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—2—

El general y su héroe:
Juan Velasco Alvarado y la reinvención
de Túpac Amaru II1

Charles F. Walker

Después de haber sido un personaje relegado e incómodo para


la historiografía oficial, Túpac Amaru ocupa ahora un primer
plano indiscutible. Reiteradamente su figura aparece en diarios,
revistas, afiches, pinturas, películas, etc. Se ha convertido
aparentemente en un personaje familiar.

Alberto Flores Galindo2

[El gobierno de Velasco] está difundiendo con gran entusiasmo


las glorias del pasado inca, de indios rebeldes como Túpac
Amaru y de virtudes indígenas, y planea, además, impartir
educación en lengua quechua.

Eric Hobsbawm3

He visto por mucho tiempo el periodo de Juan Velasco Alvarado como


una curiosa terra incognita de la historia peruana. No solo ha sido inex-
cusablemente poco estudiado (hasta épocas recientes, por lo menos),
sino que lo más interesante es que divide a la gente de formas curiosas

1. Traducción de Stephanie Rohner.


2. Flores Galindo, Sociedad colonial, p. 7.
3. Hobsbawm, «Peruvian Indians».

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72 / Charles F. Walker

y sorprendentes. Cuando hablo con peruanos acerca de los incas o del


expresidente Alberto Fujimori, puedo adivinar, usualmente, cuál será su
postura. A todos les gustan los incas, en un rango que va del respeto a la
veneración, aunque algunos admiten tímida o «incorrectamente» cierto
desdén. El fujimorismo marca la política peruana contemporánea como
ningún otro tema o figura, e incluso con las extrañas y a veces desalen-
tadoras alianzas de los últimos tiempos, la mayoría de las opiniones son
predecibles. En el caso de Velasco, sin embargo, suelo sorprenderme
cuando la gente me dice que, si bien no fue perfecto, el régimen hizo más
por el Perú que cualquier otro gobierno presente o pasado, o cuando, en
el otro extremo, se culpa al periodo de 1968-1975 de todos los problemas
del Perú. Algunas personas bastante conservadoras me han dejado des-
concertado al reconocer su respeto por Velasco. Por otra parte, otros ex-
presan un rechazo tajante. He escuchado a taxistas culparlo del tráfico de
Lima y a conservadores declararlo responsable de todas las desgracias del
Perú. Si bien aquellos que fueron el blanco del régimen de Velasco —la
oligarquía, para usar el término poco preciso del periodo, o por lo menos
aquellos que perdieron tierra— lo detestan, otros afirman que apoyaban
una reforma agraria pero no la suya, o que su gobierno era solo ligera-
mente mejor que las dictaduras fascistas del cono sur. Velasco, para bien o
para mal, cambió radicalmente al Perú y los historiadores y los peruanos
en general todavía no consiguen conciliarse con él y su periodo.
El gobierno de Velasco usó ampliamente la imagen del líder rebelde
anticolonial del siglo XVIII José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru
II.4 Su icónico rostro rediseñado y la frase inventada, «Campesino, el
patrón no comerá más de tu pobreza», adornaron afiches, pancartas y pu-
blicaciones, al mismo tiempo que se erigían estatuas, se instalaban placas
y se rebautizaban calles para conmemorar al líder rebelde. El régimen
bautizó con su nombre un plan, un salón, avenidas, pueblos, nuevos
asentamientos humanos, centros de información y muchas otras cosas.
El empleo de Túpac Amaru como el rostro histórico del régimen cons-
tituye un momento interesante en el culto a los héroes latinoamerica-
nos. También representa una significativa reinterpretación, durante la

4. A lo largo del texto he usado la forma más común «Túpac», en vez de «Tupac».

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 73

celebración del sesquicentenario en 1971, de los roles desempeñados en


las guerras peruanas de independencia.
En este capítulo analizo por qué el régimen de Velasco eligió la fi-
gura de Túpac Amaru y cómo fue reinventada por el gobierno y sus
seguidores. Examino la naturaleza de las publicaciones sobre Túpac
Amaru anteriores al golpe de 1968, cómo fue percibido por historiado-
res y otros, y por qué atrajo progresivamente la atención internacional.
Exploro, luego, el uso que hizo Velasco de Túpac Amaru, especialmente
durante la conmemoración del sesquicentenario de la independencia del
Perú en 1971.5 El líder rebelde y el régimen de Velasco encajaron muy
bien. La reconfiguración de Túpac Amaru como el líder que inició la
truncada lucha del Perú por la emancipación —una batalla que Velasco
prometía terminar— suscitó debates sobre las guerras de independencia
que continúan incluso hoy en día.
Durante el periodo de Velasco, Túpac Amaru se encontraba en todas
partes. En palabras de Enrique Mayer,

Cualquier cosa que fuera revolucionaria y nacionalista durante el régimen


de Velasco llevó el nombre de Túpac Amaru. Nuevos monumentos, plazas
y calles se erigieron en su nombre en todas las ciudades. El afiche del Mi-
nisterio de Agricultura y de la reforma agraria tenía como figura a Túpac
Amaru. Las haciendas expropiadas con aristocráticos nombres españoles
adquirieron nuevos nombres vinculados a él e incluso los supermercados
urbanos del sistema de distribución de alimentos (EPSA) tenían un símbo-
lo estilizado de Túpac Amaru con una cara adusta y un sombrero de copa
alta con ala negra.6

Esta posterior imagen ubicua, creada por Jesús Ruiz Durand, mutó
en versiones más juveniles, oscuras e incluso con influencia pop. Un
severo Túpac Amaru con sombrero de hongo y cabello suelto adornaba
el billete de cincuenta soles de 1969 y el de cien soles de 1976, así como
la moneda de diez soles de 1974 (imagen 2.1).7

5. Véase el capítulo de Carlos Aguirre en este volumen.


6. Mayer, Cuentos feos, p. 82.
7. Véase el excelente libro de Lituma Agüero, El verdadero rostro de Túpac Amaru (Perú,
1969-1975), especialmente el segundo capítulo. Germán Suárez Vértiz diseñó el

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74 / Charles F. Walker

Imagen 2.1. Túpac Amaru representado en el billete de cincuenta soles


en 1969, dibujado por Germán Suárez Vértiz.
Colección del autor.

Los trabajadores pusieron placas para honrar a este «precursor y


mártir de la independencia de las Américas», en Tungasuca, Surimana,
Tinta e Iberia (Madre de Dios) y otros distritos para conmemorar el le-
vantamiento en Sangarará, Cuzco, Puno y Lampa.8
En un discurso pronunciado en 1973, el general Leonidas Rodrí-
guez Figueroa, un colaborador cercano de Velasco y director del crucial

billete de cincuenta soles, que fue reproducido con modificaciones en 1976. Tam-
bién resulta valioso el estudio de Castrillón Vizcarra, La generación del 68.
8. Discursos pronunciados, 1, pp. 613-615 y 604-606.

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 75

Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social o Sinamos, explicó


la centralidad de Túpac Amaru para el régimen y lo calificó como

[¡]el vínculo heroico entre nuestros antecesores y nosotros mismos! Él es


el vínculo heroico entre la antigua lucha contra la dominación española y la
lucha que hoy libramos contra el imperialismo; [...] Por ello, Túpac Ama-
ru define la personalidad de nuestra Patria; por ello, Túpac Amaru enraíza
la revolución nacional en nuestra historia; por ello, Túpac Amaru es la
inspiración histórica de la causa independiente y nacional de la revolución
peruana.9

A fines de septiembre de 1971, Velasco viajó al sur del Perú. Co-


menzó su discurso del 27 de septiembre en Cuzco con estas palabras:
«Llegar al Cuzco, tierra de Túpac Amaru, es llegar al corazón de nuestra
historia».10 Un relato sobre el acontecimiento afirmaba cómo la gente se
había quedado sin habla cuando Velasco se puso de rodillas para levantar
a una anciana campesina, un encuentro «con los de abajo —como lo
dijera después el propio mandatario—, precisamente en el ombligo del
antiguo imperio incaico, en la cuna del movimiento libertario de Túpac
Amaru cuyas banderas ha recogido esta Revolución».11
El gobierno militar revolucionario eligió bien su símbolo. José Ga-
briel Condorcanqui o Túpac Amaru II encabezó el levantamiento anti-
colonial de masas más grande de la historia de Hispanoamérica colonial.
La rebelión de 1780 continuó por dos años más luego de la ejecución
en 1781 de Túpac Amaru, de su esposa Micaela Bastidas y de su círculo
cercano, se extendió desde su base al sur de Cuzco hasta el lago Titicaca

9. Nalewajko, «La imagen de la revolución peruana», p. 86. Leonidas Rodríguez fue,


posteriormente, uno de los fundadores del Partido Socialista Revolucionario (Ber-
nales, «Partido Socialista»). Para una reconstrucción de su discurso de noviembre
de 1973 en conmemoración del quinto aniversario de la revolución, con muchas
referencias a Túpac Amaru, véase <[Link]
[Link]>. Véase también Oiga, n.º 550, 9
de noviembre de 1973. Para más información sobre el Sinamos, véase el capítulo
de Anna Cant en este volumen.
10. Velasco Alvarado, La voz de la revolución, 2, p. 173.
11. Oiga, n.º 443, 1 de octubre de 1971, p. 9.

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76 / Charles F. Walker

y Charcas (territorio que luego se convirtió en Bolivia), y estuvo cerca de


derrocar el control español de América del Sur. La brutal ejecución de
Túpac Amaru y de su esposa los convirtió en mártires: a Micaela le corta-
ron la lengua y la estrangularon en el garrote, mientras que Túpac Amaru
fue descuartizado por cuatro caballos y luego colgado. La rebelión incitó a
otros rebeldes a lo largo y ancho de Sudamérica y en otras regiones; el nú-
mero de muertos alcanzó los cien mil.12 Su figura encajaba perfectamente
en un gobierno de izquierda que buscaba íconos e imágenes represen-
tativas. Túpac Amaru era un revolucionario provinciano (no limeño ni
reformista) de raíces incaicas (su nombre Túpac Amaru hacía referencia
al linaje que compartía con uno de los incas mártires de la conquista es-
pañola), que había desafiado a los españoles, pero no poseía un lugar en
el panteón de los héroes nacionales del Perú. Túpac Amaru, no obstante,
no había sido olvidado ni por la memoria popular ni por los historiadores.
Gracias a las hábiles manos de Jesús Ruiz Durand, Augusto Díaz
Mori, Milner Cajahuaringa, Germán Suárez Vértiz y otros artistas, Tú-
pac Amaru se convirtió en un desaliñado pero llamativo hombre del
ande cuya imagen resultaba atractiva para una gran parte de peruanos,
particularmente los campesinos a quienes Velasco quería ayudar (y en-
contrar en ellos apoyo) a través de su reforma agraria. Al enfatizar lo
visual, especialmente en los llamativos afiches elaborados por el Sinamos
y otras instituciones, el régimen reconoció astutamente las limitaciones
de la prensa escrita en el Perú, un país en el que muchos ciudadanos eran
analfabetos (40% según el censo de 1961, y la abrumadora mayoría habi-
tantes de zonas rurales) y no tenían acceso a periódicos o a la televisión.13
Sin embargo, el impacto se percibió no solo entre los campesinos y la
gente de zonas rurales, que podían verse a sí mismos como descendien-
tes de Túpac Amaru y Micaela Bastidas. La imagen de un hombre de tez
oscura y con cola de caballo concordaba con las principales inclinaciones
políticas y estéticas de la época, a fines de la década de 1960 y principios
de la de 1970: el tercermundismo. En su simplicidad y resonancia, las

12. Serulnikov, Revolución en los Andes; Walker, La rebelión de Túpac Amaru.


13. Cant, «“Land for Those Who Work It”»; Lituma Agüero, El verdadero rostro. Encon-
tré la tasa de analfabetismo en INEI, «El analfabetismo en el Perú».

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 77

representaciones de Túpac Amaru se emparentaban con la icónica ima-


gen de Ernesto Che Guevara.14
La coyuntura en que esto se dio fue también importante. Los ideó-
logos militares vieron su gobierno revolucionario como una lucha para
superar los casi 150 años de fracasos de los gobiernos posindependentis-
tas y para ganar la batalla comenzada por Túpac Amaru. El sesquicente-
nario influyó en ellos, pues proponían que Túpac Amaru había iniciado
la lucha por la emancipación de España y que muchos de los objetivos
y promesas de la larga guerra de independencia (más de cuarenta años
si se ve a Túpac Amaru como el iniciador) no habían sido alcanzados.
El gobierno de Velasco, sin embargo, no inventó a Túpac Amaru de la
nada a partir de la afición histórica de un ministro erudito o de mohosos
documentos coloniales en Sevilla o Cuzco. La figura de Túpac Amaru
ya era objeto de grandes debates y excesivos elogios dentro y fuera del
Perú. Este capítulo se enfocará ahora en los materiales primarios a partir
de los cuales historiadores y otros individuos lo convirtieron en un ícono
revolucionario.
En 1964, Antonio Cisneros publicó el poema «Túpac Amaru relegado»:

Hay libertadores
de grandes patillas sobre el rostro,
que vieron regresar muertos y heridos
después de los combates. Pronto su nombre
fue histórico, y las patillas
creciendo entre sus viejos uniformes
los anunciaban como padres de la patria.
Otros sin tanta fortuna, han ocupado
dos páginas de texto
con los cuatro caballos y su muerte.15

14. Casey, Che’s Afterlife; Anderson, Che Guevara; para un excelente panorama de las
nuevas aproximaciones sobre la década de 1960 en Latinoamérica, véase «Special
Issue: Latin America in the Global Sixties», The Americas 70, 3 (2014). Una postal
con imágenes y frases de Túpac y del Che circuló en Lima en 1969. Oiga, 344, 3 de
octubre de 1969.
15. Cisneros, Postales para Lima, p. 35.

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78 / Charles F. Walker

El poema capta con agudeza cómo los historiadores y las celebracio-


nes oficiales marginaron de la historia a los líderes rebeldes de tez oscura
para favorecer a los más conocidos héroes y mártires de ascendencia eu-
ropea. Sin embargo, el texto también refleja el creciente interés en Túpac
Amaru dentro y fuera del Perú en las décadas de 1950 y 1960. Cisneros
no necesitaba nombrar a Túpac Amaru. Los lectores sabían de quién se
trataba con la mera mención de los cuatro caballos, una referencia a su
brutal ejecución el 18 de mayo de 1781. El nombre y la imagen de Túpac
Amaru circularon extensamente en el Perú antes de 1968. No obstante,
necesitaba ser reivindicado, para usar un verbo popular en ese periodo.
El número de libros publicados sobre la rebelión de Túpac Amaru
creció continuamente desde la década de 1940 hasta la de 1980. El gráfi-
co 2.1 indica la frecuencia con la cual aparecieron los términos «Túpac»,
«Túpac Amaru» y «Micaela Bastidas» en libros publicados en español en-
tre 1940 y 2014.16 Resalta el incremento del uso de aquellos términos en
los años inmediatamente anteriores al régimen de Velasco y durante ese
mismo gobierno.
¿Quiénes fueron los autores que ofrecieron el material principal
para la reinterpretación política y la reconfiguración estética de Túpac
Amaru a fines de la década de 1960 y durante la de 1970? Carlos Daniel
Valcárcel (1911-2007), profesor de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos en Lima, publicó numerosas historias del levantamiento.
Comenzó en la década de 1940 con sus libros Rebeliones indígenas y La
rebelión de Túpac Amaru. Sus narraciones presentaban la lucha como una
batalla épica entre guerreros indígenas y españoles realistas, exaltando las
figuras de Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Prestó poca atención a gru-
pos intermedios y a mujeres y no dejó lugar para la neutralidad o la duda:
solo se podía ser rebelde o realista. Valcárcel presentó a Túpac Amaru,
asimismo, como un héroe ignorado y, en términos nacionalistas, incre-
pó a los peruanos por haber dado la espalda a los rebeldes andinos. Sus
libros circularon ampliamente dentro y fuera del Perú. El Fondo de Cul-
tura Económica de México publicó La rebelión de Túpac Amaru en 1947
y lo incluyó en su Colección Popular en 1965, e imprimió Rebeliones

16. Fuente: Google Books Ngram Viewer.

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0.000500%
0.000450%
0.000400%
0.000350%
0.000300%
0.000250%
0.000200%
(Túpac Amaru + Tupac Amaru)
0.000150%
0.000100%
0.000050%
Micaela Bastidas
0.000000%
1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000

Gráfico 2.1. Frecuencia del uso de los términos «Túpac», «Túpac Amaru» y «Micaela
Bastidas» en libros en español, 1940-2014. Google Books Ngram Viewer.

indígenas en 1982. Múltiples versiones fueron también publicadas en


Perú, incluyendo la edición de 1973 de La rebelión de Túpac Amaru en la
ubicua serie Biblioteca Peruana (publicada por Peisa y auspiciada por el
gobierno de Velasco).17
Otros autores escribieron también libros importantes sobre Túpac
Amaru. Jorge Cornejo Bouroncle (1898-1995), quien trabajó como ad-
ministrador y profesor en la Universidad Nacional de San Antonio Abad
del Cuzco entre 1936 y 1964, publicó Túpac Amaru, la revolución precursora
de la emancipación continental en 1949. El título resalta tanto el rol de Túpac
Amaru como precursor, un concepto importante en la recuperación del
levantamiento durante el régimen de Velasco, como la relevancia he-
misférica de la rebelión. Aunque Cornejo Bouroncle incluyó algunos
documentos claves sobre el levantamiento y ofreció una cronología y

17. Es sorprendente lo poco que se ha escrito sobre Valcárcel y otros historiadores de


mediados del siglo XX. Valcárcel publicó muchos libros sobre Túpac Amaru, a
menudo con pocos cambios entre sí. Estos incluyen: La rebelión de Túpac Amaru,
Túpac Amaru (1977) y Rebeliones indígenas. También publicó varias colecciones de
documentos, como Túpac Amaru (1970). Por supuesto, los autores estudiados aquí
no fueron los primeros en ocuparse del rebelde. A comienzos del siglo XX, Solar
publicó, Insurrección de Túpac Amaru. Para un profundo análisis del tratamiento de
Túpac Amaru por autores tempranos, véase Portocarrero y Oliart, El Perú desde la
escuela, pp. 65-102.

[Link] 79 30/05/2018 [Link] a.m.


80 / Charles F. Walker

narrativa útiles, su análisis dejó mucho que desear.18 Boleslao Lewin, por
el contrario, escribió entre las décadas de 1940 y 1970 varios estudios que
evidenciaban un análisis excepcional y una profunda investigación. Este
historiador polaco-argentino, un judío refugiado de la Segunda Guerra
Mundial, establece comparaciones implícitas entre el levantamiento y el
Holocausto. En mi opinión, fue Lewin quien escribió los estudios más
sofisticados sobre el levantamiento, incorporando en ellos sensibilidades
históricas europeas y una inmensa cantidad de materiales de archivo.
Lewin publicó más de una docena de libros en español que fueron tra-
ducidos al alemán y al japonés.19
Es necesario mencionar también a otros autores. Juan José Vega
(1932-2003), por ejemplo, empleó un tono más militante en su mono-
grafía de 1969, José Gabriel Túpac Amaru. A tono con la tendencia «cla-
sista» del periodo, la primera sección del libro se titula «José Gabriel
Túpac Amaru y las clases sociales de su tiempo». Vega publicó nume-
rosas monografías basadas en una exhaustiva investigación (aunque con
un método cuestionable para indicar las referencias) y fue una referencia
frecuentemente citada durante el periodo de Velasco.20
Un elemento llamativo de estos libros y, en general, de los trabajos
históricos peruanos de mediados del siglo XX, es lo poco que dialoga-
ban entre sí. Si bien se apoyaban en las mismas fuentes, hacían mínima
referencia unos a otros. La extraordinaria colección de volúmenes de
documentos editada por Francisco Loayza, Los pequeños grandes libros de
historia americana, que incluyó seis títulos sobre algunos aspectos de la re-
belión, fue esencial para historiadores como Valcárcel, Lewin y muchos

18. Cornejo Bouroncle, Túpac Amaru. La Universidad Nacional de San Antonio Abad
del Cuzco publicó una nueva edición en 2013. He tomado la información sobre
Cornejo Bouroncle del prólogo a esta nueva edición escrito por José Armando
Tamayo Herrera, pp. xxiii-xxv.
19. Lewin, La rebelión de Túpac Amaru.
20. Vega, José Gabriel Túpac Amaru; Túpac Amaru y sus compañeros. Es interesante que
en 1970 la editorial Moncloa-Campodónico publicara el libro de Valcárcel citado
anteriormente con el título de Túpac Amaru el revolucionario; sin embargo, en la
primera página y en otras partes, el título se reduce a Túpac Amaru. Este es el único
momento en que Valcárcel utilizó el término «revolución» en uno de sus títulos.
Lo he encontrado catalogado en WorldCat con y sin el adjetivo «revolucionario».

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 81

otros.21 Estos estudiosos también utilizaron colecciones documentales


del siglo XIX, como aquellas publicadas por Pedro de Angelis o Manuel
de Odriozola.22 La mayoría de estos escritores citaba mínimamente a
los otros (cuando lo hacían) y no contextualizaron su obra ni resaltaron
sus hallazgos y sus críticas en relación con los otros.23 Las reseñas de
libros no eran comunes ni particularmente importantes, y cada autor
establecía su propio camino. De hecho, Lewin denunció a Valcárcel en
1979 por no reconocer su obra, pese a que había usado sus argumentos
y documentos. Lewin también arremetió contra Valcárcel por publicar
documentos copiados, transcritos y publicados por Francisco Loayza sin
citarlo correctamente.24 Esta polémica, sin embargo, constituía más la
excepción que la regla. Estos historiadores tenían distintos orígenes y
experiencias (Valcárcel era de Lima; Cornejo Bouroncle de Arequipa y
había pasado décadas en Cuzco; y Lewin era polaco-argentino, diferen-
cias que son importantes de subrayar), y Vega era mucho más directo
acerca de su perspectiva izquierdista. Sin embargo, más allá de las acusa-
ciones de Lewin, que fueron la única excepción, los desacuerdos pueden
ser advertidos leyendo entre líneas o en la ausencia de citas, más que en
discusiones abiertas.
A pesar de esta falta de diálogo y de las diferencias en enfoque y
calidad, este corpus (y otros historiadores podrían ser también citados)
presenta una visión coherente de la rebelión. Muestra a Túpac Amaru
y, en menor medida, a Micaela Bastidas, como los héroes ignorados que

21. Estos incluyen Loayza, ed., Genealogía de Túpac Amaru; Loayza, ed., La verdad des-
nuda; Loayza, ed., Mártires y heroínas; Sahuaraura Titu Atauchi, Raphael José, Estado
del Perú (Loayza, ed.); Loayza, ed., Preliminares del incendio; y Túpac Amaru, Juan
Bautista, Cuarenta años de cautiverio (Loayza, ed.).
22. Angelis, Documentos para la historia; Odriozola, Documentos históricos, vol. 1.
23. Como se ha mencionado, los investigadores han escrito muy poco sobre estos his-
toriadores y sus generaciones. Este no es solo un problema del Perú, pues Lewin
merece más atención en Argentina.
24. Lewin, Túpac Amaru en la independencia, pp. 9-12. No he encontrado una respuesta
de Valcárcel. En 1975, Valcárcel recibió el premio al mejor libro sobre el sesqui-
centenario del Perú en un concurso auspiciado por la Organización de Estados
Americanos, mientras que Lewin recibió una mención honrosa. Valcárcel publicó
ese estudio en 1977, e incluyó en él una introducción bibliográfica de dos páginas.
Valcárcel, Túpac Amaru.

[Link] 81 30/05/2018 [Link] a.m.


82 / Charles F. Walker

comenzaron la lucha de décadas contra los españoles. Como sugiere el


título de Cornejo Bouroncle, los rebeldes fueron precursores que tuvie-
ron un impacto hemisférico. Estos historiadores presentan a los indios
como víctimas que, luego de más de un siglo desde la independencia, no
habían sido integrados al cuerpo de la nación. En consecuencia, la misión
de Túpac Amaru no había sido cumplida. No es de sorprender que estas
obras, publicadas entre las décadas de 1940 y 1960, emplearan concep-
tos como indios a modo de categorías inamovibles y no indagaran en las
complejidades y contradicciones de los términos raciales y la identidad
nacional. Sí presentaron, sin embargo, una versión fácil de comprender
de Túpac Amaru como un héroe desatendido, cuyo proyecto frustrado
de derrocar el régimen colonial e incorporar a los pueblos indígenas a la
nación peruana seguía siendo no solamente relevante, sino urgente.
Estos estudios compartían muchas características: se centraban en
la propia figura de Túpac Amaru, sin reorientar mucho su análisis geo-
gráfica o cronológicamente. Escribieron poco sobre Micaela Bastidas y
sobre aquellos que dirigieron la segunda fase del levantamiento (Diego
Cristóbal Túpac Amaru, Mariano Túpac Amaru y Andrés Mendigure).
Cuando se referían a los Kataristas, la serie de levantamientos que ocu-
rrieron en Charcas simultáneamente a los de Túpac Amaru, tendieron
a presentarlos como seguidores de Túpac Amaru o, para decirlo cruda-
mente, como inferiores. (En esto, Boleslao Lewin fue una excepción.)
La investigación de Scarlett O’Phelan en la década de 1970 marcaría el
inicio de trabajos comparativos serios. O’Phelan y otros historiadores se
beneficiaron enormemente de los documentos compilados y publicados
en la Colección Documental de la Independencia del Perú (1971-1976)
y de los siete volúmenes posteriores de la Colección Documental del
Bicentenario de la Rebelión de Túpac Amaru (1980-1982).25

25. O’Phelan Godoy, Un siglo de rebeliones. La Colección Documental de la Indepen-


dencia del Perú (CDIP) fue originalmente programada para incluir 106 volúmenes,
pero finalmente se publicaron 86 distribuidos en 27 tomos. Cada tomo tenía entre
1 y 10 volúmenes, siendo el más extenso el tomo 1, dedicado a «Los ideólogos».
Véase tomo II, La rebelión de Túpac Amaru, 4 vols. (1971-1972). La Colección Docu-
mental del Bicentenario de la Revolución Emancipadora de Túpac Amaru (Cdbre-
ta) publicó cinco colecciones documentales (I, II, III-I, IV-II, V-III), una antología y
una colección de artículos presentados en una conferencia.

[Link] 82 30/05/2018 [Link] a.m.


2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 83

Estos estudios, que ofrecieron las bases bibliográficas para la repre-


sentación que hizo el régimen de Velasco de Túpac Amaru, adoptaban
una postura nacionalista y demarcaban claras líneas divisorias entre los
malévolos españoles y los rebeldes heroicos. Cornejo Bouroncle, Vega y
Valcárcel prestaron escasa atención a los criollos, a los indígenas que apo-
yaron a los realistas o al rol que cumplió la Iglesia católica en la derrota de
los rebeldes (el trato que hizo Lewin de estos temas fue superior).26 En
general, presentaron a Túpac Amaru en términos hagiográficos y elogia-
ron su valor, su visión y martirio. Algunos autores hicieron objeciones
tácticas —se preguntaron por qué esperó para atacar la ciudad del Cuzco
o si había subestimado la ofensiva realista a inicios de 1781—, sin em-
bargo, lo presentaron como el héroe perdido del Perú. (Al hacerlo, igno-
raron la centralidad de Micaela Bastidas como estratega.) Estos estudios
proporcionaron cuantioso material para que los ideólogos convirtieran a
Túpac Amaru en precursor o padre de la patria.
Tanto Valcárcel como Vega publicaron extensamente sobre Túpac
Amaru en medios que glorificaban el trabajo del gobierno de Velasco
y subrayaban su identificación con el rebelde. Por ejemplo, el 6 de no-
viembre de 1970, la revista Oiga conmemoró los 190 años del estallido
de la rebelión con un artículo de Valcárcel titulado «Túpac Amaru y los
criollos de Lima». Una leyenda justo debajo del título y junto a un torpe
dibujo de Túpac Amaru decía: «rescatada de los cuatro o cinco párrafos
con los que se la mantenía escondida en los textos oficiales, la figura
invicta de Túpac Amaru, por obra del govierno (sic) revolucionario del
pueblo y de la fuerza armada, ha ocupado su verdadero lugar en la vida
cotidiana de la gesta contemporánea del Perú». El artículo discutía la es-
tadía de Túpac Amaru en Lima en 1777 y 1778 a partir de conocidos
documentos del Archivo de Indias en España. Luego de culpar del fin de
la rebelión a las divisiones entre los caciques (también llamados kurakas),
autoridades étnicas locales que concedieron apoyo importante y opo-
sición a los levantamientos, el artículo concluye: «La historia de Túpac
Amaru es el estudio de un proceso en que el prócer pasa de fidelista a

26. Lewin, en contraste, fue más crítico con el obispo Moscoso y Peralta, a quien (acer-
tadamente, en mi opinión) presentó como un factor esencial del fracaso de la rebe-
lión. Vega prestó más atención a esto en su Túpac Amaru y sus compañeros.

[Link] 83 30/05/2018 [Link] a.m.


84 / Charles F. Walker

separatista, de rebelde a revolucionario anticolonialista». Luego del gol-


pe de Velasco en 1968, Valcárcel se refirió cada vez más a Túpac Amaru
como revolucionario.27 Vega publicó un texto breve sobre Túpac Amaru
en un número de Oiga en noviembre de 1968. Consideró al rebelde de
Cuzco «el peruano más importante en la historia universal» y deploró
cómo la Academia Nacional de la Historia y «la falaz historia reaccionaria
que se divulga en los textos oficiales de Historia del Perú» habían dejado
al margen al levantamiento y a su líder.28
Los historiadores no fueron los únicos intelectuales que descu-
brieron y ensalzaron a Túpac Amaru entre las décadas de 1940 y 1960.
Enrique Mayer destaca el papel del indigenismo (un movimiento que
enfatizó el rol de los pueblos indígenas en el Estado-nación) entre los
intelectuales velasquistas y en el resurgimiento del interés por Túpac
Amaru. Examina, asimismo, la emergencia del cine campesino entre las
décadas de 1960 y 1970.29 El antropólogo y escritor José María Arguedas
volcó su curiosidad a la rebelión. En 1962 publicó Tupac Amaru kamaq
taytanchisman (Haylli Taki) / A nuestro padre creador Tupac Amaru (Himno-
Canción). En una carta a John Murra, Arguedas explicaba que «el poema
a “Túpac Amaru”, lo escribí en los tristes días en que se mataba comu-
neros», haciendo referencia a la represión de la movilización campesina
a inicios de la década de 1960.30 Arguedas formó parte de una extraordi-
naria tradición poética en torno a la figura de Túpac Amaru, que incluyó
a Alejandro Romualdo (Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad), Pa-
blo Neruda (Canto general) y otros. Los novelistas, sin embargo, tuvieron
menos éxito.31

27. Oiga, n.º 398, 6 de noviembre de 1970, pp. 11-12. Este número incluye una foto-
grafía del recién elegido presidente chileno Salvador Allende para ilustrar el artícu-
lo «Chile también en el camino de Túpac Amaru».
28. Oiga, n.º 298, 8 de noviembre de 1968, pp. 17-18.
29. Mayer, Cuentos feos, pp. 41-74; Huillca, Habla un campesino.
30. Arguedas, Tupac Amaru kamaq. La carta se encuentra en Murra y López-Baralt, Las
cartas, p. 84. Véase también Brotherston, The Emergence, cap. 7, «Tupac Amaru Dis-
membered: José María Arguedas».
31. Angeles Caballero, Túpac Amaru y Micaela Bastidas.

[Link] 84 30/05/2018 [Link] a.m.


2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 85

Por supuesto, la imprenta y el cine no fueron los únicos medios a


través de los cuales los intelectuales y artistas reconfiguraron la imagen
de Túpac Amaru. En la edición de Oiga del 15 de noviembre de 1968,
«un lector amigo» apoyó la opinión de la revista semanal de que «muy
pocos supieron» que el feriado del 4 de noviembre, que celebraba los 188
años del levantamiento, «era un homenaje a Tupac Amaru». El autor de
la carta señalaba:

Ahora que se ha rescatado del silencio oficial al primer revolucionario de


América, habría que recordar que, en Lima, Buenos Aires y otras ciudades
americanas, funcionan desde hace varios años peñas «Tupac Amaru» inte-
gradas por escritores y artistas. La de Lima está conformada, entre otros,
por Magda Portal, Esteban Pavletich, José Varallanos, Raúl Valencia, Víctor
Villanueva, Carlos Daniel Valcárcel y otros.

También describía cómo miembros de la peña de Lima se habían reu-


nido el 4 de noviembre en el restaurante Piselli (en el distrito de Pueblo
Libre) y habían luego colocado «una ofrenda floral en el menguado busto
del héroe, que existe perdido en una silvestre plazoleta de San Miguel».32
La música y las grabaciones fueron también formatos importantes
para celebrar a Túpac Amaru y resaltar su vínculo con Velasco. Por ejem-
plo, en 1969, Smith Discos y Ediciones Viva Voz lanzaron un disco de
45 rpm con el evocativo poema de Alejandro Romualdo «Canto coral
a Túpac Amaru/ Tupaqamarauman Ukhuti Takina Taki» en español y
quechua.33 El mismo año, un grupo de músicos conocidos lanzó el LP
Canciones de la nueva patria, con temas que apoyaban a Velasco. El Sina-
mos también produjo discos en favor de Velasco.34 En 1970, el Teatro

32. Oiga, n.º 299, 15 de noviembre de 1968. El número de Oiga de la semana anterior
se había quejado de la falta de atención que había recibido el aniversario de la re-
belión el 4 de noviembre, a pesar de que había sido declarado un «día cívico labo-
rable». Oiga, n.º 298, 8 de noviembre de 1968. Esta se convirtió casi en una queja
anual en Oiga. El 4 de noviembre de 1969 se protestó nuevamente por el «increíble
silencio». Oiga, n.º 349, 7 de noviembre de 1969; véase también Oiga, n.º 500, 10
de noviembre de 1972. Agradezco a Ángel Ragas por encontrar esta información.
33. Ediciones Viva Voz/Smith Records, 45 rpm, 1969.
34. Véase el excelente blog sobre discos peruanos «Vinilos peruanos»: <[Link]
[Link]/2013/06/[Link]>

[Link] 85 30/05/2018 [Link] a.m.


86 / Charles F. Walker

Municipal presentó un espectáculo de luz y sonido del reconocido com-


positor Edgar Valcárcel, basado en el poema de Romualdo. Edgar Val-
cárcel había compuesto esta obra en 1965, y en 1975 creó una pieza en
honor de Pedro Vilca Apaza, un destacado rebelde de la época de Túpac
Amaru cuya base de operaciones se encontraba cerca de Puno.35
La década de 1960 fue testigo de un creciente interés en los Andes,
en los campesinos como víctimas e incluso agentes políticos, y en Tú-
pac Amaru. En el Perú, las insurgencias campesinas durante la década
de 1950 e inicios de la de 1960 en La Convención, Cuzco, dirigidas en
última instancia por Hugo Blanco, y los movimientos guerrilleros del
Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR) en la década de 1960 obligaron a Lima a mirar
a la sierra. De hecho, el MIR llamó «Túpac Amaru» a su columna de
los Andes centrales, dirigida por Guillermo Lobatón y Máximo Velando
(ambos muertos en combate en 1965). Si bien las raíces peruanas de esta
atención (algunos dirían temporal) a los Andes, desde las guerrillas hasta
Arguedas, requieren de un examen más cuidadoso, ella puede ser tam-
bién comprendida como parte de un interés mundial en el Tercer Mun-
do. La guerra de Vietnam conmocionó al mundo y captó su atención,
como también lo hicieron las guerras de liberación en África. La seriedad
de este nuevo o renovado interés en el Tercer Mundo abarcó desde el
replanteamiento de las revoluciones (tomando en cuenta los casos de
Cuba y Angola) hasta lo que Tom Wolfe calificó en 1970 como lo «chic
radical».36 Las luchas anticoloniales en Vietnam, África y otros lugares, y
el surgimiento de la Nueva Izquierda, dieron pie a la búsqueda de nue-
vos héroes revolucionarios. El Che no estaba solo. La pregunta más inte-
resante, sin embargo, es cómo un régimen militar como el de Velasco se
apropió y desarrolló una imagen como aquella. Los oficiales militares, ya
sea en el Perú u otras partes, se mantienen por lo general distantes de los

35. Winston Orrillo, «“Canto coral”. Arte de vanguardia, arte revolucionario», Oiga
(Lima), 398, 6 de noviembre de 1970. Véase otro disco publicado por el Sinamos
en <[Link]
[Link]>. Sobre Edgar Valcárcel: <[Link]
[Link]>. Agradezco a Raúl Romero por su ayuda con esto.
36. Wolfe, «Radical Chic».

[Link] 86 30/05/2018 [Link] a.m.


2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 87

grupos que apoyan y promueven a estos héroes progresistas, incluyendo


a los grupos de izquierda, intelectuales con sensibilidad histórica y segui-
dores de lo chic radical. Velasco fue una excepción.

Rompiendo barreras intelectuales

Los investigadores han intentado por mucho tiempo explicar por qué
los militares que tomaron el poder en octubre de 1968 se interesaron en
los profundos problemas socioeconómicos del Perú. La mayoría enfatiza
sus experiencias y antecedentes y mencionan las campañas contra los
campesinos dirigidos por Hugo Blanco en La Convención, y dos años
después, contra las guerrillas del MIR y del ELN. Los oficiales que luego
ascenderían y que fueron sacados de sus cuarteles y forzados a ir al cam-
po para detener estos levantamientos a inicios y mediados de la década de
1960, vieron la pobreza y la evidente injusticia en el campo peruano. Al-
gunos sintieron simpatía por los motivos que impulsaron las guerrillas;
muchos, si no todos, sabían que las condiciones tenían que cambiar para
prevenir más agitación en el campo.37 Héctor Béjar menciona el desagra-
do de los oficiales por las luchas internas y las banalidades de la política
de las élites, así como su experiencia luchando contra las guerrillas como
«algunos de los múltiples caminos que los llevaron a cuestionar la demo-
cracia representativa que en realidad representaba solo a los políticos de
la vieja derecha peruana».38
Los investigadores también han apuntado a los orígenes sociales de
los propios oficiales; muchos, y de manera especial Velasco, venían de las
provincias, y pocos pertenecían a las clases altas. En función de su prepara-
ción, en la década de 1960 el Centro de Altos Estudios Militares (CAEM)
prestó cada vez más atención a los problemas sociales y ofreció un espacio
para el análisis social y político.39 Por ejemplo, Dirk Kruijt advierte que los

37. Einaudi, Peruvian Military Relations; Villanueva, ¿Nueva mentalidad militar en el


Perú?; Martín Sánchez, La revolución peruana, pp. 152-153.
38. Béjar, «Velasco». Publicación electrónica sin fecha, disponible en: <[Link]
[Link]/2015/01/[Link]>
39. Villanueva, El CAEM, especialmente el tercer capítulo. El autor señala 1961
como el año del «gran cambio» puesto que la oligarquía peleó contra los cambios

[Link] 87 30/05/2018 [Link] a.m.


88 / Charles F. Walker

oficiales leían artículos de Hildebrando Castro Pozo sobre el colectivis-


mo incaico y otros textos indigenistas. El trabajo de Virgilio Roel Pineda,
como instructor en el CAEM y como un autor bastante leído, también
debe tomarse en cuenta. Roel Pineda resaltó en docenas de libros y artí-
culos la participación de las clases bajas en la historia peruana, particular-
mente en las guerras de independencia, y abogó por la intervención del
Estado en la promoción del desarrollo y la reducción de la desigualdad.40
Las guerras de independencia jugaron un papel importante en las
discusiones y retórica de los oficiales militares. Ello se evidencia, por
ejemplo, en el hecho de que el régimen gastara tanto tiempo y recursos
en los 86 volúmenes de la Colección Documental de la Independencia
del Perú (CDIP), la edición de documentos más ambiciosa llevada a cabo
en el Perú. El proyecto, discutido en este volumen por Carlos Aguirre,
revela la centralidad que tiene (o tuvo) la historia en las discusiones po-
líticas en el Perú, así como la atención que se dio al 150 aniversario de la
Independencia, celebrado el 28 de julio de 1971.
En septiembre de 1969, el general Juan Mendoza Rodríguez fue
puesto al frente de la comisión nacional para celebrar el sesquicente-
nario y la creación de la CDIP constituyó una de sus principales tareas.
El general Mendoza Rodríguez (1902-1995) tuvo una destacada carrera
en distintas administraciones y sirvió dos veces como ministro de Edu-
cación en 1948-1952 y 1955-1956. Fue Mendoza Rodríguez, un expe-
rimentado oficial militar con una extensa hoja de servicios en el sector
público, y no alguno de los más jóvenes e izquierdistas miembros del en-
torno de Velasco, quien reclutó a un grupo heterogéneo de historiadores
e intelectuales, que representaban a más de una docena de instituciones,
para supervisar la CDIP. Recibió el apoyo de numerosos historiadores
conservadores como José de la Puente Candamo y Félix Denegri Luna.41

curriculares en el CAEM y se percibió una creciente presencia de las Fuerzas Arma-


das fuera de los cuarteles. Dirk Kruijt cree que Villanueva exagera el impacto del
CAEM. Kruijt, Revolution by Decree, pp. 37-42.
40. Roel Pineda, Los libertadores.
41. Contreras, «La independencia», especialmente pp. 99-108. Las universidades en sí
mismas no fueron representadas, y la Comisión estuvo también muy centrada en
Lima.

[Link] 88 30/05/2018 [Link] a.m.


2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 89

En la ceremonia de julio de 1971 organizada para celebrar el lanzamiento


de la Colección Documental, el general Mendoza reconoció el trabajo
de doce intelectuales: Ella Dunbar Temple (que dejó la Comisión en
1970 y fue reemplazada como directora del Comité de Documentos por
de la Puente), el general Felipe de la Barra, Félix Denegri Luna, Gui-
llermo Durand Flórez, el capitán Julio J. Elías M., Guillermo Lohmann
Villena, Aurelio Miró Quesada Sosa, el R.P. Armando Nieto Vélez, S.J.,
Estuardo Núñez Hague, Gustavo Pons Muzzo, José de la Puente Can-
damo y Alberto Tauro del Pino.42 Este es un grupo notable pero que
resultaba difícil asociar con un gobierno militar de izquierda. Muchos
de los amigos de estos intelectuales supuestamente detestaban a Velasco
(algunos habían perdido tierras por la reforma agraria) y criticaron su
participación.43 Claramente, muchos de ellos no eran ávidos seguidores
de Velasco, lo cual constituía, tanto por parte del Estado como de los
participantes, un signo inusual de distanciamiento de la polarización po-
lítica de la época.
Los 86 volúmenes de la CDIP presentan una perspectiva amplia y
nacionalista de la Independencia peruana. Temáticamente, se ocupan de
los ideólogos, las instituciones (la Marina, por ejemplo) y los sucesos
de 1815 a 1824, la «etapa costeña» de la larga guerra (o guerras). Como
Carlos Aguirre y Carlos Contreras han advertido, la colección fue sor-
prendentemente conservadora en contraste con la retórica radical de Ve-
lasco y las expropiaciones. Sin embargo, incluyó cuatro volúmenes sobre
Túpac Amaru, diez sobre conspiraciones y levantamientos menos cono-
cidos, seis sobre guerrillas y montoneras y varios sobre teatro y literatura.
Su organización, que incluía veinticuatro subtemas que iban desde la
historia institucional hasta las guerras de guerrillas, podía aparentemente
satisfacer a todos los miembros de la pluralista Comisión Nacional del
Sesquicentenario de la Independencia del Perú o CNSIP. Quizá más que

42. La lista proviene de Discursos pronunciados, p. 223. La renuncia de Dunbar Temple


se menciona en Mendoza Rodríguez, Memoria, p. 17. Véase Contreras, «La inde-
pendencia», pp. 101-104, para una lista de los 61 «responsables» de los diferentes
tomos. Muchos de ellos estuvieron involucrados en más de un tomo.
43. «Discurso del Señor General de División EP. Juan Mendoza Rodríguez». Discursos
pronunciados, p. 223.

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90 / Charles F. Walker

el tono moderado y nacionalista de la colección, lo que sorprende es su


calidad y el hecho de que los 86 volúmenes vieran la luz. Para el mo-
mento en que la mayoría de ellos estaba saliendo de las prensas, a inicios
y mediados de la década de 1970, Velasco mismo estaba debilitándose y
la economía peruana estaba en declive. La CDIP, por supuesto, presenta
algunos problemas. Algunos volúmenes ignoran documentos impor-
tantes o citan las fuentes de forma inadecuada; sin embargo, constituye
una invaluable contribución que permitió el resurgimiento de estudios
académicos sobre las guerras de independencia y sobre temas específicos
que iban de las Cortes de Cádiz al teatro de Lima. Décadas después de
que la CDIP fuera publicada, el historiador José de la Puente Candamo
la calificó como «el gran suceso bibliográfico del siglo [veinte] [...] un
aporte de ilimitada significación».44
La CDIP reforzó la posición de Velasco de que Túpac Amaru ha-
bía comenzado la guerra de independencia y de que el gobierno militar
conseguiría cumplir muchos de sus objetivos inalcanzados. Como un
bello afiche de Jesús Ruiz Durand proclamaba, «190 años después Túpac
Amaru está ganando la guerra» (Imagen 2.2). Algunos artículos se refe-
rían a Túpac Amaru como «invicto» y Velasco mismo en un discurso de
septiembre de 1970 declaró: «Nuestra obra en el Perú de hoy representa
la continuidad de un grande y trunco esfuerzo histórico que nosotros
debemos completar».45 En un discurso de septiembre de 1971 en Cuzco,
Velasco se refirió a la «historia luminosa» de la región y sus muchas lu-
chas, un recurso retórico que mezclaba el recuerdo de los incas, Túpac
Amaru y las luchas campesinas de las décadas de 1950 y 1960.46
Este discurso colocó a Túpac Amaru como el primer revoluciona-
rio americano, el precursor o pionero de las luchas por venir. Ubicar
el régimen de Velasco como la culminación de la revolución de Túpac
Amaru, frustrada pero todavía no derrotada, tiene sentido desde muchas
perspectivas. Estrechó los vínculos que buscaba establecer con los cam-
pesinos, Cuzco y los incas. La asociación tenía también mucho sentido

44. De la Puente Candamo, «La historiografía peruana», pp. 11-12.


45. Velasco, Velasco, la voz de la revolución, 1, p. 264.
46. Ibíd., p. 175.

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 91

desde el punto de vista publicitario, pero no creo que los asesores de


Velasco fueran tan insensibles como para presentarla únicamente con
este propósito. Tuvo también un efecto unificador más que divisor, evo-
cando la historiografía nacionalista referida anteriormente. Todos, con
excepción de la odiosa oligarquía y los terratenientes, podían apoyar a
Túpac Amaru. Se convirtió así en un símbolo nacional oficial. El hecho
de que al Perú le faltaran héroes nacionales de la Independencia debe
haber molestado a los oficiales militares nacionalistas. En reuniones con
sus colegas de Argentina y Venezuela, por ejemplo, sin duda escuchaban
historias sin fin sobre los libertadores de esos países José de San Martín
y Simón Bolívar. Asumo que algunos expresaron la necesidad que tenía
el Perú de un héroe de ese periodo; otros seguramente mantenían que sí
existía uno: Túpac Amaru.47
Una cita adicional del historiador conservador José de la Puente
Candamo, parte de un discurso pronunciado en el Quinto Congreso
Internacional de Historia de América (1971), demuestra cómo Túpac
Amaru sirvió como símbolo tanto para la derecha como para la izquierda:

Túpac Amaru precisamente se levanta en armas contra la autoridad porque


ha agotado los medios procesales para exigir la realización de la justicia
en múltiples aspectos del virreinato del siglo XVIII. Túpac Amaru, en su
actitud personal y en sus textos, se dirige en una reflexión de amplitud
muy serena a todos los peruanos, a la gente peruana, a los que han nacido
en este país. Vive el caudillo de la revolución del Cuzco un propósito de
realización de la justicia en la vida social y una visión de otro lado íntegra,
justa, del contexto humano del Perú.48

47. Heraclio Bonilla y Karen Spalding hicieron una influyente crítica de las miradas
nacionalistas de la época sobre la independencia. Véase Bonilla, ed., La independen-
cia en el Perú, especialmente Bonilla, «Clases populares» y Bonilla y Spalding, «La
independencia en el Perú». Véase también Contreras, «La independencia» para una
revisión general de la literatura.
48. «Discurso del Señor doctor José A. de la Puente Candamo, presidente del V Con-
greso Internacional de Historia de América». Discursos pronunciados, p. 310. Este
libro ejemplifica la obsesión de las Fuerzas Armadas con las ceremonias y los
discursos.

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92 / Charles F. Walker

De la Puente Candamo presenta a Túpac Amaru como líder sereno


de todos los peruanos (aquellos nacidos ahí), que buscó justicia (social
más que económica) y recurrió a la violencia solo luego de agotar todos
los otros medios posibles. Esta era una perspectiva muy diferente de las
expresadas por otros historiadores a inicios de la década de 1970 que
adoptaron a Túpac Amaru como símbolo o modelo, como Juan José
Vega o miembros de la izquierda internacional (por ejemplo, los Tupa-
maros en Uruguay o los grupos de lectura de los Black Panthers en Esta-
dos Unidos). Concibieron a Túpac Amaru como un revolucionario que
pretendió derrocar a los españoles y destruir las injusticias coloniales ba-
sadas en distinciones de clase y raza. Los ideólogos de Velasco insistieron
en que las largas guerras de independencia habían logrado romper con la
tiranía de España, pero no habían conseguido liberar verdaderamente a
su gente. Esta era la tarea de Velasco.49
En varios discursos y otros textos, Velasco mismo insistió en la cen-
tralidad de los peruanos en las guerras de independencia y, con ello,
cuestionó la idea de que solo la llegada de San Martín y Bolívar había
asegurado la liberación. En un discurso, Velasco subrayó: «A lo largo de
estas nobles luchas emancipadoras fueron también nuestros antecesores,
ante todo, peruanos, y fueron ellos también actores y protagonistas que
con su sacrificio ganaron para la Patria la primera emancipación».50 La
esencia de su mensaje sobre las guerras de independencia fue que todos
los peruanos participaron, pobres y ricos, desde Lima hasta las zonas al-
toandinas. La CDIP dio cabida a múltiples perspectivas sobre el periodo
de Independencia y ofreció fuentes ricas sobre una variedad de temas. En
el centro, sin embargo, se encontraba el argumento de que los peruanos
habían peleado por su independencia, en una lucha comenzada por Tú-
pac Amaru y que sería finalizada por el régimen militar revolucionario.51

49. Régis Debray usa a Túpac Amaru como un ejemplo de espontaneidad armada en
su Revolution in the Revolution? de 1967, p. 29. Se trata de una referencia de un
párrafo en la que se afirma incorrectamente que «la reconquista se alcanzó sin
dificultad».
50. «Discurso del Señor General de División EP Juan Velasco Alvarado, Presidente de
la República», en Discursos pronunciados, p. 227.
51. Los artículos en Bonilla, ed., La independencia en el Perú, constituyeron una respuesta
crítica inmediata a esta interpretación. Véase también O’Phelan Godoy, «El mito».

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 93

Imagen 2.2. Jesús Ruiz Durand, 1969. El autor agradece a


Ruiz Durand por haberle facilitado esta y otras imágenes.

Al denunciar cómo los académicos y el público habían ignorado a


Túpac Amaru y, en general, las contribuciones peruanas a las guerras de
independencia, los velasquistas no criticaron a los historiadores. Por el
contrario, sostuvieron que la falta de fuentes publicadas había impedido una
verdadera comprensión de la larga guerra (en singular) de independen-
cia, 1780-1821/1968. Ello justificaba, además, lo invertido en la CDIP.
En la ceremonia de 1971 para celebrar la publicación del primer tomo de
la CDIP, el general Juan Mendoza Rodríguez lamentó la escasez de fuen-
tes primarias impresas y fue muy preciso al señalar las dos colecciones
de Manuel de Odriozola y citar varias otras. Así explicó las intenciones
detrás de la CDIP:

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94 / Charles F. Walker

No hemos preparado esta obra como un alarde bibliográfico para exhibir


una credencial de la probada capacidad y dinámica de nuestros historiado-
res. Hemos constituido orgánicamente estos fondos documentales con un
objetivo patriótico de integración, para presentar un testimonio elocuente
del esfuerzo peruano por la Emancipación y sobre todo para demostrar,
con sentido cronológico, el pensamiento y la acción de nuestros precurso-
res y próceres que tuvieron una auténtica orientación americanista, porque
comprendieron la lucha por la Emancipación en su dimensión continental,
surgida de la fuerza inmanente de la persona humana y de las facultades
propias de autodeterminación, que caracterizan a las sociedades conscien-
tes y orgullosas de sus valores ancestrales, que comprenden su responsabi-
lidad y se sienten dueñas de sus destinos.52

Velasco mismo explicó la vergonzosa pérdida de fuentes primarias:


«una parte importante de la documentación nacional cayó en poder de
los mercaderes del patriotismo y fue vendida al extranjero; otra parte
de ella desapareció durante la guerra del 79; otra, fue quemada en las
propias bibliotecas para borrar la traición y lo poco que quedó permane-
ció en el olvido».53 La CDIP buscó rectificar estas injusticias al dar a los
peruanos un lugar prominente y proveer los materiales primarios para
que se continuara investigando. Velasco no solo asumió una posición
nacionalista, sino que culpó a la falta de documentación en los archivos
en lugar de los historiadores por la ausencia de una verdadera historia
escrita de la Independencia del Perú.
Velasco y sus colaboradores convirtieron con éxito a Túpac Amaru
en un símbolo de unidad nacional, de justicia y liberación postergadas.54
Como Aguirre muestra en su capítulo en este volumen, Velasco, de ma-
nera similar a lo que hizo Fidel Castro con la guerra de 1898, enfatizó
las frustraciones de la emancipación incompleta y se presentó como el
libertador histórico del Perú. Por ejemplo, declaró en octubre de 1969:

52. «Discurso del Señor General de División EP. Juan Mendoza Rodríguez», en Dis-
cursos pronunciados, pp. 224-225. La referencia es a Odriozola, Manuel, Documentos
históricos.
53. «Discurso del Señor General de División EP Juan Velasco Alvarado, Presidente de
la República», en Discursos pronunciados, p. 227.
54. Esta afirmación seguramente requiere una argumentación más detenida.

[Link] 94 30/05/2018 [Link] a.m.


2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 95

«En un año hemos hecho mucho más por el Perú y por su pueblo que
todos los gobiernos anteriores [...] Al recuperar el petróleo hemos tam-
bién recuperado nuestra dignidad como nación».55 Un amplio espectro
de personas pudo aceptar la interpretación de Túpac Amaru como héroe
nacional y precursor, lo cual se manifestó desde el tono casi demócrata-
cristiano representado por de la Puente Candamo hasta el uso más radi-
cal de la figura de Túpac Amaru en la guerra de propaganda de la reforma
agraria y en las esferas supervisadas por el Sinamos y otros sectores del
gobierno.56 Obviamente, la gente entendió a Túpac Amaru de formas
radicalmente distintas. Para los quechuahablantes, él encabezó un levan-
tamiento que no se había aún extinguido y cuyo mensaje de combatir
la injusticia y mirar a los incas continuaba resonando. Para los sectores
más conservadores, Túpac Amaru ocupó su lugar junto a los más cono-
cidos héroes de ascendencia europea, los «libertadores de grandes pati-
llas» según la evocadora metáfora del poema de Antonio Cisneros citado
anteriormente. Si bien los historiadores comenzarían pronto a discutir
las dos premisas centrales del velasquismo (que Túpac Amaru comenzó
la revolución y que los peruanos se habían unido para pelear contra los
españoles), historiadores y peruanos en general con perspectivas muy
diversas estuvieron de acuerdo en la importancia de Túpac Amaru y su
merecido lugar como héroe nacional.
En 1971, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, una figura promi-
nente de la izquierda intelectual, escribió: «Hubo que esperar casi dos
siglos desde Túpac Amaru para que el general nacionalista Juan Velas-
co Alvarado recogiera y aplicara aquella frase del cacique de resonancias
inmortales: “¡Campesino! ¡El patrón ya no comerá más tu pobreza!”».57
Parece seguro asumir que Galeano e historiadores como de la Puente
Candamo concuerdan en muy pocos temas históricos. Túpac Amaru, no
obstante, fue uno de ellos.

55. Discurso del 8 de octubre de 1969 en Piura, en Velasco, Velasco: La voz de la revolu-
ción, 1, pp. 115-116.
56. Cito, nuevamente, Lituma Agüero, El verdadero rostro; Cant, «“Land for Those Who
Work It”». La literatura sobre Cuba, Fidel y 1898 es inmensa. Un buen punto de
partida es Pérez Jr., The War of 1898.
57. Galeano, Las venas abiertas, p. 78.

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96 / Charles F. Walker

Un éxito excepcional

La construcción de Túpac Amaru como héroe nacional y como precur-


sor fue una de las raras victorias simbólicas del régimen. En términos
políticos, el gobierno enfrentó a enemigos hostiles y poderosos y no tuvo
el apoyo de las masas. La derecha controlaba la prensa hasta la expropia-
ción de 1971 y 1974, y el régimen tuvo que trabajar con diligencia para
ganar apoyo y legitimidad. La izquierda fragmentada era en gran medida
adversa y no estaba dispuesta a apoyar a un régimen militar. Los crecien-
tes problemas económicos obstaculizaron la realización de las reformas
más populistas del régimen.58 Mi impresión es que, así como la mayo-
ría de gobiernos militares, los militares peruanos no tenían suficiente
sensibilidad para escuchar a la población. Más allá del simbolismo pop
de Túpac Amaru, ellos se comportaron como cualquier otro régimen
militar: de forma misógina y conservadora frente a cuestiones sociales.
Tenían poca paciencia con las influencias que venían del norte —desde
el feminismo hasta el consumo de la marihuana— y sus discursos y len-
guaje parecían estereotípicamente militares (aunque con una gran dosis
izquierdista) y, en última medida, pomposos y rígidos. Estos asuntos no
importaban mucho en el campo, pero creo que sí permiten comprender
por qué, para su inmensa frustración, gran parte de la clase media urbana
les dio la espalda. A pesar de su simpatía hacia la naturaleza nacionalista
y la inclinación izquierdista del velasquismo, la juventud urbana, en su
gran mayoría, no apoyó al régimen. Esta es, nuevamente, solo una im-
presión, pero parece que la transformación de Túpac Amaru en un hé-
roe nacional, un pionero cuyo proyecto sería concluido por el Gobierno
Revolucionario de la Fuerza Armada, fue una de las solitarias victorias
discursivas del régimen.59

58. Para una revisión general del régimen y sus limitaciones, véase McClintock y
Lowenthal, eds., The Peruvian Experiment Reconsidered.
59. En 1994, Carlos Iván Degregori describió la alianza «indigenista» del Perú entre el
Estado dirigido por Velasco, los intelectuales y los líderes campesinos como «efí-
mera» pero «intensa». Como parte de una lista de medidas y fenómenos culturales,
incluye «el rescate de la figura de Túpac Amaru». Degregori, «El estudio del otro»,
p. 313.

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2 / El general y su héroe: Juan Velasco Alvarado y la reinvención de Túpac Amaru II / 97

¿A qué se debió este éxito? Como he sostenido en este capítulo,


Túpac Amaru era ya un símbolo histórico conocido y respetado, cuida-
dosamente representado como héroe por historiadores y otros intelec-
tuales antes de 1968. Ningún autor, escuela o gobierno lo «inventó». Su
fama había cambiado desde su ejecución en 1781, pero no había desa-
parecido.60 Asimismo, el uso que hizo Velasco de Túpac Amaru no fue
únicamente retórico e hiperbólico, ni respondió a un exceso naciona-
lista: Túpac Amaru y su movimiento merecían y merecen un lugar más
importante en la memoria nacional. En otras palabras, la materia prima
fue ideal para la construcción de un ícono nacionalista. Por otro lado, el
régimen y sus ideólogos y artistas crearon una figura empática, cuyo le-
vantamiento podía ser interpretado como el primer ensayo de la reforma
agraria y otros cambios radicales que el gobierno de Velasco promovía.
No solo conectaron a Túpac Amaru con Velasco, sino también dialo-
garon con tendencias internacionales que buscaban héroes del Tercer
Mundo, preferentemente de piel oscura, desafiantes y musculosos, algo
que José Gabriel Condorcanqui, o Túpac Amaru, siempre cumplió en
todas sus representaciones. Túpac Amaru parecía así encarnar lo mejor
del régimen de Velasco.

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