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Declaración de Oscar Bacigalupo en Investigación

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Oscar Eusebio Bacigalupo se negó a prestar declaración indagatoria en la

oportunidad prevista en el art. 378 del código Procesal Penal de la Nación,


dándose lectura a la volcada a fs. 39.761/39.772.

En la declaración brindada el 24 de julio de 1996 (conf. fs. 39.761/39.772),


Bacigalupo expresó que entre 1987 y 1992 cumplió funciones en la Brigada de
Investigaciones de Quilmes y luego fue trasladado a la Brigada de
Investigaciones II de Lanús, con asiento en la localidad de Avellaneda, donde
hasta fines de 1994 se desempeñó como oficial principal. Aclaró que a ambas
dependencias, con posterioridad a su designación, también fue destinado Juan
José Ribelli, con quien sólo mantuvo una relación funcional.

Agregó que con posterioridad trabajó en la Brigada de Investigaciones de


Quilmes y en la División Sustracción de Automotores de Vicente López.

Bacigalupo indicó que cuando ingresó a la Brigada de Lanús el subcomisario


Leal fue trasladado a otra dependencia, por lo que no tuvieron ningún tipo de
relación. A su vez, aclaró que en aquélla trabajó con Burguete, Arancibia, Huici,
Cruz, Araya, Ibarra y Albarracín, con quienes sólo mantuvo un vínculo
funcional, aunque con los dos últimos también compartió destino en la División
Sustracción de Automotores de Vicente López.

Dijo desconocer al subcomisario Jorge Horacio Rago, al subinspector Daniel


Emilio Quinteros, a Diego Barreda, a Mario Bareiro, al sargento primero
Argentino Gabriel Lasala y al principal Víctor José Chabán. A lo expuesto agregó
que tampoco conocía a una persona llamada Jorge Alberti y negó haber
recibido un llamado de éste cuando trabajaba en la División Sustracción de
Automotores.

El imputado negó tener algún tipo de sobrenombre o apodo, aclarando que sus
conocidos lo llamaban por su nombre o apellido, no respondiendo al apodo
“Baci”. Además, negó conocer a algún otro principal apellidado Bacigalupo que
se hubiera desempeñado en la División Sustracción de Automotores durante
1996.

Explicó que en la Brigada de Lanús cumplió la función de secretario en distintas


causas, sumarios y expedientes que allí tramitaban, como así también realizó
tareas internas de la dependencia. Asimismo, hizo saber que trabajaba todos
los días en forma diurna; en cuanto a los fines de semana, sólo lo hacía si había
mucho trabajo en la dependencia.

También mencionó que la Oficina de Judiciales cualquier dependencia policial


estaba a cargo de un instructor con jerarquía de comisario, siendo Burguete el
comisario en la Brigada de Lanús. Negó haber recibido órdenes del jefe de
operaciones, que hacia el 4 de abril de 1994 era Ribelli. A ello adunó que la
oficina de operaciones se encontraba en la planta alta del inmueble, mientras
que la de judiciales estaba ubicada en la planta baja.

Expuso que con motivo de la investigación de una causa judicial en la que


intervino el Juzgado Criminal y Correccional de Quilmes nº 5, a cargo de la Dra.
Margarita Allaza de Iturburu, fueron conducidos a la dependencia un hombre y
una mujer, apellidados “Teccedin” y Petrucci, respectivamente.

Señaló que, amén de cumplimentarse los recaudos legales en la causa, se


instruyeron actuaciones por averiguación de antecedentes, de las cuales fue
secretario.

Ambas personas, indicó, fueron notificadas del motivo de su detención y para


una correcta identificación se obtuvieron fichas dactiloscópicas, que fueron
remitidas con posterioridad a la División Antecedentes Personales de la Policía
Bonaerense.

No obstante ello, explicó, a través del sistema de informática con que contaba
la repartición, se consultó si “Teccedin” y Petrucci tenían alguna solicitud de
captura o medida privativa de la libertad, obteniéndose resultado negativo.
Agregó que en dichas actuaciones se informó que el rodado en el cual fueron
sorprendidos los nombrados no tenía impedimento legal.

A su vez, indicó que sobre la base de las directivas impartidas por el magistrado
interviniente y por no registrar otro impedimento legal, se dispuso la libertad de
“Teccedin” y Petrucci, como así también la entrega del automotor, con su
documentación y llaves, al primero.

Respecto a las fichas dactiloscópicas, expuso que el “hombre correo” de la


dependencia las entregó en la División Antecedentes Personales de la policía
para su cotejo e identificación. Refirió que días después se recibió de la Sección
Procesados de la Policía Bonaerense un despacho que informaba que tanto
“Teccedin” como Petrucci no registraban antecedentes penales, quedando
identificados en el índice general.

Mencionó que las actuaciones de averiguación de antecedentes quedaron


archivadas en la dependencia, como así también un legajo prontuarial de
Petrucci y “Teccedin”.

El imputado manifestó que en septiembre de 1995 fue llamado por la


superioridad policial para deponer en un sumario administrativo originado por
no haberse remitido las fichas dactiloscópicas de “Teccedin”, en el que se probó
que las fichas fueron recibidas.

Explicó que “Teccedin” y Petrucci ingresaron a la dependencia una tarde,


oportunidad en que se les extrajeron fichas dactilares, que al día siguiente por
la mañana fueron remitidas a la División Antecedentes Personales. Agregó que
para ese entonces los nombrados ya habían recuperado su libertad.

Resaltó que a fs. 112 del expediente administrativo había una constancia de la
que surgía que el correo de la dependencia había salido hacia la División
Antecedentes Personales, con asiento en la ciudad de La Plata, con las fichas de
Petrucci y “Teccedin”; tarea que se realizó conforme al organigrama de trabajo.

Explicó que era posible, si surgía del sistema informático que las personas
detenidas no tenían pedidos de captura vigentes, que la remisión de sus fichas
se hubiera hecho con posterioridad a que recuperaran su libertad.

Además, explicó que era usual comunicar telefónicamente a los familiares la


detención de las personas, aunque en los casos en que no tenían teléfono se
podían enviar radios a otras dependencias jurisdiccionales. En este sentido,
puntualizó que se avisaba a los familiares acerca de la detención, el lugar de
alojamiento, el juzgado interviniente, el delito imputado y que podían llevarle
comida y ropa. Añadió que el detenido podía avisar a un familiar de su
detención desde cualquier teléfono de la dependencia e inclusive desde algún
teléfono celular.

Expuso que, a efectos de averiguar dónde se encontraba una persona, su


familia podía concurrir a la comisaría que por jurisdicción le correspondiera para
solicitar una averiguación de paradero, la que posteriormente era transmitida a
todas las comisarías dependientes de la unidad regional del lugar, o bien
presentar en el juzgado de turno un hábeas corpus.

Con relación al caso de “Teccedin”, quien estaba detenido por averiguación de


antecedentes, pero no incomunicado, señaló que no efectuó ninguna llamada a
los familiares, no descartando que otro funcionario o el nombrado lo hubiesen
hecho. Acotó que no lo autorizó a efectuar comunicación alguna, porque no se
lo solicitó.

Manifestó que “Teccedin” y Petrucci recuperaron su libertad el 5 de abril de


1994, pero negó tener conocimiento de que hubieran entregado a cambio una
suma de dinero, dos rodados y una motocicleta, como así también haber
participado en los hechos que se le imputaban.
Con relación a las fotocopias de las actuaciones de la Brigada de
Investigaciones II de Lanús glosadas a fs. 220/243 de la ex causa 1598, al
hacérsele notar que la declaración de Raúl Edilio Ibarra era distinta de la que
en fotocopia obraba a fs. 132/138 y 198/202 -éstas firmadas por Arancibia y
aquélla suscripta por él- y que diferían los sellos, pero el contenido era el
mismo, Bacigalupo reconoció como propias las firmas insertas en las
actuaciones mencionadas en primer término, observando que el contenido de
las declaraciones que lucían a fs. 229 y 133/134 era el mismo.

Al respecto, indicó que la declaración de fs. 133 se encontraba acumulada a la


causa que tramitaba ante el Juzgado Criminal nº 5 de Quilmes, en la cual el
subcomisario Arancibia actuó como secretario de las actuaciones policiales, en
tanto la de fs. 229 formaba parte de las actuaciones de averiguación de
antecedentes en las cuales él intervino como secretario. Explicó que por un
error involuntario, sin perjuicio de haber presenciado el acto aludido y teniendo
en cuenta que ambas declaraciones formaban parte de un mismo acto, rubricó
la declaración obrante a fs. 229.

Agregó que la declaración que Arancibia le tomó a Ibarra se efectuó con copia
carbónica, agregándose el original a la causa de Quilmes y esa en las
actuaciones de averiguación de antecedentes. Resaltó que el secretario en la
causa penal era el subcomisario Arancibia.

Además, señaló que en la causa de Quilmes había constancias de que


“Teccedin” se había dado a la fuga y agregó que no le constaba que se
hubieran llevado a cabo tareas de inteligencia respecto del nombrado.

En otro orden, expresó que para la citación de personas por trámites de


sumarios o causas judiciales se trataba de usar el método más rápido, sea
telefónicamente, enviando personal hasta el domicilio del requerido o a través
de la seccional que correspondiera.
Apuntó que el personal de la Oficina de Judiciales no contaba con teléfonos
celulares, pero en caso de suma necesidad se los pedían prestados a algún
funcionario que tuviera. En este sentido, indicó que era usual que los jefes de
grupos operativos poseyeran teléfonos celulares, dado que muchas veces
también los utilizaban para trabajar.

Asimismo, manifestó que el abonado 412-6165 correspondía a su teléfono


celular, pero aclaró que en 1994 no lo tenía, negando que se le hubiera
facilitado algún otro celular.

Si bien en un primer momento no recordó si sus compañeros de la Brigada de


Lanús poseían teléfono celular a la época de la detención de “Teccedin” y
Petrucci, desconociendo puntualmente si Ribelli en esa oportunidad tenía
algunos, luego memoró que había teléfonos celulares, ignorando quiénes eran
sus tenedores.

No reconoció haber mantenido una conversación con una mujer, plasmada en


las transcripciones de las escuchas de la línea 425-8982 del 12 de julio de 1996,
según las cuales habría llamado al abonado 251-0469.

Por otra parte, manifestó que los números telefónicos 252-4799 y 251-0469
eran de sus padres, hallándose instalados en dos domicilios que se encontraban
uno frente al otro. Aclaró que el primero era de la casa de sus progenitores, en
tanto el segundo era utilizado por su esposa, de quien estaba separado de
hecho.

Además, el imputado dijo ser hijo único, a la vez que comentó que su hijo
menor se llamaba Fernando y el mayor Guillermo Oscar, a quien sus
compañeros le decían “Goyo”.

Por último, negó saber a quién pertenecía el teléfono 425-8982. Al reproducirse


una escucha de ese abonado, registrada en la casete nº 25, el encartado no
reconoció la comunicación, ni su voz.

Al prestar declaración indagatoria en la audiencia de debate el 29 de noviembre


de 2002, Oscar Eusebio Bacigalupo hizo una reseña de su pasado laboral.

Así, precisó que entre los años 1977 y 1982 trabajó en la Comisaría Quilmes III,
en forma paralela a su desempeño como policía adicional en la sucursal
Quilmes Oeste del “Banco de la Provincia de Buenos Aires”, como así también
en tareas de vigilancia en el “Frigorífico Calchaquí” de Florencio Varela y en la
“Sociedad de Fomento Lourdes” de Quilmes.

Refirió que entre 1982 y 1987 estuvo en la Comisaría Avellaneda V, al mismo


tiempo que trabajó como policía adicional en la sucursal Wilde del “Banco
Avellaneda”, realizó tareas de vigilancia en el frigorífico mencionado y en el
“Hotel Tabú” de Wilde y se encargó de hacer los pagos quincenales en distintas
curtiembres de la zona.

Entre los años 1987 y 1992, señaló, prestó servicios en la Brigada de


Investigaciones de Quilmes, a la vez que continuó con sus tareas en el
frigorífico, en el hotel e instaló un almacén con su ex esposa. Finalmente, en
1992 fue trasladado a la Brigada de Investigaciones de Lanús.

El imputado manifestó para el año 1994 no conocía ni había compartido destino


con Rago, Quinteros, Lasala, Barreda o Bareiro, habiéndolo hecho con Leal,
Ojeda, Burguete, Cruz, Arancibia e Ibarra en la Brigada de Investigaciones de
Lanús. Agregó que los dos últimos fueron compañeros suyos de promoción de
la escuela “Juan Vucetich” y que con Ribelli coincidió en las Brigadas de
Investigaciones de Lanús y de Quilmes.

En cuanto a Araya y Albarracín, refirió que se encontró con ellos poco después
del 29 de marzo de 1994; al primero no lo conocía, no recordando si con el
segundo había compartido destino en Quilmes.

Negó haber integrado una asociación ilícita con los policías mencionados,
resaltando que con algunos sólo trabajó en el mismo lugar y no participó en
reuniones de ninguna naturaleza con los integrantes de la Brigada de Lanús,
más allá de los momentos que pasaron en la dependencia policial.

Refirió que en su legajo personal figuraban arrestos y una suspensión por la


instrucción de una causa penal en la cual fue absuelto, agregando que realizó
los cursos dispuestos por la superioridad y recibió felicitaciones por actos
destacados de servicio.

Indicó que, en las distintas dependencias policiales donde trabajó, siempre se


desempeñó en el área de sumarios y judiciales, aprendiendo a confeccionar
“una averiguación de antecedentes” de conformidad con lo dispuesto en el art.
13 de la ley 9551.

Al respecto, explicó que dicha norma no preveía la forma de establecer la


identidad, por lo que habitualmente lo que se hacía era obtener un juego de
fichas dactiloscópicas y remitirlas con el anexo prontuarial y la ficha patronímica
a la División Antecedentes Personales de la Jefatura de la Policía de La Plata.
Indicó que esa dependencia nunca aportaba el respectivo informe dentro del
término de veinticuatro horas que hacia 1994 era el impuesto para la demora
por averiguación de antecedentes, motivo por el cual en la práctica se
certificaban telefónicamente los antecedentes que surgían del sistema
informático.

Señaló que la normativa apuntada tampoco establecía la manera en que debían


instruirse las actuaciones, por lo que eran encabezadas por la declaración del
funcionario policial que había conducido al demorado o por un parte simple
comunicando la privación de libertad.
Luego, señaló, en la Brigada de Investigaciones de Lanús, el instructor –que era
el segundo jefe de la dependencia, responsable del área administrativa-
disponía la confección de las actuaciones por averiguación de antecedentes con
conocimiento del jefe de policía y del juez de turno, ordenaba el registro del
detenido, la notificación del motivo de su detención, la extracción de fichas
dactiloscópicas, la realización del examen médico y la certificación de capturas,
que se hacía en forma telefónica, sin perjuicio del envío de las fichas. Aclaró
que una vez obtenido el informe telefónico en el que se establecía que el
demorado no registraba impedimentos, el instructor disponía su libertad, lo
notificaba y ordenaba el cierre y archivo de las actuaciones.

Las fichas, continuó, no eran remitidas con un correo especial sino que salían
en forma diaria a través del correo de la brigada que iba a la ciudad de La
Plata, por lo que el informe de antecedentes llegaba a la dependencia policial
días después.

Refirió también que hubo casos en los que arribaron a la brigada


comunicaciones de capturas de personas que, demoradas previamente por
averiguación de antecedentes, habían sido puestas en libertad en virtud del
respectivo adelanto telefónico. En esos casos, señaló, se las detenía
nuevamente y se las ponía a disposición del juzgado correspondiente. Refirió
que situaciones similares también habían ocurrido con algunos pedidos de
antecedentes de personas imputadas por la comisión de delitos.

Además, manifestó que en el caso de un demorado por averiguación de


antecedentes que arribara en un horario en que estaban ausentes tanto el
titular de la brigada como el segundo, el que se encargaba de disponer las
medidas necesarias al respecto era el jefe de turno; agregó que el segundo jefe
cumplía lo que le ordenaba la jerarquía máxima de la brigada.

En otro orden, el acusado manifestó que entre el 7 y el 25 de marzo de 1994


estuvo de licencia; en esa ocasión, se hospedó en el “Hotel Molino de Oro” de
la ciudad de La Falda, provincia de Córdoba, y el día 17 fue víctima de un robo
en el Dique San Roque, hecho que denunció en sede policial. Por lo tanto,
afirmó, en dicho período no tuvo ningún contacto con la Brigada de
Investigaciones de Lanús, siendo ajeno a los hechos que, en ese ínterin,
involucraban a la dependencia.

En cuanto al hecho del 4 de abril de 1994, el imputado refirió que, en horas de


la noche y mientras se encontraba trabajando en compañía de Arancibia, se
presentó Ibarra en la Oficina de Judiciales y le comunicó a Arancibia que había
identificado en la localidad de Tortuguitas a un hombre que era buscado en el
marco de una investigación en la que este último era secretario. Indicó que el
sujeto fue trasladado a la brigada junto con la mujer que lo acompañaba.

Refirió que estos hechos quedaron plasmados en una declaración testimonial


que le tomó Arancibia a Ibarra, en presencia de Bacigalupo y del comisario
Burguete, instructor del expediente. Manifestó que si bien luego tomó
conocimiento de que la detención de “Teccedin” era el resultado de la
búsqueda de Telleldín, en el marco de la causa nº 5681 del Juzgado Criminal y
Correccional nº 5 del Departamento Judicial de Quilmes, la aparente similitud
fonética del apellido no le llamó la atención.

Expuso que Burguete le ordenó iniciar las actuaciones sumariales por


averiguación de antecedentes de “Teccedin” y Petrucci, informándole que ya
había dado la novedad al juzgado de Quilmes. Aclaró que la detención de
Telleldín fue comunicada también al juez de San Isidro, toda vez que la
localidad de Tortuguitas correspondía a dicho Departamento Judicial.

En cuanto a las firmas estampadas en la declaración de Ibarra, expresó que


mientras Arancibia era secretario de la causa penal, él actuaba como secretario
de las actuaciones por averiguación de antecedentes, por lo que creyó recordar
que las encabezó con aquella testimonial, figurando las rúbricas originales del
instructor y de Bacigalupo.
Recordó que fue secretario de actuación de la causa nº 5681 a partir de que
Arancibia dejó de desempeñarse en la Oficina de Judiciales. Reconoció sus
firmas a fs. 653, 668 y 685 del referido expediente.

Dijo que, en cumplimiento de las directivas recibidas, inició las actuaciones por
averiguación de antecedentes, se registró el ingreso de “Teccedin” y Petrucci en
los libros de guardia y de detenidos, se los notificó del motivo de su detención y
el cabo Marcelo Casas les extrajo fichas dactiloscópicas. Así, relató, se
confeccionó el anexo prontuarial con las circunstancias personales aportadas
por los demorados, quienes quedaron a disposición del oficial de servicio, que
ordenó su alojamiento. Agregó que no se solía certificar el domicilio de los
detenidos por averiguación de antecedentes.

En un plano de la Brigada de Investigaciones de Lanús, el imputado señaló la


ubicación que para 1994 tenían las diversas dependencias, aclarando que los
hombres demorados por averiguación de antecedentes eran alojados en el
calabozo de contraventores, separados de los delincuentes comunes, mientras
que las mujeres detenidas por el mismo trámite permanecían en una oficina
vigiladas por un agente femenino. Añadió que no se los incomunicaba y se
informaba de la detención a sus allegados.

Explicó que al finalizar sus tareas diarias, antes de retirarse a su domicilio, llevó
toda la firma –con las fichas de Petrucci y Telleldín- a Burguete, quien suscribía
al final de la jornada, siendo esto necesario para enviarlas a la División
Antecedentes Personales. Aclaró que no advirtió nada extraño en la extracción
de las huellas. Señaló que regresó a la brigada al día siguiente y agregó el
informe médico a las actuaciones.

Admitió que no certificó la entrega de las fichas en la División Antecedentes


Personales porque nunca lo había hecho, dando por descontado que al haber
quedado a la firma, habían sido rubricadas, colocadas en el cajón del correo a
La Plata y llevadas a su destino, como era la práctica habitual; explicó que no le
correspondía controlar al comisario.

Remarcó que su actuación se limitó a obedecer la orden del instructor de


extraer fichas dactiloscópicas para remitirlas a La Plata.

Asimismo, refirió que Ibarra, quien quedó a cargo de la averiguación de


antecedentes de “Teccedin” y Petrucci, le comentó que, conforme lo informado
por Vertúa, no tenían capturas, haciéndole saber también que el vehículo en el
cual se desplazaban no tenía impedimento legal y que había certificado en el
registro que la cédula se correspondía con el legajo.

El imputado aseguró que no se le ocurrió verificar los antecedentes de Telleldín,


quien era buscado en el expediente de Quilmes.

El encartado consideró que, si bien era el secretario de actuación, no resultaba


anormal que Ibarra -oficial jefe- se hubiera encargado de certificar los
antecedentes, toda vez que éste era quien había detenido a “Teccedin” y
Petrucci en el marco de la causa nº 5681, circunstancia que había comunicado
al juzgado; en consecuencia, era lógico que Ibarra continuara la investigación
iniciada e informara las novedades de interés a la autoridad judicial
interviniente.

Precisó que antes de las 21.00 notificó en la Oficina de Judiciales a “Teccedin” y


Petrucci de la libertad dispuesta. En este sentido, puntualizó que le informó al
primero sobre la entrega del automotor, dándole la llave y la cédula verde.
Que, además, le avisó al oficial de servicio, responsable de los detenidos, que
ambos se retiraban, pero no vio, por la disposición que tenía su oficina, el
momento en el que egresaron de la brigada.

Bacigalupo sostuvo que en la carátula de las actuaciones por averiguación de


antecedentes de “Teccedin” y Petrucci, glosada a fs. 37.329, no figuraba su
nombre debido a un olvido, a la vez que observó que todas las demás
constancias tenían su firma y sello aclaratorio.

El 12 de abril de 1994, señaló, el correo local remitió a la brigada, por vía


electrónica, el informe de la División Antecedentes Personales, en el que se
comunicaba que “Teccedin” y Petrucci no tenían capturas y estaban
identificados con I.G. 55.963 y 55.960. De ello dedujo que las huellas estaban
bien tomadas, pues, en caso contrario, hubieran pedido un nuevo juego de
fichas decadactilares.

Destacó que nunca dudó de la veracidad del informe, el que coincidía, además,
con lo declarado oportunamente por Ibarra, enterándose, con motivo del
sumario administrativo, que quien lo realizó era una persona sin los
conocimientos mínimos de dactiloscopia.

Manifestó que no se ocultó la real identidad de “Teccedin” y que se mandaron


las fichas, negando que las mismas hubieran salido tarde o estuvieran mal
sacadas y que se falsearan las constancias.

En tal sentido, explicó que el detenido se identificó ante él como Carlos Alberto
“Teccedin” en forma clara y espontánea, como así también ante el personal que
lo detuvo, ante Casas que lo identificó y ante el médico legista, por lo que
consideró que no había motivos para dudar.

Señaló que tuvo a “Teccedin” ante su vista sólo en dos oportunidades: cuando
lo notificó sobre el motivo de su detención y luego de su libertad, agregando
que durante el trámite no vio nada llamativo en la brigada.

Precisó que el 22 de septiembre de 1995 fue citado por el comisario mayor


Bretschneider, Director de Sumarios de la Jefatura de la Policía de la Provincia
de Buenos Aires, quien le informó que en un desprendimiento de la causa
A.M.I.A. se le imputaba una infracción al art. 58, inc. 15, de la ley 9550, por no
haber remitido oportunamente las fichas de “Teccedin”. Aclaró que fue en ese
momento cuando se enteró de la falsa identidad declarada por el nombrado.

Agregó al respecto que, hasta dicha fecha, el juzgado de Quilmes tampoco


había tomado conocimiento de que “Teccedin” en realidad era Telleldín, a tal
punto que ordenaron una averiguación de paradero a nombre del primero.

Expresó que al prestar declaración en sede administrativa se explayó sobre la


regularidad del trámite de averiguación de antecedentes y aclaró que al
momento de notificar a “Teccedin” y Petrucci, ninguno le exhibió su Documento
Nacional de Identidad, por cuanto, en su caso, habría dejado constancia.

Dijo que no era necesario solicitarles los documentos, toda vez que la detención
tenía como objetivo certificar las capturas.

Consideró probado que el 27 de septiembre de 1995 las fichas de los dos


demorados habían sido recibidas en la Dirección de Antecedentes Personales.
Señaló que, a tales efectos, aportó al sumario administrativo fotocopia del libro
de guardia de la brigada donde consta la salida de las fichas y la recepción del
correo, copias del prontuario de “Teccedin” obrante en la brigada, fotocopia del
correo electrónico en el cual se comunicó que “Teccedin” y Petrucci no tenían
capturas y una constancia del segundo jefe de la Dirección Antecedentes
Personales, de apellido Gómez, de la que surge, en discordancia con lo
sostenido por Graciela Gómez, que el 6 de abril de 1994 ingresaron las fichas
de “Teccedin” y Petrucci en la división y que el primero no tenía antecedentes
personales.

El imputado cuestionó el proceder de Graciela Gómez, quien, conforme declaró


en el debate, firmó el informe sin saber quién lo había realizado. Que lo
correcto hubiera sido que certificara lo volcado en el libro de I.G. y en el libro
de recibo de fichas dactiloscópicas.
Desconoció el motivo por el cual fueron llevadas por el suboficial Filipponi con el
correo a La Plata recién el 6 de abril –según la constancia de fs. 95 del libro de
guardia- y recibidas en idéntica fecha en la División Antecedentes Personales de
la Jefatura de Policía -fs. 31 del libro de correo-.

Afirmó que el 11 de abril la División Antecedentes Personales libró un correo


electrónico dirigido a la Brigada de Lanús, pero como para esa época la
dependencia no tenía terminales para recibir esa clase de informes, la
comunicación fue remitida a la Unidad Regional II-Lanús. Finalmente, dijo, la
información fue recibida en la brigada el 12 de ese mes a través del correo
local.

Refirió que verificó las anotaciones asentadas en el libro de guardia del 13 al 18


de marzo de 1994 y advirtió que del 13 al 25 figuraba su apellido con las siglas
J.P.K., término utilizado para significar licencia anual. Además, observó que el
13 estaba registrado el ingreso de Alejandro Ambrosi por el expediente nº 5681
y el de Analía Ferreira por averiguación de antecedentes, que el 14 a las 11.30
y 15.00 estaban consignados los ingresos de Buján y Analía Ferreira,
respectivamente, ambos con motivo de los autos de mención, y que el 15, a las
8.20, se encontraba anotado el egreso de las fichas de Ambrosi, Buján y
Ferreira con el correo a La Plata.

A lo expuesto añadió que las 13.00 se registró el correo local, incluido un correo
electrónico, y a las 14.00 la llegada del correo de la Plata, en el cual se
encontraba una planilla de antecedentes de Horacio Montivero, quien, conforme
el libro de detenidos, figuraba privado de su libertad el 24 de febrero. Que el 16
se asentó la salida del correo a La Plata, cuya llegada fue a las 14.00, al
mediodía figuraba el regreso del correo local y a las 17.30, el ingreso de Montes
por averiguación de antecedentes. Por último, mencionó que el 17, a las 16.00,
había una constancia de libertad de Montes y su ingreso por una captura.

Refirió que tanto en el libro de guardia como en el de detenidos figuraban el


ingreso y posterior libertad de “Teccedin” y Petrucci los días 4 y 5 de abril.
Agregó que en el libro mencionado en primer término estaba registrado, el 4 de
abril, el ingreso con el correo de La Plata de la planilla de antecedentes de
Buján, quien había ingresado el 14 de marzo.

En otro orden, declaró que la imputación penal fue idéntica a la administrativa,


atribuyéndole al juez Galeano la omisión de envío de las fichas dactiloscópicas. Sin
embargo, agregó, en el mismo sumario administrativo utilizado como elemento de
cargo en su indagatoria, estaban las constancias desincriminatorias que había
presentado.

Asimismo, indicó, el magistrado instructor sostuvo que su situación administrativa


no había sido resuelta, conforme el informe de Bretschneider del 18 de
septiembre de 1995, a pesar de que para ese entonces el juez contaba con la
nota del director de sumarios del 10 de noviembre de 1995, glosada a fs. 37.747;
de ella surgía que, no obstante en un primer momento se sospechó que las fichas
no habían sido remitidas, su recepción fue confirmada por la Dirección
Antecedentes Personales.

Bacigalupo también se refirió a García, quien efectuó el informe de las fichas de


“Teccedin” y declaró que no les dio importancia, motivo por el cual comunicó la
falta de antecedentes. Aclaró que aquél identificó las fichas y que las huellas
figuraban en Jefatura desde 1987, por lo que si hubiera revisado los prontuarios
en abril de 1994, habría advertido que “Teccedin” era en realidad Telleldín.

Por otra parte, apuntó que lo exoneraron de la policía, a la vez que resaltó la
diferencia de trato procesal que recibió con relación a Burguete, sobre quien
pesaba la misma imputación administrativa y penal, siendo éste sobreseído y
reincorporado al servicio activo.

Señaló que, según el Dr. Galeano, del sumario iniciado por las fichas se obtuvo
una copia, que luego constituyó el sumario nº 318.725/96 y obvió “un paso
anterior, que fue el sumario 281.945”; ello, toda vez que las actuaciones omitidas
se caratulaban “Burguete, Arancibia, Bacigalupo y otros s/inf. art. 59 inc. 7º de la
ley 9550”, por lo que el juez no podía llegar a aquella instancia admitiendo que la
situación de Burguete había sido resuelta y la suya no.

En cuanto a Burguete, el imputado lo calificó de mentiroso, por acusarlo tanto a


él como a Arancibia de ocultar la verdadera identidad de “Teccedin”.

Además, explicó que las constancias de averiguación de antecedentes de Analía


Ferreira tampoco fueron agregadas en el expediente penal, siendo en ambos
casos Burguete quien debería haber procedido de la misma manera con Ferreira
que con “Teccedin”, por cuanto era función del comisario instructor disponer y
resolver las medidas dentro del sumario.

Mencionó que no obstante la existencia de la causa penal nº 5681, se labraron


en forma paralela las actuaciones por averiguación de antecedentes de
“Teccedin” y Petrucci. Así, señaló, el juez interviniente no podía actuar en éstas,
porque se trataba de una actividad facultativa del jefe de policía, pues no podía
ponerse a un demorado por averiguación de antecedentes a disposición de un
magistrado. Ejemplificó que en el caso de Analía Ferreira, en su primer ingreso
por averiguación de antecedentes no fue puesta a disposición de ninguna
autoridad judicial.

Reveló que Burguete también faltó a la verdad al afirmar que era inusual que
se agregaran fotocopias del documento de “Teccedin” a la averiguación de
antecedentes; a la vez, aseguró que no agregó copias en las actuaciones que
efectuó.

En otro orden, indicó que el teléfono 866-0479 estaba a nombre de su pareja,


Marta Eva Suárez, con quien tenía una relación desde 1994; el 864-8160
correspondía al domicilio de la madre de la nombrada; el 251-0469 y el 252-
4799 estaban a nombre de sus padres Eusebio y Emilia Bacigalupo
respectivamente, aclarando el primero correspondía a la finca donde vivían sus
hijos y, el segundo, a la de sus progenitores. Por último negó que le
pertenecieran los abonados 251-0459 y 463-9290.

Bacigalupo admitió que desde el 28 de agosto de 1994 usaba el celular 412-


6165, a nombre de Ribelli, explicando que anteriormente había sido utilizado
por Burguete.

Precisó que entre los meses de marzo y agosto de 1994 no tuvo celular,
resaltando que entre las comunicaciones efectuadas por el abonado 412-6165
entre el 1º de marzo y el 26 de abril de 1994 no había ninguna a las líneas 864-
8160, 862-4681, 251-0469 y 252-4799, es decir, a los abonados
correspondientes a sus allegados. En cambio, indicó, en ese período surgían
numerosas llamadas a los abonados 247-6754, 297-0982, 256-7758, 205-1808
y 205-0053, correspondientes los tres primeros al domicilio particular, al del
suegro y al de la madre de Burguete y el último a la Brigada de Investigaciones
de Lanús.

Agregó que Burguete adquirió el celular 417-1471 el 20 de agosto de 1994,


aproximadamente, conservando ambos teléfonos hasta el 28 de ese mes y año,
fecha en que le entregó la línea 412-6165. En ese concepto, dijo Bacigalupo, le
pagó $ 150, haciendo la transferencia el 17 de noviembre de 1994 por otros $
150.

Señaló que, a partir de que comenzó a usar dicho celular, se registraron


comunicaciones a los abonados 862-4681, 251-0469 y 864-8160, asignados a
su domicilio de Presidente Perón 3366, al de sus hijos y al del padre de su
pareja, respectivamente, a la vez que no hubo más llamados a los teléfonos
vinculados a Burguete.

Asimismo, indicó que a partir del 19 de agosto, desde el 417-1471, la nueva


línea de telefonía celular de Burguete, se registraron llamadas a los abonados
que antes enumeró como relacionados a éste, así como también a los teléfonos
623-0584 y 623-1043, de la Comisaría “Castelar VII”, destino al que fue
trasladado Burguete a mediados de septiembre. Bacigalupo remarcó que no se
detectaron contactos a líneas que lo vincularan.

Además, resaltó que de las facturas del 412-6165 surgía una diferencia en la
cantidad de comunicaciones efectuadas en los períodos en que Burguete y él
fueron usuarios de dicho celular.

En cuanto al abonado telefónico 425-8982, señaló que, si bien en un primer


momento dijo no recordarlo o que no le resultaba familiar, al leer la causa notó
que, para la fecha de su detención, pertenecía a Ibarra.

Con relación a la privación de su libertad la noche del 12 de julio de 1996 en la


División Sustracción de Automotores de Vicente López, indicó que la relacionó
con el hecho de las fichas, por el que estaba siendo investigado
administrativamente, motivo por el cual cuando Ibarra le comunicó que la
Policía Federal estaba allanando su casa por orden del juez Galeano, el
declarante supuso que lo iban a detener por violación a los deberes de
funcionario público. Narró que llamó a su esposa y a su madre para anticiparles
que no las vería el fin de semana, indicándoles que, en caso de presentarse
personal policial, debían mostrarles todo.

Agregó que en oportunidad de ser trasladado al juzgado instructor, donde le


comunicaron que se le imputaba ser partícipe del atentado a la sede de la
A.M.I.A. y haber prestado colaboración para detener a Telleldín y a Pérez, se
quedó tan sorprendido que se negó a declarar, haciéndolo días más tarde, tras
lo cual fue liberado.

Aclaró que previo a su detención, sólo se interesó por el estado del sumario
administrativo en marzo de 1996, cuando el Director General de Asuntos
Judiciales le comunicó que se quedara tranquilo, porque averiguaría sobre la
causa penal y, de ser posible, su situación administrativa sería resuelta y se le
ascendería.

Con relación a las dos conversaciones telefónicas sobre las que fue interrogado
en la etapa anterior, el imputado creyó recordar que De Gamas le recomendó
reconocer su voz y la de su madre, a la vez que le preguntó acerca de los
negocios entre Piotti, Klodczyk, Pérez Cárrega y Ribelli; circunstancia que no fue
plasmada en su declaración.

Consideró que en la causa nº 1598, el sumario administrativo y el expediente


nº 64.580 del Juzgado Criminal y Correccional nº 11 de Lomas de Zamora –
derivado de la primera- se falseó la verdad.

Resaltó también el perjuicio que le ocasionaron los reconocimientos fotográficos


efectuados por Telleldín, que después fueron anulados por la Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal. Señaló, además, las
diversas irregularidades que presentaba la causa de Lomas de Zamora referida,
a cuyo fin exhibió fotocopias de las fs. 3866 y 3864, que, según dijo,
correspondían a ese expediente.

Sostuvo que, sin bien después de su primer detención recuperó su libertad,


querían “dejarlo tras las rejas”, a lo que atribuyó la aparición de una denuncia
anónima en que lo sindicaban, junto con Ibarra y Llermanos, como corrupto;
hecho que el Dr. Galeano ordenó investigar en Lomas de Zamora.
Posteriormente, indicó, se inició la causa n° 64.580 de dicho Departamento
Judicial.

Refirió que fue privado de su libertad en abril de 2001, acusado de haber


cometido los delitos de extorsión, extorsión en grado de tentativa, violación de
los deberes de funcionario público, falsedad ideológica y asociación ilícita;
delitos que la Cámara de Apelaciones redujo a uno solo, extorsión,
sobreseyéndolo en los restantes.
Bacigalupo señaló que Cirocco lo denunció ante el Juzgado de Transición nº 3
del Departamento Judicial de La Plata por amenazas. Sin embargo, éste, ante
los Dres. Mullen y Barbaccia, sólo dijo estar seguro en un noventa y cinco por
ciento de que se trataba de él, para evitar incurrir en falso testimonio.

En otro orden, el imputado admitió su colaboración en la colecta vinculada con


el “tema Wilde”, al igual que lo hacían Arancibia y Cardozo, entre otros.
Reconoció también que su apodo era “Baci”, pero negó conocer a los abogados
Semorile, Bottegal y Spagnuolo, haber escuchado el apodo “Pino” en la Brigada
de Lanús o la mención de un comercio denominado “Autoprix”.

Afirmó que entre septiembre y octubre de 1993, en una fiesta organizada por
Ojeda, conoció a Ionno y a Caneva, sabiendo que ambos eran amigos de
Ribelli. En cuanto a Nicolau, dijo que lo conoció entre 1989 y 1990, cuando
prestaba servicios en la Brigada de Investigaciones de Quilmes.

Declaró que un hijo de Ojeda era policía, pero no sabía si para el año 1995 éste
había ingresado a la Escuela de Policía “Juan Vucetich”.

Señaló que estuvo en la Comisaría de Wilde hasta abril de 1987 y aclaró que
ésta no tenía relación con la División Homicidios de Banfield. Indicó además,
que en aquélla, si bien labraban infracciones por ejercicio de la prostitución,
nunca tuvieron conocimiento de la existencia de algún sauna en la zona de
Telleldín.

Afirmó que entre fines de noviembre y principios de diciembre de 1995, la


superioridad dispuso su traslado, como así también el de Ibarra, Albarracín y
otros, a la Brigada de Sustracción de Automotores de Vicente López.

En cuanto a Gatto y Valenga, afirmó que fueron subalternos de Ribelli, que


tenían con éste una relación acorde, y que creía que si bien dependían de la
División Sustracción de Automotores, cumplían tareas en otro lugar.

Con relación a Vassena, recordó que compartieron un curso acelerado en la


Escuela “Juan Vucetich”, y que éste comenzó a desempeñarse en la Comisaría
de Quilmes junto con Salguero para la época en que Ribelli se fue de dicho
destino. Luego el declarante fue trasladado a Vicente López.

Dijo que en abril de 1994 Casas se desempeñaba en la oficina de logística de la


dependencia, abonaba los sueldos y fichaba, mientras que Toledo era chofer
del camión y trasladaba detenidos. Agregó que ambos, por pertenecer al
Agrupamiento Comando, debían portar armas y realizar operativos en caso de
ser requeridos. Señaló asimismo que todos los integrantes de la brigada vestían
de civil y negó haber visto a Casas enyesado para esa época.

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