LA PERSONALIDAD
INTRODUCCIÓN
La personalidad se ve influenciada a medida que los niños avanzan en su
desarrollo por las nuevas fuentes de influencia social (familia, amigos...) y
la diversidad de experiencias en diferentes contextos, principalmente familiar
y escolar. Siendo, pues, estos dos los contextos más contribuyentes en la
configuración de la personalidad infantil. Los padres, profesores y grupo de
iguales, en esta etapa se convierten en los agentes sociales que más van a
influir y a decidir en su desarrollo individual. La personalidad en esta etapa se
sustenta sobre los cimientos construidos durante la etapa previa infantil,
habiéndose forjado ya las bases de la personalidad a partir de las experiencias
vividas en los años anteriores. Así pues, los cambios que se produzcan
en esta etapa partirán siempre de los ya construidos anteriormente. A partir
de los 6 años, la personalidad de los niños se sustentará principalmente en la
adaptación social y el afrontamiento de los nuevos retos intelectuales y
relacionales.
TEMPERAMENTO, CARÁCTER Y PERSONALIDAD
Introducción de los conceptos
Antes de iniciarnos en el constructo personalidad, cabe reseñar que a lo largo
de la literatura científica, han sido tres, “temperamento”, “carácter” y
“personalidad”, los términos que en ocasiones se han entremezclado
llevándonos en ocasiones a intercambiar o utilizar erróneamente la
terminología, pareciendo para muchos hasta incluso sinónimos. Cabe afirmar
su proximidad, pero no así su homogeneidad. Los autores angloamericanos,
utilizaron más el concepto de personalidad, mientras que los europeos se
aferraron al término de carácter. El temperamento se relaciona estrechamente
con las bases biológicas o constitucionales de la personalidad.
Para Allport (1961) “el temperamento, al igual que la inteligencia y la
constitución corporal, constituye una especie de material bruto que acaba por
conforman la personalidad; el temperamento se relaciona con el clima
bioquímico o tiempo interior en el que se desarrolla
una personalidad”. En la actualidad, el término temperamento engloba
prácticamente todo cuanto tiene que ver con la personalidad. La gran variedad
de significados abarca casi todos los niveles funciona-les de la personalidad.
Esto puede deberse a que dentro de la psicología del desarrollo, el término
temperamento puede incluir todas las características biológicas o
constitucionales de la personalidad. Partiendo de esta afirmación, es
interesante señalar la consideración de los investigadores, quienes otorgan a la
niñez el periodo ideal para ocuparse de los aspectos acuciantes del
temperamento (Lamb y Bornstein, 1987).
Se suele afirmar que un niño es “demasiado temperamental” cuando un
motivo relativamente pequeño es suficiente para provocarle una fuerte
reacción. Existen algunas características temperamentales que condicionan las
conductas de los niños, pudiendo influir según algunos investigadores de
forma visible a través de la elección de ciertas actividades y entornos. Así, los
sujetos con un temperamento sociable, por ejemplo, buscan espontáneamente
la compañía de otros (Buss y Plomin, 1984). Además, las características de las
conductas tempranas del niño influyen directamente en las reacciones que los
demás tienen con ese niño (Dunn y Kendrick, 1982).
Debido quizá a lo anterior, los mismos ambientes y las mismas experiencias
ejercen un efecto distinto en niños con diversos temperamentos. En este
sentido, si tomamos como ejemplo la separación de los padres, esta misma
situación para un niño tímido puede pesar para toda la vida como una losa,
mientras que para un niño con temperamento activo puede actuar como un
revulsivo.
Hoy en día, casi se puede afirmar que las características del temperamento son
relativamente estables, es decir, que, en relación con otras características de la
personalidad, manifiestan una cierta continuidad. Se podría hablar en un niño
de un temperamento activo estable, por ejemplo, cuando se observa en ella o
en él una actividad generalizada y cuando la manifiesta no solo en momentos
concretos sino a lo largo de muchos años.
TEORIA DE FREUD SOBRE EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
La teoría de Freud, aunque psicodinámica pone en primer plano los factores
biológicos e innatos. Subraya la importancia de la maduración física en la
interacción del niño con los demás y la importancia de los instintos, o sea de
las motivaciones y conductas naturales y espontáneas. Según Freud, el hombre
nace con varios grupos de instintos: autopreservación (respiración e ingestión
de alimentos, entre otros), satisfacción sexual (no solo entiende lo relacionado
con esta actividad sino todo lo placentero) y la agresión. Sostiene así mismo
que el ser humano es egoísta. A lo largo de la vida, está regida por la
necesidad de satisfacer esos instintos. Con los años cambian los tipos
particulares de satisfacción y la manera de buscarla.
La teoría freudiana del desarrollo de la personalidad destaca principalmente
los efectos de las experiencias de los primeros cinco años de vida. Durante ese
periodo el niño pasa por diversas etapas psicosexuales bien definidas, en las
que los impulsos instintivos orientan su energía, o libido, a determinadas
zonas erógenas. El placer se centra sucesivamente en la boca (etapa oral), en
el ano (etapa anal) y los genitales (etapa fálica). El individuo entra después en
un periodo de latencia, que se prolonga hasta la adolescencia, en la cual los
impulsos sexuales vuelven a activarse. Si todo ha marchado bien hasta el
momento, el individuo alcanza la madurez psicosexual (etapa genital) los
principales aspectos del desarrollo propios de cada tarea se muestran en el
cuadro. Las experiencias del niño durante estas etapas moldean su
personalidad de adulto: si en alguna de ellas no logra resolver los conflictos
psicosexuales, si sufre una gran privación o si lo miman demasiado, hay
probabilidades que se fije es esa etapa. Cuando ocurre eso su desarrollo
psicosexual se frena y su carácter se forma a partir del problema no resuelto.
Aunque el desarrollo psicológico continúa, al individuo le seguirá afectando
“la falta de solución” del periodo fijado. En su conducta influye
inconscientemente la necesidad de revivir el conflicto de dicho periodo.
Aparece entonces una conducta inmadura o inadaptada en una persona
competente en todo lo demás; sus deficiencias se advierten principalmente en
momentos de estrés. Puede tener regresiones, es decir, retroceder a conductas
que le procuraban placer en un estadio anterior, pero que han dejado de ser
apropiadas en su etapa actual de desarrollo. Craig, 2009 menciona que en la
teoría psicoanalítica el desarrollo evoluciona a través de las etapas
psicosexuales. Tiene una concepción determinista de la naturaleza humana, la
personalidad está motivada por pulsiones biológicas innatas, el interés se
concentra en las zonas erógenas (parte del cuerpo que procura intensa
ratificación cuando se le estimula.
Fases del desarrollo:
Fase oral (0 a 2 años aproximadamente): La zona erógena es la boca debido a
las actividades relacionadas con la alimentación como la succión y la
masticación son lo más importante.
La principal fuente interacción del bebé se realiza a través de la boca, que es
de vital importancia para la alimentación, pero además el niño a través de ella
obtiene placer gracias a actividades satisfactorias como la degustación y la
succión. Debido a que el bebé es totalmente dependiente de los cuidadores
(que son los responsables de su alimentación), el pequeño también desarrolla
un sentido de confianza y comodidad a través de esta estimulación oral.
El conflicto principal en esta etapa es el proceso de destete: el niño pasa a ser
menos dependiente de sus cuidadores y pierde las gratificaciones que obtenía
con la succión. Si la fijación se produce en esta etapa, Freud creía que el
individuo tendría problemas con la dependencia o la agresión. La fijación oral
puede generar problemas con la bebida, la comida o la necesidad de fumar.
Fase anal (2 a 4 años): La zona erógena, los esfínteres.
Durante la etapa anal, Freud creía que el objetivo principal de la libido se
hallaba en lograr el control de los movimientos del intestino y la vejiga. El
conflicto importante en esta etapa es el control de esfínteres: el niño tiene que
aprender a controlar sus necesidades corporales. El desarrollo de este control
conduce a una sensación de logro y la independencia.
Según Freud, el éxito en esta etapa depende de la forma en que los padres se
acercan a esfínteres. Los padres que utilizan la alabanza y la recompensa por
usar el inodoro en el momento apropiado, fomentan resultados positivos y
ayudan a los niños a sentirse capaces y productivos. Freud creía que las
experiencias positivas durante esta etapa sientan las bases para que las
personas se conviertan en adultos competentes, productivos y creativos.
Sin embargo, no todos los padres proporcionan el apoyo y el estímulo que los
niños necesitan durante esta etapa. Algunos padres castigan, ridiculizan o
incluso avergüenzan a un niño cuando tiene accidentes.
Para él las respuestas parentales inadecuadas pueden dar lugar a resultados
negativos. Si los padres toman un enfoque demasiado indulgente en esta etapa,
podría desarrollarse una personalidad anal-expulsiva, que se traduce en una
persona adulta desordenada, derrochadora y destructiva. Si los padres son
demasiado estrictos o empiezan el control de esfínteres demasiado pronto, se
genera una personalidad anal-retentiva, que se traduce en un individuo
demasiado rígido, ordenado y obsesivo.
Fase fálica (4 a 6 años): La zona erógena, los genitales.
Durante la etapa fálica, el enfoque principal de la libido se centra en los
genitales. A esta edad los niños empiezan a descubrir las diferencias entre
hombres y mujeres.
Freud creía que los niños comienzan a ver a sus padres como un rival por el
afecto de la madre. El complejo de Edipo describe estos sentimientos de
querer poseer la madre y el deseo de reemplazar al padre. Sin embargo, el niño
también teme que será castigado por el padre por estos sentimientos, a este
miedo Freud lo llamó la angustia de castración.
El término complejo de Electra se ha utilizado para describir estas mismas
sensaciones experimentadas por las niñas. Freud, sin embargo, creía que las
niñas por su parte experimentan la envidia del pene.
Con el tiempo, el niño varón comienza a identificar el padre del mismo sexo
como un medio para poseer indirectamente a la madre. Para las niñas, sin
embargo, Freud creía que la envidia del pene nunca se resuelve totalmente y
que todas las mujeres siguen teniendo una fijación en esta etapa. Psicólogos
como Karen Horney discrepaba con esta teoría, que calificó de inexacta y
degradante para la mujer. En su lugar, Horney propuso que los hombres
experimentan sentimientos de inferioridad porque no pueden dar a luz a los
niños, un concepto que se denomina la envidia vientre.
Fase de latencia (6 a 12 años)
Zona erógena: ninguna (sentimientos sexuales inactivos)
Durante el período de latencia los intereses de la libido son suprimidos
temporalmente. El desarrollo del Yo y Súper Yo contribuyen a este período de
calma. La etapa comienza alrededor del momento en que los niños entran a la
escuela y se preocupan más por las relaciones entre iguales, juegos y otros
intereses.
El período de latencia es un tiempo de exploración en el que la energía sexual
está todavía presente, pero se dirige hacia otras áreas tales como las
actividades intelectuales y las interacciones sociales. Esta etapa es importante
en el desarrollo de habilidades sociales y de comunicación y confianza en sí
mismo.
La fase genital (12 años en adelante)
La zona erógena son los genitales nuevamente pero con maduración de los
intereses sexuales.
Durante la etapa final del desarrollo psicosexual, el individuo desarrolla
un fuerte interés hacia la propia satisfacción y las relaciones sexuales en la
práctica, no únicamente en el plano de la curiosidad. Esta etapa comienza en
la pubertad, pero dura el resto de la vida de una persona.
En las primeras etapas descritas por Freud la atención se centraba únicamente
en las necesidades individuales. En esta etapa crece al fin el interés por el
bienestar de los demás. Si las demás etapas se han completado con éxito, el
individuo debe estar ahora bien equilibrado. Se completa la formación de su
identidad sexual y se orienta hacia la elaboración y desarrollo de su proyecto
de vida.