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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
Geografía del trabajo femenino
en las maquiladoras de México
María Eugenia de la O Martínez
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores
en Antropología Social/Unidad Occidente
Resumen Abstract
En el presente artículo se examina la expansión Geography of the feminine labour in the
de la industria maquiladora en México y su manufacturing industry in Mexico
impacto en el trabajo femenino. Esto induce a
analizar la relación entre los procesos de In this article is analysed the expansion of the
transnacionalización productiva y la manufacture industry in Mexico and its impact
feminización de la fuerza de trabajo como un in the feminine labour. This leads to analyze
hecho articulado e histórico. Para ello se the relation between the productive
analiza la movilidad geográfica de las transnationalization and the feminization of the
maquiladoras y su distribución en tres ejes de labour force as a historic and articulated fact.
actividad en el país durante cuatro décadas. For doing this the geographical mobility of the
Asimismo, se discute la articulación entre la manufacture industries and their distribution in
expansión de la maquiladora, la reorganización three activity axes in the country for four
de la fuerza de trabajo local y la búsqueda de decades are analyzed. Similarly, the
suministro laboral con características articulation among the expansion of the
específicas, como el trabajo femenino. Algunos manufacturer, the re-organization of the local
elementos indicativos de este proceso son la work force and the search of labour supply
segmentación y polarización de ocupaciones y with specific characteristics, as the feminine
salarios en estas regiones según sexo. Además labour, is discussed. Some indicative elements
de la conformación de un sector laboral of this process are the segmentation and
claramente vinculado con cadenas de polarization of the occupations and salaries in
subcontratación y talleres clandestinos en los these regions according to the gender. Apart
que se contrata a grandes cantidades de mujeres from the conformation of a labour segment
trabajadoras. clearly linked to sub-contracting chains and
illegal workshops where large quantities of
Palabras clave: industria maquiladora, trabajo women are hired.
femenino, regiones, desarrollo industrial,
México. Key words: manufacture industry, feminine
labour, regions, industrial development,
Mexico.
Introducción
L
a conformación de áreas productivas locales por medio de la movilidad
del capital y del trabajo es un fenómeno que permite entender el
comportamiento de la industria maquiladora en las cuatro décadas
recientes. En un principio, a esta actividad se le catalogó como una manifestación
más de las zonas libres de exportación en el mundo, pero hoy en día representa
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una amplia zona geográfica de trabajo intensivo para el ensamble, que comprende
la frontera norte con Estados Unidos, pasando por la cuenca del Pacífico
mexicano hasta llegar a Centroamérica.
Se podría definir al proceso de expansión de las fábricas maquiladoras en
territorio mexicano como parte de una nueva geografía transnacional (Sassen,
1998), que convoca a procesos de creciente interdependencia productiva, con
marginación y exclusión de varios actores sociales en tales escenarios (Hannerz,
1998; Harvey, 1996; Castells, 1995). Así lo ilustra la participación de las
mujeres trabajadoras, quienes fueron obreras de las primeras maquiladoras en
las zonas libres, y ahora lo son de los nuevos mercados globales de la
electrónica, la automotriz y la confección.
La presencia de mujeres en las maquiladoras de México resulta un rasgo
simbólico de estas fábricas desde hace cuatro décadas, así como su vínculo entre
los procesos de transnacionalización del capital y la feminización de la fuerza
de trabajo. Este supuesto adquiere mayor fortaleza a la luz de las diferentes
etapas de expansión territorial de las maquiladoras y su relación con las pautas
de contratación de fuerza de trabajo femenina.
En el presente artículo propongo examinar la expansión de la industria
maquiladora en México y su impacto en el trabajo femenino. Considero que este
proceso representa una fase relevante en la historia ocupacional de las mujeres
en el país, especialmente para las zonas fronterizas y las nuevas localizaciones
de la maquila. Lo que hace necesario analizar la relación entre los procesos de
transnacionalización productiva y la feminización de la fuerza de trabajo como
un hecho articulado e histórico.
Para ello, en la primera parte del artículo muestro la movilidad geográfica de
las maquiladoras y su distribución en tres ejes de actividad después de cuatro
décadas de su presencia en el país. En el primer eje se encuentran las maquiladoras
que se ubicaron en las ciudades más importantes de la frontera norte de México
desde la década de 1960. En el segundo eje están aquellas fábricas que se
situaron en ciudades del norte, noroeste y noreste de México desde la década de
1980, y el último eje corresponde a las plantas que se emplazaron al centro,
occidente y sur del país con un rápido crecimiento a partir de los noventa. Con
este ejercicio intento mostrar cómo la expansión de las maquiladoras favoreció
la transnacionalización y reorganización del trabajo en varias de ciudades
mexicanas.
En la segunda parte del artículo considero la posible articulación entre la
expansión de la maquiladora, la reorganización de la fuerza de trabajo local y
92
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
la búsqueda de suministro laboral con características específicas, como lo es el
trabajo femenino. Algunos elementos indicativos de este proceso son la
segmentación y polarización de ocupaciones y salarios en estas regiones según
sexo, al originar trabajadoras con ingresos bajos, al lado de un número reducido
de empleados con altos salarios y calificaciones. Además de la conformación de
un sector laboral vinculado con cadenas de subcontratación, outsourcing y
talleres clandestinos, como ejemplos que concentran grandes cantidades de
jóvenes y mujeres trabajadoras.
Al respecto se podría identificar por lo menos tres ciclos del empleo
femenino en las maquiladoras. El primero indica la propagación de
empleos femeninos con bajas remuneraciones en la frontera norte durante las
décadas de 1970 y 1980. El segundo corresponde a la desfeminización del
empleo en la maquila, al observarse mayor dinamismo en la contratación de
varones con respecto a las mujeres en casi todo el país en las décadas de 1980
y 1990. El tercer ciclo muestra un proceso de alta flexibilidad en el uso del
trabajo de mujeres y varones jóvenes en las maquiladoras del centro y sur de
México
La expansión territorial de la maquiladora
en México: antecedentes
Pocos sectores manufactureros en México presentan la dinámica que ha tenido
la industria maquiladora de exportación. Su surgimiento y consolidación se
encuentra enmarcado en la transición de un modelo de sustitución de
importaciones a un modelo exportador, lo cual permitió el incremento de las
exportaciones manufactureras en el país.
Las maquiladoras surgieron en México como parte de un proyecto alternativo
de industrialización para las ciudades de la frontera con Estados Unidos en
1965, cuya función era proveer de empleo a cientos de trabajadores debido al
eventual fin del Programa Bracero, que se tenía convenido con Estados Unidos,
aunque su existencia legal se concretó a través del Programa de Industrialización
Fronteriza en 1966.1
1
La vigencia del Programa de Industrialización Fronteriza concluyó en 1970, y al año siguiente inició
el Programa de la Franja Fronteriza y de Zonas Libres con el objeto de favorecer actividades
comerciales en la frontera norte. Para ello fueron creados centros comerciales, se publicitó la industria
local y el turismo, pero sobre todo, se apoyó a la industria maquiladora.
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Las primeras maquiladoras se establecieron bajo el sistema de zona libre y
franjas fronterizas2 con Estados Unidos en las ciudades de Tijuana, Ciudad
Juárez, Matamoros, Mexicali y Nogales, centros urbanos donde regían programas
de desarrollo industrial fronterizo y se gozaba de un régimen arancelario y fiscal
especial, lo que conformó la frontera histórica de las maquiladoras en México.
El crecimiento de esta industria estuvo condicionado por los ciclos de la
economía de Estados Unidos, especialmente entre 1975-1976, cuando la
recesión en este país provocó la reducción de jornadas de trabajo, la suspensión
temporal de trabajadores y el cierre definitivo de varias empresas maquiladoras
en la frontera norte. A partir de 1983, esta actividad logró reactivarse gracias a
los ajustes a la ley de inversión extranjera y a una política centrada en la
promoción del sector exportador.3
En sus primeros años de actividad, estas fábricas se caracterizaron por el uso
intensivo de fuerza de trabajo en operaciones de ensamble, atendiendo al
esquema de ventajas comparativas en cuanto abundancia y bajo costo de la
fuerza laboral, empleando especialmente a mujeres jóvenes. Sus vínculos
productivos con empresas locales fueron escasos y presentaban niveles
tecnológicos anticuados, así como escasa formación de obreros calificados
(Carrillo, 1985; Fernández, 1983; Gambril, 1981).
Al final de la década de 1980, el gobierno mexicano amplió la gama de
programas que permitían actividades exportadoras4 mediante la diversificación
de las formas legales para la inversión transnacional. Además, se observó la
incorporación de tecnologías de punta y procesos automatizados en algunas
2
La zona libre cubría la totalidad de la Península de Baja California y el extremo noroccidental del
estado de Sonora. Y como franja fronteriza se definió al espacio delimitado en la línea internacional
con una línea imaginaria de 20 kilómetros hacia el sur. Solamente en el caso de la frontera de Ciudad
Juárez la distancia se amplió a 70 kilómetros en 1987 (Barajas y González, 1989).
3
Sobresale el Programa Nacional de Fomento a la Industria y el Comercio Exterior 1984-1988
(Pronafice) de la entonces Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, cuyo objetivo era la
conformación de un nuevo patrón de industrialización y especialización del comercio exterior, mayor
autonomía tecnológica, relocalización de la industria y racionalización de la organización industrial
del país. Para ello se racionalizó la protección comercial, se fomentó las exportaciones no petroleras,
se estimuló la inversión productiva y la modernización, la descentralización industrial y la promoción
activa y selectiva de la inversión extranjera. En la práctica, el programa no funcionó del todo debido
al proteccionismo que practicaban los empresarios en el país, y sólo fueron puestos en marcha seis
programas del Pronafice. El Programa de Racionalización de la Industria Automotriz, el Programa
Integral de Desarrollo de la Industria Farmacéutica, el Programa para el Desarrollo Integral de la
Industria Mediana y Pequeña, el Programa de Desarrollo de la Industria de Cómputo y otras industrias
electrónicas, el Programa Integral de Desarrollo de la Industria Petroquímica y el Programa de Fomento
a la Industria Maquiladora de Exportación 1983-1988 (De la O, 1997).
4
Por ejemplo, el Programa de Fomento Integral de las Exportaciones (Profiex), el Programa de
Importación Temporal para Producir Artículos de Exportación (Pitex) y el Programa de Apoyo a
Empresas Altamente Exportadoras (Altex).
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
plantas asociadas con firmas líderes en el ámbito mundial, aunque predominaron
los procesos de ensamble intensivos en fuerza de trabajo en un importante
número de plantas y procesos de producción. Estas primeras transformaciones
en la maquila posibilitaron la contratación de mujeres en condiciones flexibles
y contexto de alta desregulación laboral.
Durante este periodo tuvo lugar el emplazamiento de maquiladoras en
ciudades fuera del perímetro de la frontera norte de México debido a la
modificación de los programas exportadores por parte del gobierno. Esto
permitió que esas industrias se ubicaran en casi cualquier parte del país en la que
existieran ventajas competitivas salariales o de infraestructura industrial. De
esta forma, algunas plantas se instalaron en ciudades medias urbanas del
noreste, norte y noroeste de México, en tanto que otras tuvieron como destino
comunidades rurales relativamente pequeñas.
La expansión de las maquiladoras hacia nuevos destinos definió un segundo
eje de estas actividades en el país, particularmente en ciudades que se
caracterizaron por el declive de sus principales funciones económicas, como el
cultivo de algodón, la avicultura o la extracción de recursos carboníferos, lo que
permitió contar con grandes contingentes de la población sin empleo. Al paso
del tiempo, la expansión de las maquiladoras propició patrones de especialización
productiva en diversas ciudades, principalmente en la confección y la electrónica,
las cuales aportaban la mayoría de los empleos a la industria maquiladora
nacional.
La importancia de la maquila en el empleo nacional se incrementó en la
década de 1990, ante la perspectiva de vender su producción en el mercado
doméstico y de continuar bajo un esquema de mano de obra barata y estímulos
fiscales ofrecidos por gobiernos locales. De tal forma que en 1996 la maquila
representó 32 por ciento del empleo manufacturero total en el país, y generó casi
800 mil empleos distribuidos en 2 563 establecimientos, especialmente en los
sectores de la electrónica, la confección y las autopartes (Carrillo y Kopinak,
1999; INEGI, 2000). En este contexto continuó el desplazamiento de las
maquiladoras hacia el centro-occidente y sur del país, se calcula que en abril de
2005 un importante número de maquiladoras se concentraba en entidades no
fronterizas, es decir, 26 por ciento de las plantas con más de 214 mil obreros
(INEGI, 2006).
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Papeles de POBLACIÓN No. 49
MAPA 1 CIEAP/UAEM
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Geografía de la maquila en México: las tres fronteras
Se podría afirmar que la industria maquiladora en México ha pasado por un
prolongado proceso de reorganización espacial mediante la movilidad del
capital y la reorganización del trabajo en diferentes regiones del país (mapa 1).
Para consumar ese proceso se apoyó en los rasgos y componentes competitivos
de las economías locales y en la búsqueda de trabajo barato, cuyas consecuencias
más significativas son la configuración de tres ejes o fronteras de la inversión
maquiladora en México y la propagación de condiciones específicas de empleo,
especialmente para las mujeres.
La frontera histórica
Al primer eje lo denomino frontera histórica de la maquila, el cual está
conformado por las principales ciudades de la frontera norte de México, como
Matamoros, Tijuana y Ciudad Juárez, en las que se instalaron las primeras
plantas de este tipo a fines de la década de 1960. Estas ciudades se volvieron
auténticos centros de ensamble orientados a la producción de arneses, autopartes
y electrónica de consumo. En su proceso de crecimiento intervino la cercanía
con los centros productivos del sur de California y Texas, así como una activa
participación de los empresarios locales, en un contexto de intensa conflictividad
de organizaciones civiles y laborales con respecto a los derechos de los
trabajadores (De la O y Quintero, 2002).
También son parte de esta frontera histórica las ciudades de Nogales y
Piedras Negras, que colindan con Estados Unidos y operan bajo un esquema de
ventajas comparativas de fuerza de trabajo, pero sin lograr el auge maquilador
que se observó en las otras ciudades (mapa 2). En Nogales y Piedras Negras
estaban presentes sindicatos activos y empresarios tradicionales, cuya
combinación influyó en las escasas posibilidades de expansión de las
maquiladoras en dichas ciudades (Quintero, 2002).
En este primer eje se advierte los efectos desiguales de la presencia de la
maquiladora; para unas ciudades significó la consolidación de este sector y su
articulación con centros productivos del sur de California y Texas. Para otras,
se trató de la imposibilidad de transitar hacia una condición competitiva debido
a su cercanía con ciudades de escasa importancia económica en Estados Unidos,
como Tagle Pass y Nogales. A lo que se sumó el declive de sus actividades
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Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
tradicionales en las cuencas carboníferas, en la minería y la siderurgia. De esta
forma se calcula que para abril de 2006 la mayor concentración de empleos en
la maquila estaba en la frontera histórica, principalmente en los estados de
Chihuahua (25.7 por ciento), Baja California (20.4 por ciento) y Tamaulipas
(15.5 por ciento), lo que significa que más de la mitad del empleo de la maquila
se concentra en dicha área (INEGI, 2006).
La frontera en expansión
Al segundo eje de la maquila lo defino como una frontera en expansión, toda vez
que es resultado del desplazamiento de las actividades maquiladoras hacia el
norte, centro-norte y occidente de México desde la década de 1980 (mapa 2). De
hecho, a partir de 1986 empezó a decaer la localización de estas plantas en la
frontera norte, al pasar de 80 por ciento a menos de 60 por ciento en dicho
periodo, y para abril de 2006 se calcula que había 735 plantas maquiladoras en
estados no fronterizos (INEGI, 2006).
Las maquiladoras en esta área se beneficiaron de la cercanía relativa de la
frontera norte de México con el llamado corredor del Golfo,5 que involucra
ciudades sede de la petroquímica y de la electrónica en Houston, San Antonio
y Austin, y del corredor del Centro, que incluye Kansas, San Luis Missouri,
Forth Worth y Dallas, en las que existen importantes industrias del metal,
equipo para transporte, productos eléctricos y electrónicos, así como prendas de
vestir (Barajas, 1989: 80-81).
Algunas ciudades de la frontera, como Mexicali, Hermosillo, Ciudad Acuña
y Reynosa, iniciaron actividades maquiladoras en este periodo, luego de pasar
por un proceso de declive en sus actividades tradicionales. A este contexto se
añadió la participación de los gobiernos locales, de los grupos de promoción
industrial y del tipo de empresa que se instaló en dichas ciudades. Lo que a la
larga propició la especialización productiva de dichas ciudades en el ensamble
de televisores, autopartes y, en menor medida, la confección. Destacan empresas
como Sony, Daewoo, Mitsubishi y LG, en Mexicali; Delco, Phillips, Sony,
Matsushita, Nokia, Lucent, Fujitsu, Condura y Delnosa, en Reynosa (mapa 3).
El conjunto de estos rasgos permite comprender por qué a estas ciudades se les
considera como núcleos en expansión de las actividades maquiladoras.
5
También pertenece a este corredor un conjunto de ciudades gemelas a lo largo de la frontera
con Estados Unidos como Ciudad Acuña-Del Río, Eagle Pass-Piedras Negras, Laredo-Nuevo Laredo,
98
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
MAPA 2
MODELO DE EXPANSIÓN TERRITORIAL DE LA INDUSTRIA
MAQUILADORA DE EXPORTACIÓN
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MAPA 3
MEXICALI CD. JUÁREZ CHIHUAHUA REYNOSA
! SONY ! TOSHIBA # MOTOROLA ! DELCO (Automotriz/Audio)
! DAEW O (SLRC) ! PHILIPS $ ALTEL ! PHILIPS
! MITSUBISHI ! THOM PSON $ KIOCERA ! SONY
! LG Electronics ! KENW OOD $ JABIL ! MATSUSHITA (Automotriz/audio)
! ELAMEX # NOKIA
TIJUANA ! PLEXUS TORREÓN # LUCENT TECHNOLOGIES
# ACER $ FUJITSU (Autom otriz)
! SANYO $ THOMPSON $ CONDURA (Automotriz)
! SONY $ DELNOSA (Automotriz)
! HITACHI
! MTSUSHITA MATAMOROS
Papeles de POBLACIÓN No. 49
! JVC
! SAMSUNG ! DELPHI
! PIONNER ! DELTRONICOS
! MITSUBISHI ! TYCO
! SHARP ! CONDURA
$ SANYO ELECTRONICS
$ PHILIPS
$ CASIO
$ KODAK MONTERREY
$ CANON
$ KIOCERA ! PIONEER
$ KODAK
$ INTERNATIONAL RECTIFIER
$ NIPPN DENSO (Autom otriz)
100
$ AXA YAZAKI (automotriz)
AGUASCALIENTES
GUADALAJARA $ TEXAS INTS. CUERNAVACA
$ XEROX
% IBM $ SIEMENS # NEC
% HP
# NEC
# LUCENT
TECHNOLOGIES
$ MOTOROLA
$ KODAK QUERÉTARO
$ CUMEX
$ SIEMENS ! CLARION EDO. DE MÉXICO
% SOLECTRON DE M ÉX. $ SIEMENS PUEBLA
% FLEXTRONICS
! PANASONIC DE MÉX.
% JABIL CIRCUIT DE MÉX. $ OLIM PIA $ GAP
% M TI ELECTRONICS $ OLIVETTI $ T. HAILFIGER
% SCI/SANVINA ! Audio y Video
$ AMP $ LEVIS
# ERICSSON $ D. KARAN % Equipo de Cómputo
# ALCATEL/INDETEL $ GUESS # Telecomunicaciones
$ Textil
CIEAP/UAEM
$ DOKERS
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
La frontera emergente
Al tercer eje de las actividades maquiladoras le llamo frontera emergente. Éste
involucra ciudades medias y localidades rurales no fronterizas. Las ciudades
pioneras de este ciclo fueron Guadalajara y Mérida con sus áreas conurbanas al
final de la década de 1980, seguidas de las ciudades de Aguascalientes, Torreón,
Gómez Palacio y Lerdo, así como varios municipios del estado de Puebla,
Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, México y Distrito Federal, durante la
década de 1990 (mapas 1 y 2).
En la mayoría de los casos, las actividades económicas centrales de estas
ciudades se encontraban en declive o reestructuración, como la industria
tradicional del cuero y el zapato, la confección y, en general, la gran
industria nacional. Por lo que la expansión de estas fábricas conformó una
estrategia de reactivación del empleo por algunos gobiernos locales.
La localización de maquiladoras en estas ciudades permitió articular los
corredores industriales del interior de México, como los de Saltillo-Ramos
Arizpe-Monclova y Monterrey, con la región Centro-Norte y Occidente,
conocidos como ejes comerciales e industriales. Los que además permiten
intercambio con tres de los subsistemas regionales más importantes del país, es
decir, Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. En este contexto destacan
empresas de la electrónica, cómputo y telecomunicaciones, como Texas
Instrument, Seros y Siemens, en Aguascalientes; IBM, NEC, Kodak, Cumex,
Siemens, Solectron, Jaibil y SCI, en Guadalajara; al igual que Pionner, Kodak,
Nipón Denso y Axa Yazaki en Monterrey (mapa 3).
Las primeras maquiladoras que se establecieron en Guadalajara lo hicieron
tempranamente, en 1974, y multiplicaron su presencia a partir de la crisis
mexicana de 1982. Su verdadera expansión se dio durante la década de 1990, al
instalarse más de cuarenta plantas con aproximadamente seis mil trabajadores
empleados en la producción de prendas de vestir y electrónicos para la industria
de la computación y telecomunicaciones. Para mayo de 2006 había 93 plantas
con casi cincuenta mil empleados, aunque se debe considerar el cierre de
plantas y los despidos que se registraron en el 2000, debido a la desaceleración
de la economía estadunidense.
McAllen-Reynosa y Brownsville-Matamoros. Según Barajas (1989: 84-85) la localización de una de
las divisiones de la siderúrgica Altos Hornos de México en Monclova y la cuenca carbonífera en
Sabinas, Nueva Rosita, Río Escondido y Ciudad Nava, Coahuila, conferían una relevancia espacial a
esta región antes de su declive.
101 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
En Mérida, la primera maquiladora se instaló en 1982 y el auge de esta
actividad se vivió a fines de la década de 1990, en un contexto de crisis
económica y desempleo debido al desplome de la producción de fibra de
henequén y la privatización de la fábrica Cordemex en 1993, una de las
principales generadoras de empleos en la ciudad (Morales et al., 2002). Hoy en
día existen aproximadamente 77 maquiladoras orientadas a la confección, la
joyería y el ensamblaje de equipo médico, en las que participan más de 26 mil
empleados en todo el estado, con una importante cantidad de trabajadoras de
origen maya (Castilla, 2004). Cabe mencionar la importancia de esta ciudad por
su vínculo comercial y productivo con el corredor de La Florida, Estados Unidos.
En tanto, en la ciudad de Aguascalientes se instalaron varias maquiladoras
vinculadas al sector de autopartes y a la confección, en gran medida debido a la
firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994.
En dicho acuerdo se previó el ingreso de productos textiles importados al
mercado nacional, lo que impactó negativamente al sector textil del estado.
Parte de la recuperación económica y de los empleos de este sector se basó en
la expansión de las maquiladoras en el estado (Camacho, 2002). De esta forma,
en 1999 había 87 maquiladoras con 23 959 empleados, aunque en 2002 se perdió
36.3 por ciento de los empleos en esta actividad, debido a la crisis económica
estadunidense y a la relocalización de grupos corporativos hacia mercados de
trabajo más baratos como los centroamericanos. Para mayo de 2006 se calculaba
que tan solo había 37 plantas con más de 15 mil empleados en todo el estado
(INEGI, 2006).
En Puebla se instalaron cientos de plantas maquiladoras de origen mexicano,
estadunidense y coreano, principalmente en la Sierra Mixteca, la Sierra Norte
y el Valle de Tehuacán. En estas áreas, las fuentes tradicionales de trabajo se
encontraban en el campo, el comercio y la molienda de nixtamal, por lo que
se percibió a la industria maquiladora como una “oportunidad para el desarrollo”
y una estrategia viable de reactivación del empleo local. De esta forma, para
1996 había 33 plantas con más de 12 mil personas ocupadas en todo el estado,
cuatro años más tarde sumaban más de 122 fábricas con 41 mil empleados
(INEGI, 2001). Este boom maquilador se vivió intensamente en las ciudades de
Tehuacán, Teziutlán, Ajalpan y Puebla, así como en el pequeño poblado
de Altepexi en Miahuatlán.
Por ejemplo, en la ciudad de Teziutlán se instalaron cientos de fábricas de
ropa al lado de varios talleres familiares, en tanto en el Valle de Tehuacán se
instalaron fábricas para la exportación, orientados a la confección de pantalones
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
de mezclilla para Estados Unidos, Canadá y Europa, en especial para marcas
como Navarra, The Gap, Tommy Hilfiger, Polo Ralph Laurent, Levi´s, Donna
Karan, Guess, Arizona, Dokers, entre otras. Es decir, al lado de las grandes
maquiladoras se encuentran plantas clandestinas que operan bajo un esquema
de submaquila con trabajo altamente flexible, tanto como le permite el trabajo
a domicilio (Juárez, 2002).
La acelerada incorporación de maquiladoras a esta zona propició el
crecimiento de más de cien colonias en sólo diez años, cuya población es
principalmente de indígenas emigrantes en búsqueda de trabajo (Barrios, 2002).
De acuerdo con algunos estudios, 80 por ciento de los obreros de estos poblados
son indígenas nahuas, mazatecos, popolacas y mixtecos, entre los grupos más
relevantes (Ramírez, 2001).
El impacto de la crisis estadunidense del 2002 causó la pérdida de 20.6 por
ciento de los empleos en la maquila en el estado (INEGI, 2002). Hoy en día se
podría afirmar que en las maquiladoras de Puebla hay dos tendencias. Por un
lado, una rápida desindustrialización maquiladora ocasionada por la
relocalización de numerosas plantas hacia Centroamérica, Brasil y Asia. Y por
otro lado, el traslado de varias actividades hacia talleres caseros y clandestinos,
en los que se evade el pago de impuestos y las prestaciones establecidas por la
Ley Federal del Trabajo.
En los estados de Coahuila y Durango, especialmente en la denominada
región de la Laguna,6 se observó una rápida maquilización de las economías
locales en la década de 1990. Las primeras maquiladoras se instalaron en Lerdo,
Gómez Palacios y Torreón, para después establecerse en áreas rurales y ejidos
de La Laguna como consecuencia del rápido agotamiento de los mercados de
trabajo en la región. De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria del
Vestido (Canaives), en 1997 había más de setenta mil obreros distribuidos en
200 compañías de confección de ropa, pero esta cifra podría ser mayor debido
al subregistro de la actividad. Para el año 2000 había 72 plantas en Torreón, 68
en Gómez Palacios, 14 en Lerdo y nueve en otros municipios de Durango, lo cual
suma más de 44 mil empleados (INEGI, 2001).
Esta área perdió gran cantidad de empleos en la maquila con la recesión del
2002 en Estados Unidos, 45.4 por ciento de los existentes en Durango y 11 por
ciento en Coahuila. Para mayo de 2006 había 221 plantas con más de 99 mil
6
La región de la Laguna está conformada por las ciudades de Torreón, Gómez Palacios y Lerdo, en los
estados referidos, y desde la década de 1960 se vivió el declive del cultivo del algodón, este proceso
se agudizó en 1992, a partir de las enmiendas a la Reforma Agraria (Van Dooren, 2000).
103 julio/septiembre 2006
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ocupados en la maquila de Coahuila, en tanto en Durango había 43
establecimientos con más de 20 mil empleados (INEGI, 2006).
Finalmente, los estados de Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas en el
centro-norte, y el Distrito Federal en conjunto con el Estado de México en
el centro del país, constituyen el último fragmento de la región emergente de la
maquila. Durante el año 2000, en Guanajuato había 13 402 trabajadores en esta
actividad, distribuidos en 78 plantas; 11 403 en San Luis Potosí, distribuidos en
19 plantas, y 5 903 en Zacatecas, distribuidos en 19 plantas, todas ellas
instaladas especialmente en ciudades medias y rurales.7 A pesar de la reciente
ubicación de maquiladoras en estos estados, la crisis del sector al inicio del
milenio generó la pérdida de 15 por ciento de los empleos, especialmente en
Zacatecas y San Luis Potosí.
En el Distrito Federal y el Estado de México había 2 286 trabajadores en 29
establecimientos y 13 734 trabajadores en 58 plantas, respectivamente, en el
2000. Las maquiladoras en el Distrito Federal son muy heterogéneas en cuanto
a sectores de producción y pautas de localización, en contraste con las del Estado
de México, que se localizan en parques y zonas industriales con predominio de
actividades de la confección y el vestido, la metalmecánica y los muebles.
El conjunto de las tres fronteras mencionadas enfrenta problemas comunes
como son los bajos salarios, la escasa integración entre la industria local y
nacional con la inversión maquiladora, la vulnerabilidad del empleo ante los
ciclos económicos de Estados Unidos y la creciente flexibilidad en el uso de la
fuerza de trabajo, especialmente de las mujeres.
La expansión de las maquiladoras y el empleo femenino
Cuando el programa maquilador inició en la frontera norte de México se ofreció
empleo a mujeres jóvenes especialmente, pero hoy en día los hombres representan
un importante contingente laboral en esta actividad. De acuerdo con datos del
Instituto Nacional de Geografía e Informática, en febrero de 2006 se había
contratado a un total de 1 176 155 personas, de las cuales 424 660 eran obreros
varones y 499 061 eran mujeres en la misma posición de trabajo. Lo que indica
la progresiva desfeminización del empleo desde que las maquiladoras se
7
En Guanajuato están en Celaya, Irapuato, León, San Miguel de Allende, Yuridia y los poblados de
Purísima de Bustos y San Luis de la Paz; en San Luis Potosí, en Matehuala, Santa María del Río y la
capital; en Zacatecas, La Calera, la capital y los poblados de Concepción del Oro, Fresnillo, Guadalupe,
Jerez, Luis Moya, Morelos y Ojo Caliente.
104
/
Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
instalaron en el país, si se considera que cambió la relación de 28 hombres
contratados por cada cien mujeres en 1975 a 86 varones por cada cien mujeres
contratadas en 2004 (cuadro 1).
Al respecto se podría identificar por lo menos tres ciclos del empleo
femenino en las maquiladoras. El primero indica la propagación de
empleos femeninos con bajas remuneraciones en la frontera norte durante las
décadas de 1970 y 1980. El segundo corresponde a la desfeminización del
empleo en la maquila, al observarse mayor dinamismo en la contratación
de varones con respecto a las mujeres en casi todo el país en las décadas de 1980
y 1990. El tercer ciclo muestra un proceso de alta flexibilidad en el uso del
trabajo de mujeres y varones jóvenes en las maquiladoras del centro y sur
de México (esquema 1).
También se podría hablar de un cuarto ciclo producto de la desaceleración
económica de las maquiladoras en el 2000, que significó la pérdida de puestos
de trabajo para miles de mujeres. Entre el 2000 y el 2003, éstas perdieron 122
mil puestos de trabajo, que equivalió a 21.2 por ciento del empleo obrero, en
tanto los varones perdieron 82 mil plazas, que equivalió a 17.6 por ciento del
empleo obrero de la maquila.
El empleo en las maquiladoras de México se ha transformado en cuatro
décadas, pero todo parece indicar que los cambios más desfavorables los han
experimentado las mujeres. Concretamente, cuando las ensambladoras iniciaron
actividades en la frontera norte del país, las mujeres constituyeron la fuerza de
trabajo requerida por los empleadores, lo que contribuyó a la formación de un
mercado de trabajo feminizado. Con el paso del tiempo se observó una mayor
especialización productiva en las empresas en contextos de crisis económica, lo
que abrió el mercado de trabajo de las maquilas a los varones, afectando la
ocupación de las mujeres, al reorientarse hacia los segmentos laborales de
menor remuneración. Recientemente, la expansión de actividades maquiladoras
al interior del país manifestó el reavivamiento del trabajo femenino en la
maquila, aunque en nichos de menor oportunidad, como la confección.
Estos hechos dan como balance un largo proceso de segmentación ocupacional
por sexo en las maquiladoras, en primer lugar, con respecto al tipo de
oportunidades de trabajo para éstas en comparación con los varones, y en
segundo lugar, al tipo de garantías laborales que se tiene en un contexto de
nuevos esquemas de contratación, que propician vulnerabilidad ocupacional al
acentuar los trabajos temporales, inestables y con menores beneficios.
105 julio/septiembre 2006
CUADRO 1
ÍNDICE DE MASCULINIDAD EN LA INDUSTRIA MAQUILADORA DE EXPORTACIÓN,
1975-2005, MÉXICO
Obreros Variación porcentual anual
Total Índice de Total Obreros
Año nacional* Hombres Mujeres masculinidad nacional Hombres Mujeres
Papeles de POBLACIÓN No. 49
1975 67 214 12 575 45 275 27.8 : 100 - - -
1980 119 546 23 140 78 880 29.3 : 100 - - -
1985 211 968 53 832 120 042 44.8 : 100 - - -
1990 446 436 140 919 219 439 64.2 : 100 - - -
1995 648 263 217 557 314 172 69.2 : 100 11.2 12.7 10.6
2000 1 291 232 468 695 575 706 81.4 : 100 12.9 14.8 12.1
106
2001 1 198 942 432 340 524 929 82.4 : 100 -7.1 -7.8 -9.0
2002 1 071 209 389 435 463 149 84.1 : 100 -10.7 -9.9 -11.8
2003 1 062 105 386 293 453 767 85.1 : 100 -0.8 -0.8 -2.0
2004 1 115 230 409 274 476 992 85.8 : 100 5.0 5.9 5.1
2005** 1 167 239 423 814 496 842 [Link] 100 4.7 3.6 4.2
Fuente: INEGI, Estadísticas Económicas, Industria Maquiladora de Exportación, agosto de 1997.
INEGI, [Link], octubre de 2004. INEGI, Estadística de la Industria Maquiladora de Exportación, Información Preliminar, julio 2005.
* Incluye empleados y técnicos.
** Cifras preliminares a partir de julio.
CIEAP/UAEM
ESQUEMA 1
CICLOS DE PARTICIPACIÓN FEMENINA Y EXPANSIÓN TERRITORIAL
DE LA INDUSTRIA MAQUILADORA
Ciclos de participación femenina
Regiones de expansión de Primer ciclo Segundo ciclo Tercer ciclo Cuarto ciclo
la industria maquiladora (1966-1980) (1980-1990) (1990-2000) 2000-2004
Frontera de tradición
maquiladora (frontera Desaceleración de la
Propagación de
norte) Desfeminización Desfeminización desfeminización
empleos femeninos
107
Frontera en expansión Desfeminización
maquiladora lenta con variaciones
(frontera noreste y coyunturales.
noroeste) Desfeminización Desfeminización aumenta diferencias
entre estados hacia la
masculinización
Alta flexibilidad en
Frontera emergente uso de fuerza de
maquiladora nueva feminización trabajo femenina y de
/
(norte, occidente, centro del trabajo jóvenes varones
y península de Yucatán)
julio/septiembre 2006
Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
De ser los trabajos de la maquila los únicos disponibles para las economías
deprimidas, significaría que este tipo de condiciones de trabajo podría extenderse
al resto del mercado laboral en el país. Se podría afirmar que, cada vez más, las
los varones se colocan en un plano de competencia abierta frente a las mujeres
por conseguir trabajos en estas fábricas, aunque con resultados y oportunidades
desiguales debido a las condiciones que impone la maquiladora en cuanto a
políticas de contratación y al deterioro generalizado de las condiciones de
trabajo en cada región.
Primer ciclo
Como se mencionó, las primeras maquiladoras se establecieron en la frontera
norte en zonas libres y franjas fronterizas en 1965, en las ciudades de Tijuana
y Mexicali, en el estado de Baja California; en Ciudad Juárez, estado de
Chihuahua; en Matamoros, estado de Tamaulipas, y en Nogales, en el estado
de Sonora. La presencia de las maquiladoras provocó un importante cambio en
la estructura de ocupación de estas ciudades al incorporar casi exclusivamente
fuerza de trabajo femenina.
Estos cambios se pueden observar a través de índices de masculinidad, los
cuales permiten identificar el grado de feminización de la fuerza de trabajo en
la maquiladora por ciudad, si se divide al número total de hombres entre las
mujeres contratadas en dicha actividad por año y ciudad. De esta forma, en 1975,
en las ciudades de Juárez, Matamoros, Tijuana y Mexicali, por cada cien obreras
laborando en las maquiladoras había menos de treinta obreros varones contratados
para la misma actividad. Esta tendencia fue igual en la maquila a nivel nacional,
al mostrar que casi 70 por ciento del empleo estaba ocupado por mujeres obreras
de la producción, con un índice de masculinidad de cien mujeres obreras por
cada 30 obreros en el total de la maquila nacional (cuadro 1). La excepción de
esta pauta fue la ciudad de Nogales, en la que por cada cien obreras había 63
obreros contratados en las mismas posiciones de trabajo (cuadro 2).
En la década de 1980, el estancamiento de la producción industrial orientada
al mercado interno y la gradual liberalización de la economía propiciaron la
caída de los ingresos reales de la población y la insuficiente creación de empleos
asalariados, lo cual afectó especialmente al norte y centro del país. En este
primer ciclo, la incorporación y el incremento de mujeres en ocupaciones
manufactureras, especialmente en la maquila, favoreció la feminización de la
108
/
Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
fuerza trabajo en el país (Pedrero et al., 1997). Anteriormente, en la etapa de
sustitución de importaciones, varias ocupaciones en la manufactura fueron
ejercidas por fuerza de trabajo masculina, pero en la etapa exportadora nuevas
áreas de industrialización emergieron en la frontera norte, por lo cual predominó
la contratación de mujeres en la maquila. Específicamente en 1980, la contratación
de mujeres representó casi 78 por ciento del total de empleos obreros generados
por esta industria, con un índice de masculinidad de treinta obreros por cada
cien obreras.
Esta misma tendencia se observó en las ciudades de Tijuana, Ciudad Juárez
y Mexicali, con 30 varones por cada cien mujeres obreras en 1980. En contraste,
en Nogales hubo una temprana participación de la fuerza de trabajo masculina,
con 70 varones por cada cien mujeres contratadas en la maquila. Sin embargo,
Matamoros mostró una relación de veinte obreros por cada cien mujeres
contratadas (cuadro 2).
La importancia de la contratación de mujeres en la maquiladora en la frontera
norte es indudable durante las primeras décadas, pero no se trató de un
comportamiento idéntico en todos los sectores productivos. Según los índices
de masculinidad en municipios fronterizos, en 1980 una mayor participación
femenina se dio en la electrónica y la textil, con una relación de 20 varones por
cada cien obreras, en tanto en las autopartes, por cada cien mujeres había 50
obreros contratados (INEGI, 1978, 1988, 19991, 2000).
La inserción laboral de hombres y mujeres en la industria maquiladora
mostró la conformación de segmentos especializados de mano de obra según
sexo, en ciertas categorías de ocupación y ramas de actividad. Lo que a mediano
plazo reflejó la posición de desventaja de las mujeres en el mercado de trabajo
local, en un contexto social en el que los atributos femeninos y el estatus de su
trabajo mediaron en la definición y asignación laboral de las mujeres en la
maquila. Por lo que no fue extraño que se contratara a mujeres jóvenes de entre
14 y 25 años por sus “manos ágiles y movimientos finos”.
En el fondo, las condiciones de trabajo en las maquiladoras mostraron que
las mujeres se convirtieron en un elemento más de la producción, al ajustarse
a ritmos intensos de trabajo, bajas remuneraciones y condiciones de inestabilidad
en el empleo. En este sentido, los patrones de inserción laboral tuvieron cierta
correspondencia con las políticas de contratación en las maquiladoras al preferir
mujeres. Pero también, al tratarse de un sector que pedía requisitos mínimos a
una población con bajo nivel de instrucción y necesidad de empleo.
109 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
CUADRO 2
INDUSTRIA MAQUILADORA DE EXPORTACIÓN. 1975-2000. ÍNDICE
DE MASCULINIDAD, OBREROS OCUPADOS EN LOS PRINCIPALES
MUNICIPIOS DE MÉXICO
Municipio 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005**
Frontera tradición maquiladora
Tijuana 26.4 28.6 48.1 80.2 89.1 101.1 90.7
Ciudad Juárez 26.6 25.6 48.6 82.2 85.7 101.1 97.7
Mexicali 29.7 33.3 46.2 60.1 62.1 77.2 69.5
Nogales 63.1 67.8 84.9 107.4 96.1 99.8 102.7
Matamoros 20.2 21.5 35.9 44.4 45.7 62.9 77.4
Frontera expansión maquiladora
Ciudad Acuña 24.5 20.7 59.4 85.3 130.6 143.6 136.7
Piedras Negras 9.0 30.2 27.7 87.7 92.8 107.6 126.7
Reynosa 9.2 26.1 37.1 61.3 68.4 83.9 88.7
Hermosillo 26.0 29.5 37.4 44.9
Frontera emergente maquiladora
Puebla* 94.6 96.5
Lerdo 91.4 129.5
Torreón 51.3 86.5 125.9
Gómez Palacios 82.9 126.2
Mérida 35.8 69.7 94.4
México y DF* 41.8 57.2 94.2
Aguascalientes* 34.2 50.0 64.9
San Luis Potosí* 53.0 66.8
Guanajuato* 35.4 43.9
Zacatecas* 33.1 45.5
Guadalajara y mpios. 41.6 35.0 32.2 53.3
Fuente: INEGI, Estadísticas de la Industria Maquiladora de Exportación, 1975-1985; 1978-1988 y
1995-2000.
*Datos para todo el estado.
** Datos preliminares, Estadística de la Industria Maquiladora de Exportación. Información Preliminar,
julio 2005.
110
/
Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
En estas condiciones, al trabajo femenino se le consideró de segunda clase
y de bajo valor económico, como se señaló en numerosos estudios sobre las
maquiladoras durante el periodo.8 Los hallazgos de investigación mostraron un
trabajo femenino no calificado, débil, marginal, temporal y como parte del
ejército industrial de reserva.9 Lo que en gran medida reflejó el discurso de los
empresarios sobre las mujeres de la maquila como “muchas, bonitas y baratas”.
Este ciclo de la fuerza de trabajo en la maquila mostró dos sentidos de un mismo
fenómeno: el sentido económico de la incorporación femenina de la fuerza de
trabajo y el sentido simbólico y cultural de la valorización de esta experiencia,
en un mercado de trabajo específico (Borderías, 2003: 58).
Segundo ciclo
Este se caracteriza por la desfeminización de la fuerza de trabajo en las fronteras
tradicional y en expansión. Al terminar la década de 1980, la participación
masculina aumentó gradualmente en la industria maquiladora al lado de un
menor dinamismo del empleo femenino. Este proceso se relacionó con los
primeros efectos de la crisis mexicana de 1982, como el declive de los salarios
reales y el cierre de varias empresas privadas y del Estado, lo que provocó el
despido de numerosos trabajadores, la depresión de varios mercados locales de
trabajo y el crecimiento del sector terciario, entre los efectos más relevantes.
En algunas ciudades de la frontera norte, en las que no se había impulsado
las actividades maquiladoras en la década de 1960 —como Piedras Negras y
Reynosa— se dio un auge en este tipo de industria. En la primera ciudad, la
reestructuración de las empresas paraestatales de extracción de carbón y de
generación de electricidad propició la pérdida de numerosos empleos
—básicamente masculinos—, lo que convirtió a la maquiladora en una fuente
alternativa de trabajo (Quintero, 2002). En Reynosa, por su parte, con la
reestructuración de empresas paraestatales dedicadas a la extracción de gas, se
favoreció la instalación de maquiladoras para el ensamble de electrónicos,
muebles y metálicos (Quintero, 2002).
8
Algunas de las primeras investigaciones se basaron en el esquema de las ventajas comparativas al tratar
de explicar el uso intensivo y extensivo de fuerza de trabajo femenina, caracterizada como “barata,
abundante y sin experiencia laboral”, como aparentemente lo encarnaban las mujeres de la frontera
norte de México (Rosado, 1976; Escamilla y Vigorito, 1977, Gambrill, 1981; Carrillo y Hernández,
1982; Iglesias, 1985; Arenal; 1986; Lailson, 1988; Fernández Kelly, 1980 y 1983; Barajas y Rodríguez,
1992).
9
Véase los estudios de caso realizados en la frontera norte por Murayama y Muñoz, 1979; Fernández-
Kelly, 1980 y 1983; Gambrill, 1981; Carrillo y Hernández, 1982; Carrillo, 1985; Hernández, 1988;
Barrera, 1990; Denman, 1991; Barajas y Rodríguez, 1992.
111 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
En este periodo se observó también la expansión de la maquiladora10 hacia
ciudades fronterizas y al noreste del país, en donde no había antecedentes de esta
industria, como en Ciudad Acuña y Hermosillo. En la primera ciudad el impacto
fue tal, que en el 2000 había 56 plantas de autopartes y metalmecánica con más
de 30 000 empleados. Mientras que en Hermosillo se situaron varias plantas
relacionadas con los grupos Cemex, Ford y algunas orientadas a la confección.11
En este escenario tomó forma la desfeminización de la fuerza de trabajo en
la maquila, al estancarse la participación femenina y concentrar sólo 57 por
ciento de los empleos totales de la actividad en 1985. Esta tendencia se reflejó
claramente a través de los índices de masculinidad en la categoría de obreros
directos, con 45 varones por cada cien mujeres contratadas. Este patrón se
fortaleció en la década de 1990, con 60 obreros por cada cien obreras en el total
de la maquila nacional (cuadro 1). Tal comportamiento se observó en las
ciudades de Tijuana, Ciudad Juárez y Mexicali,12 con casi 50 varones por cada
cien obreras empleadas en esta industria en 1985.
En las ciudades recién activadas por las maquiladoras, la tendencia fue
distinta. En Ciudad Acuña se transitó de un patrón de empleo feminizado a uno
menos intenso en solo una década; en los años setenta había 20 varones por cada
cien mujeres, y en 1985 la proporción fue de 60 varones por cada cien obreras
contratadas. En Piedras Negras y Reynosa, el patrón de empleo feminizado
permaneció estable hasta 1985, con una relación de casi 30 varones por cada
cien mujeres obreras en la maquila (cuadro 2).
Al parecer, al expandirse las maquiladoras hacia el norte del país, se
constituyó un perfil de ingreso más complejo. Por un lado, los empleadores
empezaron a contratar más hombres, al disponer de fuerza de trabajo debido a
la desindustrialización que precedió la instalación de las maquiladoras en
diferentes localidades y al declive del empleo en la manufactura nacional. Estos
hechos, a la larga, impactaron la composición de los mercados de trabajo
regionales por sexo.
10
Este proceso coincide con el cambio del artículo 321 del Código Aduanero de Estados Unidos
Mexicanos en octubre de 1972, a través del cual se permitió la localización de maquiladoras en todo
el país. De tal forma que en 1989 cinco por ciento de los establecimientos totales estaban fuera de la
frontera, y para 1998 representaban casi 20 por ciento.
11
Las actividades de la confección y del vestido se incrementaron con la firma del Tratado de Libre
Comercio de América del Norte en 1994.
12
En Nogales y Matamoros se continuó con el patrón de la década pasada, es decir, la primera ciudad
con 84 obreros por cada cien obreras contratadas; en tanto Matamoros mostró una proporción de 35
obreros por cada cien obreras en las maquiladoras (cuadro 2).
112
/
Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
Un elemento más que contribuyó a la desfeminización de la fuerza de trabajo
fue la diversificación tecnológica en las maquiladoras, lo que incidió en los
perfiles solicitados con mayor escolarización y estudios técnicos, que al
parecer, los varones reunían mayoritariamente. También se observó que la rama
de autopartes, en la que tradicionalmente se contrataba a varones, tendió a
expandir sus actividades en el país.13 De esta forma, en 1985 había 90 varones
por cada cien mujeres contratadas en las autopartes, al lado de la electrónica y
la textil, con 32 y 30 varones por cada cien obreras, respectivamente, en
municipios fronterizos (cuadro 3).
En la década de 1990, la participación de las mujeres en las maquiladoras a
nivel nacional fue menor a 50 por ciento, con una relación de 64 varones por cada
cien mujeres (cuadro 1). En las ciudades de Tijuana, Juárez y Nogales, tal
relación casi se duplico con respecto a sus índices anteriores, llegando a 80 e
incluso cien varones por cada cien mujeres obreras contratadas, lo que disminuyó
la brecha de la composición por sexo en la fuerza laboral. En contraste, las
ciudades de Mexicali y Matamoros conservaron un patrón feminizado, con 60
y 44 varones por cada cien mujeres, aunque sin lograr revertir el proceso de
gradual desfeminización de la fuerza de trabajo.
Por otro lado, en el eje de expansión maquiladora, el proceso fue similar en
Ciudad Acuña y Piedras Negras, con 85 y 87 varones por cada cien mujeres
contratadas. A diferencia de Reynosa y Hermosillo, en las que la presencia de
mujeres continuó siendo importante, especialmente en ésta última, con 26
varones por cada cien mujeres obreras en 1990 (cuadro 2).
Durante este periodo se configuró un patrón de especialización en la
electrónica y las autopartes en la frontera norte, que años más tarde se fortaleció
a través de 558 plantas electrónicas y 175 automotrices con casi 500 mil
personas empleadas en dicha región en el 2000 (INEGI, 1995 y 2000). Este
patrón se consolidó especialmente en algunas ciudades en las que se generó
infraestructura industrial y una gran diversidad de formas productivas y de
articulación con cadenas globales al sur de California y con el corredor Houston-
San Antonio-Austin-Dallas, en Texas. Además de influir en el comportamiento
del índice de masculinidad para el sector fronterizo de autopartes, en el que se
13
Este proceso se puede entender a la luz de los cambios que enfrentó la industria del automóvil en
Estados Unidos en dicho periodo, cambios ocasionados por la competencia de autos compactos
producidos en otros países. Lo anterior llevó a dicha industria a disminuir sus costos a través de la
relocalización de grandes fábricas en México. Este fue el caso de Ford Motor, cuya marca estableció
cinco maquiladoras en la década de 1980 en el país. La inversión en capital tecnológico se reflejó en
el tamaño de sus plantas, lo que explica que la tendencia de incremento de empleo masculino en las
autopartes esté asociado a su proceso de expansión en el país (Fleck, 2001).
113 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
observaron tantas mujeres contratadas como hombres. Lo que no ocurrió con las
maquiladoras electrónicas y del textil con una relación de 50 varones por cada
cien mujeres obreras en 1990. Esta tendencia se reflejó en los municipios no
fronterizos, aunque no con la misma intensidad que en la frontera, con 54
varones por cada cien mujeres obreras en las maquilas de autopartes, 35 varones
por cada cien mujeres en la electrónica, y 18 varones por cada cien mujeres en
la textil (cuadro 3).
CUADRO 3
INDUSTRIA MAQUILADORA DE EXPORTACIÓN. RELACIONES DE
MASCULINIDAD. PERSONAL OBRERO OCUPADO POR SECTOR
ECONÓMICO Y MUNICIPIOS, 1980-2000
Índice de Índice de
Fronterizos masculinidad No fronterizos masculinidad
Hombres Mujeres Hombres Mujeres
Electrónica
1980 9 369 43 024 21.8 872 4 886 17.8
1985 17 020 52 332 32.5 1 578 8 456 18.7
1990 39 729 74 703 53.2 4 911 13 919 35.3
1995 59 774 99 232 60.2 7 730 21 946 35.2
2000 113 774 153 737 74.0 25 158 54 473 46.2
Textil
1980 2 183 10 588 20.6 361 2 604 13.9
1985 2 985 9 854 30.3 701 4 738 14.8
1990 5 801 11 334 51.2 2 879 15 724 18.3
1995 8 650 15 721 55.0 16 191 45 939 35.2
2000 15 923 21 882 72.8 73 522 124 640 59.0
Autopartes
1980 2 006 3 975 50.5 40 289 13.8
1985 14 746 16 309 90.4 724 2 010 36.0
1990 32 121 28 471 112.8 6 158 11 246 54.8
1995 44 895 38 690 116.0 10 212 16 062 63.6
2000 79 000 63 142 125.1 19 614 25 588 76.7
Fuente: INEGI, Estadísticas de la Industria Maquiladora de Exportación, 1978-1988 y 1995-2000.
114
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
Los cambios en la composición sectorial propiciaron una menor segregación
por sexo con respecto al primer ciclo de empleo de las mujeres en la maquila,
ocurrido durante la década de 1970. Pero este comportamiento no significó la
reducción de diferencias entre el trabajo desempeñado por hombres y mujeres,
sino más bien, el deterioro generalizado de la situación laboral masculina y la
inserción de mujeres a sectores más tradicionales, como la confección no
fronteriza y la electrónica.
Las diferencias entre el trabajo de hombres y mujeres también estuvo
presente en la distribución de los puestos técnicos, con menos de 300 técnicos
varones por cada cien mujeres en igual posición. Este comportamiento se
observó tanto en las ciudades de la frontera de tradición maquiladora como en
la de expansión, constituyendo los casos extremos la ciudad de Reynosa, con
364 técnicos varones por cada cien mujeres técnicas, y la ciudad de Hermosillo,
con 186 técnicos por cada cien técnicas en el año 2000 (INEGI, 2000).
El conjunto de datos mencionados permite identificar cómo ha operado la
segregación por rama, ocupación y aun asignación de tarea por sexos en
la industria maquiladora. La segregación por rama se refleja en la participación
intensiva de mujeres en las ramas de la confección y del vestido, y con menor
intensidad en la electrónica, lo que muestra las oportunidades de empleo y de
remuneraciones en ramas que ofrecen mejores salarios, como las de maquinaria
y herramienta para el transporte, en comparación con los bajos salarios de los
sectores de la confección y del vestido (Fleck, 2001).
La segregación por ocupación y asignación de tarea se puede observar en la
participación masiva de mujeres con la categoría de operadoras de producción,
en contraste con su reducida participación en puestos técnicos o directivos. Esta
diferencia está presente también al interior de las empresas, en las que se ofrece
una reducida gama de puestos de trabajo para mujeres, tales como operadoras,
operadoras calificadas, jefas de línea o de grupo.
Se puede afirmar que la segregación por sexo en la industria maquiladora se
refleja en las diferencias de ingreso, condiciones de trabajo y movilidad laboral
entre hombres y mujeres. En un contexto de gradual desfeminización del
empleo en dicha industria, cuya expresión es el lento crecimiento del empleo
femenino en la región fronteriza, frente al incremento de éste en regiones no
fronterizas a través de la instalación de maquilas de la confección y el vestido.
En este sentido, la desfeminización de la fuerza de trabajo en la industria
maquiladora nos refiere a un fenómeno de suministro de fuerza de trabajo, que
en sus inicios presentó en la frontera un dramático crecimiento de la participación
115 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
femenina en las maquiladoras. Pero durante un segundo ciclo, los nuevos
trabajos en la maquila fueron requeridos tanto por hombres como por mujeres
en un contexto de crisis económica y expansión de las actividades maquiladoras.
En este contexto, el tema de la división sexual del trabajo en sus aspectos
demográficos cobró relevancia a través del estudio de las determinantes de
la participación laboral y de inserción al trabajo remunerado extradoméstico
de las mujeres, así como de las nuevas fuentes de empleo para los varones. Se
podría afirmar que, a partir de la década de 1980, el trabajo femenino adquirió
mayor complejidad y develó la importancia de los procesos económicos y
sociales del contexto mexicano.
Asimismo, los enfoques sobre las relaciones entre clase, sexo y patriarcado
para explicar la opresión del trabajo de las mujeres en la maquila convivieron
con los recientes aportes sobre la desfeminización del trabajo. La paradoja en
estos estudios fue continuar considerando al trabajo de las mujeres como
secundario y ejercido por un sujeto débil y pasivo, a pesar de su visibilidad,
capacidad de agencia e importancia durante varias décadas. Los tópicos sobre
la participación de la mujer en el mercado de trabajo de la maquila, las
estrategias laborales de los sujetos en la crisis y la rotación del trabajo fueron
los temas abordados por sociólogos, antropólogos y demógrafos durante este
periodo (Catanzarite y Strober, 1989; Barajas y Rodríguez, 1992; Carrillo,
1994). En el discurso académico de la década de 1980 se enfatizó más la
condición laboral de las mujeres en las maquiladoras que su relación con otros
sujetos sociales en el ámbito político y social.
Tercer ciclo
El ciclo de flexibilización de la fuerza de trabajo femenina en la frontera
emergente corresponde a nuevos patrones de empleo en la maquiladora vinculados
con su expansión territorial hacia ciudades medias y algunas localidades rurales
del centro-norte, occidente, centro y Península de Yucatán, como se mencionó
en secciones anteriores. Durante este ciclo, los varones se colocaron en un plano
de competencia abierta con las mujeres para conseguir trabajos en este sector
de ocupación, aunque con oportunidades desiguales debido a las políticas de
contratación flexible y al deterioro generalizado de las condiciones de trabajo
en la década de 1990. A lo que se puede añadir el declive económico de algunas
actividades tradicionales de la manufactura como la elaboración de cuero,
zapato, la confección, la metalmecánica y el cultivo del algodón, que afectó
116
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
especialmente algunas ciudades del centro y sur de México, las que se convertirían
en el nuevo destino para las maquiladoras de origen mexicano y extranjero (De
la O y Quintero, 2002).
Durante este ciclo, varones y mujeres buscaron oportunidades de empleo en
un sector flexible y en expansión, como el de la maquila, en el que por cada cien
mujeres se contrató a 81 varones a nivel nacional al inicio del milenio (cuadro
1). Este periodo fue de gran incertidumbre en el sector maquilador debido a la
eliminación gradual de las protecciones arancelarias derivada de la entrada en
vigor del TLCAN, y al posterior impacto en el empleo por la recesión económica
de Estados Unidos en el 2000. Específicamente en Baja California se perdió
23.1 por ciento de los puestos de trabajo en la maquila; en Chihuahua, 16.9 por
ciento, y en Tamaulipas, 10.6 por ciento (INEGI, 2002).
En este contexto, el proceso de desfeminización de la fuerza de trabajo tomó
diferentes direcciones en las zonas maquiladoras. En ciudades como Matamoros
y Hermosillo persistió un patrón de contratación feminizado, aunque de menor
intensidad con respecto a décadas pasadas, con 62 y 37 varones, por cada cien
mujeres contratadas en la maquila, respectivamente en el 2000 (cuadro 2).
En algunas ciudades del centro-norte, occidente, centro y Península de
Yucatán se observó una situación compleja. En Torreón, Lerdo, Gómez
Palacios y el estado de Puebla operó un patrón más masculinizado de empleo
con casi 90 obreros varones por cada cien mujeres contratadas en el sector de
la confección y el vestido, especialmente. En corto tiempo se asumió en estas
ciudades este patrón de ocupación, incluso algunos empresarios manifestaron
la importancia de “la docilidad y agilidad de las manos masculinas jóvenes”,
características antes atribuidas al trabajo femenino.
En tanto en las ciudades de Guadalajara, Aguascalientes y Mérida se dio un
patrón feminizado de empleo, en el que se contrató a casi 60 varones por cada
cien obreras en el 2000 (cuadro 2). Esta tendencia fue más intensa en San Luis
Potosí, Guanajuato y Zacatecas, con índices menores de 50 varones por cada
cien mujeres empleadas en la maquila.
De acuerdo con el comportamiento descrito, parece existir una relación entre
la incursión de maquiladoras hacia el interior del país, especialmente hacia el
sur, y la feminización de las oportunidades laborales. Por ejemplo, los sectores
más feminizados se ubican en los sectores de la electrónica y la confección en
municipios no fronterizos, con 46 y 59 varones por cada cien mujeres empleadas
en la maquila en el 2000. En tanto, en el sector de autopartes se identificó 76
varones contratados por cada cien mujeres en el mismo periodo (cuadro 3).
117 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
Estos datos contrastan con los de las ciudades fronterizas, en las que se observó
un patrón de contratación proporcional entre hombres y mujeres, bajo una
relación de un varón por cada mujer en la maquila.
Asimismo, las oportunidades femeninas para ocupar puestos técnicos parecen
ser equivalentes para hombres y mujeres en la región emergente de la maquila,
por lo menos para los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Estado de México
y Distrito Federal, Puebla, Zacatecas y la ciudad de Mérida, en donde se observó
una relación de 10 a 14 técnicos varones por cada 10 mujeres en el 2000.
Este comportamiento está asociado con el menor número de puestos que en
general se ofrece a técnicos en esta región y con las remuneraciones que se
reciben. Específicamente, los técnicos de la frontera y de la región en expansión
de la maquila ganaban en 1999 aproximadamente 96 761 y 74 283 pesos,
respectivamente, por año, en contraste, los técnicos en la región emergente
tenían remuneraciones de 52 071 pesos anuales (INEGI, 2000). Si se considera
que esta última es la región en donde las mujeres mostraron mayores
oportunidades para ocupar puestos técnicos, este elemento permite dimensionar
la calidad de la oportunidad laboral para las mujeres.
En síntesis, es posible identificar diferentes patrones de distribución territorial
de las maquiladoras, así como perfiles de empleo según sexo. Por un lado, se da
una mayor participación de mujeres en ciudades de reciente expansión de la
industria maquiladora. Y por otro, mayor participación masculina en sectores
de ocupación como la confección y el vestido y la electrónica, mismos que en
décadas pasadas fueron nichos de ocupación femenina. Cada día los varones se
colocan en un plano de competencia más abierta con las mujeres para conseguir
trabajos en la industria maquiladora, aunque bajo condiciones y oportunidades
desiguales, debido a las condiciones estructurales que impone la maquiladora
en cuanto a políticas de contratación local, al deterioro generalizado de las
condiciones de trabajo en el país, y a razones culturales y sociales que
intervienen en el reconocimiento del trabajo femenino y masculino.
Se puede afirmar que en los años noventa y en el nuevo milenio, el empleo
femenino ha estado bajo el influjo de procesos tales como la flexibilidad laboral
y la globalización, que mediaron en la forma de comprender el trabajo y la
experiencia de mujeres y hombres en el mercado de trabajo de la maquila. En
este contexto, a partir de estudios de caso en fábricas ensambladoras se logró
identificar modificaciones en los sistemas de organización del trabajo, en el
reclutamiento de mano de obra y en el reparto de las tareas, el cual no era ajeno
al sexo del trabajador o trabajadora. Es decir, que los recursos de la flexibilización
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
y de las nuevas formas de contratación, como el tiempo parcial, por ejemplo,
dependían de la posibilidad de contratar mujeres.
A partir de este supuesto se llevaron a cabo estudios de caso en diferentes
ciudades de la frontera, y en aquellas regiones en donde se habían asentado
maquiladoras en el país, encontrando evidencias de nuevos horarios de trabajo,
jornadas más flexibles y formas de remuneración asociadas con la productividad.14
Aunque operando bajo una clara segmentación de género en los puestos de
trabajo y en las oportunidades de movilidad ascendente (Salzinger, 1992;
Carrillo, 1994; De la O, 1995 y 1997; Zúñiga, 1999; Castilla; 2004).
El trabajo de las mujeres en contextos de modernización productiva y de
flexibilidad laboral develó la complejidad que encierra la definición de las
“calificaciones” femeninas, si se razona sobre éstas desde el punto de vista de
los valores y la cultura. Existen enormes diferencias con las perspectivas sobre
la segregación sexual del trabajo, la feminización y la jerarquización de las
ocupaciones por categorías, ya que bajo dichos criterios, el trabajo de la mujer
se define como no cualificado. De aquí la importancia de reconocer los valores
y la cultura en la definición del trabajo femenino en las maquiladoras.
Por ejemplo, se ha podido observar que en las formas de inserción laboral a
la maquila prevalecen valores diferentes entre hombres y mujeres en el
momento de decidir su ingreso al mercado de trabajo. Los elementos que
valoran las mujeres se refieren a las condiciones de trabajo, la estabilidad
laboral, la cooperación, el ambiente y el acceso a servicios sociales. Lo que
ayuda a entender la buena recepción de las “nuevas formas de organización” en
estas fábricas y la apropiación del discurso gerencial sobre “la fábrica como un
referente de familia” (De la O, 1997).
Otro fenómeno que ha quedado al descubierto es la dificultad que expresan
los varones para inscribirse en puestos de trabajo reconocidos como femeninos,
ligados a exigencias de destreza, resistencia y cultura del trabajo femenina. En
los medios laborales de la maquila, la presencia masculina ha llevado al cambio
de su especificidad y diferencia sexual asignada, lo que ha significado que
dichos trabajos se encuentren en una vía de redefinición para la integración
de varones.
14
De acuerdo con el más reciente informe del Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal), publicado
en junio de 2006, se logró identificar en centros de manufactura electrónica instalados en Guadalajara,
Chihuahua y Tijuana varias violaciones a los derechos laborales, entre los que destacan la evasión de
responsabilidades laborales debido a la presencia de agencias de contratación, discriminación,
inestabilidad laboral, accidentes y enfermedades de trabajo, uso de sustancias tóxicas y peligrosas,
acoso sexual y trato indigno, así como escasa libertad para la asociación sindical. Entre las empresas
que colaboraron para la elaboración de este informe se encuentran IBM, HP, Solectron, Flextronics,
Sony, SCI Sanmina, Jabil y Celestica (Público, 27 de junio de 2006).
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Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
Además, a partir de la expansión de las maquiladoras hacia el centro y sur
del país, algunos investigadores reconocieron la importancia de la etnicidad en
sus estudios, ya sea por efectos de la migración laboral indígena o por la
localización de las nuevas maquiladoras en zonas indígenas, como son los casos
de Puebla y Yucatán. Así como el tema de la pobreza y la exclusión por género
en algunas ciudades del norte y sur de México (Aguilar, 1995; Peña 1994;
Reygadas, 2001; Salles y Rubalcava, 2002; Castilla, 2004; Juárez, 2002).
Conclusiones
En el presente artículo manifesté mi interés de analizar cómo el proceso de
movilidad territorial de las maquiladoras incide en la configuración de regiones
y de patrones de empleo para las mujeres. Para ello, inicialmente me acerqué al
proceso de movilidad geográfica de maquiladora, lo que me permitió identificar
la conformación de tres regiones o fronteras de estas fábricas en el país, así como
diferentes ciclos y patrones de empleo involucrados. Lo que de alguna forma
expresa la articulación que se da entre la movilidad del capital transnacional y
la adecuación de suministro de fuerza de trabajo local, cuyos efectos han sido
desfavorables para las mujeres a lo largo de cuatro décadas.
Por un lado, la movilidad territorial de la maquiladora ha incidido en la
conformación de por lo menos tres fronteras o ejes de esta actividad. Al primero
lo definí como histórico e incluye ciudades pioneras de esta actividad desde la
década de 1960. Al segundo, como un eje en expansión de la actividad más allá
de la frontera, que desde la década de 1980 incluye ciudades del norte, noroeste
y noreste de México. Y el eje emergente, cuya característica es el rápido
incremento de las maquilas en el centro-norte, occidente, centro y Península de
Yucatán, desde la década de 1990.
En el primer eje destaca un patrón de especialización productiva orientado
a la producción de la electrónica y las autopartes, así como un proceso germinal
de empleo de fuerza de trabajo femenina en la década de 1960, proceso que
culminó en un patrón de empleo semejante para varones y mujeres. En el
segundo eje identifiqué la relación entre la movilidad de las maquiladoras y la
coyuntura de desindustrialización y crisis de las actividades económicas
tradicionales que se vivió en la gran mayoría de los nuevos destinos, en los que
se observó una mayor participación masculina. En el tercer eje sobresale la
especialización en actividades de la confección y del vestido con empleo
masivo de mujeres.
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Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México M. de la O
Asimismo, la movilidad de la industria maquiladora en el país favoreció la
conformación de regiones en auge y en declive, según el tipo de especialización
productiva y la conexión presente con los mercados internacionales. De esta
forma, en la frontera con Estados Unidos y al norte del país se instalaron plantas
especializadas en el procesamiento de productos electrónicos y de autopartes.
En tanto las regiones del centro y sur fueron aprovechadas mayoritaria y
crecientemente por ramos como los de la confección y el vestido, en las que se
observan bajas remuneraciones y malas condiciones laborales. En este proceso
sobresale la coyuntura de declive económico en diferentes ciudades y localidades
del país, en las que la llegada de la industria maquiladora se convirtió en una
estrategia de creación de empleos frente a la imposibilidad de desarrollar
una estrategia local para el trabajo.
El crecimiento y movilidad de las maquiladoras en los últimos cuarenta años
muestra cambios cíclicos desfavorables para las mujeres. Cuando las
maquiladoras iniciaron operaciones en la frontera norte de México, las mujeres
fueron la fuerza de trabajo requerida, contribuyendo a la construcción de un
mercado interno de trabajo feminizado. Al paso del tiempo, a partir de una
mayor especialización productiva y en un contexto de crisis económica, la
ocupación de las mujeres en estas industrias no creció con la misma dinámica
que la masculina, excepto en actividades tradicionales y mal remuneradas al
centro y sur del país. Es decir, en nichos de menor oportunidad, como
la confección tradicional mexicana.
Este largo proceso de segmentación ocupacional por sexo tomó casi cuarenta
años y da como balance la disminución gradual de oportunidades laborales para
las mujeres en la maquila, quienes actualmente compiten por oportunidades de
empleo a la par que los hombres en un contexto de nuevos esquemas
de contratación y vulnerabilidad ocupacional, al crecer los trabajos con menores
beneficios, pensiones y promociones.
Durante la década de 1970, el trabajo de las mujeres de la maquila se
consideró marginal y descalificado, de aquí que predominara la imagen de
“muchas, bonitas y baratas”. En la de 1980, la presencia masiva de las mujeres
en la actividad económica desveló la centralidad del trabajo asalariado de las
mujeres en el sistema económico, aunque la tendencia de incorporación de
varones a la maquila abrió el tema de la “masculinización y desfeminización”
del trabajo en este sector.
En la década de 1990, a la luz de los planteamientos sobre la globalización
y la flexibilidad, cambió la forma de comprender el trabajo y la experiencia de
121 julio/septiembre 2006
Papeles de POBLACIÓN No. 49 CIEAP/UAEM
mujeres y hombres en el mercado laboral. No obstante, la imagen del trabajo
femenino como secundario y descalificado se mantuvo, realidad que alude a la
segmentación del mercado de trabajo y a un mercado dual. De acuerdo con estas
teorías, el carácter secundario de las mujeres se debía a su papel en la
reproducción social, en donde las diferencias creadas eran aprovechadas por el
mercado. En este sentido, se debe analizar la preferencia de los empresarios por
contratar mujeres, más allá del ahorro salarial, al demostrar la importancia de
las calificaciones efectivas de las mujeres, aunque aquéllas sean informales o
no escolarizadas. Esto muestra la necesidad de superar la visión de subordinación
del trabajo femenino, reconociendo sus competencias y calificaciones verdaderas,
así como la influencia de los factores culturales en la definición del trabajo
femenino (Kergoat, 1978).
La proletarización y la feminización del trabajo son consecuencia del
cambio en las características laborales de las últimas décadas, y no la causa de
esta condición laboral para las mujeres. Por ejemplo, la entrada de los hombres
en las maquilas posibilitó su promoción y no así su proletarización ¿por qué para
el caso de las mujeres se considera lo contrario? Cada vez es más necesario pasar
de una percepción marginal del trabajo femenino al reconocimiento de su
mentalidad en los procesos económicos globales.
Lo que muestran estos casi cuarenta años de presencia femenina en las
maquiladoras es que si a la mujer se le incorpora a algún sector laboral sin la
cancelación de la diferencia sexual, su participación se reduce al manejo de
estereotipos sobre su trabajo (Borderías, 2003). De aquí el giro de imágenes
usado por los empleadores de la maquila al referirse a las mujeres en los
primeros años como “abundantes, jóvenes y baratas” y, hoy en día, como
“escasas, viejas y caras”.
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