LA PELUCA/ IDENTITARIA
La obra se desarrolla en un escenario escueto, pocos muebles, lúgubre. Mesa, un par de
sillas. Una mecedora en un rincón.
Los personajes son: Una madre bastante deteriorada físicamente. Rígida por momentos,
afectuosa en otros. Una hija que ha dejado su vida y sus mejores años al lado de ella.
Tratando de cubrir las faltas y las ausencias de ambas.
En la primera escena, la madre está sentada y al frente tiene una peluca en un maniquí,
al cual le habla, a la distancia …
MADRE: Vos sí que la tenés fácil. Vos no sabés lo que es el sufrimiento. Por todo lo
que tuve que pasar. Para vos fue fácil, cuestión de hacerle caso a tu deseo. ¿No? Ese
deseo perverso que me destruyó. (pausa mientras mira la peluca). Sabés todas las
veces que pensé en arrancarte esos pelos… ¡No sos nada sin ellos!! ¡Nada! (casi
llorando). No tenés corazón. No tenés compasión, empatía. (Se acerca y toma la
peluca, juego libre y ambivalente, con mucho movimiento corporal y usando el espacio)
Toda una vida conviviendo con una verdad que no quería ver. Y mirá que te supliqué,
que lloré, rogué, y nada te importaba. Solo tu placer, ignorabas mi dolor. Te cagabas
(enojada, gritando) te cagabas en mí. Yo, que te di mi juventud, los mejores años de
mi vida. Viendo cada día cómo te emperifollabas y te arreglabas a escondidas para
huir por las noches, (con tristeza) a vivir no sé qué vida... ¿Qué voy a hacer yo ahora?
¿Cómo se sale de esto? ¿Eh? Ahora decíme cómo porque yo ya no puedo más. No sé
qué más hacer para olvidar tanto dolor.
(Transición) Pero bueno, ya estoy mejor. Me levanté, como siempre lo hice. ¿O acaso
creíste que ibas a verme tirada llorando en una cama? Si es así, vos no me conocés…
Yo ahora soy otra, soy otra ¿entendés? Comprendí mi verdadera naturaleza de mujer.
¡Estoy fuerte! Mirá… (se acerca y se pone la peluca) ¿No me ves superada? (recorre el
escenario, desfila). Miraaaaaaaaá, si hasta tengo ganas de parecerme a vos. Así, hecha
una lady, (con ademanes) caminando por la calle como si nada te importara… (grita)
DESCARADA… Eso es lo que sos, nunca te importé …¡Te cagaste en mí! ¡cuánto
habrás disfrutado!... BASURA… (grita y llora. Se arranca la peluca, la pisa. Pausa. La
levanta lentamente, como si fuera una coreografía, la huele, la abraza. Se calma y se
sienta. La toma entre las manos y la peina. Queda mirando la nada. Entra la hija).
HIJA: Mamá, ¿qué hacés? ¿Qué hacés con esa peluca? (se para de frente, la mira) ¿Otra
vez estuviste llorando? (la toma de la barbilla)
MADRE: (Se suelta) Nooooo… (Se limpia) Vení, sentate.
La hija se sienta en el suelo, en el regazo de su madre. Ella le pone la peluca y comienza a
peinarla. Es una escena muy fuerte porque tiene que percibirse que al colocarle la peluca
le está dando un mandato de cómo vivir la vida y su hija está aceptando sumisamente la
propuesta.
HIJA: (sonríe y se mueve graciosamente con la peluca, cambia el tono de voz) ¿Cómo me
ves?
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MADRE: Hermosa.
HIJA: La próxima que vayamos a la tanguería pienso ir así, con el vestido negro y los
aros largos que me regalaste en el último cumpleaños.
MADRE: Ahhh… ¡Qué buena idea! ¿Y yo qué me pongo? Tenemos que ir lookeadas las
dos. Tacos, vestido y mucho maquillaje.
HIJA: Voy a conseguirte otra peluca. Así estamos iguales. Nos disfrazamos y pasamos
desapercibidas. Ja, ja.. Nos vamos a divertir un rato.
MADRE: Sí… van a extrañarse de que las Moreno no lleguen. Ja, ja…
HIJA: Me encanta compartir con vos esas salidas. El baile…
MADRE: SA mí también, … (Reprocha) a ver si esta vez al menos, enganchás a alguien.
HIJA: (con tristeza, evocando un recuerdo) El tren pasa solo una vez, madre.
MADRE: ¡Dejate de joder! No seas amargada. Sino ¿para qué vamos?
HIJA: Para distraernos. Para aprender a bailar. ¡Qué se yo!
La hija se levanta y toma del brazo a la madre, invitándola a bailar. Recorren el escenario.
Ambas ríen…
HIJA: Me encanta verte sonreír así. Es hora de que dejemos el pasado atrás y que
comencemos a vivir una nueva vida.
MADRE: (la suelta, mientras camina por el escenario, contrariada) Vivir, vivir…Cuando
una está muerta por dentro. ¿Qué sabés vos de vivir?
HIJA: ¡Cortala mamá! No pienso engancharme en tu melodrama y en tu pesimismo.
La madre enciende el equipo, se escucha un tango, canta una estrofa, pausa grande.
MADRE: (Transición, mira la nada. Reacciona.) En cualquier momento va a llegar tu
hermano, así que ponete a barrer acá y fíjate qué le vamos a cocinar, debe venir
cansado…
HIJA: ¡Otra vez! Ya basta mamá. Esto no sirve de nada. Sabés que ya no va a venir.
MADRE: (acomoda, no la escucha) Desde que empezó a trabajar en esa peluquería,
con esas “mujeres” (hace gestos de comillas para resaltar mujeres, con desprecio).
HIJA: En ese momento, era lo mejor que le pudo haber pasado, para salir de la calle.
Ellas le dieron un lugar.
MADRE: (enojada) Yo no lo mandé ahí.
HIJA: ¿Te parece que no? Con tu desprecio, tu abandono. ¿Te parece que no?
MADRE: No seas exagerada, él hizo las cosas porque quiso. No fue mi culpa. Si hubiera
tenido un padre…
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HIJA: ¡No empecés con eso otra vez! No me banco la autocompasión. Es hora de que
empieces a ver tu responsabilidad en esto.
MADRE: (Toma la peluca y se la entrega) Callate… Tomá, la voy a donar.
HIJA: Dejate de joder. (no la acepta) Dejala, (declara). Yo la voy a usar.
MADRE: Ay… pero callate… (violentándose de a poco) ¿Qué vas a usar vos? Te queda
chica … No estás a la altura … ¿Sabés todo lo que representa vos? (pausa) LA
LUCHA…
HIJA: ¿¿¿Qué??? (enojada) ¿Ahora me vas a hablar de sufrimiento? No seas cínica.
MADRE: No soy cínica. Soy realista. (se conmueve) ¿O acaso no te das cuenta de que
una madre no puede ver un hijo sufrir?
HIJA: Me doy, sí, me doy… Me doy cuenta de que vos podrías haberle evitado el
sufrimiento.
MADRE: ¿Y qué? ¿Dejar que salga así a la calle para que la sociedad lo hiciera mierda?
HIJA: ¿Y nunca pensaste en que si hubiera estado fuerte le hubiera importado menos
la gente?
MADRE: La gente, la gente… parecés mi madre…
HIJA: No sos tan diferente a ella.
MADRE: Ni en sueños. (enojada) Si hubiera sido un poco (gesto con los dedos) un poco
como ella, ustedes no se hubieran desmadrado…
HIJA: ¡Ahí está! ¡Ahí lo tenés! La raíz de todos los males… (se interrumpe)
MADRE: (la cuestiona) ¿Qué? ¿Qué cosa? (gritando) Hablá…
HIJA: ¿Vos no te escuchás?
MADRE: ¿Qué?
HIJA: Dijiste… DES-MADRADO… ¿Lo entendés o vas a evadir responsabilidad?
MADRE: Responsabilidad… ¡Qué sabés vos de eso! Si toda tu vida estuviste bajo mi
ala.
HIJA: No me cambiés los papeles… Estábamos hablando de vos…
MADRE: DES- MADRADO. ¿Te creés que no te entendí? Sin madre. Yo no me ubico en
ese papel. Es muy fácil juzgar. Pero hay que estar en mi lugar.
HIJA: Yo no digo que no.
MADRE: ¿Vos tenés idea lo que significa? (rompe en llanto. Evoca con un gesto) Mi
niño… mi muchachito… el que tuve entre mis brazos, al que arrullé… al que di de
mamar…
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HIJA: Sos exagerada… no es para tanto…Era cuestión de aceptar las cosas como son.
MADRE: ¿No es para tanto? (horrorizada) ¿Y cuando venía golpeado? ¿Cuándo lo
agarraba la cana y lo hacían mierda? ¿Cuándo lo rechazaba la sociedad? ¿Acaso yo no
tenía razón?
HIJA: ¿Y te acordás qué hacías vos a cambio? Con tus reproches, tus presiones. ¡¡¡Lo
obligabas a hacer cosas que no quería!!! Hasta le decías cómo se tenía que vestir.
MADRE: Pero ¡qué sabés vos de lo que sufre una madre! Vos, que (se interrumpe, se
calla con culpa) … ¿Acaso vos sabés lo que es dar a luz?
HIJA: Dejá de hablarme así… Dar a luz. ¡Qué feo que suena eso! Como si las personas
no tuviéramos una luz propia.
MADRE: No me hagas más tu juego de palabras. (grita) ¡¡¡La que lo parió soy yo!!! Así
que no me vengan ahora con cambiar… Dejate de joder…
HIJA: ¡Retrógrada! El mundo cambió. Enterate.
MADRE: No sé qué me duele más, mirá… si haber tenido un hijo puto o que se
prostituya. Es lo peor que le puede pasar a una madre.
HIJA: No era puto. ¿Qué decís? Eso, quedó en el pasado. Vanina ya se fue.
MADRE: Vanina nada… Pedro …
HIJA: No por mucho… Pudo tener su DNI
MADRE: Ahí es cuando nos diferenciamos. ¿Entendés? No entiendo por qué no estaba
contento con lo que la naturaleza y Dios le dieron.
HIJA: Es que no importa lo que sos, importa cómo te sentís, ¿entendés? Yo
comprendo que es una frustración, de que él no haya sido el hombre que soñaste,
pero los hijos no son de nuestra propiedad, son personas que piensan, que sienten…
MADRE: Le faltó un padre. Lo sé. Me lo dijo el psiquiatra…
HIJA: Puede ser. A mí también. Pero esa no es la causa.
MADRE: ¿¿¿Sabés qué??? En las reuniones me dijeron que no hay que verlo como una
enfermedad.
HIJA: Culpa, culpa mamá. La maldita culpa que nos hace a todos infelices. La misma
que me tiene atada a vos, aquí en esta casa.
MADRE: ¿Acaso no sos feliz acá vos??; ¿no te conviene? Creí que sí. Siempre te hizo
falta mi sostén. Nunca te las arreglaste sola.
HIJA: Hubiera querido no tener que necesitarte tanto… haberme animado a salir de
aquí. (con nostalgia) En cambio me quedé, bajo tu pollera. Siempre tratando de
agradarte. Sin animarme a vivir mi propia vida. En ese sentido amo a mi hermana
Vanina. Ella sí que tuvo… lo que hay que tener…
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MADRE: Unos huevos que no quiso…
HIJA: (cambiando de tema. Se mira las manos) Ayer me hice las uñas. Hermosas…
MADRE: ¿Fuiste a ese lugar?
HIJA: ¡¡¡Ay, madre!!! Hablás como si fuera un antro de perversión. Es una peluquería…
MADRE: Lo sé. En el grupo dicen que es una excelente salida dedicarse a eso. Lástima
que mi bebé no tuvo tiempo para ver concretados sus sueños.
HIJA: Pero al menos pudo allanarle el camino a otras, que tienen la posibilidad de
tener un trabajo digno y dejar las calles, la desidia, la muerte. Ese era su sueño, cuando
luchó con sus compañeras para conseguir un lugar que las albergue y les de salida
laboral. Les darías un alegrón si vas.
MADRE: No sé, no es para mí ese ambiente…Además, me trae malos recuerdos. Me
acuerdo de ese desfile para recaudar…al que no fui, no quería saber nada con pisar
lo que yo llamaba antro. Y finalmente tuve que ir para su velorio.
HIJA: Un poco tarde siempre te das cuenta de las cosas ¿no?
MADRE: Me hablás desde el resentimiento. ¿Todavía no me perdonaste? Lo sé. Creo
que en el fondo te hice un bien. Ese tipo no era para vos. Te iba a hacer sufrir.
HIJA: ¿Sabés de qué me culpo? No tenés idea… de haber creído en algún momento
en que vos sí sabías lo que era bueno o no para mí. ¿Con qué derecho? ¡Qué boluda
que fui! Me culpo de no haberme atrevido a desafiarte, de haber tenido miedo a
dejarte sola. De haber vivido para complacerte, para tapar las faltas de ese hijo que
no te salió como querías. En ese sentido quiero poder ponerme esa peluca, esa
bandera que abrazó mi hermana con fuerzas hasta el último momento de su vida.
Porque ella sí se animó, se animó a desafiarte, se animó a ir más allá (llorando). Y mirá
que le pegaron y pegaron, que la abusaron. Sufrió el desprecio, las burlas, el
abandono, la pobreza. ¿Qué más? Otra víctima de esta sociedad que aún no ha
madurado lo suficiente como para brindarle oportunidades a la gente TRANS. Así que
sí… Si tan solo me hubieras dejado equivocar, aunque sea… (coloca a la peluca en su
lugar y sueña con ser independiente)
SEGUNDA PARTE
HIJA: (con una caja y una foto en la mano) Mirá lo que encontré en su cuarto.
MADRE: ¿Qué es eso?
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HIJA: Una caja de recuerdos. La estuve chusmeando. Mirá esta foto. ¿Te acordás de
Norita la vecina de al lado? Acá estamos las tres. Nos quedábamos todo el día en su
casa porque vos nunca estabas.
MADRE: Estaba trabajando. Tenía que hacerlo.
HIJA: Mirá, mirá. (Evoca los recuerdos) Jugábamos todo el día a disfrazarnos con la
ropa de su madre. Nos poníamos sus zapatos, camisones… (pausa) Vanina se ponía
pechos de medias. Ella siempre quiso ser mujer. Se sentía mujer. Me acuerdo de que
una vez me dijo: “yo no quiero un pito colgando”, yo quiero ser como vos. Y nos
echamos a reír como locas. Siempre quería ser la mamá, o la hija, nunca el papá. Yo
no me daba cuenta. Me divertía tener una hermana a quién maquillar. Recuerdo que
un día nos descubrió papá, en ese entonces vivía con nosotros, tremenda paliza nos
dio. Le gritó de todo… MARICÓN- MARICÓN, le decía. ¡Pobre mi hermana! La
obligaba a ir al club a jugar a la pelota, a hacer cosas de hombres. Ella se escapaba…
MADRE: Nunca le gustó el deporte. Por eso se llevaba siempre educación física,
porque no iba.
HIJA: No iba porque no quería hacer deportes de hombres. Se rateaba. Y yo a veces
le hacía compañía. Íbamos a mirar vidrieras por Santa Fe. (pausa grande. La actriz
puede jugar con algunos objetos de la caja. Sintiéndose culpable) No sé en qué
momento me distraje y la perdí de vista. Creo que fue cuando me enamoré de mi
primer y único amor, el que tiempo después me abandonó. La dejé muy sola.
El caso es que ella necesitaba guita. Lo repetía todo el tiempo. Y así supongo que
accedió a vender falopa, para poder comprarse las maquinitas de afeitar, los zapatos,
la ropa que se ponía cuando se escapaba por la ventana en las noches. (Evoca) Venía
cada vez más tarde. Y más arruinada.
MADRE: ¡Cómo no me di cuenta!
HIJA: O no querías ver. Estabas muy ocupada peleando con un padre ausente.
MADRE: Ya basta de reproches. ¿Te crees que yo no me los hago?
HIJA: Cuando Omar me dejó, porque se cansó de esperarme a que me animara a salir
de este infierno, poco a poco comencé a apagarme como una lucecita. Vos tomabas
y tomabas, fumabas como un escuerzo, te alimentabas mal.
MADRE: Te hubieras ido a la mierda si no te gustaba. Tu hermano también. ¡Mosquita
muerta! Se la pasaba girando.
HIJA: ¿Y de qué ibas a vivir? Si no tenías donde caerte muerta cuando papá nos dejó.
Cosiendo para afuera por dos mangos. Gracias a que ella giraba vos tenías guita para
los puchos y demás vicios.
MADRE: Bueno, ya está. Ya les pedí perdón. ¿cuántas veces querés que lo haga? El
Señor me perdonó. Yo ya cambié. Lo único que lamento es que tu hermano no haya
podido acercarse a la casa de Dios. Llegué tarde. Tarde para decirle cuánto lo amaba.
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HIJA: ¡Qué vas a amar vos! Qué sabés de amor… amar es aceptar a las personas como
son y no creo que eso hagas. Sino no seguirías llamándola como si fuese un hombre.
Seguro que no te hubiese encontrado gritándole a la peluca. ¿O volviste a tomar?
MADRE: ¿¿¿Estás loca????
HIJA: ¡¡¡Qué vas a saber de amor vos!!!
MADRE: Sí, sé. El amor no es de cobardes.
HIJA: ¿Acaso me considerás una cobarde? ¿Por haberme quedado a tu lado
sosteniéndote la vela? ¡¡¡Sos una mierda!!!
MADRE: Ahora podés irte si querés. ¿Qué te detiene? Nadie te ata. Te quedás porque
querés. Yo ya tengo quién me cuide. “Dios es mi pastor. Nada me faltará”.
HIJA: JA, JA, JA… A vos sí que te lavaron el cerebro. Y las culpas. ¡Qué fácil!
MADRE: ¿Sabés que pasa? Vos me tenés envidia. Eso pasa. Te da envidia que yo pude
rearmar mi vida. En cambio, vos, te quedaste para vestir santos, a envejecer acá. No
fuiste capaz de emanciparte. De tener una vida propia, siempre a mi sombra.
Llorando por los rincones. Complotando en secreto con tu hermano.
HIJA: ¡¡¡¡HERMANA!!!! ¿Cuándo lo vas a entender? ¡¡¡¡¡¡HERMANA!!!!!! ¿Qué tenés en la
cabeza que no entendés?
MADRE: (Se recompone) Perdón. Yo entiendo, sí, entiendo. Perdón. Es que no puedo
cambiar de un día para el otro, me cuesta. Hay cosas que no puedo entender. Por más
que le doy vueltas y vueltas.
HIJA: Qué casualidad, yo tampoco.
MADRE: No puedo entender por qué le hicieron eso… (llora) tenía toda la vida por
delante. Mi bebé… ¿Por qué no le entendí? ¿Por qué no lo acepté?
HIJA: Ese ambiente en el que estaba metido es así. Una vez que entrás, no podés
zafar, aunque quieras. No se lo iban a permitir, a la larga se la iban a cobrar.
MADRE: Y si vos viste el peligro ¿por qué no me dijiste?
HIJA: Si traté… Pero no me escuchabas. ¿Pensás que lo hice a propósito? ¿Vos crees
que disfrutaba de lo que hacía para ganarse la vida, que no tenía sueños?
MADRE: Yo no dije eso…
HIJA: A ver, a ver, decíme…
MADRE: ¿Qué?
HIJA: ¿Cuáles? ¿Cuáles eran sus sueños? ¿Los conocés?
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MADRE: ¡¡¡Basta ya!!! No me tortures más. Yo sé que me equivoqué. ¿Qué puedo
hacer yo ahora? (llorando) ¿Te crees que no me duele? Mi chiquitooooo… me lo
arrebataron. Me lo mataron… Mi bebé. Ni siquiera lo pude abrazar…
HIJA: Ya estaba muerta. No hay peor muerte que la indiferencia. Eso la mató. Al
menos tené un poco de cordura y reconocé su identidad de género. Y llamala Vanina.
El nombre que ella eligió.
MADRE: Es cierto. No me acostumbro. Si me viera ahora, que pude comprender
muchas cosas, seguro se sentiría bien por mí.
HIJA: No lo sé. (pausa) Abogada quería ser, ese era su sueño, que sin dudas hubiera
logrado, porque tenía espíritu luchador y era muy inteligente. Quería defender a
personas en su situación.
MADRE: ¿Y vos creés que lo hubiera logrado? ¿Acaso la sociedad le hubiera dejado?
HIJA: Los tiempos cambiaron hace rato mamá.
MADRE: En la iglesia donde yo voy lo hubieran ayudado. El pastor es un buen hombre,
sabe mucho.
HIJA: Hay muchas ONG donde reciben ayuda las personas TRANS. Todo está
visibilizado ahora. Hasta en la escuela.
MADRE: La iglesia también ayuda. Jesús perdona. Yo pude salir del infierno. Gracias a
Dios. Hace 4 años, 2 meses y 5 días que no tomo. Y ya no me importa que papá tenga
otra vida, otros hijos. No le guardo rencor.
HIJA: (Empática) Me parece bien. Es hora de que vivas tu propia vida y disfrutes. (Se
le acerca, la peina o le arregla el pelo mientras hablan) Ahora puedo entender que fue
difícil todo lo que pasaste cuando estabas con él. Cuando venía borracho y te molía a
golpes.
MADRE: No tenés idea. En ese entonces, las cosas no eran tan fáciles como ahora.
(recuerda) En la época en que yo fui criada, la mujer estaba al servicio del hombre
¿entendés? No tenía voz ni voto. Ja, ja, ja…” literal”, como dicen ahora. El hombre
era quien te daba ese título de mujer. Se vivía para agradarlo. Él tenía derecho a salir,
a hacer su vida, vos no podías cuestionar. (pequeña pausa) Yo sabía, yo sabía, siempre
lo supe que él tenía otra. Pero ¿qué iba a hacer? Por más que gritaba, lloraba,
pataleaba, lo único que conseguía era una buena golpiza. Y ni hablar de cuando me
obligaba a tener relaciones.
HIJA: ¡¡¡Qué horror!!!
MADRE: ¿Vos sabés que yo tenía sueños cuando era joven? Fantasías… Yo soñaba
con poder escaparme de este cuento. Quería que venga el príncipe azul a rescatarme.
HIJA: ¿Y nunca se te ocurrió que podías hacer las cosas por tus propios medios?
Dejarlo, liberarte de su yugo.
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MADRE: ¿Cómo? No es tan fácil. Era otra época. Tenía miedo. Miedo de salir, de vivir.
Lo único que sabía hacer era ser ama de casa. ¿Sabés? (pausa, evocando un recuerdo,
baila) Cuando era chica, yo hubiera querido ser bailarina de danzas clásicas. Cuando
iba a trabajar al taller con mi vieja, me encantaba ver a las chicas que estudiaban
danzas bajarse en la parada del colectivo para ir a la ESCUELA NACIONAL. Se lo
planteé a mi mamá. Me dijo (imitándola) “Eso no es para una chica de tu clase. Vos
tenés que estudiar y trabajar. El trabajo es salud. Y todo en la vida es sacrificio”.
Ya de grande, habiendo perdido mis sueños de bailarina, con lo único que soñaba era
con casarme, ser ama de casa. Cocinar, limpiar, criar hijos, tener plantas. (ríe) ja, ja,
ja… eso era la felicidad que nos hacían creer (suena el arroz con leche). Pero la verdad
es que no me quedó otra. Casarme para huir de esa madre estricta que no me dejaba
ser, que me ofrecía una vida rodeada de sacrificios. Y cambié de figuritas. No me di
cuenta o no quise ver que eran las mismas actualizadas.
HIJA: Lo siento mamá, ahora entiendo muchas cosas.
MADRE: Perdoname vos hija. Yo tendría que haberte impulsado a salir de acá. Dejar
que te realices. Que florezcas. Que alcances tus sueños. Y a Pe… Vanina tendría que
haberla aceptado como era. En cambio, elegí la postura cómoda, segura, la única que
conocí, la crítica, la rigidez. Y no sé en qué momento me perdí y terminaron ustedes
siendo mis padres. No sé cuándo dejé de protegerlos y me convertí en una carga.
HIJA: El alcoholismo es una enfermedad. Vos no eras consciente. No tenés la culpa.
MADRE: No sé, no sé.
HIJA: No te tortures más. (Cambiando de tema, le muestra una caja). Mirá lo que
encontré entre sus cosas.
MADRE: ¿Qué es eso?
HIJA: (Saca de adentro de la caja). Un diario. O algo así.
MADRE: No, no me leas nada. Ya sé lo que pone la gente en un diario. No quiero
enterarme de nada, no quiero saber, mucho menos lo que pensaba de mí.
HIJA: No tiene confesiones. Está lleno de dibujos y frases. ¿te acordás que le gustaba
dibujar?
MADRE: Sí, es cierto. Le encantaba.
HIJA: Diseñaba su propia ropa.
MADRE: (Recordando) Mi amor, ¡cuánto sufrió!
HIJA: Le muestra una página. Mirá estos dibujos…
MADRE: ¡Qué ropa elegante!
HIJA: Aquí hay una frase que me gusta “Estoy buscando formas posibles de habitar
mi cuerpo”.
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MADRE: Siiiiiiiii… ¿Le encantaba dibujar! Me acuerdo de que siempre me llamaban del
colegio por algo. Porque escribía en el margen de las hojas, o dibujaba. Un día, me
mandaron una nota citándome porque quiso entrar al baño de niñas. Yo pensé que
era un pervertido y cuando llegó a casa lo cagué a palos. No sabía cómo hacer frente
a la situación. Yo, una madre sola. No quería ver la realidad.
HIJA: Es que no le quedó otra que vivir una doble vida, bajo esas circunstancias, sin
apoyo. De día Pedro, de noche Vanina. (encuentra en la caja) Acá hay un sobre.
MADRE: ¿Una carta?
HIJA: (Lo abre y lee) No, es una póliza. De un banco.
MADRE: Dame. Dejá. Guardá eso. (Le entrega el sobre)
HIJA: (No le hace caso. Lo abre y lee) Es un seguro de vida. Hay que llamar. No veo sin
los lentes. Fíjate. Tiene un teléfono.
MADRE: (haciéndose la desentendida) Yo tampoco veo sin lentes. (Se lo devuelve)
HIJA: (Se inquieta) ¿Vos armaste todo esto? No te hagas la desentendida.
MADRE: ¿Qué cosa? ¿Qué insinuás?
HIJA: (desconfiada) No sé, decíme vos. ¿Qué significa?
MADRE: Pero ¿de qué hablás? ¿Estás loca? ¿Qué pensás?
HIJA: (Se levanta enojada y sale mientras grita) Más te vale que esto no sea una
jugarreta tuya para cobrar su seguro y hacer “no sé qué cosa” con ese dinero.
La madre se queda sola en escena. Mientras tanto, ordena nerviosa. Minutos más tarde
la hija entra gritando con el papel en la mano.
HIJA: ¡Sos vos! ¡Sos vos!
MADRE: ¿Qué decís? No sé de qué hablás… (haciéndose la tonta)
HIJA: Sos vos la titular del seguro. No es mi hermana como pensé. ¿Qué es esto
mamá? ¿Qué significa? ¿Por qué nunca me dijiste nada de este seguro? ¿No confiás en
mí? ¿Pensabas ocultármelo?
MADRE: Pero, no… No había llegado el momento de contarte, nada más.
HIJA: Sí, ya está. Ahora entiendo. Pusiste esa caja de Vanina a la mano para que yo la
viera y encontrara ese papel. ¿Te pensás que soy tonta?
MADRE: No exageres. Ves muchas novelas me parece.
HIJA: Es un montón de dinero.
MADRE: Mejor para vos entonces. Por lo menos me recordarás con alegría. Todo
tiene su lado bueno, ¿verdad? Al menos, tantos años invertidos entre estas cuatro
paredes, aguantando a esta mujer (se señala a sí misma), tienen su recompensa.
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HIJA: ¿Vos crees que todo se paga con dinero? ¿Qué con eso alcanza para cubrir mi
soledad?
MADRE: Creo que es hora de que hagas tu vida. Que ya es tiempo de pensar en vos.
HIJA: Aparte eso no se cobra hasta… (se interrumpe) ¿Vos pensás morirte pronto?
MADRE: (Nerviosa) En algún momento va a ocurrir. ¿Qué importa cuándo? Tenés que
pensar en vos.
HIJA: (Angustiada) No sé. No sé. (ida) Yo no sé vivir de otra forma ¿entendés? Toda
mi vida estuve acá a tu lado.
MADRE: Todo se acomoda solo. Dios ordena las cosas. Tenés que confiar y ser fuerte.
HIJA: ¿Más? ¿Más fuerte? Vos sabés por todo lo que pasé.
MADRE: No empecemos con los reproches. Es momento de mirar hacia adelante. De
construir una vida nueva. De perdonar y dar vuelta la página. Vos tenés mucho por
hacer. Sueños postergados. Muchos supongo. No los conozco, nunca te pregunté.
¡Qué mal que hice las cosas, por Dios! Pero aún tengo tiempo de reparar. (pausa) Al
menos con vos. No quiero que te postergues, acá encerrada en esta casa.
(confesando) Mi vida se apaga entendés. Yo estoy enferma. Tengo poco tiempo
dicen.
HIJA: (Reacciona de un salto, no lo puede creer) ¿¿¿Qué???
Madre e hija se abrazan. Se funden en un llanto. Se debe desarrollar la escena con dolor
por la inminente separación.
MADRE: Te prohíbo que me tengas lástima. No pienso hablar acerca del tema. Es algo
personal. No quiero preguntas. Nada. Yo me las voy a arreglar.
HIJA: ¡¡¡No hablés así!!!! Me estás haciendo daño. ¿Qué te pasa?
MADRE: (sin escucharla) Necesito saber que vas a estar bien. Que vas a hacer una
nueva vida. Y vas a respetar lo que te digo. Quiero que te des una segunda
oportunidad. Que tengas una pareja, no sé.
HIJA: ¡Pará! ¿Qué decís? ¿Acaso estás muy mal? Pareja a mi edad. ¿No ves lo vieja que
estoy? Yo estoy bien así. Dejame con mis recuerdos. Ya me acostumbré a la soledad.
Además, me divierte ir a la tanguería juntas, aunque sea a reírnos de nosotras mismas.
MADRE: (cambiando de tema) Estoy pensando en volver a coser. Después de todo es
lo que mejor se hacer.
HIJA: (Se recupera de la tristeza. Enseña el cuaderno.) Siiiii… Acá hay más modelos.
Mirá estos. Es para gente TRANS, creo...
MADRE: Por lo visto sabés mucho sobre el tema.
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HIJA: Todo lo que puedo. Tengo ganas de ayudar a personas como mi hermana. Lo
estuve charlando con las chicas de la peluquería. Ellas me orientaron bastante. Hay
muchos lugares. Mucha gente en su situación que no tiene donde ir.
MADRE: Viste que tenés planes. Que hay sueños. Acá hay lugar de sobra. La casa es
grande. Es tú casa.
HIJA: ¿Y el corazón?
(ambas ríen)
MADRE: Se me ocurre que podemos albergar a muchas chicas en esta aquí, si vos
querés. Pueden aprender a coser. O lo que ellas prefieran.
HIJA: Podemos hacer una gran marca de ropa… Empezar a vender en la feria, o por
internet.
(dibuja un cartel en el aire) “ANDRÓGINO” ¿Qué te parece ese nombre?
MADRE: (habla bajito, con voz apagada) Sé que no voy a recuperar a Vanina. Dos veces
la tuve y la perdí. Pero también entendí que hay muchas Vaninas en nuestra sociedad
y que necesitan ayuda. Muchas tienen la suerte de que sus familias las apoya y
entiende, pero hay quienes ni siquiera pueden tener una vida digna. Tuve que pasar
por su pérdida para comprender que LA BIOLOGÍA NO DEFINE EL GÉNERO.
HIJA: Podemos poner un negocio con las ganancias… Podemos poner cortinas allí…
(la hija camina y hace ademanes mientras sueña, alegre, habla y habla…Enuncia
proyectos)
La madre sentada en el sillón, la escucha, abrazando a la peluca. En un instante, deja de
hamacarse. Su vida se apaga.
FIN
Silvina Antonia Toledo
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