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1.

El Relojero de Amanecer
En el pequeño pueblo de Amanecer, situado en el corazón de una llanura dorada, vivía un hombre
conocido como el relojero. Su nombre era Matías, y era un hombre de mediana edad, con una barba
grisácea y ojos llenos de sabiduría y tristeza. Matías no solo reparaba relojes, sino que también
fabricaba los más exquisitos relojes de bolsillo, cada uno con un diseño único y una precisión
impecable. La gente de todo el país venía a Amanecer para comprar uno de sus relojes, pero pocos
conocían el verdadero secreto de su arte.
Matías había aprendido el oficio de su padre, y su padre a su vez del suyo, en una línea
ininterrumpida de relojeros que se remontaba a varios siglos. Sin embargo, lo que hacía especial a
los relojes de Matías no era solo su artesanía, sino el hecho de que cada uno de ellos tenía la
capacidad de alterar el tiempo. Matías poseía una antigua llave, heredada de sus antepasados, que
podía girar para ajustar el flujo del tiempo en cada reloj que fabricaba.
Una tarde, mientras Matías trabajaba en su taller, una joven llamada Elena entró con un viejo reloj
de bolsillo en las manos. Tenía los ojos llenos de lágrimas y una expresión de desesperación. Le
explicó que el reloj pertenecía a su abuelo, quien había sido un hombre sabio y cariñoso. El reloj se
había detenido el día en que él murió, y desde entonces, Elena había sentido que una parte de su
vida también se había detenido.
Matías, conmovido por la historia de Elena, tomó el reloj y lo examinó cuidadosamente. Observó
las delicadas inscripciones en la carcasa y sintió una conexión inmediata con el abuelo de Elena,
como si el espíritu del hombre aún estuviera presente en el reloj. Matías decidió ayudar a Elena, no
solo reparando el reloj, sino también usando su llave especial para darle un nuevo propósito.
Trabajó durante toda la noche, ajustando cada engranaje y resorte con precisión y cuidado.
Finalmente, cuando el reloj estuvo listo, Matías giró la llave y sintió una oleada de energía recorrer
su cuerpo. Al devolverle el reloj a Elena, le dijo que el tiempo en el reloj ahora estaba conectado a
los recuerdos de su abuelo. Cada vez que mirara la hora, podría revivir un momento especial con él.
Elena, con el corazón lleno de gratitud, aceptó el reloj y lo sostuvo contra su pecho. Al mirar la
hora, las lágrimas comenzaron a fluir de nuevo, pero esta vez eran lágrimas de alegría. Recordó el
día en que su abuelo le había enseñado a andar en bicicleta, y por un breve momento, fue como si él
estuviera allí con ella.
La noticia sobre el reloj mágico de Matías se extendió rápidamente por todo el pueblo y más allá.
Personas de todas partes venían a su taller, buscando no solo reparar sus relojes, sino también sanar
sus corazones. Matías escuchaba cada historia con paciencia y empatía, usando su habilidad
especial para traer consuelo y esperanza a quienes más lo necesitaban.
Un día, un hombre misterioso llamado Rafael llegó al pueblo. Era alto, con una barba oscura y una
mirada penetrante que parecía ver más allá de lo visible. Llevaba consigo un reloj antiguo, uno que
Matías reconoció de inmediato. Era el reloj maestro, el primero de su tipo, creado por el fundador
de su linaje. Rafael le explicó que era descendiente de una antigua familia de relojeros que habían
caído en desgracia, y que su único deseo era restaurar el honor de su familia y aprender el secreto de
la llave.
Matías, sabiendo que el poder de la llave debía ser usado con sabiduría, dudaba en confiar en
Rafael. Sin embargo, viendo la sinceridad en los ojos del hombre, decidió darle una oportunidad. Le
mostró a Rafael cómo funcionaba la llave y le explicó la responsabilidad que conllevaba su uso.
Rafael, asombrado por el poder del artefacto, prometió usarlo solo para el bien.
Juntos, Matías y Rafael comenzaron a trabajar en un proyecto que cambiaría la vida de muchas
personas. Fabricaron una serie de relojes especiales, cada uno diseñado para un propósito
específico: uno para sanar corazones rotos, otro para dar esperanza a los desesperados, y otro para
ayudar a las personas a encontrar el valor para enfrentar sus miedos. Con cada reloj que fabricaban,
Matías y Rafael sentían que estaban haciendo del mundo un lugar un poco mejor.
Con el tiempo, Matías envejeció y supo que su tiempo como guardián de la llave estaba llegando a
su fin. Decidió pasar la llave a Rafael, confiando en que continuaría con su legado. En una
ceremonia sencilla pero emotiva, Matías entregó la llave a Rafael, quien la aceptó con humildad y
determinación.
Matías pasó sus últimos días en paz, sabiendo que el arte de los relojeros estaba en buenas manos.
Rafael, ahora el nuevo guardián de la llave, continuó la tradición con dedicación y amor, ayudando
a las personas a encontrar el tiempo que necesitaban para sanar, crecer y vivir plenamente. Y así, el
pequeño pueblo de Amanecer siguió siendo un faro de esperanza y magia, donde los relojes no solo
marcaban las horas, sino también los momentos más preciados de la vida.

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