Esclerosis Múltiple: Causas y Tipos
Esclerosis Múltiple: Causas y Tipos
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad neurológica de carácter crónico, impredecible, progresivo y
a menudo discapacitante que afecta el sistema nervioso central (SNC), compuesto por el cerebro, la
médula espinal y los nervios ópticos.
La EM se desarrolla cuando se daña la mielina, la cubierta protectora de los nervios imprescindible para
transmitir de manera rápida y eficiente los impulsos a través de las fibras nerviosas.
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune en la que nuestro sistema inmunitario, que
normalmente nos protege de los organismos y sustancias que invaden los sistemas del cuerpo causando
enfermedades, ataca por error la mielina del SNC [3]. Este proceso hace que se formen pequeños parches
de inflamación alrededor de la vaina de mielina, los cuales afectan la capacidad de las fibras nerviosas
dañadas para conducir los impulsos eléctricos. Como resultado, aparecen los síntomas de la EM. Cuando
desaparece la inflamación y la mielina sana, los nervios comienzan a funcionar de nuevo.
Sin embargo, esa inflamación – o los episodios repetidos de inflamación – pueden dejar cicatrices, también
conocidas como sklḗrōsis, una palabra que en griego antiguo significa “endurecimiento”. De hecho, en el
cerebro y la médula espinal de los pacientes con esclerosis múltiple aparecen muchas áreas pequeñas de
cicatrización, también llamadas placas o lesiones. En algunos casos, a medida que progresa la
enfermedad, la propia fibra nerviosa se puede romper o dañar, de manera que se interrumpen los impulsos
que viajan entre el cerebro y la médula espinal.
No existen evidencias que indiquen que la esclerosis múltiple se herede por vía directa, pero los estudios
han demostrado que los factores genéticos pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollar la enfermedad
[3].
En los últimos años, gracias a los avances en el tratamiento de la enfermedad, las mejoras en la atención
médica y los cambios en el estilo de vida, ha aumentado la esperanza de vida de las personas que
padecen esclerosis múltiple. Aún así, estos pacientes viven como media siete años menos respecto a la
población general debido a las complicaciones propias de la enfermedad u otras patologías [3,5].
El primer episodio de síntomas neurológicos está causado por la inflamación y los daños en la mielina
(desmielinización) en el sistema nervioso central (SNC). Este episodio característico de la EM debe
prolongarse al menos durante 24 horas pero todavía no cumple con los criterios para diagnosticar la
enfermedad, ya que el SCA no siempre evoluciona hacia una esclerosis múltiple.
Si el SCA se combina con lesiones en el cerebro similares a las que se observan en la EM cuando se
realiza una resonancia magnética (RM), existen grandes probabilidades de sufrir un segundo episodio de
síntomas neurológicos, en cuyo caso se diagnostica una EM remitente-recurrente.
Este patrón de recaída y remisión puede prolongarse durante varios años. Al inicio, después de una
recaída la persona puede recuperarse por completo, o casi. Con el tiempo, generalmente después de 5 o
15 años, algunos de los síntomas de la esclerosis múltiple se vuelven permanentes debido a la
acumulación de tejido cicatricial en el cerebro y el daño gradual que sufren los nervios.
Este curso de la enfermedad afecta aproximadamente al 15% de las personas con esclerosis múltiple y se
caracteriza por un empeoramiento gradual desde el momento en que comienzan los síntomas, sin la
presencia de cuadros de recidivas ni remisiones tempranas.
Las causas de la esclerosis múltiple (EM) aún no se conocen, pero las evidencias sugieren que esta
enfermedad puede ser el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales:
Factores ambientales
Los casos de esclerosis múltiple aumentan a medida que nos alejamos del Ecuador. Por eso los científicos
que analizan los patrones de la enfermedad están investigando si las variaciones geográficas (como la
duración de la luz solar y los cambios de temperatura y humedad) y demográficas (como la edad, el
género, la etnia y los patrones de migración), así como la dieta, las infecciones y la exposición a ciertas
toxinas ambientales pueden causar o agravar la esclerosis múltiple [1-2].
Las pruebas más recientes señalan que cuanto más nos expongamos a la luz solar y más alto sea el nivel
de vitamina D producida de manera natural, menor es el riesgo de sufrir esclerosis múltiple, probablemente
debido a que esta vitamina fortalece la función inmunitaria [1-2].
Los estudios sobre las migraciones poblacionales respaldan la idea de que exponernos a ciertos agentes
ambientales antes de la pubertad puede predisponernos a desarrollar esclerosis múltiple más adelante en
la vida. De hecho, quienes han nacido en una zona considerada de alto riesgo de desarrollar esclerosis
múltiple y se han trasladado a un área con un riesgo menor antes de cumplir los 15 años de edad, han
disminuido las probabilidades de desarrollar la enfermedad [1-2].
Las investigaciones también han demostrado que fumar aumenta el riesgo de desarrollar EM y se
correlaciona con una forma más grave de la enfermedad y un avance más rápido de la misma [1-2].
Además, la exposición a sustancias tóxicas, como disolventes o metales pesados, se ha asociado con el
desarrollo de la EM, aunque los resultados no son concluyentes [3].
También se ha descubierto que consumir demasiada sal puede hacer que el sistema inmunitario cause
enfermedades autoinmunes [4-5].
Por último, es importante precisar que aunque los médicos e investigadores han señalado que las
infecciones podrían ser una causa de la esclerosis múltiple, esta teoría no se ha comprobado
científicamente [1-2].
Aunque la EM no es hereditaria, quienes tienen un familiar de primer grado, como un hermano o un padre,
que padezca la enfermedad se exponen a un riesgo mayor de desarrollar esta patología. De hecho, las
poblaciones con índices más elevados de EM comparten ciertos genes. Se ha descubierto que las familias
donde más de una persona padece la enfermedad tienen factores genéticos comunes. Por esa razón, los
investigadores consideran que los factores genéticos podrían aumentar la predisposición a desarrollar la
Esclerosis Múltilpe [1, 6-8].
La esclerosis múltiple (EM) puede ser una enfermedad difícil de diagnosticar ya que se manifiesta de
diferentes maneras y la amplia gama de síntomas que la acompaña a menudo coincide con los de otras
patologías. Por eso, los médicos deben aplicar diferentes pruebas que les ayuden a descartar otras
afecciones y determinar si el paciente cumple con los criterios para diagnosticar la EM [1-2].
El diagnóstico de la EM se basa en una evaluación clínica en la que se documentan todos los síntomas
(dificultad para controlar la vejiga, sensación de hormigueo, visión doble, etc.), así como los signos
(reflejos hiperactivos, incoordinación, debilidad de grupos musculares específicos, movimientos oculares
anormales, etc.) de la enfermedad [1].
Para diagnosticar la EM es necesario que la persona haya sufrido dos episodios diferentes de síntomas,
separados entre sí por uno o dos meses de tiempo y con una duración de al menos 24 horas cada uno.
También es necesario que en las pruebas neurológicas se detecten de manera evidente dos o más signos
neurológicos que involucren al menos a dos zonas diferentes del cerebro y la médula espinal [1 -2].
Si en el examen neurológico se detectan al menos dos signos anormales, las pruebas diagnósticas
facilitarán la detección de la esclerosis múltiple, aunque es importante saber que no existe una única
prueba que demuestre de manera definitiva que un paciente padece EM, sobre todo si se trata del primer
episodio de síntomas o atraviesa las primeras etapas de la enfermedad. Sin embargo, algunas pruebas
pueden ser muy útiles para diagnosticar la enfermedad [1-2]:
Análisis de sangre
Permite descartar otras patologías que pueden causar síntomas similares, como el SIDA o la enfermedad
de Lyme.
Esta técnica utiliza un poderoso campo magnético y ondas de radio para obtener imágenes transversales
del cerebro y la médula espinal gracias a las cuales se pueden detectar las pequeñas áreas de inflamación
y cicatrización en el cerebro propias de la EM.
Cabe señalar que, aunque las imágenes por resonancia magnética pueden ser útiles para diagnosticar la
EM, no siempre son concluyentes, sobre todo durante las primeras etapas de la enfermedad. Por tanto,
sus resultados se deben contrastar con los síntomas y la evaluación física.
Potenciales evocados
Esta prueba consiste en colocar unos electrodos en el cuero cabelludo para medir la respuesta eléctrica
del sistema nervioso central (SNC) a un estímulo. Por ejemplo, para analizar los potenciales evocados
visuales se utiliza un patrón de cuadrados claros y oscuros similares al patrón de un tablero de ajedrez que
se alternan en una pantalla y para evaluar los potenciales evocados auditivos del tronco encefálico se
usan los sonidos de clic a través de auriculares.
Un patrón anormal o una ralentización de los impulsos eléctricos en ciertos nervios sugiere un mal
funcionamiento de los mismos, probablemente debido a daños en la mielina. Entre el 70 y el 90% de los
pacientes que han sido diagnosticados con esclerosis múltiple muestran resultados anormales en estas
pruebas. De hecho, a menudo los potenciales evocados detectan otras anomalías que no se apreciaron en
el examen neurológico. Además, como estas pruebas miden la función del cerebro y la médula espinal,
complementan la información sobre la estructura cerebral que proporciona la RM.
Punción lumbar
Es un análisis de una muestra de líquido cefalorraquídeo (LCR), el cual cumple la función de amortiguar el
cerebro y la médula espinal, para evaluar las anomalías que se producen en pacientes con EM. El LCR se
extrae insertando una aguja en la parte inferior de la espalda, un procedimiento que se realiza bajo
anestesia local. La alteración más común del LCR que se detecta en el 80-90% de los pacientes con EM
es un incremento del número de células y proteínas del sistema inmunitario (inmunoglobulinas), lo que
sugiere una inflamación o una respuesta inmunitaria intensa. Esta prueba es particularmente útil para
diagnosticar a los pacientes que experimentan una disminución lenta y progresiva de sus funciones sin
cuadros de exacerbación; es decir, las personas que sufren una esclerosis múltiple primaria progresiva,
sobre todo cuando no se detectan anomalías en las imágenes de la resonancia magnética del cerebro. La
evaluación del líquido cefalorraquídeo también puede servir para excluir infecciones difíciles de distinguir
de la esclerosis múltiple.
SINTOMAS
¿QUÉ ES LA ESPASTICIDAD?
Los músculos del cuerpo mantienen un “tono muscular normal”, un nivel de tensión muscular que nos
permite sostenernos. Sin embargo, cuando la tensión en los músculos aumenta, se vuelven rígidos y se
dice que son “espásticos”. Cuando los músculos se vuelven espásticos, su rango de movimiento disminuye
y este puede causar dolor.
La espasticidad, uno de los síntomas más comunes de la esclerosis múltiple (EM), se manifiesta como
rigidez muscular, a menudo generalizada y crónica y puede ser la causa de muchos otros síntomas
asociados (sueño, disfagia, disartria, problemas de esfínteres y vejiga, sexuales, etc) siendo un
síndrome espástico.
De hecho, la espasticidad es una de las principales causas de discapacidad en las personas que
sufren EM puesto que suele acompañarse de dolor, ya sea continuo o por espasmos, cambios en el
funcionamiento vesical, en el patrón del sueño e incapacidad para caminar y realizar otros movimientos,
incluidos los necesarios para la higiene personal.
Los espasmos son movimientos musculares involuntarios en las extremidades y el torso, que se
clasifican en:
Aductores: las extremidades se acercan a la línea media del cuerpo, por ejemplo, los brazos se
mueven hacia el tronco y las piernas se juntan.
Las personas que sufren espasticidad como consecuencia de la esclerosis múltiple pueden padecer una
serie de síntomas, entre ellos:
Hipertonicidad (aumento del tono muscular), que en algunos casos puede provocar rigidez
muscular y de las articulaciones, así como disfunción vesical.
Actividad muscular espontánea en forma de espasmos musculares incontrolables que pueden ser
de naturaleza aislada o se presentan como una serie de contracciones musculares rápidas que se
conocen como clonus.
Dolor, que puede variar desde un nivel leve (músculos tensos) hasta un grado severo (espasmos
dolorosos en las extremidades).
Despertar nocturno, debido al dolor y/o la rigidez muscular asociada a la disfunción vesical.
Deterioro de la función muscular, que puede afectar tanto el caminar como otros tipos de
movimientos y el habla.
Los problemas que acarrea la espasticidad pueden provocar discapacidades funcionales, como
cambios en la postura debido al aumento del tono muscular (tensión muscular o estado de actividad). De
hecho, es fundamental que los músculos tengan un tono adecuado, el cual no solo nos permite movernos
y mantenernos en posición vertical sino que también confiere cierta flexibilidad y velocidad a los
movimientos.
La rigidez muscular puede agravar la fatiga y convertir las actividades diarias en un desafío.
Problemas para usar piernas y brazos: la movilidad de las personas que sufren espasticidad
normalmente se reduce, lo que a menudo implica una disminución de su calidad de vida y un
cambio en las actividades cotidianas.
Falta de energía provocada por la fatiga, un problema que afecta a más del 90% de los pacientes
con EM y que puede tener efectos dramáticos en sus interacciones sociales y profesionales.
Disfunción vesical, un problema muy común en la EM como resultado del cual, un alto porcentaje
de los pacientes que sufren esta enfermedad necesitan ir al baño con frecuencia.
Trastornos del sueño, el factor que más contribuye a la fatiga que experimentan los pacientes con
EM.
Espasmos, estas contracciones musculares repentinas y dolorosas pueden alterar la calidad del
sueño y contribuir a la fatiga diurna.
Los problemas asociados a la espasticidad pueden dificultar actividades como caminar, sentarse o
levantarse de una silla, bañarse, estirarse, vestirse y otras tareas cotidianas. Además, algunos pacientes
informan que los espasmos incontrolables a menudo les generan situaciones incómodas. La espasticidad
también puede disminuir su autoestima. Por eso, es importante que el paciente hable francamente con
quienes lo rodean, desde el personal médico hasta sus familiares y amigos.
Todas las personas que sufren espasticidad no tienen dolor. El dolor generalmente se debe a la
rigidez muscular, la cual hace que los tendones se acorten, lo que dificulta a su vez la flexión o extensión
de las extremidades. El dolor es el resultado del agarrotamiento (contracción) de los tejidos. No obstante,
algunas personas con espasticidad sufren un dolor profundo y sistemático en las articulaciones.
En algunos casos, cierto grado de espasticidad puede contribuir a compensar la debilidad motriz en las
piernas, ayudando a los pacientes caminar, pararse o moverse de un asiento a otro.
Las neuronas son las células básicas del sistema nervioso y se encuentran protegidas por una especie de
“funda” formada por una proteína llamada mielina, una estructura similar a la de un cable eléctrico
protegido por el plástico. Las neuronas transmiten las señales necesarias para que nuestros sentidos y
habilidades motoras funcionen con normalidad. El sistema nervioso central (que incluye el cerebro, el
cerebelo y la médula espinal) es el encargado de procesar esas funciones, lo que permite, por ejemplo,
que algunos músculos se contraigan mientras otros se relajan cuando realizamos un movimiento. Eso
ocurre porque el cerebro envía mensajes a la médula espinal y desde allí a los músculos.
En la esclerosis múltiple esos mensajes no se transmiten correctamente porque la vía entre el cerebro, la
médula espinal y los músculos está dañada. Los mensajes están mezclados, por lo que varios grupos
musculares se contraen erróneamente al mismo tiempo. Por eso se pierde progresivamente el control de
los movimientos que requieren una mayor precisión. Además, la contracción simultánea de los músculos
extensores y flexores provoca una falta de coordinación que a menudo genera dolor y debilidad.
La mayoría de los pacientes con esclerosis múltiple sufren espasticidad, aunque en diferentes grados.
La EM es una enfermedad muy variable, tanto en lo que respecta a su inicio como a su evolución. En la
espasticidad, los “brotes” o recaídas son más frecuentes al inicio. El brote es cualquier cambio neurológico
nuevo y abrupto relacionado con los síntomas (que dure más de 24 horas) o un empeoramiento evidente
de los síntomas previos (en ausencia de fiebre y sin que el paciente consuma algún medicamento que
pueda empeorar su estado general de salud, como los sedantes).
Los brotes de espasticidad pueden variar mucho en intensidad, duración y período de recuperación. En los
casos leves no llegan a limitar la vida diaria, pero en los casos graves afectan en gran medida las
actividades cotidianas de la persona. Los brotes pueden durar algunos días (siempre más de 24 horas) o
varias semanas, con un período de recuperación que puede ser de algunos días o hasta 3 meses.
Con el tiempo, en la mayoría de los casos los síntomas de la EM dejan de aparecer en brotes y se vuelven
permanentes. Lo mismo ocurre en el caso de la espasticidad: la persona mantiene un grado continuo de
rigidez, que puede cursar con más o menos espasmos.
Para diagnosticar y controlar la progresión de la espasticidad se pueden realizar varias pruebas, las
cuales se centran en evaluar la actividad muscular:
Analizar las características de los movimientos voluntarios e involuntarios de brazos y piernas para
verificar el tono muscular.
Evaluar la capacidad del paciente para realizar ciertas actividades, como caminar o tareas de
cuidado personal, o analizar su calidad de vida en sentido general.
Existen escalas de medición para evaluar el grado de espasticidad desde un punto de vista clínico, como
la Escala de Ashworth, la Escala Numérica (NRS) y la impresión clínica global, entre otras.
TRATAMIENTO DE LA ESPASTICIDAD
Es probable que las personas que sufren EM sean tratadas por un equipo multidisciplinario compuesto
por médicos, enfermeros, psicólogos, logopedas y/o fisioterapeutas. Estos profesionales determinarán cuál
es el mejor plan terapéutico para cada caso.
Movilidad: mejorar el uso de las extremidades afectadas y la capacidad de la persona para realizar
sus actividades cotidianas.
A continuación, y con fines meramente informativos, podrás hallar algunas pautas para tratar la
espasticidad asociada a la EM:
1.Tratamientos no medicamentosos
Fisioterapia: se trata de ejercicios pasivos para el rango de movimiento que incluyen instrucciones
para realizar losejercicios regularmente, ya que ayudan a fortalecer, estirar y relajar los músculos y,
al mismo tiempo, contribuyen a mejorar la movilidad de las articulaciones y aumentar el flujo
sanguíneo. El fisioterapeuta también te proporcionará una serie de ejercicios que puedes hacer
en casa.
Antes de elegir el tipo de tratamiento a seguir, el fisioterapeuta examinará al paciente para formarse una
idea de su estado físico y grado de movilidad. La fisioterapia puede ayudar a mejorar los síntomas y
también asegura que la persona no adopte malas posturas o malos hábitos durante el movimiento que
puedan empeorar la espasticidad. En algunos casos, es probable que el paciente tenga que cambiar su
forma de caminar o utilizar un dispositivo de ayuda para moverse con mayor facilidad y evitar así los
espasmos musculares.
En la EM leve, a los pacientes generalmente les explican que deben mantener un buen nivel de actividad
física realizando ejercicios de estiramiento y fortalecimiento muscular. Si la espasticidad es moderada
o grave, el fisioterapeuta puede incluir ejercicios y posturas que reduzcan el tono muscular para lograr que
los músculos sean más flexibles, así como recurrir a la terapia con frío y las técnicas de movilización
muscular.
Hidroterapia: hacer ejercicios para la espasticidad en una piscina también contribuye a relajar
los músculos. A veces, el uso de bolsas de hielo o productos similares (crioterapia) puede ser útil.
Los masajes también ayudan a aliviar la rigidez muscular.
Terapia ocupacional: cuando sea posible, los terapeutas ocupacionales trabajarán junto con los
fisioterapeutas para determinar cómo los síntomas físicos afectan la vida diaria de los pacientes y
ayudarlos a preservar su autonomía enseñándoles movimientos especiales para aliviar los
síntomas de la espasticidad. Por ejemplo, un terapeuta ocupacional puede analizar cómo la
espasticidad afecta la manera de levantarse y sentarse en una silla, o cómo los movimientos hacia
y desde la silla influyen en la espasticidad. Estos profesionales también pueden recomendar el uso
de dispositivos de ayuda para que el paciente pueda realizar sus movimientos diarios y se
encargan de que la cama, las sillas o la silla de ruedas que use el paciente sean adecuadas.
b) Cirugía
En dependencia del paciente y las características de su espasticidad, la cirugía puede ser una última
alternativa viable para los casos avanzados y graves de espasticidad provocada por la EM. En el
tratamiento de la espasticidad se usan diferentes tipos de cirugías:
La cirugía ortopédica puede ser una opción si los cirujanos deciden alargar los tendones, fusionar
las articulaciones o tratar las malformaciones.
La corrección quirúrgica, junto con la rehabilitación adecuada, puede servir para alargar los
períodos de descanso, reducir el dolor y evitar las escaras (tejido cutáneo debilitado que se vuelve
duro, seco y de color blanco perlado, gris o negro).
c) Ortesis ortopédicas: pensadas para forzar la postura correcta de las extremidades deformadas y
facilitar el movimiento.
d) Tratamientos alternativos de la espasticidad:
Los tratamientos alternativos incluyen la acupuntura (para algunos tipos de dolor) y las técnicas de
relajación como el yoga y la meditación, pero no existen suficientes estudios sólidos en grandes muestras
que respalden su uso.
Existen varios medicamentos de primera y segunda línea que se pueden recetar para tratar la
espasticidad, los cuales incluyen desde relajantes musculares hasta fármacos antiepilépticos en dosis
bajas. Los principales medicamentos son:
Los tratamientos farmacológicos inyectables a nivel local son otra alternativa para los pacientes cuya
espasticidad solo afecta un área pequeña, lo que se conoce como espasticidad focal, o en aquellos casos
que no responden bien a la medicación oral. Existen diferentes tratamientos:
El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable que se asocia con un estímulo
dañino.
Las personas que sufren de esclerosis múltiple (EM) suelen padecer dolor.
La prevalencia del dolor asociado a la EM; es decir, el número de pacientes que sufren dolor en un
momento dado, es aproximadamente del 86%, aunque su intensidad es variable. El dolor tiene un gran
impacto en la calidad de vida de estas personas, limitando sus actividades cotidianas y su desempeño
laboral. Su intensidad se relaciona con la edad, la duración de la enfermedad, el grado de discapacidad, la
fatiga y la depresión.
– El dolor disestésico es uno de los síndromes dolorosos más comunes en la EM. Los pacientes lo
describen como una sensación de dolor constante y ardiente, que se produce en ausencia de
estímulos externos y afecta fundamentalmente las piernas y los pies. El dolor se agrava
fundamentalmente por las noches y al realizar actividad física.
– Neuralgia del trigémino: el nervio trigémino inerva amplias zonas de la cabeza. En la EM, el daño en
este nervio causa dolor neuropático, uno de los síntomas más evidentes de esta enfermedad. En ese
caso, los episodios cursan con un dolor intenso en los ojos, la mandíbula, la frente, el cuero cabelludo,
los labios y la nariz de forma bilateral, lo cual significa que afecta ambos lados de la cara. Estos episodios
pueden aparecer de manera repentina, a menudo desencadenados por actividades cotidianas tan sencillas
como cepillarse los dientes.
– Dolor asociado a la neuritis óptica: la neuritis óptica es una afección relacionada con la EM causada
por la inflamación del nervio óptico. Provoca cambios en la vista, como puede ser la visión borrosa o la
visión doble, entre otros. En algunas personas, la inflamación del nervio óptico también puede generar
un dolor agudo al mover los ojos.
El dolor nociceptivo se produce debido a la estimulación de los receptores del dolor que se encuentran
distribuidos a lo largo del cuerpo, es un mecanismo que le advierte al cerebro de cualquier daño que
puedan sufrir los músculos, huesos y otros tejidos.
– Dolor muscular: las personas que sufren trastornos del equilibrio, rigidez muscular, dificultades de
coordinación en brazos y piernas o cualquier otro problema que afecte las extremidades suelen adoptar
posturas corporales incómodas para poder caminar. Como resultado, los músculos de las piernas o la
espalda se sobrecargan, lo cual provoca dolor. Ese dolor también puede afectar el cuello y los brazos,
generalmente como resultado de los temblores, debilidad muscular y otros problemas de movimiento.
– Espasmos tónicos dolorosos: los espasmos que provoca la espasticidad son uno de los trastornos
más frecuentes en los pacientes con EM. De hecho, los espasmos tónicos dolorosos, también
conocidos como distonía paroxística, son característicos de esta enfermedad. Se trata de contracciones
musculares involuntarias que ocurren inesperadamente y causan dolor. Por lo general ocurren varias
veces al día y pueden llegar a ser crónicas o aparecer solo durante periodos de tiempo más cortos pero de
manera recurrente.
– Dolor de cabeza
Por eso, los efectos de la enfermedad sobre el nervio trigémino, uno de los nervios más importantes
que recorre la cabeza cuya función es transmitir el sentido del tacto, la temperatura y el dolor de la cara al
cerebro, también pueden causar dolor en los pacientes con EM.
Por otra parte, el dolor muscular es el resultado de los cambios musculo-esqueléticos, como la rigidez y
los espasmos que causa la enfermedad.
Hasta el momento no se conoce la causa de los dolores de cabeza que suelen padecer los pacientes con
EM, aunque se han relacionado con los cambios en los circuitos neuronales de las funciones cerebrales y
el daño causado por la enfermedad. Además, el riesgo de padecer dolores de cabeza parece aumentar en
los pacientes que tienen más daño.
El tratamiento de este síntoma de la EM se debe basar en una evaluación rigurosa del tipo de dolor, su
intensidad y causa. Luego el médico podrá determinar cuál es el tratamiento más adecuado para cada
caso. Es importante tener en cuenta que el dolor de la esclerosis múltiple puede ser muy complejo debido
a la amplia variedad de cambios que causa la propia enfermedad, razón por la cual se suele abordar
utilizando estrategias terapéuticas distintas adaptadas a la sintomatología de cada paciente.
Medicamentos
Entre los medicamentos que se utilizan para tratar el dolor neuropático se encuentran aquellos
que modifican la función de los neurotransmisores. Algunos de los más usados son: los
antiepilépticos como la carbamazepina, la gabapentina y la pregabalina, los antidepresivos como la
duloxetina y la amitriptilina y los opioides como la codeína y la morfina, aunque se administran en
dosis diferentes. Además, se recomienda el uso de fármacos antiespásticos para reducir el dolor
nociceptivo asociado a la espasticidad y los espasmos que esta provoca.
Algunos de los medicamentos que se usan para tratar la EM pueden provocar efectos secundarios,
por lo que todos los pacientes no pueden seguir el mismo tratamiento farmacológico. Cada persona
debe tener un tratamiento personalizado basado en una evaluación clínica realizada por su médico
y la evolución del cuadro sintomatológico.
Terapia conductual
La terapia conductual ayuda a aliviar el dolor asociado a la EM y se puede usar como un complemento
del tratamiento farmacológico, siendo una alternativa ideal para los pacientes que no responden bien a los
medicamentos o quienes desean mejorar la eficacia del tratamiento.
Fisioterapia
Existen diferentes tipos de terapia física, como la fisioterapia, la aplicación de frío o calor y el
uso de tablas para realizar ejercicio físico moderado, que pueden contribuir a mejorar la
condición muscular y disminuir el impacto de los cambios físicos que causa la enfermedad,
aliviando además el dolor.
Cirugía
De hecho, existen procedimientos quirúrgicos que pueden ser eficaces para aliviar algunos tipos
de dolor. Por ejemplo, los pacientes que sufren de neuralgia del trigémino pueden recurrir a la
cirugía para aliviar la presión que sufre el nervio, disminuir su sensibilidad o incluso bloquear
completamente la ruta del nervio.
No obstante, es importante ser conscientes de que estas técnicas conllevan ciertos riesgos, entre
ellos la posibilidad de aumentar la sensibilidad del nervio o tener dificultades temporales para
mover los músculos faciales. Por esta razón, solo se debe considerar la intervención quirúrgica
como tratamiento para el dolor cuando el resto de las estrategias terapéuticas no han
funcionado y no existen otras alternativas.
¿Cómo es la fatiga en la esclerosis múltiple?
La fatiga es la sensación de falta de energía física y/o mental, que se experimenta como un agotamiento o
cansancio. Es un síntoma muy común que discapacita enormemente a las personas que sufren esclerosis
múltiple (EM).
La fatiga puede agravar otros síntomas de la EM, como los trastornos visuales, la dificultad para
concentrarse y la pérdida de memoria, además de afectar la movilidad ralentizando los movimientos y
agravar los espasmos musculares, lo que dificulta la capacidad de la persona para llevar a cabo sus
actividades cotidianas.
Existen dos tipos de fatiga relacionadas con la EM: fatiga primaria y secundaria.
Fatiga primaria: es el resultado directo del daño en el sistema nervioso central causado por la
enfermedad. A su vez, existen diferentes tipologías de fatiga primaria:
– Fatiga neuromuscular: se produce en grupos musculares específicos, como los músculos de la mano
después de escribir.
–Fatiga por sensibilidad al calor: el aumento de la temperatura corporal puede provocar fatiga. Puede
ser el resultado de cambios climáticos estacionales o puede deberse a otros motivos, como por ejemplo:
bañarse con agua muy caliente o comer alimentos calientes.
Fatiga secundaria: está causada por factores que no están relacionados directamente con la
EM, como los cambios en los patrones de sueño, infecciones, nivel de actividad física, consumo de
ciertos medicamentos, etc.
En otras personas empeora los síntomas de la enfermedad, como los trastornos visuales, las
dificultades para concentrarse, la pérdida de memoria, la ralentización de los movimientos y el
agravamiento de los espasmos musculares.
En los casos de esclerosis múltiple, la fatiga puede afectar todas las actividades cotidianas, desde las
más sencillas hasta las más complejas.
También puede tener un impacto negativo en las actividades significativas para la persona con EM, así
como afectar la vida de sus amigos, familiares y círculo social más cercano.
Las personas con EM dicen que cuando están cansadas “no pueden divertirse, solo pueden hacer las
cosas estrictamente necesarias”. También refieren que “la memoria me falla” o “me siento culpable porque
debido a la fatiga puedo dar la impresión de que soy perezoso”. Estas afirmaciones demuestran que la
fatiga tiene repercusiones a nivel psicológico, cognitivo, social y físico en las vidas de quienes
padecen esclerosis múltiple.
1. La fatiga primaria es el resultado directo del daño en el sistema nervioso central asociado a la EM.
– Lasitud: se trata de un estado de debilidad y cansancio significativo y generalizado sin haber realizado
anteriormente ninguna actividad o ejercicio físico.
– Fatiga neuromuscular: es un estado de incapacidad física, mental u orgánica para seguir trabajando al
mismo ritmo que antes. Se produce en grupos musculares específicos, como en los músculos de la mano
después de escribir.
– Fatiga por sensibilidad al calor: es un estado de debilidad y cansancio generalizado y significativo
debido a un aumento de la temperatura corporal que, en las personas sanas, no provocaría ningún
problema. Puede estar causado por cambios climáticos estacionales o por otras razones, como bañarse
con agua muy caliente o comer alimentos calientes.
– Trastornos del sueño: es la dificultad para conciliar el sueño, quedarse dormido o dormir bien
(insomnio) que impide que la persona se sienta “como nueva” al despertarse por la mañana. Por lo
general, se debe a que los síntomas de la EM, como el dolor, la necesidad de orinar durante la noche, la
depresión, la ansiedad o la espasticidad, interrumpen el sueño.
– Infecciones: las cuales pueden causar síntomas como la fiebre que generan fatiga.
– Ejercicio físico: el incremento del esfuerzo físico dirigido a compensar los problemas de movilidad o
coordinación puede causar fatiga.
– Depresión y ansiedad: los asuntos complicados pueden provocar un agotamiento físico y emocional,
dando lugar a trastornos comunes en la EM como la depresión y la ansiedad. Si notas cambios en tu
estado de ánimo o una pérdida de interés por las actividades que antes solías disfrutar, es importante que
se lo menciones a tu médico.
– Medio ambiente: la cantidad de luz y la temperatura del hogar y el lugar donde trabajas son muy
importantes. Si la luz es escasa, tendrás que esforzar más la vista y si hay calor, puedes experimentar
más fatiga.
– Estrés: las personas con EM están expuestas a diferentes factores que le pueden causar un gran
estrés, como por ejemplo: tener que lidiar con exigencias difíciles de afrontar, conflictos personales,
interrupciones en su rutina, depresión, entre otras.
– Racionar mal la energía física: cuando realizas una tarea que demanda un esfuerzo físico, como
practicar deporte o las labores domésticas, puedes cometer el error de consumir toda tu energía
rápidamente. Los pacientes que sufren EM deben aprender a racionar su energía, de manera que realicen
un esfuerzo gradual.
– Medicamentos: los efectos secundarios de muchos medicamentos pueden hacer que te sientas
cansado o con sueño. Si crees que existe una relación entre la intensificación de la sensación de fatiga y
un cambio reciente en los medicamentos, debes comentárselo a tu médico.
Es importante que lleves una lista de todos los medicamentos que consumes:
Medicamentos recetados.
Otros medicamentos que no requieren recetas, como la aspirina y el ibuprofeno, incluyendo los
medicamentos para el resfriado, la gripe y las alergias.
Cuando vayas al médico, lleva esa lista y asegúrate de mantenerla actualizada si cambias los
medicamentos.
Los pacientes con EM suelen ser atendidos por un equipo multidisciplinario compuesto por médicos,
enfermeros, psicólogos, logopedas, especialistas en rehabilitación y/o fisioterapeutas. Estos profesionales
valorarán las diferentes opciones de tratamiento para encontrar la solución que mejor se adapte a tu
situación.
No obstante, con fines meramente informativos, resumimos los tratamientos más comunes para la fatiga
en los casos de EM:
1. Tratamientos farmacológicos
– Es común que a las personas que experimentan fatiga primaria les prescriban un tratamiento
farmacológico, el mismo que se usa para tratar la enfermedad de Parkinson, la gripe o la narcolepsia
(somnolencia excesiva durante el día). Es probable que te receten amantadina o modafinil ya que ambos
fármacos han demostrado su eficacia para aliviar la fatiga.
En los casos de fatiga secundaria, es importante enfocarse en las causas subyacentes, que generalmente
suelen ser la depresión, ansiedad, infecciones, fiebre, etc.
2. Tratamientos no medicamentosos
– Algunos cambios en tu rutina cotidiana, como dividir las tareas y distribuirlas a lo largo del día, así como
alternar periodos de actividad y descanso, te pueden ayudar a aliviar la fatiga. Para realizar estos cambios,
lo mejor es que cuentes con el apoyo de terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, tu médico de
cabecera, el neurólogo y/o enfermeros especializados en EM.
– El papel del terapeuta ocupacional consiste en organizar y adaptar las actividades diarias del
paciente, de manera que este pueda realizarlas de forma eficiente, evitando malgastar mucha
energía. Este profesional tendrá en cuenta tanto la fatiga asociada a la EM como el cansancio indirecto
vinculado a la enfermedad.
Los problemas de visión, también llamados trastornos visuales, son un síntoma común de la
esclerosis múltiple (EM) debido a los efectos de la enfermedad sobre el sistema nervioso central (SNC). El
proceso de desmielinización, o la pérdida de mielina (la sustancia que rodea los nervios), que es la causa
de la EM, termina afectando diferentes funciones del sistema nervioso. Como resultado, algunas personas
con esclerosis múltiple pueden sufrir un deterioro de la vista.
Los principales problemas visuales que se han apreciado en las personas con EM son el resultado de
daños en el nervio óptico (que envía señales visuales desde el ojo al cerebro), aunque también pueden
deberse a una disfunción de los músculos que controlan el movimiento ocular.
Neuritis óptica: causada por la inflamación del nervio óptico, que se encarga de transmitir la
información que captan nuestros ojos hasta el cerebro para permitir que podamos ver.
o Los principales problemas que genera el daño en este nervio son: visión borrosa, pérdida
temporal de la visión y dificultad para ver correctamente los colores, entre otros.
o Estos síntomas visuales suelen aparecer durante los brotes, entendidos como los cambios
nuevos y abruptos de los síntomas neurológicos que duran más de 24 horas o un
empeoramiento evidente del cuadro. Después de algunas semanas, la visión vuelve a la
normalidad. Sin embargo, en algunos casos esas lesiones pueden provocar daños a largo
plazo.
o Pérdida de visión temporal: durante los episodios graves de EM o cuando se producen los
brotes, la persona puede sufrir una ceguera temporal. En ese caso, el agravamiento del
cuadro general puede provocar una pérdida de visión temporal causada por la inflamación
aguda del nervio óptico. Sin embargo, suele tratarse de un estado transitorio que va
remitiendo con el paso del tiempo.
Cambios en los músculos oculares: la visión doble (diplopía) es el resultado de un daño en los
músculos que controlan el movimiento de los ojos. Debido a la debilidad o a la falta de coordinación
de los músculos oculares que causa la EM, algunas personas pueden ver imágenes dobles. En
estos casos, cubrir uno de los dos ojos es suficiente para que la visión doble desaparezca, un truco
que puede brindar una solución temporal al problema. En cualquier caso, al igual que ocurre con el
resto de los cambios en los ojos, la visión doble generalmente desaparece sola.
Los síntomas más comunes relacionados con los problemas de visión en la esclerosis múltiple son:
Visión borrosa
Visión doble
Pérdida de visión
En cualquier caso, no es usual que estas condiciones sean permanentes y es poco probable que la
persona sufra una pérdida de visión completa.
Al igual que el resto de los síntomas de la EM, los problemas oculares se deben a la degradación
progresiva de la mielina y las fibras nerviosas. Como resultado, se interrumpe la transmisión de señales
visuales del ojo al cerebro (nervio óptico) y se afectan las señales en los nervios que controlan el
movimiento ocular. Al final, se produce una falta de coordinación en el funcionamiento del sistema nervioso
central (SNC), que incluye el cerebro, el cerebelo y la médula espinal, que es responsable de regular las
funciones normales del ojo.
La mayoría de los problemas visuales causados por la esclerosis múltiple son temporales y no requieren
un tratamiento especial.
Aun así, en algunos casos el médico puede prescribirte un tratamiento con esteroides (también llamados
corticoides). Estos fármacos tienen un potente efecto antiinflamatorio, de manera que acortan la duración
de los episodios de alteraciones visuales y alivian su gravedad.
A veces, el uso de lentes correctivas (gafas) puede ser suficiente para corregir los problemas de visión.
En los pacientes con esclerosis múltiple (EM), la pérdida de movilidad se refiere a cualquier tipo de
limitación en los movimientos causada por diferentes factores asociados a la propia enfermedad, que
pueden ser leves o severos, como la falta de coordinación motriz, la debilidad muscular, la espasticidad
(rigidez muscular y espasmos), los problemas de equilibrio y la fatiga.
Debido a las limitaciones de movimiento, las personas con esclerosis múltiple tendrán que enfrentar
diferentes desafíos a la hora de realizar tareas cotidianas. En algunos casos, la severidad de dichas
limitaciones puede conducir a la pérdida de la autonomía.
– Debilidad muscular: la debilidad muscular suele provocar dificultades para caminar y realizar otras
actividades, causando problemas como: arrastrar los pies al caminar, dejar caer el pie, temblar, cojear
debido a que la persona tiende a apoyarse en la pierna más fuerte, levantar las caderas… La debilidad en
ambas piernas se conoce como “paraparesia” y la debilidad en una sola pierna como “monoparesia”,
aunque la debilidad muscular también puede afectar las extremidades superiores. Estos problemas
pueden mejorar con los ejercicios adecuados y usando dispositivos que faciliten la movilidad, como por
ejemplo: barras de agarre, muletas, bastones, camas ajustables y sillas de ruedas, entre otros.
– Espasticidad: la rigidez muscular o espasticidad, así como los espasmos musculares resultantes,
también pueden causar dificultades de movilidad. Cierto grado de espasticidad puede compensar la
pérdida de fuerza muscular y facilitar la marcha, pero un nivel más grave hará que caminar y realizar
actividades cotidianas con las extremidades superiores, como sostener o manipular objetos, sean más
complicadas. También pueden aparecer otros síntomas, como el dolor, la disfunción vesical y los
trastornos del sueño. Los ejercicios de estiramiento y los medicamentos que contrarrestan la espasticidad
suelen ser tratamientos eficaces para la pérdida de movilidad.
– Pérdida de equilibrio: los problemas relacionados con el equilibrio suelen hacer que la persona camine
de manera tambaleante (ataxia). En los casos graves de ataxia la persona podría necesitar dispositivos
que faciliten la movilidad.
– Fatiga: los problemas de movilidad se agravan cuando el paciente está cansado. La fatiga es una
condición inherente a la esclerosis múltiple que aparece en las primeras etapas de la enfermedad y se
intensifica con el calor.
En la esclerosis múltiple estos mensajes no se transmiten correctamente porque las vías entre el
cerebro, la médula espinal y los músculos están dañadas. Los mensajes se mezclan y varios grupos
musculares se contraen al mismo tiempo cuando no deberían hacerlo. El control motor más preciso se
va perdiendo progresivamente, mientras que la contracción simultánea de los músculos extensores y
flexores genera una falta de coordinación, causando a menudo dolor y debilidad.
Al igual que ocurre con otros síntomas de la esclerosis múltiple, la pérdida de movilidad es el resultado de
la degradación progresiva de la mielina y las fibras nerviosas. Estos daños interrumpen la transmisión
de las señales nerviosas a los músculos responsables de la movilidad, de manera que no reciben las
órdenes apropiadas para contraerse. Al mismo tiempo, se producen daños en las neuronas motoras
superiores que controlan el tono muscular y los reflejos, lo que genera una contracción muscular continua
(rigidez), que incluye contracciones espontáneas como espasmos y afecta los reflejos de las
articulaciones. Por último, los daños en las vías cerebelosas afectan la coordinación del movimiento. Esta
conjugación de factores termina causando la pérdida de movilidad.
De hecho, aproximadamente el 91% de los pacientes con esclerosis múltiple sufren una pérdida de
movilidad, la cual suele aparecer temprano, aunque al inicio es leva y va empeorando progresivamente.
Medicamentos
Existen diferentes medicamentos para tratar los problemas de movilidad, como los relajantes musculares,
tu médico determinará cuál es el más apropiado para tu caso.
Dispositivos de apoyo a la movilidad
En las primeras etapas, no necesitarás ayuda. Sin embargo, a medida que la enfermedad progrese, es
probable que tengas que usar bastones, muletas, andadores y/o una silla de ruedas. El equipo médico
que te atiende podrá ayudarte y asesorarte al respecto.
– Si sufres problemas de equilibrio, debilidad, espasticidad o fatiga, usar una o dos muletas te ayudará a
caminar con mayor seguridad de manera autónoma. Las muletas no solo te ayudarán a caminar
reduciendo el riesgo de caídas sino que también te permitirán hacer ejercicio y aliviar la gravedad de
síntomas como la espasticidad y la fatiga que puedes experimentar a lo largo del día.
– En algunos casos, si los problemas de equilibrio o debilidad son más graves, se recomienda el uso de
un andador, para que la persona caminar con mayor estabilidad. Generalmente se recomienda recurrir a
andadores con dos ruedas delanteras ya que son más cómodos y no se sacrifica la estabilidad.
– Por último, ten en cuenta que es posible que puedas recorrer distancias cortas sin dificultades, pero
tendrás problemas para cubrir distancias más largas o si necesitas pasar varias horas fuera de casa. En
esos casos, es mejor tener una silla de ruedas a mano que puedas usar cuando la necesites. Debes
decidir si necesitas una silla de ruedas eléctrica o manual.
ALTERACIONES EN LA SENSIBILIDAD
Las alteraciones de la sensibilidad son uno de los síntomas más comunes en todas las etapas de la EM
y su presentación es variable a lo largo de la enfermedad en un mismo paciente.
¿Qué son?
La sensibilidad se define como la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso para detectar a través de
los cinco sentidos (oído, vista, olfato, gusto y tacto) las variaciones que provienen del medio externo y de
nuestro cuerpo.
Los sentidos nos informan del estado de las cosas que nos rodeany cada uno está especializado
respecto a la clase de información que proporciona:
– La vista, el tacto y el oído ofrecen información espacial en sus tres dimensiones además de otras
características del entorno que nos rodea (colores, texturas, ondas sonoras….); el olfato y el gusto, en
cambio, son sentidos químicos que proporcionan información sobre la composición de las cosas.
¿Cómo se manifiestan?
El hormigueo es una sensación molesta de cosquilleo en alguna parte del cuerpo que no está
causada por un estímulo externo (irritación de la piel) o falta de riego (pierna “dormida”).
Tratamientos
ALTERACIONES GASTROINTESTINALES
La función digestiva está controlada en parte a través de impulsos nerviosos que provienen del sistema
nervioso central.
Como todos los síntomas asociados a la EM, las alteraciones gastrointestinales son resultado de
la degradación de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras nerviosas y permite
su correcto funcionamiento) y de las fibras nerviosas. Esto provoca un desequilibrio en la señal
transmitida mediante las neuronas motoras (las que conducen los impulsos del cerebro y la médula
espinal hasta los músculos intestinales).
El origen del estreñimiento se debe a la alteración del sistema nervioso, que impide el correcto
funcionamiento de los músculos implicados en la motilidad gástrica. Así, la debilidad de los músculos
abdominales o la espasticidad de los músculos pélvicos son algunas de sus causas.
Por último, la incontinencia fecal se debe a la alteración de los impulsos nerviosos que controlan los
esfínteres, igual que en el caso de la incontinencia urinaria.
¿Qué son?
Los problemas gastrointestinales derivados de la EM son todos los que afectan el sistema digestivo y
que se derivan de los efectos que esta enfermedad conlleva.
Estreñimiento
Llamamos estreñimiento a la dificultad para evacuar las heces, ya sea por el importante volumen
acumulado o por la alta consistencia de las mismas.
Se trata de uno de los principales problemas intestinales que padecen los enfermos de EM y es
producido por la acumulación de alimentos y agua en los intestinos debido a una disminución de
la motilidad intestinal.
El estreñimiento es un problema que puede mejorarse con cambios en la dieta (p. ej., una ingesta
mayor de 20 gramos de fibra al día) o el uso de algunos medicamentos y suplementos alimentarios.
Es importante tratar este síntoma ya que una obstrucción intestinal importante podría
desencadenar problemas más graves.
Asimismo, la falta de ejercicio físico, una dieta pobre en fibra y la depresión pueden contribuir a su
aparición.
Diarrea
La diarrea no es un problema tan frecuente en las personas que sufren EM, pero también puede
aparecer y repercutir en su día a día.
Del mismo modo que el estreñimiento, la diarrea se puede mejorar en unos días con pequeños
cambios en la dieta. En los casos más graves, puede ser necesaria la ayuda de algún
medicamento para evitar complicaciones secundarias.
Incontinencia Fecal
Ante la aparición de este síntoma, es importante acudir al médico para poder recibir el tratamiento
adecuado. En general, la terapia de elección suele ser la combinación de medicamentos que
ayuden a regular el tránsito intestinal junto con ejercicios físicos para fortalecer la musculatura del
esfínter anal.
Tratamientos
Para evitar los problemas intestinales, tu médico te aconsejará que medidas preventivas o curativas son
las más adecuadas para tu situación, como por ejemplo el seguimiento de dietas y pautas conductuales
adecuadas:
Consumir una dieta con fibra, ya que favorece la motilidad intestinal y la correcta formación del
bolo fecal.
Beber suficiente líquido (aproximadamente 2 litros diarios) para ayudar a la correcta función
digestiva.
Evitar el estrés a lo largo del día, ya que incide directamente en las alteraciones gastrointestinales.
Mantener un horario regular a la hora de comer y de hacer el resto de actividades diarias, puesto
que ayuda a mantener el ritmo intestinal necesario para la correcta función digestiva.
Hacer masajes abdominales suaves, que contribuyen a mantener una buena motilidad intestinal
para evitar las obstrucciones intestinales.
También existen distintos medicamentos para corregir las alteraciones gastrointestinales, ya sean
fármacos orales, supositorios o enemas. Según el tipo de trastorno gastrointestinal, el médico te podrá
recetar el medicamento más adecuado para tu caso.
En todos los casos es necesario tener en cuenta que la recuperación del ritmo digestivo es un proceso
gradual, por lo que para obtener los resultados pueden ser necesarios varios días de tratamiento.
¿Qué es?
La pérdida de memoria y falta de concentración son problemas cognitivos habituales en pacientes con
esclerosis múltiple (EM). En estos casos, la afectación cognitiva impide afrontar adecuadamente las
actividades de la vida diaria.
Estas habilidades varían de forma natural entre diferentes personas (todos tenemos nuestros puntos
fuertes y débiles).
¿Cómo se manifiesta?
Como todos los síntomas asociados a la EM, la pérdida de memoria y la falta de concentración son
resultado de la degradación progresiva de la mielina y de las fibras nerviosas. Esto provoca un trastorno
en los mensajes que pasan a través de los nervios a las diferentes áreas del cerebro y lesiones (placas de
desmielinización). De esta forma, los procesos cognitivos (memoria y pensamiento) son afectados.
El consumo elevado de alcohol, una mala nutrición (déficits vitamínicos…), otras enfermedades asociadas
y ciertos medicamentos (tranquilizantes, somníferos, analgésicos, etc.) pueden afectar también a la
concentración, la memoria y el aprendizaje.
Un cambio de vida (como dejar el trabajo, dejar de participar en actividades estimulantes, dejar de hacer
las tareas del hogar, etc.) también puede dar lugar a despistes en cuanto a fechas y horarios.
Entre el 45% y el 60% de las personas con EM experimentan algún tipo de cambio cognitivo,
generalmente de carácter moderado. Estos síntomas en algunos casos pueden ser temporales y
reversibles.
Los problemas cognitivos son más comunes en las personas que tienen mayor número de lesiones
(desmielinización).
Tratamientos
La rehabilitación incluye:
– Practicar y mejorar las habilidades deterioradas. Mediante unos sencillos ejercicios se consigue
recuperar parte de las funciones cognitivas deterioradas.
– Hacer un mejor uso de los puntos fuertes sacando provecho de las funciones cognitivas que se
mantienen en un nivel adecuado.
La rehabilitación se puede llevar a cabo de forma individual o en grupo. En pequeños grupos, la gente
puede expresar sus pensamientos y sentimientos sobre el problema y explorar ideas sobre cómo
afrontarlo. A menudo, se invita a la pareja o algún miembro de la familia, a estas sesiones ya que las
personas cercanas que pueden tener también sus preocupaciones a este respecto. Ellos pueden ayudar al
enfermo a poner en práctica nuevas estrategias y técnicas.
No existe un tratamiento farmacológico comúnmente aceptado para los problemas cognitivos en pacientes
con EM. Sin embargo, en la actualidad se están realizando una serie de investigaciones con diversos
fármacos para comprobar su eficacia.
Los problemas de habla se definen como la dificultad o impedimento para articular palabras y por
tanto, mantener una fluidez verbal. Este trastorno se denomina médicamente “disartria”.
¿Qué son?
Los problemas de habla se definen como la dificultad o impedimento para articular palabras y por
tanto, mantener una fluidez verbal. Este trastorno se denomina médicamente “disartria”.
Los problemas de deglución (problemas al tragar) son alteraciones en uno o más componentes del
proceso deglutorio desde la entrada de la comida en la boca hasta que llega al estómago. El trastorno de
la deglución se denomina médicamente “disfagia”.
Las personas con EM suelen presentar principalmente disfagia para líquidos, lo que implica
atragantamientos a la hora de ingerir bebidas y en ocasiones también en el momento de tragar saliva.
¿Cómo se manifiestan?
En las personas que padecen EM, las alteraciones del habla se traducen en:
– Monotonía en el habla, médicamente llamada disprosodia, es una alteración en la que ésta se vuelve
monótona, sin ritmo y sin melodía
– Mal control fono-respiratorio (a menudo, durante la conversación aparecen episodios de falta de aire y
fatiga al hablar)
– Rudeza de la voz
– Habla lenta pero correcta (llamada “bradilalia”). Sin embargo, también podemos encontrarnos con lo
contrario, “taquilalia”, que se caracteriza por un ritmo acelerado y omisión de parte de la información.
En cuanto a los problemas de deglución, la disfagia no se presenta siempre de una manera evidente, por
lo que hay que tener presente las siguientes manifestaciones que pueden indicar que la deglución no es
adecuada:
– Dificultad para tragar saliva, incluso babeo
– Alteraciones en la voz
Como todos los síntomas asociados a la EM, los problemas de habla y deglución son resultado de
la degradación progresiva de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras nerviosas
que permite su correcto funcionamiento) y de las fibras nerviosas. Ésto provoca un trastorno en la señal
transmitida por las neuronas que conducen los impulsos del cerebro y la médula espinal hasta los
músculos, lo que genera una activación excesiva. De esta forma, se produce una descoordinación de los
músculos que intervienen en el proceso del habla y de la deglución.
Los problemas del habla se producen por daños o lesiones en los mecanismos nerviosos que se
encargan de la sensibilidad, coordinación y acción en el área de los músculos de los órganos fono-
articuladores (la laringe, la faringe, las fosas nasales, la parte posterior de la cavidad oral y la boca). Esto
se da debido a la progresiva afectación de los nervios y su recubrimiento de mielina, características de la
evolución de la EM.
Hay varios tipos de disartria, pero la que suele aparecer en la EM es la causada por una afectación del
cerebro y el cerebelo. En función de la alteración del funcionamiento de dichos órganos, los pacientes
presentan distintos niveles del trastorno del habla.
En cuanto a la deglución, en condiciones normales es un proceso que consta de 3 fases: oral, faríngea y
esofágica.
Todas ellas requieren buena movilidad de diferentes órganos, buena coordinación de la respiración y el
correcto funcionamiento de los reflejos. Estos procesos pueden estar alterados en los pacientes con EM y
es cuando se presentan dificultades en la deglución o disfagia.
La disfagia en la EM está entre un 33 y un 55% de los pacientes, también con diferente nivel de gravedad.
Tratamientos
Tu equipo médico te orientará sobre si alguno de los siguientes tratamientos médicos es aplicable a tu
caso.
Problemas de habla:
Los pacientes con disartria pueden ser ayudados por un logopeda, que puede evaluar la forma de
hablar y ayudar a mejorarla, así como la entonación y la comunicación verbal en general.
Si una persona con EM presenta muchas dificultades para hablar, existen distintos dispositivos de
asistencia disponibles que facilitan la comunicación: como tableros de comunicación adaptados a
las necesidades de cada usuario, amplificadores de voz, avisadores acústicos, comunicadores
electrónicos que permiten la comunicación con ligeros movimientos de la persona, programas de
comunicación por ordenador, ordenadores que funcionan con el movimiento de los ojos o
grabadores que reproducen palabras o frases almacenadas.
La logopedia puede ofrecer estrategias y ejercicios para problemas específicos. Algunos ejercicios
pueden reforzar y mejorar la función de los músculos implicados en la respiración y producción del
habla. También hay técnicas para la desaceleración, el exceso de la articulación y entonación de
las frases. Estas técnicas se fundamentan en provocar una pausa para ayudar a hacer más clara y
comprensible la expresión.
Problemas de deglución
Problemas de Vejiga
Los problemas de vejiga se definen como todos los síntomas provocados por un
funcionamiento inadecuado de la vejiga.
Existen dos tipos de disfunción urinaria que son las más frecuentes en personas con EM:
¿Cómo se manifiestan?
Normalmente, cuando la vejiga está llena el cerebro recibe un mensaje de aviso. A continuación, la
persona conscientemente reacciona a la sensación y envía, cuando decide orinar, a su vez un mensaje
a través de la médula espinal hacia:
Como todos los síntomas asociados a la EM, los problemas de vejiga son resultado de la degradación
progresiva de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras nerviosas que permite
su correcto funcionamiento), y de las fibras nerviosas. Ésto provoca un trastorno en la señal
transmitida por las neuronas que conducen los impulsos del cerebro y la médula espinal hasta los
músculos, lo que genera una activación excesiva. De esta forma la descoordinación entre los músculos
no permite expulsar correctamente la orina de la vejiga.
Las alteraciones urinarias (urgencia, incontinencia, vaciado insuficiente…) son uno de los síntomas
más comunes en todas las etapas de la EM y su presentación es variable a lo largo de la
enfermedad en una misma persona.
Entre el 30 y el 50 % de los afectados de EM experimentan alteraciones urinarias en algún
momento de su enfermedad.
Tratamientos
Para tratar con eficacia los problemas de vejiga es fundamental que los profesionales sanitarios
realicen un examen exhaustivo y que el paciente siga sus consejos. Tu médico decidirá si alguno de
ellos se ajusta a tu situación.
1. Tratamiento farmacológico: los tratamientos más comunes son los fármacos que tratan la
hiperactividad (exceso de actividad) de la vejiga o anticolinérgicos y también el uso de fármacos contra
los síntomas asociados a la espasticidad. Antes de comenzar el tratamiento es importante comprobar
el volumen residual de la vejiga, puesto que estos tratamientos pueden disminuir la eficiencia de
vaciado y aumentar la cantidad de orina no eliminada.
tratan la hiperactividad (exceso de actividad) de la vejiga. Uno de los tratamientos habituales es el uso
de medicamentos anticolinérgicos. Antes de comenzar el tratamiento es importante comprobar el
volumen residual de la vejiga, puesto que estos tratamientos pueden disminuir la eficiencia de vaciado
y aumentar la cantidad de orina no eliminada.
2. Entrenamiento de la vejiga: es una técnica de modificación de los hábitos que puede resultar útil
para mejorar el funcionamiento de la vejiga. El paciente y el profesional sanitario deben establecer, si
procede, un programa diario fijo para orinar, como, por ejemplo, cada dos horas. Fuera de los
momentos de micción programados, la persona debe resistir la necesidad de evacuar la vejiga. El
especialista también dará instrucciones sobre cómo entrenar la vejiga satisfactoriamente y realizar un
seguimiento para observar los progresos.
Problemas sexuales
Los problemas sexuales en pacientes de esclerosis múltiple (EM) se definen como los trastornos
emocionales/psicológicos y fisiológicos que dificultan mantener relaciones sexuales plenas con la
pareja.
¿Qué son?
Los problemas sexuales en pacientes de esclerosis múltiple (EM) se definen como los trastornos
emocionales/psicológicos y fisiológicos que dificultan mantener relaciones sexuales plenas con la
pareja.
La EM no incapacita a hombres y mujeres para poder ser padres y madres, aunque los problemas
sexuales pueden dificultar la fertilidad. Estos problemas pueden ser tratados satisfactoriamente con
medicación y/o mediante terapia desarrollada por psicólogo/sexólogo/psiquiatra.
¿Cómo se manifiestan?
Aunque la función sexual normal cambia a lo largo de la vida, la experiencia de la EM puede afectar la
experiencia sexual de una persona de distintas maneras.
Los síntomas que los hombres comunican con más frecuencia son:
Con frecuencia, ambos factores influyen. A algunos pacientes les preocupa la actividad sexual
porque creen que supondrá un esfuerzo demasiado grande y que la EM empeorará o provocará un
nuevo episodio de la enfermedad. Esta preocupación es absolutamente infundada.
Es importante situar los problemas sexuales en el contexto global del paciente con EM y de su pareja,
posiblemente, incluso de toda la familia, en lugar de abordarlos como un tema individual.
Existen distintos síntomas relativos a EM que provocan indirectamente problemas sexuales a los
pacientes:
– Los problemas causados por la vejiga y los problemas intestinales crean malestar durante las
relaciones sexuales.
Se ha descrito que la disfunción sexual se encuentra presente en aproximadamente 63- 43% de los
pacientes con EM.
Tratamientos
Existen distintos tratamientos para la disfunción sexual, tu médico evaluara si alguno de ellos se ajusta
a tus necesidades.
En el caso de los hombres, la disfunción eréctil puede ser tratada mediante:
– Medicamentos orales: que relajan el músculo liso del pene y facilitan la duración de la erección:
tadalafilo, sildenafilo y vardenafilo.
– Supositorios uretrales.
– Cremas y geles.
– Penes de látex.
En el caso de las mujeres, los problemas a tratar son la sequedad y la estenosis vaginales:
– El método más sencillo de contrarrestar la sequedad vaginal es aplicar cantidades abundantes
de lubricante soluble en agua. Si la sequedad persiste incluso con lubricante, será precisa una dosis
más elevada.
El vértigo se define como un trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de
movimiento rotatorio del propio cuerpo o de los objetos que lo rodean, acompañado con
frecuencia por náuseas y vómitos.
El correcto funcionamiento del equilibrio reside en tres sistemas, cada uno de los cuales envía
impulsos nerviosos al cerebro: los sensores de presión, el oído interno y la vista:
– En el cuello, el torso y las articulaciones de las piernas y los pies hay sensores de presión que
transmiten información al cerebro sobre dónde está el cuerpo en relación con el entorno. Estos
mensajes se envían cuando hacemos cosas como girar la cabeza, movernos o caminar sobre
superficies diferentes.
– En el oído interno se encuentran diversas estructuras que regulan la correcta transmisión de los
mensajes al cerebrosobre el movimiento, contribuyendo al equilibrio y la estabilidad del cuerpo.
– Por los ojos percibimos las imágenes del mundo que nos rodea a través de las terminaciones
nerviosas de la retina, que poseen células sensibles a la luz y color llamadas conos y bastones.
Cuando miramos algo, las imágenes llegan a la retina y los bastones y conos envían señales sobre sus
características al cerebro a través del nervio óptico. El cerebro usa estas señales para interpretar lo
que estamos viendo, generándose la percepción visual. Asimismo se recibe la información
suficiente para percibir la profundidad (a qué distancia está un objeto), algo esencial para mantener el
equilibrio.
– Como todos los síntomas asociados a la EM, los problemas de equilibrio/vértigo son resultado de
la degradación progresiva de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras
nerviosas que permite su correcto funcionamiento) y de las fibras nerviosas. Ésto provoca un trastorno
en la señal transmitida por las neuronas que conducen los impulsos del cerebro y la médula espinal
hasta los músculos, lo que genera una activación excesiva.
De esta forma, la coordinación entre los tres sistemas implicados en el equilibrio no es la adecuada, lo
que provoca mareos y vértigos.
Algunos de los medicamentos usados para tratar los síntomas de esclerosis múltiple, tales como
relajantes musculares o los antidepresivos tricíclicos, pueden agravar el vértigo.
Los problemas de equilibrio son muy comunes en los pacientes con esclerosis múltiple (EM), pero las
causas y los efectos pueden variar en función del paciente y del momento del día.
Tratamientos
Los tratamientos farmacológicos para los trastornos del equilibrio/el vértigo en EM incluyen
los siguientes medicamentos. Tu médico decidirá si alguno de ellos se adecua a tu trastorno:
– La meclizina se usa para prevenir y tratar las náuseas, los vómitos y el mareo causado por la
sensación de vértigo. Es más eficaz si se toma antes de que aparezcan los síntomas.
– La escopolamina se usa para prevenir las náuseas y los vómitos, y se utiliza en forma de parche
sobre la piel del paciente.
– El ondansetrón se usa para prevenir las náuseas y los vómitos. Se trata de un tratamiento oral.
– En los casos más graves de mareo o vértigo, se puede recibir un tratamiento a base
de corticoesteroides.
¿Qué son?
El vértigo se define como un trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de
movimiento rotatorio del propio cuerpo o de los objetos que lo rodean, acompañado con
frecuencia por náuseas y vómitos.
El vértigo suele acompañarse de pérdida parcial o total de equilibrio, situación que se agrava por
los movimientos de giro rápido.