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Keeping Secrets

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Sotelo, gracias K.

Cross
Keeping Secrets
ELLA GOODE

Sotelo, gracias K. Cross


Fleur es un bombón pelirrojo con pecas. Quiero besar cada peca
y tener ese pelo rojo en mi puño. Por desgracia, odia a los
deportistas y, más concretamente, a mí, pero tengo un plan para
enamorarla. Necesito una novia falsa para alejar a las otras
chicas del colegio y poder dedicar mi tiempo a ganar el título
estatal. Es una posibilidad remota, pero a veces en las relaciones,
como en el fútbol, tienes que lanzar ese pase Ave María.

Van es un bombón con hombros anchos y una sonrisa perversa.


Todas las chicas quieren besar esa sonrisa y agarrar esos
hombros anchos. Por alguna razón, no deja de seguirme. Dice
que necesita una novia falsa para defenderse de las otras chicas.
Creo que es mentira, pero estoy dispuesta a seguirle la corriente.
Es mi último año y merezco divertirme un poco. Sé que no saldrá
nada de esto porque las relaciones no son como el fútbol, donde
un jugador dominante puede convertirte en ganador. En cambio,
se necesitan dos y sé que mi corazón es el único que está en
juego.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 1
FLEUR

Si no fuera por la camiseta de fútbol que hay sobre el respaldo


de la silla junto al escritorio, no estaría tan segura de estar en el
dormitorio de un chico. Todo está muy limpio y ordenado, pero, por
otra parte, Van parece ser muy estricto, así que no debería
sorprenderme. Me doy cuenta de que todo lo que toca lo hace de
maravilla.
Revuelvo algunos papeles de su mesa. Sin poder evitarlo, los
desordeno y los vuelvo a poner todos en su lugar al azar. No sé por
qué me gusta tanto desordenar sus cosas. Lástima que no sepa que
he sido yo. Está abajo fingiendo ser la seguridad de su maldita fiesta
de cumpleaños. Vigilando la ponchera como si tuviera la misión
personal de asegurarse de que nadie se divierta.
Luego miro su armario. — ¿En serio tiene la ropa organizada por
colores? — Suelto una carcajada mientras hago una foto con el móvil.
Es una costumbre. No estoy segura de qué historia quiero encontrar
aquí. No creo que vaya a haber ninguna. Van hace todo según las
reglas. Excepto que puede ser un poco grosero, pero eso podría ser en
parte culpa mía. En el poco tiempo que Van ha estado en nuestro
instituto, me he encontrado a mí misma intentando sacarlo de quicio.
No sé por qué, pero siento un inmenso placer al irritarlo y conseguir
que reaccione.
Aunque no creo que todo sea culpa mía. La mirada que me lanzó
la primera vez que lo vi me hizo fijarme en él. Dejé de aguantar la
mierda de la gente en cuarto curso, cuando me hice más alta que todos
los chicos. Muchos me han alcanzado desde entonces, pero intentaban
burlarse de mí. Mi pelo rojo brillante y mis pecas no ayudaban. Claro
que algunas de sus palabras me dolían, pero se me daban mejor los
juegos que a ellos.
Si quieren susurrar a mis espaldas con sus palabras crueles,
entonces descubriré todos sus secretos y se los contaré al mundo.

Sotelo, gracias K. Cross


Ahora estoy tratando de averiguar los de Van pero no encuentro nada.
Esto es un fracaso total. Pero no me rindo y al final encontraré algo
sobre él.
Sigo husmeando, pero nada me llama la atención. Entonces oigo
un alboroto en el piso de abajo. Me dirijo rápidamente a la puerta, la
abro y salgo. Pensaba que estaba a salvo hasta que veo a Sadie
subiendo los escalones. Me han atrapado.
— ¿Qué les pasó a ustedes dos?— Pregunto como si no me
hubiera atrapado saliendo de la habitación de su hermano. Intento
mantener la calma. No parezcas sospechosa, me recuerdo en silencio. Sadie
parece nerviosa, así que espero que esté demasiado preocupada para
darse cuenta de lo que estaba haciendo. Cuando veo a Dunc
acercándose por detrás, sé que él es la causa de que ella esté así. Tiene
una forma de tropezar con sus propios pies cuando se trata de ella. Es
adorable y no es Dunc, lo que lo hace aún más entrañable.
— ¿Por qué estabas en la habitación de mi hermano?— Sadie
replica, haciéndome saber que está sobre mí.
—Creía que era el baño.
—Las amigas no se mienten. — Me llama la atención por mi falta
de honestidad. Algunas mentiras aquí y allá son a veces el costo de
una buena historia, pero Sadie no se equivoca. Realmente me gusta y
creo que podríamos ser amigas. Ella es diferente, y yo entiendo ser
diferente.
—Bien, soy entrometida. No puedo evitarlo. — Levanto las manos
en señal de derrota. Es verdad. Se ha convertido en mi naturaleza.
Después de todo, dirijo el periódico escolar. — ¿Qué le ha pasado?—
Hago un gesto con la cabeza hacia Dunc, intentando una vez más
desviar su atención.
—La cagué. — suspira Dunc. Parece tan condenadamente
patético en este momento. Este no es el Dunc con el que he crecido.
Él y yo nunca hemos tenido problemas. Dunc no te da una mierda a
menos que tú se la des.
—Ese es un buen comienzo. — Le doy una palmada en el hombro
mientras me escapo escaleras abajo antes de que Sadie pueda
hacerme más preguntas sobre estar en la habitación de Van.

Sotelo, gracias K. Cross


Reprimo una carcajada cuando llego a la puerta trasera y veo
que me he perdido toda la diversión. Rose y Van tienen tan mal aspecto
como Dunc. Rose definitivamente desprende vibraciones de Carrie con
el ponche rojo que tiene por todas partes. Pero ella sería la que
prepararía el cubo de sangre. Es bonito cuando el karma hace lo suyo.
— ¡Fleur!— me grita cuando hago una foto. Van estrecha sus
ojos sobre mí. Puedo ver un pequeño rastro de sangre saliendo de su
nariz. Cuando siento ese estúpido aleteo que siempre tengo al verlo
por primera vez, lo ahogo hasta el fondo.
Sería una mentira total no admitir que Van es uno de los chicos
más guapos de nuestro instituto. De hecho, es el más sexy que he
visto nunca. Odio sentirme atraída por él. Su estúpido pelo oscuro y
sus profundos ojos azules. Por no hablar de los abdominales. Los
había visto de cerca cuando estaba en el entrenamiento de fútbol. No
creo haber sido la misma desde entonces.
—Tienes algo. — Hago un gesto hacia mi nariz. Sacude la cabeza
como si yo fuera la persona más molesta del mundo. Probablemente
odia que no caiga rendida a sus pies para poder ignorarme como hace
con todas las demás chicas que se desmayan por él.
—Eres una perra, Fleur. — Rose está furiosa. —Por eso no le
gustas a nadie.
Odio decírselo, pero no importa. La gente era idiota antes de que
empezara a defenderme.
—Creo que deberías irte. — murmura Van, quitándose la
camisa. La usa para limpiarse la sangre de la cara.
¿Por qué me duele el comentario? Es la primera vez en mucho
tiempo que las palabras me afectan. Me lo sacudo.
—Nos vemos en el colegio, señor All-Star. — Pongo los ojos en
blanco, fingiendo que me da igual, y me giro hacia la puerta principal
para escapar.
— ¡Fleur! — me grita alguien, pero no me detengo. Nunca dejaré
que sepan que pueden hacerme daño.
Nunca más.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 2
VAN

Miro confuso la espalda de Fleur. ¿He dicho algo? Miro a mí


alrededor buscando a Sadie para que me lo explique, pero no está.
Miro hacia la casa. Está adentro con el Elegido.
La familia es algo extraño. Está la familia en la que naces y luego
la familia con la que terminas. Mi familia ahora mismo es la segunda.
Tengo un papá real que es básicamente un extraño para mí, el papá
que me crió, mi mamá, mi hermana no biológica a la que adoro, y mi
primo biológico, al que me gustaría tirar a un lago y ahogar.
Sadie, la hermana no biológica, echó un vistazo a mi primo
biológico y decidió que era el único para ella, y desde entonces todo lo
que ha hecho es seguirlo a todas partes como un cachorro perdido. No
lo entiendo.
— ¿Quieres que te consiga una camisa nueva?
Giro hacia la voz femenina y veo a una rubia. ¿Cómo se llama?
No lo recuerdo. Alguna flor, creo. ¿Violet? ¿Lily? ¿Rose? La última
suena bien. — ¿Por qué sigues aquí?
Su boca se dobla hacia abajo en las esquinas. —Dijiste que no
me fuera.
Ladeo la cabeza confundido. — ¿Qué demonios? Dije... — Me
interrumpo, dándome cuenta de lo que acababa de pasar. Estas dos
chicas pensaron que me refería a que Fleur debía irse, no Rose, y el
malentendido es la razón por la que la chica rubia está de pie a mi
lado y yo estoy viendo el culo caliente de Fleur desaparecer en el
horizonte.
Mírame descifrando las señales sociales por mi cuenta. Supongo
que no necesito a mi hermana traidora después de todo. Inclino la
barbilla hacia Rose y empiezo a reservar tras Fleur, pero para cuando
llego a la parte delantera de la casa, la chica ya se ha ido.

Sotelo, gracias K. Cross


Le envío un mensaje de texto a Smurf, el capitán del equipo de
fútbol.

El número de Fleur

¿Ni siquiera un hola? ¿Cómo te va simplemente siguiendo la charla?

Si no lo tienes solo dilo

Hombre espera no hay ningún número que no tenga pero ¿Fleur? Hay chicas
más fáciles, más agradables, más amistosas, ¿he dicho más fáciles? Toma a Rose.

Rose, la chica que te deja si te echan del equipo de fútbol.

Bueno, sí, pero a ti no te van a echar, así que no pasa nada.

Tengo más amor propio y más juego que tener que conformarme con alguien
así

De acuerdo, de acuerdo, te entiendo, ¿pero Fleur? Como si hubiera un término


medio entre Rose y Fleur. F tiene una lengua malvada y no la usa para hacer sentir
bien a nadie de verdad ni siquiera estoy seguro de si le gustan los chicos
Pienso en la chispa de sus ojos cuando me insulta y en la
expresión amable que tiene cuando habla con Sadie.

Me preocuparé por eso

Es una buena metáfora, ¿verdad? Voy a usar eso en mi clase de literatura y


mojaré las bragas de la Sra. Funnel.
Smurf habla más de la Sra. Funnel que de fútbol. Espero
sinceramente que consiga al menos algo de la buena profesora antes
de que acabe el instituto. Me preocupa que si no lo hace, pueda ser
virgen el resto de su vida. Me despido con un emoji de saludo y espero
a que Smurf me envíe el número de Fleur. Cumpliendo su palabra, los
diez dígitos aparecen en mi pantalla menos de un minuto después.
Le envío un mensaje inmediatamente.

El deberías irte no era para ti


En lugar de una respuesta inmediata como estoy acostumbrado,
la pantalla del teléfono se apaga. Sacudo el aparato pensando que

Sotelo, gracias K. Cross


quizá se ha roto, pero no, no hay respuesta. Ni siquiera aparecen los
tres puntos que indican que me está respondiendo. Frunzo el ceño.
Así no me van las cosas.
Culpo de esto al Elegido. Desde que me mudé a esta ciudad y lo
descubrí, ha sido una espina en mi costado. Como que en vez de vivir
en mi propia casa en el pueblo con Sadie y mis padres, estoy viviendo
en esta glorificada McMansion en las afueras del pueblo lejos de la
civilización. Papá -mí no-biológico que me crió durante diecisiete años-
dice que se trata de la tierra, pero a mí me importa un bledo. Aquí todo
requiere un coche y se tarda veinte minutos en llegar. Me gusta estar
rodeado de luces, ruido y lugares para comer.
Necesito salir de aquí.
Veinticinco minutos después y un largo intercambio de mensajes
con Smurf en el que lo amenazo con acabar con él cortándole la polla
y pegándosela al estilo unicornio en el casco, estoy sentado en la
puerta del complejo de apartamentos de Fleur. Es uno de esos sin
ascensor, con las escaleras por fuera y sin portero. Parece inseguro.
No me gusta.
Dicho esto, es mucho más fácil para mí acceder a su casa. Está
en el tercer piso. No me extraña que esté en forma si tiene que subir
estos escalones un par de veces al día. Golpeo fuerte. No contesta
nadie. Llamo al timbre. Dos veces. Todavía nada.
¿Es posible que no esté en casa?
Me pregunto adónde iría. No sé mucho de ella. No sé por dónde
anda, qué le gusta comer o quiénes son sus amigos. Solo sé que tiene
una lengua afilada y que, siempre que estoy cerca de ella, tiene
pedernal en los ojos, como si quisiera pelear... o follar. Cualquiera de
las dos cosas me excita. Si tengo que sobrevivir en esta nueva ciudad,
en esta nueva escuela, en un nuevo equipo de fútbol, debo permitirme
un capricho, y he decidido que va a ser Fleur. Me gusta, y lo que me
gusta, lo consigo.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 3
FLEUR

Miro fijamente mi teléfono preguntándome cómo demonios ha


conseguido Van mi número. ¿Se lo dio Sadie? Me cuesta creerlo. Sadie
es muy reservada. No hace mucho que la conozco, pero se me da
bastante bien leer a la gente. Ella preguntaría primero, pero aun así,
si alguien sabe que no se puede confiar en la gente, soy yo. Los dos en
los que se supone que debo confiar, apestan. No tengo ni la menor
idea de quién es mi donante de esperma, y mi mamá suele estar en
otro mundo.
La mujer tiene más de cuarenta años y está más loca por los
chicos que por una adolescente. Siempre tiene un novio nuevo. Uno al
que antepone a todo lo demás, incluida yo. Antes me molestaba, pero
ya me he vuelto inmune. El último, sin embargo, se ha quedado más
tiempo que los otros. Lo loco es que ni siquiera es que la dejen. Es ella
la que acaba engañando. Persiguiendo el subidón del próximo
flechazo. Richard al menos tiene dinero. Eso es un paso adelante. Lo
que no entiendo es por qué siempre están aquí y no en su casa. Tiene
que ser mejor que nuestro apartamento de mierda.
Estúpidamente, vuelvo a mirar el móvil para ver si Van me ha
enviado otro mensaje, pero sigue siendo solo uno. No entiendo por qué
se ha molestado en mandarme un mensaje. Para decirme que no me
había dicho que me fuera. ¿Acaso importa? Van y yo no vamos a
acurrucarnos pronto. No creo que él sea de los que se acurrucan. Me
pregunto si Sadie descubrió lo que pasó y lo obligó a disculparse. Eso
tendría más sentido que si me mandara un mensaje al azar.
Maldita sea. Entonces tal vez ella le dio mi número. Esa podría
ser la única razón. Le envío un mensaje para preguntarle.

Sadie: No le di tu número. ¿Te ha mandado un mensaje?

Yo: ¿Le dijiste que confundí su habitación con un baño?

Sadie: ¿Le mentiría a mi hermano? No.

Sotelo, gracias K. Cross


Sadie: Sadie está ocupada
Pongo los ojos en blanco al saber que Dunc envió el último
mensaje. Realmente está enamorado. Todos los corazones de las
chicas de la escuela se van a romper, pero la mayoría ya tienen sus
ojos puestos en Van. ¿Por qué todas las chicas quieren a los chicos
que no les dan ni la hora? Las vuelve locas. Pensaría que es un juego
largo, pero Dunc no está jugando. Solo tiene ojos para Sadie.
De ninguna manera voy a ser una de esas chicas. Ya revisé mi
teléfono cinco veces desde que Van me envió el mensaje. Para
asegurarme de no hacer algo estúpido y responderle, decidí borrar el
mensaje para no tener su número. Es lo mejor. La tentación ha
desaparecido.
Cierro el portátil cuando oigo el timbre. Mi mamá ha salido con
su novio. Tiene que ser el viejo Sr. Truman de la puerta de al lado.
Nadie más se deja caer por aquí, excepto quizá un ex de mi mamá,
pero eso suele ser bastante tarde.
— ¿Tienes galletas?— pregunto mientras abro la puerta. No es
mi vecino con un lote fresco de dulces. Muchas noches vivo de los
dulces de Truman.
— ¿Has mirado antes de contestar? — Van me lanza esa mirada
a la que estoy acostumbrado.
—Si lo hubiera hecho, no habría preguntado por las galletas. —
Cierro la puerta parcialmente y bloqueo el resto con mi cuerpo para
que no pueda ver el interior. — ¿No se supone que eres listo? ¿Ves una
mirilla?— Señalo mi puerta.
— ¿Pensabas que era una niña exploradora?
—No. Creía que eras Truman.
Van cruza los brazos sobre el pecho, mostrando sus bíceps. No
sabía que me gustaban los músculos, pero aquí estoy. La maldición
que llevan las mujeres. — ¿Quién es Truman?
— ¿Por qué estás en mi puerta haciendo preguntas?
— ¿No te gusta cuando se cambian las tornas?

Sotelo, gracias K. Cross


No me gusta. Se supone que soy yo quien hace las preguntas.
Solo me quedo ahí y lo miro fijamente. Eso funciona la mayoría de las
veces, pero Van no se inmuta. Quizá esté confundido porque no babeo
por él. —No me has contestado. — dice por fin, lo que me hace sonreír
porque él ha sido el primero. Acepto cualquier victoria que pueda
conseguir con él. Van no tiene ni idea de lo loca que estoy cuando se
trata de él.
— ¿Cómo has conseguido mi número? — Se encoge de hombros.
Entorno los ojos hacia él, no me gusta cuando no sé algo.
— ¿Qué tanto quieres saber? — Oh, mierda. Me ha atrapado.
Sabe que eso me va a devorar y lo está usando a su favor.
—En realidad no me importa. Entonces, ¿hemos terminado
aquí?— Dos pueden jugar este juego.
—Mentirosa. — Su mano sale, empujando la puerta.
— ¡Oye!— Me tropiezo cuando entra.
—No me mientas. No me gusta.
—No me gustan muchas cosas, pero todos tenemos que lidiar
con la mierda. — Cierro la puerta antes de que alguien de por aquí lo
vea. A la gente le encanta chismear en este lugar. Puede que yo sea
uno de ellos, pero no quiero ser el tema. — ¿Cómo sabes siquiera que
estoy mintiendo? — Me aparto uno de mis rizos rebeldes de la cara.
Los ojos de Van recorren mi cuerpo y se detienen en mis piernas.
Me recuerda que solo llevo un pantalón corto de dormir y una camiseta
fina. No llevo sujetador porque en realidad no lo necesito.
—Porque quieres saberlo todo. — Me muevo sobre mis pies,
preguntándome cómo de bueno es Van leyendo a la gente. Es difícil
hacerse una idea de él porque no da nada. Su rostro es siempre pasivo,
excepto por la mirada o la irritación que muestra al azar, y
sinceramente creo que todo el mundo lo entiende.
— ¿Has estado hablando con la gente sobre mí?
—La verdad es que no. — Ouch. No estoy segura de qué esperaba
como respuesta, pero eso me dolió. Odio tener esa reacción.
— ¿Qué haces aquí?— Dejo escapar un suspiro de fastidio.

Sotelo, gracias K. Cross


—No me refería a ti cuando dije ‘deberías irte’.
—De acuerdo. — Me encojo de hombros.
— ¿Quieres volver a la fiesta?
—No. Aunque deberías. Es tu fiesta de cumpleaños. — le
recuerdo. —Es de mala educación abandonar tu propia fiesta.
—La fiesta es más para mi mamá. — Echa un vistazo a mi salón.
—Tú...
—No lo hagas. — lo corto antes de que pueda hacerme preguntas
personales sobre mi vida y mi apartamento de mierda. Vivimos a
mundos de distancia.
— ¿No quieres saber de dónde he sacado tu número? — Levanta
una ceja. ¿Realmente era eso lo que estaba a punto de decir o lo
cambió por algo que sabía que yo mordería?
—De acuerdo. Dímelo.
—Te costará. — Sonríe. En realidad es una sonrisa de oreja a
oreja y se le forma un hoyuelo en la mejilla. —Sabes que estando en
el equipo de fútbol, escucho muchos secretos.
—Apenas hablas con nadie. Nadie te cuenta una mierda.
—Es cuando nadie piensa que estás prestando atención
entonces escuchas todo tipo de cosas.
—Bien. Fuera con eso. ¿Cuánto cuesta?— Tengo tanta
curiosidad por las cosas que podría saber cómo por lo que quiere como
pago. No sería difícil para él echar un polvo. Su familia también está
forrada. No estoy segura de lo que puedo ofrecer.
—Quiero una novia. — Me quedo parada sin saber por qué me
dice esto.
—Entonces búscate una.
—Te quiero a ti. — Se acerca a mí.
— ¿Qué? —Ha perdido la cabeza. — ¿Bebiste algo del ponche?
—No.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Entonces por qué quieres que sea tu novia?— Me mira
fijamente durante un largo momento.
—Podría funcionar para los dos. Evitarás que otras chicas me
molesten y estarás lo bastante cerca como para enterarte de todos los
secretos de nuestro instituto. — Me pone el cebo, sabiendo que no hay
forma de que me resista.
—Si acepto, ¿te irás?
— ¿Echarías a tu novio?— Se ríe entre dientes.
—Supongo que sí. — Abro la puerta, pero sigue sin moverse. —
Novio, vete. — le ordeno.
—Lo tengo. — Pasa a mi lado, su cuerpo roza el mío. Se me
endurecen los pezones. En cuanto deja la puerta, la cierro. —Cierra
con llave, nena.
— ¡Nada de apodos!— Giro la cerradura.
—Deberías haber dicho eso antes de hacer el trato, Red.
No respondo, pero estúpidamente sonrío.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 4
VAN

—Buenos días, Red. — Abro la puerta de mi Merc negro mate.


Red entrecierra los ojos. — ¿Por qué estás aquí?
Como si no lo supiera. Palmeo el asiento del copiloto. —Para
llevarte al colegio. — Ni siquiera voy a hablar del esfuerzo que me costó
llegar a tiempo. Tuve que ir al entrenamiento, llegar a los vestuarios,
ducharme, atravesar el estacionamiento y llegar aquí antes de que la
señorita Independiente subiera al autobús. Hablando del gran
monstruo amarillo, lo veo asomar por el retrovisor. —Sube o Crissy
será aplastada, y nadie quiere eso.
Red se acerca sigilosamente y mira dentro del coche. Es un
biplaza y el lado del pasajero está vacío. — ¿Quién es Crissy?
—El coche, Red. El coche.
El conductor toca el claxon como un buen compinche. Red da
un respingo y se sube al coche.
— ¿Le pusiste Crissy a tu Mercedes?
—Sí. —Piso el acelerador y acelero hacia el colegio. — ¿Qué tiene
de malo?
—Nunca había oído hablar de nadie que se llamara Crissy. Ni
una chica, ni un perro, ni un coche.
—Exactamente. Única en su especie. — Golpeo el salpicadero.
Crissy era el nombre de mi perra, que murió justo un año antes de
que nos mudáramos aquí. Papá -bueno, mi no-papá-biológico me
compró el coche para suavizar el golpe. No estaba seguro de si el golpe
era perder a mi perro o perder mi colegio. Un poco de ambos, supongo,
aunque la escuela no fue una gran pérdida.
—Si tú lo dices. ¿Por qué tienes el pelo mojado?— Se acerca a
mí. — ¿Por qué estás aquí otra vez?

Sotelo, gracias K. Cross


—Porque soy tu novio, y eso es lo que hacen los novios.
—Podemos hacer esto de actuar en la escuela. Aquí no hay nadie
que nos vea.
—El autobús está justo detrás de nosotros.
—Es un autobús urbano.
—Vas en él a la escuela, así que otros niños también podrían.
Para que la gente crea, tienes que estar metida de lleno.
—Recuérdame por qué tú, una estrella del fútbol, necesitas
protección de mí.
Entro en el estacionamiento y estaciono el coche. Nuestros
compañeros ya están acostumbrados al coche, así que pasan de largo
sin darse cuenta de que llevo un pasajero. —Porque si tengo novia,
nadie se inventa rumores tontos sobre Sadie, y no necesito ser un
imbécil con ninguna chica demasiado amable. Solo digo que soy leal a
ti, y ellas retroceden.
—Oh, Sadie. — Red asiente para sí misma como si esta
explicación tuviera sentido. Sadie había compartido un poco de su
pasado. Se supo que Sadie y yo no éramos hermanos biológicos y
entonces una chica que había rechazado inventó un rumor de que
Sadie y yo estábamos durmiendo juntos, porque si yo no estaba
teniendo sexo con esta chica, entonces debía estar haciéndolo con
alguien más. Según ella y la mayoría de mi antigua escuela, si un chico
no estaba metiendo la polla en algún agujero caliente, había algo malo
en él. Dado que yo jugaba al fútbol y tenía mi aspecto, no podía haber
nada malo en mí. De ahí la teoría de que estaba follando a Sadie. Se
puso tan mal que la gente escribía mierda en su casillero y
básicamente hacía de su vida un infierno. Nos mudamos del distrito a
este lugar. Entonces mi vida explotó. Aparto lo negativo de mi cabeza
y me centro en Red. — ¿Qué más estás dispuesta a hacer por Sadie?
Me lanza una mirada que podría arrancar la pintura del
revestimiento de una iglesia. —Nada.
—Mentirosa. — le digo mientras sale de mi coche. Se echa la
bandolera al hombro, me hace un gesto con el dedo en la espalda y se
dirige al instituto. La sigo, disfrutando de la vista a cada paso.

Sotelo, gracias K. Cross


A mitad de camino, Rose aparece. —No me había dado cuenta
de que ofrecías viajes gratis a la escuela.
Red no se detiene. Creo que ni siquiera es consciente de lo que
está pasando aquí. ¿Supongo que quiere que la persiga un poco? Eso
puedo hacerlo. Pero volvamos al tema que nos ocupa. Es hora de darle
un buen uso a mi novia falsa. Sería mejor si estuviera a mi lado y
pudiéramos montar un pequeño espectáculo, pero lo dejaré para la
hora de comer. Ahí habrá más gente.
—Estoy fuera del mercado, Rose. Red me ha atrapado, y ahora
solo puedo darle paseos a ella. Si ella pensara que me estoy
desviando... — Trazo una línea en mi garganta. —Y si eso ocurriera,
la temporada de fútbol se iría al garete. No creo que quieras ser
responsable de que perdamos el estatal, ¿verdad? — Le doy una
palmada en el hombro a una confusa Rose. —No lo creo. Le haré saber
al entrenador que eres una seria partidaria de los Titan.
La dejo parada en las escaleras y troto para alcanzar a Red. —
Nena, me has dejado colgado ahí atrás. Sé que eres nueva en esto,
pero como ahora somos pareja, tenemos que estar juntos.
—Solo soy una chica, Van. No sé pelear. — me pestañea.
Me quedo callado porque nunca había estado tan cerca de Red,
y ahora me doy cuenta de que sus ojos verdes no son solo verdes, sino
todo un caleidoscopio de colores con algo de dorado, motas de azul
oscuro y mil tonos de verde. Brillan como si estuvieran iluminados
desde adentro. Me paso la lengua por el labio inferior y pienso en cómo
sería estar dentro de ella, que me iluminara.
—Van, tienes que dejar de hacer eso. — Me lleva las manos al
pecho.
Inhalo y doy un paso más. — ¿Por qué?
—Porque estamos en medio de la escuela y la campana está a
punto de sonar y...
Un sonido estridente resuena por el pasillo. Los hombros de Red
se desploman aliviados. —Gracias a Dios. Literalmente salvada por el
timbre. — Se echa hacia atrás, se da la vuelta y corre hacia su primera
clase.

Sotelo, gracias K. Cross


Dejo caer la mochila delante de mí y cuento hacia atrás hasta
que se me pasa la erección. Mi quarterback, Roman Park, se detiene
a mi lado. — ¿Estás bien, Van?
Asiento. —Sí, solo estoy pensando en que hoy debería haber
corrido un poco más en el entrenamiento. — Y tal vez así no estaría
haciendo palos de madera en la escuela.
—Espero que no estés pensando en chicas. Estamos en un
noviembre sin locuras.
—Estamos en octubre.
—Imagina que es noviembre.
Y una mierda.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 5
FLEUR

Leal. La palabra rebota en mi cabeza durante toda la primera


clase. Supongo que Van sería del tipo leal. Va bien con su
personalidad. Solo que no pensé que molesto también sería parte de
él. Adorablemente molesto.
No, no es adorable, solo es molesto. Tengo que recordarlo. Van
no es para mí, y cualquiera con media neurona sabría que él y yo
juntos es irrisorio. Porque mientras él es leal, yo soy... mi mente se
queda en blanco por un momento. No creo que furtiva y leal vayan
juntos en absoluto. Somos opuestos en muchos sentidos.
Van está dispuesto a renunciar a todas las mujeres para proteger
a Sadie. No sé por qué me picó cuando me recordó que nuestra
relación era solo para aparentar y proteger a otra chica. Aunque esa
chica sea Sadie. No me malinterpretes, me gusta mucho Sadie, pero
eso no me impide sentir un poquito de celos. Sé que es ridículo, pero
no puedo evitarlo. Empiezo a entender por qué a Dunc no le gusta
Van. Tiene que ser desagradable que otro hombre haga cualquier cosa
por la mujer de la que estás enamorado, y sí, Dunc está
definitivamente enamorado. Es la única manera de explicar su
estúpido comportamiento fuera de personaje.
Quiero decir, lo entiendo. Sadie es el tipo con el que podría ver a
All-American Van terminando. Encajan. Es adorable, la chica de al
lado, y seguro leal. No creo que una persona me haya sido leal en mi
vida. Todo el mundo, incluso mi mamá, suele ir detrás de algo. Todo
es un intercambio. El mundo me ha enseñado eso. Eso también se
aplica a Van. Él necesita algo de mí. Debería estar acostumbrada, pero
por alguna razón, él escuece un poco más.
Salgo unos minutos antes, con la sensación de que si no lo hago,
Van me encontrará. El Sr. Tananger no dice nada cuando entro en la
sala de prensa y me dirijo a mi mesa. El hecho de presidir el periódico
me da cierta libertad de acción en el instituto. Cuando salgo antes de

Sotelo, gracias K. Cross


clase o llego tarde, los profesores suelen pensar que voy a hacer algo
relacionado con el periódico. Siempre que puedo, lo aprovecho.
Saco las gafas de la mochila antes de abrir mis correos
electrónicos y empiezo a repasar algunos de los artículos que otros
estudiantes me han enviado para la próxima actualización del blog.
Suena el timbre, pero lo ignoro hasta que oigo una risita familiar.
Levanto la vista y veo a Dunc, Van y Sadie entrando en la sala de
prensa.
Sadie me sonríe y se acerca a mí. Inmediatamente me siento
culpable por mis pensamientos anteriores.
—Red, ¿no me has esperado? —Van rodea a Sadie, poniéndose
delante de ella para llegar primero a mi mesa.
— ¿Red?— pregunta Sadie. Dunc coloca su bolsa en el suelo
junto al escritorio que Sadie ha estado usando. Estoy acostumbrada
a que Dunc la acompañe hasta aquí, pero no creía que Van supiera
dónde estaba la sala de prensa.
—Es súper original. — Me quito de la cara uno de mis molestos
rizos.
— ¿Alguien más te llama Red?— Cruza los brazos sobre el pecho.
Odio cuando hace eso. Me cuesta todo lo que tengo dentro no
quedarme mirando sus bíceps.
—No. — admito.
— ¿Le has puesto un apodo? — A Sadie se le iluminan los ojos.
—Espera, ¿es ella la razón por la que estás aquí? — Sus ojos y los de
Dunc rebotan entre Van y yo. La expresión de fastidio que Dunc
siempre tiene en la cara cuando Van está cerca de él vacila.
—Estamos juntos. — dice Van lo suficientemente alto como para
que todos en el aula lo oigan.
— ¡Van!— siseo. Mi cara empieza a calentarse. Dios mío, me está
haciendo sonrojar. Lo odio.
— ¿Qué? ¿Por eso estabas en su habitación? — Sadie me
revienta inocentemente el lugar.

Sotelo, gracias K. Cross


Vaya mierda. Intento mantener mi cara lo más calmada posible,
sintiendo la mirada de Van sobre mí.
— ¿Estuviste en mi habitación?— Puedo oír la diversión en su
voz.
—Me perdí. — miento, clavando los ojos en Van para afirmar mi
dominio. No funciona, porque él sonríe, mostrando uno de sus
hoyuelos. Siento que mis mejillas se calientan aún más, que mi propio
cuerpo me traiciona.
— ¿Por qué no me has esperado? —Pone una mano sobre mi
escritorio, inclinándose sobre él.
—Estabas ocupado jugando con Rose.
—Solo juego en el campo, Red.
—Deja de llamarme así.
— ¿Por qué? Te gusta.
—No me gusta. — miento de nuevo. Me gusta totalmente, pero
de ninguna manera voy a admitirlo ante él.
—Mentirosa. — dice ahora con una sonrisa de oreja a oreja.
¿Cómo demonios hace eso? Me doy cuenta enseguida de que el
hombre sabe distinguir cuando miento. Es desarmante, y no me gusta.
Me siento desnuda.
— ¿No tienes clase o algo? — Les hago un gesto despectivo con
la mano y vuelvo a fingir que leo la pantalla del ordenador.
—Tenía que venir a averiguar por qué mi chica me está
esquivando.
—No te estoy esquivando. Estoy ocupada. — Le echo un vistazo.
Me está mirando abiertamente. Miro alrededor de la habitación y veo
que todos los demás nos están mirando también. Incluso el Sr.
Tananger. Ahora sí que se va a correr la voz. Esa es probablemente la
verdadera razón por la que Van está aquí. Quiere asegurarse de que
todo el mundo lo sepa. Entonces, tal vez se retractará de esta
exageración.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Qué están mirando? ¡Tenemos plazos!— Corto. Todos
apartan rápidamente la mirada. Excepto Van. — ¿Hemos
terminado?— Vuelvo a centrar mi atención en él.
Retira la mano de mi mesa antes de rodearla. Se inclina. Sé que
debería apartarme o inclinar la cabeza en otra dirección, pero no
puedo echarme atrás. Van se inclina y me da un beso rápido en los
labios.
—No he terminado, Red. — dice antes de darse la vuelta y salir
del aula, dejándome sin palabras por primera vez en años.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 6
VAN

—Espero que no estés jugando con ella. — Sadie me ha


acorralado en la casa. Todavía la llamo así porque no es mi casa. Este
lugar pertenece a mi papá biológico y a mi hermano no biológico Dunc.
Dicho hermano está sentado en el rincón de la cocina que da al patio
trasero fingiendo estar absorto en algún juego en su teléfono. Digo
fingiendo porque es obvio que está escuchando a escondidas.
— ¿Cuándo he jugado con chicas, Sadie? — Le revuelvo un
mechón de pelo. El gesto hace que Dunc se ponga tenso. Me froto el
pelo entre los dedos mientras veo cómo sus hombros se juntan cada
vez más. Seguramente ha hecho algún voto de no pelearse conmigo.
Sadie se enojó bastante con él la última vez que discutimos en su fiesta
de cumpleaños. La misma fiesta que Red abandonó para colarse en mi
habitación.
Sadie se da cuenta de lo que estoy haciendo y se suelta de mi
agarre. Frunce el ceño. —No enojes a Duncan. — En voz más alta,
dice: —Lo hace a propósito para fastidiarte. No reacciones.
Dunc se queda mirando por la ventana, probablemente
imaginando diez formas diferentes de matarme, antes de girarse para
mirarnos. —No te preocupes, nena. Estoy guardando toda mi energía
para ti. — Le guiña un ojo largo y lento.
Es jodidamente cursi y me da vergüenza, pero Sadie se pone rosa
brillante. Vaya, odio esto. La idea de que mi hermana tenga... Ni
siquiera puedo terminar de pensarlo. No quiero pensar en ella
haciendo una mierda así. No importa que ella y yo no compartamos
sangre. Es mi hermana.
—Dile a mamá y a Cooper que tengo una cena de posición esta
noche. — Cojo las llaves de la encimera y casi corro hacia la puerta.
Detrás de mí, oigo a Duncan riéndose. Ese imbécil. Sabe exactamente
cómo vengarse de mí.

Sotelo, gracias K. Cross


Llego al Backdoor diez minutos antes, esperando una mesa
vacía, pero Smurf ya está ahí. Me saluda cuando me ve en la puerta.
—Llegas pronto. — me dice mientras acerco una silla de madera.
—Me moría de ganas de verte, Smurf. Una hora sin ti es como
una hora pasada en el vacío.
— ¿Eso es Shakespeare?— Frunce el ceño.
—Me lo he inventado.
—No está mal. Voy a robarlo y usarlo con la Srta. Funnel. —
Escribe algo en su aplicación de notas.
— ¿Llegas a algo con ella?— Parece bastante resistente a
cualquier travesura de colegial, pero ¿qué sé yo?
—El progreso es lento, pero se está haciendo. Todo lo que vale la
pena requiere esfuerzo.
—No el discurso de la Srta. Funnel. — suspira Tucker Yates. Es
nuestro receptor estrella. Una cena de posición es una cosa de una
vez a la semana donde todos los que juegan en una posición similar
se reúnen. El cuerpo de receptores está formado por wide receivers y
tight ends. Somos ocho. Smurf es titular desde que era un novato y es
rápido. Yo soy más grande y más fuerte, pero él podría superarme en
una carrera a pie. Yates es algo más rápido. Además, tiene buenas
manos y corre buenas rutas. A ambos les gusto porque soy bueno
bloqueando y una absoluta bestia en la zona roja. Aplica presión y soy
aún mejor. Tengo los dedos pegajosos, lo que significa que atrapo todo
lo que me lanzan. También ayuda el hecho de que, con mi metro
ochenta, soy más alto que la mayoría de los defensas y esquineros que
intentan defenderme.
— ¿Qué hay de malo en que diga que la perseverancia tiene
premio?
—Hay un límite cuando la perseverancia se convierte en tontería,
y tú lo estás alcanzando. Solo te queda un semestre y medio. ¿Cuándo
vas a hacer un movimiento?
—No puedo hacer que despidan a mi fav, ¿verdad?

Sotelo, gracias K. Cross


—Tiene razón. — Le hago señas a una camarera. — ¿Puede
traernos ocho hamburguesas especiales con aros de cebolla y papas
asadas?
—Sin aros de cebolla para mí. — Tucker agita las manos. —
Tengo una cita después de cenar esta noche.
—Creía que era noviembre sin locuras. — le recuerdo a mi
compañero.
—Smurf es nuestro capitán, ¿verdad? No vamos a cumplir esa
regla que se inventó Roman Park. — Tucker lanza una mirada
suplicante en dirección a Smurf.
Smurf se mueve incómodo y suspira. —Mira, mientras ganemos,
puedes hacer lo que quieras, pero si se te cae un solo balón, entonces
Park hará que la línea O nos sirva los balones en nuestra próxima
cena de posición. — Hace una pistola con el dedo y me apunta. —Así
que será mejor que tengas cuidado con Fleur.
—Puedo andar y mascar chicle al mismo tiempo. — le respondo.
El resto de nuestros compañeros llegan al mismo tiempo que la
comida. Lo arrasamos todo en unos treinta minutos. Smurf nos da un
breve repaso a un par de jugadas especiales y a algunas defensas que
le gusta hacer a Washington Sur, y luego nos vamos.
Tucker me hace señas para que me acerque a su camioneta. —
Espera aquí. — me dice. Mete la mano en la parte trasera y saca una
botella de enjuague bucal. —Por tus aros de cebolla.
Me limpio la boca y escupo el resto del líquido. —Gracias.
—Somos compañeros de equipo, así que tenemos que
permanecer juntos. Además, no podemos tener a Fleur escribiendo
sobre cómo apestan los jugadores de fútbol. Es malo para nuestra
reputación. Ahora representas a todo el equipo. No nos defraudes. —
Me golpea en la espalda.
—Mierda, primo, yo no soy el que perdió dos pases en la práctica
de hoy. Tendría cuidado con dejar que alguien se acercara a mi saco
si alguna vez tuviera la hidropesía. — Chasqueo mi lengua contra el
paladar.

Sotelo, gracias K. Cross


—Solo tienes dos pases en un partido. Tienes que hacer que
cuenten. — replica Tucker. Aprieta el tapón de la botella de enjuague
bucal y la tira en el asiento trasero. —Me voy. Recuerda. Reputación.
—De acuerdo, Tucker Swift, me aseguraré de tenerlo en cuenta
cuando esté con Fleur. — Pongo los ojos en blanco.
Lo último en lo que voy a pensar con Fleur es en el equipo de
fútbol. Llego a su apartamento y subo las escaleras de dos en dos.
Levanto la mano para llamar, pero el sonido de gritos detrás de la
puerta me hace detenerme.
—Maldita sea, Fleur, ¿dónde están mis malditos zapatos? ¿Te los
has puesto?
Se oye un murmullo que no consigo descifrar.
—Seguro que sí, porque no los encuentro. Te dije que no tocaras
mis cosas. He quedado con Richard dentro de treinta minutos y
necesito esos zapatos. No, no puedo llevarlos. Le gustan los tacones
de aguja. Tienes que aprender a complacer a un hombre, Fleur, o vas
a terminar sola. ¿Es eso lo que quieres? ¿Estar sentada por ti misma,
sola, luciendo como algo que ni siquiera un hombre borracho tocaría?
Inhalo rápidamente. ¿Así es su vida en casa? Joder, no puedo
dejar que la maltraten así. Golpeo la puerta. Se abre de golpe y una
mujer delgada y pelirroja me recibe con ojos desconfiados. — ¿Quién
eres? — me pregunta enojada, pero luego su expresión se suaviza. —
Vaya, vaya, los repartidores son cada día más atractivos. Pasa, cariño.
No me acuerdo de lo que he pedido.
Por encima de su cabeza, hago contacto visual con Fleur. Su cara
está pálida y la chispa de sus ojos ha desaparecido. Parece como si
nunca hubiera querido ver menos a nadie en su vida.

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Capítulo 7
FLEUR

De todas las personas que podrían haber estado en mi puerta,


ésta es absolutamente la última persona en la tierra que quiero que
sea. La vergüenza me golpea como un maremoto.
—Soy Van. — Mantiene sus ojos fijos en los míos mientras se
dirige a mi mamá, a la que se le cae la baba. No tiene vergüenza. Van
está en el maldito instituto. No es que se pueda decir por su
apariencia. Parece todo un hombre. Van esboza una sonrisa
encantadora, dejando ver sus hoyuelos. —El novio de Red.
— ¿Qué?— Mi mamá se gira para mirarme. Se me pega la lengua
al paladar. Mi mamá siempre ha tenido esa habilidad para hacerme
callar. No es que me falten las palabras. Hay tantas que me gustaría
decir, pero nunca salen de mis labios.
— ¿No se lo ha dicho?— Van se pasa los dedos por el pelo corto
y oscuro. —Se ha resistido, pero al final la he convencido para que me
dé una oportunidad. — No sé cómo lo consigue, pero pone cara de
avergonzado, como si le diera un poco de vergüenza. Si no quisiera
que se abriera un agujero en el suelo y me tragara, probablemente
toda esta situación me parecería entrañable. Tal vez incluso un poco
desvanecedora. Me recuerdo una vez más que todo esto es una
actuación. Una que se le da muy bien.
—No me ha dicho nada. — Los ojos de mi mamá vuelven a
recorrer a Van. Estoy segura de que está tratando de encontrar un
defecto que explique por qué sale conmigo o me persigue. Buena
suerte. No encontrará ninguno porque él es irritantemente perfecto.
Toda su vida lo es.
— ¿Te olvidaste, nena? Íbamos a trabajar en ese artículo. —
Cierra la puerta principal. No hace mucho que conozco a Van, pero sé
que es inútil que intente discutir con él. No irá a ninguna parte sin
luchar. Lo que más deseo es alejarlo de mi mamá, así que cedo.

Sotelo, gracias K. Cross


—No, déjame coger mi bolso.
—Y un abrigo. Hace frío afuera. — me dice. No quiero dejarlo solo
con mi mamá más tiempo del necesario. Cuando vuelvo al salón, mi
mamá le está preguntando cuánto entrena. No puedo con ella.
—Vámonos. — Agarro la mano de Van para sacarlo rápidamente.
—No hagas nada que yo no haría. — grita mi mamá por la puerta
principal.
Mi mamá nunca aparecía en los actos escolares ni en las
reuniones de profesores. No estoy segura de que sepa dónde está mi
colegio, así que nunca he tenido uno de esos momentos embarazosos
de mamá que tienen los niños delante del colegio. Pero estoy bastante
segura de que esto tiene que superar a esas diez veces.
— ¿Qué haces aquí?— Intento soltarle la mano cuando llegamos
al estacionamiento, pero Van no me deja.
—Quería verte.
— ¿Querías verme?— repito. Las mariposas se apoderan de mi
estómago ante sus palabras. ¿Qué demonios?
—Sí. — Se encoge de hombros.
—Haz una foto.
—De acuerdo. —Va a sacar su teléfono y se lo arrebato de la
mano.
—Estaba siendo una sabelotodo.
—Vamos a dar una vuelta. — Me toma de la mano para llevarme
a su coche y me abre la puerta.
—Probablemente esté mirando. ¿Puedes dejarme a la vuelta de
la esquina?— Le devuelvo el teléfono.
—Sube, Red, o te beso.
—No harás tal cosa. — Me relamo estúpidamente, sin poder
evitarlo. Llevo más tiempo del que debería pensando en ese beso
rápido que me dio. No necesito otro.

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—Apuesta. — Me meto en el coche. —Eres dura con el ego de un
hombre, Red. — lo oigo decir mientras cierra la puerta detrás de mí,
haciéndome reír. —Cinturón de seguridad. — me dice cuando se mete
en el coche y sale del estacionamiento.
Veo que el novio de mi mamá se detiene cuando salimos.
Nuestros ojos se cruzan antes de que los suyos se conviertan en una
mirada fulminante.
— ¿Quién es?
—El novio de mamá. — Le digo. Van murmura algo en voz baja.
—Hay una pequeña librería dos calles más allá. ¿Puedes dejarme
ahí?
—Es casi de noche. No voy a dejarte en ningún lugar. Te llevaré
ahí si quieres ir, pero entraré contigo.
—Siempre eres tan mandón.
—No creía que fuera mandón hasta que llegaste tú, Red. Seguro
que tú me haces así.
— ¿No crees que sería más fácil tratar con algunas chicas en la
escuela que conmigo?
—Quiero tratar contigo.
—Serías el primero. — Al segundo de pronunciar las palabras,
me arrepiento. Siento sus ojos clavados en mí mientras nos sentamos
frente a un semáforo. Mantengo mi atención dirigida hacia la ventana.
— ¿Tienes hambre?— Van pregunta después de que el silencio
se alargue demasiado.
—Estoy bien. — Me encojo de hombros.
—Yo invito. — Su tono es juguetón, pero sigue cayéndome mal,
y sé que es porque ya ha estado dos veces en mi apartamento de
mierda mientras yo estoy en su coche de lujo.
—Tengo mi propio dinero. Incluso tengo un trabajo.
—Pero eres mi chica. Se supone que tengo que comprar.

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—Bien. Es tu billetera. Pero no creas que porque soy un frijolero
no puedo ganarte.
—Lo sé. Almorzamos juntos y te llevaste todas mis papas fritas
y una porción de pizza.
—No sé a dónde va todo.
—A tus piernas. — dice sin perder el ritmo.
— ¿Mis piernas?— Siempre me he sentido un poco incómoda con
mi altura.
—Tienes piernas para días, Red.
— ¿Eso es bueno?— pregunto.
—Las disfruto.
— ¿Las disfrutas?— Me río, no sé cómo es posible.
—No estoy seguro de que estés preparada para saber más sobre
eso.
—Disfruto sabiéndolo todo. — le recuerdo.
—Digamos que disfruto pensando en ellas a mí alrededor de
muchas maneras. — Una oleada de calor se instala justo entre dichas
piernas.
— ¿Me estás tomando el pelo?
—Como he dicho, Red. No estás preparada.
Tampoco estoy segura de estarlo. Me gustaría estarlo, pero el
miedo a que me hagan daño siempre gana. ¿Pero quién sabe? No creo
que Van haya perdido nunca en nada.

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Capítulo 8
VAN

Red no me ha mirado a los ojos ni una sola vez desde que subió
a mi coche. Se ha quedado mirándose las manos entrelazadas en el
regazo, ha visto pasar el paisaje, ha contado todas las mesas por las
que hemos pasado dentro del restaurante y ahora está ocupada
reorganizando los cubiertos.
—Hablemos de ello. — le digo.
— ¿Sobre qué?
—Del elefante en la habitación. La situación familiar. No hay
razón para avergonzarse. Mira de dónde vengo.
Empuja los cubiertos a un lado y apoya los codos en la mesa
como si estuviera a punto de entrevistarme. —Para ser sincera, no
conozco toda tu historia. En el colegio se especula, pero nadie tiene
muy claro lo que pasa, aparte de que tú, Sadie y Duncan viven juntos
con otros tres adultos. Quiero decir, algunas personas incluso están
diciendo que hay una situación de poligamia en marcha, que no se
juzga si esa es tu estructura familiar.
No sé si lo dice porque quiere asustarme para que no hable de lo
que pasa en su vida, pero aunque mi vida es un desastre, no voy a
ocultar nada. —Así que la historia completa es que mi mamá, Fischl,
quedó embarazada de mi papá, Cooper, pero la mamá de Fischl no
quería que nadie supiera de su naturaleza pecaminosa, así que envió
a Fischl lejos e iba a hacer que mamá me diera en adopción. Mamá se
negó, encontró a Sebastian, que la acogió, y juntos nos criaron a mí y
a Sadie, que es hija de Sebastian. Luego nos mudamos aquí por culpa
de unos imbéciles, y Coop descubrió que yo era su hijo. — Fue extraño
lo rápido que conectó los puntos. Todos dicen que nos parecemos, pero
yo no lo veo. —Dunc es en realidad el sobrino de Coops que adoptó
tras la muerte de su hermana. Así que, técnicamente Dunc es mi
primo pero se considera mi hermano. Y ahora vivimos todos juntos

Sotelo, gracias K. Cross


intentando ser una familia feliz. No está saliendo perfecto. Se te ha
caído la mandíbula.
Red cierra la boca y coge su menú. Frunce el ceño y le da la
vuelta. — ¿Por qué mi menú no tiene precios?
Sonrío un poco ante su rápido cambio de tema. —Aquí la comida
es gratis.
—Ja, ja, pero hablando en serio, ¿tengo uno defectuoso? —
Intenta arrancarme el mío de las manos. Se lo quito.
— ¿Qué más da? Yo pago. — Veo que quiere discutir conmigo.
Orgullo, supongo. —No discutamos. Herirá mi frágil ego masculino.
—Lo dudo mucho. Tu ego está tan sano que probablemente
podría tirarle un ladrillo y rebotaría y me daría en la cabeza.
Llega el camarero y pido dos filetes de ternera con puré de papas
y mazorca de maíz. —Con un entrante de marisco. — añado, sin
importarme que ya he comido. Quiero asegurarme de que Red se sacie.
— ¿Quién más viene?— pregunta Red.
—Nadie. ¿Por qué?
—Porque pediste comida suficiente para un ejército.
—Yo tengo hambre, y tú también, y lo que no nos acabemos nos
lo podemos llevar a casa. Siempre me apetece un sándwich de carne
fría. Ahora escupe.
Red arruga la nariz. —Por eso soy periodista. Me gusta hacer las
preguntas, no responderlas.
—Haz como si te estuvieras entrevistando a ti misma. — No la
voy a dejar escapar. Tiene que saber que su situación familiar no me
molesta. No hay nada que esté pasando en su vida que sea una
vergüenza o que me aleje. La única manera de que lo crea es que me
lo cuente todo.
Se queda callada, picoteando el pan que nos ha traído el
camarero. Después de arrancar una rebanada entera y hacer
montoncitos de pan en su plato, suspira. —Está bien. Mi mamá está...
necesitada, y supongo que esa necesidad solo la pueden satisfacer los

Sotelo, gracias K. Cross


hombres. No lo entiendo, y es vergonzoso, y realmente solo quiero que
finjas que tengo un papá normal y una vida normal.
—Es normal. — Le unto mantequilla en una rebanada de pan y
se la pongo en el borde del plato. —Las familias normales son difíciles,
extrañas y disfuncionales. Son las familias bien avenidas las que no
son normales.
—Creo que las familias bien adaptadas son las normales.
Disfuncional significa literalmente no funcionar como la norma.
—Las definiciones de diccionario son aburridas, pero asumamos
que tienes razón...
—La tengo.
— ¿Qué importa si nuestros mundos están fuera de lugar? No
puedo entenderlo todo. Dunc me enoja casi a diario. Creo que nunca
sentiré que Coop es mi verdadero papá. Sebastian me crió. Tampoco
me emociona tener que mudarme de mi antigua escuela a esta nueva.
Pero todo eso no importa porque Sadie necesitaba un nuevo hogar o
no iba a lograrlo. Y eso es lo que pienso de ti.
— ¿Que necesito un nuevo hogar o no lo voy a lograr?
Sacudo la cabeza. —No. Solo digo que no eres tu mamá. No
tienes por qué avergonzarte de nada de lo que haga tu mamá. Eso es
cosa de ella. Tú solo eres responsable de tus propios actos. Así es como
yo lo veo. ¿Me estás mirando y pensando que la familia de Van es rara y jodida, así
que él es raro y jodido? No. Estás pensando que Van es un hijo de puta caliente, y
mis bragas están mojadas pensando en todas las cosas sucias que podría hacerme.
Las mejillas de Red se vuelven, bueno, rojas. Como un profundo
tono escarlata. Me rasco con los dientes el labio inferior. Se verá linda
excitada. Pezones rosados y firmes. Ese rubor profundo extendiéndose
por sus tetas. Apuesto a que su coño está igual de maduro y delicioso.
Se me pone dura de pensarlo. Menos mal que estas mesas tienen
manteles para no asustar a los camareros que se acercan con la
comida.
— ¿Por qué me miras así?— exige Red.
—No quieres saberlo.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Es por lo de la pierna de antes?
—Sí, pero peor.
Se frota la frente como si le hubiera dado dolor de cabeza. —Odio
no saber cosas. Además de tener que responder preguntas, tampoco
me gusta estar a oscuras.
—No estás a oscuras, Red. Sabes exactamente lo que pienso,
pero no quieres decirlo en voz alta porque no estás preparada. Cuando
lo estés, me dirás exactamente lo que me pasa por la cabeza y te lo
representaré. Come tu filete. Se va a enfriar.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 9
FLEUR

En cuanto suena mi teléfono, sonrío. No puedo evitarlo. Por


suerte, estoy sola en mi habitación, así que nadie puede verlo. Cierro
el portátil y lo tomo. Sé quién es incluso antes de mirar. Mi pantalla
muestra un mensaje de NOVIO en mayúsculas con un corazón al lado.
Van añadió un nombre a su contacto cuando se dio cuenta de que no
tenía ninguno. Le puse los ojos en blanco, pero en secreto me gustó y
no lo he cambiado. Eso pasó hace días.

Vas a venir esta noche.


Odio lo mucho que me excita su mandonería. Tiene que haber
algo malo en mi cuerpo.

¿Voy a ir?
En cuanto envío el mensaje me dan ganas de darme una patada.
¿Por qué demonios estoy jugando a esto? Así es, porque consigue una
reacción de él, y nunca decepciona. Últimamente no hay nada que me
guste más que molestar a Van.

Voy para allá.

¡OMD! Estaba bromeando. Tienes un juego.


Lo último que necesito es la ira de nuestra escuela porque el
receptor estrella abandonó un partido por mi culpa.

O vienes al partido o voy.


Me muerdo el labio. Van se ha ido metiendo poco a poco en mi
piel. Es persistente, cosa que respeto y comprendo. Todas las
mañanas viene a buscarme sin falta. He aprendido que no es fácil con
sus horarios. Hace lo mismo para llevarme a casa después del colegio.
Ahora incluso me trae el desayuno. Es la primera vez en mi vida que
alguien se esfuerza por mí. Me asusta.

Sotelo, gracias K. Cross


Estoy trabajando.
No es una mentira total. Debería estar trabajando, pero mi
próximo artículo para Social Pop está siendo un grano en el culo. ¿Por
qué? Porque también lleva de regreso a Van. Alguien descubrió que
voy a la escuela con él. Ahora, están encima mío para que escriba un
artículo sobre él. Mi escritura independiente está sangrando en mi
vida real. Normalmente es algo que hago bajo el radar.
Supongo que Van va a ser la próxima gran cosa. Un millón de
universidades están tras él. Sabía que el equipo y el entrenador se
volvieron locos cuando se unió al equipo, pero no tenía ni idea de lo
grande que es. No es de extrañar que todas las chicas de la escuela
quieran un pedazo de él.
Incluso sin fútbol, Van es un hombre decidido. Parece capaz de
hacerlo todo. Es impresionante. También es demasiado seductor. Me
estoy convirtiendo rápidamente en una de sus groupies. Solo que lo
disimulo mejor que las otras chicas de la escuela. En realidad, todo es
culpa suya. Cuanto más me rodea, más me enamoro de él. Realmente
intento resistirme porque no quiero acostumbrarme a tenerlo cerca.
Es demasiado bueno para ser verdad. Y ya sabes lo que dicen de las
cosas que son así. Nunca duran.
En todo momento, todas sus acciones son para cuidarme. Con
todos sus esfuerzos por ser mi novio falso, creo que sería más fácil
conseguir una novia de verdad. Como todas las cosas en su vida, se
destaca por ser el mejor novio mandón. Que también es súper
comprensivo. Lee todo lo que escribo. Al menos las cosas que conoce.
El periódico escolar ya hizo un artículo sobre él. Envié a Clare a
hacerlo. Ella está en el equipo de porristas, así que tenía sentido. Odié
cada segundo de eso. Al principio, no le dijo nada. Luego se lo pedí y
respondió algunas de sus preguntas. Fue suficiente para que ella
pudiera escribir un pequeño artículo, pero él no le dio mucho. Estaba
muy enojada, y puede que también secretamente contenta de que los
métodos de Clare no funcionaran con él. Es buena sacándole
información a la gente.

¿Dónde estás?

En mi cama trabajando.

Sotelo, gracias K. Cross


Mándame una foto.
Miro la camiseta que llevo puesta. Van me la regaló hace unos
días. Tiene su número y su nombre. Le dije que nunca me la pondría.
Sin embargo, he dormido con ella todas las noches desde que me la
regaló. De ninguna manera me mostraría usándolo. Nunca me dejaría
vivirlo.

Ve a jugar al fútbol o algo.

Sadie irá a recogerte. Ponte la camiseta que te regalé.

¡Van! El trato era que yo hacía de tu novia y tú me dabas jugosos chismes. No


me has dado nada. Creo que tal vez deberíamos romper.
La última frase duele al escribirla. Cada vez que alejo a Van, me
duele, pero cuando él me devuelve el empujón, es un subidón. No sé
a qué juego, pero cada vez me juego más.

Está en camino.
Al mismo tiempo que recibo el mensaje, oigo algo en la puerta
principal. Salto de la cama para ver. Apenas llego al pasillo y veo al
novio de mi mamá. Ella está en el trabajo, así que no estoy segura de
qué hace él aquí.
—Mi mamá no está aquí. — suelto, preguntándome cómo ha
entrado. Me da escalofríos. Sé que he cerrado la puerta. Siempre lo
hago. Richard muestra una llave, respondiendo a mi pregunta no
formulada.
—Pronto estará en casa. — Me responde. Su definición de
“pronto” y la mía deben de ser muy diferentes porque sé que faltan al
menos otras tres horas para que salga. — ¿Tienes hambre?— Se
acerca. Quiero dar un paso atrás pero tengo los pies clavados en el
lugar. No ha hecho nada, pero mi ansiedad y mi miedo se disparan al
estar aquí a solas con él. Mi mente me pide a gritos que salga pero sigo
sin moverme. Solo niego.
—Seguro que podemos encontrar algo que hacer hasta que
llegue tu mamá. — Alarga la mano y me pasa uno de mis rizos por
detrás de la oreja. El miedo me invade. Mi cuerpo me pide a gritos que
me mueva, pero no lo hago. Soy un ciervo atrapado en los faros.

Sotelo, gracias K. Cross


Llaman a la puerta, rompiendo el control que tenía sobre mí. —
Debería contestar. — Corro a su lado hacia la puerta principal.
Cuando la abro, veo a Sadie de pie con su novio y guardaespaldas
personal Dunc detrás. Nunca me había alegrado tanto de ver gente. O
más agradecida de que Van sea tan insistente y los haya enviado aquí.
— ¡Hola! — me dice. —Van dijo que necesitabas que te llevara.
— Miro a Richard por encima del hombro.
—Sí, déjame recoger mis cosas.
Van siempre consigue lo que quiere. Esta vez creo que me salvó
de una forma que no quiero ni empezar a intentar comprender.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 10
VAN

—No es nuestro último partido. No es una rivalidad feroz. Se


espera que ganemos. Si alguno de estos pensamientos está nadando
por su cabeza en este momento, sacúdanselos. Ese tipo de mentalidad
nos llevará a sorpresas desagradables. Cada partido es difícil. Cada
jugada puede salir mal. Sé listo. Sé fuerte mentalmente. Sé un
troyano. — El entrenador Pelican levanta el puño en el aire y todo el
vestuario estalla. Gritamos: — ¡Sé un troyano! ¡Sé un troyano!— cada
vez más rápido hasta que solo se oye un cántico de “¡Derrotar!
¡Derrotar! ¡Derrotar!” a través del túnel. Corremos hacia delante entre
el humo y las bengalas, golpeándonos el pecho y golpeando los cascos
entre las palmas de las manos.
El equipo contrario se agita inquieto en la banda mientras los
tambores y los metales de la banda tocan nuestra canción escolar. Las
animadoras lanzan sus pompones al aire y los aficionados de las
gradas rugen al unísono. Llevo el fútbol en la sangre. Me encanta. Me
giro hacia las gradas y agito los brazos para que el público aumente el
volumen, y así es. Echo un vistazo a la sección de estudiantes hasta
que veo a Fleur. Está tapada y apenas aplaude, pero está aquí. Le
guiño un ojo y la señalo con el dedo. La mitad de nuestros compañeros
giran la cabeza en su dirección, lo que hace que la editora del periódico
escolar se encoja. Sadie la levanta y saluda entusiasmada en mi
dirección. Tendré que acordarme de comprarle a Sadie un gran regalo
para su próximo cumpleaños, ya que me está cubriendo las espaldas.
— ¿Te has enterado de las noticias?
Aparto los ojos de Fleur para ver a Tucker a mi lado. Tiene el
casco medio puesto, medio quitado, y un paquete de chicles en la
mano. Me ofrece un chicle. Lo cojo porque es nuestra rutina. — ¿Cómo
noticias del mundo, del colegio o de fútbol? — pregunto después de
meterme el chicle en la boca. Uno de los responsables del equipo se
acerca y coge mi envoltorio de papel de aluminio para tirarlo en algún

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lugar. Una cosa de ser titular en un equipo de fútbol es que no tendría
que limpiar mi propia mierda si no quisiera.
—Fútbol. — ¿Cuándo me han importado las noticias del mundo?
—Nunca. Me disculpo por siquiera sugerir que podrías tener un
interés fuera de esto. — Hago un gesto hacia el césped.
—Gracias. Estoy orgulloso de ser inculto e ignorante. Es muy
agradable en esta burbuja. En fin, a lo importante. Bubbles Anderson
ha dicho que permitirá que el máximo goleador del partido de esta
noche viole cualquier agujero de su cuerpo. — Me mueve las cejas.
— ¿Qué pasó con el noviembre sin locuras?
—Ya te lo he dicho. Solo Smurf está haciendo esa mierda. —
Bastante seguro de que sí, a no ser que consiga que la señorita Funnel
se anime, pero eso me lo guardo para mí.
—Haré que el entrenador te prepare una jugada al final del
partido, entonces, para que puedas marcar uno más que yo.
Tucker ladea la cabeza. — ¿No me has oído? Cualquier hoyo. En
Bubbles. Bubbles. — Se lleva las manos al pecho para enfatizar el
serio perchero que lleva Bubbles. No tengo ni idea de quién está
hablando.
—No me interesa.
— ¿Cómo no te va a interesar? Tienes una polla. Incluso a los
gays les pone Bubbles.
—Esos tipos serían bisexuales en lugar de homosexuales.
— ¿Realmente estamos teniendo un debate sobre sexualidad?—
Tucker levanta las manos. — ¡Se supone que esto debe motivarnos!
Intentamos ganar.
Me río y le doy una palmada en el hombro a un frustrado Tucker.
—Vamos a ganar. Voy a poner tantos puntos en el marcador que los
Whirlwinds de ahí van a empezar a dar vueltas en sus tumbas, pero
no lo hago para poder acceder a Bubbles Anderson. Tengo una chica.
— Hago un gesto con el pulgar hacia las gradas. —Fleur, ¿recuerdas?
Tucker frunce el ceño. —Creía que era una broma o algo que
hacías porque te pagaban.

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Es mi turno de fruncir el ceño. — ¿Por qué ibas a pensar que era
una broma? Fleur está jodidamente caliente.
—Sé que es caliente pero...
Eso me hace fruncir aún más el ceño. ¿Por qué está Tucker
pensando en el cuerpo de Fleur? Ella me pertenece. Nadie más debería
pensar en ella. — ¿Por qué dices que mi chica es caliente?
—Acabas de decir que Fleur...
Mis manos se cierran involuntariamente. —No hables de Fleur.
—No lo he dicho. Solo dije... — Se corta. —Joder, ni siquiera sé
lo que estaba diciendo. — Se rasca un lado de la cara. —Me siento
como si estuviera caminando por la banda y de repente acabara en la
Antártida.
Me digo a mí mismo que me calme. Tucker es mi amigo y
compañero de equipo. No tocaría a Fleur. Hay un código. Las novias
de los compañeros de equipo están fuera de los límites, y a pesar de
que Tucker viola constantemente todas las reglas del equipo, esa es
una línea que no cruzaría, y si lo hiciera... bueno, entonces tendría
que matarlo. Lo que le digo. —Bien. No pienses en ella o enviaré tu
cadáver a la Antártida.
— ¿Algún problema, chicos?— El entrenador se acerca,
probablemente presintiendo algo.
—No, Tucker se puso a pensar en los problemas del mundo y
acabó con la cabeza en el Polo Norte.
El entrenador arquea una ceja mirando a Tucker. —La cabeza
en el juego, hijo. El saque inicial está a punto de empezar.
Tucker sacude la cabeza. —Todo lo que estaba tratando de hacer
era compartir algunas buenas noticias sobre Bubbles.
— ¿Qué pasa con Bubbles?— El entrenador quiere saber.
—Ni idea. — Me bajo el casco y me giro para ver si Fleur me está
mirando. Me mira. Hago una pistola con el pulgar y los dedos y la
apunto. Mírame, vocalizo hacia las gradas.

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El entrenador frunce las cejas. — ¿Estás haciendo ojitos a una
chica, Van? Tu cabeza debería estar en el partido, no en tus
pantalones.
—No te preocupes. Este va a ser el mejor partido que he jugado
nunca. Voy a estar abierto en cada down, así que mejor que Park me
la tire. Vamos por un record.
— ¿Qué récord?
—Cualquiera que exista, lo voy a batir esta noche, y todo porque
ella —hago un gesto hacia Fleur, que ahora vuelve a intentar
esconderse detrás de Sadie— está aquí. De hecho, voy a destacar tanto
esta noche que le van a hacer un lugar dedicado en primera fila para
todos los partidos, porque querrán que se repita la actuación de esta
noche.
Le lanzo al entrenador una sonrisa arrogante, a la que él
responde con un movimiento de cabeza, pero al final de la noche, el
entrenador está a mi lado y me pregunta, con una expresión muy seria
en la cara: — ¿Dijiste primera fila?
—Adelante y en el centro. — respondo con una sonrisa.

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Capítulo 11
FLEUR

No sabía que se podía querer animar algo y a la vez detestarlo.


Van es un dios en el campo. He ido a algunos partidos a lo largo de
los años por el periódico. Nunca me quedaba a verlo todo, y a menudo
veía la cinta del partido si había que cubrir algo.
Es fútbol. Claro, nuestra escuela es buena en eso, pero ellos
están ahí lanzando una piel de cerdo. Digamos que no es lo mío. O no
lo era hasta que vi jugar a Van. Lo hizo parecer un maldito arte.
También me ha excitado verlo moverse en el campo.
Disfruté las primeras jugadas. Puede que incluso disfrutara
cuando me señalaba y todo el mundo se giraba para ver quién tenía la
atención de Van. Seguro que empezaron a correr rumores de nuestra
falsa relación, y no por falta de ganas por parte de Van. Eso seguro.
Ahora mismo, él es el centro del escenario y está dejando que todo el
mundo lo vea. Tiene a todo un público cautivado que trata al fútbol y
a los jugadores como dioses, así que está aprovechando la
oportunidad.
Una pequeña parte de mí empezó a disfrutarlo. No es que lo
admitiera nunca. Incluso solté algunos vítores. Entonces Bubbles
Anderson se sentó una fila más arriba de nosotros. Eso acabó con
todo. Todo mi humor cambió.
No me gustan los celos. Especialmente cuando se trata de chicas
celosas por un chico, pero me estaba consumiendo. Cada gol de Van,
quería aplaudirlo. Luego quise darle un puñetazo en la garganta
después de oír a Bubbles hablar de sus planes y de la fiesta después
del partido. Intentaba con todas mis fuerzas mantener la compostura,
pero ella estaba animando poco a poco al monstruo de ojos verdes a
salir a la superficie.
—Te digo que Van no hacía eso por Bubbles. — Sadie intenta
susurrarme mientras salimos de las gradas después de escuchar a

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Bubbles hablar de lo mucho que Van debe quererla. Cómo se esforzó
más hoy para asegurarse la victoria.
Claro, podría haberle echado en cara lo de mi novio de mentira.
Pero sabía que eso no iba a funcionar. Además, si Van piensa que voy
a pelearme con chicas, se está buscando otra cosa. Una cosa es decir
que soy su chica, pero que se quite a sus groupies de encima él solito.
No es mi responsabilidad manejar el club de fans de Van.
Especialmente chicas como Bubble. No, gracias. Van debería haber
cortado todo esto de raíz y no dejar que llegara a este nivel. De nuevo,
no es mi problema. Honestamente no quiero tener nada que ver con
esto. Nunca debí aceptar fingir ser su chica. Fue una estupidez.
He visto cómo actúa mi mamá con los hombres. Lo odio, y sé que
no es algo que yo vaya a hacer nunca. Además, Van ni siquiera me ha
dado ninguna pista de una historia. Todo esto no tiene sentido. De
hecho, lo único que está haciendo es remover un montón de
sentimientos dentro de mí con los que no quiero lidiar.
— ¿Puedes ayudarme?— Sadie le da un codazo a Dunc. Eso
realmente no ayuda. Ver al único chico de la escuela que ninguna
chica podría aterrizar enamorarse perdidamente no es algo que quiera
tener que mirar fijamente. Aunque sean adorables.
Son un duro recordatorio de que nunca tendré algo real como
ellos. Sé que este partido de fútbol es el último lugar donde Dunc
quería estar, pero está aquí por Sadie.
— ¿Qué? A Van no le gusta Bubble. — Dunc se encoge de
hombros.
—Es Bubbles. — Corrijo a Dunc, no estoy segura de si realmente
no recuerda su nombre, pero es como Sadie la ha estado llamando,
así que le sigue la corriente. No me sorprendería si realmente no lo
recuerda.
— ¿A quién le importa?— Dunc tira de Sadie más a su lado. —
¿Tienes frío?— Sadie le pone los ojos en blanco, pero no me pierdo la
pequeña sonrisa que se dibuja en sus labios.
— ¡Cariño! — llama alguien. Todos nos giramos para ver a una
mujer que nos saluda. Va acompañada de dos hombres. Los recuerdo
de la fiesta de Van y Sadie, y sé que son sus padres. Uno de los

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hombres tiene los ojos de Sadie, así que supongo que es su papá, y el
otro tiene que ser el papá de Dunc y Van.
—Sí, así que puede que mi mamá se haya enterado de lo suyo.
— me dice Sadie en voz baja. Veo cómo se le iluminan los ojos al hablar
de su mamá. Es muy tierno que la acogiera como si fuera suya. Yo
tengo una mamá biológica que me vuelve loca.
— ¿Enterado de qué?— No estoy lista para conocer a ningún
padre. He comprado mentalmente un billete de ida para salir de lo que
sea que Van y yo tengamos ya.
—Ya sabes. — Sadie se encoge de hombros.
—No, no lo sé. — le respondo siseando, suponiendo por su
reacción que se refiere a mi falsa relación con Van.
— ¿Es ella? Recuerdo su impresionante pelo rojo de la fiesta. Es
hermoso. Soy la mamá de Van y Sadie. — Me abraza antes de que
pueda responder. Antes de darme cuenta, también la estoy abrazando.
¿Qué demonios? —He oído que estás saliendo con Van.
—Tal vez.
—Oh. — Su sonrisa vacila. —Los hombres de esta familia pueden
ser…
—Posesivos. — Tanto el papá de Van como Dunc hablan al
mismo tiempo.
—Esa es una forma de describirlo. — Ella se ríe.
—Bueno, fue un placer conocerte, pero tengo que irme. — Sé que
estoy siendo grosera, pero estoy en todas partes y lo odio. La mamá de
Van parece demasiado emocionada por conocerme.
Por muy confusa que sea su familia desde afuera, siguen siendo
una familia. Una con problemas, pero es obvio que se quieren, y no
necesito más apegos a esto. Ya es bastante pegajoso.
Ni siquiera llego a las gradas antes de que Sadie me agarre el
codo. —Somos tu transporte. — me recuerda. ¿Cómo demonios lo he
olvidado?
—Además, vamos a ir a la fiesta de después. — me dice Dunc.

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—Dunc, ¿cuándo hemos ido alguno de nosotros a la fiesta de
después? — pregunto. He oído a muchas chicas a lo largo de los años
quejarse de que él nunca iba. Siempre ha sido demasiado genial para
el instituto, si es que eso existe.
—No lo sé, pero joder. — Se pasa la mano por el pelo. —Te voy a
entregar a Van, no a llevarte a tu casa.
— ¿Entregarme?— Me burlo.
—Podemos llevarla a su casa si es lo que quiere. — Sadie fulmina
a Dunc con la mirada.
—No voy a llevarla a casa. — Por una vez, Dunc rechaza a Sadie.
— ¡Qué demonios!— Sadie le sisea.
—He visto cómo la miraba ese cabrón. No la llevaré ahí. Se la
entregaré a Van. — Dunc se pone serio. Trago saliva, recordando al
novio de mi mamá. Me había metido tanto en todo esto que se me
había olvidado. Eso es porque Van ocupa demasiados de mis
pensamientos.
—De acuerdo. Iré a la fiesta. — Me rindo. —Si me llevas. — Lo
último que voy a hacer ahora es ser entregada a Van.
Por lo que sé, Bubbles ya tiene las manos ocupadas con él.

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Capítulo 12
VAN

—Nos vemos lindos juntos, ¿no? — Bubbles arrulla mientras se


inclina hacia mí. Alguien saca una foto. Otra persona me echa una
botella de Gatorade en la cabeza. —Playoffs, allá vamos. — Tucker
aplaude.
El vestuario es un caos. Está lleno de periodistas, ojeadores,
padres, animadoras y equipo, y apenas puedo moverme. Bubbles
intenta aprovechar la falta de espacio aferrándose a mí. Le quito el
brazo de encima y me coloco detrás de Tucker.
—Haz algún bloqueo por mí. — murmuro en su oído.
Rápido de reflejos, dirige una sonrisa asesina a Bubbles. —
Dulzura, ¿eso es para mí? — Le da un golpecito en los labios fruncidos.
Mientras Bubbles se distrae momentáneamente, me acerco y le
quito el teléfono de la mano a Tessa.
— ¿Qué haces? — grita. —Devuélvemelo.
La ignoro, voy a la sección de fotos y borro la foto en la que parece
que Bubbles y yo posamos para una foto de pareja.
—Ve también a la papelera. — aconseja Tucker.
—Eso es propiedad personal. Va contra la ley borrar las fotos de
otra persona. — declara Bubbles. Su papá es abogado, así que ella lo
sabría. La ignoro y voy a la papelera a vaciarla.
—No puedo permitir que me hagas fotos. Los sentimientos de
Fleur podrían herirse si viera algo así. — Le devuelvo el teléfono a
Tessa.
Las dos chicas me miran boquiabiertas. — ¿De verdad estás
saliendo con ella?— pregunta finalmente Bubbles.
— ¿A diferencia de qué? ¿Salir con ella de fantasía?

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—Yo... nosotros... — señala a Tessa y luego hace una especie de
círculo con el dedo para incluir a toda la habitación— pensé que era
una especie de broma.
— ¿Por qué iba a ser una broma?
—Porque tú eres tú, una estrella del fútbol que está siendo
ojeada por los diez mejores equipos universitarios del país, y ella es...
— ¿Genial?— interrumpo antes de que Bubbles pueda meterse
el pie en la boca. No estoy a favor de la violencia contra las mujeres,
así que mejor corto antes de que la cosa se ponga fea.
—Um... — Tessa tararea.
—Tienes razón. Genial es un término jodidamente soso. ¿Genial?
¿Graciosa? ¿Inteligente? Como si corriera rápido para seguirle el
ritmo. — Aplaudo a las dos chicas más pequeñas en los hombros y
aprieto. —Me alegro de que todos formemos parte del equipo de
animadores de Fleur. No olviden que soy el primero de la fila. Tucker,
¿estás listo?
—Como un pavo en Acción de Gracias. — chilla.
—Pero me ganaste. — Bubbles intenta detenernos.
—No, Bubbles, no estás haciendo bien las cuentas. ¿Ves a ese
tipo de ahí?— Señalo a nuestro quarterback.
— ¿Roman? — dice.
—Sí, Roman Park. Entrega el balón. Lanza el balón. Es el capitán
de nuestro barco, así que, en realidad, todos los puntos anotados son
gracias a él. Nos ha hecho ganar. Tienes que recompensarlo.
Bubbles frunce el ceño mientras asimila esta nueva información,
pero cuando las líneas de su frente se suavizan, sé que ha aceptado
mis matemáticas futbolísticas.
—Correcto. El quarterback. — Asiente. —Vamos, Tessa. Vamos
a decirle al chico grande su premio.
Mientras las dos chicas empujan a través del abarrotado
vestuario hacia Roman, agarro a Tucker del brazo y me dirijo al
estacionamiento.

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— ¿Qué diablos significa ‘listo como pavo en Acción de Gracias’?
— pregunto cuando llegamos a mi coche.
—Ni idea. Fue lo primero que me vino a la cabeza. ¿Por qué
enviaste a Bubbles con Roman? Es un estricto observador de la
política de no locuras en noviembre.
Pisto el motor. —Ese no es mi problema.
— ¿Vas en serio con Fleur? Porque pensé que era algo que
inventaste para que la gente dejara de pensar que tú y tu hermana
eran algo. — ¿Por qué estamos otra vez con esto?
—Creo que Dunc está haciendo un buen trabajo convenciendo a
todo el mundo de que mi hermana y yo no somos pareja.
Tucker se lo piensa un segundo y luego asiente. —Cierto. Quiero
decir, Fleur está caliente con el pelo rojo y todo eso, así que podría
ver...
—Amigo, si quieres mantener las pelotas pegadas al cuerpo, será
mejor que te detengas ahí mismo.
Tucker hace un gesto con la boca y se queda callado el resto del
viaje.
La fiesta de después está en pleno apogeo cuando llegamos. Un
hombre mayor que lleva un jersey de cuello de pico color camel y luce
unas gruesas gafas nos tiende un cuenco cuando llegamos. —Las
llaves. Te las devuelvo si sacas un 0,0 en esto. — Mueve la cabeza
hacia una máquina que supongo que es un alcoholímetro.
Tucker me quita las llaves de la mano y las tira en el tazón. —No
hay problema, Sr. Severs. Este es nuestro nuevo receptor. Anotó varias
veces esta noche.
—Bien. Creí haberte reconocido. Bienvenido a casa de los Severs.
No te emborraches. No maten ninguna de las plantas y diviértanse.
— ¡Lo haremos!— Tucker saluda al hombre y luego me lleva más
adentro de la casa. —El viejo Severs es el dueño de los concesionarios
de coches de la ciudad, por eso tienen todo este dinero. Su hijo, Matty
Severs, es solo un estudiante de segundo año, pero han celebrado las
fiestas posteriores durante los dos últimos años porque quiere que
Matty empiece el próximo año.

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—No lo conozco.
—Matty todavía juega JV. Él no es tan bueno, que es la razón de
las fiestas. Ahí está tu chica. — Señala a Fleur. Está de pie detrás de
alguien sentado en una mesa intentando hacer rebotar una pelota de
ping pong en una taza. Cruzo hacia ella y le paso un brazo por el
hombro.
—Siento llegar tarde.
Se da la vuelta. — ¿Van?
—Ahora, ¿quién más te está pasando el brazo por los hombros?
— Escudriño la multitud cercana en busca de delincuentes.
—Nadie. Me sorprende que estés solo.
—Tucker está aquí. — Muevo la cabeza hacia la barra, donde
está charlando con una chica que no conozco.
— ¿Pero qué pasa con la chica?
— ¿Qué chica?
— ¿Bubbles?
Toda esta línea de preguntas me confunde. — ¿Son amigas
Bubbles y tú? No sabía que salían juntas.
—No lo hacemos, pero ella dijo que...
—Ah, ya entiendo. — Fleur debió enterarse del premio de
Bubbles y pensó que yo era el ganador. Me hace gracia, en el mal
sentido, que Fleur piense que aceptaría la oferta de Bubbles. —No soy
ese tipo de chico, Fleur.
—Pero tú y yo, somos fa...
Dejo caer mi boca sobre la suya porque ahora mismo, no estoy
interesado en escuchar que Fleur no cree que esta relación sea real.
Voy a demostrarle que lo es.

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Capítulo 13
FLEUR

En cuanto los labios de Van se posan en los míos, todo lo que


nos rodea desaparece. Siento que me rodea la cintura con el brazo,
que me aprieta contra él y que se me entrecorta la respiración. Mis
labios se separan lo suficiente para que su lengua se deslice dentro de
mí.
Dejo que me bese. Lo deseo. No hay nada que desee más en este
momento. Su lengua me acaricia suave y dulcemente. Se toma su
tiempo como si estuviera saboreando cada segundo.
—Bésame, Red. Te lo suplicaré si hace falta.
—No. — Estoy sorprendida de haber conseguido dar esa
respuesta. A pesar de que va en contra de todos mis instintos. Lo único
que quiero es devolverle el beso, rodearlo con mis brazos, que esto sea
real. Creer que siente lo mismo que yo.
—Por favor. —Me mordisquea el labio. Esa suave súplica me
hace ceder.
Esta vez soy yo la que toma su boca. Callo todos los
pensamientos que pasan por mi mente. Por una vez, quiero hacer algo
por mí misma, aunque sea por poco tiempo. Que alguien me quiera.
Que alguien me vea de verdad. No cualquiera: Van. Lo quiero más de
lo que he querido nada en mi vida.
Ese solo pensamiento debería haberme detenido, pero estoy
perdida en él. La forma en que su boca se mueve sobre la mía. Los
sonidos que hace mientras me devora la boca y le devuelvo el beso.
El calor inunda todo mi cuerpo cuando su dura polla se
introduce en mi vientre. Deslizo las manos por su pecho hasta rodearle
el cuello, intentando acercarme para sentir cada centímetro. Se me
escapa un pequeño gemido.

Sotelo, gracias K. Cross


Cuando Van levanta la cabeza, me sonríe. —Tengo que decírtelo,
Red. Creía que cuando me pusieras las manos en el cuello sería para
estrangularme. — No puedo evitar soltar una carcajada. Van desliza
su propia mano hacia abajo para agarrarme el culo.
—De acuerdo, ¡lo tenemos! Están saliendo. — grita alguien,
devolviendo todo mi mundo a la realidad. Esto no es real. Todo es una
farsa. No sé por qué sigo permitiéndome olvidarlo.
—Vete a la mierda. —grita Van, y se le borra la sonrisa. Me suelto
de él para retroceder, pero él se mantiene firme, sin dejar que me aleje
ni un milímetro. Sus ojos vuelven a posarse en los míos. —No lo hagas,
Red. No te alejes de mí.
—Todo el mundo me está mirando.
— ¿Cuándo empezó a importarte lo que pensaran los demás? —
Hundo los dientes en el labio inferior, sin tener una respuesta
inteligente a mano. Todavía estoy nerviosa por lo de los besos. Solo
Van puede conseguir que se me trabe la lengua.
—Salgamos de aquí. —Me toma de la mano y me lleva fuera de
la cocina.
— ¡Hey! Estábamos jugando. — dice Sadie. También lo había
olvidado. Me olvidé de todo cuando Van me besó.
—Tú hermana. — Intento tirar de su mano.
—Tiene a Dunc.
—Tu hermano. — Corrijo con una sonrisa burlona.
La mano de Van sale disparada y empuja hacia atrás a alguien
que casi choca conmigo. Se dan la vuelta para decir algo, pero cierran
la boca al ver a Van y murmuran una disculpa.
— ¿Cuándo vas a empezar a ver que intentar enojarme solo me
excita más?
—Así que el masoquismo es una de tus perversiones. — le digo
mientras nos movemos entre la gente. La mayoría se aparta para Van.
Él me mantiene cerca.
—Tengo una perversión, Red. — Me mira. —Tú.

Sotelo, gracias K. Cross


Mi corazón da un estúpido aleteo como si estuviera en un libro
romántico. Me lo está poniendo muy difícil. Es falso. Tenemos que
parar en la puerta para que Van tome sus llaves.
—Al menos son responsables. — digo mientras Van sopla en la
máquina.
— ¿Bebes?— Antes de que pueda contestar, sigue. —No te lo he
probado.
—Oh mi Dios. — Van me abre la puerta del pasajero.
—Eres aún más bonita cuando te sonrojas. — Me pasa el pulgar
por las mejillas calientes.
—Van. Joder, espera. — grita Dunc. Van se da la vuelta. Él y
Sadie se dirigen hacia nosotros.
Mierda.
—Vámonos. Podemos ir a besarnos a alguna parte.
Van me devuelve la mirada, con las cejas fruncidas por la
sospecha. — ¿Qué pasa, Red?
— ¿Podemos irnos?— Lo intento de nuevo, pero es demasiado
tarde. Han llegado al coche.
—Tenemos que hablar. — le dice Dunc.
—No quieres hablar con él. Ni siquiera te cae bien. — le recuerdo
rápidamente.
—Fleur, hemos ido juntos al colegio desde la guardería. Puede
que sea imbécil... — dice Dunc.
— ¿Puede?— Van fulmina a Dunc con la mirada.
—Será mejor que alguien me diga qué está pasando. — Puedo
oír la frustración en la voz de Van.
—Cuando recogí a tu chica, el novio de su mamá estaba ahí. —
Mierda. Ojalá pudiera silenciar a Dunc.
—Sí, tiene una llave. Los novios van a casa de sus novias. —
Trato de restarle importancia.
—Escúpelo, Dunc. — Todos me ignoran.

Sotelo, gracias K. Cross


—Fleur abrió la puerta y me di cuenta de que estaba asustada.
Luego vi al hombre y la forma en que la miraba. Además... — Dunc se
encoge de hombros. —Ella no opuso resistencia para venir al partido.
Solo la llevé al partido porque dije que la llevaría o te la entregaría.
Parece que Dunc había logrado ambas cosas. El resultado
siempre iba a ser el mismo. Van se queda callado unos segundos, lo
cual es mucho para él. Al menos cuando está cerca de mí.
—Yo me encargo. Gracias, hombre. — Le hace a Dunc un gesto
con la barbilla. Oh, ahora se están uniendo. Más bien uniéndose por
mí. Sé que no debería enojarme con Dunc o Sadie porque están
intentando hacer lo correcto. Y lo que Dunc dijo es la verdad: estaba
incómoda. Solo que no estoy lista para admitirlo en voz alta.
—Lo siento. — Sadie me hace un pequeño gesto de despedida
con la mano.
Van tira de mí hacia él y cierra la puerta del coche.
—No es para tanto...
—No lo hagas. — Me atrapa entre la puerta y él. Ahora entiendo
por qué la ha cerrado. —Estás siendo evasiva al respecto, así que eso
significa que hay un problema. Creí haber visto algo cuando te
pregunté quién era, pero estaba conduciendo. — Me muerdo el labio
inferior. Me invade una oleada de emociones inesperadas. Me enoja
que todo el mundo se meta en mis asuntos o se preocupe. —Joder. No
llores.
— ¡No lo hago!— Parpadeo rápidamente, intentando que no se
me humedezcan los ojos. Me atrae hacia su pecho, dejando caer la
barbilla para que descanse sobre mi cabeza.
—Quédate conmigo este fin de semana.
— ¿Qué? No puedo quedarme contigo. — ¿Por qué es tan
tentadora esa oferta?
—Sí, puedes. Tienes dieciocho años.
—Vives con tus padres. — Sacudo la cabeza.
—Como si tuvieran espacio para hablar. Mamá quedó
embarazada a los dieciséis.

Sotelo, gracias K. Cross


—Oh, no. Tomo anticonceptivos, así que... — Me detengo. — ¿Por
qué haces que salgan de mi boca palabras que no quiero? — Resoplo
contra su pecho. ¿Por qué tiene que oler tan bien también?
—Es bueno saberlo.
—No es información que necesites saber. — Pongo las manos en
su pecho para apartarlo, pero en lugar de eso mis dedos lo agarran.
—Quédate conmigo. ¿Crees que Dunc no se cuela siempre en la
habitación de Sadie?
—No estaríamos colándonos. Me quedaría en el sofá o algo así,
pero eso no viene al caso.
— ¿Cuál es el punto? Tú sigues dándolos y yo noqueo.
— ¡No lo sé! Va contra las reglas o algo así. Novios y novias no
pueden pasar la noche juntos en casa de sus padres.
Van deja escapar un suspiro. —Bueno, todo esto es falso.
¿Recuerdas?
Ahí va derribando otro punto. Gracias a Dios que mi cara sigue
en su pecho porque eso quemó, y estoy segura de que mi cara lo
demuestra. —Creo que fui grosera con tu mamá.
—Confía en mí. Ella te amará.
— ¿Puedo confiar en ti?
—Cada maldita vez.
Espero que eso no sea falso también.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 14
VAN

Las luces de su piso están encendidas cuando llego. Entrecierra


los ojos para ver quién está en casa.
—Quédate aquí. Enseguida salgo. — Se desabrocha el cinturón
de seguridad, pero soy rápido y estoy fuera del coche y en la puerta
del pasajero antes de que pueda colgarse el bolso del hombro.
—Eso es negativo.
—Mi mamá no me va a dejar ir contigo. Sé que parece que no
tiene muchas opiniones sobre lo que está pasando, pero sé que pondrá
límites a que me quede a dormir en tu casa.
—No es mi casa. Es la casa de Dunc. Papá y yo solo estamos...
— Hago una pausa porque realmente no sé cuál es el futuro de papá
en la casa de los Donovan. Se queda ahí porque es lo más lógico para
mamá y nuestra nueva y extraña familia. Se perdió dieciocho años con
Cooper y su primer amor, el tío de Duncan. Pero papá no querrá
quedarse ahí el resto de su vida. Es demasiado incómodo. En cuanto
a mí, me voy a la universidad el año que viene, así que voy a esperar.
—Somos huéspedes de larga estancia y tú puedes ser uno de ellos.
—A mamá no le va a importar mucho eso.
Enhebro mis dedos entre los de Fleur. —Me subestimas, nena.
Arriba, la mamá de Fleur no es el problema. Asiente y sonríe
positivamente cuando le explico que voy a llevar a Fleur a mi casa a
pasar la noche con Sadie y mi mamá. Le cuento que mamá quiere
conocer a todos los amigos de Duncan y Sadie, ya que ella se ha
perdido muchas cosas. —Y como Dunc y Fleur eran amigos de la
infancia, mamá se muere por conocerla. — termino.
—No sabía que Duncan Donovan y tú estuvieran tan unidos. —
La mamá de Fleur parece genuinamente sorprendida.

Sotelo, gracias K. Cross


—Te están vendiendo un montón de mierda, Krystal. —
interviene Richard. Se cierne tras el pequeño cuerpo de Krystal como
una fea sombra dispuesta a devorar a las dos mujeres.
Sin pensarlo, doy un paso adelante, interponiéndome entre él y
Fleur. Esta acción no pasa desapercibida para Richard, que
entrecierra los ojos y frunce el ceño. —Admítelo, hijo, estás intentando
hacer el amor con esta chica.
Me paso la lengua por la hilera superior de los dientes y me
ordeno no ser antagónico. —Sebastian York es mi papo. — Tú no,
imbécil. —Fleur solo viene a casa de los Donovan a comerse un trozo de
pastel de fresa que ha preparado mi mamá, a intercambiar historias
con Sadie y a darme una paliza en una partida de Monopoly.
—Te crees muy importante por ser una estrella en el equipo de
fútbol de tu instituto —continúa como si yo no hubiera dicho ni una
sola palabra— pero yo he pasado por eso. Yo era el mejor quarterback
de todo el condado en el instituto. ¿Verdad, Krystal?
La mamá de Fleur se sonroja. —Claro que lo eras, cariño. — Se
rodea la caja torácica con la mano. Richard toma esto como una
invitación a apretar la teta de Krystal. Fleur hace un ruido triste detrás
de mí. Señalo con la mirada por encima de la cabeza de Krystal.
—Todo el mundo me quería. Todas las chicas querían montarme
la polla —Fleur hace otro sonido ahogado mientras Krystal suelta una
risita— hasta que me reventó la rodilla. — Richard recorre con la
mirada mi complexión y se detiene en mi rodilla, probablemente
fantaseando con lo genial que sería que esa lesión me ocurriera a mí.
—Así que entiendo lo que estás haciendo aquí, aprovechándote de tu
posición en la escuela, pero como el hombre en la vida de Fleur, estaría
haciendo un mal trabajo protegiendo a la chica si le permitiera ir
contigo.
—Tú no eres el hombre... — Fleur empieza, pero la detengo. Veo
a dónde va todo esto. Vamos a pelear, su mamá va a llorar, y luego
Fleur se va a sentir como una mierda.
—Tenías razón, Red. No deberíamos haber venido aquí. Aquí no
hay nada para ti. Tenemos todo lo que necesitas en casa. — La tomo

Sotelo, gracias K. Cross


de la mano y salgo disparado hacia la puerta. Una mano grande golpea
el marco.
—No irás a ninguna parte sin que yo lo diga. — truena Richard.
Soy joven y fuerte, y probablemente tonto e intrépido. Hago a un
lado la mano de Richard, abro la puerta y empujo a Fleur. Richard me
agarra por el cuello e intenta meterme.
— ¡Para, Richard!— grita Fleur.
—No le pegues. — grita Krystal.
No sé si me habla a mí o a su hija. Me zafo de Richard, vuelvo a
tomar a Fleur de la mano y empiezo a correr. Ella me sigue sin
rechistar. Richard maldice pero no puede alcanzarnos mientras
bajamos las escaleras. Es demasiado grande y demasiado viejo.
Caemos al coche, sin aliento y con la adrenalina por las nubes.
Fleur se ríe mientras las ruedas del coche chirrían contra el asfalto.
—Richard está muy enojado. — dice Fleur retorciéndose en el
asiento.
— ¿Está ahí detrás?
—Apenas en la acera. Creo que ha perdido el zapato al bajar. —
Se le escapa otra risita. Joder, me encanta ese sonido.
—No vas a volver ahí. No mientras tu mamá siga saliendo con él.
Fleur suspira y se deja caer en el asiento. —No puedo quedarme
contigo. Todas mis cosas están de regreso en el apartamento, además,
tu situación de vida es un desastre, ¿recuerdas?
—No, somos una gran familia feliz.
—Mentiroso.
Golpeo el volante con los dedos. —Somos una gran familia
disfuncional que intenta que todo funcione. Una persona más no va a
hacerlo más difícil. En todo caso, será más fácil. Es más uniforme de
esta manera porque ahora mismo son Sadie y mamá con Dunc, papá,
Cooper, y luego yo. Piensa en esto como, no sé, una cosa de derechos
de la mujer.

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— ¿Estás diciendo que igualar los géneros en tu casa es una
contribución al avance del feminismo?
—Sí, y ni siquiera tienes que quemar tus sujetadores. ¿Ves lo
genial que soy por sugerir esto?
—Realmente no creo que funcione así, pero no se me ocurre
cómo argumentar que no lo hago porque es ridículo.
—Eres muy sexy cuando usas esas palabras de editora de
periódico. — Me sonríe. —Estamos en casa y tenemos que superar el
guante de Fischl. Querrá saberlo todo sobre ti, incluida tu talla de ropa
interior. Supongo que es una mediana, pero no querrás que se lo diga
yo. — Estaciono el coche.
— ¿Cómo sabes mi talla de ropa interior?
—He pasado mucho tiempo mirándote el culo. —Le guiño un ojo
y me bajo, dejando que se ahogue de vergüenza en privado. Red y yo
nos vamos a divertir mucho esta noche.

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Capítulo 15
FLEUR

—Fleur, ¿verdad?— Por supuesto, la mamá de Van está en la


cocina cuando me arrastra a su casa. Ni siquiera tengo la oportunidad
de darle más razones por las que no deberíamos estar haciendo esto.
—Sí, supongo que no intercambiamos nombres en el partido. —
Había estado demasiado ocupada tratando de salir de ahí. —Lo siento.
—No hay nada que lamentar. Soy Fischl. — Le tomo la mano. Me
sonríe con dulzura y me tranquiliza. —Estuviste en la fiesta de
cumpleaños.
—Sí, señora. Me fui después del incidente de la ponchera. — Se
había hablado de eso durante una semana en la escuela. Rose sigue
enojada.
— ¿Tenemos que sacar el tema otra vez?— Van gime.
— ¿Sacar qué? ¿Qué derramaste ponche sobre una chica y luego
tú y tu hermano empezaron a pelearse? — Le doy una merecida
indirecta.
—No es mi hermano. — murmura Van en voz baja. No se me
escapa el destello de tristeza en los ojos de su mamá. Verla pone
muchas cosas en perspectiva.
—Si tú y tu hermano aprendieran a llevarse bien, no tendrían
que enfrentarse al castigo por sus crímenes. — Fischl le da unas
palmaditas en la cabeza a Van como si tuviera cinco años.
— ¿Castigo?— Es difícil pensar que alguien castigue a esos dos.
Parecen hombres adultos. Tengo que conocer esta historia. Van debe
verlo en mi expresión porque me da lo que quiero sin tener que
pedírselo ni una sola vez.
—Tuvimos que limpiar los baños durante dos semanas.

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— ¿Dos semanas? ¿Eso es todo?— grazno. Luego me encojo,
dándome cuenta de que probablemente suena como si estuviera
desafiando la paternidad de su mamá. —Sin ánimo de ofender. — me
apresuro a añadir.
Fischl se ríe y agita la mano. —No me ofendo. Aquí hay muchos
retretes y los he obligado a limpiarlos cada dos días. Créeme, al final
de las dos semanas eran los mejores amigos.
—Eso es llevarlo un poco lejos, mamá. Yo diría que hemos
llegado a un alto el fuego no físico.
—Esta noche parecían muy amigos. — digo.
— ¿En serio? —A Fischl se le iluminan los ojos. A Van se le
enciende la nariz. Tengo que luchar para no reírme.
—Cuando no es un idiota. — Van se encoge de hombros. Fischl
pone los ojos en blanco.
Tengo la sensación de que es más Van el que le lanza indirectas
a Dunc. Dunc hace lo que puede para hacer feliz a Sadie. Si Van se
tomara un segundo, quizá podría tener la clase de familia con la que
soñamos el resto de nosotros.
— ¿Está Sadie aquí?— pregunté, tratando de dirigir la
conversación en otra dirección.
—Está en su habitación, pero Dunc cree que simplemente entró
furtivamente. Así que él también está ahí.
—Asqueroso. — murmura Van.
— ¿Has venido a verla a ella o a Van? — pregunta Fischl.
—Ella va a pasar la noche. — responde Van antes de que tenga
oportunidad. Le doy las gracias porque no estaba segura de lo que iba
a decir.
—Ah. — Fischl arquea las cejas.
— ¿Quién se queda esta noche? — El mismo hombre que vi en
el partido entra paseando en la cocina. Se acerca a Fischl y la atrae
hacia sí. Van aprieta la boca.
—Fleur. — responde Fischl. —Ella y Van están...

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—Saliendo.
—Amigos. — Van y yo hablamos al mismo tiempo. Lo fulmino
con la mirada.
—Somos amigos. — vuelvo a decir.

—Novios.
Me quito uno de los rizos de la cara. —Somos novios de mentira.
En realidad es...
— ¿Así lo llaman los chicos hoy en día? — Cooper se ríe.
—Llámalo como quieras, Red.
—Esto no es lo que hablamos. — siseo en voz baja, sin ganas de
pelear delante de su mamá y algo así como su papá... No sé.
— ¿Está todo bien?— Cooper pregunta.
—Estamos bien. — Van es breve con él.
—No me refiero a ustedes dos. Me refiero a si todo va bien.
—Lo tengo controlado. — responde Van.
— ¿Hay algo que pueda hacer? — pregunta Fischl, preocupada.
—Van lo tiene controlado. Preguntará si necesita ayuda. — Le da
un beso en la coronilla. —Ven a la cama.
—Buenas noches. — dice Fischl mientras Cooper se la lleva de
mala gana, dejándonos solos en la cocina.
—Parecen simpáticos.
—Te dije que mi mamá es un ángel. — Cooper parece un buen
tipo. Pero como ya he dicho, no lo conozco realmente.
—Tu papá también.
—No es mi papá.
—Claro, lo siento. — Quiero decir más al respecto, pero no lo
hago. Odio cuando la gente intenta meterse en mis asuntos. No es que
eso detenga a Van.

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— ¿Tienes hambre?— Van cambia de tema mientras me pasa por
detrás de la oreja el mismo rizo que sigue cayéndome en la cara. — ¿A
quién quiero engañar? Siempre tienes hambre. — Me da un beso en
la cabeza. Igual que Cooper hizo con su mamá. Me pregunto si se da
cuenta de que tiene algunos de los mismos gestos que su papá. —
Siéntate. —Me lleva a una de las sillas altas de la isla de la cocina y
me da un golpecito en el culo.
—Te voy a matar. — Me subo a la silla. —Después de que me des
de comer. — Van se ríe. Charlamos mientras lo veo calentar lasaña.
—A tus padres les parece bien que pase aquí la noche.
—El fin de semana. — corrige Van.
—Eres implacable. Ya lo sabes. — Gimo cuando pruebo el primer
bocado de lasaña. Nunca había comido mejor en mi vida hasta que
Van entró en ella. Siempre me está dando de comer. Cuando levanto
la vista del plato, Van me está mirando intensamente. — ¿Qué?— Me
limpio la boca, pensando que podría tener algo en ella
—Estás gimiendo. — Se agacha y se ajusta. Siento mis mejillas
calientes. La estúpida piel clara siempre me delata. Me relamo los
labios. —Come para que podamos subir a la cama.
Doy otro bocado a mi comida. ¿Quiere decir arriba porque hay
un dormitorio de invitados? Por alguna razón, pienso que no tanto.
— ¿Quieres más? — me pregunta cuando vacío el plato.
—Estoy bien.
Rápidamente mete los platos en el lavavajillas y me toma la
mano. Sus dedos se enredan con los míos. Esto no parece fingido. Tal
vez solo quiere echar un polvo. ¿Amigos con derecho a roce? Sí, no.
Tristemente, mi mamá me ha hecho temer el sexo casual. Por eso sigo
siendo virgen.
Subimos las escaleras. Van se detiene en un armario del pasillo,
coge un cepillo de dientes y me lo da. —Sé que ésta es tu habitación.
— le digo cuando empieza a abrir la puerta.
—Es verdad. Ya te has colado aquí antes. — Sonríe.
—No puedo quedarme aquí. — Me ignora.

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—No puedes dormir en pantalones. Te conseguiré un par de mis
boxers. — Me suelta la mano para entrar en su armario. Segundos
después, reaparece con un par. —El baño está ahí. — Asiente.
—Gracias. —Cierro y bloqueo la puerta detrás de mí.
Me quito el sujetador y los pantalones antes de ponerme los
bóxers de Van. Tengo que enrollarlos un par de veces para que me
queden un poco bien. La camiseta que Van me dio para el partido es
lo bastante larga para cubrirlos. No se nota que los llevo puestos.
Ahora llevo toda su ropa, excepto mis malditas bragas.
Abro el bolso y encuentro el estuche de las lentillas. Me las quito
antes de cepillarme los dientes y ponerme las gafas.
Me miro en el espejo durante un segundo, preguntándome cómo
demonios he llegado hasta aquí. Lo oigo encender la televisión antes
de bajarle el volumen.
—Vamos, Red. — me dice Van con impaciencia.
Cuando abro la puerta, Van está ahí de pie sin nada más que un
pantalón de chándal bajo. Sus ojos recorren mis piernas y no se
detienen hasta que se fijan en los míos.
He subestimado mucho a Van. Realmente consigue todo lo que
se propone.

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Capítulo 16
VAN

—Bonita camisa. — Le guiño un ojo. Red está nerviosa. Cree que


voy a saltar sobre ella en cuanto se apaguen las luces. En realidad,
me abalanzaría sobre ella con las luces encendidas para poder ver
todas las partes hermosas de su cuerpo, pero la chica tiene las manos
apretadas a los lados y se balancea ligeramente sobre las puntas de
los pies, como si intentara decidir si debe luchar o huir.
—Es tuya.
—Lo sé. Te queda bien. Te queda mejor a ti que a mí. — Inclino
la cabeza hacia la cama. —Métete debajo de las sábanas.
— ¿Debajo?
—Sí, me tumbaré encima.
Arquea una ceja. — ¿No tendrás frío?
—No.
Se acerca deambulando a la cama y se mete lentamente,
subiéndose el edredón azul hasta el cuello para que solo pueda ver su
cara y un halo de pelo rojo, haciendo que parezca que la almohada
está ardiendo. Sé que lo estoy. Podrías dejarme en la Antártida junto
a pingüinos y focas y seguiría ardiendo si lo único que tuviera fuera
algo que oliera como ella. Para algunos, tal vez estar tan loco por una
chica sería vergonzoso, pero a mí me gusta. Toda mi vida me han
apasionado las cosas: el fútbol, sobre todo. Las chicas nunca me
interesaron, hasta el punto de que mi papá, que es gay, se preguntaba
si yo también lo era. Pero nadie me emocionaba, ni como el fútbol, ni
como mi familia. Para mí tenía sentido estar centrado en Fleur. A ella
le cuesta creerlo, pero el tiempo la cambiará. Tiene un montón de
cicatrices acumuladas, y se necesita un tiempo para romper las
barricadas que pasó años erigiendo.

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— ¿Estás cómoda?— Apoyo la cabeza sobre los dedos
entrelazados y miro al techo. Es la única forma que tengo de ser
paciente ahora que está tumbada a mi lado con mi camiseta y mis
boxers. Si la miro, probablemente le arrancaré todas las mantas, la
desnudaré hasta dejarla en traje de cumpleaños y le haré un millón
de cosas sucias en el cuerpo para las que no está preparada. Aprieto
los dedos con más fuerza.
—Tu cama es sorprendentemente suave.
— ¿Pensabas que dormía sobre una tabla? Mi cuerpo está todo
magullado por el partido.
— ¿De verdad?— Se levanta sobre un codo y las mantas caen.
Distingo la turgencia de sus pechos bajo el algodón de la camiseta. —
De hecho, me preguntaba si te dolió cuando aquel tipo te clavó el casco
en el muslo.
Me muerdo un gemido y tiro una esquina del edredón sobre mi
erección. —Me dolió. ¿Quieres besármelo y aliviarme?
— ¿Tu muslo?
—También me duelen otros lugars si el muslo está fuera. — A mi
polla le vendrían bien unas caricias y un beso.
— ¿Por qué tengo la sensación de que esto es algo sexual?
—Porque eres lista. — Me pongo de espaldas a ella. —Pero tengo
otros.
Jadea. —Dios mío. ¿Cuándo pasó esto?
Me toca suavemente la espalda. Me estremezco por el contacto.
—Tercer cuarto. En la zona de anotación.
—Cuando aquel tipo te placó por detrás.
—Ese mismo. — Aprieto los dientes. Invitarla a tocarme podría
haber sido un error.
— ¿Así de mal está todo?— La punta de su dedo traza el contorno
de mi moretón. Es la tortura más dulce.

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—No por todas partes. — Aunque siento la polla como si la
hubiera atropellado un camión de dos toneladas. Eso es lo que me
duele.
— ¿Por qué juegas si te duele?
—No se siente durante el partido. Es solo la adrenalina y la
necesidad de ganar. Todo lo demás es accesorio. Duele cuando te
tumbas, cuando tu mente ya no está en el juego.
Sus caricias son cada vez más fuertes, más atrevidas. Me pasa
los dedos por el omóplato, recorriendo la cresta de la columna. Me toca
suavemente la cintura y presiona los hoyuelos de la parte baja de la
espalda. Bloqueo las rodillas para no empezar a frotar contra el
colchón.
—Si lo beso, ¿mejorará?
—No lo sé. — respondo con sinceridad. —Nunca me habían
besado ahí.
— ¿Nunca?
—No.
Su mano se detiene. — ¿Por qué nunca? O tal vez mejor
pregunta, ¿por qué yo?
— ¿Por qué no tú?
—Mírame.
Levanto el cuello por encima del hombro. Solo puedo ver su
exuberante pelo rojo y su bonita cara. —Estoy y he estado y estaré
dispuesto a mirar más en el futuro. También estoy dispuesto a mirarte
cuando no lleves ropa si quieres que te inspeccione de verdad.
—Sabes que no me refiero a eso. — Arruga la nariz.
—Estás buena, eres lista y divertida. ¿Por qué no tú?
—Parece que podrías tener tantas otras.
—Las otras no son tú. — Me tumbo boca arriba y la pongo
encima de mí. Sus manos revolotean en el aire, como si no estuviera
segura de lo que puede tocar. La agarro por las muñecas y coloco sus
manos contra mis pectorales. Enrollo las manos alrededor de su pelo

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y tiro de su cabeza hacia abajo hasta que su boca queda a escasos
centímetros de la mía.
— ¿Te duelen los labios?
—Deberías comprobarlo.
—Los médicos no usan la boca para diagnosticar cosas.
—Deberían. Tendrían mejores resultados.
—Así que si me hago médico, debería ir por ahí besando a todos
mis pacientes.
—Tu carga de trabajo solo tendrá un paciente: yo.
—Esto parece una estratagema para que te bese.
—No puedo engañarte. Demasiado inteligente para mí.
—Creo que cualquiera podría deducirlo dado que estamos en la
cama, estoy a horcajadas sobre ti, y tienes una erección gigante
presionando contra mi culo.
—Si te movieras un poco más abajo, la gigantesca erección
estaría contra tu coño, y ambos nos sentiríamos mejor.
— ¿Deberíamos ir más despacio?
—Un poco más lento y podría morir.
—Bueno, no me gustaría eso.

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Capítulo 17
FLEUR

Flexiono los dedos contra su pecho ancho y cálido mientras me


inclino para besarlo. En cuanto nuestros labios se tocan, Van desliza
sus manos por debajo de mi camisa y me acaricia suavemente la
espalda. El tacto de sus manos sobre mí me estimula aún más. Le
lamo la costura de la boca. Se abre para mí y su lengua acaricia la
mía. Es lento, me deja tomarme mi tiempo.
Sin pensarlo, mis caderas bajan, haciendo que mi clítoris roce
su polla. —Eso es. — me anima. Su mano se acerca a uno de mis
pechos. Arrastra el pulgar por el pezón y hace que mi pecho se estire,
empujándome a sentarme más mientras me balanceo. Me siento tan
bien. Deseo esto con él, más de lo que he deseado nada en mi vida.
Puede que no esté preparada para admitirlo en voz alta, pero
internamente sé que es cierto.
Empiezo despacio, meciéndome de un lado a otro,
acostumbrándome. Me gustaría poder ver la cara de Van con más
claridad, pero la oscuridad me ayuda a ser audaz.
—Quítatela, Red. — Me sube la camiseta por el estómago hasta
la mitad. No me dejo pensar; simplemente lo hago. Me la quito,
dejándome a horcajadas sobre él en su cama en solo un par de sus
boxers. —Joder. — Sus manos acarician mis dos pechos al mismo
tiempo, prestándoles atención. —Un puñado perfecto. — Gimo cuando
tira de uno.
—Van. — Exhalo su nombre, haciéndole saber que necesito más.
—No tengas vergüenza, Red. Toma lo que quieras. — Sus
palabras me envalentonan y me permiten apartar de mi mente todas
mis inseguridades e incertidumbres. Nunca me he sentido más unida
a nadie que a él en este momento.
Clavo los dedos en su pecho y me balanceo más deprisa,
persiguiendo el placer. Van suelta un gemido. A medida que mi

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orgasmo se acerca, mis caderas se mueven más frenéticamente. Mis
bragas empiezan a empaparse, haciendo que se me peguen. Estoy tan
cerca, pero no puedo llegar. Necesito más.
—Por favor. — le ruego, sabiendo que Van puede darme todo lo
que necesito.
Van se incorpora y me rodea la cintura con el brazo para
mantenerme pegada a su polla. Su pecho desnudo se encuentra con
el mío mientras reclama mi boca. Empuja hacia arriba, siguiendo mi
ritmo y dándome exactamente lo que necesito. Siento sus dedos
hundirse en mi pelo. Me lo aparta, haciéndome soltar el beso. Su boca
se acerca a mi cuello. Me recorre con los dientes antes de chuparme y
besarme. Siento que todo mi cuerpo arde.
—Vente para mí, nena. — me ordena antes de ponerme la mano
en la boca. Grito en su palma. El orgasmo me recorre el cuerpo y me
destroza de una forma de la que creo que nunca podré recuperarme.
Van entierra su cara en mi cuello, gimiendo mi nombre. Sus
caderas suben mientras él también se corre. Su cálida descarga se
extiende entre nosotros. Los dos nos quedamos inmóviles, intentando
recuperar el aliento. Me permito disfrutar del dulce zumbido que
recorre mi cuerpo. Ojalá pudiéramos quedarnos así para siempre.
Van se gira y me tumba boca arriba. Se cierne sobre mí. —Estoy
seguro de que te he marcado, así que ahora eres mía. — No me deja
responder. Presiona su boca contra la mía. Me doy cuenta de que es
su forma de hacerme callar. No puedo decir que lo odie. De hecho, es
bastante inteligente. —No te muevas o te azotaré y no te taparé la boca
mientras lo hago para que todo el mundo lo oiga. — Me da otro beso
en los labios antes de levantarse de la cama.
Lo veo dirigirse al armario para coger algo antes de ir al baño.
Enciende la luz y deja la puerta abierta. Oigo abrir el grifo. Unos
instantes después, vuelve a salir sin el chándal. ¿Por qué tiene que ser
tan guapo?
—Deja que te limpie. — No digo nada. No puedo. Sigo mirándolo
mientras me quita los boxers que me dio, dejándome solo con las
bragas mojadas. Con la luz del baño inundando la habitación, sé que
puede ver mucho más de mí. Sus dedos rozan la parte superior de mis
bragas empapadas. Espera un momento para ver si protesto. Cuando

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no digo nada, me las baja. Probablemente debería ser tímida, pero no
me siento así delante de él.
Van me pasa un paño húmedo y caliente entre las piernas para
limpiarme. Se toma su tiempo para limpiarme los muslos y todo lo que
hay entre ellos. Los dos estamos tan mojados que no sé cuánto es él y
cuánto yo. Dejo que mis piernas se abran más para él. Lo veo sonreír.
Una oleada de emoción me oprime el pecho. La contengo. Cuando
termina, tira el paño al suelo en su habitación perfectamente limpia,
sin molestarse en limpiarlo.
Se me corta la respiración cuando se inclina y me da un largo
lametón entre los pliegues. Suelto un pequeño gemido cuando pasa
por encima de mi clítoris. Me besa la parte superior del montículo.
Luego, para mi sorpresa, me sube unos boxers limpios por las piernas.
— ¿Quieres tu camiseta, Red?
—No. — consigo decir. Quiero tumbarme con su piel contra la
mía. Disfrutar cada segundo que pueda de lo que sea esto.
Van apaga la luz del baño antes de volver a la cama. Me coge en
brazos. Espero que haga un comentario rápido y divertido.
Probablemente espera que yo haga lo mismo. En lugar de eso, me giro
hacia él tumbada de lado. Me acerca más a él. Le paso una pierna por
encima y recuesto la cabeza en su pecho.
Ahora mismo, no me importa si esto es falso. Van me ha cuidado
más que nadie que recuerde. Me siento segura.
Por primera vez en mucho tiempo, me duermo en cuestión de
segundos.

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Capítulo 18
VAN

—No quiero ser esa persona, pero tengo que preguntar...


Interrumpí a Duncan sacudiendo la cabeza. —No lo hagas.
Escucha a tus mejores ángeles. — Dunc me invitó a jugar al billar con
él. Sabía que era una estratagema para alejarme de los padres, y
supuse que vendría con un sermón sobre Fleur, pero también supuse
que al menos jugaría, así que por qué no.
—No tengo ángeles, ni buenos ni malos.
—Eso explica muchas cosas sobre ti, Dunc. — No estoy seguro
si debería intentar el sólido en la tronera de la esquina o la bola cerca
del medio. La del medio es más difícil, pero me daría un tiro más claro
para la esquina. Me inclino y veo la bola verde cerca del centro.
—Fleur es como una hermana para mí. — intenta de nuevo.
Emboco la bola y me muevo alrededor de la mesa de billar para
colocarme en posición de meter la bola de la esquina. —Y Sadie es en
realidad mi hermana, y sin embargo no me da un berrinche cuando la
metes a escondidas en su dormitorio todas las noches.
—Me diste un puñetazo incluso por mirarla.
—Eso es una exageración. No te di un puñetazo hasta que
intentaste besarla.
—No lo intenté. La besé. — Lo dice con orgullo.
Aprieto el taco de billar entre los dedos con tanta fuerza que se
rompe. —Joder. — Me enderezo y miro a Dunc. —Pensé que habíamos
acordado que no hablarías de la mierda que haces con Sadie para que
no nos peleemos y hagamos llorar tanto a mi mamá como a Sadie.
Dunc aprieta los labios durante medio segundo antes de escupir
a regañadientes: —Bien, pero mira lo que sientes por Sadie, y así es
como yo me siento por Fleur. Ella no tiene un hermano mayor. Tiene

Sotelo, gracias K. Cross


una mamá negligente y el novio turbio de su mamá. Y eso es solo lo
más reciente. Su mamá pasa por hombres como tú pasas por
suspensorios.
—No estoy seguro de por qué llevas la cuenta de mi ropa interior
deportiva, Dunc. — Levanto un taco nuevo. No pesa tanto como me
gustaría. —Pero me conmueve que te importe.
—Por eso nunca hablo contigo.
—Ojalá mantuvieras ese principio, pero, Dunc, no has hecho
más que hablar desde que llegamos aquí. He encestado, roto y
hundido cuatro bolas, y todo lo que has hecho es retorcer el taco entre
tus palmas.
—Te he dejado enrocar.
Suspiro y apoyo mi taco nuevo contra el lateral de la mesa. —
Cuando los padres dijeron que querían que nos uniéramos, la mesa
de billar era lo que menos debían comprar, ¿no? — Duncan Donovan
es bueno en muchas cosas. Le construyó a Sadie este escritorio que
tiene una mesa plegable, e incluso yo puedo admitir que esa mierda
era genial. También es bastante inteligente aunque no quiera ir a la
universidad.
Yo, en cambio, iré a la universidad porque puedo atrapar
cualquier cosa y soy más rápido que la mayoría de los humanos.
Además, ni siquiera sé construir un kit de Lego. Pero soy atlético y
tengo una coordinación mano-ojo superior, lo que me hace natural en
el billar. Este no es el deporte de Duncan.
—Estamos aquí porque odias los cuatriciclos.
Al aire libre es el deporte de Duncan. —Podría morir en un ATV,
y entonces mi carrera profesional habría terminado.
Duncan rechaza con valentía una mueca de disgusto por mi
aversión a los ATV. —Son muy seguros.
—Cuando me retire de la NFL con mis cuatro anillos de la Super
Bowl, viviremos todo tipo de aventuras en tus ATV.
—Genial. Te tomo la palabra, pero mientras tanto, sobre Fleur...

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—Te meteré este taco de billar por la garganta si dices su nombre
una vez más.
—Ella no cree que hables en serio. — continúa haciendo caso
omiso de mi amenaza.
—Lo sé.
Dunc parpadea. — ¿Lo... sabes?
—Sí, cree que estamos saliendo de mentira, y dejo que lo piense
porque si no correría a esconderse.
—Oh.
—Bien. ¿Terminamos aquí?
— ¿Se lo vas a decir en algún momento?
—Cuando esté preparada, pero eso lo decidimos ella y yo, no tú.
Yo no interfiero en tu relación con mi hermana real y tú no interfieres
en mi relación con tu no-hermana. Solo así funciona nuestro acuerdo.
— Ni siquiera sé cuándo será el momento adecuado para decirle que
voy muy en serio. Anoche fue un paso en la dirección correcta. Me dejó
tocarla, me dejó hacer que se corriera. Durmió en mis brazos, pero a
la mañana siguiente salió corriendo de casa como si yo hubiera
quemado su ropa y destrozado su portátil en lugar de sacudir sus
nociones de cómo encajamos juntos... pero, de nuevo, eso lo tenemos
que averiguar ella y yo. No necesitamos gente de fuera que intente
arreglar las cosas por nosotros, por muy buenas intenciones que
tengan. Mi reloj suena.
—Se acabó el tiempo, hermano. Tengo que ir a recoger a Fleur.
— ¿De dónde?
—Lo del club del periódico acaba en diez minutos. Puede que
quiera ir a casa a ver cómo está su mamá, y no podemos dejarla sola
en el apartamento con ese novio de mierda, ¿no? — No es una
pregunta.
—Conoces su horario de fin de semana y todo. — dice Dunc con
un poco de asombro en su tono. —Realmente te gusta.
—No me digas, Sherlock. Llevo tiempo intentando decírtelo.

Sotelo, gracias K. Cross


Levanta las manos. —Lo siento, hombre, solo intento no ser un
imbécil. Escuchando al ángel bueno.
—Ambos sabemos que eso es mentira. No los tienes, ¿recuerdas?
—Los estoy cultivando ahora mismo. — Dunc palmea su hombro
derecho. —El ángel bueno solo tiene quince minutos. Te asombrarías
de los consejos que me da.
—Sé que estás trastornado, así que cualquier consejo que venga
de tu ángel bueno de quince minutos va a ser igual de demente. Menos
mal que me voy para que tengas un rato a solas. — Abro la puerta y
Sadie casi se cae adentro. — ¿Por qué no te sentaste en el rincón de
adentro para poder oír mejor?
Se sonroja pero se desliza a mi lado para enganchar su brazo
con el de Dunc. —No quería que pareciera que nos estábamos
confabulando contra ti.
— ¿A diferencia de lo que sea esto?— Saludo a los dos con la
mano y sacudo la cabeza cuando Sadie intenta hablar de nuevo. —
Olvídalo. Habla con Dunc sobre su chico de quince minutos. Tengo
que rescatar a mi chica.
Mientras me voy, oigo a Sadie decirle a Duncan: — ¿Tienes un
chico de quince minutos? — Me permito una pequeña sonrisa.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 19
FLEUR

— ¿Conseguiste algunas buenas?— le pregunto a Molly mientras


deja caer la tarjeta de memoria de la cámara en mi mano.
—Creo que sí. He intentado limpiar algunas para que no tengas
que revisar un millón.
—Gracias. —Introduzco la tarjeta en el portátil. Es difícil escribir
algo hoy. Solo pienso en lo de anoche. Bueno, en eso y en esta mañana
cuando me desperté envuelta en los brazos de Van. Creo que ha sido
la mejor noche de sueño que he tenido en mucho tiempo. Fue un poco
desconcertante, para ser honesta. Lo disfruté demasiado. Tanto, que
creo que tengo que cortar con él, pero no sé muy bien cómo. Lo que sí
sé sin lugar a dudas es que no me lo pondrá fácil.
Las fotos aparecen en la pantalla y empiezo a hojearlas. Molly
tiene un montón del partido y luego de ese día en la escuela mostrando
a la gente vestida con ropa de espíritu. Incluso los pasillos del colegio
estaban decorados. El fútbol se había apoderado de toda la escuela.
Mientras sigo mirando las fotos, algo me llama la atención en
una de ellas. Me acerco al fondo para ver mejor. Vaya, vaya, vaya, ¿qué
tenemos aquí? —Molly, ¿tienes una copia de estas fotos guardada en
algún lugar?
—No. — Empieza a levantarse de la silla. — ¿No funciona la
tarjeta?
—No, ya lo tengo. — Cierro las fotos, saco la tarjeta y me la meto
en el bolsillo. Compruebo la hora. Ya puedo ir terminando. Recojo mis
cosas y me despido de todos. Cuando salgo por la puerta del instituto,
Van está apoyado en su vehículo jugando con el móvil. ¿Por qué tiene
que ser tan guapo? Solo hace más difícil lo que sé que tengo que hacer.
Cuando me ve, se le dibuja una sonrisa sexy en el labio. Se mete
el móvil en el bolsillo y se acerca a mí.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Cómo te fue? —Se inclina y roza su boca con la mía mientras
me quita el bolso del hombro para llevármelo.
—No estoy segura. —Van levanta una ceja en forma de pregunta.
—Hablemos en el coche. —Me abre la puerta.
—No me dejes en suspenso. — dice cuando se desliza en el
asiento del conductor.
—Miles Bleu.
— ¿Smurf?
—Sí.
— ¿Qué pasa con él?
— ¿Recuerdas nuestro trato, Van? Yo me hago pasar por tu novia
y tú me das información privilegiada. — Endurezco mis nervios,
sabiendo que tengo que mantenerme fuerte.
—De acuerdo. —La única palabra me sale incómoda. No creo que
pensara contarme nada. Lo utilizó para acercarse a mí.
—Entonces, ¿Smurf y la señorita Funnel? — Todo su cuerpo se
tensa, pero no dice nada. — ¿No tienes nada? ¿El gato te comió la
lengua?
—Está enamorado de ella. — Se encoge de hombros. — ¿No es
algo normal?— Es normal cuando es unilateral, pero según la foto que
vi, no lo es.
— ¿Estás enamorado de la Srta. Funnel? — No puedo evitar el
destello de celos. Siempre me pasa con Van. Me estoy encariñando
demasiado.
—Vamos, Red. Sabes que solo tengo ojos para ti. — Me guiña un
ojo, intentando que nuestra conversación sea más divertida. Necesito
todo lo que tengo para mantener el rumbo. No permitir que su encanto
me desvíe de mi objetivo.
—Tengo fotos. — Lo digo abiertamente. No sirve de nada retrasar
esto por más tiempo.
— ¡Espera!— Detiene el coche justo antes de salir del
estacionamiento.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Y?— Espero. Se pasa una mano por la cara. Juro que es una
de las primeras veces que veo a Van nervioso. Siempre está tan
tranquilo.
—Como he dicho. Está enamorado. La he atrapado mirándolo
cuando cree que nadie le presta atención, pero Smurf no ha dicho una
mierda. — Sacude la cabeza. —Demasiado para el noviembre sin
locura. — murmura Van.
— ¿Noviembre sin locura? —No estoy segura de querer saber qué
es eso. Ni siquiera estamos en noviembre.
— ¿De verdad tienes fotos?
—En realidad no están haciendo nada en ellas. Es el fondo de
una de las fotos. Captó parte de la clase. Smurf está mucho más cerca
de ella de lo que debería. Prácticamente la tiene acorralada contra la
pared. No parece que le importe lo más mínimo.
— ¿Eso es todo? — se encoge de hombros. —Intentaste que
soltara más.
—Es un poco mi trabajo.
—Red.
—Lo sé. —Lo interrumpí. —Me aseguré de que solo yo tengo las
fotos. Las borraré.
— ¿En serio?
—No estoy aquí para arruinarle la vida a nadie. Además, Miles
Bleu es buena gente. — No puedo decir eso de todo el equipo de fútbol.
Siempre ha sido amable conmigo. Un poco tonto a veces.
— ¿Te gusta?
— ¿En serio?— Pongo los ojos en blanco.
—No es una respuesta, Red.
—Oye, no intentes darle la vuelta a esto. Me estabas ocultando
información. Rompiste nuestro trato.
Siento que me pongo nerviosa. No porque esta sea una historia
que alguna vez publicaría, sino porque no estoy sacando nada de esto.

Sotelo, gracias K. Cross


A menos que cuentes el orgasmo. Claro, eso fue alucinante, pero en
realidad, todo lo que ha hecho es que me enamore más de él.
Con cada segundo que paso con él, caigo más profundo. Voy a
terminar con el corazón roto porque él quiere usarme como escudo
para protegerse de las mujeres. No creo que eso funcione. A Bubbles
no le importó. A Rose tampoco.
Sigo olvidando que esto no es real. El impulso de correr me
cabalga con fuerza. No pensaba que fuera una corredora, pero Van me
tiene corriendo asustada.
— ¿Qué clase de historia necesitas?
—Esa no es la cuestión, Van. Me estás utilizando. — Rompo, mi
propio enojo conmigo mismo sangrando sobre él.
—Utilizándote. — Deja escapar una risa sin humor.
—Llévame a casa. — Cruzo los brazos sobre el pecho.
Van pone el coche en marcha y sale del estacionamiento. Lo miro
de reojo. Ha sido demasiado fácil... o quizá ha terminado conmigo y
con nuestro trato.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 20
VAN

Cometí un error. Fue un error honesto, porque a mí no me


importa mucho quién le interesa a Smurf, así que ¿por qué iba a
decírselo a Fleur? Además, es noviembre sin locuras. Él es el tipo que
corre con esa pancarta metafórica en el vestuario, por lo que el hecho
de que esté interesado en follar con la Sra. Funnel es tan noticiable
como compartir que el color favorito de Smurf es el azul. No se acuesta
con ella.
Pero... Fleur tiene razón. No he compartido todo con ella sobre
todo porque todo lo interesante que pasa fuera del fútbol es cuando
estoy con Fleur.
Ella dice que no está recibiendo nada de mí, pero lo que quiero
darle -yo, en serio- es lo único que garantiza que se vuelva loca. Puedo
ver el pánico en sus ojos. La tensión en las comisuras de sus labios.
Está pensando en lo pronto que puede dejarme. ¿Para ir adónde?
¿Volver a ese apartamento con el novio sospechoso al que le gustaría
hacer algo más que mirar las piernas de Fleur si pensara que puede
salirse con la suya? Y estaría sola. A todo el mundo en la escuela le
gusta Fleur. La invitan a todas partes, la gente habla con ella; nunca
hay un momento en el que no tenga a alguien con quien sentarse, pero
también me he dado cuenta de que tiene esa pequeña aura a su
alrededor que mantiene a la gente a distancia. Si tiene problemas, no
los comparte con nadie en la escuela. No tiene un hombro sobre el que
llorar.
Empiezo a pensar, y luego empiezo a hablar. —Brook Kosinski
se lo hizo a Bubbles Anderson después del último partido. Siempre se
ofrece como premio al máximo anotador, pero como ese era yo y soy
tuyo, pasé. Le dije que fuera a Roman Park, que es nuestro
quarterback, pero supongo que Kosinski la interceptó. El año pasado,
a Tucker le gustaba mucho una chica de la Younger Christian School,
una escuela religiosa privada de Pine Valley, pero ella le dijo que se
estaba reservando para el matrimonio. Pero luego en el verano nos

Sotelo, gracias K. Cross


enteramos de que quedó embarazada del pastor de jóvenes de la
iglesia. Estaba casado, pero no con ella.
Miro a Fleur por la ventana. No podía estar menos interesada.
—El color favorito de Smurf es el azul, por si quieres escribirlo.
—No se trata de Smurf. — Se queda callada un par de manzanas.
—Lo de Pine Valley es un poco noticiable. ¿Qué pasó con el pastor de
jóvenes?
—No estoy seguro. Yo no estaba el año pasado, y la historia de
Tucker terminó con él preguntándome si no contaba si lo haces con
tu pastor.
—Creo que cuenta.
—Le dije que esquivó una bala. Podría haber sido él el papá del
bebé. Eso te habría dado algo sobre lo que escribir.
—Me arrepiento de haberte dicho que no me diste nada.
Estaciono junto a la acera a un kilómetro de su apartamento. Se
asoma por la ventanilla y arquea una ceja en mi dirección. — ¿Has
olvidado dónde vivo?
—No. No quiero llevarte a casa todavía. — Ni nunca.
—No puedes retenerme en tu casa para siempre.
— ¿Por qué no?— No tengo ni una pizca de risa en la voz.
—Porque eso es secuestro.
—Suena pervertido. ¿Tienes una habitación en la casa que te
guste más? Te encerraré ahí. — Silencio. —Cuando escapes, tendrás
una buena historia.
—Solo... llévame al apartamento.
Ella ni siquiera lo llama hogar. Lo odia. También lo odio. —No.
Su boca se tensa, y el pánico en sus ojos se convierte en
pedernal. Me encanta cuando está así. No puedo dejarla ir. Si huye, la
perseguiré. Soy rápido. No hay manera de que pueda escapar de mí.
Seguiré persiguiéndola hasta que la atrape.

Sotelo, gracias K. Cross


—Tienes razón, Fleur, me he estado conteniendo. — La
decepción y el dolor se reflejan en su rostro antes de que un muro se
levante entre nosotros. Alargo la mano y la tomo, como si el contacto
físico fuera a impedir que se cerrara en banda. —También mentí. —
Mejor confieso todos mis pecados a la vez.
—Si esta es tu forma de disculparte, puedes quedártela. —
Intenta apartarse, pero es diminuta comparada conmigo.
—Lo único que me quedo eres tú. Cuando dije que podíamos
fingir que salíamos, quería que fuera real. Me callé lo que sentía
porque pensé que te asustarías. Estaba dispuesta a seguir con el juego
hasta que te dieras cuenta de que era un buen riesgo, pero no sé cómo
hacerlo, así que me estoy desahogando contigo. — Abre la boca, pero
niego. —En cuanto a por qué tú, ¿por qué no tú? Eres inteligente,
guapa, haces que mi polla se ponga firme cuando estás en un radio de
tres metros, y me gustas. No necesito ninguna otra razón aparte de
que soy más feliz cuando estoy contigo que en cualquier otro
momento, incluido cuando estoy en el campo de fútbol que, si le
preguntas a Sadie o a mi mamá, te dirán que lo que más me gusta es
estar en el césped. ¿Qué más? — Me aprieto la nuca, intentando
averiguar si me he dejado algo. —Oh, supongo que debería admitir que
planeo casarme contigo antes de ir a Eastern a jugar al fútbol y que
secretamente espero que quedes embarazada, pero si eso no es algo
que quieras hacer -la parte del embarazo- entonces esperaré. Eso es.
— Sonrío esperanzado. —Entonces, ¿qué va a ser? ¿Vienes a casa
conmigo por voluntad propia o tengo que secuestrarte?
Fleur se queda boquiabierta. Le meto un dedo bajo la barbilla y
se la empujo hacia arriba hasta que chasquea los dientes.
— ¿El gato te comió la lengua? ¿Y eso que significa? ¿De quién
fue el gato que alguna vez agarró la lengua de alguien?
Fleur se echa a reír. Se ríe y se ríe, se dobla en el asiento y se
agarra el estómago. Se ríe tanto que empieza a llorar. Me acerco, le
desabrocho el cinturón y la subo a mi regazo. La abrazo mientras
solloza y sus lágrimas cubren mi camiseta. Le levanto la cara y le
limpio las mejillas con los pulgares. —Voy a besarte porque eres
hermosa y porque espero que mi sensualidad te seque las lágrimas.
Me han dicho que tengo superpoderes.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Quién? — consigue decir entre jadeos.
—Todo el mundo.
—Nunca he oído a nadie decir que tienes superpoderes.
—Me llamaste Dios cuando te di ese orgasmo anoche.
Fleur se vuelve carmesí. —Eso no es lo mismo.
—Es un superpoder bastante grande.
— ¡No es un superpoder! — insiste. Sus lágrimas se han ido.
Sonrío. —Pongamos a prueba esa teoría. Puedes escribir tu
investigación para el periódico.
Acerco su boca a la mía y la beso hasta que se queda sin aliento,
jadea y grita mi nombre. No sé qué decirle, pero estoy seguro de que
tengo superpoderes. El superpoder de amarla, quererla y hacerla feliz
para siempre.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 21
FLEUR

— ¿Qué demonios llevas puesto?— Giro la cabeza y veo a Van en


la puerta de atrás con el ceño fruncido. Me pongo las gafas de sol en
el pelo y me incorporo.
— ¿Un traje de baño?— Estoy tumbada junto a la piscina. —
Creía que te habías ido.
Sadie vino y me sacó de la habitación de Van. He estado
encerrada ahí desde que volvimos ayer. Cedí y dejé que me llevara a
casa con él. Era difícil no hacerlo después de que me contara todo lo
que sentía por mí. Además, sabía que iba a terminar ahí de cualquier
manera. Van es persistente, y yo realmente no estaba de humor para
ser secuestrada ayer.
Tuvimos otra caliente sesión de besos con él dándome un par de
orgasmos. Así fue más o menos todo el día e incluso esta mañana.
— ¿Cómo diablos lo conseguiste?— Camina hacia la piscina.
Sadie intenta reprimir la risa a mi lado.
—Sadie me lo dio.
—Es exhibicionismo.
Suelto una carcajada. Tengo que admitir que me encanta erizar
las plumas de Van.
— ¿Qué hace tanta gracia?— Cruza los brazos sobre el pecho,
mirándome fijamente.
—Solo estamos Sadie y yo, loco. — Pongo los ojos en blanco, pero
la verdad es que todo mi interior se ha convertido en una masa caliente
y achocolatada. Van ya no se contiene. Se muestra posesivo. Me
encanta que sea yo quien lo ponga así.
—Dunc está por aquí. — Hace un gesto hacia la casa.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿En serio?— No puede pensar que Dunc va a estar
mirándome. Sus ojos nunca dejan a Sadie. Podría haber una maldita
supermodelo de pie delante de él, y ella bien podría ser invisible porque
Dunc ni siquiera le dedicaría una mirada.
—Tengo que ir a la reunión del equipo. — Van se saca la camiseta
por encima de la cabeza. Antes de que pueda reaccionar, la tiene sobre
mi cabeza y tira de ella hacia abajo para cubrir mi bañador. — ¿Dónde
está el protector solar?— Empieza a buscar alrededor de nuestras
tumbonas. —Tienes la piel clara. — murmura.
— ¡Van!— lo agarro por encima de los vaqueros y lo empujo hacia
mí. —Dame un beso y vete.
—Pero...
—Sadie y yo nos hemos puesto protector solar hace diez
minutos. Ahora cállate y bésame. — Una sonrisa sexy ilumina su cara.
Va a ser mi muerte. Ver lo feliz que se pone cuando le pido un beso lo
dice todo sobre lo que siente por mí.
Deja caer su boca sobre la mía y me besa hasta dejarme sin
aliento. Aprieta su frente contra la mía. —Volveré dentro de una hora.
—Te estaré esperando. —Me besa la punta de la nariz antes de
correr hacia la casa.
— ¡Y ponte una camiseta antes de irte! — Le grito.
—Lo haré, Red. —Me saluda fingidamente antes de desaparecer
en la casa.
—Son adorables. — Sadie da una pequeña palmada de felicidad.
—No tenía ni idea de que Van tuviera esta faceta. — Suelta un suspiro
de felicidad. —El amor está en el aire.
—Creo que tu amor se dirige hacia aquí. — Le hago un gesto a
Dunc. Me hace un gesto con la barbilla y se dirige directamente a
Sadie.
—Creo que necesitas refrescarte. — Ella le rodea el cuello con los
brazos cuando él la levanta de la silla y la sostiene mientras salta a la
piscina. Los miro jugar durante un minuto, pero cuando empiezan a
besarse, los dejo tener su momento y vuelvo a la habitación de Van
para cambiarme.

Sotelo, gracias K. Cross


Me doy una ducha rápida antes de tumbarme en la cama. El olor
de Van me envuelve. Me muerdo el labio. Creo que estoy enamorada.
Tiene que ser eso. No puedo explicar todo lo que me hace sentir. No
hay palabras para ello. Cuando habló de casarnos y de nuestro futuro,
abrió una puerta que pensé que permanecería cerrada para siempre.
Mantengo a todo el mundo a distancia, pero lo sé todo sobre ellos.
Nunca se me pasó por la cabeza tener mi propia familia, o al menos
no lo permití.
Mi teléfono vibra en la mesita. Me doy la vuelta, lo tomo y veo el
nombre de mi mamá.

Mamá: He tenido un accidente. ¿Puedes recoger mi tarjeta del seguro del


cajón de los trastos de la cocina y traérmela al hospital?
Me incorporo. Intento llamarla, pero no contesta.

Yo: ¿Estás bien?

Mamá: Hablaremos de ello cuando llegues al hospital.

Yo: Voy para allá.


Van no volverá hasta dentro de veinte minutos. Como no quiero
esperar, pido que me lleven antes de terminar de vestirme y salir. La
preocupación me invade.
Puede que no esté de acuerdo con mi mamá la mayoría de los
días, pero no quiero que le pase nada. Debe de ser grave si no me lo
cuenta por teléfono. Se me pasan un millón de cosas por la cabeza.
Me permito pensar lo peor.
—Gracias. — le digo al conductor cuando llegamos a mi
apartamento. Salgo corriendo del coche, subo las escaleras y busco
las llaves en el bolso. Cuando las meto, me doy cuenta de que no está
cerrado.
—Jesús, mamá. — ¿No estoy en casa y se olvidó de cerrar la
puerta?
Rebusco en el cajón de los trastos, sin encontrar su maldita
tarjeta del seguro. Tiene que estar en otra parte. Me doy la vuelta para
comprobar su habitación y me topo con un cuerpo. Unas manos caen

Sotelo, gracias K. Cross


sobre mis hombros y me inmovilizan. El miedo se apodera de mí
porque sé exactamente quién es.
—Richard. — Finjo una sonrisa. —Mamá está en el hospital. —
Intento retroceder, pero no me suelta los hombros. —Tengo que
conseguir su tarjeta del seguro. ¿Puedes soltarme?— Le aprieto el
pecho, pero no se mueve.
—Tu mamá está en el trabajo. — Sonríe. Se me revuelve el
estómago.
— ¿Qué?
—Creo que es hora de que tengamos una pequeña charla.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 22
VAN

—Dile a Fleur que se vista. La llevaré a Oak Hill a comer y de


compras. Necesita su propio traje de baño. — Preferiblemente uno que
tenga más de dos centímetros de tela.
— ¿Fleur? ¿No está contigo?— Sadie responde.
— ¿Qué quieres decir? Tenía una reunión de equipo así que la
dejé contigo.
—Nadamos un poco y luego entró a ducharse. No pude
encontrarla, así que pensé que había ido a verte.
—Ella no tiene coche, Sadie. Espera. — Corro hacia el
estacionamiento y miro a mí alrededor. No hay ni rastro de ella. —
¿Quizás se quedó dormida en algún lugar de la casa?
—No lo creo. Llamé a su teléfono y no oí nada, pero volveré a
mirar. Como dijiste, no tiene auto, así que si no está contigo, está en
algún lugar aquí.
—Mierda. De acuerdo, déjame comprobar su localización. Luego
te llamo. — Cuelgo y abro la aplicación de localización. La ubicación
de su punto verde me da escalofríos. Está en su apartamento. Miro la
hora. Son las tres de la tarde. ¿Estaría su mamá en casa a esta hora?
¿Estaría el imbécil? Fleur no iría al apartamento si pensara que el
imbécil estaría ahí. Aun así, me dirijo a mi coche y salgo por la calzada,
sin chocar por poco con el Benz de Smurf. Toca el claxon y me despide.
Le pediré disculpas más tarde.
En casa de Fleur, salgo por la puerta sin apagar el motor. Por
mí, que se lleven mi coche. Lo único en lo que estoy concentrado es en
entrar en ese apartamento. Subo las escaleras de dos en dos. En la
puerta de Fleur, empiezo a aporrear. — ¿Estás ahí, Fleur? Abre.
No hay respuesta. Me detengo y apoyo la oreja en la puerta. ¿Son
ruidos? ¿Un grito ahogado? Joder. Doy un paso atrás y golpeo con el

Sotelo, gracias K. Cross


tacón el pomo de la puerta. Todo el marco hace ruido. Lo hago una y
otra vez. Un vecino dos puertas más abajo asoma la cabeza. — ¿Qué
demonios haces, hijo?
—Mi novia está adentro.
El viejo sacude la cabeza. —Vete o llamo a la policía.
—Genial. — espeto. La policía debería haberse metido en esto
hace mucho tiempo. Pateo la puerta una vez más y cede. No hay nadie
en la pequeña cocina ni en el sucio salón. Corro hacia la única puerta
cerrada y la abro de golpe. Richard tiene a Fleur clavada en la cama.
Todo lo que veo es rojo. Le arranco.
Fleur se baja de la cama y grita: — ¡Fuera!
Richard suelta una carcajada desagradable. —Chica, no estás
en posición de decirme lo que tengo que hacer.
—Esta es la casa de Fleur, así que sí, tiene todo el derecho a
decirte que te vayas. — Señalo la puerta. —Hora de irse. — Si no se
va, podría matarlo, lo que realmente quiero hacer, pero Fleur me
necesita más, y no puedo estar con ella si estoy en una maldita celda.
—Me iré cuando Fleur me dé lo que me espera. — Se sube los
pantalones.
Fleur emite una arcada. Llevo las manos a los costados. Este
imbécil realmente quiere una paliza, pero Fleur es mi prioridad.
Respiro hondo. Tengo que ser inteligente. Apuesto a que Dunc me
ayudará a joder a este pedazo de mierda cuando salga del trabajo o de
su casa. Supongo que un hermano puede ser útil. Ahora mismo,
necesito sacarla de este puto lugar. Ella nunca va a volver. No hay
razón para que esté aquí. —Vamos por tus cosas, nena. — Le tomo la
mano, quiero sacarla de aquí antes de meterme con este cabrón.
— ¡Van, cuidado!
Me giro justo a tiempo para ver a Richard golpeándome la cabeza
con un bate. El aire sobre mi cabeza silba cuando el bate pasa cerca
de mi cráneo y se estrella contra una lámpara cercana. — sal de aquí.
— Empujo a Fleur hacia la puerta antes de enfrentarme a Richard.
Ahora me mira a mí. Tiene los ojos enrojecidos, como si un
demonio lo poseyera. — ¿Ahora te crees un pez gordo? — me dice. El

Sotelo, gracias K. Cross


viejo cabrón va a agotarse. —A ver cómo te miran las chicas cuando
lleves muletas y no puedas correr. — Esta vez el bate viene bajo, hacia
mis piernas. Salto contra la pared. Buen conocimiento de la situación,
Van.
Tengo que agacharme de nuevo cuando Richard levanta el bate.
Me abalanzo hacia delante, haciéndolo caer hacia atrás. Mide por lo
menos 2,50 y tiene esa dureza de los viejos. No cae. Me rodea la
cintura con los brazos e intenta levantarme con algún movimiento de
lucha libre que podría haber aprendido hace mucho tiempo, pero si él
tiene la edad de su lado, yo tengo la voluntad de la juventud. Me
inclino hacia él y su impulso lo hace retroceder. Cae y se golpea la
espalda contra la cómoda.
Un aullido sale de su garganta. —Te voy a despellejar, chico. A
la mierda tus rodillas, todo tu cuerpo está acabado. — jura. Aún tiene
el bate en la mano. Le doy una patada justo cuando gira la pierna y
me golpea las rodillas. Tropiezo y me agarro al borde del colchón.
Se lanza hacia delante, intentando alcanzar el bate. Lo empujo
hacia atrás con el pie. ¿Este viejo está drogado?
—Vamos, Van. Vamos. — dice Fleur desde la puerta. Miro por
encima del hombro y la veo con una bolsa en la mano.
—Ve. Iré detrás de ti. — Y entonces recuerdo cómo ella no quiere
quedarse fuera, no quiere que le mienta. —Después de patearle el culo
a Dick.
— ¿Tú y qué ejército?— Richard se acerca con el bate en las
manos. Cae junto a mi cabeza. Ruedo hacia un lado. Fleur grita algo,
y entonces oigo un gruñido y un golpe. Ha tirado la lámpara a la
cabeza de Richard. Él gira hacia ella, agarrando el bate con fuerza.
Utilizando el colchón como palanca, salto hacia delante y le
rodeo el cuello con los brazos. Se acabó. No me importa si lo mato
ahora. Tengo mis propios movimientos de lucha. Con el brazo derecho
bajo la barbilla de Richard, empujo el bíceps con el izquierdo y le
aprieto la tráquea. Se resiste a mi agarre, con los pies agitados.
Mantengo la presión mientras oigo a Fleur gritar mi nombre. De
repente, una multitud aparece en la puerta. Mi papá biológico, mi otro
papá, un tipo con uniforme de policía, Fleur, Dunc e incluso mi mamá.
Joder, no me van a dejar acabar con él.

Sotelo, gracias K. Cross


El policía se abre paso hasta el frente de la multitud. El bate que
estaba en las manos del saco de basura rueda hacia un lado. —Parece
que irritaste a los niños, Dick. — El policía sonríe. — ¿Por qué no me
dejas intervenir?
De mala gana, suelto el agarre. Richard cae al suelo. Sujetándose
la garganta, balbucea: —Será mejor que arrestes a este imbécil por
intento de asesinato, Ed.
—Richard, tengo un testigo que me dice que intentabas darle un
rodillazo a este chico con un bate de béisbol. Creo que su alegato de
defensa propia va a quedar bastante bien, mientras que tu intento de
agresión a una chica está bastante mal visto. ¿Quieres ir conmigo
tranquilamente o tengo que esposarte y montar una gran escena?
Richard escupe al pie del policía. Ed levanta el tacón de su bota
y lo coloca a un lado de la cabeza de Richard. —Por qué todo el mundo
elige el camino difícil, nunca lo sabré. Cam, llévate a estos dos chicos
a casa y que se queden ahí. Enviaré a alguien para que les tome
declaración.
—Lo procesaremos con todo el peso de la ley. — dice mi papá
biológico.
—De acuerdo, tomaré nota. Ahora, váyanse todos. — Ed
mantiene la cabeza de Richard clavada en el suelo mientras nos echa
de la habitación.
— ¿Estás bien?— Mamá me pasa las manos por los brazos.
—Estoy bien, mamá. — La abrazo fuerte y le doy un beso en la
frente porque sé que lo necesita. Se la paso a mi papá biológico y le
doy un abrazo a mi papá. En cuanto lo suelto, Dunc me toma en
brazos y me golpea en la espalda.
—Me has quitado diez años de encima. — dice. Me suelta y gira
la cabeza hacia un lado, pero no antes de que vea un sospechoso brillo
de humedad en sus ojos. Estaba realmente preocupado por mí.
Fleur se hace a un lado. Tiene las manos cruzadas delante de
ella y la cabeza gacha. Se siente sola y probablemente muy
avergonzada. Dejo a mi familia y deslizo mi mano entre las suyas.
Recojo la bolsa que está a sus pies. —Vámonos a casa.

Sotelo, gracias K. Cross


—Creo que ya no tengo casa. — susurra en voz tan baja que
hasta yo apenas puedo oírla.
—Sí que lo tienes. Está conmigo. Siempre conmigo, nena. Vayas
donde vayas, estoy ahí. Soy tu hogar y tú eres el mío.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 23
FLEUR

Sé que debería estar enloqueciendo, pero todo lo que siento es


entumecimiento. —Siento haber metido a tu familia en esto. — Espero
que no estén todos molestos conmigo. Puse a Van en peligro.
Van me sacó de mi apartamento, dejando a su familia atrás para
limpiar el desastre de mi propia familia. Si es que a la mía se le puede
llamar familia. No quiero volver a ver a mi mamá. Este fue un error de
más ahora. Nunca se preocupó por los hombres que entraban y salían
de mi vida. Siempre he sido una ocurrencia tardía. Tristemente, ni
siquiera me sorprendería que se quedara con Rich después de esto.
—No te disculpes por eso, Red, mi familia es tu familia. — Desliza
sus dedos entre los míos, tomándome la mano. —Ellos son tu familia.
— Me aprieta la mano. —Eres mi chica. Vas a ser mi esposa y un día
la mamá de mis hijos, así que ellos también son tu familia.
Me arden los ojos de lágrimas. —Quiero eso. — Miro a Van
cuando suelta un largo y profundo suspiro. No quiero seguir luchando
contra esto. Quiero luchar por ello. No contra él. Van me ha
demostrado que siempre me apoyará una y otra vez. No voy a dejar
que mis miedos lo alejen. Él es lo mejor que me ha pasado nunca.
—Ya era hora de que aceptaras todo esto.
—Te conozco desde hace dos meses, Van. — Me río.
—Pues yo supe a los dos segundos de ver tu culo que eras mía.
— Sacude la cabeza. —Creo que es algo en los hombres de nuestra
familia. Cuando lo sabemos, lo sabemos.
—Todos ustedes parecen bastante posesivos. — Eso es decir
poco.
—No tienes ni puta idea. — Se detiene en su auto. Me
desabrocho el cinturón mientras estaciona el coche. Me arrastro para
sentarme a horcajadas sobre él, necesito estar lo más cerca posible.

Sotelo, gracias K. Cross


—Pues enséñamelo. — Me froto contra él. No quiero que nada se
interponga entre nosotros.
—Red. — Gruñe, me rodea con los brazos y deja caer su frente
sobre la mía. —Ese cabrón estaba... — Corto sus palabras con un
beso. Ahora mismo no quiero pensar en nada más. Solo quiero sentir.
Es cuestión de segundos que su boca se apodere de la mía de
una forma que solo él puede hacer. Me agarra el pelo con fuerza y me
sujeta a él. Aprieto su dura polla, intentando aliviar el dolor que se me
ha formado entre los muslos.
—Joder, siempre sabes tan bien.
—Quiero probar más de ti. — Empiezo a besarle el cuello. Van
se mueve y me doy cuenta de que nos está sacando del coche. Sus
manos se dirigen a mi culo. Lo rodeo con las piernas y me lleva al
interior de la casa, a su dormitorio. Me deja caer en la cama antes de
ir a cerrar la puerta y quitarse la ropa al mismo tiempo. Me pongo de
rodillas.
—Ropa, Red. —Me ordena que me la quite, pero es más rápido
que yo. Antes de que me dé cuenta, me está quitando la camiseta y
desabrochando el sujetador. Tiro de sus boxers, liberando su polla. —
Red. — Gime cuando lo rodeo con la mano. Sentí lo grande que era
cuando me abalancé sobre él como una gata en celo, pero es aún más
grande de lo que imaginaba.
—Eres grande. — Me mira fijamente. Está de pie a un lado de la
cama. Su pecho sube y baja al respirar profundamente. Se lleva las
manos a los costados y sé que intenta controlarse. Me lo trago. Me
siento poderosa, sabiendo que tengo a Van en la palma de la mano en
todos los sentidos.
—Joder. — Su voz es tensa mientras acelero los movimientos de
mi mano. Sé que está a segundos de recuperar el control. Pero no he
terminado. Me inclino hacia delante, manteniendo mis ojos fijos en los
suyos y lo tomo en mi boca. —Red. — Suena un gemido profundo. Sus
dedos se hunden en mi pelo.
Me lo meto más en la boca. Mis ojos se quedan fijos en su cara,
saboreando el placer que veo ahí. Devorando el hecho de que soy la
única chica que pondrá eso en su cara.

Sotelo, gracias K. Cross


—No puedo. —Retira la polla y se libera. No tengo oportunidad
de protestar antes de que Van me tumbe en la cama. Me baja los
pantalones y entierra su cara entre mis muslos. El hombre ya conoce
mi cuerpo. Con un par de rápidos movimientos de lengua, me hace
correrme contra su boca. —Necesito estar dentro de ti.
Van se arrastra por mi cuerpo, usando sus rodillas para que
abra mis muslos y él pueda acomodarse entre ellos. Me aparta algunos
rizos de la cara.
—Te amo. — le digo, rodeándolo con los brazos. Su polla empuja
dentro de mí.
—Estoy intentando no correrme, ¿de acuerdo? Quizá no deberías
hablar. — Suelto una carcajada. Gruñe, apretando los dientes. Siento
cómo mi sexo se contrae alrededor de su polla. —Tampoco te rías.
Lo rodeo con las piernas y lo empujo hacia delante. Siento un
dolor agudo cuando se hunde completamente dentro de mí.
—Red. — respira. —Abre los ojos, nena. Dime que estás bien.
Sabía que tus piernas darían problemas.
—Estoy bien. Estoy mejor que bien. — Nunca me sentí tan cerca
de alguien. Nunca podré olvidar esto.
—Te amo. — me responde. Una de sus manos se dirige a mi culo,
levantándome parcialmente de la cama. —Y ahora voy a demostrarte
cuánto. — se retira y vuelve a introducirse. Suelto un gemido. El dolor
que había sentido antes desaparece. Ahora solo Van entra y sale de
mí. Su boca nunca abandona mi cuerpo. Me adora. Es demasiado.
— ¡Van!— Grito cuando el orgasmo me golpea. Encierro todo mi
cuerpo alrededor de él, abrazándolo tan fuerte como puedo. Él gime
mi nombre, su liberación derramándose dentro de mí.
Tenía razón. Ahora estoy en casa.

Sotelo, gracias K. Cross


Epílogo Uno
VAN

— ¿Estás bien, All-Star?— Giro la cabeza y veo a Red en la puerta


del baño. Ladea la cabeza y sus rizos rojos caen sobre su hombro
desnudo. Joder, es hermosa.
— ¿Qué demonios llevas puesto?— Mi chica lleva un vestido
blanco sin tirantes que abraza cada curva de su cuerpo.
La cosa se detiene unos centímetros antes de sus rodillas,
mostrando sus piernas que todavía me vuelven loco. Incluso lleva
tacones. Juro que intenta matarme. Toda la sangre de mi cuerpo va a
mi polla. Los últimos ocho meses la he tenido tan a menudo como he
podido, y aun así nunca es suficiente. Sé que nunca lo será.
— ¿Te gusta?— da una vuelta para mí. Me abalanzo sobre ella.
Fleur no intenta esquivarme. Sus días de huir de mí han terminado.
Le agarro el culo para levantarla y ponerla a mi altura. Me rodea el
cuello con los brazos.
—No me gusta, jodido amor.
—Podría llevar un saco de papel y dirías eso. — Se ríe. Un sonido
que disfruto. Es un recordatorio de que consigo que no sea seria todo
el tiempo, pero Fleur también hace eso por mí.
—No estoy seguro de cómo me sienta que dejes nuestro
dormitorio en él. — Le doy un apretón en el culo.
Fleur pone los ojos en blanco, fingiendo estar molesta. Sé que le
excita lo posesivo que puedo llegar a ser. Le encanta que la cuide.
Nadie lo ha hecho nunca por ella, y menos mal que le encanta. No hay
forma de que deje de hacerlo.
—Solo vamos a cenar con la familia. — Fleur se ha mezclado con
mi familia mejor que yo. Verla con todos ellos hace que el
resentimiento que guardaba se desvanezca. En realidad, ha
desaparecido. No es que mi papá biológico lo sepa. Todavía le doy la

Sotelo, gracias K. Cross


espalda. No estoy seguro de por qué en este momento. Sé que necesito
superar mis propios problemas, pero no estoy segura de cómo hacerlo.
—Voy a hablar con él.
— ¿En serio?— A Fleur se le ilumina toda la cara. Jódeme.
Hablaría con el mismísimo diablo si eso hiciera que se iluminara así.
Aunque conozco otras formas de conseguir esa reacción de ella.
—Van. — Se contonea. —No lo hagas.
— ¿Qué?— Finjo que no sabía que me dirigía hacia la cama con
ella.
—Después de cenar. Mi pelo y maquillaje. — A Fleur le importa
una mierda el pelo y el maquillaje, pero pasó el día con Sadie y mamá
haciéndoselo. Querían pasar un día con ella antes de que nos vayamos
juntos a la universidad. Eso es lo que es esta noche. Una cena de
despedida y celebración.
—Bien. — acepto, pero no antes de tomar su boca. Cuando
suelta un gemido, tengo que bajarla y alejarme o no cumpliré mi
palabra.
—Vete, tenemos poco tiempo.
—De acuerdo. — ¿Por qué demonios me siento nervioso de
repente? Pueden quedar tres segundos en el reloj, mi equipo puede ir
perdiendo por seis y yo estoy más tranquilo que una lechuga.
—Nada de lo que digas estará mal. Cooper te quiere. — Red besa
mi mejilla antes de enviarme en mi camino.
Cuando llego al último escalón, me encuentro con mi papá. —Te
ves bien. — Le da un repaso a mi traje.
—Gracias. —Me río porque me ayudó a elegirlo.
— ¿Ya te vas?— Mira su reloj.
—Iba a hablar con Cooper. — Mi papá sonríe.
—Ya era hora. También es tu papá. No puedes castigarlo
eternamente por algo que no sabía. Aunque te dejará.
—Debería haber ido por mamá. — Me pongo a la defensiva.
Mierda. Ese no es el plan.

Sotelo, gracias K. Cross


—Y él pensaba que estaba casada conmigo y con unos cuantos
hijos. — Su mano baja sobre mi hombro, dándole un apretón.
—Lo sé. — Joder.
—Continúa. — Me suelta el hombro. Es agradable tener el visto
bueno de mi papá. Alivia un poco la extraña tensión que tengo. Red
va a dejarme trabajar el resto con ella. Apuesto a que me dejará hacer
cualquier cosa si limpio el resto de este desastre.
Me detengo en la puerta del despacho de Cooper. Oigo la risa de
mi mamá adentro. Sacudo la cabeza. Nunca supe que a mi mamá le
faltaba una luz. No hasta que la vi con Cooper por primera vez.
No sé cómo Cooper lo hizo todos estos años. Sé cómo estoy con
Red, y veo a Dunc y a Sadie. Los hombres en esta casa son obsesivos.
Tenemos la misma sangre bombeando a través de nosotros. No es que
realmente importe. Sadie y mi papá no comparten mi sangre, pero son
mi familia.
— ¿Van?— Cooper me llama. Levanto la cabeza, perdido en mis
propios pensamientos.
Mamá me dedica una cálida sonrisa y se acerca a mí, de pie en
la puerta del despacho. —Te quiero. —Me besa la mejilla. Mamá sabe
lo que voy a hacer. —Voy a reunir a las chicas para que podamos irnos
pronto. — Cierra las puertas del despacho y nos deja solos a Cooper y
a mí. ¿Por qué demonios me siento nervioso de repente?
— ¿Te vas pronto?— pregunta Cooper, rompiendo el incómodo
silencio.
—Sí. — me agarro la nuca y aprieto, sin saber por dónde
empezar. —Gracias por todo lo que hiciste por Fleur. — Limpió todo el
desastre y no pestañeó a la hora de dejarla mudarse.
—Es lo que hace la familia. — Se encoge de hombros como si no
fuera gran cosa, pero lo es.
—He sido un imbécil. — Las cejas de Cooper se levantan ante mi
admisión.
—Suele ser cosa de familia. — responde con una sonrisa de
satisfacción.

Sotelo, gracias K. Cross


—Supongo que sí. — Sacudo la cabeza.
—Estoy orgulloso de ti. No solo por hacerlo bien en el colegio y
en el fútbol, sino también por cómo eres con Fleur. — Se acerca a mí.
—El tiempo que estuve lejos de tu mamá casi me mata, pero el lado
positivo es la familia que tenemos ahora. Sebastian y Sadie incluidos.
— Tiene razón. No cambiaría nada aunque nos los quitara de nuestras
vidas.
—Somos un desastre.
—De la mejor clase. — Sonríe. —Te quiero, Van.
—Yo también te quiero, papá. — Me agarra y me da un fuerte
abrazo. Uno que no sabía que necesitaba hasta este momento. Sé que
no resolverá todos nuestros problemas, pero es un comienzo.

Sotelo, gracias K. Cross


Epílogo Dos
FLEUR

Muchos años después…


No es frecuente ni realmente nunca que tenga que ir en busca
de mi esposo, pero hace veinte minutos que ha desaparecido de la
fiesta. Lo vi entrar por la puerta trasera. Estaba hablando con unos
amigos. Estaba ocupada haciendo la ronda por la fiesta intentando
dar las gracias a todos por haber venido antes de que pudieran
marcharse. Por mucho que quisiera ver qué hacía mi esposo, no quería
ser grosera. Al fin y al cabo, todos los invitados estaban aquí por mí.
Y estaba realmente agradecida por su apoyo.
Me dirijo hacia la casa. Solo hace un año que terminamos de
construirla. Es más de lo que jamás pensé que tendría en la vida. Es
un sueño hecho realidad. Pero esa es la realidad que me ha dado Van.
No tardo mucho en encontrarlo. Está en el estudio con nuestra hija
mayor. Es donde guardamos todos sus trofeos y anillos de la Super
Bowl. Estoy segura de que con el tiempo añadirá algunos más a la
colección. No podría estar más orgullosa de él.
— ¿Crees que aquí está bien? — le pregunta a nuestra hija. —
Debería estar en el centro.
— ¿Has robado eso de mi despacho? — Ambos se giran hacia mí
ante mi pregunta.
—Debería estar a la vista. — Van se hace a un lado para dejarme
ver claramente el premio que gané de Women's Media Foundation en
honor a los muchos artículos que he escrito a lo largo de los años. Me
hice autónoma cuando salí de la universidad. Esa decisión me dio un
poco de miedo al principio, pero confiaba en mi forma de escribir y el
apoyo inquebrantable de Van hizo que fuera menos intimidante.
Necesitaba tener libertad para moverme a mi antojo porque, por
mucho que quisiera escribir, siempre quise tener una familia. Lo
deseaba más que nada, y Van llevaba toda la vida intentando

Sotelo, gracias K. Cross


embarazarme. Sabía que era cuestión de tiempo que quedara
embarazada después de la universidad. Además, con Van en la
primera ronda del draft de la NFL, necesitaba poder moverme durante
la temporada. Nunca me he perdido un partido. Lo mismo se puede
decir de nuestros hijos.
Me acerco a mi esposo y lo beso. Siempre ha sido mi principal
apoyo. El hombre haría cualquier cosa por mí, y yo haría cualquier
cosa por él. Me ha demostrado un amor incondicional.
—Estoy aquí. — resopla Molly, haciéndome romper nuestro
beso.
Pero Van no me suelta. Me mantiene arropada contra él. Una de
sus manos sobre el pequeño bultito que ya ha salido. Sé que va a ser
un niño. Siempre se me nota la barriga cuando es un niño. Será
nuestro tercer hijo, pero el quinto. Creo que será el último, pero eso
también lo dije la última vez.
— ¡Molly!— Oigo a mi sobrina llamarla.
—Ya voy. —Sale corriendo de la habitación, dejándonos solos.
Me sorprende que su papá la haya alejado lo suficiente como
para venir con él a trasladar mi premio. Cuando los primos están
juntos, son un grupo salvaje que se mantiene unido. Por eso hicimos
que Dunc construyera nuestra casa al final de la calle de él y Sadie.
Los padres están solo una calle más allá.
—Puedo mover algunas de mis cosas cuando tengas más
premios. — Van saluda despectivamente a sus trofeos. Sacudo la
cabeza. Juro que parece más orgulloso de mi premio que cuando ganó
el suyo. Sinceramente, me saltan las lágrimas.
—Gracias. —Dejo caer la cabeza hacia atrás para mirarlo
fijamente. Cuando Women's Media Foundation dijo que organizarían
un acto por mi premio, Van ofreció nuestro patio trasero. Cualquiera
diría que se está celebrando una boda, con esas carpas gigantes de las
que cuelgan lámparas de araña.
En realidad es mucho más extravagante que nuestra boda. La
nuestra había sido pequeña y dulce. Era lo que ambos queríamos. Van
se había empeñado en que nos casáramos antes de irnos juntos a la
universidad. No iba a discutir con él. Estaba más que feliz de casarme

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con él en nuestra ceremonia de último minuto. Sadie y mamá la
organizaron en tiempo récord. Fue absolutamente perfecta.
—Puedes agradecérmelo dándome un baile. — Me toma de la
mano y me lleva afuera. Se está haciendo tarde, y la mayoría de la
gente se ha ido. Nuestra familia, sin embargo, sigue firme, ocupando
una mesa entera. Algunos niños corren alrededor, jugando a
perseguirse. Todos nos sonríen cuando Van me acerca al centro de la
pista de baile.
Apoyo la cabeza en su pecho mientras nos mueve. Estos son los
momentos que más importan. Los momentos en los que estamos todos
juntos como una familia. Es algo que me faltó en mis primeros años,
pero no cambiaría ni un segundo. Volvería a pasar por todo eso si eso
significara que puedo estar aquí ahora mismo.
Mis ojos ven a Fischl y a los dos padres mirándonos. Dunc lleva
a Sadie a la pista de baile para que se una a nosotros. El resto de la
fiesta se desvanece y solo quedamos nosotros. Mi familia. Todos aquí
para apoyarme y celebrarlo.
Van me ha dado más de lo que jamás podría devolver. Puso todos
mis sueños a mis pies.
—Red. — Van pasa sus dedos por mi pelo. —Te necesito. — Se
inclina y me acaricia el cuello. Todos estos años, y todavía me anhela
tanto como aquel primer día.
—Me tienes.
Sé que tengo más de lo que jamás necesitaré.

Fin…

Sotelo, gracias K. Cross


Sotelo, gracias K. Cross

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