Jesus Confio en Ti
Jesus Confio en Ti
JESÚS, CONFÍO EN TI
LIMA - PERÚ
JESÚS, CONFÍO EN TI
Nihil Obstat
P. Ignacio Reinares
Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur
Mons. José Carmelo Martínez
Obispo de Cajamarca (Perú)
2
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
La santidad.
El Espíritu Santo
La voluntad de Dios
Confianza total
Abandono en Dios
El plan de Dios
Algunos ejemplos. Testimonios
No tengas miedo
Consagración a Jesús
Oraciones
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
3
INTRODUCCIÓN
Vale la pena darlo todo y arriesgarlo todo por Jesús. Él no se dejará ganar en
generosidad y nos recompensará mucho más de lo que podemos pensar o imaginar. Él
nos hará santos, que es lo máximo que podemos desear.
4
LA SANTIDAD
La santidad es amor. Y tú estás invitado por Dios a llevar una vida plena de
amor a Dios y a los demás. Dios quiere que seas santo, ni más ni menos. Tu Padre Dios
lo quiere, pues no hay nada mejor para ti que amar a Dios con todo tu corazón y al
prójimo como a ti mismo. Éste es el primer y más importante mandamiento y el primer
y más grande deseo que debemos tener en el corazón. Porque, si queremos ser felices,
aun en esta vida, sólo lo lograremos siguiendo el camino del amor.
Estamos hechos de amor. Dios es Amor y nos ha creado por amor y para amar.
¿Puede haber algo más grande y hermoso que amar? El amor da sentido a nuestra vida.
Sin amor tu vida estará vacía y sin sentido. Te invito a que ames con todo tu corazón y
nunca te canses de amar. Que ames sin descanso a todos y en todas partes. Que ames
ahora y siempre. Ama en cada momento, haz bien lo que estás haciendo. No seas
mediocre, haciendo las cosas a medias o de cualquier manera. Dios espera de ti lo
mejor, no seas comodón, no seas mentiroso, no hagas las cosas por cumplir o por quedar
bien. Cumple tus obligaciones a cabalidad y sentirás la alegría de Dios dentro de tu
corazón.
Ahora bien, para ser santo hay que tener, como decía santa Teresa de Jesús, una
determinada determinación. Hay que querer ser santo. ¿Tú quieres ser santo? ¿Crees
que es imposible para ti? ¿Crees que no tienes madera de santo? Te lo digo en el
nombre de Dios: Tú tienes madera y puedes ser santo. Otra cosa es que prefieras vivir
una vida de comodidades y satisfacciones humanas.
Entonces, nunca podrás ser santo, pues antepondrás tus deseos y placeres al
cumplimiento de la voluntad de Dios, que, a veces, te exige renunciar a las comodidades
para hacer el bien a los demás. ¿Estás dispuesto a renunciar a los placeres para hacer el
bien en todo momento y hacer siempre la voluntad de Dios?
Todo lo que hagas, hazlo por amor a Dios y a los demás. Nunca hagas algo por
puro placer. Hazlo todo con sentido sobrenatural, ofreciéndolo a Dios con amor. Puedes
decir a cada instante: Señor, es por tu amor. Nunca hagas algo que sea malo, de
acuerdo a tu criterio personal, pues estarías rechazando directamente la voluntad de
Dios. Ser santo es cumplir siempre la voluntad de Dios. Es vivir el Padrenuestro de
verdad, cuando decimos: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. ¿De verdad
quieres hacer la voluntad de Dios? ¿De verdad quieres ser santo? Entonces, recuerda
que ser santo es amar a Dios hasta el punto de hacer siempre lo que le agrada. Así fue la
vida entera de Jesús. Él mismo dice: El que me envió está conmigo y yo hago siempre lo
que es de su agrado (Jn 8,29). Y llegó al extremo de hacerse semejante a los hombres y
en la condición de hombre, se humilló hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz
(Fil 2,8).
Y decía: Yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió (Jn 6,38). Por eso, en el momento más difícil, cuando estaba en el huerto
5
de Getsemaní sudando sangre, puesto de rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres,
aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya (Lc 22, 41-42).
¿Está claro, entonces, que para ser santo debes cumplir siempre la voluntad de
Dios? Debes renunciar a tus gustos y deseos para hacer siempre lo que a Él le agrada.
Ser santo es ofrecerle todo, absolutamente todo lo que eres y tienes. Hazlo todo por
amor a Él. Dios no mira tanto lo que haces cuanto el amor con que lo haces. La
diferencia entre un santo y otro que no lo es, está en el amor. Quizás hacen las mismas
cosas, pero uno lo hace con amor y el otro no. Veamos la historia de Juan el lechero.
San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, cuenta que estando
en Pamplona haciendo un retiro, el año 1938, todas las mañanas oía en la iglesia
rectoral de santa Isabel un abrirse la puerta con estrépito y volver a cerrarse. Se propuso
saber qué era aquello. Esperó cerca de la puerta y, cuando llegó el autor de aquellos
ruidos, lo abordó preguntándole que es lo que hacía:
- Yo, padre, paso todas las mañanas por delante de la iglesia, repartiendo leche
por las casas. Abro la puerta, no con mucha delicadeza, y le digo a Jesús que está en el
sagrario: Aquí está Juan el lechero.
- Por las mañana le digo: "Señor Jesús, tu costal de carbón está listo para
trabajar, ayúdame". Y en la tarde le digo: " Señor, tu costal de carbón va a descansar,
ayúdame”.
1
Ducay Antonio, Josemaría, historia de un hombre que logró realizar un imposible, Ed. Stella, Lima,
1996, p. 88.
6
Henri Brémond en su libro Historia del sentimiento religioso, escribe: La Madre
Ponconnas, fundadora de las hermanas Bernardas reformadas, siendo niña, estuvo a
cargo de una vaquera muy pobre que pensó que no tenía ningún conocimiento de Dios.
Ella comenzó con todo interés a darle alguna instrucción. La vaquera le rogó con
abundantes lágrimas que le enseñase lo que tenía que hacer para terminar el
padrenuestro, pues decía: “Yo no sé llegar hasta el final. Desde hace casi cinco años,
cuando pronuncio la palabra Padre y considero que Él está arriba, lloro de alegría y
me quedo todo el día en este estado de amor, cuidando mis vacas”2.
EL ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo es la personificación del amor del Padre y del Hijo. Podríamos
decir que es el Amor de Dios en persona. Por eso, todo el que quiera amar de verdad
necesita el poder y el amor del Espíritu Santo. Los apóstoles, antes del día de
Pentecostés, estaban llenos de miedo y no eran capaces ni de salir a la calle a predicar.
Apenas habían entendido las enseñanzas que Jesús les había estado comunicando
durante los últimos tres años. Pero el día en que el Espíritu Santo irrumpe en sus vidas,
quedan transformados y el amor de Dios se derrama en ellos con todo su poder. Y el
amor les da fuerza para superar el temor y salir a predicar sin miedo al qué dirán y sin
miedo a los sufrimientos ni a la muerte. Y Dios hace maravillas por medio de ellos. Ese
mismo día se convierten tres mil personas.
2
Lafrance Jean, La oración del corazón, Ed. Narcea, Madrid, 1981, p. 143.
3
Larrañaga Ignacio, La Rosa y el fuego, Ed. San Pablo, Bogotá, segunda edición, pp. 112-113.
7
El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Sin Él, la Iglesia estaría vacía y sin
vida. Dios parecería lejano; Cristo, un personaje histórico del pasado y el Evangelio
sería letra muerta. Sin el Espíritu Santo, nosotros estaremos sin fuerza espiritual.
Podemos decir que somos cristianos, pero no habremos entendido nada del mensaje de
Jesús; no habremos experimentado su amor y la Biblia será para nosotros palabras
bonitas, que no entenderemos ni seremos capaces de seguir. Sin el Espíritu Santo
estaremos sin amor o con un amor tan pobre en el corazón que apenas nos bastará para
amar a la familia y poco más. Pero, cuando el Espíritu Santo irrumpa en nuestra vida,
entonces, nos llenará de su amor, nos dará fortaleza para sufrir y para predicar, y
entenderemos lo que significa ser cristianos, capaces de dar la vida por Cristo. ¡Qué
fácil es, con Él, predicar y hablar a los demás de Dios! ¡Qué maravillas realiza en
nuestra vida!
LA VOLUNTAD DE DIOS
8
mi santificación y mi eternidad dependiera del éxito de ella sin pensar en las cosas de
antes o en las que vendrán4.
Cumplir la voluntad de Dios significa dejarse llevar por Dios como un niño en
brazos de su madre. Es olvidarse de uno mismo para pensar siempre en Él y en los
demás. Es eliminar de nosotros todo temor por la muerte, enfermedades o peligros,
confiando en Él.
Nada debe temer el alma que confía y desea cumplir la voluntad de Dios. Si cae
o comete errores, sabe que está en las manos de un Dios amoroso y, al igual que un niño
pequeño, sabe que su Padre arreglará las cosas y todo lo permite por su bien. Y, por eso,
puede decir con el Salmo 23: Aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal
alguno, porque Tú estas conmigo (Sal 23, 4).
4
Diario del Alma, Ed. Cristiandad, Madrid, 1964, p. 166.
9
máxima sublime de la espiritualidad es el abandono puro y entero a la voluntad de Dios
para ocuparse enteramente en amarle y obedecerle, apartando temores e inquietudes,
producidas por el cuidado de la salvación o de la propia perfección5.
Por eso, decía san Juan de Ávila: Más vale un ¡Bendito sea Dios! en la
adversidad que seis mil acciones de gracias en las cosas agradables.
San Francisco de Borja, al llegar una noche en que estaba nevando a una casa de
la Compañía de Jesús, llamó varias veces a la puerta, pero nadie bajó a abrir. Al
amanecer, al darse cuenta de que le habían hecho esperar tanto, el santo les dijo que
durante aquel tiempo, había sentido mucha consolación, pensando que era Dios quien
tiraba sobre él aquellos copos de nieve.
San Agustín tiene unas frases hermosas. Dice: La voluntad de Dios es que estés
sano, algunas veces, otras que estés enfermo. Si la voluntad de Dios es dulce para ti
cuando estás sano, y amarga cuando estás enfermo, no eres de corazón perfecto. ¿Por
qué? Porque no quieres encauzar tu voluntad a la voluntad de Dios, sino que pretendes
torcer la de Dios a la tuya9.
5
Caussade Jean Pierre, El abandono en la divina providencia, Ed. Gratis date, Pamplona, 2000, pp. 60.
59 y 22.
6
San Alfonso María de Ligorio, La conformidad con la voluntad de Dios, tercera edición, Lima 2006,
p. 7.
7
ib. p. 23.
8
ib. p. 39.
9
San Agustín, In Psalm 36,11,13; Obras XIV, BAC, 1965, p. 607.
10
San Juan de Ávila le decía a un sacerdote enfermo: Amigo mío, no examinéis lo
que haríais estando sano, sino contentaos con ser un buen enfermo todo el tiempo que
Dios quiera. Si es su voluntad lo que buscáis, ¿qué os importa estar sano o enfermo?
10
San Francisco de Sales, Tutte le lettere I, Roma, 1967, p. 789.
11
Diario del alma, o.c., p.182.
11
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
CONFIANZA TOTAL
La Madre Teresa de Calcuta oraba así: Señor, acepto lo que me des y te entrego
lo que quieras tomar de mí. Señor, soy tuya y, si me haces pedacitos, cada pedacito
quiero que sea para Ti. Cuando uno ama a Dios y cree en su amor, entonces puede decir
con toda confianza: Señor, haz de mí lo que quieras, cuando quieras y como quieras. Y
podríamos decir como Job: Aunque Él me matara, seguiría confiando en Él (Job 13,15).
12
Hazme un hombre nuevo y dame una paz inmensa
para que nunca dude de tu amor y nunca desconfíe de Ti.
Te amo, Señor, y quiero amarte con todo mi corazón.
Jesús, yo te amo y yo confío en Ti. Amén.
ABANDONO EN DIOS
Es como firmarle un cheque en blanco, es dejar que Él sea el chofer que guíe
nuestra vida de acuerdo a su voluntad. Abandonarse significa también estar totalmente
disponible a sus planes sobre nosotros sin preguntar a dónde nos lleva, porque creemos
en su amor. Por eso, quisiera preguntarte: ¿Eres capaz de fiarte de Dios? ¿Eres capaz de
entregarle todo lo que eres y todo lo que tienes sin condiciones? ¿Crees realmente que
Él te ama y quiere lo mejor para ti? Ahí está la clave.
Ahora bien, eso no quiere decir que recibamos continuamente gozos y alegrías
del Señor. Nos puede dejar en el silencio, como abandonados; sin sentir nada, sin ver
nada ni oír nada. Pareciera que Dios se ha alejado de nosotros y no respondiera a
nuestra oración o a nuestro dolor. La sequedad invade nuestra alma y nos sentimos
solos. Sí, es duro a veces, el silencio de Dios. Conozco una religiosa que me decía lo
duro que le resultaba esto. Se pasaba la noche en la capilla y nada. Ni siquiera un
gracias por la visita. Salía al jardín y las flores la alegraban, los pájaros también, pero
Dios callaba. Y algunos días hasta le parecía que todo era absurdo y que la fe era una
farsa y que no había nada después de la muerte. Era la tentación, era el Getsemaní, era
la noche oscura.
Y, entonces, se preguntaba: ¿Por qué, por qué, por qué Dios me ha abandonado?
Y creía que se debía a sus pecados, a su poca fidelidad o simplemente a la falta de
13
verdadera oración. No podía orar, se aburría, se cansaba. Todo le parecía oscuro y
triste... Pero, de pronto, en algún momento, salía el sol en su alma, y era como un
destello divino, todo se aclaraba, todo era luz y belleza, todo era alegría... Y, después,
otra vez la oscuridad y el silencio... Es dura la noche oscura del espíritu, pero es
necesaria para romper con todas las ataduras de las criaturas y sólo quedarse con Dios.
Sólo Dios... Sólo Él... nada más que Él...
El abandono es lanzarse al vacío sin saber qué hay después. Sin luces que guíen
el camino. Es seguir confiando, aun cuando veamos a los malos triunfar y burlarse de
Dios; aunque lluevan todos los infortunios sobre nosotros y todo a nuestro alrededor sea
ruina y fracaso. No importa, Dios es más grande que todo y puede sacar triunfos hasta
de las derrotas humanas. Tener fe es decir en medio la oscuridad: Señor, creo en Ti y
confío en Ti.
Por eso, cuando todo sea oscuro en torno a ti, cuando tiren por el suelo tu
prestigio, cuando te enteres que te queda un mes de vida, cuando te traicionen tus
mejores amigos, cuando estés en medio del miedo y de la angustia, confía en Él. No
pierdas la esperanza. Dios es más grande que tus problemas y dificultades. Puedes
confiar en Él, pues nada sucede por casualidad y Dios todo lo permite por tu bien (Rom
8,28).
Decía San Claudio de la Colombière del que se abandona en Dios: Ningún temor
turba su felicidad, porque ningún accidente puede destruirla. Me lo represento como un
hombre sentado sobre una roca en medio del océano: ve venir hacia él las olas más
furiosas sin espantarse, le agrada verlas y contarlas a medida que llegan a romperse a
sus pies; que el mar esté calmo o agitado, que el viento impulse las olas de un lado a
otro, sigue inalterable; porque el lugar donde se encuentra, es firme e inquebrantable.
De ahí nace esa paz, esa calma, ese rostro siempre sereno, ese humor siempre igual,
que advertimos en los verdaderos servidores de Dios12.
12
San Claudio de la Colombière, El abandono confiado a la divina providencia, Ed. Balmes, Barcelona,
2003, p. 20.
14
llamados a gozar, incluso en esta vida, como un anticipo de la eterna felicidad que nos
ha prometido13.
Santa Teresita del Niño Jesús afirma que el abandono es el fruto delicioso del
amor (poesía 42). Por consiguiente, cuando tengas miedo, cierra los ojos y di con fe:
Jesús, yo te amo y yo confío en Ti. Y no quedarás defraudado. Jesús le aseguraba a la
venerable Consolata Betrone: Tú piensa sólo en amarme. Yo pensaré en ti y en todas tus
cosas hasta en los más mínimos detalles. Y la palabra de Dios te dice: El que confía en
Dios, es fuerte como un león (Prov 28,1). Y Él mismo te asegura: Yo nunca te dejaré ni
te abandonaré (Jos 1,5; Heb 13,5).
Abandona todas tus seguridades y quema tus naves como Hernán Cortés en
México. Haz como Abraham, a quien Dios le dijo: Sal de tu tierra, de tu parentela y de
la casa de tu padre y vete a la tierra que yo te mostraré (Gén 12,1). Y Abraham lo dejó
todo y se lanzó a la aventura y nunca se arrepintió de haberlo hecho.
Cuando Abraham tenía 99 años (Gén 17,1), llevaba 24 años esperando que se
cumpliera la promesa del Señor de tener un hijo. Y un buen día, Dios le recuerda su
amistad y le dice: Anda en mi presencia y sé perfecto (Gén 17,1). Y Dios cumple su
promesa y le concede un hijo, Isaac, y le hace padre de una inmensa muchedumbre tan
numerosa como las arenas de las playas del mar y las estrellas del cielo; y en él Dios
bendice a todas las naciones de la tierra (Gén 22, 17-18).
Digámosle como el Papa Clemente XI: Señor, quiero todo lo que Tú quieras de
mí; lo quiero, porque Tú lo quieres; lo quiero como Tú lo quieres y hasta cuando Tú lo
quieras. Es lo mismo que decía san Pablo: Si vivimos, vivimos para el Señor. Si
morimos, morimos para el Señor y tanto en la vida como en la muerte somos del Señor
(Rom 14,8). Nuestra vida le pertenece; así que, al entregársela y abandonarnos en sus
brazos divinos, no hacemos nada de extraordinario, sino simplemente reconocer que
todo lo nuestro es suyo.
13
ib. pp. 67-68.
15
santa voluntad... Así desaparecerían los temores y vendría la paz. Un ejemplo práctico
nos lo presenta el gran místico alemán del siglo XIV Juan Tauler.
Un día, al salir de la iglesia, vio a un mendigo que pedía limosna. Sus pies
estaban heridos, llenos de barro y desnudos. Sus vestidos eran viejos y estaban rotos.
Daba pena verlo, pues tenía el cuerpo lleno de llagas. Juan le dio una moneda y le dijo:
Entonces, Juan, que era aspirante a santo, comprendió que ese mendigo de la
puerta de la iglesia, era un gran santo, más rico que los más grandes monarcas y más
feliz que todos ellos. Le dio otra moneda, le dio su propio manto y entró de nuevo a la
iglesia para agradecer a Dios la gran lección recibida. Nunca olvidaría que el
fundamento de toda santidad es abandonarse totalmente en las manos de Dios y cumplir
siempre y en todo su santa voluntad.
16
preocupaba poder perder a Dios. Así luché espantosamente casi toda la noche hasta
que, a la madrugada, hice un acto de abandono en las manos de Dios: “Yo me dejo,
Dios mío, a tu disposición, haz de mí lo que quieras, lo acepto todo, tú eres mi Padre y
me amas; haz de mí en el tiempo y en la eternidad lo que sea de tu agrado”.
Apenas terminé este acto de abandono, me invadió la paz y tras ella una
comunicación inefable con Dios que jamás había experimentado, como si Él me dijera:
“Tu único temor era perderme..., no, no me perderás, me entrego a ti. ¡Oh, lo que
entonces comprendí de un Dios enamorado! ¡En esa noche, se me abrió una ventanita
del cielo! Fue el principio de las gracias más grandes de Dios”14.
Otro caso. Dice el padre Larrañaga: En una ciudad de México me pidieron que
fuera al hospital a visitar a una mujer de 35 años, madre de cinco niños entre dos y
doce años, que por una intervención quirúrgica mal hecha estaba agonizando y estaba
en coma. Fui a su habitación en la clínica. La joven madre tenía todos los síntomas del
estado de coma: inmovilidad absoluta, no oía ni miraba, respiración dificultosa con
aparatos especiales. Al lado, el marido lloraba. En medio de una pena difícil de medir,
comencé a improvisar en voz alta, con fervor, una oración de abandono, expresándome
con toda el alma, poniéndome en el lugar de la agonizante.
EL PLAN DE DIOS
Dios tiene un plan maravilloso para ti, que quizás no has descubierto todavía,
pero que te puede ir manifestando poco a poco en el momento menos pensado. Desde
ahora, debes tener una actitud positiva y una disponibilidad total para cumplirlo. Y,
cuando vengan los momentos difíciles y no comprendas nada y preguntes el por qué,
dite a ti mismo: Mi Padre Dios conoce lo que me pasa. Él vela sobre mí. Mi Padre es
bueno y yo puedo confiar en Él y estar tranquilo. Pondré de mi parte todo lo que crea
más conveniente para solucionar las cosas, pero no me desesperaré, sabiendo que mi
Padre está tomando las medidas necesarias para ayudarme y solucionar mi problema.
14
Álvarez Icaza María Angélica, Memorias, Libreta No. 8.
17
En esos momentos en que Dios parece ocultarse, es importante acudir a la
oración continua y repetir insistentemente ante el sagrario: Jesús, yo te amo, yo confío
en Ti. Lo cual es como decirle: A pesar de todo y, aunque no entiendo nada ni sé qué
hacer, confío en Ti, Dios mío, y te amo.
Dice el padre Larrañaga: Eran seis hermanas. Una quedó inválida a los 15 años.
No podía mover ni siquiera las manos. Era llevada a todas partes en una silla de
ruedas, mientras todos decían: “Pobrecita, tan bonita e inválida”. Las otras cinco
hermanas se casaron brillantemente y tuvieron espléndidas familias. Cuando todas
ellas fueron ancianas, convivieron en unas vacaciones: hablaron mucho, evaluaron sus
vidas y llegaron a la conclusión de que la más feliz de todas había sido la inválida.
¿Qué sabemos nosotros de los planes de Dios?15.
Veamos ahora una parábola. Eran tres arbolitos jóvenes, llenos de ilusiones y
esperanzas, que soñaban con ser grandes. Uno soñaba con dar buena madera para llegar
a ser un cofre tan hermoso que pudiera contener los tesoros del mundo entero. El otro
soñaba con ser un barco tan fuerte que pudiera superar las tormentas del océano. El otro
quería ser tan alto, tan alto, que los hombres, cuando lo vieran, pudieran acordarse de
Dios.
Pasaron los años y llegaron a ser grandes. Un día vinieron unos leñadores y
decidieron cortarlos. El primero y el segundo se alegraron y creyeron que, entonces,
comenzaría su misión y se realizarían sus sueños, pero el tercero se sintió deprimido y
triste, porque ya nunca podría realizar su ideal de llegar a ser tan alto, tan alto, que los
hombres, al verlo, pudieran acordarse de Dios.
Los tres terminaron en la casa de unos carpinteros, que hicieron del primero
unos comederos de animales; del segundo, una barquita pequeña y del tercero, unas
vigas para una casa. Los tres estaban muy desanimados con su suerte, creían que ya no
valía la pena vivir y se dejaron llevar del pesimismo y del desaliento y dejaron que la
polilla empezara a corroer sus entrañas.
Pasaron los años y, un buen día, una pareja de esposos llegó a una cueva... La
joven esposa dio a luz a un hermoso niño y lo colocó en un comedero de animales, en
un pesebre, y, en aquel momento, aquel primer arbolito se sintió inmensamente feliz,
porque reconoció que había cumplido su misión mucho más de lo que jamás había
podido imaginar. En vez de ser un cofre que pudiera contener todos los tesoros del
mundo, ahora podía contener al mismo Señor y Dueño de todos los tesoros del universo,
a Jesús de Nazaret.
Pasaron los años y, en cierta ocasión, un hombre con sus amigos subió a una
barca y se levantó una tempestad en el lago. Y aquel segundo arbolito, súbitamente,
15
Larrañaga Ignacio, Dios adentro, Ed. Paulinas, Lima, 2004, p. 39.
18
empezó a llorar de alegría, porque se dio cuenta de que había podido superar aquella
tempestad, llevando sobre sí al Dueño y Señor de los mares y de los océanos, a Jesús
con sus discípulos.
Por eso, nunca reniegues de tu suerte o de los planes de Dios sobre ti. Tú eres
muy importante para Dios. Vive tu vida de verdad, con seriedad y sinceridad, con
responsabilidad, estando siempre abierto a los planes de Dios. Él puede romper tus
proyectos en cualquier momento y abrirte nuevos caminos, inesperados, pero que te
llevarán a nuevas aventuras del espíritu, si sabes ver en ellos la mano de Dios. Besa su
mano, aunque te lleve por caminos de espinas. Él es un Padre amoroso, que busca tu
bien. No te vuelvas atrás, no te desanimes, no lo rechaces. No te lamentes inútilmente
de tus caminos oscuros o de tu mala suerte, porque Dios te ama y te necesita así como
eres.
Veamos otra parábola. Había un precioso jardín que, nada más verlo, hacía
soñar. En el jardín había un cañaveral en el que destacaba una preciosa caña de bambú
plantada, con otras más, en el centro de un rico conjunto de flores y plantas. Ella
llamaba la atención por su esbeltez, altura y elegancia. Era la preferida del Señor.
Quedaron un largo rato los dos en silencio. Parecía que no sabían qué decir.
Hasta el viento detuvo su movimiento. Los pajarillos dejaron de volar y olvidaron su
canto. Todo era silencio. Y, entonces, lentamente, la caña bambú inclinó sus preciosas
ramas y dijo con voz apagada:
19
- Hija mía, pero si no te corto las hojas y las ramas, no me servirás.
- Señor, haz de mí lo que Tú quieras, sea lo que sea, te doy las gracias, porque
te amo y confío en Ti.
Entonces, el Señor la arrancó, le cortó las hojas y las ramas, la partió en dos y le
extrajo la savia, dejándola vacía por dentro. Después la llevó junto a una fuente de agua
fresca y cristalina muy cercana a sus campos. Las plantas de aquellas tierras se morían
de sed, estando tan cerca del agua, pues un pequeño roquedal impedía que el agua
llegara a sus campos.
El Señor, con mucho cariño, ató una punta de la caña a la fuente y la otra la
colocó en el campo de modo que el agua de la fuente empezó a desplazarse hacia las
tierras sedientas a través de la caña de bambú. Y el campo comenzó a reverdecer. Y al
llegar la primavera, el Señor sembró arroz. Y, cuando creció y llegó el tiempo de la
cosecha, fue tan abundante que con ella el Señor pudo alimentar a su pueblo. De esta
manera, la caña de bambú cumplió su misión: ser fuente de vida para dar alimento al
pueblo del Señor16.
Pues bien, Jesús también te necesita a ti. Él tiene un plan maravilloso que quizás
todavía no has descubierto; pero, para cumplirlo, necesita que estés dispuesto a ofrecerte
a Él sin condiciones. Él sabe el camino. Él sabe lo que te conviene. Déjate llevar y no
temas, porque estás en las manos de un Dios grande y maravilloso, que quiere tu
felicidad. Confía en Él.
Veamos ahora un caso real. Una hermosa niña de 9 años, llamada Natividad, era
jovial y alegre, con una mirada clara y transparente. Vivía con sus padres en el Cuzco
(Perú) y todos los días asistía a las clases del Hogar, que el padre Giovanni Salerno
tiene en esa ciudad. Y Dios se enamoró de esta niña hermosa, sobre todo,
16
Tomado del libro Fijos los ojos en Jesús, La parábola del agua, de Jaume Boada i Rafi, Ed. Narcea,
Madrid, 2002, pp. 166-169.
20
espiritualmente, pues tenía un corazón puro. Y se la llevó, para hacerla feliz con una
felicidad que no era de la tierra y para hacer felices a través de ella a miles de personas.
El miércoles 28 de mayo de 1997 salió del Hogar para regresar a su casa, pero
sus familiares la esperaron en vano. Su cuerpo desnudo con señales de haber sido
violado y estrangulado fue hallado en el lecho del río a la mañana siguiente. Dice el
Padre Giovanni: Dos semanas después de este trágico episodio, la mamá de Naty vino a
buscarme visiblemente transformada. Su expresión no era de desesperación, sino que
reflejaba una gran serenidad. Vino a contarme el sueño que había tenido la noche
anterior. En ese sueño ella se veía a sí misma caminando sola en un desierto, llorando
la muerte de su hija, cuando, de improviso, se le aparece Naty vestida con una túnica
blanca y resplandeciente, descalza, el rostro radiante, los cabellos sueltos. Toda su
persona irradiaba una serena felicidad.
Según este relato visual, la mamá de Naty puede ver cómo su hija estuvo
secuestrada durante algunas horas en un bosquecillo cercano a su casa, en la ladera de
un cerro, en las afueras de Cuzco. Desde allí, Naty llegó a ver cómo sus padres la
buscaban y llamaban. Ella gritó, pero no pudieron oírla. Uno de sus secuestradores,
tras un breve forcejeo con la niña, que en la tentativa de liberarse logro herirle
superficialmente con las tijeritas escolares que llevaba consigo, la estranguló con un
cordel de su propia mochila. Su cuerpo fue llevado hasta el río y arrojado al agua.
17
Salerno Giovanni, Misión andina con Dios, 2da edición, Ed. Edibesa, Madrid, 2004, pp. 121-122.
21
Ahora podemos preguntarnos: ¿Fue Dios cruel al permitir que violaran y
mataran a Naty? ¿Fue Dios cruel al permitir que mataran a su Hijo Jesús en la cruz?
¿Acaso Jesús no nos salvó en la cruz, cuando parecía que había sido humanamente
derrotado? No entendemos los planes de Dios, pero sabemos que todo lo permite por
nuestro bien. Y ahora sabemos que Naty está feliz en el cielo y Dios esta bendiciendo a
mucha gente a través de su ministerio de amor.
Se cuenta en la vida de santa Gertrudis, la mística alemana del siglo XIII, que un
día estaba en oración y el Señor le dijo:
Una vez un niño se fue delante del sagrario con toda su inocencia y le ofreció a
Jesús una flor, que acababa de recoger de su jardín. Y Jesús se sintió emocionado por
ese gesto de cariño. Y le dijo:
- Déjame todo.
- Déjame todo.
El niño no sabía qué dejar, porque no tenía más que la ropa puesta. Entonces el
niño preguntó:
17
Salerno Giovanni, Misión andina con Dios, 2da edición, Ed. Edibesa, Madrid, 2004, pp. 121-122.
22
Una religiosa contemplativa me escribía lo siguiente: Tenía catorce años,
cuando un día, guardando el rebañito de mi padre, leí un librito del Corazón de Jesús,
donde hablaba de hacer un pacto de amor con Jesús. El pacto consistía en decirle de
todo corazón y para siempre: Ocúpate Tú de mí y de mis cosas y yo me ocuparé de ti y
de las tuyas. Lo pensé un poco, lo medité y, a pesar de mis pocas fuerzas, me lancé al
océano infinito de su amor todopoderoso. Valió la pena. Desde entonces, mi alma
siente deseos de plenitud de vida, de ser toda de Jesús. En ocasiones, cuando en
profunda oración he renovado mi pacto con Jesús, he experimentado un gozo indecible
al verme tan fusionada con Él que ya no sabía si era yo la que lo decía o era Él. Y esto
me producía un deleite espiritual tan profundo que transciende todo gozo de este
mundo, pues no se puede explicar con palabras.
Y tú ¿estás dispuesto a lanzarte sin miedo al océano infinito del amor de Dios?
Jesús te está esperando con los brazos abiertos y te ama infinitamente. Confía en Él y
dile sí a todo lo que te pida.
Que no te pase lo que a aquella pastorcita de una leyenda medieval. Era una
pastorcita muy bella, que tenía muchos sueños y esperanzas de mejorar su vida. Había
recibido propuestas de un comerciante de la villa para casarse con ella. Pero, mientras
ella lo pensaba bien, un día, el rey pasó con sus cortesanos y la vio tan hermosa que
pensó en casarse con ella. Sin embargo, el rey quería que lo aceptara, no porque era rey,
sino quería que lo amara libremente. Por eso, un día se vistió como una persona común
y corriente y se dirigió a los campos donde ella se encontraba con sus ovejas. Había
dado órdenes a sus oficiales y cortesanos que fueran a buscarlo al cabo de dos semanas,
con dos caballos y vestidos hermosos para una doncella.
23
¿Confías tú en Dios? ¿Crees que Él es bueno y te ama? Vale la pena darle todo y
dejarlo todo por seguirlo a Él. Confía en Él y serás feliz. Porque:
Conozco tu miseria y tus pecados, pero te quiero tal como eres. Y, por eso,
vengo a pedirte que correspondas a mi amor. Quiero que tú me ames tal como eres en
este instante. No necesitas cambiar para amarme. Si para amarme quieres esperar a
ser perfecto, no me amarás jamás. ¿No podría yo hacer de cada grano de arena un
serafín radiante de pureza y de amor? ¿No podría yo con una señal de mi voluntad
hacer surgir de la nada miríadas de santos mil veces más perfectos que tú?
Hijo mío, no te preocupes del cuidado de tus cosas. No te angusties por el día de
mañana. No tengas miedo por el qué dirán. Confía en Mí. Abandónate en mis brazos.
Deja en mis manos tu futuro. Y dime frecuentemente: “Jesús, yo confío en Ti”. Lo que
más me hace sufrir es que dudes de Mí. Si crees que las cosas empeoran, a pesar de
haber confiado en Mí, no temas, sigue confiando. A veces, yo me oculto o te cierro los
ojos para que no me veas, pero yo estoy siempre a tu lado y cuido de ti. No te preocupes
de nada, echa en Mí todas las angustias y preocupaciones, y duerme tranquilo. Dime
24
siempre: “Jesús, yo confío en Ti”, y verás grandes milagros. Te lo prometo por mi
amor.
ALGUNOS EJEMPLOS
Una chica católica, Sofía Berdanska, había perdido a su padre y tuvo que
trabajar para mantener a su madre, muy delicada de salud, y a su hermano pequeño. Y
decidió colocarse de institutriz. Después de buscar mucho, encontró trabajo en una
familia judía que tenía cuatro niños. Llegaron a un acuerdo en cuanto a horarios,
trabajo, sueldo, etc., pero la señora Herstein le exigió la promesa, bajo palabra de honor,
de nunca hablarles a sus hijos de su fe católica. Ella lo prometió y lo cumplió hasta el
final.
Los domingos le daban permiso para que fuera a la iglesia a la primera misa de
la mañana, pues ella sentía necesidad de la comunión, al menos semanal, para
mantenerse sonriente, bondadosa y laboriosa como siempre había sido. Los chicos eran
muy indisciplinados y le hacían sufrir bastante, sobre todo, al principio. Pero, poco a
poco, con amor y paciencia, se los fue ganando y estudiaban más, eran más obedientes y
respetaban más a sus padres.
Todo iba bien, pero un día la desgracia llegó a aquella familia y el pequeño
Haim, el penúltimo, cayó enfermo de un mal terrible con granos terribles, que le cubrían
el rostro. Lo peor del mal es que era contagioso. Los hospitales estaban llenos de aquel
mal epidémico. ¿Cuidarlo en casa? ¿Quién lo cuidaría? La madre tenia miedo del
contagio, pero Sofía se ofreció a cuidarlo y, cuando otros dos se contagiaron, tuvo que
cuidar a los tres niños a la vez, yendo de una cama a otra sin descanso.
Tanto y tan bien los cuidó que, después de varias semanas, los tres fueron
declarados fuera de peligro. Pero entonces ella fue atacada del terrible mal. La llevaron
18
Sálesman Eliécer, ¿Quieres ser feliz?, tercera edición, Bogotá, 2004, p. 88.
25
al hospital de Varsovia y allí murió. Nunca habló a los niños de Jesús ni del Evangelio
como había prometido; sin embargo, los había encomendado todos los días a Jesús,
especialmente en la comunión de los domingos. Cuando murió, alguien entregó a la
familia el medallón que llevaba al cuello y, dentro de él, encontraron una nota escrita
que decía: Ya que se me prohibe hablar de Jesucristo, viviré como manda Jesucristo. Mi
vida se la entregué a Él.
Si me sucediera algún día y ese día podría ser hoy, ser víctima del terrorismo,
recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país. Que ellos acepten que
el único Dueño de toda mi vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal. Que
recen por mí ¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Por esta vida entregada, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a
Dios que parece haberla querido enteramente para Él20.
Luis Miguel era un niño piadoso, muy inteligente y cariñoso con todos. Sus
padres eran ricos y lo pusieron en un internado de religiosos, donde aprendió a ir a misa
y comulgar todos los días. A los trece años, quería amar a Dios con todo el corazón,
pero se daba cuenta de que su padre nunca iba a la iglesia y, a su parecer, nunca rezaba;
sólo le interesaban sus negocios. Un día tomó la resolución de rezar por la conversión
de su padre. Y ofrecía pequeños sacrificios y mortificaciones para conseguirlo.
Al final del verano, una tarde se sintió mal. Después de las consultas con
diferentes médicos, llegaron a la conclusión de que tenía un tumor en el cerebro y había
que operar a vida o muerte. Antes de la operación, acudió el capellán para confesarlo y
19
Martínez José Julio, Éstos dan con alegría, Ed. Edapor, Madrid, 1983, pp. 39-42.
20
González Marcelo, La Trinidad: un nuevo nombre para Dios, Ed. Paulinas, Buenos Aires, 1999, p.
167.
26
darle la comunión con la unción de los enfermos. Cuando lo llevaban a la sala de
operaciones, los médicos observaron que tenía la mano derecha bien cerrada.
Pensaron que era alguna medalla u objeto religioso. Pero, cuando se durmió para
la operación, leyeron el papelito y vieron que decía:
Monseñor Fulton Sheen fue un famoso obispo norteamericano, que era muy
conocido por sus charlas en televisión. Recaudaba mucho dinero de los telespectadores
para enviarlos a las misiones católicas. En una ocasión, relató a un periodista de la
revista misional Catolicismo el siguiente hecho:
Viajaba en avión entre Nueva York y Boston y, junto a mí, se sentó una joven
señorita católica. Noté que era muy bella. Antes de empezar a hablar, ella me dijo:
Así fue. Hablamos y ella se decidió. Ahora está trabajando como misionera en
una leprosería en Vietnam y Dios le ha dado otra belleza más sublime que la del
cuerpo, la belleza del alma del que se entrega totalmente al servicio de Dios y de los
demás.
27
TESTIMONIOS
Cuando miro hacia atrás y veo mi vida, siento con qué delicadeza ha ido Dios
guiándome. Nada de lo que me ha ocurrido ha sido por casualidad, su mirada amorosa
estaba junto a mí, especialmente en los momentos más duros. Entonces, sentía algo
profundo que me decía: Confía, confía, confía...
Cuando salí del quirófano, me llevaron a un cuarto con otra madre, que también
había perdido su bebé y me dieron unas pastillas para cortarme la leche. A las tres de
la mañana, apareció un pediatra a explicarme la tenebrosa situación: la niña tenía un
respirador y un derrame cerebral de prematura y era tan inmadura que el pronóstico
era muy grave. Tenía pocas probabilidades de vivir y, si vivía, tendría graves secuelas.
Me invadió una sensación de vació, de soledad, de fracaso, de tristeza... Yo soy
parapléjica y, al pensar que mi hija podía ser paralítica cerebral, toqué fondo. ¿Dónde
iba yo en silla de ruedas, empujando otra silla de ruedas? Tenía que creer en lo
imposible y le pedí con toda mi alma a la Virgen una niña viva y sana. Había nacido el
15 de agosto, fiesta de la Asunción.
28
Cuando por la mañana regresó mi esposo, le conté la osadía de mi petición. A la
mañana siguiente, fuimos a la incubadora. El panorama era desolador, era el bebé más
pequeño que habíamos visto nunca. A su lado un niñito en parecidas condiciones se
acababa de morir. Fuimos a buscar al capellán para que le diera la unción de los
enfermos, porque ya la había bautizado la enfermera y le pusimos por nombre Paloma.
Ibamos dos veces al día a acariciarla y a sufrir con ella. Pruebas, ecografías,
transfusiones, informes... Estuvo un mes con paradas cardiacorespiratorias, que se la
podían llevar en cualquier momento. Cada día que llegábamos al hospital, estábamos
preparados para lo peor. Y yo seguía pidiendo, a veces a gritos, en la capilla del
hospital.
Otro caso. Mi hijo Pablo nació el 26 de agosto de 1987, viniendo a traer alegría
a mi hogar. Al mes del nacimiento, el doctor Federico Lithgow le diagnosticó un tumor
maligno en el ojo izquierdo, llamado retino-blastoma, que es un tipo de cáncer
avanzado rápido. Había que extraerle el ojito lo antes posible. El 15 de octubre fue
internado en el centro de pediatría de Santo Domingo (República Dominicana); esa
noche fue bautizado de emergencia y, al día siguiente, fue operado... Cuando Pablito
tenía dos años y usaba su prótesis (ojo de plástico), el doctor Abramson, de Nueva
York, me dio el diagnóstico que más temía escuchar: el tumor había aparecido también
en el ojo derecho.
21
Revista Alabanza de la República Dominicana, No 165, del 2006.
29
Me quedaba largo tiempo delante del Santísimo expuesto en la capilla. A veces,
lloraba delante de Él; otras , le contaba mis alegrías. Así fui aprendiendo, poco a poco,
a escucharlo en el silencio y a confiar en Él.
*******
22
Revista Alabanza de la República Dominicana, No. 139, del 2000.
30
Dios no ha prometido
cielos siempre azules
y senderos llenos de flores
a lo largo de toda nuestra vida.
Dios no ha prometido
sol sin lluvia,
alegría sin pena,
paz sin penuria.
Pero Dios ha prometido
fortaleza para el día,
luz en el camino,
la gracia en las pruebas
y su amor imperecedero.
Confía en Él y no temas.
NO TENGAS MIEDO
No tengas miedo, hija mía, lucha por la salvación de las almas, invitándolas a
confiar en mi misericordia, ya que ésta es tu tarea en esta vida y en la futura23.
Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. Por ti bajé
del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que mi Sagrado
Corazón fuera abierto por una lanza y abrí la fuente de la misericordia para ti. Ven y
toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré a un
corazón arrepentido24.
23
Diario, Stockbridge, Massachussets, 1996, N° 1452.
24
ib. No. 1485.
31
Ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la
confianza recoge cualquier cosa que necesites25.
Ofrezco a los hombres otro recipiente con el que han de venir a la fuente de la
misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús,
en Ti confío26.
Una vez, vine a mi celda tan cansada que, antes de comenzar a desvestirme, tuve
que descansar un momento y, cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió
que le trajera un vaso de agua caliente. A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y
le traje el agua que deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de
camino y el barro llegaba a los tobillos. Al entrar en mi celda, vi un copón con el
Santísimo Sacramento y oí esta voz: “Toma este copón y llévalo al sagrario”. En un
primer momento, vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras:
“Con el mismo amor con que te acercas a Mí, acércate a cada una de las hermanas y
todo lo que haces a ellas me lo haces a Mí”27.
Un día ella estaba gravemente enferma y una hermana le dio unas naranjas.
Pensó en no comerlas para hacer penitencia por estar en Cuaresma, pero Jesús le dijo:
Hija mía, me agradarás más, si por obediencia y por amor hacia Mí comes las naranjas
que si, por tu propia voluntad, ayunaras y te mortificaras. El alma que me ama mucho
debe vivir de mi voluntad28.
Jesús le dijo el día del Corpus Christi de 1937: Hija mía, yo, el Señor, estoy
contigo. No tengas miedo de nada, estás en mi Corazón29.
25
ib. No. 1487.
26
ib. No. 327.
27
ib. No. 285.
28
ib. No. 1023.
29
ib. No. 1133.
30
ib. No. 258.
31
ib. No. 613.
32
¿Qué más podemos decir? Jesús le pedía a santa Faustina y nos pide a cada uno
de nosotros confianza total, sabiendo que Él está siempre a nuestro lado y que nunca nos
faltará su gracia y protección. Por eso, en el Evangelio, nos dice, como a Jairo: No
tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36).
CONSAGRACION A JESÚS
Es una entrega total y sin condiciones a Jesús por María con todo lo que somos y
tenemos. Es una manera de manifestar con claridad que deseamos estar plenamente
disponibles para todo lo que Él decida hacer en nuestra vida, porque queremos cumplir
siempre su voluntad divina. En una palabra, consagrarse es abandonarse en Jesús y
echarse en sus brazos sin temor para aceptar gustosos lo que Él decida para nosotros. Es
una dedicación completa, una disponibilidad absoluta y sin condiciones y para siempre.
Es, dicho de otra manera, una donación de todo nuestro ser.
32
Carta 133 al padre Croiset del 3 de noviembre de 1689.
33
San Juan Eudes enseñaba la siguiente consagración: Jesús, te ofrecemos,
donamos y te inmolamos nuestro corazón. Recíbelo, poséelo todo entero; purifícalo,
ilumínalo, santifícalo para que en él vivas y reines ahora y siempre por los siglos de los
siglos33.
Una de las claves para cumplir nuestra consagración y entrega total a Jesús es
hacer la voluntad de los Superiores, que es la voluntad de Dios. Dice santa Margarita
María de Alacoque: Al Espíritu maligno, la obediencia lo abate y debilita sus fuerzas...
El diablo no tiene ningún poder sobre los obedientes35.
Cuenta la misma santa: En una ocasión, estando con fiebre, me hizo salir la
Superiora de la enfermería para hacer los ejercicios, pues era mi turno, y me dijo: “Id,
os entrego al cuidado de Nuestro Señor Jesucristo. Que Él os dirija, gobierne y cure
según su voluntad”. Ahora bien, aunque me sorprendió esto un poco, porque en aquel
momento estaba temblorosa por la fiebre, me fui, sin embargo, muy contenta a
practicar esta obediencia, por tener ocasión de sufrir por su amor siéndome indiferente
la manera que tendría Él de tratarme en mi retiro, ya me hiciera sufrir o gozar. Yo que
decía: “Con tal de que Él esté contento y yo le ame, eso me basta”.
33
Doré, Le sacré Coeur de Jesús. Son amour, París, 1909, cap.8, p. 464.
34
Ejercicios espirituales. Meditación para alcanzar amor, punto primero.
35
Autobiografía cap. V.
36
ib. cap. IX.
34
eucarístico! ¡Cuánta paz se siente en su presencia! Santa Faustina Kowalska decía: El
día que no recibo la comunión, la vida me asusta, tengo miedo de mí misma. Jesús,
oculto en la hostia, es todo para mí. Del sagrario tomo fuerza, poder, valor, luz. Allí
busco alivio en los momentos de angustia37.
Toda mi fuerza la recibo de la comunión. Me sería difícil vivir un día sin recibir
la santa comunión. Él es mi escudo; sin Ti, Jesús, no sé vivir40. El momento más
solemne de mi vida es cuando recibo la santa comunión41.
Esto lo decía santa Faustina por propia experiencia. ¿No podríamos hacer
nosotros también la experiencia de ir a Jesús Eucaristía siempre que tengamos algún
problema que resolver o dolores que sanar? Jesús nos espera como un amigo y nos ha
prometido alivio y consuelo: Venid a Mí los que estáis cansados y agobiados que yo os
aliviaré (Mt 11,28).
ORACIONES
Señor, estoy en tus manos. Sólo tengo un deseo: cumplir en cada instante tu
santa voluntad. Ayúdame a dejarme llevar por ti. Hazme completamente disponible a
tus designios sobre mí. Y, cuando me pidas algo que me cueste, dame fortaleza para
dártelo. No quiero negarte nada, no quiero decirte nunca No, ni un SI a medias; sino un
SI entero y total. Sé que me amas y, por eso, quiero agradecerte por mi vida y por todo
lo que me has regalado. Quisiera hacer de mi vida una sinfonía de amor para amarte sin
cesar. Gracias, Señor, te amo con todo mi corazón.
* * * * * *
37
Diario, N° 1037.
38
ib. N° 1404.
39
ib. N° 840.
40
ib. N° 814.
41
ib. N° 1804.
35
Señor Jesús, en este momento de mi vida, quiero entregarme a Ti sin
condiciones ni limitaciones. Quiero ser tuyo para siempre. Me consagro a Ti y me
postro a tus pies para entregarte todo lo que soy y tengo: mi alma, mi cuerpo, mi pasado,
mi presente, mi futuro, mi familia, mis deseos de santidad, mis ilusiones y esperanzas,
mi salud, mis amistades... Todo, absolutamente todo, lo pongo en tus manos y te lo
entrego para que me sirva para llegar a Ti y amarte con todo mi corazón. Puedes quitar
o poner lo que Tú quieras. Te entrego mi vida como un cheque en blanco, quiero que
seas el conductor de mi vida a partir de ahora. Yo confío en Ti y me pongo en tus manos
como un niño en brazos de su madre. Gracias, Señor, por amarme tanto. Haz de mí lo
que tu quieras, lo acepto todo con inmensa paz, porque Tú eres mi Padre y me amas y
quieres lo mejor para mí.
* * * * * *
* * * * * *
36
Si alguna vez sentí tristeza
y vergüenza de ser así,
te pido perdón por haberme
avergonzado de la obra de tus manos.
Te doy gracias por haberme
hecho como soy.
Y acepto con gratitud mi cuerpo con
todos sus detalles,
este temperamento, esta inteligencia
y todo lo que soy como persona.
Gracias, Señor, por haberme
hecho así.
* * * * * *
Señor, acepto una por una todas mis enfermedades y todos mis defectos. En tu
sabiduría divina organizaste así mi vida para Ti. Estoy de acuerdo, lo acepto todo como
venido de tus manos, que se haga en mí tu santa voluntad. En tus manos pongo mi vida
y mi muerte, mi salud o enfermedad. Todo lo pongo en tus manos. Haz de mí lo que tú
quieras, yo te amo y te doy gracias con todo mi corazón.
* * * * * *
37
CONCLUSIÓN
El abandono total es dejarle actuar con total libertad. Entonces, a pesar de los
momentos difíciles y dolorosos que sucedan, una paz inmensa brillará en el fondo del
alma y Dios nos hará gustar la felicidad incomparable de su amor. Quizás pasemos por
momentos de oscuridad, por momentos de incertidumbre, pero eso es necesario para
despegarnos de todas las criaturas y cosas materiales para que el abandono sea completo
y lo único que cuente para nosotros sea Dios, sólo Él. Y nada más que Él.
Te deseo lo mejor. Que seas santo, que ames a Dios con un corazón total, no a
medias tintas. Espero que te abandones en sus brazos infinitos de Padre y no temas,
porque el amor expulsa el temor. Que seas feliz y que ayudes a ser felices a todos tus
hermanos.
38
BIBLIOGRAFÍA
39