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Reforma de vida
REFORMA DE VIDA [189]
11ª Plática – Cuaresma 2021 – (DÍA 35)
PARA ENMENDAR Y REFORMAR LA PROPIA VIDA Y ESTADO.
Es de advertir que acerca de los que están constituidos en prelatura o en matrimonio (quier
abunden mucho de los bienes temporales, quier no) donde no tienen lugar o muy pronta
voluntad para hacer elección de las cosas que caen debajo de elección mutable, aprovecha
mucho, en lugar de hacer elección, dar forma y modo de enmendar y reformar la propia
vida y estado de cada uno de ellos, es a saber, poniendo su creación, vida y estado para
gloria y alabanza de Dios nuestro Señor y salvación de su propia ánima. Para venir y llegar
a este fin, debe mucho considerar y rumiar por los ejercicios y modos de elegir, según que
está declarado, quanta casa y familia debe tener, cómo la debe regir y gobernar, cómo la
debe enseñar con palabra y con ejemplo: asimismo de sus facultades, cuánta debe tomar
para su familia y casa, y cuánta para dispensar en pobres y en otras cosas pías, no queriendo
ni buscando otra cosa alguna sino en todo y por todo mayor alabanza y gloria de Dios
nuestro Señor. Porque piense cada uno que tanto se aprovechará en todas cosas espirituales,
cuanto saliere de su proprio amor, querer e interés. [189]
COMENTARIO. – Siendo ya cosa sabida que quien ha tomado un estado inmutable, por ejemplo el
matrimonio, no ha de hacer nueva elección de estado o vida [172], parece que San Ignacio supone
aquí igualmente, que todo aquel que ha alcanzado y posee alguna prelatura, no debe pensar en
hacer elección de estado, aunque el suyo teóricamente sea mudable, puesto que prácticamente debe
mirarse como inmutable. Únicamente en el caso en que se viese «muy pronta voluntad para hacer
elección de las cosas que caen debajo de elección mudable» se podría pensar de diferente manera.
Con persona como ésta, constituida en alta dignidad, aunque no tenga esa «muy pronta voluntad»,
y sea de aquellos «que primero quieren haber beneficios y después servir a Dios en ellos; no van
derechos a Dios, mas quieren que Dios venga derecho a sus aficiones desordenadas, y, por
consiguiente, hacen del fin medio y del medio fin» [169]; adoptando en este caso el principio de
que «según que las personas se quisieren disponer, se debe dar a cada uno, porque más se pueda
ayudar y aprovechar» [18], y mirando además al bueno o mal ejemplo que podrán dar a otros
muchos, transige con ella San Ignacio y dice: que «aprovecha mucho, en lugar de hacer elección,
dar forma y modo de enmendar y reformar la propia vida y estado». Lo que prácticamente equivale
a tratar a estas personas como si estuvieran en estado inmutable, procurando que lleven buena vida
dentro de aquella su elección oblicua [172].
De semejantes personas y de las que ya están colocadas en un estado inmutable, dice San Ignacio
que «aprovecha mucho dar forma y modo de enmendar y reformar la propia vida y estado de cada
uno de ellos». «Dar forma y modo» quiere decir proporcionarles verdadera materia para la
elección y un sistema práctico que seguir en tales casos. Y esto en dos cosas: en «enmendar la
propia vida» o lo que es lo mismo, corregir el pecado y los desórdenes personales; y «reformar el
estado de cada uno dellos» perfeccionándose en el ejercicio de la dignidad que cada uno tenga y
según ella lo pida.
Con esto el ejercitante que se halla en estas condiciones ya tiene un campo extensísimo para sus
P. Gustavo Lombardo, IVE
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deliberaciones y elecciones, puesto que se le presentará una multitud de cosas tocantes a su
enmienda personal y al perfeccionamiento del cargo que ocupa, «poniendo su creación, vida y
estado para gloria y alabanza de Dios nuestro Señor y salvación de su propia ánima».
«Para venir y llegar a este fin, debe mucho considerar y rumiar por los ejercicios y modos de elegir,
según que está declarado»; es decir, que a cada cosa le ha de aplicar el ejercicio y modo de elección
más acomodados, después de haberlo considerado largamente y meditándolo profundamente.
Quien ha de hacer elección para tomar o dejar una cosa concreta, atiende a sola una materia donde
concentra toda su atención; pero el que trata de reformar su vida y estado, se encuentra ante
muchas y variadas, de las que cada una pide su especial consideración y exige el modo que le es
más conveniente.
San Ignacio, como es natural, no puede bajar a todas y a cada una de estas cosas particulares, y por
esta razón se limita a señalar ternas generales de enmienda y reforma dejando para el ejercitante el
concretarlos. Cuatro son los puntos que marca el Santo: 1º, «casa y familia»; 2º, «cómo la debe regir
y gobernar»; 3º, «cómo la debe enseñar con palabra y con ejemplo»; 4º, la distribución de los bienes
materiales.
Punto primero: «Casa y familia.» Quiere decir: la casa con todo su séquito de bienes materiales,
de servidumbre y de empleados. Por los tiempos de San Ignacio, los prelados eclesiásticos llevaban
en todo esto mucho rumbo y generalmente necesitaban una seria enmienda y reforma, tanto
mirando a su salvación y santidad personal, como a la dignidad y perfección espiritual del cargo
que ostentaban.
San Ignacio en la regla séptima para distribuir limosnas, declara cuál era su pensamiento en este
punto. «Siempre es mejor y más seguro, en lo que a su persona y estado de casa toca, cuanto más
se cercenare y disminuyere, y cuanto más se acercare a nuestro sumo pontífice, dechado y regla
nuestra, que es Cristo nuestro Señor. Conforme a lo cual el tercero concilio carthaginense (en el
cual estuvo Santo Agustín) determina y manda que la suppeléctile1 del obispo sea vil y pobre. Lo
mismo se debe considerar en todos modos de vivir, mirando y proporcionando la condición y
estado de las personas; como en matrimonio tenemos ejemplo del San Joaquín y de Santa Ana, los
cuales partiendo su hacienda en tres partes, la primera daban a pobres, la segunda al ministerio y
servicio del templo, la tercera tomaban para la sustentación de ellos mismos y familia» [344].
El mismo Santo escribe a su hermano Martín (Sarria de Oñaz): «Un hombre en esta vida tener
vigilias, ansías y cuidados para mucho edificar, augmentar paredes, rentas y estado, para
dejar en la tierra mucho nombre y mucha memoria, non est meum condemnare, laudare
autem nequeo; porque, según San Pablo, Rebus ipsis debemus uti tanquam non utentes,
possidere tanquam non possidentes... Si alguna parte de esto habéis sentido en tiempo
pasado o presente, por reverencia y amor de Dios N. S. os pido procuréis con enteras
fuerzas de ganar honra en el cielo, memoria y fama delante del Señor, que nos ha de
juzgar»2.
Punto segundo: «Cómo debe regir y gobernar la casa y familia.»
Punto tercero: «Cómo la debe enseñar con palabra y con ejemplo.»
Nada dice directamente sobre este particular el libro de los Ejercicios, que todo él está ordenado
a la personal santificación del ejercitante. Indirectamente muy bien puede uno acomodar al
1
Latinismo por “ajuar”.
2
Monumenta Ignatiana, Ser. 1º, I, pág. 81.
P. Gustavo Lombardo, IVE
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gobierno y enseñanza de la familia cuanto le ha sido enseñado para la enseñanza y gobierno de su
persona.
Punto cuarto: La distribución de los bienes materiales. Sobre este punto San Ignacio nos ha dejado
unas reglas especiales que pertenecen por entero a las elecciones y constituyen el último
documento que nos queda por comentar.
Digna es de especial reflexión la máxima de vida espiritual con que el Santo cierra este punto de la
reforma de la vida: «Piense cada uno que tanto se aprovechará en todas cosas espirituales, cuanto
saliere de su propio amor, querer e interés». Espléndido resumen de toda la ascética cristiana,
tornándola en su parte negativa; y excelente síntesis de la doctrina ignaciana acerca de las afecciones
desordenadas que el hombre debe quitar de sí, o de aquel «vencerse a sí mismo» [21] a que van
dirigidos los Ejercicios.
I. ¿QUÉ ES REFORMAR?3
Muchas veces en la vida, el alma que aspira a la perfección tendrá que rever su camino
espiritual y replantear algunos de sus puntos claves. Esto suele hacerse con oportunidad de
los Ejercicios Espirituales o en Retiros. De hecho, San Ignacio afirma que los Ejercicios
Espirituales por él elaborados se ordenan a vencerse y ordenar la vida sin dejarse
determinar o condicionar por ningún apego4.
Reformar quiere decir “volver a formar”; volver a “dar forma”; como quien trabaja una
imagen en arcilla y ve que no le salió lo que él quería, la vuelve a amasar y comienza a darle
forma otra vez. Para poder reformar adecuadamente la vida es necesario tener una recta
intención de ánimo, es decir, procurar que el móvil de la misma no sea otro que el fin
último de la vida de todo hombre: dar gloria a Dios y salvar el alma.
En base a todo esto deberá reformar su vida.
El principio que debe regir la reforma de vida es el principio de abnegación: “piense cada
uno que tanto aprovechará en todas cosas espirituales, cuanto saliere de su propio amor e interes” [189].
Y el Kempis dice: “tanto aprovecharás cuanto sea la fuerza que te hagas”5
Para la reforma de vida también hay que guiarse por las reglas de elección: “para llegar
a este fin mucho debe de considerar y rumiar por los ejercicios y modos de elegir...”. (Casanovas)
El ambiente debe ser siempre el de las Dos banderas, Tres binarios y Tres maneras de
humildad.
II. ¿QUÉ COSAS SUPONE?
Se supone tener identificadas varias cosas:
Ante todo, la voluntad de Dios sobre él en la vida pasada (¿qué me ha pedido Dios
en el pasado o qué ha querido de mí anteriormente?); esto puede haberlo visto a través de
3
Sigo casi textualmente al P. Miguel Fuentes en: La ciencia de Dios, Ediciones del Verbo Encarnado, San Rafael,
2001, p. 141-147.
4
SAN IGNACIO, EE, nº 21.
5
TOMÁS DE KEMPIS, Imitación de Cristo, Libro I, c. 25.
P. Gustavo Lombardo, IVE
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inspiraciones del Espíritu Santo, iluminaciones, circunstancias singulares que han rodeado
su vida o simplemente la voluntad de sus superiores.
En segundo lugar, ve lo que Dios le pide ahora con toda claridad.
Tercero, tiene también identificados los puntos sobre los cuales no discierne con
claridad la voluntad divina actual; sobre esto tendrá que aplicar las reglas de discernimiento
y elección.
Finalmente, también sabe cuáles son los obstáculos concretos que le impiden el
seguimiento radical y total de Jesucristo.
III. LA REVISIÓN DE VIDA
Revisar la vida significa examinar las distintas dimensiones de la propia vida para ir
descubriendo las cosas que hay que cambiar, purificar, quitar, empezar, modificar,
rectificar o intensificar.
Es imposible que quien no se conozca pueda alcanzar la perfección, ya sea porque se
forjará ilusiones acerca de su estado (cayendo o en un optimismo presuntuoso o en un
desaliento deprimente). El conocimiento claro y ponderado de sí mismo estimula a la
perfección y ayuda a trabajar sobre terreno seguro. Este conocimiento debe ser completo,
abarcando tanto nuestras cualidades y defectos naturales, cuanto los dones sobrenaturales
y los defectos en el plano espiritual.
En cada una de esas dimensiones hay que prestar atención a dos cosas:
–Las cosas de las que hay que apartarse: porque están mal hechas, o porque no dan
gloria a Dios, o porque comportan apegos desordenados al mundo, o porque son fuente
de pasiones no dominadas, o porque son ocasión de pecado, etc.
–Las cosas que hay que encarar para mejorar nuestras actitudes: porque vemos que
Dios lo quiere así, o porque damos con ello mayor gloria a Dios, o porque condice con
nuestros deberes de estado, o porque nos acerca más a Dios, o porque aprovecha más a
nuestros prójimos, etc.
–Las cosas que seguir haciendo tal cual, o mejorándolas.
IV. EL PLAN DE VIDA
El plan de vida, como su nombre lo indica, designa el proyecto de las principales
actividades y objetivos que un sujeto intenta llevar a cabo en un plazo determinado de
tiempo (el resto del año, o el bienio, o el quinquenio, etc.). En el plano espiritual es un
programa de perfección.
El tener un plan de vida es conveniente porque la santidad no se improvisa: quien quiere
lograr algo en la vida, ya sea en el orden humano o en el sobrenatural, debe sentarse y
prever, pensar y planear.
Sin plan de vida se malgasta sin remedio mucho tiempo:
– Surgen dudas sobre lo que debemos hacer; gastamos tiempo en deliberaciones
P. Gustavo Lombardo, IVE
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superfluas; a pesar de mucho deliberar solemos quedar con dudas.
– Descuidamos algunas de nuestras obligaciones por falta de previsión y de
organización, por proponer fines sin determinar los medios o por echar mano en el
momento a medios ineficaces o menos eficaces, etc.
– Y por este descuido, finalmente, nos exponemos a la inconstancia y al abandono de
las obras emprendidas.
Por el contrario, el plan de vida nos da:
Orden, nos ayuda a ganar tiempo.
Nos hace sobrenaturalizar las obras (porque las hacemos por obediencia al plan, es
decir, a las decisiones tomadas en conciencia delante de Dios; siempre y cuando el plan
esté hecho como Dios manda).
Tiene también un gran valor educativo en cuanto templa nuestra voluntad (la hace más
austera, libre de caprichos, la somete a un orden y le hace adquirir constancia).
1) Características
Para que sea real todo plan de vida tiene que tener ciertas cualidades:
– Debe estar acomodado a los deberes de estado, a las ocupaciones habituales, a las
disposiciones de espíritu, de carácter y temperamento de cada uno, a sus fuerzas y a su
estado actual de perfección.
– Debe ser flexible y rígido a la vez.
Flexible para no esclavizar el alma al plan, cuando la caridad hacia el prójimo, o alguna
circunstancia grave imprevista, o la obediencia a los superiores haga irrealizable algún
proyecto.
Con cierta rigidez, para que el sujeto no lo modifique según sus caprichos. Debe
contener lo necesario para determinar, el tiempo y la manera de hacer las diversas
actividades, deberes de estado, ejercicios de piedad y la adquisición de las virtudes más
necesarias.
– Debe estar hecho de acuerdo con el director espiritual. Lo exige la prudencia que
nos enseña que uno no es buen juez en su propia causa ni diestro guía de sí mismo; también
la obediencia, por la cual, el plan de vida revisado y autorizado por el director extiende la
acción de éste al resto de nuestra vida.
2) Materia de la reforma
La dimensión humana
Es el campo de la personalidad humana, del equilibrio de las virtudes y pasiones.
Concretamente ha de tenerse en cuenta aquí:
–Ante todo, nuestro defecto dominante.
–Las virtudes que urge adquirir.
P. Gustavo Lombardo, IVE
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–Los defectos que hay que combatir.
Pero también cada uno tiene que ver en concreto sus defectos, las virtudes que
comprende que le faltan: a lo largo de los EE han visto mucho de esto. Por eso tanto insiste
san Ignacio en el “mucho examinarse”. Ya desde los primeros días, cuando hablábamos
del ordenar la vida atendíamos a esta reforma. La oración y el trato con Dios es lo que más
ilumina...
Ahora es el momento de llevar a la práctica lo dicho. Hay que hacer un recuento de
defectos y virtudes; lo que el Señor les ha hecho ver en estos días... y ver los medios que
van a poner para progresar en la santidad, teniendo siempre la vista puesta en el fin. Luego,
con ayuda de las reglas de elección determinar si hay que poner ciertos medios y en qué
medida; por ejemplo: . “Debo hacer penitencia ¿cuál?... ¿en qué medida? ¿en qué tiempos?
Y determinarlo concretamente según las reglas, escribirlo en el plan y aplicarlo en el
momento preciso (como ser en cuaresma), para lograr hacerme el hábito de la penitencia
Un hábito se logra con la repetición de actos. Un vicio se quita dejando de hacer el acto.
El propósito entonces me tiene que llevar o a poner el acto cuyo hábito quiero lograr o a
evitar el acto del vicio que quiero erradicar.
Hay que estudiar de dónde proceden nuestras faltas para “secar la fuente”.
- PASIONES no bien dominadas:
ira: dureza de trato, sequedad, etc, que son fuente de falta de caridad fraterna;
amor: afectos a personas, a cosas, ocupaciones;
odio: aversiones al prójimo, antipatías, que llevan a esquivar el trato, muy malo si
apartan del superior.
- MALOS HÁBITOS, repetición de faltas que se hacen segunda naturaleza:
pereza: especialmente en la oración y ejercicios espirituales; no esforzarnos en
combatir; tampoco nos dedicamos al estudio o deberes de estado;
charlatanería: fuente de pérdida de tiempo y quebranto de la caridad;
libertad en los sentidos: materia de tentaciones;
impuntualidad: al levantarse por pereza; pero la hay de los que se consagran con
demasiado ardor a sus trabajos...
- MALAS INCLINACIONES: al honor y propia estima: pensamos en nosotros, en nuestro
bien, en que nos alaben; soñamos cómo podemos ser. Amor a la propia voluntad, el propio
juicio. Amor a la comodidad, a buscar siempre lo menos costoso...
También se trata de “hacer el bien” ¿qué me impide ser abnegado? ¿qué me pide Dios:
reparación..., desprenderme de algo..., vencerme en algo..., ofrecerme...? ¿qué virtudes
flaquean? ¿a qué virtud me siento llamado?
Prioridades: 1º lo de la regla... 2º las relaciones con el prójimo... 3º las cosas que hacen a
la pureza del corazón
P. Gustavo Lombardo, IVE
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–El orden interior y exterior del alma y su relación con las diversas cosas materiales y
espirituales que habitualmente nos rodean.
–Examinar los afectos: la capacidad para la amistad, las pasiones, los posibles apegos a
cosas, personas, lugares, etc.
La dimensión espiritual
Designa el plano más importante y donde se encuentran los elementos que nos
santifican y relacionan directamente con Dios:
–La oración.
–El modo de vivir y aprovechar la Santa Misa.
–Las confesiones: frecuencia, modo de aprovecharlas.
–Las penitencias y mortificaciones, el comportamiento en las contrariedades de la vida.
–La dirección espiritual (su frecuencia, sinceridad, aprovechamiento).
–El examen de conciencia diario.
–La lectura espiritual (especialmente la Sagrada Escritura).
–Los ejercicios espirituales anuales.
- Visitas al Santísimo.
- El retiro espiritual.
La dimensión comunitaria
En el caso del religioso tiene que examinar puntualmente su vida comunitaria. Por
ejemplo:
–La participación en la comunidad, en las recreaciones.
–El aporte de los propios talentos para aprovechamiento del prójimo.
–La caridad fraterna.
–La obediencia a los superiores.
- La transparencia para con los superiores.
- La confianza a los superiores.
–La generosidad; la capacidad de ofrecimiento e inmolación.
–La pobreza, la castidad, el cumplimiento de los deberes de estado.
En los laicos esta dimensión se desarrolla fundamentalmente en su vida familiar:
–La relación con padres y hermanos, o con su cónyuge e hijos: las virtudes de la
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obediencia, respeto, piedad filial, etc.
–La caridad familiar.
–La solidaridad y la preocupación por los demás, etc.
–La responsabilidad en el trabajo y en la profesión.
La dimensión intelectual
–El aprovechamiento del estudio.
- El cumplimiento del horario de estudio.
–La participación personal en cursos, conferencias, momentos especiales de formación.
–La formación cultural: si se interesa por la lectura espiritual, por la literatura formativa,
si se deja llevar por la curiosidad, o las modas literarias, la superficialidad, etc.
La dimensión apostólica y pastoral
–La oración y mortificación por el apostolado.
–La preparación del apostolado.
–El desarrollo del apostolado.
–El celo apostólico.
La reforma debe ser real. Breve.
3) Rendición de cuentas
Prever con qué frecuencia examinará el andar de los propósitos y proyectos. Conviene
que esto se haga una vez por mes, en los retiros mensuales. Examinar lo hecho, tomar
nuevas determinaciones si fuere necesario, imponerse algún castigo, si la negligencia o
pereza o desorden interior lo conduce a la inconstancia, y examinar las etapas siguientes.
Ejemplos…
“- Habiendo entrado al seminario (Don Bosco) y vistiendo el hábito clerical hace
una reforma de vida:
“Ese día escribe en una libretita, que guardará preciosamente, lo que va a ser la norma
de su vida.
1.- En el porvenir no tomaré parte en los espectáculos públicos, en las ferias o
mercados; ni asistiré a bailes, ni a teatros y, en lo posible, tampoco iré a las comidas
que suelen darse en tales ocasiones.
2.- Nunca más haré pruebas de prestidigitador, de saltimbanqui, ni juegos de manos;
ni tocaré el violín, ni saldré a cazar. Reputo estas cosas contrarias a la gravedad del
espiritual eclesiástico.
P. Gustavo Lombardo, IVE
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3.- Amaré y practicaré el retiro, la templanza en comer y beber, y no tomaré más
horas de reposo que las absolutamente necesarias para la salud.
4.- Puesto que en le pasado he servido al mundo con lecturas profanas, en el porvenir
procuraré servir a Dios, entregándome a lecturas religiosas.
5.- Combatiré con todas mis fuerzas toda cosa, toda lectura, pensamiento, palabra y
obra contraria a la virtud de la castidad. Y, a la inversa, practicaré todas aquellas
cosas, aun las más pequeñas, que puedan contribuir a conservar esta virtud.
6.- Además de las prácticas ordinarias de piedad, no omitiré nunca el hacer cada día
un poco de lectura espiritual.
7.- Cada día referiré algún ejemplo o máxima útil a las almas. Haré esto con mis
compañeros, mis parientes y relaciones, y , a falta de ellos, lo haré con mi madre.
En el fervor de su nuevo estado Juan exagera algunos puntos de su plan de vida.
Consultado poco después el piadoso San José Cafasso le muestra la inutilidad de
ciertos sacrificios. ¿Por qué renunciar a esas habilidades con que puede recrear a sus
compañeros en horas propicias? Ciertos paseos al aire libre, o la concurrencia a
fiestas sociales, no son tampoco malos en sí mismos, y pueden servir para mantener
la cordialidad entre los vecinos de un pueblo, y la amistad del sacerdote...”6. (HUGO
WAST)
Santo Domingo Savio:
“Propósitos que yo, Domingo Savio, hice en el año 1849 cuando hice mi primera
comunión a los siete años de edad:
1º- Me confesaré muy a menudo y recibiré la sagrada comunión siempre que
el confesor me lo permita. (Don Bosco: hacer buenas comuniones y buenas
confesiones)
2º- Quiero santificar los días de fiesta.
3º- Mis amigos serán Jesús y María.
4º- Antes morir que pecar.”
Estos recuerdos, que repetía a menudo, fueron la norma de todos sus actos hasta el fin de
su vida.7
Laura Vicuña:
“1. Quiero, Jesús mío, amarte y servirte durante toda mi vida; por eso te ofrezco toda mi
alma, mi corazón y todo mi ser.
2. Quiero morir antes que ofenderte con el pecado; y por eso quiero apartarme de todo lo
que pueda separarme de Ti.
6
HUGO WAST, Don Bosco y su tiempo, p. 70-71.
7
RODOLFO FIERRO S.D.V., Biografía y escritos de Don Bosco, B.A.C. 1955, pag. 777 – 779.
P. Gustavo Lombardo, IVE
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3. Prometo hacer de mi parte cuanto sé y puedo, aun con grandes sacrificios, para que Tú
seas siempre más conocido y amado, y para reparar las ofensas que todos los días Te infieren
los hombres que no Te aman, especialmente las que recibes de los míos.
¡Oh, Dios mío, concédeme una vida de amor, de mortificación y de sacrificio!”
“La Iglesia necesita reforma y la reforma debe comenzar por mí”. (San Cayetano)
¡Ave María purísima! Sin pecado concebida.
P. Gustavo Lombardo, IVE
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