Batalla de Amor - Shannon Waverr Lly
Batalla de Amor - Shannon Waverr Lly
Shannon Waverly
Argumento:
Aunque Suzanna estaba todavía muy afectada por la repentina muerte de su
hermana y su cuñado, sabía que tenía que reponerse. Su sobrino, Timmy, de tan
sólo cuatro años de edad, la necesitaba. Y así, Timmy pasó a convertirse en el
centro de su universo.
Para Logan Bradford, la muerte de su hermano había supuesto un duro golpe. El
problema era que él se sentía responsable del bienestar de su sobrino y estaba
dispuesto a luchar por su custodia…
Por su parte, el pequeño Timmy Bradford también tenía algo que decir al
respecto. Él estaba encantado con si tía Sue y con el perrito que le habían
regalado y, desde luego, no quería irse a vivir con el tío Logan, un tío al que ni
siquiera conocía… Claro que si el tío Logan llegara a casarse con la tía Sue…
¡entonces, volvería a tener una verdadera familia!
Shannon Waverly - Batalla de amor
Capítulo 1
Era capaz de hacerlo; lo era. Todo lo que tenía que hacer era respirar
profundamente y recuperar una visión objetiva de las cosas. Después de todo, se
trataba sólo de adornar media docena de tartas. El mundo seguía andando.
Suzanna agarró al perro y lo encerró en el lavadero que había a la parte trasera
de la tienda, para luego volver al almacén donde su sobrino seguía sentado entre los
retazos de encaje, con un hilo de chocolate colgándole de la barbilla.
—¿Y qué explicación me puedes dar a todo esto, jovencito? —con las manos
apoyadas en las caderas, Suzanna lo miraba intentando mostrarse severa.
—Lo siento tía Sue —con cuatro años, Timmy podía ser a veces muy travieso.
—¿Cuántas veces te he dicho ya que no entres en esta habitación? Sobre todo,
ahora que tenemos al cachorro. Lleva mucho tiempo hacer estos adornos y a mí no
me sobra. La fiesta que tengo que atender es mañana.
Los grandes ojos azules de Timmy se llenaron de lágrimas y a Sue se le encogió
el corazón al verlo. De todos los deberes de madre que había tenido que ejercer desde
el accidente tres meses atrás, la disciplina era el que más duro le resultaba. Se agachó
apoyando una rodilla en el suelo y lo agarró del frágil hombro.
—Bueno, no pasa nada; sé que cuidarás de Buddy mejor a partir de ahora y que
esto no volverá a ocurrir.
El niño asintió algo tembloroso.
—Bien, ahora recoge todo esto y échalo a esa papelera. Tengo que hacerle un
cheque a Mary y luego… —Suzanna echó un vistazo a su reloj de pulsera y se sintió
culpable; la verdad era que no le extrañaba aquel comportamiento en el niño—.
Luego comeremos.
Timmy suspiró aliviado y Suzanna no pudo menos que abrazarlo y besarlo en
una mejilla, en el sedoso cabello castaño y luego en la otra mejilla.
Sonriendo, se puso en pie justo en el momento en que sonó el teléfono en su
despacho.
—Oh, no. ¿Quién será ahora? —dijo riendo, aunque en realidad empezaba ya a
estar cansada. Primero fue la gotera de la tercera planta, luego el retraso de dos horas
del reparto de la carne y ahora el teléfono.
—Suzanna, por favor ¿puedes contestar? —se oyó la voz de Mary —Mary era
una de las dos ayudantes a tiempo parcial que trabajaba con Suzanna—. Estoy muy
liada en este momento.
Suzanna salió del vestíbulo apresuradamente hacia su despacho, que en
realidad no era más que un pequeño espacio similar al almacén, sólo que en aquella
pieza contaba con una mesa vieja.
Aquella noche se quedó en la cocina todo el tiempo que le fue posible, aunque
finalmente no le quedó más remedio que salir. Pero pronto se dio cuenta que no tenía
nada más que temer. Logan Bradford no volvió a mirarla. Había desaparecido la
curiosidad y el interés, o a lo mejor nunca había existido excepto en su imaginación.
Después de todo, ella no era sino una empleada de servicios de restauración mientras
que él era un multimillonario. Poco después se despidió del anfitrión, agarró a la
rubia del brazo y abandonó la fiesta.
Suzanna no volvió a verlo hasta el día del funeral. Parecía que había pasado
tiempo suficiente para borrar aquella noche y a ella de su memoria. Y aquello la
tranquilizó, pues habría sido demasiado embarazoso que él lo hubiese recordado.
El funeral.
Suzanna no llamó personalmente a Mattashaum para comunicarles la noticia
del accidente. Esperó a que todos los preparativos concluyeran y luego, le pidió al
director de las pompas fúnebres que llamase a la familia de Harris. Los Bradford
tenían que enterarse de la muerte de Harris, pero ella no tenía por qué compartir su
dolor con ellos. Después del modo desalmado en que habían tratado a Harris y a
Claudia, ya no tenían derecho a nada.
Logan apareció solo en la iglesia y tuvo el acierto de no sentarse con la familia
de Suzanna. También fue al cementerio, pero mientras el resto de la gente se
consolaba bajo unas marquesinas, él se quedó aparte bajo la fresca llovizna de mayo.
Pero a Suzanna no le importó. Despreciaba todo lo que él representaba: el dinero y el
poder, los prejuicios y el elitismo. Deseó poder pedirle que se marchara, pero estaba
claro que no podía. Sólo podía mirarlo de vez en cuando, con una furia incontenible.
Esperó a que todos excepto Suzanna se hubieran marchado y, entonces, se
acercó a la tumba y se presentó. Su compostura la sorprendió. Llevaba tres días
llorando y aún no había conseguido parar.
—Siento la pérdida de su hermana —dijo con mirada indiferente.
Ella asintió con la cabeza, reticente a aceptar su expresión de condolencia.
—¿Dónde está su hijo?
—Está en casa con una niñera.
—Ah —asintió, poco interesado—. Espero que mi presencia aquí no la moleste.
Sabía que no era el momento apropiado para discutir pero sentía un dolor
demasiado profundo como para quedarse callada.
—Me molestaría menos si los hubiese visitado cuando realmente importaba.
Levantó su bien trazado mentón y apretó los labios.
—Mi hermano hizo su elección y luego tuvo que aguantar las consecuencias.
Suzanna volvió la cabeza y lo miró con desdén y perplejidad. Nunca había oído
algo tan despiadado en toda su vida.
—¿Por qué se ha molestado siquiera en venir aquí?
Se quedó un momento en silencio, con la mirada perdida.
Suzanna sintió de pronto cómo la invadía la ira con tanta fuerza que se sintió
mareada.
—Ah, ya veo. Ahora sí que es un Bradford; ahora cuando ya es demasiado tarde
para ayudarlos de verdad.
—Al contrario —empezó diciendo y arqueó las cejas con incredulidad—. El
hecho de venir a vivir a Mattashaum sólo le hará bien —levantó la vista y paseó la
mirada por la vecindad, dejando claro el significado de su gesto.
—Espere un momento —Suzanna abrió la puerta de aluminio con tanta fuerza
que le golpeó en la pierna—. Timmy tiene su hogar aquí, conmigo. ¿Qué le hace
pensar que lo voy a dejar marchar con usted? ¿Y qué le hace pensar que tiene algo
que decir al respecto? —volvió a echarse a reír, pero esta vez con nerviosismo—.
¿Quién cree que ha estado cuidando de él desde que murieron sus padres?
—Es cierto, pero según lo que sé yo, ni Harris ni su hermana dejaron escrito
testamento nombrándola su tutora legar.
—La verdad, no. Eran tan jóvenes que nunca se les ocurrió hacerlo, pero…
—En cuyo caso, como tío que soy del niño estoy dispuesto a asumir la
responsabilidad de su custodia.
Suzanna apretó los ojos con fuerza.
—Parece que no nos entendemos. Mire, yo soy la tutora de Timmy —añadió
golpeándose el pecho con el índice para darle más fuerza a sus palabras.
—Legalmente no —dijo con calma—. Mire, he venido hasta aquí esperando que
pudiésemos arreglar esto de forma civilizada y no…
—¿Civilizada? ¿Está intentando convencerme de que trasladar a un niño
huérfano a una casa extraña llena de gente extraña es algo civilizado?
—Sí. A lo mejor ahora somos extraños para él, pero es pequeño y se adaptará
rápidamente. Y una vez que lo haya hecho, gozará de todas las ventajas a las que
tiene derecho un heredero Bradford. Supuse que esos planes la satisfarían.
De pronto, Suzanna se dio cuenta de que estaba convencido de cada palabra
que decía. Se pasó la mano, temblorosa, por la sien.
—Todo esto no tiene sentido. No lo reconocieron cuando nació, ni se han
preocupado por su bienestar durante cuatro años y, de pronto, quieren hacerse cargo
del niño. ¿Y encima esperan que todo esto me agrade? —le temblaba la voz cada vez
más—. Señor Bradford, es mejor que salga de mi casa ahora mismo, antes de que
llame a la policía.
Vio la cólera brillar en sus ojos, pero aún así habló sin perder el control. En vez
de marcharse, se apoyó contra la barandilla del porche y la estudió durante un buen
rato, pensativo. Tras varios minutos, Suzanna empezó a sentirse como si fuera un
raro espécimen.
—Está bien señor Bradford, si tengo que pasar por ello para quedarme con
Timmy, entonces, nos veremos en el juicio.
Él asintió ladeando levemente la cabeza, después se dio media vuelta y volvió
al coche. Momentos después había desaparecido.
Todo a su alrededor seguía igual que cada día, pero a Suzanna se le había caído
el mundo encima. Se sentó en el último escalón rodeándose la cabeza con los brazos,
temblorosa.
Toda su vida había sido la hija responsable. La ayudante de su padre al
terminar la escuela, la amiga en la que su madre se apoyó tras la muerte de su padre,
la confidente a la que Claudia había acudido con todos sus problemas.
Ella había sido siempre una chica buena y sensata, aquella que siempre era
capaz de afrontarlo todo.
Contempló el blanquecino cielo veraniego, a punto de echarse a llorar.
Pero ya había aguantado bastante en su vida, ya estaba cansada.
Además, tenía el terrible presentimiento de que por fin se había topado con un
problema que no sería capaz de resolver. Y ese problema se llamaba Logan Bradford.
Capítulo 2
Logan Bradford dobló su servilleta en forma de abanico y jugueteó con ella bajo
los rayos del sol, disfrutando del juego de sombras y luces. Se apoyó en el respaldo
de la silla, contemplando el vuelo de una gaviota hasta que la vio perderse entre las
junqueras. Suspiró, deseando poder desaparecer él también.
Pero no le era posible. Se incorporó y se sentó correctamente. Aquel día tenían
algo importante que discutir, un problema serio y, como siempre, le tocaba a él llevar
a cabo la tarea. Dejó a un lado la servilleta y se concentró de nuevo en la
conversación.
—Por supuesto que tiene posibilidades de ganar —Charlie Gibbons decía desde
el otro lado de la mesa—. Y sería estúpido por nuestra parte ignorarlo.
Charlie había sido el asesor legal de la familia desde hacía más de treinta años.
—¿Posibilidades de ganar? ¿Y en qué se basan esas posibilidades? —preguntó
Collin Bradford con imperioso desdén.
Apagó el cigarrillo como si quisiera traspasar la mesa. Hacía años que Logan no
veía tan agitado a su padre.
—Es la principal benefactora del niño. Ahí están sus posibilidades.
—Me importa un comino quién sea ella. Se trata de mi nieto. Un Bradford, a
pesar de que sus genes estén ligeramente contaminados. Y no permitiré que sea
educado en un barrio bajo y menos por una retrasada como ésa.
—¡Padre! ¡Cálmate! Si te pones así no vamos a conseguir nada.
Su padre aspiró profundamente, gruñendo y revolviéndose en el asiento. Pero
finalmente se recostó de nuevo en la butaca.
—Entonces, ¿qué camino sugieres que tomemos? —preguntó Logan, mirando
de Charlie a los dos abogados venidos desde Boston, a sesenta millas de distancia,
aquel sábado.
Se incorporaron, contentos de haber logrado por fin su atención. Pero a Logan
le estaba costando mucho concentrarse aquella tarde. No podía dejar de pensar en
Harris, que era el causante de todo aquel lío.
El joven Harris, la oveja negra de la familia que les había dado problemas desde
el día de su nacimiento. De haber sido más razonable, Harry podría haber tenido el
mundo en sus manos. Si les hubiera hecho caso… Casarse a los veintiuno era
demasiado pronto para un hombre, especialmente para alguien que podría perder
tanto con su divorcio.
Pero la verdad era que Harry siempre les había desafiado. Hubo un año que
dejó el instituto para recorrer la costa del Pacífico andando; y también aquella vez
que lo arrestaron por hacer una fogata en una playa; y esa otra vez cuando le dio por
estudiar fotografía. Aunque no era que Logan tuviese nada en contra de la fotografía
Lo cierto era que había sido a Collin al que se le había ocurrido la idea. El hijo
de Harry debía estar allí, aquélla era su casa, aquél era su lugar. Con sus medios,
podrían cuidarlo infinitamente mejor que la tía. Además, a Collin le vendría bien la
presencia de su nieto. Había envejecido visiblemente desde la muerte de Harry y
Logan temía que sufriera un nuevo ataque cardiaco.
En un principio, Collin quiso solicitar él mismo la custodia del niño, pero a
causa de su delicada salud decidió que no tenía muchas oportunidades. Por ello,
Logan se vio obligado a hacerlo él y además no le importaba; de hecho, aquella idea
le agradaba mucho, como una especie de regalo que ofrecerle a su anciano padre.
Pero todo eso lo había pensado antes de darse cuenta que tenía una adversaria,
Suzanna Keating, aquella belleza de ojos verdes que lo había trastornado desde el
momento en que la vio por primera vez. Si Claudia era bella, entonces, su hermana
mayor era ya como un huracán. Tenía una larga y espesa melena que le caía hasta la
mitad de la espalda y las pestañas oscuras y tupidas. El cutis era como la piel de un
melocotón. La cara tenía una línea graciosa y estilizada. Justamente a un lado del
carnoso labio superior, tenía un pequeño lunar que seguro volvía loco a cualquier
hombre. Todo lo demás era largo, gracioso y esbelto: el cuello, los brazos, las piernas
y el talle; incluso las manos. ¡Pero, Dios mío, qué bien dotada estaba!
—¿Logan? —la voz de su padre lo sacó de aquella ensoñación—. Logan, ven a
sentarte.
Logan se sentó a la mesa donde los cuatro hombres lo contemplaban. Sonrió
levemente.
—¿Por dónde íbamos?
—Estamos con la estrategia —empezó Charlie Gibbons—. Estarás de acuerdo
en que debemos insistir en el punto de que podemos mantener con holgura al niño.
—Sí, por supuesto.
¿Qué demonios había estado haciendo? ¿Por qué se había puesto a pensar en
ella así? Suzanna Keating era una bella y joven mujer ¿y qué? Conocía a muchas
mujeres jóvenes y bellas y debería recordarse a sí mismo quién era ella antes de
ponerse así.
—Estoy de acuerdo con todo lo que has dicho, excepto que creo que debe ser
Tom el que investigue su vida. Necesito que elabores un informe exhaustivo sobre
los puntos que tenemos a nuestro favor.
Tom, el más joven de los cuatro abogados añadió.
—Debería haber aceptado tu oferta de ayer.
Todos menearon la cabeza con incredulidad. Todos excepto Logan. Escrutó el
horizonte, sintiendo un tremendo desasosiego. No sabía que Collin le hubiera hecho
la misma oferta a Claudia cinco años atrás y se sentía como un imbécil al haber
repetido la misma estrategia con Suzanna.
Tampoco le había hecho ilusión que ella le llamara cretino. Pero, en vez de
molestarle la baja opinión que tenía de él, sólo le proporcionaba tristeza; un
sentimiento que por otra parte lo confundía.
Normalmente no le importaba lo que pensasen los demás. Si le había sentado
mal, era por que Collin había sugerido la idea de ofrecerle dinero.
—Todavía no logro entenderlo —añadió Ben—. ¿Por qué está tan empeñada en
luchar por mantener la custodia del pequeño cuando abandonar le traería más
ventajas? Quiero decir, está soltera ¿no? Debería estar contenta de poder quitarse esa
responsabilidad de encima.
Collin se encendió otro cigarrillo, que agarró con manos temblorosas.
—Probablemente cree que le ofreceremos más dinero si se mantiene firme en su
sitio. Eso, o a lo mejor piensa que, si se queda con el niño, le pasaremos una cantidad
mensual para su manutención.
—Entonces, ¿se trata de dinero? —preguntó Ben—. ¿Es eso lo que quieres decir?
—Por supuesto. ¿Qué si no?
—A lo mejor cree incluso que los tres millones de dólares de Harry están
todavía en el banco esperando a que su hijo los herede —añadió Logan.
—Pero esa mujer jamás podrá hacerse con ellos —gritó Collin—. Ese dinero está
a mi nombre y no lo pondré a nombre de mi nieto hasta que me asegure que tenemos
su custodia permanente.
—No estamos hablando sólo de dinero —interrumpió Logan, esperando disipar
la impresión que Collin estaba causando en los presentes—. Se trata de educar y criar
a un niño de cierta forma —frunció el ceño pensativo—. Pero tomemos por ejemplo
el dinero, ya que estamos hablando de ello. En nuestra familia, siempre hemos
comprendido que el dinero va mano a mano con la responsabilidad, que debe ser
utilizado sabiamente con el fin de que sea productivo y para mantener Mattashaum
como hasta ahora. Trabajamos duro, tenemos valores bien arraigados. Para que el
hijo de mi hermano acabe pensando como un Bradford, es mejor que lo eduquemos
nosotros.
Tras este pequeño discurso se sintió aún más convencido de que estaban
haciendo lo correcto.
—Charlie, pongámonos en marcha de inmediato ¿Crees que podrías pedir cita
para una vista judicial para la semana que viene? Haz lo que sea necesario —
continuó diciéndole al abogado—. Debemos actuar con rapidez, golpear con dureza
antes de que nuestro contrincante se prepare para la defensa.
—Voy a hacer una llamada —contestó el abogado—. Mientras tanto, Ben,
cuéntale a Logan la idea que has tenido; ya sabes, ésa del matrimonio.
—¿De qué matrimonio estáis hablando? —preguntó Logan con cautela.
—Bueno, no es que no tengamos buenos argumentos —dijo Ben—, pero nuestra
causa tendría más fuerza si tu estuvieras, digamos, comprometido y con planes de
matrimonio.
una vocecita que le avisaba de los peligros de meterse en líos con una mujer a la que
él encontraba tan atractiva.
El hijo de Harry traería consigo vida a Mattashaum, pero lo más importante era
que Collin no iba a ser abandonado de nuevo. Al menos, tenía un hijo en el que podía
confiar.
—¿Suzanna Keating?
El abogado se echó hacia delante sobre la mesa, tendiéndole la mano para
estrechársela. No lo conocía de nada, simplemente lo había elegido al azar del listín
telefónico. Nunca había tenido necesidad de contratar a un abogado.
—Gracias por recibirme tan rápidamente, señor Quinn —dijo Suzanna, dándole
la mano.
Era un hombre de edad mediana, de cabello oscuro y abundante y un rostro
amable y reconfortante.
—Es un placer; por favor, llámeme Ray. Siéntese —volvió a recostarse en su
butaca de cuero y empezó a hojear un cuaderno de notas sobre la mesa—. Ya veo, un
asunto de custodia, pero no hay divorcio —levantó los ojos del bloc—. ¿Qué le parece
si empieza a contarme desde el principio? ¿De quién es el hijo del que estamos
hablando?
—De mi hermana. Se llama Timothy Bradford y tiene cuatro años. Claudia, mi
hermana, y su marido fallecieron en un accidente de automóvil el mes de mayo
pasado. Yo estaba cuidando de Timmy cuando ocurrió; cuidaba de él muchas veces.
Claudia y Harris ocupaban el apartamento de la primera planta. Cuando murieron,
me llevé a Timmy a mi apartamento y ha estado conmigo desde entonces. Hasta hace
poco pensé que estaría conmigo para siempre.
—¿Dejó su hermana testamento nombrándola su tutora?
Suzanna meneó la cabeza, ceñuda.
—Y supongo que no ha hecho nada todavía al respecto.
—No. Pero quería hacerlo algún día. Simplemente no pensé que fuera tan
urgente.
—¿Es usted su pariente más cercano?
—Sí, aunque tiene también un tío y un abuelo por parte de padre —abrió el
bolso y sacó los papeles que había recibido de los Bradford el día anterior, pero no se
los entregó enseguida—. El tío ha decidido convertirse en su tutor legal y por eso
estoy aquí.
—Ya veo —el abogado ladeó la cabeza—. Las familias no se llevan muy bien
¿no es así?
Suzanna desvió la mirada y con eso lo dijo todo.
—Cuénteme algo del tío. Hasta ahora no me ha dicho más que él es el que está
intentando hacerse con la custodia.
Respiró profundamente y le vino a la mente la imagen de Logan, seductora, sus
fuertes manos, sus carnosos labios… Dios mío ¿cómo podría estar ocurriéndole
aquello? ¿Cómo podría disgustarle tanto una persona y mismo tiempo experimentar
aquel deseo traidor?
—Bueno, pues vive con su padre en Mattashaum.
—¿Los dos solos?
—Sí, con el servicio. Su madre los abandonó hace años, cuando los niños eran
pequeños. Era mucho más joven que su marido y seguramente más cariñosa. Harris
solía decir que fue la frialdad de su padre lo que la alejó de él. Creo que se volvió a
casar y vive en Texas. De todas formas, no pinta nada aquí.
—Ya veo. ¿Y qué actitud adoptó el tío con respecto a su hermano?
—La misma que el padre. Están compinchados en todo: los negocios, la manera
de ser. Para ser sincera, Logan no estaba en Mattashaum cuando Claudia fue allí, por
lo que no formó parte de la discusión original, pero sí que lo conoció más tarde. Fue a
ver a Harris un par de veces en la universidad para convencerlo de que no se casara,
y se notaba mucho que apoyaba a su padre sin cuestionarse nada. Al principio,
Harris no era capaz de sobreponerse a su actitud. Pensó que Logan y él estaban más
unidos, pero, de alguna manera, su hermano había cambiado. Harris decía que fue
porque Logan es el heredero directo de Mattashaum y no quería hacer nada que
molestase a su padre. Fuera cual fuese la razón, después de la boda no volvió a
hablar con Harris. Eso le dolió muchísimo.
El abogado la escuchaba con una expresión de censura en su rostro.
—Parece como si les gustasen los juegos de poder a gran escala.
—Eso es exactamente. Eso era lo que siempre decía Harris. Su padre necesitaba
controlar a la gente que tenía alrededor y especialmente a su familia. Aquello era lo
que de verdad le molestaba de Claudia; ella tenía una influencia sobre Harris que él
no tenía. Y por eso hizo lo que hizo. Lo echó de casa sin un céntimo, sabiendo que
tenía que terminar sus estudios, que no tenía dónde vivir y que tenía una mujer y un
hijo a los que mantener. Todo con el propósito de hundirlo —Suzanna apartó la
mirada—. ¡No quiero que Timmy crezca en esa clase de ambiente!
Ray Quinn suspiró largamente.
—¿Y dice que este Logan no ha tenido contacto con el niño?
—Efectivamente, es un perfecto extraño para Timmy.
—Suzanna, esto va a resultar muy fácil. ¿Por qué estás tan preocupada?
Se mordió el labio, le tendió el sobre que había recibido el día antes.
Quinn abrió el sobre, leyó la carta rápidamente y luego la echó sobre la mesa.
—Muy bien. Van a llevar el caso a juicio. No te preocupes, por lo menos de
momento —pero al verla disgustada se incorporó en el asiento, con los brazos
cruzados sobre la mesa—. Muy bien, esto es lo que va a ocurrir. El viernes próximo
tú y yo vamos a encontrarnos con este Logan Bradford y su abogado en la oficina del
juez y el propósito será que el juez nombre a uno de vosotros tutor legal temporal;
alguien tiene que tener la custodia legal inmediata del niño. Y lo que el juez va a
hacer es inclinarse a tu favor porque eres la persona más cercana a Timmy, la que le
ha cuidado desde siempre.
—¿Está seguro?
—Nunca he conocido ningún caso donde no ocurriese así. Es lo mejor para el
niño. Y me apuesto a que ganará la vista para la custodia permanente del niño por
las mismas razones.
—¿La vista para la custodia permanente? ¿Cuándo será eso?
Se encogió de hombros.
—Podría ser dentro de un año, aunque probablemente sea antes. Entretanto,
tanto usted como Bradford serán investigados.
—¿Quién lo hará? —lo interrumpió, incorporándose en el asiento.
—Oh, un asistente social. Puede ser un psicólogo. Una persona designada por el
tribunal. Es algo rutinario.
—¿Y qué es lo que esta persona investigará exactamente?
—Dónde vives, tus costumbres, la actitud que tienes ante la educación de un
niño. Muchas cosas. No te preocupes, te ayudaré a prepararte para ello. Luego, al
final de la vista, el informe del designado para la investigación será utilizado en parte
como prueba de tu buena disposición para ejercer la custodia del niño.
—¿Y de dónde sacarán el resto de las pruebas?
—De mí, pero ya nos ocuparemos de eso en su momento. Deja de preocuparte
ya mismo. Timmy no se va a mover de donde está después de la vista del viernes.
—Espero que no. Después de todo lo que ha pasado el pobre, sé que todo ello le
perjudicaría muchísimo.
—Y eso es en lo que vamos a poner énfasis ante el juez. ¿Te pasa algo? Todavía
te veo preocupada.
—Sus honorarios. ¿Cuánto me va a costar todo esto? Sé que no será barato.
Se lo dijo y Suzanna tragó saliva. Aunque el precio no era demasiado
exagerado, era más de lo que podía permitirse.
—No te preocupes. Ya veremos cómo lo hacemos.
—¿Hemos terminado por hoy?
—Casi —de la mesa abrió un cajón y sacó unos impresos y una pequeña
grabadora—, sólo que ahora vamos a contar de nuevo su historia pero con más
detalle, desde el principio.
Capítulo 3
Suzanna se vistió, con cuidado de elegir la ropa más adecuada para ir a la vista.
Escogió un discreto vestido azul marino y una chaqueta estampada en el mismo
tono. Se cepilló el pelo y se lo recogió en una coleta baja con un pasador dorado. Se
maquilló ligeramente, esperando ofrecer una imagen que convenciese al juez.
—Estás estupenda —le dijo Ray Quinn cuando llegó a su despacho—. Vamos a
fulminarlos.
Pero una vez en el despacho del juez, empezó a perder la esperanza. Estaban
allí esperando la llegada de los Bradford y de sus abogados. Cada minuto que pasaba
se ponía más nerviosa, lo que probablemente era el efecto deseado con aquella
tardanza.
Por fin llegaron, entrando en formación militar encabezados por Logan
Bradford, por supuesto.
Suzanna lo miró de arriba a abajo, desde el cabello cuidadosamente peinado,
pasando por el sobrio y oscuro traje, la corbata roja y de vuelta a contemplar aquel
duro rostro bronceado por el sol.
Como si hubiese sentido que lo miraban, levantó la vista en dirección a ella y
una corriente de electricidad le recorrió el cuerpo. El estómago, ya de por sí revuelto,
se le revolvió aún más y las manos empezaron a temblarle.
Con Logan venían tres hombres de aspecto austero con maletines en la mano,
seguidos por una guapa rubia que vestía un traje de Chanel azul. No sabía de qué,
pero la cara de aquella mujer le sonaba de algo. Por último, un hombre mayor que no
podía ser otro que Collin Bradford.
Collin era un hombre muy alto, que caminaba estirado a pesar de que se
ayudaba con un bastón. Era delgado y de aspecto algo fantasmal, pero no cabía la
menor duda de que había sido un hombre apuesto en su juventud. Su imperioso
porte y la dureza de sus labios le hicieron darse cuenta de que era él el que dirigía a
aquella comitiva, y no Logan.
Sin vacilación, se sentaron. Logan junto al juez, que presidía la mesa, luego la
preciosa rubia y después, los tres hombres. Collin se sentó en la otra punta de la
mesa, de frente al juez.
Empezaron a abrir las carteras y maletines con aire eficiente y a Suzanna se le
encogió el corazón. Nunca se había sentido tan fuera de lugar en su vida. Sintió una
mano tranquilizadora sobre su hombro y miró a su abogado, intentando devolverle
la sonrisa. Pero la sensación de terror seguía oprimiéndola.
Harris solía decir que su familia era demasiado opresiva y que la única manera
de sobrevivir era evitándolos. En ese momento, empezó a entender el significado real
de esas palabras.
El juez los saludó con los buenos días de rigor y comenzó con la vista.
Desde el otro lado de la mesa, Logan Bradford arqueó la ceja izquierda con
incredulidad. Aquel gesto de altanería sólo consiguió enfurecerla más.
—Y además, esa joven de la que hablan, que ocasionalmente cuida de Timmy,
va al instituto y jamás ha abusado de las drogas. Una vez, solamente una vez, la
pillaron con un cigarro de marihuana y la llevaron al despacho del director; pero
desde entonces no ha vuelto a hacerlo.
—Suzanna —la amonestó su abogado suavemente.
La había aconsejado que le dejase hablar a él, pero no podía simplemente
quedarse quieta sin hacer nada. ¡La habían difamado!
—Y una cosa más —añadió—. Pedí el préstamo para ayudar a Harris a montar
su propio estudio fotográfico. No fue para pagar ningún tipo de deudas, fue algo
extra.
—Y los dos sabemos por qué llegó hasta tales extremos para ayudar a mi
hermano ¿verdad?
—Señor Bradford, señorita Keating —exhortó el juez—. Éste no es el lugar más
adecuado para saldar sus diferencias personales. ¿Podríamos volver al motivo inicial
del litigio?
El abogado de Suzanna se disculpó por el estallido de su cliente, pero se mostró
de acuerdo con que la oposición había tomado una postura injusta. Para sorpresa de
Suzanna, el juez recordó a la comitiva Bradford que estaban allí para demostrar que
Logan Bradford era un buen candidato para ser un buen tutor y no para descalificar
a la oposición.
Pero la amonestación había llegado demasiado tarde; las palabras ya habían
sido pronunciadas y ya habrían causado el efecto deseado.
Los abogados de los Bradford continuaron con la misma presunción con la que
habían empezado. Después que el daño estaba hecho, expusieron ante el juez el tipo
de vida que el niño podría tener si se iba a vivir a Mattashaum: una mansión de
veinte dormitorios, situada en una finca privada de trescientos acre, junto al océano;
una niñera sólo para él, cuyo único trabajo será cuidar del niño; un mayordomo,
sirvientes, caballos y barcos; una formación exclusiva en un colegio privado en el
campo. Y luego sacaron a relucir su más preciado armamento, un seguro de vida de
tres millones de dólares; el amor de un abuelo jubilado, y lo más importante, que el
mismo Logan Bradford estaría con él. Según ellos, Logan sería para el niño el padre
sin el que se había quedado. Además añadieron que como Logan estaba
comprometido para casarse con Cecily Knight, la mujer sentada a su lado, pronto
podrían darle al niño la estabilidad y el calor de una verdadera familia.
Suzanna se quedó helada. ¿Logan Bradford comprometido? Por alguna
perversa razón, sintió que se le encogía el corazón. Con curiosidad observó a la chica
que ya le tenía echado el brazo a Logan. Claro, era la misma chica que había ido con
él a la fiesta hacía dos años.
Con un gran esfuerzo centró su atención en las palabras finales que
pronunciaba el más mayor de los abogados de los Bradford.
—Su Señoría —dijo Suzanna con voz temblorosa—. ¿Cuándo tiene que
trasladarse el niño?
—Lo antes posible —contestó el juez con expresión compasiva pero resuelta.
—Iré a buscarlo el domingo —dijo Logan.
Tras ello, el juez les deseó lo mejor a todos y salió de la sala.
Se levantaron, temblorosos. Ray la tomó del brazo.
—No entiendo lo que ha ocurrido —dijo—. Lo siento muchísimo, Suzanna.
Parecía verdaderamente sorprendido. Suzanna meneó la cabeza.
—No ha sido culpa tuya ni de nadie. Logan Bradford tiene el dinero para
contratar a los mejores asesinos.
Se le encogió el estómago. ¡Timmy! ¿Cómo lograría explicárselo alguna vez?
—Ray ¿qué voy a hacer? —dijo con impaciencia—. No puedo imaginarme mi
vida sin Timmy. Él forma parte de mí.
Su abogado le echó un brazo por los hombros para tranquilizarla.
—Esto es sólo temporal, recuérdalo. Y te prometo que vamos a hacernos con la
custodia permanente. Y no se te ocurra hacer lo que estás pensando.
—¿Hacer qué? —dijo fingiendo no entender.
—Fugarte con el niño y alejarlo de aquí. Eso sería un secuestro y el secuestro es
un delito federal.
camino de vuelta. Había sido una mañana terrible y eso no era más que el principio.
La verdad era que no tenía ninguna gana de llegar a la vista principal.
—¡Maldita sea! —maldijo en voz alta, dándole una patada a un montón de
algas. No le gustaba nada formar parte de todo aquello. Estaba resultando más
peliagudo de lo que había pensado. Había esperado intervenir, jugar su papel y
luego volver tranquilamente a casa. Con lo que no había contado era con el efecto
que tendría sobre él Suzanna Keating.
—¡Maldita sea! —volvió a decir recordando cómo lo había mirado justo antes
de abandonar la sala. No tenía derecho a mirarlo así y hacerle sentirse tan mal.
Se le había notado que no sabía nada de antemano de los tres millones de
dólares de Harris. La expresión de sorpresa en su cara al mencionarse el tema había
sido demasiado real. Logan empezaba a sospechar que ese dinero no le interesaba lo
más mínimo; por mucho que Collin insistiese en lo contrario.
Y todo lo que había hecho para ayudar a Harris. Logan no se había enterado
antes ni de la mitad de lo que había hecho por él. Maldita sea, nunca se dio cuenta de
que Harris necesitase tanta ayuda. Le invadió un sentimiento de culpabilidad al
pensar lo duro que tenía que haber sido para ella, sólo algo mayor que Harris.
Logan ya no pensaba que estuviese tras el dinero de Collin, ni que hubiera
hecho todo aquello en su interés. Hizo una mueca al recordar lo duramente que la
había acusado de ello aquel día en el porche de su casa.
No, simplemente tenían delante a uno de esos individuos raros de encontrar
hoy en día, que actúan movidos sólo por la bondad de su corazón. Pero la
generosidad era una virtud que Collin no entendía, por ello seguía insistiendo en que
ella estaba detrás de algo.
Pero sólo estaba detrás del niño. Logan estaba seguro.
Se detuvo un momento. No le gustaba nada el giro que habían tomado sus
pensamientos. Suzanna Keating era una adversaria, tanto en el terreno legal como en
el personal y sería peligroso olvidarse de ello. Además ¿quién le decía que no estaba
actuando? Tenía que mantenerse en guardia. Y otra cosa que tenía que hacer era
dejar de contestarle mal a su padre.
De todas formas, era una pena lo indefensa que había estado. Su abogado era
uno local, bastante mediocre, mientras que ellos habían llegado con los mejores
abogados de todo Boston.
Se acercó más a la orilla y, sin saber cómo, una sonrisa se le dibujó en los labios.
No se había amilanado ni un solo momento. Todavía veía aquel brillo furioso en sus
grandes ojos verdes, todavía escuchaba su vibrante voz defendiéndose. A pesar de
todo, la admiraba. No merecía el golpe que se había llevado. Nadie lo merecía. Había
ganado el primer asalto y pensándolo bien, sabía que aquella decisión era la más
correcta. El niño estaría muchísimo mejor en Mattashaum que en la ciudad. Nadie le
haría cambiar de opinión. Además, no quería cambiar de opinión. No sólo iba a estar
el niño mejor, sino que también sería bueno para Collin.
Se quitó las zapatillas y las tiró a la arena. Luego, se sumergió entre la espuma
de las olas. Seguro que un baño era lo que mejor le vendría; sabía que era el más
adecuado para ganar la custodia del niño. Después de poco tiempo podría saborear
las mieles de la victoria.
Pero mientras se adentraba en el mar vio una imagen de la cara de Suzanna
teñida de dolor. Logan empezó a preguntarse si todas las olas del mundo serían
suficientes para hacerle sentirse bien.
Capítulo 4
Suzanna estaba guardando en el armario los platos de la comida cuando oyó
pasos en el camino. Nerviosa, echó una mirada a su reloj de pulsera. Logan la había
telefoneado el día antes diciéndole que iría al día siguiente alrededor de las dos. En
ese momento, comprobó que eran las dos en punto.
Se retiró el pelo que le caía sobre la cara, aunque bien sabía que nada podría
borrar las huellas de fatiga producidas por pasar dos días de tensión y dos noches sin
dormir.
El timbre de la puerta sonó. De pronto, sintió que la cólera y la tristeza la
invadían de nuevo. ¿Cómo podía un juez estar tan equivocado? ¿Por qué había
tomado aquella decisión tan estúpida?
El timbre volvió a sonar.
—Sí, ya voy —dijo apresurándose hacia la puerta.
Temía lo que estaba a punto de pasar. Pero ya se había resignado a acatar la
decisión del juez y cooperar. Por lo menos, estaría tranquila y amable en presencia de
Timmy para ayudarlo a sentirse mejor, pero nunca olvidaría su propósito. Iba a
recuperar a su sobrino, aunque fuese lo último que hiciese.
Abrió la puerta de entrada y se obligó a mirar a Logan Bradford a los ojos.
Tragó saliva, como siempre sorprendida por su fulminante atractivo. Había
sustituido el oscuro traje que llevase al juicio por una camisa de algodón azul, unos
vaqueros usados y zapatillas de deporte.
Se odió a sí misma por mirarlo de esa manera y aún más por el delator rubor
que ardía en sus mejillas. Logan Bradford podía ser un tipo atractivo, pero era
también el hombre por el que menos quería sentirse atraída.
—Pase —le dijo, haciendo un gesto de indiferencia con la cabeza.
Asintió fríamente antes de entrar en la cocina.
—¿Está Timothy listo?
—No, todavía no. Está echando una siesta.
Se puso tenso.
—Le dije que estaría aquí a las dos.
—Y yo quiero recordarle que no ha venido a buscar un paquete —hizo una
pausa y pensó que no era así como había planeado que fuesen las cosas. Quería
paz—. Siéntese, señor. Bradford. La verdad es que tenemos que hablar y ahora que
estamos solos… —Logan levantó una ceja y la miró de arriba a abajo con
indolencia—. Por favor —añadió ofreciéndole una silla y sentándose ella en otra.
Se quedó mirando a la mesa, sin saber cómo empezar. Las palmas de las manos
le sudaban. Pero tenía que romper el hielo; alguien tenía que hacerlo.
—¿Logan? —era la primera vez que lo llamaba por su nombre de pila, tanta era
la necesidad que tenía de conectar con él. Éste pestañeó y abrió mucho los ojos, con
sorpresa—. Va a haber consecuencias a todo esto. El que el niño haya dejado de
dormir bien es sólo el principio, quiero que lo sepa.
—Usted no me cree capaz de mucho, ¿verdad? —dijo recostándose en el
respaldo de la silla.
—Al contrario, le creo capaz de mucho, pero nada de ello bueno.
—Es una verdadera pena, pero para seguir con un espíritu cooperativo sólo le
preguntaré el porqué.
Suzanna se incorporó en la silla.
—No me venga con bromitas. Tengo un montón de razones.
—Dígame una, por ejemplo.
—Vale. ¿Qué hay de cómo trató a mi hermana?
—¿Cómo la traté? —entrecerró los ojos.
—Venga, le dijo que no era aceptable ni social ni económicamente. También
intentó hacerle chantaje como si ella sólo estuviera interesada en el dinero. Y el
desheredar a Harris por causa de ella, ¿qué me dice?
—¿Yo hice todo eso?
—Sí. Y creo que fue el comportamiento más ruín y mezquino que he conocido
en mi vida.
—¿Hice yo todo eso? —repitió.
—Bueno —vaciló—. Fue su padre, pero usted le apoyó desde el principio, lo
cual le convierte en culpable. Se opuso a la boda de su hermano porque Claudia
pertenecía a una familia de clase obrera.
Rió sin ganas.
—Espere un momento. Yo nunca insulté a nadie, excepto a Harris. Y eso fue
porque pensé que era demasiado joven e inmaduro para casarse.
Empezaba a acalorarse, Suzanna lo estaba viendo. Pero no tenía tiempo ni
ganas de preocuparse por ello. Estaba demasiado sorprendida por lo que acababa de
decir.
—¿Quiere decir que se opuso al casamiento por su edad?
—¡Por supuesto!
Suzanna se quedó pensativa. También a ella le había parecido que la edad era el
mayor obstáculo. De repente, se dio cuenta que había tantas cosas que deseaba
preguntarle, tantas dudas…
Pero, en ese momento, un par de enormes y llorosos ojos grises aparecieron por
detrás del arco que unía la cocina con el comedor.
—Timmy, ven aquí, mi amor. Ven, no tengas miedo. Quiero que conozcas a tu
tío Logan.
Muy despacio, el niño atravesó la cocina sin dejar de mirar a Logan. Suzanna
estaba en tensión, preguntándose qué haría Logan después. Por el rabillo del ojo, le
vio tragar saliva. Después, se puso de cuclillas mientras el niño se le acercaba.
—Hola, Tim —dijo con aspecto nervioso. Timmy se paró justo delante de él,
metiéndose el dedo gordo en la boca y chupándoselo con tanta fuerza que se le
hundieron los mofletes. Ninguno de los dos se movió o dijo nada. Suzanna estaba
expectante. Finalmente no pudo evitar interrumpir.
—¡Bueno, que uno de los dos haga algo!
Pero de pronto se dio cuenta de que algo estaba ocurriendo. Se estaban
estudiando con la mirada.
Timmy se parecía mucho a su padre. Suzanna ya se había dado cuenta de que
tenía el mismo hoyuelo en la barbilla, el mismo color gris pálido en los ojos.
Seguramente, Logan se estaba percatándose de todo aquello en ese mismo momento.
Pero, a la vez, el mismo Logan se parecía a Harris. Verdad que tenía las
facciones más duras, era más moreno, más adulto y serio, pero se asemejaba lo
suficientemente a su hermano para que el niño lo mirase ensimismado.
Con mucho cuidado, Timmy levantó su manita y la llevó hasta el pómulo de
Logan. Le rozó la ceja, el pelo y su pequeña boquita se torció en una mueca de
tristeza impropia de un niño de su edad.
Suzanna sintió un nudo en la garganta y las lágrimas que luchaban por salir.
Deseaba agarrarlo y abrazarlo contra su pecho hasta que dejase de sentir aquel
desconsuelo. Pero guiada por un sexto sentido, se quedó donde estaba. No era el
momento de interrumpir.
Logan levantó una mano tostada por el sol y suavemente le acarició el pelo.
—Hola, Tim —intentó de nuevo.
Timmy volvió la mirada hacia Suzanna, tembloroso.
Logan también la miró y se veía claramente que no sabía qué más decir. Parecía
tan perdido que casi sintió pena de él.
Suzanna se agachó hasta el niño, sonriéndole con ánimo.
—¿No te parece estupendo, Timmy? Éste es el hermano de tu papi. De
pequeños jugaban siempre juntos, vivían en la misma casa…
Aparentemente, Timmy no estaba muy impresionado.
—Buddy se quiere quedar aquí —dijo, acercándose más a Suzanna.
Logan frunció el ceño.
—¿Buddy? —preguntó al niño.
Timmy se quedó callado, mirando a Logan de reojo.
—Buddy es el nuevo perrito de Timmy, ¿no es así, Tim? Cuéntale al tío Logan
lo que ha hecho Buddy esta mañana.
Timmy se acurrucó más contra ella y el silencio se prolongó.
Bruscamente Logan se levantó.
—A lo mejor debiéramos continuar en otro momento.
Suzanna le echó una mirada acusadora. Logan se pasó la mano por el cabello y
asintió con la cabeza. Entonces, ella se dio cuenta que su impaciencia sólo iba
dirigida a sí mismo.
—Entonces, ¿dónde está tu nuevo cahorro, Tim? —preguntó.
A Timmy se le alegró la cara.
—En el cuarto de baño.
—En el cuarto de baño, ¿no? Bueno, vayamos a echarle una mirada.
Logan sonrió y la sonrisa le transformó la cara. Suzanna se lo quedó mirando,
ensimismada.
Timmy corrió delante de ellos y abrió la puerta del baño.
—Madre mía, otra vez se ha hecho pis en el suelo, tía Sue.
El niño se puso de rodillas y le echó al perrito los brazos al cuello, apretándole
con fuerza. El perro respondió con el mismo entusiasmo, meneando la cola.
—¡Dios santo! ¿Qué es esto?
—Es… un cocker spaniel.
—¿Y de dónde ha sacado este… cocker?
Sintió que las mejillas le ardían, pero aún así levantó la cabeza y respondió.
—De la sociedad protectora de animales. Está bien, no es de pura raza, pero de
todas formas todos sabemos que los chuchos son más inteligentes que los perros de
raza.
Logan se apoyó contra el marco de la puerta con los brazos cruzados. Ella
desvió la mirada, pero sentía la suya recorriéndola de arriba abajo, desde los
diminutos pendientes de perla hasta el borde de la ligera falda amarilla. Se horrorizó
al darse cuenta que aquello no la disgustaba del todo.
—¿Quiere decirme que este chucho viene con nosotros? Ya tenemos un montón
de perros en Mattashaum.
—Bien, pues ahora tendrán uno más. Lo digo en serio, Timmy no se mueve de
aquí si no es con Buddy.
Subieron a la habitación de Timmy a terminar de hacer sus maletas. Suzanna
pensaba que cuantas más cosas propias se llevase, menos solo se encontraría el niño.
Agarró media docena de zapatos para terminar. Al darse la vuelta, se encontró a
Logan inmóvil, contemplando algo sobre la mesita de noche del niño. Se mordió el
labio al darse cuenta que era una foto de Harris y Claudia sentados delante de su
Entrecerró los ojos en la brillante luz del sol y paseó la mirada por toda la
extensión. La playa describía una curva de unas diez o doce millas y los extremos de
aquella se veían salpicados de unas cuantas casas de verano de estilo Victoriano.
Entonces, se dio cuenta que la casa donde había trabajado dos años antes estaba en
uno de esos extremos, pero ella había llegado allí por otro camino.
Siguió observando aquel maravilloso paisaje de dunas cubiertas de verde
hierba, formaciones de algas y estanques naturales de agua salada.
—Bien, ¿qué te parece? —preguntó Logan, lleno de orgullo.
—Yo, estoy un poco perdida —admitió—. ¿Dónde está Mattashaum
exactamente?
Apoyó las muñecas en el volante y volvió la cabeza sonriente.
—Bueno, todo esto que ves es Mattashaum.
—Dios mío…
—Dios mío —repitió Timmy, poniéndose de rodillas en el asiento e imitándola.
Logan puso de nuevo el coche en marcha y dobló por otro camino.
—Y ésta —anunció— es la casa.
A diferencia de las demás casas situadas en los extremos de la playa, la de los
Bradford estaba cubierta de madera y pintada de blanco, con persianas
cuidadosamente pintadas en negro. Era de líneas clásicas y sencillas; no había
torretas ni adornos.
—La casa original fue construida en 1710, es aquella ala que tenemos de frente.
El resto de la casa lo han ido añadiendo a través de los años.
La mansión estaba situada sobre una ligera elevación del terreno. Enormes
arces daban sombra a sus amplios espacios cubiertos de césped y dos lilos
flanqueaban la puerta principal.
Logan aparcó cerca de la entrada y salieron del coche. El aire era cálido y estaba
lleno de la monótona música de las chicharras. Desde aquel ángulo, la casa
disfrutaba de una vista todavía más impresionante de la playa. Suzanna se volvió,
protegiéndose los ojos del sol con la palma de la mano. Había tanto que ver, tanto
que asimilar. De pronto se le encogió el corazón, llena de desesperación.
Los Bradford poseían un trocito de cielo y todo lo que ella tenía para recuperar
a Timmy era una vieja casa de tres pisos y su amor. Recuperar a Timmy iba a ser la
batalla más dura de su vida.
Capítulo 5
Al pasar de la luz cegadora del sol a la penumbra de la casa, Logan se quitó las
gafas de sol. Dentro siempre hacía fresco, incluso en el verano, y las persianas de
lona verde siempre estaban echadas casi en su totalidad.
—Tía Sue, ¿dónde estás? —lloriqueó Timmy.
—Estoy aquí, cariño.
Logan intentó ocultar una sonrisa. Suzanna estaba pestañeando como un buho,
totalmente ajena a las miradas de Logan. Sin darse cuenta tampoco de lo guapa que
estaba, tan confundida y vulnerable.
Esa vulnerabilidad hacía que Logan experimentase un sentimiento de
protección hacia ella y el niño que no hubiese nunca imaginado. Con el niño era
comprensible. ¿Pero con Suzanna? No era normal.
—Entonces, al final ha venido —la voz de Collin gruñó desde algún lugar entre
las sombras.
Logan apoyó la mano derecha sobre la cabeza del niño y la izquierda fue a
posarse sobre el hombro de Suzanna.
—Hola, Collin. Claro que ha venido. Sabías que lo haría.
Intentó modular su tono de voz para ocultar el hecho de que Collin y él habían
estado discutiendo aquello toda la mañana. A lo mejor su padre tenía razón y lo más
adecuado era que el niño comenzase solo, desde cero, pero Logan no estaba
dispuesto a pasarse por alto las órdenes de un juez. El desafiarlas sólo disminuirían
sus posibilidades de obtener la custodia permanente.
Miró a Timmy y se le aceleró el pulso. Todavía no se había recuperado del
golpe emocional que había recibido al ver a aquel niño que se parecía tanto a Harris
cuando tenía su edad. Hasta ese momento, Timmy había sido sólo una idea, una
responsabilidad, un regalo que darle a Collin. Pero, en ese momento, comprendió las
palabras de juez Slade de tratar con un pequeño ser humano y no podía esperar a
que Collin lo conociese.
El viejo se adelantó, alto, erguido, con su bastón balanceándose de lado a lado y
golpeando el suelo de pino con un ritmo regular. Se detuvo a unos metros de
Suzanna, a la que se quedó mirando fijamente.
—No sé por qué ha venido, bonita —dijo con frialdad—. Aquí nadie la necesita.
Logan notó cómo Suzanna se ponía tensa.
—Ni me quieren tampoco, ya lo sé —replicó—. Pero estoy aquí y pienso
quedarme hasta que esté segura de que Tim está a gusto.
—¿Acaso duda que vayamos a cuidar bien del niño? —preguntó su padre,
desafiante.
—Está en su derecho, padre —contestó Logan con calma.
Suzanna lo miró sorprendida y llena de gratitud.
—Bien —Collin contestó secamente—. Muy bien. ¿Te parece que empecemos
por el exterior?
Caminó con disgusto, mostrándole la finca a Suzanna. A ratos casi tuvo que
correr para mantener el paso del viejo. Logan se dio por vencido intentando que
fuese más despacio y resolvió llevar a Timmy a hombros.
Pasaron por la piscina, el jardín y los garajes. La mostró el barco de vela y los
cobertizos que formaban parte de la granja. Al llegar a los establos, Logan se dio
cuenta de lo que Collin estaba haciendo y se sintió incómodo y furioso. Estaba
regodeándose con todo lo que poseía delante de Suzanna, como queriendo
demostrarle todo lo que él podía ofrecer al niño y todo lo que ella no podía.
Logan había esperado que aquella tarde fuese un encuentro especial entre el
nieto y el abuelo, una ocasión para la reconciliación.
Pero Collin lo había transformado en una especie de competición, con Timmy
como premio.
—Timothy —gritó Collin, acercándose a uno de los establos—. ¿Te gusta este
poni? Es tuyo, ¿sabes? Lo compré para ti. Ven aquí, hijo.
De pie, aparte, Logan estaba confundido por el comportamiento de su padre,
aunque no sabía bien qué hacer. No sería bueno dar la impresión de que había
diferencias entre ellos, cuando la verdad era que no las había.
Logan vio a Suzanna mirándolo alarmada. ¡Maldita sea! ¿Por qué buscaba su
apoyo continuamente? ¿En qué momento se había convertido en su aliado, en la
solución a sus problemas?
En ese momento, el poni relinchó y Timmy pegó un respingo asustado. Se
volvió buscando a Suzanna, pero antes de llegar a ella Collin le agarró del brazo,
arrastrándolo hacia él.
—¿Esto qué es? ¿Un Bradford al que le dan miedo los caballos? Hemos tardado
demasiado en rescatar a este niño, Logan.
Forcejeando por librarse de la firme mano de su abuelo, Timmy parecía que
estaba a punto de llorar. Suzanna desprendía resentimiento por todos los poros de su
piel.
—Déjelo —pidió—. Inmediatamente.
Con expresión desdeñosa, Collin hizo lo que le pedía y Suzanna extendió los
brazos hacia Timmy. Pero, en vez de ir hacia ella, el niño fue a refugiarse en el sedoso
pelaje del cachorro. Logan vio cómo a Suzanna se le caía el mundo encima e
inesperadamente sintió unos deseos tremendos de abrazarla.
—¿Podemos volver a la casa? —pidió, volviendo a mirarlo con esos ojos tan
intensos—. Todo esto es demasiado para el niño de una sola vez. ¿Podemos ir a su
dormitorio e instalarlo allí?
—Por supuesto —dijo Collin, sonriendo con satisfacción.
Al llegar al vestíbulo, Collin anunció que iba a echar la siesta de costumbre.
Logan intentó no albergar resentimientos, pero no había esperado ese
comportamiento en ese día. Su padre llevaba semanas hablando del día en que
llevasen al niño a casa. ¿Y Collin iba a echar la siesta precisamente ese día?
—¿Dónde está la niñera que contratamos? —preguntó Logan—. Creo que a la
señorita Keating le gustaría conocerla.
—Llegará mañana. No ha podido venir hoy. Debo irme a descansar. Os veré en
la cena —hizo una pausa a mitad de las escaleras y se volvió a Suzanna—. Espero
que se haya ido para cuando yo me levante, con lo que me despido de usted ahora —
tras lo que continuó subiendo.
Logan se quedó observando a su padre con incredulidad. Luego miró a
Suzanna y a Timmy, sintiéndose atrapado en medio de un problema que nunca había
tenido la intención de suscitar. Logan meneó la cabeza; no quería que aquella
situación llegase a ponerle nervioso. Era sólo el primer día de Timmy allí y
probablemente el peor. Pero esperaba que se sintiese a gusto allí en poco tiempo y
que Collin cambiase de manera de actuar. Todo iba a ir bien, tenía que ser así.
—Vamos. Os enseñaré el dormitorio de Timmy.
Mientras colocaba los peluches favoritos de Timmy sobre la cama, sonó una voz
por el interfono que les anunció que la cena estaba casi a punto.
—Ésa es nuestra ama de llaves, la señora Travis —le informó Logan—. Te la
presentaré cuando bajemos.
Suzanna vaciló un momento antes de preguntar.
—¿Te importa si me quedo?
—En absoluto. No hagas mucho caso de lo que dice mi padre. Nosotros… yo
esperaba que te quedases.
No quería darle las gracias, aunque hubiese sido lo propio.
—¿Logan? —dijo ceñuda—. Tengo que pedirte un favor —él se volvió a mirarla
desde la puerta y ella empezó a perder fuerzas—. Te ruego que recuerdes que tú eres
el tutor de Timmy y no Collin.
Se puso algo tenso, pero no dijo nada.
—No hagamos esperar a la señora. Travis.
La cena resultó un desastre. La habitación era demasiado formal y la comida
estaba seca e insípida. Suzanna apenas pudo probar bocado, a lo que contribuyó la
insistente actitud de Collin. Y Timmy, el pobre niño, estuvo con la cabeza metida
bajo la mesa durante casi toda la cena.
Para rematar la velada, Buddy se hizo pis en la alfombra. Una genuina
antigüedad oriental.
—Señora Travis, ¡llévese a este chucho de aquí inmediatamente a las perreras!
—dijo Collin con furia controlada.
Timmy salió de debajo de la mesa alarmado.
—¡No, no te lleves a Buddy! —dijo por fin derramando las lágrimas que
valientemente había estado aguantando todo el día.
El ama de llaves vaciló, mirando alternativamente de Collin al niño.
—¡Lléveselo! —vociferó Collin.
Suzanna miró a Logan desesperada, pero éste volvió la cabeza. Tragó saliva y se
maldijo por haber creído que intervendría. No tenía aliados en aquella casa y no
sabía por qué había empezado a creer que los tenía.
—Es mejor, Tim —dijo con calma—. Hasta que Buddy esté bien entrenado es
preferible que esté fuera. No te preocupes, estará bien. Sólo va a conocer a los demás
perros y a hacerse amigos.
—Ah —el niño no dijo nada más.
Suzanna y Logan lo llevaron a su habitación poco después. Sentada a un lado
de la cama, Suzanna le acarició la cabeza para ayudarlo a dormir. Cuando finalmente
se durmió, levantó la mirada hacia Logan, sentado al otro lado de la cama, y le
sorprendió mirándola con tanta intensidad que se puso muy nerviosa.
—Volveré mañana lo antes posible —dijo—. Tengo algunas cosas que hacer en
la tienda por la mañana.
—No tengas prisa. La niñera estará aquí… y yo también —Logan suspiró
resignado—. No iré a trabajar mañana.
Suzanna no se había imaginado a Logan trabajando. Al menos no saliendo a
trabajar.
Se pasó la lengua por los agrietados labios y notó que Logan seguía aquel
movimiento. Rápidamente se levantó de la cama, cada vez más confusa.
—Dejarás la puerta entre los dos dormitorios abierta ¿verdad?
—Sí. Y me aseguraré de que la señora Travis le haga tortitas para desayunar.
—¿Y si moja la cama?
—No te preocupes. Va a estar perfectamente.
Asintió y salió de la habitación antes de ponerse a llorar.
Iba asegurándose que Timmy estaría perfectamente mientras el marido de la
señora Travis la llevaba de vuelta a casa a través de la oscuridad de la noche. Timmy
tenía todo lo que el dinero pudiese comprar. Lo único que no tenía era amor.
A las dos y cuarto, Logan se despertó. Se quedó muy quieto en la cama, pero no
se oía ni un ruido, sólo el incesante murmullo del mar en la distancia le llegaba a
través de la ventana abierta de su habitación. Entonces lo oyó; era un suave llanto.
Logan se levantó, encendió la lamparita al lado de la cama y entró en la
habitación contigua.
—¿Qué te pasa, chico? —Logan se sentó en el borde de la cama.
Timmy estaba escondido bajo la colcha. Logan puso la mano encima del cálido
montón que sobresalía y se dio cuenta que el niño estaba temblando.
—Oye, no pasa nada, estoy aquí.
Pero Timmy se metió aún más adentro. No parecía importarle en absoluto si
Logan estaba o no allí. Suzanna no estaba y cada vez estaba más claro que aquello era
lo que más le importaba al niño.
Lentamente, Logan retiró la colcha y tomó al niño en brazos. Tenía el pijama
mojado de sudor. Dios mío, pensó Logan, cuánto tiempo había estado despierto
aquel niño sin abrir la boca.
—¿Has tenido una pesadilla? —Logan le acarició el brazo—. Yo también tengo
sueños feos a veces. No pasa nada, no son verdad.
Logan se puso en pie y comenzó a caminar por la habitación, acurrucándolo y
tranquilizándolo con sus palabras. Poco a poco, el niño comenzó a relajarse. Apoyó la
cabeza en el hombro de Logan y empezó a juguetear con su oreja.
—¿Qué es lo que has dicho, Timmy? —preguntó Logan, pues le pareció haber
oído algo.
El niño contestó en voz baja, pero Logan consiguió entenderle.
—¿Buddy? Pues está abajo durmiendo tranquilamente con los sus nuevos
amigos. Seguramente está durmiendo, soñando con enormes huesos.
—Pero tiene miedo —Timmy levantó la cabeza y lo miró con sus grandes ojos
azul grisáceos —. No le gusta dormir solo. Llora.
—¿En serio? Entonces, tendremos que ir a buscarlo.
Logan sintió una risa vibrando contra su pecho y le dio un vuelco el corazón.
Con Timmy en brazos, Logan bajó las escaleras sin hacer ruido y salió al jardín hasta
la perrera.
—¡Ahí está! —a Timmy se le iluminó la cara.
Bostezando, Logan abrió la jaula y con Timmy en un brazo, tomó a Buddy en el
otro.
Al llegar arriba, Logan encontró un libro de cuentos en la habitación de Timmy.
Pronto, estaban los tres sentados en la cama de Logan, acurrucados entre un montón
de suaves almohadones. Logan le leyó un cuento con voz suave y arrulladora hasta
que tanto el niño como el cachorro se quedaron plácidamente dormidos.
Suspiró, recostándose sobre los almohadones. Cuánto le recordaba aquel niño a
Harris a los cuatro años. Eran como dos gotas de agua. Cuántas veces Harris había
dormido con su hermano Logan, seis años mayor que él. Especialmente después de
que su madre los abandonase. Logan no había podido nunca demostrar a nadie sus
propios temores. Siempre tuvo que hacer el papel de hermano mayor cariñoso desde
el principio.
Ahora, la historia se repetía. Logan apoyó los labios en la cálida cabecita del
niño. Empezaba a pensar que Collin había cometido un fallo al querer traer al niño a
la casa tan precipitadamente. Y él mismo había cometido un fallo aún más grande al
secundar y apoyar aquella decisión de su padre.
Pero ya no podía volverse atrás. Lo que sí que podía hacer era asegurarse de
que Suzanna pasase todo el tiempo que le fuera posible en Mattashaum para ayudar
a que el niño se acomodase.
Al pensar en ello, a Logan le traicionó una sonrisa que asomó a sus labios.
Aquello iba a ser un arma de doble filo. Ella sospecharía si de repente él se mostrase
tan dispuesto a cooperar; lo último que deseaba era que ella se diese cuenta de que
Tim lo estaba pasando mal.
Después de haberse jactado tantas veces de que el niño estaría mucho mejor allí,
no deseaba que ella le demostrase lo contrario. Además, él mismo estaba seguro de
que sería así con el tiempo.
Por supuesto, había otra alternativa y ésa era renunciar a Timmy. Pero Logan
ya no podía. Se arrellanó en los almohadones, dejando que sus pensamientos
flotasen.
Había hecho mal al dejar de hablar con Harris. Y, aunque lo hubiese hecho por
su padre, se había equivocado. Todos aquellos años perdidos ¿para qué? Logan ya no
tenía respuestas.
Meneó la cabeza con tristeza. Había estado tan seguro de que llegaría el día en
que se reconciliasen, tan seguro de que volvería a ver a su hermano…
No, no dejaría a Timmy, y menos entonces que le había conocido. A lo mejor
era el momento de hacer algo por el hijo de Harris, ya que no lo había hecho por su
hermano.
Logan apagó la luz, pero pasó mucho tiempo hasta que logró conciliar el sueño.
Capítulo 6
Al día siguiente por la tarde, Suzanna llegaba a la propiedad de los Bradford en
su vieja camioneta.
Necesitaba una reparación, se caía a trozos, pero lo que más le importaba en ese
momento era llegar hasta Timmy.
Había telefoneado a las ocho de aquella mañana. Le había echado de menos
enormemente y estaba preocupada por saber cómo había pasado la noche.
Pero Logan le aseguró que Timmy había dormido como un tronco, que estaba
desayunando perfectamente y preparándose a pasar la mañana jugando con la
niñera que había llegado ya a la casa. También le dijo que estaban instalando un
columpio para Timmy y que el niño estaba muy entusiasmado con la idea. Por lo que
no había razón para que se apresurase en ir a Mattashaum. Si quería ir, entonces,
podía hacerlo después de la comida.
Después de colgar el teléfono, Suzanna se sentía más deprimida que antes. A lo
mejor los Bradford tenían razón; Timmy era muy pequeño y se adaptaría enseguida a
su nueva vida. Quizá no la necesitaba en realidad.
Debería estar contenta. No quería que su sobrino sufriese de pesadillas o
ansiedad por culpa de la separación. ¿Pero cómo podía estar contenta cuando todo
aquello significaba que le estaba perdiendo?
Afortunadamente, había tenido una mañana muy ajetreada y apenas le había
dado tiempo a pensar en el niño hasta la hora de la comida. Tenía varios encargos
que preparar y una fiesta de aniversario de doscientas personas para el domingo.
Estaba muy cansada.
Al final del camino asfaltado, giró a la izquierda hasta la entrada de la casa.
La señora Travis le abrió la puerta. Era una mujer callada y agradable, con ojos
cálidos y una dulce sonrisa. Vivía en un apartamento encima del garaje con su
esposo, el guarda.
—Su sobrino está en la parte de atrás con su tío y la nueva niñera. Pase por
dentro de la casa, llegará antes.
—Me están esperando, ¿no?
—Ah, sí —dijo la mujer, alzando la mirada. A Suzanna le extrañó aquel gesto y
se preguntó lo que significaba, pero la mujer continuó andando sin más comentarios.
El ama de llaves abrió unas puertas cristaleras que daban al jardín y la invitó a
salir.
—Tenga valor —le susurró al oído al pasar delante, dándole un apretón en el
brazo.
Salió al patio empedrado y vio a Timmy sentado sobre una manta, bajo un
enorme arce centenario. Logan le había asegurado que Timmy estaba muy bien,
incluso emocionado, pero lo único que Suzanna vio fue que el niño estaba pálido y
cansado. El corazón comenzó a darle unas punzadas de dolor; no podía soportarlo.
A corta distancia de Timmy, había una fornida mujer de unos cuarenta, sentada
en una silla leyendo una revista. A unos metros de distancia, estaba Logan Bradford
leyendo un libro. A su lado un jarrón con flores silvestres y una jarra con limonada.
—¡Tía Sue! —gritó Timmy, levantándose de golpe y echando a correr hacia
Suzanna.
Le levantó en brazos y le dio un fuerte abrazo.
—Mi niño —consiguió decir con lágrimas agolpándose en la garganta.
—¿Dónde estabas? —grito el niño con tono dolido y acusador.
—Mi niño, te quiero mucho —contestó no sabiendo qué decir.
Le puso en el suelo y le tomó la mano. Logan y la niñera se habían levantado de
sus sillas y la miraban de hito en hito, admirándola. Llevaba el pelo peinado en una
tirante coleta adornada con un lazo y se había puesto una camiseta corta de color
rosa. No pensó que fuese digna de tanta curiosidad.
—Buenas tardes —dijo secamente.
—Señorita Keating —asintió Logan Bradford y sus ojos grises la miraron de
arriba a abajo.
A pesar del resentimiento, Suzanna se puso colorada.
—Esta es Trudi Barrows, la niñera de Timmy.
—Trudi, te presento a Suzanna Keating, la tía de Timmy.
Normalmente, Suzanna no solía juzgar a las personas por su apariencia, pero
aquella vez no supo qué la estaba pasando. Aquella mujer tenía todo grande. Dientes
grandes, orejas grandes y hasta tenía los ojos tan salientes que Suzanna se sintió
agobiada pensando que la pobre mujer podría sufrir un problema de tiroides.
Suzanna se sintió avergonzada de sí misma, pero es que esa mujer tenía el tipo de
cara que podría provocar pesadillas en un niño. Sonrió a Trudi brevemente para
disimular.
—Siéntate —la invitó Logan, señalando una silla junto a la suya—. Te apetece
un poco de agua de limón.
—No, muchas gracias.
Estaban todos sentados evitando mirarse a los ojos y la tensión comenzó a
dejarse sentir entre ellos. Suzanna se preguntaba si tendría que estar así todo el rato.
Se había hecho ilusiones de poder pasar un par de horas a solas con su sobrino,
jugando en su dormitorio o por la finca. No había pensado que tendría a alguien
controlándola y acompañándola.
Pero a la vez pensó que, si deseaba que su sobrino sesintiera a gusto entre
aquellas personas, debía dar la impresión de que ella se sentía cómoda también.
Cecily Knight cruzó el patio apresuradamente y fue hacia Timmy con una
sonrisa exuberante. El niño se echó hacia atrás, pero la joven consiguió plantarle un
enorme beso cargado de carmín en la mejilla.
—Oh, es adorable, Logan —la rubia dio unos pasos atrás, entrelazando los
dedos bajo el mentón, encantada. Logan sonrió con una medio sonrisa.
Cecily, que iba vestida con un equipo de tenis impecable, se acercó a Suzanna y
con expresión comprensiva le puso una mano en el hombro.
—Y tú debes ser Suzanna —el tono de voz suave y aterciopelado y sus bellos
ojos azules llenos de solícita conmiseración—. Sé que éste es un momento difícil para
ti. pero quiero que sepas que tengo la intención de ser una buena madre para Timmy.
A mí me encantan los niños y a Logan también, y puedo asegurarte que Timmy
crecerá en un hogar feliz.
A medida que Cecily hablaba, Timmy se ponía más tenso y Suzanna luchaba
con todas sus fuerzas contra el deseo de levantarse, agarrar al niño y llevárselo en la
camioneta. ¿Acaso aquella mujer pensaba que el niño era sordo? ¿Acaso no se daba
cuenta de que decir que iba a convertirse en su madre estaba afectando al niño?
—Tía Sue, nos vamos a casa ahora, ¿vale?
—Se dice por favor, Timothy, ¿me entiendes? Pídelo por favor —vociferó la
niñera.
Suzanna tenía ganas de gritar. ¡Al cuerno todo! Aquel arreglo era el peor para el
niño. Tenía que haber una forma de sacar a Timmy de allí. Pero, ¿cómo?
En ese momento, Logan se puso en pie y camino unos pasos, separándose del
grupo. Se quedó de pie, con la espalda vuelta hacia ellos y las manos apoyadas en las
caderas, tensas.
—Logan —lo llamó su padre—. Ven a sentarte con Cecily y cuéntale a Suzanna
el viaje a Disney World que tenéis planeado hacer los tres para el mes que viene.
Logan se dio la vuelta y Suzanna se quedó sorprendida al ver la cólera en su
rostro. Pero no hizo nada, sólo se le oyó respirar con fuerza durante unos segundos,
hasta que se calmó ligeramente.
—Suzanna —dijo.
Todo su cuerpo respondió con un ligero respingo. Nunca la había llamado por
su nombre de pila.
—¿Sí… sí?
—Creo que a Timmy le vendría bien dar un paseo por la playa. ¿Qué te parece?
—Logan, siéntate y…
—No tengo ganas de sentarme, padre —aunque le habló respetuosamente,
tenía la mandíbula apretada y los ojos fijos en Suzanna.
—Sí. Sí, creo que le encantaría.
Con un bufido de exasperación, la niñera se levantó.
—Es una pe… pena que no hayamos venido mejor preparados —tartamudeó
Suzanna, mientras continuaban paseando hacia el agua—. Ni bañadores, ni toalla, ni
nada.
—La próxima vez será —respondió Logan, mirando hacia delante.
¿La próxima vez? pensó. ¿Y estaría él allí?
Pacientemente, Logan le quitó las zapatillas y calcetines a Timmy. Suzanna se
dio cuenta de lo a gusto que estaba el niño con él. No mostraba la impaciencia que
tenía con los demás.
—Conociendo a Timmy, creo que deberíamos arremangarle los pantalones,
también —Suzanna se sentó con las piernas cruzadas en la arena, dispuesta a ayudar.
—¿Ah sí? No me digas que vas a nadar, chaval —preguntó Logan, mientras le
arremangaba los pantalones.
—¡Nadar! —gritó Timmy y arqueó la espalda con tanta fuerza que estuvo a
punto de darse la vuelta.
Logan se echó a reír y a Suzanna le dio un vuelco el corazón.
Se levantó de pronto quitándose la arena que tenía pegada en la falda. Tenía
que volver a la realidad. Logan Bradford era su adversario, el hombre que estaba
intentando quitarle a Timmy. A Harris y a Claudia les había causado mucho dolor y
había permitido que pasasen penurias económicas. La había insultado al decir que
los motivos que la llevaban a pedir la custodia de Timmy eran de carácter lucrativo.
¡No tenía que estar pensando lo fascinante que le resultaba su risa! Además, estaba
comprometido.
Timmy estaba de pie, muy quieto, en la orilla del mar, no muy convencido de si
le gustaba todo aquello. De momento vio que los pies habían desaparecido, hundidos
bajo la arena. Profirió un grito de alarma.
Divertido, Logan lo alzó y se metió en el agua con él, balanceándolo de lado a
lado con si fuese un columpio. Suzanna se tranquilizó y luego, se sorprendió de oír al
niño riéndose. Momentos después, el niño ya estaba metido hasta las rodillas y luego
hasta casi la cintura. En ese momento, Logan lo levantó y lo depositó de vuelta a la
arena donde el niño se mostró claramente orgulloso de lo que había conseguido
hacer.
—Vamos a andar por la playa, Tim, veamos lo que vamos a encontrar hoy.
¿Vale? —Logan se dirigió al niño, pero a la que miraba era a Suzanna.
De nuevo, sintió un calor en las mejillas. Ese día, lejos de la casa, Logan parecía
otra persona. Las ampulosas aristas de su personalidad parecían haberse suavizado.
Incluso el gris de sus ojos parecía más cálido y se le antojó muy difícil recordarse por
qué tenía que desagradarle.
Llegaron a una parte salpicada de enormes rocas negras que emergían del agua,
plagando la parte baja de la playa. Logan se agachó detrás de una de ellas y llamó a
Timmy.
—Ven aquí, Tim. Quiero que veas algo —levantó un manojo de algas y
descubrió una colonia de moluscos negro azulados.
Lleno de curiosidad, Timmy se acercó a su tío.
—¿Qué son?
—Esto son mejillones, Tim.
El niño estaba emocionado y Suzanna se preguntó cómo habían llegado a
llevarse tan bien aquellos dos. Por primera vez en muchos días, Timmy parecía feliz,
descubriendo cosas nuevas y bromeando con su tío.
—Ven, dejemos a las lapas, Timmy. Tengo algo más que enseñarte —después
de decir aquello echó un vistazo detrás de él para ver si Suzanna los seguía.
Se sentó sobre una piedra y sentó a Timmy sobre una de sus rodillas. Se inclinó
hacia delante para observar otra roca al lado. Para entonces ya tenía los pantalones
completamente mojados y se le pegaban a las piernas dejando ver los poderosos
músculos de sus piernas, pero a él no parecía importarle. Se dio cuenta que ella
también tenía la falda mojada, pero decidió no darle importancia y se apoyó a su vez
en una roca adyacente, interesada.
—¿Ves estos pequeños animalitos? —preguntó Logan, señalando una pequeña
piscina natural de agua que se había llenado con la marea—. Pues se llaman
quisquillas.
—¿Dónde? ¿En el charco?
—Sí. Observa con cuidado, Timmy.
El niño se inclinó aún más y también lo hizo Suzanna, cuyos mechones de
cabello se reflejaban en las quietas aguas de la piscina. Logan se quedó un momento
callado y ella sintió que la estaba observando.
Carraspeó, aclarándose la garganta.
—¿Los ves moviéndose, Tim? Son pequeños animales y en este momento están
comiendo.
—¿Comiendo? —volvió a decir el niño.
—Exactamente, hay trocitos de comida flotando en el agua y son tan pequeños
que no podemos verlos.
Timmy se quedó mirando la frenética actividad de los pequeños animalitos
durante unos minutos y Suzanna se quedó sentada observando a Logan. No podía
evitarlo, pues le pareció que cada vez que lo veía estaba más atractivo que la anterior.
Se le notaba que pasaba mucho tiempo al sol pues hasta los pies, delgados y bien
construidos, estaban bronceados.
De pronto, se dio cuenta de que él la estaba mirando también. La mirada iba
recorriendo cada elemento de su rostro, lentamente, hasta que se quedó observando
el pequeño lunar que tenía junto a la boca. Sintió que se le aceleraba el pulso y se
ruborizó ligeramente.
Rápidamente se levantó y se agarró la falda.
Capítulo 7
Suzanna se despertó sobresaltada con el timbre del teléfono.
—¿Diga? —consiguió pronunciar medio amodorrada.
—¿Suzanna?
—¿Logan? —se despertó inmediatamente y se le paró el corazón.
—Siento haber llamado tan temprano.
—No. Normalmente estoy levantada a estas horas —el reloj despertador
marcaba las ocho y cuarto—. ¿Ocurre algo?
—Al contrario —escuchó la alegría en su voz—. Solamente te llamo para decirte
que Timmy y yo no estaremos en la casa grande hoy. Cuando vengas… Vendrás ¿no?
—Pues, sí. Después de comer.
—Bien. Entra por la misma carretera de siempre, pero algo después de la mitad
del camino te encontrarás con una desviación a la izquierda. Tómala, nos encontrarás
al final de la misma.
Suzanna se pasó la mano por la larga cabellera, con la cabeza repleta de
preguntas.
—No puedo hablar ahora —dijo Logan—. Ya voy con algo de retraso. Te veré
más tarde. Ah, y no te olvides de traer el bañador.
Suzanna se quedó largo rato contemplando el auricular e intentando concebir
terribles pensamientos: Logan era un esnob que no la creía lo suficientemente buena
para educar a un Bradford; era arrogante y sospechaba de ella, creyendo que
ocultaba algún plan para hacerse con el dinero de la familia…
Pero, por mucho que lo intentase, lo único que tenía en mente en aquella
soleada mañana era volver a Mattashaum.
Era casi la una de la tarde cuando llegó a la desviación que Logan le había
descrito. Estrecha y sin asfaltar, se abría paso entre el bosque hasta que los árboles
comenzaron a ser menos numerosos y se encontró con una zona de campos
pantanosos. Enseguida, Suzanna se dio cuenta que estaba rodeando la orilla de una
amplia charca. Aminoró la velocidad. ¿Era aquélla la Charca de los Doce Acres? Se
veía el mar brillante al sur y al oeste, al otro lado del remanso, el tejado de la casa
grande, por encima de las copas de los árboles.
Continuó el camino deseosa de saber si había acertado o no y una cabaña
apareció delante; la misma cabaña que había visto el día antes desde el arroyo.
Teniendo en cuenta el estilo arquitectónico de la casa grande, a Suzanna le
sorprendió que Logan se hubiese decidido por algo de estilo tan contemporáneo. Y
todavía admiró más que pareciese tan cómoda y acogedora, su preciosa terraza de
madera rojiza, llamándola con sus alegres macetas de geranios y sus sillones de
mimbre de amplios y suaves almohadones.
Delante de la casa, había un pequeño patio y de él salía un camino que
atravesaba una zona de espesa vegetación y que llegaba hasta la orilla del remanso.
Logan estaba allí abajo con Timmy, sentado en una vieja barca de remos encallada en
la orilla. Al oírle cerrar la puerta de la camioneta, se puso de pie y agitó la mano.
—¡Estamos aquí abajo!
Llevaba unos pantalones cortos y amplios y poco más. Incluso desde lejos, la
visión de aquel poderoso cuerpo medio desnudo le agitaba la respiración. Tenía unos
músculos de bellas y esbeltas líneas y la piel perfectamente bronceada.
Miró a otro sitio y se obligó a pensar en Cecily. Santo cielo, ¿cómo podía
albergar aquellos pensamientos tan lujuriosos hacia el prometido de otra mujer? Era
casi como cometer adulterio.
Pero intentar pensar en Cecily no la ayudó demasiado. Cuando Suzanna llegó a
la barca y Logan la recibió con una sonrisa, el corazón le dio un brinco.
—¡Tía Sue! —gritó Timmy—. ¿Que te parece? El tío Logan y yo estamos
merendando en una barca.
¿O sea que ya lo llamaba tío Logan?
—¿Puedo ayudarte a subir a bordo? —Logan se puso en pie y su poderosa
estatura la hizo sentirse delicada y femenina en comparación.
—Gracias —le tendió una bolsa de viaje.
Cuando él le ofreció la mano, se la tomó, aunque podría haber entrado sin su
ayuda por el costado de la barca, y hubiese resultado más fácil.
Todavía sintiendo el roce de su mano, Suzanna se sentó junto a su sobrino, en la
popa.
—¿Te apetece un sándwich? —ofreció Logan, sentado a horcajadas sobre la
balda del centro y con los codos apoyados en la borda, enseñando las curvas de sus
pectorales. Suzanna decidió que eran los más notables que había visto en su vida.
—Esto… no gracias. Ya he comido.
—Bueno, pues déjame entonces que guarde todo esto —dijo agarrando una
bolsa de lona—. ¿Te gustaría remar un rato con nosotros?
Suzanna rió nerviosa.
—¿Es segura esta barca?
—Relativamente. Pero la charca no es muy profunda. Lo peor que puede pasar
es que se nos hundan los pies un poco en el barro.
La miró de reojo, fijándose en su largo cabello suelto al aire, la amplia camiseta
amarilla y los pantalones cortos blancos sobre las larguísimas piernas.
—¿Voy bien? —dijo mirándose el atuendo que llevaba puesto—. Llevo el
bañador debajo.
Contempló la cubierta del barco, llena de barro y se asustó por no haber podido
reprimir aquella atracción aún cuando sabía que él estaba prometido. De la cubierta,
su mirada llegó hasta la zapatilla de deporte de Logan y subió por el tobillo hasta la
rodilla. Qué piernas más hermosa tenía, pensaba Suzanna con desesperación. Hasta
la rodilla estaba perfectamente moldeada. Levantó los ojos rápidamente y tragó
saliva, encontrándose con la mirada de Logan, estudiándola a su vez. Pero, cuando
sus ojos llenos de admiración se cruzaron con los de ella, cuando notó la curva
sensual de sus labios, le dio un vuelco el corazón.
—¿Tía Sue?
Suzanna respiró profundamente antes de contestar, como si hubiese estado
aguantando la respiración todo ese tiempo.
—¿Sí, cariño?
Pero el niño no tenía nada que preguntar. Sólo la miró y luego, miró a Logan.
Después, sonrió.
Ambos se pusieron en marcha inmediatamente. Amarraron la barca, sacaron lo
que habían pescado, metieron la ropa en bolsas y tomaron el camino hacia la casa,
charlando con Timmy todo el tiempo. El niño era su tabla de salvación común.
Aquello no podía estar ocurriéndole, pensaba Suzanna frenética. No con Logan
Bradford, desde luego. Una cosa era encontrarle uno de los más atractivos
especímenes de la población masculina y otra coquetear con él y empezar a sentir
algo por él. Y para colmo, estaba prometido. ¿Por qué no le entraba eso en la cabeza?
Suzanna se duchó primero, Logan y Timmy lo hicieron juntos después.
Pusieron una lavadora para la ropa sucia y mientras Timmy jugaba construyendo un
castillo de madera sobre la alfombra del salón, Logan y Suzanna preparaban la cena
en una cocina adyacente.
—Ha sido más rápido de lo que pensaba —comentó Logan mientras se sentaba
a cenar.
—Se te da muy bien la cocina; seguro que has practicado mucho.
—Un poco.
—Yo diría que bastante —hizo una pausa para servir al niño—. Vives aquí ¿no
es cierto?
—¿Qué te ha hecho pensar eso?
—Todos los libros, revistas y ropa que tienes aquí. Este lugar esta lleno de cosas
tuyas, Logan.
—Me quedo aquí de vez en cuando, te lo dije. Mmm, este pescado está
delicioso.
—Por cierto, me encanta esta casa.
—Gracias. A mí también me gusta; por cierto, fui yo quien la diseñé.
Como si aquello no la hubiera impresionado lo suficiente, siguió hablando de la
compañía constructora que había montado y que estaba todavía en expansión.
Capítulo 8
Logan cerró suavemente la puerta del patio y cruzó la terraza de madera rojiza.
La luna en cuarto creciente colgaba sobre el brillante océano como una tenue
lámpara, mientras que de algún rincón de la noche se escuchó la alegre canción de un
petirrojo. Sabía que era una noche maravillosa, pero él sólo sentía desesperación. Se
agachó, igual que un anciano, sentándose en el último escalón de la entrada y dejó
caer la cabeza entre las manos.
Al ver a Timmy llorar, al contemplar el miedo reflejado en su mirada, pensó
que se le partía el alma. ¿En qué tipo de nefasto asunto se le había ocurrido meterse?
¿Hasta qué punto llegaría la situación antes de que empezase a mejorar?
Logan estaba haciendo todo lo posible para hacerle sentirse a gusto y seguro,
pero aparentemente sus esfuerzos no eran suficientes. Parecía que Suzanna le daba
algo que ni todo el dinero del mundo podía comprar. Se presionó los ojos con las
palmas de las manos, sintiéndose completamente fracasado.
Tras él, se abrió la puerta del patio. Dejó caer las manos, pero no se dio la vuelta
para que la luz de la casa no revelase la preocupación que se dibujaba en su rostro.
—¿Se ha dormido ya?
Hasta que no colocó la bolsa sobre la litera de arriba de su habitación y se puso
algo para dormir. Timmy no se convenció de que iba a quedarse de verdad. Como no
se había traído nada. Logan sacó de su armario una enorme camiseta que le llegaba a
la rodilla y una bata de algodón azul marino que casi nunca usaba.
—Sí, casi nada más apoyar la cabeza sobre la almohada.
Se sentó a su lado y la bata se entreabrió ligeramente, regalándole un vistazo de
sus sedosas piernas. A pesar de lo desanimado que estaba, la encontró adorable con
aquella ropa que le quedaba tan grande, el pelo suelto y la tez brillante y ligeramente
dorada bajo los efectos del sol.
—Ha sido un día maravilloso. Hemos hecho muchas cosas, lo hemos pasado
muy bien, todo en plena naturaleza.
Logan estaba sorprendido de que desease hablarle un rato. Igual podría discutir
con ella sus miedos y preocupaciones.
—¿Pero esa rabieta que le ha dado? De pronto se ha puesto a llorar y no podía
parar. ¿Por qué, Suzanna? Estaba tan bien.
Ella se volvió para mirarlo más directamente.
—Estás muy preocupado ¿verdad?
—Claro que lo estoy. ¿Tú no?
—Lo creas o no, he pasado momentos aún peores con él.
Logan era incapaz de imaginarse algo peor.
él mismo entiende, pero que sospecho que están basadas en el amor por su familia y
en su necesidad de ser amado y de estar seguro de que no vamos a salir huyendo.
Suzanna extendió la mano y se la colocó sobre el brazo, para consolarlo.
Logan suspiró, meneando la cabeza.
—Podría estar equivocado, por supuesto. No es fácil entender las vidas de los
demás. Es todavía más difícil juzgar la vida de mi padre, por eso no lo intento.
En ese momento, sintió que la mano de Suzanna se convertía en lo más
importante de su existencia. Volvió la cabeza y se regodeó en contemplar aquella
cara tan encantadora. Pronto se olvidó de la conversación, todo se disipó excepto un
enorme deseo de besarla.
Se ruborizó.
—¿Me reconociste después?
—Oh, claro que sí. Al principio no, por supuesto. Fue después de preguntarle a
Barbara por ti.
—¿Barbara?
—Sí. La mujer que daba la fiesta. ¿Y tú? ¿Supiste quién era yo?
—No. Me enteré un poco antes de que te marchases.
—Creo que nos enteramos más o menos al mismo tiempo. En cuanto me di
cuenta de a quién había estado mirando toda la noche, pensé que sería mejor
marcharme —Logan le recorrió la mejilla con el índice hasta llegar a los labios,
trazando el contorno de estos y parándose en el pequeño lunar—. Tengo que
reconocer que Barbara me evitó cometer un terrible error justo en el momento
preciso.
Suzanna pestañeó, perdida por un instante y de pronto le volvió todo a la
mente, la humillación que había sentido al descubrir quién era él. Qué ridicula se
habría sentido si hubiesen dado un paso más y hubiesen hablado, siendo ella la
hermana de Claudia y él el hermano de Harris.
Seguidamente recordó cuando él se marchó de la fiesta de dos años atrás, con
Cecily.
¡Cecily!
Suzanna tomó aire y se apartó de Logan con cuidado.
—Es una verdadera pena que Barbara no esté aquí ahora, señor Bradford. Creo
que acaba de conseguir que hagamos los dos el ridículo.
Antes de que pudiese ver las lágrimas que estaban a punto de asomar a sus
ojos, se levantó del sofá y se apresuró hacia la habitación.
Logan se quedó un buen rato contemplando la puerta cerrada de la habitación
de Suzanna, negándose a creer que hubiera podido olvidarse de Cecily. No sabía lo
que Suzanna pensaría de él después de lo que había pasado. O quizá sí lo sabía, y ahí
estaba el problema.
Dio un paso hacia la puerta, pues todo su ser deseaba explicarle que no era
verdad lo del compromiso. Pero, si lo hacía, Suzanna sabría que había mentido ante
el juez y, lo que era peor, que aquella mentira le había ayudado a quitarle a Timmy.
Beneficiándose en una cosa, sólo lograría condenarse en otra.
Bueno, la verdad era que lo tenía merecido. No debería nunca haberse olvidado
de quién era Suzanna. Aunque ella le atraía muchísimo, había demasiadas trabas
entre los dos que les impedirían desarrollar una relación. No, lo mejor que podía
hacer era continuar con aquella farsa. Claro que, tendría que pensar en algo para
decirle por la mañana; algo que explicase aquel beso…
La sonrisa que se dibujó en su rostro le pilló desprevenido. ¡Qué beso! Una
intensa mezcla de inocencia y pasión, de descubrimientos y de promesas…
Pero eran promesas que nunca podría mantener, tenía que recordarlo. No le
apetecía mucho que llegase la mañana, nada de nada.
—¡Tía Sue! ¿Ya te has despertado? —Timmy gritó feliz desde la mesa de la
cocina.
—Sí, ya estoy despierta. Buenos días, mi amor —Suzanna besó su pequeña y
aterciopelada mejilla.
Logan sacó dos tazas más y le pasó el paquete de copos de maíz. El sol se colaba
por la ventana, acentuando los esbeltos y bien formados músculos de su pecho. Tenía
el cabello ligeramente revuelto.
Suzanna intentó apartar la mirada de él, pero aquella apariencia acogedora y
algo desordenada era demasiado apetecible.
—Entonces, ¿qué querías discutir? —preguntó.
—Un plan diario.
En ese momento, Timmy se levantó de la mesa y agarró un cubo lleno de
juguetes.
—¿Puedo salir a jugar?
—Claro que sí, hijo. Pero quédate detrás donde podamos verte.
—Vale, vamos Buddy.
Nada más salir el niño, Logan continuó.
—Pienso que debemos programar un horario diario para estar con Timmy. Un
horario que nos permita atender nuestro trabajo y estar con él también.
—Pensé que eso era lo que estábamos haciendo.
—Lo que se me había ocurrido era hacerlo por turnos para que no tenga que
llevármelo al trabajo.
—¿Quieres decir que me quede con él mientras tú estás en la fábrica?
—Sí. Y yo me quedaré con él el tiempo que tú estés trabajando.
—Me parece… eficiente —bajó la mirada, intentando ocultar la desilusión que
sentía.
El plan no les permitiría pasar ni un momento juntos con el niño.
Inmediatamente, se puso furiosa por sentirse decepcionada; ella no estaba allí para
pasar tiempo con Logan sino con el niño.
—¿Qué pasa? —preguntó Logan, dejando la cuchara sobre la mesa.
Suzanna se agarró a la mejor excusa que se le ocurrió en ese momento.
—Puede ser que a ti te convenga trabajar media jornada, pero yo apenas podría
arreglármelas para llegar a fin de mes si… —no terminó la frase; lo que menos
deseaba era tener que admitir delante de él que tenía problemas económicos—, ¿Qué
te viene mejor a ti? ¿Por la mañana o por la tarde?
—Si empiezo a trabajar a las ocho de la mañana puedo estar de vuelta aquí a las
doce y media. De esa manera, puedes estar de vuelta en tu casa sobre la una o una y
media. ¿Te parece bien?
—Intentaré arreglarlo.
—Bien. No me importa la hora a la que regreses aquí, bien sea a la hora de la
cena o más tarde.
Suzanna abrió los ojos como platos.
—¿Quieres que regrese después?
—Bueno… sí. Tim ha dormido tan bien esta noche pasada contigo aquí, que
pensé que no te importaría continuar con ello.
El pulso se le aceleró.
—¿Durante cuánto tiempo?
—No sé. Hasta que se acostumbre.
Suzanna le cubrió el rostro con las manos, emitiendo un gemido ahogado.
Aquello sí que la preocupaba. Había estado planeando recuperar horas de trabajo
por las noches.
Capítulo 9
Suzanna se echó hacia atrás en el asiento.
—No sé de qué me estás hablando.
—Desde que mencioné el tema de quedarte a dormir estás con esa expresión
ceñuda —Logan alargó el brazo y empezó a masajearle la frente con la punta de los
dedos, con un movimiento suave que pronto la dejó relajada.
Era una injusticia, pensaba Suzanna, que alguien con unas manos tan
maravillosas estuviese tan fuera de su alcance.
—¿Es por nosotros? ¿Temes que se repita lo que ocurrió anoche?
Suzanna negó con la cabeza, aunque la realidad era que aquella idea le rondaba
la cabeza.
—Entonces, es por tu trabajo —se puso tensa. ¿Desde cuándo aquel hombre la
conocía tan bien?—. Lo imaginaba. Dime por qué.
—¿Qué es lo que quieres saber?
—Cómo funciona, quién hace cada cosa.
—No sé por qué…
—Sigúeme la corriente. Me gusta resolver problemas.
—No tengo problemas.
—¿No? Entonces de dónde vienen esas ojeras.
—Bueno —contestó—. Si de verdad te apetece que te lo cuente…
Algo indecisa, comenzó a relatarle lo que hacía cada día. Tras unos minutos
Logan la interrumpió, diciendo que ya había escuchado suficiente.
—Me parece que la solución es muy sencilla. Lo que debes hacer es desempeñar
un papel más directivo.
—¿Más directivo? —dijo con sorna—. Logan, no estoy al frente de General
Motors.
—No importa que el negocio sea grande o pequeño, los principios son los
mismos.
Suzanna meneó la cabeza, molesta por la simplicidad de su consejo.
—Te lo dijo en serio. ¿Por qué tienes que hacer tú todo? ¿Por qué picar el apio y
fregar, además de llevar las cuentas y servir en los cócteles?
—Mis padres siempre lo llevaron así; se hacían ellos cargo de todo.
—¿Y qué? Está claro que todo es demasiado para ti.
—Me encanta mi trabajo —protestó, sintiendo un nudo cada vez más apretado
en la garganta.
—¿De verdad? Dime lo que te gusta de tu trabajo.
—Bueno, me gusta ser mi propia jefa, y también elegir el horario que más me
conviene… —nerviosa, empezó a tirar de una hilacha del albornoz. Nunca había sido
la jefa y nunca había podido elegir un horario conveniente. Siempre había sido una
esclava del trabajo—. Estoy agradecida de tenerlo.
Logan se levantó para retirar las cosas del desayuno.
—Todavía no has contestado a mi pregunta.
—Mira, si quieres que te diga la verdad, cuando lo que pretendes es sacar el
suficiente dinero para poder sobrevivir, no te preguntas si te lo estás pasando bien o
no —suspiró, meneando la cabeza—. Olvídalo. Probablemente estoy demasiado
cansada para disfrutar de nada en estos momentos.
Logan se acercó a ella, lleno de preocupación.
—Eso era exactamente a lo que me refería. ¿No puedes contratar a un par de
ayudantes para hacer el trabajo más pesado?
—¿Y cómo me propones que les pague?
—Aumentando el volumen de tu negocio. Concéntrate en la publicidad. Piensa
en nuevos mercados. Podrías hacerlo aquí, por las mañanas, mientras estás con
Timmy. Piénsatelo. Si hay alguien que puede mejorar tu negocio, eres tú misma —
sus palabras estaban llenas de pasión.
Por un momento, Suzanna sintió que se reducía el espacio entre ellos y se
preguntó quién de los dos se estaba acercando al otro.
Dios mío, iba a besarla otra vez. Pero lo más preocupante era que lo que más
deseaba era ser besada por él, sólo por él.
Aquella atracción, a pesar de que intentasen no darle importancia, era algo muy
fuerte que no parecían poder controlar. Con mucha fuerza de voluntad, se apartó y
terminó de limpiar la mesa. Pero aquella fuerza ya la había sacudido.
—Veré lo que puedo hacer —dijo por fin Suzanna.
Después de que Logan se marchase al trabajo, Suzanna llamó por teléfono a
Marie y le dijo lo que había que hacer en la tienda aquella mañana. Luego se vistió
con la ropa del día anterior ya limpia y arregló la habitación donde Timmy y ella
habían dormido.
No tenía la intención previa de entrar en el dormitorio de Logan, pero al pasar
por la puerta entreabierta le invadió una curiosidad irresistible y entró a echar un
vistazo.
Logan ya había hecho su cama, una enorme cama de matrimonio colocada entre
dos altos ventanales. Se sentó tímidamente en una esquina y pasó la palma de la
mano por el suave edredón, imaginándose a Logan allí tumbado con su esbelto y
musculoso cuerpo, invitándola con los brazos abiertos.
—¿Mi qué?
—Tus finanzas. Diferentes formas de aumentar tus ingresos, o que por lo menos
parezca así en el informe.
—¿Qué se te había ocurrido? —dijo con cierta aprensión.
—Bueno, me preguntaba si podrías subirle el alquiler a tus inquilinos —antes
de que Suzanna pudiese abrir la boca para protestar, Ray continuó—. También había
pensado si te sería posible mudar tu negocio a un local mayor.
—Yo… yo ya lo estoy haciendo. Logan…
—Estupendo. Cuando vengas por aquí me lo cuentas. Y otra cosa que quiero
que pienses —hizo una pausa.
—¿El qué?
—Una casita de campo en las afueras. No tienes que mudarte de hecho sino
sólo que se corra la voz. Mira Suzanna, los Bradford han ganado la vista por el estilo
de vida que tienen. Es obvio que ése es su punto fuerte y el tuyo débil. Es importante
que te concentres en mejorar este tema desde este momento hasta la vista final.
—Lo sé —dijo resignada.
—Muy bien. Vamos a trabajar duro por ello.
Suzanna abrió su agenda e hicieron una cita para encontrarse.
—Anímate, Suzanna. La lucha no ha hecho más que empezar.
Suzanna removió la ensalada con tanta fuerza que pensó que se le saldría del
bol.
Logan se apoyó en el mostrador, observándola.
—Timmy ya se encuentra mucho más cómodo conmigo y parece que las visitas
a su abuelo van mejorando. Pienso que puede estar preparado para empezar a
conocer a Cecily también. ¿Qué te parece?
Suzanna metió la ensalada en una tartera de plástico y la cerró con tanta rabia
que la tartera se rompió. Miró a Logan como si hubiese sido culpa suya.
—Solamente ha pasado una semana. Creo que estás tentando a la suerte.
—¿Es eso lo que crees?
—¿Es que no me has oído?
—De acuerdo, de acuerdo. No me lo llevaré a casa de Cecily. ¿Qué te parece si
el ama de llaves de mi padre se queda con él esta noche? Como tú bien dijiste, Cecily
y yo no hemos salido mucho juntos últimamente y habíamos pensado en alquilar una
película para después de la parrillada.
Suzanna metió la ensalada en el frigorífico y cerró la puerta de golpe.
—Timmy parece estar muy a gusto con la señora Travis —continuó Logan—.
Cada vez que vamos a la casa grande no para de hablar con ella.
—Entonces, déjalo con ella. ¿Por qué me preguntas?
Logan la recorrió con su mirada de águila.
—¿Qué es lo que te pasa, Suzanna?
Suzanna se apoyó en el fregadero y respiró profundamente. Estaba haciendo el
ridículo. ¿Y qué si Timmy y ella habían pasado una semana entera con Logan sin que
Cecily se entrometiese? Eso no le daba derecho a pensar que Cecily nunca estaría allí.
Cecily y Logan estaban prometidos, por Dios santo. Logan iba a casarse con ella. Sus
planes eran que se convirtiese en la madrastra de Timmy. Eso lo sabía desde el
principio.
—Bien, id a ver la película y que le cuide la señora Travis. A mí también me
gusta —contestó en tono de resignación—. Y gracias por pedirme mi opinión, Logan.
Al comenzar su segunda semana en Mattashaum, y mientras la idea de que
Cecily se convertiría en la madrastra de Timmy comenzaba a amargar su existencia,
prometió centrar toda su atención en fortalecer su negocio y en ganar la custodia de
su sobrino. Para ello, añadió nuevas especialidades al menú, colocó anuncios
destinados a ganar mejor clientela en varios periódicos y, ante la inmediata
avalancha de clientes, se vio obligada a contratar a una nueva ayudante.
Se pasó por una agencia inmobiliaria y deshaciéndose de su sentimiento de
culpabilidad, hizo como si estuviese buscando una casita de campo en las afueras. Y
aprovechando que estaba allí, puso el estudio de Harris a la venta.
Todo lo que había logrado hacer hasta ese momento había sido limpiar y
ordenar el apartamento donde él y su hermana habían vivido. Si vendía el estudio,
podría saldar el crédito que había pedido prestado.
Aquella semana se vio con su abogado y aprendió la mejor manera de
responder a las preguntas cuando estuviesen interrogándola, para evitar decir algo
que pudiese ser utilizado en su contra.
Sí. Estaba claro que a partir de aquel momento concentraría todos sus esfuerzos
en recuperar a Timmy. Eso era todo lo que importaba.
Pero el lunes Logan trajo una canoa de aluminio más ligera que la otra para que
ella pudiera utilizarla. Y por la tarde, ella condujo la canoa hasta la Roca del Elefante,
en el centro del lago, donde hicieron una fogata y asaron setas.
El martes por la mañana, Logan no fue a la fábrica y fueron a buscar moras
silvestres con las que hicieron helado y pastelitos. Comieron tantos que después les
dolió la barriga.
Y el miércoles, Logan y Timmy la fueron a buscar a la tienda para llegar a
tiempo al parque de atracciones. Fue allí, entre risas y gritos al montar en las
atracciones o dentro del laberinto de los espejos, cuando se dio cuenta de que no se
había reído con tantas ganas y con tanta naturalidad en muchos años. Logan también
parecía diferente. Más joven, más relajado. Y Suzanna pensó que necesitaba aquello,
que los dos lo necesitaban.
Al llegar la tarde del jueves, Suzanna tuvo que enfrentarse a la idea de que
pensar en los negocios en compañía de Logan era una tarea más difícil de lo que ella
era capaz de hacer. Aunque no estuviera haciendo nada especial, sólo doblando la
ropa de Timmy o leyendo en el salón cuando el niño se había dormido, Suzanna
sentía algo nuevo corriéndole por las venas, una euforia que la cerraba los ojos a los
puntos que ella sabía tan importantes. Logan desbordaba sus sentidos y aparecía en
sus sueños, aunque en la realidad se cuidaba mucho de no hacer nada que alimentase
sus fantasías.
Esto es, que Logan mostraba un aguante tremendo. Llamó a Cecily todas las
noches de aquella semana, siempre procurando que Suzanna pudiese oírlo, y
finalizaba esas llamadas susurrando alguna palabra de amor. Dos de aquellas noches
fue incluso a visitar a Cecily. Y aún así, Suzanna era cada vez más consciente de él,
hasta que se le secaba la boca cada vez que le veía entrar en donde estuviese ella.
Hasta el punto de que le temblaban las piernas cuando le entregaba algo y le rozaba
la mano sin querer.
El sábado por la noche Suzanna estaba sentada a la mesa de la cocina de Logan
con la cabeza hundida entre las manos y el corazón lleno de desesperación. Logan se
había marchado hacía una hora para llevar a Cecily a una fiesta y allí se había
quedado sentada desde que se marchase, sintiéndose abandonada y muriéndose de
celos.
—Estás metida en un buen lío, Keating —gimió.
para no demostrar nada de lo que creía haber averiguado en ese momento. Además,
podría no estar en lo cierto.
Pero, por otra parte, podría ser verdad y le entraron ganas de agarrar a Cecily
por sus delicados hombros y zarandearla hasta que confesase la verdad. Pero no lo
iba a hacer; de eso nada. Esperaría a tener otros hombros delante para zarandearlos.
—Bueno, pues no esperes que estos planes vayan a durar —dijo Cecily con más
odio del que Suzanna habría imaginado que pudiera albergar—. De hecho, había
planeado zanjar este asunto con Logan esta misma noche.
Suzanna se dijo a sí misma que no era bueno que dirigiese su ira hacia Cecily
pero, qué diablos, ella también había sido parte de aquel engaño.
—Bueno, ¿por qué no te sientas y lo esperas? No creo que tarde más de un par
de horas. Tenía una cita.
Observó la expresión de Cecily con expectación, y lo que vio no le decepcionó.
—¿Una… cita?
—Sí. Y por cierto, era contigo. Una lástima. Habéis debido de cruzaros.
Cecily se puso primero colorada y luego pálida como la muerte. A Suzanna casi
le dio lástima, pero sólo casi.
—Te vas a acordar de mí —dijo Cecily, levantando el puño en señal
amenazadora.
Luego se dio media vuelta y salió de allí como alma que lleva el diablo, dejando
a Suzanna demasiado enfadada como para preocuparse de ella y sus amenazas.
Esperó a Logan entre las sombras del salón.
—¿Qué tal tu velada? —le preguntó.
Logan se dio un golpe con un mueble y suspiró de dolor. Suzanna sonrió,
satisfecha de que el castigo ya hubiera comenzado.
—Bien —contestó—. ¿Qué estás haciendo sentada a oscuras? —dijo y encendió
una lámpara.
—Al contrario, no he estado sentada a oscuras sino completamente iluminada,
por fin —observó su expresión confusa pero no le dio explicaciones—. ¿Y cómo está
Cecily?
—Bien. Está bien.
Suzanna no pudo más. Se levantó del sofá y se dirigió hacia él hecha un
basilisco.
—¡Cómo te atreves a mirarme con esa carita de niño bueno cuando estás
mintiendo sin parar! Cecily ha estado aquí esta noche —Logan pegó un respingo—.
Exactamente, aquí. Por lo que ya puedes abandonar toda esta ridícula farsa. Te he
pillado, Bradford. Se acabó.
En vez del arrepentimiento que esperaba de él, Logan se cruzó de brazos y
sonrió de una forma que la irritó aún más.
Capítulo 10
Al día siguiente por la tarde, Logan recibió una llamada de Collin pidiéndole
que fuese a la casa grande para ver unos documentos que sus abogados habían
enviado.
Logan apretó los puños lleno de frustración. Hacía un maravilloso día de
septiembre, Suzanna y Timmy estaban fuera recogiendo flores y deseaba estar con
ellos disfrutando del tiempo, antes de que el otoño les cayese encima.
—De acuerdo. Te veré en un rato.
—Bien. Y tráete al niño. Tengo algo que enseñarle.
Logan no deseaba interrumpir al niño en su disfrute, pero pensó en el cambio
que últimamente había visto en su padre. No demasiado, en realidad, solamente la
mirada más alegre, la voz más clara. Aún así era suficiente para alegrarle el corazón a
Logan.
Encontró a su padre sentado en su despacho con un rifle de caza que no había
utilizado en muchos años apoyado sobre sus rodillas.
—¿Qué haces, abuelito? —todavía algo tímido, Timmy se acercó
cuidadosamente a su abuelo.
—Limpiando y engrasando un rifle.
—¿Y qué haces con ese rifle? —preguntó con los ojos muy abiertos.
—Cazo, Timothy. Faisanes, conejos, perdices. Ah, y patos. Eso es lo que más me
gusta cazar —se colocó el rifle y apuntó a una presa imaginaria—. Algún día, si eres
un buen chico, a lo mejor te llevo a cazar conmigo.
—Collin, por todos los santos, sólo tiene…
—Lo sé, cuatro años —rió—. Pero no me refería a esta temporada.
Logan no estaba muy seguro de si quería que Timmy fuese de caza otra
temporada, pero se alegró de ver a su padre mirando al futuro.
—¿Dónde están esos papeles que quieres que mire?
—Sobre mi escritorio —Collin dijo distraído, ensimismado mientras le enseñaba
a su nieto las fotos de un álbum de fotos antiguas de él con sus dos hijos cuando eran
pequeños.
A Logan le bastó echarle un vistazo a los papeles para darse cuenta de que eran
algo rutinario. Los echó de nuevo sobre la mesa.
—Tim, ¿podrías dejarnos al abuelo y a mí solos un momento, por favor? Ve a
ver lo que está preparando la señora Travis en la cocina, ¿vale?
Una vez que el niño había salido, Logan expresó sus sospechas en voz alta.
—¿A qué viene todo esto, Collin?
Al otro lado de Mattashaum, Suzanna empujó la canoa ligera dentro del agua y
se metió dentro. La camiseta se le pegaba al cuerpo con el sudor y sabía que estaría
mejor sentada en la terraza tomando un té helado. Pero aquella mañana se había
levantado con el firme propósito de preparar un guiso de marisco para cenar.
Recientemente Logan había estado deleitándose con los recuerdos de una bullabesa
que probó en Francia y nunca había podido olvidar. A pesar de lo incómoda y
disgustada que estaba, lo prepararía.
Llegó a la isleta de la Roca del Elefante y se metió en el agua con un cubo y un
rastrillo en la mano. Desde donde estaba, levantó la mirada hacia la casa y vio a
Logan en su imaginación. Simultáneamente sintió una oleada de emoción que la
invadió de arriba a abajo. Jamás se había sentido tan atraída por un hombre. Sólo
pensar en cómo la había besado la noche anterior sentía un calor en lo más hondo de
su ser. Cerró los ojos, deleitándose con el recuerdo de esas sensaciones.
Al abrirlos de nuevo, la amargura torció su sonrisa en una mueca de disgusto.
Había esperado toda su vida a alguien que la hiciese sentirse así, hacía tiempo que
había perdido la esperanza de conocer a esa persona; pero allí estaba él. Sin embargo,
todo lo que podía hacer era soñar.
Logan y ella nunca podrían estar juntos. Había suficientes razones. Existían
odios familiares, se habían criado en diferentes ambientes y además, estaba la batalla
legal que se acercaba a pasos agigantados. Pero si quería ser completamente sincera,
tenía que admitir que la razón principal era el miedo. Más que miedo era un mal
presentimiento. Y cuanta más confianza tenía con Logan, peor, pues estaba por todas
partes.
Inexplicablemente, se le puso la carne de gallina.
De pie, metida en el agua hasta la rodilla, Suzanna levantó la vista. El paisaje se
había tornado gris e iba oscureciéndose por momentos. De pronto sintió que no
quería estar allí. Parecía como si algo malévolo flotase en el aire, algo que saliese de
la misma tierra de Mattashaum.
Por encima de su cabeza, una manada de pájaros sobrevolaba en dirección Este.
Los árboles se doblaban y movían al viento.
Volvió la cabeza hacia la orilla donde se alzaba la casa grande y se le cortó la
respiración. Una enorme masa de nubes negras se movía hacia donde estaba ella. A
su paso, las sombras se cernieron sobre la punta, luego el océano y después las
dunas. En ese momento, un relámpago cegador cayó del cielo.
Logan conducía muy despacio, tanto que se había casi parado. Iba distraído,
dándole vueltas a sus pensamientos, con la mirada perdida en el espacio.
Timmy había preferido quedarse porque la señora Travis estaba preparando
sus galletas favoritas. Logan se alegró de poder estar un día solo. Necesitaba estar
solo con Suzanna para hablar de su relación. Olvidarse de ella no le iba a resultar
fácil. Le dolía incluso de pensarlo. Pero Collin tenía razón. Logan había estado
jugando a algo que nunca debió comenzar; algo que tenía que terminar antes de que
fuese demasiado tarde.
No era que pensase que Suzanna quería engañarlo, como decía Collin. No,
precisamente en ese momento lo que le preocupaba de verdad era todo lo contrario,
la fuerza y solidez de los sentimientos mutuos.
¿Qué era lo que pretendía hacer con aquella atracción que sentía? Tenía que
contemplar los pros y los contras. Nunca había sido un hombre que se tomase las
relaciones a la ligera, pero ¿estaría preparado para seguir con aquella hasta su
natural conclusión? No estaba muy seguro. Solamente pensar en ello le producía un
malestar y un desasosiego que le hacían cerrarse a la idea.
Logan volvió a centrar su atención en lo que tenía delante del parabrisas, en el
brillo del relámpago que caía en esos momentos. Atisbo el cielo a través de las
bamboleantes ramas de los árboles. Los pronósticos del tiempo habían previsto un
frente frío. Puso de nuevo el coche en marcha justo en el momento en que empezaba
a llover.
Suzanna estaba en la Roca del Elefante cuando la tormenta estalló. ¡Dios mío!
No había visto nunca nada igual. Su único consuelo era que Timmy estaba con Logan
y así no tenía que aguantar aquella pesadilla con ella.
Sin embargo, no tenía miedo. Había empujado la canoa al centro del lago al
darse cuenta de que el aluminio era un buen conductor de la electricidad. También
tuvo cuidado de sentarse lo más lejos posible del único árbol que había en la isleta.
La lluvia era fría y empezaba a refrescar el ambiente, ella estaba temblando, pero no
le cabía la menor duda de que saldría de aquello. No le quedaba otro remedio.
Después del último trueno, se dio la vuelta y con la cabeza apoyada sobre las
manos a modo de almohada, atisbo entre las cortinas de agua hacia la casita en la
colina.
De pronto, se incorporó sobre un brazo incapaz de creer lo que estaba viendo.
La vieja barca de remos de madera estaba en el agua y Logan remaba hacia ella como
un poseso, dándole a los remos con tanta fuerza que la barca parecía descolocarse
cada vez.
Oh, no. ¿Dónde estaba su sentido común? ¿Qué estaba haciendo? En corazón le
latía con fuerza y a pesar de que estaba helada de frío, le entró un terrible calor,
producido por el miedo.
Cayeron al mismo tiempo varios relámpagos que blanquearon todo el paisaje
durante unos segundos, pero Logan continuaba impasible sin dejar de remar.
Por fin, la barca llegó a la orilla de la isleta.
—¡Logan! —Suzanna dio un salto, tragándose las lágrimas.
—¡Suzanna! —Logan corrió hacia ella y la abrazó levantándola del suelo. La
agarraba con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—¿Estás bien? —preguntó sin dejar de abrazarla, echándole hacia atrás el pelo
mojado, devorándola con la mirada.
—Sí, estoy bien. Pero tú… Oh Logan, es un milagro que no te haya pasado nada
—sólo de pensarlo lo abrazó, hundiendo la cara en su cuello—. Te darás cuenta del
peligro que has corrido.
—Ni por un momento. Cuando llegué a la casita y descubrí que no estabas allí,
dejé de pensar —como si volviese a sentir el terror de no encontrarla en la casa, la
besó en la mejilla, en la oreja, desesperado—. Y luego, te vi aquí con los prismáticos,
tirada en el suelo, boca abajo e inmóvil y pensé… —dejó de hablar y volvió a cubrirla
de besos—. Todo lo que me importaba en ese momento era llegar hasta ti.
—Oh, Logan —dijo riendo—. No soy tan tonta como parezco. Tuve cuidado.
¡Pero tú! Nunca, por favor, nunca vuelvas a hacer una tontería semejante —le pasó
las manos por el pelo empapado en agua, por la espalda, queriendo asegurarse de
que estaba bien.
Logan miró en lo más profundo de sus ojos. ¿Veía allí sus pensamientos? ¿Veía
el amor que sentía por él?
Capítulo 11
Dos días llenos de felicidad pasaron y Suzanna y Logan continuaron con sus
turnos de trabajo como habían planeado. Ella continuó durmiendo allí. Todo era
como antes, pero diferente. Al estar más conscientes el uno del otro, las noches
durmiendo separados bajo el mismo techo se volvían insoportables. Los besos y
abrazos compartidos con la intención de calmar su sed, no hacían más que avivar el
fuego de sus cuerpos.
Francamente, Suzanna estaba encantada con la situación. Se había enamorado
de Logan y, aunque nunca habían pronunciado las palabras, se sentía correspondida
también. Habían cruzado ya alguna etapa y aquello la hacía feliz.
Sin embargo, al tercer día después de la tormenta, estando sola, se dio cuenta de
que vivían en una calma tensa. No habían sabido nada de Collin desde que se
marchara aquel día, pero no se habían olvidado de él.
Estaba regando los geranios en la soleada terraza cuando le llamó la atención el
ruido de un coche que se acercaba. Dejó la regadera en el suelo y fue hacia las
escaleras, secándose las manos en la camisa de trabajo que llevaba puesta. Pero su
curiosidad se transformó en terror cuando vio quién llegaba a visitarla.
—Señor Bradford —tartamudeó, viéndolo acercarse con su bastón—. ¿Ha
venido a ver a Logan? —se le aceleró el pulso; a solas con el viejo se sentía indefensa.
Simplemente se la quedó mirando, ahí plantado delante de ella, apoyado en el
bastón. Suzanna agradeció que Timmy estuviese distraído viendo sus dibujos
animados favoritos.
—Tenemos que hablar —dijo Collin.
—¿Quiere tomar asiento?
De nuevo no respondió. Aparentemente, no tenía intención de responder a
nada de lo que ella dijese.
—Me imagino que se cree muy lista, señorita Keating.
—¿Cómo dice?
—La forma que ha tenido de inmiscuirse en la vida de mi hijo.
Suzanna intentó tragar saliva, pero tenía un nudo en la garganta.
—Bien, nena, he venido a decirle que su plan no funcionará.
Habría querido creer que su felicidad con Logan era duradera, pero una parte
de ella siempre había sabido que estaba haciendo el papel de Cenicienta. El
resentimiento que Collin le tenía era imparable y era posesivo con su familia hasta
límites insospechados.
—Tengo que admitir que Logan y yo nos hemos tomado cariño, señor Bradford,
pero, desde luego, no ha sido el resultado de ningún plan.
—No me insulte con sus mentiras. Sé lo que está tramando. Cree que si se hace
con mi hijo se quedará también con el niño —el viejo profirió una risa seca y rasposa,
como el sonido de los juncos secos en el frío viento—. Tengo que decirte que no
pensé que su ambición fuese tan grande.
—¿De qué está hablando? —preguntó, esta vez verdaderamente confundida.
—De dinero, señorita Keating. De lo que hace que el mundo gire. Pensé que los
tres millones del niño serían suficientes, pero la subestimé. Evidentemente, se ha
metido en esto para conseguir el premio gordo.
Suzanna se quedó sin habla mientras comprendía el significado de sus palabras.
—¿Cree que estoy detrás del dinero de Logan?
—De su dinero y del dinero del niño. Pero, en serio, señorita Keating, ¿no cree
que este plan huele un poco mal?
La expresión de Collin reflejaba tremenda impaciencia.
—Su hermana pensó que una buena boda le arreglaría la vida para siempre,
pero no le funcionó. Es mejor que se dé cuenta de que no va a funcionar ahora.
—No estoy tras el dinero de nadie. Lo único que siempre he deseado…
—¡No permitiré que nadie utilice a mi familia! ¿Es que no lo entiende?
Suzanna sabía que nada de lo que dijera le haría cambiar de opinión.
—¿Qué es exactamente lo que me quiere decir, señor Bradford?
—Quiero que salga de nuestras vidas, para siempre. Tiene que marcharse de
aquí y dejar de perseguir a Logan.
—Pero tengo derecho a hacer visitas. Vengo aquí a ver a mi sobrino con todo el
respaldo del tribunal.
—¿Cree que me importa? Ésta es mi casa y no la quiero aquí. Y lo que es más,
quiero que abandone el asunto de la custodia.
—¿Que abandone la custodia? —estaba destrozada.
—Ya me ha oído. Ni siquiera quiero tener eso que ver con usted.
—¡Este asunto no es algo entre usted y yo! —gritó; pero un escalofrío de terror
le recorrió la espalda—. No tiene derecho —protestó—. ¿Y qué pasaría si ignoro sus
descabelladas exigencias? ¿Qué pasaría si continúo luchando por obtener la
custodia?
—Entonces, prepárese a perder todo lo que tiene —dijo con gesto altanero.
Se lo quedó mirando, atónita.
—Piénselo; piense en las consecuencias que le acarreará seguir insistiendo. Si
obtiene la custodia de mi nieto, me temo que éste no recibirá ni un penique de su
dinero.
—¿Haría eso? ¿Le privaría de lo que es suyo por derecho?
—Con seguridad, no lo dude.
El único punto en el que se negó a darle gusto a Collin era en lo que había dicho
de desaparecer completamente de la vida del niño. No tenía por qué volver a ver a
Logan o regresar a Mattashaum, pero no permitiría que Timmy creciese pensando
que lo había abandonado. Concluyó diciendo que su abogado se pondría en contacto
con él para fijar un horario de visitas. A Collin no iba a gustarle, pero en ese punto no
pensaba ceder.
Cuando hubo terminado, metió la carta en un sobre y la colocó sobre la mesa de
la cocina, donde sabía que Logan la encontraría sin duda. Llamó por teléfono a la
casa grande donde contestó el ama de llaves. Cuando Suzanna le explicó que tenía
que marcharse, la señora Travis se ofreció a quedarse con Timmy hasta que Logan
regresase. Hecho eso, Suzanna guardó todas sus posesiones en un bolso, intentando
no pensar demasiado. Cada vez que lo hacía el dolor era insoportable.
Sólo le quedaba despedirse del niño. Lo encontró en su habitación jugando con
Buddy. Le prometió volver en cuanto pudiese y se tragó las lágrimas cuando el niño
le respondió con una sonrisa confiada. En ese momento, se abrió la puerta de la
cocina y se escuchó el saludo de la señora Travis. Suzanna respiró profundamente.
Había llegado la hora de marcharse.
—¡Maldita sea!
Se volvió hacia el teléfono para llamarla, pero de momento se quedó quieto.
Aquella marcha tan brusca no tenía sentido. Tendría que haber estado ciega o tonta
para no darse cuenta de lo mucho que ella le importaba a él o de que el plan había
cambiado. Y Suzanna Keating no era ni ciega ni tonta.
No, tenía que haber ocurrido algo que fuese la causa de aquel extraño
comportamiento. Algo… o alguien.
Logan llegó a la casa grande en un tiempo récord.
—¡Collin! —gritó cruzando el vestíbulo a grandes zancadas.
—¿Qué es todo este ruido? —protestó el hombre desde el comedor.
Logan entró, levantando todas las persianas que encontraba a su paso.
Con el ceño fruncido, Collin lo contemplaba desde un extremo de la larga mesa
de comedor.
Logan se sentó pesadamente sobre una silla.
—Explícame —pidió.
—¿Que te explique qué?
—Esto —Logan lanzó la carta de Suzanna hasta el otro lado de la mesa.
Collin leyó la carta, miró a Logan y volvió a fijar la vista en el papel. Su
expresión tembló al dibujarse una leve sonrisa.
—Bueno, bueno —se echó hacia atrás, sonriendo ampliamente ya—. Debo decir
que es un placer poder ganar por una vez.
Logan dio un puñetazo a la mesa, haciendo que la sopa del plato de Collin se
vertiese.
—¿Y qué es exactamente lo que has ganado, padre? Dímelo. Me encantaría
saberlo.
Collin se limpió la boca con la servilleta y depositó ésta al lado del plato,
ceremoniosamente.
—Pues, al niño, por supuesto. De eso era de lo que se trataba toda esta batalla
con Suzanna Keating, ¿no?
—No, padre. Contigo nada es lo que parece.
Collin se levantó indignado.
—¿Te importaría explicarme ese comentario?
Logan lo pensó. Quizá era el momento de que alguien obligase a Collin a
examinar la raíz de su comportamiento. Pero lo dejó estar. ¿Qué conseguiría aparte
de hacerle daño?
—¿Qué hiciste para espantarla? —preguntó.
—¿Yo? Yo no hice nada.
—¿Qué fue, padre? No pudo ser que aceptase tu dinero. Suzanna jamás caería
en un chantaje tan bajo como ése.
—Oh, por amor de Dios, déjalo —Collin hizo un gesto despreciativo con la
mano y comenzó a pasear—. ¿Acaso no puedes conformarte con la idea de que ha
abandonado? Ahora podemos volver a nuestra vida normal.
Logan eligió las palabras que iba a pronunciar cuidadosamente.
—Tengo noticias que darte, Collin: No tengo la menor intención de dejar que
Suzanna desaparezca de mi vida.
Collin dejó de caminar.
—¿Qué quieres decir?
—Me temo que otro de tus hijos se ha enamorado de una Keating. Amo a
Suzanna. Sí, la amo y hasta hace un momento no sabía lo que iba a hacer con este
amor. Estaba demasiado preocupado intentando encontrar una forma de estar con
ella sin molestarte. Pero te doy las gracias; acabas de ayudarme a aclarar mis
pensamientos.
Collin buscó su silla y se sentó tembloroso.
—Pero, ¿qué me estás diciendo, hijo?
—Felicítame, padre. Voy a casarme, esto es, si Suzanna me acepta.
Logan vio cómo su padre cambiaba de color y sintió el fuego de la ira arder en
su mirada.
—¿Qué es lo que he hecho para merecer tener dos hijos tan descerebrados?
Nunca debe casarse uno con una persona a la que ama. ¿Es que no has aprendido
nada en tus treinta y dos años? ¿Acaso no viste lo que le ocurrió a Harry? El amor es
ciego. Aniquila el pensamiento del hombre y acaba siendo su perdición.
Se apoyó sobre la mesa de caoba, estrechando el brazo en señal de súplica.
—Hijo, lo que tienes que hacer es encontrar a alguien que sea igual que tú,
alguien que te ofrezca la seguridad de que no se está casando contigo para
aprovecharse de ti.
Logan tamborileó con los dedos sobre la mesa, cada vez con más fuerza.
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo? No amo a Cecily.
—Pues ahí es a donde quería llegar. El amor romántico está hecho para la gente
ordinaria, no para nosotros. Acaba resultando una lata.
Logan intentó creer que a su padre solamente se preocupaba por su bienestar,
pero lo conocía demasiado bien.
—Tengo una pregunta —Logan juntó las manos y las dejó descansar sobre la
mesa cuidadosamente—. ¿Qué pasaría si no sigo tu consejo? ¿Si continúo viendo a
Suzanna?
Collin se lo quedó mirando, inmóvil. Lentamente, una sonrisa se fue dibujando
en sus secos labios, una sonrisa que lo aterrorizó.
Capítulo 12
Suzanna se despertó en un apartamento que le resultaba extraño. Sólo había
faltado de allí dos semanas, pero ya no le parecía el mismo.
Allí no había ningún cachorro ladrando, ni la música de los dibujos animados
de la televisión. Ya no era el mismo lugar de antes.
A pesar de todo, también aquel cambio tenía sus ventajas. Podía comer y
vestirse sin interrupciones, maravillándose de la facilidad con que hacía sus tareas de
su trabajo sin un niño al que atender. Además, como no tenía que ir a Mattashaum,
tenía mucho más tiempo libre.
Sí, estaba mucho mejor libre de responsabilidades. Se lo había repetido una
docena de veces aquel día. Había estado tanto tiempo cuidando de otras personas
que casi no sabía como cuidar de sí misma. Quizá era el momento adecuado de
aprender.
Ya no le cabía la menor duda de que Timmy estaba mejor, también.
Verdaderamente, estaba convencida de las palabras que le había dicho a Logan en la
carta. Él le daría a su sobrino lo mejor: una educación excelente, una casa maravillosa
situada en un lugar privilegiado y, lo más importante, personalidad y valores.
Y luego, estaba aquel asunto no tan trivial de los tres millones de dólares de
Timmy. Sus continuos y amorosos cuidados no eran tan importantes comparados los
tres millones de dólares. Con ellos, podría hacer muchísimas cosas. Y además, Logan
le trataba con tanto cariño como pudiera hacerlo ella. Sin duda, todo el mundo
estaría mejor así.
Pero, ¡por Dios! ¡Cómo los echaba de menos!, pensaba mientras remontaba las
escaleras a su silencioso apartamento aquella noche. ¿Estaría Logan pensando en
ella? Probablemente no.
Ya había pasado más de un día entero desde que le dejase la nota y aún no la
había llamado. Estaba claro que no le preocupaba lo más mínimo verse libre de ella.
Le asustó el ruido de pisadas fuera seguido del timbre de la puerta. Frunció el
ceño llena de curiosidad y fue a la ventana a ver quién era aquella inesperada visita.
Cuando vio quién estaba en el porche un torrente de emoción la abnegó.
—Entrad —les dijo con un gesto de la mano. Buddy los siguió, meneando la
cola de emoción.
—Hola, mi amor —murmuró Suzanna, abrazando a su sobrino con fuerza. Dios
mío, no querría nunca dejarlo marchar.
—Tía Sue, me estás aplastando —rió.
—Oh, perdona —lo soltó, se levantó y sacó fuerzas para mirar a Logan a la cara.
—¿Lo ves? Vamos a estar mejor que bien —Logan la miró con esperanza y
amor—. ¿Entonces? ¿Qué dices?
—¿De verdad crees que mi respuesta depende de tus finanzas?
—Bueno, yo… no, pero…
—Sí —respondió entre la confusión de la conversación.
—¿Cómo?
—Sí. Vale —a Suzanna le dio una risa nerviosa—. Vamos allá.
—¿Lo dices en serio?
Tragó saliva, a punto de echarse a llorar.
—Con toda mi alma.
Logan respiró aliviado. Temblándole las manos, le deslizó el anillo en el dedo,
luego le besó la palma de la mano.
—Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo —susurró.
Seguidamente, Suzanna y Logan se abrazaron y besaron apasionadamente.
Fin