Althea
Althea
El cielo se hizo rojizo y nuestras sombras se volvieron largas figuras de camino al interior
de la Academia.
***
Miré el techo de mi habitación más cerca de lo acostumbrado… Acto seguido, el sonido
del golpe seco en la cama, mientras me quejaba por un ligero roce en mi muñeca derecha.
El estruendo hizo vociferar a mi mamá para saber si me encontraba bien.
- ¡Sí! -le devolví imitando su tono. La muñeca no tenía más que un ligero tono rosado.
Últimamente no puedo evitar levitar aún dormida. Se supone que los entrenamientos
para la telequinesis deberían controlarla, no desequilibrarla. Esto se está volviendo más
frecuente. Debí haberme sobre esforzado la noche anterior.
Luego de una breve meditación, me dirigí al baño, ya después tendría tiempo de
comentarle a Declan lo que estaba pasando y que, dentro de poco, o se rompía la cama o
yo unas cuantas costillas.
-He escuchado a personas decir que se levantan con el pie izquierdo- dijo mi madre una
vez me vio bajar por las escaleras-pero tú les llevas mucha ventaja-procuró sentarse cerca
del desayunador mientras mordía una tostada
-Si esa es tu forma para preguntarme si dormí bien, solo te puedo decir que me parezco
más a Sabrina cada día, pero no se cambiarme de ropa con su misma facilidad. -le eché un
breve vistazo a la nevera. Esta vez quería mermelada de piña.
-Hay otra en el estante de enfrente…-mientras me volteaba y notar un envase vacío en
forma de piña cerca de ella. Con un movimiento de manos, abrí todos los estantes frente a
mis ojos a la vez que reparaba en cada alacena para localizar el untable. Una vez así, cerré
el resto y con un movimiento seco cayó en mi mano la delicia sabor a piña y procedí a
buscar un cuchillo en uno de los cajones en frente de mí.
-Me alegras que acataras la prohibición de telequinesis con objetos filosos-dando un
sorbo a lo que por el olor pude saber era café
-Todo por complacer a mi mami…-degustando mi tostada.
-Diana-apretando la taza entre sus manos-debes ser cuidadosa. - Como sabes, no creo que
deba recordarte cómo lidiar con tu habilidad…
-Soy todo lo cuidadosa y normal que un guardián rigurosamente entrenado puede ser,
mientras pretende ser una estudiante a punto de entrar a la universidad…-algo irritada.
Sus consejos eran producto de que, mi carácter empezaba a alterar mi dominio sobre la
telequinesis.
-Lo sé…-dijo en un tono más pasivo- es por tu bien, Diana- tragué el último sorbo de jugo
de naranja.
-Lo sé-le besé su mejilla. Deposité el vaso de jugo en el fregadero y cerré la puerta.
-No regreses tarde- mientras me despedía con un ademán.
Si bien no me molesta estudiar y todo ese asunto, me he preguntado infinidad de veces si
de verdad valdrá la pena. Después de todo, de día pretendo ser normal con mis
compañeros de clase, mientras en mis clases particulares, eufemismos para mis
entrenamientos telequinéticos, debo ir a la dimensión de Althea a controlar la energía a
voluntad. Estudiar sobre química e historia universal es lo poco que conozco como
normal.
Al menos, no estoy sola, Aidan me acompaña y es mi compañero en ambas dimensiones.
Pese a que es un guardián nivel C, compartimos el calentamiento antes del
entrenamiento. Según tengo entendido es un elfo. Al igual que yo, además de sus
habilidades innatas, aprende otras artes y se perfecciona en el combate. Era de cabello
rojizo y pecas. Parecía más escocés que elfo, de esos que custodian una olla de oro al final
del arcoíris.
-Diana, quería saber si podríamos repasar las preguntas para el examen…-dijo Harry algo
tenso al acercase a mí-Ya sabes que son bastantes y en compañía es más fácil estudiar y…-
lo interrumpí. El chico se veía demasiado normal, tan cotidiano como el resto en la
institución. Estando rodeada de criaturas fantásticas, quienes no lo eran, parecían una
mezcla de apenas ciertas características diferenciadoras.
-Lo siento de nuevo-intentando sonar lo más convincente posible-No puedo faltar a mis
clases particulares. Mis profesores son muy estrictos. – Y molestos, jodidamente molestos.
- ¿Pasa algo? –mirando mis manos. Estaban envueltas en espirales dorados de energía.
-Sí, solo estaba soñando despierta-poco convencida de lo que dije- debo estar cansada. Lo
de la universidad me inquieta bastante.
-¿Tan valiente heroína intimidada por no saber dónde estudiar?
-Tan amigable como siempre, Diego - Aidan con tono irritado
-No hay que detenernos por esto. - Retomando el paso- Hoy ha sido un día intenso-.
Seguimos caminando hasta llegar a nuestro destino. Ya en casa, mi madre veía la
televisión.
-Vamos a acabar temprano –colocando mi mano en su brazo mientras la miraba a los ojos
-Y si no te parece suficiente –sacando unas llaves de su bolsillo mirando a Elisa- soy la
único que tiene licencia de conducir –echando hacia atrás el mechón negro de cabello que
le caía en la frente. Me causó algo de gracia. Elisa solo levantó una ceja indignada y se
acomodó la mochila camino a la camioneta.
-Casi se me olvida la mochila-dije a media voz al momento de volver mis pasos y tomarla
de dónde la había dejado
-Con esas pruebas, no te puedo defender Luca-se quejó Elisa. Tiene muy buen oído, o yo
hablé más alto de lo creía. Como sea. Con la mochila en mi hombro, la nana me detuvo.
-Por favor, no lleguen tarde. No quiero que les pase nada-tomando mis manos entre las
suyas
–Sí, no hay problema. – Al parecer, la sobreprotección es genética. Nos despedimos y nos
dirigimos al bosque. No quedaba lejos, pero, con todo lo que llevábamos, no íbamos a
poder cargarlo hasta allí.
Hacía un ambiente muy agradable. El resplandor del sol atravesaba las ramas y le daba
cierto aire mágico al bosque. Empezamos a colocar las cosas sobre la mesa armable. Se
supone que al menos, para las 3 de la tarde ya habríamos terminado.
- ¿Tienes las llaves del cofre, Elisa? -le pregunté. Traíamos un cofre para que los frascos
permanecieran lo más herméticos posible y que las muestras no se vieran alteradas por el
polvo o el aire.
-¡Sí!-entrando sus manos en el bolsillo y luego lanzándomelas a mí
-¡Gracias!-volteándome, escuché a Casandra preguntarle algo a Elisa
-¿Y ese dije?-se agachó y se lo devolvió. Al parecer salió de su bolsillo.
-Es un regalo de mis padres -tomándolo de vuelta
-Mi nana tiene uno igual…-mirando atentamente a Elisa
-Es un poco común-comenté yo acercándome a ellos- mi papá tiene uno similar, pero el
suyo es color azul
- ¿No está prohibido usar prendas así de llamativas?
-No mientras no esté a la vista… -algo tensa-sigamos con la extracción de muestras. -
camino a la mesa- Tenemos que salir de aquí antes de que anochezca.
-Es verdad. –condescendió Casandra sacando de su mochila una libreta con apuntes –
Empecemos con la especie del árbol White Oak.
-Hay uno en el fondo -revisando mi mochila. Tomé mi libreta de apuntes, luego me
acerqué a la mesa y tomé un bisturí y un frasco del cofre.
-No olvides los guantes –gritó Casandra cuando me vio alejarme. Me detuve en seco. Ya
me imaginaba la cara que siempre me pone cada vez que ando de distraído. -No tenemos
ni una hora aquí, y ya andas en el limbo –tomé los guantes condescendientes, y me alejé a
zancadas, pero antes de alejarme lo suficiente la escuché preguntarme
- ¿Sabes dónde está Elisa?
-Me comentó algo de explorar el lugar. Ya sabes que le gusta eso de merodear los
alrededores, por ser guía de campo y eso...
-Entendido. No te demores mucho. Tendré todo preparado para cuando regreses-Asentí.
El árbol que habíamos localizado una semana antes, estaba al menos a dos metros de
donde estaba el equipo. Podíamos escuchar los autos cerca de la carretera. No estábamos
tan alejados de la civilización. A pocos pasos cerca del imponente árbol, éste emanaba
cierta paz. O al menos, eso me transmitía a mí. Se nos aconsejó que fuera frondoso,
porque sería evidencia del tiempo que éste tuviera. Mientras más longevo el ejemplar,
“más concentrada estaría su esencia” o eso nos quiso decir el profesor de biología que nos
dio el día libre solo para esto. En la semana siguiente debíamos entregar nuestros
resultados sin falta. Me gustaba tanto ver los árboles y estar rodeado de tanta vegetación,
pero debía apurarme. Si bien el bosque es mágico en la mañana, ya a partir de las 6 de la
tarde no era tan acogedor.
Me acerqué a la planta. Se podía ver algunas raíces que sobresalían. Su tronco era
bastante grueso, buena señal para nuestra investigación. Solo me había colocado un
guante, cuando sentí la increíble necesidad de tocarlo. Me quedé contemplándolo por
unos cuantos segundos; no estoy seguro. Agachado donde estaba, quise detallar su
corteza y lentamente empecé a acercar mi mano hacía él, como para no perder la
concentración. De repente no sentía que estaba en un bosque, sino en otra dimensión. Me
pareció increíblemente precioso.
Al contacto con la corteza, sentí un fuerte pulso que me recorrió todo el cuerpo. Quedé
paralizado al instante. Supuse era de la emoción. De repente, empecé a ver imágenes de
vidas pasadas. Era como si la planta empezara a contarme cómo llegó allí y todo lo que
habría visto mientras crecía. Estaba desconcertado y asombrado. No podía creer lo que
estaba viendo. Fue como ver una película en cámara lenta. De apoco una calidez me fue
envolviendo. Era como si me estuviera adentrando en el árbol. Y antes de poder saber
hacia dónde iba, un fuerte tirón me trajo a la realidad y rápido resplandor verde me cegó.
La voz de Elisa y sus bruscos movimientos me despertaron de mi trance. Me pareció verla
asustada.
-¿Estás bien?-evidentemente alterada
-Sí… sí -recordando porqué estábamos en el bosque
-Creo que el árbol causa efectos alucinógenos al tocarlo.-me decía mientras se colocaba el
guante que no llevaba puesto
-Creo que de ser así el profesor lo habría mencionado-aún algo aturdido-además, ¿acaso
eres inmune a los alucinógenos?
-Punto número uno: a lo mejor está infectado con algún hongo - quitándome el guante
que llevaba puesto con bastante rapidez- Y punto número dos: recuerda que soy guía de
campo. Sé un poco de bayas venenosas y esas cosas. Deja que yo saque las muestras. Sólo
dime cómo hacerlo.
-Tranquila yo puedo… -me interrumpió
-No hay problema. De verdad quiero saber por qué te gusta tanto la bilogía –tomando el
escarpelo- y además quiero devolverte el favor de la vez pasada-debió referirse cuando le
expliqué la división celular
-Está bien-dejé de insistir. Me asombró mucho que quisiera ayudarme con tanta
insistencia. –Debemos tomar hojas, algunas ramas y parte de la corteza.
-Entendido -empezando a rasgar la corteza. Mientras lo hacía me empezó a doler un poco
la mano con la que toqué el árbol, aunque lo atribuí a que el día anterior había tropezado
con el pasamanos de las escaleras en la casa de la nana. No quería sentirme
hipocondríaco. -Ya verás que entre los tres terminamos más rápido.
-Sí…-algo dudosa. Empezaba a sentirme extraño. Comenzaba a estar más consciente de
donde estaba. El bosque me parecía más vivo que antes. Podía sentir el viento penetrar en
mi cuerpo y una sensación parecida al tomar agua; que el líquido se esparcía por todo mi
cuerpo. Por un momento incluso pude percibir el sonido del arroyuelo chocar con las
rocas y algunas ramas en el agua
-¿Así está bien?-volví en sí viendo las muestras que llevaba en sus manos
-Sí. Están bien. –aturdido
-Mejor será que nos apuremos-Levantándose y ayudándome a mí a hacerlo. Asentí. Ver
las muestras y saber de dónde las había tomado me causaba un pequeño dolor punzante
en mi mano derecha. Empecé a cuestionarme si realmente era algo tan superficial como
pensaba.
Camino al campamento empecé a sentirme cada vez peor. Creo que después de todo, el
árbol si tenía algún organismo que provocara alucinaciones. Empezaba a ver cada planta
con mayor claridad que antes, a escuchar cada sonido con mayor intensidad, un respiro
en conjunto que parecía venir de todo el bosque. Una sincronización de vida que jamás
había sentido con tanta fuerza. Muy agotado, empecé a apoyarme en el brazo de Elisa.
-No me siento bien, Elisa… -jadeante- creo que el árbol tiene algo… -no logré terminar la
frase. Me costaba quedarme consciente.
-Ya casi llegamos al campamento-dijo tomando mi brazo y colocándolo sobre su nuca
para apoyarme. Me imagino que sería el medio día para cuando pasó. Por suerte,
estábamos solo a unos pasos de llegar.
Pudimos ver dónde estaba Casandra. Tenía todo organizado mientras leía el libro de
biología que nos servía de guía. Rápidamente vi cómo se acercaba a nosotros. Se veía
preocupada.
- ¿Qué le pasa a Luca? -ayudando a Elisa a llevarme
-Estábamos tomando muestras… A lo mejor tocó alguna planta venenosa
-Tenemos que salir de aquí pronto-muy apurada
-¿Y la… ?-no me dejó terminar
-La seguiremos mañana… –sentándome en una silla cerca de ellos. De repente nos
sobresaltamos al escuchar unos aullidos de dolor. Elisa se veía preocupada.
-Puke…-dijo a media voz. Se veía que le faltaba el aire por un momento y evidentemente
muy asustada.
-Ve a buscarlo, te esperaremos aquí –le pidió Casandra. La vi hesitar y reposó su mirada
en mí, como si esperara mi consentimiento.
-Estoy bien. Aquí te esperamos. - indiqué mareado. El palpitar del bosque lo sentía más
fuerte. Elisa corrió rápidamente en dirección de dónde se escuchó el aullido. Espero que
el canino esté bien. Mientras tanto, Casandra organizaba las cosas con la mayor rapidez
posible. Quise ayudarla.
-Ni te levantes –con voz fuerte. Me senté de golpe. Era aterradora cuando quería. Pero
más que eso, estaba… nerviosa y muy intranquila. Pasaron al menos 10 minutos y Elisa no
regresaba. Apenas podía mantener el conocimiento. –La voy a llamar –tomó su celular y el
ambiente se tornó sombrío. Unas aves salieron de estrépito entre las copas de los árboles.
Empezó a oscurecerse. Al parecer se acercaba una tormenta. –Elisa no contesta…-ambos
nos miramos tensos. Yo empezaba a sentirme cada vez más débil. –Y no recuerdo haber
visto pronosticar lluvia hoy…
-Ni yo… -mirando el cielo -No me quiero ir de aquí sin Elisa…-apoyando mis manos en
mis muslos
-Y no nos iremos… -miró en dirección en donde se había ido Elisa –Llama a que te
busquen y yo me comunicaré contigo en cuanto la encuentre –vi en sus ojos
incertidumbre
-Cinco minutos –dije dudoso. Se levantó rápidamente y corrió entre los árboles. Miré mi
celular. No tenía carga –ideal momento para estar incomunicado –un escalofrío me
recorrió, pero esta vez me sentía observado. –Lleguen pronto – rogué en voz baja. Mi
distracción hizo que olvidara cargar mi celular.
Una brisa fuerte me azotó y el cielo se oscureció aún más. Miré mi reloj y marcaba las 1:00
pm. La manecilla no se movía. Justo ahora también tenía que dejar de funcionar. Me
levanté como pude y me apoyé en un árbol cercano. Me volteé rápidamente al escuchar el
sonido de quien rasga el metal. Me aparté de la camioneta y me apoyé en otro árbol.
Empecé a buscar alguna rama para defenderme. El punzón en mi mano era más fuerte, mi
pulso se aceleraba y me costaba estar consciente. Creo que comencé a ver alucinaciones
para cuando pude ver una silueta irregular frente a mí. No la pude describir porque en
otro instante estaba esquivándolo. Me estaba siguiendo. Me estaba poniendo peor de lo
que creía. Vi a Casandra atónita en la distancia. Me miraba desconcertado. Se estaba
acercando a esa cosa. ¿Acaso no lo podía ver?
- ¡No te acerques! -levantando mi mano derecha con toda la fuerza que tenía para que no
se acercara. Los árboles empezaron a moverse. No logré descifrar qué pasó después
porque es un instante ese espectro se acercó más a mí y tuve que alejarme como pude de
esa cosa. Estaba totalmente asustado; preocupado por Elisa y Casandra. ¿Qué estaba
ocurriendo? Corrí apoyándome en los árboles adentrándome en el bosque. De algún
modo, sentía que estaba recobrando energía, a lo mejor el efecto alucinógeno se estaba
desapareciendo, pero no la suficientemente rápido como para poder hacer algo más que
correr.
Una especie de extremidad me tomó por el pie y caí con un golpe seco. Logré voltearme
para verlo de frente. Tenía una expresión jadeante y unos ojos amarillos que me dejaron
petrificado. Sea lo que sea que tenía al frente, no era un animal y mucho menos un ser
humano. En un instinto de supervivencia, intenté alejarme agitado. Estaba perdiendo el
conocimiento. No quería morir. No ese día, no así.
-¡Aléjate! –colocando mi mano derecha frente a él… Lo que ocurrió luego me pareció verlo
en cámara lenta. Las ramas de los árboles empezaron a envolverlo y un tenue halo de luz
verde salía de la mano con la que le di la orden. Empezó a retorcerse queriendo librarse
de las ramas que lo envolvían. Nuevamente dejé de sentirme solo y el ambiente estaba
cada vez más oscuro. Eché a correr sin saber exactamente a dónde. Nuevamente empecé a
cansarme. No. No podía desmayarme aquí. No ahora. Escuché unas ramas quebrarse no
muy lejos de mí. Pude ver la silueta de alguien. Una persona. Pese a la escasa luz, pude ver
que llevaba una ropa bastante rara pero no le di más importancia a eso. Necesitaba ayuda
y era lo más normal que podía ver en ese momento.
- ¡Ayúdame por favor! -apoyado en un árbol. Es extraño, estar cerca de alguno, no me
sentía tan cansado. Vi a la muchacha voltearse. Tenía el cabello ocre por el reflejo de los
halos de luz en sus manos. Era esbelta y tal vez de mí misma edad. ¿Qué hacía alguien
como ella solo en el bosque? Giró bruscamente en mi dirección. Estaba confundida. A lo
mejor también estaba huyendo como yo de lo que sea que dejé atrás. De a poco se fue
acercando a mí, y a pocos metros de distancia, una de esas cosas le voló encima. No sé
cómo, pero segundos después estaba en el aire, a varios metros encima de esa cosa con
patas como las de un buey y acto seguido con un movimiento de manos ascendente
levantó una enorme roca… era un escenario irreal. Con el pesado objeto, que levantó sin
mucho esfuerzo, hizo que cayera sobre la cosa que lo atacó, y un sonido grotesco delató
un aplaste orgánico. Corrió hacía mí bastante confundida. Yo sentí instintivamente
alejarme de ella. Pero una rama en el suelo me hizo caer. Ella sólo me miraba incrédulo.
Aunque me imagino que una expresión similar tendría yo, y con muchas razones.
-¿Puedes… verme?.. –vaciló acercándose lentamente a mí. Y pude verla más a detalle.
Parecía humano. Sus ojos de distinto color.
- ¿Acaso no debería? – muy nervioso. Es de muy mal gusto responder con otra pregunta,
pero esa situación lo ameritaba. La cortesía era lo de menos cuando me sentía tan
indefenso e inseguro con alguien que podía mover objetos con un solo movimiento de
manos en un bosque con sombras vivientes. Sin embargo, más allá de su desconcierto, no
me pareció amenazante.
-Hay que salir de aquí…-me ofreció su mano. Era lo más cercano a alguna ayuda que tenía
de momento. La tomé. Otra vez, un pulso punzante me recorrió. Ella pareció percibirlo,
pero antes de poder decir algo, yacía sin fuerzas en suelo, todo se oscureció ante mí.
Diana
Tenía el panfleto en mi cara. Ni siquiera apagué la luz en la noche anterior. Al quitarme el
documento con información acerca de la feliz vida de los holandeses, casi todos los
objetos en mi habitación estaban levitando. Conteniendo mi respiración, relajé mis
músculos y coloqué los objetos donde estaban o eso quise, justo ahí sonó mi despertador
y esparcí todas las cosas en la habitación. Al parecer me desperté unos minutos antes.
-Tantas cosas que levitaron, y tú no estás entre ellas-hablándole al aparato que no dejaba
de sonar como si me fuera a responder. Le rompí el cristal con un movimiento de ojos y
cayó al piso. Dejó de sonar y me dirigí a la ducha. Hoy hacía la misma rutina que ayer,
pero con una decisión tomada: me iría a Holanda.
Bajé las escaleras. Mi mamá estaba alistándose para salir. Tenía puesto un abrigo, pese a
un aparente día soleado.
-¿Tienes frío? –sentándome en el desayunador, mientras me servía unos panqueques.
-No… -buscaba algo. Vi su bolso en el mueble de la entrada.
-El bolso está en el mueble cerca de la puerta –la vi apurada
-Ah… -mirándome- Gracias. –Dirigiéndose a la salida. -¿Podrías pasarme las llaves?
-¿No me vas a decir qué pasa? –Atrayendo las llaves desde el estante donde solemos
colocarlas
-Solo voy a dar una vuelta. Para cuando llegues, ya estaré aquí. –la percibí algo vacilante
-¿Con un abrigo en pleno sol? –moviendo las cortinas con un movimiento de manos
-Tengo que irme –dijo extendiendo su mano para que le diera las llaves al pie del marco
de la puerta.-Por cierto, voy a ir a Holanda.-hice mi mejor sonrisa.
-¡Eso me pone muy feliz!- colocando su manos en mis mejillas.- Bueno, tengo que irme.
-Sabes que puedes llamarme cuando quieras –dirigiendo las llaves hacia ella
-Te quiero, Diana. –Cerrando la puerta tras ella. Solía ser bastante reservada. Pero la noté
algo tensa. Como sea, más tarde podría conversar con ella. Después de todo, estaba solo a
una llamada de distancia.
Salí como de costumbre, pero, esta vez Aidan me estaba esperando fuera de la casa.
Parecía ansioso por verme.
-¿Qué raro tú aquí?-cerrando la puerta de la casa
-Buenos días para ti también –se quejó
-Lo digo porque siempre nos solemos ver poco antes de entrar a clases
-Hoy quise variar. – divagaba. No le presté mucha atención. La mañana se estaba
poniendo inusual y así continuó, pues hoy suspendieron las clases luego de apenas una
hora en el salón. Al parecer, hubo una fuga de gas.
-Pensé que te iba a gustar que no dieran clases, como todos los demás –los estudiantes
salieron despavoridos de la institución. Nada mejor que un día libre de improviso. Pero
Aidan, no estaba tan feliz por eso. - ¿Pasa algo?
-Nada. Solo que es aún muy temprano para llegar a Sirem… Tengo una idea. Sígueme. -
Salimos del recinto. Debíamos ir a la Academia Sirem, como siempre, pero, esta vez Aidan
sugirió otro lugar para crear el portal.
-¿Por qué quieres crear el portal en esta cabaña? Pasan demasiados autos. –Mirando
alrededor. Estábamos rodeados de árboles.
-Quiero hacer un experimento…-Abriendo la espiral frente a nosotros
-¿Justo hoy?-extrañado -¿Qué está pasando? Tú y mi mamá están actuando muy raro –
puse una mano sobre su hombro - ¿esto es lo que mejor se te ocurre para matar el
tiempo?
-Tranquilo. Es solo para ver si la posición del portal influye en la localización final de los
viajeros. – Al parecer no lucía tan convencido de lo que me decía -En otras palabras,
quiero averiguar si variando la entrada cambia la llegada. –Asentí sin poder evitar fruncir
el ceño. No entendía mucho eso de los portales, aunque ese argumento no tenía
fundamentos claros.
-Sí… Veamos entonces-iba entrar y justo dando el primer paso, me detuvo
-Yo lo hice, yo lo pruebo
-Las damas primero –musité en tono burlón
-¡Encantada! –todo un afeminado. No pude evitar sonreír por su exageración. Entré tras él
para darme cuenta que estábamos a kilómetros de la academia.
-¡Ahora estamos más lejos! –tomándolo del cuello de su camisa
-Tranquila, aún estamos a tiempo –soltándose de mí
-Algo está pasando hoy… -incómoda - ¿Esto es para que acepte estudiar en Holanda? Ya
decidí que quiero ir
-¡Eso es buenísimo! –me abrazó. –Será mejor que sigamos, estamos un poco lejos-.
Obviando su brusco cambio de ánimo, le pregunté por los dijes
-¿No podemos hacer un portal?
-En esta área solo se pueden hacer portales de llegada –apartándose lentamente de mí. La
sangre empezó a bombear más rápido y mis puños se cerraron para cuando percibí la
fuerza en mis muñecas. Varias piedras flotaban a mi alrededor.
-Espero sepas un hechizo para correr…-lo amenacé. Utilizó un hechizo de ilusión. Sabía
que estaba escondido en algún árbol. -Ya te vi –apenas pude rozarlo con una pequeña
roca.
-¿Serás más rápido en el aire? –Me desafió.
-Vamos a averiguarlo –emprendí vuelo. Lo vi alejarse con bastante rapidez. Parece que
había mejorado el hechizo de velocidad. Lo perseguí. Desde lo alto, pude ver otra
perspectiva del pueblo, y a la distancia la academia. Al menos a 20 minutos desde aquí.
Tal vez más. Pude ver a los habitantes con una cotidianidad que estaba empezando a
envidiar. Si bien, eran seres mitológicos, esa realidad era su normalidad. Yo quería por un
momento olvidar que vivía una dualidad. Irme a otro lugar donde nadie me conociera.
Salir de allí. De pronto vinieron a mi mente imágenes de un trono resplandeciente.
Cuando quise ver dónde estaba un pájaro chocó justo frente a mí. Volví a recordar que
estaba en el aire. –No puedo desconcentrarme en pleno vuelo. –recordando porqué estaba
en el aire. Tenía una presa pelirroja a la cual atrapar. No sé cómo lo hizo, pero, llegó a la
academia bastante rápido. Tal vez esas eran meras artimañas de distracción.
-Al final si vuelas más rápido de lo que corres -jadeante
-Tuve muy buena motivación –vi unas dagas cerca de mí. Al parecer las estaban afilando-
Averigüemos que tan bueno eres esquivando –las elevé en posición vertical con dirección
a él. Con un leve movimiento de manos las hice danzar a su alrededor y poco antes de dar
la estocada final, Declan me detuvo en seco.
-Diana, tenemos algo pendiente –con una voz intimidante
-Ya decidí ir al extranjero así que-me interrumpió
-Por eso, tenemos mucho que hablar –las dagas apuntaban en círculo alrededor de Aidan
–Y lo necesito completo –señalándome a Aidan
-Él empezó –colocando las dagas en su lugar. Mientras miraba que estuvieran en la
posición anterior a tomarlas, vi que ambos intercambiaron miradas. Se miraron de reojo.
Todo apuntaba a una confabulación y, a menos que predijeran mi respuesta y estuvieran
escondiendo una celebración por ello, ya no estaba a gusto con tanta incertidumbre.
Caminé tras ellos.
–Ya te dije lo que querías escuchar. –acomodándome en una silla
-Y eso me alegra bastante… -para variar, Aidan estaba revisando los estantes
-Y por eso te queremos decir que salgas mañana mismo –mi madre salió detrás de la
puerta del fondo del estudio
-Así que este era tu destino –me estaba empezando a alterar –pudiste decirlo esta mañana
-No estaba aquí esta mañana –de pie frente a mí –de hecho, fue al distrito escolar a
coordinar el papeleo de lugar
-¡¿Sin siquiera consultármelo?!-me alteré -¿Acaso estabas tan segura de mí decisión?
-Tranquilízate –tomándome de las manos –yo confiaba en ti y que ibas a tomar la mejor
decisión-dudé. Empezaron a formularse planes de conspiración para que me fuera, en la
que todos los presentes allí eran cómplices.
- ¿Acaso estuve bajo algún hechizo o pócima? La que estabas preparando ayer… - clavé mi
ceño fruncido en Declan
- Ya estás paranoica – no tuve tiempo de reaccionar
-Diana, míralo por el lado bueno –dijo Aidan apoyándose en mis hombros –no irás sola,
yo estaré contigo
-Voy a cambiarme para entrenar… -Me desprendí de su agarre y salí del lugar camino a los
casilleros. Estar allí me causaba estrés. Sentía que me estaban controlando. Que no tenía
ni voz ni voto para elegir. Empezaba a frustrarme.
-Ella y todos aquí queremos lo mejor para ti –terminando de colocarme el suéter y el
chaleco que utilizaba para entrenar
-Me gustaría poder decidir si algo es bueno para mí o no –cerrándole la puerta del
armario en la cara a Aidan. Salimos al campo de pruebas. Ese día debía mejorar las
destrezas en combate cuerpo a cuerpo. En el marco de la entrada de piedra, Declan y mi
madre me esperaban. –Si quieren que esté igual de felices que ustedes, no lo creo posible
–aceleré el paso entre ellos
-Saliste sin saber la razón por la cual te llamé –me volteé –Voy estaré totalmente a cargo
de ti a partir de mañana - me quedé pasmado mirándolos a los tres
-¿Cuándo pensaban decírmelo? ¡¿Cuándo estuviera en el avión?!
-Estás muy alterado –Dijo Declan colocándose frente a mí –vayamos a practicar y más
relajado te informo un poco más
-¿Y por qué debo…?-me interrumpió
-Eso no fue una sugerencia –colocándose los guantes de entrenamiento. Al ver que no
estaba decidido a ceder, di unos cuantos pasos atrás. Me elevé unos cuantos metros lejos
de ellos. Si me quedaba de pie frente a él, no estaba segura de lo que podría hacer. Ya no
estaba tan convencida de mi decisión, empecé a dudar de que en primer lugar hubiese
sido mía. Estas decisiones aceleradas sin consultármelas. Estas visiones de la nada…
Necesitaba un descanso. Aunque ahora que lo pienso mejor, irme no era tan mala opción.
- ¡Será mejor que bajes! –me gritó Declan desde abajo. – A menos que t obligue a hacerlo-
desafiante. Aterricé cerca de él. Hizo una mueca burlona
-Acércate y golpéame como si tuvieras razones –listo para darme el primer golpe
-Eso no va a ser difícil –intenté golpearlo. Me esquivó.
-Y por favor, no te cohíbas… -dándome un golpe seco en los omóplatos. Caí al suelo. - Yo
no lo haré.
-Entendido –me levanté. Estaba decidida a desahogarme, pero sabía que, si me dejaba
llevar de mis emociones, estaba perdida. Relajé mis músculos y lo invité a acercarse a mí.
–Veamos si no estás muy oxidado. –Lo desafié.
Luego de al menos unas dos horas, ya estaba más que agotada. No me daba tregua, ni yo a
él. Ambos estábamos cansados, jadeantes. Apenas si habría podido darle unos cuantos
golpes. No por poco era instructor.
-Pensé que te había entrenado mejor… -musitó en tono burlón a pocos pasos de mí
-Y yo que los conocía mejor…-miré mi alrededor, y detrás de él, una roca. Lo haría caer.
Concentré mi energía hacia el frente, al menos lo necesario para hacerlo tropezar. Debía
concentrarme en la roca sin apartar los ojos de él, si no, me delataría.
-Quiero que ella se ocupe de algo más… -se distrajo –y creo que ya va siendo hora de que
te vuelvas más independiente –concentré mi energía hacia sus pies. Un segundo después,
estaba en el piso y yo sobre él, con una daga en mi mano apuntando a su cuello
-Soy su hija… -agitada–además, ¿por qué justo ahora? ¿De verdad crees que me voy a
tragar eso de “ser independiente”? – dejó de poner resistencia – Mientras me siga
sintiendo vigilada por ti, no seré libre
-Tienes razón… -me empujó. Bajé la guardia y me tomó desprevenida. –Pero aquí mando
yo, y vas a ir a Holanda quieras o no –sentí como la sangre empezaba a calentarse en mis
venas, y antes de poder moverme, empecé a sentirme agotada. Me había puesto un
sedante cuando lo tuve sometido. Caí de rodillas al suelo. Se estaba acercando a mí. Pero
justo en ese momento sentí un pulso y poco después vi a Declan en el suelo, aturdido.
Otro pulso. -Tenemos que salir de aquí, ¡ahora! -quiso acercarse a mí y otro pulso lo tiró
al suelo. El efecto del sedante estaba pasando, pero, a diferencia de Declan, podía
ponerme en pie. Mis manos estaban envueltas en energía dorada como escarcha. Sentía
como ese pulso se hiciese más fuerte y la necesidad impulsiva de dirigirme a él. Me
llamaba, más bien lo sentía cerca. Provenía de Terra. No, de la Tierra. Imágenes pasaron
frente a mis ojos con demasiada rapidez. Un bosque. Otro pulso aún mayor. Declan le
costaba levantarse. ¿Sería de eso de lo que quería alejarme? Di algunos pasos para
distanciarme de él.
-¡No te me acerques! –le grité. Arranqué varios árboles e hice una especie de jaula para él.
Otro pulso. Una visión de una sombra. Estaba persiguiendo a alguien. Tenía que salir de
ahí, pronto. Los pulsos siguieron. Eran como choque de energía cada vez más intensos.
Salí disparada de ahí. Emprendí vuelo y pude ver que en la ciudad a varios que estaban
aturdidos, tal como Declan. ¿Qué estaba pasando? Y mi vista se fijó en el bosque de
donde había venido con Aidan. Las pulsaciones salían de él. Un árbol emanaba toda esa
energía. Lo toqué dudoso. Me presentó imágenes de un espectro oscuro persiguiendo a
alguien. Había luchado con agentes del caos antes, pero, ¿qué podría ser tan peligroso
para que afectara incluso a la dimensión de Althea? Me fijé un poco más en ver a quién
perseguían. Pude ver a un muchacho que, con cada toque a un árbol, emanaba choque s
de energía a su alrededor. Parecía correr lejos de algo o alguien.
-¡Tengo que ir allá!-alterado y como si le hubiese dado una orden, aparecí del otro lado.
Las pulsaciones no cesaban, por el contrario, eran más intensas. Todo estaba inmerso en
la oscuridad, casi no podía distinguir nada.
- ¡Ayúdame por favor! –él me sacó de mi trance. Estaba a pocos metros de mí. Cautelosa
me estaba acercando a él. Esta ropa se supone que me ocultaba, ¿cómo podía verme? A
poca distancia, casi a su alcance, algo me arrojó al suelo. Solo pude distinguir unos
dientes demasiado grandes para ser de un animal. Lo empujé como pude y me elevé y, a
mi costado vi una roca enorme. Se la arrojé a esa cosa sin pensarlo. Me acerqué a él
rápidamente, pero se alejó como pudo. Estaba estupefacto.
- ¿Puedes verme?... –vacilé acercándome lentamente a ella. Estaba alterado.
- ¿Acaso no debería? –muy nervioso. El hecho de que me viera me decía que no era tan
humana como parecía a simple vista.
-Hay que salir de aquí…-le ofrecí mi mano. La tomó. Otra vez, un pulso punzante me
recorrió y él se desmayó antes de poder decir algo. Tomé mi dije y abrí un portal. Aparecí
a pocos metros de la entrada de la Academia. No recuerdo haberlo podido usar, y Aidan
estaba de pie frente a mí. Estaba muy agotado. Vi a unos guardianes a la distancia y, con
ellos, Diego. -¡Ayúdame! –Aidan lo tomó en sus hombros.
-¿Quién es él? –viendo que la tenía en mis brazos
-Lo poco que sé hasta ahora es que lo estaban atacando y que estos trajes ya están
defectuosos, no son tan efectivos con los humanos como pensaba –Diego se nos unió y
me ayudó a levantarme. Varios aprendices venían con él. Otro guardián la tomó en
brazos. Fuimos a la hostería de la academia. Allí se encargaría de ella la Negribis mayor,
una especie de enfermera. Me sentía sumamente mareado y la cabeza me daba vueltas.
Pude ver que lo colocaron en una camilla cerca de mí. El lugar era pequeño pero
acogedor. Algo de tranquilidad me hacía falta. Declan llegó poco después. Aidan y mi
madre lo acompañaban.
-¡No debiste salir así!-me volteó la cara con un golpe. Al pasar mi mano por mi boca vi
sangre en mis dedos. Mi madre estaba sosteniéndolo.
-Que pudiera llegar aquí es ejemplo de que tan humano no es-intervino Aidan
señalándola. Siempre sagaz para distraer la atención.
-Lo estaban atacando… por eso me fui-viendo la expresión de mi agresor
-No puede estar aquí –dirigiéndose hacia él – no sabemos qué es capaz de hacer
-¡Y yo no voy a permitir que la sometas sin investigar antes! –pese a mi taladrante dolor
de cabeza, me pude de pie frente a él –No sé qué es lo que te está pasando… pero si el
hecho de que esté aquí es la causa de tu repentina decisión de irme, no voy a permitir que
te le acerques –con mucha dificultad. Había usado demasiada energía en tan poco tiempo.
Antes de que pudiera decir algo más, se escuchó un alboroto en la entrada. Elisa, una de
las guardianas de clase A, estaba siendo traída por otro guardián. Se veía muy herida. No
pude mantenerme en pie, caí de rodillas, pero con las pocas fuerzas que tenía tome un
tobillo de Declan. –Si le haces algo, no me volverás a ver… Sabes que ya lo he hecho antes-
jadeante. Mi madre y Aidan me levantaron. Me llevaron con dificultad a la cama. Allí,
pude ver que traían a alguien más. No pude reconocerlo. El agotamiento fue demasiado.
Me desmayé.
***
Cuando abrí los ojos, mi madre estaba sentada en una silla junto a mí, dormida. Ya había
oscurecido. Volteé a mi derecha; ella no estaba. Salí despavorido de la habitación, y justo
al salir estaba Diego apuntándome con un arco y una expresión que reflejaba
incredulidad. Como quien ve un fantasma.
-¿Entras o te entro? –recobrando un poco la compostura
-No lo pediré dos veces, llévame dime dónde está él… -empecé a canalizar mi energía a mi
mano derecha –soy mucho más rápido que tú –lo amenacé
-Te llevaré a ella, con una condición… -bajó el arco. Se rindió demasiado rápido. –Que te
vayas a Holanda mañana –cerré la puerta tras de mí. No quería que nadie nos escuchara.
-¿Por qué todo el mundo aquí insiste en que me vaya? –desconcertada –no lo entiendo.
Me enojé. –Si no me dices, dónde está, iré yo mismo a buscarla –y antes de que pudiera
hacer algo, había tirado el arco y la flecha al piso
-Solo cumplía con lo que me pidieron. Sabía que no ibas hacer caso. –dijo muy calmado –
Estoy de tu lado. –recostándose en la pared del pasillo
-¿Por qué debería creerte?
-Por qué, al igual que tú, no me dieron una explicación convincente para acatar órdenes.
–se acercó a mí –yo sigo mi juicio, no sólo lo que me piden. –Muy seguro en sus palabras.
–Además, no puedo seguir ciegamente a quienes sacrifican a otros sin razón. Elisa Está
herida, y no se dignaron a decirme las razones –lo noté incómodo. –Y si ese muchacha
tiene algo que ver, quiero averiguarlo.
- ¿Dónde está?
-En una habitación al final de la academia.
-Vamos allá –me tomó del brazo
-Está muy custodiada –aseveró
-Y yo tengo telequinesis, y uno de las mejores combatientes cuerpo a cuerpo –convencido
en mis palabras
-Me gustaría estar más seguro de lo segundo y que tuvieras más energía-miró hacia el
pasillo –pero no tenemos mucho tiempo. Quieren sacarla de aquí mañana. –me pasmé al
escucharla.
-Tenemos que adelantarnos entonces. –Aceleramos a paso firme en la academia
sumergida en una profunda oscuridad, apenas iluminada por unos cuantos faroles. Al
entrar a la sección más lejana del lugar, en el fondo, una habitación custodiada por
apenas dos personas.
-Esto es muy extraño. Se ve muy desprotegido. –mencionó desconfiado Diego
-Tiene un campo de fuerza –una voz detrás de nosotros. Mis reflejos me hicieron elevarlo
al techo. Era Aidan.
-Traidor –le dije entre dientes
-Puedo escucharte perfectamente. –mirando hacia abajo. Esta al menos a 3 metros sobre
nosotros. –Yo puedo quitarlo, pero no por mucho tiempo.
-¿Qué garantía hay de eso?
-Primero: sé cómo se hizo y, segundo -sentí unas manos en mi hombro –soy tu amigo –de
pie detrás de mí –me sobresalté un poco
-Entonces demuéstralo, pelirrojo –solicitó Diego , intimidante
-¿Sabes el hechizo de duplicación? –le preguntó
-Distráelos. Deshacer el hechizo de barrera toma un poco de tiempo
-Entendido. –Como quien medita por unos segundos, tratando de recordar, hizo un
movimiento de manos y a la par de emitir la palabra “duplo”. Al instante una copia de él
se colocó a un costado. –Vamos a distraerlos. –su copia asintió. Aidan lo contempló
alejarse. Diego hábilmente se escabulló por el pasillo, y a pocos metros de distancia, con
la ayuda de su copia, lograron hacerlos caer sincronizadamente. Acto seguido, saltaron,
rompiendo unas ventanas. El par de zánganos no tardaron en perseguirlos.
- ¡Apurémonos! –corriendo en dirección a la imponente puerta.
-Me alegra que hayas despertado, pensé que tardarías más días–mencionó aliviado
mientras miraba el campo de fuerza como quien lo medita – aunque debiste cambiarte de
ropa. – Me vistió con un traje de entrenamiento común – es la única prenda de la que sé
tus medidas
-¿Por qué lo dices? – confundida – Y me refiero a mi despertar
-Llevabas dos días dormida –eso me dejó pasmada. Por eso la cara de sorpresa de Diego al
verme.
-¿Y ella? –empezaba a preocuparme de lo que pudieran hacerle mientras estuve en pausa
-No ha despertado… -cerró sus ojos- será mejor que te alejes –aconsejó dando unos pasos
atrás. Acaté su orden. Sus pies empezaron a iluminarse y luego el resto de su cuerpo.
Logró hacer una pequeña abertura, que se fue haciendo más grande. Le estaba costando
hacerla más amplia. –Date prisa... –logró decir con dificultad. Pude pasar.
-Gracias –logré decir del otro lado. Aidan cayó al piso de rodillas.
-No demores mucho. –me agaché para escucharlo -En cuanto se den cuenta de lo que
pasó, esto se va a poner muy mal…
-Yo haré que valga la pena el riesgo – estaba determinada a que así fuera
-Viene alguien –se levantó rápidamente. Yo me acerqué a la puerta detrás de mí. Antes de
irse, asintió mirándome fijamente para luego esfumarse. Lo que sea que implique un
riesgo como éste, lo iba a saber sin importar cómo. Abrí la puerta con dificultad. Toda la
habitación estaba completamente cubierta de ramas. Tupida casi en su totalidad. En una
cama, en el centro, estaba dormido, absorto de lo que la rodeaba. ¿Qué tipo de ser era
capaz de hacer semejante vegetación? Había hadas con habilidades florales, pero esto lo
superaba por mucho. Desde donde estaba, me dificultaba moverme. Coloqué mis manos
sobre la corteza que me impedía el paso. Sentí un pulso. Mi instinto fue soltarlo al
instante. Recordé cuando lo vi en el bosque.
-No sé dónde estoy –abrí mis ojos. Ésa era su voz.
-No sé cómo funciona esto de la telepatía, pero, haré el intento. –cerré mis ojos
concentrándome en ella. –Estás en Sirem –las ramas se movieron. Me escuchó.
-No sé qué lugar es ese. Ayúdame… -miré a mi alrededor. No había nada que pudiera ver
que fuese cortante. Intenté mover las ramas con telequinesis. El ruido retumbó en el eco
de la habitación bruscamente
-No sé qué pueda hacer…-estaba frustrado. Sólo miré al techo. –Al menos, en lo que
averiguo qué pueda hacer, dime al menos tu nombre
-Luca –con una dulzura temerosa
-Luca –Las ramas empezaron a encogerse. Estaba funcionando. Tenía que seguirle
hablando. –Luca, quiero ayudarte, ¡despierta! –una intensa luz verde empezó a brotar de
sus manos. Podía controlarlas a voluntad. –Luca, piensa en ramas encogiéndose.
-Está bien… -en seguida, empezaron a empequeñecerse las ramas en toda la habitación
hasta desaparecer casi por completo. Me acerqué a ella. Seguía dormida. Tomé su mano.
Otro pulso, pero esta vez mas bien pareció una descarga. Empezaba a abrir los ojos.
-Tú eres al que vi en el bosque –quitando su mano de la mía, alejándose hasta la cabecera
de la cama.
-Soy Diana. –incorporándome de la cama. No podía sacarle los ojos de encima. Tenía un
ojo verde y otro en una tonalidad azul.
-Quiero saber cómo llegué aquí- aferrada al espaldar de la cama
-Eso es comprensible, pero -relajando mi tono de voz- no te va a pasar nada, eso te lo
aseguro. Aquí estás a salvo. -Solo me miraba aterrada. Pensé entonces en ponerme en su
posición y pensar en las respuestas a las posibles preguntas que tendría. -Estamos en una
dimensión llamada Althea. Aquí habitan seres con capacidades especiales… -dudé por un
momento en continuar- y el hecho de que estés aquí te hace uno de ellos…-su rostro
reflejaba incertidumbre, talvez temor… - puedes contar conmigo. -dije firme. Ella se
mostró más relajada.
-Quiero… saber dónde están mis amigos, Elisa yCasandra -hizo una pausa- y luego quiero
salir de aquí lo antes posible -aún seguía asustada
-Mañana a primera hora, será lo primero que haremos -me acerqué a la ventada de la
derecha de la recámara -por ahora, será mejor que descanses -mientras recordaba el
hechizo de sueño. Ella empezó a desvanecerse y con un gesto rápido con la telequinesis
evité que cayera al suelo. La acomodé en la cama. Me alejé y me recosté al lado de la
puerta. Mi mente empezó a divagar en todo lo ocurrido hoy y en las habilidades de Luca.
¿Cómo era posible que alguien con una habilidad así permaneciera ajena a Althea y al
consejo? Empecé a dudar de si esto era realmente así y a cuestionarme cuántos otros
secretos habría respecto a esto. Era realmente abrumador. Poco tiempo después, caí
rendido.
La luz del sol me despertó. Un tanto aturdido me acerqué a ver a Luca, seguía durmiendo.
Recordé lo que le prometí y justo cuando pensaba cómo invocar a Aidan, ya no era
necesario. La puerta comenzó a abrirse y mis ojos encontraron los de Declan, pero no
estaba solo, una mujer lo estaba acompañando y el par de guardias que Diego había
distraído.
- ¿Mamá? – casi como un susurró. Estaba atónita.
- Yo, en cambio, no estoy tan feliz de verte Declan.
Luca
Me separaron de ese chico, Diana y mi madre me tomó en sus brazos. Vestía diferente.
Estaba rodeada de varias personas aladas, y por un momento pensé estar delirando hasta
que tomó mi rostro en sus manos:
- Estás en un lugar seguro. Tranquila – me abrazó con fuerza. Yo seguía aturdida. – por
favor salgan, quiero estar a solas con mi hija -las entidades acataron la orden y en la
habitación solo quedamos las dos.
- ¡Mamá! – sentada con ella en la cama -¿Dónde están Elisa y Casandra ? Necesito verlos –
pensé que podría calmarme, pero, mi incertidumbre me delató.
-Elisa está bien… - hizo una pausa – y Casandra se está recuperando en la enfermería. Él
está en buenas manos. – Me sentía aturdida, y la calma con la que me hablaba me
desconcertaba.
- ¿Desde cuándo sabes de todo esto? – me alejé de ella. Me sentía demasiado abrumada y
no imaginaba una excusa convincente que me hiciera estar más tranquila.
- Me hubiera gustado que al menos terminaras la universidad para contarte – su voz era
imperturbable – Vayamos desde el principio – un halo de luz salía de sus manos y una
imagen se formo frente a ella. – Estamos en la dimensión de Althea, en el planeta Terra y
en el país de Sirem. – Como un mapa en relieve el los lugares que señalaba, se hicieron
visibles con un movimiento de manos. Era un paisaje asombroso, con escenarios que se
asemejaban a la edad media, pero con objetos mecánicos muy extraños. Por momentos,
tales objetos y sus vestimentas parecían más modernas, en otros, como si estuvieran
estancados en el siglo diecinueve. Sin embargo, salí de mi trance al darme cuenta de que
esta no era mi realidad
- ¿Qué hago aquí? ¿Por qué? ¿Cómo…? -me interrumpió
- Lo que te atacó es lo que nos tiene aquí – movió sus manos y una imagen de esa criatura
que vi en el bosque apareció en una imponente imagen. Viéndola más de cerca, parecía
una especie de quimera o un minotauro – es un esbirro de una entidad que aún no
sabemos decodificar. – Un escalofrío recorrió mi espinal dorsal.
- ¿Y yo qué tengo que ver con esto? – mi voz se quebró. El pánico me delató. Recordar esa
imagen me estremeció y si ni siquiera sabían quién lo enviaba, era aún peor.
- Tu habilidad es realmente única, Diego -la habitación se tornó en un bosque. Mi pulso
volvió a la normalidad y me volvía a sentir en paz – posees un Atypium que puede
controlar a la naturaleza – fue demasiado absurdo para mí asimilar que era cierto, hasta
que recordé que una rama se atravesó entre mí y la criatura que me atacó en el bosque
- ¿Cómo es eso posible? – le miraba a lo lejos, me sentía insegura incluso en su presencia.
Ella no se inmutó.
- Es mucha información por el momento, sólo te diré que está a salvo aquí – se incorporó
al decirme esto
- ¿Y tú desde cuándo lo sabes? – me enfadé al pensar en cuánto tiempo habré vivido bajo
una mentira
- Desde que naciste – seguía serena. En este momento pude detallar mejor su apariencia.
Vestía con una túnica verde esmeralda con mangas acampanadas y detalles en dorado.
Ella exhalaba un aura serena y amable, pero me sentía cohibida a acercarme a ella. Ya no
conocía a la persona frente a mí.
- ¿Por qué esperar a que ocurriera algo para decírmelo? – me tomó por sorpresa empezar
a llorar. Pensar en que todo lo que conocía era parte de una ilusión difusa frente a esta
situación, me dejó indefensa.
- Porque quería evitar herirte – se aproximaba a mí. – Lamentó el daño que esto pueda
causarte – volvió a abrazarme. Dejé que lo hiciera. Su mano en mi cabeza me relajó. – Es
mejor que cambiemos esas prendas por algo más cómodo y menos llamativo – en ese
momento pensé en mis jean y blusa tan alejados de esa túnica o de la vestimenta de ese
chico…
- ¿Qué va a pasar con Diana? – exaltada - ¡Él fue quien me ayudó! ¿Dónde está?
- Él está bien. Tranquila. En cuanto te cambies nos encontraremos con él. – su voz sonaba
confiada – Por ahora – dio dos paramadas y los entren alados volvieron a entrar a la
habitación. – Necesito que la arreglen en la mayor brevedad posible. – Se colocó al pie de
la puerta. - Volveré en cuanto terminen – y sin más, me dejó al cuidado de estas especies
de hadas.
Tras un baño, me colocaron un vestido largo pero ligero que acentuaba el color de mis
ojos, considerando que eran de distinto color. Mi cabello suelto en unos rizos caía en mi
espalda. Una de esas hadas se acercó a mí y me acomodó el cabello en una media cola.
Para no emitir sonidos, eran muy detallistas. Unos instantes después, mi mamá entró en
escena y los entes de esfumaron. Complaciente, me tomó de las manos y me sonrió. Ella
siempre había sido muy serena. En todo el camino a donde fuera que nos dirigiéramos, no
mencionó palabra.
Pese a no poder ver a nadie, me sentía observada. Un matiz anaranjado decoraba el cielo.
Al parecer los atardeceres también ocurren aquí. Me pregunto, cuánto tiempo habré
estado en esta dimensión. Seguimos caminando hacían un pasillo con grandes ventanales
con una puerta de descomunal tamaño al final. De aspecto gótico, el lugar era una mezcla
de medieval y renacentista. Las luces le daban un aire acogedor. Sin embargo, me
sorprendió más mi propia reacción al ver que no eran antorchas, sino esferas de luz
calidad las que adornaban los costados de los ventanales y puertas. Creía que ya podría
esperarme algo como esto, pero, era a penas el comienzo.
Al dar la orden, los soldados a ambos costados de la enorme puerta, se hicieron a un lado
y una especie de corte se cernió a mis ojos. Una luz resplandeciente iluminaba todo el
salón. Al fondo había varias personas, o eso creía, hasta que empecé a notar varios rasgos
anormales en su anatomía que me hicieron dudar de su especie. A los costados, personas
con túnicas oscuras nos miraron entrar. Mi vista se fijó en mi amiga Elisa, que estaba más
al frente usando una vestimenta muy parecida a la que había visto antes. Sus ojos se
encontraron con los míos, pero desvió su vista. Eso me atravesó el pecho como una daga.
No obstante, no duró mucho pues, en el centro de todo el lugar, una intensa mirada era
dirigida a mí con demasiado ímpetu que creí desmayarme por la impresión, de pie, en
una jaula dorada y transparentada, que asemejaba un cristal, él estaba de pie. Diana.
Diana
Tuve que ceder a salir de la habitación. No sé de lo que fuese capaz si permanecía ahí. Me
dirigió a una de las oficinas centrales de la habitación junto a Declan, con demasiada
compañía de adiestrados espadachines. Supongo que era demasiado obvio mi interés en
mantenerlo alejado de mí.
- Hacen bien en escalarte – una vez adentro del lúgubre lugar. Debo admitir que me sentí
flaquear, no había comido nada desde el día anterior.
- Interrumpiste en la habitación de quien teníamos bajo custodia, hiciste a dos alumnos
irrumpir las reglas de protección y desafiaste la cordura al no tener ni el más mínimo
cuidado en los procedimientos de rescate. – Tenía una mirada desafiante. Yo sentía la
tensión en mi mandíbula aumentar. – Eres demasiado impulsivo.
- ¿Y qué pretendías que hiciera? ¿Esperar a que se movieran? – mi frustración aumentaba
al pensar que desvirtuaba mi capacidad de análisis – Para cuando me había alejado lo
suficiente, estaban todos en el suelo. – Me acerqué más a él y escuché armas
desenfundarse. - ¿Por qué no resulté afectado por todo esto?
- Aún no lo sabemos… - sus ojos miraron al suelo – pero tu proceder ignorando el -lo
interrumpí
-Ella estaba en peligro. ¿Aún más que eso, por qué yo lo sabía? – apoyado sobre el
escritorio
- ¡No lo sabemos! – dio una palmada firme en el mueble de madera – Y tu actitud de
hostigamiento no ayuda en nada
- ¿Será porque pienso que esto tiene que ver con la razón por la que me quieren alejar de
aquí?
- Llévenlo a su habitación – los hombres a mi espalda se movieron – hagan que coma algo
y se cambie de ropa. – Pensé en detenerlos con mi telequinesis, pero frené en seco al
escucharlo - Tendremos un juicio esta noche para decidir qué hacer con él. – Quienes
eran sometidos a un juicio, era por una alta traición o algo peor.
- ¿Espera a que solo sea sumiso ante todo esto?
-Es precisamente por tu soberbia que estamos en este lío. – Se acercó a mí y me colocó un
brazalete creim. Eran utilizados para evitar los poderes sobrenaturales, auqnue eran
mucho más útiles para saber la ubicación del portador. - No lo empeores. – permanecí en
silencio. En los juicios siempre se permitía a los acusados defenderse, y esa era mi carta de
triunfo. Sin embargo, que esté tan renuente a darme explicaciones, me consterna más de
lo que quisiera.
-Esperemos que, con suerte, te libres de mí entonces – fui escoltado por el par de
zánganos hasta mi habitación. Tras una ducha, me cambié y comí de mala gana. Tenía
hambre más no apetito.
Fui nuevamente escoltado por el par de idiotas a la sala principal del academia . Allí se
encontraba el tribunal de Terra y el murmuro tanto dentro como fuera me revolvía el
estómago. Pese al glamour que utilizaban, su presencia era ineludible. Ahora estaba
custodiado como un convicto de máxima seguridad.
Las puertas se abrieron de par en par y me hicieron pasar delante de ellos. Declan estaba a
un costado en el panel central. Había varios sitios desocupados, incluido al centro. Al
parecer, para tal evento sin precedentes, era necesario el encuentro con tantas
personalidades de esta dimensión. La iluminación era tanta que parecía más un salón de
baile que un tribunal. Declan se movió de su sitio y se acercó a donde estaba.
-Debes acomodarte en el centro – una jaula de prebitium apareció resplandeciente en el
lugar
- ¿Ahora soy un animal? – me sujetaron por detrás
- Actúas como uno – me miró con desdén. Estaba demasiado agotado para discutir.
Accedí a regañadientes. Me acomodé en el suelo de ésta mientras me sentía como objeto
en vitrina de museo. Cada personaje que se integraba a la sala, clavaba su mirada sobre
mí. Más que sentirme incómodo por tanta atención, lo que me preguntaba era si lo que
hice era tan grave como para estar aquí. En un momento, vi a mi madre integrarse al
jurado. Quise hacer un ademán, pero me miró ecuánime. Esa mirada solo significaba que
no podía hacer nada. La impaciencia se apoderaba de mí y la espera se me hacía eterna.
- Con todos los solicitados aquí, podemos dar inicio a la sesión. – Declan, tenía una voz
áspera al decir esto.
- Si me permite, acompañaré a Luca desde aquí – pronunció sublime Emeraude. En
efecto, el tono de voz y la afabilidad con que la trataba no era casualidad. Bithia con un
movimiento de cabeza asintió. Se colocaron al costado izquierdo al tribunal. Después de
todo, no podía haber nada que obstaculizara su visa directa a mí desde sus sillas. Sin
embargo, por el rabillo de mi ojo, pude percibir que la chica estaba más que intimidada.
Todo el tiempo estaba mirando hacia abajo, y no es para menos.
- Diana – mire directo a la voz acusadora de Declan. – Se te acusa de romper el protocolo
de seguridad y exponerte imprudentemente- Si tenía dudas, ya era un criminal.
- Claro, ustedes estaban tan dispuestos a hacer algo
- Luego tendrás tiempo para defenderte – aseveró. – Por motivos desconocidos y que aún
se investigan, los acontecimientos ocurridos hace 3 días siguen bajo una ardua
investigación. – El ambiente estaba demasiado sereno. Me sentía fuera de lugar. Era de
esperarse, estuve inconsciente durante esos tres días. Sin embargo, por qué me desmayé.
He estado en situaciones peores y he salido ileso. ¿Qué habrá ocurrido esta vez y qué
relación tiene con ella? - ¿Qué puedes decir en tu defensa, Diana? – La pregunta me tomó
desprevenido.
- Estaban postrados sin poder moverse, por alguna razón yo si podía y actúe como se
supone que haría un guardián. Según su dichoso protocolo – hacia Declan – prioricé la
eventualidad por encima de mi seguridad, que al final no resultó afectada
- Si no lo recuerdas, estuviste inconsciente tres días. – Tomó compostura – Pero esto no es
un castigo para enviarte a una esquina. Necesitas una reprimenda, así sea para dar el
ejemplo.
- Si ya es un hecho mi reclusión, entonces lo menos que pueden hacer es esclarecer qué
relación tiene este evento con ella – la miré. Sus ojos seguían fijos al suelo. – Porque lo
que si recuerdo es que, cuando la rescaté estaba en la Tierra, en otra dimensión. – me
estaba exaltando
- ¡Mantén la calma! -exigió Declan con voz severa
- Y hasta donde sé, eso no es posible a menos que se habrá un portal. Que alguien con
facultades mágicas lo haga… Cuando estuve presente solo había entes bastante
amenazantes.
- Debiste mantener tu distancia – refutó nuevamente
- Si lo hubiera hecho, no estaría presente. – recordé lo que vi estando allí – que ahora que
lo pienso, además de poder verme sin ninguna dificultad, movió ramas a su antojo – el
bullicio aumentó – Me pregunto qué otras cosas pretenden esconder
- No hay nada que esconder, joven Diana – Emeraude, con voz firme y serena, alzó la voz
– Ella es tan única como usted. También es un Atypium. – La chica la miró exaltada. Mis
ojos también estaban fijos en ella. ¿Alguien como yo? Sabía que no era imposible, pero
que estas fueran las condiciones para descubrirlo me decepcionaba un poco.
- En ese caso ¡Bienvenida! – esta vez me miraba – Este es el mundo hostil al que has sido
arrastrada – Declan me pidió que me callara – En tu lugar huiría mientras pueda, yo ya no
tengo escapatoria
- Es suficiente joven Diana – esta vez fue la voz del principal miembro del estrado que me
interrumpió, Bithia. – Si bien no hay nada que lamentar, fue imprudente exponerse así,
fue aquí o aún peor, en la Tierra. – Dejemos que ella diga su versión de los hechos. – Las
miradas de todos se posaron sobre la chica, comprensiblemente intimidada. Emeraude
intercedió.
- Favor de no exigir demasiado, todo esto es aún muy nuevo para ella – pude ver que le
sostuvo la mano. Pareció decirle algo que no logré descifrar a esa distancia.
- Estaba acompañada de mis amigos – comenzó – en un bosque. – Seguía mirando hacia
abajo. – Empezó a oscurecer y me empecé a sentir aturdida… -se sostenía los brazos
- Según tengo entendido, Elisa debía estar con ella – interrumpió Declan. Con un
movimiento de manos, la chica apareció justo al frente de todos. – Después de todo, es su
panion. – Mis ojos se abrieron en asombro. Para que un panion sea asignado, debe ser una
persona relativamente importante como para tener resguardo. Elisa se veía acongojada
pero firme. No había tratado lo suficiente con ella, pero, estoy seguro que también hizo
todo lo que pudo.
- Fuimos tomados de improvisto – musitó – estábamos rodeados…
- Tus instintos animales debieron advertirte. – Aseveró Declan – Después de todos, estás
entrenada para ello.
- Su dichoso protocolo tiene demasiadas grietas – me despojé del pensamiento que tenía
en mi garganta
- ¡Las entidades del bosque ya iban de camino, Diana! – el estruendo de su voz hizo eco en
el salón
- No se arregla nada estando así de alterados. – Bithia interrumpió con un haz de luz. –
Prosigue por favor – se dirigió a Luca
- No estoy segura de lo que ocurrió después… - estaba esquiva. Un incómodo sudor frío
bajó por mi cien. No sé si por el miedo o por la presión colectiva, pero, pareció obviar lo
que consiguió hacer poco antes de que yo la alcanzase. Aunque con toda esta conmoción,
es comprensible.
- Por ahora, es todo lo que podemos hacer. – Axel estaba de pie cerca del estrado –
Aunque, según recuerdo hay dos cómplices en todo lo ocurrido anoche – Aidan y Diego
acompañaron a Elisa al frente. – Ustedes tres estarán bajo estricta vigilancia. Sin embargo,
Aidan y Diego estarán sometidos a trabajos forzados en sus respectivas áreas. Durante
un mes. -El lamento de ambos era audible aún a esa altura- Despojados de sus habilidades
y, por supuesto, alejados de este alborotador – mi ceño fruncido debió parecerle poca
cosa. En esta condición me sentía más que frustrado, pero no tenía opción. – Elisa, para ti
solo será una semana. Y en cuanto a ti – esta vez me miraba a mí – Está irrefutablemente
prohibido ir a la Tierra y tus poderes serán restringidos por tiempo indefinido. – Todo mi
ser reaccionó en contra de esta medida. La sangre ardía bajo mi piel. No podía hacer nada
al respecto. – Estarás en confinamiento hasta que yo lo ordene. – Golpee el prebitium por
instinto. Como si fuese a cambiar algo.
- Con respecto a la joven Luca, estará en confinamiento en Terra por su seguridad por
tiempo indefinido. – Ella tenía la misma expresión que debí hacer hace unos momentos. -
Estas medidas preventivas son realizadas para esclarecer lo ocurrido evitando bajas o
daños menores. – Movió algunos papeles. – Con respecto al humano, una vez sea curado,
su memoria será reorganizada y enviado a la Tierra. – No tenía ni idea de la presencia de
un humano aquí.
- Se levanta la sesión – los representantes salieron del estrado y Bithia se esfumó tan fugaz
como vino. Me sentía mentalmente agotado. Estaba abrumado. Por un momento no
quería pensar en nada. A lo mejor este tiempo en confinamiento me permitía averiguar
como librarme de él lo antes posible. De lo que si estaba seguro es que sea lo que fuese
que haya pasado, tenía que ver con ella, y, solo tal vez, conmigo.
Luca
La primera cosa que pregunté a mi madre, luego de saber que su nombre era Emeraude,
es que me explicara qué era un panion. Me explicó que se trataba de una compañía que
velaba por mi seguridad y bienestar. Que eran algo así como los protectores de quienes no
dominaban su poder. Toda esta conversación me pareció muy lejana, pero, una vez
acabada la semana, yo me sentía como el primer día. Sola y aislada. Mi madre me visitaba
a diario y Elisa, siempre venía a verme, pero yo no accedía a verla. No quería de su
compañía. Casandra seguía inconsciente.
Mi madre fungió como institutriz y me educaba desde la habitación que habían habilitado
en el academia . Era extraño estudiar gramática en una realidad alterna donde ni siquiera
estaba segura de cómo funcionaba el sistema gramatical. No podía evitar pensar en la vida
en la Tierra y en lo inadaptada que me sentía en esta nueva realidad. Casandra seguía
inconsciente. Mi madre me aseguró que no habría problema con su abuela. Me dijo que
procurara centrarme en el día a día y que esto sería temporal. Pero pensar en mi vida en la
Tierra me parecía un sueño. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de sentir que esto era mi nueva
realidad alterna?
- Si no hubiera pasó ese confrontamiento, ¿cuándo me lo habrías dicho? – Estaba de pie a
una ventana - ¿Exactamente qué soy? - Mi madre dejaba el libro que sostenía en sus
manos a un costado.
- Los Atypium son unos portadores muy peculiares. Se dicen que sus habilidades son una
en dimensiones. Que rara vez coinciden en un solo lugar. – Me invitó a sentarme cerca de
ella. – Ellos tienen la particularidad que, dependiendo del nivel de sus emociones, sus
poderes pueden ser descomunales o no. Incluso letales. – Esto último me erizó la piel.
-¿Y porque con una condición tan volátil, no se hizo algo al respecto antes? – me acarició
el cabello
- Tu padre y yo siempre procuramos un ambiente de paz y calma. Por lo que no era
necesario que lo supieras antes de tiempo. – Miró a un costado – Lo que ocurrió hace más
de una semana fue una llamada de advertencia de algo o alguien que aún no podemos
descifrar. – tomó mis manos – y mientras no podamos saber cuáles son sus intenciones,
debemos resguardarte. – Entre las clases que me eran impartidas, una de ellas tenía que
ver con el dominio de mi habilidad. Svartalfheim. Me costaba pronunciarlo. Era el poder
de dominar la tierra y sus elementos. Siempre practicaba con una planta en mi escritorio,
bajo la supervisión de mi madre. De a poco entendí entonces que mi atracción a las
plantas era sobrenatural.
- ¿Qué va a pasar con ese chico, Diana? – su expresión cambió
- Está bajo supervisión por su fuerte temperamento, como pudiste apreciar.
- Si no fuera por él, no estaría aquí… - me interrumpió
- Lo sé, y estoy muy agradecida con él. Pero debes mantener distancia con él… - su tonó
de voz agravó. ¿Por qué es tan importante que no me acerque a él? Cuando quise indagar
más. La visita rutinaria a esta hora nos dificultó mi cuestionario. Elisa siempre venía a
verme, y yo no era más que cordial con ella. No estaba lista para entablar conversación
con ella. - Las dejaré solas. – Su consentimiento hacía que me sintiera atrapada. No me
agradaba la idea de que fueran cómplices en hablar conmigo por turnos. Eran mi mayor
interacción humana, o lo más cercano a eso.
- Espero te haya gustado el pastel que te horneé. – Rompió el silencio. Verla vestida así,
tan habituada a este lugar, me hacía sentir defraudada. Ajena a la persona que creí
conocer antes de que todo esto pasara. Mi mente divagaba a momento con lo ocurrido en
esa gran sala donde se levó a cabo el juicio. Mientras trataba de comprender qué se
supone que era un panion, estaba renuente a escuchar algo de ella. Confiaba tanto en su
amistad que, estar cerca de ella me dolía. - Puke ya se encuentra mejor – prosiguió
temerosa. Yo estaba de pie nuevamente en la ventana. La vista a esa altura era majestuosa,
pero ni eso lograba disipar mis pensamientos.
- Puedes marcharte – me escuché cortante. Me sostuve los brazos.
- Esto me está consumiendo, Luca – su voz se cortó. Sentí mi corazón en la mano. Mis
manos empezaron a temblar. A mí también me estaba consumiendo.
- ¿Por qué ocultaste algo tan pesado como esto? – tratando de conservar la compostura. –
Cuando pregunto si puedo ver a Casandra , me dicen que es mejor si me quedo aquí. No
sé dónde estoy ni por cuánto tiempo será así. – Lágrimas comenzaron a rodar por mi
mejilla. -Quiero salir de aquí y volver a la realidad que conozco. No en este mundo
alterno en el que me siento secuestrada – esta vez un sollozo se me escapó. Me senté al
borde de mi cama. Ella tenía los ojos rojos.
-Me gustaría tener respuestas a lo que me pides… pero no es mi decisión – miraba hacia el
suelo de mosaicos con formas octogonales.
- Dime al menos qué eres tú. ¿Qué es un panion? -Esta vez se acercó a mí. Se arrodilló
frente a mí. – No es necesario que…
-Espera -Con un movimiento de manos circular, pude ver que en sus palmas se formaba
un emblema; destellos anaranjados mostraron imágenes de ella con al menos 8 años. Así
es como lucía cuando la conocí. Estaba en una especie de ceremonia y sobre ella era
asignadas estas inscripciones. – Desde joven, o más bien, desde que tengo uso de razón,
fui entrenada para dominar a los animales. – Con más movimientos, imágenes de Puke
aparecieron. – Puke se convirtió en mi familiar y me ha acompañado desde entonces. –
Con sus manos entrelazadas, me miró fijamente. – Estuve feliz cuando me dijeron que
cuidaría de ti. Te convertiste en alguien muy importante para mí. – intentó tomarme la
mano, pero me acerque nuevamente a la ventana. Se veía apagada. Ya no sonreía. –
Espero puedas entender que no podía hacer más.
- ¿Es porque soy un Atypium?
- Sí - tenía una expresión suave. – Al menos al principio. Luego fue porque comencé a
quererte como una amiga. – Eso me atravesó el pecho. La extrañaba, pero tenía que poner
mis sentimientos en orden. La puerta se abrió y antes de que saliera, la detuve:
- ¿Qué sabes de ese chico, Diana? – ella hesitó. Quería saber si me daría la misma
respuesta que mi madre.
- Está bien… como gato en una jaula, pero, bien. – por su tono de voz entendí que no me
daría más detalles. Salió con un movimiento suave.
Por el grado de inclinación, la pequeña maceta con la que practicaba estaba justo al frente
de mí. Alcé mi mano, duAidando del gesto en sí. Con un movimiento ligero, como me
habían enseñado, pensé en lo que quería que hiciera la planta. Comenzó a estirarse.
Lentamente comenzó a subir y me sentí orgullosa de lo que pude hacer. Me perdí en el
paulatino crecimiento que ni en mis sueños más fantásticos pensé que fuera capaz de
hacer. Cuando me volví a percatar, la panta envolvía casi toda la habitación. Me detuve al
instante. Si bien era hermosa, la habitación era inhabitable.
- ¿Cómo hago para que vuelva a su estado normal? – como una orden, la planta comenzó
a encogerse y a limitarse a apenas una cuantas hojas en un débil tallo. Me pregunto qué
otras cosas seré capaz de hacer. Empezaba a oscurecer.
Diana
En donde estaba encerrado, la luz apenas entraba. Estaba rodeado de libros. Aidan abogó
por ellos. Al menos me podría entretener leerlos, pero, aún ellos eran finitos y mi
paciencia también. Declan me visitaba a diario, sin falta. Fungía como tutor. Pero poco o
nada me interesaba lo que podría decirme. Apenas soportaba a mi madre. Con quien más
hablaba era con Aidan y no era mucho lo que podía hacer. Este confinamiento me estaba
volviendo loco.
- Debes estar feliz, no tuviste que ser transferido a otro país. – Estuve todo el tiempo
mirando el techo para cuando la puerta se cerró al entrar.
- Imagino a tantos ansiosos por estar en la misma posición que yo.
- No te imaginas cuántos – su altanería provocó que lanzara hacia él la jarra de agua cerca
de la mesa de este lado de la habitación. Como ya había pasado antes, la jarra de aluminio
rodó y el charco de agua penetraba en la madera. Sabía que ese sería el resultado al chocar
con la barrera mágica que había creado, pero al menos le dejaba claro mi desagrado.
- Si vas a estar así de cínico, al menos dime que tanto alboroto no fue en vano. – Me
acerqué al borde – Imagino que si tienes el ánimo para sacarme de mis casillas ya sabes lo
que ocurrió hace casi un mes, ¿verdad? – Ya había perdido la noción del tiempo. No
estaba seguro de cuánto llevaba confinado.
- De hecho, sí. – Mis hombros se tensaron. – Eres uno de los mejores luchadores y te necesitamos
– estaba sorprendentemente relajado.
- Aun fuese a través de la telepatía, sin mis habilidades solo sería un estorbo. Aunque eso ya … -
me interrumpió
- No te subestimes. Dominas la espada demasiado bien para suponerte un debilucho… Pero yo no
estoy aquí para cuestionar tus habilidades en combate. Vengo a hacer un trato. – Su tono se
agravó. – Te dejaremos salir y te regresaremos tu poder si sigues nuestras órdenes al pie de la
letra. – De nuevo me sentí preso.
- Seguirte la corriente y permanecer aquí serían lo mismo entonces – mis pies estaban húmedos
por el agua que se esparció cerca de la jarra.
- Supuse que dirías eso, por lo que… si aún así sigues reacio en acceder, Aidaniel tendrá el mismo
destino. – Mis ojos casi se salen de sus órbitas.
- ¿De qué estás hablando? -me desesperé - ¡Responde!
-Es justo por esa soberbia que tenemos esta condición. Acercó una silla a él. – Si accedes a
cooperar dejaremos que Aidan siga en esta dimensión, pero, si te rehúsas o rompes nuestro
acuerdo, lo enviaremos a dónde ni siquiera pueAidan pronunciar su nombre.
- Esto parece más una extorsión… - Estaba exasperado. – Además, parece como si esto siempre
hubiese estado planeado – mi mente empezó a pensar que todo este tiempo este confinamiento
fue temporal. Siento que les di espacio a proseguir a voluntad. - ¿Qué harán con Luca?
-Ya te dije que no debes preocuparte por ella. La reina de las ninfas la tiene bajo su protección.
-Eso no me responde nada. ¿Por qué todo esto gira en torno a ella?
- ¡Tómalo o déjalo! – cortó el tema en seco. Sabía que alterarme no me llevaría a ningún lugar.
- Como si tuviera opción - me sentí derrotado.
- Por hoy es suficiente – quitó la barrera que me aislaba. Y con un movimiento de manos, el
brazalete que hizo casa en mi muñeca izquierda calló con un sonido seco. – Serás llevado a tu
habitación y, en lo que tu poder se regenera, tendrás tiempo para pensar en lo que está en juego. –
Salió de la recámara. Era increíble cómo, pese a que sentía nuevamente la habilidad para flotar a
voluntad, mi cuerpo se sentía pesado.
La mañana siguiente, llevaba puesto mi ropa de entrenamiento. Me sentía oxidado. Esta mañana
practicaría con Aidan. Siento que me estaban recompensando, pero sin entender bien por qué. Se
sentía más como un premio de consolación. Mi amistad con Aidan peligraba por un capricho de
los superiores y no había cosa que me alterara más que pensar en eso.
- ¿Sabes algo del humano que se encuentra aquí? -mientras hacía flexiones
- Aún no despierta. Dicen que está estable pero que no despierta…
- Crees que tenga que ver por estar en esta dimensión
-No tengo ni la menor idea. – Llevaba con él una navaja.
- ¿Desde cuándo llevas eso? – señalé el objeto punzante
- Estoy aprendiendo defensa personal
- ¿Cuánto tiempo estuve aislado?
- Debo aprender a valerme de algo más que la magia. – Su semblante me pareció distinto. Pero no
quise pensar en nada de eso. Por el momento solo quería estar presente para él. Cuando nos
disponíamos a practicar, un grupo de los demás ingresados se acumuló en uno de los tramos del
pasillo que dirigía a las alas interiores.
- Es más hermosa en persona – Un par de esgrimistas pasó cerca de nosotros. ¿Será de…? Me elevé
a pocos metros de distancia detrás de una columna. Pude verla caminar ecuánime al lado de
Emeraude. Imperturbable por lo que había a su alrededor. Aunque a lo mejor ya estaba
acostumbrada.
- Quiero acercarme a ella – le manifesté a Aidan. Condescendiente, no opuso resistencia
- ¿Qué puedo hacer por ti? – dependía mucho de él.
Luca
No hablaba más de lo suficiente con Elisa. Por eso de mi panion debía estar cerca de mí y, aún así,
ahora no podía estar más alejada de ella. No estaba muy consciente del tiempo, ni era algo que me
importara mucho ya. No tendría sentido. ¿Para qué? También no sabía nada de aquel muchacho,
Diana. Preguntaba y no me daban muchos detalles. Eran esquivos y yo entendí que no debía
preguntar más. Estaba muy abrumada. Me sentía presa, por todo lo que no sabía y no me decían.
Ya ni siquiera estaba segura de si lo que me decían era real, pero, era todo lo que tenía.
Bastián
En la biblioteca, acomodaba libros por orden alfabético. A las seis de la tarde el resto de los
estudiantes ya se habían ido y tenía más libertad.
- ¿En verdad los libros aquí y allá son iguales? – sostuve uno de tapa gruesa, pesado al tacto
- Claro que sí. Eso de las dimensiones no es más que una división. – El tipo portaba un semblante
sombrío y lúgubre. Estoy seguro que rozaba los treinta, tal vez un poco más. Por alguna razón no
me molestaba. Al contrario, me parecía familiar. Un poco más alto que yo, llevaba una cola blanca
que caía como una línea gruesa en su espalda, aunque ese parecía ser su color natural. Siempre
llevaba ropa oscura y aparecía a voluntad. Al verlo, pensé que era una especie de parca pero, me
delató sin siquiera haberme expuesto.
- Ya casi es primavera… - el libro que tenía en mis manos era El Príncipe, de Maquiavelo. Lo
metódico que Elved estaba siendo me exasperaba a veces.
- Créeme que me he dado cuenta, ¿tú no? – Cambié de opinión, era muy molesto cuando lo
quería.
- Suficiente tengo con lo que tolero aquí, no lo necesito de ti. – Me aparté del estante donde
estaba.
- Supervivencia del más apto. – Se apareció en mi espalda – Es cuestión de tiempo para que
sucumbas como el pusilánime que eres. – Con un movimiento rápido, el estante próximo a él
estaba cubierto de una capa de hielo. Esperar a que se derritiera y que no afectara a los objetos
vulnerables al agua, iba a dejarme allí más tiempo del que vaticiné. Me estaba probando y cedí.
Por impulso me dejé llevar. Como si eso fuera a hacer algo, después de todo, era intangible. La
única razón por lo que lo dejé acercarse a mí, es porque al principio pensé que podría aclarar qué
pasaba conmigo, pero tras unos cuantos meses, ya no estaba tan seguro.
- Como ves, si no dominas tus emociones, ellas te dominarán a ti – esta vez estaba plácidamente
acomodado a contra luz en la ventana del lado opuesto, que tenía de paisaje vestigios de un
invierno que se desvanece y una primavera que se asoma. – Mañana estarás ocupado. Tenemos
que ir a un sitio que te acercará un poco más a ti. – Volvió a acercarse a mí. – Será como un viaje
espiritual.
- Con suerte, ser invisible me caería bien. – seguí acomoAidando libros. – O al menos
imperceptible. – No estaba exactamente emocionado, pero, dentro de poco, al fin empezaría a
sentir que me movía. Que ya tendría razones justificables.
***
Tras hablar con ella, parecía una chica común y corriente hasta que su tacto marchitó la planta en
la parte trasera de la escuela sin mayor dificultad. Estaría impresionado si tener habilidades fuera
nuevo para mí.
- ¿Para qué nos será útil? ¿Arruinará los días de campo o San Valentín?
- Si pudieras apreciar el potencial que tiene, no estarías tan escéptico – se colocó detrás de ella. La
chica portaba una vestimenta colorida, la tez morena y cabellos de un rosado opaco. En su cara
pensé que tenía pecas, pero eran brotes. Un vistazo más detallado me permitió ver que sus manos
estaban cubiertas por espinas. No parecía tener facultades para el habla, pero su cara exudaba
perversidad. En otra situación sería intimiAidante, y pese a eso, era complaciente.
- Ella servirá para llamar la atención de quienes te darán las respuestas que buscas
- Veamos qué puede hacer entonces – la chica colocó su mano en el suelo y una especie de hongo
robusto de color anaranjado se esparció en el suelo creando más pequeños a su paso. Dentro de
poco tiempo, estábamos rodeados de polen amarillento. – Esto es demasiado amenazador
- No hay mejor ataque que el que no se espera. – Señaló al consejero que botaba la basura. El
glamour nos hacía invisible. Estaba detrás de unas verjas y, de repente, empezó a toser como un
desquiciado.
- Acabemos con todos con una neumonía pasiva – poco o nada me impresionó todo esto
- La paciencia es justo lo que nos tiene a ambos aquí, no deberías subestimarla. – La chica se
esfumó luego de que él asintiera con la cabeza. – Este polen solo es perceptible a los ojos de seres
sobrenaturales. – se pavoneaba con superioridad - Con las demás estaciones inhabilitadas, es
cuestión de tiempo para que la tierra esté sumergida en una amenaza invisible que los diezmará
paulatinamente.
- ¿Crees que eso será suficiente?
- Thanaru será quien lo haga posible. – No quise preguntar más. Elved era demasiado reservado
apenas sabía su nombre. Si seguía preguntando sería esquivo. A lo mejor estar tan cerca de
alguien que en todo este tiempo casi nada me ha permitido saber de él sea incoherente, pero, ¿por
qué no? El nihilismo es más fuerte que yo. Hasta ahora, seguirle la corriente, no estaba en mis
planes. También quería averiguar quienes eran esos de los cuales quería vengarse. Solo me dijo
que fueron quienes lo llevaron a ese estado decadente. Básicamente esta relación se basaba en
beneficios: él se vengaba y yo me entretenía.
En al menos un mes, todo el continente estaba bajo este aire tóxico invisible. En dos meses, el
planeta sucumbía ante una pandemia que ya había cobrado la vida de al menos ochenta mil.
Escuelas y universidades cerradas; supermercados muy poco abastecidos; un ambiente de caos y
desesperación; algo incluso me llevó a pensar que Elved se alimentaba de todo este alboroto. Se
declaró estado de extrema emergencia y para la fecha, la cifra faltaba poco por alcanzar las ciento
veinte mil víctimas mortales, pero sin cura, esa cifra no haría más que aumentar.
Yo en cambio, era inmune a esa espora, e incluso mi madre parecía indestructible. Tendría que
aguantarla un poco más. Si no fuera por el hecho de que, congelaba las tuberías como
entretenimiento, esta situación hubiese sido muy tediosa. Aunque se volvían a derretir, hacerlo
ocupaba mi mente y tiempo. De alguna forma teníamos que presionar. Me emocionaba pensar
cómo contratacarían.
Diana
Dentro de poco serían los exámenes para la universidad y no podía estar más distraído. El
entrenamiento me estaba extenuando. Declan me exigía cada vez mayor velocidad en mis ataques
y me sometía a entrenamientos a una velocidad que no podía controlar. Estaba lleno de
moretones y un malestar general, provocado por mi incertidumbre y su manipulación. Si no podía
detener todo esto, debía al menos averiguar qué ocurría con ella antes de irme, o eso planeaba. Si
tan solo hubiera sabido a qué magnitud escalaría todo esto…
- ¿Seguro que estás bien? – comenzó a toser. El aire se veía ligeramente amarillento. El polen
nunca había sido tan abunAidante.
- Sí – entre congestiones – debe ser el polen. – Se cubrió la boca con un pañuelo. Yo también me
sentía decaído, pero atribuirle eso al ambiente era injusto considerando por todo lo que pasé la
tarde anterior.
- Nada que unos ejercicios de física no arreglen - mordaz
- Por supuesto, me siento fantástico de nuevo – llevándose nuevamente el pañuelo a la boca.
Ya en el salón, la alergia al polen parecía una pandemia. De camino, y al llegar a nuestros asientos,
todos estaban tosiendo, pero fuera de eso, las clases transcurrieron normal. Debo admitir que,
aunque la refrigeración central mitigaba el aire denso, el ardor en la garganta no cedía. Pero fuera
de eso, estaba estable. Todos estaban con una tos incontrolable. Le pregunté a mi compañero en
el asiento trasero si sabía algo al respecto:
- ¿Sabes de dónde viene todo este pole?
- ¿De qué…? -tocía frenéticamente - ¿De qué hablas? Yo no veo nada -mis ojos se abrieron como
platos. ¿Cómo no podían verlas?
El profesor ya había suspendido una llamada al menos 5 veces, cuando de la oficina le pidieron
salir al pasillo. Le pedí a Aidan que moviera las ondas sonoras con un hechizo y nos permitiera
escuchar. Mi intuición empezaba a tintinear:
- Debemos cancelar las clases… - me sentí aliviado, hasta que continuó – suponemos que el aire
está contaminado… Y eso no es todo, no ha cambiado de estación en ninguna parte del mundo… -
mis ojos se abrieron en asombro. Inmediatamente vi a Aidan, y supe que esto iba más allá del
dominio terrenal. Pensé entonces en salir con él del aula con la excusa de llevarlo a la enfermería.
- ¿A dónde cree que va Diana?
- Llevaré a mi amigo a la enfermería. – Aidani tenía la cara amarillenta. – No se siente muy bien
como ve. – Ni siquiera me percaté de que llevaba un glamour. Antes de continuar, volvió a recibir
una llamada y eso lo distrajo. Avancé con rapidez. – Eres mejor actor de lo que pensaba. – Ni
siquiera me pudo responder, empezó a toser y el pañuelo se veía rojizo en los bordes.
- Me gustaría estar mintiendo – le costaba respirar. Pensé en salir de ahí lo antes posible, pero al
abrir la puerta, una nube anaranjada entró de lleno y casi caigo por la falta de oxígeno. Debía
pensar en hacer el portal rápido. Entramos al almacén. Estaba oscuro, pero, no había opción. Me
concentré y con un giro de muñeca, abrí un portal. Lo apoyé en mi hombro y lo ayudé a cruzar.
Estaba casi inconsciente y tenía la piel amarillenta. Le costaba mantener la concentración.
- ¡Sujétate a mi espalda! – lo cargué y en impulsos lo acerqué a la academia.
Al llegar, había un alboroto. Llevé a Aidan a la enfermería, donde para mi sorpresa, no era el único
con la misma afección.
- Debiste esperar órdenes – la voz de Declan, para variar, casi me saca de mis casillas.
- Es curioso que te moleste mi velocidad si no has hecho nada más que pretender mejorar mi
respuesta ante tus constantes ataques. – Alguien tomó a Aidan y lo llevó a una cama – Que, por lo
visto, no me darán tregua. – Le di la espalada e intenté hablar con mi amigo.
- Eres un imprudente por traerlo sin informarlo antes – casi pierdo los estribos
- ¡Me importa un cuerno tu protocolo! – para cuando me di cuenta, varios objetos punzantes los
rodeaban. Me dedicó una mirada despectiva y se alejó. La vista de Aidan era dispersa. Parecía
estar bajo un efecto alucinógeno. – Estarás bien… - quise alejarme y me tomó del brazo – No te
metas en un lío
-No te puedo asegurar nada… -dejó caer su mano
- Lo intenté – cerró los ojos. Su semblante se veía decaído. Mientras me cambiaba de ropa, pensé
en cómo Luca había despertado a su amigo, cosa que ni los druidas pudieron hacer. Ella podría ser
la clave en todo este lío. Me dirigí a la oficina central.
- Ahorra esa energía para algo productivo – salió de la sala sin apuro – O mejor aún, no estorbes. –
Me sentía amargado. Coloqué los objetos en donde estaban. Sabía que, aunque lo detestara, debía
hacerle caso. Si no dominaba mis emociones, ellas me dominarían a mí. Su voz me hizo eco y me
tragué mi orgullo. Lo seguí.
- Estoy listo para atacar órdenes. – desafiante frente a él
- Nadie requiere a un seudo adulto que no puede manejarse – siguió mirando el mapa frente a él.
Estaba cubierto de áreas amarillas.
- No creo que debas ser tan quisquilloso, en especial si tu pelotón parece mucho más vulnerable
que yo ante esta plaga.
- No quiero que te expongas
- ¡¿Tan debilucho me crees?! – me elevé del suelo
- No necesito que me generes más estrés del existente – hizo un gesto – escóltenlo a su habitación
- No hace falta – expresé, pero hicieron caso omiso. – Me seguían sin quitarme la vista de encima.
Me la pasé buscando rutas de escape y, gracias a que vi de reojo a Diego pude comunicarle como
pude que me librara de este par. Me ignoró. Seguí caminando hasta casi llegar al final del pasillo.
Si terminaba ese recorrido, no tendría forma de escabullirme. Los ventanales se veían nublados y
poco tiempo después una bandada de aves los rozó más cerca de lo normal. En una esquina, Elisa
estaba tras una muralla. Ésta era mi oportunidad. Para cuando podrían haberlo notado, estaba
fuera de su alcance.
- Ella quiere hablar contigo – me dijo una vez estuve frente a la pelirroja.
- Somos dos, entonces – la seguí.
Luca
Me sentía ansiosa en ese confinamiento. Mi mamá me dijo que estaría allí por un corto período.
No tener una fecha lo hacía evidentemente indefinido. Mientras tanto, le pedí que me trajera
libros de historia. Querer saber todo lo posible de dónde estaba, era el menor requisito en esta
situación. Me apoyé contra la puerta de madera. Tenía algunos brotes. Puntos verdes esparcidos
en la superficie marrón. El cielo se veía amarillento con apenas unas cuantas nubes. Me
sorprendió el toque insistente en mi espalda. Abrí la puerta y Elisa se veía agitada.
- Perdona la intromisión, pero, no hay mucho tiempo – agitó su mano y una mariposa salió. Poco
después, él estaba en el marco del ventanal.
- Lamento la intromisión por esta vía, normalmente también suelo usar las puertas – poco
después estaba frente a mí. Me sentí intimidada.
- Vigilaré desde afuera. Antes de poder detenerla, ya estaba del otro lado. No sabía por dónde
empezar.
- Haré una breve presentación. Pero antes – cerró las cortinas con un movimiento de manos – No
puedo dejar que me vean. – Ni su tono de voz ni su presencia se veían amenazantes. Era mi propia
disposición que me tenía cohibida. Pero tenía que salir de dudas.
- Lamento no poder argumentar algo a tu favor, o al menos algo… – estaba cabizbaja y cuando me
esforcé en mirarlo de frente se veía extrañado. Creo que no elegí las palabras indicadas.
- Para Declan, ningún argumento es convincente. – Tomo una silla y se apoyó con el espaldar
hacia el frente. – No hay nada qué decir con respecto a ese día, en especial porque fui exhibido
como un ave en una jaula. – exhaló con obvio desagrado.
- Discúlpame – me llené de valor y procuré sonar sincera. Me miró fijamente. Sostuve la mirada.
Sus ojos de disímil color estaban apacibles. Eran una mezcla de ímpetu y gallardía.
- Eres una de las mayores afectadas. Son ellos quienes te deben una disculpa. – me percaté que se
quedó mirando la maceta sobre el escritorio. – Al igual que tú soy un Atypium por lo que ser
aliados deber una prioridad. – Con un movimiento de manos, elevó un libro del escritorio. – Veo
que te documentas. Sin embargo, en ninguno de estos libros hay registros sobre lo que somos. –
Lo devolvió a su lugar. Me senté en la cama.
- Yo aun sigo esperando despertar de este trance – soné muy amargada.
- En estas cuatro paredes, será imposible. Por eso, estoy aquí. – Su voz se volvió más grave. – En la
Tierra, está ocurriendo una animalia. Las estaciones no han cambiado. En todas partes es
primavera. – Me tomó un momento analizar sus palabras. – Eso no es todo, una especie de polen
se ha esparcido y causa problemas respiratorios. – Mi barbilla se tensó. – De alguna forma, hiciste
que tu amigo despertara. Y creo que no es lo único que eres capaz de hacer. – Volvió a posar sus
ojos en la maceta. – Tienes una habilidad relacionada con las plantas y es demasiada coincidencia
que esto ocurra al mismo tiempo. Además – continuó – no parece tener efecto en mí y, si es así, es
probable que tampoco en ti.
- Apenas hace poco sabía que la tenía. No tengo muy claro cómo usarlo...
- Hagamos que valga la pena averiguarlo. – se levantó de la silla - AyúAidanos, por favor – Estaba
de pie frente a mí. Tenía razón. Pese a sus cuidados, mi madre no me daba respuestas a mis
preguntas. – También sé de muy buena fuente que dominas conceptos de botánica que nos serían
muy prácticos. – Su voz se suavizó.
- De acuerdo. - Me levanté. Me hubiera gustado estar más segura de mi acción. Diana se acercó a
la ventana de reojo. – Elisa es hora de irnos – Dicho esto, ella entró con agilidad.
- Es necesario que te cambies por algo que te de mayor movilidad – sostenía un atuendo parecido
al de ella.
- Haré guardia afuera. No se tarden. – salió cerrando la puerta tras de sí. El hecho de que tuviera
esa ropa, me hizo pensar que Elisa premunió mi respuesta. La ropa era un tanto ceñida al cuerpo y
en colores ocre de varias tonalidades. Parecía una ropa de camuflaje. Mientras me acomodaba las
guanteras, Elisa me tomó el cabello en una cola. Me sorprendió su gesto, pero ella estaba
inmutable, concentrada en lo que hacía. Su gesto era tan amable como siempre. Miró brevemente
mi reflejo en el espejo y nuestros ojos se encontraron. Nuestra relación estaba agrietada y, aun así,
estábamos conectadas.
- Debemos apresurarnos – Abrió la puerta cautelosamente y salí tras ella. Diana estaba delante de
ambas. Elisa no se apartaba de mí. Caminamos por un corredor. Y antes de seguir avanzando,
Diana lanzó un cuchillo que rebotó en uno de los muros de piedra.
- Me alegra que tus habilidades estén intactas – la voz cobró forma humana y un chico muy
parecido a Elisa se mostró frente a nosotros. -Hola, soy Aidan. Bueno, su aura al menos. – me
miraba de arriba abajo
- ¿Por qué mi hermana está aquí si no es inmune? - ¿Hermana?... Cada vez estaba menos segura
de lo que creía saber
- Sabes que eso no está a discusión – ella miró a los alrededores
- Te acordarás de mí – el chico hizo una mueca pretenciosa
- Aidan, me alegra que vinieras a ayudar. – pasó a través de él – Empieza por hacer silencio. –
Llegamos hasta lo que parecía la entrada del academia . Caminamos hasta llegar a un bosque y
poco después llegamos a una aldea. Parecían ignorar nuestra presencia.
- El spectrum que hice de ti, no durará mucho. No cuento con tanta energía para mantener dos de
nosotros. – Se dirigió a Diana que sacaba un colgante y dibujaba una especie de portal. Nunca
pensé que este tipo de cosas de verdad eran posibles, pero, luego de descubrir que puedo mover
plantas, esto no debería sorprenderme.
- Haz hecho suficiente. – Debemos irnos – se dirigió a ambas. Del otro lado del portal reconocí esa
escuela. Estaba a poca distancia de la mía. Diana fue el primero en cruzar.
- Hasta aquí puedo llegar. Por favor, sigue tú… - miró a su hermana con una expresión de súplica.
Elisa mantuvo una expresión de fiereza que jamás había visto.
- Cuenta con eso. Vamos Luca – su expresión se relajó. Escuchar mi nombre en su voz, me dio una
punzada en el pecho. En verdad la extrañaba.
Bastián
No soportaba estar en mi casa. Estaba afuera la mayor parte del tiempo. Me hubiera gustado tener
una mejor relación con mi madre. De hecho, me gustarían varias cosas. Como saber por qué
puedo controlar el hielo. Si Elved no hubiera intervenido, seguro estaría bajo observación.
Distorsionó la realidad y mi exposición quedó como un recuerdo en invierno. Al ver que él si
parecía tener una idea de lo que era, accedí a su entrenamiento y compañía, con la promesa de
que me llevara con él en cuento descubriera como regresar a su dimensión. Me pareció muy
fantasioso hasta que, luego de unas pruebas, en la localidad donde estaban no pudieron explicar el
muro de hielo que apareció en la mitad del bosque. Fue toda una sensación local. Pensar en un
lugar donde esto era lo cotidiano, me convencía a estar cada vez más lejos del yugo de mi madre.
Elved parecía tener la misma habilidad. De no haber sido por él, no sería posible hacerlo. Sin
embargo, que me asegurara que esto era apenas una milésima de mi poder, me daba altas
expectativas. Me pregunto qué otras tantas cosas yo era capaz de hacer.
Esta vez, después de años de entrenamiento, me dijo que la primera fase de su plan, se estaba
llevando a cabo. A nivel mundial las esporas tóxicas se estaban esparciendo sin aparente origen.
- Quiero que me acompañes. Hay alguien que necesito que veas. – Abrió un portal en mi
habitación.
- Te dije que no debes hacer eso aquí – me levanté de mi silla
- Mientras más rápido lo atravieses, más rápido se esfuma. – Tomé mi chaqueta y me adentré el
círculo de forma irregular.
- Admira a los subyugados – aparecí sobre un edificio. Las calles estaban casi vacías, y los pocos
que pululaban se veían demacrados. Luego de saber que no era tan humano como pensaba, me
volví considerablemente insensible a ellos. El rechazo cala profundo en la edad temprana y, es
agotador lidiar con él con el tiempo, en especial cuando ya no necesitaba de la empatía. Si no
resisten, solo no estaban provistos a eso.
- ¿Por cuánto tiempo esto será así?
- La primavera apenas empieza – tenía una sonrisa de aspecto dominante.
- Saquemos el mayor provecho entonces – Le di una dirección que al poco tiempo nos llevó a uno
de los puntos vitales de la ciudad. Me acerqué a la reserva de agua. Tras colocar mi mano visualicé
el agua y con una exhalación congelé todo el sistema central. Elved estaba más que complacido y
tener esta sensación de poder era embriagador.
- Aprendes rápido. – Su compañía en ocasiones era agradable.
- Veamos qué más podemos hacer para contribuir al orden local. – Me estaba emocionando.
Diana
Habían pasado casi dos meses desde que la Tierra estaba prácticamente detenida. En el instituto
se trabajaba arduamente para encontrar la causa, pero quienes eran enviados terminaban con
afecciones tan graves como las de Aidan. A parecer no era letal para los sobrehumanos y pese a
eso, los dejaba en un estado tan delicado que hacía imposible que ayudaran. Me prohibieron estar
cerca de mi amigo pese a que yo no parecía estar afectado con la espora.
Con un movimiento rápido al suelo alejé las esporas amarillas. La telequinesis, era básicamente
controlar la energía de los objetos y moverlas al antojo del usuario. Era cuestión de saber cuáles
contaba con mayor concentración de energía. El aire no disponía de mucha, por lo que
nuevamente se estaba acercando a nosotros.
-Debemos movernos de aquí – vi la entrada de la escuela a poca distancia. Con un ademán, les
pedí que me siguieran. Adentro del lugar, el aire estaba más limpio.
- ¡Elisa! – la voz de Luca me alertó.
- Estoy bien – estaba jadeando y, como lo sospeché, Luca que la mantenía cerca de ella, parecía
inmune a los efectos externos.
- ¿Segura que puedes seguir? – me agaché cerca de ella
- Esto no es nada – se levantó con lentitud.
- Necesitamos tomar muestras de estas esporas – agitado
- No hemos podido encontrar la planta que las origina, y sin eso es casi imposible. Solo podemos
tomar muestras del aire por el momento. – se apresuró a colocarse los guantes tras encender la luz
- Veamos qué podemos hacer en este par de horas, por lo pronto – cuidaba la entrada del
laboratorio. Luca sostenía probetas y tubos de ensayo. Los analizaba con su material genético para
al menos encontrar similitudes. El de ella era visible, el mío en cambio era resplandeciente bajo la
luz del microscopio.
- Necesitamos oxígeno – Luca estaba visiblemente tensa. Miré alrededor.
- Haz crecer esa planta – acto seguido, el pequeño arbusto era casi del tamaño de un pupitre.
Cerré mis ojos para concentrarme y condensé la energía en una pequeña esfera de luz - Esto
simulará la fotosíntesis por un momento – hacer eso consumía mi energía también, pero, era lo
mejor que podíamos hacer.
Evitaba posar mis ojos en ella para no desconcentrarla de alguna manera, pero sus ojos
destellaban una luz llena de vida. Su cabello negro caía en pequeños mechones rizados. Tenía una
mirada decidida. Probaba y cambiaba elementos con bastante soltura. Si no fuera por su
condición sobrenatural, seguro sería una destacada personalidad en el área.
Elisa estaba recostada contra un muro en canclillas, mirando hacia la ventana jadeante. Hacía la
retaguardia desde ahí. Un ruido de un cristal roto nos desconcentró. La luz de energía que sostuve
se esfumó, aunque estaba tan débil que dudo que haya hecho alguna diferencia cuando
desapareció.
-No es nada – una fina línea de sangre se hacía paso a su antebrazo.
- Es suficiente por hoy – delante de ella, sus ojos suplicantes me pedían más tiempo. – Dices que
estás cerca de encontrar algo – estaba angustiada. Miró a su amiga que a duras penas se sostenía
en pie.
- Una cortada no me va a detener – se quitó el guante con rapidez y, luego de colocarse algodón y
una venda alcoholizada, se colocó nuevamente un nuevo par de guantes. El aire estaba menos
tenso, pero Elisa parecía cada vez más débil.
- ¿Crees que puedas resistir al menos treinta minutos más? – inquirí a la pelirroja
- No me subestimes – su aura se tornó anaranjada. Su instinto animal la tenía en pie. Admiraba su
tenacidad que rozaba en terquedad y, aun así, su devoción a cuidar de su amiga era muy intensa.
No estaba dispuesta a ceder en protegerla. Los panion son sobreprotectores, pero, lo suyo era
extremo. Pasaron diez minutos y Luca estaba nerviosa. Desde la puerta, podía ver el sudor bajar
por la frente de ambas. El aire era casi inexistente en el lugar.
-Es hora de irnos – les pedí y esta vez, luego de ver a su amiga, se quitó los guantes y no insistió en
quedarse. Corrió hacia a su amiga y la ayudó a apoyarse sobre ella.
Salíamos del lugar con la mayor velocidad posible, hasta que Elisa se detuvo en seco. Los bellos de
su piel se erizaron y su cabello se encrespó. Su rostro se tornó en una expresión arisca.
- Algo… alguien… - jadeaba – un ente sobrenatural está cerca – con dificultad pudo hablar. Estaba
tan débil que no lo noté hasta que lo mencionó. Mi pulso se aceleró y puedo jurar que el de ambas
también. Pensé en rápidamente abrir un portal e irnos para evitar un enfrentamiento
desagradable, pero en todo el tiempo que nos habíamos infiltrado en la escuela abandonada tras
la crisis, era la primera vez que esto ocurría. No había garantía de que se repitiera.
- Saldré a investigar rápidamente – la mano de Elisa me detuvo
- No… no puedo dejarte ir – su agarre era ligero, podía zafarme con facilidad. – No… puedo irme
sin ti… - su amiga la afianzó a ella para cuando su mano ya no me sostenía.
- Entiende que esto es lo más cerca que tenemos de saber al menos qué apariencia tiene lo que
buscamos – su mirada era suplicante y ambivalente. Pareció entender lo que le dije. Luca estaba
indecisa pero finalmente delimitó su opinión.
- Nos veremos en el vestíbulo principal en cuanto los identifiques – su voz temblaba – no los
enfrentes, por favor… - asentí y me escurrí tan rápido como pude por el pasillo.
- ¡¿Qué es lo que quieres?! – inquirí esperando a tener tiempo para pensar en qué hacer. No
obtuve respuesta. A un costado estaban unos bancos de metal. Mis manos estaban sometidas,
pero con un movimiento de mi cabeza lo dirigí a su dirección. Tras el impacto, el agarre se aflojó.
Me coloqué en actitud ofensiva. Me elevé algunos metros sobre ella, tenía la misma expresión
demoniaca de antes. Con ambas manos hizo salir infinidad de raíces del suelo. Las esquivé con
dificultad. Estaba viendo a mi alrededor si había objetos para lanzarle, pero, nada contundente
que la noqueara. Pensé entonces en producir algunos. Me coloqué en lo más alto del edificio y,
como las raíces no parecían alcanzarme, elevó del suelo una gran masa de tierra con rocas lo
suficientemente pesadas como para romper concreto. Como supuse los dirigió hacia a mí y el
edificio empezó a caer a mi esquivo. Me apoyé a poca distancia y comencé a lanzarle proyectiles
en su dirección. Los esquivaba con demasiada rapidez. Aumenté la cantidad y esta vez estaba
sometida. Uno le desgarró el brazo y comenzó a regenerarse. Al verla pensé que era un Atypium,
pero, no somos inmortales. Ella era otro tipo de especie. Controlaba las plantas al igual que Luca,
pero no las hacía crecer. Es probable que fuera ella quien espació estas esporas pero, ¿con qué
objetivo?
Colocó sus manos en el suelo y comenzaron a salir las plantas llenas de espinas que estaban a
pocos metros de distancia. Las disparó en mi dirección. Le lancé una estela de luz de energía para
distraerla y, aunque logró alcanzarla, eso solo hizo aumentar la cantidad de agujas. Me resguardé
detrás de uno de los muros que quedó en pie tras el derrumbe. Cuando pensé en moverme mi
brazo izquierdo cedió a mi impulso. Varias de las espinas me habían alcanzado y paralizaron mi
brazo. No tenía opción, si quería salir de aquí debía exigirme al máximo. Declan me advirtió desde
la primera vez que lo hice, que no debía repetirlo a menos que fuese necesario, pero si no lo hacía,
no habría próxima vez.
Absorbí una gran cantidad de energía de mi alrededor y cuando pensé en atacar, mi respiración se
espesó. Una figura alargada estaba rodeando a Luca y Elisa. Al poco tiempo, sombras de
minotauros las rodearon.
Un fuete golpe me hizo chocar contra un muro. El ente frente a mí se acercaba a mí con
demasiada velocidad. Con un ademán, la sostuve entre mi mano. La agarré lo suficientemente
fuerte como para inmovilizarla o al menos dejarla inconsciente, sin éxito. Como supuse que ella
no era la mente detrás de este caos, la travesé con varios rayos de energía; ahora no debía
cohibirme para destruirla. Ella empezó a desintegrarse, pero, si una de sus habilidades era
regenerarse, era cuestión de tiempo a que volviera a su estado anterior.
Me desplacé hacia donde estaban ellas. Justo antes de interponerme entre el hombre de cabellera
blancuzca, fui arrastrado al suelo con mayor intensidad que antes y esta vez estaba demasiado
herido ara moverme. Las ramas de espinas rodeaban mi cuerpo y mis músculos estaban
entumecidos. Quedé de cunclillas en su dirección. Posó sus ojos en mí.
Los colores ocres sobre él eran pálidos, y sus movimientos pausados. Quise moverme en su
dirección y caí con un golpe seco al suelo. Mi pecho ardía con un dolor punzante y me costaba
respirar. Sentía que me asfixiaba y todo frente a mí empezó a distorsionarse. Mis ojos buscaron a
Luca, que, en la conmoción, se había acercado a Elisa, a poca distancia de mí. Empezaba a perder
el conocimiento. Creo que la escuché llamarme, pero todo estaba oscuro.
Luca
- Vamos a resguardarnos en ese salón – le sugerí a Elisa. En ese salón las esporas eran menos.
Estaba jadeante y sus ojos dilatados, pero, no eran humanos, parecían más felinos. Veía a la chica
frente a mí abatida. No era ni el rastro de la pelirroja que conocía. En esa luz azulada se veía
apagada y abatida. – Quiero entender… – me miró desconcertada. Sus pupilas se dilataron aún
más. – Quiero saber más de ti y todo lo que tiene que ver con esto… - seguí. Para mi sorpresa, mi
voz sonaba entrecortada. Mis sentimientos estaban a flor de piel. – Quiero que seamos tan amigas
como antes… Que volvamos a ser unidas. – la chica me regaló una cálida sonrisa.
- Así será… - pareció querer decir algo y se detuvo. Miró detrás de ella y su respiración se aceleró.
Sus manos se curvaron y sus uñas ahora parecían garras. – ¡Luca! – Se lanzó sobre mí y me cubrió.
Cambió de postura defensiva. Ante nosotras estaba un hombre alto, de cabellera blanquecina, que
se movió con demasiada rapidez.
- Ustedes me serán útiles – criaturas antropomórficas entraban desde la ventana – jueguen con
ellas. – pese a acatar su orden y acercarse a nosotras, Elisa tenía una postura amenazante. Verla así
era desconcertante, pero con un fuerte rugido hizo retroceder a las bestias, que cayeron en sus
rodillas cubriendo sus oídos. Fue como un estruendo de ferocidad. Me tomó con tanta velocidad
que su agarre rasgó mi piel con sus garras, pero a causa de la adrenalina, solo me percaté de ello
cuando mi brazo estaba ensangrentado. Corrimos hacia el frente de la escuela, en cada inhalación
Elisa absorbía cada vez más de ese polen. Un fuerte ruido, como de rocas caer, sembró aún más el
pánico en mí. Poco después vimos escombros caer. Me empecé a preguntar si Diana estaba bien, y
antes de cualquier otro pensamiento, detrás de nosotras el hombre estaba rodeado de esos seres.
El miedo me paralizó. Elisa me tomó en sus brazos y me cargó. Rompió la puerta delantera con
una fuerza sobrehumana y calló conmigo al suelo. Estaba retorciéndose de dolor. Empezó a toser
descontroladamente y la sangre comenzó a salir a brotes de su boca.
Al salir al frente, Diana estaba luchando con una figura femenina de tez morena y cabellos de un
rosa opaco. Su piel estaba cubierta de espinas verdosas y un sostenía una mirada maliciosa. Movía
a los árboles a voluntad; y poco pude hacer para terminar de analizar el cuadro, cuando
estábamos nuevamente rodeados de esos seres con apariencia de toros en la parte superior de su
cuerpo. En ese momento pensé en usar mi poder. Nunca había practicado con plantas más
grandes de las que cupieran en una maceta mediana. Pero mis brazos no se movían. Mis oídos
latían con fuerza debido a mi pulso y me sentía aturdida. Pensé que en cualquier momento
desfallecería.
El miedo me paralizó. Cuando al salir pensé que nos atacaría con la horda detrás de sí, su mirada
se tornó hacia Diana, que yacía sobre el suelo atado con ramas alrededor de su cuerpo. Se iba
acercando a él.
No podía quedarme sin hacer nada. Vislumbre cerca de nosotras un árbol, y pensé en que, debía
hacer algo, lo que fuera para ayudarlos. Cuando miré hacia abajo, Elisa estaba en un charco de
sangre. Me horroricé ante la imagen y tuve miedo de que Diana terminara así también. Coloqué
mis manos sobre él, y casi en una súplica inaudible, le pedí ayuda.
Una luz verdosa empezó a brotar de la planta y cubrió a Elisa. Ella empezó a componerse.
Bastian
Bastian se interesa en Luca (eso lo menciona luego )
Diana
Antes del ataque, le comenta a Declan que pudo detener el tiempo. Él casi se delata
Le dice que hablaran después de la lucha
Ya que descubren que es a partir de una planta alterada, ella la analiza y hace una cura Luca
/(mirar hoja)