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El socio colectivo y su responsabilidad ilimitada

por MARCELO URBANO SALERNO

SAIJ: DACJ960388

En autos "Apalategui D'Angelo Sociedad Colectiva c/Apalategui y Cía.

Sociedad Colectiva y otros", la decisión del Tribunal de condenar a la sociedad demandada a


pagar a la actora, y rechazando la demanda respecto de los otros codemandados se ajustó a
derecho. Ello así, puesto que en una sociedad colectiva, los socios que la integran contraen
responsabilidad subsidiaria, ilimitada y solidaria por las obligaciones sociales, y por lo tanto
responden por la obligación demandada en caso que la sociedad no lo haga. Por esta razón
resulta indiferente que los socios estén o no condenados en la sentencia, puesto que
igualmente deben responder por las obligaciones de la sociedad.

El fallo hace una relación entre el beneficio de excusión y el efecto de la cosa juzgada de la
sentencia dictada contra la sociedad que se extiende a sus miembros, estableciendo que la
oposición del beneficio de excusión que hicieren los socios de la sociedad colectiva no obsta a
su deber de responder por la obligación demandada, si la sociedad no lo hiciera, puesto que
dicho beneficio sólo puede ser opuesto ante el concreto intento de ejecución de la sentencia
contra el socio sin la previa excusión de los bienes sociales.

Si bien la solución del fallo es correcta, la misma es muy dura para los socios colectivos, puesto
que plantea ciertos interrogantes como: ¿en qué medida pueden quedar marginados de ese
proceso si la sentencia puede afectarlos? ¿ Hay un mandato recíproco entre todos los socios y
éstos se hallan representados en el litigio?.

La asunción por parte de los socios de la sociedad colectiva, de todos los riesgos como
consecuencia de la realización de su objeto y sin ningún límite, en estos tiempos resulta
excesivo.

Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, sala B

Walger S.A • 19/11/2009

1 - Si del estatuto de la sociedad surge que los socios de la fallida integraron solamente el 25%
del capital social suscripto al momento de su constitución y teniendo en cuenta que constituye
una obligación de aquellos efectuar los aportes no integrados hasta la concurrencia del interés
de los acreedores y los gastos del concurso, corresponde condenarlos a abonar a la quiebra los
aportes societarios no integrados.

2 - Frente a la quiebra de la sociedad, los socios tienen la obligación de integrar los aportes
adeudados.
La unipersonalidad en la Ley General de Sociedades. Antecedentes, justificación y alcances

García Villalonga, Julio C.

Sumario: I. Los valores de la reforma y la ubicación del régimen de la SU (antes y después de la


sanción de la ley 26.994). — II. La SU y la noción de patrimonio. — III. La unipersonalidad
societaria en la Argentina: antecedentes extranjeros y nacionales. — IV. Aspectos específicos
de la regulación de la sociedad anónima unipersonal (SAU) en Argentina. — V. La SRL y la
sociedad colectiva devenidas en unipersonales. — VI. Conclusiones.

I. Los valores de la reforma y la ubicación del régimen de la SU (antes y después de la sanción


de la ley 26.994)

El recientemente reformado art. 1º de la ley 19.550 —t.o. dec. 841/1984, modif. ley 26.994—
establece que hay "sociedad si una o más personas en forma organizada conforme a uno de los
tipos previstos en esta ley, se obligan a realizar aportes para aplicarlos a la producción o
intercambio de bienes o servicios, participando de los beneficios y soportando las pérdidas".
De seguido agrega, en un segundo párrafo, que "la sociedad unipersonal sólo se podrá
constituir como sociedad anónima", aclarando que "la sociedad unipersonal no puede
constituirse por una sociedad unipersonal".

Sin duda, tales modificaciones —avenidas con la sanción del Código Civil y Comercial y la
consiguiente abrogación de los antiguos Código Civil y Código de Comercio— implican la
recepción de una nueva concepción del instituto societario en el derecho argentino, tomando
como parámetro el modelo clásico imperante hasta entonces.

Tal como se advierte, la novedad presente en la hoy renombrada Ley General de Sociedades
(LGS) (1) radica en que, más allá de mantener vigente el paradigma de constitución plural del
contrato de sociedad —conforme exigía el art. 1º en su anterior versión— (2), introduce en ese
artículo la posibilidad de constituir una sociedad anónima a partir de la declaración de
voluntad de un único individuo (sea éste persona humana o persona jurídica, en la medida, en
este último caso, en que no se trate de otra sociedad unipersonal), receptando, de ese modo,
la figura de la sociedad anónima unipersonal originaria (SAU) en el derecho corporativo
argentino. A esta alternativa se adicionan, tal como se examinará ulteriormente, las variantes
de unipersonalidad derivada (para los tipos SA, sociedad colectiva y SRL) emergentes del actual
sistema normativo societario.

Oportuno es resaltar que si bien la antigua redacción del art. 1º admitía sólo la existencia de
una sociedad con "pluralidad de socios", lo cierto es que cuando se estudian los distintos
supuestos contemplados por la legislación y se analiza la ubicación de su régimen, se advierte
que dicha pluralidad no se erigía en un recaudo general, al verificarse la presencia de diversos
casos de sociedades unipersonales admitidas —antes de ahora— por distintos ordenamientos
legales, a saber:
a) Sociedades del Estado: el art. 2º de la ley 20.705, de Sociedades del Estado, expresamente
enuncia que "las sociedades del Estado podrán ser unipersonales y se someterán, en su
constitución y funcionamiento, a las normas que regulan las sociedades anónimas, en cuanto
fueren compatibles con las disposiciones de la presente ley..." (3).

En este supuesto la unipersonalidad es acogida por el legislador del año 1974. Sin embargo,
ésta se halla acotada al ámbito de las personas jurídicas de carácter público, al poder
únicamente crear este tipo societario el Estado nacional, los Estados provinciales, los
municipios y los organismos estatales, excluyendo toda participación de capitales privados (art.
1º). El art. 9º de esa ley permite incluso que el PEN transforme "las sociedades anónimas con
participación estatal mayoritaria, las sociedades de economía mixta, las empresas del Estado y
las constituidas por regímenes especiales..." en sociedades del Estado. En consecuencia, de un
régimen plural de socios, resulta factible el traspaso a un régimen unipersonal, en cabeza de
alguno de los sujetos legitimados por la ley.

b) Unipersonalidad derivada en la LSC: en todos los casos en que hubiese venido a menos la
pluralidad de socios por el motivo que fuere (exclusión del socio, resolución parcial, etc.) el art.
94, inc. 8º —en la versión anterior a la modificación de la hoy LGS por la ley 26.994— disponía
que la sociedad se disolvería, a menos que en el plazo de tres meses se recompusiese la
pluralidad de socios, con el agravante de que durante ese lapso el socio único respondiese
solidaria e ilimitadamente por las obligaciones sociales. O sea que bajo esta redacción no se
extinguía la persona jurídica, sino que se admitía transitoriamente la unipersonalidad, sin
limitación de responsabilidad hasta tanto se renovase la pluralidad de socios.

c) Cramdown: el régimen del art. 48 de la ley 24.522 admite aún hoy la posibilidad de que la
totalidad del paquete accionario o de las cuotas sociales de la sociedad concursada sometida a
cramdown le sea transferido a un solo acreedor.

Esto da cuenta de que ya con anterioridad a la reforma introducida por la ley 26.994, era
posible, entonces, que el 100% del capital social de la SA o de la sociedad de responsabilidad
limitada —SRL— quedase en cabeza de un acreedor (que de este modo se convierte en socio
único) quien quedaba equiparado en su situación al supuesto de "unipersonalidad devenida"
referido en el ítem precedente, aplicándose por analogía lo allí comentado.

d) El decreto delegado 677/01: esta norma introduce las prácticas del corporate governance en
Argentina, en el ámbito de las sociedades que hacen oferta pública de sus acciones.

Al aludir al régimen de participaciones residuales (squeeze out) por control casi total —
capítulo VII, arts. 25 a 30 del dec. ley—, el legislador diseñó un sistema que permite la
unipersonalización societaria por dos caminos: i) por un acto voluntario del controlante casi
total (persona física o jurídica, en el carácter de socio, que disponga al menos del 95% del
volumen accionario, sea en forma directa o a través de otras sociedades controladas), a quien
le confiere el derecho de realizar ofertas de adquisición a los minoritarios por sus
participaciones accionarias a un precio equitativo, y ii) por un acto por el cual algún accionista
minoritario (art. 25 del decreto) fuerce al mayoritario a adquirir la totalidad de las acciones en
manos de la minoría.
Del art. 1º del decreto surge que los efectos de la normativa alcanzan "a las personas que
actúen en la oferta pública y dentro del contexto de las entidades autorreguladas" (4). En
consecuencia, su ámbito queda limitado a las sociedades cotizantes en bolsa (SA abiertas). De
su lado, se aclara en el art. 29 que "respecto de las sociedades bajo control casi total que
hayan sido objeto de la declaración de adquisición reglada en el presente artículo, no regirá lo
dispuesto en el art. 94, inc. 8º, de la ley 19.550 y sus modificaciones". Es decir, dichas
sociedades unipersonales quedaban exceptuadas de la obligación de recomponer la pluralidad
prevista en el antiguo art. 94, inc. 8º, de la entonces LSC.

e) Régimen de participaciones residuales en el mercado de capitales: continúa la línea


normativa del decreto mencionado en el apartado precedente, la ley 26.831 (Ley del Mercado
de Capitales), que regula el régimen de participaciones residuales en el mercado de capitales, y
cuyos arts. 91 a 95 reproducen —prácticamente en forma idéntica— los arts. 25 a 29 del
decreto en cuestión.

En definitiva, de los cinco enunciados surge que lo que no admitía el ordenamiento jurídico
societario existente en forma previa a la reforma propiciada por la ley 26.994, era la
unipersonalidad originaria de sociedades compuestas por sujetos de derecho privado, ni la
unipersonalidad derivada permanente con limitación de la responsabilidad en los supuestos de
los incs. b) y c) —variante, esta, que sí estaba permitida, sin embargo en los casos de los incs.
d) y e)—.

Es en ese contexto donde debe interpretarse el rechazo de la inscripción de las denominadas


sociedades de cómodo (o sociedades de pluralidad ficticia o meramente formal), efectuado
hasta antes de la entrada en vigencia de la reforma de la LGS propiciada por la ley 26.994, por
parte de organismos registrales públicos tales como la Inspección General de Justicia (IGJ) en la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires (5). Dichas posturas llevaron, en efecto, a denegar la
inscripción de sociedades de cuyo contrato constitutivo no surgía la pluralidad esencial de sus
integrantes, por considerar que se encubría —en resumidas cuentas— la constitución
unipersonal del ente, por entonces no admitida con los alcances de hoy (6).

Ello, pues —a la luz de dicha concepción hermenéutica—, la ley 19.550 exigía la existencia de
una pluralidad de socios en sentido sustancial, a los fines de posibilitar la captación de
capitales y el desarrollo de una actividad económica con voluntad de asociarse, no siendo
dable su empleo cual mero recurso para "limitar" la responsabilidad patrimonial frente a
terceros.

La reforma del art. 1º LGS, no viene a modificar, en sentido estricto, la conceptualización de la


génesis de la sociedad en un contrato plurilateral de organización, sino que agrega al texto
legal la posibilidad de que se pueda recurrir a este instituto —tal como se adelantara—
mediante un acto de voluntad unilateral, al admitir la posibilidad inicial de que se constituyan
sociedades integradas por un único socio, aunque exclusivamente bajo el tipo de sociedad
anónima (7). Trátase en este caso no de un contrato, sino de una "estructura plurilateral de
organización" (8).
Constituye, pues, el legislado, un recurso técnico que ampara la denominada unipersonalidad
originaria de una sociedad, permitiendo —de este modo— al socio único organizar la actividad
empresaria, limitando su responsabilidad al capital aportado.

La aceptación legislativa de tal modalidad no implica otra cosa más que reconocer aquellas
situaciones que genera en el mundo económico y jurídico el hecho de que la sociedad/persona
jurídica esté constituida por uno o por más socios. Se rompe —de este modo— con algo que
incluso fue una suerte de mito (9). Es que resulta indiferente que la sociedad sea constituida
por acto unilateral de voluntad o por un contrato plurilateral; la pluralidad de partes no implica
—desde la perspectiva examinada— beneficio alguno. Afirmaba Bonelli, hace más de cien
años, que "contrato es el acto creativo de la sociedad, no es la sociedad; la subjetividad jurídica
es un efecto del contrato pero nada impide que el efecto sobreviva a la causa" (10).

Lo aseverado implica consentir un desplazamiento de la concepción de las sociedades desde la


óptica contractualista hacia una visión más realista que las vincula con el fenómeno negocial
empresario, tal como se ahondará en el título siguiente.

Lo antedicho debe complementarse en la actualidad —conforme se avanzará en su momento


— con la disposición imperativa legal, prevista en el nuevo art. 94 bis, que establece que "la
reducción a uno del número de socios no es causal de disolución, imponiendo la
transformación de pleno derecho de las sociedades en comandita, simple o por acciones, y de
capital e industria, en sociedad anónima unipersonal, si no se decidiera otra solución en el
término de tres (11) meses". Trátase el aquí normado del nuevo supuesto de unipersonalidad
derivada, con la particularidad de que —a diferencia de lo que ocurría con el art. 94, inc. 8º, de
la ley 19.550 en su texto originario— luego de transformados los tipos sociales comprometidos
(sociedades en comandita, simple o por acciones, y de capital e industria), la novel sociedad
(SAU) adquiere la condición de permanente, no disolviéndose ni, por ende, ingresando en
liquidación (salvo que en su momento el socio único optase expresamente por esta
alternativa).

Otro supuesto de unipersonalidad derivada no controvertido es el verificado en aquellas


situaciones en las que las sociedades anónimas, a lo largo de su plazo de duración, mutan de
pluripersonales a unipersonales (y viceversa), según el número de accionistas que registren a
lo largo de dicho plazo. En esta hipótesis, no resultaría necesario recurrir al instituto de la
transformación societaria, aunque sí deberá modificarse el estatuto social para adaptar la sigla
en la denominación social (de SA a SAU, o la inversa).

Por último, la correcta lectura hermenéutica del actual articulado de la LGS, permite
mencionar otros dos supuestos de unipersonalidad derivada posibles: el de la SRL y el de la
sociedad colectiva originariamente pluripersonales, que por los avatares de la vida societaria
ven reducido a uno el staff de sus socios. Sobre esto se volverá infra.

II. La SU y la noción de patrimonio

Señala Fargosi, siguiendo a Ascarelli, en que "desaparecida la pluralidad, no tiene más sentido,
naturalmente, que se hable de contrato social, pero económicamente y jurídicamente tiene
significado hablar de persona jurídica y de patrimonio autónomo" (12).
Relevante es destacar —conforme se insinuara en el título precedente— que el fenómeno
jurídico de la unipersonalidad societaria tiene su razón de ser en otro fenómeno, pero de
índole económica: la "empresa". Sin la noción de empresa y, por ende, de "patrimonio
empresario", la razón de ser de la sociedad, sea ésta de constitución unipersonal o
pluripersonal, carece —sencillamente— de sentido.

En esa inteligencia es clara, inclusive, la Exposición de Motivos de la ley 19.550, cuando


relaciona la sociedad con la idea económica de "empresa" y también porque brinda referencia
al complejo de intereses comunes que, para el logro del objeto societario, se unen en el
organismo económico patrimonial.

Así las cosas, en el concepto de sociedad subyace —como regla— la idea de existencia de una
empresa. De allí que la obligación del socio o socios de realizar aportes, debe cumplirse para su
aplicación a "la producción o intercambio de bienes y servicios" para que haya empresa.

Sabido es que la empresa, entendida clásicamente como "organización económica destinada a


la producción y/o intercambio de bienes y servicios", se erige en un fenómeno dinámico que
une al capital y al trabajo, en el que confluyen bienes materiales e inmateriales.

Tal es su relevancia, que la nueva normativa (v.gr. art. 320 CCyC) centra en este concepto la
noción misma del derecho comercial. Así, se sostiene que "derecho comercial es la forma o
modo de ejercer determinadas operaciones y no éstas aisladamente consideradas...",
concluyéndose "que el ejercicio de una actividad patrimonial mediante el desempeño de una
gestión empresarial, denota por esa sola circunstancia carácter mercantil. El derecho mercantil
se ocupa de los actos jurídicos realizados en el desarrollo de la actividad" (13).

Desde esa óptica, y ciñendo la cuestión a la faz estrictamente societaria, cabe sostener que al
haber desaparecido el régimen de las sociedades civiles —regulado en el art. 1648 y ss. CCiv.,
que no exigía, para que exista sociedad, la forma organizada, ni la aplicación de aportes a "la
producción e intercambio de bienes y servicios", aunque nada impedía lo contrario— (14), se
colige que en la concepción actual de la sociedad resulta imprescindible el "objeto
empresario", esto es la existencia de una organización para la producción e intercambio de
bienes y servicios, de la que se habrán de derivar beneficios o pérdidas de contenido
patrimonial.

Lo manifestado obliga a señalar que dicho fenómeno económico tiene como titular a un
sujeto, que puede ser, o bien, una persona física, o bien una persona jurídica que, en lo
posible, más allá de recurrir a la figura societaria para organizar la empresa, intentará limitar
su responsabilidad patrimonial —en forma absoluta o subsidiaria— al capital social aportado
inicialmente, como una forma de poner coto al riesgo a asumir, en pos del cumplimiento del
objeto empresarial abordado (15).

Aun así, útil es distinguir, en el derecho occidental capitalista, que tres son las modalidades
bajo las cuales el "empresario/persona humana" puede desarrollar su actividad empresarial sin
necesidad de asociarse con otro sujeto:

a) Como titular único de una hacienda empresaria, por cuyo resultado en la explotación —en la
hipótesis de ser negativo— responde en forma ilimitada con su patrimonio personal.
b) Como sujeto titular de uno o más patrimonios de afectación, ligados exclusivamente al
cumplimiento del objeto para el cual son constituidos (por ejemplo, el caso de uno o más
fideicomisos o, tal como acontece en otros países, de una o más empresas individuales con
responsabilidad limitada —EIRL—, tema sobre el que se profundizará ulteriormente).

c) Como constituyente o socio de una sociedad unipersonal, por la cual limita su


responsabilidad al capital aportado.

Es evidente, pues, el interés que despiertan las últimas dos alternativas (la de titular de uno o
más patrimonios de afectación, por un lado, y la de constituyente o socio de una sociedad
unipersonal con responsabilidad limitada al capital aportado, por otro) en lo que a la limitación
de responsabilidad respecta, y particularmente —en lo que aquí interesa— la societaria, como
molde organizacional de la empresa (16).

Ello, toda vez que la especial estructura jurídica y operativa que proveen las sociedades se
erige en una forma sencilla y práctica de permitir el fraccionamiento del patrimonio, con el fin
de lograr una mayor eficiencia en cada organización empresaria comprometida y mantener
autonomía en los resultados de los distintos emprendimientos generados (17).

De su lado, y ya en el plano de las personas jurídicas socias de sociedades unipersonales, a las


precedentes ventajas se adicionan la de posibilitar el fraccionamiento de la responsabilidad de
la sociedad matriz: el modo a través del cual los operadores económicos desarrollan su
actividad en el mundo globalizado y la búsqueda de independencia operativa para la actuación
del ente en diversas jurisdicciones o en campos diferenciados de actividad justifican
descentralizaciones operativas que encuentran en la constitución de filiales controladas un
óptimo instrumento de acción (18).

Es que de la creación de filiales en los grupos empresarios surgen una serie de consecuencias,
mereciendo destacarse las siguientes: i) cada filial es un operador económico, teniendo a su
cargo emprendimientos de diversa envergadura económica en un territorio determinado, y ii)
la descentralización efectuada mediante filiales constituidas como sociedad unipersonal
posibilita a los grupos económicos adaptarse a los frecuentes cambios de los mercados con
una mayor distribución de los riesgos en la actividad empresaria, lo que, indudablemente,
tiene profunda incidencia en la faz patrimonial.

De esta manera es viable ubicar a la unipersonalidad societaria dentro de las llamadas técnicas
inmediatas para la división patrimonial autogestante: la personalidad se erige en un recurso
técnico, que más allá de lo hasta aquí manifestado, redunda también en beneficio de los
terceros acreedores del nuevo ente, favorecidos por el principio de división patrimonial que
impide agredir el patrimonio de la nueva sociedad, de la nueva persona, por los acreedores del
titular único del capital social (19).

Desde esta perspectiva, es nítido que el objeto de identificar un patrimonio como conjunto de
derechos de contenido económico que pertenecen a un mismo titular (en el caso de
referencia, la SU), radica en que ese patrimonio responderá por las deudas de ese sujeto titular
del mismo, cualesquiera que sean los derechos actuales o futuros que lo compongan. De ello
se deriva que:
a) Los acreedores sociales podrán ejercer individualmente acciones para agredir el patrimonio
de la SU a los efectos de obtener satisfacción de sus créditos.

b) En la hipótesis de insolvencia todos los acreedores deben participar del procedimiento


colectivo (la quiebra; y también en las soluciones preventivas de ella que todos los
ordenamientos organizan) y ese procedimiento comprende todos los bienes que forman el
patrimonio de la SU (salvo exclusión legal expresa). Es la universalidad propia de los
procedimientos colectivos causados en la insolvencia (en Argentina: arts. 1º y 111 LCQ).
Contarán, además, en el supuesto de fraude a través de la enajenación de bienes que integran
el patrimonio (de modo de provocar o agravar la insolvencia), con la acción integrativa del
patrimonio, que en el derecho común es la acción pauliana (20), y que cuando se practica en el
proceso falencial es la denominada acción revocatoria concursal (21).

III. La unipersonalidad societaria en la Argentina: antecedentes extranjeros y nacionales

Así las cosas, cabe recordar que tanto en el derecho nacional como extranjero, el pensamiento
sobre las sociedades unipersonales y la conveniencia de su adopción fue evolucionando en el
tiempo (22).

En efecto: desde hace aproximadamente cincuenta años las principales economías del planeta
han venido receptado en forma paulatina la unipersonalidad como modalidad de organización
jurídica de la empresa.

Dan cuenta de ello la mayoría de los estados norteamericanos, Japón, los países de la Unión
Europea (UE) (23) —Directiva I y Directiva XII de la Comunidad Económica Europea (CEE) (24)—
y otros países ajenos a este último grupo (25).

También legislaciones de Sudamérica y de Centroamérica acogieron alguna de las variantes de


unipersonalidad posibles, la primera de ellas (Costa Rica) en 1961 y la última (Colombia), en
2008 (26).

Dichas variantes son dos: la que introduce positivamente la figura en la faz societaria, por un
lado, y la que la incorpora bajo la forma de patrimonio de afectación carente de personalidad
jurídica, por otro (27).

La admisión del último de los casos mencionados produce la fisura del concepto tradicional —
ya superado, conforme se expusiera supra— de la teoría de la "universalidad del patrimonio",
permitiendo a una sola persona mantener un patrimonio especial, separado de sus restantes
bienes (28).

Bajo ese paradigma, en las legislaciones que admiten el patrimonio de afectación con la
denominación de "empresa individual de responsabilidad limitada" (EIRL) o "empresa
unipersonal de responsabilidad limitada" (EURL), el capital asignado por el empresario pasa a
conformar —desde la inscripción en el registro pertinente— un patrimonio separado e
independiente de los demás bienes pertenecientes a la persona física; aquél sirve de garantía
para responder por las obligaciones del patrimonio de afectación. Asimismo, se establece —
por ejemplo, en el caso de la legislación paraguaya (ley 1034/1983)— que en supuesto de dolo,
fraude o incumplimiento de ciertas normas, el instituyente de la EIRL asume responsabilidad
ilimitada con todo su patrimonio y se regula usualmente que en tanto patrimonio de
afectación, finiquita por las siguientes causales: i) las previstas en el acto constitutivo, ii) por
decisión del instituyente, iii) muerte del empresario, iv) quiebra de la empresa y v) pérdida de
cierto porcentaje (el 50%) del capital declarado.

Con el transcurso del tiempo, sin embargo, surgieron otras propuestas doctrinarias y
legislativas en las que se aceptó el mecanismo de las sociedades unipersonales como una
alternativa más conveniente para la regulación del fenómeno.

Se intensificó, pues, la propuesta legislativa de la utilización de la estructura societaria —en un


sentido práctico— como la modalidad más adecuada para que el empresario limite su
responsabilidad patrimonial en sus emprendimientos.

No es ocioso advertir que en las naciones que reconocen la unipersonalidad societaria, resulta
menos traumático pasar de la pluralidad a la unipersonalidad y viceversa: obviamente, no es
forzoso recurrir —como se anticipara— al instituto de la transformación societaria.

Asimismo, la posibilidad de optar por una pluralidad de actividades empresariales conexas


para concretar un objeto preciso y determinado (conf. art. 11, inc. 3º, LGS) en el ámbito de la
sociedad, constituye un punto de inflexión determinante, a diferencia del patrimonio de
afectación, que posee objeto único.

A lo anterior se adiciona que la societaria es una estructura conocida y probada en el mercado


que posibilita incorporar nuevos socios y transferir la titularidad política y económica
contenida en la participación social, en caso de enajenación.

También facilita la solución atinente a la constitución de las ya mencionadas filiales,


entendiéndose por tal a la sociedad cuyo único socio es otra sociedad. La existencia de la filial
implica la de una sociedad matriz originante —o sociedad intermedia, en su caso—, con la
singular característica de estar dotadas cada una de un patrimonio inconfundible, lo que no
sólo brinda autonomía a unidades empresariales, sino que también facilita su transmisión y
ofreciendo la posibilidad de reorganizar las empresas en el seno de los grupos societarios.

Todo esto se vio reflejado en las regulaciones propuestas a nivel nacional en la truncada ley
24.032, de 1987, en los dos proyectos de unificación de los Códigos Civil y Comercial del año
1993, en el proyecto del año 1998 y en los de reforma de la Ley de Sociedades de los años
2002 y 2005.

Fue adoptada, también, por el Anteproyecto de Unificación de los Códigos Civil y Comercial del
año 2012, el que fuera modificado en el ámbito del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
de la Nación, donde se introdujeron las reformas finalmente sancionadas mediante ley 26.994,
en el año 2014 (29).

El resultado de todo ese proceso fue la introducción de la unipersonalidad como alternativa de


organización jurídica para el desarrollo de la actividad empresarial con los alcances y límites
que a continuación se indican.
IV. Aspectos específicos de la regulación de la sociedad anónima unipersonal (SAU) en
Argentina

El de la SA es el único tipo que adopta para sí en forma plena —esto es, tanto originaria como
derivada— la unipersonalidad como modalidad de integración societaria.

Es esa inteligencia, el legislador estableció lo siguiente:

a) La SU sólo se puede constituir bajo el tipo SA (art. 1º, LGS).

b) Halla encuadre tipológico en el art. 299, LGS (concretamente en el inc. 7º).

c) Consecuentemente, la SU sólo puede ser constituida por instrumento público y por acto
único (art. 165 LGS).

d) La denominación social debe contener la expresión "sociedad anónima unipersonal" o su


abreviatura SAU (30).

e) La SAU no puede ser constituida por otra SU (art. 1º LGS). De este modo, queda prohibida la
constitución escalonada en este único supuesto, al menos en forma directa (31). No obstante
ello, nada empece a que una misma sociedad anónima (no unipersonal) tenga una o varias
sociedades unipersonales, al no haber impedimento para que una persona humana o una
jurídica puedan ser accionistas únicos de varias sociedades unipersonales, siempre —claro está
— que cumplan con los recaudos legales (32).

f) En el caso de la SAU, el capital —no inferior a $ 100.000— debe ser integrado totalmente en
el acto constitutivo (art. 186 LGS).

g) La reducción a uno del número de socios de las sociedades anónimas inicialmente plurales,
no conforma una causal de disolución, sino que sólo deben cumplir con la exigencia de: i)
adecuar la denominación social a la exigencia del art. 164 LGS y, ii) cumplir por el régimen
impuesto por el ya mencionado art. 299 LGS, de fiscalización estatal permanente, al cual
quedan sometidas, debiendo contar con sindicatura plural integrada con número impar, con
un mínimo de tres integrantes y un directorio plural con un mínimo de tres directores (art.
255, párr. 2º, y 284, párr. 2º, LGS).

h) En la hipótesis de que durante el plazo de vigencia el número de socios quedase reducido a


uno en la "sociedad en comandita simple", en la "sociedad en comandita por acciones" y en la
"sociedad de capital e industria", y no se decidiera disolverla, transformarla o recomponer la
pluralidad de socios en el término de tres meses, quedarán transformadas de pleno derecho
en una SAU.

Corresponde señalar que en la SAU desaparece el concepto de interés social distinto al del
socio único, ya que parece difícil que los intereses del accionista y los de la sociedad
unipersonal puedan diferir (33). De ello se deslizan dos conclusiones: i) toda vez que la
contemplación del interés social se encauza en la medida en que exista un conflicto de
intereses en el ámbito interno del órgano de gobierno de la sociedad, cabe colegir que sin
pluralidad preexistente, la hipótesis de conflicto desaparece en la sociedad de constitución
unipersonal, y ii) a lo anterior se debe adicionar que la existencia de interés social requiere el
presupuesto de affectio societatis como elemento constituyente; pero ésta se halla ausente en
la SAU (34).

Así como se debe celebrar que en este campo se colocaron ciertos contrapesos y seguridades a
la figura de la sociedad unipersonal, también se deben señalar serias falencias:

a) Se omitió incluir a la SRL como tipo viable para constituir en forma originaria una SU, pese a
que —como es sabido— dicho tipo garantiza una mayor transparencia en la actuación del ente
y en la relación con los terceros, dado que el cambio del único socio importa la modificación
del contrato social y requiere publicación e inscripción en el Registro Público, lo que no
acontece con la SA (35).

En efecto: el régimen diseñado diluye todo lo bueno que podía deparar la unipersonalidad
(reitero: de constitución originaria) para pymes y microemprendimientos (36); en rigor, para
potenciar su desarrollo a través de la creación de un nuevo instrumento jurídico para actuar en
el mercado y limitar la responsabilidad al aporte (37).

Desde la regulación actual, la SAU es útil especialmente —conforme antes se señalara— para
la instalación de filiales de grupos económicos (v.gr., de multinacionales); sin embargo, no
debe perderse de vista que ésta es una segunda finalidad enmarcada en la funcionalidad
bipolar de la sociedad unipersonal, mas no la fundamental (38).

b) Si bien parece acertada la exigencia de que la SAU —sea ya de constitución originaria o


derivada— cuente con un régimen de fiscalización interna, como lo es la sindicatura, lo cierto
es que el hecho de no haberla comprendido en las excepciones del art. 299 a la exigencia de la
sindicatura colegiada —como lo hace el inc. 2º, en los casos en que la inclusión de la SA en el
299 LGS, se deba al monto del capital social, supuestos en los cuales la sindicatura puede ser
individual (cfr. art. 284, párr. 2º, LGS)—, coloca una obligación, gravosa en exceso, en cabeza
de dicha sociedad.

V. La SRL y la sociedad colectiva devenidas en unipersonales

Llegados a este punto, cabe manifestar que, conforme se adelantara, en las situaciones de
unipersonalidad derivada, se contempla la transformación de pleno derecho en SAU sólo
respecto de los tipos de sociedades en comandita simple, en comandita por acciones y de
capital e industria, obviándose —sin embargo— en el detalle a las sociedades colectivas y a las
SRL, entidades —estas— que, tomando como referencia la ley societaria, no se disuelven en
caso de ver reducido a uno el número de socios (39).

Ello, en virtud del juego armónico de los arts. 1º y 94 bis LGS, sumado a la desaparición del
antiguo inc. 8º del art. 94.

Esta realidad normativa obliga a reparar, sin embargo, en que el legislador nada dice en forma
específica respecto de cuál es la suerte de la sociedad colectiva y de la SRL constituidas
originariamente en forma pluripersonal (40), en las que luego se verifica la situación
sobreviniente de reducción a uno del número de sus socios.

Cuatro soluciones se han esbozado a los fines de intentar resolver dicha cuestión:
a) La primera sostiene, con base en distintos argumentos que habrán de examinarse infra (a
los que habrá de agregarse algún otro de interés) que el juego armónico de las normas
contempladas en la LGS permite concluir que las sociedades colectivas y de responsabilidad
limitada devenidas unipersonales continúan su vida jurídica regidas por las normas propias del
tipo y por su contrato social, en forma inalterada e ininterrumpida (41).

b) La segunda postula que dichas sociedades se disuelven con motivo, no de lo normado en la


LGS, sino de lo prescripto por el art. 163, inc. g), del Código Civil y Comercial, donde se
establece que "la persona jurídica se disuelve por:... la reducción a uno del número de
miembros, si la ley especial exige pluralidad de ellos y ésta no es restablecida dentro de los
tres meses" (42).

c) La tercera consiste en hacer ingresar, tanto a la SRL como la sociedad colectiva que vean
reducido a uno el número de sus socios, al segmento de las sociedades de la nueva Sección IV;
esto es, pasan a ser consideradas sociedades "subsanables", "simples", "informales",
"residuales" o "libres" (sea cual fuere la denominación que se prefiera emplear) (43).

d) La cuarta —y última— alternativa predica que tales sociedades se transformen, por


voluntad de su único socio, en una SAU, mediante el sistema clásico de transformación del art.
74 y ss. LGS. La Inspección General de Justicia —que reguló lo concerniente a la sociedad
unipersonal entre los arts. 195 y 205 de la Resolución General 07/2015 (que reemplazó a la
anterior 07/2005)— tomó partido parcialmente por esta tesitura (44).

En efecto: estableció dicho organismo que dentro de los tres meses en que se verificase la
situación de reducción a uno el número de socios, los tipos sociales alcanzados (la SRL y la
sociedad colectiva) deben resolver: i) su transformación voluntaria como sociedad anónima
unipersonal, o ii) su disolución y nombramiento de liquidador (45).

La norma resulta hasta cierto punto inconsistente desde el plano de la lógica jurídica: no
enuncia que la sociedad queda disuelta directamente, no menciona que no continúe siendo
una sociedad colectiva o de responsabilidad limitada que funciona de acuerdo a las reglas del
tipo, ni afirma tampoco que es una sociedad subsanable, porque el organismo debe reconocer
que ese régimen se aplica sólo a sociedades que en el período de su constitución no han
cumplido con todos los recaudos substanciales y formales para ser sociedades de los tipos del
Capítulo II (y jamás a sociedades que fueron regularmente constituidas conforme a éstos) (46).

Nada obsta a cubrir con un manto de dudas la presunta legalidad de lo aquí dispuesto por el
organismo registral, quien se arroga facultades de orden legislativo de las que —como es
sabido— carece. Va de suyo que si un organismo de la Administración Pública no tiene
competencia para establecer incapacidades, y menos de derecho —ya sea en forma particular
como general—, tampoco puede definir la transformación o extinción inconsulta de una
persona jurídica por una causal no prevista legalmente. Habrá que aguardar qué define la
Justicia frente a algún planteo concreto que un interesado pudiese formular a este respecto.

Como fuere, es Manóvil quien —con reconocida autoridad intelectual en la materia— brinda la
más solvente de las soluciones, cual es la primera de las señaladas precedentemente, a la que
cabe agregar un argumento que refuerza su tesitura.
Refiere que:

a) En primer término, la letra del art. 94 bis LGS, dispone, al margen de toda posible distorsión
de su contenido, que "la reducción a uno del número de socios no es causal de disolución". Ello
invierte por completo la solución del derogado inc. 8º del art. 94. Ninguna sociedad se
disuelve, en consecuencia, por la reducción a uno del número de socios (de lo que también da
cuenta el actual art. 93 LGS, que remite, en su sección final, al 94 bis).

b)La definición de sociedad contenida en el art. 1º LGS ("habrá sociedad si una o más
personas...") es nítida al establecer que aun con un solo socio una estructura jurídica que tuvo
pluralidad de socios, sigue siendo sociedad cuando queda un solo socio.

c) No resultan aplicables las normas sobre disolución contenidas en el art. 163 del Código Civil
y Comercial de la Nación, como consecuencia de la remisión que efectúa el art. 150 de ese
mismo cuerpo normativo, donde se dispone —al aludir al orden de prelación normativo— que
es la ley especial (en el caso, la LGS) la que tiene prioridad en la especie (47).

d) La no disolución de la sociedad colectiva o de responsabilidad limitada devenida unipersonal


se condice con lo que surge de otra regla interpretativa del art. 2º del código de fondo, que
manda tener en cuenta "los principios y los valores jurídicos, de modo coherente con todo el
ordenamiento", de entre los cuales —obvio es señalarlo— priman los específicos del
ordenamiento societario, a saber, el principio de "conservación de la empresa" claramente
establecido en el art. 100 LGS.

e) Encontrándose acreditado que la sociedad colectiva o de responsabilidad limitada en ningún


caso se disuelve, cabe desestimar los intentos de fijar soluciones distintas a la única que surge
del régimen legal, que es la continuidad inalterada de la personalidad societaria. Así, en primer
lugar, la de que se transforme, de pleno derecho o no, en sociedad anónima unipersonal. Esa
prescripción está únicamente prevista en el art. 94 bis LGS, para las sociedades en comandita,
simple o por acciones, y las de capital e industria, porque la tipología de éstas exige dos
categorías distintas de socios (comanditado y comanditario, en las dos primeras, y capitalista e
industrial, en la tercera).

f) La tesis de que la colectiva o de responsabilidad limitada quedaría incluida en la Sección IV


del Capítulo I de la LGS tropieza con el inconveniente, derivado de la letra de la ley y de lo
dicho por la doctrina respecto de las normas que se sustituyen: las disposiciones de esta
sección se aplican exclusivamente a la etapa genética de constitución de la sociedad, nunca a
situaciones sobrevinientes. Prueba de ello es que el título de la Sección IV es "De las
sociedades no constituidas según los tipos del Capítulo II y otros supuestos". Se hace hincapié
en la constitución, lo mismo que en el art. 21, que incluye en el régimen a "la sociedad que no
se constituya con sujeción a los tipos del Capítulo II, que omita requisitos esenciales o que
incumpla con las formalidades exigidas por esta ley". Formalidades que —vale destacarlo—
tienen que ver exclusivamente con el nacimiento de la entidad no regular y no con una
sociedad que ya se encuentra girando en el mercado como sociedad regularmente inscripta
(48). Sostener lo contrario implicaría aceptar una interpretación distorsionante y antifuncional
del plexo normativo alcanzado.
g) Continuando con la idea precedente, cabe afirmar que las características del tipo subsisten
hasta la finalización de la liquidación de la sociedad (art. 101 LGS), sin que importen los
avatares de su existencia, ni siquiera las sanciones de las que puedan hacerse pasibles la
sociedad, los socios, o sus administradores.

h) No es admisible tampoco el argumento fundado en que el segundo párrafo del art. 1º


dispone que "la sociedad unipersonal sólo se podrá constituir como sociedad anónima" y que
tal interdicción (o limitación emergente del adverbio "sólo") se extendería a la noción de
"existir", o "continuar". Se pretende sostenerlo sobre la base analógica de la interpretación
jurisprudencial y doctrinaria del art. 123 LGS, que establece que "para constituir sociedad en la
República (refiriéndose a las sociedades constituidas en el extranjero), deberán previamente
acreditar ante el juez de registro..." (49). Sin embargo no hay analogía posible. Los criterios
interpretativos de esa norma (el art. 123) responden, en primer término, a que su propósito es
imponer una registración de las sociedades constituidas en el extranjero que participan en la
actividad económica del país a través de su participación en una sociedad local. Se trata de una
cuestión de publicidad registral en interés de quienes participan del tráfico en Argentina. No
obstante, en el caso del art. 1º LGS, se trata de una incapacidad de derecho, del mismo tipo y
naturaleza que la del art. 30 LGS, hartamente estudiado en su versión original, con idéntica
proyección sobre su nuevo texto. Las incapacidades de derecho son de aplicación restrictiva,
como lo tiene dicho en forma unánime la jurisprudencia y la doctrina. Por ende, el argumento
del art. 123 LGS, no resulta aceptable en la especie (50).

A las precedentes consideraciones cabe agregar, finalmente, una más, de índole estrictamente
etimológica.

Tal como se manifestó, el art. 1º dispone que "la sociedad unipersonal sólo se podrá constituir
como sociedad anónima". El término "constituir" (del latín constituere) es definido por el
Diccionario de la Real Academia Española, en su segunda acepción —que es la aplicable a la
materia— de la siguiente manera: "Establecer, erigir, fundar" (51).

Dichos vocablos aluden, nítidamente a situaciones originarias, en la que algo (o alguien) es


"establecido", es "erigido", es "fundado", no reconociendo ontológicamente —por ende— una
existencia anterior. Es obvio que el legislador se ha referido a ese acto —al de la constitución
de la entidad— y no a la participación no originaria.

Diferente es, por cierto, la situación de las SRL y de las sociedades colectivas de constitución
primigeniamente plural, que luego, en el devenir del tiempo adquieren el estado de
unipersonales.

Son sociedades que nacen al mundo como sociedades de constitución plural. Ergo, no se
establecen originariamente como sociedades unipersonales (situación que el artículo
comentado reserva exclusivamente para el tipo SA), sino que mutan ese elemento
posteriormente. Esto último —reitero— no está vedado por la LGS sino, todo lo contrario: está
permitido, conforme surge de una armónica e integral hermenéutica del sistema normativo
societario vigente, particularmente de lo prescripto en los arts. 1º, 21, 93, 94 bis y 100 LGS.
Lo aquí afirmado no es menor. Implica el reconocimiento implícito efectuado por la ley de la
unipersonalidad societaria sobreviniente para los tipos "SRL" y "sociedad colectiva" —no
incluidos en el art. 94 bis—, más allá de los supuestos de unipersonalidad expresamente
pautados respecto de la SA.

Sólo de este modo es posible vislumbrar la coherencia del nuevo sistema societario, pensado
para los tiempos actuales, más allá de la crítica que pueda hacerse a la técnica legislativa
utilizada y de las limitaciones que ésta conlleva.

Indudablemente la sociedad colectiva devenida en unipersonal no tendrá auge en el mercado.


Ni siquiera, hoy por hoy lo tiene la pluripersonal, al tratarse de un tipo societario en vías
extinción (52).

Pero otra es la realidad de la SRL con unipersonalidad sobreviniente. Nadie desconoce la


importancia de este tipo societario en la realidad jurídico económico argentina,
particularmente en la esfera de las pymes.

La ventaja para los terceros —y en esto el nivel de publicidad es muy superior al existente
respecto de la SA— es la de que el cambio de situación de pluralidad de socios a único socio
importa en la SRL la modificación del contrato social y requiere, necesariamente, publicación e
inscripción en el Registro Público (cfr. art. 152 LGS). Esto no ocurre en la SA, donde, como es
sabido, el staff de socios es llevado internamente en un registro de accionistas (cfr. art. 213
LGS).

A ello se adiciona otra particularidad no menor: la SRL devenida unipersonal no quedará


alcanzada por lo previsto para la SA unipersonal en el art. 299, inc. 7º, LGS. Es decir, no
quedará sujeta a control estatal permanente ni tendrá la obligación de contar con una
sindicatura plural ni individual, con las siguientes excepciones: i) que en el estatuto social se
hubiese previsto la existencia de la sindicatura, y ii) que la SRL quedase comprendida en el
supuesto del inc. 2º del art. 299 LGS. (53)

Finalmente, corresponde señalar que la unipersonalidad así planteada permitirá acelerar la


adaptación del comercio y la industria a distintas realidades estructurales, promoviendo un
ambiente favorable a la continuación de las iniciativas empresariales a nivel nacional e, incluso,
internacional. A mero título ilustrativo recuérdese que la aceptación amplia de la SU en el
ámbito internacional —principalmente en Europa— dio cuenta de la existencia cierta de
beneficios concretos, corroborados en el crecimiento de las pymes (con la consiguiente
generación de empleos) y el desarrollo de los grupos económicos, merced a la reducción de
costos que trae aparejada la inserción de la modalidad bajo estudio (54).

VI. Conclusiones

Lo hasta aquí esbozado habilita a colegir que el actual orden societario argentino recepta la
unipersonalidad originaria, únicamente respecto del tipo SA, que pasa, consiguientemente, a
denominarse SAU.

No ocurre lo mismo, sin embargo, con los supuestos de unipersonalidad derivada.


Una correcta interpretación del sistema normativo especial, permite tener por comprendidos
bajo dicha modalidad tanto a la SA, como a la SRL y a la sociedad colectiva, con la siguiente
salvedad: sólo en la SAU será obligatoria la sindicatura plural integrada con número impar, con
un mínimo de tres integrantes y un directorio plural con un mínimo de tres directores, con
motivo de lo prescripto por el inc. 7º del art. 299 de la LGS (de relación inmediata con lo
previsto por los arts. 255, párr. 2º, y 284, párr. 2º, LGS).

Ello apareja, una notable reducción de costos relativos al mantenimiento de la estructura


orgánica de una sociedad colectiva o de una SRL devenidas unipersonales, que —en esta
suerte— se erigirán en herramientas de trascendental importancia (en particular en el
supuesto de la SRL) para la continuidad del desarrollo de las pymes, explotadas —hasta el
momento en que se constata la reducción a uno del número de socios de la sociedad— por
una sociedad de constitución pluripersonal.

El art. 100 LGS es claro a ese respecto: la subsistencia de la sociedad y, por ende, del
emprendimiento continuado por el socio único, se erige en principio rector de la materia. Es
que, tal como atinadamente se ha dicho, la ley no puede ser interpretada en el sentido de
forzar la extinción de una actividad productiva porque ello repugnaría también a "los principios
y los valores jurídicos" y a la interpretación hecha "de modo coherente con todo el
ordenamiento" (art. 2º CCyC) (55).

Restará, pues, que los operadores del mercado utilicen eficientemente este nuevo recurso
societario que —en sus distintas variantes— la técnica jurídica provee para la evolución de la
empresa y, con ello, de la sociedad toda.

(1) Al desaparecer la regulación del contrato de sociedad civil (inexistente en el nuevo Código
Civil y Comercial de la Nación) los únicos contratos de sociedades posibles en la actualidad son
los comerciales. Mas al haber dejado de existir los primeros, la acotación de contrato de
sociedad "comercial" deviene innecesaria, debiendo —pues— aludirse únicamente al
"contrato de sociedad". He allí la razón de ser del renombramiento de la "Ley de Sociedades
Comerciales" como "Ley General de Sociedades".

(2) Que requería la "sociedad comercial" fuese conformada por "dos o más personas".

(3) Véase Curá, José María, "Breve estudio de la ley 20.705 — Sociedades del Estado", RDCO,
nro. 105, 1985, p. 277.

(4) Cfr. García Villalonga, Julio César, "Las sociedades de capital y su organización unipersonal",
RADE (Revista Argentina de Derecho Empresario), nro. 2, Universidad Austral, Ad Hoc, Buenos
Aires, 2005, ps. 60/63.

(5) Recuérdese que la "sociedad de cómodo" es aquella en la que se simula la pluralidad de


socios, cuando en los hechos es sólo uno el que aporta el capital y lleva adelante el
emprendimiento.

(6) Planteos de esa índole fueron, incluso, materia de estudio en los estrados judiciales, donde
en el caso particular de la causa "Fracchia Raymond SRL", la sala E de la Cámara Comercial
dispuso, el 3/5/2005, confirmar lo resuelto en la resolución administrativa de la IGJ, al señalar
que —bajo la anterior redacción del art. 1º LGS—, la pluralidad constitutiva de la sociedad
distaba de ser una exigencia formal de la ley, por tratarse, conforme surgía de la "exposición
de motivos" de dicha normativa, de un requisito esencial.

(7) Lo cual, tal como se analizará, resulta sumamente criticable, al haber excluido la extensión
de la unipersonalidad al tipo SRL, al que fluidamente se recurre en la explotación de las pymes.

(8) Véase a este respecto, Manóvil, Rafael M., "Algunas de las reformas al régimen societario
en el Proyecto del nuevo Código Civil y Comercial", LL, 2012-F, 1334 y ss.

(9) Fargosi, Horacio P., "Apuntes sobre las sociedades unipersonales", Revista de Derecho
Comercial, del Consumidor y de la Empresa, año III, nro. 5, octubre 2012, p. 120.

(10) Bonelli, "A propósito de la sociedad con un solo socio", en Rivista di Diritto Commerciali e
del Dirirro Generale delle Obbligazioni, 1912, t. I, p. 257, citado por Richard, Efraín H., "La
sociedad unipersonal", en Código Civil y Comercial de la Nación, Suplemento Especial,
Aspectos Tributarios, Comerciales, Empresariales y Contables, Erreius, Buenos Aires, 2015, p.
77, www.acaderc.org.ar/doctrina/la-sociedadunipersonal/at_download/ file. A este respecto,
calificada doctrina propone desde antaño que la alternativa dentro del derecho societario sería
la de redefinir la categoría de contrato, o ubicar la sociedad fuera de los contratos. Le Pera,
Sergio, Cuestiones de Derecho Comercial Moderno, Astrea, Buenos Aires, 1975.

(11) Véase CURÁ, José María, "Breve estudio de la ley 20.705 - Sociedades del Estado", RDCO,
nro. 105, 1985, p. 277.

(12) Fargosi, Horacio P., "Apuntes sobre las sociedades unipersonales", cit., p. 121.

(13) Cfr. García Muñoz, José A., Derecho económico de los contratos, Ediciones Librerías del
Profesional, Universidad de La Sabana, Bogotá, 2001, p. 63, citado por Taliercio, Christian, en el
comentario al art. 320, en Curá, José María (dir.) — García Villalonga, Julio César (comp.) —
López Cerviño, José Luis (coord.), Código Civil y Comercial comentado, orientado a contadores,
t. I, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 647.

(14) Repárese, a ese respecto que, tal como sostiene calificada doctrina "si no hay forma
alguna de producción o intercambio de bienes y servicios destinados al mercado por los que la
sociedad obtenga una contraprestación, será imposible que se obtengan utilidades",
fundamentales en la otrora sociedad civil. Cfr. Manovil, Rafael, "Las sociedades de la Sección IV
del proyecto del Código", LL 2010-F, 758 y ss. En contra, Vítolo, Daniel, "Las sociedades civiles,
irregulares y de hecho en el proyecto de Código", LL del 6/8/2012, apart. IV, punto b), en el
que califica como "diferencia no menor" a este aspecto de las distinciones de redacción entre
el art. 1648, Código Civil —derogado— y el art. 1º de la hoy LGS.

(15) Cfr. García Villalonga, Julio César, en Curá, José María — García Villalonga, Julio César
(dirs.), Derecho Privado. Sociedades y otras formas jurídicas de la empresa, La Ley, Buenos
Aires, 2015, p. 223.

(16) Adviértase, sobre esta temática que la Comisión redactora del proyecto de Unificación
Civil y Comercial "la idea central" de la inclusión de las sociedades anónimas unipersonales "no
es la limitación de responsabilidad, sino permitir la organización de patrimonios con empresa
—objeto—, en beneficio de los acreedores de la empresa individual de un sujeto con actividad
empresarial múltiple. En esto se han seguido, con alguna innovación, los lineamientos de
anteriores proyectos de unificación y la línea general propiciada por la doctrina. La Comisión
consideró conveniente dejar esta norma en el ámbito societario y no incluirla como norma
general en materia de personas jurídicas, como también se propuso. La razón fundamental es
que se trata de un fenómeno" esencialmente "societario y no se da en las asociaciones,
fundaciones u otras personas jurídicas privadas que no son sociedades".

(17) Decía Borda hace más de cincuenta años que "es falso concebir el patrimonio como un
atributo de la personalidad y sostener que toda persona debe necesariamente tener uno... es
asimismo falso e inútil concebir al patrimonio como una universalidad de derecho, es decir
como una unidad abstracta con existencia propia e independiente de cada uno de los objetos
que lo componen. Un patrimonio sin contenido, concebido a través de la unidad del sujeto, es
una idea sin sentido ni realidad. Si no hay activo, si no hay derechos, no hay patrimonio. Éste
debe concebirse como un complejo concreto de derechos...". Borda, Guillermo A., Manual de
Derecho Civil — Parte General, Buenos Aires, 1961, p. 321.

(18) Cfr. Vítolo, Daniel R., Reformas a la Ley General de Sociedades, t. I, Rubinzal Culzoni, Santa
Fe, 2015, ps. 70/71.

(19) Cfr. Richard, Efraín H., "En torno a la sociedad unipersonal", en V Congreso de Derecho
Societario y de la Empresa, t. II, Advocatus, Córdoba, 1992, p. 273.

(20) Regulada entre los arts. 338 y 342, CCyC.

(21) Cfr. Rivera, Julio César, "Las sociedades como instrumento para el fraccionamiento del
patrimonio", Suplemento Especial, Sociedades Comerciales, 2004 (diciembre), p. 117; Derecho
Comercial, Sociedades — Doctrinas Esenciales, t. II, ps. 295 y ss.

(22) A mayor abundamiento, es dable profundizar en esta temática en García Villalonga, Julio
César, "Las sociedades de capital...", cit., ps. 13-134.

(23) Alemania (1980), Bélgica (1987), Dinamarca (1973), España (1995), Francia (1985),
Holanda (1987), Irlanda (1992), Italia (1993), Lietchtenstein, (1926), Luxemburgo (1992),
Portugal (1986), Reino Unido (1992), San Marino (1990) y más recientemente Austria, Chipre,
Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia,
República Checa y Suecia (a partir de su incorporación en la UE). Cfr. Sirotti Gaudenzi, Andrea,
La società unipersonale nel sistema europeo delle imprese, Sistema Editoriali, Napoli, 2003.

(24) La Directiva I del Consejo de la entonces CEE (Directiva 68/151) es el primer precedente
comunitario de la admisión de la sociedad de un solo socio. Dicha directiva del 9 de marzo de
1968, propugna la uniformidad de garantías que deben existir en los Estados miembros para
proteger los intereses de los socios y de los terceros relacionados a la sociedad comercial. El
art. 11.2, en particular, deja abierta la posibilidad de que las legislaciones nacionales no
demanden pluralidad de socios en el momento de constitución de la sociedad. Cfr. Sirotti
Gaudenzi, Andrea, La società unipersonale..., cit., p. 51; cfr. Piaggi, Ana Isabel, Estudios sobre la
sociedad unipersonal, Depalma, Buenos Aires, 1997, p. 160; García Villalonga, Julio César, "Las
sociedades de capital...", cit., ps. 79 y ss.

(25) Tales como Noruega (1967) y más recientemente Suiza (con la incorporación de la GmbH).

(26) En Sudamérica: Brasil (1976), Chile (2003), Colombia (1971 —que acogió la empresa
unipersonal— y 2008 —que receptó la sociedad anónima simplificada—), Paraguay (1983),
Perú (1976) y Venezuela (2003). En Centroamérica: Costa Rica (1961), El Salvador (1970),
Panamá (1966) y recientemente República Dominicana. García Villalonga, Julio César, "Las
sociedades de capital...", cit., ps. 64 y ss. Cfr. Marzoratti, Osvaldo, "La sociedad unipersonal, la
corporación y la legislación comparada", LL 2015-A, 892.

(27) El patrimonio separado viene concebido como una masa que pertenece a un patrimonio
personal, pero que se entiende independizada de éste, por estar legalmente destinada a un fin
específico y determinado. La doctrina destaca que la idea del patrimonio especial se vincula al
fin que él persigue —por lo que suele hablarse de patrimonio afectado a un fin o "patrimonio
de afectación"—, el cual es específico y generalmente determinado por la ley que crea el
patrimonio especial. Y los bienes que integran el patrimonio especial son los que forman parte
de él originariamente, los frutos y los que ingresan por subrogación real. Rivera, Julio César,
"Las sociedades como instrumento...", cit.

(28) Cfr. Marzoratti, Osvaldo, "La sociedad unipersonal...", cit.

(29) Véase García Villalonga, Julio César, Derecho Privado..., cit., ps. 225 y ss.

(30) El legislador suprimió —por motivos que se desconocen— el segundo párrafo del art. 164,
LGS, que disponía que si se omitiere "colocar esa mención, ello hará responsables ilimitada y
solidariamente a los representantes de la sociedad juntamente con ésta, por los actos que
celebren en esas condiciones". En la actualidad, trátase pues de una obligación sin sanción.

(31) Se halla, en cambio en dudas si una SAU puede participar de otra SAU en forma indirecta.
En efecto: la LGS no resuelve el tema de la participación indirecta, esto es, que una SAU que
sea controlante de otra SA de constitución plural, que a su vez sea la única socia de otra SAU.
El tópico podría quedar alcanzado por lo impuesto por el art. 33, LGS, que regula el instituto
del "control societario". Esta norma no sólo califica la existencia de dicho control en forma
directa, sino también "por intermedio de otra sociedad a su vez controlada" (art. 33, párr. 1º,
LGS). También lo profundiza la ley en las participaciones recíprocas al referir a las personas
interpuestas (art. 32, LGS). Por ello se comparte cierta doctrina que sostiene que "teniendo en
cuenta los fines que la ley procuró con dicha prohibición y que los efectos no queridos por la
ley también podrían lograrse con la participación indirecta, parece razonable que en el
esquema de participaciones societarias no sería aconsejable que una sociedad unipersonal
participe indirectamente (a través del control de otra sociedad) en otra sociedad anónima
unipersonal". Cfr. Molina Sandoval, Carlos, "Sociedades Anónimas Unipersonales", LL 2014-F,
1209 — Enfoques 2015 (febrero), 23/2/2015, 109).

(32) En la SAU, el control "total" se presume por la tenencia de todas las participaciones
societarias por el único socio. Cfr. Le Pera, Sergio, "Sociedades unipersonales y subsidiarias
totalmente controladas", RDCO, 1972, p. 22.
(33) Más allá de las controversias que pueda despertar su tratamiento, no se coincide con
quienes encuentran atisbos de interés social en la SAU justificando su presencia
exclusivamente en la protección del interés de los acreedores (tal el caso de Moro, Emilio, "La
sociedad unipersonal: diseño normativo en la ley 26.994 y principales situaciones
problemáticas que puede dar lugar su actuación", RCCyC 2015 [octubre], 78). Sostiene Manóvil
que "el interés social...es la garantía de protección a los socios que resguarda la esencia de la
causa fin de la sociedad y del vínculo de aquellos con ésta. Pero así como es fundamental en la
relación societaria interna, no tiene alcances que superen esa específica protección. Los
terceros no encuentran el resguardo de sus intereses en los mismos principios. Por ello,
aunque variadas normas de los derechos nacional y extranjero utilizan la expresión interés
social —o sus equivalentes— para referirse tanto al debido resguardo de los socios como al de
los acreedores, lo hacen apuntando a aspectos diversos en su esencia... Cuando se habla de
socios y de la relación societaria interna, el interés social es disponible para ellos... en el seno
de la sociedad el principio del interés social puede ser dejado de lado en cuantas ocasiones los
socios (todos, no la mayoría de ellos) así lo dispongan". Ergo, el interés social —en sentido
estricto— fue introducido por el legislador para la protección de los socios y al resguardo de la
causa-fin de la sociedad comercial. Manóvil, Rafael M., Grupo de sociedades en el derecho
comparado, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1999, p. 574. Cfr. García Villalonga, Julio César, "Las
sociedades de capital...", cit., ps. 20, 21.

(34) Cfr. García Villalonga, Julio César, "Las sociedades de capital...", cit., p. 21.

(35) Conforme al art. 152, in fine, LGS, en la SRL, "la transmisión de las cuotas es oponible a los
terceros desde su inscripción en el Registro Público...". Véase también Vítolo, Daniel R., Las
reformas a la ley 19.550 de Sociedades Comerciales en el Proyecto del Código Civil y Comercial
de la Nación, Ad Hoc, Buenos Aires, 2012, p. 59.

(36) Es claro que las exigencias legales actuales para la constitución de la SAU no está pensada
para la mayoría de las empresas, de las cuales gran parte son empresas familiares. Por ello,
difícilmente sea una estructura societaria que se emplee asiduamente en las organizaciones y
programaciones de patrimonios y empresas familiares. Cfr. Molina Sandoval, Carlos,
"Programación patrimonial de la empresa familiar", LL, diario del 8/19/2015.

(37) Compartiendo esta crítica, Moro, Emilio, "La sociedad unipersonal: diseño...", cit.; Vítolo,
Daniel R., "Desacertada regulación de la sociedad unipersonal en el Proyecto de Reforma de la
ley 19.550 (Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación)", en XII Congreso Argentino de
Derecho Societario y VIII Congreso Iberoamericano de Derecho Societario y de la Empresa, t. I,
UADE, Buenos Aires, 2013, p. 334; Balbín, Sebastián, "La reforma de la Ley de Sociedades
Comerciales 19.550 por la ley 26.994 de Reforma y Unificación del Código Civil y Comercial de
la Nación", en Rivera, Julio César — Medina, Graciela, Código Civil y Comercial de la Nación
comentado, t. V, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 1014; Cfr. Cura, José M. — García Villalonga,
Julio, "Apuntes en torno de las principales modificaciones propuestas a la Ley de Sociedades
Comerciales en el Proyecto de Unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación",
Revista Jurídica UCES, nro. 17, septiembre 2013, p. 187.
(38) Como bien lo pusiera de relieve la Duodécima Directiva de la UE que, en 1989, abriera las
puertas a esta figura para las naciones de la entonces Comunidad Económica Europea (hoy
Unión Europea).

(39) Véase a este respecto, Manóvil, Rafael M., "Algunas de las reformas...", cit.; Escuti, Ignacio
A. — Escuti Angonoa, Verónica — Capdevila, Tomás, "La SRL unipersonal en la Ley General de
Sociedades y la necesidad de la reforma integral del tipo social", RCCyC, 2015 (octubre), 61.

(40) Pues, tal como se aseveró, el único tipo societario para el cual la ley admite la constitución
unipersonal originaria es el de la SA.

(41) Sostenida por Rafael M. Manóvil.

(42) Enunciada por Nissen, Ricardo A., "Estudios sobre el Código Civil y Comercial de la Nación.
Las personas jurídicas", ED del 7/7/2015, nro. 5. Hace suya esta interpretación Perciavalle,
Marcelo, Ley General de Sociedades Comentada, Erreius, Buenos Aires, 2015, ps. 178/179.Sin
embargo, no se comparte dicha hermenéutica pues precisamente en este caso existe una ley
especial (la LGS) que no sólo no sanciona la reducción a uno del número de socios en la SRL y
en la sociedad colectiva sino que, en los casos de duda, predica la subsistencia de la entidad
(art. 100, LGS). Recuérdese que el mencionado Código deja sentado en el art. 150, al fijar el
orden de prelación normativa, que la persona jurídica privada se rige, ante todo, por "las
normas imperativas de la ley especial" y luego, en su defecto, por las del Código. Ergo, de
modo alguno se considera atendible la interpretación formulada supra respecto de la
aplicación lisa y llana del art. 163, inc. g), del Código Civil y Comercial de la Nación a la cuestión
que nos ocupa. A favor de esta interpretación: Manóvil, Rafael M., "Las sociedades devenidas
unipersonales", RCCyC 2015, octubre, ps. 37 y ss.

(43) Apoyada, entre otros, por Daniel Vítolo, Carlos Molina Sandoval y Emilio Moro.

(44) La Resolución en cuestión tiene un plazo de vigencia dividido: desde el 3/8/2015 rige para
todas las modificaciones introducidas por el nuevo Código Civil y Comercial (sociedades
unipersonales, personas jurídicas, procedimiento de subsanación, contratos asociativos, etc.) y
a partir del 2/11/2015, para las restantes modificaciones procedimentales.

(45) Véase art. 203; cfr. Martínez, Silvina, "Sobre la nueva Sociedad Unipersonal y su
regulación por la Inspección General de Justicia", 28/10/2015, elDial.com — DC201C.

(46) Manóvil, Rafael M., "Las sociedades devenidas unipersonales", cit.

(47) Véase explicación en nota 41.

(48) Cfr. Zaldívar — Manóvil — Ragazzi — Rovira, Cuadernos de Derecho Societario, Abeledo
Perrot, vol. IV, 1ª reimpr., Buenos Aires, 1978, ps. 298/299; Roitman, Horacio, Ley de
Sociedades Comerciales. Comentada y anotada, t. I, La Ley, Buenos Aires, 2006, ps. 377 y ss.

(49) Véase Haggi, Graciela — Nissen, Ricardo A., "Necesarias modificaciones en materia de
sociedades unipersonales", en Las Reformas al Derecho Comercial en el Proyecto del Código
Civil y Comercial de la Nación — I Congreso Nacional de Análisis y Debate sobre el Proyecto,
Legis, Buenos Aires, 2012, p. 266.
(50) Manóvil, Rafael M. "Las sociedades devenidas unipersonales", cit.

(51) http://dle.rae.es/?w=constituir&o=h.

(52) Recuérdese que el socio único tendrá en este tipo responsabilidad ilimitada, solidaria y
subsidiaria. Es decir, sólo cuenta con el beneficio de excusión, de manera que previamente a
cobrarse de su patrimonio personal, los acreedores de la sociedad deben ejecutar primero el
patrimonio social.

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