3.
er grado: Ciencias Sociales
GRUPO 5
ZETA PACHERRES MIGUEL ANGEL
ARRUNATEGUI PULACHE MARIA FERNANDA
ZETA PALACIOS RUTH KARINA
RUFINO NIMA MARIA FERNANDA
JUAREZ SANDOVAL ANGELY AZUCENA
TEMA: Las rebeliones indígenas.
PROPÓSITO: Conocer y explicar causas, hechos y consecuencias de las principales rebeliones indígenas
EVIDENCIA: Utilizan una variedad de fuentes confiables para investigar las características de la sociedad
colonial, exponiendo y demostrando profunda comprensión del tema aplicando los conceptos de manera
acertada, mostrando planificación y trabajo de equipo en el que todos han colaborado.
Resultados de las
rebeliones indígenas
Las autoridades coloniales respondieron a
las rebeliones indígenas con una serie de
medidas: se prohibió hablar en quechua; no se
usarían motivos de ornamentación inca en
vestidos o adornos; quedó prohibida toda
manifestación antística o literaria que hiciera
referencia al pasado incaico, incluso la lectura
de los Comentarios Reales de Garcilaso de la
Vega; fueron abolidos todos los títulos de nobleza indígena, incluido el de curaca; crearon la
Audiencia del Cuzco (1787); y se formó un poderoso ejército de más de 50 mil hombres en el
virreinato, para resguardar el orden colonial.
Rebeliones Indígenas del Siglo XVIII
+
Las principales causas de las rebeliones indígenas durante el siglo XVII fueron el abuso
de los corregidores y el malestar ocasionado por las reformas borbónicas. El virreinato
soportó más de cien revueltas de diferente importancia, sustentadas en el mesianismo popular
que esperaba el retorno del Inca. Las de mayor impacto entre la población fueron la de Juan
Santos Atahualpa y la de José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II).
Doc. 1 ¿Quién fue Juan Santos Atahualpa?
Sublevó a los indios del Gran pajonal contra las misiones franciscanas de la zona en 1742.
Enfatizando su estatus de Apu Inca y declarándose descendiente de Atahualpa, reclutó adeptos de
distintas etnias serranas y selváticas (shipibos, conibos, amueshas, campas). Los indios de la selva
soportaron devastadores epidemias entre 1709 y 1737, que llegaron con los misioneros y generaron
un consecuente rechazo hacia ellos.
Esto, sumado a un sistema laboral que los nativos no comprendían ni
asimilaban -representado en los obrajes y haciendas-, determinó la
acogida del discurso insurgente con lo cual se unieron a las
rebeliones indígenas.
Para Juan Santos, el mundo se dividía en tres reinos soberanos:
España, para los españoles; África, para los africanos; y
América, para los indios, mestizos y criollos. De ello se deduce
que buscaba la expulsión de los españoles y de los africanos de los
Andes. Sin embargo, entre las huestes de indios y mestizos, hubo
también negros y zambos. La selva central se convirtió para todos
ellos en una zona de refugio.
Durante diez años, las tropas rebeldes realizaron súbitas incursiones
combatiendo al ejército peninsular. Finalmente, en 1752, este
abandona la ceja de selva y se concentra en evitar que el movimiento se expanda. Las misiones
franciscanas quedaron abandonadas, lo que detuvo la evangelización. Los religiosos no
reingresaron sino hasta 1868, cuando se fundó la ciudad de La Merced, en Chanchamayo.
Las consecuencias de la rebelión
Después de una década de intentos por reducir la rebelión, las milicias del virrey abandonaron la zona y se
atrincheraron en Chanchamayo y Oxapampa para evitar la expansión del movimiento. Aunque Juan Santos
Atahualpa nunca fue capturado, luego de 1756 la fuerza de la rebelión disminuyó. Este levantamiento
impidió el dominio efectivo de los españoles sobre la región del Gran Pajonal y detuvo la labor
evangelizadora católica, porque las misiones franciscanas fueron abandonadas.
REBELIÓN DE TÚPAC AMARU II
La rebelión de Túpac Amaru II o Gran Rebelión movilizó una considerable cantidad de indios e
incluyó también grupos de criollos, mestizos y negros. Además, contó con el apoyo de muchos
curacas, entre los que destacan los hermanos Catari.
Su base social creció junto con el descontento generado
por las reformas borbónicas: no solo habían subido los
impuestos, sino que se perjudicó el comercio con Potosí
al crearse el virreinato de Río de la Plata (1776).
Túpac Amaru II, curaca prestigioso y acomodado, se
pronunció contra las reformas fiscales dictadas por
Areche y elevó su reclamo ante las autoridades de
Tinta, Cusco y Lima, sin ningún resultado. Como él,
otros curacas, mestizos y criollos estaban descontentos.
Así, una rebelión en Chayanta (Bolivia), que precedió a
la de Túpac Amaru II, dirigida por Tomás Catari y sus
hermanos Dámaso y Nicolás, levantó sus quejas contra
los abusos del corregidor y el cambio arbitrario de los
jefes étnicos o curacas. Esto fue aprovechado por el insurgente peruano que ofreció a los criollos
la abolición de aduanas y alcabalas; a los mestizos, la eliminación del reparto; y a los indios, el
cese de los tributos y la mita minera de Potosí.
El 4 de noviembre de 1780, José Gabriel Condorcanqui capturó al corregidor Antonio de
Aliaga y lo mandó ejecutar seis días después. Al principio, Túpac Amaru II se sublevó contra
el mal gobierno de los corregidores, pero más adelante redicalizó su postura. El 18 de noviembre
de 1780 derrotó al ejército español en la batalla de Sangarará, dando muerte a numerosos
criollos y peninsulares. Esto lo distanció de la población blanca y del clero, pero marcó la masiva
adhesión de los indígenas a su causa.
Finalmente, las tropas enviadas por el virrey Jáuregui derrotaron y capturaron a Túpac Amaru
en el cuzco, donde se lo sometió a un juicio sumario. Su ejecución pública se produjo en la
plaza central de la ciudad el 18 de mayo de 1781. Con él murieron sus esposa, Micaela
Bastidas; y su hijo mayor,Hipólito. Sin embargo, la rebelión continuó hasta noviembre,liderada
por Diego Cristóbal Túpac Amaru.
El contexto de la rebelión
Las reformas borbónicas empezaron a ser aplicadas en el Perú desde 1776. El visitador José Antonio de
Areche las aplicó con excesivo rigor y desdén hacia los criollos. Las medidas afectaron a diferentes sectores
sociales, los cuales decidieron apoyar la rebelión
• Los curacas, a quienes la mayor presión fiscal los puso en dificultades, pues eran los intermediarios entre
el Estado colonial y los indígenas.
• Los comerciantes del sur andino y el Alto Perú, se vieron afectados por el alza de la alcabala y la aduana
de La Paz.
• Las comunidades indígenas, que pagaban tributo, destinaban fuerza de trabajo a las mitas y debían pagar
los Exorbitantes precios de reparto de los corregidores.
• Los mestizos, a quienes preocupó la intención de José Antonio de Areche de imponerles un tributo
similar al indígena
.
Doc. 2 Las causas de la rebelión
Las reformas borbónicas [...] generaron las condiciones favorables para crear un amplio movimiento, dentro
del cual los diferentes sectores sociales identificaron sus propios intereses y vieron la necesidad de formar
una incipiente coalició[Link] censo al que fueron sometidos los indígenas provocó protestas: la intención de
incorporar al pago del tributo a los mestizos, zambos y mulatos generó descontento; el incremento de la
alcabala de 4 al 6 % y el establecimiento de aduanas y monopolios, así como el catastro de las propiedades
agrarias y el registro de los gremios de artesanos, estimularon las quejas de los criollos y mestizos
involucrados en actividades productivas y comerciales a nivel regional. Sin embargo, aunque el consenso
general estaba a favor de la rebelión. Aparecieron algunas contradicciones internas como el desarrollo
inicial del movimiento. Como sea indicado previamente en el tercer grupo de participantes podía incluirse
a aquellos que no tenían una idea clara dela insurrección las debilidades estructurales que adolecía el
ejército rebelde, tales como la falta de compromiso e aquellos que fueron forzados a pelear, comenzaron
aparecer luego de la victoria de Sangrará, que fue seguida por un incremento dela violencia (Ophelan, 2012,
p. 281)
Los enfrentamientos y el desenlace
Túpac Amaru II convocó inicialmente a indígenas, criollos, mestizos y negros a luchar contra el “mal
gobierno”, y demandó al Estado colonial la abolición del reparto, la alcabala, la aduana y la mita de Potosí.
Pero como la rebelión se hizo progresivamente más radical, ahuyentó el apoyo de los sectores no indígenas.
Tras la ejecución de Arriaga y las noticias de.
la rebelión, el corregidor del Cusco organizó la defensa y alertó a las autoridades de Lima. El 18 de noviembre
de 1780, los rebeldes obtuvieron una victoria en Sangarará. Sin embargo, el virrey Jáuregui envió un nuevo
contingente, que los derrotó y capturó a Túpac Amaru II en abril de 1781. Después de un juicio sumario, el
líder rebelde fue ejecutado junto con su esposa Micaela Bastidas el 18 de mayo de 1781.
Pero la rebelión continuó. En el Cusco, Diego Cristóbal Túpac Amaru, primo de José Gabriel Condorcanqui,
mantuvo el control de algunos sectores del sur andino.
Sin embargo, fue capturado y ejecutado en 1783.
Fase Aimara: Túpac Catari
La fase aimara contó con el liderazgo de Diego Cristóbal, Miguel Bastidas y Andrés Mendigure. A ellos se sumó,
en 1781, el líder aimara Julián Apaza dirigió una rebelión bajo el nombre de Túpac Catarí. Con la ayuda de su
esposa, Bartolina Sisa, y de su hermana, Jerónima Apaza, formó un ejército de casi 40 000 hombres que
cercó la ciudad de La Paz en dos ocasiones en 1781 esta rebelión tuvo lugar en el Alto Perú (hoy Bolivia) y
también buscaba la liberación de los indígenas y la abolición de la opresión colonial.
A diferencia de Túpac Amaru, el rebelde aimara no tenía rango curaca. Esto explica que la segunda fase de las
rebeliones indígenas se distinga, precisamente, por la ausencia de curacas de linaje en el movimiento.
Asimismo, el enfrentamiento entre indios y blancos desembocó en un rechazo al clero. Varios curas fueron
ahorcados, entre ellos el padre Barriga, un religioso franciscano sacrificado por los indios el mismísimo jueves
santo.
Desde marzo de 1781 los rebeldes al mando de Túpac Catarí mantuvieron cercada la ciudad de la Paz
durante 109 días. La escasez de alimentos que originaron y las pestes que le sucedieron agotaron a la
confundida élite paceña, que no concebía estar en manos de los indígenas. Finalmente, parte de los rebeldes
se acogió al perdón hacia octubre de 1781. Fue una de las rebeliones más largas y sangrientas de la época,
Julián Apaza fue capturado y condenado a la pena de muerte 13 de noviembre de 1781. Finalmente, dejó un
importante legado de resistencia.
Las consecuencias de la rebelión
La rebelión de Túpac Amaru II causó la muerte de, aproximadamente, 100 000 personas, lo que ocasionó un
nuevo colapso demográfico que afectó al sur andino.
Además, el levantamiento hizo ver a los españoles el peligro que corrían ante la inmensa mayoría indígena y
mestiza, por lo que las autoridades coloniales tomaron una serie de medidas radicales. Por ejemplo, se
prohibió cualquier tipo de manifestación artística o literaria que hiciera alusión al pasado incaico, como la
lectura de los Comentarios reales, del Inca Garcilaso de la Vega. También se suprimieron todos los títulos
nobiliarios indígenas, incluido el de curaca, y se prohibió hablar quechua, no se usarían motivos de
ornamentación inca en vestidos o adornos. De esa manera, la nobleza andina se debilitó y la masa indígena
perdió a su clase dirigente Como contraparte se creó la Audiencia del Cusco (1787) para que se encargara
de la ejecución de justicia en el sur andino. Se suprimieron los corregimientos, que fueron reemplazados
por las intendencias, y se abolió el sistema de reparto. Finalmente, se reforzó el ejército virreinal, que llegó
a tener una tropa de 50 000 hombres. Así, el Perú se convirtió en el bastión militar hispano en América.
El mesianismo en la rebelión de Juan Santos Atahualpa
La sublevación de Juan Santos, tal vez una de las más importantes de las poblaciones indígenas de la selva
sudamericana, refleja el estado de saturación alcanzado por las culturas nativas maltratadas y ofendidas en
sus más hondas tradiciones. La clara conciencia indígena de que el creciente avance y la intromisión siempre
mayor de los blancos y mestizos en sus territorios es la causa principal de su decaimiento cultural y de su
lenta agonía física, encuentra su expresión en una esperanza mesiánica encarnada en la figura de Juan
Santos. [...] Una unidad política de casi todos los indios de la selva central peruana, fenómeno único de
panindigenismo nunca antes constatado, supone la adhesión consciente a un ideal mesiánico de liberación.
[...] (Varese, 1973, pp. 173, 176)
Doc. 3 El fracaso político de la élite indígena
[...] La derrota tupamarista aceleró el proceso de destrucción de las élites indígenas tradicionales. Túpac
Amaru fue condenado a morir descuartizado, buena parte de su familia fue exterminada y el mismo destino
corrieron los curacas que lo secundaron.
Aunque sobrevivieron los curacas que se alinearon con las fuerzas coloniales, el poder global de las
aristocracias indígenas andinas se vio gravemente recortado con las medidas represivas tomadas por la
burocracia colonial, que incluían la orden de castellanizar forzadamente a la población indígena en cinco años
y de eliminar todos aquellos elementos culturales que pudieran recordarle su glorioso pasado.
En 1814, caciques que anteriormente habían combatido contra Túpac Amaru, como Mateo Pumacahua, se
incorporaron a la fallida revolución de los hermanos Angulo en el Cusco sufriendo luego las represalias del
poder colonial. Esto no hizo más que acelerar el irreversible proceso de decadencia de los linajes nobiliarios
andinos.
La liquidación de la élite indígena tuvo consecuencias históricas de muy largo alcance: con ella se canceló la
posibilidad de la gestación de un proyecto nacional indígena viable. La condición de “indio” se volvió sinónimo
de “pobre”, a diferencia de la situación anterior, donde había indios nobles y ricos, como Túpac Amaru y
varios de los curacas que lo secundaron.
Con el fin de la élite indígena se cerró la posibilidad histórica de construir un discurso nacional indio. La
población india quedó fragmentada y desarticulada, sin posibilidades de intervenir como colectivo en la
formación de la nueva nación que surgiría de la independencia. (Manrique, 2004, pp. 12-13)