Evolución y Teorías de Personas Jurídicas
Evolución y Teorías de Personas Jurídicas
CONSTITUCIÓN DE PERSONAS
JURÍDICAS. ATRIBUTOS DE LA PERSONALIDAD
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El antecedente de la evolución de las personas jurídicas, son los colegios
profesionales y de artesanos y desde el aporte del derecho canónico, las
fundaciones que nacieron como un sujeto distinto de la Iglesia, a las que se
incorporan las donaciones hechas por los fieles con fines determinados.
Luego de ellos, aparecieron las primeras sociedades, las colectivas y comandita
simple. Estas últimas eran el resultado de una vinculación empresarial entre un
burgués, socio comanditario, que aportaba un importante patrimonio a un
emprendimiento que llevaba a cabo el socio comanditado a cambio de mantenerse
fuera del compromiso de encarar la empresa riesgosa que asumía el comanditado.
Por entonces no se conocía la limitación de la responsabilidad de los miembros
como un efecto del reconocimiento de la Personalidad jurídica; este beneficio se
instaló recién en los tiempos de la Revolución Industrial, cuando el gran auge
económico que se produjo en algunos Europa permitió pensar en las sociedades
anónimas (sucesoras de las viejas empresas coloniales). Cuyo principal atributo fue
la limitación de responsabilidad de sus miembros.
Definición:
ARTÍCULO 141. Definición Son personas jurídicas todos los entes a los cuales el
ordenamiento jurídico les confiere aptitud para adquirir derechos y contraer
obligaciones para el cumplimiento de su objeto y los fines de su creación.
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Si bien esta teoría sirvió de base conceptual para la regulación de la persona jurídica
en el Código Civil francés y fue tomada por el Código Civil de VÉLEZ SARSFIELD,
rápidamente empezó a mostrar incongruencias:
1. Subordinaba la existencia de la persona jurídica y su capacidad a la voluntad
del soberano, al negar toda posibilidad de que nacieran de la autonomía de
los particulares.
2. Dificultaba las vías de justificación de la existencia del Estado en cuanto
persona jurídica que preexiste al soberano, dado que si eran una creación
del soberano mal se podía justificar de dónde salía el poder del propio
soberano en cuanto representante del Estado, que las creaba.
3. Descartaba la procedencia de acciones de responsabilidad contra las
personas jurídicas por los hechos de sus administradores y dependientes,
dado que el Estado sólo las dotaba de capacidad para actuar en la órbita de
los actos lícitos, pero no de los ilícitos.
● TEORÍAS NEGATORIAS: han tenido poca acogida en las legislaciones
comparadas, pero sirvieron enormemente para superar la teoría de la ficción
y abrir el camino hacia la exposición de las teorías de la realidad.
● TEORÍA DE LA REALIDAD NORMATIVA: Desde la lógica normativista, la
KELSEN considero a la persona como un centro de imputación de normas a
un conjunto de acciones humanas a las que se imputan derechos y
obligaciones.
La personalidad es un mecanismo que busca el tratamiento unitario de los
actos de una organización patrimonial que tiene su propia finalidad
sustentada en un grupo de personas. El funcionamiento de cada ente
colectivo no es igual, pero en todos se observan los siguientes rasgos:
1) un sistema para emitir una manifestación de voluntad jurídicamente válida
2) un orden patrimonial autónomo
3) un esquema de resolución de conflictos
Así, la personalidad atribuye al sujeto de derecho la titularidad del conjunto de
situaciones y acciones humanas, y lo convierte en un centro unificador de
relaciones jurídicas o de imputación normativa. Se trata de una tipicidad de
segundo grado bien explicada en el derecho societario.
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● TEORÍA DEL PATRIMONIO DE AFECTACIÓN Fue sostenida por VON BRINZ
e indica que la persona jurídica carece de carácter subjetivo, puesto que no
es otra cosa que un patrimonio en mano común afectado a un fin
compartido por sus titulares. Se trata de un patrimonio que no pertenece a
una persona, sino que comprende un conjunto de derechos y obligaciones
afectados a la realización de una finalidad, regulado por el derecho.
● TEORÍA DE LA REALIDAD Todas las concepciones enmarcadas dentro de
esta categoría descartan que la capacidad de las personas jurídicas sea una
construcción ficticia. Explican la existencia y funcionamiento de la persona
jurídica al sostener que ellas tienen una voluntad y un interés propios y
distintos de los de sus miembros.
En tal sentido, señala que el legislador encuentra la personalidad en la
realidad social, la modela y la plasma como ente único, dándole una propia
individualidad jurídica. Así, define a la persona como " una creación del
derecho, fundada en la realidad social, en virtud de la cual grupos humanos
organizados, en razón de sus fines, se encuentran investidos de
personalidad".
Dentro de esta categoría se incluyen teorías muy relevantes, tales como las que
enuncian a continuación.
A) Teoría Organicista. VON GIERKE. explica que la persona jurídica es una
persona real colectiva, integrada por individuos que se unen y se organizan
en una existencia corporativa para la consecución los fines que persiguen en
común y que trascienden a los estrictamente individuales.
B) Teoría de la institución. HAURIOU formuló la noción de persona jurídica
desde una mirada institucionalista. Para él, dicho concepto se construye a
partir de tres pilares:
l) idea directriz;
2) autoridad encargada de concretar la idea directriz
3) comunidad de individuos que comparten y sostienen la idea directriz como
idea común o institucional, y para esto, adhieren a ella y colaboran con su
actividad. De esta manera, las personas irán ingresando a la institución y
actuarán en ella para sus fines.
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Comienzo de la existencia:
Según el art. 142 CCyC “La existencia de la persona jurídica privada comienza
desde su constitución. No necesita autorización legal para funcionar, excepto
disposición legal en contrario. En los casos en que se requiere autorización
estatal, la persona jurídica no puede funcionar antes de obtenerla”
El reconocimiento de la persona jurídica como ente con capacidad de derecho
puede ir desde el otorgamiento formal de la personalidad jurídica mediante
autorización y aprobación del Estado, hasta la simple consideración de la entidad
como sujeto de derecho sin necesidad de autorización estatal expresa, excepto
disposición en contrario, la personalidad jurídica nace con el acuerdo de voluntades,
(constitución).
De este modo, el CCyC establece la regla de la libre constitución de las personas
jurídicas: nacen desde el acto de su constitución y fruto de la libre voluntad de las
partes, sin otro recaudo, excepto que la ley exija un requisito adicional.
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El carácter decisivo es la voluntad privada; la intervención estatal de reconocimiento
Es un elemento meramente complementario y en función de la llamada "policía" o
control de la entidad creada por los particulares. Esta afirmación no obsta a que,
cuando expresamente se requiere autorización estatal, la personalidad quede
condicionada, de algún modo, a ese acto de la administración pública pues la
persona jurídica privada sólo podrá funcionar como tal cuando obtenga dicha
autorización (aun cuando exista como sujeto de derechos desde su constitución e,
incluso, puedan inscribirse preventivamente a su nombre bienes registrables en
tanto entidad en formación, art. 154 CCyC).
En definitiva, aunque la regla es la libre constitución, el sistema legal contiene
diferentes regulaciones según el "tipo de persona jurídica".
Acto constitutivo: Toda persona jurídica requiere, como primera medida, un acto
constitutivo creador de la misma el cual recibirá distinta denominación (acto
conjunto, acto fundacional, contrato social, etc) según cuál sea la persona jurídica
que se trate.
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En el acto constitutivo se establecerán los estatutos de la persona jurídica. La
existencia del estatuto es un requisito indispensable cuando se trata de personas
jurídica tales como las asociaciones, las fundaciones, sociedades anónimas, etc. La
sociedad de civiles o comerciales (excepto las sociedades anónimas) no requieren
un estatuto, pues para existir legalmente le basta el contrato social.
Personalidad Diferenciada:
ART 143.- Personalidad diferenciada. La persona jurídica tiene una personalidad
distinta de la de sus miembros.
Los miembros no responden por las obligaciones de la persona jurídica, excepto
en los supuestos que expresamente se prevén en este Título y lo que disponga
la ley especial.
La persona jurídica, es una persona distinta de cada uno de los miembros que la
componen.
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Las obligaciones y derechos que la persona jurídica puedan tener, son
absolutamente independientes de los derechos de obligaciones de sus miembros.
La persona jurídica tiene un patrimonio distinto al patrimonio de sus miembros,
estará obligada a satisfacer sus propias deudas y los miembros de ella no estarán
obligadas a pagar las deudas de la entidad (salvo que expresamente hubiesen
ofrecido su patrimonio como garantía, es decir, que si hubiesen obligado como
fiadores de la entidad.
Lo dispuesto se aplica sin afectar los derechos de los terceros de buena fe y sin
perjuicio de las responsabilidades personales de que puedan ser pasibles los
participantes en los hechos por los perjuicios causados.
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Legalmente, puesto que siempre se presume que la persona jurídica adecua su
actuación a los postulados de su creación.
Desde este punto de vista, el art. 144 del CCyC dispone que se podrá aplicar este
instituto cuando la persona jurídica, constituida en legal forma, en su actuación,
persiga "la consecución de fines ajenos a la persona jurídica, constituya un recurso
para violar la ley, el orden público O la buena fe o para frustrar derechos de
cualquier persona".
El presupuesto de su aplicación no surge de vicios del instrumento constitutivo,
sino de abusos en el funcionamiento de la persona jurídica.
La responsabilidad a la que el artículo se refiere no es de naturaleza penal, sino
sólo civil.
La declaración de inoponibilidad de la personaIidad jurídica no acarrea la nulidad
del acto o negocio jurídico que afecta al reclamante; dicho acto mantiene su validez,
pero al ser declarada inoponible la personalidad jurídica, el acto será imputado
directamente a los socios, asociados, miembros o controlantes directos o indirectos
que ejecutaron o lo hicieron posible, quienes responderán solidaria e
ilimitadamente entre sí y deberían resarcir de manera integral el daño ocasionado
a la víctima. Dicha responsabilidad se extiende también a otras personas en la
medida en que hayan participado en la conducta perjudicial. En el caso de los
administradores, van a responder en la medida en que hayan usado abusivamente
a la persona jurídica y su conducta se encuadre dentro de los límites previstos en
la regulación legal. En cambio, si los administradores han causado perjuicios al
actuar en representación de la sociedad, pero dentro de los límites que impone el
orden público y las causas del reconocimiento de la personalidad jurídica, entonces
la vía para accionar contra ellos será la prevista en los arts. 59, 274 y concs. de la
LGS.
Expresamente, el Código Civil y Comercial mantiene vigentes los derechos
adquiridos por terceros de buena fe.
La doctrina del descorrimiento del velo tiene como objetivo evitar que el abuso
de la personalidad jurídica cause daños a terceros. Esta doctrina busca corregir los
abusos que se originan cuando la personalidad jurídica de la sociedad es utilizada
como cobertura para incumplir con obligaciones.
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El incumplimiento de las obligaciones por parte de la personalidad jurídica de la
sociedad puede perjudicar los intereses públicos o privados.
Esta teoría debe aplicarse cuando la personalidad jurídica de la sociedad no
funciona de forma independiente de la persona que la controla.
Según el art. 145 CCyC: "Las personas jurídicas son públicas o privadas".
Para ubicarlas en uno u otro sector, la doctrina ha tenido en consideración diversos
elementos. Entre los más importantes se pueden mencionar:
A) el origen estatal;
B) la finalidad pública o el interés público;
C) el control del Estado;
D) la afectación de rentas públicas para el logro de su actividad;
E) la atribución de potestad del imperio.
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suficiente para obligarse y para adquirir derechos, tanto en sus relaciones con los
individuos físicos como respecto de otras personas jurídicas.
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● Los sindicatos, que tienen facultades para establecer convenciones colectivas
de trabajo y aportes obligatorios para los trabajadores afiliados.
● Las obras sociales del Estado Nacional, empresas y sociedades del Estado,
etcétera.
A. las sociedades;
B. las asociaciones civiles;
C. las simples asociaciones;
D. las fundaciones;
E. las iglesias, confesiones, comunidades o entidades religiosas;
F. las mutuales;
G. las cooperativas;
H. el consorcio de propiedad horizontal;
I. toda otra contemplada en disposiciones de este Código o en otras leyes
y cuyo carácter de tal se establece o resulta de su finalidad y normas de
funcionamiento.
La participación del estado en personas jurídica privada no modifica el carácter de
estas, la ley o el estatuto pueden prever derechos y obligaciones diferenciados,
considerando el interés público comprometido en dicha participación. El Estado
puede actuar como poder público y también, en igualdad con los particulares, en
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el ámbito del derecho privado, tal es el caso de las sociedades de economía mixta,
en la que el Estado participe en una empresa privada, por ejemplo, aportando,
capital, tecnología, extensión impositiva, etcétera.
La participación del estado en una empresa privada no transforma está en persona
jurídica pública, pero considerando el interés jurídico comprometido en dicha
participación, la norma admite que se establezca en diferencias a favor del Estado.
Toda persona jurídica debe tener un nombre que la identifique como tal, con el
aditamento de la forma jurídica elegida y la referencia a "en liquidación" cuando se
encuentre en este proceso. Aunque la norma no lo dice, también deberá agregarse
"en formación" desde la fecha del acto constitutivo hasta la inscripción registral, si
se trata de una persona que sin requerir autorización para funcionar tenga que ser
inscrita registralmente.
El nombre cumple así una función distintiva que permite diferenciar a cada persona
jurídica de las demás y también un papel indicativo del tipo elegido (asociación
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civil, simple asociación, sociedad, mutual, cooperativa o consorcio de propiedad
horizontal).
El nombre deberá satisfacer recaudos de veracidad, novedad, aptitud distintiva,
tanto respecto de otros nombres como en relación con marcas, nombres de fantasía
u otras formas de referencia a bienes o servicios, sea que se relacionen o no con
el objeto de la persona jurídica. Además, prohíbe que contengan términos
contrarios a la ley, al orden público o las buenas costumbres, o que induzcan a
error sobre la clase u objeto de la persona jurídica.
Este requisito no estaba presente ni en el texto del Código Civil ni en la práctica y
basta con intentar pensar en un ejemplo que satisfaga todas esas exigencias para
concluir que sería muy difícil cumplirlas a la hora de dotar a una persona jurídica
de un nombre. En la práctica, lo que siempre se había cuidado para cada tipo de
persona jurídica en particular era el control de homonimia, es decir, que no
existieran dos sociedades, dos mutuales o dos fundaciones o asociaciones civiles
con el mismo nombre, pero no se hacía dicho control con relación a otras personas
jurídicas de diferente naturaleza.
El control de homonimia está a cargo de las autoridades administrativa de control
y registrales, reparticiones que tampoco lo cumplen en forma completa, sino solo
en el ámbito de sus respectivas jurisdicciones, puesto que hasta el momento no
existe un registro nacional de nombres con competencia sobre todas las personas
jurídicas (como sí existe en materia de marcas).
La persona jurídica puede llevar el nombre de personas humanas. Si la persona
humana en cuestión es miembro del ente se presume que ha prestado su
consentimiento para ello, de lo contrario, se deberá contar con su conformidad
previa, de manera expresa o tácita.
En caso de muerte de la persona humana cuyo nombre identifica a la persona
jurídica, se plantea un nuevo conflicto, puesto que la norma permite que los
herederos se opongan a la continuación en el uso si acreditan perjuicios materiales
o morales. En este supuesto, el legislador no parece haber considerado la dificultad
de definir el alcance de "perjuicios morales" a los herederos, ni la gravedad del
daño que podría ocasionar a la persona jurídica el cese del uso del nombre.
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Domicilio y sede social. Alcance : El domicilio real aparece en el estatuto como
un requisito esencial no tipificante y consiste en la referencia a la localidad donde
funciona la persona jurídica (art. 152, C6d. Civil y Comercial). Es uno de sus atributos
esenciales, pues determina la competencia de los organismos públicos, tanto el
administrativo como el judicial, que
serán llamados a entender al tiempo de su constitución, funcionamiento y
liquidación. Si la persona jurídica tiene varios establecimientos o sucursales tendrá
un domicilio especial en cada uno de ellos, donde será válida la ejecución de las
obligaciones contraídas.
Debido a que es una cláusula del estatuto, al cambiar el domicilio real habrá que
modificarlo.
La noción de domicilio se complementa con la de sede social. Esta es la indicación
de la calle, número, piso, departamento, etc., donde funciona la persona jurídica.
Por ejemplo, una persona jurídica domiciliada en la ciudad de Rosario, "tiene su
sede en la calle Córdoba 2222".
A diferencia del domicilio, la indicación de la sede no es un requisito esencial del
estatuto, aunque nada obsta a que forme parte de este junto con el domicilio. Esto
no significa que no deba darse a publicidad la sede, de modo que si no figura en
el estatuto, formará parte de un acta del órgano de administración donde se la
defina y si se trata de una persona jurídica que requiere inscripción, también deberá
hacerlo. Si la sede no forma parte del cuerpo del estatuto podrá modificarse sin
necesidad de que intervenga el órgano de gobierno, por la sola resolución del
órgano de administración.
Patrimonio: Toda persona jurídica debe tener un patrimonio y solo uno (art. 154,
CCyC) Desde la celebración del acto constitutivo y hasta la inscripción que ordenan
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las leyes para algunas personas jurídicas, ellas se encuentran en la etapa "en
formación" Durante ese período, podrán inscribir preventivamente bienes
registrables a su nombre con la finalidad de garantizar que al tiempo de la
inscripción quedarán dotadas de este atributo esencial de la personalidad.
De los arts. 143 y 154 del Cód. Civil y Comercial surge la separación entre el
patrimonio de la persona jurídica y el de sus miembros. En ese sentido, los aportes
que hacen los fundadores para la composición del patrimonio del ente permiten
dotarlo de uno de sus atributos: el patrimonio propio.
El patrimonio está constituido por bienes de valor económico. Inicialmente se forma
con las contribuciones que hacen sus fundadores y bienes en propiedad y luego se
incrementa con los frutos de esos bienes, o con nuevas contribuciones. Los bienes
que forman el patrimonio pueden ser materiales o inmateriales, registrables o no
registrables, muebles o inmuebles.
Los fundadores, o con posterioridad los miembros, pueden acercar al ente algunos
bienes en uso y goce y no en propiedad. En ese caso el bien no pasa a integrar el
patrimonio del ente, sino que este adquiere un derecho a usarlo, en principio,
durante todo el tiempo que dure el vínculo del aportante con él (es decir, hasta
que se retire, se lo excluya, o muera) o incluso, en las sociedades, hasta puede
haber una suerte de "apropiación" del bien por parte de la sociedad, si al tiempo
de la separación del socio por exclusión se pudiera comprobar que el bien es
esencial para el cumplimiento del objeto, dado que en ese caso la sociedad podrá
pagar al socio su valor y conservarlo en su patrimonio, ahora sí, en propiedad (arts.
49 y 92, LGS).
El patrimonio funciona como una garantía frente a los acreedores de la persona
jurídica, puesto que, si ésta tiene un importante patrimonio, tendrá la capacidad
económica para hacer frente a las obligaciones que asuman sus representantes por
ella.
El principio de separación patrimonial no debe confundirse con la limitación de
responsabilidad de los miembros, aun cuando, obviamente, guarda clara relación
con ese efecto.
Duración: La existencia de las personas jurídicas puede tener un plazo de duración
ilimitado; el plazo debe ser limitado si así lo disponen la ley o el estatuto (art. 155
CCyC).
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En el caso de las sociedades, la propia ley 19.550 dispone que el plazo debe ser
limitado (art. 11, inc. 5").
Si el plazo de duración de una persona jurídica es limitado, se puede prorrogar
antes del vencimiento (art. 165 CCyC ), o bien reconducir luego de vencido (art.
166).
Cuando sea indeterminado, se entiende que los miembros podrán retirarse de la
persona jurídica en cualquier tiempo, en algunos supuestos preavisando con una
anticipación razonable.
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esfera ajena a la de sus finalidades, ellas pueden adquirir todos los derechos y
ejercer todos los actos que no les sean prohibidos y que se ajusten al principio de
especialidad.
El principio de especialidad indica que la capacidad de la persona jurídica solo
puede ejercerse en orden a los fines de su constitución, es decir, de acuerdo a
aquellos objetivos que, en su momento, el Estado computó como conducentes y
en vista de los cuales reconoció al ente como sujeto de derecho. Al margen de
esos fines, la persona jurídica está privada de toda capacidad porque, en verdad,
también carece de personalidad. Según la opinión doctrinaria y jurisprudencial
mayoritaria, la interpretación sobre la determinación de la actividad autorizada a la
persona jurídica debe ser realizada con prudencial amplitud; en tal sentido, se ha
resuelto que es necesario apreciar los fines de la entidad de modo tal que, además
de los actos jurídicos correspondientes a su objeto, se entienda que ella también
está capacitada para practicar los actos que, por implicancia, sean requeridos para
la mejor consecución de tales fines. Por aplicación de este criterio, debe
considerarse que la persona jurídica está habilitada para encarar toda actividad más
o menos relacionada con el fin de su creación, desde que son sus autoridades las
que deben elegir los medios adecuados para el logro de ese fin y, en orden a ese
propósito, realizar los actos jurídicos consecuentes. Por ejemplo, una sociedad,
aunque su actividad no sea adquirir bienes automotores, tiene capacidad para
adquirir un automotor para la distribución de los productos que fabrica. De igual
modo, puede realizar actos jurídicos encaminados a la organización de centros
culturales para su personal y otorgarles préstamos para la construcción de la
vivienda propia, porque ello contribuye al bienestar de los empleados y redunda
en un mayor rendimiento en la producción. Por el contrario, el principio de la
especialidad impide que se desvirtúe el objeto para el cual la persona jurídica se
ha constituido. Por ejemplo, una sociedad anónima constituida para explotar una
mina no puede realizar actividad financiera; una asociación cultural no puede
dedicarse a ejercer el negocio inmobiliario. En suma, mientras que a la persona
humana le son permitidos todos los actos y puede ejercer todos los derechos que
no le estén expresamente vedados, la persona jurídica solo goza de capacidad
jurídica para todo lo que está comprendido en sus fines propios: “para los fines de
la institución”, en la terminología del CC (art. 35); y —con mejor factura— “
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