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Pio Pio

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Pio pio

Había una vez un pequeño pollito llamado Pepito, que vivía en una granja acogedora en el
campo. Pepito era un pollito curioso y siempre estaba buscando nuevas aventuras y
conocimientos.

Desde que salió del cascarón, Pepito mostró una gran curiosidad por el mundo que lo
rodeaba. Mientras los demás pollitos seguían a su madre por el gallinero, Pepito se desviaba
para explorar los rincones más alejados de la granja. Un día, mientras caminaba cerca de la
cerca, escuchó un sonido extraño proveniente del otro lado. Pepito, intrigado, decidió
investigar.

Con gran esfuerzo, logró pasar entre los barrotes de la cerca y se encontró en un prado
verde y amplio, lleno de flores y mariposas. Emocionado por este nuevo descubrimiento,
Pepito corrió por el prado, saltando y persiguiendo las mariposas.

Mientras disfrutaba de su aventura, Pepito se topó con un pequeño estanque. Al acercarse,


vio su reflejo en el agua y se quedó fascinado. Era la primera vez que se veía a sí mismo tan
claramente. En ese momento, una rana salió del agua y lo saludó.

—Hola, pequeño pollito. Soy Rani, la rana. ¿Qué haces por aquí solo? —preguntó la rana
con curiosidad.

—Hola, Rani. Soy Pepito. Vine a explorar el mundo más allá de la granja —respondió
Pepito con entusiasmo.

Rani sonrió y le dijo a Pepito que había muchos lugares interesantes por descubrir cerca del
estanque. Así que juntos emprendieron una nueva aventura. Visitaron el bosque cercano,
donde Pepito conoció a un amable conejo llamado Bruno, que le mostró su madriguera.
Luego, fueron al campo de flores, donde una mariposa llamada Lila les contó historias de
sus viajes a través del viento.

El día pasó volando y pronto el sol comenzó a ponerse. Pepito se dio cuenta de que era hora
de volver a la granja antes de que oscureciera. Agradeció a Rani, Bruno y Lila por su
compañía y prometió visitarlos nuevamente.
De regreso a la granja, Pepito pasó otra vez por la cerca y encontró a su madre y a los otros
pollitos esperándolo. Su madre, preocupada, le preguntó dónde había estado.

—He estado explorando, mamá. Conocí a nuevos amigos y vi cosas maravillosas —dijo
Pepito, con una sonrisa radiante.

Su madre lo abrazó y le dijo que siempre sería bienvenido a explorar, pero que debía tener
cuidado y no alejarse demasiado. Pepito asintió y prometió ser más cuidadoso en el futuro.

Esa noche, mientras se acurrucaba para dormir, Pepito soñó con sus nuevas aventuras y con
los amigos que había hecho. Sabía que el mundo era un lugar grande y emocionante, y no
podía esperar a descubrir más de él, pero siempre recordando la importancia de regresar a
casa.

Y así, el pequeño Pepito, el pollito aventurero, siguió explorando y aprendiendo, siempre


con curiosidad y alegría en su corazón.

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