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T. 4 – pág.

DERECHO CIVIL
Convocatoria de 2023

TEMA 4
Fecha: 6 diciembre 2023

Sumario:
1. La aplicación de las normas jurídicas.
2. Interpretación: concepto, clases, elementos y reglas.
3. La equidad.
4. La analogía.
5. La eficacia de las normas jurídicas.
6. Ignorancia de la Ley y error de Derecho.
7. El fraude de Ley: requisitos y efectos
1. LA APLICACIÓN DE LAS NORMAS JURÍDICAS

Las normas contienen una formulación abstracta, que debe aplicarse al mundo real, a los
casos concretos contemplados en ellas. Para que el Juez pueda realizar esa función, debe conocer
dos cosas: los elementos de hecho, que constituyen el caso concreto, y el principio jurídico que le
corresponde. La cuestión de hecho es objeto de prueba por los interesados, y el Juez falla
conforme a "lo alegado y probado"; pero la norma de derecho relativa a la controversia tiene que
conocerla y aplicarla el Juez, conforme a la máxima iura novit curia. En esta última función de la
búsqueda de la norma jurídica, el juez debe realizar varias funciones: investigar si existe la
norma; determinar su significado y extensión; y completar la laguna legal, en su caso, con los
medios adecuados para ello.

La aplicación del derecho, así concebida, suele ser considerada como una "subsunción”: se
subsume el caso concreto planteado en el supuesto de hecho de una norma jurídica.
Rigurosamente, esta función es una mera constatación que aparece como un sencillo silogismo,
en el cual la premisa mayor es la norma jurídica y la premisa menor los hechos fijados por el juez
o intérprete, de suerte que la conclusión tiene que producirse automáticamente por el juego
lógico de ambas premisas.

La doctrina más reciente ha puesto de relieve, sin embargo, que esta operación no es tan
sencilla como parece, ante todo porque muchas veces no es una operación puramente lógica y
porque, en cuanto operación lógica, reviste una gran complejidad. Por otra parte, la simple
constatación de los hechos ya presupone emplear unos criterios que implican por sí mismos
valoraciones o deducciones personales. Por lo tanto, en la doctrina moderna se defiende la teoría
que entiende que el juez no puede quedar reducido a ser un "mero órgano declarador de normas
jurídicas predeterminadas"; por el contrario, el juez lleva a cabo una importante función de
elaboración y realización del Derecho.

Esto no debe implicar que los fallos judiciales sean fuente del Derecho, ya que a los jueces
les corresponde aplicar, y no crear Derecho. Porque tratándose de los fallos uniformes del
Tribunal Supremo, aunque no sean vinculantes para los tribunales inferiores, con excepción de
los casos en que se fije “doctrina legal”, en todo caso tales fallos "complementan la ley", como
dispone el art. 1.6 CC. Esta actividad, que constituye la clave del quehacer jurídico, puede
llamarse interpretación y merece punto y aparte.

2. INTERPRETACIÓN: CONCEPTO, CLASES, ELEMENTOS Y REGLAS


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En sentido general, la palabra "interpretación" equivale a búsqueda del sentido o alcance


de un precepto legal.

Ahora bien; las diversas concepciones del derecho diseñan el alcance de la función
interpretativa de modos diversos. Para una teoría imperativista, la interpretación es la
determinación, por medio de signos externos, del mandato contenido en la norma. Cuando esta
norma ha quedado cristalizada en un texto, la interpretación no es más que una labor
"hermenéutica", y de esta manera la función interpretativa abarcaría sólo a las normas escritas,
pero parece claro que posee un sentido más amplio, tendiendo a la averiguación de todo aquello
que tiene valor normativo, lo cual comprende no sólo la interpretación de la ley, sino también de
las normas consuetudinarias y de los principios generales del derecho.

Respecto a las clases de interpretación, nos centraremos en la pública, que puede ser
A. usual, cuando se actúa a través de la costumbre secundum legem,
B. o "auténtica", cuando la interpretación se realiza por los mismos órganos que
crearon la norma.

Dice Díez Picazo que la interpretación auténtica en sentido propio sólo existe cuando la
declaración interpretativa emana de la misma persona o del mismo órgano del que emanó la
declaración interpretada; cuando emana de una persona u órgano distinto, no hay ya
interpretación auténtica, sino una interpretación que posee simplemente el valor o el rango que
por su propia naturaleza posea dicha declaración interpretativa.

En cuanto a los elementos y reglas de interpretación, en nuestro derecho dispone el art.


3.1º CC que las normas se interpretarán según el sentido de sus palabras, en relación con el
contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que deben
ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquéllas. Los criterios de
interpretación que se deducen de esta norma son: literal, sistemático, histórico y sociológico.
Veremos cada uno de ellos:

a) La interpretación literal es aquella que se ciñe a la letra de la ley; aunque a priori no


puede reconocerse el principio romano de que "in claris no fit interpretatio", ya que muchas
veces la pretendida claridad no depende tanto de su tenor literal como de la inteligencia del
intérprete.

b) La interpretación lógica: es aquella que persigue esclarecer el sentido de la norma


teniendo en cuenta los elementos sistemáticos, teleológicos e históricos de la misma. Es decir, por
medio de la lógica jurídica se pasa de la interpretación literal a una "interpretación sistemática"
cuando se actúa sobre la correlación que han de tener todas las normas jurídicas dentro del
ordenamiento, a una "interpretación teleológica" si se atiende al resultado práctico o fin de la
norma, y a una "interpretación histórica", si se estudia comparativamente los antecedentes
legislativos de la misma.

b.2) La interpretación histórica: se ha señalado la gran importancia que tiene conocer el


conjunto de circunstancias dentro de las cuales nació una ley o el matiz político o social que tuvo
en su origen. El estudio de los trabajos de preparación de la norma y las exposiciones de motivos
pueden proporcionar datos de gran valor, y las leyes anteriores pueden esclarecer la voluntad
que ha guiado la ley posterior, calibrando en qué medida el legislador se mantuvo fiel a los
precedentes o trató de desviarse de ellos.

b.3) La realidad social y la finalidad de la norma. Dice Castro que una norma no vive
aislada, sino unida íntimamente al total ordenamiento jurídico y a los principios políticos y
morales de la comunidad. Por lo que, para determinar la norma aplicable, será preciso tener en
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cuenta que el Derecho positivo es una parte del ordenamiento, enlazado con los principios
generales y con el Derecho natural.

3. LA EQUIDAD

En sentido amplio, la equidad supone la adaptación del Derecho a la realidad, mediante


la apreciación exacta de todos los elementos de hecho que concurren en cada caso. En sentido
estricto, es la adaptación del Derecho a las particularidades del caso concreto, para dar a éste un
tratamiento lo más benévolo posible. No es una fuente directa del Derecho, pero sí una fuente en
sentido material y, sobre todo, un procedimiento inspirador de soluciones que no sirve para
formular normas nuevas, pero sí para aplicar las ya existentes a los casos reales.

Pero se ha de reconocer que un amplio margen de equidad en la aplicación del Derecho


iría contra la certeza y la seguridad del mismo, por lo que al mitigar la rigurosidad de la norma
por medio de la equidad es necesario poner límites.
La equidad tiene una triple función:

a) Es un elemento constitutivo del Derecho positivo que flexibiliza la norma cuando el


legislador se remite a ella para suavizar el precepto en vista de las circunstancias concurrentes.
b) Es un elemento de interpretación de la ley que corrige su excesiva generalidad y evita
que la rígida aplicación de la norma al caso particular provoque una injusticia manifiesta.
c) Es un elemento de integración que sirve para descubrir y aplicar, en defecto de ley, el
principio jurídico que mejor se adapte a las circunstancias.

Esta doctrina de la equidad se recoge en el art. 3.2 CC: la equidad habrá de ponderarse en
la aplicación de las normas, si bien las resoluciones de los Tribunales sólo podrán descansar de
manera exclusiva en ella cuando la ley expresamente lo permita.

4. LA ANALOGÍA

El problema que trata de resolver la analogía tiene que ver con la existencia de lagunas
legales. La doctrina más reciente hace una distinción entre dos categorías de lagunas:

 Lagunas de la ley, que pueden existir, debido a que el ordenamiento jurídico no


puede contener solución a todos los supuestos.
 Lagunas del Derecho, que deben rechazarse en virtud del principio de plenitud
del ordenamiento, que obliga a poner a disposición del intérprete de las normas
los medios oportunos para cubrir los vacíos del sistema.

A esta teoría parece responder el CC, que admite la existencia de lagunas legales cuando
establece en su art. 1.4º la posibilidad de aplicar los pgD en defecto de ley y de costumbre, y
regula además la analogía en su art. 4º, como veremos; pero al mismo tiempo rechaza las lagunas
del Derecho cuando el art. 1.7º dispone que los jueces y tribunales tienen el deber inexcusable de
resolver en todo caso los asuntos de que conozcan, ateniéndose al sistema de fuentes establecido.

Concretamente sobre la analogía, se puede definir como la aplicación extensiva de los


principios que se obtienen por inducción a partir de los preceptos particulares de la ley, a
aquellos casos que no están comprendidos en su letra ni en su espíritu, pero que presentan una
igualdad sustancial con otros que sí aparecen regulados.

El art. 4.1º CC dispone que procederá la aplicación analógica de las normas cuando éstas
no contemplen un supuesto específico, pero regulen otro semejante entre los que se aprecie
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identidad de razón. Y añade el apartado 2º que las Leyes penales, las excepcionales y las de
ámbito temporal no se aplicarán a supuestos ni en momentos distintos de los comprendidos
expresamente en ellas.

5. LA EFICACIA DE LAS NORMAS JURÍDICAS

Toda norma, por el hecho de serlo, debe ser observada y cumplida, y de ello se deriva una
doble eficacia de la norma:

1) Su eficacia vinculante o imposición del deber de cumplimiento.


2) Su eficacia sancionadora en caso de infracción del anterior deber.

Además de la eficacia vinculante y de la eficacia sancionadora, hay autores que añaden una
eficacia constitutiva, que pone de relieve que las normas implican la conversión de una realidad
puramente social en una realidad jurídica.

La eficacia vinculante de las normas es resaltada genéricamente por el artículo 9.1 de la


Constitución Española de 27 de diciembre de 1978, que establece que “los ciudadanos y los poderes
públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”, mientras que el artículo
10.1 de la Constitución considera como el respeto a la ley como uno de los fundamentos del orden
político y la paz social.

El deber de cumplir las normas es propio de toda norma, si bien la aplicación y contenido de
las dispositivas puede ser excluido o condicionado por los particulares.

El problema práctico estriba en determinar cuándo una norma civil es imperativa y cuándo es
dispositiva, lo que debe interpretarse caso por caso y, fuera de los casos en los que la norma se
declara expresamente imperativa o dispositiva, suele aceptarse como criterio inspirador que las
normas civiles son dispositivas, y que son excepcionales las imperativas, si bien existen ciertos
ámbitos en los que abundan las normas imperativas, como el derecho de familia o del consumo.

Por otro lado, la norma jurídica debe prever unas consecuencias en caso de incumplimiento,
surgiendo así la eficacia sancionadora de la norma, ya que el incumplimiento de la misma implica
una sanción.

En el ámbito civil, la sanción puede suponer:

1) El cumplimiento forzoso de lo previsto en la norma infringida o acordado en el contrato


incumplido.
2) La indemnización de los daños y perjuicios causados.
3) La imposición de sanciones en sentido estricto.
4) La privación de efectos al acto contradictorio con la norma, que es la sanción general en el
Derecho Civil a través de la figura de la nulidad, que examinaré con posterioridad.
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6. IGNORANCIA DE LA LEY Y ERROR DE DERECHO


Ignorancia de la ley

La eficacia vinculante de las normas impone un deber general de cumplimiento del que nadie
puede excusarse, y por ello el artículo 6.1 del Código Civil dispone que “la ignorancia de las leyes no
excusa de su cumplimiento”.

El fundamento del deber de cumplir las normas a pesar de su desconocimiento se vincula con
el principio de legalidad, ya que la efectividad del deber de observar las normas sólo queda
garantizada si la ignorancia de las leyes es inexcusable.

Un alcance distinto tiene el deber de conocer las normas cuando se plantea respecto de jueces
y magistrados, donde rige el principio iura novit curia, explicitado en el artículo 1.7 del Código Civil
que establece que “los jueces y tribunales tienen el deber inexcusable de resolver en todo caso los
asuntos de que conozcan, ateniéndose al sistema de fuentes establecido”.

Por otro lado, relacionada con el conocimiento e ignorancia de las normas está su publicidad
oficial, garantizada por el artículo 9.3 de la Constitución y que asegura, siquiera mínimamente, la
cognoscibilidad de las mismas, disponiendo al respecto el artículo 131 de la Ley de Procedimiento
Administrativo Común de 1 de octubre de 2015 que “las normas con rango de ley, los reglamentos y
disposiciones administrativas habrán de publicarse en el diario oficial correspondiente para que
entren en vigor y produzcan efectos jurídicos”.

Facilitan el conocimiento de las normas los principios de buena regulación regulados por el
artículo 129 de la Ley de Procedimiento Administrativo Común, destacando especialmente el
mandato de que “en aplicación del principio de transparencia, las Administraciones Públicas
posibilitarán el acceso sencillo, universal y actualizado a la normativa en vigor”.

Error de Derecho.

El artículo 6.1 del Código Civil continúa diciendo que “el error de derecho producirá
únicamente aquellos efectos que las leyes determinen”.

El Tribunal Supremo exige para que el error de derecho invalide la obligación el Tribunal
Supremo:

1) Una prueba plena del error jurídico independiente de los motivos o intenciones de los
contratantes.
2) Que recaiga sobre la esencia y sustancia de lo convenido.
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3) Que sea excusable, dadas las circunstancias concurrentes en el caso concreto.

Los efectos del error de derecho no pueden establecerse con carácter general, sino que
dependen de cada norma que reconozca su relevancia y debe reunir los requisitos que tal norma
prevea.

El Código Civil prevé diferentes supuestos en los que el error de derecho produce efectos
favorables para quien lo sufre, como caso del matrimonio putativo del artículo 79, que dispone que
“la declaración de nulidad del matrimonio no invalidará los efectos ya producidos respecto de los
hijos y del contrayente o contrayentes de buena fe” o el artículo 1164, que dispone que “el pago
hecho de buena fe al que estuviere en posesión del crédito, liberará al deudor”.

7. EL FRAUDE DE LEY: REQUISITOS Y EFECTOS

La norma no solo es contravenida de una forma directa o frontal, sino que también puede
serlo de manera indirecta u oblicua.

El fraude de ley es contemplado por el artículo 6.4 del Código Civil, que dispone que “los
actos realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado prohibido por el
ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de ley y no impedirán la
debida aplicación de la norma que se hubiere tratado de eludir”.

Los requisitos del fraude de ley son los siguientes:

1) Que se realice un acto que goza de una apariencia de legalidad, porque se efectúa al
amparo de una norma que lo autoriza, la ley de cobertura.
2) Que el resultado obtenido al amparo de la ley de cobertura sea contrario al ordenamiento
jurídico, y no a una norma en concreto.
3) Por último, la más reciente jurisprudencia del Tribunal Supremo se inclina por la
concepción objetiva del fraude de ley, que lo configura como un elemento de defensa de la
ley y no de represión del concierto o intención maliciosa.

El efecto fundamental del fraude a la ley es justamente la aplicación de la norma o normas


defraudadas, por lo que el acto fraudulento no siempre será nulo, sino que sólo lo será cuando se haya
realizado contraviniendo una norma imperativa o prohibitiva y, además, tal norma no prevea un
efecto distinto para el caso de contravención.

En todo caso, dado que el acto fraudulento reviste una falsa apariencia de licitud, exige la
declaración judicial de haber sido ejecutado en fraude de ley.
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Por último, la doctrina del fraude de ley tiene una especial aplicación en el ámbito tributario,
en el que el artículo 15 de la Ley General Tributaria se refiere al mismo como un conflicto en la
aplicación de la norma tributaria, estudiado en el tema 8 de Derecho Tributario del programa, por lo
que baste decir aquí que acaece cuando se evita la realización del hecho imponible o se minore la
deuda tributaria mediante actos o negocios notoriamente artificiosos o impropios para la consecución
del resultado obtenido y de cuya utilización no resulten efectos jurídicos o económicos relevantes,
distintos del ahorro fiscal.

Su consecuencia es que se exigirá el tributo aplicando la norma que hubiera correspondido a


los actos o negocios usuales o propios, y no a los artificiosos o impropios.

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