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Guerra Fría: Orígenes y Consecuencias

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TAREAS DE INTRODUCCIÓN GENERAL AL CURSO HIST.

166/310
Adis soto, 8-1004-342

1. La Guerra Fría, 1949-1989


Se llama Guerra Fría a la etapa política que va desde 1947 a 1990. Su característica
principal es la rivalidad entre las dos superpotencias que vencieron en la Segunda
Guerra Mundial. Por un lado, Estados Unidos (EE. UU) dirigiendo el bloque
capitalista, por otro lado, la Unión Soviética (URSS) dirigiendo el bloque comunista
(aunque normalmente los comunistas llamaban a su sistema "socialista" o
"socialismo real"). Era, por tanto, un sistema bipolar.
La Guerra Fría fue un enfrentamiento político, económico, social, militar, informativo
y científico iniciado tras finalizar la Segunda Guerra Mundial entre el bloque
Occidental (occidental-capitalista) liderado por Estados Unidos, y el bloque del Este
(oriental-comunista) liderado por la Unión Soviética. Su origen se suele situar entre
1945 y 1947, durante las tensiones de la posguerra, y se prolongó hasta la
disolución de la Unión Soviética (inicio de la Perestroika en 1985, accidente nuclear
de Chernóbil en 1986, caída del muro de Berlín en 1989 y golpe de Estado fallido
en la URSS de 1991). Ninguno de los dos bloques nunca tomó acciones directas
contra el otro, razón por la que se denominó «guerra fría». Las razones de este
enfrentamiento fueron esencialmente ideológicas y políticas. Por un lado, la Unión
Soviética financió y respaldó revoluciones, guerrillas y gobiernos socialistas,
mientras que Estados Unidos dio abierto apoyo y propagó desestabilizaciones y
golpes de Estado, sobre todo en América Latina y África. En ambos casos los
derechos humanos se vieron seriamente violados.
La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las
primeras fricciones entre las dos superpotencias, no obstante, pronto cada una
aceptó, tácitamente, la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó, o
más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que abarca la
Guerra Fría, desde 1945 hasta 1989-1991. Este último factor fue la causa para que
la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente, a aquellos lugares
donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida. Como ejemplo
crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón, que tras su derrota pasó a
ser controlada exclusivamente por Estados Unidos. La Guerra Fría fue un conflicto
global de carácter económico, político, ideológico y cultural entre dos bloques
antagónicos, liderados por Estados Unidos y por la URSS. Tal conflicto mantuvo un
estado permanente de tensión internacional; la confrontación este-oeste no fue
directa, sino que se hizo a través de terceros países.
Entre las principales características de este conflicto podemos consignar las
siguientes:

• Insolubles diferencias de los modelos políticos y económicos auspiciados por


cada uno de los contendientes (capitalismo y democracia liberal v/s
socialismo y democracia popular)
• Manifestación de las hostilidades a partir del apoyo económico y militar a
terceros países.
• Peligro atómico como factor fundamental para no arriesgarse a sostener una
guerra directa.
Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento
histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los
sistemas comunistas construidos tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la
zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo.
Con esto se puede apreciar que los intentos de reformar el comunismo en la Europa
del Este terminaron causando su caída y finalmente la propia desintegración de la
Unión Soviética. Como señala Robert Service, el desenlace fue espectacular. A
principios de 1989 los comunistas gobernaban todos los países europeos al Este
del Río Elba. Al acabar el año, el único Estado Comunista que quedaba al Oeste de
la URSS era Albania, y Albania había sido hostil hacia la URSS desde el gobierno
de Kruschov. La Guerra Fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones
internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, va a terminar por el
derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. Los servicios secretos,
profesionales de la paranoia, siguieron sospechando que cualquier movimiento del
otro lado no era más que un astuto truco para hacer bajar la guardia al enemigo y
derrotarlo mejor. El hundimiento del imperio soviético en 1989, la desintegración y
disolución de la propia URSS en 1989-1991, hizo imposible pretender que nada
había cambiado y, menos aún creerlo. La Guerra Fría termina durante los gobiernos
de Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov, pues entre 1985 y 1989 el ambiente de
tensión y crisis intermitentes, característicos de la Guerra Fría, dan paso a un tipo
de relaciones internacionales basados en la búsqueda del entendimiento. En
definitiva, fue el fracaso de las reformas de Gorbachov y las revoluciones
democráticas en Europa del Este las que llevaron al colapso del bloque soviético, el
cual, a su vez, también se desintegraba intestinalmente, ya que las aspiraciones
separatistas de las Repúblicas se habían comenzado a manifestar a través de las
demandas de “democracia” y “autodeterminación nacional”. No obstante, sólo fue
evidente cuando uno de los contendientes había dejado de existir. La Guerra Fría
terminó por estocadas sucesivas. Los engranajes se fueron deteniendo y lo que
empezó con una retórica pacifista, continuó con anuncios concretos como el
discurso de Gorbachov ante la ONU, dando a conocer la reducción unilateral de su
ejército y la retirada de Europa del Este, prosiguió con una serie de gestos
diplomáticos a partir de los cuales el acercamiento hacia occidente fue quedando
en evidencia. La sentencia de muerte de la Guerra Fría fue declarada por
Gorbachov y Bush. No obstante, a este último sólo le correspondió dar la estocada
final a un ente moribundo. El 8 diciembre de 1991 en los acuerdos de Minsk (Capital
bielorrusa) se decretó la muerte de uno de los contendientes de la Guerra Fría,
declarando solemnemente que “Nosotros las Repúblicas de Bielorrusia, la
Federación Rusa (RSFSR) y Ucrania como Estados fundadores de la URSS,
firmantes del tratado de la Unión de 1922, en lo sucesivo denominadas altas partes
contratantes, constatamos que la URSS como sujeto de derecho Internacional y
realidad geopolítica, deja de existir”. Tras el derrumbe soviético sólo quedaba en pie
el enorme imperio norteamericano. Desde este punto de vista es legítimo afirmar
que el ganador de esta peculiar Guerra fue EE. UU. La Guerra Fría había terminado.
En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE. UU. pusieron fin al largo
enfrentamiento que habían iniciado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ahora
bien, en el proceso de finalización de la Guerra Fría, uno de los actores sucumbió y
se desintegró, dejado a su oponente en calidad de única gran superpotencia. Este
es el tema desarrollado por el Historiador Británico Eric Hobsbawm, en su artículo
publicado en Le Monde Diploma tique “Después de Ganar la Guerra”, en el que
afirma: “Efectivamente, el colapso de la Unión Soviética dejó a los Estados Unidos
como el único superpoder, que ningún otro poder podía o quería desafiar”. Con la
desintegración de la Unión Soviética se confirmó el fin de la Guerra Fría. De este
modo, el peculiar conflicto que caracterizó el desenvolvimiento de las Relaciones
Internacionales durante 45 años tocaba su fin con la caída de uno de sus
contendientes. El colapso de uno de sus protagonistas dio paso a un mundo liderado
indiscutiblemente por Estados Unidos, en calidad de superpotencia económica y
militar.

2. HECHOS DE ENERO DE 1964.


La confrontación entre los norteamericanos y panameños. La manzana de la
discordia que precipitó los acontecimientos fue el cumplimiento de un acuerdo
conjunto entre los dos países, aprobado por los representantes de los presidentes
Chiari y Kennedy, incluido en un comunicado del 10 de enero de 1963 en el que se
reglamentaba el enarbola miento conjunto de las banderas de Panamá y EE. UU.
en la Zona del Canal. El acuerdo contenía los siguientes puntos: Que la bandera de
Panamá sería izada junto con la de EE. UU. en todos aquellos sitios del territorio de
la Zona en que la norteamericana fuera izada por las autoridades civiles. Que, en
las bases militares, solo sería enarbolada la enseña norteamericana al igual que en
las naves que se encontrasen en aguas del Canal de Panamá.
EE. UU. consideró que correspondía al Gobernador de la Zona del Canal determinar
cuándo y dónde deberían ser izadas conjuntamente las dos banderas. En algunos
sitios las autoridades zoneítas con el fin de no enarbolar la enseña panameña,
procedieron a eliminar astas. En la plaza de Gamboa un sargento de la policía,
llamado Carlton Bell, se negó a izar la bandera panameña desobedeciendo una
orden expresa del Gobernador. Las autoridades de las escuelas y particularmente
los estudiantes del Colegio Superior de Balboa, siguiendo el ejemplo del sargento
Bell se opusieron a que fuera enarbola- do el pabellón panameño. Estos hechos de
insubordinación de la policía y la actitud hostil de los zonians, publicados por la
prensa panameña, fueron las causas directas de que un grupo numeroso de
estudiantes del Instituto Nacional, formado por jóvenes de ambos sexos, le pidieran
al Rector les suministrara la enseña patria del Colegio con el fin de dirigirse a la
Escuela Superior de Balboa para izarla frente a dicho colegio.
Los institutores uniformados caminaron en forma ordenada hacia el Colegio de
Balboa, pero no pudieron acercarse a la asta de la bandera por ser interceptados
por estudiantes norteamericanos hostiles quienes, acompañados de sus padres,
rodeaban el lugar. La policía les dio protección a los norteamericanos y obligó a los
panameños a empujones a retirarse del área. Fue en esa refriega cuando un policía
zoneita de un golpe de tolete, rasgó el pabellón que portaban los institutores. Estos
con su bandera ultrajada, fueron físicamente expulsados del área por la policía y
seguidos por autos radio patrullas hasta los límites de la ciudad de Panamá en la
arteria que hoy se conoce como la Avenida de los Mártires.
La llegada de los institutores empujados y vejados por la policía y los estudiantes
zoneítas, como a las seis de la tarde, enfureció a sus compañeros que los
esperaban, así como a grupos de empleados y obreros que salían de sus trabajos.
Los panameños reaccionaron tratando de entrar a la Zona del Canal sin armas y
con el propósito de plantar banderas, pero fueron repelidos por la policía que abrió
fuego con sus revólveres calibre 38, reforzados por zoniansciviles armados de
escopetas de cacería. A las 8 de la noche, el Gobernador interino informó al jefe del
Comando Sur del Ejército de EE. UU. que la policía no podía mantener el orden y
pidió que las fuerzas militares asumieran el control de la Zona del Canal. Unidades
norteamericanas entraron en acción a esa hora, protegidas en vehículos de
transporte de tropas y arreos de combate. Apostados en territorio de la Zona,
disparaban sus fusiles de guerra dando muerte a más de veinte civiles panameños
desarmados, e hiriendo alrededor de trescientos.
3. El golpe de estado de 1968 y de dic. de 1969.
El 11 de octubre de 1968 se registró un golpe de Estado militar en contra del recién
instalado presidente Arnulfo Arias Madrid, dando inicio al periodo conocido como la
dictadura panameña, la cual duró 21 años. Días antes de la toma de posesión,
Arnulfo Arias se reunió con el comandante Primer jefe de la Guardia Nacional,
Bolívar Vallarino, con el objetivo de pedirle que hiciera unos cambios en los niveles
más altos del escalafón militar. Vallarino, sabiendo que Arias no se llevaba bien con
algunos miembros del Estado Mayor, le sugiere que lo mejor es que respete la
jerarquía militar existente.
El 1 de octubre de 1968, Arias asume la presidencia de Panamá, y en su honor la
Guardia Nacional le organiza un pomposo desfile militar por toda la Avenida Central.
El 10 de octubre, el presidente determina actuar al ver que Vallarino no atendía a
sus demandas. El gobierno de Arias aprobó un decreto por el cual pasaba a retiro
al coronel José María Pinilla. El decreto también trasladaba al extranjero como
agregados militares al teniente coronel Omar Torrijos y al mayor Boris Martínez,
oficiales en los que Arnulfo desconfiaba, mientras que el coronel Bolívar Urrutia
quedaría al mando de la institución militar. Esta serie de traslados molestó de sobra
a los militares, ya que esto alteraba el escalafón de la Guardia Nacional y afectaban
los intereses personales de los altos mandos. Por consiguiente, deciden tras
bastidores ejecutar un golpe de Estado para el día siguiente
La mañana de aquel 11 de octubre transcurrió con aparente normalidad. Empezó
con una ceremonia de jubilación del comandante Vallarino por sus años de servicio
en la Guardia Nacional. Paralelo a este evento, el presidente Arnulfo se encontraba
en la Presidencia participando de una reunión privada con el ecuatoriano Galo
Plaza, secretario general de la OEA. Ya bien entrada la tarde se materializa el golpe
militar. Las calles repentinamente se llenaron de militares y la noticia del golpe corrió
rápidamente por el país, provocando reacciones y manifestaciones espontáneas de
rechazo, las cuales fueron reprimidas. Esa misma noche se efectuaron
persecuciones y búsquedas de dirigentes gremiales, sindicalistas y estudiantiles
que se oponían a los lineamientos deja Guardia Nacional. En las principales
intersecciones de la Ciudad de Panamá y Colón, los soldados detenían y revisaban
cada vehículo que transitaba. Se arrestó a cientos de partidarios de Arnulfo Arias
Madrid, en su mayoría pertenecientes al Partido Panameñista. Los militares
allanaron las emisoras de radio y los periódicos nacionales, clausurando sólo a los
de oposición. El mayor Boris Martínez (cabecilla del movimiento), el teniente coronel
José Humberto Ramos, el mayor Humberto Jiménez y el coronel Federico Boyd son
los que comandan el golpe, mientras que la Junta Provisional de Gobierno era
conformada por los coroneles José María Pinilla y Bolívar Urrutia. Contrario a la
creencia popular, el teniente coronel Omar Torrijos se mantuvo movilizándose entre
la Zona del Canal y Casco Antiguo al momento del golpe militar.
El presidente Arnulfo se hallaba viendo una película en el Teatro Lux (situado en la
Avenida Perú) cuando fue informado de lo que ocurría. Intentó en vano devolverse
a la Presidencia para tratar de retomar el poder, por lo que buscó refugio en la Zona
del Canal para luego volar con rumbo a Miami. El nuevo gobierno militar se
juramentó en la Presidencia el 13 de octubre, siendo reconocido por Estados Unidos
y las demás naciones latinoamericanas en las semanas siguientes. En los días
posteriores al golpe de Estado, los militares continuaron con las detenciones, las
torturas, los asesinatos y desapariciones con más saña y fuerza. De igual forma,
una gran cantidad de opositores tuvieron que exiliarse. Las garantías
constitucionales son suspendidas en todo el país. Como medida de control y evitar
el surgimiento de cualquier tipo de manifestación estudiantil, la Universidad de
Panamá y el Instituto Nacional son intervenidos y cerrados. Aun cuando Boris
Martínez fue quien encabezó el golpe militar de 1968, terminó siendo desplazado
por Omar Torrijos cuando lo exilió a Estados Unidos el 24 de febrero de 1969, con
lo que este último tomó el timón del llamado "Proceso Revolucionario". La acción
contra Martínez sucedió días después de que diera un discurso por televisión y radio
promoviendo una reforma agraria (bajo la consigna "Campesinos de Mi Patria") y la
disolución de todos los partidos políticos.

4. El movimiento de países no alineados.


Movimiento de Países No Alineados (NOAL o MPNA). Agrupación de Estados que
se formó durante la llamada Guerra Fría en la segunda mitad del Siglo XX. La
finalidad de los miembros de NOAL era conservar su posición neutral y no aliarse a
ninguna de las superpotencias Unión Soviética y Estados Unidos. Se gestó y fundó
en medio de la quiebra del sistema colonial y de la lucha emancipadora de los
pueblos de África, Asia, América Latina y otras regiones del mundo. En los albores
del movimiento, su accionar constituyó un factor esencial en el proceso de
descolonización, que luego condujo al logro de la libertad y la independencia de
muchos países y pueblos y a la formación de decenas de nuevos estados
soberanos.
El NOAL ha desempeñado a lo largo de su historia un papel fundamental en la
preservación de la paz mundial. El congreso de los pueblos oprimidos se celebró en
Bruselas en el año 1927 y contó con la presencia de numerosos líderes asiáticos,
africanos y latinoamericanos, además de varios intelectuales europeos. La
Conferencia de Colombo, convocada en plena guerra de Indochina por los países
asiáticos para analizar dicha cuestión.
Los historiadores consideran la Conferencia Afro - asiática de Bandung como el
antecedente más inmediato en el camino hacia la creación del NOAL. Esta
conferencia se celebró del 18 al 24 de abril de 1955 y reunió a 29 jefes de estado
de la primera generación postcolonial de líderes de los dos continentes, con el
objetivo de identificar y evaluar los problemas mundiales del momento, fijar un
camino hacia la Coexistencia Pacífica y el respeto mutuo entre todas las naciones.
El anfitrión de la conferencia fue el presidente Achmed Sukarno de Indonesia. En
esa conferencia se enunciaron los principios que deberían gobernar las relaciones
entre las naciones grandes y pequeñas, conocidos como los “Diez Principios de
Bandung”. Dichos principios fueron adoptados posteriormente como los principales
fines y objetivos de la política de no alineamiento y los criterios centrales para la
membresía del movimiento.
En 1961, se creó el Movimiento de Países No Alineados en la I Conferencia Cumbre
de Belgrado, celebrada del 1 al 6 de septiembre de 1961. Asistieron a la conferencia
28 países (25 países miembros y 3 observadores), principalmente nuevos estados
independientes, esta reunión tuvo una conferencia preparatoria celebrada en la
ciudad de El Cairo, Egipto, donde se analizaron los criterios de membresía los que
demuestran que el movimiento no fue concebido para desempeñar un papel pasivo
en la política internacional, sino para formular sus propias posiciones
independientes, reflejando sus intereses y condiciones como países militarmente
débiles y económicamente subdesarrollados.
Los objetivos primarios de los países no alineados se enfocaron en el apoyo a la
autodeterminación, la oposición al Apartheid, la no-adhesión a pactos multilaterales
militares, la lucha contra el imperialismo en todas sus formas y manifestaciones, el
desarme, la no-injerencia en los asuntos internos de los estados, el fortalecimiento
de la Organización de las Naciones Unidas, la democratización de las relaciones
internacionales, el desarrollo socioeconómico y la reestructuración del sistema
económico internacional.
El derrumbe del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría provocó que el Movimiento
de Países No Alineados tuviera que reordenar parte de su razón de ser. La
conferencia de Yakarta en 1992 supone en este sentido un punto y aparte en el
movimiento. Al ser la primera conferencia tras el fin de la Guerra Fría, en ella se
plantea un cambio en las estrategias de los países miembros.
Principales aspectos en la actual lucha del MNOAL

• La defensa de las bases fundacionales de las Naciones Unidas.


• Los principios relativos a la independencia política y la soberanía de los
estados.
• La no intervención en asuntos internos de los países y la solución de los
conflictos sin recurrir ni a amenazas ni al uso de la fuerza.
• El estancamiento del proceso de reforma del Consejo de Seguridad y la
existencia del derecho de voto.
En las conferencias celebradas en Cartagena de Indias en (1995), Durban en
(1998), Kuala Lumpur en (2003) y en La Habana en el (2006), se han tratado todas
estas cuestiones y se ha trabajado para revitalizar el movimiento y adaptarlo a las
nuevas condiciones renunciando lo menos posible a los principios fundacionales.
En total, hasta hoy se han celebrado quince conferencias cumbres del MNOAL. La
XV Conferencia de jefes de Estado y Gobierno del MNOAL se celebró en Sharm El
Sheikh, del 11 al 16 de julio de 2009.
Los miembros plenos del Movimiento de Países No Alineados son 117 países y un
territorio autónomo. Los miembros por regiones son:
Miembros del MNOAL (por regiones) Total: 118

• África (53): Angola, Argelia, Benín, Botswana, Burkina Faso, Burundi, Cabo
Verde, Camerún, Chad, Comoras, Congo, Costa de Marfil, Djibouti, Egipto,
Eritrea, Etiopía, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Guinea
Ecuatorial, Kenya, Libia, Lesoto, Liberia, Madagascar, Malawi, Malí,
Marruecos, Mauricio, Mauritania, Mozambique, Namibia, Níger, Nigeria,
República Democrática del Congo, República Centroafricana, Ruanda, Sao
Tomé y Príncipe, Senegal, Seychelles, Sierra Leona, Somalia, Sudáfrica,
Sudán, Suazilandia, Tanzania, Togo, Túnez, Uganda, Zambia, Zimbabue.
• América Latina y el Caribe (26): Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados,
Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Dominica, Ecuador, Granada,
Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Perú,
República Dominicana, San Vicente y las granadinas, Saint Kitts y Nevis,
Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Venezuela.

• Asia (38): Afganistán, Arabia Saudita, Bahréin, Bangladesh, Reino de Bután,


Brunéi Darussalam, Camboya, Emiratos Árabes Unidos, Filipinas, India,
Indonesia, Irak, Irán, Jordania, Kuwait, Laos, Líbano, Malasia, Maldivas,
Mongolia, Myanmar, Nepal, Omán, Pakistán, Palestina, Papúa Nueva
Guinea, Qatar, R.P.D. Corea, Singapur, Siria, Sri Lanka, Tailandia, Timor
Leste, Turkmenistán, Uzbekistán, Vanuatu, Vietnam, Yemen.

• Europa (1): Bielorrusia.


5. La guerra del banano, marzo de 1974
La llamada “Guerra del Banano” se desencadenó en marzo de 1974, con el
liderazgo regional del general Omar Torrijos. Panamá propició la creación de un
cartel de países productores de banano, en medio del alza generalizada del costo
de la vida, resultante del embargo petrolero y el aumento drástico de los precios,
decididos en 1973 por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Estábamos en la vanguardia de la ascendente lucha de los países económicamente
dependientes, para aprovechar los recursos naturales a beneficio de sus propios
pueblos. En abril y mayo de 1974, la Organización de las Naciones Unidas acogió
los señalamientos de México, para establecer un Nuevo Orden Económico
Internacional, y aprobó un Programa de Acción.
Para Panamá, la “Guerra del Banano” fue un importante ejercicio en la reconquista
de su soberanía y la transferencia del Canal a manos panameñas. El 7 de febrero
de 1974, pocas semanas antes del discurso que estamos presentando, el ministro
de Relaciones Exteriores de Panamá, Juan Antonio Tack, y el secretario de Estado
de los Estados Unidos, Henry Kissinger, suscribieron la “Declaración de Ocho
Puntos”, que dio un nuevo impulso al proceso negociador entre ambos países, al
reconocer la necesidad de abrogar el Tratado de 1903 sobre el Canal de Panamá.
El 5 de junio de 1974, el canciller Tack denunció que un grupo de mercenarios
intentó asesinar al general Omar Torrijos. La responsabilidad del complot se
atribuyó a la empresa Standard Fruit (Castle & Cooke Corporation), una de las
compañías transnacionales con mayores intereses en el mercado de las frutas
provenientes de América Latina.
Como resultado de la “Guerra del Banano” y el escándalo de soborno conocido
como “Bananagate”, Eli Black, principal accionista y presidente de la United Brands
Company, otra empresa dedicada al mismo negocio, fue destituido del cargo. Black
se suicidó el 3 de febrero de 1975, lanzándose del piso 44 del edificio Pan American
en la ciudad de Nueva York, donde estaba la sede de la corporación.
Hernán Vallejo Mejía, ministro de Agricultura de Colombia, propuesto por Panamá
como organizador de la Unión de Países Exportadores de Banano (UPEB) y primer
gerente de la Comercializadora Multinacional del Banano (COMUNBANA), iniciativa
latinoamericana, escribió un libro sobre los esfuerzos reivindicativos de esos años.
En la dedicatoria de este se lee lo siguiente: “… a la memoria del general Omar
Torrijos, entonces jefe de gobierno de Panamá, cuyas reiteradas demostraciones
de entereza, y de solidaridad y desprendimiento con los demás países exportadores
de banano, debieran servir de ejemplo a los gobiernos del Tercer Mundo que se
empeñan en conseguir un orden económico mundial más justo y estable”.
(Productos básicos, dependencia y subdesarrollo. El problema bananero. Bogotá,
1982).
Estos conflictos tuvieron muchas motivaciones distintas, pero todas fueron
fundamentalmente económicas. El término "guerras bananeras" surge de las
conexiones entre las intervenciones estadounidenses y la protección de sus
intereses comerciales en las regiones intervenidas. La United Fruit Company fue la
empresa de mayor peso en esta situación, con intereses financieros importantes en
la producción de bananas, tabaco, caña de azúcar y otros productos agrícolas en el
Caribe, Centroamérica y regiones del norte de Sudamérica.
Los Estados Unidos también tenían intereses políticos. Intentaba mantener su
esfera de influencia y controlar el Canal de Panamá, de importancia crítica para el
comercio global y el poder naval.

6. La reunión del consejo de seguridad, panamá marzo de 1973.


La reunión del consejo de seguridad de la ONU, celebrada en panamá el 21 de
marzo de 1973, panamá vio una oportunidad de forma internacional entre los países
del tercer mundo ya que para ese entonces el objetivo era internacionalizar su causa
en vez de seguir manteniendo relaciones bilaterales canaleras con estados unidos,
después de esto la ONU permite celebrar en panamá las reuniones del consejo de
seguridad, se hizo la reunión en la capital de panamá bajo la presidencia del
embajador panameño Aquilino Boyd, Panamá preparo 3 acuerdos de resolución
1. El acuerdo que planteaba la eliminación de las causas de conflicto entre
panamá y estados unidos y la derogación del tratado de 1903.
2. El acuerdo sobre el régimen del canal.
3. El acuerdo sobre la modernización del canal de exclusas o la construcción
de un canal a nivel del mar, bajo la soberanía, jurisdicción y administración
de panamá como sobre su neutralización.
Por razones de adecuación de su política exterior, panamá exclusivamente en
conocimiento el consejo de seguridad el acuerdo que, hacía referencia a la
eliminación de las causas de conflicto y la eliminación de la convención del canal
interoceánico de 1903, tal acuerdo recibió 13 votos a favor de los 15 países
miembros del consejo de seguridad y estados unidos veto la resolución con su voto
negativo por lo cual fue rechazada.
Después de muchos años de tensiones y enfrentamientos que motivan las
negociaciones entre el gobierno norteamericano y panameño, en busca de una
solución que satisficiese a ambos, especialmente, la del panameño, en lo referente
a la perpetuidad que mantenía los EE. UU. en la Zona del Canal; Panamá emprende
una campaña internacional agresiva, mostrando al mundo la situación
neocolonialista imperante en el país y lo justo de sus demandas. Y es así como llega
este tema al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En marzo de 1973 la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU recayó en
Panamá, en la figura de S.E Aquilino Boyd.
La Asamblea del Consejo de Seguridad se reunió en la ciudad de Panamá entre el
15 y el 21 de marzo, de conformidad con la Resolución 325(1973), con el tema ‘la
paz y la seguridad internacional en América Latina’.
En estas sesiones, la delegación panameña le manifestó al mundo y especialmente
a los EE. UU., que su objetivo fundamental en la negociación era ‘recuperar su total
jurisdicción sobre su territorio y el ejercicio de sus derechos soberanos sobre sus
recursos naturales’.
El discurso de apertura estuvo a cargo del general Omar Torrijos Herrera, jefe de
Gobierno de Panamá, quien expresó: ‘Panamá entiende muy bien la lucha de los
pueblos que sufren la humillación del colonialismo, de los pueblos que nos igualan
en restricciones y servidumbre, de los pueblos que se resisten a aceptar el imperio
del fuerte sobre el débil como norma de convivencia, de los países que están
dispuesto a pagar cualquier cuota de sacrificio para no ser sometidos por los más
poderosos, de los hombres que no aceptan el ejercicio del poder político de un
gobierno extranjero sobre su territorio que lo vio nacer, de las generaciones que
luchan y seguirán luchando por erradicar de su patria la presencia extranjeras, sin
el consentimiento del país ocupado; de los nativos que no admiten ser vistos como
inferiores o como animales, de los que luchan por explotar sus propios recursos
para su propio beneficio y no para subvencionar la economía de un país prepotente,
de los países que no admiten ser exportadores de mano de obra barata, de las
masas irredentas que pagan con su sangre la erradicación de la miseria, la injusticia,
la desigualdad a la que la han sometidos los poderosos nacionales y extranjeros,
porque la oligarquía no tiene nacionalidad. El colonialismo es la cárcel del hombre
libre’.
Después de ocurrido los hechos del 9 de enero de 1964, en la que perdieron la vida
21 compatriotas y otra cantidad bastante considerable de heridos producto de la
fusilería de los soldados norteamericanos acantonados en las bases militares de la
zona del Canal. Como bien lo expuso en aquel entonces, el presidente del Consejo
de Seguridad y representante de Panamá, S.E. Aquilino Boyd en su discurso: ‘La
República de Panamá, como soberano territorial y país ribereño de la vía
interoceánica, tiene cabal comprensión de las obligaciones que le caben en cuanto
al funcionamiento seguro y expedito del Canal. Precisamente por ello, considera
que la estatura colonial de la Zona del Canal debe desaparecer y que la situación
referida debe resolverse con arreglo a los principios de la Carta de las Naciones
Unidas y a las resoluciones de la Asamblea relativas a los principios del derecho
internacional referentes a las relaciones de amistad y cooperación entre los
Estados, y la independencia política, a la no intervención, a la igualdad de derecho,
y a la libre determinación de los pueblos, a la igualdad soberana de los Estados, a
la eliminación de toda forma de dominación extranjera, a la soberanía permanente
de los pueblos y naciones sobre sus riquezas y recursos naturales, y a la
cooperación internacional para el desarrollo económico y social de todos los países’.
Las palabras de clausura estuvieron a cargo de S.E. Juan Antonio Tack, canciller,
quien expresó lo siguiente: ‘América Latina demostró un amplio frente de solidaridad
en el apoyo brindado a nuestras aspiraciones.
Los dignos gobiernos del Perú, Guinea, India, Yugoslavia, Indonesia, Kenia, Sudán,
Australia, Francia, la Unión Soviética y China, quienes levantaron las trece manos
de la dignidad mundial. Estados Unidos vetó el proyecto de resolución en apoyo de
la causa panameña, pero el mundo entero vetó a los Estados Unidos’.
Con el apoyo de los pueblos hermanos, el 7 de febrero de 1974 se firmó la
Declaración de los Ocho puntos en la ciudad de Panamá, entre Juan Antonio Tack,
canciller de Panamá y Henry Kissinger, secretario de Estado de los EE. UU., en la
que se establecían los principios básicos para la negociar un nuevo tratado.
El 7 de septiembre de 1977, en la sede de la OEA, el general Torrijos y Jimmy
Carter, presidente de EE. UU., firmaron el Tratado del Canal. Este tratado entró en
vigor el 1 de octubre de 1979 y al mediodía del 31 de diciembre de 1999 la
Administración del Canal de Panamá pasó a manos panameñas.

7. La alianza para el progreso.


La contención del comunismo en Latinoamérica tuvo uno de sus hitos en el
programa que el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy expuso el 13 de
marzo de 1961 ante el cuerpo diplomático latinoamericano, denominado «Alianza
para el Progreso». Se trataba de combatir la creciente pobreza del área
latinoamericana mediante la asignación de un fondo de 20.000 millones de dólares
por diez años, que sería destinado a la construcción de escuelas, hospitales y otras
infraestructuras. El objetivo último era promover la democracia representativa y
prevenir la tentación revolucionaria.
La Alianza para el Progreso se integraba en el nuevo enfoque que desde fines de
los años 50 Estados Unidos venía dando a sus relaciones con Latinoamérica, en
especial a partir del informe de Milton Eisenhower, que preveía violencia y revueltas
sociales en la región. En este contexto fue creado el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) en 1960. El 14 de abril de 1961 Kennedy convocó a los gobiernos
hispanoamericanos a una reunión extraordinaria del Consejo Interamericano
Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (OEA), para instituir
formalmente la Alianza para el Progreso. En esta reunión, desarrollada en Punta del
Este (Uruguay) en agosto de 1961, se redactó una Carta o plan de acción que
recogía los objetivos generales de la Alianza. Por ella los países signatarios entre
los que no se encontraba Cuba, aunque sí participó en la conferencia se
comprometían a perfeccionar sus instituciones democráticas, acelerar su desarrollo
económico y social, ejecutar programas de vivienda, impulsar la reforma agraria,
asegurar una justa remuneración a los trabajadores, acabar con el analfabetismo,
desarrollar programas de salubridad e higiene, reformar los impuestos en sentido
progresivo y profundizar en la integración económica de Latinoamérica. La Carta
reconocía la importancia de la «ayuda externa» norteamericana, que se preveía se
pudiera extender por un plazo de hasta cincuenta años. El Congreso
estadounidense había otorgado ya 500 millones de dólares, de los que 400 serían
destinados al Fondo de Progreso Social, administrado por el BID, para financiar
proyectos de construcción de viviendas, distribución de agua y explotación de
tierras. Se previó igualmente la participación en los fondos de organismos
internacionales de crédito y de fuentes privadas y públicas de Europa y Japón,
además de las inversiones privadas nacionales. Se definió asimismo el papel que
la OEA, el BID y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) cumplirían
en la canalización de los fondos y la designación de los proyectos. En 1963 fue
creada una Comisión Interamericana para la Alianza para el Progreso, integrada por
un representante de Estados Unidos y ocho de países latinoamericanos.
A la postre, la Alianza para el Progreso se saldó con el fracaso, debido a la falta de
implicación de los gobiernos nacionales, el excesivo idealismo de los objetivos (que
hablaban, por ejemplo, de un crecimiento anual per cápita de al menos el 2,5 %), o
la explosión demográfica de esos años. Además, la guerra de Vietnam obligó a
Estados Unidos a reducir su aportación de fondos, y ni el capital privado
hispanoamericano ni el extranjero asumieron el papel que se les había asignado.
Por otra parte, el apoyo de Washington a regímenes y gobiernos conservadores y
los recelos ante toda tentativa izquierdista imposibilitaban que se acometieran en la
práctica las necesarias reformas agrarias. Los movimientos populistas que las
propugnaban incluían en sus programas la expropiación de numerosas inversiones
extranjeras, y en 1962 la enmienda Hickenlooper a la Ley de Ayuda Exterior de
Estados Unidos dispuso la suspensión de la asistencia a cualquier país que
expropiara bienes estadounidenses sin dar una compensación pronta y equitativa.
La Alianza para el Progreso duraría 10 años. Se proyectó una inversión de 20.000
millones de dólares. Sus fuentes serían de los EE. UU. por medio de sus agencias
de ayuda, las agencias financieras multilaterales (BID y otros) y el sector privado
canalizados a través de la Fundación Panamericana de Desarrollo.
Detalles posteriores, fueron elaborados y debatidos en la reunión del Consejo
Interamericano Económico y Social (CIES), llamada Conferencia de Punta del Este,
del 5 al 17 de agosto de 1961 en Punta del Este (Uruguay). En dicha reunión había
delegados de todos los países miembros de la Organización de Estados
Americanos (OEA). Para la cita se aprobó la creación de la Alianza para el Progreso
(ALPRO); cuyo texto oficial establece como objetivo general: "Mejorar la vida de
todos los habitantes del continente". Además, tenía los objetivos específicos:

• Un incremento anual de 2.5 % en el ingreso del capital.


• El establecimiento de gobiernos democráticos.
• Eliminación del analfabetismo de adultos para 1970.
• La estabilidad de precios, eliminación de la inflación o deflación.
• Más equitativa distribución del ingreso, reforma agraria.
• Planificación económica y social.
Se proclamaron medidas de carácter social (educación, sanidad, vivienda...),
política (defendiendo la formación de sistemas democráticos, según el principio de
autodeterminación de los pueblos) y económica (limitación de la inflación, mejora
de la balanza de pagos, siempre bajo la iniciativa privada). Para garantizar estos
objetivos, Estados Unidos se comprometía a cooperar en aspectos técnicos y
financieros. Cuba se opuso a firmar la carta de acuerdo final.
La negativa de Cuba no era de extrañar, ya que la Alianza del Progreso se creó
como una forma de contrarrestar la influencia de su revolución y apoyar medidas
más reformistas. Tal era el modelo que EE. UU. veía en presidentes como Víctor
Paz Estenssoro, Rómulo Betancourt, Ramón Villeda Morales, Jânio Quadros, Arturo
Frondizi), Francisco José Orlich Bolmarcich, Fernando Belaúnde Terry, Eduardo
Frei Montalva, Alberto Lleras Camargo y Guillermo León Valencia Muñoz.
Las principales medidas eran; la reforma agraria en función de mejorar la
productividad agrícola, libre comercio entre los países latinoamericanos,
modernización de la infraestructura de comunicaciones, reforma de los sistemas de
impuestos, acceso a la vivienda, mejora de las condiciones sanitarias a fin de elevar
la expectativa de vida, mejora en el acceso a la educación incluyendo la erradicación
del analfabetismo, precios estables dentro del control de la inflación y cooperación
monetaria.
Inicialmente dentro de la OEA el CIES era el encargado de coordinar la ayuda
financiera, revisión de los planes y proyectos de la Alianza remitidos por los países.
Sin embargo, la creciente complejidad hace ingobernable los propósitos de la Carta
de Punta del Este. En la reunión de Cancilleres de Río de Janeiro (noviembre de
1963), y tomando como base los informes de Kubitschek y Lleras Camargo, se crea
el Comité Interamericano de la Alianza para el Progreso (CIAP 1963-1970) como el
organismo rector del programa de ayuda, dependiendo del Comité Ejecutivo del
CIES.
La opinión pública recibió con entusiasmo la declaración de la Alianza para el
Progreso, pero el programa fracasó debido a que, tras el asesinato de Kennedy, sus
sucesores limitaron la ayuda financiera estadounidense en América Latina,
prefiriendo acuerdos bilaterales en los que primaba la cooperación militar.

8. La guerra norteamericana contra vietnam.


La guerra de Vietnam fue un conflicto bélico que enfrentó Vietnam del Sur, de
tendencia prooccidental con Vietnam del Norte, que era comunista, entre 1955 y
1975.
Esta guerra se caracterizó por contar con la participación directa de los Estados
Unidos, que asistió a Vietnam del Sur con dinero, tropas y armamentos. Vietnam
del Norte, por su parte, fue apoyada por China, Cuba y la Unión Soviética, que
enviaron armas y asesores militares.
En el contexto de la Guerra Fría, la participación directa de los Estados Unidos se
justificó en la Doctrina Truman, que establecía como prioridad de la política exterior
estadounidense la contención de la expansión mundial del comunismo. La guerra
también se extendió a los Estados vecinos de Laos y Camboya, en cuyas selvas se
refugiaban los guerrilleros que formaban parte de las fuerzas rebeldes que atacaban
al gobierno de Vietnam del Sur.
Luego de la retirada de las tropas estadounidenses, la victoria de Vietnam del Norte,
en 1975, llevó a la reunificación del país en 1976.
Hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, la región de Indochina, en
el Sudeste asiático, era una colonia de la Tercera República Francesa.
En 1940, tropas japonesas invadieron la colonia y ocuparon parte de la región,
mientras que el resto del territorio quedó bajo la administración de la Francia de
Vichy, que era un gobierno títere que colaboraba con los alemanes.
En 1941, el Viet Minh, una fuerza guerrillera integrada por comunistas y
nacionalistas y liderada por Ho Chi Minh, comenzó una revuelta para poner fin tanto
a la dominación colonial francesa como a la ocupación japonesa.
Luego de la finalización de la guerra, Francia se negó a aceptar los reclamos
independentistas de los insurgentes. Esto inició la Guerra de Indochina (1946-
1954), durante la cual Laos, Camboya y Vietnam proclamaron su independencia.
Tras la derrota de los franceses en la batalla de Dien Bien Phu, en 1954, se celebró
la Conferencia de Ginebra, que estableció:

• La retirada francesa y el fin de su dominación colonial en Indochina.


• La independencia de Laos y Camboya.
• La división de Vietnam en dos Estados separados por el paralelo 17: Vietnam
del Sur, con capital en Saigón y presidida por el emperador Bao Dai; y
Vietnam del Norte, con capital en Hanoi y liderada por Ho Chi Minh.
• La celebración en 1958 de un referéndum en las dos Vietnam para decidir
por voto popular la reunificación del país o la separación definitiva de los dos
Estados.
Entre las principales causas de la guerra de Vietnam se destacan las siguientes:

• Las diferencias ideológicas entre los dos Estados antagónicos en que el país
había quedado dividido en 1954: Vietnam del Norte, con un régimen
comunista y economía planificada; y Vietnam del Sur, que defendía la
democracia liberal, el capitalismo y la economía de mercado.

• El propósito de los dirigentes de Vietnam del Norte de reunificar el país,


objetivo que apoyaban tanto China como la Unión Soviética y que
rechazaban de plano los Estados Unidos por temor a que toda la región
cayera en manos del comunismo.

• La negativa del gobierno de Vietnam del Sur a realizar el referéndum


establecido en 1954 por la Conferencia de Ginebra.

• El accionar del Frente Nacional de Liberación de Vietnam, también conocido


como Vietcong. Esta fuerza guerrillera, apoyada por el régimen de Vietnam
del Norte, se propuso destituir al gobierno de Vietnam del Sur luego de su
negativa a realizar el referéndum.

• El incidente del golfo de Tonkin, en 1964, cuando lanchas patrulleras de


Vietnam del Norte se enfrentaron a un destructor estadounidense que se
había internado en aguas que los comunistas reclamaban como propias.
Debido a este incidente, el gobierno de los Estados Unidos decidió intervenir
masivamente en la guerra. Esta participación alcanzó su punto máximo en
1968, cuando unos 500.000 estadounidenses fueron enviados a Vietnam.
Entre las principales consecuencias de la guerra de Vietnam sobresalen las
siguientes:

• La muerte de más de 4 millones de militares y civiles vietnamitas, y unos 60


mil soldados estadounidenses.

• La desaparición del gobierno de Vietnam del Sur y la reunificación del país


bajo el liderazgo de los dirigentes comunistas de Vietnam del Norte.

• La primera derrota militar de los Estados Unidos en toda su historia y la


pérdida de influencia en la región de Indochina.

• La deforestación y la contaminación agrícola en Vietnam, como


consecuencia de la utilización masiva de armas químicas por parte de la
fuerza aérea de los Estados Unidos.

• La desestabilización del gobierno estadounidense del presidente republicano


Richard Nixon que, en agosto de 1974, renunció a su cargo luego del
escándalo desatado por el caso Watergate.

A fines de la década de 1960, se gestó un fuerte movimiento contra la continuidad


de la participación de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Esto se debió
tanto al accionar del hipismo y del movimiento pacifista, que reclamaban el fin del
conflicto, como al impacto provocado en la opinión pública estadounidense por la
cantidad creciente de soldados propios muertos en combate.
Debido a estas presiones, el 27 de enero de 1973 el gobierno de los Estados Unidos
firmó los Acuerdos de Paz de París, que establecieron el fin de las hostilidades, el
retiro de todas las fuerzas extranjeras de Indochina y la reunificación progresiva del
país sin intervención externa.
La guerra entre los dos bandos vietnamitas continuó en 1974 y finalizó en 1975, con
la toma de Saigón por las fuerzas de Vietnam del Norte. El 2 de julio de 1976 el país
se reunificó con el nombre de República Socialista de Vietnam.

9. La insurgencia en américa latina, 1960 a la actualidad.


La acción política armada o la insurgencia guerrillera no ha dejado de ser uno de
los fenómenos más peculiares y característicos en América Latina, a pesar de los
cambios ocurridos en los últimos años en la región, y que tuvieron como punto de
partida el retorno de los militares a los cuarteles y una apertura democrática
novedosa, en la mayoría de los países latinoamericanos.
En algunas áreas de la región, el asunto de la insurgencia es un problema, y en
otras parece convertirse en un riesgo potencial para los mecanismos políticos y
socioeconómicos vigentes.
Centroamérica es actualmente el vórtice de una de las zonas más explosivas de
América Latina, en la que el viejo fenómeno de la guerrilla ha adquirido matices
nunca registrados: la acción simultánea de dos tipos de movimientos rebeldes, de
izquierda y derecha.
El Salvador, se muestra hoy por hoy como el escenario fundamental de
enfrentamiento de un movimiento insurgente de izquierda y una estructura de
gobierno, en que la derecha parece destinada a mantener las reglas del juego. En
Nicaragua, una guerrilla derechista disputa el poder apoyado abiertamente por
Estados Unidos a las ex insurgentes fuerzas sandinistas que forman gobierno
actualmente y parecen tener bajo control los resultados de la situación.
Mientras que para una gran mayoría de políticos de la región el fenómeno de la
lucha armada debe ceder paso al pluralismo político más efectivo y real, para otros,
existen condiciones que determinan la mantención de esa vía no pacífica, que tuvo
su plenitud en los años 60, tras el triunfo de Fidel Castro en 1959, en Cuba.
La década del 60 se caracterizó por el surgimiento en la región de numerosos
movimientos rebeldes, con un evidente vínculo político e ideológico con La Habana.
Fuentes norteamericanas sostienen que Castro generó en América Latina una
efervescencia revolucionaria, materializada en brotes insurgentes que iban desde
los países vecinos más próximos, hasta el cono sur americano, los cuales actuaban
de manera coincidente con las posturas oficiales cubanas hacia sus gobiernos y
hacia Washington.
Castro dijo en julio de 1977 a la revista brasileña Veja (VEA), que esos gobiernos,
contra los cuales operaban las guerrillas «se sentían en el derecho de promover el
bloqueo y la contrarrevolución en Cuba», razón por la cual «nosotros los cubanos
nos consideramos con entera libertad, por tanto, para apoyar los movimientos
revolucionarios en esos países».
Por aquella época, no quedó espacio geográfico en el que la insurgencia no se
manifestara de forma espontánea con el apoyo de La Habana, porque como destacó
el presidente cubano «al bloqueo imperialista sobre Cuba se sumaron
prácticamente todos los gobiernos de Latinoamérica, con la única y honrosa
excepción de México».
El líder cubano ha reiterado desde entonces, que «aquellos países que se asociaron
a los Estados Unidos en las agresiones, en el bloqueo y en la contrarrevolución
contra Cuba nos dieron la libertad de apoyar a los movimientos revolucionarios».
La administración norteamericana, desde los tiempos de John F. Kennedy hasta
Richard Nixon, no dejó de esgrimir públicamente de que Cuba «exportaba la
revolución hacia América Latina y el Caribe», rechazada desde sus orígenes por las
autoridades cubanas.
Según el excanciller cubano Raúl Roa García, Estados Unidos esgrimió esa teoría
como una «vil sutileza ideológica para promover nuestro aislamiento».
La prensa occidental, especialmente de Estados Unidos, fue durante los años 60
muy receptiva a las acusaciones norteamericanas y de los gobiernos
latinoamericanos en cuanto a que La Habana prepara y entrena grupos armados en
su territorio para luego enviarlos a Centroamérica o América del Sur.
Esa teoría sigue vigente con nuevos matices y enfoques y tiende a crear un
ambiente de resentimiento entre los países latinoamericanos y Cuba y favorece la
continuación de un aislamiento regional cubano que en la práctica ha sido sustituido
por relaciones de cooperación y diálogo.
Para importantes círculos políticos latinoamericanos, La Habana ha cambiado
sustancialmente su política de estímulo a los grupos guerrilleros y «limita a simples
lazos de solidaridad política» sus relaciones con organizaciones izquierdistas
rebeldes.
Fuentes latinoamericanas sostienen que no en todas partes «puede achacársele a
Cuba responsabilidad moral, política y hasta material» en el surgimiento y desarrollo
de grupos guerrilleros, hay casos como «en Perú, donde lo que allí ocurre nada
tiene que ver con el castrismo».
Se afirma que la controvertida «guerra popular» que la guerrilla «Sendero
Luminoso» inició desde 1982 desde los Andes peruanos, es hoy una de las mayores
expresiones de rebeldía armada en América del Sur, donde proliferaron en los años
60 los grupos castristas y fracasó el proyecto guerrillero continental de Ernesto
«Che» Guevara.
Especialistas en asuntos latinoamericanos sostienen que la acción política armada
es sólo ahora un virtual antecedente histórico en Venezuela, Brasil, Uruguay,
Argentina y Bolivia, aunque mantiene una radical incidencia en Colombia, y ha
adquirido manifestaciones peculiares en Chile.
A pesar de los cambios ocurridos en el escenario suramericano desde hace veinte
años, prevalecen y parecen revivirse con cierta frecuencia, los viejos esquemas del
involucramiento cubano en la promoción de la violencia en la región.
El gobierno norteamericano no ha reconsiderado su viejo criterio de que La Habana
alienta y propicia la subversión política y militar en América Latina y no ha
descartado la «exportación de la revolución» hacia sus vecinos democráticos.
Un estudio publicado en Washington en enero último sobre la influencia de Cuba en
las guerrillas latinoamericanas analiza especialmente la «política de promoción de
la revolución aplicada» por el gobierno cubano y reitera la importancia del «apoyo
castrista a los movimientos guerrilleros» de Colombia, El Salvador, y Chile, entre
otros.
El informe elaborado por Rex A. Hudson, especialista en temas latinoamericanos
de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, que fue editado por la anticastrista
«Fundación cubanoamericana» reitera que La Habana no ha cambiado en su
planteo de la realidad regional y sigue siendo un eficaz apoyo militar para los
movimientos guerrilleros del área, fundamentalmente en Centroamérica.
Sin embargo, Wayne Smith, ex jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos
en La Habana, entre 1976 y 1980, aseguró a la prensa norteamericana que su país
«no tiene ninguna evidencia sólida del apoyo cubano a grupos armados en América
Latina».
El también director del programa de estudios argentinos y cubanos en la
Universidad «John Hopkins», criticó el estudio de Hudson y lo calificó de
«propaganda», que en nada revela la realidad de la política exterior de la isla hacia
la región, en relación con la guerrilla.
Smith precisó en otro momento a agencias de prensa occidentales que «es una
exageración» el estudio realizado por Hudson y reiteró que «la política cubana ha
cambiado drásticamente desde los años 60» porque Castro llegó a «la conclusión
hace mucho tiempo de que sólo en El Salvador estaban las condiciones para una
revolución armada».
Para el experimentado diplomático norteamericano, considerado como uno de los
que mejores relaciones mantuvo con Castro de los tres jefes que ha tenido la
Sección de Intereses, la nueva percepción cubana fue «reconsiderada en 1979,
después del triunfo de los sandinistas en Nicaragua, (ocasión) en que los cubanos
comenzaron a preguntarse de nuevo si tal vez el Che Guevara había tenido razón
o no». El catedrático norteamericano aseguró que «durante un breve período dio la
impresión de que los cubanos podrían volver a apoyar las insurgencias, pero
finalmente se convencieron de que sólo El Salvador y tal vez en menor medida,
Guatemala, estaban en condiciones para una revolución».
La Habana ha negado reiteradamente mantener una política deliberada de apoyo a
los grupos insurgentes y advertido de que aun cuando no lo hace, no significa que
esté obligada a observar reglas de conducta que otros gobiernos no respetan, como
Estados Unidos. Fuentes oficiales cubanas aseguran que son falsas las
afirmaciones de gobiernos latinoamericanos, entre ellos los de El Salvador y Chile,
que han atribuido a la isla responsabilidad en la organización de operaciones
guerrilleras ejecutadas en esos países. El presidente Castro considera que los
estallidos sociales y políticos en la región no son inspirados hoy día desde afuera,
sino que son el resultado de una profundización de la crisis económica y de las
contradicciones del sistema capitalista.

10. El neoliberalismo y el intervencionismo yanqui en A. latina.


Durante el siglo veinte se consolidaron las grandes corporaciones o sociedades
anónimas, los sindicatos y los gobiernos fuertes de pretensiones imperiales. La gran
depresión abrió dos alternativas de intervención estatal:

• El corporativismo fascista que abolió el parlamento y controlaba los


sindicatos ultranacionalistas e intervenía en las juntas directivas de las
grandes sociedades anónimas de Alemania, Italia y España, reorganizaba la
sociedad a través de estos cuerpos gremiales y de sus milicias partidistas.

• El corporativismo liberal, del cual John Maynard Keynes fue su exponente


más agudo, que negociaba políticas de ingresos y salarios a través de
sindicatos libres, gremios patronales y gobierno, manteniendo como siempre
al parlamento. La segunda gran guerra definió al sistema ganador y fue
también la muestra más palpable del éxito que podía tener la intervención
estatal masiva para desarrollar aceleradamente la producción de guerra.
Keynes hizo una crítica a la moral victoriana o sea a la ética protestante de
la frugalidad y el ahorro, al postular que este último era excesivo frente a la
inversión y que creaba las situaciones de subempleo crónicas.

Al intentar la eutanasia del rentista, también despertó los apetitos de los grupos de
interés por capturar las rentas que surgían de la actividad del Estado en torno a su
gasto compensatorio del faltante privado. El gobierno podía determinar el nivel de
demanda agregada pero no debía interferir ni en la producción ni en la fijación de
precios. La estabilidad de los salarios era considerada como importante y su
crecimiento tendería a reforzar más la demanda agregada que a comprometer la
rentabilidad de los empresarios.
La prueba fundamental del keynesianismo fue provista por Phillips quien mostró que
el empleo tendía a aumentar bajo situaciones de demanda intensa e inflación. Se
justificó de esta manera que el pleno empleo tenía como costo 'algo de inflación" y
que había que pagarlo porque el alto empleo era un compromiso de la democracia
liberal frente a la población. Las políticas de ajuste fino del gasto público se
impusieron en todo el mundo y por un tiempo aparentaron que habían terminado
con el ciclo de los negocios y se había entrado en una nueva era de pleno empleo
de todas las economías que utilizaran las herramientas keynesianas. Se comenzó
a dar un enfrentamiento ideológico entre la vieja disciplina del trabajo y del ahorro y
las nuevas tendencias que aprobaban del consumo y de la laxitud de las políticas
públicas. En los hechos, la curva de Phillips comenzó a desacreditarse en la medida
en que se combinaban inflaciones y tasas de desempleo altas en los años setenta.
El corporativismo liberal entró entonces en problemas porque conducía a inflaciones
altas con estancamiento económico, especialmente cuando los salarios reales
subían como resultado de condiciones de pleno empleo creadas por el gasto público
y el exceso monetario. La alta tributación reducía aún más la rentabilidad privada.
La deuda pública creciente tendía a elevar la tasa de interés y a frenar el desarrollo
del sector privado. Los intereses creados de sindicatos y políticos hacían retroceder
la eficiencia y hacían contra productivo el gasto público. El resurgimiento del
monetarismo y el llamado neoliberalismo vino a enfrentar esta situación. Las fuertes
críticas de Friedman en los años 50 al esquema corporativo liberal y su política
monetaria laxa probó ser cierta más adelante y fue aceptado ampliamente su lema
fundamental de que "la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno
monetario”.
En América Latina el keynesianismo obtuvo una aceptación muy grande porque era
muy compatible con la cultura del continente de fuerte centralismo político, escasa
disciplina de ahorro y de trabajo y de anticapitalismo. Raúl Prebisch hizo una
adaptación de la doctrina al continente y logró liderarla a través de la Cepal. El
intervencionismo funcionó bastante bien entre 1950 y 1970, hasta que la creciente
inflación generó inestabilidad, inflación y estancamiento por doquier. Este
intervencionismo fue poco progresivo porque eventual mente indujo el letargo
tecnológico de las empresas o sea la paralización de las fuerzas productivas;
tampoco incentivó la libertad política pues estuvo signado por la continuidad de un
fuerte poder central que es el que "interviene" con su característica arbitrariedad en
el reparto de prebendas y sacrificios. En vez de que la redistribución fuera con base
en impuestos y se transparentaran las transferencias entre grupos sociales, se hizo
con inflación surgida del financiamiento con emisión del gobierno y del crédito que
otorgó subsidios a actividades agrícolas e industriales y sobre todo de un gasto
público en clientelas políticas, en forma oculta para la opinión pública. La inflación,
a su vez, le hizo perder eficiencia adicional a la economía al nublar las señales de
precios de los mercados e inducir decisiones equivocadas de inversión y de ahorro.
En muchos países, no así en Colombia, el intervencionismo licuó las rentas de los
sectores agroexportadores a favor de importaciones baratas para la industria,
revaluando la tasa de cambio real mediante la inflación y el retardo en ajustar la
devaluación acordemente. Ello condujo a caídas de las exportaciones y a déficit en
cuentas corrientes gigantescos, al racionamiento de una amplia gama de bienes,
seguido de hiperdevaluaciones, a un estancamiento tecnológico grande y a una
pérdida de eficiencia y por tanto de competitividad internacional. Quizás la falla
mayor haya sido el aislamiento internacional pues ha podido conceder crédito
subsidiado sólo a las industrias que exportaran exitosamente y hubiera llegado tan
lejos como llegaron los tigres asiáticos. Lo que ellos y los países latinoamericanos
han mostrado es que sistemas de crédito que alimentan expansiones productivas y
exportadoras sin cautela financiera ni monetaria conducen a crisis bancarias
seguras.
El intervencionismo latinoamericano confió de alguna manera en que el desarrollo
económico era viable sólo con el mercado interno y por lo tanto decidió aislarse de
la economía internacional mediante una muralla de aranceles. Mientras las regiones
de escaso desarrollo que liberalizaban su comercio exterior y le daban fuertes
incentivos a las exportaciones crecían a tasas mayores del 8% anual, América
Latina involucionaba en los ochenta en medio de hiperinflaciones, devaluaciones
calamitosas e incapacidad de pagar sus deudas. Algunos keynesianos
anglosajones apoyaron la orientación básica de la Cepal y la hicieron más compleja
mediante la rigurosa formalización matemático y se autodenominaron como neo-
estructura listas. En todas partes los programas de estabilización de precios y de
apertura de las economías fueron bienvenidos y obtuvieron un fuerte apoyo político
de la población. El centralismo fue visto como madre de toda la ineficiencia del
gobierno y se propició una devolución de poder para los gobiernos regionales y
municipales. La crisis de la deuda de los ochenta obligó a muchos países a practicar
políticas contrarias de estabilización de precios, apertura comercial y a una profunda
reestructuración del Estado.

11. El plan Colombia.


Plan Colombia (también llamado Plan para la Paz y el Fortalecimiento del Estado o
Plan Colombia para la paz) es un acuerdo bilateral constituido entre los gobiernos
de Colombia y Estados Unidos. Se concibió en 1999 durante las administraciones
del presidente colombiano Andrés Pastrana Arango y el estadounidense Bill Clinton
con los objetivos específicos de generar una revitalización social y económica,
terminar el conflicto armado interno en Colombia y crear una estrategia
antinarcótica. El Plan Colombia cuenta principalmente con el apoyo del programa
del gobierno estadounidense llamado Andean Counterdrug Initiative. Los objetivos
de Colombia y de los Estados Unidos difieren en algunos aspectos. El principal
objetivo del gobierno estadounidense es prevenir el flujo de drogas ilegales hacia
los Estados Unidos, como también ayudar a Colombia a promover la paz, el
desarrollo económico que a la vez contribuye a la seguridad en la región andina. El
principal objetivo de Colombia es promover la paz, el desarrollo económico,
incrementar la seguridad y terminar con el tráfico ilegal de drogas. Ambos han
evolucionado de lo estrictamente antinarcótico de la guerra contra las drogas a
incluir aspectos de la guerra contra el terrorismo, debido a que los grupos violentos
y mafias utilizan el negocio de la droga para financiar la guerra. Por su parte, los
opositores al proyecto creen que sus objetivos declarados, a saber, la lucha contra
el narcotráfico, no serían en realidad más que una pantalla para justificar la
expansión de la influencia estadounidense en la zona. Además, insisten en que el
plan se centraría principalmente, si no exclusivamente, en la lucha contra las FARC-
EP y no en la lucha contra todas las redes de narcotráfico.
Entre 2001 y 2016, Estados Unidos han invertido 10 000 millones de dólares en
Colombia en ayuda militar, el mayor presupuesto de ayuda militar de Estados
Unidos después del concedido a San Benito Abad Sucre.
La versión original del Plan Colombia según la ideó el presidente Andrés Pastrana
en 1998, una semana después de la primera ronda de las elecciones presidenciales,
consistía en un Plan Marshall para Colombia. El argumento de Pastrana fue que “la
coca era un problema social cuya solución debía incluir resolución del conflicto
armado; los países desarrollados deberían ayudarnos a implementar una especie
de Plan Marshall para Colombia, el cual nos permitiría desarrollar grandes
inversiones en el campo social, con el fin de ofrecer a nuestros campesinos
alternativas diferentes a los cultivos ilícitos”.
La Ley 508 del 29 de julio de 1999 aprobó según el mandato Constitucional, el Plan
Nacional de Desarrollo “Cambio para Construir la Paz 1999 - 2002’’ con el objetivo
fundamental el Plan Colombia.
De acuerdo con la Oficina para la Vigilancia Gubernamental (GAO) por sus siglas
en inglés, el Plan Colombia no dio los resultados a seis años que inicialmente se
propusieron los gobiernos de los presidentes Pastrana y Clinton.
En cuanto a reducción de cultivos, la meta era reducirlos en un 50% entre los años
2000 y 2006. Según cifras del organismo estadounidense de seguridad Agencia
Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), los cultivos de amapola y
la producción de heroína, sin embargo, se redujeron en un 50%. En el mismo lapso
los cultivos de coca se incrementaron en un 15%, pero fue debido a que los
campesinos cocaleros se movieron a zonas remotas selváticas para evitar su
erradicación; mientras que la producción de cocaína se incrementó en un 4%
durante el mismo período. De acuerdo con datos de la "Oficina Nacional para el
Control de la Política de Drogas" (Office of National Drug Control Policy, ONDCP),
la producción de cocaína no mantuvo un ritmo de crecimiento paralelo a los cultivos
de coca debido al impacto causado por la erradicación manual y aérea.
Según las autoridades norteamericanas, Colombia mejoró su seguridad por medio
de la estrategia antinarcóticos, acciones militares y policiales, además de otros
esfuerzos, tales como el programa de desmovilización y deserción de grupos
violentos. Entre los años 2000 y 2007, el gobierno colombiano reportó que la cifra
de secuestros y homicidios se había reducido a un tercio, mientras que los ataques
a oleoductos se habían reducido a cero. La asistencia económica estadounidense
a Colombia totalizó US$4.900 millones de dólares en dicho período, con un fuerte
apoyo al fortalecimiento de la movilidad aérea, necesaria para lograr los objetivos
antinarcóticos.
En febrero de 2016, durante la conmemoración de los quince años del Plan
Colombia, el presidente Juan Manuel Santos y su homólogo Barack Obama
anunciaron un nuevo capítulo del plan Colombia, denominándolo Paz Colombia.

12. Plan puebla panamá.


El Plan Puebla Panamá (PPP) habla del desarrollo de la región sur de México
integrada por los estados de Veracruz, Puebla, Guerrero, Oaxaca, Chiapas,
Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; región caracterizada por una
profunda pobreza y un enorme despilfarro de riquezas naturales. Pero también
habla del desarrollo de los países centroamericanos (Guatemala, El Salvador,
Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), así como de la integración del sureste
de México con Centroamérica por medio de una serie de corredores logísticos de
infraestructuras de transporte (carreteras, puertos marinos, aeropuertos),
comunicaciones (redes de fibra óptica) y energía (electricidad y gasoductos).
El gobierno mexicano, que es quien bautiza este proyecto mesoamericano como
PPP, pone ofensivamente en el mismo plano a los países centroamericanos con los
estados sureños de la República. Si concediéramos que efectivamente este plan
fue elaborado por el gobierno mexicano, sería la primera vez que éste tomara una
iniciativa transnacional para influir económicamente de manera tan decisiva en el
conjunto del área centroamericana. Pero en realidad hay muchos indicios sólidos
de que este plan fue originalmente elaborado por el Banco Mundial (BM), el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y diversas universidades
estadounidenses, en colaboración con algunos tecnócratas procedentes de los
gobiernos y algunos grupos de empresarios de la región.
En efecto, el ofensivo nombre oficial que el gobierno de México dio al programa
expresa más bien la esperanza su imperialista de empresarios mexicanos
agrupados en torno de Vicente Fox para controlar comercialmente algunas ramas
económicas claves de la región (turismo, energía, biotecnología y tal vez parte de
la maquila (**) no sólo frente a los intereses de las magras e insignificantes
burguesías locales, sino sobre todo frente a los capitales regionales procedentes
tanto del sureste de los Estados Unidos como de Colombia y Venezuela.
Sin embargo, en el mediano y en el largo plazos el uso estratégico del istmo México-
centroamericano como área de construcción de varios corredores interoceánicos
entre el este de Estados Unidos y la Cuenca del Pacífico parece pertenecer, sin
disputa alguna, al capital estadounidense. De la misma manera, las diversas formas
de privatizar las riquezas biológicas (bancos genéticos in situ y ex situ, así como los
conocimientos indígenas sobre la biodiversidad) y las riquezas energéticas del área
se han organizado durante los últimos quince años en torno de los intereses
estratégicos de las nuevas empresas estadounidenses dedicadas a los bionegocios
y de las poderosas petroleras transnacionales.
El PPP tiene varios objetivos centrales. En primer lugar, trata de organizar la región
en corredores de tránsito interoceánico que comuniquen al este de EUA con la
Cuenca del Pacífico. Para ello, el BID, la CEPAL y el INCAE1, como asesores de
Vicente Fox, han hablado del desarrollo de nuevos ejes de infraestructura
interoceánica principalmente en la actual región del Canal de Panamá, en Honduras
y en el istmo de Tehuantepec.
Lo que predomina es la nueva necesidad geoeconómica que el oriente de los
Estados Unidos tiene en el contexto de la globalización. Entre el río Mississippi y la
Costa Atlántica se concentra 80% de la economía norteamericana. En Texas,
Oklahoma, el Golfo de México y las montañas Apalaches están asentadas las
principales reservas de carbón y petróleo. En la región este se localizan también las
principales siderurgias y las fértiles tierras del cinturón cerealero, en la extensa
cuenca del Mississippi, donde cae el grueso de la precipitación pluvial de Estados
Unidos. No casualmente es en esta región donde se han emplazado el grueso de
las ciudades, las industrias y la población del país.
Estas riquezas estratégicas se encuentran poco o nada en el oeste. Con excepción
de la franja costera del Pacífico, particularmente rica en el valle de California, el
seco oeste es, en su mayor parte, una región de reservas mineras estratégicas -que
los estadounidenses ahorran celosamente mientras depredan los recursos mineros
de otros países.
Aunque el actual desarrollo técnico de los medios de transporte (perforación de
prolongados túneles, diseño de nuevos motores o empleo de materiales más
resistentes y ligeros) ha permitido ahorrar tiempo y abatir costos, el traslado de
contenedores con ferrocarriles o vehículos automotores desde el este
norteamericano hasta la costa del Pacífico siempre podrá resultar mucho más
rápido y barato si se viaja por un territorio menos montañoso.
De ahí la extraordinaria importancia que en la actualidad tiene el puente terrestre
que se dirige hacia Los ángeles por la frontera sur con México. El hecho de que
exista ahí un corredor más o menos recto, donde las Rocallosas resultan poco
elevadas, ha propiciado que en la actualidad se concentre en la zona 70% del tráfico
terrestre de los Estados Unidos hacia el Pacífico.
Lo anterior explica la gran importancia de los territorios ístmicos del sur, que no sólo
son poco montañosos, sino que, al igual que la frontera de México con Estados
Unidos, se encuentran llenos de una barata y abundante población que puede ser
empleada para ensamblar mercancías.

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