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Batalla de Amor - Shannon Waverr Lly

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Batalla de amor

Shannon Waverly

Batalla de amor (1997)


Título Original: The baby battle (1994)
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello/ Colección: Jazmín 1279
Género: Contemporáneo - Niños
Protagonistas: Logan Bradford y Suzanna

Argumento:
Aunque Suzanna estaba todavía muy afectada por la repentina muerte de su
hermana y su cuñado, sabía que tenía que reponerse. Su sobrino, Timmy, de tan
sólo cuatro años de edad, la necesitaba. Y así, Timmy pasó a convertirse en el
centro de su universo.
Para Logan Bradford, la muerte de su hermano había supuesto un duro golpe. El
problema era que él se sentía responsable del bienestar de su sobrino y estaba
dispuesto a luchar por su custodia…
Por su parte, el pequeño Timmy Bradford también tenía algo que decir al
respecto. Él estaba encantado con si tía Sue y con el perrito que le habían
regalado y, desde luego, no quería irse a vivir con el tío Logan, un tío al que ni
siquiera conocía… Claro que si el tío Logan llegara a casarse con la tía Sue…
¡entonces, volvería a tener una verdadera familia!
Shannon Waverly - Batalla de amor

Capítulo 1
Era capaz de hacerlo; lo era. Todo lo que tenía que hacer era respirar
profundamente y recuperar una visión objetiva de las cosas. Después de todo, se
trataba sólo de adornar media docena de tartas. El mundo seguía andando.
Suzanna agarró al perro y lo encerró en el lavadero que había a la parte trasera
de la tienda, para luego volver al almacén donde su sobrino seguía sentado entre los
retazos de encaje, con un hilo de chocolate colgándole de la barbilla.
—¿Y qué explicación me puedes dar a todo esto, jovencito? —con las manos
apoyadas en las caderas, Suzanna lo miraba intentando mostrarse severa.
—Lo siento tía Sue —con cuatro años, Timmy podía ser a veces muy travieso.
—¿Cuántas veces te he dicho ya que no entres en esta habitación? Sobre todo,
ahora que tenemos al cachorro. Lleva mucho tiempo hacer estos adornos y a mí no
me sobra. La fiesta que tengo que atender es mañana.
Los grandes ojos azules de Timmy se llenaron de lágrimas y a Sue se le encogió
el corazón al verlo. De todos los deberes de madre que había tenido que ejercer desde
el accidente tres meses atrás, la disciplina era el que más duro le resultaba. Se agachó
apoyando una rodilla en el suelo y lo agarró del frágil hombro.
—Bueno, no pasa nada; sé que cuidarás de Buddy mejor a partir de ahora y que
esto no volverá a ocurrir.
El niño asintió algo tembloroso.
—Bien, ahora recoge todo esto y échalo a esa papelera. Tengo que hacerle un
cheque a Mary y luego… —Suzanna echó un vistazo a su reloj de pulsera y se sintió
culpable; la verdad era que no le extrañaba aquel comportamiento en el niño—.
Luego comeremos.
Timmy suspiró aliviado y Suzanna no pudo menos que abrazarlo y besarlo en
una mejilla, en el sedoso cabello castaño y luego en la otra mejilla.
Sonriendo, se puso en pie justo en el momento en que sonó el teléfono en su
despacho.
—Oh, no. ¿Quién será ahora? —dijo riendo, aunque en realidad empezaba ya a
estar cansada. Primero fue la gotera de la tercera planta, luego el retraso de dos horas
del reparto de la carne y ahora el teléfono.
—Suzanna, por favor ¿puedes contestar? —se oyó la voz de Mary —Mary era
una de las dos ayudantes a tiempo parcial que trabajaba con Suzanna—. Estoy muy
liada en este momento.
Suzanna salió del vestíbulo apresuradamente hacia su despacho, que en
realidad no era más que un pequeño espacio similar al almacén, sólo que en aquella
pieza contaba con una mesa vieja.

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Shannon Waverly - Batalla de amor

—Fiesta Catering, servicio de restauración a domicilio. Dígame.


—Suzanna Keating, por favor —aquella voz masculina no le sonaba de nada.
—Al aparato —contestó colocándose el teléfono en el hombro y revolviendo el
montón de papeles sobre la mesa.
—Soy Logan Bradford, señorita Keating.
Al oír aquel nombre, el correo que estaba ojeando se le cayó de las manos.
—¿Cómo ha dicho?
—Logan Bradford, el hermano de Harris. Creo que nos conocimos brevemente
en el funeral.
Suzanna se dejó caer en la silla, sintiendo de pronto una tremenda debilidad en
las piernas.
—Ah, sí. ¿Qué desea?
—Me gustaría hablar con usted si me lo permite. Estoy en la ciudad por
negocios y dispuesto a pasarme por su oficina para hablar con usted.
Suzanna se puso muy tensa, sintiendo que la invadían los nervios.
—Señor Bradford, la verdad es que no creo que tengamos mucho que decirnos.
—Al contrario. Creo que tenemos mucho de qué hablar —lo decía con el tono
de voz y la corrección de un aristócrata y, en realidad, lo era. Pertenecía a una familia
de antiguo abolengo de Nueva Inglaterra—. Siento no haber vuelto a llamar desde el
funeral —continuó con tono despreocupado—. Pensé que todos necesitábamos unos
meses a solas con nuestro propio dolor. Pero creo que ha llegado el momento de
charlar y la verdad es que prefiero hacerlo en persona. Lo que quiero decirle no es
algo que pueda discutirse por teléfono.
—Lo siento pero es que… estoy muy ocupada hoy y…
—Le prometo que no me extenderé. En este momento estoy en el coche, sólo a
dos manzanas de donde vive usted.
Suzanna tragó saliva. Nunca había oído un tono de voz tan firme y decidido.
—Pero…
—Es importante, señorita Keating. La veré en unos minutos.
Colgó el teléfono, dejando a Suzanna asombrada y con la mirada perdida. No
era capaz de articular un pensamiento coherente, sólo sentía los fuertes latidos de su
corazón golpeándole las sienes. ¿Logan Bradford iba a ir allí? Se puso de pie,
limpiándose el sudor de las palmas de las manos en el mandil manchado de harina y
contempló su reflejo en el pequeño espejo junto a la puerta.
Hacía un calor húmedo y pegajoso y tenía la cara cubierta de sudor. No se había
maquillado aquella mañana, sólo había perdido el tiempo colocándose una diadema
para sujetarse el largo cabello negro. Debajo del mandil, llevaba puesta una camiseta
blanca y unos pantalones cortos de algodón azules, atuendo que había escogido por
comodidad más que por otra cosa.

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Bruscamente dejó de contemplarse en el espejo. Pero, ¿qué demonios le ocurría?


El hermano de Harry estaba de camino. El mismo hermano que le había negado su
ayuda cuando el padre de ambos lo había echado de casa hacía cinco años; el mismo
hermano que, aún peor, había apoyado a aquel viejo odioso en la idea de que casarse
con alguien tan vulgar a sus ojos como la hermana de Suzanna era una falta que
merecía el castigo de ser desheredado.
Logan Bradford iba hacia allá a charlar con ella y no tenía ni la menor idea de
sobre qué. Tampoco sabía cómo podría conversar con él sin dar rienda suelta a la
animadversión que sentía hacia aquel hombre y su padre desde hacía casi cinco años.
¿Iría finalmente a recoger las pertenencias de su hermano? ¿Acaso pensaba que
Harris había dejado allí algo de valor?
Harris no tenía posesiones desde que dejó su casa cinco años atrás, sólo le
quedó el orgullo que le había impedido regresar a la casa familiar a pedir nada.
Sí, tenía un equipo de música, pero lo había vendido y también el reloj. Había
vendido muchas cosas antes de que Suzanna le asegurase que le ayudaría. ¿Acaso no
estaba la familia para eso?
En ese momento, salió Timmy del almacén, arrastrando la cesta llena de trozos
de encaje y lazos mordisqueados.
—Gracias, mi amor.
Al verlo, a Suzanna el corazón le dio un vuelco. La vida había sido muy cruel
con su pequeño sobrino al llevarse a sus padres en aquel terrible accidente de coche.
A veces ni ella misma podía creer que ya no estuviesen allí y todavía creía escuchar
sus risas al subir las escaleras. El dolor que sentía al pensar que ya no los volvería a
ver le resultaba demasiado abrumador. En aquellos momentos era cuando se daba
cuenta de lo que Timmy estaba pasando.
Pero al menos había un consuelo, y era que ella siempre había querido mucho
al niño. Al vivir juntos en la misma casa, no había sido solamente una tía para él, sino
más bien como una segunda madre desde el día en que nació. Así, esperaba que
aquello lo ayudase a soportar aquel cambio traumático en su vida.
A la vez, el niño la ayudaba con su presencia a pasar aquellos terribles
momentos. Perder a Claudia y a Harris había sido la peor experiencia de su vida,
aunque por Timmy se había visto obligada a reaccionar con valentía y a continuar
con la vida normal tras el funeral.
En ese momento, él constituía el centro de su universo y le preocupaba su
bienestar y su futuro; él era el motor de su existencia diaria.
Agarró la cesta y la colocó sobre la mesa. Mary, una fornida viuda de unos
sesenta años, estaba ocupada preparando la masa para los pasteles salados del día
siguiente sobre un mostrador de mármol; el mismo mostrador donde los padres de
Suzanna habían preparado masa y pasteles durante treinta años.
Aquél había sido su mundo durante los veintisiete años de su existencia:
aquella tienda, aquella calle, aquella pequeña ciudad industrial del sur de
Massachusetts, cuya gloria y prestigio hacía tiempo que había pasado con la

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emigración de la industria textil. Y a pesar de que la mayoría de las amistades de la


infancia se habían mudado a los suburbios, ella se había quedado allí igual que los
enormes molinos de granito que la rodeaban.
—Mary ¿podrías darle de comer a Timmy? Estoy esperando una visita.
Al ver a Timmy alejarse contento, Suzanna sonrió para sus adentros. El niño
parecía estar mucho mejor últimamente. Después de dos meses de comportamiento
anormal, había dejado de mojar la cama y las rabietas que antes eran continuas,
ocurrían muy de vez en cuando. Aún así, Suzanna lo vigilaba de cerca y se
preocupaba por él.
Aprovechando que estaba distraído, subió corriendo las escaleras traseras hacia
el apartamento del primer piso. Tenía el negocio situado en el sótano de la casa, pero,
al estar ésta construida en una colina, la parte delantera de la tienda daba
directamente a la calle, lo que la convertía en un lugar ideal. Así había sido utilizada
desde los años veinte, cuando se construyó la sólida casa de tres pisos.
Sólo le dio tiempo a quitarse el mandil, pues justo en ese momento oyó el ruido
del motor de un automóvil deteniéndose en la acera.
Abrió la puerta de la cocina y salió a la entrada. El aire olía a humo de tubo de
escape y al agua del río y estaba cargado de ruidos: los gritos de los niños aburridos e
indolentes en el calor del verano, los chirridos de los frenos de los camiones, el
penetrante sonido de la sirena de los bomberos, música rap y las campanas de una
iglesia cercana tocando el ángelus.
Suzanna levantó la vista hacia la acera. Delante de las escaleras de piedra de
granito que conducían a su patio se encontraba una limusina negra. Tragó saliva y un
escalofrío le recorrió el cuerpo. Algo le desagradaba, no sabía qué, pero le dieron
ganas de entrar de nuevo y cerrar la puerta con cerrojo.
No lo hizo. El motor se apagó y el hombre que recordaba como Logan Bradford
salió del coche. De pie sobre la acera se irguió, se abotonó la chaqueta
ceremoniosamente y echó una mirada de reojo al edificio propiedad de Suzanna.
Suzanna se puso tensa. Sabía que había una diferencia abismal entre lo que
aquel hombre contemplaba en aquellos momentos y la finca de Mattashaum, pero
tampoco era una chabola. La mirada de Bradford continuó inspeccionando otros
pequeños negocios colindantes al de Suzanna: un pequeño mercado de pescado, una
floristería y una droguería. Cuánto más observaba, más estirado se le veía.
Y entonces, la vio de pie al lado de la puerta mosquitera, cruzada de brazos y la
vecindad perdió interés para él. Se encaminó hacia las escaleras de piedra con gesto
airado.
—¡Dios mío! —susurró Suzanna, llevándose una mano al estómago que de
pronto había sentido encogerse.
Parecía aún más alto de lo que lo recordaba y, sin duda, también más
amenazador. Todo en él olía a dinero, desde el impecable corte del oscuro traje de
chaqueta, hasta el despreocupado aire de su bello rostro. Caminaba de manera
afectada, con la espalda erguida y la mirada pétrea. Por un momento, Suzanna

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experimentó la misma sensación de vértigo que le sobrevino la primera vez que se


vieron.
No pensaba que él recordase aquella noche de su primer encuentro, que no
había sido durante el funeral sino en una fiesta que Suzanna preparó.
Ella solía trabajar en la ciudad, pero hacía dos años, para expandir el negocio,
decidió poner un anuncio en un periódico local de la zona periférica. Por eso la
habían contratado de una de las poblaciones para preparar una fiesta. La noche
resultó un éxito e incluso algunos de los invitados a la fiesta le pidieron su tarjeta.
Allí apareció Logan Bradford, aunque en ese momento ella todavía no sabía
quién era. Era natural, pues las dos familias vivían en dos mundos completamente
diferentes. Por eso no se habían conocido antes.
Y no era precisamente que tuviera ganas. Después de los malos ratos y el dolor
que él y su padre habían causado a Harris y Claudia, le habían entrado ganas de
cometer una atrocidad más de una vez. Sólo el ruego angustiado de Harris le había
impedido ir a Mattashaum.
Fue mientras llevaba una bandeja de canapés de caviar a uno de los comedores
cuando lo vio. Estaba en una pieza adyacente, hablando en un grupo de personas. En
ese momento, levantó la mirada y se encontró con la de ella, desvió los ojos con
naturalidad para volver a mirarla, alerta, casi sorprendido. Su reacción la dejó
clavada en el sitio.
¿Se fijó verdaderamente en él en aquel momento? ¿En lo que llevaba puesto?
¿En el color de sus ojos o en su cabello? No creía. Todo lo que recordaba era una
sensación de percepción tan aguda, tan emocionante y a la vez llena de tanta tensión,
que tuvo la sensación de estar perdiendo la consciencia.
No sabía cuánto tiempo había durado aquella mirada, sólo que, en un momento
dado, una chica rubia y menuda que estaba al lado de Logan le tocó en el brazo y el
contacto visual se rompió.
Pero aquella noche ya no fue la misma para ella. La cabeza le daba vueltas y las
piernas le temblaban. Temió no poder trabajar bien lo que le quedaba de noche.
Y así fue; cada vez que coincidían en la misma habitación, Suzanna sentía una
curiosidad tan grande que se despistaba hasta el punto de chocarse contra las sillas o
tropezar con los muebles.
Pero una de las veces que pasó por el comedor a retirar unos vasos vacíos oyó a
la rubia llamarlo desde el otro lado del salón. Lo llamó por su nombre, con tono
cariñoso.
¿Logan? Por segunda vez aquella noche Suzanna se quedó de piedra. Aquél no
era un nombre tan común y, dada la zona en que se celebraba la fiesta y la clase de
invitados…
Con el corazón en un puño, se fijó en él. Pero incluso entonces, dos años y
medio después, todavía sentía la humillación de la experiencia pesando sobre ella.
¿Todas aquellas miradas, todas aquellas especulaciones por el hermano de Harris?

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Aquella noche se quedó en la cocina todo el tiempo que le fue posible, aunque
finalmente no le quedó más remedio que salir. Pero pronto se dio cuenta que no tenía
nada más que temer. Logan Bradford no volvió a mirarla. Había desaparecido la
curiosidad y el interés, o a lo mejor nunca había existido excepto en su imaginación.
Después de todo, ella no era sino una empleada de servicios de restauración mientras
que él era un multimillonario. Poco después se despidió del anfitrión, agarró a la
rubia del brazo y abandonó la fiesta.
Suzanna no volvió a verlo hasta el día del funeral. Parecía que había pasado
tiempo suficiente para borrar aquella noche y a ella de su memoria. Y aquello la
tranquilizó, pues habría sido demasiado embarazoso que él lo hubiese recordado.
El funeral.
Suzanna no llamó personalmente a Mattashaum para comunicarles la noticia
del accidente. Esperó a que todos los preparativos concluyeran y luego, le pidió al
director de las pompas fúnebres que llamase a la familia de Harris. Los Bradford
tenían que enterarse de la muerte de Harris, pero ella no tenía por qué compartir su
dolor con ellos. Después del modo desalmado en que habían tratado a Harris y a
Claudia, ya no tenían derecho a nada.
Logan apareció solo en la iglesia y tuvo el acierto de no sentarse con la familia
de Suzanna. También fue al cementerio, pero mientras el resto de la gente se
consolaba bajo unas marquesinas, él se quedó aparte bajo la fresca llovizna de mayo.
Pero a Suzanna no le importó. Despreciaba todo lo que él representaba: el dinero y el
poder, los prejuicios y el elitismo. Deseó poder pedirle que se marchara, pero estaba
claro que no podía. Sólo podía mirarlo de vez en cuando, con una furia incontenible.
Esperó a que todos excepto Suzanna se hubieran marchado y, entonces, se
acercó a la tumba y se presentó. Su compostura la sorprendió. Llevaba tres días
llorando y aún no había conseguido parar.
—Siento la pérdida de su hermana —dijo con mirada indiferente.
Ella asintió con la cabeza, reticente a aceptar su expresión de condolencia.
—¿Dónde está su hijo?
—Está en casa con una niñera.
—Ah —asintió, poco interesado—. Espero que mi presencia aquí no la moleste.
Sabía que no era el momento apropiado para discutir pero sentía un dolor
demasiado profundo como para quedarse callada.
—Me molestaría menos si los hubiese visitado cuando realmente importaba.
Levantó su bien trazado mentón y apretó los labios.
—Mi hermano hizo su elección y luego tuvo que aguantar las consecuencias.
Suzanna volvió la cabeza y lo miró con desdén y perplejidad. Nunca había oído
algo tan despiadado en toda su vida.
—¿Por qué se ha molestado siquiera en venir aquí?
Se quedó un momento en silencio, con la mirada perdida.

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—Tenemos un cementerio familiar en Mattashaum —contestó finalmente—. A


mi padre le gustaría que el cuerpo fuera trasladado allí.
—¿El cuerpo? —su elección de palabras le secó las lágrimas y cristalizó su
furia—. ¿Es que ni siquiera puede pronunciar el nombre de su hermano ni cuando
está muerto? ¡Santo Dios! He visto casos de orgullo, pero éste es el más asqueroso de
todos —meneó la cabeza con la esperanza de que él no adivinara el desprecio que
sentía hacia él—. Lo siento señor Bradford, Harris se va a quedar aquí mismo, al lado
de mi hermana; es el lugar al que pertenece.
Logan levantó la vista hacia las grises nubes.
—Ya veremos —replicó.
Suzanna quiso responder con algo inteligente y adecuado para hacerle daño,
pero antes de que se diera cuenta se había levantado el cuello del abrigo y echado a
andar bajo la lluvia.
Justo al pasar al lado del féretro de su hermano se paró un momento, levantó la
mano y con la vista fija en el horizonte, la posó sobre la resbaladiza superficie de
madera como si acariciase la cabeza de un bebé durmiente. Pronunció unas palabras
y con un hondo suspiro se dirigió hacia su automóvil.
En ese momento, aquel mismo hombre subía las escaleras de granito y se
acercaba al porche donde estaba Suzanna. Mientras lo observaba acercarse se le
ocurrió que a lo mejor había ido por lo del asunto del cuerpo de Harris. Levantó la
cabeza, más resuelta que nunca a enfrentarse con él si era necesario.
Se paró bajo el porche, observándola desde el otro lado de la puerta mosquitera.
Tenía los ojos tan grises como el hielo del invierno y los labios apretados en una fría
mueca. Y por un momento, sus pensamientos volaron hasta la fiesta en que lo vio por
primera vez, donde le había encontrado tan cálido y cautivador. Se estremeció al
pensar lo tonta que había sido.
—¿A qué se debe esta visita?
—¿Puedo pasar?
—Dígame lo que desea aquí mismo.
—Bien. He venido a hablar del hijo de mi hermano.
—¿De Timmy?
—Así es.
—¿Timmy? —repitió lentamente; sólo al mirarlo a los ojos pudo continuar—.
¿Acerca de qué?
—Ahora que Harris no está entre nosotros deseo hacerme con la custodia del
niño —apartó la mirada sin pestañear, pero habló con tanta certidumbre que a
Suzanna le costó unos momentos asimilar el significado de sus palabras.
—¿Que quiere qué? —se echó a reír, segura de que bromeaba.
—A pesar de nuestras diferencias con Harris, mi padre y yo sentimos que
tenemos una gran responsabilidad hacia su hijo. Después de todo, es un Bradford.

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Suzanna sintió de pronto cómo la invadía la ira con tanta fuerza que se sintió
mareada.
—Ah, ya veo. Ahora sí que es un Bradford; ahora cuando ya es demasiado tarde
para ayudarlos de verdad.
—Al contrario —empezó diciendo y arqueó las cejas con incredulidad—. El
hecho de venir a vivir a Mattashaum sólo le hará bien —levantó la vista y paseó la
mirada por la vecindad, dejando claro el significado de su gesto.
—Espere un momento —Suzanna abrió la puerta de aluminio con tanta fuerza
que le golpeó en la pierna—. Timmy tiene su hogar aquí, conmigo. ¿Qué le hace
pensar que lo voy a dejar marchar con usted? ¿Y qué le hace pensar que tiene algo
que decir al respecto? —volvió a echarse a reír, pero esta vez con nerviosismo—.
¿Quién cree que ha estado cuidando de él desde que murieron sus padres?
—Es cierto, pero según lo que sé yo, ni Harris ni su hermana dejaron escrito
testamento nombrándola su tutora legar.
—La verdad, no. Eran tan jóvenes que nunca se les ocurrió hacerlo, pero…
—En cuyo caso, como tío que soy del niño estoy dispuesto a asumir la
responsabilidad de su custodia.
Suzanna apretó los ojos con fuerza.
—Parece que no nos entendemos. Mire, yo soy la tutora de Timmy —añadió
golpeándose el pecho con el índice para darle más fuerza a sus palabras.
—Legalmente no —dijo con calma—. Mire, he venido hasta aquí esperando que
pudiésemos arreglar esto de forma civilizada y no…
—¿Civilizada? ¿Está intentando convencerme de que trasladar a un niño
huérfano a una casa extraña llena de gente extraña es algo civilizado?
—Sí. A lo mejor ahora somos extraños para él, pero es pequeño y se adaptará
rápidamente. Y una vez que lo haya hecho, gozará de todas las ventajas a las que
tiene derecho un heredero Bradford. Supuse que esos planes la satisfarían.
De pronto, Suzanna se dio cuenta de que estaba convencido de cada palabra
que decía. Se pasó la mano, temblorosa, por la sien.
—Todo esto no tiene sentido. No lo reconocieron cuando nació, ni se han
preocupado por su bienestar durante cuatro años y, de pronto, quieren hacerse cargo
del niño. ¿Y encima esperan que todo esto me agrade? —le temblaba la voz cada vez
más—. Señor Bradford, es mejor que salga de mi casa ahora mismo, antes de que
llame a la policía.
Vio la cólera brillar en sus ojos, pero aún así habló sin perder el control. En vez
de marcharse, se apoyó contra la barandilla del porche y la estudió durante un buen
rato, pensativo. Tras varios minutos, Suzanna empezó a sentirse como si fuera un
raro espécimen.

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—Bien —empezó—. Mi padre y yo tenemos en cuenta el tiempo y el esfuerzo


que ha invertido en el hijo de Harris estos meses pasados y nos gustaría
recompensarla con ¿digamos veinte mil dólares?
Suzanna lo contempló con incredulidad.
—¿Quieren pagarme por haberme hecho cargo de Timmy?
—Efectivamente, aunque con la condición de que me permita hacerme cargo de
él a partir de ahora.
—Es usted un cretino condescendiente —le contestó encolerizada, apretando
los puños—. ¿Qué clase de canalla cree que soy?
—¿Veinticinco mil? —sugirió Logan sin inmutarse.
—¡Por Dios! —Suzanna levantó las manos en señal de disgusto.
—Treinta mil es mi última oferta; no pienso aumentar la cantidad.
—Ustedes creen que el dinero es la solución a todo ¿no es cierto?
Ladeó la cabeza, mirándola fijamente, estudiándola.
—Muy bien, ¿qué le parece si me dice cuánto vale su tiempo?
—No se trata de dinero, señor Bradford, sino de amor; algo que queda muy
claro que usted desconoce. Dios mío, ¿es que no se enteraron de nada después de
intentar comprar a mi hermana?
Logan frunció el ceño.
—Veo que este asunto no va a quedar zanjado en este momento. Me he
equivocado. Debería haberle hecho caso a mis abogados y haberles dejado actuar a
ellos desde el primer momento. Lo siento, señorita Keating.
La forma de decirle aquello le puso los pelos de punta. No se estaba
disculpando por el tiempo que habían perdido discutiendo, sino que parecía referirse
a algo que todavía no había ocurrido.
Se volvió y comenzó a bajar las escaleras.
—Espere. ¿Ha dicho abogados? ¿De qué me está hablando?
Se detuvo en el camino, mirándola desde abajo con los ojos entrecerrados por la
cegadora luz del sol de agosto, con su largo y brillante cabello castaño. Durante unos
segundos, Suzanna perdió el hilo de la discusión y simplemente se lo quedó
mirando. Sin duda, Logan Bradford era el hombre más sensual que había conocido
jamás y no sabía por qué ni cómo había llegado a esa conclusión. Además, teniendo
en cuenta la discusión que tenían en ese momento, se sintió mal consigo misma por
pensarlo siquiera.
—¿Está decidido a seguir con todo esto? —tartamudeó.
—¿Se refiere a la custodia de Timmy? Por supuesto. Esperaba evitar tener que ir
a juicio.
Suzanna no quiso dejarse intimidar.

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—Está bien señor Bradford, si tengo que pasar por ello para quedarme con
Timmy, entonces, nos veremos en el juicio.
Él asintió ladeando levemente la cabeza, después se dio media vuelta y volvió
al coche. Momentos después había desaparecido.
Todo a su alrededor seguía igual que cada día, pero a Suzanna se le había caído
el mundo encima. Se sentó en el último escalón rodeándose la cabeza con los brazos,
temblorosa.
Toda su vida había sido la hija responsable. La ayudante de su padre al
terminar la escuela, la amiga en la que su madre se apoyó tras la muerte de su padre,
la confidente a la que Claudia había acudido con todos sus problemas.
Ella había sido siempre una chica buena y sensata, aquella que siempre era
capaz de afrontarlo todo.
Contempló el blanquecino cielo veraniego, a punto de echarse a llorar.
Pero ya había aguantado bastante en su vida, ya estaba cansada.
Además, tenía el terrible presentimiento de que por fin se había topado con un
problema que no sería capaz de resolver. Y ese problema se llamaba Logan Bradford.

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Capítulo 2
Logan Bradford dobló su servilleta en forma de abanico y jugueteó con ella bajo
los rayos del sol, disfrutando del juego de sombras y luces. Se apoyó en el respaldo
de la silla, contemplando el vuelo de una gaviota hasta que la vio perderse entre las
junqueras. Suspiró, deseando poder desaparecer él también.
Pero no le era posible. Se incorporó y se sentó correctamente. Aquel día tenían
algo importante que discutir, un problema serio y, como siempre, le tocaba a él llevar
a cabo la tarea. Dejó a un lado la servilleta y se concentró de nuevo en la
conversación.
—Por supuesto que tiene posibilidades de ganar —Charlie Gibbons decía desde
el otro lado de la mesa—. Y sería estúpido por nuestra parte ignorarlo.
Charlie había sido el asesor legal de la familia desde hacía más de treinta años.
—¿Posibilidades de ganar? ¿Y en qué se basan esas posibilidades? —preguntó
Collin Bradford con imperioso desdén.
Apagó el cigarrillo como si quisiera traspasar la mesa. Hacía años que Logan no
veía tan agitado a su padre.
—Es la principal benefactora del niño. Ahí están sus posibilidades.
—Me importa un comino quién sea ella. Se trata de mi nieto. Un Bradford, a
pesar de que sus genes estén ligeramente contaminados. Y no permitiré que sea
educado en un barrio bajo y menos por una retrasada como ésa.
—¡Padre! ¡Cálmate! Si te pones así no vamos a conseguir nada.
Su padre aspiró profundamente, gruñendo y revolviéndose en el asiento. Pero
finalmente se recostó de nuevo en la butaca.
—Entonces, ¿qué camino sugieres que tomemos? —preguntó Logan, mirando
de Charlie a los dos abogados venidos desde Boston, a sesenta millas de distancia,
aquel sábado.
Se incorporaron, contentos de haber logrado por fin su atención. Pero a Logan
le estaba costando mucho concentrarse aquella tarde. No podía dejar de pensar en
Harris, que era el causante de todo aquel lío.
El joven Harris, la oveja negra de la familia que les había dado problemas desde
el día de su nacimiento. De haber sido más razonable, Harry podría haber tenido el
mundo en sus manos. Si les hubiera hecho caso… Casarse a los veintiuno era
demasiado pronto para un hombre, especialmente para alguien que podría perder
tanto con su divorcio.
Pero la verdad era que Harry siempre les había desafiado. Hubo un año que
dejó el instituto para recorrer la costa del Pacífico andando; y también aquella vez
que lo arrestaron por hacer una fogata en una playa; y esa otra vez cuando le dio por
estudiar fotografía. Aunque no era que Logan tuviese nada en contra de la fotografía

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en sí, si Harry se la hubiese tomado en serio. Pero él no le daba importancia a nada.


Había ido por la vida sin rumbo fijo, evitando además todos los planes que bien
Logan o Collin le sugerían.
Logan contempló el paisaje, desde el azul infinito del mar a través de los
kilómetros de playa salvaje, hasta los espesos y verdes bosques hacia el norte. Todo
aquello había pertenecido también a Harry: la casa y todo el legado que estaba allí
desde hacía más de trescientos años. ¿Cómo había sido capaz de dejarlo todo?
—¿Logan? —dijo el abogado que había estado hablando.
—Continúa, te escucho —contestó Logan sin volverse.
Pero la verdad era que no estaba escuchando con mucha atención. Sus
pensamientos viajaban hacia el pasado, las peleas y las amenazas y el consecuente
efecto que el comportamiento de su hermano había ejercido sobre la salud de su
padre. Se preguntaba qué habría ocurrido de estar allí para actuar como mediador en
la batalla que se había librado entre padre e hijo.
Pero él estaba en California por asuntos de trabajo y, cuando regresó, Harry y
Collin ya se habían peleado y su enfrentamiento había alcanzado un punto sin
retorno.
Logan había intentado hablar con su hermano para que recapacitase, para que
no fuese tan cabezota, haciéndole ver que estaba yendo demasiado lejos con su
padre. Collin se hubiera mostrado comprensivo con Harry si éste hubiera sido a su
vez comprensivo y paciente con él. Harry podría haber terminado su carrera
universitaria y haber logrado una situación más independiente.
Pero no lo hizo. Harry no fue capaz de esperar. Había desafiado las amenazas
de su padre de desheredarlo, casándose con la chica. Pero el sentido de culpabilidad
le atacaría finalmente, pensaba Logan. En un par de meses, se cansaría de la chica, de
aquel pobre estilo de vida. Maduraría y volvería al seno familiar. El único problema
fue la aparición en escena de Suzanna Keating, haciendo lo posible para que aquel
matrimonio funcionase. Así, los meses se convirtieron en años y el tiempo pasó sin
detenerse.
Logan sintió un cansancio y un dolor que sólo podía explicarse por lo mucho
que echaba de menos a su hermano y por el deseo de que las cosas no hubieran
terminado así, sin dirigirse la palabra el uno al otro.
En aquel momento, pensó que estaba haciendo lo correcto. Se había mantenido
al margen pero sin dejar de observarlo, dejándole hacer, esperando que recapacitase
y cambiase de actitud.
No le había resultado fácil y, en más de una ocasión, Logan había estado a
punto de darse por vencido. Pero nunca lo hizo. Y luego… Harry había muerto.
Logan cerró los ojos para borrar aquel recuerdo de su mente. Era preferible no
pensar demasiado en ello. Lo pasado, pasado estaba y nada se podía hacer para
cambiarlo. Además, en ese momento, tenía entre manos el asunto de la custodia, que
por otra parte no parecía que iba a ser tan fácil de llevar como había imaginado en un
principio.

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Lo cierto era que había sido a Collin al que se le había ocurrido la idea. El hijo
de Harry debía estar allí, aquélla era su casa, aquél era su lugar. Con sus medios,
podrían cuidarlo infinitamente mejor que la tía. Además, a Collin le vendría bien la
presencia de su nieto. Había envejecido visiblemente desde la muerte de Harry y
Logan temía que sufriera un nuevo ataque cardiaco.
En un principio, Collin quiso solicitar él mismo la custodia del niño, pero a
causa de su delicada salud decidió que no tenía muchas oportunidades. Por ello,
Logan se vio obligado a hacerlo él y además no le importaba; de hecho, aquella idea
le agradaba mucho, como una especie de regalo que ofrecerle a su anciano padre.
Pero todo eso lo había pensado antes de darse cuenta que tenía una adversaria,
Suzanna Keating, aquella belleza de ojos verdes que lo había trastornado desde el
momento en que la vio por primera vez. Si Claudia era bella, entonces, su hermana
mayor era ya como un huracán. Tenía una larga y espesa melena que le caía hasta la
mitad de la espalda y las pestañas oscuras y tupidas. El cutis era como la piel de un
melocotón. La cara tenía una línea graciosa y estilizada. Justamente a un lado del
carnoso labio superior, tenía un pequeño lunar que seguro volvía loco a cualquier
hombre. Todo lo demás era largo, gracioso y esbelto: el cuello, los brazos, las piernas
y el talle; incluso las manos. ¡Pero, Dios mío, qué bien dotada estaba!
—¿Logan? —la voz de su padre lo sacó de aquella ensoñación—. Logan, ven a
sentarte.
Logan se sentó a la mesa donde los cuatro hombres lo contemplaban. Sonrió
levemente.
—¿Por dónde íbamos?
—Estamos con la estrategia —empezó Charlie Gibbons—. Estarás de acuerdo
en que debemos insistir en el punto de que podemos mantener con holgura al niño.
—Sí, por supuesto.
¿Qué demonios había estado haciendo? ¿Por qué se había puesto a pensar en
ella así? Suzanna Keating era una bella y joven mujer ¿y qué? Conocía a muchas
mujeres jóvenes y bellas y debería recordarse a sí mismo quién era ella antes de
ponerse así.
—Estoy de acuerdo con todo lo que has dicho, excepto que creo que debe ser
Tom el que investigue su vida. Necesito que elabores un informe exhaustivo sobre
los puntos que tenemos a nuestro favor.
Tom, el más joven de los cuatro abogados añadió.
—Debería haber aceptado tu oferta de ayer.
Todos menearon la cabeza con incredulidad. Todos excepto Logan. Escrutó el
horizonte, sintiendo un tremendo desasosiego. No sabía que Collin le hubiera hecho
la misma oferta a Claudia cinco años atrás y se sentía como un imbécil al haber
repetido la misma estrategia con Suzanna.

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Tampoco le había hecho ilusión que ella le llamara cretino. Pero, en vez de
molestarle la baja opinión que tenía de él, sólo le proporcionaba tristeza; un
sentimiento que por otra parte lo confundía.
Normalmente no le importaba lo que pensasen los demás. Si le había sentado
mal, era por que Collin había sugerido la idea de ofrecerle dinero.
—Todavía no logro entenderlo —añadió Ben—. ¿Por qué está tan empeñada en
luchar por mantener la custodia del pequeño cuando abandonar le traería más
ventajas? Quiero decir, está soltera ¿no? Debería estar contenta de poder quitarse esa
responsabilidad de encima.
Collin se encendió otro cigarrillo, que agarró con manos temblorosas.
—Probablemente cree que le ofreceremos más dinero si se mantiene firme en su
sitio. Eso, o a lo mejor piensa que, si se queda con el niño, le pasaremos una cantidad
mensual para su manutención.
—Entonces, ¿se trata de dinero? —preguntó Ben—. ¿Es eso lo que quieres decir?
—Por supuesto. ¿Qué si no?
—A lo mejor cree incluso que los tres millones de dólares de Harry están
todavía en el banco esperando a que su hijo los herede —añadió Logan.
—Pero esa mujer jamás podrá hacerse con ellos —gritó Collin—. Ese dinero está
a mi nombre y no lo pondré a nombre de mi nieto hasta que me asegure que tenemos
su custodia permanente.
—No estamos hablando sólo de dinero —interrumpió Logan, esperando disipar
la impresión que Collin estaba causando en los presentes—. Se trata de educar y criar
a un niño de cierta forma —frunció el ceño pensativo—. Pero tomemos por ejemplo
el dinero, ya que estamos hablando de ello. En nuestra familia, siempre hemos
comprendido que el dinero va mano a mano con la responsabilidad, que debe ser
utilizado sabiamente con el fin de que sea productivo y para mantener Mattashaum
como hasta ahora. Trabajamos duro, tenemos valores bien arraigados. Para que el
hijo de mi hermano acabe pensando como un Bradford, es mejor que lo eduquemos
nosotros.
Tras este pequeño discurso se sintió aún más convencido de que estaban
haciendo lo correcto.
—Charlie, pongámonos en marcha de inmediato ¿Crees que podrías pedir cita
para una vista judicial para la semana que viene? Haz lo que sea necesario —
continuó diciéndole al abogado—. Debemos actuar con rapidez, golpear con dureza
antes de que nuestro contrincante se prepare para la defensa.
—Voy a hacer una llamada —contestó el abogado—. Mientras tanto, Ben,
cuéntale a Logan la idea que has tenido; ya sabes, ésa del matrimonio.
—¿De qué matrimonio estáis hablando? —preguntó Logan con cautela.
—Bueno, no es que no tengamos buenos argumentos —dijo Ben—, pero nuestra
causa tendría más fuerza si tu estuvieras, digamos, comprometido y con planes de
matrimonio.

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Logan no pudo reprimir una carcajada.


—¿Es que os habéis vuelto locos?
Collin frunció el ceño, pensativo.
—Sí, es una idea estupenda. Podíamos hacer que Cecily…
—¡Cecily!
—Por supuesto. Vosotros os conocéis desde que sois niños.
—Padre, hemos sido amigos y nada más.
—Logan, tienes treinta y dos años. ¿No crees que ya va siendo hora de tener
uno o dos herederos?
—Bueno, sí. Pero, cuando lo haga, desde luego, no será con Cecily Knight. Dios
mío, esa chica es boba perdida.
—Puede ser, pero no quiere decir que ése sea un defecto en una esposa —rieron
Collin y los demás—. Se quedan en casa y son leales.
Logan intentó no recordar el hecho de que su madre llevaba más de
veinticuatro años fuera de casa.
—No quiero un perro faldero por esposa, padre.
Mientras los demás comentaban la idea entre bromas y risas, Logan se sumió en
sus propios pensamientos. ¿Qué buscaba él en una mujer? Sin previo aviso, la
imagen de Suzanna Keating le cruzó el pensamiento. Zarandeó la cabeza para alejar
aquella estúpida idea. Sí, la encontraba físicamente muy atractiva, pero aparte de eso
no tenían nada en común. Y aunque lo tuvieran, las circunstancias hacían que esa
relación fuera totalmente inalcanzable. Entonces, ¿por qué se le había ocurrido
siquiera aquella idea?
—Escucha, Logan. No estamos diciendo que tengas que casarte con esa tal,
Cecily —dijo Ben—. Solamente simular que estáis comprometidos. ¿Es lo
suficientemente buena amiga como para prestarse a ayudarte?
Logan asintió con la cabeza, no del todo convencido de que aquel plan fuese tan
bueno como lo pintaban. Cecily de por sí ya lo consideraba más de su propiedad de
lo que debiera y Collin no haría sino animar a que se produjera esa unión.
En ese momento, Charlie volvió del teléfono.
—¿Qué os parece? Tenemos cita para una vista el próximo viernes.
Logan miró a su padre y lo vio sonriendo, algo que no le había visto hacer
desde hacía mucho tiempo. Aquello le llenó de felicidad y le apretó la mano
devolviéndole también la sonrisa.
Sí, necesitaba la presencia de su nieto para llenar el vacío dejado por la muerte
de Harry. Además, Logan no tenía la menor duda de que el niño estaría mejor allí.
Entonces, iría a juicio, armado hasta los dientes y dispuesto a ganar. Seguiría el
juego con lo de Cecily si era para bien. Incluso estaba dispuesto a no hacer caso de

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una vocecita que le avisaba de los peligros de meterse en líos con una mujer a la que
él encontraba tan atractiva.
El hijo de Harry traería consigo vida a Mattashaum, pero lo más importante era
que Collin no iba a ser abandonado de nuevo. Al menos, tenía un hijo en el que podía
confiar.

—¿Suzanna Keating?
El abogado se echó hacia delante sobre la mesa, tendiéndole la mano para
estrechársela. No lo conocía de nada, simplemente lo había elegido al azar del listín
telefónico. Nunca había tenido necesidad de contratar a un abogado.
—Gracias por recibirme tan rápidamente, señor Quinn —dijo Suzanna, dándole
la mano.
Era un hombre de edad mediana, de cabello oscuro y abundante y un rostro
amable y reconfortante.
—Es un placer; por favor, llámeme Ray. Siéntese —volvió a recostarse en su
butaca de cuero y empezó a hojear un cuaderno de notas sobre la mesa—. Ya veo, un
asunto de custodia, pero no hay divorcio —levantó los ojos del bloc—. ¿Qué le parece
si empieza a contarme desde el principio? ¿De quién es el hijo del que estamos
hablando?
—De mi hermana. Se llama Timothy Bradford y tiene cuatro años. Claudia, mi
hermana, y su marido fallecieron en un accidente de automóvil el mes de mayo
pasado. Yo estaba cuidando de Timmy cuando ocurrió; cuidaba de él muchas veces.
Claudia y Harris ocupaban el apartamento de la primera planta. Cuando murieron,
me llevé a Timmy a mi apartamento y ha estado conmigo desde entonces. Hasta hace
poco pensé que estaría conmigo para siempre.
—¿Dejó su hermana testamento nombrándola su tutora?
Suzanna meneó la cabeza, ceñuda.
—Y supongo que no ha hecho nada todavía al respecto.
—No. Pero quería hacerlo algún día. Simplemente no pensé que fuera tan
urgente.
—¿Es usted su pariente más cercano?
—Sí, aunque tiene también un tío y un abuelo por parte de padre —abrió el
bolso y sacó los papeles que había recibido de los Bradford el día anterior, pero no se
los entregó enseguida—. El tío ha decidido convertirse en su tutor legal y por eso
estoy aquí.
—Ya veo —el abogado ladeó la cabeza—. Las familias no se llevan muy bien
¿no es así?
Suzanna desvió la mirada y con eso lo dijo todo.

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—Usted lo ha dicho. Bueno, Harris pertenecía a una familia muy adinerada. Se


llaman Bradford y viven en Mattashaum Harbor. Uno de sus ancestros del siglo
pasado era dueño de un molino aquí en la ciudad. A lo mejor le suena el nombre.
—Oh, sí. Claro que sí.
—Mi hermana conoció a Harris durante su primer año en la Universidad
Brown. Claudia era muy estudiosa y le concedían muchas becas, por eso pudo
estudiar allí. Vivía conmigo y se desplazaba a diario a la facultad.
—Ya veo. ¿Vivía con usted?
—Sí. Mis padres están muertos.
—Ya veo. Parece que se ha echado muchas responsabilidades encima,
demasiadas para alguien de su edad —hizo una pausa—, ¿Cuántos años tiene?
—Veintisiete.
—Y supongo que está soltera.
Asintió, vacilante.
—Eso no influirá para nada ¿no? Quiero decir, el estar soltera.
—Sería mejor si estuviera casada, pero no lo veo como un problema. Continúe,
por favor. Su hermana y Harris se conocieron en la facultad y…
—Sí. Y se enamoraron perdidamente a primera vista, cosa que hubiese sido
maravillosa si no se hubiesen empeñado en casarse tan apresuradamente. Intenté
persuadirles de que no lo hicieran, quiero decir, a Harris todavía le quedaban un par
de años para graduarse y Claudia sólo tenía dieciocho años. Para serle sincera, no me
parecía que hicieran muy buena pareja, considerando la diferencia de entorno del
que cada uno provenía. Collin Bradford se puso hecho una furia cuando Harris llevó
a mi hermana a su casa para presentársela. Parece ser que Claudia no pasó la prueba.
Ni su situación social ni económica eran aceptables, según palabras textuales de
Collin Bradford. Y allí mismo, en su presencia, la acusó de ser una caza fortunas.
Prometió que aquel matrimonio nunca se llevaría a cabo y, antes de saber nada
acerca de ella, los echó a los dos de la casa.
—Un tipo estupendo —dijo Ray con ironía.
—Sí, una maravilla de hombre. Más tarde intentó comprar a Claudia. Le ofreció
veinte mil dólares si prometía dejar de ver a su hijo.
Suzanna hizo una pausa y le vino a la mente la imagen de Logan Bradford de
pie en el porche ofreciéndole el mismo tipo de chantaje. Deseaba sentir resentimiento
hacia él, pero sólo experimentó una profunda desilusión. ¿Por qué tenía que
importarle el hecho de que no fuese un hombre más honorable?
—Supongo que su hermana no aceptó el dinero.
—No, claro que no. Por ello, el viejo cambió de táctica y decidió suprimirle la
paga a Harris. Cuando éste se negó a obedecerlo, Collin dijo que privaría a Harris de
todos los derechos sobre su herencia. Y no sólo eso, sino que también dijo que dejaría

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de considerarlo como parte de la familia —Suzanna bajó la vista y se alisó la falda—.


Siempre admiré a Harris por su coraje. Sólo tenía veintiún años entonces.
—Lo que hizo fue una gran prueba de amor hacia su hermana.
Suzanna levantó la cabeza y sonrió.
—Es cierto. Estuvo dispuesto a dejarlo todo para estar con la mujer que amaba.
—¿Y qué pasó después?
—Bueno, después de la boda, les ofrecí el apartamento del segundo piso de mi
casa.
—¿Es la dueña de la casa?
—Sí —asintió sonriendo—. Mis padres me la dejaron a mí.
—Muy bien. Es bueno que tenga su casa en propiedad. Siga. Fueron a vivir con
usted y luego…
—Sí. No tenían adónde ir. Harris consiguió un empleo en un restaurante,
gracias a Dios, y de algún modo logró terminar la carrera.
Claro que había sido gracias a la ayuda de Suzanna, que no les cobraba alquiler,
que les avaló un préstamo y que incluso les pagaba las facturas.
—¿Siguió Claudia estudiando?
—No inmediatamente. Lo que sí hizo fue quedarse embarazada enseguida.
—Cosa que imagino no ayudó demasiado.
—Es verdad, fue muy duro.
—Estoy empezando a darme cuenta de para quién fue más duro —dijo Quinn
intencionadamente.
—No me importó en absoluto, en serio. De hecho, me sentía feliz por lo unidos
que estábamos, por formar parte de sus vidas. Y el bebé —sintió un calor que la
invadió— era la alegría personificada. Claudia volvió a las clases y yo cuidaba del
niño mientras ella no estaba.
—¿Eso también?
—Tengo un negocio de restauración a domicilio.
—Es usted una joya. ¿Está libre para el resto de la vida?
Suzanna se puso colorada; llevaba un anillo de casado en la mano izquierda.
—No es por mí —dijo riendo—. Estoy felizmente casado, pero tengo un hijo de
quince años. Dígame, ¿qué le parece esperarlo unos cuantos años? —Suzanna se
sonrojó aún más—. Perdone, no era mi intención avergonzarla —sonrió y volviendo
los pensamientos de nuevo al trabajo dijo—. Entonces está claro que, a parte de sus
padres, usted ha sido la persona más cercana al niño.
—Sí, desde que nació. Y quiero decir literalmente desde el mismo día de su
nacimiento. Yo estuve en la sala de partos cuando mi hermana dio a luz a Timmy.

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—Cuénteme algo del tío. Hasta ahora no me ha dicho más que él es el que está
intentando hacerse con la custodia.
Respiró profundamente y le vino a la mente la imagen de Logan, seductora, sus
fuertes manos, sus carnosos labios… Dios mío ¿cómo podría estar ocurriéndole
aquello? ¿Cómo podría disgustarle tanto una persona y mismo tiempo experimentar
aquel deseo traidor?
—Bueno, pues vive con su padre en Mattashaum.
—¿Los dos solos?
—Sí, con el servicio. Su madre los abandonó hace años, cuando los niños eran
pequeños. Era mucho más joven que su marido y seguramente más cariñosa. Harris
solía decir que fue la frialdad de su padre lo que la alejó de él. Creo que se volvió a
casar y vive en Texas. De todas formas, no pinta nada aquí.
—Ya veo. ¿Y qué actitud adoptó el tío con respecto a su hermano?
—La misma que el padre. Están compinchados en todo: los negocios, la manera
de ser. Para ser sincera, Logan no estaba en Mattashaum cuando Claudia fue allí, por
lo que no formó parte de la discusión original, pero sí que lo conoció más tarde. Fue a
ver a Harris un par de veces en la universidad para convencerlo de que no se casara,
y se notaba mucho que apoyaba a su padre sin cuestionarse nada. Al principio,
Harris no era capaz de sobreponerse a su actitud. Pensó que Logan y él estaban más
unidos, pero, de alguna manera, su hermano había cambiado. Harris decía que fue
porque Logan es el heredero directo de Mattashaum y no quería hacer nada que
molestase a su padre. Fuera cual fuese la razón, después de la boda no volvió a
hablar con Harris. Eso le dolió muchísimo.
El abogado la escuchaba con una expresión de censura en su rostro.
—Parece como si les gustasen los juegos de poder a gran escala.
—Eso es exactamente. Eso era lo que siempre decía Harris. Su padre necesitaba
controlar a la gente que tenía alrededor y especialmente a su familia. Aquello era lo
que de verdad le molestaba de Claudia; ella tenía una influencia sobre Harris que él
no tenía. Y por eso hizo lo que hizo. Lo echó de casa sin un céntimo, sabiendo que
tenía que terminar sus estudios, que no tenía dónde vivir y que tenía una mujer y un
hijo a los que mantener. Todo con el propósito de hundirlo —Suzanna apartó la
mirada—. ¡No quiero que Timmy crezca en esa clase de ambiente!
Ray Quinn suspiró largamente.
—¿Y dice que este Logan no ha tenido contacto con el niño?
—Efectivamente, es un perfecto extraño para Timmy.
—Suzanna, esto va a resultar muy fácil. ¿Por qué estás tan preocupada?
Se mordió el labio, le tendió el sobre que había recibido el día antes.
Quinn abrió el sobre, leyó la carta rápidamente y luego la echó sobre la mesa.
—Muy bien. Van a llevar el caso a juicio. No te preocupes, por lo menos de
momento —pero al verla disgustada se incorporó en el asiento, con los brazos

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cruzados sobre la mesa—. Muy bien, esto es lo que va a ocurrir. El viernes próximo
tú y yo vamos a encontrarnos con este Logan Bradford y su abogado en la oficina del
juez y el propósito será que el juez nombre a uno de vosotros tutor legal temporal;
alguien tiene que tener la custodia legal inmediata del niño. Y lo que el juez va a
hacer es inclinarse a tu favor porque eres la persona más cercana a Timmy, la que le
ha cuidado desde siempre.
—¿Está seguro?
—Nunca he conocido ningún caso donde no ocurriese así. Es lo mejor para el
niño. Y me apuesto a que ganará la vista para la custodia permanente del niño por
las mismas razones.
—¿La vista para la custodia permanente? ¿Cuándo será eso?
Se encogió de hombros.
—Podría ser dentro de un año, aunque probablemente sea antes. Entretanto,
tanto usted como Bradford serán investigados.
—¿Quién lo hará? —lo interrumpió, incorporándose en el asiento.
—Oh, un asistente social. Puede ser un psicólogo. Una persona designada por el
tribunal. Es algo rutinario.
—¿Y qué es lo que esta persona investigará exactamente?
—Dónde vives, tus costumbres, la actitud que tienes ante la educación de un
niño. Muchas cosas. No te preocupes, te ayudaré a prepararte para ello. Luego, al
final de la vista, el informe del designado para la investigación será utilizado en parte
como prueba de tu buena disposición para ejercer la custodia del niño.
—¿Y de dónde sacarán el resto de las pruebas?
—De mí, pero ya nos ocuparemos de eso en su momento. Deja de preocuparte
ya mismo. Timmy no se va a mover de donde está después de la vista del viernes.
—Espero que no. Después de todo lo que ha pasado el pobre, sé que todo ello le
perjudicaría muchísimo.
—Y eso es en lo que vamos a poner énfasis ante el juez. ¿Te pasa algo? Todavía
te veo preocupada.
—Sus honorarios. ¿Cuánto me va a costar todo esto? Sé que no será barato.
Se lo dijo y Suzanna tragó saliva. Aunque el precio no era demasiado
exagerado, era más de lo que podía permitirse.
—No te preocupes. Ya veremos cómo lo hacemos.
—¿Hemos terminado por hoy?
—Casi —de la mesa abrió un cajón y sacó unos impresos y una pequeña
grabadora—, sólo que ahora vamos a contar de nuevo su historia pero con más
detalle, desde el principio.

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Capítulo 3
Suzanna se vistió, con cuidado de elegir la ropa más adecuada para ir a la vista.
Escogió un discreto vestido azul marino y una chaqueta estampada en el mismo
tono. Se cepilló el pelo y se lo recogió en una coleta baja con un pasador dorado. Se
maquilló ligeramente, esperando ofrecer una imagen que convenciese al juez.
—Estás estupenda —le dijo Ray Quinn cuando llegó a su despacho—. Vamos a
fulminarlos.
Pero una vez en el despacho del juez, empezó a perder la esperanza. Estaban
allí esperando la llegada de los Bradford y de sus abogados. Cada minuto que pasaba
se ponía más nerviosa, lo que probablemente era el efecto deseado con aquella
tardanza.
Por fin llegaron, entrando en formación militar encabezados por Logan
Bradford, por supuesto.
Suzanna lo miró de arriba a abajo, desde el cabello cuidadosamente peinado,
pasando por el sobrio y oscuro traje, la corbata roja y de vuelta a contemplar aquel
duro rostro bronceado por el sol.
Como si hubiese sentido que lo miraban, levantó la vista en dirección a ella y
una corriente de electricidad le recorrió el cuerpo. El estómago, ya de por sí revuelto,
se le revolvió aún más y las manos empezaron a temblarle.
Con Logan venían tres hombres de aspecto austero con maletines en la mano,
seguidos por una guapa rubia que vestía un traje de Chanel azul. No sabía de qué,
pero la cara de aquella mujer le sonaba de algo. Por último, un hombre mayor que no
podía ser otro que Collin Bradford.
Collin era un hombre muy alto, que caminaba estirado a pesar de que se
ayudaba con un bastón. Era delgado y de aspecto algo fantasmal, pero no cabía la
menor duda de que había sido un hombre apuesto en su juventud. Su imperioso
porte y la dureza de sus labios le hicieron darse cuenta de que era él el que dirigía a
aquella comitiva, y no Logan.
Sin vacilación, se sentaron. Logan junto al juez, que presidía la mesa, luego la
preciosa rubia y después, los tres hombres. Collin se sentó en la otra punta de la
mesa, de frente al juez.
Empezaron a abrir las carteras y maletines con aire eficiente y a Suzanna se le
encogió el corazón. Nunca se había sentido tan fuera de lugar en su vida. Sintió una
mano tranquilizadora sobre su hombro y miró a su abogado, intentando devolverle
la sonrisa. Pero la sensación de terror seguía oprimiéndola.
Harris solía decir que su familia era demasiado opresiva y que la única manera
de sobrevivir era evitándolos. En ese momento, empezó a entender el significado real
de esas palabras.
El juez los saludó con los buenos días de rigor y comenzó con la vista.

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Ray Quinn expuso el caso admirablemente, presentando toda la información


necesaria y sobresaliente que le había proporcionado. Puso énfasis sobre el hecho de
que tenía la casa en propiedad, dirigiendo su propio negocio y explicando que la
naturaleza del mismo le permitía estar con Timmy la mayor parte del tiempo.
Pero lo que más le llamó la atención fue el apasionado alegato que hizo
resaltando la importancia de que Timmy se quedara con ella, el peso que sus
continuos cuidados tenían sobre la salud mental del niño y del daño que podría
causarle el trasladarlo a vivir con extraños.
Cuando Ray terminó con su exposición, Suzanna respiró aliviada. Estaba
segura de que nadie podría haberlo hecho mejor.
Pero entonces el juez dirigió su atención a los Bradford e, incluso antes de
comenzar, ya tenía otra vez los nervios de punta.
Eran una panda de víboras, ávidas y crueles. Con la fría precisión de las
estadísticas, hicieron trizas su estilo de vida, citando el creciente índice de
criminalidad de su barrio, la pobre oferta escolar de la zona e incluso la empobrecida
calidad del agua y del ambiente en el que el niño se vería obligado a vivir si
continuaba bajo sus cuidados.
Finalmente presentaron unas fotografías de su casa, que ellos calificaban por
debajo de la media. También aportaron información financiera demostrando que no
era tan solvente como parecía y que había tenido que solicitar un préstamo al banco
el año anterior.
Además, sacaron a relucir que la niñera que ocupaba el tercer piso de la casa era
una joven de diecisiete años con un historial de drogadicción.
Para terminar, opinaron que trabajando tantas horas como lo hacía, Suzanna no
podía materialmente darle a Timmy los cuidados y la atención que necesitaba y
merecía.
Suzanna estaba furiosa cuando terminaron y se preguntaba cómo había
conseguido no explotar antes. En vez de ello, fijó la mirada furiosa en Logan
Bradford y sacó el coraje para decir unas palabras.
—Esto no es justo.
Todos se volvieron para mirarla, pero ella no les hizo caso. Se refería única y
exclusivamente al hombre que había contratado a aquellos abogados y los había
llenado con su veneno.
—No es justo. Nada de lo que han dicho es cierto. Son sólo verdades
disfrazadas o absolutas mentiras adornadas con estadísticas y términos legales de
dudoso fundamento. Mi casa, por ejemplo. Casi todo lo tengo al día: tendido
eléctrico, sistema anti incendios, cerraduras de seguridad. Lo único que no he
terminado de arreglar todavía son las cañerías, pero por ello no peligra la vida de
nadie. En lo que respecta a la escolarización de Timmy, tengo intención de
matricularlo en el colegio parroquial. Aunque no es que eso tenga importancia en
esta vista.

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Desde el otro lado de la mesa, Logan Bradford arqueó la ceja izquierda con
incredulidad. Aquel gesto de altanería sólo consiguió enfurecerla más.
—Y además, esa joven de la que hablan, que ocasionalmente cuida de Timmy,
va al instituto y jamás ha abusado de las drogas. Una vez, solamente una vez, la
pillaron con un cigarro de marihuana y la llevaron al despacho del director; pero
desde entonces no ha vuelto a hacerlo.
—Suzanna —la amonestó su abogado suavemente.
La había aconsejado que le dejase hablar a él, pero no podía simplemente
quedarse quieta sin hacer nada. ¡La habían difamado!
—Y una cosa más —añadió—. Pedí el préstamo para ayudar a Harris a montar
su propio estudio fotográfico. No fue para pagar ningún tipo de deudas, fue algo
extra.
—Y los dos sabemos por qué llegó hasta tales extremos para ayudar a mi
hermano ¿verdad?
—Señor Bradford, señorita Keating —exhortó el juez—. Éste no es el lugar más
adecuado para saldar sus diferencias personales. ¿Podríamos volver al motivo inicial
del litigio?
El abogado de Suzanna se disculpó por el estallido de su cliente, pero se mostró
de acuerdo con que la oposición había tomado una postura injusta. Para sorpresa de
Suzanna, el juez recordó a la comitiva Bradford que estaban allí para demostrar que
Logan Bradford era un buen candidato para ser un buen tutor y no para descalificar
a la oposición.
Pero la amonestación había llegado demasiado tarde; las palabras ya habían
sido pronunciadas y ya habrían causado el efecto deseado.
Los abogados de los Bradford continuaron con la misma presunción con la que
habían empezado. Después que el daño estaba hecho, expusieron ante el juez el tipo
de vida que el niño podría tener si se iba a vivir a Mattashaum: una mansión de
veinte dormitorios, situada en una finca privada de trescientos acre, junto al océano;
una niñera sólo para él, cuyo único trabajo será cuidar del niño; un mayordomo,
sirvientes, caballos y barcos; una formación exclusiva en un colegio privado en el
campo. Y luego sacaron a relucir su más preciado armamento, un seguro de vida de
tres millones de dólares; el amor de un abuelo jubilado, y lo más importante, que el
mismo Logan Bradford estaría con él. Según ellos, Logan sería para el niño el padre
sin el que se había quedado. Además añadieron que como Logan estaba
comprometido para casarse con Cecily Knight, la mujer sentada a su lado, pronto
podrían darle al niño la estabilidad y el calor de una verdadera familia.
Suzanna se quedó helada. ¿Logan Bradford comprometido? Por alguna
perversa razón, sintió que se le encogía el corazón. Con curiosidad observó a la chica
que ya le tenía echado el brazo a Logan. Claro, era la misma chica que había ido con
él a la fiesta hacía dos años.
Con un gran esfuerzo centró su atención en las palabras finales que
pronunciaba el más mayor de los abogados de los Bradford.

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Con tono compasivo, casi disculpándose, concedía la posibilidad de que aquel


paso podría en su principio disgustar al niño, pero que a largo plazo los beneficios
serían mayores que el disgusto.
—Timmy es pequeño y pronto se adaptará.
El juez, sentado a la cabeza de la mesa, se quitó las gafas y suspiró largamente.
Parecía cansado.
—Quiero recordarles que la decisión que estoy a punto de pronunciar es
solamente temporal. También quiero decirles que este tipo de resoluciones me
resultan difíciles de tomar y dolorosas también. Pero este caso me apena
especialmente, sobre todo, por este niño que ha perdido a sus padres tan
recientemente. Por ello quiero dejar bien claro que he tomado esta decisión pensando
únicamente en su interés.
Suzanna cerró los ojos, sin parar de rezar.
—Señorita. Keating, es obvio que usted ha desempeñado un papel muy
importante en la vida del niño y que el cuidado que le ha proporcionado ha sido
cariñoso y generoso. Pero no puedo ignorar la realidad. Usted trabaja muchas horas
y vive en una zona cada vez más deprimida. Además, sus finanzas están algo
frágiles. Por todo esto y por la calidad y la estabilidad del ambiente que el señor
Bradford puede proporcionar al pequeño, me veo compelido a denegarle su petición
de custodia temporal y a concedérsela al señor. Bradford.
Suzanna se quedó sin respiración. Se llevó una mano al pecho para calmar el
dolor que la oprimía.
—De todas formas, teniendo en cuenta que el niño y la señorita Keating están
muy unidos, le concedo pleno derecho para visitarlo cada vez que lo desee.
Mientras Suzanna seguía intentando asimilar todo lo que acababa de decir el
juez, se oyó una voz estentórea que provenía del otro lado de la sala.
—¡No! ¡No lo permitiré! —dijo Collin Bradford.
—¿Qué quiere decir con que no lo permitirá? —preguntó el juez, abriendo los
ojos como platos—. Siéntese, señor Bradford —se volvió hacia Logan—. Ya ha
escuchado todo lo que ha dicho el señor Quinn con relación a la importancia de los
cuidados para la estabilidad emocional del pequeño. Les insto a que dejen a un lado
sus rencillas personales y empiecen a cooperar. Estamos hablando de un niño, de un
pequeño ser humano que está pasando un mal momento. ¿Entienden?
De mala gana, Logan asintió.
—Entonces, para ser más exacto, quiero que la señorita Keating acompañe al
niño a su nueva casa, que se quede con él hasta que esté convencida de que está bien
allí y cómodo en su nuevo ambiente. Después, quiero que lo visite muy a menudo,
cada día si es posible, y que se quede allí todo el día si es necesario.
Por el rabillo del ojo vio la aristocrática cara de Collin Bradford cambiar de
color. Logan permaneció quieto, con una expresión de dureza en el rostro.

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—Su Señoría —dijo Suzanna con voz temblorosa—. ¿Cuándo tiene que
trasladarse el niño?
—Lo antes posible —contestó el juez con expresión compasiva pero resuelta.
—Iré a buscarlo el domingo —dijo Logan.
Tras ello, el juez les deseó lo mejor a todos y salió de la sala.
Se levantaron, temblorosos. Ray la tomó del brazo.
—No entiendo lo que ha ocurrido —dijo—. Lo siento muchísimo, Suzanna.
Parecía verdaderamente sorprendido. Suzanna meneó la cabeza.
—No ha sido culpa tuya ni de nadie. Logan Bradford tiene el dinero para
contratar a los mejores asesinos.
Se le encogió el estómago. ¡Timmy! ¿Cómo lograría explicárselo alguna vez?
—Ray ¿qué voy a hacer? —dijo con impaciencia—. No puedo imaginarme mi
vida sin Timmy. Él forma parte de mí.
Su abogado le echó un brazo por los hombros para tranquilizarla.
—Esto es sólo temporal, recuérdalo. Y te prometo que vamos a hacernos con la
custodia permanente. Y no se te ocurra hacer lo que estás pensando.
—¿Hacer qué? —dijo fingiendo no entender.
—Fugarte con el niño y alejarlo de aquí. Eso sería un secuestro y el secuestro es
un delito federal.

Logan corría por el sendero.


Nada más volver del juicio se había cambiado el traje por una camiseta y unos
pantalones cortos.
—¿Adónde demonios vas? —le había preguntado Collin—. Tienes a Cecily
aquí.
—No, eres tú quien la tienes aquí; tú la invitaste, entretenla tú. Y de paso, ¿por
qué no invitas también a tu amigo Drummond Slade?
Normalmente no contestaba así a su padre, por lo que comprendió que tenía los
nervios de punta.
Pero se le pasaría; lo sabía. Todo lo que necesitaba era correr un buen rato por la
playa. Quería pasar un momento sin pensar en nada. No deseaba preguntarse por
qué había dado la casualidad de que les hubiese tocado al juez Slade, amigo y
compañero de golf de su padre. No quería pensar. Un, dos, un, dos…
Al llegar a las dunas ya no podía más. Se abrazó los muslos intentando
recuperar el aliento. Aquello nunca le había ocurrido tan rápidamente. Tenía que ser
por la tensión de la mañana durante la vista. Lentamente se enderezó y tomó el

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camino de vuelta. Había sido una mañana terrible y eso no era más que el principio.
La verdad era que no tenía ninguna gana de llegar a la vista principal.
—¡Maldita sea! —maldijo en voz alta, dándole una patada a un montón de
algas. No le gustaba nada formar parte de todo aquello. Estaba resultando más
peliagudo de lo que había pensado. Había esperado intervenir, jugar su papel y
luego volver tranquilamente a casa. Con lo que no había contado era con el efecto
que tendría sobre él Suzanna Keating.
—¡Maldita sea! —volvió a decir recordando cómo lo había mirado justo antes
de abandonar la sala. No tenía derecho a mirarlo así y hacerle sentirse tan mal.
Se le había notado que no sabía nada de antemano de los tres millones de
dólares de Harris. La expresión de sorpresa en su cara al mencionarse el tema había
sido demasiado real. Logan empezaba a sospechar que ese dinero no le interesaba lo
más mínimo; por mucho que Collin insistiese en lo contrario.
Y todo lo que había hecho para ayudar a Harris. Logan no se había enterado
antes ni de la mitad de lo que había hecho por él. Maldita sea, nunca se dio cuenta de
que Harris necesitase tanta ayuda. Le invadió un sentimiento de culpabilidad al
pensar lo duro que tenía que haber sido para ella, sólo algo mayor que Harris.
Logan ya no pensaba que estuviese tras el dinero de Collin, ni que hubiera
hecho todo aquello en su interés. Hizo una mueca al recordar lo duramente que la
había acusado de ello aquel día en el porche de su casa.
No, simplemente tenían delante a uno de esos individuos raros de encontrar
hoy en día, que actúan movidos sólo por la bondad de su corazón. Pero la
generosidad era una virtud que Collin no entendía, por ello seguía insistiendo en que
ella estaba detrás de algo.
Pero sólo estaba detrás del niño. Logan estaba seguro.
Se detuvo un momento. No le gustaba nada el giro que habían tomado sus
pensamientos. Suzanna Keating era una adversaria, tanto en el terreno legal como en
el personal y sería peligroso olvidarse de ello. Además ¿quién le decía que no estaba
actuando? Tenía que mantenerse en guardia. Y otra cosa que tenía que hacer era
dejar de contestarle mal a su padre.
De todas formas, era una pena lo indefensa que había estado. Su abogado era
uno local, bastante mediocre, mientras que ellos habían llegado con los mejores
abogados de todo Boston.
Se acercó más a la orilla y, sin saber cómo, una sonrisa se le dibujó en los labios.
No se había amilanado ni un solo momento. Todavía veía aquel brillo furioso en sus
grandes ojos verdes, todavía escuchaba su vibrante voz defendiéndose. A pesar de
todo, la admiraba. No merecía el golpe que se había llevado. Nadie lo merecía. Había
ganado el primer asalto y pensándolo bien, sabía que aquella decisión era la más
correcta. El niño estaría muchísimo mejor en Mattashaum que en la ciudad. Nadie le
haría cambiar de opinión. Además, no quería cambiar de opinión. No sólo iba a estar
el niño mejor, sino que también sería bueno para Collin.

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Se quitó las zapatillas y las tiró a la arena. Luego, se sumergió entre la espuma
de las olas. Seguro que un baño era lo que mejor le vendría; sabía que era el más
adecuado para ganar la custodia del niño. Después de poco tiempo podría saborear
las mieles de la victoria.
Pero mientras se adentraba en el mar vio una imagen de la cara de Suzanna
teñida de dolor. Logan empezó a preguntarse si todas las olas del mundo serían
suficientes para hacerle sentirse bien.

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Capítulo 4
Suzanna estaba guardando en el armario los platos de la comida cuando oyó
pasos en el camino. Nerviosa, echó una mirada a su reloj de pulsera. Logan la había
telefoneado el día antes diciéndole que iría al día siguiente alrededor de las dos. En
ese momento, comprobó que eran las dos en punto.
Se retiró el pelo que le caía sobre la cara, aunque bien sabía que nada podría
borrar las huellas de fatiga producidas por pasar dos días de tensión y dos noches sin
dormir.
El timbre de la puerta sonó. De pronto, sintió que la cólera y la tristeza la
invadían de nuevo. ¿Cómo podía un juez estar tan equivocado? ¿Por qué había
tomado aquella decisión tan estúpida?
El timbre volvió a sonar.
—Sí, ya voy —dijo apresurándose hacia la puerta.
Temía lo que estaba a punto de pasar. Pero ya se había resignado a acatar la
decisión del juez y cooperar. Por lo menos, estaría tranquila y amable en presencia de
Timmy para ayudarlo a sentirse mejor, pero nunca olvidaría su propósito. Iba a
recuperar a su sobrino, aunque fuese lo último que hiciese.
Abrió la puerta de entrada y se obligó a mirar a Logan Bradford a los ojos.
Tragó saliva, como siempre sorprendida por su fulminante atractivo. Había
sustituido el oscuro traje que llevase al juicio por una camisa de algodón azul, unos
vaqueros usados y zapatillas de deporte.
Se odió a sí misma por mirarlo de esa manera y aún más por el delator rubor
que ardía en sus mejillas. Logan Bradford podía ser un tipo atractivo, pero era
también el hombre por el que menos quería sentirse atraída.
—Pase —le dijo, haciendo un gesto de indiferencia con la cabeza.
Asintió fríamente antes de entrar en la cocina.
—¿Está Timothy listo?
—No, todavía no. Está echando una siesta.
Se puso tenso.
—Le dije que estaría aquí a las dos.
—Y yo quiero recordarle que no ha venido a buscar un paquete —hizo una
pausa y pensó que no era así como había planeado que fuesen las cosas. Quería
paz—. Siéntese, señor. Bradford. La verdad es que tenemos que hablar y ahora que
estamos solos… —Logan levantó una ceja y la miró de arriba a abajo con
indolencia—. Por favor —añadió ofreciéndole una silla y sentándose ella en otra.
Se quedó mirando a la mesa, sin saber cómo empezar. Las palmas de las manos
le sudaban. Pero tenía que romper el hielo; alguien tenía que hacerlo.

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—Yo me temo que Timmy ya ha comenzado a reaccionar negativamente con lo


de mudarse a su casa.
—¿Qué demonios le ha contado?
—Hable en voz más baja. Estoy intentando conversar con usted, no pelear. Creo
que ya hemos tenido bastantes peleas.
Para su sorpresa, asintió.
—Estoy de acuerdo con usted. Entonces, ¿qué es eso de que ha reaccionado
negativamente?
—Timmy lleva dos noches sin dormir bien. Créame, le di la noticia de la forma
más entusiasta posible. Lo que menos deseo es que se ponga triste. Le describí la
estancia con usted como unas vacaciones en la playa. Le hice creer que lo conocía a
usted y… que me agradaba —desvió la mirada, incapaz de sostener la penetrante
mirada de Logan mientras hablaba—. Incluso le aseguré que se lo pasaría
estupendamente con ustedes. A pesar de todo, esta confuso y nervioso. ¿Cómo no iba
a estarlo? Sólo es un bebé, aunque déjeme decirle que es un niño valiente y que
aguanta mucho. Lo único que pasa es que no ha dormido bien. Por eso está
durmiendo ahora. Estaba muy cansado.
Logan estuvo callado un momento, observándola con sus ojos de águila.
—Parece que no es el único que no ha dormido bien.
Suzanna se encogió de hombros.
—Es natural. Pronto comprenderá lo que quiero decir.
Parecía algo sorprendido.
—Debo admitir que este cambio de actitud en usted constituye una agradable
sorpresa.
—Sí, bueno, pero no cometa el error de interpretar que me estoy rindiendo.
Puede que esté resignada a que mi sobrino se marche hoy, pero nunca dejaré de
luchar para recuperarlo. Jamás.
Se miraron con dureza durante largo rato, pero, de repente, sin darse cuenta, la
mirada de Logan se suavizó.
—Sabe que no puede ganar, lo sabe —más que amenazante se lo dijo con
lástima.
Tragó saliva, sorprendida por su honestidad.
—Entonces, moriré en el intento.
—Me gustaría que se sintiera de otra forma.
—¿Cómo es eso posible? Todo esto me parece una equivocación —Suzanna se
sorprendió por la ausencia de ira en su tono de voz.
A lo mejor estaba tan cansada que ya no era capaz de responder.
Lo miró a los ojos y comenzó a latirle el corazón.

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—¿Logan? —era la primera vez que lo llamaba por su nombre de pila, tanta era
la necesidad que tenía de conectar con él. Éste pestañeó y abrió mucho los ojos, con
sorpresa—. Va a haber consecuencias a todo esto. El que el niño haya dejado de
dormir bien es sólo el principio, quiero que lo sepa.
—Usted no me cree capaz de mucho, ¿verdad? —dijo recostándose en el
respaldo de la silla.
—Al contrario, le creo capaz de mucho, pero nada de ello bueno.
—Es una verdadera pena, pero para seguir con un espíritu cooperativo sólo le
preguntaré el porqué.
Suzanna se incorporó en la silla.
—No me venga con bromitas. Tengo un montón de razones.
—Dígame una, por ejemplo.
—Vale. ¿Qué hay de cómo trató a mi hermana?
—¿Cómo la traté? —entrecerró los ojos.
—Venga, le dijo que no era aceptable ni social ni económicamente. También
intentó hacerle chantaje como si ella sólo estuviera interesada en el dinero. Y el
desheredar a Harris por causa de ella, ¿qué me dice?
—¿Yo hice todo eso?
—Sí. Y creo que fue el comportamiento más ruín y mezquino que he conocido
en mi vida.
—¿Hice yo todo eso? —repitió.
—Bueno —vaciló—. Fue su padre, pero usted le apoyó desde el principio, lo
cual le convierte en culpable. Se opuso a la boda de su hermano porque Claudia
pertenecía a una familia de clase obrera.
Rió sin ganas.
—Espere un momento. Yo nunca insulté a nadie, excepto a Harris. Y eso fue
porque pensé que era demasiado joven e inmaduro para casarse.
Empezaba a acalorarse, Suzanna lo estaba viendo. Pero no tenía tiempo ni
ganas de preocuparse por ello. Estaba demasiado sorprendida por lo que acababa de
decir.
—¿Quiere decir que se opuso al casamiento por su edad?
—¡Por supuesto!
Suzanna se quedó pensativa. También a ella le había parecido que la edad era el
mayor obstáculo. De repente, se dio cuenta que había tantas cosas que deseaba
preguntarle, tantas dudas…
Pero, en ese momento, un par de enormes y llorosos ojos grises aparecieron por
detrás del arco que unía la cocina con el comedor.

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—Timmy, ven aquí, mi amor. Ven, no tengas miedo. Quiero que conozcas a tu
tío Logan.
Muy despacio, el niño atravesó la cocina sin dejar de mirar a Logan. Suzanna
estaba en tensión, preguntándose qué haría Logan después. Por el rabillo del ojo, le
vio tragar saliva. Después, se puso de cuclillas mientras el niño se le acercaba.
—Hola, Tim —dijo con aspecto nervioso. Timmy se paró justo delante de él,
metiéndose el dedo gordo en la boca y chupándoselo con tanta fuerza que se le
hundieron los mofletes. Ninguno de los dos se movió o dijo nada. Suzanna estaba
expectante. Finalmente no pudo evitar interrumpir.
—¡Bueno, que uno de los dos haga algo!
Pero de pronto se dio cuenta de que algo estaba ocurriendo. Se estaban
estudiando con la mirada.
Timmy se parecía mucho a su padre. Suzanna ya se había dado cuenta de que
tenía el mismo hoyuelo en la barbilla, el mismo color gris pálido en los ojos.
Seguramente, Logan se estaba percatándose de todo aquello en ese mismo momento.
Pero, a la vez, el mismo Logan se parecía a Harris. Verdad que tenía las
facciones más duras, era más moreno, más adulto y serio, pero se asemejaba lo
suficientemente a su hermano para que el niño lo mirase ensimismado.
Con mucho cuidado, Timmy levantó su manita y la llevó hasta el pómulo de
Logan. Le rozó la ceja, el pelo y su pequeña boquita se torció en una mueca de
tristeza impropia de un niño de su edad.
Suzanna sintió un nudo en la garganta y las lágrimas que luchaban por salir.
Deseaba agarrarlo y abrazarlo contra su pecho hasta que dejase de sentir aquel
desconsuelo. Pero guiada por un sexto sentido, se quedó donde estaba. No era el
momento de interrumpir.
Logan levantó una mano tostada por el sol y suavemente le acarició el pelo.
—Hola, Tim —intentó de nuevo.
Timmy volvió la mirada hacia Suzanna, tembloroso.
Logan también la miró y se veía claramente que no sabía qué más decir. Parecía
tan perdido que casi sintió pena de él.
Suzanna se agachó hasta el niño, sonriéndole con ánimo.
—¿No te parece estupendo, Timmy? Éste es el hermano de tu papi. De
pequeños jugaban siempre juntos, vivían en la misma casa…
Aparentemente, Timmy no estaba muy impresionado.
—Buddy se quiere quedar aquí —dijo, acercándose más a Suzanna.
Logan frunció el ceño.
—¿Buddy? —preguntó al niño.
Timmy se quedó callado, mirando a Logan de reojo.

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—Buddy es el nuevo perrito de Timmy, ¿no es así, Tim? Cuéntale al tío Logan
lo que ha hecho Buddy esta mañana.
Timmy se acurrucó más contra ella y el silencio se prolongó.
Bruscamente Logan se levantó.
—A lo mejor debiéramos continuar en otro momento.
Suzanna le echó una mirada acusadora. Logan se pasó la mano por el cabello y
asintió con la cabeza. Entonces, ella se dio cuenta que su impaciencia sólo iba
dirigida a sí mismo.
—Entonces, ¿dónde está tu nuevo cahorro, Tim? —preguntó.
A Timmy se le alegró la cara.
—En el cuarto de baño.
—En el cuarto de baño, ¿no? Bueno, vayamos a echarle una mirada.
Logan sonrió y la sonrisa le transformó la cara. Suzanna se lo quedó mirando,
ensimismada.
Timmy corrió delante de ellos y abrió la puerta del baño.
—Madre mía, otra vez se ha hecho pis en el suelo, tía Sue.
El niño se puso de rodillas y le echó al perrito los brazos al cuello, apretándole
con fuerza. El perro respondió con el mismo entusiasmo, meneando la cola.
—¡Dios santo! ¿Qué es esto?
—Es… un cocker spaniel.
—¿Y de dónde ha sacado este… cocker?
Sintió que las mejillas le ardían, pero aún así levantó la cabeza y respondió.
—De la sociedad protectora de animales. Está bien, no es de pura raza, pero de
todas formas todos sabemos que los chuchos son más inteligentes que los perros de
raza.
Logan se apoyó contra el marco de la puerta con los brazos cruzados. Ella
desvió la mirada, pero sentía la suya recorriéndola de arriba abajo, desde los
diminutos pendientes de perla hasta el borde de la ligera falda amarilla. Se horrorizó
al darse cuenta que aquello no la disgustaba del todo.
—¿Quiere decirme que este chucho viene con nosotros? Ya tenemos un montón
de perros en Mattashaum.
—Bien, pues ahora tendrán uno más. Lo digo en serio, Timmy no se mueve de
aquí si no es con Buddy.
Subieron a la habitación de Timmy a terminar de hacer sus maletas. Suzanna
pensaba que cuantas más cosas propias se llevase, menos solo se encontraría el niño.
Agarró media docena de zapatos para terminar. Al darse la vuelta, se encontró a
Logan inmóvil, contemplando algo sobre la mesita de noche del niño. Se mordió el
labio al darse cuenta que era una foto de Harris y Claudia sentados delante de su

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primer árbol de navidad. Claramente se veía que Claudia estaba embarazada.


Aquella era la foto preferida de Timmy, aunque Suzanna no sabía bien por qué.
Logan agarró la foto y Suzanna notó cómo temblaba al reprimir un suspiro.
«¿Quién eres, Logan Bradford?», se preguntó Suzanna. «¿Y por qué sigues
haciendo cosas que hacen que me resulte tan difícil odiarte?»
Al tiempo, se volvió y la sorprendió mirándolo. Su expresión se endureció
inmediatamente y se volvió a guardar un peluche que había encima de la cama de
Timmy y el pijama del niño.
—¿Esto también me lo llevo? —preguntó secamente.
—Sí —apartó la mirada, forzándose para reprimir una sonrisa.
A las tres y media, tenían todo guardado en el maletero del coche: los juguetes,
la ropa, una cesta para llevar al perro. Logan estaba sentando al niño en el asiento y
abrochándole el cinturón cuando Suzanna se dio cuenta de que no había cerrado la
puerta de su apartamento con llave.
—¿Podrías esperar un momento? —dijo sacando las llaves de la casa.
Corrió por el camino y escaleras arriba hasta el porche, intentando no pensar en
el trayecto que tenía por delante. Su instinto le decía que todo aquello estaba muy
mal. Pero, ¿qué podía hacerle ella? Un juez lo había decretado así y el equipaje ya
estaba en el coche. Lo único que podía hacer era seguir adelante con todas sus
fuerzas.
—Por Timmy —murmuró al abrir la puerta de entrada.
A pesar de ello, le invadió una oleada de tristeza tan profunda que la dejó
paralizada.
—Oh, Claudia. Te he traicionado.
Pensaba que estaba sola hasta que oyó a Logan carraspear. Rápidamente volvió
la cabeza aguantando las lágrimas e intentó meter la llave en la cerradura. No acertó.
—Espera, déjame que lo haga yo.
—Puedo arreglármelas sola —contestó. Logan le quitó las llaves de todas
formas y cerró la puerta. Luego se paró, mirándola con el ceño fruncido y dijo algo
sorprendente viniendo de él.
—No te preocupes, todo irá bien.
Sabía que aquella frase solamente era un tópico utilizado por todo el mundo y
que no significaba nada, aún así, estaba tan cansada de ser el paño de lágrimas de los
demás que le sonó extremadamente reconfortante. Incluso habiéndolo dicho su más
tenaz enemigo, el efecto de aquellas palabras le hizo perder la compostura. Llorando,
hundió la cara en el pecho de Logan. Sabía que lo que estaba haciendo era absurdo,
pero en ese momento necesitaba a alguien y él era el único que estaba allí.
Logan estaba tenso e inmóvil y ella supuso que él también estaría pensando en
lo absurdo de la situación. Pero, al dar un largo y tembloroso suspiro, sintió una
mano acariciándole el cabello.

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—Shh, shh —dijo.


Al decir esto, Suzanna se avergonzó de lo que estaba haciendo y se apartó de su
abrazo.
—Lo siento —dijo Suzanna, intentando recuperar la dignidad y la
compostura—. Estoy avergonzada. Sólo es que estoy cansada y preocupada. Por
favor, Logan, cuidarás bien de él ¿lo harás?
Él desvió la mirada y ella percibió cómo se ponía tenso, separándose de ella.
—Claro que lo haré. Va a recibir los mejores cuidados.
En realidad, no sabía del tipo de responsabilidad que estaba a punto de asumir.
Pensaba que sí, pensaba que lo conocía todo. Suzanna aceptó su respuesta sin hacerle
más preguntas. Ésa era la única manera que tenía de seguir adelante.
Salieron del barrio y tomaron la autopista hacia el sur. Muy pronto dejaron la
ciudad atrás, con sus enormes molinos de granito y los numerosos chapiteles de sus
iglesias. La autopista les alejó de la ciudad hasta que sólo les rodeaban los bosques.
Escucharon la radio e intentaron darse conversación sobre la música y las noticias
que escucharon. Durante todo el camino, Timmy, que iba sentado entre ellos, no dejó
de mover la cabeza de un lado a otro, lleno de curiosidad y temor.
Una señal les anunció la llegada a otra población y Suzanna comenzó a ponerse
nerviosa. Sabía que aquella era la ciudad costera donde estaba Mattashaum. Logan
tomó la primera desviación con la que se encontraron.
La pequeña carretera vecinal por la que doblaron pasaba por granjas, tierras de
cultivo y bosques, somnolientos bajo el sol de la tarde. Pasaron por el centro de un
pueblo que el tiempo había olvidado, donde había unos niños jugando un partido de
béisbol. Al atravesarlo, Logan tomó otro largo camino.
Al mirar el reloj de pulsera, Suzanna vio que habían estado conduciendo
durante treinta y cinco minutos ya. Seguramente, a Timmy le habría parecido una
eternidad.
En ese momento llegaron y a Suzanna le sorprendió la sencillez de la entrada a
la mansión. Dos pilares de granito a cada lado con Mattashaum cincelado en uno de
ellos y Harbor en el otro. No había verjas que separasen la propiedad y un buzón
corriente a la entrada de la propiedad.
El camino de entrada a la casa era estrecho y serpenteaba por un bosque tupido.
Suzanna sacó la cabeza por la ventanilla con una curiosidad que iba en aumento.
Harris nunca había hablado mucho de Mattashaum, excepto para decir que era una
mansión colonial al borde del mar. En ese momento no se veía ni la casa, ni el mar.
Pero la verdad es que el aroma del océano se sentía en el aire, que olía a sal y a
humedad.
Después de más o menos una milla, el bosque se abrió en un enorme claro y
pareció que el mundo entero estaba allí delante de ellos. Suzanna se quedó
boquiabierta mientras Logan aminoraba la velocidad al final del camino asfaltado.
Delante de ellos, aunque a una cierta distancia, estaba la playa más bella que había
imaginado en su vida.

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Entrecerró los ojos en la brillante luz del sol y paseó la mirada por toda la
extensión. La playa describía una curva de unas diez o doce millas y los extremos de
aquella se veían salpicados de unas cuantas casas de verano de estilo Victoriano.
Entonces, se dio cuenta que la casa donde había trabajado dos años antes estaba en
uno de esos extremos, pero ella había llegado allí por otro camino.
Siguió observando aquel maravilloso paisaje de dunas cubiertas de verde
hierba, formaciones de algas y estanques naturales de agua salada.
—Bien, ¿qué te parece? —preguntó Logan, lleno de orgullo.
—Yo, estoy un poco perdida —admitió—. ¿Dónde está Mattashaum
exactamente?
Apoyó las muñecas en el volante y volvió la cabeza sonriente.
—Bueno, todo esto que ves es Mattashaum.
—Dios mío…
—Dios mío —repitió Timmy, poniéndose de rodillas en el asiento e imitándola.
Logan puso de nuevo el coche en marcha y dobló por otro camino.
—Y ésta —anunció— es la casa.
A diferencia de las demás casas situadas en los extremos de la playa, la de los
Bradford estaba cubierta de madera y pintada de blanco, con persianas
cuidadosamente pintadas en negro. Era de líneas clásicas y sencillas; no había
torretas ni adornos.
—La casa original fue construida en 1710, es aquella ala que tenemos de frente.
El resto de la casa lo han ido añadiendo a través de los años.
La mansión estaba situada sobre una ligera elevación del terreno. Enormes
arces daban sombra a sus amplios espacios cubiertos de césped y dos lilos
flanqueaban la puerta principal.
Logan aparcó cerca de la entrada y salieron del coche. El aire era cálido y estaba
lleno de la monótona música de las chicharras. Desde aquel ángulo, la casa
disfrutaba de una vista todavía más impresionante de la playa. Suzanna se volvió,
protegiéndose los ojos del sol con la palma de la mano. Había tanto que ver, tanto
que asimilar. De pronto se le encogió el corazón, llena de desesperación.
Los Bradford poseían un trocito de cielo y todo lo que ella tenía para recuperar
a Timmy era una vieja casa de tres pisos y su amor. Recuperar a Timmy iba a ser la
batalla más dura de su vida.

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Capítulo 5
Al pasar de la luz cegadora del sol a la penumbra de la casa, Logan se quitó las
gafas de sol. Dentro siempre hacía fresco, incluso en el verano, y las persianas de
lona verde siempre estaban echadas casi en su totalidad.
—Tía Sue, ¿dónde estás? —lloriqueó Timmy.
—Estoy aquí, cariño.
Logan intentó ocultar una sonrisa. Suzanna estaba pestañeando como un buho,
totalmente ajena a las miradas de Logan. Sin darse cuenta tampoco de lo guapa que
estaba, tan confundida y vulnerable.
Esa vulnerabilidad hacía que Logan experimentase un sentimiento de
protección hacia ella y el niño que no hubiese nunca imaginado. Con el niño era
comprensible. ¿Pero con Suzanna? No era normal.
—Entonces, al final ha venido —la voz de Collin gruñó desde algún lugar entre
las sombras.
Logan apoyó la mano derecha sobre la cabeza del niño y la izquierda fue a
posarse sobre el hombro de Suzanna.
—Hola, Collin. Claro que ha venido. Sabías que lo haría.
Intentó modular su tono de voz para ocultar el hecho de que Collin y él habían
estado discutiendo aquello toda la mañana. A lo mejor su padre tenía razón y lo más
adecuado era que el niño comenzase solo, desde cero, pero Logan no estaba
dispuesto a pasarse por alto las órdenes de un juez. El desafiarlas sólo disminuirían
sus posibilidades de obtener la custodia permanente.
Miró a Timmy y se le aceleró el pulso. Todavía no se había recuperado del
golpe emocional que había recibido al ver a aquel niño que se parecía tanto a Harris
cuando tenía su edad. Hasta ese momento, Timmy había sido sólo una idea, una
responsabilidad, un regalo que darle a Collin. Pero, en ese momento, comprendió las
palabras de juez Slade de tratar con un pequeño ser humano y no podía esperar a
que Collin lo conociese.
El viejo se adelantó, alto, erguido, con su bastón balanceándose de lado a lado y
golpeando el suelo de pino con un ritmo regular. Se detuvo a unos metros de
Suzanna, a la que se quedó mirando fijamente.
—No sé por qué ha venido, bonita —dijo con frialdad—. Aquí nadie la necesita.
Logan notó cómo Suzanna se ponía tensa.
—Ni me quieren tampoco, ya lo sé —replicó—. Pero estoy aquí y pienso
quedarme hasta que esté segura de que Tim está a gusto.

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Logan admiró su valentía. Aquella mirada fulminante de su padre solía hacerle


temblar de niño, pero ella le devolvió la mirada hasta que finalmente Collin tuvo que
rendirse y se volvió a mirar al niño haciendo un gesto despreciativo.
—Bueno, veamos al niño. ¿Es éste nuestro Timmy? —antes de que Logan
pudiera darse cuenta, levantó el bastón y le tocó la pierna con éste. El niño soltó un
grito y fue a refugiarse en la falda de su tía—. Es un poco asustadizo, ¿no? —dijo
Collin, apoyándose de nuevo en su bastón.
Logan estaba tan aterrado que se quedó sin habla y se quedó todavía más
sorprendido aún cuando Suzanna se arrodilló y dijo con magnanimidad.
—No pasa nada, Timmy. Éste es tu abuelo. ¿Te acuerdas de tu papá? Pues éste
es su papá.
Con los grandes ojos medio llorosos, el niño levantó la cabeza y miró a su
abuelo.
—Ve a saludarlo —le animó Suzanna. Timmy se adelantó un par de pasos y
Collin lo saludó con su frialdad habitual; después, el niño volvió corriendo a abrazar
a Suzanna.
Logan se sentía frustrado. El niño había llegado a relajarse en el coche, incluso
había logrado hacerle reír un par de veces. Pero el conocer a Collin había borrado
cualquier progreso alcanzado hasta el momento.
Supuso que aquello era lo más natural. Cada vez que Timmy veía a alguien por
primera vez se quedaba un poco atemorizado. Pero ya se acostumbraría. ¿No era eso
lo que todo el mundo le aseguraba desde que comenzó todo aquel tinglado?
—¿Puedo ver la habitación de Timmy, por favor?
Collin empezó a protestar.
—No veo la necesidad de…
—Por supuesto que sí —interrumpió Logan, echándole a su padre una mirada
asesina—. Pero primero, ¿qué os parece si sacamos a Buddy del coche?
A Logan le pilló de sorpresa la enorme sonrisa que Timmy le regaló y también
la sensación de calor que ésta le produjo en el pecho.
Collin los siguió al exterior y, al ver al cachorro saltar del coche, profirió una
exclamación de disgusto.
—Ése es el perro de su nieto —aclaró Suzanna, sin dar tiempo a discusiones.
Mientras tanto, Timmy ya estaba tirado sobre el césped, jugando con el
cachorro.
—¿Lo ve? —le dijo Collin—. Ya está como en su propia casa, señorita Keating.
Me haré cargo de que alguien la lleve de vuelta a la ciudad.
—Collin, creo que a Suzanna le gustaría conocer a la niñera y ver la casa antes
de irse. Quiero decir, para estar segura de los cuidados que recibirá el niño.

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—¿Acaso duda que vayamos a cuidar bien del niño? —preguntó su padre,
desafiante.
—Está en su derecho, padre —contestó Logan con calma.
Suzanna lo miró sorprendida y llena de gratitud.
—Bien —Collin contestó secamente—. Muy bien. ¿Te parece que empecemos
por el exterior?
Caminó con disgusto, mostrándole la finca a Suzanna. A ratos casi tuvo que
correr para mantener el paso del viejo. Logan se dio por vencido intentando que
fuese más despacio y resolvió llevar a Timmy a hombros.
Pasaron por la piscina, el jardín y los garajes. La mostró el barco de vela y los
cobertizos que formaban parte de la granja. Al llegar a los establos, Logan se dio
cuenta de lo que Collin estaba haciendo y se sintió incómodo y furioso. Estaba
regodeándose con todo lo que poseía delante de Suzanna, como queriendo
demostrarle todo lo que él podía ofrecer al niño y todo lo que ella no podía.
Logan había esperado que aquella tarde fuese un encuentro especial entre el
nieto y el abuelo, una ocasión para la reconciliación.
Pero Collin lo había transformado en una especie de competición, con Timmy
como premio.
—Timothy —gritó Collin, acercándose a uno de los establos—. ¿Te gusta este
poni? Es tuyo, ¿sabes? Lo compré para ti. Ven aquí, hijo.
De pie, aparte, Logan estaba confundido por el comportamiento de su padre,
aunque no sabía bien qué hacer. No sería bueno dar la impresión de que había
diferencias entre ellos, cuando la verdad era que no las había.
Logan vio a Suzanna mirándolo alarmada. ¡Maldita sea! ¿Por qué buscaba su
apoyo continuamente? ¿En qué momento se había convertido en su aliado, en la
solución a sus problemas?
En ese momento, el poni relinchó y Timmy pegó un respingo asustado. Se
volvió buscando a Suzanna, pero antes de llegar a ella Collin le agarró del brazo,
arrastrándolo hacia él.
—¿Esto qué es? ¿Un Bradford al que le dan miedo los caballos? Hemos tardado
demasiado en rescatar a este niño, Logan.
Forcejeando por librarse de la firme mano de su abuelo, Timmy parecía que
estaba a punto de llorar. Suzanna desprendía resentimiento por todos los poros de su
piel.
—Déjelo —pidió—. Inmediatamente.
Con expresión desdeñosa, Collin hizo lo que le pedía y Suzanna extendió los
brazos hacia Timmy. Pero, en vez de ir hacia ella, el niño fue a refugiarse en el sedoso
pelaje del cachorro. Logan vio cómo a Suzanna se le caía el mundo encima e
inesperadamente sintió unos deseos tremendos de abrazarla.

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—¿Podemos volver a la casa? —pidió, volviendo a mirarlo con esos ojos tan
intensos—. Todo esto es demasiado para el niño de una sola vez. ¿Podemos ir a su
dormitorio e instalarlo allí?
—Por supuesto —dijo Collin, sonriendo con satisfacción.
Al llegar al vestíbulo, Collin anunció que iba a echar la siesta de costumbre.
Logan intentó no albergar resentimientos, pero no había esperado ese
comportamiento en ese día. Su padre llevaba semanas hablando del día en que
llevasen al niño a casa. ¿Y Collin iba a echar la siesta precisamente ese día?
—¿Dónde está la niñera que contratamos? —preguntó Logan—. Creo que a la
señorita Keating le gustaría conocerla.
—Llegará mañana. No ha podido venir hoy. Debo irme a descansar. Os veré en
la cena —hizo una pausa a mitad de las escaleras y se volvió a Suzanna—. Espero
que se haya ido para cuando yo me levante, con lo que me despido de usted ahora —
tras lo que continuó subiendo.
Logan se quedó observando a su padre con incredulidad. Luego miró a
Suzanna y a Timmy, sintiéndose atrapado en medio de un problema que nunca había
tenido la intención de suscitar. Logan meneó la cabeza; no quería que aquella
situación llegase a ponerle nervioso. Era sólo el primer día de Timmy allí y
probablemente el peor. Pero esperaba que se sintiese a gusto allí en poco tiempo y
que Collin cambiase de manera de actuar. Todo iba a ir bien, tenía que ser así.
—Vamos. Os enseñaré el dormitorio de Timmy.

Suzanna lo siguió arriba, odiándolo, odiando a Collin e incluso detestando


también aquella casa. Era oscura, sobria y demasiado fría; dominaba el cuero y el
bronce y las pinturas de cacerías de zorro y de antepasados de la familia que la
vigilaban con la mirada mientras subía las escaleras.
—Ésta es tu habitación, Tim —dijo Logan, abriendo una puerta al final del
pasillo—. Solía ser la de tu padre.
Timmy se asomó cauteloso. Estaba exquisitamente decorada, pero como el resto
de la casa, no era adecuada para un niño. Imperaban los tonos oscuros, había
pinturas de cacerías por todas partes y estaba amueblada con antigüedades. Suzanna
intentó decir algo para animar al niño, pero no le salía la voz.
—Y mi habitación está justo al lado. Se comunica con la tuya por esta puerta,
que puede ser nuestro pasadizo secreto ¿vale?
—Vale —la voz de Timmy, débil y confusa, le encogió el corazón.
—¿Quieres que saquemos primero tus juguetes de la maleta?
El niño asintió y en una hora tenían todas sus cosas guardadas en armarios,
cajones y estanterías. Suzanna se dio cuenta de que la fotografía de Harris y Claudia
estaba también en la mesita de noche.

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Mientras colocaba los peluches favoritos de Timmy sobre la cama, sonó una voz
por el interfono que les anunció que la cena estaba casi a punto.
—Ésa es nuestra ama de llaves, la señora Travis —le informó Logan—. Te la
presentaré cuando bajemos.
Suzanna vaciló un momento antes de preguntar.
—¿Te importa si me quedo?
—En absoluto. No hagas mucho caso de lo que dice mi padre. Nosotros… yo
esperaba que te quedases.
No quería darle las gracias, aunque hubiese sido lo propio.
—¿Logan? —dijo ceñuda—. Tengo que pedirte un favor —él se volvió a mirarla
desde la puerta y ella empezó a perder fuerzas—. Te ruego que recuerdes que tú eres
el tutor de Timmy y no Collin.
Se puso algo tenso, pero no dijo nada.
—No hagamos esperar a la señora. Travis.
La cena resultó un desastre. La habitación era demasiado formal y la comida
estaba seca e insípida. Suzanna apenas pudo probar bocado, a lo que contribuyó la
insistente actitud de Collin. Y Timmy, el pobre niño, estuvo con la cabeza metida
bajo la mesa durante casi toda la cena.
Para rematar la velada, Buddy se hizo pis en la alfombra. Una genuina
antigüedad oriental.
—Señora Travis, ¡llévese a este chucho de aquí inmediatamente a las perreras!
—dijo Collin con furia controlada.
Timmy salió de debajo de la mesa alarmado.
—¡No, no te lleves a Buddy! —dijo por fin derramando las lágrimas que
valientemente había estado aguantando todo el día.
El ama de llaves vaciló, mirando alternativamente de Collin al niño.
—¡Lléveselo! —vociferó Collin.
Suzanna miró a Logan desesperada, pero éste volvió la cabeza. Tragó saliva y se
maldijo por haber creído que intervendría. No tenía aliados en aquella casa y no
sabía por qué había empezado a creer que los tenía.
—Es mejor, Tim —dijo con calma—. Hasta que Buddy esté bien entrenado es
preferible que esté fuera. No te preocupes, estará bien. Sólo va a conocer a los demás
perros y a hacerse amigos.
—Ah —el niño no dijo nada más.
Suzanna y Logan lo llevaron a su habitación poco después. Sentada a un lado
de la cama, Suzanna le acarició la cabeza para ayudarlo a dormir. Cuando finalmente
se durmió, levantó la mirada hacia Logan, sentado al otro lado de la cama, y le
sorprendió mirándola con tanta intensidad que se puso muy nerviosa.

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—Volveré mañana lo antes posible —dijo—. Tengo algunas cosas que hacer en
la tienda por la mañana.
—No tengas prisa. La niñera estará aquí… y yo también —Logan suspiró
resignado—. No iré a trabajar mañana.
Suzanna no se había imaginado a Logan trabajando. Al menos no saliendo a
trabajar.
Se pasó la lengua por los agrietados labios y notó que Logan seguía aquel
movimiento. Rápidamente se levantó de la cama, cada vez más confusa.
—Dejarás la puerta entre los dos dormitorios abierta ¿verdad?
—Sí. Y me aseguraré de que la señora Travis le haga tortitas para desayunar.
—¿Y si moja la cama?
—No te preocupes. Va a estar perfectamente.
Asintió y salió de la habitación antes de ponerse a llorar.
Iba asegurándose que Timmy estaría perfectamente mientras el marido de la
señora Travis la llevaba de vuelta a casa a través de la oscuridad de la noche. Timmy
tenía todo lo que el dinero pudiese comprar. Lo único que no tenía era amor.

A las dos y cuarto, Logan se despertó. Se quedó muy quieto en la cama, pero no
se oía ni un ruido, sólo el incesante murmullo del mar en la distancia le llegaba a
través de la ventana abierta de su habitación. Entonces lo oyó; era un suave llanto.
Logan se levantó, encendió la lamparita al lado de la cama y entró en la
habitación contigua.
—¿Qué te pasa, chico? —Logan se sentó en el borde de la cama.
Timmy estaba escondido bajo la colcha. Logan puso la mano encima del cálido
montón que sobresalía y se dio cuenta que el niño estaba temblando.
—Oye, no pasa nada, estoy aquí.
Pero Timmy se metió aún más adentro. No parecía importarle en absoluto si
Logan estaba o no allí. Suzanna no estaba y cada vez estaba más claro que aquello era
lo que más le importaba al niño.
Lentamente, Logan retiró la colcha y tomó al niño en brazos. Tenía el pijama
mojado de sudor. Dios mío, pensó Logan, cuánto tiempo había estado despierto
aquel niño sin abrir la boca.
—¿Has tenido una pesadilla? —Logan le acarició el brazo—. Yo también tengo
sueños feos a veces. No pasa nada, no son verdad.
Logan se puso en pie y comenzó a caminar por la habitación, acurrucándolo y
tranquilizándolo con sus palabras. Poco a poco, el niño comenzó a relajarse. Apoyó la
cabeza en el hombro de Logan y empezó a juguetear con su oreja.

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—¿Qué es lo que has dicho, Timmy? —preguntó Logan, pues le pareció haber
oído algo.
El niño contestó en voz baja, pero Logan consiguió entenderle.
—¿Buddy? Pues está abajo durmiendo tranquilamente con los sus nuevos
amigos. Seguramente está durmiendo, soñando con enormes huesos.
—Pero tiene miedo —Timmy levantó la cabeza y lo miró con sus grandes ojos
azul grisáceos —. No le gusta dormir solo. Llora.
—¿En serio? Entonces, tendremos que ir a buscarlo.
Logan sintió una risa vibrando contra su pecho y le dio un vuelco el corazón.
Con Timmy en brazos, Logan bajó las escaleras sin hacer ruido y salió al jardín hasta
la perrera.
—¡Ahí está! —a Timmy se le iluminó la cara.
Bostezando, Logan abrió la jaula y con Timmy en un brazo, tomó a Buddy en el
otro.
Al llegar arriba, Logan encontró un libro de cuentos en la habitación de Timmy.
Pronto, estaban los tres sentados en la cama de Logan, acurrucados entre un montón
de suaves almohadones. Logan le leyó un cuento con voz suave y arrulladora hasta
que tanto el niño como el cachorro se quedaron plácidamente dormidos.
Suspiró, recostándose sobre los almohadones. Cuánto le recordaba aquel niño a
Harris a los cuatro años. Eran como dos gotas de agua. Cuántas veces Harris había
dormido con su hermano Logan, seis años mayor que él. Especialmente después de
que su madre los abandonase. Logan no había podido nunca demostrar a nadie sus
propios temores. Siempre tuvo que hacer el papel de hermano mayor cariñoso desde
el principio.
Ahora, la historia se repetía. Logan apoyó los labios en la cálida cabecita del
niño. Empezaba a pensar que Collin había cometido un fallo al querer traer al niño a
la casa tan precipitadamente. Y él mismo había cometido un fallo aún más grande al
secundar y apoyar aquella decisión de su padre.
Pero ya no podía volverse atrás. Lo que sí que podía hacer era asegurarse de
que Suzanna pasase todo el tiempo que le fuera posible en Mattashaum para ayudar
a que el niño se acomodase.
Al pensar en ello, a Logan le traicionó una sonrisa que asomó a sus labios.
Aquello iba a ser un arma de doble filo. Ella sospecharía si de repente él se mostrase
tan dispuesto a cooperar; lo último que deseaba era que ella se diese cuenta de que
Tim lo estaba pasando mal.
Después de haberse jactado tantas veces de que el niño estaría mucho mejor allí,
no deseaba que ella le demostrase lo contrario. Además, él mismo estaba seguro de
que sería así con el tiempo.
Por supuesto, había otra alternativa y ésa era renunciar a Timmy. Pero Logan
ya no podía. Se arrellanó en los almohadones, dejando que sus pensamientos
flotasen.

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Había hecho mal al dejar de hablar con Harris. Y, aunque lo hubiese hecho por
su padre, se había equivocado. Todos aquellos años perdidos ¿para qué? Logan ya no
tenía respuestas.
Meneó la cabeza con tristeza. Había estado tan seguro de que llegaría el día en
que se reconciliasen, tan seguro de que volvería a ver a su hermano…
No, no dejaría a Timmy, y menos entonces que le había conocido. A lo mejor
era el momento de hacer algo por el hijo de Harris, ya que no lo había hecho por su
hermano.
Logan apagó la luz, pero pasó mucho tiempo hasta que logró conciliar el sueño.

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Capítulo 6
Al día siguiente por la tarde, Suzanna llegaba a la propiedad de los Bradford en
su vieja camioneta.
Necesitaba una reparación, se caía a trozos, pero lo que más le importaba en ese
momento era llegar hasta Timmy.
Había telefoneado a las ocho de aquella mañana. Le había echado de menos
enormemente y estaba preocupada por saber cómo había pasado la noche.
Pero Logan le aseguró que Timmy había dormido como un tronco, que estaba
desayunando perfectamente y preparándose a pasar la mañana jugando con la
niñera que había llegado ya a la casa. También le dijo que estaban instalando un
columpio para Timmy y que el niño estaba muy entusiasmado con la idea. Por lo que
no había razón para que se apresurase en ir a Mattashaum. Si quería ir, entonces,
podía hacerlo después de la comida.
Después de colgar el teléfono, Suzanna se sentía más deprimida que antes. A lo
mejor los Bradford tenían razón; Timmy era muy pequeño y se adaptaría enseguida a
su nueva vida. Quizá no la necesitaba en realidad.
Debería estar contenta. No quería que su sobrino sufriese de pesadillas o
ansiedad por culpa de la separación. ¿Pero cómo podía estar contenta cuando todo
aquello significaba que le estaba perdiendo?
Afortunadamente, había tenido una mañana muy ajetreada y apenas le había
dado tiempo a pensar en el niño hasta la hora de la comida. Tenía varios encargos
que preparar y una fiesta de aniversario de doscientas personas para el domingo.
Estaba muy cansada.
Al final del camino asfaltado, giró a la izquierda hasta la entrada de la casa.
La señora Travis le abrió la puerta. Era una mujer callada y agradable, con ojos
cálidos y una dulce sonrisa. Vivía en un apartamento encima del garaje con su
esposo, el guarda.
—Su sobrino está en la parte de atrás con su tío y la nueva niñera. Pase por
dentro de la casa, llegará antes.
—Me están esperando, ¿no?
—Ah, sí —dijo la mujer, alzando la mirada. A Suzanna le extrañó aquel gesto y
se preguntó lo que significaba, pero la mujer continuó andando sin más comentarios.
El ama de llaves abrió unas puertas cristaleras que daban al jardín y la invitó a
salir.
—Tenga valor —le susurró al oído al pasar delante, dándole un apretón en el
brazo.

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Salió al patio empedrado y vio a Timmy sentado sobre una manta, bajo un
enorme arce centenario. Logan le había asegurado que Timmy estaba muy bien,
incluso emocionado, pero lo único que Suzanna vio fue que el niño estaba pálido y
cansado. El corazón comenzó a darle unas punzadas de dolor; no podía soportarlo.
A corta distancia de Timmy, había una fornida mujer de unos cuarenta, sentada
en una silla leyendo una revista. A unos metros de distancia, estaba Logan Bradford
leyendo un libro. A su lado un jarrón con flores silvestres y una jarra con limonada.
—¡Tía Sue! —gritó Timmy, levantándose de golpe y echando a correr hacia
Suzanna.
Le levantó en brazos y le dio un fuerte abrazo.
—Mi niño —consiguió decir con lágrimas agolpándose en la garganta.
—¿Dónde estabas? —grito el niño con tono dolido y acusador.
—Mi niño, te quiero mucho —contestó no sabiendo qué decir.
Le puso en el suelo y le tomó la mano. Logan y la niñera se habían levantado de
sus sillas y la miraban de hito en hito, admirándola. Llevaba el pelo peinado en una
tirante coleta adornada con un lazo y se había puesto una camiseta corta de color
rosa. No pensó que fuese digna de tanta curiosidad.
—Buenas tardes —dijo secamente.
—Señorita Keating —asintió Logan Bradford y sus ojos grises la miraron de
arriba a abajo.
A pesar del resentimiento, Suzanna se puso colorada.
—Esta es Trudi Barrows, la niñera de Timmy.
—Trudi, te presento a Suzanna Keating, la tía de Timmy.
Normalmente, Suzanna no solía juzgar a las personas por su apariencia, pero
aquella vez no supo qué la estaba pasando. Aquella mujer tenía todo grande. Dientes
grandes, orejas grandes y hasta tenía los ojos tan salientes que Suzanna se sintió
agobiada pensando que la pobre mujer podría sufrir un problema de tiroides.
Suzanna se sintió avergonzada de sí misma, pero es que esa mujer tenía el tipo de
cara que podría provocar pesadillas en un niño. Sonrió a Trudi brevemente para
disimular.
—Siéntate —la invitó Logan, señalando una silla junto a la suya—. Te apetece
un poco de agua de limón.
—No, muchas gracias.
Estaban todos sentados evitando mirarse a los ojos y la tensión comenzó a
dejarse sentir entre ellos. Suzanna se preguntaba si tendría que estar así todo el rato.
Se había hecho ilusiones de poder pasar un par de horas a solas con su sobrino,
jugando en su dormitorio o por la finca. No había pensado que tendría a alguien
controlándola y acompañándola.
Pero a la vez pensó que, si deseaba que su sobrino sesintiera a gusto entre
aquellas personas, debía dar la impresión de que ella se sentía cómoda también.

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Timmy se sentó sobre sus rodillas e inmediatamente se metió el dedo en la


boca.
Suzanna se volvió a la niñera y, como pudo, le dedicó una amplia sonrisa.
—¿Has trabajado siempre de niñera?
—Oh, sí, siempre —Trudi le devolvió la sonrisa, mostrando sus grandes
dientes—. Desde los diecinueve años. He vivido por todo el país: San Francisco,
Nueva York, Miami. Aunque mi verdadera ambición es llegar a Europa algún día.
—Trudi es estupenda con los niños —Logan se apresuró a decir—. Tiene
muchas y muy buenas recomendaciones. Créeme, Timmy está recibiendo los mejores
cuidados. Por cierto, ¿has visto el columpio nuevo?
Suzanna se dio cuenta de la forma de su manera de cambiar de tema. También
de las líneas de cansancio que surcaban su rostro.
—¿Es eso de ahí?
—Sí, es una maravilla ¿verdad?
En verdad era impresionante. Levantada sobre el soleado césped, se encontraba
una estructura de madera que más que un columpio parecía una escultura del
tamaño de una casa, con varias plataformas, escaleras, cuerdas y toboganes.
—Venga, Timmy —le apresuró la niñera, poniéndose en pie y tendiéndole la
mano—. Vamos a enseñarle a tu tía cómo subes hasta arriba. Venga —repitió con
más tesón cuando no se movió.
—Vamos, cariño —le dijo Suzanna, mirando a la niñera sin entusiasmo.
Suzanna le echó un vistazo al almidonado vestido gris de la mujer. Si Timmy
había estado jugando aquella mañana, desde luego no había sido con ella.
Obedientemente. Timmy se montó en todas partes donde le decía la niñera. Al
final, cuando vio que su actuación había concluido, se metió otra vez el dedo en la
boca y corrió a subirse de nuevo a las rodillas de su tía.
—¿Y no es estupendo que el tío Logan te haya comprado el columpio? —llegó
una voz ronca de detrás de ellos.
El cuerpecito de Timmy se puso tenso al escuchar la voz de su abuelo. Suzanna
se volvió y encontró no sólo a Collin acercándose hacia ellos, sino también a Cecily
Knight, la rubia con la que Logan estaba comprometido. Sin quererlo, le invadió un
sentimiento de desesperación. Claramente, Timmy estaba a punto de llorar. Estaba
cansado, infeliz y muy confuso entre todos aquellos extraños. Suzanna lo agarraba
con fuerza, intentando pensar. Tenía que haber una forma de salir de aquel
problema.
Instintivamente, miró a Logan y se sorprendió al ver que una expresión de
preocupación le fruncía el ceño. Antes, mientras la niñera obligaba a Timmy a
demostrar sus acrobacias circenses, estaba visiblemente tenso, con las manos
entrelazadas y dándole vueltas a los pulgares. Pero, en ese momento, había dejado de
mover las manos y estaba inmóvil, excepto los ojos que iban de unos a otros.

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Cecily Knight cruzó el patio apresuradamente y fue hacia Timmy con una
sonrisa exuberante. El niño se echó hacia atrás, pero la joven consiguió plantarle un
enorme beso cargado de carmín en la mejilla.
—Oh, es adorable, Logan —la rubia dio unos pasos atrás, entrelazando los
dedos bajo el mentón, encantada. Logan sonrió con una medio sonrisa.
Cecily, que iba vestida con un equipo de tenis impecable, se acercó a Suzanna y
con expresión comprensiva le puso una mano en el hombro.
—Y tú debes ser Suzanna —el tono de voz suave y aterciopelado y sus bellos
ojos azules llenos de solícita conmiseración—. Sé que éste es un momento difícil para
ti. pero quiero que sepas que tengo la intención de ser una buena madre para Timmy.
A mí me encantan los niños y a Logan también, y puedo asegurarte que Timmy
crecerá en un hogar feliz.
A medida que Cecily hablaba, Timmy se ponía más tenso y Suzanna luchaba
con todas sus fuerzas contra el deseo de levantarse, agarrar al niño y llevárselo en la
camioneta. ¿Acaso aquella mujer pensaba que el niño era sordo? ¿Acaso no se daba
cuenta de que decir que iba a convertirse en su madre estaba afectando al niño?
—Tía Sue, nos vamos a casa ahora, ¿vale?
—Se dice por favor, Timothy, ¿me entiendes? Pídelo por favor —vociferó la
niñera.
Suzanna tenía ganas de gritar. ¡Al cuerno todo! Aquel arreglo era el peor para el
niño. Tenía que haber una forma de sacar a Timmy de allí. Pero, ¿cómo?
En ese momento, Logan se puso en pie y camino unos pasos, separándose del
grupo. Se quedó de pie, con la espalda vuelta hacia ellos y las manos apoyadas en las
caderas, tensas.
—Logan —lo llamó su padre—. Ven a sentarte con Cecily y cuéntale a Suzanna
el viaje a Disney World que tenéis planeado hacer los tres para el mes que viene.
Logan se dio la vuelta y Suzanna se quedó sorprendida al ver la cólera en su
rostro. Pero no hizo nada, sólo se le oyó respirar con fuerza durante unos segundos,
hasta que se calmó ligeramente.
—Suzanna —dijo.
Todo su cuerpo respondió con un ligero respingo. Nunca la había llamado por
su nombre de pila.
—¿Sí… sí?
—Creo que a Timmy le vendría bien dar un paseo por la playa. ¿Qué te parece?
—Logan, siéntate y…
—No tengo ganas de sentarme, padre —aunque le habló respetuosamente,
tenía la mandíbula apretada y los ojos fijos en Suzanna.
—Sí. Sí, creo que le encantaría.
Con un bufido de exasperación, la niñera se levantó.

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—Espere a que vaya a buscar una rebeca.


—No —la contestó Logan—. Usted ha estado todo el día trabajando. Es hora de
que se tome un descanso —y paseó su furiosa mirada de Trudi a Cecily y luego a su
padre—. ¿Por qué no os tomáis todos un descanso? —su tono de voz fue tan
autoritario que nadie se movió.
Después de levantar a Timmy de las rodillas de Suzanna y de agarrarlo con un
brazo, le tendió la otra mano a Suzanna. Esta se la quedó mirando y se sorprendió al
ver la palma llena de callos y observó sus largos y esbeltos dedos. Sintiendo que no
tenía otra alternativa, le dio la mano. Era cálida, dura y fuerte, y al agarrarla
experimento una sensación de seguridad increíble. Y también algo más:
compañerismo.
Se alejaron de la casa en silencio sabiendo que los estaban observando. Al llegar
a las dunas. Logan se detuvo un momento y dejó a Timmy en el suelo donde el
cachorro, que iba trotando tras de ellos, recibió al niño excitado.
—Gracias —dijo Suzanna en voz baja, sin saber si sería conveniente demostrar
su gratitud abiertamente a Logan Bradford.
—¿Gracias por qué? —dijo Logan con expresión de dureza, como si no quisiera
admitir que la había hecho un favor.
Había tanto orgullo por las dos partes, pensaba Suzanna.
—Escucha, Suzanna. Sólo porque me haya puesto así con ellos no quiere decir
que esté de tu parte.
—Bueno, por supuesto que no. Sólo estabas haciendo lo mejor para Timmy en
ese momento.
—Exactamente.
—Y por eso es por lo que he dicho gracias. Me alegro que hayas reaccionado así;
el niño no lo estaba pasando bien.
Logan se quedó mirando fijamente al horizonte.
—¿Y te parece extraño? Quiero decir, ¿es que tú lo estabas pasando bien? Yo,
desde luego, no.
Suzanna contempló su fuerte perfil, muda, luchando por reprimir una sonrisa.
—Supongo que probablemente estarán algo nerviosos y esforzándose por
hacerlo todo lo mejor posible. Venga, sigamos caminando —sugirió.
Algo más relajada, Suzanna se puso a caminar por la arena, a su lado. Timmy se
colocó entre los dos y les agarró las manos.
—Entonces, ¿de dónde ha venido Trudi Barrows, la niñera?
—Ah, ¿quieres decir Brunhilda?
Suzanna se echó a reír inesperadamente y en ese momento notó que en el rostro
de Logan se dibujó una sonrisa.
—Sí, ella. ¿Puedes decirme cuáles son sus referencias?

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—No tengo ni la menor idea. Ella no es la niñera que yo contraté. La que yo


busqué decidió no quedarse con el puesto en el último momento. Sospecho que mi
padre y ella tuvieron alguna discusión. Entonces, apareció Brunhilda.
—No te parece gracioso, Logan. Tantas personas nuevas, tantos cambios.
El rostro de Logan se volvió sombrío y Suzanna sintió pena de él.
—Lo sé —admitió.
En ese momento a Timmy se le hundió un pie en la arena y para que no se
cayera, ambos le elevaron en el aire. El niño comenzó a reírse a carcajadas y al tocar
el suelo, volvieron a columpiarlo.
Sonriendo. Suzanna miró a Logan. Sus facciones eran cálidas y suaves.
Inmediatamente, los dos apartaron la mirada.
—¿No pasa nada por que hayas dejado a Cecily para dar un paseo?
Logan parecía confuso.
—No, no pasa nada; a Cecily no le importa.
—Pero parecía como si hubiera venido a jugar al tenis o algo así. ¿Habíais
quedado?
Tragó saliva y contestó sin mirar.
—No, nada de eso. No pasa nada.
Qué raro, pensaba Suzanna. No sabía el qué, pero había algo anormal en
aquella relación. No había reaccionado normalmente cuando llegó Cecily. Ni una
sonrisa, ni una chispa de pasión en la mirada por parte de Logan. A pesar de ello se
quedó callada y no dijo nada, volviendo la mirada hacia el paisaje de los alrededores.
—¡Qué día tan hermoso! —suspiró echando la cabeza hacia atrás.
El cielo, de un azul intenso, se veía surcado por multitud de aves marinas que
planeaba bajo el sol. Respiró profundamente, llenando sus pulmones con la brisa del
mar, sintiendo la alta y suave hierba acariciándole las piernas, escuchando el
estallido de las olas y tuvo una sensación de libertad desconocida para ella.
—Sí, es maravilloso ¿verdad?
Habían llegado a las dunas en la parte más alta de la playa. De pronto, Timmy
se soltó y se puso a correr delante de ellos con Buddy.
—¿Estás cómoda con esos zapatos? —preguntó Logan, mientras se despojaba
de los suyos.
—La verdad es que no paran de llenarse de arena —dijo Suzanna,
contemplando las sandalias blancas de piel. Se las quitó y las colocó al lado de las de
él—. Así está mejor.
Esa vez, al encontrarse sus miradas, se quedaron prendidas durante unos
segundos. Suzanna sintió que el estómago le daba un vuelco.

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—Es una pe… pena que no hayamos venido mejor preparados —tartamudeó
Suzanna, mientras continuaban paseando hacia el agua—. Ni bañadores, ni toalla, ni
nada.
—La próxima vez será —respondió Logan, mirando hacia delante.
¿La próxima vez? pensó. ¿Y estaría él allí?
Pacientemente, Logan le quitó las zapatillas y calcetines a Timmy. Suzanna se
dio cuenta de lo a gusto que estaba el niño con él. No mostraba la impaciencia que
tenía con los demás.
—Conociendo a Timmy, creo que deberíamos arremangarle los pantalones,
también —Suzanna se sentó con las piernas cruzadas en la arena, dispuesta a ayudar.
—¿Ah sí? No me digas que vas a nadar, chaval —preguntó Logan, mientras le
arremangaba los pantalones.
—¡Nadar! —gritó Timmy y arqueó la espalda con tanta fuerza que estuvo a
punto de darse la vuelta.
Logan se echó a reír y a Suzanna le dio un vuelco el corazón.
Se levantó de pronto quitándose la arena que tenía pegada en la falda. Tenía
que volver a la realidad. Logan Bradford era su adversario, el hombre que estaba
intentando quitarle a Timmy. A Harris y a Claudia les había causado mucho dolor y
había permitido que pasasen penurias económicas. La había insultado al decir que
los motivos que la llevaban a pedir la custodia de Timmy eran de carácter lucrativo.
¡No tenía que estar pensando lo fascinante que le resultaba su risa! Además, estaba
comprometido.
Timmy estaba de pie, muy quieto, en la orilla del mar, no muy convencido de si
le gustaba todo aquello. De momento vio que los pies habían desaparecido, hundidos
bajo la arena. Profirió un grito de alarma.
Divertido, Logan lo alzó y se metió en el agua con él, balanceándolo de lado a
lado con si fuese un columpio. Suzanna se tranquilizó y luego, se sorprendió de oír al
niño riéndose. Momentos después, el niño ya estaba metido hasta las rodillas y luego
hasta casi la cintura. En ese momento, Logan lo levantó y lo depositó de vuelta a la
arena donde el niño se mostró claramente orgulloso de lo que había conseguido
hacer.
—Vamos a andar por la playa, Tim, veamos lo que vamos a encontrar hoy.
¿Vale? —Logan se dirigió al niño, pero a la que miraba era a Suzanna.
De nuevo, sintió un calor en las mejillas. Ese día, lejos de la casa, Logan parecía
otra persona. Las ampulosas aristas de su personalidad parecían haberse suavizado.
Incluso el gris de sus ojos parecía más cálido y se le antojó muy difícil recordarse por
qué tenía que desagradarle.
Llegaron a una parte salpicada de enormes rocas negras que emergían del agua,
plagando la parte baja de la playa. Logan se agachó detrás de una de ellas y llamó a
Timmy.

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—Ven aquí, Tim. Quiero que veas algo —levantó un manojo de algas y
descubrió una colonia de moluscos negro azulados.
Lleno de curiosidad, Timmy se acercó a su tío.
—¿Qué son?
—Esto son mejillones, Tim.
El niño estaba emocionado y Suzanna se preguntó cómo habían llegado a
llevarse tan bien aquellos dos. Por primera vez en muchos días, Timmy parecía feliz,
descubriendo cosas nuevas y bromeando con su tío.
—Ven, dejemos a las lapas, Timmy. Tengo algo más que enseñarte —después
de decir aquello echó un vistazo detrás de él para ver si Suzanna los seguía.
Se sentó sobre una piedra y sentó a Timmy sobre una de sus rodillas. Se inclinó
hacia delante para observar otra roca al lado. Para entonces ya tenía los pantalones
completamente mojados y se le pegaban a las piernas dejando ver los poderosos
músculos de sus piernas, pero a él no parecía importarle. Se dio cuenta que ella
también tenía la falda mojada, pero decidió no darle importancia y se apoyó a su vez
en una roca adyacente, interesada.
—¿Ves estos pequeños animalitos? —preguntó Logan, señalando una pequeña
piscina natural de agua que se había llenado con la marea—. Pues se llaman
quisquillas.
—¿Dónde? ¿En el charco?
—Sí. Observa con cuidado, Timmy.
El niño se inclinó aún más y también lo hizo Suzanna, cuyos mechones de
cabello se reflejaban en las quietas aguas de la piscina. Logan se quedó un momento
callado y ella sintió que la estaba observando.
Carraspeó, aclarándose la garganta.
—¿Los ves moviéndose, Tim? Son pequeños animales y en este momento están
comiendo.
—¿Comiendo? —volvió a decir el niño.
—Exactamente, hay trocitos de comida flotando en el agua y son tan pequeños
que no podemos verlos.
Timmy se quedó mirando la frenética actividad de los pequeños animalitos
durante unos minutos y Suzanna se quedó sentada observando a Logan. No podía
evitarlo, pues le pareció que cada vez que lo veía estaba más atractivo que la anterior.
Se le notaba que pasaba mucho tiempo al sol pues hasta los pies, delgados y bien
construidos, estaban bronceados.
De pronto, se dio cuenta de que él la estaba mirando también. La mirada iba
recorriendo cada elemento de su rostro, lentamente, hasta que se quedó observando
el pequeño lunar que tenía junto a la boca. Sintió que se le aceleraba el pulso y se
ruborizó ligeramente.
Rápidamente se levantó y se agarró la falda.

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—¿Seguimos paseando, Timmy?


Un poco más adelante llegaron a lo que Logan llamaba el arroyo, una especie
de canal natural que conectaba el océano con una charca interior de tranquilas aguas.
La Charca de los Doce Acres, lo llamaba Logan.
—Aquí puede nadar sin temor, no hay ningún peligro —dijo mientras el niño
iba introduciéndose en el agua—. Puede jugar todo lo que quiera.
—¿Qué es lo que dice ese cartel de ahí? —preguntó Suzanna, señalando una
señal tapada por las altas briznas de hierba.
—Ah, ésa es una zona para que aniden algunas especies de aves que tienen
dificultad para encontrar lugares adecuados. El paso al público está restringido en
toda esa zona.
—¿En serio? ¿Viene mucha gente a tu playa?
—Bastante.
—¿Y respetan las señales?
Logan suspiró largamente.
—La mayoría son respetuosos, pero hay algunos gamberros que estropean
todo. Hasta hace tres años abríamos la playa al público.
—No lo sabía —Suzanna empezaba a darse cuenta que había muchas cosas que
no sabía acerca de Logan Bradford.
—Cobrábamos una entrada, por supuesto. Y por cierto, ganamos bastante
dinero con ello. Créeme, no nos resultó fácil cerrar la playa.
Continuó hablando de los diversos métodos que habían utilizado para
preservar la zona de la erosión y la polución. Pero Suzanna había dejado de escuchar
las palabras, todo lo que oía era la pasión que empapaba su voz. Amaba Mattashaum
más de lo que podía expresarse con palabras y aquel amor exigía una gran
responsabilidad hacia aquel frágil medio natural.
—¿De quién es aquella casa de allá?
—¿Qué casa? —Logan se recostó colocándose las manos detrás de la nuca.
—Aquélla que parece una cabaña al otro lado de la charca, en lo alto de aquella
loma cerca del molino.
Cerró los ojos y durante un momento no dijo nada. Mientras, Timmy volvió de
jugar en la charca y se sentó a su lado, bostezando.
—Ésa es… mi casa.
—¡Tu casa!
—Eso es. Sólo la uso de vez en cuando —se apresuró adecir—. La construí sobre
todo para saber si el molino funcionaba bien. Me interesan las fuentes de energía
alternativas desde hace muchos años. En este momento, estoy fascinado con el tema
de los molinos de viento. Yo… soy dueño de una fábrica que los produce.

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—¿En serio? ¡Fascinante!


—Pero la casita, seguro que no está vacía…
Bruscamente se puso en pie.
—Timmy parece muy cansado y, además, ya es casi la hora de la cena.
Suzanna se levantó también, con un montón de preguntas dándole vueltas en la
cabeza, pero Logan ya había subido al niño a hombros. Así, volvieron sobre sus
pasos, recolectando la ropa y el calzado que habían dejado tirado a la ida.

Cuando llegaron a la casa, Timmy estaba profundamente dormido. Logan


sentía la mejilla del niño apoyada contra su cabeza, completamente relajado.
—Creo que no voy a despertarlo para cenar. Lo meteré en la cama —dijo
Logan—. ¿Qué te parece?
—No creo que aguante durmiendo de un tirón toda la noche.
Logan se arrepintió de haber dejado la playa así, tan repentinamente. Allí la
había notado muy relajada. Además, le encantó desbaratar aquella imagen de ogro
que ella había construido de él. Mientras le había hablado de Mattashaum, Logan
percibió la admiración sincera en sus ojos. No sabía por qué, pero aquello era
importante para él.
Pero luego había empezado a preguntarle por la casita. Y por algún motivo se
había cerrado en banda.
—¿Logan?
Le gustaba oír cómo pronunciaba ella su nombre y saboreó aquella música
antes de contestar.
—¿Sí?
—¿Te importaría mucho si me llevase a Timmy a pasar la noche conmigo?
Logan había temido que ocurriese aquello. Deseaba acariciar las lineas que
surcaban su frente y verla sonreír de nuevo. Estaba tan guapa cuando sonreía. Pero él
no se movió, sólo se quedó inmóvil agarrando a Timmy por las muñecas, esperando
que se diera cuenta de que todo aquello le preocupaba.
—No… no creo que sea lo más indicado, Suzanna.
—Es que sé que se va a despertar, y yo no me puedo quedar aquí más tiempo.
Dios sabe que no deseo marcharme, pero todavía tengo que trabajar unas cuantas
horas más esta noche.
Sabía que no podía resultarle fácil. Tenía un negocio, la casa e inquilinos a los
que atender. Ignorando todas las llamadas de prudencia que escuchaba en su
interior, Logan extendió la mano y le levantó la cabeza hasta que sus miradas se
encontraron.

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—Te prometo que va a estar bien, no te preocupes.


¿Acaso había hecho mal diciendo aquello? Pues inmediatamente se le resbaló
una lágrima por la mejilla.
—¿No le dejarás en manos de nadie?
Sabía que estaba refiriéndose a la niñera y a Collin y posiblemente también a
Cecily.
—No. No pienso dejarlo ni un segundo.
Todavía con Timmy a cuestas, Logan acompañó a Suzanna hasta la camioneta.
—¿Vendrás mañana? Probablemente no es necesario si es que vas muy
retrasada con tu trabajo.
—Me pasaré —dijo subiéndose a la camioneta.
Los miró a los dos por última vez. Logan se dio cuenta de que se le partía el
corazón sólo de pensar en alejarse de Timmy.
—Confía en mí, Suzanna. Sabré hacerme con la situación.
Asintió y, antes de romper a llorar, encendió el contacto y se puso en camino.
Mucho después de desaparecer de la vista, Logan seguía de pie en el camino,
perdido con sus pensamientos. Tenía un gran problema entre manos.
¡Maldita sea! Había sido fiel al plan inicial, haciendo como si todo fuese sobre
ruedas en Mattashaum, pero finalmente no había conseguido aguantar más. Él había
sido el que se había levantado a consolar a Timmy la noche anterior, no Collin y
también él el que le había secado las lágrimas, asegurándole que su tía iba a volver.
Collin no se había enterado de nada de eso, como si comprarle un poni o mandar
construir un costoso columpio fueran suficientes para hacer feliz a un niño.
Logan hizo un ligero movimiento de hombros para colocar con más comodidad
el dulce bulto de su sobrino dormido. Las palabras de Suzanna susurradas al viento
le vinieron a la cabeza.
—No me decepciones.
Se quedó mirando a la casa, sabiendo que Collin estaría seguramente
espiándolo desde detrás de una pesada cortina. Y siguió más allá, hasta alcanzar con
la vista el sol que se ocultaba tras el horizonte, bañando de oro la dulce colina.
No deseó hablar con Suzanna de la casita porque no la había construido
solamente para probar el funcionamiento del molino sino que era también un lugar
de refugio, donde escapar de Collin, de los recuerdos que no podía revelar a
Suzanna, para que no adivinase la frágil tela que los unía.
Volvió de nuevo a contemplar la gran mansión. ¡Maldita sea! Tenía que tomar
una decisión.

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Capítulo 7
Suzanna se despertó sobresaltada con el timbre del teléfono.
—¿Diga? —consiguió pronunciar medio amodorrada.
—¿Suzanna?
—¿Logan? —se despertó inmediatamente y se le paró el corazón.
—Siento haber llamado tan temprano.
—No. Normalmente estoy levantada a estas horas —el reloj despertador
marcaba las ocho y cuarto—. ¿Ocurre algo?
—Al contrario —escuchó la alegría en su voz—. Solamente te llamo para decirte
que Timmy y yo no estaremos en la casa grande hoy. Cuando vengas… Vendrás ¿no?
—Pues, sí. Después de comer.
—Bien. Entra por la misma carretera de siempre, pero algo después de la mitad
del camino te encontrarás con una desviación a la izquierda. Tómala, nos encontrarás
al final de la misma.
Suzanna se pasó la mano por la larga cabellera, con la cabeza repleta de
preguntas.
—No puedo hablar ahora —dijo Logan—. Ya voy con algo de retraso. Te veré
más tarde. Ah, y no te olvides de traer el bañador.
Suzanna se quedó largo rato contemplando el auricular e intentando concebir
terribles pensamientos: Logan era un esnob que no la creía lo suficientemente buena
para educar a un Bradford; era arrogante y sospechaba de ella, creyendo que
ocultaba algún plan para hacerse con el dinero de la familia…
Pero, por mucho que lo intentase, lo único que tenía en mente en aquella
soleada mañana era volver a Mattashaum.
Era casi la una de la tarde cuando llegó a la desviación que Logan le había
descrito. Estrecha y sin asfaltar, se abría paso entre el bosque hasta que los árboles
comenzaron a ser menos numerosos y se encontró con una zona de campos
pantanosos. Enseguida, Suzanna se dio cuenta que estaba rodeando la orilla de una
amplia charca. Aminoró la velocidad. ¿Era aquélla la Charca de los Doce Acres? Se
veía el mar brillante al sur y al oeste, al otro lado del remanso, el tejado de la casa
grande, por encima de las copas de los árboles.
Continuó el camino deseosa de saber si había acertado o no y una cabaña
apareció delante; la misma cabaña que había visto el día antes desde el arroyo.
Teniendo en cuenta el estilo arquitectónico de la casa grande, a Suzanna le
sorprendió que Logan se hubiese decidido por algo de estilo tan contemporáneo. Y
todavía admiró más que pareciese tan cómoda y acogedora, su preciosa terraza de

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madera rojiza, llamándola con sus alegres macetas de geranios y sus sillones de
mimbre de amplios y suaves almohadones.
Delante de la casa, había un pequeño patio y de él salía un camino que
atravesaba una zona de espesa vegetación y que llegaba hasta la orilla del remanso.
Logan estaba allí abajo con Timmy, sentado en una vieja barca de remos encallada en
la orilla. Al oírle cerrar la puerta de la camioneta, se puso de pie y agitó la mano.
—¡Estamos aquí abajo!
Llevaba unos pantalones cortos y amplios y poco más. Incluso desde lejos, la
visión de aquel poderoso cuerpo medio desnudo le agitaba la respiración. Tenía unos
músculos de bellas y esbeltas líneas y la piel perfectamente bronceada.
Miró a otro sitio y se obligó a pensar en Cecily. Santo cielo, ¿cómo podía
albergar aquellos pensamientos tan lujuriosos hacia el prometido de otra mujer? Era
casi como cometer adulterio.
Pero intentar pensar en Cecily no la ayudó demasiado. Cuando Suzanna llegó a
la barca y Logan la recibió con una sonrisa, el corazón le dio un brinco.
—¡Tía Sue! —gritó Timmy—. ¿Que te parece? El tío Logan y yo estamos
merendando en una barca.
¿O sea que ya lo llamaba tío Logan?
—¿Puedo ayudarte a subir a bordo? —Logan se puso en pie y su poderosa
estatura la hizo sentirse delicada y femenina en comparación.
—Gracias —le tendió una bolsa de viaje.
Cuando él le ofreció la mano, se la tomó, aunque podría haber entrado sin su
ayuda por el costado de la barca, y hubiese resultado más fácil.
Todavía sintiendo el roce de su mano, Suzanna se sentó junto a su sobrino, en la
popa.
—¿Te apetece un sándwich? —ofreció Logan, sentado a horcajadas sobre la
balda del centro y con los codos apoyados en la borda, enseñando las curvas de sus
pectorales. Suzanna decidió que eran los más notables que había visto en su vida.
—Esto… no gracias. Ya he comido.
—Bueno, pues déjame entonces que guarde todo esto —dijo agarrando una
bolsa de lona—. ¿Te gustaría remar un rato con nosotros?
Suzanna rió nerviosa.
—¿Es segura esta barca?
—Relativamente. Pero la charca no es muy profunda. Lo peor que puede pasar
es que se nos hundan los pies un poco en el barro.
La miró de reojo, fijándose en su largo cabello suelto al aire, la amplia camiseta
amarilla y los pantalones cortos blancos sobre las larguísimas piernas.
—¿Voy bien? —dijo mirándose el atuendo que llevaba puesto—. Llevo el
bañador debajo.

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—Sí. Está bien. Me preguntaba si te habías puesto protector solar.


—Oh, no. Todavía no —dijo con una mueca—. Por cierto, me lo he dejado en
casa.
—Toma —le dijo tirándole un bote—. Timmy y yo ya nos hemos embadurnado
bien. Utiliza todo lo que quieras.
Mientras se untaba la loción, Logan pegó un silbido y Buddy fue corriendo de
entre los matorrales.
—Venga, chico —dijo y el cachorro saltó a la barca.
Tras colocarle a Timmy un chaleco salvavidas, Logan saltó de la barca para
empujarla en el agua. Antes de poderle ofrecer su ayuda, estaba de vuelta en la
cubierta. Con largos y elegantes movimientos de remos, los llevó por la charca azul
como el cielo. A su lado, Timmy estaba sentado lleno de expectación.
—Espero que todo fuese bien ayer por la noche.
—Sí. El niño durmió como un tronco.
—¿Qué decías Timmy? —preguntó Suzanna, ignorándolo.
—El tío Logan y yo dormimos ahí —Timmy se levantó emocionado y señaló a
la casita.
—¿De verdad? —dijo, haciéndole sentarse de nuevo. Pero tenía la mirada fija en
Logan—. ¿No dormiste en casa del abuelo?
—No. Yo dormí en la cama de abajo y el tío Logan en la de arriba.
—Literas —añadió Logan, mientras escrutaba el horizonte como si hubiese visto
algo interesantísimo allá a lo lejos—. No te imagines nada, Suzanna. Simplemente
quería estar aquí temprano. Tenía… cosas que hacer.
Claro que las tenía. Como por ejemplo cambiarse de casa para evitar la
ansiedad que Collin le causaba a Timmy, o para cumplir el ruego de Suzanna de
recordar quién tenía la custodia.
Suzanna esbozó una medio sonrisa.
—¿Y qué hay de Brunhilda?
Logan aparentó desinterés.
—Oh, le ofrecieron un puesto que no pudo rechazar. En Bruselas.
—Ah —de nuevo, Suzanna luchó para reprimir una sonrisa.
No deseaba sentirse agradecida, pero Logan estaba haciendo muchas
concesiones en lo referente al cuidado de Timmy.
—Y también me ha llevado a trabajar con él esta mañana —saltó Timmy lleno
de alegría—. Me enseñó cómo se hacen los molinos.
Suzanna quería sentir resentimiento por el poco tiempo que había tardado
Logan en convertirse en un héroe para el niño, pero el ver a Timmy tan feliz

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contrarrestó cualquier otro sentimiento. Además, se sentía demasiado agradecida


como para expresar nada negativo.
—Gracias, Logan.
Dejó de remar y que la barca fuese suavemente a la deriva.
—¿Por qué?
Justo en ese momento, Timmy dio un chillido de sorpresa.
—Un pescado grande. ¡Mirad!
—Tiene el tamaño adecuado para la cena. ¿Qué te parece si pescamos algo para
cenar Timmy?
—No has traído una caña.
—No, pero tengo una red.
Suzanna lo observó mientras arrancaba un pedacito del sándwich de Timmy, lo
colocó en una red que introdujo el agua con cuidado. En pocos minutos, un pez
quedó atrapado en la red.
—¡No me lo puedo creer! —exclamó Suzanna, impresionada por las habilidades
de Logan.
—Llenad ese cubo de agua —dijo y una vez que lo hubieron hecho, introdujo al
resbaladizo pez dentro del cubo—. No está mal ¿qué tal si vamos a por el segundo?
Porque te quedarás a cenar, ¿verdad?
No quería contestar afirmativamente porque le apetecía quedarse y, se dio
cuenta perfectamente, la razón no era sólo Timmy.
—Claro que te quedas —Logan contestó por ella—. Tim lleva todo el día
planeándolo.
Timmy. Él era la única razón por la que ella estaba allí.
—¿Qué te apetece almejas en salsa o pescado al horno?
A Suzanna empezó a hacérsele la boca agua. Era un lujo tener pescado y
marisco fresco a la puerta de casa.
—No me importa que tú seas una profesional del tema; voy a prepararte mi
especialidad.
Suzanna se ató el pelo en una trenza mientras Logan les conducía hasta el
centro de la charca, hacia una pequeña isleta. La llamaba la Isla de la Roca del
Elefante y dijo que había pasado media adolescencia acampando allí. Un gran árbol
solitario se erguía en uno de los extremos como para contrarrestar el peso de la
enorme roca que había en el otro. Después de arrimar la barca hasta la arena, los tres
saltaron fuera.
Suzanna despojó a Timmy de su camisita, después se quitó ella la ropa y la
metió en la bolsa. No sintió timidez hasta que no notó la mirada de Logan sobre su
cuerpo. Tragó saliva, levantó la mirada y se lo encontró metida en el agua hasta por
debajo de la rodilla. Rápidamente se puso a trabajar, haciendo como si no hubiera

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estado mirando. Se metió en el agua con él, rechazando inmediatamente la idea de


pedirle que le aplicase crema en la espalda.
—¿Qué hago ahora? —le preguntó—. Estoy acostumbrada a comprar el marisco
de una tienda.
—La clásica niña mimada de ciudad —meneó la cabeza, pero todavía se veía un
brillo de excitación en los ojos—. Sólo tienes que hundir el rastrillo en el agua hasta
que des con algo duro. Puede ser una roca o puede que no. Mira, ésta que acabo de
encontrar es demasiado grande para lo que quiero hacer. Eh, Tim, no te vayas
demasiado lejos, ¿vale?
Logan colocó un cubo de plástico flotando entre los dos y le entregó un
pequeño rastrillo.
—Eh, Tim, ¿quieres probar?
En menos de media hora habían juntado suficientes almejas para la cena. Logan
colocó el cubo en la barca y luego ayudó a Suzanna y Timmy a llegar a la minúscula
isla. Les enseñó el lugar exacto donde prefería encender las fogatas y también sus
iniciales grabadas en la roca. Estuvieron largo rato sentados, hablando y bebiendo
agua de limón fresca que Logan sacó de una jarra.
Suzanna estaba embelesada con sus historias acerca de Mattashaum, del
cementerio indio que había encontrado en el bosque, de las numerosas especies
vegetales y animales que vivían entre sus lindes. Mientras lo escuchaba, sintió un
soplo de felicidad dentro de sí. Y paz. Sentía una paz tremenda, que no tenía razón
de ser ya que estaba en compañía de un hombre que era muy diferente a ella en todo
por lo que estaba luchando. Pero aún así, allí, en aquella pequeña isla, con la única
compañía del graznido de algún ave, los rencores familiares y las batallas ante el juez
parecían parte de otra vida.

—Déjame ayudarte —se ofreció Suzanna, cuando volvieron a la barca—. Nunca


lo he hecho antes.
A pesar de lo que pesaba el remo, pronto se hizo con ello y enseguida Logan y
ella habían sincronizado los movimientos perfectamente. Se sentía maravillosamente:
viva, sana y feliz. Mientras remaban, se rozaban los brazos de vez en cuando. A
Suzanna le sorprendió el electrizante contacto e intentó apartarse. Logan tenía la piel
caliente y los músculos tan duros como se los había imaginado. Cuanto más se
rozaban, más disfrutaba ella, por lo que acabó arrimándose más a él casi sin darse
cuenta.
Al llegar a la orilla, Suzanna no quería moverse. Sentado a su lado, Logan sacó
el remo del agua y, al inclinarse hacia delante para sacarlo del enganche, le rozó la
pierna con el muslo y un calor le recorrió el cuerpo. No se atrevió a mirarlo, pero
tampoco fue capaz de apartarse; ni él. Parecía como si estuvieran intentando
asegurarse del todo. El fuego aumentó hasta que Suzanna estuvo segura de que le
salía a través de los poros de la piel.

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Contempló la cubierta del barco, llena de barro y se asustó por no haber podido
reprimir aquella atracción aún cuando sabía que él estaba prometido. De la cubierta,
su mirada llegó hasta la zapatilla de deporte de Logan y subió por el tobillo hasta la
rodilla. Qué piernas más hermosa tenía, pensaba Suzanna con desesperación. Hasta
la rodilla estaba perfectamente moldeada. Levantó los ojos rápidamente y tragó
saliva, encontrándose con la mirada de Logan, estudiándola a su vez. Pero, cuando
sus ojos llenos de admiración se cruzaron con los de ella, cuando notó la curva
sensual de sus labios, le dio un vuelco el corazón.
—¿Tía Sue?
Suzanna respiró profundamente antes de contestar, como si hubiese estado
aguantando la respiración todo ese tiempo.
—¿Sí, cariño?
Pero el niño no tenía nada que preguntar. Sólo la miró y luego, miró a Logan.
Después, sonrió.
Ambos se pusieron en marcha inmediatamente. Amarraron la barca, sacaron lo
que habían pescado, metieron la ropa en bolsas y tomaron el camino hacia la casa,
charlando con Timmy todo el tiempo. El niño era su tabla de salvación común.
Aquello no podía estar ocurriéndole, pensaba Suzanna frenética. No con Logan
Bradford, desde luego. Una cosa era encontrarle uno de los más atractivos
especímenes de la población masculina y otra coquetear con él y empezar a sentir
algo por él. Y para colmo, estaba prometido. ¿Por qué no le entraba eso en la cabeza?
Suzanna se duchó primero, Logan y Timmy lo hicieron juntos después.
Pusieron una lavadora para la ropa sucia y mientras Timmy jugaba construyendo un
castillo de madera sobre la alfombra del salón, Logan y Suzanna preparaban la cena
en una cocina adyacente.
—Ha sido más rápido de lo que pensaba —comentó Logan mientras se sentaba
a cenar.
—Se te da muy bien la cocina; seguro que has practicado mucho.
—Un poco.
—Yo diría que bastante —hizo una pausa para servir al niño—. Vives aquí ¿no
es cierto?
—¿Qué te ha hecho pensar eso?
—Todos los libros, revistas y ropa que tienes aquí. Este lugar esta lleno de cosas
tuyas, Logan.
—Me quedo aquí de vez en cuando, te lo dije. Mmm, este pescado está
delicioso.
—Por cierto, me encanta esta casa.
—Gracias. A mí también me gusta; por cierto, fui yo quien la diseñé.
Como si aquello no la hubiera impresionado lo suficiente, siguió hablando de la
compañía constructora que había montado y que estaba todavía en expansión.

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Mientras lo escuchaba, Suzanna apoyó la cara sobre una mano y se quedó


mirando embobada a aquella cara tan bella. ¿Qué día sería? se preguntó. ¿En qué
momento habían dejado de ser enemigos? El tiempo había pasado de manera que
dos días le parecían dos meses y aquella cena un sueño.
Logan depositó la servilleta al lado del plato y miró aTimmy sonriendo. El niño
había ido amodorrándose durante la cena y en ese momento tenía la cabeza apoyada
sobre la mesa y estaba enfrascado en un arullador e incomprensible monólogo. El
amor se reflejaba en los ojos de Logan, aunque sólo llevaba dos días con el niño. Pero,
al fin y al cabo, era de la familia y eso le daba derecho a recibir la protección y el
afecto de Logan.
Repentinamente, Suzanna sintió una punzada de envidia hacia la mujer que iba
a convertirse en la señora de Logan Bradford.
—¿Habéis fijado ya una fecha de boda tú y Cecily?
A Logan pareció sorprenderle la pregunta.
—Esto, no —luego añadió con mala cara—. No llevamos tanto tiempo
prometidos.
—¿Viviréis aquí una vez casados?
Logan se pasó la mano por los cabellos.
—Sí. No. No tengo ni idea.
—¿Y tú? —su ceñuda expresión se transformó en una llamarada de pasión—.
¿Estás saliendo con alguien en serio?
¿Y por qué le preguntaba eso?
—La verdad es que en estos últimos años no he tenido tiempo de citarme con
nadie y menos de mantener una relación seria.
Extrañamente su expresión se relajó, pero la tensión entre ellos no. Lo que hizo
fue aumentar, llenando la habitación hasta que el aire se hizo irrespirable. Se levantó
de la mesa.
—Debería irme. Déjame que te ayude a quitar la mesa…
De pronto, Timmy levantó la cabeza.
—¿Adónde vas, tía?
—Me tengo que ir ahora, Tim. Nos veremos otra vez mañana.
—¡No! —tenía los ojos vidriosos, pero no era de sueño. Súbitamente saltó de la
silla y fue a echarle los brazos alrededor de las piernas—. No. Tú te quedas.
—¡Timmy! Voy a volver.
Pero se puso a llorar.
—¡Quédate! —lloraba con tanta pena que se le rompía el corazón.
Suzanna le acarició la cabeza, no sabía qué hacer.

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—Cariño mío, estaré aquí pronto. No te vas ni a dar cuenta de que me he


marchado.
—¡No! Me portaré bien, no voy a dejar que Buddy vuelva a comer caramelos.
Te prometo que seré bueno —se agarró a sus piernas, mojándole la falda con las
lágrimas.
—¡Dios mío de mi vida! —suspiró Suzanna, levantando la vista hacia Logan con
ojos llorosos—. Logan, tenemos un pequeño problema.
—Lo sé —dijo con aspecto cansado.
—¿Puedo llevármelo a casa sólo por esta noche?
—Creo que sería mejor si te quedases tú aquí —dijo dándose la vuelta y
mirando por la ventana.
—¿Quedarme aquí? ¿Yo?
—Sí. La casa tiene tres dormitorios.
—Pero es que…
—No hay peros que valgan. Por la noche es cuando peor lo pasa. Si tienes que
irte a atender el negocio por la mañana, estoy seguro de que se lo tomará mejor.
Suzanna, quédate —tenía la voz triste y cansada.
—Entonces, ¿qué te parece mi niño? ¿Crees que me debo quedar a dormir?
Todavía con cara llorosa, Timmy asintió. Suzanna lo besó en la mejilla y lo
abrazó antes de levantarse.
—Muy bien, señor Bradford. Me parece que tiene un huésped más esta noche.

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Capítulo 8
Logan cerró suavemente la puerta del patio y cruzó la terraza de madera rojiza.
La luna en cuarto creciente colgaba sobre el brillante océano como una tenue
lámpara, mientras que de algún rincón de la noche se escuchó la alegre canción de un
petirrojo. Sabía que era una noche maravillosa, pero él sólo sentía desesperación. Se
agachó, igual que un anciano, sentándose en el último escalón de la entrada y dejó
caer la cabeza entre las manos.
Al ver a Timmy llorar, al contemplar el miedo reflejado en su mirada, pensó
que se le partía el alma. ¿En qué tipo de nefasto asunto se le había ocurrido meterse?
¿Hasta qué punto llegaría la situación antes de que empezase a mejorar?
Logan estaba haciendo todo lo posible para hacerle sentirse a gusto y seguro,
pero aparentemente sus esfuerzos no eran suficientes. Parecía que Suzanna le daba
algo que ni todo el dinero del mundo podía comprar. Se presionó los ojos con las
palmas de las manos, sintiéndose completamente fracasado.
Tras él, se abrió la puerta del patio. Dejó caer las manos, pero no se dio la vuelta
para que la luz de la casa no revelase la preocupación que se dibujaba en su rostro.
—¿Se ha dormido ya?
Hasta que no colocó la bolsa sobre la litera de arriba de su habitación y se puso
algo para dormir. Timmy no se convenció de que iba a quedarse de verdad. Como no
se había traído nada. Logan sacó de su armario una enorme camiseta que le llegaba a
la rodilla y una bata de algodón azul marino que casi nunca usaba.
—Sí, casi nada más apoyar la cabeza sobre la almohada.
Se sentó a su lado y la bata se entreabrió ligeramente, regalándole un vistazo de
sus sedosas piernas. A pesar de lo desanimado que estaba, la encontró adorable con
aquella ropa que le quedaba tan grande, el pelo suelto y la tez brillante y ligeramente
dorada bajo los efectos del sol.
—Ha sido un día maravilloso. Hemos hecho muchas cosas, lo hemos pasado
muy bien, todo en plena naturaleza.
Logan estaba sorprendido de que desease hablarle un rato. Igual podría discutir
con ella sus miedos y preocupaciones.
—¿Pero esa rabieta que le ha dado? De pronto se ha puesto a llorar y no podía
parar. ¿Por qué, Suzanna? Estaba tan bien.
Ella se volvió para mirarlo más directamente.
—Estás muy preocupado ¿verdad?
—Claro que lo estoy. ¿Tú no?
—Lo creas o no, he pasado momentos aún peores con él.
Logan era incapaz de imaginarse algo peor.

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—No ha sido fácil para ti, ¿verdad?


Suzanna dio un suspiro que expresó por sí solo lo que sentía.
Guiado por un impulso, Logan estiró el brazo y comprensivo, le puso una mano
en la espalda.
—Tienes que creerme cuando te digo que de verdad pensé que traerlo aquí
sería lo mejor para él.
—Aunque te parezca una locura, te creo. Por eso es por lo que no estoy tan
enfadada como debería estar. Y la verdad es que debería estar furiosa. Creo que eres
más honorable de lo que pensaba al principio. Creíste que hacías lo correcto, aunque
no fuese cierto, y ahora que has visto los resultados, creo que optarás por hacer algo
honorable y corregir el error que has cometido.
Logan entrecerró los ojos, mirándola con cautela.
—¿Y cómo crees que podría hacerlo?
—Abandonando el asunto de su custodia y dejando que Timmy vuelva a casa
conmigo, donde pertenece.
—No te das por vencida, ¿verdad?
—No.
Se levantó bruscamente.
—Pues yo tampoco.
Caminó hasta el borde del muelle y se quedó con la mirada perdida, fruncido el
ceño. En la distancia se vio la luz de la casa principal.
—Mira, Suzanna, no quiero pelear —deseaba con todas sus fuerzas que ella le
comprendiera y esa actitud suya lo perturbaba pues nunca le había importado
justificar sus actos en el pasado—. Creí que Timmy estaría mejor viniendo aquí por
muchos motivos. Todavía lo creo así.
No podría soportar la idea de que su sobrino volviese a la ciudad, a aquel
minúsculo patio cerrado, a la amenaza de la delincuencia o a tener que vivir al día.
Pero, ¿cómo podría explicárselo a Suzanna sin insultarla?
La oyó levantarse. Se dio la vuelta y la observó acercarse lentamente,
jugueteando perezosa con una campanilla que había colgada en la veranda. Con sus
largas y esbeltas piernas, sus gráciles brazos y su cuello de cisne, era la elegancia
personificada. Y de pronto, se dio cuenta de que tampoco le apetecía mucho que ella
volviese a la ciudad.
—Entonces —dijo, apoyándose en la barandilla—, ¿cuáles son esas razones?
Meneó la cabeza para quitarse la creciente fascinación que ella le estaba
provocando por momentos.
—¿Aparte de todo lo que se dijo en el juicio? Bueno, pues, por ejemplo, creo que
le vendría muy bien a Collin tener aquí a su nieto.
Suzanna respondió con una carcajada de desprecio.

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—Te lo digo en serio. Ha envejecido mucho desde la muerte de Harris y


pensé…
—¿Qué Timmy le rejuvenecería?
—Pues sí.
—No me fastidies.
Logan la agarró del brazo y la obligó a mirarlo a la cara.
—Sé que mi padre no te cae muy bien por cómo trató a Harris… —hizo una
pausa, no estaba seguro si sería muy buena idea meter a Suzanna en los asuntos
familiares; pero, si deseaba que ella le entendiese y comprendiese el amor que sentía
hacia su padre, no tenía más remedio que hacerlo—. Pero lo que no sabes del viejo es
que la marcha de Harris le afectó tanto que sufrió un ataque cardiaco. Casi se muere,
Suzanna.
Logan observó cómo asimilaba lo que le acababa de contar y la pena reflejarse
en su bello rostro.
—No lo sabía. Dios mío, Harris tampoco lo sabía.
—Preferí no decirle nada. Yo… —Logan no quiso continuar.
—No me extraña que estuvieses tan furioso con tu hermano —le dijo con los
ojos abiertos como platos, como si lo viese por primera vez—. Pero no puedo creer
que le echases la culpa del infarto a tu hermano. Tu padre parece muy nervioso; cielo
santo, incluso lo he visto fumando.
Logan suspiró. Sí, Collin fumaba, a pesar de que el médico se lo había
prohibido. Collin siempre hacía lo que le daba la gana, como si estuviese por encima
de las leyes que afectan a los demás mortales.
—No. No le echo la culpa a Harris de la delicada salud de mi padre, pero
tampoco ayudó lo que hizo. Era cabezota y discutidor… pero, estoy perdiendo
perspectiva. Lo que quería decir era que mi padre es una persona más complicada de
lo que piensas; quiero decir, una persona sentimental. Puede ser que tenga defectos
pero, ¿quién no los tiene? Además, yo creo que tiene más razones que otros a
tenerlos.
—¿Como por ejemplo?
—Para empezar, ¿qué te parece si te digo que su padre se suicidó?
Suzanna se quedó de piedra.
—Un día se metió en su camioneta, la puso a noventa en una carretera vecinal
llena de curvas y se metió contra un árbol. Por supuesto, nadie pudo probar que
fuese un suicidio pero…
—¿Fue por la depresión de los años treinta? ¿Perdió algo en la caída de la bolsa?
Logan meneó la cabeza.
—Era demasiado inteligente. Buenas rachas, malas rachas, nosotros los
Bradford hemos pasado por todo. No, por lo que me he podido enterar, el problema

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de mi abuelo fue que le diagnosticaron una enfermedad incurable a los cuarenta y


dos. Era un hombre orgulloso y no podía soportar la idea de que su familia cargase
con él.
—¡Pero suicidarse! ¿Qué edad tenía Collin?
—Once.
—Es tremendo.
—Claro que es tremendo. Y lo que es también tremendo es que tu mujer te deje
por otro hombre.
—Según lo que yo sé, se marchó por culpa de Collin. Su frialdad la obligó a huir
de él.
Logan dio unos cuantos pasos adelante y se volvió, experimentando emociones
difíciles de explicar.
—Harry nunca le dio a Collin la razón en lo tocante a mi madre —suspiró
profundamente—. Vayamos dentro, creo que me tomaré una copa.
Volvieron al salón donde Logan sirvió dos copas de coñac y la invitó a sentarse
en el sofá a su lado.
—Harry sólo tenía dos años cuando mi madre se fue. Era demasiado joven para
entender nada.
—Oh, ¿y tú sí?
Todos los recuerdos le vinieron de pronto, oprimiéndole el alma; recuerdos de
días vacíos, en los que nadie les hacía caso, de noches oscuras, plagadas de terribles
discusiones.
—No —contestó con tristeza—. No llegué a entenderlo completamente. Todavía
hoy no logro entenderlo. Las vidas de los demás son a veces incomprensibles,
Suzanna. Hay tantas razones ocultas. Por eso es por lo que me resisto a echarle la
culpa a alguien.
—Harris solía decir que Collin se había casado solamente para tener hijos.
Herederos, mejor dicho.
—Es posible, aunque pienso que de verdad amaba a mi madre. Estaba
destrozado cuando se marchó, igual que cuando Harris se fue. Pero no fue capaz de
expresar sus sentimientos; aún no es capaz de hacerlo. Y las razones para ello son…
innumerables. Puede deberse a la educación que ha recibido, o a que tenga miedo de
expresar de nuevo un amor como el que sintió por su padre. Pero a lo mejor se trata
sólo de que tiene setenta y dos años y que a los hombres de su generación no los
educaban a demostrar sus sentimientos. El terreno de las emociones era patrimonio
de las mujeres y el hecho de mostrarlas sólo podía revelar debilidad.
Logan apuró la copa y se arrellanó cómodamente en el sofá. Se sentía relajado
después de la actividad de aquel día y tenía la piel caliente del sol. Pero, sobre todo,
había empezado a sentir algo dentro de sí, una intimidad, un cariño nuevos para él.

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La miró y contempló su preciosa cara iluminada débilmente por una lámpara


que estaba detrás de ella. Se adentró en sus ojos verde bosque y se preguntó por qué.
Por qué ella. ¿Qué tenía Suzanna Keating que le había hecho romper su habitual
actitud reservada y le había animado a hablar? ¿Hablar? Santo Dios, lo que deseaba
era ofrecerle toda su vida.
—Entonces, lo que me estás diciendo es que a Collin le afectó de tal manera la
muerte de tu abuelo que fue suficiente para que, a partir de entonces, llegase a la
conclusión de que no podía fiarse de nadie.
—Que no puede uno fiarse del amor, más bien —aclaró Logan.
—¡Ah! —interrumpió Suzanna con los ojos brillantes—. Eso explica que
siempre intente controlar a la gente a través del dinero.
—Exactamente.
Logan apoyó el brazo en el respaldo del sofá y la miró de reojo. Suzanna no sólo
era una preciosidad, sino que además era muy lista y se estaba aficionando a hablar
con ella.
—Tengo una pregunta que hacerte. ¿Tuvo tu madre un romance?
Logan se rellenó el vaso y pasó un buen rato contemplando el líquido color
ámbar antes de tomar un sorbo.
—Sí. Ella nunca lo negó.
—Oh —Suzanna se recostó en el sofá, decepcionada.
Logan le contó también la noche en la que salió de puntillas de su habitación y
fue hasta la puerta del cuarto de sus padres. Cómo oyó a su madre rogándole que la
perdonase. Hasta aquel día había estado de parte de su padre, defendiendo su ira,
pero aquella noche había visto la situación bajo otro prisma. Y todo aquello le había
hecho sentirse confundido, inseguro y más tarde, cuando su madre se marchó y se
quedó solo, furioso.
Collin podría haberla perdonado, haber intentado empezar de nuevo. Esas
cosas ocurrían muy a menudo. Pero una vez que le hacían daño, Collin no volvía a
confiar en esa persona jamás. Y aunque había sufrido terriblemente como resultado
de su propia testarudez y su mujer no volvió a casarse en varios años, dándole el
tiempo suficiente para cambiar de opinión, nunca lo hizo. Entonces, se volvió
intransigente, de la manera más cruel e innecesaria posible. Y así se comportó con
Harris.
—No sé —dijo Suzanna.
—¿Qué es lo que no sabes?
—Si puedo llegar a creer que Collin es el hombre dulce y sensible que me estás
pintando. La elección que le dio a Harris sigue pareciéndome totalmente cruel.
—Yo no te he dicho que sea un tipo dulce y sensible, Suzanna. Dije complejo.
Tiene razones para hacer y decir lo que dice y hace; razones oscuras que creo que ni

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él mismo entiende, pero que sospecho que están basadas en el amor por su familia y
en su necesidad de ser amado y de estar seguro de que no vamos a salir huyendo.
Suzanna extendió la mano y se la colocó sobre el brazo, para consolarlo.
Logan suspiró, meneando la cabeza.
—Podría estar equivocado, por supuesto. No es fácil entender las vidas de los
demás. Es todavía más difícil juzgar la vida de mi padre, por eso no lo intento.
En ese momento, sintió que la mano de Suzanna se convertía en lo más
importante de su existencia. Volvió la cabeza y se regodeó en contemplar aquella
cara tan encantadora. Pronto se olvidó de la conversación, todo se disipó excepto un
enorme deseo de besarla.

Sorprendida, Suzanna se percató de que tenía la mano apoyada en el brazo de


Logan. La retiró rápidamente y se puso a contemplar las oscuras sombras del
exterior.
Todavía le quedaban dudas sobre Collin y las excusas que Logan le había dado
para explicar su comportamiento.
De lo que no le quedaba absolutamente ninguna duda era de que Logan era el
hombre más tolerante que había conocido, un hombre del que podría enamorarse
fácilmente. Y si no tenía mucho cuidado, aquello era exactamente lo que iba a ocurrir.
Sintió que la estaba mirando y volvió la cabeza, sin aliento. Tenía los ojos
entrecerrados, la mirada cálida y cargada de sensualidad; la boca relajada y
entreabierta y su esbelto cuerpo lánguido, perezoso. Todo él la llamaba con una
sensualidad tal que un calor le recorrió de arriba a abajo.
Como si contemplase una escena sobre la cual no tuviese control alguno, vio a
Logan inclinarse hacia delante, sintió cómo le apoyaba la mano en la nuca, sus
cálidos labios rozando los de ella. Entonces, el calor que sentía dentro se transformó
en fuego. Los ojos se le cerraron solos y la pasión del beso aumentó.
Besaba igual que hacía todo lo demás, es decir, maravillosamente. Cuando, por
fin, se separó de su boca, Suzanna ya no podía más. El corazón le latía con tanta
fuerza que se le salía del pecho y tenía la mente en blanco, anestesiada por la fiebre
de deseo.
—Bien —susurró, sonriendo levemente—. Ahora ya lo sabemos.
Suzanna apenas podía articular palabra.
—¿Sabemos el qué?
—Que la atracción que hemos sentido el uno por el otro durante estos dos años
era cierta.
—¿Dos…?
—Eso es. Desde la fiesta que atendiste en la punta de la playa.

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Se ruborizó.
—¿Me reconociste después?
—Oh, claro que sí. Al principio no, por supuesto. Fue después de preguntarle a
Barbara por ti.
—¿Barbara?
—Sí. La mujer que daba la fiesta. ¿Y tú? ¿Supiste quién era yo?
—No. Me enteré un poco antes de que te marchases.
—Creo que nos enteramos más o menos al mismo tiempo. En cuanto me di
cuenta de a quién había estado mirando toda la noche, pensé que sería mejor
marcharme —Logan le recorrió la mejilla con el índice hasta llegar a los labios,
trazando el contorno de estos y parándose en el pequeño lunar—. Tengo que
reconocer que Barbara me evitó cometer un terrible error justo en el momento
preciso.
Suzanna pestañeó, perdida por un instante y de pronto le volvió todo a la
mente, la humillación que había sentido al descubrir quién era él. Qué ridicula se
habría sentido si hubiesen dado un paso más y hubiesen hablado, siendo ella la
hermana de Claudia y él el hermano de Harris.
Seguidamente recordó cuando él se marchó de la fiesta de dos años atrás, con
Cecily.
¡Cecily!
Suzanna tomó aire y se apartó de Logan con cuidado.
—Es una verdadera pena que Barbara no esté aquí ahora, señor Bradford. Creo
que acaba de conseguir que hagamos los dos el ridículo.
Antes de que pudiese ver las lágrimas que estaban a punto de asomar a sus
ojos, se levantó del sofá y se apresuró hacia la habitación.
Logan se quedó un buen rato contemplando la puerta cerrada de la habitación
de Suzanna, negándose a creer que hubiera podido olvidarse de Cecily. No sabía lo
que Suzanna pensaría de él después de lo que había pasado. O quizá sí lo sabía, y ahí
estaba el problema.
Dio un paso hacia la puerta, pues todo su ser deseaba explicarle que no era
verdad lo del compromiso. Pero, si lo hacía, Suzanna sabría que había mentido ante
el juez y, lo que era peor, que aquella mentira le había ayudado a quitarle a Timmy.
Beneficiándose en una cosa, sólo lograría condenarse en otra.
Bueno, la verdad era que lo tenía merecido. No debería nunca haberse olvidado
de quién era Suzanna. Aunque ella le atraía muchísimo, había demasiadas trabas
entre los dos que les impedirían desarrollar una relación. No, lo mejor que podía
hacer era continuar con aquella farsa. Claro que, tendría que pensar en algo para
decirle por la mañana; algo que explicase aquel beso…
La sonrisa que se dibujó en su rostro le pilló desprevenido. ¡Qué beso! Una
intensa mezcla de inocencia y pasión, de descubrimientos y de promesas…

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Pero eran promesas que nunca podría mantener, tenía que recordarlo. No le
apetecía mucho que llegase la mañana, nada de nada.

A la mañana siguiente, Suzanna se despertó con el aroma de café recién hecho.


Al abrir los ojos, no recordaba dónde estaba. De pronto, recordó que estaba en la
litera de la habitación de Timmy en casa de Logan. Se dio media vuelta para mirar a
la litera de abajo y ver si el niño seguía durmiendo, pero en vez de ello se encontró
con la cara de Logan.
—Lo siento —dijo él después del grito que dio Suzanna—. No quería asustarte.
—¿Para mí? —dijo cuando él le tendió una taza de café—. Gracias —se irguió
ligeramente y tomó un sorbo del café; estaba justamente como le gustaba—. ¿Se ha
levantado ya Timmy?
—Sí, está en la cocina desayunando. Decidimos dejarte dormir un poco más.
—¿Cómo está?
—Muy contento. Relajado. El cambio es impresionante.
Suzanna dio otro sorbo de café, consciente de que la estaba observando de
nuevo, consciente de que ambos estaban pensando en la noche pasada y en la
intimidad que había florecido entre los dos. Él se había lanzado, pero ella también.
No había hecho nada para impedir que la besara y, cuando lo hizo, disfrutó del
momento con toda su alma. Ahora le dolía la cabeza de tanto pensar en algo que
poder decir para intentar poner a salvo su dignidad. Bruscamente le devolvió la taza.
—No estoy acostumbrada a desayunar en la cama. Déjame que me levante —se
bajó de la litera como pudo y se puso la bata nada más tocar el suelo.
—Suzanna, espera —Logan la tomó del brazo y al hacerlo su piel rozó aquel
suave y cálido pecho. Sabía que retirarse era lo más lógico, pero se quedó paralizada,
atontada por la sensación de placer que invadía todo su cuerpo.
—¿Qué? —dijo, bajando la mirada.
—Es sobre ayer por la noche.
—Lo sé, lo sé —dijo haciendo una mueca.
Los dos suspiraron, demasiado disgustados consigo mismos como para buscar
compasión el uno en el otro.
—Fue una equivocación —dijo Logan.
—Oh, sí; estoy de acuerdo totalmente.
—No sé lo que pasó.
—Fue curiosidad. Tú mismo lo dijiste.
—Sí, por supuesto, sentimos cierta atracción…
—Química; no hubo nada más.

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—Eso es. Y por un momento… —Logan tragó saliva.


—Estábamos muy nerviosos con la rabieta que le dio al niño.
—Y por eso buscamos consuelo el uno en el otro, nada más.
—Exactamente; consuelo. Eso es lo que fue; mezclado con un poco de química y
curiosidad…
—Supongo que estás de acuerdo en que olvidemos ya el tema, ¿no? —dijo
Logan, jugueteando con la cinturilla del pantalón del pijama.
—Completamente.
—Y espero que Cecily no tenga que enterarse…
—Yo no diré nada.
Logan suspiró aliviado.
—Bien. Espero también que tú y yo podamos continuar cooperando en lo
tocante a los cuidados de Timmy.
—Por supuesto que continuaremos cooperando por el bienestar de Timmy;
tratándose del niño, no nos queda otra alternativa.
Asintió repetidamente.
—Bien, bien. ¿Entonces este… problema está olvidado?
—¿Qué problema?
Logan sonrió.
—Vayamos a desayunar. Tengo algo más que discutir contigo.

—¡Tía Sue! ¿Ya te has despertado? —Timmy gritó feliz desde la mesa de la
cocina.
—Sí, ya estoy despierta. Buenos días, mi amor —Suzanna besó su pequeña y
aterciopelada mejilla.
Logan sacó dos tazas más y le pasó el paquete de copos de maíz. El sol se colaba
por la ventana, acentuando los esbeltos y bien formados músculos de su pecho. Tenía
el cabello ligeramente revuelto.
Suzanna intentó apartar la mirada de él, pero aquella apariencia acogedora y
algo desordenada era demasiado apetecible.
—Entonces, ¿qué querías discutir? —preguntó.
—Un plan diario.
En ese momento, Timmy se levantó de la mesa y agarró un cubo lleno de
juguetes.
—¿Puedo salir a jugar?

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—Claro que sí, hijo. Pero quédate detrás donde podamos verte.
—Vale, vamos Buddy.
Nada más salir el niño, Logan continuó.
—Pienso que debemos programar un horario diario para estar con Timmy. Un
horario que nos permita atender nuestro trabajo y estar con él también.
—Pensé que eso era lo que estábamos haciendo.
—Lo que se me había ocurrido era hacerlo por turnos para que no tenga que
llevármelo al trabajo.
—¿Quieres decir que me quede con él mientras tú estás en la fábrica?
—Sí. Y yo me quedaré con él el tiempo que tú estés trabajando.
—Me parece… eficiente —bajó la mirada, intentando ocultar la desilusión que
sentía.
El plan no les permitiría pasar ni un momento juntos con el niño.
Inmediatamente, se puso furiosa por sentirse decepcionada; ella no estaba allí para
pasar tiempo con Logan sino con el niño.
—¿Qué pasa? —preguntó Logan, dejando la cuchara sobre la mesa.
Suzanna se agarró a la mejor excusa que se le ocurrió en ese momento.
—Puede ser que a ti te convenga trabajar media jornada, pero yo apenas podría
arreglármelas para llegar a fin de mes si… —no terminó la frase; lo que menos
deseaba era tener que admitir delante de él que tenía problemas económicos—, ¿Qué
te viene mejor a ti? ¿Por la mañana o por la tarde?
—Si empiezo a trabajar a las ocho de la mañana puedo estar de vuelta aquí a las
doce y media. De esa manera, puedes estar de vuelta en tu casa sobre la una o una y
media. ¿Te parece bien?
—Intentaré arreglarlo.
—Bien. No me importa la hora a la que regreses aquí, bien sea a la hora de la
cena o más tarde.
Suzanna abrió los ojos como platos.
—¿Quieres que regrese después?
—Bueno… sí. Tim ha dormido tan bien esta noche pasada contigo aquí, que
pensé que no te importaría continuar con ello.
El pulso se le aceleró.
—¿Durante cuánto tiempo?
—No sé. Hasta que se acostumbre.
Suzanna le cubrió el rostro con las manos, emitiendo un gemido ahogado.
Aquello sí que la preocupaba. Había estado planeando recuperar horas de trabajo
por las noches.

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—¿Y qué le va a parecer todo esto a Collin? —preguntó.


—Eso no tiene importancia.
Suzanna lo miró escéptica.
—Y hablando de mi padre, me gustaría que Timmy le visitase a diario. ¿Qué te
parece?
Al fin y al cabo, Collin era su abuelo; el único abuelo que tenía.
—¿Cuánto durarían esas visitas?
—No mucho, pero lo suficiente para que Timmy y Collin se vayan conociendo
poco a poco. Me gustaría planear las visitas junto con alguna actividad incluida,
como algún juego de mesa o que el niño comience a montar al poni.
A Suzanna le emocionó que Logan se lo hubiese consultado antes de seguir
adelante con sus ideas.
—Me parece que puede estar bien. Solamente… quédate con ellos, ¿vale?
—Claro.
—Tengo otra pregunta —dijo Suzanna—. ¿Cómo se va a tomar Cecily el hecho
de que me quede a dormir aquí? Quiero decir, a lo mejor mi presencia aquí podrá
estropear algún plan que… esto, tengáis para pasar la noche o algo así.
Sabía que estaba colorada como un tomate, pues le ardía toda la cara.
Logan esbozó una media sonrisa burlona y Suzanna sintió un enorme deseo de
tirarle el bol de cereales a la cara.
—No. Cecily y yo nos las arreglaremos.
—¿Estás seguro? Quiero decir, desde que he empezado a venir aquí, vosotros
dos no habéis salido juntos. No creo haberte oído hablar por teléfono con ella.
—No, hemos hablado —dijo con tono distraído—. En serio, tu presencia aquí no
nos estorbará.
—De acuerdo, si estás seguro de ello… y por Timmy me quedaré a dormir.
—Muy bien. Y ahora, ¿qué te parece si me cuentas lo que te ha disgustado en
realidad?

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Capítulo 9
Suzanna se echó hacia atrás en el asiento.
—No sé de qué me estás hablando.
—Desde que mencioné el tema de quedarte a dormir estás con esa expresión
ceñuda —Logan alargó el brazo y empezó a masajearle la frente con la punta de los
dedos, con un movimiento suave que pronto la dejó relajada.
Era una injusticia, pensaba Suzanna, que alguien con unas manos tan
maravillosas estuviese tan fuera de su alcance.
—¿Es por nosotros? ¿Temes que se repita lo que ocurrió anoche?
Suzanna negó con la cabeza, aunque la realidad era que aquella idea le rondaba
la cabeza.
—Entonces, es por tu trabajo —se puso tensa. ¿Desde cuándo aquel hombre la
conocía tan bien?—. Lo imaginaba. Dime por qué.
—¿Qué es lo que quieres saber?
—Cómo funciona, quién hace cada cosa.
—No sé por qué…
—Sigúeme la corriente. Me gusta resolver problemas.
—No tengo problemas.
—¿No? Entonces de dónde vienen esas ojeras.
—Bueno —contestó—. Si de verdad te apetece que te lo cuente…
Algo indecisa, comenzó a relatarle lo que hacía cada día. Tras unos minutos
Logan la interrumpió, diciendo que ya había escuchado suficiente.
—Me parece que la solución es muy sencilla. Lo que debes hacer es desempeñar
un papel más directivo.
—¿Más directivo? —dijo con sorna—. Logan, no estoy al frente de General
Motors.
—No importa que el negocio sea grande o pequeño, los principios son los
mismos.
Suzanna meneó la cabeza, molesta por la simplicidad de su consejo.
—Te lo dijo en serio. ¿Por qué tienes que hacer tú todo? ¿Por qué picar el apio y
fregar, además de llevar las cuentas y servir en los cócteles?
—Mis padres siempre lo llevaron así; se hacían ellos cargo de todo.
—¿Y qué? Está claro que todo es demasiado para ti.

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—Me encanta mi trabajo —protestó, sintiendo un nudo cada vez más apretado
en la garganta.
—¿De verdad? Dime lo que te gusta de tu trabajo.
—Bueno, me gusta ser mi propia jefa, y también elegir el horario que más me
conviene… —nerviosa, empezó a tirar de una hilacha del albornoz. Nunca había sido
la jefa y nunca había podido elegir un horario conveniente. Siempre había sido una
esclava del trabajo—. Estoy agradecida de tenerlo.
Logan se levantó para retirar las cosas del desayuno.
—Todavía no has contestado a mi pregunta.
—Mira, si quieres que te diga la verdad, cuando lo que pretendes es sacar el
suficiente dinero para poder sobrevivir, no te preguntas si te lo estás pasando bien o
no —suspiró, meneando la cabeza—. Olvídalo. Probablemente estoy demasiado
cansada para disfrutar de nada en estos momentos.
Logan se acercó a ella, lleno de preocupación.
—Eso era exactamente a lo que me refería. ¿No puedes contratar a un par de
ayudantes para hacer el trabajo más pesado?
—¿Y cómo me propones que les pague?
—Aumentando el volumen de tu negocio. Concéntrate en la publicidad. Piensa
en nuevos mercados. Podrías hacerlo aquí, por las mañanas, mientras estás con
Timmy. Piénsatelo. Si hay alguien que puede mejorar tu negocio, eres tú misma —
sus palabras estaban llenas de pasión.
Por un momento, Suzanna sintió que se reducía el espacio entre ellos y se
preguntó quién de los dos se estaba acercando al otro.
Dios mío, iba a besarla otra vez. Pero lo más preocupante era que lo que más
deseaba era ser besada por él, sólo por él.
Aquella atracción, a pesar de que intentasen no darle importancia, era algo muy
fuerte que no parecían poder controlar. Con mucha fuerza de voluntad, se apartó y
terminó de limpiar la mesa. Pero aquella fuerza ya la había sacudido.
—Veré lo que puedo hacer —dijo por fin Suzanna.
Después de que Logan se marchase al trabajo, Suzanna llamó por teléfono a
Marie y le dijo lo que había que hacer en la tienda aquella mañana. Luego se vistió
con la ropa del día anterior ya limpia y arregló la habitación donde Timmy y ella
habían dormido.
No tenía la intención previa de entrar en el dormitorio de Logan, pero al pasar
por la puerta entreabierta le invadió una curiosidad irresistible y entró a echar un
vistazo.
Logan ya había hecho su cama, una enorme cama de matrimonio colocada entre
dos altos ventanales. Se sentó tímidamente en una esquina y pasó la palma de la
mano por el suave edredón, imaginándose a Logan allí tumbado con su esbelto y
musculoso cuerpo, invitándola con los brazos abiertos.

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Inmediatamente se levantó como movida por un resorte y alisó la colcha para


borrar cualquier evidencia de que había estado allí.
Sin embargo, no fue capaz de abandonar el dormitorio en ese momento. En una
estantería había una variada colección de libros variados de política, ciencias y
negocios; curiosamente y para compensar tenía también dos estanterías repletas de
clásicos griegos y romanos.
Entró en el cuarto de baño del dormitorio, que todavía olía al after shave de
Logan. Desconcertada más allá de lo común, paseó los dedos por el suave mango de
madera de su brocha de afeitar y aspiró el aroma del jabón que todavía quedaba en
una toalla.
Se escucharon pasos en el vestíbulo y Suzanna se apresuró a salir del baño. El
corazón le latía con fuerza y sentía el fuego en las mejillas.
Pero los pasos no eran los de Logan sino los de Timmy. Suzanna estaba
avergonzada. Aquel comportamiento no era normal en ella. Borró huellas
imaginarias del lavabo y corrió a pasar el resto de la mañana con su sobrino.

Al día siguiente por la tarde, Suzanna recibió una llamada de su abogado.


—¿Qué tal te ha ido Suzanna? —preguntó Ray Quinn—. ¿Dónde has estado?
Se sentó en la butaca de su oficina y con un largo suspiro procedió a contárselo.
—¿Que estás haciendo el qué?
—Pasando la noche en Mattashaum. Déjame que te lo explique —añadió y así lo
hizo, pero lo más escuetamente posible.
No había necesidad de complicar las cosas diciéndole a Ray lo bien que Logan y
ella se estaban entendiendo.
—Qué extraño —murmuró con un sonoro suspiro—. Muy extraño. Ten
cuidado, Suzanna.
—Por supuesto. ¿Me llamabas por algo en particular?
—Pues sí. Tendrás la primera entrevista con el investigador judicial dentro de
dos semanas.
Se le quedó la boca seca. Su primera entrevista. La lucha por la custodia. De
pronto, las imágenes de sus ratos en Mattashaum con Logan y Timmy se disolvieron
y contempló la cruda realidad.
—Me gustaría que te pasases por mi despacho uno de estos días para que
podamos repasar el tipo de preguntas que probablemente te van a hacer. Te ayudaré
a que ensayes las respuestas más adecuadas.
—¿Es necesario?
—Absolutamente. Otra cosa que tenemos que mirar es tu perfil financiero.

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—¿Mi qué?
—Tus finanzas. Diferentes formas de aumentar tus ingresos, o que por lo menos
parezca así en el informe.
—¿Qué se te había ocurrido? —dijo con cierta aprensión.
—Bueno, me preguntaba si podrías subirle el alquiler a tus inquilinos —antes
de que Suzanna pudiese abrir la boca para protestar, Ray continuó—. También había
pensado si te sería posible mudar tu negocio a un local mayor.
—Yo… yo ya lo estoy haciendo. Logan…
—Estupendo. Cuando vengas por aquí me lo cuentas. Y otra cosa que quiero
que pienses —hizo una pausa.
—¿El qué?
—Una casita de campo en las afueras. No tienes que mudarte de hecho sino
sólo que se corra la voz. Mira Suzanna, los Bradford han ganado la vista por el estilo
de vida que tienen. Es obvio que ése es su punto fuerte y el tuyo débil. Es importante
que te concentres en mejorar este tema desde este momento hasta la vista final.
—Lo sé —dijo resignada.
—Muy bien. Vamos a trabajar duro por ello.
Suzanna abrió su agenda e hicieron una cita para encontrarse.
—Anímate, Suzanna. La lucha no ha hecho más que empezar.

A pesar de que la batalla por la custodia seguía su curso, la semana transcurrió


con una armonía que iba en aumento. Esto se debía principalmente a que ni Suzanna
ni Logan sacaron ese tema a la conversación. Sorprendentemente, sus horarios se
adaptaban el uno al otro de maravilla y Timmy parecía cada vez más feliz con aquel
nuevo plan.
Pero era verdad que Suzanna no se había topado con Collin desde aquella
terrible tarde en el patio con Cecily, Collin y la niñera. Sabía que, si averiguaba que
estaba durmiendo en casa de Logan, su vida dejaría de ser equilibrada. Por eso, cada
vez que tomaba el camino de casa de los Bradford el corazón empezaba a latirle
salvajemente por miedo a encontrarse con el viejo.
El fin de semana del Primero de Mayo Suzanna tuvo tanto trabajo en la tienda
que le fue imposible ir a Mattashaum a ver a Timmy. Por ello le conmovió
profundamente cuando Logan le llevó al niño el domingo para hacerle una visita.
Pero la visita no duró mucho y el placer se transformó en rabia cuando Logan le
informó que iba a ir a una parrillada de almejas que Cecily había organizado en su
casa aquella misma tarde.
—¿Te vas a llevar a Timmy también?
—Naturalmente.

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Suzanna removió la ensalada con tanta fuerza que pensó que se le saldría del
bol.
Logan se apoyó en el mostrador, observándola.
—Timmy ya se encuentra mucho más cómodo conmigo y parece que las visitas
a su abuelo van mejorando. Pienso que puede estar preparado para empezar a
conocer a Cecily también. ¿Qué te parece?
Suzanna metió la ensalada en una tartera de plástico y la cerró con tanta rabia
que la tartera se rompió. Miró a Logan como si hubiese sido culpa suya.
—Solamente ha pasado una semana. Creo que estás tentando a la suerte.
—¿Es eso lo que crees?
—¿Es que no me has oído?
—De acuerdo, de acuerdo. No me lo llevaré a casa de Cecily. ¿Qué te parece si
el ama de llaves de mi padre se queda con él esta noche? Como tú bien dijiste, Cecily
y yo no hemos salido mucho juntos últimamente y habíamos pensado en alquilar una
película para después de la parrillada.
Suzanna metió la ensalada en el frigorífico y cerró la puerta de golpe.
—Timmy parece estar muy a gusto con la señora Travis —continuó Logan—.
Cada vez que vamos a la casa grande no para de hablar con ella.
—Entonces, déjalo con ella. ¿Por qué me preguntas?
Logan la recorrió con su mirada de águila.
—¿Qué es lo que te pasa, Suzanna?
Suzanna se apoyó en el fregadero y respiró profundamente. Estaba haciendo el
ridículo. ¿Y qué si Timmy y ella habían pasado una semana entera con Logan sin que
Cecily se entrometiese? Eso no le daba derecho a pensar que Cecily nunca estaría allí.
Cecily y Logan estaban prometidos, por Dios santo. Logan iba a casarse con ella. Sus
planes eran que se convirtiese en la madrastra de Timmy. Eso lo sabía desde el
principio.
—Bien, id a ver la película y que le cuide la señora Travis. A mí también me
gusta —contestó en tono de resignación—. Y gracias por pedirme mi opinión, Logan.
Al comenzar su segunda semana en Mattashaum, y mientras la idea de que
Cecily se convertiría en la madrastra de Timmy comenzaba a amargar su existencia,
prometió centrar toda su atención en fortalecer su negocio y en ganar la custodia de
su sobrino. Para ello, añadió nuevas especialidades al menú, colocó anuncios
destinados a ganar mejor clientela en varios periódicos y, ante la inmediata
avalancha de clientes, se vio obligada a contratar a una nueva ayudante.
Se pasó por una agencia inmobiliaria y deshaciéndose de su sentimiento de
culpabilidad, hizo como si estuviese buscando una casita de campo en las afueras. Y
aprovechando que estaba allí, puso el estudio de Harris a la venta.

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Todo lo que había logrado hacer hasta ese momento había sido limpiar y
ordenar el apartamento donde él y su hermana habían vivido. Si vendía el estudio,
podría saldar el crédito que había pedido prestado.
Aquella semana se vio con su abogado y aprendió la mejor manera de
responder a las preguntas cuando estuviesen interrogándola, para evitar decir algo
que pudiese ser utilizado en su contra.
Sí. Estaba claro que a partir de aquel momento concentraría todos sus esfuerzos
en recuperar a Timmy. Eso era todo lo que importaba.
Pero el lunes Logan trajo una canoa de aluminio más ligera que la otra para que
ella pudiera utilizarla. Y por la tarde, ella condujo la canoa hasta la Roca del Elefante,
en el centro del lago, donde hicieron una fogata y asaron setas.
El martes por la mañana, Logan no fue a la fábrica y fueron a buscar moras
silvestres con las que hicieron helado y pastelitos. Comieron tantos que después les
dolió la barriga.
Y el miércoles, Logan y Timmy la fueron a buscar a la tienda para llegar a
tiempo al parque de atracciones. Fue allí, entre risas y gritos al montar en las
atracciones o dentro del laberinto de los espejos, cuando se dio cuenta de que no se
había reído con tantas ganas y con tanta naturalidad en muchos años. Logan también
parecía diferente. Más joven, más relajado. Y Suzanna pensó que necesitaba aquello,
que los dos lo necesitaban.
Al llegar la tarde del jueves, Suzanna tuvo que enfrentarse a la idea de que
pensar en los negocios en compañía de Logan era una tarea más difícil de lo que ella
era capaz de hacer. Aunque no estuviera haciendo nada especial, sólo doblando la
ropa de Timmy o leyendo en el salón cuando el niño se había dormido, Suzanna
sentía algo nuevo corriéndole por las venas, una euforia que la cerraba los ojos a los
puntos que ella sabía tan importantes. Logan desbordaba sus sentidos y aparecía en
sus sueños, aunque en la realidad se cuidaba mucho de no hacer nada que alimentase
sus fantasías.
Esto es, que Logan mostraba un aguante tremendo. Llamó a Cecily todas las
noches de aquella semana, siempre procurando que Suzanna pudiese oírlo, y
finalizaba esas llamadas susurrando alguna palabra de amor. Dos de aquellas noches
fue incluso a visitar a Cecily. Y aún así, Suzanna era cada vez más consciente de él,
hasta que se le secaba la boca cada vez que le veía entrar en donde estuviese ella.
Hasta el punto de que le temblaban las piernas cuando le entregaba algo y le rozaba
la mano sin querer.
El sábado por la noche Suzanna estaba sentada a la mesa de la cocina de Logan
con la cabeza hundida entre las manos y el corazón lleno de desesperación. Logan se
había marchado hacía una hora para llevar a Cecily a una fiesta y allí se había
quedado sentada desde que se marchase, sintiéndose abandonada y muriéndose de
celos.
—Estás metida en un buen lío, Keating —gimió.

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El ruido del motor de un coche la sacó de sus pensamientos. Oyó el golpe de


una puerta cerrándose y momentos después alguien llamaba suavemente a la puerta
de la cocina.
—Hola, ¿hay alguien ahí? —dijo una suave voz de mujer—. ¿Logan?
Suzanna se ató el albornoz y se quedó mirando fijamente a la puerta, confusa.
La voz le sonaba. Pero se quedó todavía más perpleja cuando la puerta se abrió y
apareció Cecily.
—¿Logan? —repitió. Cuando sus ojos vislumbraron a Suzanna se quedó helada
y abrió la puerta de par en par—. ¿Qué estás haciendo tú aquí?
Suzanna se levantó lentamente de la silla.
—Yo podría hacerte la misma pregunta, Cecily.
—No tengo por qué explicarte mis idas y venidas. Soy la prometida de Logan
—dijo mirándola desafiante—. Hablando de Logan, ¿dónde está?
Suzanna frunció el ceño. Algo muy raro estaba ocurriendo allí.
—Ha salido —replicó sin más.
—¿Y tú estás aquí…?
—Cuidando al niño.
—Me cuesta creerlo —contestó Cecily con una mueca de asco—. Tú eres la
última persona a la que Logan le pediría hacer de niñera.
—No me ha contratado. Hemos decidido…
—¿Cómo has entrado aquí? —Cecily estaba cada vez más antipática—. ¿Estás
intentando gastarle una broma a Logan? No fue suficiente que tu hermana…
—Te he dicho que estoy cuidando a Timmy.
—¿En pijama? —rió Cecily—. No sé a qué estás jugando, señorita Keating, pero
quiero que salgas de aquí ahora mismo.
—Mi juego, señorita Knight, es simplemente ayudar a Timmy a que se
acostumbre a su vida aquí. Estoy segura de que Logan te contó lo que pasó la semana
pasada; la rabieta que le dio al niño cuando intenté marcharme.
Cecily se puso pálida.
—Entonces fue cuando Logan me pidió que me quedase por las noches. Pero
supongo que esto ya lo sabes, siendo su prometida —Suzanna pronunció la última
frase con soniquete burlón—. Estoy segura de que habrá discutido este tema tan
importante contigo.
Cecily estaba impactada y buscaba una forma de salir del atolladero.
—Claro, por supuesto. Sí que lo hizo —tartamudeó y Suzanna supo en ese
momento que Logan no le había dicho nada. Ni una palabra.
De pronto se dio cuenta, es decir por qué aquella visita le resultaba tan extraña
y por qué aquella relación le resultaba igual. Pero Suzanna no movió un músculo

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para no demostrar nada de lo que creía haber averiguado en ese momento. Además,
podría no estar en lo cierto.
Pero, por otra parte, podría ser verdad y le entraron ganas de agarrar a Cecily
por sus delicados hombros y zarandearla hasta que confesase la verdad. Pero no lo
iba a hacer; de eso nada. Esperaría a tener otros hombros delante para zarandearlos.
—Bueno, pues no esperes que estos planes vayan a durar —dijo Cecily con más
odio del que Suzanna habría imaginado que pudiera albergar—. De hecho, había
planeado zanjar este asunto con Logan esta misma noche.
Suzanna se dijo a sí misma que no era bueno que dirigiese su ira hacia Cecily
pero, qué diablos, ella también había sido parte de aquel engaño.
—Bueno, ¿por qué no te sientas y lo esperas? No creo que tarde más de un par
de horas. Tenía una cita.
Observó la expresión de Cecily con expectación, y lo que vio no le decepcionó.
—¿Una… cita?
—Sí. Y por cierto, era contigo. Una lástima. Habéis debido de cruzaros.
Cecily se puso primero colorada y luego pálida como la muerte. A Suzanna casi
le dio lástima, pero sólo casi.
—Te vas a acordar de mí —dijo Cecily, levantando el puño en señal
amenazadora.
Luego se dio media vuelta y salió de allí como alma que lleva el diablo, dejando
a Suzanna demasiado enfadada como para preocuparse de ella y sus amenazas.
Esperó a Logan entre las sombras del salón.
—¿Qué tal tu velada? —le preguntó.
Logan se dio un golpe con un mueble y suspiró de dolor. Suzanna sonrió,
satisfecha de que el castigo ya hubiera comenzado.
—Bien —contestó—. ¿Qué estás haciendo sentada a oscuras? —dijo y encendió
una lámpara.
—Al contrario, no he estado sentada a oscuras sino completamente iluminada,
por fin —observó su expresión confusa pero no le dio explicaciones—. ¿Y cómo está
Cecily?
—Bien. Está bien.
Suzanna no pudo más. Se levantó del sofá y se dirigió hacia él hecha un
basilisco.
—¡Cómo te atreves a mirarme con esa carita de niño bueno cuando estás
mintiendo sin parar! Cecily ha estado aquí esta noche —Logan pegó un respingo—.
Exactamente, aquí. Por lo que ya puedes abandonar toda esta ridícula farsa. Te he
pillado, Bradford. Se acabó.
En vez del arrepentimiento que esperaba de él, Logan se cruzó de brazos y
sonrió de una forma que la irritó aún más.

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—Vaya, vaya, mira cómo te has puesto —dijo con sorna.


—Y qué te creías, Logan. Estoy furiosa, ¿has oído? Furiosa.
Sin dejar de sonreír se aflojó la corbata, gesto que a Suzanna le pareció
tremendamente sexy.
—¿No será porque has estado toda la semana muerta de celos y ahora te das
cuenta que tu sufrimiento ha sido en vano?
—Oh, encima eres un arrogante. ¡No he estado celosa! ¡Qué cosa más absurda!
—Muy bien. Entonces, ¿por qué estás furiosa? —preguntó desabrochándose el
botón de arriba de la camisa—. ¿Por qué te molesta tanto que Cecily y yo no estemos
prometidos?
—¿No lo sabes? —gritó—. Mentiste, Logan. Delante del juez.
Se rascó la cabeza, miró al suelo, pero no se despojó de esa expresión divertida.
—El compromiso fue idea de mi abogado, no mía. Yo dije que era un asunto feo
desde el principio.
—¡Puaj! ¡Me das asco! —se acercó a él con los puños cerrados—. ¡Sapo
asqueroso! —y le dio un puñetazo en el brazo.
—Oye, me has hecho daño.
—Me alegro —le volvió a golpear—. Te mereces mucho más. Esa mentira
influyó en la decisión del juez. Te ayudó a quitarme a Timmy.
—¿Has terminado ya? —dijo frotándose el brazo.
—No —pero se dio cuenta de que empezaba a temblar—. ¿Cómo pudiste
hacerlo? ¿Cómo pudiste jugar tan sucio?
—Me gusta ganar —dijo con mirada burlona.
—Logan, ¿qué te ocurre? ¿Cómo puedes encontrar este entaño tan divertido?
—No es el engaño, Suzanna. Realmente lo siento mucho —se puso serio para
que ella viese que decía la verdad—. Estoy así de contento porque has descubierto el
engaño y eso me produce una gran sensación de alivio.
—Seguro —dijo con sarcasmo—. Ahora puedes dejar de llamar por teléfono a
Cecily gracias a mí.
—Sí, la verdad es que eso ha sido una lata.
—¡Eso también lo quieres ocultar!
—¿Qué es exactamente lo que quiero ocultar?
Encolerizada, dio una patada al suelo.
—El hecho de que nunca la has llamado. Dios mío, Logan, no te sentías como
un imbécil diciendo cosas como ¿Qué tal el partido de tenis, cariño? mientras el
contestador automático de tu fábrica te contestaba algo así como Gracias por llamar a
Sistemas de Energía Bradford. Su llamada ha sido efectuada fuera del horario de oficina, pero
si desea dejar su número y un mensaje…

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Logan rió con ganas.


—¿Cómo demonios has averiguado eso?
—Muy simple. Después de que Cecily se marchara esta noche recordé que la
habías llamado antes y que había sido la última llamada que hiciste desde ese
teléfono. Entonces, le di al botón de rebobinado y ¡bingo! escuché el mensaje del
contestador de la fábrica.
—Eres sorprendente —Logan meneó la cabeza sonriendo.
—No, más bien estoy furiosa.
La miró durante un rato demasiado largo.
—Y no estoy comprometido.
—¡Lo sé! —dijo, levantando las manos con desesperación.
Pero él continuaba mirándola y aquella mirada la quemaba por dentro. Suzanna
iba perdiendo la seguridad en sí misma. Cuando dio un paso hacia ella,
inmediatamente ella dio un paso atrás.
—¿No lo entiendes? Estoy libre, Suzanna. Por fin puedo decirlo —dio otro paso
hacia adelante y ella uno hacia atrás—. Estoy libre. No estoy comprometido. Ni con
Cecily ni con nadie.
Suzanna estaba hipnotizada con su mirada.
—¿Por qué sigues repitiendo lo que es obvio? —la voz le temblaba y casi no
tenía fuerzas para hablar.
—Por que me encanta escucharlo —continuó acercándose a ella, paso a paso,
hasta que el corazón le palpitaba con tanta fuerza que empezó a faltarle el aire y la
cabeza le daba vueltas.
»¿Y sabes qué es lo mejor de no estar comprometido? —preguntó con una voz
tan sensual que la envolvió como el aroma de un delicioso perfume.
Meneó la cabeza en el mismo momento que tocó la pared con el talón izquierdo.
Soltó un leve suspiro.
Logan se puso serio mientras apoyaba las palmas de las manos a los lados de su
cabeza, acorralándola contra la pared.
Embrujada, Suzanna contemplaba el movimiento de sus labios al pronunciar
aquellas palabras y recordó lo suaves que eran.
—Lo mejor es que no tengo por qué sentirme culpable cuando hago esto —le
apoyó las manos sobre los hombros y suavemente la atrajo hacia sí. Cuando sus
cuerpos se rozaron, Suzanna tomó aire lentamente, haciendo un sonido silbante—. O
esto —Logan murmuró besándola en la frente, en los párpados, en la mejilla.
Finalmente llegó hasta los labios, respirando ruidosamente—. O esto —dijo justo
antes de que su boca se fundiese con la de ella.
Suzanna quería apartarse de él, pero su resistencia se desmoronó bajo aquel
asedio. Ella también se quedó sin fuerzas, olvidada ya toda la discusión. Le rodeó el

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cuello en un abrazo suave y sensual y se concentró en devolverle el beso con total


abandono.
Inmediatamente, Logan la correspondió apretándola contra su pecho,
besándola con mayor intensidad. Y ella se dio cuenta que no había nada igual sobre
la faz de la tierra.
¡Sí! Aquello era lo mejor de que Logan no estuviese comprometido. Y era
verdad, había estado celosa; extremadamente celosa.
Cuando finalmente Logan levantó la cabeza, su voz se había vuelto ronca.
—Suzanna, Suzanna —cerró los ojos y la abrazó contra su palpitante pecho,
apoyando la barbilla sobre su cabeza—. Si supieras lo dura que ha sido para mí esta
semana, estando aquí contigo sin poder tocarte, sabiendo que si lo hacía pensarías
que estaba engañando a Cecily.
Suzanna se agarró con fuerza a su camisa, todavía temblorosa, todavía
intentando controlar la explosión de sentimientos y sensaciones que había hecho
estallar dentro de ella. Quería decirle que ella también lo había pasado mal, pero el
miedo ya invadía su felicidad.
—Logan, ¿qué estamos haciendo? —gimió con un ronco suspiro.
Le acarició la cabeza, entrelazando los dedos con su larga cabellera.
—Yo diría que complicando el asunto —le agarró de la barbilla y sonrió.
Pero ella no pudo devolverle la sonrisa. Se apretó más contra él, empapándose
del calor de su cuerpo, absorbiendo el latido de su corazón, su aroma, su fuerza. No
quería que aquel momento terminase jamás. Pero incluso entonces, sabía que
terminaría.
—Esta situación es imposible. Te das cuenta, ¿verdad?
Se puso serio, apartándose de ella un poco y asintió tras una pausa.
Suzanna sintió una punzada de dolor. Aquélla no era la respuesta que había
esperado.
—Creo que, por el bien de todos, es mejor que lo olvidemos —dijo volviéndose
y mirando a través de la ventana.
—Sí, supongo que deberíamos.
—Te veré por la mañana, Suzanna —dijo, pero ella ya se apresuraba hacia su
dormitorio.

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Capítulo 10
Al día siguiente por la tarde, Logan recibió una llamada de Collin pidiéndole
que fuese a la casa grande para ver unos documentos que sus abogados habían
enviado.
Logan apretó los puños lleno de frustración. Hacía un maravilloso día de
septiembre, Suzanna y Timmy estaban fuera recogiendo flores y deseaba estar con
ellos disfrutando del tiempo, antes de que el otoño les cayese encima.
—De acuerdo. Te veré en un rato.
—Bien. Y tráete al niño. Tengo algo que enseñarle.
Logan no deseaba interrumpir al niño en su disfrute, pero pensó en el cambio
que últimamente había visto en su padre. No demasiado, en realidad, solamente la
mirada más alegre, la voz más clara. Aún así era suficiente para alegrarle el corazón a
Logan.
Encontró a su padre sentado en su despacho con un rifle de caza que no había
utilizado en muchos años apoyado sobre sus rodillas.
—¿Qué haces, abuelito? —todavía algo tímido, Timmy se acercó
cuidadosamente a su abuelo.
—Limpiando y engrasando un rifle.
—¿Y qué haces con ese rifle? —preguntó con los ojos muy abiertos.
—Cazo, Timothy. Faisanes, conejos, perdices. Ah, y patos. Eso es lo que más me
gusta cazar —se colocó el rifle y apuntó a una presa imaginaria—. Algún día, si eres
un buen chico, a lo mejor te llevo a cazar conmigo.
—Collin, por todos los santos, sólo tiene…
—Lo sé, cuatro años —rió—. Pero no me refería a esta temporada.
Logan no estaba muy seguro de si quería que Timmy fuese de caza otra
temporada, pero se alegró de ver a su padre mirando al futuro.
—¿Dónde están esos papeles que quieres que mire?
—Sobre mi escritorio —Collin dijo distraído, ensimismado mientras le enseñaba
a su nieto las fotos de un álbum de fotos antiguas de él con sus dos hijos cuando eran
pequeños.
A Logan le bastó echarle un vistazo a los papeles para darse cuenta de que eran
algo rutinario. Los echó de nuevo sobre la mesa.
—Tim, ¿podrías dejarnos al abuelo y a mí solos un momento, por favor? Ve a
ver lo que está preparando la señora Travis en la cocina, ¿vale?
Una vez que el niño había salido, Logan expresó sus sospechas en voz alta.
—¿A qué viene todo esto, Collin?

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Su padre fue directo al grano.


—Cecily me telefoneó esta mañana —su mirada se volvió fría como el hielo—.
Sabía que esa chica Keating iba por la mañana a tu casa, pero Cecily me cuenta que
también se queda por las noches. ¿Es eso verdad?
Logan miró a su padre con igual dureza, aunque sentía náuseas en el estomago.
—Sí —replicó.
—¿Sí? ¿Y lo dices así, con tanta desvergüenza?
—Sí.
Collin tiró el álbum al suelo.
—¿Es que has perdido el juicio?
—Por Dios, Collin, ¿dónde está el problema?
—No la quiero aquí, ése es el problema. Me recuerda a la avariciosa de su
hermana y al dolor que le causó a nuestra familia. Me pone nervioso, Logan —Collin
se levantó de su silla y comenzó a dar vueltas por la habitación—. Además, no creo
que sea bueno para el niño estar con ella. Le confunde y sólo consigue prolongar el
proceso de separación.
Logan escuchaba las palabras de su padre, dándose cuenta que eran las mismas
opiniones que él había tenido… ¿hacía sólo dos semanas? Aquellas dos semanas las
había pasado conociendo a Suzanna y parecía que había pasado mucho más tiempo.
Ya comprendía muchas cosas acerca de ella y Tim que Collin no sabía, ni averiguaría
nunca. ¿O quizá sí?
—Me gustaría que creyeras lo mucho que me ha ayudado a que Timmy se
acomode a vivir conmigo.
—Sin duda tiene como meta algún lucro personal. ¿O has olvidado que Timmy
podría heredar tres millones de dólares?
—Padre, escúchame —dijo Logan, luchando por controlar la colera que iba en
aumento—. Suzanna no es así. Las cosas han cambiado. Si tuviésemos que ir a juicio
mañana, diría que ella es parte integral de la vida de Timmy. Y creo, no, sé que ha
llegado la hora de ceder.
Collin se paró en seco y se le puso la cara roja de ira.
—¡No cederé!
—Pero el bienestar emocional de tu nieto depende de ella.
Collin lo miró entrecerrando los ojos, lleno de rabia.
—Si necesita la influencia de una madre, debería pasar más tiempo con Cecily.
—No veo por qué.
—¡Pero si estáis prometidos!
Logan miró a su padre con impaciencia.

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—Muy bien. Es un acuerdo que montamos para servir a nuestros propósitos,


pero tarde o temprano tenía que ocurrir. Los dos sabemos que tú y Cecily estáis
hechos el uno para el otro.
—Siento decepcionarte, pero Cecily y yo no estamos hechos el uno para el otro.
Lo que hemos hecho es terminar.
Collin empezó a respirar con una rapidez que preocupó a Logan.
—¿Qué quieres decir con terminar?
—Quiero decir que se acabó, se terminó. Suzanna ató cabos. Era natural que
ocurriese. Soy un cochino mentiroso y ella… —Logan sonrió levemente, sin darse
cuenta—, una mujer muy inteligente.
—¿Lo sabe? —Collin se paró junto a la mesa del sofá, las manos le temblaron al
agarrar la pitillera de oro.
—Sí. Lo sabe.
Collin maldijo con vehemencia.
Logan fue hacia la mesa y le quitó la pitillera a su padre antes de que pudiera
abrirla.
—Siéntate, Collin —le dijo obligándole a tomar asiento—. Cálmate.
—No voy a calmarme. ¿Te das cuenta de lo que tiene ahora esa chica entre sus
manos para llevarlo a juicio en nuestra contra?
—Suzanna no haría eso. Ella no es así.
Collin levantó la mirada, presa de la cólera, la tensión reflejada en cada músculo
de su delgado cuerpo.
—¡Maldito seas, Logan! —escupió finalmente—. ¡Está logrando influenciarte! —
se quedó pálido, se le veía viejo y débil de nuevo.
Logan se sentó en el brazo de la silla donde estaba su padre y le puso una mano
en el hombro, en silencio.
—Ay, hijo mío, ¿qué estás haciendo? —Collin imploró con tristeza.
Logan tragó saliva. Cualquiera que fuera la naturaleza de lo que estaba
surgiendo entre Suzanna y él, se resistía a compartirlo con su padre.
—Te estás imaginando más cosas de las que existen en realidad —pero a pesar
de decir esto, su padre le había leído como un libro abierto.
Collin meneó su blanca cabeza y le dio unas palmaditas en la rodilla.
—Hijo, una relación con esa chica es totalmente imposible, para empezar
porque pertenecéis a diferente clase social. No tenéis nada en común y tú lo sabes. Sé
que lo sabes. Oh, entiendo que quieras acostarte con ella. No pongas esa cara de
sorpresa. Yo también fui joven una vez y ella es una mujer de bandera. Pero tienes
que controlar tus impulsos. Piensa, hijo, piensa. Recuerda tu orgullo. Cuando llevas
cinco años enemistado con alguien, no te alias a esas personas, y menos una alianza
de ese tipo.

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Logan escuchó el cariño en las palabras de su padre y porque aquello lo


conmovió, se permitió considerar el sentido de las palabras de su padre.
—Una relación amorosa es el tipo de relación más vulnerable de todas. ¿Quién
sabe? Puede ser que te esté seduciendo a propósito, para dejarte en ridículo, para que
no luches por la custodia con todas tus fuerzas.
En silencio y con tristeza, Logan ponderó la posibilidad. Sintió un peso en su
corazón.
—No bajes la guardia, especialmente ahora —Collin sonrió, la mirada llena de
cuidado por su hijo—. Las mujeres son criaturas gloriosas, pero no te puedes fiar de
ninguna.
Logan se levantó y fue hacia la ventana. Fuera, la tarde se oscurecía con espesas
nubes. Se sentía como un barómetro, sintiendo la presión de la atmósfera sobre su
pecho.
—Como te he dicho, no hay nada entre Suzanna y yo.
—Entonces, ¿le dirás que no la necesitas todos los días? ¿Le impedirás que se
quede a dormir?
Logan se pasó la mano por la cara. Collin tenía razón. Suzanna estaba pasando
más tiempo del necesario con ellos.
—Sí —prometió simplemente.
—Bien, bien —asintió Collin—. Siempre he podido contar contigo, Logan.

Al otro lado de Mattashaum, Suzanna empujó la canoa ligera dentro del agua y
se metió dentro. La camiseta se le pegaba al cuerpo con el sudor y sabía que estaría
mejor sentada en la terraza tomando un té helado. Pero aquella mañana se había
levantado con el firme propósito de preparar un guiso de marisco para cenar.
Recientemente Logan había estado deleitándose con los recuerdos de una bullabesa
que probó en Francia y nunca había podido olvidar. A pesar de lo incómoda y
disgustada que estaba, lo prepararía.
Llegó a la isleta de la Roca del Elefante y se metió en el agua con un cubo y un
rastrillo en la mano. Desde donde estaba, levantó la mirada hacia la casa y vio a
Logan en su imaginación. Simultáneamente sintió una oleada de emoción que la
invadió de arriba a abajo. Jamás se había sentido tan atraída por un hombre. Sólo
pensar en cómo la había besado la noche anterior sentía un calor en lo más hondo de
su ser. Cerró los ojos, deleitándose con el recuerdo de esas sensaciones.
Al abrirlos de nuevo, la amargura torció su sonrisa en una mueca de disgusto.
Había esperado toda su vida a alguien que la hiciese sentirse así, hacía tiempo que
había perdido la esperanza de conocer a esa persona; pero allí estaba él. Sin embargo,
todo lo que podía hacer era soñar.

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Logan y ella nunca podrían estar juntos. Había suficientes razones. Existían
odios familiares, se habían criado en diferentes ambientes y además, estaba la batalla
legal que se acercaba a pasos agigantados. Pero si quería ser completamente sincera,
tenía que admitir que la razón principal era el miedo. Más que miedo era un mal
presentimiento. Y cuanta más confianza tenía con Logan, peor, pues estaba por todas
partes.
Inexplicablemente, se le puso la carne de gallina.
De pie, metida en el agua hasta la rodilla, Suzanna levantó la vista. El paisaje se
había tornado gris e iba oscureciéndose por momentos. De pronto sintió que no
quería estar allí. Parecía como si algo malévolo flotase en el aire, algo que saliese de
la misma tierra de Mattashaum.
Por encima de su cabeza, una manada de pájaros sobrevolaba en dirección Este.
Los árboles se doblaban y movían al viento.
Volvió la cabeza hacia la orilla donde se alzaba la casa grande y se le cortó la
respiración. Una enorme masa de nubes negras se movía hacia donde estaba ella. A
su paso, las sombras se cernieron sobre la punta, luego el océano y después las
dunas. En ese momento, un relámpago cegador cayó del cielo.

Logan conducía muy despacio, tanto que se había casi parado. Iba distraído,
dándole vueltas a sus pensamientos, con la mirada perdida en el espacio.
Timmy había preferido quedarse porque la señora Travis estaba preparando
sus galletas favoritas. Logan se alegró de poder estar un día solo. Necesitaba estar
solo con Suzanna para hablar de su relación. Olvidarse de ella no le iba a resultar
fácil. Le dolía incluso de pensarlo. Pero Collin tenía razón. Logan había estado
jugando a algo que nunca debió comenzar; algo que tenía que terminar antes de que
fuese demasiado tarde.
No era que pensase que Suzanna quería engañarlo, como decía Collin. No,
precisamente en ese momento lo que le preocupaba de verdad era todo lo contrario,
la fuerza y solidez de los sentimientos mutuos.
¿Qué era lo que pretendía hacer con aquella atracción que sentía? Tenía que
contemplar los pros y los contras. Nunca había sido un hombre que se tomase las
relaciones a la ligera, pero ¿estaría preparado para seguir con aquella hasta su
natural conclusión? No estaba muy seguro. Solamente pensar en ello le producía un
malestar y un desasosiego que le hacían cerrarse a la idea.
Logan volvió a centrar su atención en lo que tenía delante del parabrisas, en el
brillo del relámpago que caía en esos momentos. Atisbo el cielo a través de las
bamboleantes ramas de los árboles. Los pronósticos del tiempo habían previsto un
frente frío. Puso de nuevo el coche en marcha justo en el momento en que empezaba
a llover.

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Suzanna estaba en la Roca del Elefante cuando la tormenta estalló. ¡Dios mío!
No había visto nunca nada igual. Su único consuelo era que Timmy estaba con Logan
y así no tenía que aguantar aquella pesadilla con ella.
Sin embargo, no tenía miedo. Había empujado la canoa al centro del lago al
darse cuenta de que el aluminio era un buen conductor de la electricidad. También
tuvo cuidado de sentarse lo más lejos posible del único árbol que había en la isleta.
La lluvia era fría y empezaba a refrescar el ambiente, ella estaba temblando, pero no
le cabía la menor duda de que saldría de aquello. No le quedaba otro remedio.
Después del último trueno, se dio la vuelta y con la cabeza apoyada sobre las
manos a modo de almohada, atisbo entre las cortinas de agua hacia la casita en la
colina.
De pronto, se incorporó sobre un brazo incapaz de creer lo que estaba viendo.
La vieja barca de remos de madera estaba en el agua y Logan remaba hacia ella como
un poseso, dándole a los remos con tanta fuerza que la barca parecía descolocarse
cada vez.
Oh, no. ¿Dónde estaba su sentido común? ¿Qué estaba haciendo? En corazón le
latía con fuerza y a pesar de que estaba helada de frío, le entró un terrible calor,
producido por el miedo.
Cayeron al mismo tiempo varios relámpagos que blanquearon todo el paisaje
durante unos segundos, pero Logan continuaba impasible sin dejar de remar.
Por fin, la barca llegó a la orilla de la isleta.
—¡Logan! —Suzanna dio un salto, tragándose las lágrimas.
—¡Suzanna! —Logan corrió hacia ella y la abrazó levantándola del suelo. La
agarraba con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—¿Estás bien? —preguntó sin dejar de abrazarla, echándole hacia atrás el pelo
mojado, devorándola con la mirada.
—Sí, estoy bien. Pero tú… Oh Logan, es un milagro que no te haya pasado nada
—sólo de pensarlo lo abrazó, hundiendo la cara en su cuello—. Te darás cuenta del
peligro que has corrido.
—Ni por un momento. Cuando llegué a la casita y descubrí que no estabas allí,
dejé de pensar —como si volviese a sentir el terror de no encontrarla en la casa, la
besó en la mejilla, en la oreja, desesperado—. Y luego, te vi aquí con los prismáticos,
tirada en el suelo, boca abajo e inmóvil y pensé… —dejó de hablar y volvió a cubrirla
de besos—. Todo lo que me importaba en ese momento era llegar hasta ti.
—Oh, Logan —dijo riendo—. No soy tan tonta como parezco. Tuve cuidado.
¡Pero tú! Nunca, por favor, nunca vuelvas a hacer una tontería semejante —le pasó
las manos por el pelo empapado en agua, por la espalda, queriendo asegurarse de
que estaba bien.
Logan miró en lo más profundo de sus ojos. ¿Veía allí sus pensamientos? ¿Veía
el amor que sentía por él?

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Porque lo amaba de verdad, se daba cuenta en ese momento. Al verlo remar


hacia ella en medio de la tormenta, toda su vida se había reducido a aquella verdad
tan básica. Lo amaba, y todas las demás razones en contra de ese amor se
desvanecieron en la nada.
—Entonces no vuelvas a meterte en este tipo de líos, porque vendré a rescatarte
cada vez que lo hagas —murmuró poniéndose muy serio.
Al momento la estaba besando tiernamente, como queriendo con ello sellar esa
promesa. Pero, cuando abrió los ojos, Suzanna vio el deseo reflejado en ellos.
Tragó saliva, sintiendo ella también la necesidad. Con una audacia desconocida
para ella, le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia sí. Al besarse entonces, el
deseo pasó del uno al otro sin disimulo. Con los labios entreabiertos, las dos bocas se
acoplaban la una a la otra con posesión y Logan la saboreó con hambre, haciéndola
temblar hasta en lo más hondo. Suzanna sentía que se abrasaba cada vez que le
paseaba la lengua por los labios.
Echó los brazos hacia atrás, vibrando de deseo y languideciendo al mismo
tiempo y Logan respondió a su abandono con un profundo y sensual gruñido. Dejó
resbalar sus manos, con fuerza, lentamente por los brazos de Suzanna hasta llegar a
las palmas de las manos, donde entrelazaron sus dedos en un apretado nudo.
—No te imaginas lo que me haces sentir —Logan susurró esas palabras en su
boca entreabierta, rozándola con sus labios.
—Oh, sí, claro que me lo imagino —le respondió ardientemente—. Logan, esto
nunca me ha ocurrido —cerró los ojos, estremeciéndose, mientras él le deslizaba la
punta de la lengua por el contorno de los labios.
—A mí tampoco —le susurró, justo antes de besarla.
—Pero tú tienes más experiencia —le dijo casi sin poder hablar—. Lo entendería
si, quiero decir, tú has debido tener mujeres que… —se ruborizó.
Con el fuego en la mirada, Logan meneó la cabeza.
—Nunca como tú. Nunca.
Suzanna se derretía bajo el ardor de sus palabras. El corazón le latía
salvajemente contra el pecho.
—Me asusta, Logan.
—No, no tengas miedo —la arrimó más contra su pecho, acunándola—. No, por
favor.
Aquella tarde, abrazados, Suzanna y Logan descubrieron una pasión que era
tan salvaje como la tormenta que estallaba a su alrededor. De alguna manera, sin
embargo, Logan logró mantener la cabeza en su sitio. No deseaba hacer el amor con
Suzanna la primera vez en una playa fría e incómoda. Claro que no. Cuando
finalmente dieran aquel paso, sería con el mayor lujo, comodidad, romanticismo.

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Cuando la tormenta escampó finalmente, Logan remó de vuelta a la casa. El sol


se veía asomar tímidamente por el Oeste, entre las finas nubes grises. El aire era
fresco y seco.
Suzanna y él estaban callados, pero no dejaron de sonreír, besarse y abrazarse
mientras remontaban el camino hacia la casita.
Fue sólo cuando abrieron la puerta de la cocina y se encontraron a Collin
sentado en una silla que volvieron a la realidad.
—¡Collin! —exclamó Logan soltando a Suzanna—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Su padre se levantó lentamente de la silla mirándolos con tremenda frialdad.
—Timothy se puso nervioso con la tormenta y pidió que le trajésemos aquí.
Suzanna dio un paso hacia adelante, alarmada.
—¿Está bien? ¿Dónde está?
Collin la respondió secamente.
—Sí, está bien. Está jugando en su habitación —se volvió a mirar a Logan,
acusador—. ¿Y cómo estáis vosotros dos?
Instintivamente, Logan se acercó a Suzanna y le echó el brazo por el hombro.
Vio cómo Collin lo observaba y se sorprendió porque no le importaba lo que pensase
su padre.
—Estamos bien —dijo, explicándole en unos minutos lo que había pasado.
Collin se quedó inmóvil durante el relato de los hechos, ni un músculo traicionó
sus pensamientos. Logan se preguntó qué iba a decir, cómo demostraría su cólera,
pero le sorprendió gratamente cuando Collin se marchó sin hacer ni un solo
comentario.
—¡Bien! —Logan contemplaba el automóvil dando marcha atrás, perplejo—.
Bien —repitió, sin saber qué más decir.
—Nos ha visto, Logan. Si no en la isla, entonces cuando volvíamos.
—Sin duda —Logan se volvió hacia ella, sonriendo confuso—. ¿Sabes una cosa?
Esto puede que vaya mejor de lo que yo había pensado.
—Puede ser —Suzanna se fundió con él en un abrazo, pero no llegó a creer ni
por un momento que lo que acababa de decir pudiera ser cierto.

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Capítulo 11
Dos días llenos de felicidad pasaron y Suzanna y Logan continuaron con sus
turnos de trabajo como habían planeado. Ella continuó durmiendo allí. Todo era
como antes, pero diferente. Al estar más conscientes el uno del otro, las noches
durmiendo separados bajo el mismo techo se volvían insoportables. Los besos y
abrazos compartidos con la intención de calmar su sed, no hacían más que avivar el
fuego de sus cuerpos.
Francamente, Suzanna estaba encantada con la situación. Se había enamorado
de Logan y, aunque nunca habían pronunciado las palabras, se sentía correspondida
también. Habían cruzado ya alguna etapa y aquello la hacía feliz.
Sin embargo, al tercer día después de la tormenta, estando sola, se dio cuenta de
que vivían en una calma tensa. No habían sabido nada de Collin desde que se
marchara aquel día, pero no se habían olvidado de él.
Estaba regando los geranios en la soleada terraza cuando le llamó la atención el
ruido de un coche que se acercaba. Dejó la regadera en el suelo y fue hacia las
escaleras, secándose las manos en la camisa de trabajo que llevaba puesta. Pero su
curiosidad se transformó en terror cuando vio quién llegaba a visitarla.
—Señor Bradford —tartamudeó, viéndolo acercarse con su bastón—. ¿Ha
venido a ver a Logan? —se le aceleró el pulso; a solas con el viejo se sentía indefensa.
Simplemente se la quedó mirando, ahí plantado delante de ella, apoyado en el
bastón. Suzanna agradeció que Timmy estuviese distraído viendo sus dibujos
animados favoritos.
—Tenemos que hablar —dijo Collin.
—¿Quiere tomar asiento?
De nuevo no respondió. Aparentemente, no tenía intención de responder a
nada de lo que ella dijese.
—Me imagino que se cree muy lista, señorita Keating.
—¿Cómo dice?
—La forma que ha tenido de inmiscuirse en la vida de mi hijo.
Suzanna intentó tragar saliva, pero tenía un nudo en la garganta.
—Bien, nena, he venido a decirle que su plan no funcionará.
Habría querido creer que su felicidad con Logan era duradera, pero una parte
de ella siempre había sabido que estaba haciendo el papel de Cenicienta. El
resentimiento que Collin le tenía era imparable y era posesivo con su familia hasta
límites insospechados.
—Tengo que admitir que Logan y yo nos hemos tomado cariño, señor Bradford,
pero, desde luego, no ha sido el resultado de ningún plan.

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—No me insulte con sus mentiras. Sé lo que está tramando. Cree que si se hace
con mi hijo se quedará también con el niño —el viejo profirió una risa seca y rasposa,
como el sonido de los juncos secos en el frío viento—. Tengo que decirte que no
pensé que su ambición fuese tan grande.
—¿De qué está hablando? —preguntó, esta vez verdaderamente confundida.
—De dinero, señorita Keating. De lo que hace que el mundo gire. Pensé que los
tres millones del niño serían suficientes, pero la subestimé. Evidentemente, se ha
metido en esto para conseguir el premio gordo.
Suzanna se quedó sin habla mientras comprendía el significado de sus palabras.
—¿Cree que estoy detrás del dinero de Logan?
—De su dinero y del dinero del niño. Pero, en serio, señorita Keating, ¿no cree
que este plan huele un poco mal?
La expresión de Collin reflejaba tremenda impaciencia.
—Su hermana pensó que una buena boda le arreglaría la vida para siempre,
pero no le funcionó. Es mejor que se dé cuenta de que no va a funcionar ahora.
—No estoy tras el dinero de nadie. Lo único que siempre he deseado…
—¡No permitiré que nadie utilice a mi familia! ¿Es que no lo entiende?
Suzanna sabía que nada de lo que dijera le haría cambiar de opinión.
—¿Qué es exactamente lo que me quiere decir, señor Bradford?
—Quiero que salga de nuestras vidas, para siempre. Tiene que marcharse de
aquí y dejar de perseguir a Logan.
—Pero tengo derecho a hacer visitas. Vengo aquí a ver a mi sobrino con todo el
respaldo del tribunal.
—¿Cree que me importa? Ésta es mi casa y no la quiero aquí. Y lo que es más,
quiero que abandone el asunto de la custodia.
—¿Que abandone la custodia? —estaba destrozada.
—Ya me ha oído. Ni siquiera quiero tener eso que ver con usted.
—¡Este asunto no es algo entre usted y yo! —gritó; pero un escalofrío de terror
le recorrió la espalda—. No tiene derecho —protestó—. ¿Y qué pasaría si ignoro sus
descabelladas exigencias? ¿Qué pasaría si continúo luchando por obtener la
custodia?
—Entonces, prepárese a perder todo lo que tiene —dijo con gesto altanero.
Se lo quedó mirando, atónita.
—Piénselo; piense en las consecuencias que le acarreará seguir insistiendo. Si
obtiene la custodia de mi nieto, me temo que éste no recibirá ni un penique de su
dinero.
—¿Haría eso? ¿Le privaría de lo que es suyo por derecho?
—Con seguridad, no lo dude.

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Suzanna meneó la cabeza.


—¡Qué típico de usted, señor Bradford! Pero, ¿cuándo se va a enterar que no me
interesa el dinero de Timmy? Pero al menos, le tendré a él.
—¿Y qué tendría él, señorita Keating? —la estudió con la mirada—. ¿Acaso se
cree que vale más que los tres millones de dólares?
—Pero mi amor, mis cuidados…
—¿Son sus cuidados tan especiales o acaso únicos para permitirse el lujo de
privar a Timmy de su herencia? ¿Es que es usted tan arrogante? ¿Tan egoísta?
Suzanna se quedó mirando al mar, pensativa. A lo mejor Collin tenía razón.
Quizá no estaba pensando lo suficiente en los intereses del niño. Suspiró
profundamente, deseando que Logan estuviese allí con ella.
Logan.
Inmediatamente se sintió más animada. Collin estaba imaginando cosas que
Logan nunca permitiría. En esas últimas semanas habían llegado tan lejos…
—Ojalá le hubiese visitado para que me hubiese podido conocer como lo ha
hecho Logan —dijo—. Él y yo hemos solucionado muchos de los problemas que se
mencionaron en el juicio. Usted está hablando de rencillas que ya ni siquiera existen.
Se retorció las manos con nerviosismo. Quería decirle que amaba a su hijo, pero
lo que vio en sus ojos le avisó que ya había hablado demasiado.
—Deje a mi hijo en paz. Es la última vez que se lo digo. Salga de su vida y no
vuelva a meterse.
Se cruzaron una mirada llena de cólera, ninguno de los dos queriendo darse por
vencido.
—¿Y si no lo hago? —Suzanna sabía que estaba llegando demasiado lejos, pero
necesitaba saber hasta dónde podía llegar Collin. Además, ¿con qué más podría
amenazarla?
—Si no lo hace, señorita Keating, y si por alguna razón mi hijo es lo
suficientemente estúpido como para seguir los pasos de su hermano —hizo una
pausa, aumentando la tensión—, entonces no me quedará otra elección. Logan
nunca, y lo digo en serio, heredará Mattashaum.
Suzanna se sintió palidecer.
—No puede decirlo en serio.
—¿Ah, no? Y al decir Mattashaum no me refiero sólo a la propiedad. Eso
incluye todas las inversiones y compañías de mi propiedad, y el número es
considerable.
Las inversiones, los negocios y demás no le interesaban en ese momento, pero
Mattashaum sí.
—Esta propiedad ha sido de su familia durante casi trescientos años. ¿A quién
se la dejaría si no fuese a Logan?

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—La vendería a agentes inmobiliarios y donaría el dinero a la caridad.


—Pero Logan ama Mattashaum, su historia, todo lo que hay aquí —estaba a
punto de llorar—. ¿Es que no comprende? Ésta es su fuente de energía. ¿Cómo se le
ocurre pensar en vendérsela a ninguna constructora? Eso lo mataría.
Collin se relajó, lleno de satisfacción.
—Me alegro de que lo comprenda, señorita Keating. Me alegro mucho.
Después de marcharse, Suzanna se quedó sumida en sus pensamientos,
contemplando el paisaje que había comenzado a amar, pero la tristeza empañaba su
belleza.
Collin lo había hecho; había puesto a Logan en la misma tesitura que a Harris
cinco años atrás. Pero, de alguna forma, era peor con Logan.
¿Qué haría Logan? se preguntaba. ¿Qué decidiría? Gimió, cubriéndose la cara
con las manos. Nunca podría vivir en paz consigo misma sabiendo que había
privado a Logan de Mattashaum.
No era que pensase que eso podría ocurrir. Logan nunca sería tan insensato
como Harris de dejar todo sólo para estar con la mujer amada. Era mayor, más
maduro y tenía más vínculos con Mattashaum. Y además, nunca le había dicho que
la amara ¿no? Ése era el quid de la cuestión.
Entró en la casa, como flotando, perseguida por los comentarios de Collin. Él
había dejado claro que la situación estaba en sus manos. Completamente, se dijo,
sintiendo encima el peso de las razones. No hacía falta que Logan se enterase del
ultimátum de su padre, no tenía por qué pasar por ese trance tan doloroso. Sobre
todo, Suzanna no quería que él sufriese. Cualquiera que fuera la razón, él todavía
quería a su padre, todavía lo quería y llegaba hasta el extremo para excusar su
comportamiento. No deseaba que descubriese lo malo que podía llegar a ser su
padre, incluso con Logan, su primogénito. Su único hijo ya. Ningún hijo merecía tal
desilusión, y menos uno tan leal como Logan.
Se marcharía, ésa era la mejor solución. Dejaría de pelear por la custodia y de ir
a Mattashaum, tal y como Collin le había sugerido. Lo más difícil sería convencer a
Logan de que aquella decisión la había tomado ella y de que estaba convencida de lo
que iba a hacer. No sólo convencida, sino entusiasta. Pero inmediatamente se dio
cuenta de que no podría comunicárselo cara a cara.
Una carta. Sí, aquello podría funcionar.
Se sentó a la mesa del salón, buscó un bolígrafo y empezó a escribir.
Le explicó que abandonaba la lucha porque, después de conocerlo un poco
mejor, se había dado cuenta que sería un padre excelente. Le dio la razón en lo
tocante a que el niño estaba mejor viviendo allí y que sabía que le podría siempre dar
más y mejor que ella. Reconoció que Timmy estaba encantado de vivir allí y que
parecía que ya se había adaptado completamente. Incluso añadió un párrafo
expresando que le gustaba su libertad y que quería utilizarla para concentrarse en
mejorar su negocio e incluso para viajar un poco.

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El único punto en el que se negó a darle gusto a Collin era en lo que había dicho
de desaparecer completamente de la vida del niño. No tenía por qué volver a ver a
Logan o regresar a Mattashaum, pero no permitiría que Timmy creciese pensando
que lo había abandonado. Concluyó diciendo que su abogado se pondría en contacto
con él para fijar un horario de visitas. A Collin no iba a gustarle, pero en ese punto no
pensaba ceder.
Cuando hubo terminado, metió la carta en un sobre y la colocó sobre la mesa de
la cocina, donde sabía que Logan la encontraría sin duda. Llamó por teléfono a la
casa grande donde contestó el ama de llaves. Cuando Suzanna le explicó que tenía
que marcharse, la señora Travis se ofreció a quedarse con Timmy hasta que Logan
regresase. Hecho eso, Suzanna guardó todas sus posesiones en un bolso, intentando
no pensar demasiado. Cada vez que lo hacía el dolor era insoportable.
Sólo le quedaba despedirse del niño. Lo encontró en su habitación jugando con
Buddy. Le prometió volver en cuanto pudiese y se tragó las lágrimas cuando el niño
le respondió con una sonrisa confiada. En ese momento, se abrió la puerta de la
cocina y se escuchó el saludo de la señora Travis. Suzanna respiró profundamente.
Había llegado la hora de marcharse.

Logan hizo todo el camino de vuelta a casa silbando. No recordaba cuándo


había sido la última vez que se había sentido tan vivo, tan en paz con el mundo. Las
ventas iban en aumento, era su época del año preferida y, lo más importante, tenía a
dos personas muy especiales esperándolo en casa.
Logan iba sonriendo sólo de pensar en ver a Suzanna de nuevo. Aquella boca
dulce y carnosa, aquellos ojos verdes como los bosques, aquella risa contagiosa, aquel
espíritu alegre.
Súbitamente se le borró la sonrisa de los labios. La camioneta de Suzanna había
desaparecido y en su lugar estaba el Chevrolet azul de la señora Travis. Se dijo a sí
mismo que no tenía por qué pasar nada malo, pero, aún así, subió las escaleras de un
solo salto.
—¿Suzanna? —preguntó con un deje de temor.
—Se ha marchado —dijo la señora Travis desde el salón—. No me ha dicho por
qué, pero ha dejado una nota.
Logan ya la estaba leyendo, incrédulo. ¿Qué quería decir con que abandonaba
el pleito por la custodia? Timmy significaba más para ella que su propia vida.
—Esto no tiene sentido —dijo entre dientes.
Releyó la carta y se volvió, mirando pensativo por la ventana. Sintió una
punzada de culpabilidad en el pecho. Debería haber hablado del tema con ella,
decirle que no quería seguir peleando sino que más bien deseaba llegar a un
compromiso. En vez de ello, había evitado el tema como si fuese a desaparecer por sí
solo. ¿Acaso la creía una adivina?

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—¡Maldita sea!
Se volvió hacia el teléfono para llamarla, pero de momento se quedó quieto.
Aquella marcha tan brusca no tenía sentido. Tendría que haber estado ciega o tonta
para no darse cuenta de lo mucho que ella le importaba a él o de que el plan había
cambiado. Y Suzanna Keating no era ni ciega ni tonta.
No, tenía que haber ocurrido algo que fuese la causa de aquel extraño
comportamiento. Algo… o alguien.
Logan llegó a la casa grande en un tiempo récord.
—¡Collin! —gritó cruzando el vestíbulo a grandes zancadas.
—¿Qué es todo este ruido? —protestó el hombre desde el comedor.
Logan entró, levantando todas las persianas que encontraba a su paso.
Con el ceño fruncido, Collin lo contemplaba desde un extremo de la larga mesa
de comedor.
Logan se sentó pesadamente sobre una silla.
—Explícame —pidió.
—¿Que te explique qué?
—Esto —Logan lanzó la carta de Suzanna hasta el otro lado de la mesa.
Collin leyó la carta, miró a Logan y volvió a fijar la vista en el papel. Su
expresión tembló al dibujarse una leve sonrisa.
—Bueno, bueno —se echó hacia atrás, sonriendo ampliamente ya—. Debo decir
que es un placer poder ganar por una vez.
Logan dio un puñetazo a la mesa, haciendo que la sopa del plato de Collin se
vertiese.
—¿Y qué es exactamente lo que has ganado, padre? Dímelo. Me encantaría
saberlo.
Collin se limpió la boca con la servilleta y depositó ésta al lado del plato,
ceremoniosamente.
—Pues, al niño, por supuesto. De eso era de lo que se trataba toda esta batalla
con Suzanna Keating, ¿no?
—No, padre. Contigo nada es lo que parece.
Collin se levantó indignado.
—¿Te importaría explicarme ese comentario?
Logan lo pensó. Quizá era el momento de que alguien obligase a Collin a
examinar la raíz de su comportamiento. Pero lo dejó estar. ¿Qué conseguiría aparte
de hacerle daño?
—¿Qué hiciste para espantarla? —preguntó.
—¿Yo? Yo no hice nada.

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—¿Qué fue, padre? No pudo ser que aceptase tu dinero. Suzanna jamás caería
en un chantaje tan bajo como ése.
—Oh, por amor de Dios, déjalo —Collin hizo un gesto despreciativo con la
mano y comenzó a pasear—. ¿Acaso no puedes conformarte con la idea de que ha
abandonado? Ahora podemos volver a nuestra vida normal.
Logan eligió las palabras que iba a pronunciar cuidadosamente.
—Tengo noticias que darte, Collin: No tengo la menor intención de dejar que
Suzanna desaparezca de mi vida.
Collin dejó de caminar.
—¿Qué quieres decir?
—Me temo que otro de tus hijos se ha enamorado de una Keating. Amo a
Suzanna. Sí, la amo y hasta hace un momento no sabía lo que iba a hacer con este
amor. Estaba demasiado preocupado intentando encontrar una forma de estar con
ella sin molestarte. Pero te doy las gracias; acabas de ayudarme a aclarar mis
pensamientos.
Collin buscó su silla y se sentó tembloroso.
—Pero, ¿qué me estás diciendo, hijo?
—Felicítame, padre. Voy a casarme, esto es, si Suzanna me acepta.
Logan vio cómo su padre cambiaba de color y sintió el fuego de la ira arder en
su mirada.
—¿Qué es lo que he hecho para merecer tener dos hijos tan descerebrados?
Nunca debe casarse uno con una persona a la que ama. ¿Es que no has aprendido
nada en tus treinta y dos años? ¿Acaso no viste lo que le ocurrió a Harry? El amor es
ciego. Aniquila el pensamiento del hombre y acaba siendo su perdición.
Se apoyó sobre la mesa de caoba, estrechando el brazo en señal de súplica.
—Hijo, lo que tienes que hacer es encontrar a alguien que sea igual que tú,
alguien que te ofrezca la seguridad de que no se está casando contigo para
aprovecharse de ti.
Logan tamborileó con los dedos sobre la mesa, cada vez con más fuerza.
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo? No amo a Cecily.
—Pues ahí es a donde quería llegar. El amor romántico está hecho para la gente
ordinaria, no para nosotros. Acaba resultando una lata.
Logan intentó creer que a su padre solamente se preocupaba por su bienestar,
pero lo conocía demasiado bien.
—Tengo una pregunta —Logan juntó las manos y las dejó descansar sobre la
mesa cuidadosamente—. ¿Qué pasaría si no sigo tu consejo? ¿Si continúo viendo a
Suzanna?
Collin se lo quedó mirando, inmóvil. Lentamente, una sonrisa se fue dibujando
en sus secos labios, una sonrisa que lo aterrorizó.

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Capítulo 12
Suzanna se despertó en un apartamento que le resultaba extraño. Sólo había
faltado de allí dos semanas, pero ya no le parecía el mismo.
Allí no había ningún cachorro ladrando, ni la música de los dibujos animados
de la televisión. Ya no era el mismo lugar de antes.
A pesar de todo, también aquel cambio tenía sus ventajas. Podía comer y
vestirse sin interrupciones, maravillándose de la facilidad con que hacía sus tareas de
su trabajo sin un niño al que atender. Además, como no tenía que ir a Mattashaum,
tenía mucho más tiempo libre.
Sí, estaba mucho mejor libre de responsabilidades. Se lo había repetido una
docena de veces aquel día. Había estado tanto tiempo cuidando de otras personas
que casi no sabía como cuidar de sí misma. Quizá era el momento adecuado de
aprender.
Ya no le cabía la menor duda de que Timmy estaba mejor, también.
Verdaderamente, estaba convencida de las palabras que le había dicho a Logan en la
carta. Él le daría a su sobrino lo mejor: una educación excelente, una casa maravillosa
situada en un lugar privilegiado y, lo más importante, personalidad y valores.
Y luego, estaba aquel asunto no tan trivial de los tres millones de dólares de
Timmy. Sus continuos y amorosos cuidados no eran tan importantes comparados los
tres millones de dólares. Con ellos, podría hacer muchísimas cosas. Y además, Logan
le trataba con tanto cariño como pudiera hacerlo ella. Sin duda, todo el mundo
estaría mejor así.
Pero, ¡por Dios! ¡Cómo los echaba de menos!, pensaba mientras remontaba las
escaleras a su silencioso apartamento aquella noche. ¿Estaría Logan pensando en
ella? Probablemente no.
Ya había pasado más de un día entero desde que le dejase la nota y aún no la
había llamado. Estaba claro que no le preocupaba lo más mínimo verse libre de ella.
Le asustó el ruido de pisadas fuera seguido del timbre de la puerta. Frunció el
ceño llena de curiosidad y fue a la ventana a ver quién era aquella inesperada visita.
Cuando vio quién estaba en el porche un torrente de emoción la abnegó.
—Entrad —les dijo con un gesto de la mano. Buddy los siguió, meneando la
cola de emoción.
—Hola, mi amor —murmuró Suzanna, abrazando a su sobrino con fuerza. Dios
mío, no querría nunca dejarlo marchar.
—Tía Sue, me estás aplastando —rió.
—Oh, perdona —lo soltó, se levantó y sacó fuerzas para mirar a Logan a la cara.

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Se miraron el uno al otro durante varios segundos. A Suzanna aquel día


separada de él le había resultado muy largo y, por mucho que lo intentaba, no era
capaz de apartar la vista de él.
Iba vestido con pantalones de pinzas y una camisa que sospechaba se había
planchado él. Estaba recién afeitado y llevaba el pelo todavía húmedo y algo
despeinado. Sin embargo, seguía siendo la criatura más atractiva que había visto en
su vida y se moría por tomarlo entre sus brazos y no dejarlo marchar.
Pero no movió un músculo.
—Hola —se limitó a decir, preguntándose qué habría ido a hacer allí.
—¿Te importa si nos sentamos un rato?
—Claro que no. Sentaos. ¿Habéis cenado?
Logan se encogió de hombros.
—Comimos tarde este mediodía.
—Podría subir algo de la tienda. Marie hizo una lasaña de más hoy.
Logan sonrió un poco, luego abiertamente.
—Parece una idea estupenda.
Suzanna guardó la lata de sopa que se iba a tomar ella y mientras sus dos chicos
favoritos se sentaban frente al televisor, calentó la comida en el microondas. Al poco
rato, abrió una botella de vino y se sentaron a la mesa.
—¿Qué te trae por aquí? —preguntó.
Como si no lo supiera. Era su carta. Venía a darle las gracias por ceder a Timmy
después de una larga batalla. O quizá venía a discutir sobre el derecho a las visitas.
Tragó saliva.
—Tengo que pedirte un favor.
Empezó a picarle la curiosidad.
—Continúa.
—¿Tienes algún apartamento libre para alquilar?
Aquello era lo último que esperaba oír de sus labios.
—No. ¿Por qué me lo preguntas?
—Bueno —Logan apoyó la barbilla sobre las palmas de las manos—. Desde
hoy, Timmy y yo necesitamos un lugar donde vivir.
Parecía muy tranquilo, pero cuando levantó la mirada hacia ella, Suzanna vio la
angustia reflejada en sus ojos; una angustia que él estaba intentando ocultar.
Al momento se dio cuenta de lo que le estaba diciendo, del significado de todo
aquello. Casi no podía ni respirar. Continuaron mirándose, atrapados en aquel
espacio de tiempo, preguntando y respondiendo con la mirada. Logan fue el primero
en hablar.

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—Hablaremos de ello después, ¿vale?


Asintió, demasiado sorprendida para hablar.
Mientras Suzanna acostaba a Timmy en su antigua camita, le temblaban todavía
las piernas. No se atrevía a creer que no estaba atrapada en un sueño.
Cuando Logan y ella estuvieron por fin solos, sentados en el sofá del salón, le
preguntó qué había ocurrido.
Logan pasó la media hora siguiente relatándole todo; lo de la carta, lo de la
visita a Collin, lo de su ultimátum. Le contó todo.
—Al principio, me escandalizó que recurriera a las mismas tácticas conmigo. Le
había visto aplicarlas a otros, pero pensé que eso era imposible entre nosotros, que
nos comprendíamos el uno al otro, que nos queríamos, por Dios. Pero supongo que
tú tenías razón. No es otra cosa que un viejo manipulador, obsesionado con controlar
todo.
—Lo siento. No quería tener la razón. De verdad que no.
—Tras calmarme un poco, intenté hacerle entrar en razón. Eso es lo que siempre
he hecho; siempre he intentado razonar con él, hacer de mediador, poner paz. Pensé
que podría hacerle ver su comportamiento desde un punto de vista objetivo, ya me
entiendes, como resultado de que varias personas queridas para él le habían
abandonado en el pasado, como su padre, su mujer, Harris. Intenté mostrarme
comprensivo con él, asegurándole que todo el mundo necesita sentirse querido,
incluido él, pero que tenía que reconocer que se está equivocando. No puede
mantener a nadie a su lado con chantajes y amenazas.
Logan volvió la cabeza y presionó ligeramente los labios contra la cabeza de
Suzanna, aspirando la fragancia de sus cabellos. Ella se acurrucó a su lado, dejando
descansar el brazo sobre su pecho.
—Le dije muchas cosas, pero para entonces yo estaba tan apenado que casi no
podía hablar. Le hice ver que podría haber salvado su matrimonio si sólo hubiera
cedido un poco, que podría haber aceptado el matrimonio de Harris, también.
Demonios, se perdió cinco años maravillosos de la vida de su hijo. ¿Y por qué? Sólo
por no querer admitir que a lo mejor nos habíamos equivocado.
»Sí, yo también. No tenía ninguna excusa para no apoyar a Harry cuando más
me necesitaba, ninguna excusa para no visitarlo o conocer a su esposa. Si era como
tú… —no terminó la frase y tragó saliva—. Podría haberles hecho la vida mucho más
cómoda, Suzanna —de pronto, la expresión se le torció en una mueca de dolor—.
Cómo me hubiera gustado estar ahí cuando nació Timmy.
Suzanna se incorporó, mirándolo de frente.
—¿Oye, qué es esto? Basta ya —le acunó la cabeza entre sus brazos—. No fue
culpa tuya. Collin lo empezó todo. Harris podría haber cooperado algo más.
Pero Logan meneó la cabeza, pesaroso.
—Yo lo quería, lo sabes.

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Suzanna le acarició el cabello.


—Lo sé. Volviendo a Collin… —Suzanna suspiró—. Supongo que ignoró la
mayoría de lo que le dijiste.
—¿La mayoría? ¿Qué te parece todo? Ahora veo que es tan intolerante conmigo
como lo fue con todo los demás —se quedó en silencio, con la mirada perdida—. Por
eso me ha resultado tan doloroso irme de allí. No porque pierda Mattashaum, sino
porque quiero a mi padre y el muy estúpido ni siquiera lo sabe.
Suzanna sufría por Logan. Le atrajo hacia sí, rodeándole la cintura con sus
brazos y, durante unos minutos, permanecieron así, abrazándose en silencio.
Después de un rato, cuando sintió que se había relajado un poco, se levantó.
—¿Qué te parece un café?
—Buena idea —Logan la siguió a la cocina.
—Y ahora, estás aquí —llena de incertidumbre lo miró a los ojos y después bajó
la mirada.
—Sí, ahora estoy aquí —una medio sonrisa se le dibujó en el rostro—, sin casa,
como Harris hace cinco años —colocó la taza en la encimera y la agarró por la
cintura, atrayéndola hacia sí—. Y tan locamente enamorado como él. De los pies a la
cabeza —se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un pequeño estuche de
terciopelo azul.
Suzanna se lo quedó mirando incrédula cuando la abrió y vio un enorme anillo
de compromiso de diamantes.
Logan empezó a sacarlo, pero ella le detuvo la mano.
—No puedo dejarte hacer esto. Tienes que volver a casa. Yo no valgo todo lo
que tú y Timmy estáis echando a perder. Mírame, mira este lugar. ¡Piensa, por Dios!
—Lo he hecho —su mirada se suavizó—. Y nunca he estado tan seguro como
ahora de que estoy haciendo lo correcto. Lo único que da sentido a la vida es el amor,
Suzanna. Tú debes saberlo. Tú me enseñaste esa lección.
Logan sacó el anillo del estuche, respiró profundamente y le tomó la mano
izquierda.
—Te quiero, Suzanna y no puedo imaginarme la vida sin ti. ¿Me concederás el
honor de ser mi esposa?
Suzanna se agarró de su brazo para no caerse. ¿Casarse con él? ¿Compartir su
vida para siempre? Abrió la boca, pero estaba demasiado perpleja para hablar.
Tomando su silencio como señal de vacilación, Logan se apresuró a añadir.
—Aunque me he quedado sin Mattashaum quiero que sepas que vamos a estar
bien. Sistemas de Energía Bradford va muy bien —sonrió—. Y al cabo de los años, he
hecho buenas inversiones.
—Mi negocio de restauración a domicilio está creciendo también y tenemos una
casa que es nuestra.

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—¿Lo ves? Vamos a estar mejor que bien —Logan la miró con esperanza y
amor—. ¿Entonces? ¿Qué dices?
—¿De verdad crees que mi respuesta depende de tus finanzas?
—Bueno, yo… no, pero…
—Sí —respondió entre la confusión de la conversación.
—¿Cómo?
—Sí. Vale —a Suzanna le dio una risa nerviosa—. Vamos allá.
—¿Lo dices en serio?
Tragó saliva, a punto de echarse a llorar.
—Con toda mi alma.
Logan respiró aliviado. Temblándole las manos, le deslizó el anillo en el dedo,
luego le besó la palma de la mano.
—Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo —susurró.
Seguidamente, Suzanna y Logan se abrazaron y besaron apasionadamente.

Los preparativos para la boda ocuparon los días siguientes.


Iba a ser un acontecimiento sencillo: una ceremonia a las cinco de la tarde en la
capilla de la iglesia del barrio, con una modesta recepción en la parroquia posterior al
servicio religioso. Marie, que había casado ya a tres de sus hijas, era una experta en
organizar bodas y se puso manos a la obra con increíble pericia.
En cuanto a Timmy, estaba tan emocionado por el repentino giro de los
acontecimientos que apenas podía dormir.
Una noche, dos días antes de la ceremonia, Suzanna levantó la cabeza de unas
campanillas que estaba rellenando de caramelos y atando con tul y vio a Logan
ceñudo y pensativo.
—¿Logan?
—Mmm —contestó distraído.
—¿Te lo estás pensando mejor?
—Oh, no, por Dios. En absoluto.
—Pareces tan preocupado.
—Solamente estoy pensando en mi padre y lo mucho que me gustaría que
compartiese nuestra felicidad.
—Lo sé. Es triste, ¿verdad? Está ahí sólo en la playa y no está… —Suzanna se
mordió la lengua; no quería recordarle a Logan la delicada salud de su padre—.
Logan, yo… esto, le envié una invitación —admitió—. Espero que no te moleste. Te

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ha molestado, ¿no? —entonces lo vio sonreír—. ¿Qué pasa? —preguntó con


sospecha.
—Yo le envié otra.
Los dos se echaron a reír.
—Pero hay algo más —confesó mientras cruzó la habitación para sentarse al
lado de Logan—. Añadí una nota personal.
—¡No me digas! Yo también.
—Pobre Collin. Entre mi nota y la tuya se va a hacer un lío.
Rieron con ganas, pero pronto la risa de Logan se transformó en mueca de
preocupación.
—No importa. No vendrá. No va a hacer caso de dos invitaciones de boda con
mensajes sobre el significado del amor escritos en ellas.
—A lo mejor no lo hace hoy, o la semana que viene, o al mes que viene, pero
con el tiempo vamos a resolver este problema. Lo haremos. Juntos podemos plantarle
cara a todo.
Logan la estrechó entre sus brazos.
—Eres increíble. ¿Te lo he dicho alguna vez?
—Estoy tan contenta, Logan —luego susurró—. A veces temo que no dure.
—Va a durar, te lo juro que va a durar. Esto es sólo el principio, mi amor —la
besó en la boca, sellando su promesa.
Entre ensoñaciones, Suzanna escuchó el timbre del teléfono de la cocina. De
mala gana se separó de Logan.
—Ha contestado Timmy —murmuró Logan. La sensual curva de sus labios la
invitaban a continuar.
Timmy apareció corriendo en el salón.
—¿Has contestado el teléfono tú sólito? Te estás haciendo un niño mayor ¿eh?
—Sí.
—¿Has dicho que venías a buscarme?
—Sí.
—¡Buen chico! —Suzanna hizo ademán de levantarse pero Logan se lo impidió.
—Iré yo. Tú llevas todo el día de pie. Por cierto, Timmy, ¿has preguntado quién
es?
—Sí. Es el abuelito.
Logan miró a Suzanna y vio que estaba tan sorprendida como él. Al momento
siguiente, los dos corrían hacia el teléfono…

Fin

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