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Esclerosis Múltiple: Causas y Tipos

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¿Qué es la esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad neurológica de carácter crónico, impredecible, progresivo y
a menudo discapacitante que afecta el sistema nervioso central (SNC), compuesto por el cerebro, la
médula espinal y los nervios ópticos.

La EM se desarrolla cuando se daña la mielina, la cubierta protectora de los nervios imprescindible para
transmitir de manera rápida y eficiente los impulsos a través de las fibras nerviosas.

¿Cómo se daña la mielina?

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune en la que nuestro sistema inmunitario, que
normalmente nos protege de los organismos y sustancias que invaden los sistemas del cuerpo causando
enfermedades, ataca por error la mielina del SNC [3]. Este proceso hace que se formen pequeños parches
de inflamación alrededor de la vaina de mielina, los cuales afectan la capacidad de las fibras nerviosas
dañadas para conducir los impulsos eléctricos. Como resultado, aparecen los síntomas de la EM. Cuando
desaparece la inflamación y la mielina sana, los nervios comienzan a funcionar de nuevo.

Sin embargo, esa inflamación – o los episodios repetidos de inflamación – pueden dejar cicatrices, también
conocidas como sklḗrōsis, una palabra que en griego antiguo significa “endurecimiento”. De hecho, en el
cerebro y la médula espinal de los pacientes con esclerosis múltiple aparecen muchas áreas pequeñas de
cicatrización, también llamadas placas o lesiones. En algunos casos, a medida que progresa la
enfermedad, la propia fibra nerviosa se puede romper o dañar, de manera que se interrumpen los impulsos
que viajan entre el cerebro y la médula espinal.

¿La esclerosis múltiple es hereditaria o genética?

No existen evidencias que indiquen que la esclerosis múltiple se herede por vía directa, pero los estudios
han demostrado que los factores genéticos pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollar la enfermedad
[3].

Esperanza de vida de las personas con esclerosis múltiple

En los últimos años, gracias a los avances en el tratamiento de la enfermedad, las mejoras en la atención
médica y los cambios en el estilo de vida, ha aumentado la esperanza de vida de las personas que
padecen esclerosis múltiple. Aún así, estos pacientes viven como media siete años menos respecto a la
población general debido a las complicaciones propias de la enfermedad u otras patologías [3,5].

¿Quién puede contraer la esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple se puede desarrollar a cualquier edad, aunque se diagnostica fundamentalmente


entre los 20 y 50 años de edad, siendo el doble de frecuente en las mujeres
Síndrome Clínico Aislado (SCA)

El primer episodio de síntomas neurológicos está causado por la inflamación y los daños en la mielina
(desmielinización) en el sistema nervioso central (SNC). Este episodio característico de la EM debe
prolongarse al menos durante 24 horas pero todavía no cumple con los criterios para diagnosticar la
enfermedad, ya que el SCA no siempre evoluciona hacia una esclerosis múltiple.

Si el SCA se combina con lesiones en el cerebro similares a las que se observan en la EM cuando se
realiza una resonancia magnética (RM), existen grandes probabilidades de sufrir un segundo episodio de
síntomas neurológicos, en cuyo caso se diagnostica una EM remitente-recurrente.

esclerosis múltiple Remitente-Recurrente (EMRR)

Es la forma más común de la enfermedad, representando aproximadamente un 85% de los casos. Se


caracteriza por la presencia de ataques bien definidos o episodios de síntomas neurológicos nuevos o más
agudos (lo que se conoce como recaídas o exacerbaciones) que pueden durar varios días o semanas. El
tipo y la cantidad de síntomas sufridos durante una recaída, así como la frecuencia de estas, varía de un
caso a otro. Los síntomas pueden aliviarse o incluso desaparecer, por lo que se afirma que han remitido.
Durante esos períodos de recuperación parcial o completa (remisiones), la enfermedad no progresa, al
menos aparentemente.

Este patrón de recaída y remisión puede prolongarse durante varios años. Al inicio, después de una
recaída la persona puede recuperarse por completo, o casi. Con el tiempo, generalmente después de 5 o
15 años, algunos de los síntomas de la esclerosis múltiple se vuelven permanentes debido a la
acumulación de tejido cicatricial en el cerebro y el daño gradual que sufren los nervios.

esclerosis múltiple Primaria Progresiva (EMPP)

Este curso de la enfermedad afecta aproximadamente al 15% de las personas con esclerosis múltiple y se
caracteriza por un empeoramiento gradual desde el momento en que comienzan los síntomas, sin la
presencia de cuadros de recidivas ni remisiones tempranas.

esclerosis múltiple Secundaria Progresiva (EMSP)

Tras un periodo inicial de EMRR, la enfermedad se instaura produciéndose un agravamiento constante de


los síntomas, con o sin recaídas ocasionales. Se estima que aproximadamente dos tercios de las personas
con EMRR desarrollarán EMSP al cabo de de 15 años.

¿Qué causa la esclerosis múltiple?

Las causas de la esclerosis múltiple (EM) aún no se conocen, pero las evidencias sugieren que esta
enfermedad puede ser el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales:

Factores ambientales

Los casos de esclerosis múltiple aumentan a medida que nos alejamos del Ecuador. Por eso los científicos
que analizan los patrones de la enfermedad están investigando si las variaciones geográficas (como la
duración de la luz solar y los cambios de temperatura y humedad) y demográficas (como la edad, el
género, la etnia y los patrones de migración), así como la dieta, las infecciones y la exposición a ciertas
toxinas ambientales pueden causar o agravar la esclerosis múltiple [1-2].

Hasta el momento, no se ha detectado ningún factor ambiental específico que desencadene la


enfermedad, por lo que es probable que se deba a la conjugación de varios factores.

Las pruebas más recientes señalan que cuanto más nos expongamos a la luz solar y más alto sea el nivel
de vitamina D producida de manera natural, menor es el riesgo de sufrir esclerosis múltiple, probablemente
debido a que esta vitamina fortalece la función inmunitaria [1-2].

Los estudios sobre las migraciones poblacionales respaldan la idea de que exponernos a ciertos agentes
ambientales antes de la pubertad puede predisponernos a desarrollar esclerosis múltiple más adelante en
la vida. De hecho, quienes han nacido en una zona considerada de alto riesgo de desarrollar esclerosis
múltiple y se han trasladado a un área con un riesgo menor antes de cumplir los 15 años de edad, han
disminuido las probabilidades de desarrollar la enfermedad [1-2].
Las investigaciones también han demostrado que fumar aumenta el riesgo de desarrollar EM y se
correlaciona con una forma más grave de la enfermedad y un avance más rápido de la misma [1-2].
Además, la exposición a sustancias tóxicas, como disolventes o metales pesados, se ha asociado con el
desarrollo de la EM, aunque los resultados no son concluyentes [3].

También se ha descubierto que consumir demasiada sal puede hacer que el sistema inmunitario cause
enfermedades autoinmunes [4-5].

Por último, es importante precisar que aunque los médicos e investigadores han señalado que las
infecciones podrían ser una causa de la esclerosis múltiple, esta teoría no se ha comprobado
científicamente [1-2].

¿La esclerosis múltiple es hereditaria? Factores genéticos

Aunque la EM no es hereditaria, quienes tienen un familiar de primer grado, como un hermano o un padre,
que padezca la enfermedad se exponen a un riesgo mayor de desarrollar esta patología. De hecho, las
poblaciones con índices más elevados de EM comparten ciertos genes. Se ha descubierto que las familias
donde más de una persona padece la enfermedad tienen factores genéticos comunes. Por esa razón, los
investigadores consideran que los factores genéticos podrían aumentar la predisposición a desarrollar la
Esclerosis Múltilpe [1, 6-8].

¿Cómo se diagnostica la esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple (EM) puede ser una enfermedad difícil de diagnosticar ya que se manifiesta de
diferentes maneras y la amplia gama de síntomas que la acompaña a menudo coincide con los de otras
patologías. Por eso, los médicos deben aplicar diferentes pruebas que les ayuden a descartar otras
afecciones y determinar si el paciente cumple con los criterios para diagnosticar la EM [1-2].

El diagnóstico de la EM se basa en una evaluación clínica en la que se documentan todos los síntomas
(dificultad para controlar la vejiga, sensación de hormigueo, visión doble, etc.), así como los signos
(reflejos hiperactivos, incoordinación, debilidad de grupos musculares específicos, movimientos oculares
anormales, etc.) de la enfermedad [1].

Para diagnosticar la EM es necesario que la persona haya sufrido dos episodios diferentes de síntomas,
separados entre sí por uno o dos meses de tiempo y con una duración de al menos 24 horas cada uno.
También es necesario que en las pruebas neurológicas se detecten de manera evidente dos o más signos
neurológicos que involucren al menos a dos zonas diferentes del cerebro y la médula espinal [1 -2].

Si en el examen neurológico se detectan al menos dos signos anormales, las pruebas diagnósticas
facilitarán la detección de la esclerosis múltiple, aunque es importante saber que no existe una única
prueba que demuestre de manera definitiva que un paciente padece EM, sobre todo si se trata del primer
episodio de síntomas o atraviesa las primeras etapas de la enfermedad. Sin embargo, algunas pruebas
pueden ser muy útiles para diagnosticar la enfermedad [1-2]:

Análisis de sangre

Permite descartar otras patologías que pueden causar síntomas similares, como el SIDA o la enfermedad
de Lyme.

Resonancia magnética (RM)

Esta técnica utiliza un poderoso campo magnético y ondas de radio para obtener imágenes transversales
del cerebro y la médula espinal gracias a las cuales se pueden detectar las pequeñas áreas de inflamación
y cicatrización en el cerebro propias de la EM.

Cabe señalar que, aunque las imágenes por resonancia magnética pueden ser útiles para diagnosticar la
EM, no siempre son concluyentes, sobre todo durante las primeras etapas de la enfermedad. Por tanto,
sus resultados se deben contrastar con los síntomas y la evaluación física.

Potenciales evocados

Esta prueba consiste en colocar unos electrodos en el cuero cabelludo para medir la respuesta eléctrica
del sistema nervioso central (SNC) a un estímulo. Por ejemplo, para analizar los potenciales evocados
visuales se utiliza un patrón de cuadrados claros y oscuros similares al patrón de un tablero de ajedrez que
se alternan en una pantalla y para evaluar los potenciales evocados auditivos del tronco encefálico se
usan los sonidos de clic a través de auriculares.

Un patrón anormal o una ralentización de los impulsos eléctricos en ciertos nervios sugiere un mal
funcionamiento de los mismos, probablemente debido a daños en la mielina. Entre el 70 y el 90% de los
pacientes que han sido diagnosticados con esclerosis múltiple muestran resultados anormales en estas
pruebas. De hecho, a menudo los potenciales evocados detectan otras anomalías que no se apreciaron en
el examen neurológico. Además, como estas pruebas miden la función del cerebro y la médula espinal,
complementan la información sobre la estructura cerebral que proporciona la RM.

Punción lumbar

Es un análisis de una muestra de líquido cefalorraquídeo (LCR), el cual cumple la función de amortiguar el
cerebro y la médula espinal, para evaluar las anomalías que se producen en pacientes con EM. El LCR se
extrae insertando una aguja en la parte inferior de la espalda, un procedimiento que se realiza bajo
anestesia local. La alteración más común del LCR que se detecta en el 80-90% de los pacientes con EM
es un incremento del número de células y proteínas del sistema inmunitario (inmunoglobulinas), lo que
sugiere una inflamación o una respuesta inmunitaria intensa. Esta prueba es particularmente útil para
diagnosticar a los pacientes que experimentan una disminución lenta y progresiva de sus funciones sin
cuadros de exacerbación; es decir, las personas que sufren una esclerosis múltiple primaria progresiva,
sobre todo cuando no se detectan anomalías en las imágenes de la resonancia magnética del cerebro. La
evaluación del líquido cefalorraquídeo también puede servir para excluir infecciones difíciles de distinguir
de la esclerosis múltiple.

SINTOMAS
¿QUÉ ES LA ESPASTICIDAD?

Los músculos del cuerpo mantienen un “tono muscular normal”, un nivel de tensión muscular que nos
permite sostenernos. Sin embargo, cuando la tensión en los músculos aumenta, se vuelven rígidos y se
dice que son “espásticos”. Cuando los músculos se vuelven espásticos, su rango de movimiento disminuye
y este puede causar dolor.

La espasticidad, uno de los síntomas más comunes de la esclerosis múltiple (EM), se manifiesta como
rigidez muscular, a menudo generalizada y crónica y puede ser la causa de muchos otros síntomas
asociados (sueño, disfagia, disartria, problemas de esfínteres y vejiga, sexuales, etc) siendo un
síndrome espástico.

De hecho, la espasticidad es una de las principales causas de discapacidad en las personas que
sufren EM puesto que suele acompañarse de dolor, ya sea continuo o por espasmos, cambios en el
funcionamiento vesical, en el patrón del sueño e incapacidad para caminar y realizar otros movimientos,
incluidos los necesarios para la higiene personal.

Los espasmos son movimientos musculares involuntarios en las extremidades y el torso, que se
clasifican en:

 Flexores: las articulaciones se doblan.

 Extensores: se produce una extensión de las extremidades.

 Aductores: las extremidades se acercan a la línea media del cuerpo, por ejemplo, los brazos se
mueven hacia el tronco y las piernas se juntan.

SÍNTOMAS DE LA ESPASTICIDAD EN LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Las personas que sufren espasticidad como consecuencia de la esclerosis múltiple pueden padecer una
serie de síntomas, entre ellos:

 Hipertonicidad (aumento del tono muscular), que en algunos casos puede provocar rigidez
muscular y de las articulaciones, así como disfunción vesical.
 Actividad muscular espontánea en forma de espasmos musculares incontrolables que pueden ser
de naturaleza aislada o se presentan como una serie de contracciones musculares rápidas que se
conocen como clonus.

 Reflejos tendinosos exagerados.

Estos síntomas están asociados con:

 Dolor, que puede variar desde un nivel leve (músculos tensos) hasta un grado severo (espasmos
dolorosos en las extremidades).

 Despertar nocturno, debido al dolor y/o la rigidez muscular asociada a la disfunción vesical.

 Deterioro de la función muscular, que puede afectar tanto el caminar como otros tipos de
movimientos y el habla.

Los problemas que acarrea la espasticidad pueden provocar discapacidades funcionales, como
cambios en la postura debido al aumento del tono muscular (tensión muscular o estado de actividad). De
hecho, es fundamental que los músculos tengan un tono adecuado, el cual no solo nos permite movernos
y mantenernos en posición vertical sino que también confiere cierta flexibilidad y velocidad a los
movimientos.

La rigidez muscular puede agravar la fatiga y convertir las actividades diarias en un desafío.

La espasticidad también puede provocar otras dificultades:

 Problemas para usar piernas y brazos: la movilidad de las personas que sufren espasticidad
normalmente se reduce, lo que a menudo implica una disminución de su calidad de vida y un
cambio en las actividades cotidianas.

 Falta de energía provocada por la fatiga, un problema que afecta a más del 90% de los pacientes
con EM y que puede tener efectos dramáticos en sus interacciones sociales y profesionales.

 Disfunción vesical, un problema muy común en la EM como resultado del cual, un alto porcentaje
de los pacientes que sufren esta enfermedad necesitan ir al baño con frecuencia.

 Trastornos del sueño, el factor que más contribuye a la fatiga que experimentan los pacientes con
EM.

 Espasmos, estas contracciones musculares repentinas y dolorosas pueden alterar la calidad del
sueño y contribuir a la fatiga diurna.

Los problemas asociados a la espasticidad pueden dificultar actividades como caminar, sentarse o
levantarse de una silla, bañarse, estirarse, vestirse y otras tareas cotidianas. Además, algunos pacientes
informan que los espasmos incontrolables a menudo les generan situaciones incómodas. La espasticidad
también puede disminuir su autoestima. Por eso, es importante que el paciente hable francamente con
quienes lo rodean, desde el personal médico hasta sus familiares y amigos.

Todas las personas que sufren espasticidad no tienen dolor. El dolor generalmente se debe a la
rigidez muscular, la cual hace que los tendones se acorten, lo que dificulta a su vez la flexión o extensión
de las extremidades. El dolor es el resultado del agarrotamiento (contracción) de los tejidos. No obstante,
algunas personas con espasticidad sufren un dolor profundo y sistemático en las articulaciones.

En algunos casos, cierto grado de espasticidad puede contribuir a compensar la debilidad motriz en las
piernas, ayudando a los pacientes caminar, pararse o moverse de un asiento a otro.

CAUSAS DE LA ESPASTICIDAD EN LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Las neuronas son las células básicas del sistema nervioso y se encuentran protegidas por una especie de
“funda” formada por una proteína llamada mielina, una estructura similar a la de un cable eléctrico
protegido por el plástico. Las neuronas transmiten las señales necesarias para que nuestros sentidos y
habilidades motoras funcionen con normalidad. El sistema nervioso central (que incluye el cerebro, el
cerebelo y la médula espinal) es el encargado de procesar esas funciones, lo que permite, por ejemplo,
que algunos músculos se contraigan mientras otros se relajan cuando realizamos un movimiento. Eso
ocurre porque el cerebro envía mensajes a la médula espinal y desde allí a los músculos.

En la esclerosis múltiple esos mensajes no se transmiten correctamente porque la vía entre el cerebro, la
médula espinal y los músculos está dañada. Los mensajes están mezclados, por lo que varios grupos
musculares se contraen erróneamente al mismo tiempo. Por eso se pierde progresivamente el control de
los movimientos que requieren una mayor precisión. Además, la contracción simultánea de los músculos
extensores y flexores provoca una falta de coordinación que a menudo genera dolor y debilidad.

Al igual que el resto de los síntomas asociados a la EM, la espasticidad es la consecuencia de la


degradación progresiva de la mielina y las fibras nerviosas. Como resultado, se produce una degradación
de la señal que transmiten las neuronas responsables de transportar los impulsos desde el cerebro y la
médula espinal hasta los músculos, provocando así una activación excesiva. Las neuronas motoras alfa,
que son las responsables de iniciar las contracciones musculares, se ven particularmente afectadas.

¿CON QUÉ FRECUENCIA SE PRODUCE LA ESPASTICIDAD EN LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE?

La mayoría de los pacientes con esclerosis múltiple sufren espasticidad, aunque en diferentes grados.

La EM es una enfermedad muy variable, tanto en lo que respecta a su inicio como a su evolución. En la
espasticidad, los “brotes” o recaídas son más frecuentes al inicio. El brote es cualquier cambio neurológico
nuevo y abrupto relacionado con los síntomas (que dure más de 24 horas) o un empeoramiento evidente
de los síntomas previos (en ausencia de fiebre y sin que el paciente consuma algún medicamento que
pueda empeorar su estado general de salud, como los sedantes).

Los brotes de espasticidad pueden variar mucho en intensidad, duración y período de recuperación. En los
casos leves no llegan a limitar la vida diaria, pero en los casos graves afectan en gran medida las
actividades cotidianas de la persona. Los brotes pueden durar algunos días (siempre más de 24 horas) o
varias semanas, con un período de recuperación que puede ser de algunos días o hasta 3 meses.

Con el tiempo, en la mayoría de los casos los síntomas de la EM dejan de aparecer en brotes y se vuelven
permanentes. Lo mismo ocurre en el caso de la espasticidad: la persona mantiene un grado continuo de
rigidez, que puede cursar con más o menos espasmos.

DIAGNÓSTICO Y SEGUIMIENTO DE LA ESPASTICIDAD

Para diagnosticar y controlar la progresión de la espasticidad se pueden realizar varias pruebas, las
cuales se centran en evaluar la actividad muscular:

 Analizar las características de los movimientos voluntarios e involuntarios de brazos y piernas para
verificar el tono muscular.

 Medir la frecuencia e intensidad de la actividad muscular espontánea (espasmos, clonus).

 Preguntarle al paciente, su cuidador o el profesional de la salud su impresión general.

 Evaluar la capacidad del paciente para realizar ciertas actividades, como caminar o tareas de
cuidado personal, o analizar su calidad de vida en sentido general.

Existen escalas de medición para evaluar el grado de espasticidad desde un punto de vista clínico, como
la Escala de Ashworth, la Escala Numérica (NRS) y la impresión clínica global, entre otras.

TRATAMIENTO DE LA ESPASTICIDAD

Es probable que las personas que sufren EM sean tratadas por un equipo multidisciplinario compuesto
por médicos, enfermeros, psicólogos, logopedas y/o fisioterapeutas. Estos profesionales determinarán cuál
es el mejor plan terapéutico para cada caso.

Los objetivos principales del tratamiento de la espasticidad son:

 Movilidad: mejorar el uso de las extremidades afectadas y la capacidad de la persona para realizar
sus actividades cotidianas.

 Comodidad: reducir el dolor y la incomodidad asociados a la rigidez o los espasmos.


 Cuidado personal: mejorar la postura y facilitar la higiene de manera independiente.

 Calidad de vida: mejorar o mantener la capacidad para realizar actividades cotidianas


relacionadas con la movilidad, el trabajo, la familia y las actividades recreativas.

A continuación, y con fines meramente informativos, podrás hallar algunas pautas para tratar la
espasticidad asociada a la EM:

1.Tratamientos no medicamentosos

a) Ejercicios para la espasticidad

La fisioterapia (rehabilitación) es un pilar fundamental en el tratamiento de los síntomas de la EM e


incluye diferentes opciones:

 Fisioterapia: se trata de ejercicios pasivos para el rango de movimiento que incluyen instrucciones
para realizar losejercicios regularmente, ya que ayudan a fortalecer, estirar y relajar los músculos y,
al mismo tiempo, contribuyen a mejorar la movilidad de las articulaciones y aumentar el flujo
sanguíneo. El fisioterapeuta también te proporcionará una serie de ejercicios que puedes hacer
en casa.

Antes de elegir el tipo de tratamiento a seguir, el fisioterapeuta examinará al paciente para formarse una
idea de su estado físico y grado de movilidad. La fisioterapia puede ayudar a mejorar los síntomas y
también asegura que la persona no adopte malas posturas o malos hábitos durante el movimiento que
puedan empeorar la espasticidad. En algunos casos, es probable que el paciente tenga que cambiar su
forma de caminar o utilizar un dispositivo de ayuda para moverse con mayor facilidad y evitar así los
espasmos musculares.

En la EM leve, a los pacientes generalmente les explican que deben mantener un buen nivel de actividad
física realizando ejercicios de estiramiento y fortalecimiento muscular. Si la espasticidad es moderada
o grave, el fisioterapeuta puede incluir ejercicios y posturas que reduzcan el tono muscular para lograr que
los músculos sean más flexibles, así como recurrir a la terapia con frío y las técnicas de movilización
muscular.

Por lo general, el fisioterapeuta trabajará con el paciente un programa de ejercicios de estiramiento


encaminado a mantener la longitud muscular adecuada, con el objetivo de reducir la rigidez y frecuencia
de los espasmos. Los ejercicios de estiramiento pueden ser activos (realizados por el paciente) o pasivos
(completados con la ayuda de otra persona), por lo que el fisioterapeuta también puede incluir al cuidador
en las sesiones.

 Hidroterapia: hacer ejercicios para la espasticidad en una piscina también contribuye a relajar
los músculos. A veces, el uso de bolsas de hielo o productos similares (crioterapia) puede ser útil.
Los masajes también ayudan a aliviar la rigidez muscular.

 Terapia ocupacional: cuando sea posible, los terapeutas ocupacionales trabajarán junto con los
fisioterapeutas para determinar cómo los síntomas físicos afectan la vida diaria de los pacientes y
ayudarlos a preservar su autonomía enseñándoles movimientos especiales para aliviar los
síntomas de la espasticidad. Por ejemplo, un terapeuta ocupacional puede analizar cómo la
espasticidad afecta la manera de levantarse y sentarse en una silla, o cómo los movimientos hacia
y desde la silla influyen en la espasticidad. Estos profesionales también pueden recomendar el uso
de dispositivos de ayuda para que el paciente pueda realizar sus movimientos diarios y se
encargan de que la cama, las sillas o la silla de ruedas que use el paciente sean adecuadas.

b) Cirugía

En dependencia del paciente y las características de su espasticidad, la cirugía puede ser una última
alternativa viable para los casos avanzados y graves de espasticidad provocada por la EM. En el
tratamiento de la espasticidad se usan diferentes tipos de cirugías:

 La cirugía ortopédica puede ser una opción si los cirujanos deciden alargar los tendones, fusionar
las articulaciones o tratar las malformaciones.
 La corrección quirúrgica, junto con la rehabilitación adecuada, puede servir para alargar los
períodos de descanso, reducir el dolor y evitar las escaras (tejido cutáneo debilitado que se vuelve
duro, seco y de color blanco perlado, gris o negro).

c) Ortesis ortopédicas: pensadas para forzar la postura correcta de las extremidades deformadas y
facilitar el movimiento.
d) Tratamientos alternativos de la espasticidad:

Los tratamientos alternativos incluyen la acupuntura (para algunos tipos de dolor) y las técnicas de
relajación como el yoga y la meditación, pero no existen suficientes estudios sólidos en grandes muestras
que respalden su uso.

2. Medicamentos de primera y segunda línea para el tratamiento de la espasticidad

Existen varios medicamentos de primera y segunda línea que se pueden recetar para tratar la
espasticidad, los cuales incluyen desde relajantes musculares hasta fármacos antiepilépticos en dosis
bajas. Los principales medicamentos son:

 Relajantes musculares orales como el baclofeno

 Benzodiazepinas como el diazepam

 Cannabinoides aprobados en formato de spray oromucosal que contienen la misma proporción


THC:CBD para obtener los beneficios y evitar el efecto psicótico.

3. Tratamientos con medicamentos inyectables para la espasticidad

Los tratamientos farmacológicos inyectables a nivel local son otra alternativa para los pacientes cuya
espasticidad solo afecta un área pequeña, lo que se conoce como espasticidad focal, o en aquellos casos
que no responden bien a la medicación oral. Existen diferentes tratamientos:

 Neurotoxinas (toxina botulínica): inyectadas directamente en el músculo, reducen la tensión


muscular y tratan la espasticidad localizada (focal). Normalmente se suministran como parte de un
programa de rehabilitación y sus efectos duran entre 2 y 4 meses.

 Bloqueos nerviosos usando agentes neurolíticos: las inyecciones de fenol o alcohol en el


extremo del nervio del área afectada, los destruye generando un estado de relajación muscular.
Los resultados no duran mucho, por lo que el procedimiento se debe repetir cada pocos meses.

 Relajantes musculares administrados intratecalmente (baclofeno): se trata de un último


recurso para pacientes que sufren espasticidad en las extremidades inferiores y no responden
adecuadamente a otros medicamentos, o en el caso de que no puedan tolerar los otros
medicamentos. Se administra insertando un catéter (tubo pequeño) en el saco tecal (el espacio que
rodea la médula espinal) y conectándolo a un depósito de medicamento con una bomba de
infusión. Se implanta quirúrgicamente bajo la piel abdominal para administrar directamente el
medicamento en la médula espinal. Requiere cuidados especiales.

Dolor en la esclerosis múltiple

El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable que se asocia con un estímulo
dañino.

Las personas que sufren de esclerosis múltiple (EM) suelen padecer dolor.

La prevalencia del dolor asociado a la EM; es decir, el número de pacientes que sufren dolor en un
momento dado, es aproximadamente del 86%, aunque su intensidad es variable. El dolor tiene un gran
impacto en la calidad de vida de estas personas, limitando sus actividades cotidianas y su desempeño
laboral. Su intensidad se relaciona con la edad, la duración de la enfermedad, el grado de discapacidad, la
fatiga y la depresión.

¿Cómo se manifiesta el dolor en la esclerosis múltiple?


El dolor de la EM se puede clasificar según los mecanismos que lo causan. En sentido general, se puede
dividir en dos grandes tipologías: dolor neuropático (también llamado dolor neurogénico) y dolor
nociceptivo.

 Dolor neuropático o neurogénico: causado por un daño o disfunción de los nervios

Existen diferentes tipos de dolor neuropático asociados a la esclerosis múltiple:

– El dolor disestésico es uno de los síndromes dolorosos más comunes en la EM. Los pacientes lo
describen como una sensación de dolor constante y ardiente, que se produce en ausencia de
estímulos externos y afecta fundamentalmente las piernas y los pies. El dolor se agrava
fundamentalmente por las noches y al realizar actividad física.

– Neuralgia del trigémino: el nervio trigémino inerva amplias zonas de la cabeza. En la EM, el daño en
este nervio causa dolor neuropático, uno de los síntomas más evidentes de esta enfermedad. En ese
caso, los episodios cursan con un dolor intenso en los ojos, la mandíbula, la frente, el cuero cabelludo,
los labios y la nariz de forma bilateral, lo cual significa que afecta ambos lados de la cara. Estos episodios
pueden aparecer de manera repentina, a menudo desencadenados por actividades cotidianas tan sencillas
como cepillarse los dientes.

– Signo de Lhermitte: es un síntoma doloroso estrechamente vinculado a la EM. Quienes lo sufren,


describen una sensación breve y molesta que se irradia desde el cuello a otras partes del cuerpo
después de flexionar o extender el cuello.

– Dolor asociado a la neuritis óptica: la neuritis óptica es una afección relacionada con la EM causada
por la inflamación del nervio óptico. Provoca cambios en la vista, como puede ser la visión borrosa o la
visión doble, entre otros. En algunas personas, la inflamación del nervio óptico también puede generar
un dolor agudo al mover los ojos.

 Dolor nociceptivo: no está causado por daños en los nervios

El dolor nociceptivo se produce debido a la estimulación de los receptores del dolor que se encuentran
distribuidos a lo largo del cuerpo, es un mecanismo que le advierte al cerebro de cualquier daño que
puedan sufrir los músculos, huesos y otros tejidos.

– Dolor muscular: las personas que sufren trastornos del equilibrio, rigidez muscular, dificultades de
coordinación en brazos y piernas o cualquier otro problema que afecte las extremidades suelen adoptar
posturas corporales incómodas para poder caminar. Como resultado, los músculos de las piernas o la
espalda se sobrecargan, lo cual provoca dolor. Ese dolor también puede afectar el cuello y los brazos,
generalmente como resultado de los temblores, debilidad muscular y otros problemas de movimiento.

– Espasmos tónicos dolorosos: los espasmos que provoca la espasticidad son uno de los trastornos
más frecuentes en los pacientes con EM. De hecho, los espasmos tónicos dolorosos, también
conocidos como distonía paroxística, son característicos de esta enfermedad. Se trata de contracciones
musculares involuntarias que ocurren inesperadamente y causan dolor. Por lo general ocurren varias
veces al día y pueden llegar a ser crónicas o aparecer solo durante periodos de tiempo más cortos pero de
manera recurrente.

– Dolor de cabeza

¿A qué se debe el dolor en la esclerosis múltiple?

El dolor neuropático o neurogénico se debe a una disfunción en la transmisión de las señales


nerviosas entre el cerebro y la médula espinal. Este tipo de dolor no es el resultado de una lesión visible
en el cuerpo sino que está causado por una lesión a nivel neuronal debido a la esclerosis múltiple y la
pérdida progresiva de la vaina de mielina, una característica fundamental de la enfermedad.

Por eso, los efectos de la enfermedad sobre el nervio trigémino, uno de los nervios más importantes
que recorre la cabeza cuya función es transmitir el sentido del tacto, la temperatura y el dolor de la cara al
cerebro, también pueden causar dolor en los pacientes con EM.

Por otra parte, el dolor muscular es el resultado de los cambios musculo-esqueléticos, como la rigidez y
los espasmos que causa la enfermedad.
Hasta el momento no se conoce la causa de los dolores de cabeza que suelen padecer los pacientes con
EM, aunque se han relacionado con los cambios en los circuitos neuronales de las funciones cerebrales y
el daño causado por la enfermedad. Además, el riesgo de padecer dolores de cabeza parece aumentar en
los pacientes que tienen más daño.

Tratamiento del dolor en la esclerosis múltiple

El tratamiento de este síntoma de la EM se debe basar en una evaluación rigurosa del tipo de dolor, su
intensidad y causa. Luego el médico podrá determinar cuál es el tratamiento más adecuado para cada
caso. Es importante tener en cuenta que el dolor de la esclerosis múltiple puede ser muy complejo debido
a la amplia variedad de cambios que causa la propia enfermedad, razón por la cual se suele abordar
utilizando estrategias terapéuticas distintas adaptadas a la sintomatología de cada paciente.

Medicamentos

 Entre los medicamentos que se utilizan para tratar el dolor neuropático se encuentran aquellos
que modifican la función de los neurotransmisores. Algunos de los más usados son: los
antiepilépticos como la carbamazepina, la gabapentina y la pregabalina, los antidepresivos como la
duloxetina y la amitriptilina y los opioides como la codeína y la morfina, aunque se administran en
dosis diferentes. Además, se recomienda el uso de fármacos antiespásticos para reducir el dolor
nociceptivo asociado a la espasticidad y los espasmos que esta provoca.

 Algunos de los medicamentos que se usan para tratar la EM pueden provocar efectos secundarios,
por lo que todos los pacientes no pueden seguir el mismo tratamiento farmacológico. Cada persona
debe tener un tratamiento personalizado basado en una evaluación clínica realizada por su médico
y la evolución del cuadro sintomatológico.

Terapia conductual

La terapia conductual ayuda a aliviar el dolor asociado a la EM y se puede usar como un complemento
del tratamiento farmacológico, siendo una alternativa ideal para los pacientes que no responden bien a los
medicamentos o quienes desean mejorar la eficacia del tratamiento.

 La terapia conductual aborda los aspectos psicológicos de la enfermedad, siendo particularmente


importante puesto que se ha demostrado que la EM no solo causa cambios físicos sino también
emocionales. Por eso, la relajación, la meditación, la hipnosis y los grupos de apoyo pueden
convertirse en un componente muy eficaz del tratamiento de la EM. Participar en actividades
sociales y mantener una actitud positiva y proactiva contribuye a minimizar el dolor y mejorar la
calidad de vida de los pacientes con EM.

Fisioterapia

 Existen diferentes tipos de terapia física, como la fisioterapia, la aplicación de frío o calor y el
uso de tablas para realizar ejercicio físico moderado, que pueden contribuir a mejorar la
condición muscular y disminuir el impacto de los cambios físicos que causa la enfermedad,
aliviando además el dolor.

Cirugía

 Es importante señalar que la cirugía no cura la enfermedad, su objetivo es proporcionar


soluciones paliativas a síntomas como el dolor.

 De hecho, existen procedimientos quirúrgicos que pueden ser eficaces para aliviar algunos tipos
de dolor. Por ejemplo, los pacientes que sufren de neuralgia del trigémino pueden recurrir a la
cirugía para aliviar la presión que sufre el nervio, disminuir su sensibilidad o incluso bloquear
completamente la ruta del nervio.

 No obstante, es importante ser conscientes de que estas técnicas conllevan ciertos riesgos, entre
ellos la posibilidad de aumentar la sensibilidad del nervio o tener dificultades temporales para
mover los músculos faciales. Por esta razón, solo se debe considerar la intervención quirúrgica
como tratamiento para el dolor cuando el resto de las estrategias terapéuticas no han
funcionado y no existen otras alternativas.
¿Cómo es la fatiga en la esclerosis múltiple?

La fatiga es la sensación de falta de energía física y/o mental, que se experimenta como un agotamiento o
cansancio. Es un síntoma muy común que discapacita enormemente a las personas que sufren esclerosis
múltiple (EM).

La fatiga puede agravar otros síntomas de la EM, como los trastornos visuales, la dificultad para
concentrarse y la pérdida de memoria, además de afectar la movilidad ralentizando los movimientos y
agravar los espasmos musculares, lo que dificulta la capacidad de la persona para llevar a cabo sus
actividades cotidianas.

Existen dos tipos de fatiga relacionadas con la EM: fatiga primaria y secundaria.

 Fatiga primaria: es el resultado directo del daño en el sistema nervioso central causado por la
enfermedad. A su vez, existen diferentes tipologías de fatiga primaria:

– Lasitud: es un cansancio excesivo que no depende directamente de la realización de actividades o


ejercicio físico.

– Fatiga neuromuscular: se produce en grupos musculares específicos, como los músculos de la mano
después de escribir.

–Fatiga por sensibilidad al calor: el aumento de la temperatura corporal puede provocar fatiga. Puede
ser el resultado de cambios climáticos estacionales o puede deberse a otros motivos, como por ejemplo:
bañarse con agua muy caliente o comer alimentos calientes.

 Fatiga secundaria: está causada por factores que no están relacionados directamente con la
EM, como los cambios en los patrones de sueño, infecciones, nivel de actividad física, consumo de
ciertos medicamentos, etc.

Síntomas de la fatiga en la esclerosis múltiple

La fatiga asociada a la EM se manifiesta de manera diferente en cada persona:

 Algunas personas la experimentan como un cansancio insoportable.

 En otras personas empeora los síntomas de la enfermedad, como los trastornos visuales, las
dificultades para concentrarse, la pérdida de memoria, la ralentización de los movimientos y el
agravamiento de los espasmos musculares.

En los casos de esclerosis múltiple, la fatiga puede afectar todas las actividades cotidianas, desde las
más sencillas hasta las más complejas.

También puede tener un impacto negativo en las actividades significativas para la persona con EM, así
como afectar la vida de sus amigos, familiares y círculo social más cercano.

Las personas con EM dicen que cuando están cansadas “no pueden divertirse, solo pueden hacer las
cosas estrictamente necesarias”. También refieren que “la memoria me falla” o “me siento culpable porque
debido a la fatiga puedo dar la impresión de que soy perezoso”. Estas afirmaciones demuestran que la
fatiga tiene repercusiones a nivel psicológico, cognitivo, social y físico en las vidas de quienes
padecen esclerosis múltiple.

¿A qué se debe la fatiga en la esclerosis múltiple?

En la EM, la fatiga o el cansancio generalizado pueden tener diferentes causas:

1. La fatiga primaria es el resultado directo del daño en el sistema nervioso central asociado a la EM.

– Lasitud: se trata de un estado de debilidad y cansancio significativo y generalizado sin haber realizado
anteriormente ninguna actividad o ejercicio físico.

– Fatiga neuromuscular: es un estado de incapacidad física, mental u orgánica para seguir trabajando al
mismo ritmo que antes. Se produce en grupos musculares específicos, como en los músculos de la mano
después de escribir.
– Fatiga por sensibilidad al calor: es un estado de debilidad y cansancio generalizado y significativo
debido a un aumento de la temperatura corporal que, en las personas sanas, no provocaría ningún
problema. Puede estar causado por cambios climáticos estacionales o por otras razones, como bañarse
con agua muy caliente o comer alimentos calientes.

2. La fatiga secundaria puede desarrollarse como consecuencia de factores que no están


relacionados directamente con los daños en el sistema nervioso (véase la Tabla 1), como por
ejemplo:

– Trastornos del sueño: es la dificultad para conciliar el sueño, quedarse dormido o dormir bien
(insomnio) que impide que la persona se sienta “como nueva” al despertarse por la mañana. Por lo
general, se debe a que los síntomas de la EM, como el dolor, la necesidad de orinar durante la noche, la
depresión, la ansiedad o la espasticidad, interrumpen el sueño.

– Infecciones: las cuales pueden causar síntomas como la fiebre que generan fatiga.

– Ejercicio físico: el incremento del esfuerzo físico dirigido a compensar los problemas de movilidad o
coordinación puede causar fatiga.

– Depresión y ansiedad: los asuntos complicados pueden provocar un agotamiento físico y emocional,
dando lugar a trastornos comunes en la EM como la depresión y la ansiedad. Si notas cambios en tu
estado de ánimo o una pérdida de interés por las actividades que antes solías disfrutar, es importante que
se lo menciones a tu médico.

– Medio ambiente: la cantidad de luz y la temperatura del hogar y el lugar donde trabajas son muy
importantes. Si la luz es escasa, tendrás que esforzar más la vista y si hay calor, puedes experimentar
más fatiga.

– Condiciones climáticas como un exceso de calor o un aumento de la temperatura: el calor hará


que te sientas más cansado y la humedad puede agravar aún más los efectos del calor.

– Estrés: las personas con EM están expuestas a diferentes factores que le pueden causar un gran
estrés, como por ejemplo: tener que lidiar con exigencias difíciles de afrontar, conflictos personales,
interrupciones en su rutina, depresión, entre otras.

– Racionar mal la energía física: cuando realizas una tarea que demanda un esfuerzo físico, como
practicar deporte o las labores domésticas, puedes cometer el error de consumir toda tu energía
rápidamente. Los pacientes que sufren EM deben aprender a racionar su energía, de manera que realicen
un esfuerzo gradual.

– Medicamentos: los efectos secundarios de muchos medicamentos pueden hacer que te sientas
cansado o con sueño. Si crees que existe una relación entre la intensificación de la sensación de fatiga y
un cambio reciente en los medicamentos, debes comentárselo a tu médico.

Es importante que lleves una lista de todos los medicamentos que consumes:

 Medicamentos recetados.

 Otros medicamentos que no requieren recetas, como la aspirina y el ibuprofeno, incluyendo los
medicamentos para el resfriado, la gripe y las alergias.

 Medicamentos a base de hierbas o medicina alternativa.

 Vitaminas, minerales u otros suplementos dietéticos.

Cuando vayas al médico, lleva esa lista y asegúrate de mantenerla actualizada si cambias los
medicamentos.

Tratamiento de la fatiga en la esclerosis múltiple

Los pacientes con EM suelen ser atendidos por un equipo multidisciplinario compuesto por médicos,
enfermeros, psicólogos, logopedas, especialistas en rehabilitación y/o fisioterapeutas. Estos profesionales
valorarán las diferentes opciones de tratamiento para encontrar la solución que mejor se adapte a tu
situación.
No obstante, con fines meramente informativos, resumimos los tratamientos más comunes para la fatiga
en los casos de EM:

1. Tratamientos farmacológicos

– Es común que a las personas que experimentan fatiga primaria les prescriban un tratamiento
farmacológico, el mismo que se usa para tratar la enfermedad de Parkinson, la gripe o la narcolepsia
(somnolencia excesiva durante el día). Es probable que te receten amantadina o modafinil ya que ambos
fármacos han demostrado su eficacia para aliviar la fatiga.

En los casos de fatiga secundaria, es importante enfocarse en las causas subyacentes, que generalmente
suelen ser la depresión, ansiedad, infecciones, fiebre, etc.

2. Tratamientos no medicamentosos

– Algunos cambios en tu rutina cotidiana, como dividir las tareas y distribuirlas a lo largo del día, así como
alternar periodos de actividad y descanso, te pueden ayudar a aliviar la fatiga. Para realizar estos cambios,
lo mejor es que cuentes con el apoyo de terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, tu médico de
cabecera, el neurólogo y/o enfermeros especializados en EM.

– El papel del terapeuta ocupacional consiste en organizar y adaptar las actividades diarias del
paciente, de manera que este pueda realizarlas de forma eficiente, evitando malgastar mucha
energía. Este profesional tendrá en cuenta tanto la fatiga asociada a la EM como el cansancio indirecto
vinculado a la enfermedad.

Un terapeuta ocupacional podrá enseñarte técnicas prácticas y eficientes basadas en un plan


personalizado que se ajuste a tus necesidades y patrones de energía, de modo que puedas crear tu propio
programa para conservar la energía. Ese programa, cuyo objetivo es ayudarte a controlar la fatiga y
mejorar tu calidad de vida, debe ser analizado por otros profesionales especializados en EM.

¿Cuáles son los problemas visuales que causa la esclerosis múltiple?

Los problemas de visión, también llamados trastornos visuales, son un síntoma común de la
esclerosis múltiple (EM) debido a los efectos de la enfermedad sobre el sistema nervioso central (SNC). El
proceso de desmielinización, o la pérdida de mielina (la sustancia que rodea los nervios), que es la causa
de la EM, termina afectando diferentes funciones del sistema nervioso. Como resultado, algunas personas
con esclerosis múltiple pueden sufrir un deterioro de la vista.

Los principales problemas visuales que se han apreciado en las personas con EM son el resultado de
daños en el nervio óptico (que envía señales visuales desde el ojo al cerebro), aunque también pueden
deberse a una disfunción de los músculos que controlan el movimiento ocular.

Los problemas visuales más comunes asociados a la EM son:

 Neuritis óptica: causada por la inflamación del nervio óptico, que se encarga de transmitir la
información que captan nuestros ojos hasta el cerebro para permitir que podamos ver.

o Los principales problemas que genera el daño en este nervio son: visión borrosa, pérdida
temporal de la visión y dificultad para ver correctamente los colores, entre otros.

o Estos síntomas visuales suelen aparecer durante los brotes, entendidos como los cambios
nuevos y abruptos de los síntomas neurológicos que duran más de 24 horas o un
empeoramiento evidente del cuadro. Después de algunas semanas, la visión vuelve a la
normalidad. Sin embargo, en algunos casos esas lesiones pueden provocar daños a largo
plazo.

o Pérdida de visión temporal: durante los episodios graves de EM o cuando se producen los
brotes, la persona puede sufrir una ceguera temporal. En ese caso, el agravamiento del
cuadro general puede provocar una pérdida de visión temporal causada por la inflamación
aguda del nervio óptico. Sin embargo, suele tratarse de un estado transitorio que va
remitiendo con el paso del tiempo.

 Cambios en los músculos oculares: la visión doble (diplopía) es el resultado de un daño en los
músculos que controlan el movimiento de los ojos. Debido a la debilidad o a la falta de coordinación
de los músculos oculares que causa la EM, algunas personas pueden ver imágenes dobles. En
estos casos, cubrir uno de los dos ojos es suficiente para que la visión doble desaparezca, un truco
que puede brindar una solución temporal al problema. En cualquier caso, al igual que ocurre con el
resto de los cambios en los ojos, la visión doble generalmente desaparece sola.

 Movimientos oculares involuntarios: algunas personas pueden sufrir movimientos oculares


rítmicos involuntarios, un fenómeno conocido como nistagmo. Como regla general, esta condición
no causa cambios en la visión, por lo que se clasifica como asintomática (sin síntomas).

Los síntomas más comunes relacionados con los problemas de visión en la esclerosis múltiple son:

 Visión borrosa

 Dolor al mover los ojos

 Dificultad para distinguir los colores

 Visión doble

 Pérdida de visión

En cualquier caso, no es usual que estas condiciones sean permanentes y es poco probable que la
persona sufra una pérdida de visión completa.

¿A qué se deben los problemas visuales en la esclerosis múltiple?

Al igual que el resto de los síntomas de la EM, los problemas oculares se deben a la degradación
progresiva de la mielina y las fibras nerviosas. Como resultado, se interrumpe la transmisión de señales
visuales del ojo al cerebro (nervio óptico) y se afectan las señales en los nervios que controlan el
movimiento ocular. Al final, se produce una falta de coordinación en el funcionamiento del sistema nervioso
central (SNC), que incluye el cerebro, el cerebelo y la médula espinal, que es responsable de regular las
funciones normales del ojo.

Tratamiento de los problemas visuales en la esclerosis múltiple

La mayoría de los problemas visuales causados por la esclerosis múltiple son temporales y no requieren
un tratamiento especial.

Aun así, en algunos casos el médico puede prescribirte un tratamiento con esteroides (también llamados
corticoides). Estos fármacos tienen un potente efecto antiinflamatorio, de manera que acortan la duración
de los episodios de alteraciones visuales y alivian su gravedad.

A veces, el uso de lentes correctivas (gafas) puede ser suficiente para corregir los problemas de visión.

Pérdida de movilidad en la esclerosis múltiple

En los pacientes con esclerosis múltiple (EM), la pérdida de movilidad se refiere a cualquier tipo de
limitación en los movimientos causada por diferentes factores asociados a la propia enfermedad, que
pueden ser leves o severos, como la falta de coordinación motriz, la debilidad muscular, la espasticidad
(rigidez muscular y espasmos), los problemas de equilibrio y la fatiga.

Debido a las limitaciones de movimiento, las personas con esclerosis múltiple tendrán que enfrentar
diferentes desafíos a la hora de realizar tareas cotidianas. En algunos casos, la severidad de dichas
limitaciones puede conducir a la pérdida de la autonomía.

Síntomas asociados a la pérdida de movilidad

La pérdida de la movilidad puede ser el resultado de diferentes problemas:

– Debilidad muscular: la debilidad muscular suele provocar dificultades para caminar y realizar otras
actividades, causando problemas como: arrastrar los pies al caminar, dejar caer el pie, temblar, cojear
debido a que la persona tiende a apoyarse en la pierna más fuerte, levantar las caderas… La debilidad en
ambas piernas se conoce como “paraparesia” y la debilidad en una sola pierna como “monoparesia”,
aunque la debilidad muscular también puede afectar las extremidades superiores. Estos problemas
pueden mejorar con los ejercicios adecuados y usando dispositivos que faciliten la movilidad, como por
ejemplo: barras de agarre, muletas, bastones, camas ajustables y sillas de ruedas, entre otros.

– Espasticidad: la rigidez muscular o espasticidad, así como los espasmos musculares resultantes,
también pueden causar dificultades de movilidad. Cierto grado de espasticidad puede compensar la
pérdida de fuerza muscular y facilitar la marcha, pero un nivel más grave hará que caminar y realizar
actividades cotidianas con las extremidades superiores, como sostener o manipular objetos, sean más
complicadas. También pueden aparecer otros síntomas, como el dolor, la disfunción vesical y los
trastornos del sueño. Los ejercicios de estiramiento y los medicamentos que contrarrestan la espasticidad
suelen ser tratamientos eficaces para la pérdida de movilidad.

– Pérdida de equilibrio: los problemas relacionados con el equilibrio suelen hacer que la persona camine
de manera tambaleante (ataxia). En los casos graves de ataxia la persona podría necesitar dispositivos
que faciliten la movilidad.

– Pérdida de sensibilidad: algunas personas experimentan entumecimiento (falta de sensibilidad) en los


pies, de modo que no logran sentir el suelo ni saben dónde están sus pies al caminar. También pueden
notar una falta de sensibilidad en las manos, lo que dificulta los movimientos más precisos. Este fenómeno
se denomina “ataxia sensorial”.

– Fatiga: los problemas de movilidad se agravan cuando el paciente está cansado. La fatiga es una
condición inherente a la esclerosis múltiple que aparece en las primeras etapas de la enfermedad y se
intensifica con el calor.

¿A qué se debe la pérdida de movilidad?

¿Cómo funcionan los músculos esqueléticos y cómo se coordinan durante el movimiento? La


coordinación muscular o motora es la capacidad de los músculos esqueléticos para sincronizarse
respecto a la dirección y el movimiento. Las órdenes para el movimiento voluntario se originan en la
corteza cerebral, mientras que los movimientos involuntarios (los reflejos como retirar la mano de una
llama…) se originan en los niveles más bajos del sistema nervioso.

Por tanto, el movimiento es el resultado de contracciones musculares coordinadas y eficientes, en las


que no solo intervienen los músculos sino también las articulaciones y los nervios. Eso significa que la
coordinación muscular demanda un funcionamiento integrado del sistema nervioso, esquelético, el cerebro
y la médula espinal. Además, el cerebelo procesa la información que permite realizar los movimientos
más finos y precisos.

En la esclerosis múltiple estos mensajes no se transmiten correctamente porque las vías entre el
cerebro, la médula espinal y los músculos están dañadas. Los mensajes se mezclan y varios grupos
musculares se contraen al mismo tiempo cuando no deberían hacerlo. El control motor más preciso se
va perdiendo progresivamente, mientras que la contracción simultánea de los músculos extensores y
flexores genera una falta de coordinación, causando a menudo dolor y debilidad.

Al igual que ocurre con otros síntomas de la esclerosis múltiple, la pérdida de movilidad es el resultado de
la degradación progresiva de la mielina y las fibras nerviosas. Estos daños interrumpen la transmisión
de las señales nerviosas a los músculos responsables de la movilidad, de manera que no reciben las
órdenes apropiadas para contraerse. Al mismo tiempo, se producen daños en las neuronas motoras
superiores que controlan el tono muscular y los reflejos, lo que genera una contracción muscular continua
(rigidez), que incluye contracciones espontáneas como espasmos y afecta los reflejos de las
articulaciones. Por último, los daños en las vías cerebelosas afectan la coordinación del movimiento. Esta
conjugación de factores termina causando la pérdida de movilidad.

De hecho, aproximadamente el 91% de los pacientes con esclerosis múltiple sufren una pérdida de
movilidad, la cual suele aparecer temprano, aunque al inicio es leva y va empeorando progresivamente.

Tratamientos para la pérdida de movilidad

 Medicamentos

Existen diferentes medicamentos para tratar los problemas de movilidad, como los relajantes musculares,
tu médico determinará cuál es el más apropiado para tu caso.
 Dispositivos de apoyo a la movilidad

En las primeras etapas, no necesitarás ayuda. Sin embargo, a medida que la enfermedad progrese, es
probable que tengas que usar bastones, muletas, andadores y/o una silla de ruedas. El equipo médico
que te atiende podrá ayudarte y asesorarte al respecto.

– Si sufres problemas de equilibrio, debilidad, espasticidad o fatiga, usar una o dos muletas te ayudará a
caminar con mayor seguridad de manera autónoma. Las muletas no solo te ayudarán a caminar
reduciendo el riesgo de caídas sino que también te permitirán hacer ejercicio y aliviar la gravedad de
síntomas como la espasticidad y la fatiga que puedes experimentar a lo largo del día.

– En algunos casos, si los problemas de equilibrio o debilidad son más graves, se recomienda el uso de
un andador, para que la persona caminar con mayor estabilidad. Generalmente se recomienda recurrir a
andadores con dos ruedas delanteras ya que son más cómodos y no se sacrifica la estabilidad.

– Por último, ten en cuenta que es posible que puedas recorrer distancias cortas sin dificultades, pero
tendrás problemas para cubrir distancias más largas o si necesitas pasar varias horas fuera de casa. En
esos casos, es mejor tener una silla de ruedas a mano que puedas usar cuando la necesites. Debes
decidir si necesitas una silla de ruedas eléctrica o manual.

ALTERACIONES EN LA SENSIBILIDAD

¿Con qué frecuencia aparecen?

Las alteraciones de la sensibilidad son uno de los síntomas más comunes en todas las etapas de la EM
y su presentación es variable a lo largo de la enfermedad en un mismo paciente.

Se ha determinado que un 45 % de los pacientes con EM presentan alteraciones de la sensibilidad en


forma de sensaciones de pinchazos u hormigueo (parestesias) de miembros o del tronco.

¿Qué son?

La sensibilidad se define como la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso para detectar a través de
los cinco sentidos (oído, vista, olfato, gusto y tacto) las variaciones que provienen del medio externo y de
nuestro cuerpo.

Los sentidos nos informan del estado de las cosas que nos rodeany cada uno está especializado
respecto a la clase de información que proporciona:

– La vista, el tacto y el oído ofrecen información espacial en sus tres dimensiones además de otras
características del entorno que nos rodea (colores, texturas, ondas sonoras….); el olfato y el gusto, en
cambio, son sentidos químicos que proporcionan información sobre la composición de las cosas.

– El tacto comprende la sensibilidad de la piel (sensibilidad al dolor, la presión y la temperatura), pero


también la sensibilidad llamada cinestésica (sensibilidad originada en músculos, articulaciones o tendones
que informa sobre el movimiento del cuerpo), la sensibilidad llamada orgánica (sensibilidad en los órganos
internos) y la sensibilidad llamada laberíntica (la relacionada con el equilibrio).

¿Cómo se manifiestan?

En la EM se presentan alteraciones visuales, del equilibrio (sensibilidad cinestésica) y del tacto,


principalmente. Las alteraciones visuales y del equilibrio (sensibilidad cinestésica) se tratan en otros
capítulos.

Alteración del tacto o Parestesia:

La alteración del tacto llamada parestesia se da en la EM y se traduce por sensaciones de hormigueo,


entumecimiento, adormecimiento, picazón, ardor, etc.

 El entumecimiento puede experimentarse como incapacidad de notar un roce ligero, pinchazos o


sensación de calor o frío. Debido a que el entumecimiento puede causar una disminución en la
sensibilidad, el paciente puede tener más probabilidad de lesionarse accidentalmente una mano o
un pie entumecidos. Se debe tomar precauciones para proteger el área de cortaduras, golpes,
hematomas, quemaduras u otro tipo de lesiones.
 La picazón es el cosquilleo o la irritación en la piel que despierta la necesidad de rascarse esa
área. La picazón (también llamada prurito) puede ocurrir de repente y de una forma intensa, pero
tiene una duración corta en el tiempo. Puede estar presente en cualquier parte del cuerpo y de la
cara. La picazón asociada a EM es distinta a la picazón común puesto que no existe irritación ni
erupción en la piel.

 El hormigueo es una sensación molesta de cosquilleo en alguna parte del cuerpo que no está
causada por un estímulo externo (irritación de la piel) o falta de riego (pierna “dormida”).

 El ardor es una sensación de quemazón. Esta alteración de la sensibilidad puede ocurrir en


cualquier parte de la piel, pero con frecuencia se percibe en los dedos, las manos, los pies, los
brazos o las piernas.

Tratamientos

En ocasiones las alteraciones de la sensibilidad pueden resultar dolorosas. La sensación de hormigueo o


entumecimiento puede ser tratada con fármacos antiepilépticos (también llamados anticonvulsivantes) a
dosis bajas.

ALTERACIONES GASTROINTESTINALES

¿Por qué aparecen?

La función digestiva está controlada en parte a través de impulsos nerviosos que provienen del sistema
nervioso central.

Como todos los síntomas asociados a la EM, las alteraciones gastrointestinales son resultado de
la degradación de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras nerviosas y permite
su correcto funcionamiento) y de las fibras nerviosas. Esto provoca un desequilibrio en la señal
transmitida mediante las neuronas motoras (las que conducen los impulsos del cerebro y la médula
espinal hasta los músculos intestinales).

La desmielinización característica de la EM puede interferir en el correcto envío de impulsos nerviosos y


por tanto alterar la motilidad intestinal, produciendo problemas
como estreñimiento, diarreas o incontinencia, entre otros.

El origen del estreñimiento se debe a la alteración del sistema nervioso, que impide el correcto
funcionamiento de los músculos implicados en la motilidad gástrica. Así, la debilidad de los músculos
abdominales o la espasticidad de los músculos pélvicos son algunas de sus causas.

En cambio, la diarrea es debida a un exceso de motilidad gástrica y a la falta de absorción de la


cantidad necesaria de agua para la formación del bolo fecal.

Por último, la incontinencia fecal se debe a la alteración de los impulsos nerviosos que controlan los
esfínteres, igual que en el caso de la incontinencia urinaria.

¿Qué son?

Los problemas gastrointestinales derivados de la EM son todos los que afectan el sistema digestivo y
que se derivan de los efectos que esta enfermedad conlleva.

Estreñimiento

 Llamamos estreñimiento a la dificultad para evacuar las heces, ya sea por el importante volumen
acumulado o por la alta consistencia de las mismas.

 Se trata de uno de los principales problemas intestinales que padecen los enfermos de EM y es
producido por la acumulación de alimentos y agua en los intestinos debido a una disminución de
la motilidad intestinal.

 El estreñimiento es un problema que puede mejorarse con cambios en la dieta (p. ej., una ingesta
mayor de 20 gramos de fibra al día) o el uso de algunos medicamentos y suplementos alimentarios.
Es importante tratar este síntoma ya que una obstrucción intestinal importante podría
desencadenar problemas más graves.
 Asimismo, la falta de ejercicio físico, una dieta pobre en fibra y la depresión pueden contribuir a su
aparición.

Diarrea

 La diarrea no es un problema tan frecuente en las personas que sufren EM, pero también puede
aparecer y repercutir en su día a día.

 Normalmente es resultado de alergias o sensibilidad a comidas picantes, lácteos, agua o comida


contaminada, un cambio en la actividad diaria, o infecciones por bacterias o parásitos. Asimismo, la
diarrea puede ser un síntoma de algún otro problema. Si es frecuente y continua, se debe acudir al
médico.

 Del mismo modo que el estreñimiento, la diarrea se puede mejorar en unos días con pequeños
cambios en la dieta. En los casos más graves, puede ser necesaria la ayuda de algún
medicamento para evitar complicaciones secundarias.

Incontinencia Fecal

 La incontinencia fecal se describe como la incapacidad de controlar las deposiciones. No es un


problema habitual en los pacientes de EM, aunque puede producirse de modo ocasional.

 Ante la aparición de este síntoma, es importante acudir al médico para poder recibir el tratamiento
adecuado. En general, la terapia de elección suele ser la combinación de medicamentos que
ayuden a regular el tránsito intestinal junto con ejercicios físicos para fortalecer la musculatura del
esfínter anal.

Tratamientos

Para evitar los problemas intestinales, tu médico te aconsejará que medidas preventivas o curativas son
las más adecuadas para tu situación, como por ejemplo el seguimiento de dietas y pautas conductuales
adecuadas:

 Consumir una dieta con fibra, ya que favorece la motilidad intestinal y la correcta formación del
bolo fecal.

 Beber suficiente líquido (aproximadamente 2 litros diarios) para ayudar a la correcta función
digestiva.

 Evitar el estrés a lo largo del día, ya que incide directamente en las alteraciones gastrointestinales.

 Mantener un horario regular a la hora de comer y de hacer el resto de actividades diarias, puesto
que ayuda a mantener el ritmo intestinal necesario para la correcta función digestiva.

 Hacer masajes abdominales suaves, que contribuyen a mantener una buena motilidad intestinal
para evitar las obstrucciones intestinales.

También existen distintos medicamentos para corregir las alteraciones gastrointestinales, ya sean
fármacos orales, supositorios o enemas. Según el tipo de trastorno gastrointestinal, el médico te podrá
recetar el medicamento más adecuado para tu caso.

En todos los casos es necesario tener en cuenta que la recuperación del ritmo digestivo es un proceso
gradual, por lo que para obtener los resultados pueden ser necesarios varios días de tratamiento.

¿Qué es?

La pérdida de memoria y falta de concentración son problemas cognitivos habituales en pacientes con
esclerosis múltiple (EM). En estos casos, la afectación cognitiva impide afrontar adecuadamente las
actividades de la vida diaria.

La cognición es la manera de:

– Centrar, mantener y dividir la atención

– Aprender y recordar cosas nuevas


– Pensar, razonar y resolver problemas

– Planear, llevar a cabo y hacer seguimiento de las actividades

– Comprender y usar el lenguaje

– Reconocer, clasificar y ubicar objetos en el espacio

Estas habilidades varían de forma natural entre diferentes personas (todos tenemos nuestros puntos
fuertes y débiles).

¿Cómo se manifiesta?

En la EM, las manifestaciones que se presentan son:

 Capacidad reducida de concentración, imposibilidad de centrarse en varias tareas


simultáneamente.

 Ralentización del pensamiento.

 Despistes en cuanto a fechas y horarios.

Muchas de estas dificultades son temporales en personas con EM.

PERDIDA DE MEMORIA / FALTA DE CONCENTRACION

¿Por qué aparece?

Como todos los síntomas asociados a la EM, la pérdida de memoria y la falta de concentración son
resultado de la degradación progresiva de la mielina y de las fibras nerviosas. Esto provoca un trastorno
en los mensajes que pasan a través de los nervios a las diferentes áreas del cerebro y lesiones (placas de
desmielinización). De esta forma, los procesos cognitivos (memoria y pensamiento) son afectados.

La depresión, el estrés, el dolor, la fatiga, la ansiedad, el nerviosismo y los brotes (episodios de


empeoramiento en forma de espasmos musculares involuntarios, generando todo ello la pérdida
progresiva de la función muscular) de la EM pueden acarrear dificultades cognitivas temporales. Según se
reduzcan los síntomas mencionados o los brotes, las dificultades cognitivas también mejoran.

El consumo elevado de alcohol, una mala nutrición (déficits vitamínicos…), otras enfermedades asociadas
y ciertos medicamentos (tranquilizantes, somníferos, analgésicos, etc.) pueden afectar también a la
concentración, la memoria y el aprendizaje.

Un cambio de vida (como dejar el trabajo, dejar de participar en actividades estimulantes, dejar de hacer
las tareas del hogar, etc.) también puede dar lugar a despistes en cuanto a fechas y horarios.

¿Con qué frecuencia aparece?

Entre el 45% y el 60% de las personas con EM experimentan algún tipo de cambio cognitivo,
generalmente de carácter moderado. Estos síntomas en algunos casos pueden ser temporales y
reversibles.

Los problemas cognitivos son más comunes en las personas que tienen mayor número de lesiones
(desmielinización).

Tratamientos

La rehabilitación neuropsicológica es una técnica que trata de minimizar los efectos


cognitivos producidos por problemas de memoria y pensamiento. Tu equipo sanitario te orientará sobre la
adecuación a tu caso de alguna de las opciones listadas.

La rehabilitación incluye:

– Practicar y mejorar las habilidades deterioradas. Mediante unos sencillos ejercicios se consigue
recuperar parte de las funciones cognitivas deterioradas.
– Hacer un mejor uso de los puntos fuertes sacando provecho de las funciones cognitivas que se
mantienen en un nivel adecuado.

– Enseñar métodos alternativos/estrategias compensatorias para realizar tareas.

– Facilitar apoyo emocional para adaptarse adecuadamente a la nueva situación.

– Optimizar del uso de las habilidades conservadas.

– Recibir asesoramiento y apoyo de familiares y amigos.

La rehabilitación se puede llevar a cabo de forma individual o en grupo. En pequeños grupos, la gente
puede expresar sus pensamientos y sentimientos sobre el problema y explorar ideas sobre cómo
afrontarlo. A menudo, se invita a la pareja o algún miembro de la familia, a estas sesiones ya que las
personas cercanas que pueden tener también sus preocupaciones a este respecto. Ellos pueden ayudar al
enfermo a poner en práctica nuevas estrategias y técnicas.

No existe un tratamiento farmacológico comúnmente aceptado para los problemas cognitivos en pacientes
con EM. Sin embargo, en la actualidad se están realizando una serie de investigaciones con diversos
fármacos para comprobar su eficacia.

Problemas de habla y deglución

Los problemas de habla se definen como la dificultad o impedimento para articular palabras y por
tanto, mantener una fluidez verbal. Este trastorno se denomina médicamente “disartria”.

¿Qué son?

Los problemas de habla se definen como la dificultad o impedimento para articular palabras y por
tanto, mantener una fluidez verbal. Este trastorno se denomina médicamente “disartria”.

Los problemas de deglución (problemas al tragar) son alteraciones en uno o más componentes del
proceso deglutorio desde la entrada de la comida en la boca hasta que llega al estómago. El trastorno de
la deglución se denomina médicamente “disfagia”.

Las personas con EM suelen presentar principalmente disfagia para líquidos, lo que implica
atragantamientos a la hora de ingerir bebidas y en ocasiones también en el momento de tragar saliva.

¿Cómo se manifiestan?

En las personas que padecen EM, las alteraciones del habla se traducen en:

– Descontrol en la intensidad de la voz (es característico disminuirla al final de la frase)

– Articulación defectuosa (omisiones, sustituciones, etc.)

– Monotonía en el habla, médicamente llamada disprosodia, es una alteración en la que ésta se vuelve
monótona, sin ritmo y sin melodía

– Mal control fono-respiratorio (a menudo, durante la conversación aparecen episodios de falta de aire y
fatiga al hablar)

– Arrastrar palabras al hablar, médicamente llamada habla escándida

– Rudeza de la voz

– Dificultad a la hora de soplar, chupar y silbar

– Habla lenta pero correcta (llamada “bradilalia”). Sin embargo, también podemos encontrarnos con lo
contrario, “taquilalia”, que se caracteriza por un ritmo acelerado y omisión de parte de la información.

En cuanto a los problemas de deglución, la disfagia no se presenta siempre de una manera evidente, por
lo que hay que tener presente las siguientes manifestaciones que pueden indicar que la deglución no es
adecuada:
– Dificultad para tragar saliva, incluso babeo

– Tos durante o después de la deglución

– Ausencia del reflejo de tos (tusígeno)

– Parálisis o disminución de la sensibilidad en el área de la boca y faringe

– Dificultad para mantener o mover el alimento en la boca

– Deglución y masticación muy lentas

– Presencia de residuos alimentarios en la boca después de la deglución

– Sofocos durante la comida

– Alteraciones en la voz

– Desvío de restos de comida hacia la tráquea o nariz

– Salivación excesiva o, lo contrario, falta de salivación

– Pérdida de apetito, cambios de peso

– Neumonías debidas a aspiración de restos alimentarios

– Se puede asociar a la presencia de fiebre sin razón aparente

¿Por qué aparecen?

Como todos los síntomas asociados a la EM, los problemas de habla y deglución son resultado de
la degradación progresiva de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras nerviosas
que permite su correcto funcionamiento) y de las fibras nerviosas. Ésto provoca un trastorno en la señal
transmitida por las neuronas que conducen los impulsos del cerebro y la médula espinal hasta los
músculos, lo que genera una activación excesiva. De esta forma, se produce una descoordinación de los
músculos que intervienen en el proceso del habla y de la deglución.

Los problemas del habla se producen por daños o lesiones en los mecanismos nerviosos que se
encargan de la sensibilidad, coordinación y acción en el área de los músculos de los órganos fono-
articuladores (la laringe, la faringe, las fosas nasales, la parte posterior de la cavidad oral y la boca). Esto
se da debido a la progresiva afectación de los nervios y su recubrimiento de mielina, características de la
evolución de la EM.

Hay varios tipos de disartria, pero la que suele aparecer en la EM es la causada por una afectación del
cerebro y el cerebelo. En función de la alteración del funcionamiento de dichos órganos, los pacientes
presentan distintos niveles del trastorno del habla.

En cuanto a la deglución, en condiciones normales es un proceso que consta de 3 fases: oral, faríngea y
esofágica.

Todas ellas requieren buena movilidad de diferentes órganos, buena coordinación de la respiración y el
correcto funcionamiento de los reflejos. Estos procesos pueden estar alterados en los pacientes con EM y
es cuando se presentan dificultades en la deglución o disfagia.

¿Con qué frecuencia aparecen?

La disartria en la EM se presenta en aproximadamente un 40% de los pacientes, con diferente nivel de


gravedad.

La disfagia en la EM está entre un 33 y un 55% de los pacientes, también con diferente nivel de gravedad.

Tratamientos

Tu equipo médico te orientará sobre si alguno de los siguientes tratamientos médicos es aplicable a tu
caso.
Problemas de habla:

 Los pacientes con disartria pueden ser ayudados por un logopeda, que puede evaluar la forma de
hablar y ayudar a mejorarla, así como la entonación y la comunicación verbal en general.

 Si una persona con EM presenta muchas dificultades para hablar, existen distintos dispositivos de
asistencia disponibles que facilitan la comunicación: como tableros de comunicación adaptados a
las necesidades de cada usuario, amplificadores de voz, avisadores acústicos, comunicadores
electrónicos que permiten la comunicación con ligeros movimientos de la persona, programas de
comunicación por ordenador, ordenadores que funcionan con el movimiento de los ojos o
grabadores que reproducen palabras o frases almacenadas.

 La logopedia puede ofrecer estrategias y ejercicios para problemas específicos. Algunos ejercicios
pueden reforzar y mejorar la función de los músculos implicados en la respiración y producción del
habla. También hay técnicas para la desaceleración, el exceso de la articulación y entonación de
las frases. Estas técnicas se fundamentan en provocar una pausa para ayudar a hacer más clara y
comprensible la expresión.

Problemas de deglución

 La disfagia puede tratarse, si te pones en manos de profesionales de la salud en cuanto observes


las primeras dificultades para tragar. Es importante consultar con tu médico. Éste valorará la
situación y derivará al enfermo, si procede, a un especialista, como el otorrinolaringólogo, para
que realice las pruebas pertinentes.

 Posteriormente el logopeda puede encargarse de ayudar en los problemas de deglución. Por


ejemplo, enseñar ejercicios para fortalecer los músculos de mandíbula y garganta, a respirar de
manera diferente y aconsejar sobre la consistencia apropiada de comidas y bebidas, así como
mostrar posturas para evitar los atragantamientos.

Problemas de Vejiga

 Los problemas de vejiga se definen como todos los síntomas provocados por un
funcionamiento inadecuado de la vejiga.

Existen dos tipos de disfunción urinaria que son las más frecuentes en personas con EM:

1. Disfunción de almacenamiento. Este fenómeno se conoce como “vejiga hiperactiva” y se


caracteriza por la sensación de tener que orinar frecuentemente, haciéndolo, sin embargo, en
pequeñas cantidades.

2. Disfunción de descarga. Está relacionada con un vaciado insuficiente de la vejiga. El esfínter


(músculo que cierra la salida de la vejiga) se contrae, de modo que el flujo de orina es escaso e
intermitente, y la descarga acaba siendo incompleta. La orina que queda en la vejiga puede seguir
provocando nuevas contracciones.

¿Cómo se manifiestan?

Los síntomas más habituales en las personas con EM son:

 Urgencia/apuro de orinar: Una sensación muy acusada de que la micción es inminente y no se


puede posponer.
 Incontinencia: Pérdida de control urinario.
 Nicturia: Necesidad de orinar varias veces durante la noche.
 Vacilación o demora urinaria: Dificultad para iniciar la micción.
 Incontinencia de rebosamiento: Pérdida de control urinario debido a una vejiga demasiada llena
que no se vacía. Normalmente se describe como «goteo».
 Sensación de vaciado incompleto: Una sensación de que permanece un resto de orina en la
vejiga después de vaciarla. A veces la EM ocasiona una pérdida de sensibilidad en la vejiga, y
puede ser que una persona no la vacíe por completo aunque no sea consciente de ello.
 Flujo débil de orina: El flujo es fino y lento.
¿Por qué aparecen?

Normalmente, cuando la vejiga está llena el cerebro recibe un mensaje de aviso. A continuación, la
persona conscientemente reacciona a la sensación y envía, cuando decide orinar, a su vez un mensaje
a través de la médula espinal hacia:

 El músculo que controla el funcionamiento de la vejiga (músculo detrusor)


 El músculo de la abertura de la vejiga (esfínter).

La coordinación entre estos dos músculos permite expulsar la orina de la vejiga.

Como todos los síntomas asociados a la EM, los problemas de vejiga son resultado de la degradación
progresiva de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras nerviosas que permite
su correcto funcionamiento), y de las fibras nerviosas. Ésto provoca un trastorno en la señal
transmitida por las neuronas que conducen los impulsos del cerebro y la médula espinal hasta los
músculos, lo que genera una activación excesiva. De esta forma la descoordinación entre los músculos
no permite expulsar correctamente la orina de la vejiga.

¿Con qué frecuencia aparecen?

 Las alteraciones urinarias (urgencia, incontinencia, vaciado insuficiente…) son uno de los síntomas
más comunes en todas las etapas de la EM y su presentación es variable a lo largo de la
enfermedad en una misma persona.
 Entre el 30 y el 50 % de los afectados de EM experimentan alteraciones urinarias en algún
momento de su enfermedad.

Tratamientos

Para tratar con eficacia los problemas de vejiga es fundamental que los profesionales sanitarios
realicen un examen exhaustivo y que el paciente siga sus consejos. Tu médico decidirá si alguno de
ellos se ajusta a tu situación.

Existen distintos tratamientos:

1. Tratamiento farmacológico: los tratamientos más comunes son los fármacos que tratan la
hiperactividad (exceso de actividad) de la vejiga o anticolinérgicos y también el uso de fármacos contra
los síntomas asociados a la espasticidad. Antes de comenzar el tratamiento es importante comprobar
el volumen residual de la vejiga, puesto que estos tratamientos pueden disminuir la eficiencia de
vaciado y aumentar la cantidad de orina no eliminada.

tratan la hiperactividad (exceso de actividad) de la vejiga. Uno de los tratamientos habituales es el uso
de medicamentos anticolinérgicos. Antes de comenzar el tratamiento es importante comprobar el
volumen residual de la vejiga, puesto que estos tratamientos pueden disminuir la eficiencia de vaciado
y aumentar la cantidad de orina no eliminada.

2. Entrenamiento de la vejiga: es una técnica de modificación de los hábitos que puede resultar útil
para mejorar el funcionamiento de la vejiga. El paciente y el profesional sanitario deben establecer, si
procede, un programa diario fijo para orinar, como, por ejemplo, cada dos horas. Fuera de los
momentos de micción programados, la persona debe resistir la necesidad de evacuar la vejiga. El
especialista también dará instrucciones sobre cómo entrenar la vejiga satisfactoriamente y realizar un
seguimiento para observar los progresos.

3. Cateterización intermitente: se emplea como técnica de rehabilitación para entrenar la vejiga.


Consiste en introducir un pequeño tubo, llamado catéter, en la vejiga a través de la uretra para dejar
que salga la orina a través del tubo.

La autocateterización intermitente fomenta la autonomía y ayuda a mantener la autoestima, pero


requiere un nivel de destreza manual suficiente para evitar problemas asociados como erosiones o
infecciones. El paciente recupera el control sobre la micción y es más autónomo.
4. Regulación de la ingesta de líquidos: consiste en reducir la cantidad de líquidos consumida con el
fin de disminuir la frecuencia urinaria y prevenir la incontinencia. No obstante, es importante no
excederse en esta práctica, puesto que puede originar otros problemas como el estreñimiento.

Problemas sexuales

Los problemas sexuales en pacientes de esclerosis múltiple (EM) se definen como los trastornos
emocionales/psicológicos y fisiológicos que dificultan mantener relaciones sexuales plenas con la
pareja.

¿Qué son?

Los problemas sexuales en pacientes de esclerosis múltiple (EM) se definen como los trastornos
emocionales/psicológicos y fisiológicos que dificultan mantener relaciones sexuales plenas con la
pareja.

La disfunción sexual (problemas sexuales) es un trastorno frecuente asociado a la EM y contribuye al


empeoramiento de la calidad de vida de estos pacientes.

La EM no incapacita a hombres y mujeres para poder ser padres y madres, aunque los problemas
sexuales pueden dificultar la fertilidad. Estos problemas pueden ser tratados satisfactoriamente con
medicación y/o mediante terapia desarrollada por psicólogo/sexólogo/psiquiatra.

¿Cómo se manifiestan?

Aunque la función sexual normal cambia a lo largo de la vida, la experiencia de la EM puede afectar la
experiencia sexual de una persona de distintas maneras.

La EM puede afectar las expresiones de intimidad de las siguientes formas:

1. Disfunción sexual primaria: es resultado directo de cambios neurológicos que afectan a la


respuesta sexual. Puede suponer la disminución o la pérdida del impulso sexual, sensaciones genitales
disminuidas o desagradables y menor capacidad para llegar al orgasmo.

2. Disfunción sexual secundaria: se debe a síntomas que no implican directamente al sistema


genital, tales como problemas de vejiga e intestino, fatiga, espasticidad, debilidad muscular, temblor del
cuerpo o de las manos, falta de atención y concentración y alteraciones sensoriales no genitales.

3. Disfunción sexual terciaria: se deriva de factores psicosociales y culturales relacionados con la


discapacidad y que pueden interferir con los sentimientos y las experiencias sexuales de cada uno. El
hecho de que una persona discapacitada no pueda mantener relaciones sexuales se encuentra
estigmatizado en la sociedad, por lo que puede afectar a la expresión sexual del paciente.

Los síntomas que los hombres comunican con más frecuencia son:

– Capacidad disminuida de conseguir o mantener una erección.

– Dificultad con el orgasmo.

– Escasa sensibilidad en el pene.

En la mujer, los síntomas pueden incluir:

– Pérdida parcial o total de la libido (deseo sexual)

– Lubricación o sensación vaginal reducida.

¿Por qué aparecen?


En el caso de las personas con EM, es necesario considerar varias causas para los problemas
sexuales: por un lado, la carga emocional y psicológica de sufrir EM puede ser tan grande que haga
que el paciente no sienta ninguna excitación ni deseo ante una demostración física de amor y ternura
con su pareja. Por otro lado, también es posible que la propia enfermedad o los trastornos causados
por la EM conviertan la actividad sexual en un problema.

Con frecuencia, ambos factores influyen. A algunos pacientes les preocupa la actividad sexual
porque creen que supondrá un esfuerzo demasiado grande y que la EM empeorará o provocará un
nuevo episodio de la enfermedad. Esta preocupación es absolutamente infundada.

Es importante situar los problemas sexuales en el contexto global del paciente con EM y de su pareja,
posiblemente, incluso de toda la familia, en lugar de abordarlos como un tema individual.

Existen distintos síntomas relativos a EM que provocan indirectamente problemas sexuales a los
pacientes:

– La fatiga y la debilidad pueden disminuir el deseo y la actividad sexual.

– La espasticidad puede provocar calambres y espasmos intensos (movimientos involuntarios de los


músculos) en las piernas, impidiendo adoptar posturas cómodas durante el acto sexual.

– El dolor puede impedir sentir placer durante las relaciones sexuales.

– Los problemas causados por la vejiga y los problemas intestinales crean malestar durante las
relaciones sexuales.

¿Con qué frecuencia aparecen?

Se ha descrito que la disfunción sexual se encuentra presente en aproximadamente 63- 43% de los
pacientes con EM.

Tratamientos

Existen distintos tratamientos para la disfunción sexual, tu médico evaluara si alguno de ellos se ajusta
a tus necesidades.
En el caso de los hombres, la disfunción eréctil puede ser tratada mediante:

– Medicamentos orales: que relajan el músculo liso del pene y facilitan la duración de la erección:
tadalafilo, sildenafilo y vardenafilo.

– Inyecciones y auto-inyecciones en el pene.

– Supositorios uretrales.

– Cremas y geles.

– Tubo de vacío y la banda de constricción.

– Penes de látex.

– Vibradores con forma de látex.

– Prótesis peneanas: semirígidas (implantadas quirúrgicamente y pueden tener complicaciones


importantes) o hinchables (mediante bombeo de líquido).

En el caso de las mujeres, los problemas a tratar son la sequedad y la estenosis vaginales:
– El método más sencillo de contrarrestar la sequedad vaginal es aplicar cantidades abundantes
de lubricante soluble en agua. Si la sequedad persiste incluso con lubricante, será precisa una dosis
más elevada.

Problemas de equilibro y vértigo

El vértigo se define como un trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de
movimiento rotatorio del propio cuerpo o de los objetos que lo rodean, acompañado con
frecuencia por náuseas y vómitos.

¿Por qué aparecen?

El correcto funcionamiento del equilibrio reside en tres sistemas, cada uno de los cuales envía
impulsos nerviosos al cerebro: los sensores de presión, el oído interno y la vista:

– En el cuello, el torso y las articulaciones de las piernas y los pies hay sensores de presión que
transmiten información al cerebro sobre dónde está el cuerpo en relación con el entorno. Estos
mensajes se envían cuando hacemos cosas como girar la cabeza, movernos o caminar sobre
superficies diferentes.

– En el oído interno se encuentran diversas estructuras que regulan la correcta transmisión de los
mensajes al cerebrosobre el movimiento, contribuyendo al equilibrio y la estabilidad del cuerpo.

– Por los ojos percibimos las imágenes del mundo que nos rodea a través de las terminaciones
nerviosas de la retina, que poseen células sensibles a la luz y color llamadas conos y bastones.
Cuando miramos algo, las imágenes llegan a la retina y los bastones y conos envían señales sobre sus
características al cerebro a través del nervio óptico. El cerebro usa estas señales para interpretar lo
que estamos viendo, generándose la percepción visual. Asimismo se recibe la información
suficiente para percibir la profundidad (a qué distancia está un objeto), algo esencial para mantener el
equilibrio.

– Como todos los síntomas asociados a la EM, los problemas de equilibrio/vértigo son resultado de
la degradación progresiva de la mielina (capa externa aislante que rodea a las células y fibras
nerviosas que permite su correcto funcionamiento) y de las fibras nerviosas. Ésto provoca un trastorno
en la señal transmitida por las neuronas que conducen los impulsos del cerebro y la médula espinal
hasta los músculos, lo que genera una activación excesiva.

De esta forma, la coordinación entre los tres sistemas implicados en el equilibrio no es la adecuada, lo
que provoca mareos y vértigos.

Algunos de los medicamentos usados para tratar los síntomas de esclerosis múltiple, tales como
relajantes musculares o los antidepresivos tricíclicos, pueden agravar el vértigo.

¿Con qué frecuencia aparecen?

Los problemas de equilibrio son muy comunes en los pacientes con esclerosis múltiple (EM), pero las
causas y los efectos pueden variar en función del paciente y del momento del día.

Hasta el 33 % de los pacientes con EM experimentan vértigo en algún momento de su enfermedad.

Tratamientos

Los tratamientos farmacológicos para los trastornos del equilibrio/el vértigo en EM incluyen
los siguientes medicamentos. Tu médico decidirá si alguno de ellos se adecua a tu trastorno:
– La meclizina se usa para prevenir y tratar las náuseas, los vómitos y el mareo causado por la
sensación de vértigo. Es más eficaz si se toma antes de que aparezcan los síntomas.

– La escopolamina se usa para prevenir las náuseas y los vómitos, y se utiliza en forma de parche
sobre la piel del paciente.

– El ondansetrón se usa para prevenir las náuseas y los vómitos. Se trata de un tratamiento oral.

– En los casos más graves de mareo o vértigo, se puede recibir un tratamiento a base
de corticoesteroides.

¿Qué son?

El vértigo se define como un trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de
movimiento rotatorio del propio cuerpo o de los objetos que lo rodean, acompañado con
frecuencia por náuseas y vómitos.

El vértigo suele acompañarse de pérdida parcial o total de equilibrio, situación que se agrava por
los movimientos de giro rápido.

Como consecuencia de trastornos de equilibrio puede aparecer repentinamente la ataxia, que se


define como movimientos musculares descoordinados. La ataxia puede afectar el movimiento del
cuerpo desde el cuello hasta el área de la cadera (el tronco) o los brazos y las piernas (extremidades).

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