Planificación territorial y marcos institucionales para la gestión ambiental y social Planificación
territorial Las industrias extractivas generan cambios drásticos y, frecuentemente, a gran escala en
los territorios donde se establecen. Los potenciales impactos negativos de las industrias extractivas
ponen en riesgo medios de vida tradicionales, como agricultura y ganadería, consumen y
deterioran recursos hídricos, y dificultan la puesta en marcha de actividades económicas
alternativas. En ese contexto, la planificación territorial es una herramienta para organizar el uso
del territorio, minimizando conflictos y asegurando su sostenibilidad. Para ello se determinan
políticas de uso del territorio y sus recursos que tratan de equilibrar objetivos económicos,
ambientales y sociales. Muchos gobiernos y empresas extractivas son reticentes a la realización de
procesos de planificación territorial porque estiman que pueden suponer un freno a la inversión.
Sin embargo, estos procesos, en principio, no conllevan un veto a las actividades extractivas, sino
que, a partir de criterios medioambientales y sociales, determinan dónde y bajo qué condiciones
pueden desarrollarse las diferentes actividades económicas. Por lo tanto, aunque los planes de uso
del territorio pueden identificar lugares vetados para la actividad extractiva, la existencia de reglas
claras puede también promover la inversión al señalar con claridad las áreas donde las empresas
pueden explorar y extraer recursos con menores impactos medioambientales y sociales,
reduciendo así el riesgo de conflicto con las comunidades locales. La elaboración de la planificación
territorial conlleva el estudio de las características naturales del territorio, su uso a lo largo de la
historia, su relación con los territorios circundantes, las oportunidades y limitaciones para el
desarrollo de distintas actividades económicas, etc. Esos estudios requieren una gran cantidad de
información y la participación de todos los actores involucrados. El análisis de toda esa información
sirve para generar distintos escenarios que tienen que ser después consensuados. La elaboración
de estos planes, su alcance y su uso forman parte de los marcos institucionales a través de los que
cada país regula la actividad extractiva en los espacios locales. Marcos institucionales para la
gestión ambiental y social De acuerdo con el precepto 5 de la Carta de los Recursos Naturales, los
costos sociales y ambientales de las industrias extractivas usualmente afectan de manera
desproporcionada a las poblaciones cercanas a la zona de extracción. En este sentido, los estados
tienen la responsabilidad de acercar las decisiones públicas sobre la extracción de los recursos
naturales a la población, incluso desde etapas previas a la extracción. 4 Gobernanza de las
Industrias Extractivas en América Latina Es aquí donde surge la importancia de contar con marcos
institucionales que aborden, desde distintas dimensiones, los impactos territoriales generados por
las industrias extractivas. Hay tres dimensiones que son especialmente importantes regular: los
derechos de propiedad sobre el suelo y el subsuelo, los impactos sociales y los impactos
medioambientales. Los derechos de propiedad sobre el suelo y el subsuelo es el primer aspecto a
considerar. Por lo general, el régimen de propiedad de los recursos naturales está establecido en la
constitución de los países. Sin embargo, también debe existir un marco legal claro para aspectos
específicos. La legislación debe ser clara sobre cuáles son los derechos sobre las regalías o rentas
que existen tanto para los ciudadanos del país como para las comunidades locales. Por otro lado, el
acceso y disponibilidad de bienes comunes necesarios, como el agua, también deberían estar
regulados por leyes específicas. La segunda dimensión importante es la determinación de una
institucionalidad que regule la participación de la sociedad local. Normalmente está ligada con el
marco de descentralización y participación ciudadana. Los gobiernos necesitan implementar un
marco de institucionalidad social para asegurar una buena relación entre las distintas partes
interesadas y las comunidades afectadas por la extracción. Esto implica que exista una
participación significativa y que se pongan en funcionamiento procedimientos de resolución de
conflictos, así como las salvaguardas necesarias para preservar los derechos humanos. Este último
punto está profundamente relacionado a la protección de poblaciones indígenas y la aplicación de
mecanismos de consulta previa, libre e informada. La institucionalidad ambiental es el tercer
componente del marco institucional. Los países de América Latina vienen implementando leyes
relacionadas a la preservación de los ecosistemas desde los años 1970. Sin embargo, es a partir de
e 1990 y más claramente después de 2000 cuando surge una preocupación por hacer de los
esfuerzos de protección ambiental multisectoriales. Esto significa que son implementadas una
serie de leyes marco para gestionar el medio ambiente. Los marcos institucionales para la gestión
ambiental deben garantizar un monitoreo y control efectivo de los impactos ambientales de las
industrias extractivas. En el plano del monitoreo hace falta un sistema de evaluación ambiental
estratégica que acompañe el desarrollo de un proyecto extractivo. Asimismo, las evaluaciones de
impacto ambiental deben ser tomadas en cuenta como un insumo básico para los procesos de
toma de decisión en cada etapa del proyecto. Por último, se espera que los marcos institucionales
ambientales y sociales se complementen entre sí. Por ejemplo, el proceso de validación de los
estudios de impacto ambiental debe tomar en cuenta los mecanismos existentes de participación.
Las industrias extractivas y los pueblos indígenas Los pueblos indígenas están crecientemente
expuestos a los impactos sociales, ambientales, culturales y económicos de las industrias
extractivas, tanto en actividades mineras como petroleras. La situación se ha agravado por el
incremento de la demanda de estos recursos y las mejoras tecnológicas que permiten acceder y
hacer viables a depósitos cada vez más remotos. Esto es también cierto en el caso de Colombia y
Perú. En el caso de Perú, casi la totalidad de los pueblos indígenas amazónicos tienen superpuestos
lotes petroleros ya licitados o por licitar1. Las concesiones minero metalúrgicas se extienden por
toda la región andina peruana, notoriamente, aunque no de forma exclusiva, en lugares donde hay
una alta concentración de comunidades campesinas. En Colombia, sucede lo mismo con las
concesiones mineras en la Amazonía2, mientras desde hace muchas décadas se desarrollan
grandes operaciones de explotación de carbón en la Guajira y El Cesar que afectan a pueblos
indígenas. Además, ambos países tienen un record muy negativo de minería ilegal aurífera en
territorios indígenas. En el caso de los pueblos indígenas los impactos de las industrias extractivas
se agravan cuando se toma en consideración el significado que tienen sus territorios como base de
su existencia y su autonomía. Así lo reconocen claramente el Convenio n° 169 de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) y Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los
Pueblos Indígenas. En términos generales, las afectaciones de las industrias extractivas a los
pueblos indígenas se relacionan con una deficiente presencia del Estado en sus territorios y la
ausencia de estándares ambientales y sociales adecuados. Las familias indígenas obtienen la
mayoría de sus alimentos de sus tierras y el agua de sus fuentes de agua fresca (y en algunos casos
del subsuelo con pozos). Esa estrecha conexión con el entorno hace que la contaminación del aire,
suelos, ríos, lagos y otros recursos naturales incrementa el riesgo de daño. Esto es así para todos
los grupos de edad, pero particularmente para los niños y niñas, y para las mujeres en edad de
tener hijos. La extracción de recursos conlleva un alto riesgo de que los alimentos tradicionales de
los pueblos indígenas, producidos localmente (animales y vegetales), acumulen contaminación de
sustancias químicas. Algunos pueblos indígenas han estado expuestos a contaminación como
resultado de actividades extractivas por largos períodos de tiempo. Cuando un territorio indígena y
su población están expuestos simultáneamente a múltiples actividades extractivas se incrementa
su riesgo por impactos acumulativos. Al tener las economías locales indígenas un alto componente
de autoconsumo, el impacto de la contaminación tiende a ser subvalorado. Estas características
específicas de los pueblos indígenas no son tenidas en cuenta cuando los gobiernos y empresas
calculan las compensaciones a las que tienen derecho los pueblos indígenas.
En respuesta a la dificultad de contar con estrategias inclusivas e integrales sobre las que se
desarrollen los proyectos extractivos, América Latina se ha convertido, en los últimos años, en la
región más activa en el mundo cuando se trata de procesos de participación ciudadana para
ejercer control sobre proyectos extractivos. Entre los mecanismos más comúnmente utilizados
para fomentar la participación en la toma de decisión en el sector extractivo destacan dos: las
consultas ciudadanas o populares y la consulta previa. Ambos mecanismos no compiten, sino que
son complementarios y pueden incluso potenciar otras formas de participación (Jahncke
Benavente y Meza 2010: 80). a) La consulta ciudadana La consulta ciudadana es el “mecanismo por
el cual los ciudadanos ejercen su derecho a consultar y ser consultados mediante el sufragio sobre
los actos de gobierno de trascendencia, nacional, regional o local (…) que puedan afectar los
derechos fundamentales de las personas, siempre que estén previamente informados en la
materia respecto de la que se va a deliberar” (Jahncke Benavente y Meza 2010: 44). A la hora de
diseñar e implementar una consulta ciudadana, se deben tener en cuenta cuatro elementos clave:
(i) cuál es el tema sobre el que se quiere consultar y cuál sería el efecto jurídico de la consulta, (ii)
quiénes son los actores involucrados (quién consulta, a quién se consulta), (iii) cuál es el territorio
en el que se aplicará, y (iv) cuál es el objetivo último de la consulta y qué características tendrá el
procedimiento en sí mismo (como se desplegará el mecanismo y si el resultado será vinculante). A
estos elementos se le debe sumar la garantía de acceso a información confiable por parte de los
actores involucrados. Si bien las compañías extractivas se encuentran en medio del proceso y, en
muchos casos, es su accionar el que lleva a que la comunidad apoye la necesidad de una consulta,
es el Estado quien debe garantizar que se adopten todos los pasos establecidos por la legislación.
Gobernanza de las Industrias Extractivas en América Latina 13 b) La consulta previa Los ciudadanos
que pertenecen a grupos reconocidos como pueblos indígenas gozan del derecho de participación
(política) por considerarse ciudadanos de un estado determinado, con derechos civiles y políticos y,
por su condición de pueblo indígena con derecho a su autodeterminación, el cual está amparado
bajo el Convenio N.º 169 de la OIT. La consulta previa parte, justamente, de la noción de
autodeterminación y la necesidad de garantizar su participación en la toma de decisión sobre su
territorio y comunidad. La consulta previa es entonces el proceso por el cual los gobiernos
consultan a los pueblos indígenas y tribales sobre las distintas propuestas legislativas, medidas
administrativas, propuestas de políticas y programas que les puedan afectar directamente con el
objetivo de lograr consenso o consentimiento (Jahncke Benavente y Meza 2010: 55). En este caso
es importante que se respeten los usos y costumbres de la comunidad a la hora de establecer los
lineamientos generales para el proceso. Teniendo en cuenta que el objetivo último de la consulta
es lograr consenso entre las partes sobre una decisión que afecta al pueblo indígena o tribal y su
territorio, la noción de consentimiento libre, previo e informado, cumple un papel fundamental en
el proceso. Que la consulta sea libre refiere a la garantía de que no exista ningún tipo de
constreñimiento a la participación, previa pues debe tener lugar antes de que el proyecto en
cuestión sea aprobado y, finalmente, debe garantizar el acceso a la información pertinente para el
proceso. Esto puede generar un acuerdo total o parcial o, incluso, un no acuerdo. La situación de
no acuerdo da lugar a que el Estado tenga la última palabra respecto al futuro del proyecto
(Jahncke Benavente y Meza 2010: 64). En casos como la expansión del proyecto Cerrejón en La
Guajira en Colombia, que afectaba a la comunidad indígena Wayuu, forzándole a reasentarse, el
Estado estableció la implementación de la consulta previa como respuesta al trabajo de diferentes
organizaciones sociales que exigían voz en el proceso. Los obstáculos a la participación en el sector
extractivo La implementación de estos mecanismos no ha estado exenta de obstáculos. La
inconsistencia con la que diferentes instituciones han abordado la cuestión de las consultas ha
contribuido a desacreditarlas y a que en algunos casos se estigmatice a quienes apoyan su
realización. En otros casos, se consideran una mera formalidad. Si bien consagradas
constitucionalmente en la mayoría de países, en la práctica estas instancias son vistas por
gobiernos y empresas extractivas como “costos” inherentes al desarrollo de un proyecto. Procesos
por los que hay que pasar, pero a los que se percibe como obstáculos. Esto se refleja, por ejemplo,
en la asimetría de información entre Gobierno, empresa y ciudadanía a la hora de implementar
estos procesos. Las consultas se ven también condicionadas por los debates irresueltos sobre la
propiedad del subsuelo y, por ende, sobre la capacidad de Estado nacional, subnacional y
comunidades locales de tener voz en el proceso de toma de decisión. A pesar de la importancia de
contar con procesos transparentes que se fortalezcan con la participación de la ciudadanía para
una toma de decisiones inclusiva, América Latina todavía tiene un largo camino que recorrer para
garantizar espacios adecuados de participación. La participación en la toma de decisiones pública
se encuentra en el centro de la noción de democracia y debido a la relevancia para la economía, la
sociedad y el 14 Gobernanza de las Industrias Extractivas en América Latina medioambiente que
tienen los proyectos extractivos, la necesidad de consultar y contar con apoyo ciudadano es
fundamental.
¿Qué factores influyen en la existencia de conflictos? Se ha tendido a denominar a los conflictos
sociales por industrias extractivas como conflictos socioambientales. No obstante, una revisión del
conjunto de conflictos desvela que hay muchas razones potenciales para que, al lado de minas y
campos petroleros, haya conflictos: problemas medioambientales, desposesión de tierra y
recursos, amenaza a los medios de vida, persistencia de la pobreza y crecimiento de desigualdad,
desacuerdo con la forma de repartir los beneficios de la extracción, incumplimiento de acuerdos
previos con las empresas y el Estado, frustración de las expectativas generadas, etc. 16 Gobernanza
de las Industrias Extractivas en América Latina En los últimos años, diferentes estudios académicos
han analizado los factores que influyen en la incidencia de conflictos en el entorno de las industrias
extractivas. Algunos se han centrado en el estudio de caso para entender la complejidad de cada
conflicto, mientras que otros han abordado la comparación de múltiples casos para descubrir
tendencias comunes. Los elementos centrales son los siguientes: 1) La pobreza aparece en casi
todos los estudios como un factor importante. Cuanto mayor es el nivel de pobreza, mayor
incidencia de conflictos sociales cabe esperar. La alta incidencia de conflictos en el sector minero-
petrolero es consistente con el hecho de que muchas de las operaciones mineras y petroleras se
desarrollan en entornos marcados por altos índices de pobreza. 2) La generación o acentuación de
desigualdades entre grupos sociales tiende a incrementar la probabilidad de que existan conflictos.
En poblaciones rurales relativamente poco diferenciadas, el hecho de que algunas personas se
vinculen laboralmente al sector extractivo –ya sea directa o indirectamente- tiende a fomentar las
desigualdades. 3) La intensificación de la actividad extractiva en un territorio, y el correlativo
aumento de los impactos medioambientales que conlleva, tienden a estar asociados con la
existencia de conflictos locales. 4) La competencia de la activad extractiva con el sector
agropecuario por el control de recursos. La gran minería y las explotaciones petroleras consumen
grandes cantidades de agua que, con frecuencia, devuelven al medio en peores condiciones, y
necesitan controlar amplias extensiones de territorio. Las poblaciones que dependen del sector
agropecuario para su subsistencia tienden a oponerse a la presencia de nuevas industrias
extractivas. 5) El tipo de empresa involucrada influye en incidencia de conflictos. Las grandes
empresas multinacionales enfrentan mayor oposición que las empresas nacionales, sean estas
privadas o públicas. Esa mayor incidencia de conflictos no está directamente relacionada con la
calidad de sus estándares técnicos, sociales o medioambientales. 6) La renta económica generada
por las operaciones tiende a estar positivamente correlacionada con la incidencia de conflictos.
Cuanto mayores son los beneficios de una operación, mayor es la probabilidad de que existan
conflictos. Por eso, las grandes operaciones en momentos de precios altos tienden a generar más
conflictos a su alrededor. 7) Finalmente, algunos estudios apuntan a que gobiernos subnacionales
más competentes pueden jugar un papel moderador y reducir las protestas. Aunque la hipótesis es
razonable, las evidencias empíricas no son concluyentes. Es importante señalar que los distintos
estudios recogen factores que aumentan la probabilidad de que existan conflictos, pero en ningún
caso suponen que su presencia asegure la conflictividad social.
CULTIVOS TRANSGENITOS
Cualquier tipo de agricultura -de subsistencia, orgánica o intensiva- influye en el medio ambiente,
por lo que cabe esperar que también influyan en él las nuevas técnicas genéticas empleadas en la
agricultura. El CIUC, el GM Science Review Panel y el Nuffield Council, entre otros, están de
acuerdo en que las repercusiones ambientales de los cultivos transformados genéticamente
pueden ser positivas o negativas según la forma y el lugar en que se empleen. La ingeniería
genética puede acelerar los efectos perjudiciales de la agricultura o contribuir a la aplicación de
prácticas agrícolas más sostenibles y a la conservación de los recursos naturales, incluida
la biodiversidad. Se resumen a continuación las preocupaciones ambientales relacionadas con los
cultivos transgénicos, junto con el estado actual de los conocimientos científicos al respecto.
Los cultivos transgénicos pueden producir en el medio ambiente efectos directos tales como la
transferencia de genes a pariente silvestres o a cultivos convencionales, la propagación de malezas,
efectos de rasgos en especies no objetivo y otros efectos no intencionales. Estos riesgos son
semejantes para los cultivos transgénicos y para los mejorados convencionalmente (CIUC). Aunque
difieren las opiniones de los científicos sobre estos riesgos, hay acuerdo en que es preciso evaluar
los efectos ambientales caso por caso y recomiendan el seguimiento ecológico después de la
utilización de tales cultivos para detectar efectos no previstos (CIUC, Nuffield Council, GM Science
Review Panel). Los cultivos transgénicos pueden entrañar también efectos indirectos positivos o
negativos en el medio ambiente, causados por los cambios en las prácticas agrícolas,
especialmente las relativas al empleo de plaguicidas y herbicidas, o en los sistemas de cultivo.
Los árboles transgénicos son objeto de preocupaciones ambientales análogas, si bien entrañan
otras adicionales debido a su largo ciclo vital. Los microorganismos transgénicos se usan
normalmente en la elaboración de alimentos en condiciones limitadas y no suelen considerarse un
riesgo para el medio ambiente. Algunos microorganismos pueden utilizarse en el medio ambiente
como agentes de lucha biológica o para la eliminación de daños ambientales por medios biológicos
(por ejemplo, derrames de petróleo), y sus efectos ambientales deberán evaluarse antes de su
utilización. Las preocupaciones ambientales relacionadas con los peces transgénicos se centran
principalmente en su potencial de reproducirse con sus parientes silvestres y competir con ellos
(CIUC). Es probable que los animales de granja transgénicos se utilicen en condiciones muy
controladas, por lo que plantean pocos riesgos ambientales
-Los científicos están de acuerdo en que el flujo de genes desde cultivos modificados
genéticamente es posible mediante el cruzamiento de variedades de polinización libre con cultivos
locales o parientes silvestres. Como el flujo de genes se ha producido durante milenios entre las
variedades originales y los cultivos mejorados convencionalmente, cabe prever razonablemente
que ocurra también con los cultivos transgénicos. La tendencia de los cultivos a la exogamia varía y
la capacidad de exogamia de un cultivo depende de la presencia de parientes silvestres
sexualmente compatibles, lo que varía según el lugar (Recuadro 23) (CIUC, GM Science Review
Panel).
Los científicos no están plenamente de acuerdo en si el flujo de genes entre cultivos transgénicos y
sus parientes silvestres tiene importancia en sí mismo y por sí mismo (CIUC, GM Science Review
Panel). Si un híbrido transgénico/silvestre resultante tuviera alguna ventaja competitiva sobre la
población silvestre, podría persistir en el medio ambiente y trastornar el ecosistema. Según el
informe del GM Science Review Panel, la hibridación entre cultivos transgénicos y sus parientes
silvestres parece «con toda probabilidad transferir genes que son ventajosos en entornos agrícolas,
pero no prosperará en el entorno silvestre … Además, ningún híbrido entre ningún cultivo y sus
parientes silvestres ha llegado nunca a ser invasor en el entorno silvestre en el Reino Unido» (GM
Science Review Panel, 2003).
Se debate si el flujo, en otros casos benigno, de transgenes a variedades originales o a otras
variedades convencionales constituya por sí mismo un problema ambiental, ya que los cultivos
convencionales han interactuado de esta forma con las variedades originales durante mucho
tiempo (CIUC). Se necesitan investigaciones para evaluar mejor las consecuencias ambientales
del flujo de genes, especialmente a largo plazo, y para comprender mejor el flujo de genes entre
los principales cultivos alimentarios y las variedades originarias en centros de diversidad (CIUC, GM
Science Review Panel).
El carácter de maleza se refiere a la situación en que una planta cultivada o su híbrido llega a
establecerse como mala hierba en otros campos o como especie invasora en otros hábitats. Los
científicos están de acuerdo en que hay solamente un riesgo muy bajo de que los cultivos
domesticados se conviertan en malas hierbas debido a que los rasgos que los vuelven indeseables
como cultivos en muchos casos los hacen menos aptos para sobrevivir y reproducirse en forma
silvestre (CIUC, GM Science Review Panel). Las malas hierbas que forman híbridos con cultivos
resistentes a herbicidas tienen el potencial de adquirir el rasgo de tolerancia al herbicida, si bien
esto les dará una ventaja solamente en presencia del herbicida (CIUC, GM Review Panel). Según el
GM Science Review Panel, «experimentos detallados de campo con varios cultivos modificados
genéticamente en una serie de entornos han demostrado que los rasgos transgénicos investigados
-tolerancia a herbicidas y resistencia a insectos- no aumentan sensiblemente la capacidad de las
plantas en hábitats seminaturales» (GM Science Review Panel, 2003). Algunos rasgos transgénicos,
como la resistencia a plagas o enfermedades, pueden proporcionar una ventaja de aptitud, pero
hay pocas pruebas hasta ahora de que esto ocurra o que tenga consecuencias ambientales
negativas (CIUC, GM Science Review Panel). Se necesitan más pruebas acerca del efecto que los
rasgos que fortalecen la aptitud producen en la tendencia a la invasión (GM Science Review Panel).
Se están diseñando métodos de gestión y genéticos para reducir al mínimo la posibilidad del flujo
de genes. Actualmente no se puede aplicar en la práctica el aislamiento completo de los cultivos
producidos a escala comercial, ya sean o no modificados genéticamente, si bien se puede reducir
al mínimo el flujo de genes, como se hace actualmente entre las variedades de colza cultivadas
para la alimentación, piensos o aceites industriales (GM Science Review Panel). Entre las
estrategias de gestión figuran la de evitar la siembra de cultivos transgénicos en sus centros
de biodiversidad o donde hay parientes silvestres, o utilizar zonas tampón para aislar las
variedades transgénicas de las convencionales u orgánicas. Se puede aprovechar la ingeniería
genética para alterar los períodos de floración a fin de evitar la polinización cruzada o asegurar que
los transgenes no se incorporen en el polen, y para desarrollar variedades transgénicas estériles
(CIUC y Nuffield Council). El GM Science Review Panel y otros órganos de expertos recomiendan
que los cultivos modificados genéticamente, que producen sustancias médicas o industriales, se
proyecten y cultiven de forma que se evite el flujo de genes a los cultivos
Efectos de algunos rasgos en especies no objetivo
Algunos rasgos transgénicos -como las toxinas plaguicidas expresadas por los genes Bt- pueden
afectar a especies no objetivo además de a las plagas que se tratan de combatir (CIUC). Los
científicos convienen en que puede ocurrir esto, pero no hay acuerdo sobre la medida de su
probabilidad (CIUC, GM Science Review Panel). La controversia sobre la mariposa
monarca (Recuadro 24) demostró que es difícil extrapolar de estudios de laboratorio a condiciones
de campo. Estudios de campo han demostrado algunas diferencias en la estructura de la
comunidad microbiana del suelo entre los cultivos Bt y los no Bt, pero tales diferencias se hallan
dentro del margen normal de variación que se encuentra entre cultivares del mismo cultivo y no
proporcionan pruebas convincentes de que los cultivos Bt puedan dañar la salud del suelo a largo
plazo (GM Science Review Panel). Aunque hasta ahora no se han observado sobre el terreno
efectos perjudiciales importantes en fauna y flora silvestres no objetivo o en la salud del suelo, los
científicos no están de acuerdo sobre cuántas pruebas se necesitan para demostrar que la
producción de cultivos Bt es sostenible a largo plazo (GM Science Review Panel). Están de acuerdo
en que es preciso vigilar los posibles efectos en especies no objetivo y compararlos con los efectos
de otras prácticas agrícolas actuales, como el uso de plaguicidas químicos (GM Science Review
Panel). Reconocen que hace falta elaborar mejores métodos para estudios ecológicos sobre el
terreno, incluyendo mejores datos de referencia con los que poder comparar los nuevos cultivos
https://www.greenfacts.org/es/omg/3-cultivos-modificados-geneticamente/5-flujo-genes.htm
La crisis del petróleo de 1973 (también conocida como primera crisis del petróleo) comenzó el 16
de octubre de 1973, a raíz de la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo de
no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur,
que enfrentaba a Israel y Egipto. Aunque en un principio el embargo afectaba
a Canadá, Japón, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos, posteriormente se extendió
a Portugal, Rodesia (actual Zimbabue) y Sudáfrica.
Gráfico de la evolución de los precios
del petróleo a largo plazo (1861-2007). La línea naranja muestra el nivel de precios constantes,
ajustado según la inflación. La línea azul muestra los precios corrientes.
El aumento del precio, unido a la gran dependencia que tenía el mundo industrializado del
petróleo, provocó un fuerte efecto inflacionista y una reducción de la actividad económica de los
países afectados. Estos países respondieron con una serie de medidas permanentes para frenar su
dependencia exterior.1
Causas de la crisis[editar]
Antes del embargo, el Occidente industrializado, sobre todo Estados Unidos, solía disponer de
petróleo abundante y barato. Las ciudades estadounidenses posteriores a la Segunda Guerra
Mundial, muy extendidas, con enormes núcleos urbanos de casas unifamiliares dispersas,
dependían del automóvil como principal medio de transporte, de modo que utilizaban combustible
de forma masiva. Entre 1945 y finales de los 60, Occidente y Japón consumían más petróleo que
nunca. Solo en Estados Unidos, el consumo se había duplicado entre 1945 y 1974. Con un 6 % de la
población mundial, Estados Unidos consumía el 33 % de la energía de todo el mundo. Al mismo
tiempo, la economía estadounidense mantenía una cuarta parte de la producción industrial
mundial, lo cual quiere decir que los trabajadores estadounidenses eran cuatro veces más
productivos que la media global, pero a cambio el país consumía cinco veces más energía.
El petróleo, sobre todo el procedente de Oriente Medio, se pagaba en dólares estadounidenses,
con los precios también fijados en dólares. Durante el mandato del presidente Richard Nixon, el
modelo económico estadounidense estaba ya agotado, el crecimiento era nulo, y sin embargo la
inflación ya empezaba a ser preocupante. Durante el verano de 1971, Nixon estaba bajo una fuerte
presión pública para que actuara de forma tajante ante este estancamiento económico. Para
provocar una caída del precio del oro en los mercados internacionales, Nixon abandonó el patrón
oro el 15 de agosto de 1971, finalizando así el sistema de Bretton Woods, que había funcionado
desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El dólar fue devaluado en un 8 % en relación con el oro
en diciembre de 1971, y se volvió a devaluar en 1973.