Doctrina
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SAIJ: DACJ960388
El fallo hace una relación entre el beneficio de excusión y el efecto de la cosa juzgada de la
sentencia dictada contra la sociedad que se extiende a sus miembros, estableciendo que la
oposición del beneficio de excusión que hicieren los socios de la sociedad colectiva no obsta a
su deber de responder por la obligación demandada, si la sociedad no lo hiciera, puesto que
dicho beneficio sólo puede ser opuesto ante el concreto intento de ejecución de la sentencia
contra el socio sin la previa excusión de los bienes sociales.
Si bien la solución del fallo es correcta, la misma es muy dura para los socios colectivos, puesto
que plantea ciertos interrogantes como: ¿en qué medida pueden quedar marginados de ese
proceso si la sentencia puede afectarlos? ¿ Hay un mandato recíproco entre todos los socios y
éstos se hallan representados en el litigio?.
La asunción por parte de los socios de la sociedad colectiva, de todos los riesgos como
consecuencia de la realización de su objeto y sin ningún límite, en estos tiempos resulta
excesivo.
1 - Si del estatuto de la sociedad surge que los socios de la fallida integraron solamente el 25%
del capital social suscripto al momento de su constitución y teniendo en cuenta que constituye
una obligación de aquellos efectuar los aportes no integrados hasta la concurrencia del interés
de los acreedores y los gastos del concurso, corresponde condenarlos a abonar a la quiebra los
aportes societarios no integrados.
2 - Frente a la quiebra de la sociedad, los socios tienen la obligación de integrar los aportes
adeudados.
La unipersonalidad en la Ley General de Sociedades. Antecedentes, justificación y alcances
El recientemente reformado art. 1º de la ley 19.550 —t.o. dec. 841/1984, modif. ley 26.994—
establece que hay "sociedad si una o más personas en forma organizada conforme a uno de los
tipos previstos en esta ley, se obligan a realizar aportes para aplicarlos a la producción o
intercambio de bienes o servicios, participando de los beneficios y soportando las pérdidas".
De seguido agrega, en un segundo párrafo, que "la sociedad unipersonal sólo se podrá
constituir como sociedad anónima", aclarando que "la sociedad unipersonal no puede
constituirse por una sociedad unipersonal".
Sin duda, tales modificaciones —avenidas con la sanción del Código Civil y Comercial y la
consiguiente abrogación de los antiguos Código Civil y Código de Comercio— implican la
recepción de una nueva concepción del instituto societario en el derecho argentino, tomando
como parámetro el modelo clásico imperante hasta entonces.
Tal como se advierte, la novedad presente en la hoy renombrada Ley General de Sociedades
(LGS) (1) radica en que, más allá de mantener vigente el paradigma de constitución plural del
contrato de sociedad —conforme exigía el art. 1º en su anterior versión— (2), introduce en ese
artículo la posibilidad de constituir una sociedad anónima a partir de la declaración de
voluntad de un único individuo (sea éste persona humana o persona jurídica, en la medida, en
este último caso, en que no se trate de otra sociedad unipersonal), receptando, de ese modo,
la figura de la sociedad anónima unipersonal originaria (SAU) en el derecho corporativo
argentino. A esta alternativa se adicionan, tal como se examinará ulteriormente, las variantes
de unipersonalidad derivada (para los tipos SA, sociedad colectiva y SRL) emergentes del actual
sistema normativo societario.
Oportuno es resaltar que si bien la antigua redacción del art. 1º admitía sólo la existencia de
una sociedad con "pluralidad de socios", lo cierto es que cuando se estudian los distintos
supuestos contemplados por la legislación y se analiza la ubicación de su régimen, se advierte
que dicha pluralidad no se erigía en un recaudo general, al verificarse la presencia de diversos
casos de sociedades unipersonales admitidas —antes de ahora— por distintos ordenamientos
legales, a saber:
a) Sociedades del Estado: el art. 2º de la ley 20.705, de Sociedades del Estado, expresamente
enuncia que "las sociedades del Estado podrán ser unipersonales y se someterán, en su
constitución y funcionamiento, a las normas que regulan las sociedades anónimas, en cuanto
fueren compatibles con las disposiciones de la presente ley..." (3).
En este supuesto la unipersonalidad es acogida por el legislador del año 1974. Sin embargo,
ésta se halla acotada al ámbito de las personas jurídicas de carácter público, al poder
únicamente crear este tipo societario el Estado nacional, los Estados provinciales, los
municipios y los organismos estatales, excluyendo toda participación de capitales privados (art.
1º). El art. 9º de esa ley permite incluso que el PEN transforme "las sociedades anónimas con
participación estatal mayoritaria, las sociedades de economía mixta, las empresas del Estado y
las constituidas por regímenes especiales..." en sociedades del Estado. En consecuencia, de un
régimen plural de socios, resulta factible el traspaso a un régimen unipersonal, en cabeza de
alguno de los sujetos legitimados por la ley.
b) Unipersonalidad derivada en la LSC: en todos los casos en que hubiese venido a menos la
pluralidad de socios por el motivo que fuere (exclusión del socio, resolución parcial, etc.) el art.
94, inc. 8º —en la versión anterior a la modificación de la hoy LGS por la ley 26.994— disponía
que la sociedad se disolvería, a menos que en el plazo de tres meses se recompusiese la
pluralidad de socios, con el agravante de que durante ese lapso el socio único respondiese
solidaria e ilimitadamente por las obligaciones sociales. O sea que bajo esta redacción no se
extinguía la persona jurídica, sino que se admitía transitoriamente la unipersonalidad, sin
limitación de responsabilidad hasta tanto se renovase la pluralidad de socios.
c) Cramdown: el régimen del art. 48 de la ley 24.522 admite aún hoy la posibilidad de que la
totalidad del paquete accionario o de las cuotas sociales de la sociedad concursada sometida a
cramdown le sea transferido a un solo acreedor.
Esto da cuenta de que ya con anterioridad a la reforma introducida por la ley 26.994, era
posible, entonces, que el 100% del capital social de la SA o de la sociedad de responsabilidad
limitada —SRL— quedase en cabeza de un acreedor (que de este modo se convierte en socio
único) quien quedaba equiparado en su situación al supuesto de "unipersonalidad devenida"
referido en el ítem precedente, aplicándose por analogía lo allí comentado.
d) El decreto delegado 677/01: esta norma introduce las prácticas del corporate governance en
Argentina, en el ámbito de las sociedades que hacen oferta pública de sus acciones.
Al aludir al régimen de participaciones residuales (squeeze out) por control casi total —
capítulo VII, arts. 25 a 30 del dec. ley—, el legislador diseñó un sistema que permite la
unipersonalización societaria por dos caminos: i) por un acto voluntario del controlante casi
total (persona física o jurídica, en el carácter de socio, que disponga al menos del 95% del
volumen accionario, sea en forma directa o a través de otras sociedades controladas), a quien
le confiere el derecho de realizar ofertas de adquisición a los minoritarios por sus
participaciones accionarias a un precio equitativo, y ii) por un acto por el cual algún accionista
minoritario (art. 25 del decreto) fuerce al mayoritario a adquirir la totalidad de las acciones en
manos de la minoría.
Del art. 1º del decreto surge que los efectos de la normativa alcanzan "a las personas que
actúen en la oferta pública y dentro del contexto de las entidades autorreguladas" (4). En
consecuencia, su ámbito queda limitado a las sociedades cotizantes en bolsa (SA abiertas). De
su lado, se aclara en el art. 29 que "respecto de las sociedades bajo control casi total que
hayan sido objeto de la declaración de adquisición reglada en el presente artículo, no regirá lo
dispuesto en el art. 94, inc. 8º, de la ley 19.550 y sus modificaciones". Es decir, dichas
sociedades unipersonales quedaban exceptuadas de la obligación de recomponer la pluralidad
prevista en el antiguo art. 94, inc. 8º, de la entonces LSC.
En definitiva, de los cinco enunciados surge que lo que no admitía el ordenamiento jurídico
societario existente en forma previa a la reforma propiciada por la ley 26.994, era la
unipersonalidad originaria de sociedades compuestas por sujetos de derecho privado, ni la
unipersonalidad derivada permanente con limitación de la responsabilidad en los supuestos de
los incs. b) y c) —variante, esta, que sí estaba permitida, sin embargo en los casos de los incs.
d) y e)—.
Ello, pues —a la luz de dicha concepción hermenéutica—, la ley 19.550 exigía la existencia de
una pluralidad de socios en sentido sustancial, a los fines de posibilitar la captación de
capitales y el desarrollo de una actividad económica con voluntad de asociarse, no siendo
dable su empleo cual mero recurso para "limitar" la responsabilidad patrimonial frente a
terceros.
La aceptación legislativa de tal modalidad no implica otra cosa más que reconocer aquellas
situaciones que genera en el mundo económico y jurídico el hecho de que la sociedad/persona
jurídica esté constituida por uno o por más socios. Se rompe —de este modo— con algo que
incluso fue una suerte de mito (9). Es que resulta indiferente que la sociedad sea constituida
por acto unilateral de voluntad o por un contrato plurilateral; la pluralidad de partes no implica
—desde la perspectiva examinada— beneficio alguno. Afirmaba Bonelli, hace más de cien
años, que "contrato es el acto creativo de la sociedad, no es la sociedad; la subjetividad jurídica
es un efecto del contrato pero nada impide que el efecto sobreviva a la causa" (10).
Por último, la correcta lectura hermenéutica del actual articulado de la LGS, permite
mencionar otros dos supuestos de unipersonalidad derivada posibles: el de la SRL y el de la
sociedad colectiva originariamente pluripersonales, que por los avatares de la vida societaria
ven reducido a uno el staff de sus socios. Sobre esto se volverá infra.
Señala Fargosi, siguiendo a Ascarelli, en que "desaparecida la pluralidad, no tiene más sentido,
naturalmente, que se hable de contrato social, pero económicamente y jurídicamente tiene
significado hablar de persona jurídica y de patrimonio autónomo" (12).
Relevante es destacar —conforme se insinuara en el título precedente— que el fenómeno
jurídico de la unipersonalidad societaria tiene su razón de ser en otro fenómeno, pero de
índole económica: la "empresa". Sin la noción de empresa y, por ende, de "patrimonio
empresario", la razón de ser de la sociedad, sea ésta de constitución unipersonal o
pluripersonal, carece —sencillamente— de sentido.
Así las cosas, en el concepto de sociedad subyace —como regla— la idea de existencia de una
empresa. De allí que la obligación del socio o socios de realizar aportes, debe cumplirse para su
aplicación a "la producción o intercambio de bienes y servicios" para que haya empresa.
Tal es su relevancia, que la nueva normativa (v.gr. art. 320 CCyC) centra en este concepto la
noción misma del derecho comercial. Así, se sostiene que "derecho comercial es la forma o
modo de ejercer determinadas operaciones y no éstas aisladamente consideradas...",
concluyéndose "que el ejercicio de una actividad patrimonial mediante el desempeño de una
gestión empresarial, denota por esa sola circunstancia carácter mercantil. El derecho mercantil
se ocupa de los actos jurídicos realizados en el desarrollo de la actividad" (13).
Desde esa óptica, y ciñendo la cuestión a la faz estrictamente societaria, cabe sostener que al
haber desaparecido el régimen de las sociedades civiles —regulado en el art. 1648 y ss. CCiv.,
que no exigía, para que exista sociedad, la forma organizada, ni la aplicación de aportes a "la
producción e intercambio de bienes y servicios", aunque nada impedía lo contrario— (14), se
colige que en la concepción actual de la sociedad resulta imprescindible el "objeto
empresario", esto es la existencia de una organización para la producción e intercambio de
bienes y servicios, de la que se habrán de derivar beneficios o pérdidas de contenido
patrimonial.
Lo manifestado obliga a señalar que dicho fenómeno económico tiene como titular a un
sujeto, que puede ser, o bien, una persona física, o bien una persona jurídica que, en lo
posible, más allá de recurrir a la figura societaria para organizar la empresa, intentará limitar
su responsabilidad patrimonial —en forma absoluta o subsidiaria— al capital social aportado
inicialmente, como una forma de poner coto al riesgo a asumir, en pos del cumplimiento del
objeto empresarial abordado (15).
Aun así, útil es distinguir, en el derecho occidental capitalista, que tres son las modalidades
bajo las cuales el "empresario/persona humana" puede desarrollar su actividad empresarial sin
necesidad de asociarse con otro sujeto:
a) Como titular único de una hacienda empresaria, por cuyo resultado en la explotación —en la
hipótesis de ser negativo— responde en forma ilimitada con su patrimonio personal.
b) Como sujeto titular de uno o más patrimonios de afectación, ligados exclusivamente al
cumplimiento del objeto para el cual son constituidos (por ejemplo, el caso de uno o más
fideicomisos o, tal como acontece en otros países, de una o más empresas individuales con
responsabilidad limitada —EIRL—, tema sobre el que se profundizará ulteriormente).
Es evidente, pues, el interés que despiertan las últimas dos alternativas (la de titular de uno o
más patrimonios de afectación, por un lado, y la de constituyente o socio de una sociedad
unipersonal con responsabilidad limitada al capital aportado, por otro) en lo que a la limitación
de responsabilidad respecta, y particularmente —en lo que aquí interesa— la societaria, como
molde organizacional de la empresa (16).
Ello, toda vez que la especial estructura jurídica y operativa que proveen las sociedades se
erige en una forma sencilla y práctica de permitir el fraccionamiento del patrimonio, con el fin
de lograr una mayor eficiencia en cada organización empresaria comprometida y mantener
autonomía en los resultados de los distintos emprendimientos generados (17).
Es que de la creación de filiales en los grupos empresarios surgen una serie de consecuencias,
mereciendo destacarse las siguientes: i) cada filial es un operador económico, teniendo a su
cargo emprendimientos de diversa envergadura económica en un territorio determinado, y ii)
la descentralización efectuada mediante filiales constituidas como sociedad unipersonal
posibilita a los grupos económicos adaptarse a los frecuentes cambios de los mercados con
una mayor distribución de los riesgos en la actividad empresaria, lo que, indudablemente,
tiene profunda incidencia en la faz patrimonial.
De esta manera es viable ubicar a la unipersonalidad societaria dentro de las llamadas técnicas
inmediatas para la división patrimonial autogestante: la personalidad se erige en un recurso
técnico, que más allá de lo hasta aquí manifestado, redunda también en beneficio de los
terceros acreedores del nuevo ente, favorecidos por el principio de división patrimonial que
impide agredir el patrimonio de la nueva sociedad, de la nueva persona, por los acreedores del
titular único del capital social (19).
Desde esta perspectiva, es nítido que el objeto de identificar un patrimonio como conjunto de
derechos de contenido económico que pertenecen a un mismo titular (en el caso de
referencia, la SU), radica en que ese patrimonio responderá por las deudas de ese sujeto titular
del mismo, cualesquiera que sean los derechos actuales o futuros que lo compongan. De ello
se deriva que:
a) Los acreedores sociales podrán ejercer individualmente acciones para agredir el patrimonio
de la SU a los efectos de obtener satisfacción de sus créditos.
Así las cosas, cabe recordar que tanto en el derecho nacional como extranjero, el pensamiento
sobre las sociedades unipersonales y la conveniencia de su adopción fue evolucionando en el
tiempo (22).
En efecto: desde hace aproximadamente cincuenta años las principales economías del planeta
han venido receptado en forma paulatina la unipersonalidad como modalidad de organización
jurídica de la empresa.
Dan cuenta de ello la mayoría de los estados norteamericanos, Japón, los países de la Unión
Europea (UE) (23) —Directiva I y Directiva XII de la Comunidad Económica Europea (CEE) (24)—
y otros países ajenos a este último grupo (25).
Dichas variantes son dos: la que introduce positivamente la figura en la faz societaria, por un
lado, y la que la incorpora bajo la forma de patrimonio de afectación carente de personalidad
jurídica, por otro (27).
La admisión del último de los casos mencionados produce la fisura del concepto tradicional —
ya superado, conforme se expusiera supra— de la teoría de la "universalidad del patrimonio",
permitiendo a una sola persona mantener un patrimonio especial, separado de sus restantes
bienes (28).
Bajo ese paradigma, en las legislaciones que admiten el patrimonio de afectación con la
denominación de "empresa individual de responsabilidad limitada" (EIRL) o "empresa
unipersonal de responsabilidad limitada" (EURL), el capital asignado por el empresario pasa a
conformar —desde la inscripción en el registro pertinente— un patrimonio separado e
independiente de los demás bienes pertenecientes a la persona física; aquél sirve de garantía
para responder por las obligaciones del patrimonio de afectación. Asimismo, se establece —
por ejemplo, en el caso de la legislación paraguaya (ley 1034/1983)— que en supuesto de dolo,
fraude o incumplimiento de ciertas normas, el instituyente de la EIRL asume responsabilidad
ilimitada con todo su patrimonio y se regula usualmente que en tanto patrimonio de
afectación, finiquita por las siguientes causales: i) las previstas en el acto constitutivo, ii) por
decisión del instituyente, iii) muerte del empresario, iv) quiebra de la empresa y v) pérdida de
cierto porcentaje (el 50%) del capital declarado.
Con el transcurso del tiempo, sin embargo, surgieron otras propuestas doctrinarias y
legislativas en las que se aceptó el mecanismo de las sociedades unipersonales como una
alternativa más conveniente para la regulación del fenómeno.
No es ocioso advertir que en las naciones que reconocen la unipersonalidad societaria, resulta
menos traumático pasar de la pluralidad a la unipersonalidad y viceversa: obviamente, no es
forzoso recurrir —como se anticipara— al instituto de la transformación societaria.
Todo esto se vio reflejado en las regulaciones propuestas a nivel nacional en la truncada ley
24.032, de 1987, en los dos proyectos de unificación de los Códigos Civil y Comercial del año
1993, en el proyecto del año 1998 y en los de reforma de la Ley de Sociedades de los años
2002 y 2005.
Fue adoptada, también, por el Anteproyecto de Unificación de los Códigos Civil y Comercial del
año 2012, el que fuera modificado en el ámbito del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
de la Nación, donde se introdujeron las reformas finalmente sancionadas mediante ley 26.994,
en el año 2014 (29).
El de la SA es el único tipo que adopta para sí en forma plena —esto es, tanto originaria como
derivada— la unipersonalidad como modalidad de integración societaria.
c) Consecuentemente, la SU sólo puede ser constituida por instrumento público y por acto
único (art. 165 LGS).
e) La SAU no puede ser constituida por otra SU (art. 1º LGS). De este modo, queda prohibida la
constitución escalonada en este único supuesto, al menos en forma directa (31). No obstante
ello, nada empece a que una misma sociedad anónima (no unipersonal) tenga una o varias
sociedades unipersonales, al no haber impedimento para que una persona humana o una
jurídica puedan ser accionistas únicos de varias sociedades unipersonales, siempre —claro está
— que cumplan con los recaudos legales (32).
f) En el caso de la SAU, el capital —no inferior a $ 100.000— debe ser integrado totalmente en
el acto constitutivo (art. 186 LGS).
g) La reducción a uno del número de socios de las sociedades anónimas inicialmente plurales,
no conforma una causal de disolución, sino que sólo deben cumplir con la exigencia de: i)
adecuar la denominación social a la exigencia del art. 164 LGS y, ii) cumplir por el régimen
impuesto por el ya mencionado art. 299 LGS, de fiscalización estatal permanente, al cual
quedan sometidas, debiendo contar con sindicatura plural integrada con número impar, con
un mínimo de tres integrantes y un directorio plural con un mínimo de tres directores (art.
255, párr. 2º, y 284, párr. 2º, LGS).
Corresponde señalar que en la SAU desaparece el concepto de interés social distinto al del
socio único, ya que parece difícil que los intereses del accionista y los de la sociedad
unipersonal puedan diferir (33). De ello se deslizan dos conclusiones: i) toda vez que la
contemplación del interés social se encauza en la medida en que exista un conflicto de
intereses en el ámbito interno del órgano de gobierno de la sociedad, cabe colegir que sin
pluralidad preexistente, la hipótesis de conflicto desaparece en la sociedad de constitución
unipersonal, y ii) a lo anterior se debe adicionar que la existencia de interés social requiere el
presupuesto de affectio societatis como elemento constituyente; pero ésta se halla ausente en
la SAU (34).
Así como se debe celebrar que en este campo se colocaron ciertos contrapesos y seguridades a
la figura de la sociedad unipersonal, también se deben señalar serias falencias:
a) Se omitió incluir a la SRL como tipo viable para constituir en forma originaria una SU, pese a
que —como es sabido— dicho tipo garantiza una mayor transparencia en la actuación del ente
y en la relación con los terceros, dado que el cambio del único socio importa la modificación
del contrato social y requiere publicación e inscripción en el Registro Público, lo que no
acontece con la SA (35).
En efecto: el régimen diseñado diluye todo lo bueno que podía deparar la unipersonalidad
(reitero: de constitución originaria) para pymes y microemprendimientos (36); en rigor, para
potenciar su desarrollo a través de la creación de un nuevo instrumento jurídico para actuar en
el mercado y limitar la responsabilidad al aporte (37).
Desde la regulación actual, la SAU es útil especialmente —conforme antes se señalara— para
la instalación de filiales de grupos económicos (v.gr., de multinacionales); sin embargo, no
debe perderse de vista que ésta es una segunda finalidad enmarcada en la funcionalidad
bipolar de la sociedad unipersonal, mas no la fundamental (38).
Llegados a este punto, cabe manifestar que, conforme se adelantara, en las situaciones de
unipersonalidad derivada, se contempla la transformación de pleno derecho en SAU sólo
respecto de los tipos de sociedades en comandita simple, en comandita por acciones y de
capital e industria, obviándose —sin embargo— en el detalle a las sociedades colectivas y a las
SRL, entidades —estas— que, tomando como referencia la ley societaria, no se disuelven en
caso de ver reducido a uno el número de socios (39).
Ello, en virtud del juego armónico de los arts. 1º y 94 bis LGS, sumado a la desaparición del
antiguo inc. 8º del art. 94.
Esta realidad normativa obliga a reparar, sin embargo, en que el legislador nada dice en forma
específica respecto de cuál es la suerte de la sociedad colectiva y de la SRL constituidas
originariamente en forma pluripersonal (40), en las que luego se verifica la situación
sobreviniente de reducción a uno del número de sus socios.
Cuatro soluciones se han esbozado a los fines de intentar resolver dicha cuestión:
a) La primera sostiene, con base en distintos argumentos que habrán de examinarse infra (a
los que habrá de agregarse algún otro de interés) que el juego armónico de las normas
contempladas en la LGS permite concluir que las sociedades colectivas y de responsabilidad
limitada devenidas unipersonales continúan su vida jurídica regidas por las normas propias del
tipo y por su contrato social, en forma inalterada e ininterrumpida (41).
c) La tercera consiste en hacer ingresar, tanto a la SRL como la sociedad colectiva que vean
reducido a uno el número de sus socios, al segmento de las sociedades de la nueva Sección IV;
esto es, pasan a ser consideradas sociedades "subsanables", "simples", "informales",
"residuales" o "libres" (sea cual fuere la denominación que se prefiera emplear) (43).
En efecto: estableció dicho organismo que dentro de los tres meses en que se verificase la
situación de reducción a uno el número de socios, los tipos sociales alcanzados (la SRL y la
sociedad colectiva) deben resolver: i) su transformación voluntaria como sociedad anónima
unipersonal, o ii) su disolución y nombramiento de liquidador (45).
La norma resulta hasta cierto punto inconsistente desde el plano de la lógica jurídica: no
enuncia que la sociedad queda disuelta directamente, no menciona que no continúe siendo
una sociedad colectiva o de responsabilidad limitada que funciona de acuerdo a las reglas del
tipo, ni afirma tampoco que es una sociedad subsanable, porque el organismo debe reconocer
que ese régimen se aplica sólo a sociedades que en el período de su constitución no han
cumplido con todos los recaudos substanciales y formales para ser sociedades de los tipos del
Capítulo II (y jamás a sociedades que fueron regularmente constituidas conforme a éstos) (46).
Nada obsta a cubrir con un manto de dudas la presunta legalidad de lo aquí dispuesto por el
organismo registral, quien se arroga facultades de orden legislativo de las que —como es
sabido— carece. Va de suyo que si un organismo de la Administración Pública no tiene
competencia para establecer incapacidades, y menos de derecho —ya sea en forma particular
como general—, tampoco puede definir la transformación o extinción inconsulta de una
persona jurídica por una causal no prevista legalmente. Habrá que aguardar qué define la
Justicia frente a algún planteo concreto que un interesado pudiese formular a este respecto.
Como fuere, es Manóvil quien —con reconocida autoridad intelectual en la materia— brinda la
más solvente de las soluciones, cual es la primera de las señaladas precedentemente, a la que
cabe agregar un argumento que refuerza su tesitura.
Refiere que:
a) En primer término, la letra del art. 94 bis LGS, dispone, al margen de toda posible distorsión
de su contenido, que "la reducción a uno del número de socios no es causal de disolución". Ello
invierte por completo la solución del derogado inc. 8º del art. 94. Ninguna sociedad se
disuelve, en consecuencia, por la reducción a uno del número de socios (de lo que también da
cuenta el actual art. 93 LGS, que remite, en su sección final, al 94 bis).
b)La definición de sociedad contenida en el art. 1º LGS ("habrá sociedad si una o más
personas...") es nítida al establecer que aun con un solo socio una estructura jurídica que tuvo
pluralidad de socios, sigue siendo sociedad cuando queda un solo socio.
c) No resultan aplicables las normas sobre disolución contenidas en el art. 163 del Código Civil
y Comercial de la Nación, como consecuencia de la remisión que efectúa el art. 150 de ese
mismo cuerpo normativo, donde se dispone —al aludir al orden de prelación normativo— que
es la ley especial (en el caso, la LGS) la que tiene prioridad en la especie (47).
A las precedentes consideraciones cabe agregar, finalmente, una más, de índole estrictamente
etimológica.
Tal como se manifestó, el art. 1º dispone que "la sociedad unipersonal sólo se podrá constituir
como sociedad anónima". El término "constituir" (del latín constituere) es definido por el
Diccionario de la Real Academia Española, en su segunda acepción —que es la aplicable a la
materia— de la siguiente manera: "Establecer, erigir, fundar" (51).
Diferente es, por cierto, la situación de las SRL y de las sociedades colectivas de constitución
primigeniamente plural, que luego, en el devenir del tiempo adquieren el estado de
unipersonales.
Son sociedades que nacen al mundo como sociedades de constitución plural. Ergo, no se
establecen originariamente como sociedades unipersonales (situación que el artículo
comentado reserva exclusivamente para el tipo SA), sino que mutan ese elemento
posteriormente. Esto último —reitero— no está vedado por la LGS sino, todo lo contrario: está
permitido, conforme surge de una armónica e integral hermenéutica del sistema normativo
societario vigente, particularmente de lo prescripto en los arts. 1º, 21, 93, 94 bis y 100 LGS.
Lo aquí afirmado no es menor. Implica el reconocimiento implícito efectuado por la ley de la
unipersonalidad societaria sobreviniente para los tipos "SRL" y "sociedad colectiva" —no
incluidos en el art. 94 bis—, más allá de los supuestos de unipersonalidad expresamente
pautados respecto de la SA.
Sólo de este modo es posible vislumbrar la coherencia del nuevo sistema societario, pensado
para los tiempos actuales, más allá de la crítica que pueda hacerse a la técnica legislativa
utilizada y de las limitaciones que ésta conlleva.
La ventaja para los terceros —y en esto el nivel de publicidad es muy superior al existente
respecto de la SA— es la de que el cambio de situación de pluralidad de socios a único socio
importa en la SRL la modificación del contrato social y requiere, necesariamente, publicación e
inscripción en el Registro Público (cfr. art. 152 LGS). Esto no ocurre en la SA, donde, como es
sabido, el staff de socios es llevado internamente en un registro de accionistas (cfr. art. 213
LGS).
VI. Conclusiones
Lo hasta aquí esbozado habilita a colegir que el actual orden societario argentino recepta la
unipersonalidad originaria, únicamente respecto del tipo SA, que pasa, consiguientemente, a
denominarse SAU.
El art. 100 LGS es claro a ese respecto: la subsistencia de la sociedad y, por ende, del
emprendimiento continuado por el socio único, se erige en principio rector de la materia. Es
que, tal como atinadamente se ha dicho, la ley no puede ser interpretada en el sentido de
forzar la extinción de una actividad productiva porque ello repugnaría también a "los principios
y los valores jurídicos" y a la interpretación hecha "de modo coherente con todo el
ordenamiento" (art. 2º CCyC) (55).
Restará, pues, que los operadores del mercado utilicen eficientemente este nuevo recurso
societario que —en sus distintas variantes— la técnica jurídica provee para la evolución de la
empresa y, con ello, de la sociedad toda.
(1) Al desaparecer la regulación del contrato de sociedad civil (inexistente en el nuevo Código
Civil y Comercial de la Nación) los únicos contratos de sociedades posibles en la actualidad son
los comerciales. Mas al haber dejado de existir los primeros, la acotación de contrato de
sociedad "comercial" deviene innecesaria, debiendo —pues— aludirse únicamente al
"contrato de sociedad". He allí la razón de ser del renombramiento de la "Ley de Sociedades
Comerciales" como "Ley General de Sociedades".
(2) Que requería la "sociedad comercial" fuese conformada por "dos o más personas".
(3) Véase Curá, José María, "Breve estudio de la ley 20.705 — Sociedades del Estado", RDCO,
nro. 105, 1985, p. 277.
(4) Cfr. García Villalonga, Julio César, "Las sociedades de capital y su organización unipersonal",
RADE (Revista Argentina de Derecho Empresario), nro. 2, Universidad Austral, Ad Hoc, Buenos
Aires, 2005, ps. 60/63.
(6) Planteos de esa índole fueron, incluso, materia de estudio en los estrados judiciales, donde
en el caso particular de la causa "Fracchia Raymond SRL", la sala E de la Cámara Comercial
dispuso, el 3/5/2005, confirmar lo resuelto en la resolución administrativa de la IGJ, al señalar
que —bajo la anterior redacción del art. 1º LGS—, la pluralidad constitutiva de la sociedad
distaba de ser una exigencia formal de la ley, por tratarse, conforme surgía de la "exposición
de motivos" de dicha normativa, de un requisito esencial.
(7) Lo cual, tal como se analizará, resulta sumamente criticable, al haber excluido la extensión
de la unipersonalidad al tipo SRL, al que fluidamente se recurre en la explotación de las pymes.
(8) Véase a este respecto, Manóvil, Rafael M., "Algunas de las reformas al régimen societario
en el Proyecto del nuevo Código Civil y Comercial", LL, 2012-F, 1334 y ss.
(9) Fargosi, Horacio P., "Apuntes sobre las sociedades unipersonales", Revista de Derecho
Comercial, del Consumidor y de la Empresa, año III, nro. 5, octubre 2012, p. 120.
(10) Bonelli, "A propósito de la sociedad con un solo socio", en Rivista di Diritto Commerciali e
del Dirirro Generale delle Obbligazioni, 1912, t. I, p. 257, citado por Richard, Efraín H., "La
sociedad unipersonal", en Código Civil y Comercial de la Nación, Suplemento Especial,
Aspectos Tributarios, Comerciales, Empresariales y Contables, Erreius, Buenos Aires, 2015, p.
77, www.acaderc.org.ar/doctrina/la-sociedadunipersonal/at_download/ file. A este respecto,
calificada doctrina propone desde antaño que la alternativa dentro del derecho societario sería
la de redefinir la categoría de contrato, o ubicar la sociedad fuera de los contratos. Le Pera,
Sergio, Cuestiones de Derecho Comercial Moderno, Astrea, Buenos Aires, 1975.
(11) Véase CURÁ, José María, "Breve estudio de la ley 20.705 - Sociedades del Estado", RDCO,
nro. 105, 1985, p. 277.
(12) Fargosi, Horacio P., "Apuntes sobre las sociedades unipersonales", cit., p. 121.
(13) Cfr. García Muñoz, José A., Derecho económico de los contratos, Ediciones Librerías del
Profesional, Universidad de La Sabana, Bogotá, 2001, p. 63, citado por Taliercio, Christian, en el
comentario al art. 320, en Curá, José María (dir.) — García Villalonga, Julio César (comp.) —
López Cerviño, José Luis (coord.), Código Civil y Comercial comentado, orientado a contadores,
t. I, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 647.
(14) Repárese, a ese respecto que, tal como sostiene calificada doctrina "si no hay forma
alguna de producción o intercambio de bienes y servicios destinados al mercado por los que la
sociedad obtenga una contraprestación, será imposible que se obtengan utilidades",
fundamentales en la otrora sociedad civil. Cfr. Manovil, Rafael, "Las sociedades de la Sección IV
del proyecto del Código", LL 2010-F, 758 y ss. En contra, Vítolo, Daniel, "Las sociedades civiles,
irregulares y de hecho en el proyecto de Código", LL del 6/8/2012, apart. IV, punto b), en el
que califica como "diferencia no menor" a este aspecto de las distinciones de redacción entre
el art. 1648, Código Civil —derogado— y el art. 1º de la hoy LGS.
(15) Cfr. García Villalonga, Julio César, en Curá, José María — García Villalonga, Julio César
(dirs.), Derecho Privado. Sociedades y otras formas jurídicas de la empresa, La Ley, Buenos
Aires, 2015, p. 223.
(16) Adviértase, sobre esta temática que la Comisión redactora del proyecto de Unificación
Civil y Comercial "la idea central" de la inclusión de las sociedades anónimas unipersonales "no
es la limitación de responsabilidad, sino permitir la organización de patrimonios con empresa
—objeto—, en beneficio de los acreedores de la empresa individual de un sujeto con actividad
empresarial múltiple. En esto se han seguido, con alguna innovación, los lineamientos de
anteriores proyectos de unificación y la línea general propiciada por la doctrina. La Comisión
consideró conveniente dejar esta norma en el ámbito societario y no incluirla como norma
general en materia de personas jurídicas, como también se propuso. La razón fundamental es
que se trata de un fenómeno" esencialmente "societario y no se da en las asociaciones,
fundaciones u otras personas jurídicas privadas que no son sociedades".
(17) Decía Borda hace más de cincuenta años que "es falso concebir el patrimonio como un
atributo de la personalidad y sostener que toda persona debe necesariamente tener uno... es
asimismo falso e inútil concebir al patrimonio como una universalidad de derecho, es decir
como una unidad abstracta con existencia propia e independiente de cada uno de los objetos
que lo componen. Un patrimonio sin contenido, concebido a través de la unidad del sujeto, es
una idea sin sentido ni realidad. Si no hay activo, si no hay derechos, no hay patrimonio. Éste
debe concebirse como un complejo concreto de derechos...". Borda, Guillermo A., Manual de
Derecho Civil — Parte General, Buenos Aires, 1961, p. 321.
(18) Cfr. Vítolo, Daniel R., Reformas a la Ley General de Sociedades, t. I, Rubinzal Culzoni, Santa
Fe, 2015, ps. 70/71.
(19) Cfr. Richard, Efraín H., "En torno a la sociedad unipersonal", en V Congreso de Derecho
Societario y de la Empresa, t. II, Advocatus, Córdoba, 1992, p. 273.
(21) Cfr. Rivera, Julio César, "Las sociedades como instrumento para el fraccionamiento del
patrimonio", Suplemento Especial, Sociedades Comerciales, 2004 (diciembre), p. 117; Derecho
Comercial, Sociedades — Doctrinas Esenciales, t. II, ps. 295 y ss.
(22) A mayor abundamiento, es dable profundizar en esta temática en García Villalonga, Julio
César, "Las sociedades de capital...", cit., ps. 13-134.
(23) Alemania (1980), Bélgica (1987), Dinamarca (1973), España (1995), Francia (1985),
Holanda (1987), Irlanda (1992), Italia (1993), Lietchtenstein, (1926), Luxemburgo (1992),
Portugal (1986), Reino Unido (1992), San Marino (1990) y más recientemente Austria, Chipre,
Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia,
República Checa y Suecia (a partir de su incorporación en la UE). Cfr. Sirotti Gaudenzi, Andrea,
La società unipersonale nel sistema europeo delle imprese, Sistema Editoriali, Napoli, 2003.
(24) La Directiva I del Consejo de la entonces CEE (Directiva 68/151) es el primer precedente
comunitario de la admisión de la sociedad de un solo socio. Dicha directiva del 9 de marzo de
1968, propugna la uniformidad de garantías que deben existir en los Estados miembros para
proteger los intereses de los socios y de los terceros relacionados a la sociedad comercial. El
art. 11.2, en particular, deja abierta la posibilidad de que las legislaciones nacionales no
demanden pluralidad de socios en el momento de constitución de la sociedad. Cfr. Sirotti
Gaudenzi, Andrea, La società unipersonale..., cit., p. 51; cfr. Piaggi, Ana Isabel, Estudios sobre la
sociedad unipersonal, Depalma, Buenos Aires, 1997, p. 160; García Villalonga, Julio César, "Las
sociedades de capital...", cit., ps. 79 y ss.
(25) Tales como Noruega (1967) y más recientemente Suiza (con la incorporación de la GmbH).
(26) En Sudamérica: Brasil (1976), Chile (2003), Colombia (1971 —que acogió la empresa
unipersonal— y 2008 —que receptó la sociedad anónima simplificada—), Paraguay (1983),
Perú (1976) y Venezuela (2003). En Centroamérica: Costa Rica (1961), El Salvador (1970),
Panamá (1966) y recientemente República Dominicana. García Villalonga, Julio César, "Las
sociedades de capital...", cit., ps. 64 y ss. Cfr. Marzoratti, Osvaldo, "La sociedad unipersonal, la
corporación y la legislación comparada", LL 2015-A, 892.
(27) El patrimonio separado viene concebido como una masa que pertenece a un patrimonio
personal, pero que se entiende independizada de éste, por estar legalmente destinada a un fin
específico y determinado. La doctrina destaca que la idea del patrimonio especial se vincula al
fin que él persigue —por lo que suele hablarse de patrimonio afectado a un fin o "patrimonio
de afectación"—, el cual es específico y generalmente determinado por la ley que crea el
patrimonio especial. Y los bienes que integran el patrimonio especial son los que forman parte
de él originariamente, los frutos y los que ingresan por subrogación real. Rivera, Julio César,
"Las sociedades como instrumento...", cit.
(29) Véase García Villalonga, Julio César, Derecho Privado..., cit., ps. 225 y ss.
(30) El legislador suprimió —por motivos que se desconocen— el segundo párrafo del art. 164,
LGS, que disponía que si se omitiere "colocar esa mención, ello hará responsables ilimitada y
solidariamente a los representantes de la sociedad juntamente con ésta, por los actos que
celebren en esas condiciones". En la actualidad, trátase pues de una obligación sin sanción.
(31) Se halla, en cambio en dudas si una SAU puede participar de otra SAU en forma indirecta.
En efecto: la LGS no resuelve el tema de la participación indirecta, esto es, que una SAU que
sea controlante de otra SA de constitución plural, que a su vez sea la única socia de otra SAU.
El tópico podría quedar alcanzado por lo impuesto por el art. 33, LGS, que regula el instituto
del "control societario". Esta norma no sólo califica la existencia de dicho control en forma
directa, sino también "por intermedio de otra sociedad a su vez controlada" (art. 33, párr. 1º,
LGS). También lo profundiza la ley en las participaciones recíprocas al referir a las personas
interpuestas (art. 32, LGS). Por ello se comparte cierta doctrina que sostiene que "teniendo en
cuenta los fines que la ley procuró con dicha prohibición y que los efectos no queridos por la
ley también podrían lograrse con la participación indirecta, parece razonable que en el
esquema de participaciones societarias no sería aconsejable que una sociedad unipersonal
participe indirectamente (a través del control de otra sociedad) en otra sociedad anónima
unipersonal". Cfr. Molina Sandoval, Carlos, "Sociedades Anónimas Unipersonales", LL 2014-F,
1209 — Enfoques 2015 (febrero), 23/2/2015, 109).
(32) En la SAU, el control "total" se presume por la tenencia de todas las participaciones
societarias por el único socio. Cfr. Le Pera, Sergio, "Sociedades unipersonales y subsidiarias
totalmente controladas", RDCO, 1972, p. 22.
(33) Más allá de las controversias que pueda despertar su tratamiento, no se coincide con
quienes encuentran atisbos de interés social en la SAU justificando su presencia
exclusivamente en la protección del interés de los acreedores (tal el caso de Moro, Emilio, "La
sociedad unipersonal: diseño normativo en la ley 26.994 y principales situaciones
problemáticas que puede dar lugar su actuación", RCCyC 2015 [octubre], 78). Sostiene Manóvil
que "el interés social...es la garantía de protección a los socios que resguarda la esencia de la
causa fin de la sociedad y del vínculo de aquellos con ésta. Pero así como es fundamental en la
relación societaria interna, no tiene alcances que superen esa específica protección. Los
terceros no encuentran el resguardo de sus intereses en los mismos principios. Por ello,
aunque variadas normas de los derechos nacional y extranjero utilizan la expresión interés
social —o sus equivalentes— para referirse tanto al debido resguardo de los socios como al de
los acreedores, lo hacen apuntando a aspectos diversos en su esencia... Cuando se habla de
socios y de la relación societaria interna, el interés social es disponible para ellos... en el seno
de la sociedad el principio del interés social puede ser dejado de lado en cuantas ocasiones los
socios (todos, no la mayoría de ellos) así lo dispongan". Ergo, el interés social —en sentido
estricto— fue introducido por el legislador para la protección de los socios y al resguardo de la
causa-fin de la sociedad comercial. Manóvil, Rafael M., Grupo de sociedades en el derecho
comparado, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1999, p. 574. Cfr. García Villalonga, Julio César, "Las
sociedades de capital...", cit., ps. 20, 21.
(34) Cfr. García Villalonga, Julio César, "Las sociedades de capital...", cit., p. 21.
(35) Conforme al art. 152, in fine, LGS, en la SRL, "la transmisión de las cuotas es oponible a los
terceros desde su inscripción en el Registro Público...". Véase también Vítolo, Daniel R., Las
reformas a la ley 19.550 de Sociedades Comerciales en el Proyecto del Código Civil y Comercial
de la Nación, Ad Hoc, Buenos Aires, 2012, p. 59.
(36) Es claro que las exigencias legales actuales para la constitución de la SAU no está pensada
para la mayoría de las empresas, de las cuales gran parte son empresas familiares. Por ello,
difícilmente sea una estructura societaria que se emplee asiduamente en las organizaciones y
programaciones de patrimonios y empresas familiares. Cfr. Molina Sandoval, Carlos,
"Programación patrimonial de la empresa familiar", LL, diario del 8/19/2015.
(37) Compartiendo esta crítica, Moro, Emilio, "La sociedad unipersonal: diseño...", cit.; Vítolo,
Daniel R., "Desacertada regulación de la sociedad unipersonal en el Proyecto de Reforma de la
ley 19.550 (Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación)", en XII Congreso Argentino de
Derecho Societario y VIII Congreso Iberoamericano de Derecho Societario y de la Empresa, t. I,
UADE, Buenos Aires, 2013, p. 334; Balbín, Sebastián, "La reforma de la Ley de Sociedades
Comerciales 19.550 por la ley 26.994 de Reforma y Unificación del Código Civil y Comercial de
la Nación", en Rivera, Julio César — Medina, Graciela, Código Civil y Comercial de la Nación
comentado, t. V, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 1014; Cfr. Cura, José M. — García Villalonga,
Julio, "Apuntes en torno de las principales modificaciones propuestas a la Ley de Sociedades
Comerciales en el Proyecto de Unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación",
Revista Jurídica UCES, nro. 17, septiembre 2013, p. 187.
(38) Como bien lo pusiera de relieve la Duodécima Directiva de la UE que, en 1989, abriera las
puertas a esta figura para las naciones de la entonces Comunidad Económica Europea (hoy
Unión Europea).
(39) Véase a este respecto, Manóvil, Rafael M., "Algunas de las reformas...", cit.; Escuti, Ignacio
A. — Escuti Angonoa, Verónica — Capdevila, Tomás, "La SRL unipersonal en la Ley General de
Sociedades y la necesidad de la reforma integral del tipo social", RCCyC, 2015 (octubre), 61.
(40) Pues, tal como se aseveró, el único tipo societario para el cual la ley admite la constitución
unipersonal originaria es el de la SA.
(42) Enunciada por Nissen, Ricardo A., "Estudios sobre el Código Civil y Comercial de la Nación.
Las personas jurídicas", ED del 7/7/2015, nro. 5. Hace suya esta interpretación Perciavalle,
Marcelo, Ley General de Sociedades Comentada, Erreius, Buenos Aires, 2015, ps. 178/179.Sin
embargo, no se comparte dicha hermenéutica pues precisamente en este caso existe una ley
especial (la LGS) que no sólo no sanciona la reducción a uno del número de socios en la SRL y
en la sociedad colectiva sino que, en los casos de duda, predica la subsistencia de la entidad
(art. 100, LGS). Recuérdese que el mencionado Código deja sentado en el art. 150, al fijar el
orden de prelación normativa, que la persona jurídica privada se rige, ante todo, por "las
normas imperativas de la ley especial" y luego, en su defecto, por las del Código. Ergo, de
modo alguno se considera atendible la interpretación formulada supra respecto de la
aplicación lisa y llana del art. 163, inc. g), del Código Civil y Comercial de la Nación a la cuestión
que nos ocupa. A favor de esta interpretación: Manóvil, Rafael M., "Las sociedades devenidas
unipersonales", RCCyC 2015, octubre, ps. 37 y ss.
(43) Apoyada, entre otros, por Daniel Vítolo, Carlos Molina Sandoval y Emilio Moro.
(44) La Resolución en cuestión tiene un plazo de vigencia dividido: desde el 3/8/2015 rige para
todas las modificaciones introducidas por el nuevo Código Civil y Comercial (sociedades
unipersonales, personas jurídicas, procedimiento de subsanación, contratos asociativos, etc.) y
a partir del 2/11/2015, para las restantes modificaciones procedimentales.
(45) Véase art. 203; cfr. Martínez, Silvina, "Sobre la nueva Sociedad Unipersonal y su
regulación por la Inspección General de Justicia", 28/10/2015, elDial.com — DC201C.
(48) Cfr. Zaldívar — Manóvil — Ragazzi — Rovira, Cuadernos de Derecho Societario, Abeledo
Perrot, vol. IV, 1ª reimpr., Buenos Aires, 1978, ps. 298/299; Roitman, Horacio, Ley de
Sociedades Comerciales. Comentada y anotada, t. I, La Ley, Buenos Aires, 2006, ps. 377 y ss.
(49) Véase Haggi, Graciela — Nissen, Ricardo A., "Necesarias modificaciones en materia de
sociedades unipersonales", en Las Reformas al Derecho Comercial en el Proyecto del Código
Civil y Comercial de la Nación — I Congreso Nacional de Análisis y Debate sobre el Proyecto,
Legis, Buenos Aires, 2012, p. 266.
(50) Manóvil, Rafael M. "Las sociedades devenidas unipersonales", cit.
(51) http://dle.rae.es/?w=constituir&o=h.
(52) Recuérdese que el socio único tendrá en este tipo responsabilidad ilimitada, solidaria y
subsidiaria. Es decir, sólo cuenta con el beneficio de excusión, de manera que previamente a
cobrarse de su patrimonio personal, los acreedores de la sociedad deben ejecutar primero el
patrimonio social.