos Aires: Editorial Madreselva, 2016), 37-54.

149
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Si entendemos la retórica, además, como una teoría del sujeto, habrá que
pensar cómo ese cuerpo figura logra trascender la densidad somática y adqui-
rir una propiedad de “pura forma”, lo cual quiere decir que tiene la posibilidad
de volverse palabras, voz, texto. Los textos nos permiten leer cuerpos, pero
también las realidades desde donde se habla de ellos. Eso es justamente lo
que está haciendo la ciencia médica: traducir un cuerpo en palabras con un
lenguaje tecnificado incomprensible que incluso resulta inasequible para la
mayoría de las personas a las que se refiere, y no obstante se adjudica la potes-
tad de devolverles (imponerles) una “verdad” sobre su cuerpo, pero desde una
cabal incomprensión. La vinculación entre cuerpo y palabra es significativa
para entender que la obesidad es un discurso que se materializa.
En el acto de hablar, la voz es necesaria e importante por su materiali-
dad. No es sólo una figuración abstracta, sino es la “materialidad sonora” que
toma forma en la medida en que se desprende del cuerpo mismo.24 El cuerpo,
entonces, mediante su voz se autoexpulsa y se convierte en una vibración que
señala su ubicación en cuanto sujeto. Es decir, aunque no prestemos atención
cuando alguien habla, es inevitable notar su presencia; entonces, al hacernos
presentes, al “aparecer” es posible el acto de enunciación: un acto corporal de
presencia en el que las palabras salen y se exhiben como un espectáculo.25
Ahora, vuelvo a entender “el cuerpo como algo susceptible de ser desci-
frado [...] en sus diferentes órdenes: lo femenino, lo masculino, lo indígena, lo
joven, lo viejo”.26 Las palabras de esa materialidad sonora nos permiten desci-
frar lo que el cuerpo puede connotar en los distintos órdenes y también encon-
trar multiplicidad de voces que están enunciándose desde distintos lugares. Es
allí desde donde estoy analizando la literatura médico-científica como discur-
so que ha salido al escenario: se ha montado como espectáculo tomando la voz
de figuras “expertas” autorizadas que pretenden construir “la verdad” sobre
los cuerpos gordos e inventarles posibilidades de “curación”. Por otra parte, la
ciencia médica se encuentra masculinizada y ha labrado cuerpos con palabras
técnico-científicas. Su retórica se ha vuelto también una teoría del sujeto que
es construida desde la obesidad.
Aclaro que cuando afirmo esto sobre las nociones de lo masculino o mas-
culinizado, no estoy pensándolas desde un género como propiedad intrínseca

24 Dorra, La retórica como arte de la mirada.


25 Id.
26 Muñiz, “Presentación”, 11.

150
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

de los cuerpos, sino desde los términos que propone Teresa de Lauretis, “el
conjunto de los efectos producidos en cuerpos, comportamientos y relacio-
nes sociales debido al despliegue de una compleja tecnología política”,27 lo
cual se complementa con la idea de Rosi Braidotti acerca del “género como
ficción generadora [...] y una actividad normativa”.28 Por lo tanto, mirar el
género o la generización de la tecnología que versa sobre la obesidad implica
descifrar primero sus aspectos masculinizantes, aquellos que le otorgan un
carácter masculino y dominante sobre cualquier otro rasgo, incluso sin otra
posibilidad.

Figuras de una retórica masculinizada: la cirugía de la obesidad

Una de mis principales tareas ha sido rastrear cómo se habla, se escribe y se


representa la cirugía de la obesidad en distintos medios. Trabajé mediante pa-
labras clave en el buscador de Google, pues había que considerar que la lite-
ratura médica se ha traducido en términos quizá simplificados por quienes
se ocupan de administrar temas de ciencia y tecnología en la red, lo que lleva
a muchas personas a legitimarla como fuente de información. De esa mane-
ra, encontré algunas líneas que me permiten entender cómo se ha formado
la retórica masculinizada, específicamente en tres dimensiones retóricas: el
tratamiento eficaz, la argumentación basada en la necesidad y la objetualidad
–literal– del procedimiento quirúrgico.

27 Teresa de Lauretis, “The Technology of Gender”, en Teresa de Lauretis, Technologies of Gender / Essays on
Theory, Film, and Fiction (Londres: Macmillan Press, 1989). Está disponible una traducción al español,
“La tecnología del género”, realizada por Ana María Bach y Margarita Roulet: [Link]
asignatura/adriana_raggi/wp-content/uploads/2013/12/[Link]
28 Rosi Braidotti, Feminismo, diferencia sexual y subjetividad nómade, Amalia Fischer Pfeiffer (ed.), Gabriela
Ventureira y María Luisa Femenías (trad.), (Barcelona: Gedisa, 2004), 141.

151
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Retórica del tratamiento eficaz

Tratamiento eficaz para la obesidad [...] gracias a la medicina y técnicas moder-


nas ha ido aumentando la demanda de pacientes.29

Un elemento constante en la retórica de la cirugía de la obesidad es la contra-


posición eficacia técnica versus magia. Al revisar el proceso que las personas
tienen antes y después de la intervención, lo último que se me ocurre es que
exista la posibilidad de que sea un acto de magia. Por eso es interesante obser-
var cómo en dicha retórica se advierte con cierta reiteración que no se trata de
un procedimiento mágico cuando la explicación misma precisamente refuerza
la idea de una operación peligrosa, compleja e indefinida en sus resultados.
Así, la cirugía de la obesidad representa una manifestación de la biopolí-
tica moderna porque en ella se encuentra un conjunto de procesos mecánicos
que deben ser controlados adecuadamente, y ese control es importante para
el soberano moderno.30 Esa cirugía es dolorosa y requiere de muchos cuida-
dos por los cambios drásticos que implica; conlleva un sinnúmero de efectos
secundarios, con frecuencia permanentes, y muchas veces la persona que ha
sido intervenida queda en peores condiciones que antes de la intervención.
En ese tenor, otra condición que resalto es que tanto el personal médico
como las personas que se someten a esa cirugía reconocen que les remue-
ve (parcial o totalmente) un órgano que no está enfermo, el estómago, y que
no obstante es el objetivo principal del procedimiento quirúrgico. La gastrec-
tomía tampoco es considerada como una mutilación, lo cual me hace pre-
guntarme: ¿en dónde se establecen los límites para las alteraciones corporales
basadas en la idea de “mejorar la salud”? Más aún, si la gente no queda “sana”
en el sentido estricto de la medicina, porque no hay enfermedad previa en el
estómago o en el intestino delgado intervenidos, entonces, ¿qué resuelve la
cirugía de la obesidad?
En el discurso médico y salubrista se enfatiza constantemente que la obe-
sidad es un “problema complejo” y, sin embargo, se advierte que con la cirugía
no se resolverá dicha complejidad problemática. Entonces, ¿qué le resuelve a la

29 Redacción, “Tratamiento eficaz para la obesidad: cirugía de bypass gástrico” [Entrevista. Médico cirujano
bariatra], en El Comercio (Ecuador, 15 de mayo de 2017), [Link]
[Link] (Consultado el 24 de julio de 2023).
30 Zylinska, “Of Swans and Ugly Ducklings...”.

152
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

persona bajar de peso a través de la cirugía? La propuesta de tratamiento para


“curar” se desdibuja, pues la cirugía no prolonga la vida, no mejora la salud ni
incrementa el bienestar, así como tampoco garantiza la pérdida sostenida de
peso, pero sí puede resultar peligrosa y cara y afectar moralmente.31

Retórica del argumento de necesidad

Se trata de una medida agresiva (por ser quirúrgica) para reducir de peso, pero
tan necesaria, en algunos casos, que debe ser utilizada después de haber inten-
tado realizar cambios de hábitos alimentarios mediante dietas dirigidas y haber
fracasado con ellas.32

Cuando hablo de “efectos secundarios” me refiero a esas cosillas que tenemos


que sobrellevar a partir de la operación.33

Encuentro que la retórica del argumento de necesidad es configurada vinculan-


do religión, ciencia y guerra. Es un lenguaje bélico que se legitima mediante la
idea de una necesidad incluso espiritual. Si la obesidad es concebida como
una condición o un estado a combatir, entonces la cirugía de la obesidad
sería una acción de combate a la medida. Además, ese lenguaje desvela una
suerte de entrenamiento militar que inicia mucho antes de someterse al régi-
men que tienen que seguir en conformidad con un protocolo (de requisito)
para conseguir la operación, pero que, digamos, se desenmascara al iniciarla
oficialmente. Se vigila lo que las personas comen, si hacen o no ejercicio, si han
asistido a todas las consultas y, sólo entonces, se les entrega un documento que
avala que son aptas para la cirugía de la obesidad.
Eso evoca un régimen militarizado de vigilancia y permisibilidad de ac-
ceso a cambio de recibir un cuerpo nuevo, funcional y listo para sostener la
guerra contra la obesidad. Desde mi perspectiva, el pase de control para di-

31 Kathy Davis, El cuerpo a la carta / Estudios culturales sobre cirugía cosmética, trad. Ingrid Ebergenyi Sali-
nas (México: La Cifra Editorial, 2007), 81.
32 Roberto Valdés, “La cirugía bartiátrica y la nutrición apropiada pueden llevar a perder hasta el 80% del
sobrepeso”, en Pontesano (Santander: 13 de octubre de 2019), [Link]
(Consultado el 24 de julio de 2023).
33 Begoña Trenado Fernández, “Los ‘efectos secundarios’ de la cirugía bariátrica”, en ¿Cómo como? y otras
cosas (blog, 18 de diciembre de 2020), [Link]
efectos-secundarios-de-la-cirugia-bariatrica/ (Consultado el 24 de julio de 2023).

153
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

cha transformación corporal es una especie de premio social que es otorgado


siempre y cuando la indisciplina se reconozca en esos cuerpos que pesan más
de cien kilogramos y paguen una cuota social: la mutilación de sus cuerpos.
Tengo presente que la palabra mutilación es una noción fuerte, pero la consi-
dero adecuada porque, en conversación con algunas mujeres que han pasado
por la cirugía de la obesidad, esas “cosillas” que se mencionan como efectos
secundarios sin mayor importancia no son otros sino descalcificación, pérdi-
da excesiva de cabello, anemia crónica, vómitos, náuseas, dificultad para pasar
los alimentos y la obligación de consumir de por vida vitaminas bariátricas,
entre otras. Entonces, están lejos de ser “cosillas” a sobrellevar.
Otra idea de interés en la retórica de argumentación de necesidad es que
la cirugía de la obesidad se ofrece como pensada para el bien común, pero pa-
rece que no termina por “alcanzar” o ser suficiente en términos numéricos: ¿a
cuánta gente piensan que debe alcanzar?, ¿habría la posibilidad de una modifi-
cación que sea extendida a personas que no tengan obesidad severa?, ¿tendría
la posibilidad de escalar a otro tipo de personas? Al colocar a las personas en la
categoría de “severidad”, se les aísla mediante el requerimiento de tratamientos
de tal grado de especialización que se presenta como un placer y un alivio lo-
grar los “objetivos”. Por otra parte, ese tipo de tratamiento, en su ejecución, se
vuelve un alivio para la nación. Existe la convicción de que aportará bienestar
a la población mexicana y existe la idea de satisfacción por el logro alcanzado:
que haya una persona obesa menos en el país.

De la objetualidad: ¡Lleve sus recuerditos bariátricos!

En mi búsqueda de palabras e imágenes acerca de la cirugía de la obesidad,


también me encontré con que son promocionados llaveros, peluches y posta-
les al más puro estilo turístico.34 Por lo general, esos objetos aparecen con le-
yendas en lengua inglesa y se caracterizan por una retórica que enfatiza la idea
de “una relación tóxica” del cuerpo gordo que requiere ser cortada y separada.
Esa relación tóxica estaría dada concretamente entre la persona y su estómago,
pero también en el estómago consigo mismo, en su completitud.
Así pues, encontré frases impresas en esos objetos, tales como: Nunca
volveremos a estar juntos, Bye Bitch (Adiós, perra), Bye pasando mi viejo yo, No
34 Considero que reproducir aquí fotos de esos souvenirs podría afectar la sensibilidad de algunas personas,
por lo cual prefiero omitirlas en mi ensayo.

154
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

puedo soportar más esto. Observo, además, una apropiación de ciertas narra-
tivas asociadas a la violencia de género que se aplican de manera descuidada
y poco acertada en relación con la forma en la que son presentadas sus frases
“promocionales”.

Elementos transversales de masculinización

En las tres retóricas descritas identifico tres elementos transversales que mas-
culinizan la cirugía de la obesidad: las posiciones de quien mira y de quien
es mirad*, la subordinación de las experiencias de las personas intervenidas
frente al conocimiento experto del cirujano bariatra y la necesidad de pensar
posibilidades de agencia en los relatos quirúrgicos.

Posiciones de quien mira y de quien es mirad*

Situar el cuerpo y las corporalidades implica hacerlo desde las posiciones que
ocupamos al mirar y ser mirad*s.35 En nuestra sociedad, la mirada es configu-
rada por el orden de lo simbólico de lo masculino en cuanto lo uno, la unidad
de medida y el atributo unitario de significado y poder, mientras que lo feme-
nino, lo otro,36 termina siendo un reflejo enunciado y descrito por esa mirada
ya condicionada.
En nuestro caso, la mirada masculinizada se fija en el disciplinamiento
de lo femenino, es decir, sanciona positivamente su cumplimiento o castiga
la indisciplina corporal severa y la ruptura de la norma corporal de la del-
gadez. El lugar de la mirada masculinizada de la cirugía de la obesidad pone
en juego materialidades sonoras respecto a dicotomías no sólo de cuerpo
sano/cuerpo enfermo, sino de mandar/obedecer que, a su vez, conforman
modalidades de espectacularización cuyo resultado serían los denominados
“cuerpos obesos severos”.
Así, la visión y la figura de la obesidad severa sólo da cuenta de la perfor-
matividad del cuerpo medicalizado, creada a partir de parámetros de moral,
belleza, razón y salud que en principio parecen no estar presentes de suyo en
los cuerpos mirados como femeninos.

35 Dorra, La retórica como arte de la mirada.


36 Luce Irigaray, Ese sexo que no es uno, trad. Raúl Sánchez Cedillo (Madrid: Akal, 2009).

155
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

De acuerdo con Joanna Zylinska, hay que considerar que en diferentes


sistemas de salud son utilizadas distintas estrategias retóricas para justificar,
defender y criticar técnicas y prácticas médicas controversiales. Por lo tanto,
las políticas de salud no están basadas en los hechos absolutos del caso; se
trata de un proceso social en el cual los actores “toman” sus argumentos como
marcos que ofrecen justificaciones disponibles para ellos y los despliegan de
tal manera que hacen eco de lo previamente considerado como factible, razo-
nable y deseable.37

Subordinación de las experiencias de las personas intervenidas frente al


conocimiento experto del cirujano bariatra

En el campo de la salud, las corporalidades con obesidad severa son entendi-


das como una metáfora del neoliberalismo, pues se habla de ellas como que
son personas voraces, sin medida, sin control, egoístas, individualistas, sucias,
indisciplinadas y costosas.
El cirujano bariatra, en cuanto figura de experto, se convierte en el ga-
rante de la economía y de la higiene del Estado: limpia esa suciedad que es
la obesidad. La higiene del cuerpo y de la psique es una higiene del Estado.
Enfatizo la categoría masculina del cirujano porque cerca de 90% de los es-
pecialistas son hombres, o cuerpos leídos y socializados como hombres. Así
pues, la cirugía de la obesidad está siendo representada, legitimada y dignifi-
cada, digámoslo así, mediante esos hombres expertos cuyo único propósito
pareciera ser el de “curar” el cuerpo gordo: un cuerpo enfermo, un cuerpo que
padece, un cuerpo que sufre. En la curación también está la preservación del
cuerpo especie, “el cuerpo imbuido de la mecánica de la vida y que sirve de base
a los procesos biológicos”.38
Otro aspecto fundamental es el entrenamiento y el lenguaje bélico en
la retórica de la cirugía de la obesidad –que desmonta la verdad mediante la
complejidad de su retórica–, pues la guerra es para los hombres, la guerra la hi-
cieron los hombres y la hicieron para ellos. Los ejércitos han sido formados por
hombres y ellos están disciplinados y condicionados para la defensa de un
territorio. Así, el cirujano bariatra es una metáfora del soldado que defiende
su territorio de poder-saber; la metáfora del terreno donde se libra la batalla
37 Zylinska, “Of Swans and Ugly Ducklings...”.
38 Id.

156
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

es la gordura, en su categorización de enfermedad, la obesidad en cuanto


frente de las experiencias corporales de quienes se someten al procedimien-
to quirúrgico; l*s gord*s, por supuesto, somos la metáfora del enemigo.
La ciencia es, en parte importante, una narrativa hegemónica que rige bajo
el argumento de “la naturaleza”, que termina por amenazar con cooptar todo lo
humano. Considerando que la ciencia es desarrollada por élites globales que po-
seen la propiedad intelectual y operativa del procedimiento quirúrgico, la metá-
fora del territorio podríamos llevarla hasta el campo de la biotecnología médica,
pues ésta perpetúa la relación de poder de lo masculino sobre lo femenino, es
decir, el conocimiento experto frente a las experiencias corporales. Al final, en
particular en el caso de las mujeres, parece que eso configura un cuerpo que no
alcanza a convertirse en saludable a través de la cirugía per se, y por lo tanto tam-
poco se torna bello ni racional, aunque quizá sí pueda aspirar al elemento moral
mediante aquel pago de cuota del que hablé en párrafos previos.
Asimismo, coincido con Zylinska cuando muestra que la reiteración
de la figura de “cuerpo obeso severo” termina por causar la desidentifica-
ción entre personas consideradas como enfermas y como sanas –o por lo
menos no enfermas–. La desidentificación entre ambos grupos reafirma la
superioridad moral de l*s espectador*s y conforma su distancia con el dolor
físico y emocional de los sujetos que son clasificados dentro de la obesidad
severa. Entonces, la desidentificación sirve de bisagra entre las dos capas de
la biopolítica contemporánea que abarca el trabajo en cuerpos individuales
y en poblaciones enteras.39

Necesidad de pensar posibilidades de agencia en los relatos quirúrgicos

Situarme de manera crítica frente a la cirugía bariátrica en un contexto so-


cial, cultural y político más amplio, mientras, al mismo tiempo, encontraba
la forma de justificarla como una solución para padecimientos en casos es-
peciales requería de una especie de acto de equilibrismo: encontrar la mane-
ra de ser crítica respecto a la práctica que de hecho es peligrosa, degradante
y opresiva, pero sin menoscabar a las mujeres que la ven como la mejor –y en
algunas ocasiones como la única– opción para mitigar un sufrimiento que
ha ido más allá de lo soportable.

39 Id.

157
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Hay que considerar que la cirugía de la obesidad no es la suma de his-


torias de patologías femeninas privadas, sino una manifestación discursiva y
una práctica tecnocientífica con ecos de clase y de género de tecnologías ope-
rativas de nuestra época, de las cuales las mujeres también se han apropiado
(agencia).

Algunas consideraciones finales

Necesitamos imágenes y formas sensibles de narrarnos que desmantelen


el estado actual de las políticas de la mirada [...].

Nicolás Cuello40

Recordemos la pregunta inicial acerca de por qué es posible pensar que la


cirugía de la obesidad es una tecnología médica que se encuentra masculini-
zada. Podemos ahora responder que la ciencia está llena de metáforas, más
que sólo de verdades o de verdades construidas. El cuerpo ha sido entendi-
do también como una metáfora de la sociedad que habitamos. Así pues, la
cirugía de la obesidad puede ser vista como una condición perniciosamente
engañosa de los regímenes disciplinarios de lo femenino, pero en particular,
y esto es importante, de un sistema de salud masculinizado que literalmente
pretende cortar de raíz lo que considera un problema. Al cortar y remover
órganos, la retórica quirúrgica construye la idea de dos figuras corporales: el
cuerpo del éxito y el cuerpo del fracaso.
Las ideas de éxito y fracaso conducen a su vez a las metáforas de la ca-
rencia y del exceso, que parecen formar parte de la dimensión simbólica de
género. Pero ¿qué es de lo que se carece y qué es lo que se tiene en exceso?
Se carece de control, de razón, de fortaleza, de coraje, de calidad, de tiempo,
mientras que el exceso se presenta en forma de descontrol, de emocionalidad
almacenada, de debilidad, de deficiencia, de espacio (no caber)..., sin duda,
todo ello en términos negativos generalmente. Podemos decir que la obesidad
es codificada en términos de género, como carencia de masculinidad, como
exceso de feminidad: códigos manifiestos en retóricas médicas materializadas
en tratamientos y cirugías, tal como la cirugía de la obesidad.

40 Nicolás Cuello, “¿Podemos lxs gordxs hablar?...”.

158
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

En términos de experiencia corporal, la cirugía de la obesidad reproduce


una retórica de inferioridad femenina y refuerza en las mujeres la idea de que
sus cuerpos no son suficientemente buenos, ni siquiera para adelgazar; inte-
riorizan que sus cuerpos son demasiado abultados, grandes, deformes, feos,
desagradables, enfermos, antiestéticos, indeseables, no deseables, entre otras
características atribuidas como feminizadas.
Atreverse a poner en tela de juicio que la gordura es una enfermedad
actualmente provoca risas, molestias, descalificaciones e insultos, por decir
lo menos. Pero ¿cómo es que llegamos a creer que no podemos responder a
las instituciones de salud y sus agentes a través de sus propios organismos
reguladores?, ¿cómo la vivencia corporal regulada se ha vuelto un asunto
que nos ha dejado de interesar porque la hemos aceptado como un actuar
para “nuestro propio bien”?, ¿cómo esa dimensión configura una idea de vida,
de existencia basada en el permiso de su existencia según el grado de inter-
vencionismo corporal?

159
Torcer la educación de políticas
educativas, currículo y práctica
docente sobre el cuerpo
y el afecto

Ignacio Lozano Verduzco

A principios de 2019 fui invitado a dar una serie de talleres so-


bre educación integral de la sexualidad en una escuela priva-
da del sur de Ciudad de México. Una colega y yo trabajamos
juntos durante tres meses con grupos desde sexto de primaria
hasta tercero de preparatoria, en sesiones de cuarenta y cinco
minutos. Considerando el poco tiempo que teníamos con cada
grupo, mi colega y yo armamos un dispositivo didáctico que
pudiera interrumpir las típicas lógicas escolares: iniciar cada
sesión presentándonos como sujetos sexuados para, desde ahí,
abrir espacio en el que les estudiantes1 plantearan dudas, pre-

1 Uso la e en pronombres, sustantivos y adjetivos personales para reconocer e incluir


en una sola figura gramatical, cuando es necesario enfatizarlo, los diferentes cuerpos
generizados: masculinos, femeninos, trans, no binarios, etcétera, pero sin que de
ninguna manera excluya a ni uno solo cuando no la use.
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

guntas e inquietudes con los cuales establecer el diálogo. Mi colega, una mujer
cisgénero,2 heterosexual, feminista y madre de un pequeño de cuatro años, y
yo, un hombre cisgénero, marica y feminista, para empezar contábamos algu-
na anécdota breve sobre nuestra sexualidad. Llegamos a platicar, por ejemplo,
de la reciente discusión que hubiésemos tenido con nuestra pareja, de nuestro
primer beso, de nuestra primera experiencia sexual con penetración.
En un grupo de primero de secundaria, después de presentarnos y de ex-
plicarles que estábamos ahí para platicar de cualquier cosa que se relacionara
con la sexualidad, se hizo un silencio incómodo. Les estudiantes o se veían a la
cara e inmediatamente esquivaban la mirada, o se sentaban sobre sus manos,
o hacían como que miraban a lo lejos a través de la ventana, o se susurraban
al oído. Uno de esos susurros provocó risas en tres estudiantes hombres que
se habían apiñado entre ellos. Por más que intentaron guardar silencio –como
si ésa hubiera sido la instrucción– la risa terminó por contagiar a otros estu-
diantes hombres que estaban a su lado. Aproveché la ocasión para preguntar si
podían contarnos cuál era la causa de sus risas. Los primeros tres estudiantes
no podían contenerse, pero se negaron a decir qué los hacía reír tanto. Se mi-
raban entre ellos, sonrojados, y me volteaban a ver sin atinar a decir algo. Les
volví a pedir que hablaran, que hicieran una pregunta si es que tenían alguna.
Finalmente, uno, que parecía ser el más atrevido, de manera tímida preguntó:
“¿Cuántos tipos de semen existen?”.
Tanto mi colega como yo quedamos sorprendidos. No nos imaginába-
mos a qué se podían referir, pero teníamos muy claro que del semen no hay
“tipos”. Ante la pregunta, el resto del grupo estalló en risas que terminaron por
romper el incómodo silencio. Mi colega y yo aprovechamos el momento para
explorar, y preguntamos qué querían decir. El mismo estudiante contestó: “Es
que leímos que si comes piña tu semen sabe a piña”.
Con ambas verbalizaciones, tanto la pregunta como su explicación, se
abrió la posibilidad de hablar de una dimensión de la sexualidad: que niñes y
jóvenes casi no hablan con personas adultas sobre el tema. Pasamos los casi
cuarenta minutos restantes en una conversación, que se hizo interesantísima,
sobre las funciones corporales –casi todas atribuidas a los genitales y su po-
tencialidad de placer– con aquel grupo integrado por veinte estudiantes de

2 Cis es un prefijo usado en las propuestas teóricas y políticas transgénero para referirse a las personas cuya
expresión de género “concuerda” con el sexo que se les asignó al nacer. Es decir, como el opuesto a trans,
prefijo que se refiere a sujetos cuya expresión de género es “diferente” del sexo asignado al nacer.

162
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

entre doce y catorce años. Cuando sonó la campana, ni une se levantó para
salir: nadie quería que terminara la plática. Algunas muchachas se acercaron a
mi colega para hacerle más preguntas; después supe que tenían que ver con la
menstruación. Dos muchachos se me acercaron para preguntar: “¿A qué edad
es mejor decirles a mis papás que soy bisexual?”.
Durante la experiencia pedagógica que aquí relato –como en todas las
demás–, lo que mi colega y yo buscamos fue torcer3 algunas de las lógicas típi-
cas del proceso de enseñanza-aprendizaje. Primero, colocamos al estudiantado
como líder del aula. Al solicitarles preguntas y que expresaran sus inquietudes
y dudas, animábamos a les estudiantes a explorarse a sí mismes y tomar ini-
ciativa sobre su propia curiosidad. Segundo, construimos una representación
de les docentes como cuerpos sexuados y no únicamente como portadores de
conocimientos y saberes. De esa forma, fue posible hacer que se dieran cuenta
de que somos afectades por otros cuerpos a través de las relaciones que cons-
truimos unes con otres. Y tercero, pusimos en el centro de la conversación un
tema del que difícilmente se habla en los escenarios educativos: el placer que
el cuerpo puede sentir y ofrecer en la experiencia de lo sexual. Al tratarse de
una realidad silenciada, nuestra torcedura permitió abrir otros silencios, con
afectos distintos, desde donde la curiosidad de les muchaches pudo convertir-
se en palabra.
Por otra parte, con mi relato tengo el afán de sentar las directrices sobre
las cuales deseo profundizar en el presente ensayo. Quiero hablar del cuerpo y
de sus afectos, pero sobre todo de cómo son regulados por una serie de polí-
ticas de género y de sexo a través de las instituciones sociales, específicamente
las de educación formal. Mi objetivo es analizar la manera en que las escuelas
juegan en un tablero de coordenadas sociopolíticas que inducen a la institu-
cionalización de ciertos conocimientos y ciertos saberes, para luego reflexio-
nar en cómo ello tiene impactos diversos en la vivencia del cuerpo, impactos
no siempre favorables. Paradójicamente, la experiencia de la que parto para mi
análisis da cuenta de cómo el currículo, en cuanto compendio estructurado
y estructurante de conocimientos y saberes institucionalizados, y la práctica
3 Ignacio Lozano Verduzco, R. Izcóatl Xelhuantzi Santillán, Laura Mamo et al., “Interrupting Heteronor-
mativity in Mexican Schools: Alignments, Twists and Sexual Diversity”, en International Journal of Edu-
cational Research Open, vol. 2 (Ámsterdam: Science Direct-Elsevier, 2021), [Link]
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163
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

docente, en cuanto resultado de la regulación corporal y del currículo mismo,


no han sido afectados por movimientos sociales ni políticas públicas con que
se ha intentado propiciar condiciones de igualdad, y, así, participan de la per-
petuación de procesos que dan forma al cuerpo y a los afectos constriñéndolos
dentro de una matriz heterosexual, patriarcal y cisgénero.

Género y cuerpo

Desde el giro posmoderno se ha argumentado que las subjetividades no son


procesos que radican en cada individuo, sino que obedecen a lógicas lingüís-
ticas –y, por tanto, gramaticales, conversacionales, etcétera– instituidas en
discursos más amplios que se expresan en diferentes esferas de la vida.4 Esa
perspectiva ha permitido entender que los discursos –formas institucionaliza-
das de lenguaje– son fuerzas constitutivas de la subjetividad. En otras palabras,
el cuerpo es resultado no únicamente de procesos biológicos y anatómico-
fisiológicos, sino también culturales: el cuerpo es objeto y sujeto de la cultura,5
por lo cual constantemente es interpretado. Judith Butler6 ha argumentado
extensamente que las normativas de género se imprimen sobre los cuerpos a
través de la repetición de ciertos usos específicos del lenguaje que tienen lugar
en las interacciones sociales, orientadas éstas por discursos, conocimientos y
saberes que construyen formas específicas de poder. Para ser más claro, Butler

4 Judith Butler, Cuerpos que importan / Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”, trad. Alcira
Bixio (Buenos Aires: Paidós, 2002), [Link]
9da8e/[Link] || Thomas J. Csordas, “Introduction: The Body as Rep-
resentation and Being-in-the-world”, en Embodiment and Experience / The Existential Ground of Culture
and Self, Thomas J. Csordas (ed.), (Cambridge: Cambridge University Press, 1994), 1-26, [Link]
[Link]/publication/227762808_Embodiment_and_Experience_The_Existential_Ground_of_
Culture_and_Self || Bronwyn Davies y Rom Harré, “Positioning: The Discursive Production of Selves”,
en Journal for the Theory of Social Behaviour, vol. 20, núm. 1 (Hoboken [NJ]: Wiley-Blackwell, marzo de
1990), 43-63, [Link]
duction_of_Selves [versión en línea fuera de Journal for the Theory of Social Behaviour]. || Candace West
y Don H. Zimmerman, “Doing Gender”, en Gender & Society, vol. 1, núm. 2 (Kent [OH]-Londres: Soci-
ologists for Women in Society-Kent State University-Sage Publications, junio de 1987), 125-151, https://
[Link]/0t4/crcees/files/summerschool/readings/WestZimmerman_1987_DoingGender.pdf
5 Steven Van Wolputte, “Hang on to Your Self: Of Bodies, Embodiment, and Selves”, en Annual Review
of Anthropology, vol. 33 (San Mateo [CA]: Annual Reviews, octubre de 2004), 251-269, [Link]
[Link]/publication/228861192_Hang_On_to_Your_Self_Of_Bodies_Embodiment_and_Selves
6 Butler, Cuerpos que importan...

164
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

sostiene que el género que “somos” en realidad es un género que hacemos con
cada acto que llevamos a cabo, un acto de habla o de performatividad.
Hacer género a través de la performatividad implica una serie de activi-
dades perceptuales, interaccionales y micropolíticas que son guiadas social-
mente y que dan la impresión de edificar una esencia masculina y una esencia
femenina.7 De esa forma, todas las personas no nacen en un género, sino que,
al hacerlo, lo constituyen como propio. El género es una matriz que organiza
la vida individual y social en todas sus esferas, incluidas la del sexo, la sexua-
lidad y la institucionalidad.8 Por ejemplo, Butler señala que a través de esa
matriz los genitales en forma de pene y testículos indican un cuerpo macho,
un sexo hombre, un género masculino y una sexualidad activa y penetrativa.
Esa matriz también indica geometrías de poder a través de las cuales los cuer-
pos se vuelven sujetos, geometrías que separan a los hombres de las mujeres,
lo masculino de lo femenino, lo hetero de lo homo y lo cis de lo trans a partir
de la apariencia de los genitales. En esa separación también se adjudica una
serie de características propias de los hombres y propias de las mujeres, y en
esa diferenciación los hombres constantemente gozamos de privilegios que a
las mujeres no se les otorgan.
Celia Amorós,9 por su parte, señala que los hombres participamos ac-
tivamente en el mantenimiento del patriarcado –aunque nos afecte negativa-
mente– debido a que el sistema de género es metaestable y requiere de pactos
seriados para su consolidación. Es decir, los hombres creamos acuerdos cons-
tantes y performativos entre nosotros que apuntalan el patriarcado como si

7 West y Zimmerman, “Doing Gender”.


8 Butler, Cuerpos que importan... || Adrienne Cecile Rich, “Compulsory Heterosexuality and Lesbian Exis-
tence”, en Journal of Women’s History, vol. 15, núm. 3 (Baltimore: Johns Hopkins University Press, otoño
de 1980), 11-48, [Link]
[Link] || Joan W. Scott, “El género: una categoría útil para el análisis histórico”, en El
género / La construcción cultural de la diferencia sexual, Eugenio y Marta Pórtela (trad.), en Marta Lamas
(comp.), (México: Programa Universitario de Estudios de Género-Universidad Nacional Autónoma de
México-Miguel Ángel Porrúa, 4ª reimp. 2013 de la 1ª ed. 1996), 265-302, [Link]
equidadNotas/publicacionLXIII/El%20genero.%20La%20construccion%20cultural%20de%20la%20
diferencia%[Link] || Monique Wittig, El pensamiento heterosexual y otros ensayos, trad. Javier Sáez
y Paco Vidarte (Madrid: Egales, 2006), [Link]
[Link]
9 Celia Amorós, “Notas para una teoría nominalista del patriarcado”, en Asparkía / Investigació Feminista,
núm. 1 (Castellón de la Plana [España]: Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Pu-
rificación Escribano-Universitat Jaume I, 1992), 41-58, [Link]
article/view/412/331

165
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

éste fuera una fuerza natural. La eficacia de esos acuerdos radica en sostener
una serie de privilegios para nosotros a expensas de las mujeres y de los cuer-
pos feminizados, construyendo lógicas que les afectan perjudicialmente.

Instituciones educativas, currículo y afecto

Las instituciones educativas, como espacios privilegiados de la modernidad


que son, constituyen un establecimiento social para la organización de la vida
política y la construcción de ciudadanía, y de ahí que sean fundamentales al
elaborar y difundir ciertos conocimientos y ciertos saberes reunidos y organi-
zados en el currículo escolar. Se sabe que en México el programa de estudios
sobre sexualidad es biologicista y centrado en la reproducción,10 condición
que invisibiliza los demás procesos corporales y afectivos. Al ser espacios que
orientan los cuerpos hacia lógicas binarias, favorecen la construcción de una
ciudadanía y de una política cisheteropatriarcal que resulta para todo ser hu-
mano –se reconozca o no– en vivencia limitada y dolorosa de su sexualidad,
de su género y de su cuerpo. En consecuencia, la experiencia escolar puede
estar llena de sufrimiento.11 Varios investigadores encuentran que cuando las
instituciones educativas sostienen currículos de esas características, ejercen
vigilancia y control sobre la vivencia individual de la sexualidad, provocando
emociones y sentimientos que van segregando a aquellos cuerpos que no se

10 Adriana Leona Rosales Mendoza y Fernando Salinas Quiroz, “Educación integral de sexualidad y género
en la secundaria en México”, en Revista Universitaria, núm. 21 (México: Universidad Pedagógica Nacio-
nal, mayo-agosto de 2017), 1-19, [Link]
[Link] || Adriana Leona Rosales Mendoza y Fernando Salinas Quiroz, “Educación sexual y géne-
ro en primarias mexicanas: ¿qué dicen los libros de texto y el profesorado?”, en Revista Electrónica Educa-
re, vol. 21, núm. 2 (Heredia [Costa Rica]: Centro de Investigación y Docencia en Educación-Universidad
Nacional Costa Rica, mayo-agosto de 2017), 1-21, [Link]
article/view/7724/16581
11 Alanis Bello Ramírez, “Hacia una trans-pedagogía: reflexiones educativas para incomodar, sanar y cons-
truir comunidad”, en Debate Feminista, año 28, vol. 55 (México: Centro de Investigaciones y Estudios de
Género-Universidad Nacional Autónoma de México, abril-septiembre de 2018), 104-128, [Link]
[Link]/df_ojs/[Link]/debate_feminista/article/view/2105/1897 || Deborah Britz-
man, “Curiosidad, sexualidad, curriculum”, trad. Gabi Herczeg, en bell hooks, Valeria Flores y Deborah
Britzman, Pedagogías transgresoras (Córdoba: Bocavulvaria Ediciones, 2016), 66-98, [Link]
[Link]/wp-content/uploads/2017/12/PEDAGOGIAS-TRANSGRESORAS-COMPLETO.
pdf || Valeria Flores, “Afectos, pedagogías, infancias y heteronormatividad: reflexiones sobre el daño”, en
hooks, Flores y Britzman, Pedagogías transgresoras, 13-30.

166
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

alinean con las normas del sistema sexo/género, de lo cual derivan malestares
múltiples, absentismo y bajo rendimiento académico.12
Debemos considerar, entonces, que es con esa lógica con la que las es-
cuelas institucionalizan sus discursos, conocimientos y saberes, limitando la
expansión de las nociones en torno al cuerpo, al género y al sexo. Alfredo
Nateras, de manera atinada, reflexiona acerca de que

[l]a disputa por el cuerpo tiene que ver con el control que se está dando y la
violencia que se ejerce. [...] la violencia tiene que ver con relaciones asimétricas
de poder. Y quienes tienen esa relación de poder son las figuras, en su mayoría
adultas, traducidas en los profesores. Es decir, la disputa se ve en los espacios
de la clase, en términos de que el diseño de alguna estética probablemente
no concuerda con el imaginario de la estética del diseño del profesor o de la
autoridad. [...] entonces, en la disputa del cuerpo regularmente el cuerpo no le
pertenece a quien lo habita.13

Nateras se refiere a las prácticas que emplean profesores y autoridades


escolares para regular a sus estudiantes: prohibir que se tatúen, que se prac-
tiquen perforaciones, que usen cierta ropa. Una forma de limitar la expre-
sión corporal y, por tanto, los procesos de subjetivación es recordarles a las
mujeres su “obligación” de no usar blusas o vestidos “demasiado escotados” ni
faldas “demasiado cortas”, así como recordarles a los hombres que el esmalte
de uñas, el pelo largo, los aretes, entre otros elementos de vestuario, son pro-
pios de los cuerpos con vulva.
La educación formal considera el cuerpo como un producto de la orga-
nización biológica, que se basa en sólo una de sus funciones genitales: la de la
reproducción. Pensar el cuerpo sexuado de esa forma ha llevado a una serie
de divisiones socioculturales y políticas que se viven como escisión entre la

12 Jen Gilbert, Sexuality in School / The Limits of Education (Mineápolis: University of Minnesota Press,
2014). || C.J. Pascoe, Dude, You’re a Fag / Masculinity and Sexuality in High School (Oakland: University
of California Press, 2ª ed., 2011).
13 Alfredo Nateras, “Qué significa ser joven en México, reflexiones sobre las identidades juveniles y las sub-
jetividades”, en Violencia de Género, Juventud y Escuelas en México / Situación Actual y Propuestas para
su Prevención, Elena Tapia Fonllem, Irma Saucedo González y Luciana Ramos Lira (coords.), (México:
Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género-H. Congreso de la Unión-
Cámara de Diputados LXII Legislatura, 2015), 25, [Link]
[Link]

167
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

vida privada y la vida pública; ha llevado a la socialización diferenciada entre


niños y niñas, lo cual implica la exclusión de cuerpos que se contraponen a los
estereotipos y a las normativas tradicionales en torno al ser hombre y al ser
mujer –niños, niñas; niños maricas, afeminados; niñas marimachas, macho-
rras–. Así, el currículo no sólo entiende el cuerpo sexuado exclusivamente en
sus potencialidades reproductivas, sino que, además, se convierte en el sedi-
mento del desarrollo identitario estableciendo fuerzas que sólo reconocen lo
masculino y lo femenino a partir de la apariencia de los genitales. Eso se revela
en los contenidos curriculares tanto explícitos como implícitos, tanto evidentes
como ocultos, y en la propia estructura arquitectónica de una escuela: baños para
niñas y baños para niños, filas para niñas y filas para niños; en el patio de recreo,
los niños juegan futbol y las niñas a saltar la cuerda. Son muchos los ejemplos
comunes en las escuelas de nuestro país.
Las pedagogías críticas, desde los feminismos y las posturas cuir,14 han
evidenciado la manera en que las escuelas, en su intrincada complejidad,
contribuyen a los modos de subjetivación descritos: todos los cuerpos son
integrados a una categoría sexual (hombre o mujer), a un género (masculi-
no o femenino), a una orientación sexual (la heterosexual) y a una vivencia
corporal cisgénero. Esas críticas señalan que “toda educación es sexual”, lo
cual significa que cualquier acción educativa tiene impacto sobre el cuerpo:
lo moldean y lo regulan, específicamente en lo que concierne a los genitales,
su forma, su uso, las relaciones interpersonales y los afectos ligados a ello.
Las pedagogías feministas, trans y cuir señalan claramente que el currículo
–tanto explícito como implícito, tanto evidente como oculto– sostiene y es
sostenido por estructuras heteronormadas que gobiernan sobre los cuerpos,
cerrando las posibilidades a una sola: la de construir una vida únicamente
heterosexual. Las prácticas típicas de las escuelas mexicanas son parte de un
complejo entramado de patrones y prácticas que materializan las reglas de
14 Bello Ramírez, “Hacia una trans-pedagogía...”. || Britzman, “Curiosidad, sexualidad, curriculum”. || Flo-
res, “Afectos, pedagogías, infancias y heteronormatividad...”. || Jen Gilbert, Jessica Fields, Laura Mamo
et al., “Intimate Possibilities: The Beyond Bullying Project and Stories of LGBTQ Sexuality and Gender
in US Schools”, en Harvard Educational Review, vol. 88, núm. 2 (Cambridge: Harvard College-Harvard
Education Press, verano de 2018), 163-183, [Link]
timate_Possibilities_The_Beyond_Bullying_Project_and_Stories_of_LGBTQ_Sexuality_and_Gen-
der_in_US_Schools || bell hooks, “Eros, erotismo y proceso pedagógico”, en hooks, Flores y Britzman,
Pedagogías transgresoras, Gabi Herczeg (trad.), 1-12. || Graciela Morgade (coord.), Toda educación es
sexual / Hacia una educación sexuada justa (Buenos Aires: La Crujía Ediciones, 2011), [Link]
[Link]/old/[Link]/uploads/docs/esi_18_morgade___toda_educacion_es_sexual.pdf

168
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

género y de sexo para alinear esos cuerpos de acuerdo con ciertos estándares.
Y las formas de inculcación tienen implicaciones afectivas: regular el cuerpo
también es regular los afectos, los sentimientos, las emociones.
Esas formas de regulación de los cuerpos son formas de violencia de gé-
nero. Como bien observa Amorós,15 los sistemas de regulación corporal son
metaestables, “gelatinosos”, y por ello requieren como sostén las actuaciones
seriadas y continuadas de las personas en privilegio (hombres, masculinos,
heterosexuales) para estabilizarlo, sobre todo cada vez que se atenta contra
ellos. Las instituciones sociales, como la escuela, la familia, los medios de co-
municación y las instancias de procuración de salud y de justicia, son espacios
organizados que facilitan la postergación de los marcos regulatorios a los que
me refiero, y así constantemente llevan a cabo prácticas de inculcación. De
acuerdo con Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron,16 las escuelas son espa-
cios idóneos para el ejercicio de acciones pedagógicas autoritarias que incul-
can una serie de conocimientos y saberes para habituar a los cuerpos a ciertas
normas que facilitan la vida en sociedad según los términos que han dictado.
Son instituciones violentas por su naturaleza social. Lo que se inculca es lo que
está presente en el currículo. La inculcación, continúan explicando Bourdieu
y Passeron, se vuelve una forma de violencia simbólica que estructura a las
personas y sus relaciones. Las violencias de género, en todas sus expresiones,
modalidades y tipos, son tentáculos de los marcos regulatorios de los cuerpos,
pues buscan tenazmente estabilizar tanto al patriarcado como a lo hetero y lo
cisnormal,17 y es así como se manifiestan en el ámbito escolar.18

15 Amorós, “Notas para una teoría nominalista del patriarcado”.


16 Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron, La reproducción / Elementos para una teoría del sistema de en-
señanza, trad. E.L. (México: Distribuciones Fontamara, 2ª ed., 1996), [Link]
[Link]/2011/05/[Link]
17 Cathy J. Cohen entiende la heteronorma como una serie de prácticas localizadas que son institucional-
mente centradas para legitimar y privilegiar la heterosexualidad. Se trata de una forma específica de
construir ciudadanía, por lo cual constriñe la posibilidad de relaciones que el sujeto puede entablar con
el Estado. La cisnorma, lo cisnormal, asimismo los entiende como forma de establecer un orden corporal
específico en el que los genitales “concuerdan” con el sexo asignado (hombre o mujer) y con la noción de
género de la persona (masculino o femenino). Cathy J. Cohen, “Punks, Bulldaggers, and Welfare Queens
/ The Radical Potential of Queer Politics?”, en GLQ / A Journal of Lesbian and Gay Studies, vol. 3, núm.
4 (Durham: Duke University Press, mayo de 1997), 437-465, [Link]
content/uploads/2013/04/[Link]
18 Angélica Aremy Evangelista García y Sarai Miranda Álvarez, “Violencia de género experimentada en el
ámbito escolar. Un análisis descriptivo de la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de los Hogares, En-
direh, para las adolescentes de 15 a 19 años en el estado de Chiapas, México”, en Entre Diversidades / Re-

169
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

A su vez, las instituciones educativas proveen de un campo fértil para el


mantenimiento de las lógicas binarias. La construcción del currículo se basa
en lineamientos establecidos por instancias internacionales; luego, llega a las
oficinas federales de los países, donde es “adaptado” sin mayor cuestionamien-
to para integrar los contenidos de los libros de texto, que serán obligatorios
para todo el estudiantado de cada territorio nacional. Es así como el currícu-
lo aporta a los marcos regulatorios del cuerpo. Santiago Herrera19 analizó, por
ejemplo, las ilustraciones del libro de texto para la materia de historia de sexto de
primaria de la Secretaría de Educación Pública (sep); encontró que el contenido
gráfico no estaba elaborado con perspectiva de género, pues en la mayor parte
de sucesos las mujeres no estaban incluidas, por olvido u omisión, como agentes
activos de la historia de la humanidad, o bien, en algunos sucesos aparecían es-
casamente y apenas mostradas, pero en papeles estereotipados.
Por su parte, Filipa de Castro y sus colaboradoras20 encontraron que la
educación sexual impartida a les estudiantes de preparatoria en México se
basa en elementos propuestos por la International Planned Parenthood Fe-
deration (ippf; Federación Internacional de Planificación Familiar), basados
en hipótesis higienistas.21 Los contenidos curriculares en torno a la sexualidad
la entienden, en el mejor de los casos, como un campo humano que requiere
intervención médica constante, pues quienes la practican (sobre todo jóvenes)
están en riesgo permanente.22 En específico, el grupo de investigación de De
Castro determinó que la mayor parte de les estudiantes conocen la informa-
ción básica para prevenir infecciones de transmisión sexual (its), sobre los
efectos negativos del consumo de alcohol y de drogas (estupefacientes) en la

vista de Ciencias Sociales y Humanidades, núm. 11 (Chiapas: Instituto de Estudios Indígenas-Universidad


Autónoma de Chiapas, julio-diciembre de 2018), 167-197, [Link]
entrediversidades/article/view/114/231
19 Santiago Herrera, “La perspectiva de género en las imágenes que ilustran el libro de texto gratuito de
historia de sexto de primaria ciclo de la sep 2014-2015”, tesis de licenciatura inédita (México: Universidad
Pedagógica Nacional, 2017).
20 Filipa de Castro, Rosalba Rojas Martínez, Aremis Villalobos Hernández et al., “Sexual and Reproduc-
tive Health Outcomes are Positively Associated with Comprehensive Sexual Education Exposure in
Mexican High-school Students”, en PLoS One, vol. 13, núm. 3 (San Francisco-Cambridge: Public Li-
brary of Science, marzo de 2018), [Link]
pone.0193780&type=printable
21 Michel Foucault, Historia de la sexualidad 1 / La voluntad de saber, Ulises Guiñazú (trad.), (México-
Madrid: Siglo xxi Editores, 25ª ed. esp., 1998).
22 Mauricio List Reyes, La sexualidad como riesgo / Apuntes para el estudio de los derechos sexuales en el
contexto del neoconservadurismo (Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014).

170
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

práctica de una sexualidad activa, sobre cómo prevenir un embarazo y sobre


violencia física. Las investigadoras observan que las mujeres suelen ser ex-
puestas con mayor frecuencia que los hombres a los dos últimos tópicos. No
obstante, el tema de menor exposición en ese rubro es sobre la ciudadanía
sexual y los derechos, que incluye cómo sobrepasar barreras para conseguir
dispositivos anticonceptivos y cómo hablar con la pareja para usarlos. Les es-
tudiantes hombres, en cambio, suelen ser expuestos con mayor frecuencia a
temas sobre formas de acoso escolar por raza, por color de piel, por discapaci-
dad y por homofobia. Esa información permite evidenciar que los alcances del
currículo son limitados. En esos términos, para Ana Amuchástegui Herrera y
Marta Rivas Zivy23 la apropiación de derechos sexuales no radica únicamente
en poder conseguir anticonceptivos y decidir su uso con la pareja sexual, sino
también en un proceso subjetivo que implica vivirse como un ser de placer,24
pero el elemento placer es el que menos se encuentra como parte de la educa-
ción sexual en México.
En algunos casos investigados en Gran Bretaña por Louisa Allen25 y en
Estados Unidos por C.J. Pascoe26 y por Jen Gilbert y sus colaboradoras,27 así
como en los investigados en México por un grupo de colegas y yo,28 se muestra
que desde las escuelas es ejercida la regulación de la sexualidad cuando por su
cultura aparece como estrategia discursiva que identifica y construye al sujeto
estudiante como ser no sexual. Apegados a las hipótesis higienistas, que pintan
la sexualidad como un riesgo, quienes dirigen las escuelas elaboran estrate-
gias que les permiten omitir por completo el placer de su estudiantado. Eso se
traduce en una limitación para la agencia y la ciudadanía sexual de les jóvenes
y erosiona la efectividad del currículo, pues al eliminar o anular esa facultad
23 Ana Amuchástegui Herrera y Marta Rivas Zivy, “Los procesos de apropiación subjetiva de los derechos
sexuales: notas para la discusión”, en Estudios Demográficos y Urbanos, vol. 19, núm. 57 (México: El Cole-
gio de México, septiembre-diciembre de 2004), 543-597, [Link]
24 Id.
25 Louisa Allen, “Denying the Sexual Subject: Schools’ Regulation of Student Sexuality”, en British Educa-
tional Research Journal, vol. 33, núm. 2 (Londres: British Educational Research Association-Wiley, 2007),
221-234.
26 Pascoe, Dude, You’re a Fag...
27 Gilbert, Sexuality in School...
28 Ignacio Lozano Verduzco, Fernando Salinas Quiroz, Adriana Leona Rosales Mendoza et al., Diagnóstico
sobre Apropiación de Derechos Sexuales, Acoso y Hostigamiento Sexual en la Universidad Pedagógica Na-
cional Unidad Ajusco (México: Universidad Pedagógica Nacional, 2021), [Link]
mx/[Link]/publicaciones/colecciones/horizontes-educativos/548-diagnostico-sobre-apropiacion-
de-derechos-sexuales-acoso-y-hostigamiento-sexual

171
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

humana fundamental que es el placer se niega la dimensión integral del ser hu-
mano y queda trunco y deficiente el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Si bien son alentadores unos cuantos de los hallazgos de las investigacio-
nes que he referido, no señalan en su conjunto un currículo que refleje una
actitud comprensiva en quienes lo conciben y lo diseñan, su entendimiento y
aceptación sobre la experiencia y la vivencia de la sexualidad en todos y cada
uno de sus elementos: el cuerpo, el placer, los afectos. Insisten en conceptua-
lizar el cuerpo como un territorio en riesgo constante para insertar formas
de prevención que resultan sumamente específicas de ciertas eventualidades,
pero alejadas de la experiencia viva de las juventudes que reciben ese cono-
cimiento y ese saber.29 Recordemos que los conocimientos, los saberes y su
movimiento dentro de toda institución escolar forma parte de procesos de
subjetivación; entonces, condicionan la formación de sujetos que terminan
desconociendo su propia capacidad de placer, y que, si les es dado experi-
mentar en carne propia el placer erótico y sexual, sienten culpa y vergüenza.
Además, el currículo no reconoce las diferentes lógicas de desigualdad entre
hombres y mujeres y las lógicas de poder que conducen a la subjetivación de
los hombres y devienen formas de violencia contra las mujeres y los cuerpos
feminizados. Para Rita Segato,30 esas configuraciones refieren a lo que llama
pedagogía de la crueldad: “todos los actos y las prácticas que enseñan, habitúan
y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas”. Lejos de
proveer de aprendizajes significativos para la vida, el currículo provee de datos
e informaciones incompletos, sesgados y aislados, sin conexión entre sí, des-
vinculados de los contextos del estudiantado pero que reproducen lógicas de
poder sobre el cuerpo que resultan en desigualdades entre hombres y mujeres,
entre lo hetero y lo homo, entre lo cis y lo trans.

29 List Reyes, La sexualidad como riesgo...


30 Rita Segato, “Pedagogías de la crueldad / El mandato de la masculinidad” (fragmentos), en Revista de la
Universidad de México, Nueva Época, no. 854: Feminismos (México: Universidad Nacional Autónoma de
México, noviembre de 2019), 27-31, [Link]
4b4b-afb8-b15279b6f615

172
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Políticas educativas, políticas de género


y la construcción del currículo desde el cuerpo y el afecto

En sus análisis, numerosos investigadores han demostrado que las normativas


suscritas mediante convenios internacionales para actualizar los marcos lega-
les de cada país en materia de educación no han sido aplicadas en la práctica
cotidiana por las instituciones de educación, ni públicas ni privadas. Así, hoy
en día en México no es todavía una realidad el cambio a pesar de que es uno
de los países participantes y firmantes de varios convenios en los que se ha
comprometido a adoptar acuerdos, tales como los de la Convención de Be-
lém do Pará para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer,
de 1994; los de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, de
1995; los de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo
xxi: Visión y Acción, en París, de 1998; y los de la Conferencia Mundial so-
bre Educación Superior: Las Nuevas Dinámicas de la Educación Superior y
de la Investigación para el Cambio Social y el Desarrollo, en París, de 2009.31
Esos y otros acuerdos obligan a las instituciones federales y estatales de los
países firmantes, desde las secretarías hasta las escuelas, a adoptar la pers-
pectiva de género en sus planes de estudio, de manera que coadyuven en el
esfuerzo internacional por garantizar la igualdad entre hombres y mujeres y
por eliminar todas las formas de violencia de género, específicamente aquellas
dirigidas contra las mujeres, así como el esfuerzo por propiciar y crear con-
diciones sociales y políticas que eliminen barreras que limiten a las mujeres
y por contribuir al desarrollo social a través de investigaciones en materia de
género. Incluso el incumplimiento en México es ilegal, ya que en la Constitu-
ción mexicana está incluida la prohibición de la discriminación en cualquiera
de sus formas, establecida explícitamente al final del Artículo 1º:

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional,


el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de

31 Véanse, por ejemplo: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultu-
ra, Conferencia y Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo xxi: Visión y Acción,
París, 5-9 de octubre de 1998, ED.98/CONF.202/3 (París: unesco, 1998), [Link]
ark:/48223/pf0000113878_spa || Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura, Conferencia Mundial sobre la Educación Superior 2009: La Nueva Dinámica de la Educación Su-
perior y la Investigación para el Cambio Social y el Desarrollo (comunicado), París, 5-8 de julio de 2009,
ED.2009/CONF.402/2 (París: unesco, 2010), [Link]

173
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cual-
quier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o
menoscabar los derechos y libertades de las personas.32

Es importante anotar al respecto que en los recientes años se han realiza-


do varias gestiones para que dicho párrafo sea reformado en el sentido de que
especifique sobre la discriminación por orientación y preferencia sexual y por
identidad de género.33
Además, existe la Declaración Ministerial para Prevenir con Educación,34
emitida por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Cari-
be, que obliga legal y jurídicamente al Estado mexicano a impartir educación
sexual integral en todos y cada uno de los niveles educativos, tanto en institu-
ciones públicas como privadas.
Aremis Villalobos y Diana Patricia Viviescas35 han informado de su inves-
tigación que quince de las treinta y dos secretarías estatales dependientes de la
sep (una por cada entidad federativa del país) cuentan con una unidad que se
encarga de los asuntos de género, incluso con planes de acción, pero que sólo en
trece de ellas su unidad se ha mantenido activa. Esas unidades activas se enfren-
tan a varios problemas operativos; por ejemplo, sólo en un caso el presupuesto es
suficiente para llevar a cabo sus funciones y poco más de la mitad apenas logran
un avance de cerca del 75% de su plan de acción. Si analizamos el informe de
Villalobos y Viviescas junto con el informe del grupo de investigación de Clara

32 Párrafo reformado según los documentos DOF 04-12-2006 y DOF 10-06-2011, sobre el artículo reforma-
do según documento DOF 14-08-2001. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publica-
da en el Diario Oficial de la Federación el 5 de febrero de 1917, vigente. Última reforma publicada en el
documento DOF 28-05-2021, [Link]
33 En abril de 2019 participé en una mesa de diálogo en la Cámara de Diputados sobre la reforma a dicho
artículo, y allí expuse la necesidad y la relevancia de realizar cuanto antes la reforma. Hasta ahora, la
Cámara se ha abstenido de continuar con el cambio sugerido.
34 Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe-Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Primera Reunión de Ministros de Salud y Educación para
Detener el vih e its en América Latina y el Caribe, Declaración Ministerial para Prevenir con Educa-
ción (Santiago de Chile: orealc-unesco, 2010), [Link]
Primera-reuni%C3%[Link]
35 Aremis Villalobos y Diana Patricia Viviescas, “Resultados cuantitativos por dependencia evaluada”, en
Monitoreo de la Política Nacional para la Igualdad en los Tres Poderes y Órdenes de Gobierno, Cuadernos
de Trabajo 33, Cristina Herrera y Clara Juárez (coords.), (México: Instituto Nacional de las Mujeres,
octubre de 2012), 127-145, [Link]
cuadernos/[Link].

174
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Juárez,36 podemos apreciar que los elementos más fuertes del plan de acción
de las unidades de género son la difusión y la capacitación del personal magis-
terial. Por otra parte, si analizamos la Estrategia Nacional para la Prevención
del Embarazo en Adolescentes, a cargo del Instituto Nacional de las Mujeres,37
podemos observar que no se considera al estudiantado como eje central de sus
actividades y que el profesorado aparece como responsable único de dichas acti-
vidades, pero recibe para ello sólo capacitaciones aisladas. Todo eso, en su con-
junto, evidencia que la política educativa y de género actual no permite analizar
y reflexionar en los contenidos de planes y programas puesto que las acciones se
centran en capacitar al magisterio y no en modificar el currículo ni en procurar
la formación holística e integral del estudiantado.
Es necesario reconocer que las políticas en materia de género son resul-
tado de una larga lucha de las mujeres en México. El movimiento de mujeres
en todas sus vertientes, tal como el movimiento feminista, ha pugnado por
denunciar las desigualdades, las injusticias y las violencias que afectan a las
mujeres y a los cuerpos feminizados de cualquier edad desde el sistema sexo/
género y la matriz regulatoria del cuerpo. Al conjunto de esas políticas y sus
efectos en las instituciones y la ciudadanía se le conoce como transversaliza-
ción de la perspectiva de género, pues se trata de una serie de esfuerzos para que
esa perspectiva –que reconoce las desigualdades entre los sexos inherentes a la
vida cotidiana– sea aplicada en cada una de las esferas de la vida pública, sin
excepción, y enfatizan que es fundamental que se empiece en las instituciones
de educación formal.
Los esfuerzos del movimiento de las mujeres son, pues, de orden social,
y se han materializado en el marco legal nacional e internacional para crear
políticas de igualdad de género, pero también han contribuido a la elaboración
de políticas en materia de sexualidad que incluyen la posibilidad de impartir
materias y asignaturas de educación sexual como parte de los programas de
estudio, si bien continúan las limitaciones sobre las cuales he venido reflexio-
nando en este ensayo. Rebeca Caballero Álvarez38 indica de manera muy clara

36 Clara Juárez, Cristina Herrera, Pablo Sandoval et al., “Resultados cualitativos por dependencia y entidad
federativa”, en Monitoreo de la Política Nacional para la Igualdad..., Herrera y Juárez (coords.), 147-183.
37 Instituto Nacional de las Mujeres, “Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescen-
tes” (México: Gobierno de México, 2021), [Link]
gia-nacional-para-la-prevencion-del-embarazo-en-adolescentes-33454
38 Rebeca Caballero Álvarez, “El diseño curricular como estrategia para la incorporación de la perspectiva
de género en la educación superior”, en Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, vol. XLI, núm. 3-4

175
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

que las instituciones de educación superior en México son, en gran medida, res-
ponsables de la imposibilidad de inculcar profundamente la perspectiva de gé-
nero. Enfatiza que la posibilidad de crear un currículo con perspectiva de género
requiere de la transformación de subjetividades y posiciones subjetivas deriva-
das de los discursos, los conocimientos y los saberes de sexo y de género. Apela
a la necesidad de construir un currículo con base en las políticas públicas y las
leyes actuales en materias de género, pero también y sobre todo que el proceso
de construcción del currículo constituya un ejercicio sensible y poroso ante las
realidades que los movimientos sociales denuncian, ante aquellas formas es-
tructurales de inequidad, de injusticia y de violencia. Esas realidades apuntan
al imperativo de entender que existe una honda separación entre las políticas
educativas y la vida cotidiana. Y puesto que se ha entendido que las institu-
ciones educativas son fundamentales tanto en la creación, la implementación
y la dirección de políticas educativas como en la construcción de discursos,
conocimientos y saberes que inauguren nuevos posicionamientos subjetivos,
así como bienes simbólicos que contribuyan a nuevas formas de interpelar
al cuerpo, se requiere de una articulación permanente y cuidada con fuerzas
instituyentes desde las cuales cuestionar el orden establecido sobre el género
y la sexualidad.
Así, no se harán realidad las demandas de los movimientos sociales
mientras en los documentos oficiales que regulan las prácticas y los procesos
de las escuelas –políticas públicas, reglamentos y leyes– no sea considerado
como esencial lo que en años recientes se ha reunido en el término afecto, es
decir, el complejo de afectos, emociones y sentimientos que sustentan la vida de
los cuerpos que forman parte de las instituciones.39 El giro afectivo40 ha venido a
reformular las nociones de identidad, subjetividad y poder al proponer nuevos
materialismos que implican ensamblajes entre los contenidos vivenciales en
el nivel normativo-simbólico y los contenidos vivenciales de la experiencia

(México: Centro de Estudios Educativos, 2011), 45-64, [Link]


pdf
39 Sara Ahmed, La política cultural de las emociones, trad. Cecilia Olivares Mansuy (México: Programa Uni-
versitario de Estudios de Género-Universidad Nacional Autónoma de México, 2015),[Link]
[Link]/curso2021/materiales/Sesion14/Ahmed2015_LaPoliticaCulturalDeLasEmociones.pdf
40 Alí Lara y Giazú Enciso Domínguez, “El giro afectivo”, en Athenea Digital, vol. 13, núm. 3 (Barcelona:
Universitat Autònoma de Barcelona, noviembre de 2013), 101-119, [Link]
view/v13-n3-lara-enciso/1060-pdf-es|| Margaret Wetherell, Affect and Emotion / A New Social Science
Understanding (Londres-Chennai [India]: Sage Publications, 2012).

176
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

subjetiva de cada persona. John Dewey41 sostenía que la experiencia –enten-


dida como conjunto de vivencias asimiladas que se tienen tanto en un momen-
to determinado como en la sucesión de momentos en el tiempo– es resultado
de una interacción en donde se unen lo racional y lo afectivo, y que es preciso
reconocerla como inseparable de la vida cotidiana, incluida la que se da en las
instituciones educativas. Pues bien, eso es lo que permitirá la construcción y
la organización de significados valiosos para todes, sin excluir a nadie. Si-
guiendo las consideraciones de Dewey sobre la experiencia, Alba Pons Ra-
basa42 propone la noción de ensamblajes afectivos: una categoría que permite
observar los procesos implicados en las negociaciones subjetivas entre, por un
lado, lo institucionalizado, lo normativo y lo simbólico de la vida social, y, por
otro lado, la experiencia encarnada. Son las experiencias, entonces, las que ac-
túan como vehículo para la comprensión del cuerpo y de cómo toma forma a
partir de diferentes lógicas de poder, discursos, conocimientos y saberes. Esos
procesos serán útiles para salirse del pensamiento binario y para entender la
manera en que los cuerpos son afectados por lo político en la intersección de
las geometrías de poder.43
La definición del giro afectivo resulta de enorme utilidad para analizar
la lógica de los vínculos entre lo político y lo corporal, pues, como señalan
Gregory J. Seigworth y Melissa Gregg,44 la noción de afecto permite pensar
en el cuerpo no como naturaleza con una esencia eterna sino como un sujeto
que aprende a ser afectado por una multiplicidad de elementos. Algunos de los
elementos que afectan al cuerpo son los discursos de alcance político, por lo
que el afecto implica a ese sujeto en el cruce de la vida política y una pedagogía
afectiva. El pensamiento de Foucault45 respecto a la sexualidad humana es útil
para entender esa encrucijada: que la sexualidad es un invento moderno que,

41 John Dewey, “Excerpts from: Experience and Nature, 1925, 21929”, en Scienze Postmoderne, página diri-
gida por Claudio Fasola y Marco Inghilleri (Florencia: Associazione Italiana di Psicologia e Sociologia
Interattivo Costruttivista, s/f),[Link]
rience%20and%20Nature%20%281925,%201929%[Link]
42 Alba Pons Rabasa, “Desafíos epistemológicos en la investigación feminista: hacia una teoría encarnada
del afecto”, en Debate Feminista, año 29, vol. 57 (México: Centro de Investigaciones y Estudios de Género-
Universidad Nacional Autónoma de México, abril-septiembre de 2019), 134-155, [Link]
[Link]/df_ojs/[Link]/debate_feminista/article/view/2121/1914
43 Id.
44 Gregory J. Seigworth y Melissa Gregg, “An Inventory of Shimmers”, en The Affect Theory Reader, Melissa
Gregg y Gregory J. Seigworth (eds.), (Durham-Londres: Duke University Press, 2010).
45 Foucault, Historia de la sexualidad...

177
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

en forma de red de poder, da lugar a los cuerpos en el entramado social. En


cuanto producto de la vida política, lo que aprendemos sobre el cuerpo y la
afectividad está imbricado en la vida pública y no sólo en el espacio privado,
íntimo, así que es la ocupación del espacio público donde radica la posibilidad
de ejercer la propia ciudadanía.

Inculcación, cognición y violencia curricular

Para entender la manera en que los discursos materializados en planes y pro-


gramas de estudios afectan la vida de las personas, quiero retomar la propues-
ta que desarrollaron Bourdieu y Passeron46 sobre los procesos por los cuales
se inculcan saberes. Los sociólogos discutieron –Passeron, quien sigue vivo,
continúa haciéndolo– desde varias perspectivas e implicaciones sobre la vio-
lencia simbólica, noción que propusieron para explicar la acción pedagógica a
cargo de una autoridad y que permite inculcar ciertos valores y ciertos saberes
sin que las personas inculcadas vivan el proceso como violencia, aunque en
realidad sí lo sea. Es decir, la violencia simbólica es aquella de la que no nos
damos cuenta. Eso conlleva un proceso de normalización de la violencia que,
de acuerdo con Ignacio Martín Baró,47 construye una espiral en donde tanto la
tolerancia a ésta como la violencia misma aumentan y envuelven, y, con ello,
los significados atribuidos a la violencia se transforman y la refuerzan. Bour-
dieu y Passeron explicaron las acciones pedagógicas como acciones violentas,
pues son el único medio de los modernos sistemas educativos por el cual se
transmiten, a fuerza, conocimientos y hábitos de un campo de conocimiento.
Esa propuesta podemos enriquecerla con la de Segato,48 quien después
de su exhaustivo trabajo de campo en diferentes países de América Latina ha
identificado y discernido las formas de violencia de género, en particular con-
tra mujeres y cuerpos feminizados, en lo que llama nuevas formas de guerra.
En las raíces de esas nuevas formas de guerra aparece la “sensación masculina”
de superioridad moral, una figura abstracta que educa a los hombres en todas
46 Bourdieu y Passeron, La reproducción...
47 Ignacio Martín Baró, Acción e ideología / Psicología social desde Centroamérica (San Salvador: uca Edito-
res, 2ª ed., 1985), [Link]
ologiapsicologiasocialdesdeCentroamerica/Martin-Baro-Accion-e-ideologia-Cap1-Entre-el-individuo-
[Link]
48 Segato, “Pedagogías de la crueldad...”.

178
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

las formas de violencia posibles para mantener un ordenamiento –supuesta-


mente ético– donde lo masculino se mantiene por encima de lo femenino.
La pedagogía de la crueldad, como la llama la antropóloga, implica diferen-
tes formas de inculcación de valores y hábitos de y para los hombres a través
de autoridades pedagógicas, generalmente otros hombres, tales como padres,
hermanos, tíos, profesores. En esa inculcación, los hombres aprenden a pactar
entre sí para contribuir a la subordinación de las mujeres y de los cuerpos
feminizados.
Si bien mis colegas y yo podemos dar fe de que en las escuelas mexicanas
la violencia simbólica es el pan de cada día, pues todas las prácticas en la vida
escolar son guiadas o gobernadas por reglas que inculcan formas de ser y estar,
también debemos considerar que les sujetes somos afectades constantemente
por esos esquemas, que delinean nuestras posibilidades de existencia, nuestras
experiencias, nuestras cogniciones y nuestras narrativas, pero que además, y
esto es crucial saberlo, podemos afectarlas. Para comprender la manera en que
se dispone la información inculcada, puede ser útil pensar en la perspectiva
cognitiva del aprendizaje, desde la cual se sostiene que el aprendizaje sucede
gracias al andamiaje o al acompañamiento de un sujeto más “experto” a un
sujeto menos o no experto. En la medida en que cada sujeto experto pueda
acompañar en el proceso, el sujeto menos o no experto “acomodará” cada nue-
va información en categorías aprendidas previamente. El andamiaje no es sólo
una estructura con estancos y un proceso de recepción de información, sino
que es una estructura, unos estancos y un proceso activos en donde se trata
de que los sujetos tomen las riendas de la construcción de su propio conoci-
miento. Es decir, que les estudiantes lideren las actividades de inculcación de
conocimientos y saberes, y, al hacerlo, produzcan a su vez otros conocimientos
y otros saberes para “acomodarlos” en categorías susceptibles de ser torcidas e
incluso rotas para elaborar otras.
La pedagogía de la crueldad descrita por Segato es un claro ejemplo de
cómo funciona el aprendizaje por descubrimiento, un proceso propuesto por
Jerome S. Bruner.49 Si pensamos en los procesos de socialización masculina,
en las actividades en las que se incluye a niños varones, debemos reconocer
que aparecen procesos pedagógicos inactivos, icónicos y simbólicos que per-
miten al sujeto descubrir conocimientos y saberes –en su caso, las normas de
49 Jerome S. Bruner, Desarrollo cognitivo y educación, Jesús Palacios (selec.), José Manuel Igoa González
(trad.), (Madrid: Morata, 1988).

179
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

la masculinidad– que les permiten desarrollarse como se espera. Las normas


de género se expresan en elementos simbólicos como el lenguaje; las imágenes
que proyectan la televisión, el cine y los libros de texto; los juegos permitidos
para niños, como el futbol. En México, Amuchástegui Herrera y Rivas Zivy50
describieron algunas actividades en las que se involucran hombres jóvenes,
tales como la de tener su primera relación sexual con trabajadoras sexuales –lo
cual se ha llegado a considerar como una “tradicional” manera de “hacerse
hombre”, como ritual de iniciación masculina en la vida sexual activa–. En el
conjunto de esos elementos, los hombres aprenden que el espacio público está
disponible para su uso, que los cuerpos de las mujeres están ahí para su uso y
placer, que las actividades homoeróticas son deleznables. En corto, la pedago-
gía de la crueldad se transmite de acuerdo con los valores y las normas de con-
textos locales a través de la interacción con una serie de objetos (animados e
inanimados) cargados de significados. Esas interacciones inducen a los niños
y a los varones jóvenes a repetirlas, a reproducirlas con todos sus significados,
al punto de que las hacen propias, las asimilan, se habitúan a ellas y las sostie-
nen en la vida institucional.

La práctica docente y las autoridades escolares


frente a la igualdad de género y la disidencia sexual

Si entendemos que los cuerpos son múltiple y constantemente afectados por


una serie de discursos y fuerzas políticas para dar lugar a ciertas subjetividades
–subjetividades que cargan con la posibilidad de crear ensamblajes específicos
entre su experiencia vivida y las normas y los símbolos en torno al género, al
sexo, a la edad, a la raza, entre otros factores–, entonces son los discursos mis-
mos los que habilitan sus posiciones subjetivas. Todo ensamblaje, todo afecto
y toda experiencia estarán de una u otra manera apegados al discurso hege-
mónico que habilita su existencia.
Si observamos los escenarios educativos, tanto formales como informales
y no formales, constataremos que todo educador se presenta no sólo como
profesor, sino también como sujeto sexuado y sujeto de género a partir de los
discursos disponibles en ese campo: participan en y de pactos seriados, de
actos de habla, de performatividades específicas que dan lugar a un cuerpo-

50 Amuchástegui Herrera y Rivas Zivy, “Los procesos de apropiación subjetiva...”.

180
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

hombre y un cuerpo-mujer con todas las lógicas de poder y desigualdad que


ello implica, así como de actos pedagógicos que conducen a formas de in-
culcación de conocimientos y saberes institucionalizados. En mi experiencia
como coordinador de proyectos de intervención en sexualidad y género en
escuelas públicas y privadas, así como en el trabajo de campo que he realizado
con familias de jóvenes lgbt en Ciudad de México, se ha hecho evidente que
la escuela, en cuanto institución, ejerce regulación constante sobre los con-
tenidos a los que el estudiantado es expuesto. Es decir, la escuela, desde su
privilegio moderno, actúa como mediador y filtro de conocimientos y saberes
que circulan en diferentes contextos, incluidos los virtuales. Eso se traduce en
considerar al estudiante como un sujeto incapaz de acceder a cierto conoci-
miento, un sujeto en riesgo, pero sobre todo un sujeto incompleto, carente de
agencia y de capacidad de decisión. Son las autoridades escolares, en alianza
con el profesorado, las que apuntalan y operan ese sistema. Sospecho que en
esa postura se juegan las posiciones subjetivas en torno al hombre y a la mujer,
pero también el de “educador”: su posición proviene de una cierta filosofía pe-
dagógica que considera la enseñanza como mera presentación de información
por una persona que supuestamente entiende cómo debe ser el mundo y, por
ello, cargada de poder.
Me parece que la intersección entre el discurso de género en torno a la
sexualidad y el adulto centrado en torno a la ciudadanía actúa como un dis-
positivo de poder que construye, de manera vigilante y usando al profesorado
como instrumento de regulación, el currículo del cual el estudiantado debe
beneficiarse. Pero si ese currículo es construido desde la autoridad escolar,
desde los espacios de poder ocupados por cuerpos-adultos generizados, que-
dan lejanas las realidades estudiantiles en cuanto que el profesorado y la auto-
ridad ejecutan y reproducen lo instituido. Cuando el profesorado se sostiene
subjetivamente en discursos que reconocen un ser binario de género, discur-
sos reforzados al impartir los contenidos del currículo, su práctica docente es
siempre generizada, regulatoria y vigilante de las corporalidades y los deseos
de su estudiantado. Lucía Parga51 encuentra que la práctica docente de profe-
sores de todos los niveles educativos en México reproduce sostenidamente los
estereotipos de género resultado de las lógicas binarias.

51 Lucila Parga, “Violencia de género y escuela secundaria: configuraciones discursivas del profesorado”,
en Violencia de Género, Juventud y Escuelas en México..., Tapia Fonllem, Saucedo González y Ramos Lira
(coord.), 97-108.

181
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Reflexiones finales: giros para torcer la práctica pedagógica

Hasta este momento de mi ensayo he reflexionado –aunque no exhaustiva-


mente, pero sí como acercamiento sustancial– sobre una serie de condiciones
sociales, culturales y políticas –mostradas con evidencias en “datos duros” para
darles fundamento– que enmarcan las formas en que construimos el cuerpo,
el género y el sexo, así como acerca de las lógicas en las cuales las escuelas par-
ticipan de la construcción de conocimientos y saberes a través del currículo.
He tratado de comprender cómo los conocimientos y saberes que circulan en
y desde las escuelas perpetúan formas binarias de vivir el género y el sexo. No
podemos obviar que esos conocimientos y esos saberes también son parte de las
instituciones que forman profesores. Es decir, les profesores se forman dentro
de marcos binarios regulatorios del cuerpo, induciéndolos a que elles, a su vez,
inculquen esos marcos durante su trabajo pedagógico.
Eso no significa que la reproducción de conocimientos y saberes sea
siempre exacta y precisa. Como bien sostiene Butler,52 la repetición de las
lógicas y de las normas de género transforma esas lógicas y normas. Tam-
poco significa que esas transformaciones sean suficientes para reconocer la
diversidad de cuerpos y afectos. Los movimientos sociales de las mujeres y
de minorías sexuales y de género han hecho manifiesta la importancia de una
transformación marcada de esas lógicas sexuales-genéricas para, desde ahí,
desprender nuevas propuestas de pedagogías cuir/trans. Con esas pedagogías
se busca crear y sostener otras formas de subjetividad sexual, aquellas que per-
mitan vislumbrar –para crear, inventar– horizontes de inteligibilidad no ne-
cesariamente encuadrados en esquemas binarios de género, sexo y erotismo,
sino a través de la apertura plena de las fuerzas curriculares. Con esas nuevas
pedagogías, entonces, torcer las prácticas educativas típicas, guiadas por otros
giros hacia las fuerzas institucionales e institucionalizadas.
Las pedagogías del torcimiento invitan a quienes habitamos las aulas a
realizar prácticas que reproduzcan otros conocimientos y otros saberes, aque-
llos no alineados con la matriz del cuerpo y el sistema sexo/género. Un ejem-
plo para intentarlo y explorar sus posibilidades está en la experiencia que he
relatado al inicio de mi ensayo. Nuestra práctica pedagógica consistió en abrir
espacios –no sin sentir fuerzas de resistencia– para la duda y para el silencio,

52 Butler, Cuerpos que importan...

182
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

espacios desde los cuales situarnos como sujetes sexuades. Desde el reconoci-
miento de que como educadores portamos un cuerpo que adquiere inteligibi-
lidad desde una matriz binaria, logramos hacer circular entre les estudiantes
saberes que no estaban presentes en sus aulas, al menos no de manera explícita.
Abrir espacios para la duda es abrir espacios para el silencio, y abrir es-
pacios para el silencio es abrir espacios para los afectos. Torcer la educación
implica centrarnos en los afectos, en la vida afectiva de cada cuerpo. Entrar a
un aula no implica clausurar la afectividad; al contrario, el aula es un espacio
donde constantemente somos afectades, y es ese afecto el que hay que explorar
y hacer explotar. En otras palabras, en las escuelas, como producto de una se-
rie de fuerzas instituyentes que son, se hacen presentes las políticas en torno al
cuerpo, al género y al sexo –un nivel normativo de análisis–, pero poco vemos
manifestada la esfera subjetiva que se teje con la esfera normativa.
Torcer la educación implica darle lugar a esa esfera subjetiva y analizar
cómo se configura desde la esfera normativa. Como educadores, también de-
bemos interrogar las normas y las políticas que nos hacen inteligibles, y qué
mejor que hacerlas de manera colectiva, a través del debate, la discusión y
la reflexión con el estudiantado. En mi propuesta es fundamental incluir los
efectos de los movimientos sociales y la fuerza que imprimen en diferentes áreas
de la sociedad. Así, torcer la educación no es sólo implementar prácticas educa-
tivas, sino es sobre todo sostener un currículo flexible que permita cuestionar el
orden establecido y propicie abrir espacios para esos afectos que hasta hoy en
día no son expresados en el aula.

183
Arte, violencia y masculinidad:
apuntes lejanos
para su destrucción

Iván D. Estrada

Breve catálogo de agravios

Estamos muy cerca en el corazón, en la rabia social y las nece-


sidades básicas, pero a su vez compartimos la lejanía de tener
condiciones mínimas para su alcance y realización, para cam-
biar los conceptos y realidades fundacionales de la violencia, el
arte y la masculinidad. Son como logos que se funden en la car-
ne que madura y quemadura de carne que se funde en el logos,
en la luz y oscuridad de la palabra y nuestro lenguaje, que nos
ha permitido ser humanidad, es el logos lo que construye senti-
do al mundo y aquello que nombra las cosas y lo hace mundo,
nos enlabia y resuena como nocturnos en los que nada se oye,
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

en su espesa condicionante de opresión, a veces porque no queremos, a veces


porque no podemos.
Cercanía en la necesidad imperiosa e históricamente atrasada y prome-
tida de libertad, conocimiento, emancipación, justicia e igualdad de trato y
oportunidades para todas las personas en la eterna promesa política de al me-
nos armonizar y equilibrar la jerarquía y dominación sobre entorno biodiver-
so en el que coexistimos en profundo desbalance, también por la dominación
y domesticación humana de nuestro entorno. Esta necesidad se cruza con la
lejanía cósmica de una realidad anquilosada en la antítesis de lo que buscamos
algunas almas perdidas que buscan luz entre penumbras.
No queremos transformar toda la cultura de violencia que nos educa en
un mundo tan masculino como normalizado, porque así ha sido por muchos
siglos patriarcales y habría que inventarse la realidad de nuevo. Los hom-
bres tendríamos que perder nuestros privilegios sociales e inventarnos des-
de otras categorías, otras realidades, otras erotizaciones, desde otros valores
fuera de la comodidad del privilegio que constantemente se fortalece y regoci-
ja como quimera con esteroides. En este sentido, quienes han estado obligadas
a revolucionar esta transformación son todas las identidades: personas y suje-
tos que están fuera de la legitimación de la masculinidad.
El arte como constructo cultural también se erige y se legitima desde las
hegemonías de producción del logos –del sentido y luz de comprensión que
permite el lenguaje, estructurando el pensamiento–, por lo tanto, el arte está
masculinizado en sus soportes, ramas y lenguajes, propósitos y estructuras. El
arte más comercial, difundido y legitimado es el que emplea los constructos
de la violencia y la masculinidad para detentarse, pedestalizarse y consumirse
en los guiones de sus obras, contextos y situaciones que le dan sentido. Para
poder ver la escala del piano invisible –como diría Villaurrutia– en esa leve po-
sibilidad de sentí-pensar los proyectos venideros y sentir que nos proyectamos
para destruir nuestro laberinto de violencia; violencia que es patriarcal, colo-
nizadora, masculinizada, racializada y clasista. Este enclave de opresiones es
la base de activación de la violencia que puede expresarse en violencia directa,
estructural y cultural como señala Galtung.1
Las palabras no son “para que sí” o “porque sí”, no caen de los árboles,
tampoco nacen de la naturaleza, de hecho, la idea de naturaleza, tanto la pala-
1 Johan Galtung, Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visi-
bles e invisibles de la guerra y la violencia (Bilbao: Bakeaz/Gernika-Lumo: Gernika Gogoratuz, 1998).

186
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

bra como sus significados, dependen de contextos particulares de acuerdo con


la cultura y tiempo en el que se conceptualice, es decir, no es la misma idea de
naturaleza que tenían los mayas en el esplendor de Chichen Itza, que la noción
de Naturaleza del shintoismo japonés del periodo Edo o la idea de naturaleza
centroeuropea de la época de Luis XVI y sus jardines palaciegos. Por lo tanto,
su forma de concebir y acercarse a todo aquello que consideramos natural de-
pende de la cultura; cultivamos y domesticamos la naturaleza y construimos
en los acuerdos sociales e históricos su concepto, las palabras y las cosas, como
diría Foucault.2
Conocer la etimología de las palabras nos permite desvelarlas del con-
texto repetitivo y mitificador de la eternización histórica, nos da la oportu-
nidad de desnaturalizarlas y analizarlas, de saber –como define el drae– “el
origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su
forma”,3 que a su vez integra un contexto histórico y deviene en el uso de un
concepto en el lenguaje, y por eso su significado es “la cualidad de la verdad de
la palabra”, es decir, la etimología de etimología.4

Breve esquema genealógico de la violencia

Violencia: del latín violentia: I. “el que actúa con mucha fuerza”. II. “con ex-
ceso o abuso de la fuerza”. Cualidad de violentus (violento) = “que ejerce des-
mesuradamente la fuerza feroz”. Raíces: I. vis / vim = fuerza (ejercida contra
alguien) II. “Olentus” = abundancia o exceso de. Raíz latina: vis / vim viene
del indoeuropeo wei = fuerza, vigor, poder “perseguir algo con mucho vigor”
(con mucha fuerza)5 De la cual se derivan: Vir = (hombre / varón) “el ser de
la fuerza”;6 Virtus / virtutis = valor, virtud,7 y, Virilitas = Virilidad “cualidad
del macho o del varón” vir + ilis = “posibilidad de fuerza” o como significado
construido en “el ser de la fuerza intrínseca”.8
2 Michel Foucault, Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. (Buenos Aires: Siglo
xxi, 1968).
3 Diccionario de la lengua española, s. v. “etimología (f.)”, recuperado el 11 de diciembre de 2022, [Link]
[Link]/etimología
4 Etimologías deChile, s. v., “etimología”, [Link]
5 Etimologías deChile, s. v., “violencia”, recuperado el 20 de diciembre de 2022, [Link]
net/?violencia
6 Id. “varón”, recuperado el 20 de diciembre de 2022, [Link]
7 Id. “virtud”, recuperado el 20 de diciembre de 2022, [Link]
8 Id. “virilidad”, recuperado el 20 de diciembre de 2022, [Link]

187
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

El poder de la violencia está en su ejercicio de dominación. Si ubicamos


el contexto histórico en que el latín era la lengua del imperio romano y fue la
que literalmente imperó en la tierra del latium (territorio medio, llano o liso
ubicado en la península itálica), y, por lo tanto, la raíz de las lenguas romances
(de origen romano) como el español, portugués e italiano, podemos ubicar
aquello que las culturas patriarcales de Centroeuropa denominan como cultu-
ra occidental y, por consiguiente, parte de la extensión que origina la palabra
patriarcal y masculinizada; consigo, habitúa las expresiones de violencia y, a
través del lenguaje, naturaliza el uso y abuso de la fuerza de lo viril en “la cua-
lidad del macho, del varón”, por ende, de la virilidad –lo que después podrá
definir el antropólogo Mattew Guttman como el concepto en el cual, inheren-
temente o por adscripción, los hombres son considerados “más hombres”, con
atributos que exacerban la fuerza o el abuso de ella (más musculosos, barbados,
altos, con voz grave, que son líderes dominantes, valientes, sabios, seductores,
productivos); así, este atributo de la virilidad se conjuga con la hombría y los
roles masculinos (en oposición o negación a los roles femeninos)–.

Los nuevos análisis sobre los hombres como sujetos con género y que otorgan
género constituyen actualmente la antropología de la masculinidad. Existen
al menos cuatro formas distintas mediante las cuales los antropólogos defi-
nen y usan el concepto de masculinidad y las nociones relativas a la identidad
masculina, la hombría, la virilidad y los roles masculinos. La mayoría de los
antropólogos que trabaja el tema utiliza más de uno de estos conceptos, lo cual
permite señalar la fluidez de los conceptos y la lamentable falta de rigor teórico
en el abordaje del tema.9

Si seguimos esta breve genealogía histórica, contextual y de uso y construc-


ción del significado de la palabra “violencia”, podemos darnos cuenta de cómo
el concepto está íntimamente diseñado para naturalizarse en lo “masculino”. Un
procedimiento de naturalización hecho por los hombres, para los hombres y en
los hombres como un ejercicio de fuerza y de poder ensimismado. No olvide-
mos, pues, que la violencia cumple diversas funciones sociales: 1. Divertimen-
to, 2. Control, 3. Dominación, 4. Sometimiento, 5. Coerción y 6. Destrucción
hacia las personas, las comunidades y su entorno, en sus espacios y relaciones.
9 Matthew C. Guttman, “Traficando con hombres: la antropología de la masculinidad”, en Anual Review of
anthropology, vol. 26 (Berkeley, University of California: 1997), 2.

188
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

Identificando esta arbitrariedad humana del lenguaje, que conlleva, a lo largo


de las prácticas humanas y del tiempo, a materializar el sistema de domina-
ción masculina –reproducido por hombres y mujeres–, podemos ver cómo
las distintas áreas del conocimiento buscan justificaciones para explicar los
abusos de poder o exacerbaciones de fuerza con argumentos biologicistas que
reconfirmen lo históricamente construido siglos atrás.
Juan Carlos Hernández Meijueiro explicaba en sus cátedras cómo Santo
Tomás de Aquino, en su libro, Suma contra los gentiles, escrito entre 1259-
1265, utilizaba una argumentación etimológica para explicar que masculino
se emparenta del latín maiuscûlus y por lo tanto los hombres son mayúsculos
(son lo más que lo demás, son lo más grande, lo mayor) ya que el hombre está
hecho a imagen y semejanza de dios, mientras que la mujer es una imagen em-
pañada de dios y por lo tanto es fémina = fe de minus (el ser que tiene menos
fe) y por ello no es de fiar. La lógica de la respuesta, según Santo Tomás, radica
en que la mujer no puede comulgar ni escuchar directamente a dios porque
tiene menos alma, porque a su vez es menos humana, ya que la mujer (su re-
ferencia es Eva en el génesis 19 de la biblia) viene de una costilla del hombre
(Adán) y por eso es menos humana. Hasta aquí, el ejemplo de la época que
explica la “naturaleza” de lo masculino y lo femenino.
De esta explicación medieval-teológica-cristiana se desprenden muchas
prácticas y logos que reproduce arbitrariamente la dominación masculina, de
la cual –siglos adelante– nos habla Pierre Bourdieu10 para entender el poder
de la violencia simbólica constructora de categorías naturalizadas que expli-
can el mundo, sus ordenamientos y direcciones, acorde al punto de vista y
privilegio de los dominadores, y que, en su proceso de naturalización y nor-
malización, se acepta como verdad, tanto por los dominadores como por los
dominados. En tal sentido, el género es, por lo tanto, una clasificación a partir
de un conjunto de creencias y conceptos sociales, construidos en un contexto
histórico y político determinado para asignar roles y valoraciones diferencia-
das a las personas, según su cuerpo, sexo, orientación psicosocial e identidad.
El género es una construcción cultural patriarcal, conlleva una lógica mas-
culina y por lo tanto las construcciones de género son una dimensión de la
violencia sociocultural.

10 Pierre Bourdieu, La dominación masculina (París: Éditions du Seuil, 2000).

189
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Es evidente que la violencia se cultiva, se legitima y se justifica a partir


de estos constructos de naturalización y normalización. Este maridaje nada
casual de los conceptos y, a su vez, de las prácticas que conllevan violencia
–masculinidad– nos da pautas para identificar el abuso de la fuerza –su impo-
sición y poder de dominación– para así cuestionarlo, derruirlo, deconstruirlo,
fagocitarlo en sí mismo; también en un ejercicio simbólico y de poder contra
su legitimación. Develar su arbitrariedad nos abre sus raíces y punto de reali-
dad en el ahora.
Silvia Federicci,11 desde su análisis anclado en la economía feminista,
identifica cómo se estructuran los roles de género, que pueden agruparse en:
a) rol productivo: actividades remuneradas que generan ingresos económi-
cos, que producen bienes o servicios para la venta o el autoconsumo, y que
son del ámbito público, extra doméstico y productivo; y b) rol reproductivo:
actividades que reproducen la vida, necesarias para garantizar el bienestar y la
sobrevivencia de las personas, y que son del ámbito privado y doméstico, aso-
ciado también a la reproducción biológica. La violencia y la masculinidad son
laberintos socioculturales naturalizados en los que rizamos el rizo de nuestra
existencia, aprendemos a jugar con ellos como aprendemos a jugar con los sol-
daditos de plástico del mercado que otrora eran de plomo y ahora son avatares
de videojuegos de mercenarios, soldados y sicarios en guerra permanente. Es
parte del juego de construirnos en la masculinidad, de volvernos “hombrecitos”,
de erotizar el ejercicio y el permiso de la violencia constante en unos cuerpos e
identidades (de hombre) y deslegitimarla y desnaturalizarla en todos los demás
cuerpos e identidades fuera de la masculinidad.

Las buenas intenciones

Conflagrar sobre la bola de nieve de confabulaciones patriarcales. Confabular


con la insistencia de quemar ese aire de vidrio, en la antorcha de fuego fatuo
de la masculinidad, de sus prácticas de putrefacción y privilegios que ilumi-
nan los pantanos. ¿Coadyuvar la coyuntura? ¿Cuál es la responsabilidad de
los hombres ante la violencia de género? ¿Por qué dejar de ejercer prácticas
de violencia y dejar de ejercer prácticas de desigualdad no alcanza? Para un
principio de igualdad humana los hombres podríamos: 1. Hacernos cargo de
11 Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Buenos Aires: Tinta Limón,
2015).

190
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

nosotros mismos, 2. Hacernos cargo de lo que nos toca y 3. Renunciar a los


privilegios de la masculinidad. ¿Cómo? Construyendo otras maneras de ser:
para ser menos hombres y humanizarnos más.
Así como la violencia se estructura en tres niveles, tres espacios de exis-
tencia y tres lógicas culturales, las acciones de noviolencia tendrían que darse
de la misma forma en:

• 3 niveles: Directo, Cultural y Estructural


• 3 espacios: Social, relacional, interno-individual
• 3 lógicas culturales: Género, racialización y clase social.

Entonces, sólo a manera de ensayo y continuando los apuntes para ese


trabajo desde el espacio social, relacional e íntimo (interno-individual), plan-
teo cultivar pequeñas bombas de Fukuoka12 desde una trinchera compartida
en el Arte, la Educación y el análisis crítico de la masculinidad a través de cu-
sabe, del zapoteco istmeño: Cuza’be “Quien está construyendo”:

C ultivos
U topias
S aberes
A ntropofagia de Arte
B iofilia
E ducación

12 Masanobu Fukuoka. Filosofo, agricultor y biólogo japones. Fukuoka ideó una forma de cultivo a la que
llamó “agricultura natural”, y que conocemos actualmente como “método fukuoka”. Este método no
sólo es configurado filosóficamente, sino que también es practicado a través de la producción de las
las condiciones naturales tan fielmente como sea posible. Llevado a premisas filosóficas, sus principios
son: No arar: de esta forma se mantiene la estructura y composición del suelo con sus características
óptimas de humedad y micronutrientes; No usar abonos ni fertilizantes: mediante la interacción de los
diferentes elementos botánicos, animales y minerales del suelo, la fertilidad del terreno de cultivo se
regenera; No eliminar malas hierbas ni pesticidas: estos destruyen los microorganismos del suelo; No
podar: dejar a las plantas seguir su curso, y, Sembrar mediante bolas de arcilla llamadas Nendo Dango.
Biogroweb, “¿Qué es la agricultura natural? El método Fukuoka”, en Biogroweb (blog), [Link]
com/agricultura-ecologica/que-es-la-agricultura-natural-el-metodo-fukuoka/ (Consultado el 15 de no-
viembre de 2022). || Wikipedia, s. v. “Masanobu Fukuoka”, última modificación el 20 de abril de 2023, 14:
13, [Link] (Consultado el 15 de noviembre de 2022). || Alma
Terra Magna, “Permacultura: Método Fukuoka”, en Alma Terra Magna (blog), [Link]
org/permacultura-metodo-fukuoka (Consultado el 15 de noviembre de 2022).

191
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Serán acciones a manera de cultivos, e intervenciones desde el arte, la


educación y el análisis crítico de la masculinidad, para la resiliencia, la re-
sistencia, la recuperación psicoemocional y los procesos creativos, desde la
Educación para la Paz, la Noviolencia y la Cultura de Buentrato cuya base
descanse en la Terapia de Reencuentro, con un enfoque de género con análisis
crítico de la masculinidad y de derechos humanos.13
A su vez, una premisa del proyecto cusabe es promover Cultivos Alre-
dedor de los Árboles. Un proyecto de serie al infinito, que surgió de un mal-
entendido potenciado para sembrar y cultivar social y biofílicamente alrededor
de los árboles de nuestro entorno, pensando en hacer un millón de cultivos al-
rededor del mundo –así como Joseph Beuys planteó su pieza de 7000 Robles­–.
Así, cada pieza/intervención buscará hacer un proceso de cultivo social y biofi-
lia, ocupando herramientas e intervenciones de arte y educación que busquen
y permitan: 1. Destituir sus “estatuas ya sin sangre”, dejar de ser y admirar
lo rápido y furioso de la virilidad, de la hombría, de los guiones masculinos

13 1ª- Metodología de Educación Estética a través de la Experiencia Artística:


Desarrolla experiencias y procesos de pensamiento para potenciar la creatividad a través de la percep-
ción, sensación e interpretación desde la exploración de conceptos y vivencias vinculadas a las artes.
Articula conocimiento entre lo sensible y lo racional, estructurando nuestros sentidos, permitiendo di-
versificar posibilidades interpretativas, conceptuales y creativas. La educación a través de la exploración
estética activa el imaginario, nos permite integrar, a través de distintas expresiones y puntos de vista,
lenguajes, significaciones y conceptos.
2ª- Metodología de Educación para la Paz, Derechos Humanos, Noviolencia y Cultura de Buentrato:
Modelo educativo valoral, fortalece las relaciones humanas a través de la resolución noviolenta de con-
flictos, de forma crítica y positiva hacia la convivencia solidaria. Nos permite generar acuerdos a partir de
necesidades e intereses compartidos, y la gestión y resolución de conflictos de forma creativa e integrado-
ra. Se busca transformaciones graduales en la convivencia. Se emplea el juego para proveer herramientas
vivenciales, problematizadoras, participativas y socioafectivas, para generar procesos de empoderamien-
to, desarrollando capacidades y competencias.
3ª.- Metodología Intervención Comunitaria en Educación, Salud y Desarrollo Humano en Autoconoci-
miento, Relaciones Humanas y Sexualidad desde la Terapia de Reencuentro:
Modelo que integra la psicología, la sexología y la educación con perspectiva humanista, de género y con
un enfoque comunitario. Se emplean procesos educativos en tres dimensiones: A) individual, B) relacio-
nal, y C) sociocultural. Se emplean técnicas vivenciales a través de la cultura de buentrato, en el ámbito
intrapersonal e interpersonal utilizando técnicas psico-corporales, para trabajar emociones y procesos de
autoconocimiento y transformación desde una visión armónica, comprensiva e integradora.
4ª.- Intervenciones en procesos creativos desde la experiencia artística contemporánea:
Propone un acercamiento de lectura crítica a los procesos discursivos y creativos a través de la produc-
ción y emplazamiento del arte contemporáneo desde una visión de medios múltiples, enfocado en dis-
tintos modos de ver. Aborda la experiencia estética de las acciones e intervenciones que el arte tiene, así
como su capacidad de suscitar y reflexionar con el espacio y los materiales; ello nos permite resignificar
sus usos y relaciones.

192
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

aprendidos en nuestro devenir histórico tan intangible e invisible como for-


mador y violento. 2. Destruir, derruir, derribar, derivar, desertar, desmante-
lar, desentrañar, devenir, de-construir, en nuestras pequeñas y consecutivas
prácticas y acercamientos al arte, la violencia y la masculinidad, esa trinidad
patriarcal, colonial, racializada y clasista, que se enquista como fósil de roca
en los encuentros cotidianos, contemporáneos y pululantes de nuestra era. Se
necesita sacar de su condición defectuosa a este lugar común y no-lugar a la
vez. 3. Citar esos cielos desiertos en que nada se quiere oír, con el humo velado
de sus genealogías violentas, muy masculinas…

Que nos educan con sutilezas de nocturnos14


Contrastar, cohabitar una idea, una práctica.
Fagocitarla para digerirla, una retroalimentación de la inmundicia
descomponer el veneno para tamizar los futuros sueros
…que serán vacunas…
…inmunizaciones de inmundicia para que comamos y re-
gurgitemos algunas enmiendas15 constitucionales16

14 Referencias al poema de Xavier Villaurrutia “Nocturno en que nada se oye”.


15 “Enmendar/emendar viene del latín emendāre (corregir, quitar las faltas, rectificar, reformar), verbo for-
mado con el prefijo separativo o privativo e-/ex- y la raíz del vocablo mendum (falta, error, defecto),
de donde palabras como mendaz, remendar y mendigo”. Etimologías deChile, s. v., “enmienda”, https://
[Link]/?enmienda
16 El vocablo surgió de la unión de dos palabras latinas –cum, que significa –con, y –statuere, que quiere de-
cir –establecer. El significado del término supuso, desde Aristóteles al presente, que la constitución escrita
está originada en los factores reales de poder que estatuyen la Comunidad Política. Edgardo Valenzuela,
“Origen y desarrollo del término Constitución. Su relación con los factores reales de Poder”, en Revista in
iure, año 5, vol. 2 (La Rioja, Argentina: noviembre 2015), 11-28.

193
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

De la serie: enmiendas constitucionales

Instrucciones: ilumina, recorta y pega:

Enmendar, re-colocar

Situar
Disponer,

Abducir, expropiar, erigir, re-dirigir… como un ejercicio de piano


con resonancia al amanecer.

Sobre las quemaduras de amapola


aplícate jazmines, que eso las cura;
si acaso fuese grave la quemadura
usarás camelia, pero una sola.

Cuando el cielo en verano se tornasola


y ni una nube vaga de cruel blancura,
y el hastío te invade de angustia impura
serpiente que te aprieta, asfixia y viola,

cultiva un alma que toque viola,


siempre que de ella sea la partitura,
comparte el calor de tu amapola
con alma fresca, sonriente y pura
y dale una camelia, pero sólo una
si acaso fuese grave la quemadura 17

17 Expropiación, enmienda y fagocitación del poema “Ejercicio de piano con amapola de siete a nueve de la
mañana” de Nicolás Guillén. Recuperado de Ciudad Seva (sitio web), en [Link]
ejercicio-de-piano-con-amapola-de-siete-a-nueve-de-la-manana/ (Consultado el 13 de enero de 2023).

194
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

…si mi bosque madura


y mi voz quemadura
y mi voz que madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes

En medio de un silencio desierto como la calle antes


del crimen
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano
invisible

sin más que una mirada y una voz


que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
…Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
…entre nocturnos en que nada se oye.18

18 uelto a hacer, des-hebrado y levemente fagocitado de Xavier Villaurrutia en su “Nocturno en el que nada
se oye”. Recuperado de Ciudad Seva (sitio web) en [Link]
amapola-de-siete-a-nueve-de-la-manana/ (Consultado el 24 de enero de 2023).
195
Careta, caretita:
cuento ilustrado sobre
niñeces trans

Lía García (La Novia Sirena)

La Suprema Corte de Justicia de la Nación en México estipula el


derecho de todas las personas al libre desarrollo de la persona-
lidad, derecho que ha sido conquistado por las juventudes y lxs
adultxs trans de algunos estados del país, pero no de las infan-
cias, aun en pleno 2021. La multiplicación de familias y redes
que abrazan y acompañan a las infancias trans expresan una vo-
luntad colectiva de asegurar una vida libre de violencias para las
personas menores de edad que crecen en entornos diferentes, ya
sea por condición socioeconómica, territorial o racial. Las esti-
pulaciones de esas leyes son indispensables para la ciudadanía
trans, sus familias y su entorno, ya que sólo así tejeremos una
sociedad justa con la diversidad. Necesitamos una cultura que
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

haga visible a las infancias trans, sus familias, sus entornos y sus prácticas para
que las leyes se encarnen con plenitud y dignidad.
La pedagogía de la ternura y la escucha son herramientas que los cuer-
pos disidentes hemos gestado para hacer de la resistencia una acción colecti-
va radical a través de la cual entretejer alianzas con el territorio y recuperar la
memoria de nuestras historias de vida. Hacemos un puente que nos permite
actuar políticamente en la sociedad subvirtiendo los discursos hegemónicos de
la educación cisheteronormativa, que enseñan la exclusión de los cuerpos y
de las vidas trans. En las escuelas, las bibliotecas, las librerías y las casas, ¿qué
lecturas y narrativas acercamos a las infancias y familias trans?, ¿cómo ha-
cemos de la sanación un proceso colectivo a través de la literatura infantil y
juvenil? En medio de la pandemia de covid-19 hemos conformado la Archiva
TransMarikitas para ofrecer una alternativa de acompañamiento a las redes de
familias trans que buscan erradicar la transfobia.
Careta, caretita,1 en coautoría con Canuto Roldán (Can Can) e ilustrado
por Arlishan, es un cuento sobre un niño trans que encuentra a su hada mari-
na durante el confinamiento. Sí, leyeron bien: su hada marina, pues viene del
mar. He aquí su historia:

1 Lía García [La novia Sirena], Canuto Roldán [Can Can], Careta caretita, Arlishan (il.), (México: Aso-
ciación por las Infancias Transgénero, 2021). [Link]
[Link]

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Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

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HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Disponible en: [Link]

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Sobre esta compilación
y su marea: conocer y reconocer
algunas de sus narradoras

En mayo de 2016 fue lanzada la primera convocatoria del Semi-


nario Estudios de Género: Teorías Contemporáneas y Acción Po-
lítica, ideado y coordinado por la coordinadora de este libro y
ofrecido en las instalaciones de la Universidad del Claustro de Sor
Juana en la Ciudad de México. El Seminario fue un espacio para
la reflexión en que se impartieron sesiones temáticas semanales
dirigidas al estudiantado y al público en general de manera gra-
tuita. La primera generación contó con treinta y siete estudiantes,
pertenecientes a los colegios de Derechos Humanos y Gestión
de Paz, de Derecho, de Psicología, de Comunicación, de Estu-
dios y Gestión de la Cultura y de Filosofía; además, participaron
estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia,
la Universidad Iberoamericana y la Universidad Autónoma Me-
tropolitana. La segunda generación fue integrada por cuarenta
y cinco estudiantes, igualmente de los colegios del Claustro y de
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

esas instituciones, a quienes se sumaron los del Instituto Politécnico Nacional,


la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Pedagógica Na-
cional. La tercera generación estuvo compuesta por sesenta personas, pertene-
cientes tanto a la Comunidad Claustro como a las instituciones mencionadas,
además de personas sin adscripciones institucionales. La cuarta generación la
integraron noventa y cinco personas, setenta y dos pertenecientes a la Comuni-
dad Claustro.
Cada promoción del seminario tuvo una duración de dos semestres, por lo
cual, se realizaron alrededor de veinticinco sesiones por año. Las personas invi-
tadas como ponentes –artistas, académicas y activistas–, expertas en los temas
contemporáneos en materia de feminismos, ofrecieron de manera gratuita sus
saberes y metodologías para todo tipo de público. Si bien el esquema general
fue teórico-vivencial, se desarrolló con un enfoque de investigación para la
acción participativa feminista. Así, cada generación del seminario evaluó a
sus ponentes de acuerdo con dos criterios: aprendizajes teóricos y repercusión
de dichos conocimientos en la vida personal. Al respecto, obligados por el
confinamiento que impuso la pandemia por covid-19, la quinta promoción
fue realizada de manera virtual, lo cual añadió otra esfera de experiencia para
todas las personas participantes, que en este caso fueron aproximadamente 80
personas conectadas en cada sesión vía remota, y para ello se tuvo la oportu-
nidad de que las personas ponentes evaluadas como las mejores en los cuatro
años previos dictaran diez conferencias magistrales. En ese tenor, la sexta y
última promoción ofrecida en dichas instalaciones tuvo el objetivo de “recu-
perarnos” luego de haber sobrevivido a una pandemia. Se ofrecieron sesiones
híbridas en dos ciclos, el primero titulado “Feminismos, orgullo y diversidad” y,
el segundo, “Feministas que hacen historia”, y nos preparamos en conjunto para
despedir y cerrar con broche de oro estos seis generosos años de Seminario.
Así, esta compilación reúne los mejores trabajos, elegidos por las perso-
nas participantes a lo largo de sus seis generaciones. Asimismo, representa la
sistematización del Seminario, con lo cual buscamos sentar las bases particu-
lares de la actual cuarta ola del feminismo, poniendo como ejemplos investi-
gaciones y propuestas de acción política concretas. Su relevancia, por tanto,
radica en la capacidad analítica multidisciplinaria que desvela cómo opera en
nuestra sociedad la lógica de género que busca la igualdad y la justicia por me-
dio de la defensa de los derechos humanos de las mujeres y de los grupos de
identidades políticas históricamente vulnerabilizadas. Con fundamentos en

214
Parte 2. En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo

la antropología cultural y social, se definen marcos teóricos sociológicos, de


ciencias políticas, de psicología social, de filosofía aplicada, teológicos y peda-
gógicos con el fin de construir una mirada crítica de la perspectiva de género
y determinar los elementos que están constituyendo la agenda política de esta
incipiente cuarta ola.
Por otra parte, con la publicación de Hacia la cuarta ola del feminismo:
querer al fin tenerlo todo deseamos ampliar la difusión de conocimientos y
saberes multidisciplinarios en torno a la cuarta ola, que es recurrentemente
citada en redes sociodigitales y criticada en los medios de comunicación, pero
poco documentada y analizada académicamente. En el presente libro, enton-
ces, problematizamos algunos de los temas que la cuarta ola persigue, con la
intención de ayudar al entendimiento de un movimiento social que, sin duda,
se aproxima a ser un fenómeno de masas. Sus contenidos, de nivel académico,
pero con fuerte impacto social, fueron dictaminados por pares en un primer
momento. Luego, para esta compilación en extenso, el libro fue dictaminado por
una persona experta ajena al Seminario con el fin de garantizar la objetividad.
El libro se encuentra estructurado de la siguiente forma. En el apartado
inicial, en el prefacio, explicamos la metáfora querer al fin tenerlo todo respecto
de lo que hoy en día estamos configurando como la actual cuarta ola del femi-
nismo. A continuación, los textos elegidos están organizados en dos apartados.
El título del primero, “Las que nos lo dieron todo”, hace alusión a la necesidad
de crear una genealogía feminista geopolíticamente situada, nuestra, propia, y
de ahí hacer una relectura y una apropiación histórica sobre nuestro quehacer
y el legado para y hacia las mujeres en la actualidad, así como para las que ven-
gan. En el segundo apartado, “En primera persona: ser (en) nuestro cuerpo”,
se define la autoenunciación como forma legítima de hacer conocimiento y
repensar la academia. También es una de las características de la cuarta ola del
feminismo: la capacidad de agencia y de autoenunciación personifican una de
las maneras de existirnos desde nuestros propios parámetros, sin pedir permi-
sos. Derivado de la premisa de la autoenunciación, mostramos que somos cuer-
pos y que éstos representan nuestro lugar de resistencia, de lucha, de placer,
pero también de violencia, de despojo y de diversas formas de discriminación.
Una última consideración para usted, que nos lee: es preciso señalar que
éste es un trabajo colectivo y sugerimos que así sea su lectura, es decir, pensar-
nos en plural para actuar en consecuencia.

215
Referencias

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Narradoras de la marea actual

Marilú Rojas Salazar

Feminista. Es doctora en Teología Sistemática por la Universi-


dad Católica de Lovaina, Bélgica. Profesora de asignatura del
doctorado en Estudios Críticos de Género de la Universidad
Iberoamericana de Ciudad de México y de la maestría en Teo-
logía y Mundo Contemporáneo del Departamento de Ciencias
Religiosas de la misma institución. Profesora de la maestría en
Estudios de Género y Teología de la Comunidad Teológica de
México. Profesora de teología en la Universidad Lasalle. Perte-
nece a Teólogas e Investigadoras Feministas de México. Direc-
tora de Sofíaς / Revista Interdisciplinar de Teología Feminista.
Miembro fundador de la Academia Mexicana de Teología de la
Universidad Pontificia de México. Pertenece a la Red de Teólo-
gas, Pastoras y Lideresas Cristianas (Red Tepali).
Contacto: saroma24@[Link]
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

María Cristina Ríos Espinosa

Es doctora en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México


(unam). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Na-
cional de Ciencia y Tecnología, nivel 1. Medalla al mérito académico 2007
otorgada por la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. En 2005 realizó una
estancia de investigación en la Facultad de Filosofía de la Universidad Com-
plutense de Madrid. Maestra en Filosofía por la unam y miembro del Consejo
Directivo de la Asociación Mexicana de Estudios de Estética (Amest; 2011-a
la fecha). Especialista en filosofía política, estética y hermenéutica política.
Miembro de la Asociación Filosófica de México (2004-a la fecha). Coordi-
nadora editorial de Cuadernos Amest números 2 y 3; coautora de Cuadernos
Amest números 1, 2 y 4. Coordinadora y coautora de Reflexiones en torno al
ser del arte (México: Universidad Iberoamericana, 2013) y Revolución de inde-
pendencia e identidad cultural (México: Asociación Mexicana de Estudios de
Estética, 2013).
Contacto: christina63@[Link]

Odette Alonso

Es poeta y narradora. Nació en Santiago de Cuba y reside en México desde


1992. Su cuaderno Últimos días de un país obtuvo el Premio Clemencia Isaura
de Poesía 2019 en Mazatlán; con Old Music Island ganó el Premio Nacional de
Poesía lgbttti Zacatecas 2017 e Insomnios en la noche del espejo mereció el
Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” en 1999. Autora de la novela
Espejo de tres cuerpos (México, Quimera, 2009), y los libros de relatos Con la
boca abierta (Madrid, Odisea, 2006; México, Voces en Tinta, 2017) y Hotel Pá-
nico (Xalapa, Universidad Veracruzana, 2013), así como de quince poemarios,
el más reciente La fiesta del dolor y otros cantos (México, Los Libros del Perro,
2020). Sus primeras dos décadas de quehacer poético fueron reunidas en Ma-
nuscrito hallado en alta mar (Xalapa, Universidad Veracruzana, 2011) y Bajo
esa luna extraña (Madrid, Efory Atocha, 2011). Compiladora de la Antología
de la poesía cubana del exilio (Valencia, Aduana Vieja, 2011) y de Género y
sus perspectivas (México, unam, 2022), y coeditora de Versas y diversas, mues-
tra de poesía lésbica mexicana contemporánea (Aguascalientes, Universidad

240
Narradoras de la marea actual

Autónoma de Aguascalientes, 2020). Fundó y organizó los ciclos Escritoras


Latinoamericanas y Bulevar Arcoíris en el marco de la Feria Internacional del
Libro del Palacio de Minería. Es editora de la Dirección General de Publica-
ciones y Fomento Editorial de la unam.
Contacto: odette_alonsoyodu@[Link]

Melissa Fernández Chagoya

Desde 2017 es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONA-


CyT. Actualmente tiene dicho nombramiento en el Nivel 1, Área 6 Ciencias
Sociales. Durante 2014 hasta 2017 fue la Experta Suplente de México ante la
“Convención Belém Do Pará”. Es Doctora en Ciencias Sociales con área de
concentración en Mujer y Relaciones de Género en la Universidad Autóno-
ma Metropolitana; su tesis fue premiada con la Mención Académica 2015,
dictaminada para su publicación por el Centro de Estudios de Antropología
de la Mujer en 2018 y liberada por Creative Commons en 2020. Cuenta con
estudios de Master 2 en Género y desarrollo por la Université Diderot-Paris 7.
Es Maestra en Estudios de Género y Cultura con Mención en Ciencias Socia-
les por la Universidad de Chile y Antropóloga social por la Escuela Nacional
de Antropología e Historia. Es docente universitaria desde 2011 hasta la ac-
tualidad; coautora de tres libros cuyas temáticas giran en torno a juventud y
masculinidad, consumo sexual y participación de los hombres en la trata de
mujeres con fines de explotación sexual; así también de cuatro manuales para
erradicar la violencia contra las mujeres en México. Coordinó el libro Mira-
das multidisciplinarias en torno a la masculinidad: desafíos para la impartición
de justicia y ha publicado artículos académicos, ensayos y capítulos en libros
especializados en teorías de género y acción política feminista. Coordinó y
fundó el Seminario Estudios de género: teorías contemporáneas y acción política
(primera generación 2016), el Diplomado Formación de Agentes para la Igual-
dad (primera generación 2017) y el Seminario/Diplomado Reconstrucción del
tejido social en México: ciudadanía, democracia y cultura de paz (primera ge-
neración 2018). Así también, es autora de los contenidos de los cursos en línea
Género y feminismos: corrientes teóricas y prácticas de igualdad y, Masculinida-
des: teorías y prácticas en torno al ser hombre.
Contacto: melissafernandezchagoya@[Link]

241
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Natalia Simoncini

Artista y musicoterapeuta argentina. Cantante, compositora, guitarrista y


productora. Ha sido vocalista de Jaime Torres (Misa criolla, junto a Mercedes
Sosa), con quien realizó giras nacionales e internacionales. Embajadora artís-
tica de su país en México, Chile, Colombia, Bolivia, España y Estados Unidos.
Ha trabajado en políticas de género para la prevención y el fortalecimiento
impartiendo clínicas, conciertos y talleres. Ha apoyado a diversas organizacio-
nes de derechos humanos, entre las que destaca Abuelas de Plaza de Mayo, en
Argentina. En México, ha colaborado con el Centro Estatal de Lenguas, Arte
y Literatura Indígenas (celali) y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas
(Inali); actualmente, colabora con la Red Nacional de Refugios para mujeres
víctimas de violencias machistas.
Contacto: natisimoncini@[Link]

María Teresa Garzón Martínez

Feminista por necesidad, instructora de defensa personal por amor, académi-


ca por estrategia. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma
Metropolitana Xochimilco. Investigadora del Centro de Estudios Superiores
de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
(Unicach), donde cofundó el posgrado en Estudios e Intervención Feminista.
Ha publicado Sólo las amantes serán inmortales / Ensayos y escritos en estudios
culturales y feminismo (San Cristóbal de las Casas [Chiapas]: Universidad de
Ciencias y Artes de Chiapas, 2017), Hacerse pasar por la que una no es / Mo-
dernización, criminalidad y no mujeres en la Bogotá de 1920 (San Cristóbal
de las Casas [Chiapas]: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, 2018) y
Blanquitud / Una lectura desde la literatura y el feminismo descolonial (Bogotá:
En la Frontera-Grupo Latinoamericano de Estudio, Formación y Acción Fe-
minista, 2020).
Contacto: [Link]@[Link]

242
Narradoras de la marea actual

Izchel Cosío Barroso

Áreas de interés: cuerpos y corporalidades, gorduras y feminismos, Compen-


sación por Tiempo de Servicio (cts), diversidades y disidencias e innovación
metodológica. Doctoranda de Estudios Críticos de Género en la Universidad
Iberoamericana. Diplomada en Estudios del Cuerpo y las Corporalidades
por El Cuerpo Descifrado. Maestra en Antropología y Desarrollo por la Uni-
versidad de Chile. Licenciada en Antropología Social por la Escuela Nacional
de Antropología e Historia. Docente e investigadora del Instituto Nacional de
Salud Pública. Colaboradora del Departamento de Educación Continua de la
Universidad del Claustro de Sor Juana, en el curso Metodología, Feminismos
y Género y en el curso Derechos Humanos y No Discriminación. Consultora
en diversas instituciones gubernamentales y en organizaciones de la sociedad
civil. Se especializa en estudios críticos sobre la gordura y los feminismos de la
tecnociencia desde los análisis del discurso de la obesidad y su materialización
en la cirugía bariátrica.
Contacto: [Link]@[Link]

Ignacio Lozano Verduzco

Es doctor en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México.


Profesor titular de tiempo completo en la Universidad Pedagógica Nacional.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de
Ciencia y Tecnología, nivel 1. Profesor con perfil deseable del Programa para el
Desarrollo Profesional Docente (Prodep). Forma parte de tres redes de inves-
tigación internacionales que se dedican al estudio de la migración, la salud y el
bienestar sexual. Ha participado en proyectos de investigación e intervención
comunitaria sobre masculinidades, violencia, homofobia, sexualidad y salud,
y los ha coordinado. Responsable del cuerpo académico del Prodep sobre se-
xualidad, identidad y bienestar. Presidente de la Red Regional México de la
International Partnership for Queer Youth Resilience (inqyr). Miembro del
Consejo Ejecutivo de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los
Hombres. Su trabajo académico fue reconocido con el Premio de la Juventud
del Distrito Federal, otorgado por el Instituto de la Juventud (Injuve).
Contacto: ilozano@[Link]

243
HACIA LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO: QUERER AL FIN TENERLO TODO

Iván D. Estrada

Artemarcialista profesor de Nipón Kempo e instructor de Baile Casino (salsa


cubana). Tiene formaciones profesionales en Educación para la Paz, Novio-
lencia y Derechos Humanos, Intervención Comunitaria, Género con análisis
crítico en la masculinidad, Re-educación de Hombres agresores y Análisis de
la Violencia; Educación Artística y Estética y Expresión Psicocorporal. Estu-
dió la licenciatura en Artes Visuales en la unam y el Seminario Multinacional
de arte contemporáneo en el Programa Integral de Fotografía y Medios Alter-
nativos en el Centro de la Imagen del cenart-inba. Es consultor, educador y
ponente con más de 15 años de experiencia capacitando alrededor de 15,000
personas en temas de procesos creativos, desarrollo humano, educación esté-
tica y artística, autoconocimiento, género, análisis crítico de la masculinidad,
relaciones humanas, apoyo y contención psicoemocional, lenguaje incluyente
y no sexista, cultura de paz y noviolencia, prevención de la discriminación y
violencia de género. Coordinó el proyecto editorial de distribución nacional
Exploraciones visuales en artes visuales y educación con perspectiva de género.
Trabajó en la coordinación general del equipo central del Proyecto Nacional
Abriendo Escuelas para la Equidad y la Noviolencia de la Organización de
Estados Iberoamericanos y la sep.
Contacto: hectorivandelgado@[Link]

Lía García (La Novia Sirena)

Es escritora, narradora oral y artista de performance. Activista y defensora de


los derechos humanos de las personas trans. Aprendiza feminista antirracista en
proceso vivo y continuo de descolonización. Cofundó en 2016 la Red de Juven-
tudes Trans México, junto con su hermana Jessica Marjane. En 2019 cofundó
la Archiva TransMarikitas de Literatura Infantil y Juvenil lgbt, junto con su
compañere de vida Canuto Roldán. Sus proyectos pedagógicos se han centrado
en construir puentes afectivos entre la experiencia trans, el activismo y el con-
texto sociopolítico por medio de la performance artística, realizados en espacios
de complejidad (cárceles, escuelas, plazas públicas, mercados y hospitales, entre
otros) que oprimen y encarcelan las identidades de la disidencia sexual.
Contacto: garciage24@[Link]

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Hacia la cuarta ola del feminismo:
querer al fin tenerlo todo

Primera edición 2024

El cuidado de la edición estuvo a cargo


del Departamento Editorial de la Dirección General
de Difusión y Vinculación de la Universidad
Autónoma de Aguascalientes.

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