Ncis
Ncis
—¡Yo no fui, no fui yo! —. Cada vez su alienación mental se quebraría, cada vez el sonido era
más fuerte y nunca se detuvo. — ¡Nunca maté a ese hombre! Él lo mató, es inteligente y nunca
sonríe hasta conseguir lo que quiere. — Cuyos ojos mostraban un cascarón vacío, ya no había
sentido tomar su locura como una salida a ese caso criminal.
—En los análisis de la evaluación de salud mental dicen que Kimura Suzuki tiene esquizofrenia
paranoica —. Evalúan si el sospechoso está realmente cuerdo o no. — llévenlo a una clínica de
reposo. — los oficiales al mando eran obligados a llevarse al sospechoso. — La víctima
caminaba al departamento del sospechoso, sin embargo algunos testigos dicen que la víctima
nunca cruzó palabra con el victimario. — La incertidumbre perseguía las palabras del detective.
Palabra tras otra eran contradichas por él mismo. — El cuyo objeto que encontré fue una uña,
no obstante no justifiqué qué sea de la víctima, alguien tan poco cuerdo como él nunca haría
que me confundiera de pruebas y diera en otras, además él nunca tuvo sangre en sus dedos ni
mínimamente en su ropa. — El aire frío confundía al detective cansado. — Pero… las pruebas
dicen qué fue Kimura quien asesinó brutalmente a ese hombre sin dinero. ¿Acaso había algo
que Kimura nunca dijo en su testimonio? —. Él se pregunta una y otra vez ¿qué causó la
tragedia? Pero aún sigue teniendo un problema. — ¿Por qué lo hizo? —. En dónde estaba era
la persistencia a sus palabras.
—¿Por qué siempre pierdes ante tus pensamientos erróneos? —. Vez en vez percibe un olor a
plasma, pero siempre pierde ante aquella.
—Perdí lo único que necesitaba. — Sus ojos perdían el brillo de la poca esperanza que
mantenía sus palabras argumentadas. — El sospechoso nunca tuvo sangre en sus manos ni
dedos, pero la víctima tenía un corte perfecto en los laterales del cuello, no obstante la uña de
la víctima fue cortada luego de ser asesinado. Además ahora que pienso Kimura titiritaba aún
sin hablar, lo que hace que sea una persona tímida y en cuanto sus compañeros de trabajo, él
nunca invitó a ninguno porque nunca tuvo un amigo. Y al parecer la víctima llamó ese instante
en dónde el sospechoso estaba por cortar su cuello, nos llamó por un teléfono viejo y
desechable, entonces el sospechoso quiso que nosotros estuviéramos en un callejón sin salida,
nos confundió y nos hizo pensar que Kimura fue quien lo hizo para que cuando Kimura saliera
del baño, nosotros ya estábamos ahí, pensando que él era el victimario. Además encontré
sangre en el lavatorio pero no en la cerradura, pues Kimura estaba encerrado en el baño sin
saber lo que pasaba ahí afuera, creía que sería una coincidencia pero no fue así, el sospechoso
nunca tendría todo el tiempo del mundo para lavarse bien las manos, para cerrarse la puerta y
no saber lo que pasaba. Él dejó dos pruebas falsas para que yo me concentrase en Kimura y él
pudiera pasar desapercibido. ¡Acaso fue así! —. Al pensar en eso, su compañero se mareo al
instante.
—¿En qué momento pensaste tanto? — Era un enigma seguir siendo alguien así después de
todo.
—¿Porqué hizo algo así? Al parecer los testigos dijeron que nunca vieron a una persona
sospechosa, pero ¿Por qué mató a ese hombre? —. Aún no sabe lo certero que es para
testificar sus propias contracciones, — “Él fue quien mató a ese hombre, es inteligente y nunca
sonríe hasta conseguir lo que quiere”. ¿Por qué Kimura dijo eso, él alguna vez concluyó qué
alguien más estaba con él? — Las razones y sus relaciones son impresionantes, la perspicacia
del detective aún siguen creciendo.
—Lo hacía pero aún siento que si tú estás aquí posiblemente no, confirmo que nunca podré
concentrarme. — Las miradas exaltadas de todos seguían en el detective.
—Prácticamente quieres que me vaya a la mierda. — Y aún sentía que no estaba de humor
para seguir bromeando a buscar ser el mejor o no. Los papeleos seguían estando sobre la
mesa, ellos seguían cantando pero él estaba perdiendo su tiempo en realizar medidas de aquel
asesinato.
— ¿Cómo estás seguro que es hombre quien mató a la víctima? —. La criminología es para
gente inteligente y nunca sonríe hasta conseguir lo que quiere.
—¿Por qué?, Supongo que tu hipótesis describía a una persona con fuerza y resistencia, dudo
que una mujer sea tan fuerte para balancearse contra un hombre gordinflón. — Sea cierto
entre sus palabras, para el detective aún se sentía insatisfecho. Pero el traqueteo de las
ventanas abiertas, y el viento fuerte hizo que las hojas cayeran una sobre otra ante sus ojos, y
vio una sola palabra definitiva “Jugar”.
—¿Acaso el sospechoso solo lo hizo porque no tenía nada más que hacer? Esto parece una
maldita broma. Los familiares de la víctima afirman que nunca vieron a nadie sospechoso que
les hiciera llamar su atención. Él era una persona que contaba sus problemas más íntimos a su
familia, él nunca fue una persona cerrada en su mundo. — Su mirada seguía caminando por
toda la oficina, pero el chillido de aquella silla de madera era tan molesto. Los demás eran
excluidos, la envidia permanecía en sus ojos malévolos. — La víctima era una persona con
sobre peso, Kimura Suzuki era débil y tenía problemas con su trastorno. Alguien con la
alienación mental retorcida no haría un corte perfecto en ambos lados del cuello. Tengo tres
opciones; un carnicero, un médico forense o un dermatólogo. — Cada vez parecía acercarse a
la verdad sin nada más que repetir los movimientos en su mente y proyectarlo por encima de
los demás. — Pero no obstante el cuchillo fue hallado en la habitación vecina al baño. Creía
que sería otra prueba, pero no lo fue, el asesino estaba desesperado por salir de ahí, el cuchillo
cayó hacia un lado de la habitación y él se fugó por la ventana, pero todas estaban cerradas,
sin embargo esa misma noche, hacía tanto frío que llegamos a los menos dos grados, Kimura
cerró las ventanas antes de encontrarse el asesinato frente sus ojos. ¿Acaso solo está jugando
conmigo y se ríe de mí? —. Los dos puñados de papeleos eran adjuntos luego de releer su
contenido excesivo, el olor húmedo hizo que el detective se exaltara. El almuerzo de la tarde
también esperaba ser devorada. —Esa mujer nunca mentía pero parece que hizo algo que me
confundiese aún más. “El día uno de diciembre mi vecino citó a una persona, parece que la
persona no asistió”, le pregunté porqué estaba muy segura de que el hombre nunca había
llegado. Y me contestó “Porqué yo debía vigilar a mi vecino, usted no sabe pero parece que
tiene esquizofrenia” —. Luego de escuchar las suelas de muchos zapatos ir y venir, su perfecta
imaginación no dio a lo que más quería.
—Watanabe, una mujer quiere hablar contigo de un caso reciente. — La voz de un hombre
hizo que el detective levantara la vista oscura.
Cuya mujer ya cruzaba conversación con el detective y aún sentía que sus sospechas eran
inciertas dadas las pruebas de la mujer, en lo general sugería permanecer callado por una
década de tiempo, pero para su suerte ella daría a aquello que quiso encontrar. —¿Mataría a
dos pájaros de un tiro por dinero? —. La pregunta de sus pasados, y la resina aún seguía escasa
ente sus pies. — Somos una agencia poco conocida a favor de los sustituyentes, pero le
aseguro que podemos ser certeros a sus palabras.
—Sería un gran problema, quizá el juzgado provee los delitos cometidos por ese asesino,
declarando que la NCIS ganó el caso. — Pero los gestos pequeños de la señora Watson eran
molestos y normalmente incómodos a la vista de la multitud colada en la oficina descolorida.
—¿Se refiere al órgano judicial unipersonal? —. El olor a perfume intenso y el vapor del frío
emergido por la oficina persuadieron las fosas nasales del detective.
—Bueno, en caso de información, nuestra asociación criminología naval, nos ayuda a buscar
tales paneles de asesinatos en serie. — El bullicio aún parecía incrementar rápidamente. Los
tacones de la señora Watson sonaban al ritmo de lo molesta que pudo estar.
—Pero culpan a un hombre esquizofrénico qué nunca había invitado a nadie, pero sin embargo
creen que las pruebas son ciertas y la uña de la víctima fue cortada pero ¿Por qué cortarle una
uña cuando ya estaba muerto? —. Era interesante ver a una mujer darle nuevamente vida a
los recuerdos del hombre muerto.
—¿Porqué sabe de más si las pruebas son confidenciales? —. Actuaba con aquella cara
preocupada, sus pies temblaban al pensar y pensar. El detective se percató de algo inusual, su
rostro antes de decir aquello estaba confiable, ahora un pequeño sudor salía de su frente.
Ahora ella estaba acorralada, fue un error calcular sin medir la cantidad de información buena
o falsa, el detective sabía que ella tenía algo que ver en ese caso. — ¡Nunca lo maté, no tiene
ninguna información para acusarme falsamente! —. Pero al querer levantarse, su fuerza y
resistencia nunca fueron la opción.
—¿Cómo entró al departamento de Kimura? Sabía la hora y los días en el que Kimura se
bañaba, sabía cuándo podría colarse y matarlo. Usted quiso que yo me fuera por otro camino y
pasar nuevamente desapercibida. — Ahora un punto importante ¿Por qué se expuso ella sola,
fue muy tonta o ingenua para perder el décimo juego tan pronto?
—Nunca lo maté, mi esposo murió en ese accidente y yo estoy bien gracias a Dios. — En base a
sus palabras, el detective Watanabe escribía en su mente las siguientes escenas.
El victimario sabía cuándo y a qué hora podría atacar sin ser visto. El asesino quería matar al
protagonista de la historia, pero fue interrumpido por el obeso hombre, pero ahora ¿Por qué
el hombre obeso estaba ahí en el departamento doscientos dos en dónde se encontraba el
asesino suelto? — ¿Por qué quieras matar a Kimura Suzuki cuando estaba bañándose? Hay
muchas más oportunidades para matar a alguien sin alineación mental —. El detective se
concentró en la mirada de la mujer, parecía un juego de miradas persistentes. — Es usted la
antagonista de esta historia, pero ¿Respondería porqué el obeso hombre estaba en esa
habitación? —. Las manecillas del reloj eran lo único que permanecía, las uñas de la mujer
cada vez sangraban, la puerta aún hacia chirridos, la mente del detective pensaba en cada
acción y escenas del asesinato sin falta de error.
—¿Usted alguna vez escuchó la palabra metrológico? —. Ella habló balbuceando y sus uñas
cada vez se desangraba más y más.
—Tan interesante. — La señora Watson sonrió pero la silla de madera empezó a temblar, era
una igualdad de silencio para ellos cada vez y más veces la silla temblaba, sabiendo lo inquieta
qué la señora Watson estaba. — ¿Por qué no me mira en vez de la silla? —. Un sudor frío
recorría la espalda del detective, la sudadera que tenía puesta era llamativa a los ojos de
quienes se interesaban. — ¿Si en realidad no fuera yo quien mató a ese hombre, qué haría?
Es imposible conversar en el trayecto de las horas, pero aún sentía que el aire fue su primera
prueba. Ese mismo día, tres de diciembre, a las veinticuatro madrugadas el sospechoso se coló
en el departamento de su vecino, sabiendo que aprovecharía el invierno de estos días para
matar a su victima, pero al saber que alguien más estaba en el departamento, el sospechoso se
escondió en la habitación mas cercana a la cocina pero el hombre que estaba ahí encontró los
rastros del supuesto sospechoso, entonces buscó y buscó por lo mas profundo, llegando a
interferir el plan del victimario. — Bueno, estaría decepcionado de mi lógica y física mente. —
El victimario colocó su pie derecho en el muslo derecho del hombre, ahora podía vendarle los
ojos con su blusa, aquella que utilizaría para ahorcar al protagonista y el cuchillo solo fue un
objeto sin valor. Pero cuyo hombre era tan pesado que el victimario no pudo lastimar ni
noquear al hombre. — ¿Qué hizo para noquear al hombre? Sabía qué era obeso y usted es
débil. — El hombre despertó unos segundos después, sus brazos y piernas estaban atados con
una fuerza muy impresionante.
—Quizá solo golpee suavemente su cuello —. Aquella voz temblorosa hizo que el detective
soltara un leve suspiro.
—La manera de matarlo fue… Cruel, asesinar es vil delito, he aquí mi gran pregunta; ¿Por qué
no lo dejó vivir? Su pobre víctima era tan miserable —. El detective vislumbró los labios
carnosos de la señora Watson, estos se mordieron rápidamente.
—JA… el tipo era tan miserable, hice bien en matarlo y acabar con su vida. — Cada vez las
palabras terribles salían de los labios carmesíes de la señora Watson, y el detective aún no
quedaba satisfecho.
—¿Por qué utilizó la uña de la víctima después de asesinarlo? —. Luego, la víctima parecía
estar un poco inmóvil por su despertar. La señora Watson utilizó el cuchillo de Kimura Suzuki,
ya sea su arrepentimiento sobre su esposo. — ¿Por qué quiso matar a Kimura Suzuki?, Sabe
usted que el muchacho sufre de locura. ¿Por qué se entregó y declaró todo frente mío sin
ningún tipo de reacción emocional exagerada?
—¿Usted es un aficionado de las películas? Mi señor, usted me declaró justo ahora una asesina
en serie, mi vida depende del juicio final ¿No, detective? —. Aquella mirada entonces era:
“locura”.
—Dependería del fiscal, dependería del juez, dependería de la balanza, aquella que nos
representa como humanos, cada corazón está en juego ahí ¿Usted cree? —. La señora Watson
solo sollozaba balbuceando cada palabra.
—Se… seguía enamorada de él —. El detective solo sostuvo su respuesta ante las lágrimas de
su culpable.
—El mundo es cruel, señora Watson —. Entonces el compañero del detective se acercó y sus
ojos reflejaban interés.
—Ni lo digas Sato, la señora Watson nos acompañará —. Aquel frío helaba las yemas de los
dedos del detective. — Satō, llámale al Fiscal. — Su compañero fue hacia los teléfonos
rápidamente. — Señora Watson, su sentencia depende del Fiscal, del juez y los jurados.
—¿Debería ir quizá jurados ante una sentencia condenatoria? —. El rostro de la señora Watson
estaba intranquila.
—A decir verdad, los jurados son importantes para juzgar hechos tanto en casos penales como
civiles. Aunque primero es el Fiscal, él es el representante al Ministerio Público – Fiscalía de la
Nación.
Pero… ¿Por qué el detective realizó este caso?, Pues… La misma señora Watson solicito su
ayuda.
—Esta vez usted, mi señora, tuvo mucha suerte de encontrar una agencia de detectives útil, ya
he visto muchas agencias de detectives en dónde asesinan gente para sacar información
valiosa. — Sato estaba sonriéndole a la señora Watson.
—Sin embargo, su plan no estuvo completo ¿No, señora Watson? —. El detective vislumbró
que las uñas de la señora Watson estaban sangrando y aquella se enredaba a sus yemas frías.
—Eh-
—Me vendría bien un descanso después de esto —. Alguien más estaba ahí, el detective solo
bostezó.
—¡Mi clienta es una caja de sorpresas! —. Fue lo único que dijo luego de irse a trabajar
nuevamente.
—Lo siento, mi compañero es tan repentino, lo siento de verdad, él quiere investigar más el
caso, ¿Podría por favor? —. Sato; es hijo único, también padres pobres. — Él tiene un trabajo
genio, pero… nadie le ha dado el reconocimiento ante sus habilidades perfectas.
—Bueno… si fuera más fácil decidir su futuro, yo realmente podría ayudarle, creo que está
bien.
(…)
—La señora Watson antes de su declaración dijo; Ante mí había un joven alto y fulminante.
Pero él llevaba una mascarilla y una gorra negra, dos guantes que no destacaban mucho.
Luego ya no mencionó al muchacho al cuál describía como un joven siniestro.
—¡Pero sigues hablando solo, además de qué es por la investigación de hoy! —. Sato caminó
con perfecto perfil, pero su amigo, detective, vislumbró unos ojos apagados y sin emociones.
—Sato… Deberías, tú, mi compañero ir a dormir. — Pero aún los ojos de su amigo seguían
caminando por todo el rostro de Watanabe. — ¡De acuerdo, de acuerdo! Iré mañana —. Luego
de escuchar sus palabras, Sato sonrió agradablemente, acercándose a su amigo.
—Eres tan genio ante mis ojos viejos, Watanabe —. Fue lo único que dijo luego de irse antes
de otro sermón de su amigo.
—¡Hey, no somos jóvenes, deberías dejar aquellos cumplidos! —. Watanabe sentía su rostro
arder, y aunque no era de ira, el detective se cubrió el rostro.
Entonces, soltó un leve suspiro y salió de la agencia, dejando completamente sus dudas en su
imaginación. Luego de algunos minutos Watanabe seguía pensando y pensando en la
repentina declaración de su clienta, y al parecer sin darse cuenta ya estaba durmiendo. —…
La señora Watson, entró rápidamente perforando los pines del bombillo, desbloqueando la
cerradura y abriéndolo con destornillador, entrando con facilidad, y supongo que agarró el
cuchillo más usado por el dueño para que, luego de escapar, examinaran el cuchillo y culparan
al dueño, ya que sus huellas son las más compatibles.
Luego, la señora Watson estaba por abrir la puerta del baño, entonces, misteriosamente un
obeso hombre aparece, y la mujer se escondió rápidamente, pero el hombre obeso ya la había
visto, y aún no decidió llamar, luego de buscar, la mujer salto sobre él noqueándolo con el
mango del cuchillo… después el obeso hombre estaba atado con mucha fuerza, ¿La señora
Watson tiene tanta fuerza?”
—Ahg, ¿Acaso la declaración de la señora Watson fue actuado?, ¡No, ella realmente decía la
verdad… pero hay algo que yo realmente no estoy seguro. — Los pensamientos del detective
aún seguían en el aire luego de despertar de su pequeña siesta. Entonces el celular de
Watanabe vibró seguidamente. — ¿Qué sucedió, Sato? —. Entonces sabía porqué llamaba tan
repentinamente. —¡Iré ahora! —. Y colgó, pero Sato aún parecía querer decirle algo más a
Watanabe.
Con exactitud, Watanabe, llegó al departamento al cuál estaba en investigación, sobre todo la
habitación doscientos dos y doscientos tres —. Creía que sería más puntual, señor Watanabe
—. El fiscal solo suspiró profundamente. — Los criminalistas están haciendo su trabajo, usted,
amigo mío debería contarme lo que declaró la culpable. — Entonces Watanabe le contó con
paciencia al fiscal lo que había dicho su clienta.
—No seremos una agencia peculiar, pero les tenemos a ustedes, nuestros superiores. —
Watanabe vislumbró a un muchacho, pero tal vez solo fue coincidencia pensar tanto en él
mismo. “He envejecido…”. Dijo el detective.
—¡JAJA! Los detectives son muy expresivos, o tal vez eres el único sin familia. — El fiscal solo
sonrió y se retiró de ahí.
—Ah… ¿La señora Watson está en el interrogatorio? —. Preguntó Watanabe al ver que el fiscal
estaba adentro del departamento de la señora Watson.
—Usted y yo somos diferentes. Ante mi lógica hay muertes escasas y ante usted hay nombres
sobre otros de fallecidos. — Watanabe apartó su mirar de ahí sin decir más.
—¡Señor fiscal-
—Hemos previsto esto, ¿Usted sabía que alguien más estuvo en el crimen? —. Era difícil
pensar que alguien más ayudó a la señora Watson en esto.
—No, la última vez qué la señora Watson llamó desde su teléfono fue el dos de diciembre y el
nombre de aquel usuario era dentista. Y de hecho, antes de su declaración, mi clienta me
describió a un supuesto hombre joven. — El frío viento congelaba los labios del detective.
—Su dentista es un hombre mayor de cincuenta años. — Ahora quería saber ¿Quién era ese
hombre? —. El fiscal atendió rápidamente su teléfono quien sonaba repentinamente.
—… Disculpe, iré a preguntar sobre el tal joven. — Pero el fiscal sostuvo la mano de Watanabe.
—Tal vez algún día resultaras muerto, Watanabe. — Y ponía final a una conversación discreta.
El detective fue hacia un departamento alejado del crimen, sentía ser su obligación no estar
quieto. — Buenas tardes, ¿No hay nadie? —. Preguntó el detective mientras tocaba la puerta
—¿Sí?, ¿Sucede algo? —. Alguien habló mientras abría la puerta. — ¿Quién es usted? —. Había
una mujer atrás de la puerta, parecía estar escabulléndose.
—Soy un detective, ¿Podría hacerle unas pequeñas preguntas sobre sus vecinos? —. Entonces
la mujer dudó segundos en reaccionar ante la pregunta.
—¿A de decir qué yo he visto algo mientras claramente estaba haciendo mis propias cosas? —.
La mujer parecía estar frustrada, mientras tanto el detective vislumbraba imaginables detalles
sobre la mujer.
—¿Usted es ama de casa, señora? —. Dijo el detective, entonces la mujer parecía aun más
enojada, haciendo gestos de incomodidad.
—¡¿Por qué debería ser yo una señora?! —. Aquella frustración salía en palabras y palabras
asquerosas. — ¡Perros como tú quieren acostarse conmigo hasta que termine embaraza!
—¿En qué trabajas? —. Al detective se le asignó estar cerca del fiscal, y tal vez no ha cumplido
con aquellos reglamentos.
—¿Esas son tus preguntas? ¡Yo estoy perdiendo mi tiempo en tus malditas preguntas! —. La
exagerada fuerza en las palabras de la mujer hicieron que el detective solo sonriera y dijera;
—Buenas tardes —. Yéndose de ahí rápidamente y tocando otra puerta. —¿Alguien está aquí?
—. Entonces un hombre abrió la puerta.
—Buenas tardes ¿Es usted alguien de por aquí? —. El hombre sostenía un lapicero en la mano
zurda.
—No, soy un detective, estoy aquí para investigar sobre lo que sucedió con su vecina Watson y
su vecino Suzuki, ¿Podría saber lo que hacía mientras el crimen se desataba en el
departamento doscientos dos?
—Eh, primero podría pasar y conversar cómo se debe. — El detective aceptó la invitación e
ingresó con precaución al departamento, qué además de estar ordenado también estaba
decorado con fotografías, supondría que sería del dueño.
—Muchas gracias, ahora podría hablarme del día dos de diciembre, comenzando por las
veintitrés horas ¿Qué hacia usted a aquella hora? —. Entonces el hombre dijo.
—Yo ha esa hora estaba durmiendo, pues mi trabajo es ajetreado, quizá usted se cruzó con la
mujer frustrada ¿verdad? —. Entonces el detective agarró un bolígrafo y papel, escribiendo
letra por letra el dichoso interrogatorio. Mientras escuchaba las palabras del hombre.
—¿Usted vio a un hombre joven con gorra negra, mascarilla negra y guantes negros? —.
Entonces el hombre negó sin decir más.
—Ese día, yo estaba durmiendo, por la mañana estaba trabajando. — Entonces al detective le
interesa bastante el trabajo del hombre.
—Soy ingeniero, tal vez mi edad aún me permita seguir con mi profesión. — El hombre parecía
tener cincuenta años, pues vestía ropas más cálidas qué acostumbran los jóvenes a vestir.
—Muy bien, entonces si recuerda con exactitud lo qué sucedió el día tres de diciembre, podría
contactarme a este número. — El detective le entregó una tarjeta al hombre, caminando y
despidiéndose del hombre.
—Ah… Joder, ¿Por qué su rostro parecía de un viejo pervertido? —. Luego su rostro se
calentaba, el detective aún parecía intrigado por tal joven muchacho. — Bien, ahora iré a ese
departamento, el doscientos. — ¿Buenas tardes? —. Luego de tocar un poco, alguien contestó
a la puerta, y una mujer se vislumbró.
—Buenas tardes, ¿Necesita algo? —. Aquella mujer tenía unos grandes ojos marrones, y en su
rostro reinaba la amabilidad.
—Sí, estoy investigando el caso del crimen que sucedió aquí, con su vecino y vecina.
—¿Es usted un detective? —. La joven mujer era el tipo perfecto del detective, pero ya sabía
bien que llegaría a tan gran extremo.
—No es nada, ahora podría preguntarme sobre lo que quiera. — El departamento estaba
decorado con fotografías de animales, la habitación emanaba un dulce aroma.
—¿Podría saber qué hacia el día dos de diciembre por la mañana y en la noche? —. Entonces la
joven se sonrojó ligeramente, sus labios rojos se mordían constantemente.
—Ciertamente en medio día voy a la universidad, luego estoy libre a las diecisiete de la noche.
— Mientras la mirada del detective caminaba por la habitación se encontraba con la ropa
interior de la joven y él solo se sonrojó y miró hacia la joven. — ¿Le sucede algo?
—¿Y a las veintitrés de la noche que hacía una joven como usted? —. El detective, también
quiso hacer otra pregunta —. ¿Alguno de por aquí es carnicero o dermatólogo o médico
forense? —. El detective aún pensaba en los gestos de inseguridad de la joven mujer.
Luego de escuchar con atención promedia las palabras de la joven, el detective se detuvo para
escribir lo más más importante —. Bien, gracias por su atención. — El detective solo caminó
fuera del departamento.
—Ah… señor detective, su trabajo es muy duro debería tomarse un descanso, cuando quiera
podría divertirse conmigo. — Fue lo único que dijo la joven luego de escabullirse nuevamente
a su departamento.
—Vaya, que lío el mío —. Luego fue en departamento a departamento, y nadie había visto al
joven hombre, el detective ya estaba decepcionado y llegó a pensar que la señora Watson
estaba mintiendo de la existencia de tal joven.
—¿Haber visto a un hombre joven con gorra, mascarilla y guantes negros?, Pues a decir
verdad… si le he visto, estaba conversando con mi vecino del cuál se está tratando el caso. —
Entonces los ojos del detective volvieron a su color natural.
—Bueno, no le he visto muy bien, pero hasta donde recuerdo es que era muy alto, su cuerpo
era fulminante a lado mío, y tenía una voz muy grave a su edad, su ropa toda era negra. — Fue
lo único que pudo conseguir el detective de las características que dio su estimado hombre.
—¿Sabía de qué hablaba con Kimura Suzuki? —. Los ojos del detective reflejaba interés.
—De pastillas y sus horas asignadas, más bien parecía un amigo suyo o un familiar. — Ahora
todo estaba sin ninguna pista, eran como si perdiera algo a cambio de ganar más y más.
—De acuerdo a los informes, Kimura Suzuki vive solo, no tiene familia cerca del país, ni mucho
menos tiene amigos. Ese hombre joven es alguien que ha cuidado de él… no, de hecho Kimura
Suzuki no ha ido al hospital psiquiátrico hasta recientemente. — Entonces no sabía que podía
seguir preguntando —. ¿Vive en algún departamento de estos? —. Fue lo único que podía
hacer, luego de escuchar la declaración de un hombre desconocido.
—No, nunca vi a ningún joven por aquí, ni mucho menos que se lleve tan bien con mi vecino
esquizofrénico. — Eso era verdad, nadie querría hablar con alguien sobre pastillas y
medicamentos, pero si es joven y doctor… entonces sí se podría asegurar las cosas.
—Creo que llevaba comida instantánea, y además supondría que tiene moto lineal porque
tenía un casco de uno de esos. — El hombre interrogado señaló un casco igual o parecida al del
joven.
—Y la señora Yamamoto o como se le llama señora Watson, pasó a lado de los dos el día dos
de diciembre a las quince de la tarde, parecía estar apurada para ir a su dentista como siempre
decía para todo el mundo.
—¿La señora Watson utilizaba exceso de maquillaje?, Ya que he visto que cada mujer intenta
conquistar hombres con diferentes métodos, pero uno de ellos es el maquillaje excesivo en
todo el rostro.
—No, la señora Watson estaba igual que siempre, sin maquillaje excesivo, ropa holgada y
firme a su andar. — Las palabras del hombre parecían estar bien hechas, no pensaba para
recordar con exactitud lo que había sucedido.
—¿Usted sabía la hora exacta de cuando fue aquello? —. Preguntó rápidamente el detective.
—Sí, ya que yo salgo a las dieciséis y mi trabajo queda muy lejos de aquí, tengo un hora de
transporte, así que cuando veo la hora son las diecisiete de la tarde. Y al subir las escaleras le
he visto a mi vecino hablar con ese joven y como siempre la señora Watson se va a su dentista.
—Ese momento es al cuál ya hemos llegado. Y dígame, ¿El joven no tenía nada más que lo
caracterizaba? —. Preguntó el detective quién aún parecía insatisfecho. — Usted —. El
detective no indicaba gesto de calma, aún así solo fue una persona que pudo ver su llegada. —
dígame, ¿Cómo se hace llamar? —. La visita del detective jugaba por la habitación con varios
artículos antiguos y reliquias religiosas, también fotografías que no podría faltar en cualquier
casa o departamento.
—Me llamo Takeo Natsume —. Dijo el hombre, tal hombre caminó hacia el detective —. Y…
¿Usted cómo se hace llamar? —. El aliento caliente del hombre estremeció al detective quién
no sabía que hacer en aquel momento.
—¡Watanabe, nos iremos! —. Aquella voz era bien parecida a la del Fiscal, quién buscaba al
detective.
—Me debo ir, gracias por su cooperación, hasta luego. — Rápidamente el detective agarró sus
cosas y casi corría hacia la puerta con más urgencia. — Lamento irme así, ya interrogué a
varios vecinos de los departamentos vecinos. Y hubo uno qué pudo ver con exactitud quién era
ese joven.
—Vaya, eres tan inteligente, quizá por ello me pongo duro. — Al escuchar las palabras del
Fiscal, el detective le volteó a ver con un rostro de sorpresa. — ¡JAJA, broma, broma! —. Dijo
nuevamente el fiscal con un gesto gracioso entre risas.
—¡Usted…! —. Y rápidamente el detective volteaba el rostro hacia otro lado para así disimular
su ligero sonrojo. — Volveré a casa, investigaré un poco antes de ir a la cama. — Dijo el
detective caminado hacia el lado contrario del qué tomó el Fiscal.
—No deberías quedarte hasta tarde jugando con eso, eh —. Dijo el Fiscal señalando la entre
pierna del detective. — ¡JAJA, tan solo es una broma!, No me odies —. Sonrió el superior de
Watanabe.
—Sus bromas apestan —. Sin decir más, el detective caminó y caminó, sujetando fuertemente
la libreta en dónde hizo demasiados interrogatorios, su noche sería igual a todas, sin días libres
ni siquiera podía jugar con su mente porque pensaba en qué si lo hacía, su mente le
traicionaría. — Quizá el juego todavía no acaba… —. Susurró el detective sintiendo el frío
viento en sus cabellos lacios. — La señora Watson parecía tener el mismo conocimiento y ni
siquiera mintió en la declaración. ¿Alguien como ella podría entregarse de esa manera? —.
Pero aún no parecía contento en absoluto, sin ninguna respuesta a su pregunta, solo entraba a
su casa solitaria. — Mañana debo ir a seguir consiguiendo clientes. — Algo tan minúsculo debe
de ser maldecido por tal vez ser pequeño en su mundo. — ¡Necesito dinero! —. Mencionaba y
comía sus palabras rápidamente, no para maldecir de su tonta vida, sino por lo injusto que
pude ser con él. Seguía caminando hacia su habitación y ya al ver su cama cálida, el detective
sin nada que decir se acomodó y se acurrucó en su cama, mientras escribía en su laptop su
investigación, ordenando sus ideas y poder imaginar montones de escenarios montados por su
nueva presa. — ¿Acaso fue así como pudo entrar al caso del crimen? —. Pensaba y pensaba.
Entonces una sensación de placer fue hacia el detective. — ¡¿Eh?! ¿Qué? —. Su rostro
sonrojado al saber que repentinamente sufrió una pequeña erección era algo raro para el
detective. — ¡Maldición! —. No le importó, aún parecía estar nervioso, pero seguía
escribiendo tantas palabras como pudo para luego darse cuenta de qué esa pequeña erección
bajó rápidamente. — Ah… es un alivio. — el detective pasó horas y horas pensando en el
mismo joven hombre, sin respuestas ni preguntas. — Debo ir a dormir. — Al decir ello, a su
laptop la llevó a su mesita de noche y luego él se echó y durmió lentamente.
“El joven se escabulló y esperaba a su victima, quién era el hombre obeso, pues le estaba
esperando. La señora Watson no sabía nada, entonces pensaba en matar solo a su vecino
quién le daba problemas por el simple hecho de ser esquizofrénico. Y el joven quería matar al
hombre obeso porqué… porqué…”
Ya no tenía idea de cómo interpretar tal crimen, quizá porqué del joven casi nunca se habló. —
Joder, no he dejado de pensar en ese joven misterioso. — El detective estaba realmente
molesto, nadie podría hacerle saber sobre otras cosas porqué nadie le ayudaba. — Me gustaría
irme a la mierda ahora. — Mientras caminaba para su trabajo se maldecía —…
—Cuya actitud tuya me desagrada; sin embargo eres mi único amigo aquí. — Los dedos de su
amigo bailaban en el hombro del detective frustrado. — ¿Recuerdas tal día…?, Nosotros
jóvenes éramos más que amigos… ¿Lo recuerdas? —. Para luego tambalearse sobre su lugar en
silencio, y tristemente irse de ahí.
—¿Por qué recuerda algo qué sucedió hace décadas? —. Parecía aun más frustrado, aunque
después se sentía avergonzado por entristecer a su amigo. — Sato… Estoy muy enojado, pero
yo no debí tratar así de tu persona. Lo lamento-
Cada palabra en su cabeza estallaba, su mente caminaba en un círculo sin vacío, imaginándose
escenarios que no existían en la realidad… — Maldita sea, cumpliré cuarenta y cinco y aún no
puedo resolver un caso importante. — Su décima declaración seguía sujetando a la novena
cadena, según su jerarquía el juez declara la sentencia del demandado, el Fiscal explica según
su informen lo que hizo su demandado, los abogados contradicen la explicación y los jueces
son responsables de administrar la justicia. Juzgan las conductas imputadas en juicio oral y
público. Aprueban soluciones alternativas al juicio.
—De hecho este cliente era ex Fiscal, ya por vejes o cualquier denuncia que pudo haber
afectado su carrera, lo echaron y como me comentó luego de ello fue hacia su casa, y al entrar
su esposa estaba muerta. Y necesita saber quién la mató. — Escuchaba una conversación
ajena, pero pretendía entender como se sentía en realidad, ya todo estaba afectando su
realidad y aquello para el detective no era más qué las horas de trabajo.
—Debí haberme concentrado en mis propias cosas, no debería escuchar sin permiso. — Para
luego pensar inalcanzablemente en el joven qué nunca pudo encajar en el crimen. — Odio
perder… me odio… quiero detenerme pero sé qué no podría hacerle esto a mi vida —. La tarde
también estaba triste, nadie salía de la agencia porqué es su obligación quedarse allí.
—¿Qué diablos quieres aquí? —. Watanabe sabía que seguir preguntando no era el caso. —
Acaso… ¿Quieres dinero? —. Pero las dos manos de su compañero sujetaron fuertemente las
piernas del detective.
—¿Qué…? —. Entonces sentía su polla explotar en ese instante, ya al saber que no podía
controlarse, solo se sonrojó mirando los ojos de su compañero. — Por… porqué…
—Watanabe… ¿Por qué estás tan rojo? —. Sato estaba aún más confundido —. ¿Me podrías
dar aquel bolígrafo, por favor? —. Dijo nuevamente sin nada más qué agregar. — Te lo estaba
pidiendo pero no me contestabas. — Bueno, ahora parecía que la vergüenza invadía el rostro
de Watanabe.
—¡¿Por qué no me pediste nuevamente?! —. El detective se agarró el corazón con una sola
mano y suspiró profundamente. — Bien, aquí tienes. — luego de unos segundos le extendió el
bolígrafo qué tanto quería su compañero. — y deja de ser tan misterioso cuando quieres algo.
— Solo sonrió agradablemente dándole una cálida sensación. — Estaba realmente confundido.
— Se cubrió el rostro con las dos manos. — Pero luego sabía que no estaba en su momento
más feliz, sino que aún seguía en el trabajo y nuevamente comenzó a pensar.
“El cuyo joven juega con la mente de los demás para luego caer y ser títeres de su sangriento
juego, es un verdadero demonio”. Pensó Watanabe.
—Mi certera mente sabe más de lo que puedo saber —. Pero dos manos interrumpieron
nuevamente su trayectoria.
—¿Yuta? —. Ahora parecía que la agencia era un parque de niños. — Si sabe más de lo puedes
saber, ¿Por qué no sigues con tu trabajo? No quiero verte la cara de tonto.
—No eres para nada romántico. — Entonces sus otros compañero hacían bullicio en todo
momento, nadie pararía hasta terminar su jornada laboral.
Luego de una larga tarde, todos hasta Watanabe ya artos de la jornada fueron a sus casas.
Mientras Watanabe seguía caminando y caminado en el rumbo normal, se percató de algo
inusual. — Si realmente alguien más estuvo en el crimen entonces mis sospechas serían las
correctas —. Ya que ese mismo día fue la primera vez que alguien pudo ver quién conversaba
con su vecino sabiendo que era loco por vida. — pero, ¿Realmente sabía con exactitud lo que
tenía en verdad? —. Esas pastillas podrían ser… — ¡No me jodas, esas pastillas eran para
dormir, quizás Kimura Suzuki realmente quería matarse! —. Ahora podría todo tener sentido,
aunque faltaba —. ¿Por qué le cortó una uña a la víctima luego de ser asesinado? —. Esa
pregunta surgió en la cabeza del detective —. ¿Por qué la señora Watson quiso matar a su
vecino, acaso los dos estaban colaborando? —. Aunque si fuese así —. ¿Por qué la señora
Watson se acusó luego de ser interrogada?, ¿Por qué el obeso hombre estaba en el
departamento de Kimura Suzuki? —. Fueron preguntas sin lógica, su cabeza explotaría si
pensaba nuevamente. — ¡¿Acaso estoy perdiendo en la vida?! —. Ni siquiera podía conocer
personas nuevas porque sabía que aquello era una maldición. — Yo quiero vivir como los
demás —. Pero sabía que aquello sería imposible, no quedaba de otra y seguir consiguiendo
clientes. — ¡AH! Tal vez quisiera conocer a una mujer con quién pueda confiar. — No encontró
otra cosa que pensar y pensar en su cálida cama, mientras sus ojos ya podían descansar.
“Tú eres lo único que amo, si esta es tu decisión… yo… yo estaré feliz”
—¡Azumi! —. Al despertar, sus ojos estaban húmedos, y sujetaban el brazo de alguien. — ¿Eh?
—. Watanabe se dio cuenta de qué alguien más estaba en su habitación y miró hacia este,
enojándose rápidamente. — ¿Qué haces aquí? —. El rostro de su conocido estaba confundido.
Parecía que en realidad estaba preocupado por él, pero eso no le interesaba a Watanabe. —
¿Qué haces en mi casa? —. Sus ojos aún seguían húmedos, y se preguntaba “¿Por qué de
repente sueño con ella?”.
—Eso no es necesario —. Sato sujetó con fuerza el brazo de Watanabe, quién se resistía para
poder salir del agarre de su compañero. — ¿Quién es Azumi? —. Los ojos de su compañero
reflejaban oscuridad, parecía estar furioso.
—¡¿Por qué simplemente dejas de hablarme?!, ¡Yo estaría bien! —. Su día estaba siendo un
desastre después de todo — ¿Viniste solo para eso? —. Suspiró profundamente escuchando
solo los chirridos que hacia su cama.
—El Fiscal tiene pistas sobre el joven hombre al que quieres. — Sato parecía estar enojado y
frustrado pero también tenía una pizca de dulzura en sus labios.
—¡Por fin! —. Ahora el detective estaba feliz, muy feliz. — ¿En dónde está ahora el Fiscal?,
Hablaré con él. — se levantó de la cama y se cubrió rápidamente con una manta, el frío helaba
hasta las plantas de sus pies.
—Se encuentra en el caso del crimen. — Ahora Sato estaba con los brazos cruzados
sentándose en uno de los muebles, mirando a Watanabe. — Watanabe-San… ¿Por qué le pone
tan feliz saber más sobre ese joven? —. Sato sonrió agradablemente mientras barría con
aquella mirada la habitación de su amigo.
—Porque… no lo sé, pero me agrada saber que por fin podré capturarle y terminar un trabajo
de verdad. — mientras caminaba por toda la habitación buscando zapatos a su talla en aquel
desorden.
—“De verdad”, eh. — Sato sonrió levantándose lentamente de su sitio para ir hacia el
vestíbulo. — Ciertamente tal joven sea solo un enlace al crimen, tras pasar las noches
pensando en él debiste pensar en mí, yo también soy importante, Watanabe-san.
—¡Tú ni digas nada! —. Watanabe seguía furioso y eso era lo que quería su amigo.
—Ya que usted sigue teniendo pensamientos oscuros sobre mi, ¿Yo debiera de cualquier
manera hacerle saber que me gusta como es? —. Sato aún seguía sonriendo como un idiota
luego de hacerle escuchar su humilde discurso.
—Deja de decir tonterías y también deja eso de “Usted” qué somos edades iguales.
—¡Watanabe-san! —. Sato sujetó suavemente y deslizó sus dedos hacia los de su amigo. —
Deberías tener más cuidado en dónde te sostienes.
—De acuerdo, vámonos. — Parecía que aún seguía recordando aquel momento en el que el
mundo fue injusto con su más querido tesoro.
(…)
Le tomó horas buscando las nuevas características del joven, aunque se sentía bien. — Tiene el
cabello rizado, es muy alto y de una edad juvenil. Fulminante y con una voz muy grave a su
edad. — Parecía que estuviera describiendo a un hombre perfecto. — Señor Fiscal, ¿A
localizado su paradero?
—Tan interesado en ese joven, eh. — El Fiscal exhaló el humo del cigarrillo, mirando sin
emociones el rostro del detective. — ¿Sabes? —. Luego de tener el cigarrillo sosteniendo de
sus labios, el Fiscal arrojó el cigarrillo ahora desgastado al suelo y le pisoteo. — Yo sabía que
Sato estaba enamorado de ti, realmente lo sabía, pero estoy celoso de eso. — Watanabe
pensaba que era solo una broma de mal gusto pero luego de verle nuevamente a la cara el
Fiscal caminó un poco hacia él. — Soy de lo peor ¿No?, JAJA… estoy celoso de saber que le
gustas. — Nada más que eso para luego tambalearse hacia el detective.
Watanabe no sabía que decir; “Sato no no estaría enamorado de mí”, — Lo lamento, señor
Fiscal pero en realidad no sé de qué me habla. Ya me debo de ir, y por favor ¿Me puede hacer
llegar el paradero del joven?, gracias. — Watanabe no comprendía perfectamente lo que quiso
decir el Fiscal.
Y caminaba por todos los pasillos hasta llegar hacia la puerta. Todos le miraron fijamente sin
decir nada. — Buenas tardes señor detective. — Una joven mujer le saludo para luego irse
hacia otra sala.
—Buenas tardes. — y luego de abrir la puerta se encontraba con un lugar muy particular; una
mesa fija con las esquinas protegidas, también vislumbró una silla para el acusado y otra para
el abogado. — Disculpe, necesito hablar con la acusada. — Entonces la policía fue hacia
Watanabe. — Soy policía. — Sacó una identificación de su bolsillo. Y les enseñó a los demás.
—¿Para que necesita conversar con la acusada?, El abogado y el testigo de los hechos están
por llegar. — Un policía permaneció ahí evadiendo la mirada del detective.
—Es un hombre viejo y delgado, y de hecho parece un drogadicto. — La habitación era muy
cegadora por su color blanco muy particular. — El abogado es de USA, sin embargo habla
fluidamente el japonés, y ciertamente es un buen abogado entre los millones en el mundo. —
Fue lo que dijo el mismo policía, pero la mirada de Watanabe seguía en aquellas paredes
blancas. — Y usted supongo que es detective, un detective que consta de un Fiscal, quién
además de ser útil en todo el caso criminal también es un apoyo para usted. — La habitación
estaba completamente en blanco, simplemente creía que sería distinto.
—¿Me podría explicar qué exactamente se aclara aquí? —. Dijo suavemente el detective.
Quién seguía sujetando fuertemente su hombro.
—Pues a decir verdad esta vez se hace el contrainterrogatorio, el abogado defensor interroga
al testigo que ha sido presentado por la parte acusadora. Y certeramente el dentista de la
acusada fue un factor importante. — Ahora todo cobraba sentido, pero aún así quería saber
¿Por qué ese joven también tiene relación con este crimen?
—Fue el dentista quien traicionó a la acusada, y ese dentista es una persona con desnutrición.
¿Por qué llegó a tal grado de traición?, Esto parece una película.
—Usted fue una gran ayuda en recopilar los hechos reales, pero aún no coincide uno en
particular, fue cuando el hombre obeso ingresó a la propiedad del esquizofrénico Kimura
Suzuki. Y quizá también cuándo no encontramos ningún rastro de sangre pero si al teléfono
desechable, como también en sus informes decía que el dos de diciembre la acusada había
oído un fuerte ruido, pero no fue así porque ese mismo día ella había ido a su dentista. Quizá
también en la propiedad de la acusada se llegó a demostrar que consumía drogas. Pero aún no
se confirma si fue ella quien le vende a sus vecinos. Todos están bajo vigilancia extrema luego
de saber tales cosas. — Los dos policías estaban tan informados, mucho más que el propio
detective.
—¿Drogas?, Así que para salir de aquel dolor inmenso consumía drogas. — Su octava vez al
mirar las paredes blancas le daba la sensación de mareos. — Cabe saber que ustedes dos han
dicho más de lo que deseaba saber. ¿Son algunos de ustedes detectives o jefes de un cargo
judicial? —. Los jóvenes era delgados y altos.
—No, nosotros solo somos pre cadetes y de hecho solo he leído algunos artículos de agencias y
democracias entre países, solo sé que para poder investigar un caso criminal primero debe
utilizarse el cronológico. Por efecto también se debe saber en dónde fue el crimen y quiénes
vieron o quiénes viven por el caso del crimen.
—Uh, sabes mucho, ¿Cómo te llamas, muchacho? —. Watanabe sujetó el hombro del
muchacho quien rápidamente se sonrojó.
—S-soy Jack, mu-mucho gusto. — Tal vez el tacto del detective reflejaba interés.
—Eh, Jack… ¿Podría conversar con la acusada un poco antes de irme? —. Ahora solo pensaba:
la señora Watson mintió cuando me dijo lo siguiente; El día dos de diciembre, yo me
encontraba en mi habitación, pero al escuchar la puerta de mi vecino abrirse con vehemencia
fui a ver y ante mí había un joven alto y fulminante. Pero él llevaba una mascarilla y una gorra
negra, dos guantes que no destacaban mucho.
—De… de acuerdo. — El pre cadete se alejó un poco y el detective podía ver la silueta de la
señora Watson. — Por favor sea cuidadoso.
—¡Lo fue, yo vi muy bien como ese joven estaba conversando con mi vecino, yo mentí ahí
porque pensaba que ese maldito no me traicionaría! —. La señora Watson parecía estar loca
de tanta presión, sus uñas se aferraban a la silla, sus labios nuevamente temblaron
exageradamente y sus cabellos estaban realmente descuidados. — ¡¿Cómo usted sabe la hora
exacta cuando voy al dentista?! —. Sus ojos dilataban miedo y terror.
—… Bueno. — Fue lo único que dijo el detective luego de irse hacia los policías y sonreírles. —
Cuiden de la acusada un buen tiempo, su alienación mental está muy mal. — Salió del lugar
llamando al Fiscal quién contesto rápidamente. — Señor Fiscal, ¿Está seguro del paradero del
joven? —. El detective caminaba hacia su casa mientras le llamaba por teléfono al señor Fiscal.
-«De hecho ese paradero fue el último al cuál se le llegó a ver»- Se escuchaba la voz del Fiscal
en el teléfono celular.
—Bien, entonces mañana mismo iré e investigaré ahí, buenas tardes. — Colgó rápidamente el
detective quién ya se encontraba en casa, sin embargo parecía agitado por el trayecto de su
venida e ida. — Bien, ahora tendré que empacar, ir a Yokohama tiene sus beneficios. Ese joven
es adinerado, el dinero compra hasta las preguntas. Ah, pero no debería negarme, aunque
siendo adinerado debería estudiar sin esfuerzos, ¿Por qué tiene ese trabajo de medio tiempo?
—. Entonces una respuesta repentina vino a la cabeza del detective — Es una persona muy
buena. — Su única maleta tenía pocos artículos de primera necesidad —. Estoy pobre. — Llegó
la noche, y el detective aún pensaba en el muchacho, hasta llegó a pensar que se sentía
atraído por el joven. — Cenaré antes de ir a la cama. — Al decirlo fue a comer los restos que
dejaba de su desayuno o del día anterior. — Yokohama, un lugar muy especial —. Estaba feliz
por ir hasta aquel lugar, visitaría como turista una gran hermosa cuidad de su país. — Bueno,
iré a dormir —. Al terminar de cenar fue hacia su habitación, en ella había pocas cosas, como
por ejemplo tenía una sola mesita de noche y un escritorio con una silla, su cama estaba en un
costado de estas y su ropa estaba amontonada por todo el suelo. — ¡Demonios, esto es un
desastre! —. Sus facciones delicadas aún siendo un hombre mayor se hacían notar a lo largo
de la noche y sus cabellos lacios se encontraban con el frío viento alborotándolos uno por uno.
Sus labios rojizos secos eran lamidos nuevamente ante ese frío que recorría el viento y sus
mejillas rosaditas era notables por su color blanquiñoso. —…
Sin embargo, no dijo ni una sola palabra y caminó hacia su camita para luego dormirse
rápidamente. Sus ojos cansados también necesitaban descansar para un buen día.
Quizá luego de no pensar en nada y despertar con un rostro más cálido, se sentiría culpable
por no seguir pensando en los acontecimientos del crimen. — Ah… —. Bostezó yéndose a
mojarse el rostro para luego lavarse sus dientes. — Odio esto —. Escupió rápidamente y se
enjuagó para luego irse hacia su vestíbulo y comer algo delicioso — No tengo nada delicioso.
— Susurró, sentándose comiendo un pan duro y una taza de café sin azúcar. — Son las ocho de
la mañana. — Pronunció agregando otro bostezo. — Hoy es diecisiete de diciembre, hoy… yo
tengo que ir a… a ¡Yokohama! —. Ser un hombre adulto es muy complicado, tener fiestas
también es demasiado estúpido a su edad, vivir en una sociedad corrupta también es tedioso,
estar soltero y ser virgen también es jodido. — Me le he olvidado, estoy realmente perdido . —
Caminó hacia su habitación y vio su maleta. —…
Sus labios se encorvaron en una sonrisa cálida, sus ojos como sus cabellos castaños en el sol
soleado se podían reflejar aún más.
Luego de algunos minutos el detective fue hacia la estación más cerca a Yokohama.
Entonces Watanabe esperó y al saber que ya estaba el tren para ir hacia Yokohama fue
rápidamente y se sentó cómodamente.
El trayecto de las horas y la soleada tarde parecían el paraíso para el detective, en aquella
ventana se veía una gran cantidad de tecnología, también vislumbraba muchas personas,
turistas, gente de ahí y también escuchaba el bullicio afuera del tren, y lo que más le conquistó
fue ver algunas pantallas led gigantes. — Hermoso —. Toda la vida del detective fue en un
salario mínimo de diecisiete mil novecientos yenes. —Soy viejo para seguir emocionado por un
viaje. — Dijo entre susurros, mordiéndose el labio suavemente.
Las puertas del tren se abrieron y los pasajeros salieron apresuradamente, y el detective
también se sumaba a aquellos, y al salir del tren vislumbró todo tipo de paisaje emocionante,
la buena vida estaba en esa ciudad, además de que todas las mujeres como hombres se
llevaban muy bien. — ¡Hey! Jean, let’s go buy sweets. — Los turistas llenaban la ciudad
nuevamente, algunos parecían de países cercanos y otros muy, muy lejanos.
—En fait j’en voudrais un autre s’il vous plait —. Entonces escuchaba varias voces
desconocidas, a veces de rusos, franceses, coreanos, estadounidenses, etc, millones de turistas
ahí en la cuidad hospedaban.
—Este lugar es muy grande. — Y Watanabe seguía caminando por aquel camino y la noche
aparecía rápidamente, las luces iluminaban ya por si toda la ciudad. — Oh, hay sitios muy
similares a los que he acostumbrado a ver por quinta vez. — Y seguía caminando pero se
detuvo cuando vio una silueta, entonces se escondió, escabulléndose entre algunos puestos, y
al ver con más detenimiento los rasgos del aquel muchacho entonces ya sabía quién era. — Es
única y rara coincidencia verle por aquí al joven. — Las características mencionadas por el
testigo y por el Fiscal eran muy similares al cuál tiene este joven. — Viste muy bien, es muy
alto y además tiene el cabello rizado, y un rostro desconocido.
—¿Acaso realmente quieres terminar conmigo? —. Entonces también escuchaba la voz de una
mujer.
—Eso es lo que he dicho. — La voz del muchacho si que era muy grave para su edad. — ¿Qué
sucede, acaso sigues enamorada? —. Era tonto escuchar una conversación ajena y además de
jóvenes.
—¡Tu pregunta es evidente, necesito saber porqué terminas conmigo! —. A veces el detective
quería irse de ahí rápidamente pero tenía que seguir investigando aún sabiendo que esa
conversación no era para él.
—¿Necesito argumento alguno para terminar con alguien? —. A Watanabe esas palabras le
hacían enojar, sin embargo también estaba avergonzado por saber que todas las personas
estaban viéndole muy extraño.
—Te odio. — Fue lo que escuchó el detective al ver que la joven ya le estaba dando la espalda.
—Entonces el nombre del joven es Sangwoo, ese nombre es muy común en Sur Corea. —
Parecía aún más pensativo, sus labios rosados se lamían lentamente.
—¿Qué sucede, Park? —. Entonces Watanabe se volteó un poco y el joven estaba un poco más
cerca a él. — He llamado al director, ese viejo es estúpido. — Watanabe se cubrió con las dos
manos sus labios, queriendo alejarse del joven. — Ah, ¿esa mujer? Terminé con ella, Jenny es
una chica muy linda, podría acostarme con ella luego de esto. — Las manos del detective
cubrían sus labios pero aún sentida que ese muchacho podía escuchar su respiración.
—Debí ser más cuidadoso —. Susurró el detective, para luego tambalearse hacia un lado,
mirando a los ojos a una mujer adulta. — Buenas noches. — Sonrió rápidamente el detective.
Su altura podía ser visible para una persona que midiera un metro y sesenta y dos centímetros
o aún más pequeña.
Su vestir del detective fue el siguiente; una camisa blanca, un corset, una corbata, y unos
pantalones, también zapatos y un saco de vestir.
—JAJA, de hecho fue un día particular hoy, cariño. — Entonces el detective fue hacia la voz,
mirando una nueva mujer a lado del joven.
—Mañana irá mejor, amor. — El joven sonrió, y al verle el rostro, tan solo era una sola maldita
palabra: Sexi.
—Ah —. Y entonces el detective se calentó un poco, mirando hacia otro lado y cerrando sus
piernas, mordiéndose el labios inferior. — Du-duele. — Sus ojos estaban húmedos.
—Mamá, ¿Ese hombre es loco? —. Luego sabía que las personas le estaban viendo así que se
calmó y caminó un poco hacia ellos, ya que los dos jóvenes estaban caminando hacia otro lado.
—Esto es vergonzoso —. Cubría su rostro sonrojado rápidamente. — Soy muy viejo para
sentirme así por un joven —. Entonces veía que aquel joven era muy alto — ¿Cuánto mide? —.
Susurró Watanabe.
—Cariño, ¿Has estado haciendo ejercicios? —. La muchacha quien iba con ese joven era bien
pequeña, bueno eso creía el detective.
—Bueno, quizá por ti hago aquello —. Entonces el detective seguía teniendo pequeñas
calenturas, pero pasaba rápido.
—En toda mi clase eres el más guapo, por ser mi coreanito más lindo —. El detective ya tenía
otra pista, el joven era coreano y se le llamó “Sangwoo”.
—Mmm, pues sí me gustaría —. Y lo siguiente fue un beso pequeño de los dos jóvenes.
—…
Y el detective miró hacia otro lado apuntado las cosas que hacia el joven.
Entonces pasó toda la noche mirando hacia Sangwoo, hasta que este fue hacia un hotel muy
reconocido. — Tiene mucho dinero, eh —. Dijo el detective, quién ya sabía en dónde se
hospedaba. Y tranquilamente fue hacia un hotel poco reconocido.
—Claro, aunque lamento decirle que tenga cuidado, hay ladrones aquí. — Y aquello hizo que el
detective tuviera un poco de miedo. — Pero si no le sucede nada hasta mañana entonces
usted tiene suerte.
—Eh… muchas… ¿Gracias? —. No sabía que decir, decir si era suerte encontrar un lugar barato
o si tenía mala suerte de que sea barato.
—Debería cuidarse, usted es muy bonito. — Dijo el recepcionista con un toque de dulzura.
—JA… JA… —. Watanabe estaba muy nervioso, y además asqueado por todo en aquel lugar. —
Ahg, se parece a Sato. — Dijo el detective yéndose a su dormitorio. — Bueno no está tan mal.
— Comprendía que los hoteles baratos eran como su casa, y eso que su casa fue la más
“adecuada” en un precio muy alto. — Ese hotel era mucho más cómodo que este. — Se refería
al hotel en dónde se hospeda el muchacho. Watanabe ya cansado se fue hacia aquella cama y
durmió lentamente como siempre lo hacía.
(…)
El día siguiente dieciocho de diciembre, a las ocho de la mañana el bullicio andaba por todo
lugar. — ¡Comida! —. Personas y más personas bajaban y subían las escaleras de madera, que
usualmente estaba cerca de su habitación.
—Oye, ese viejo es muy guapo, ve y díselo, anda —. Entonces al salir de la habitación había
escuchado como dos jóvenes pobres como él hablaban de su persona. — Ahí está.
—No… es muy bueno, yo soy idiota. — los dos vestían una polera y unos pantalones simples.
—Ah por dios, entonces iré yo —. Watanabe pensaba en el joven de ayer mientras se
sonrojaba y mordía sus labios. — Oiga usted, mi amigo… dice que usted es muy lindo. — Y al
parecer las palabras del ese joven estremecieron a Watanabe.
—¿Yo?... Ustedes jóvenes deben ir a estudiar. — Solo dijo eso y se fue de ahí rápidamente.
Watanabe salió a comprar comida instantánea, yendo por la dirección en dónde encontró al
joven. — buenos días, señor Fiscal. — Habló Watanabe contestando la llamada de su superior.
—He encontrado su paradero exacto, a decir verdad es un joven mujeriego soltero, y como
también lo sabe es adinerado. — El detective se sentó en una silla mientras le hacía señas al
vendedor de comida rápida.
-«Pues, tienes suerte de encontrar ahí mismo al joven, a veces lleva días, meses o hasta años
en buscar el paradero»- Quizás estaba feliz el Fiscal sobre tal cosa.
—Ah, ¿solo para decirme eso usted me ha llamado? —. Preguntó decepcionado el detective
quién le había llegado su pedido.
-«No, no, de acuerdo, ahora sigue investigando, hasta luego»- Al terminar la llamada, el
detective soló un suspiro.
—Itadakimasu — Empezó a comer, tanta era su hambre que comió más de lo debía. —
gochisousama— Luego de terminar le pagó al hombre y luego se fue haciendo una reverencia.
Entonces fue hacia el hotel donde se hospeda el joven muchacho. — ¿Sus padres serán
profesionales? —. Ya sabía que su pregunta era irrelevante. — Pues que tonto soy, sí, sus
padres deben ser profesionales para que vivan en un buen lugar.
—¿Mcdonald’s?, Suena bien —. Sonrió el joven, quien caminaba con su amigo a lado suyo.
—¡Ah! Pensé que me llegaría a ver. Sí que sale todos los días, mañana, tarde y noche. — Se
dijo él mismo, caminando detrás de los dos jóvenes todo el tiempo. — Necesito saber lo que
hacer con su amigo. — Al saber que en verdad entraron a un Mcdonald’s hizo que el detective
se sintiera mal. — Esto cuesta más que mi vida. — Sonrió tristemente.
—¿Por qué tan solito si es usted muy guapo? —. Alguien le susurró al oído al pobre detective
quién se asustó tanto. — Ey, no debes asustarte, me gusta como meneas ese culito tuyo eh. —
Esa voz era de alguien asqueroso, de algún vagabundo de por ahí.
—¿Qué dice usted? —. Se alejó rápidamente de los labios de ese degenerado. — Estoy en mis
propios asuntos, por favor déjeme. — Dijo el detective quién se fue de ahí casi corriendo. —
Ese maldito vagabundo me distrajo, ahora debo esperar hasta que salga de ahí. — Sus
facciones delicadas se torcieron al pensar en lo asqueroso que pudo llegar hacer ese hombre.
— Bien, ahora creo que ya perdió por entre la multitud. —Con rapidez pudo ir hacia el joven.
— Ahí está, menos mal no le he perdido. — El detective sonrió agradablemente mirándole
fijamente.
—A de ser solo un capricho mío pero he pensado que nos han estado espiando desde ya un
tiempo —. Dijo el amigo de Sangwoo.
—Bueno, supongo que es intuición, ya que hay varias persona, de seguro solo es tu
imaginación. — Sonrió Sangwoo quién le dio unas palmaditas en la espalda a su amigo.
—Eso es, nadie nos espiaría tan exageradamente. — El amigo de Sangwoo parecía estar
asustado, Watanabe también estaba un poco asustado ante esas palabras.
—¿Debería espiar regularmente a ese joven?, También he querido investigar más de esta
cuidad. — Pero nuevamente se negó a hacer aquello, ya sabía bien que su única misión era
espiar al joven.
—Sí, debo estudiar para el examen de mañana, pero igualmente saldré bien en los parciales
¿No, Sangwoo? JAJA. — Ahí también comprendió Watanabe que su joven víctima era
universitario.
—Pues, a decir verdad, debes estudiar si quieres ser una persona madura. — Pensaba que
aquella mentalidad solo era un cascarón y luego venían sus verdaderos sentimientos pero no
lo era o al menos eso creía el detective.
—¡Ah, eres un tacaño! —. El amigo de Sangwoo despeinaba los cabellos de este quién solo
reía.
—Solo fue una opinión, JAJA. — Y esa sonrisa amablemente linda era la única que le gustaba al
detective.
—Se tratan como adolecentes cualquieras, ¿en dónde está el asesinato? —. Se preguntó el
detective dejando caer sus hombros tenso.
—Me vendría bien un baño antes de cenar con Jenny —. Fue lo que dijo Sangwoo quién se
acomoda sus cabellos rizados.
—Si que te trata bien tu novia, pareces una celebridad como ella. Ustedes debieron ser pareja
desde antes. Además de ser muy alto eh, ¿Cuánto mides, Sangwoo? —. Y ahí iba una pregunta
que tanto quería saber el detective.
—La última vez fue hace meses, medía un metro y ochenta y cinco centímetros. — Dijo
Sangwoo sonriendo un poco.
—Ah… ¿Bien? —. Ayer parecía una persona distinta a la de ahora, ese muchacho es guapo y
distinto a sus amigos que acostumbra a estar.
—Ya me iré, hasta mañana. Y suerte con Jenny —. Luego se fue corriendo hacia la dirección
contraria.
—¿Se irá de nuevo al hotel?, Bueno… dijo que se iba a bañar y luego irse a ver a su novia. — Ya
sabía lo que tenía que hacer en todo el día. — Ya es medio día. — También se percató de que
el tiempo se fue muy rápido. — Ah… ¿Por qué me sonrojo al pensar en él? —. Luego de unos
segundos pensó; “Dios no se la hizo pequeña” —. Debería dejar de pensar en eso, soy un
pervertido. — Parecía que el muchacho ya se había ido hacia el hotel, así que Watanabe salió
rápidamente de aquel callejón pequeño. — No debería hablarle ahora al-
-«Watanabe, has acabado ¿Verdad?»-El Fiscal parecía un poco molesto, así que el detective
solo suspiró y afirmó lo cierto.
—Sí, he acabado en dos días —. Watanabe estaba decepcionado, quizá porqué quería tener un
poco de tiempo libre.
-«Bien, mándame la ubicación del paradero del muchacho»-Fue lo único que escuchó luego de
que el Fiscal colgara la llamada.
—No puedo sentirme bien… — Susurró yéndose a su departamento viejo. — Llevaré mis cosas
ahora. — Le dijo al recepcionista quién parecía darle igual.
—Ah… ¿Sí?, Entonces agarre sus cosas y ya se puede ir. — Y para el detective ello fue muy
descarado.
—… —. No dijo ninguna sola palabra y caminó hacia la habitación, llevándose todo ahora. —
Realmente es un descarado. — Ahora agarró su teléfono celular y le mandó el paradero del
joven. — Creí que sería más difícil buscarle. — Sopló un poco para luego irse de aquel lugar
desagradable. Salió de ahí rápidamente, pues las miradas de los vagabundos le acecharon. —
Me odio. — Fue lo único que dijo el detective luego de sentarse en una silla de la estación,
esperando al Fiscal quién llegaría pronto.
—Watanabe-san. — Escuchó una voz muy conocida a lado suyo, entonces volteó asustado
hacia este. — ¿Qué le pareció su pequeño viaje? —. Aquella sonrisa amable sostenía el rostro
tenso de su amigo.
—¡JAJA!, deja tus bromas, Sato. — Aquellas palabras se caían rendidas hacia lo más negativo.
—¿Por qué?, No son bromas. — Sato sujetó con las dos manos el rostro del detective.
—Pues se ha ido al paradero al cuál usted le ha dado. — Luego los brazos de Sato iban hacia
los hombros de su amigo. — ¿Por qué no dejas de lado esas cosas y nos abrazarnos un poco?
— Pero rápidamente el detective sujetó fuertemente la corbata de su compañero.
Pero sus labios se detuvieron al ver que su amigo ya estaba cerca a estos. —Ah, ah, ah. —
Coquetamente sonrió hacia su amigo quién estaba sorprendido. — ¿Te he sorprendido,
Watanabe-san? —. Pero antes de ir aún más a fondo el detective le abofeteó.
—¡Idiota! —. El rostro de Watanabe se enrojecía y cerrando sus piernas solo movía sus ojos
aleatoriamente. — ¿Por qué haces eso? —. Su rostro sonrojado seguía siendo visible a la luz de
las luces brillantes.
—…Quise ver solo tu rostro sonrojado. — Susurró Sato, mirando con amor aquel rostro
vulnerable. — Watanabe-
Aún queriendo atesorar aquel momento nocturno en Yokohama, aún queriendo sujetar con
tanta fuerza aquellas manos libres de pecado, aún todo, aquel tren descontinuó su maldita
conversación “adulta”.
—¿Uh?, ¿Me has querido decir algo? —Preguntó el detective, sintiendo que aquel viento
movía sus lacios entonces solo acomodaba con imprudencia de estos.
—¿Fue el tren quién te interrumpió?, Puedes decirme de nuevo lo que quieres. — Pero la
insistencia de Watanabe no fue fuerte asimismo.
—El Fiscal a de venir ahora —. Sonrió tristemente Sato —. Esperemos un poco —. Y esas
palabras eran soltadas exhalando de ellas. — ¿Has conocido muchas cosas estos dos días,
Watanabe? —. Y tanta era su inmensa tristeza que parecía escabullirse.
—Realmente no. — Sus dedos se deslizaban uno por uno entre sus lacios.
—¿Tal vez fue difícil entender a un idiota como yo? —. Susurró Watanabe quién dejaba aquel
tedioso movimiento.
—¿Qué?, No, para nada, soy yo. — Susurró entonces él también mientras se levantaba al ver a
otra silueta vieja y cansada. — Fiscal —. Solo pretendía saber que estaba feliz de encontrarse
con su superior.
—Ese joven ahora está empacando sus cosas para ir hacia nuestra cuidad. — Entonces
Watanabe se sonrojó un poco para luego agregar lo siguiente.
—¿Usted realmente quiere que él vaya hacia nuestra cuidad? —. Esa pregunta era tonta, y
sabía Watanabe aquello, pero simplemente le preguntó tontamente liberando aquel suspiro.
—Su pregunta es muy errónea, señor detective. — El fiscal era formal con Watanabe.
—De hecho he exigido que me dé un poco más de tiempo aún sabiendo las consecuencias que
he dado-
—He incluido solo una sola norma en la cuál se me ha hecho leer por cuarta vez y con aquello
me refiero a que sus salidas fuera de la ciudad fueran cortas a lo largo de solo unos días o
máximo un mes entero. — El Fiscal exhaló un poco luego de hacer una breve pausa y continuar
—. Sabiendo que ya cumplió con lo dicho usted debe ir nuevamente a trabajar.
—¿Me permite hablar con mis otros superiores?, por favor. — Claro que nunca le daría un
favor tan grato como aquel, pero aún pensaba Watanabe que podía seguir siendo feliz por un
poco más de tiempo —. Solo un poco más-
—¿Necesita más tiempo para comer bien, para hacerle sentir mejor luego de unos largos años
de trabajo?, Usted y yo somos diferentes… ya me lo había recordado una vez. — Y fue lo único
que dijo luego de levantar su teléfono celular y contestar la llamada entrante.
—Entonces… el joven se irá a nuestro maldito desierto y pobreza. — Susurró el detective quién
apretaba sus dedos contra su palma.
—¿Sabría el porqué deseas más tiempo aquí en Yokohama? —. Ahora su amigo Sato sujetó
con fuerza las manos del detective.
—Es malo husmear sin permiso, Sato —Entonces los ojos aterradores de su compañero se
mostraron fascinantes ante toda la noche iluminada. — De hecho me gusta mucho esta
cuidad.
—…
Luego el Fiscal sonrió un poco y agregó lo siguiente —. Al joven hombre se le están enviando a
Osaka.
—¿Fue así de fácil conseguir su autorización, señor Fiscal? —. Watanabe se alejó un poco de su
amigo.
—Pese a su dinero, él también es humano como todos aquí, las leyes de la justicia a veces
varían al tipo de crimen que hayas cometido. — Luego pasó sus manos por sus propios
bolsillos.
—Normalmente se les acusó a muchos empresarios de robo absoluto, aún sabiendo ello, la ley
solo prohibió la infiltración de información —. Habló Sato —. Y ciertamente fue en esta ciudad.
— Declaró firmemente.
—Como se le a informado a mis amigos y compañeros, ese caso está declarado como
corrupción, y callados por dinero.
Las primeras palabras eran soltadas por exageración, pensaba el detective, pero al saber que
fue así ya ni quiso pensar más en la ciudad. — Ya nos iremos a Shinsekai ¿Verdad, señor Fiscal?
—. Ya sabía que aquello solo era para arreglar un poco el asunto.
—Pues sí. — Finalmente dijo el Fiscal. —El joven está siendo transportado ahora mismo. —
Pronunció el Fiscal con escrúpulo.
—Lo tendrán en buen estado ¿Verdad? —. Preguntó Watanabe quién parecía más que
preocupado por el bienestar del joven hombre.
—¿Por qué esa pregunta de repente, señor detective? —. Si el Fiscal sospechaba de Watanabe,
Entonces este quedaría expuesto ante todo.
—Por nada, señor Fiscal. — Se dirijo sonrojándose un poco para luego esperar unos minutos
antes de que el tren para Shinsekai llegase.
—Podemos decir que nuestra conversación ha finalizado. — El Fiscal caminó hacia un asiento
en el tren. —…
Entonces Watanabe solo se apartó de los dos, mirando como descendía de la ciudad, yendo
nuevamente a la suya con desigualdad social entre sí. — Si hubiera mentido, ¿Entonces podría
seguir feliz andando por la ciudad? —. Pero rápidamente negó todo lo que dijo, lo negó en
verdad. — ¡No, de todos modos el Fiscal ya lo hubiera sabido! —. Sostuvo su propio
remordimiento. — Luego se lamió agresivamente el labio inferior al pensar en lo grande que es
el joven. — M-me si…siento un poco… —. Luego de aquel pequeño placer ante sus
pensamientos, solo suspiró un poco para luego tambalearse hacia el lado izquierdo, sin
incomodar a nadie —…
—Disculpe, ¿Podría sentarme aquí? —. Un jovencito tierno sonrió al verle a los ojos.
Watanabe asintió.
Entonces todo el viaje fue silencio, nadie pudo articular palabra con el otro, simplemente vago
ante sus pensamientos, tan aburrido fue su viaje. Watanabe enredó sus dedos en el cinturón
de seguridad, sintiéndose un poco caliente pero ya qué el frío viento congelaba hasta sus
labios entonces solo suspiró levemente.
Las horas pasaron como el viento, ese muchacho se había dormido inconscientemente en el
hombro de Watanabe. —...
El muchacho solo parecía despertarse para luego dormirse, las manos de los dos a veces
rozaban, aunque el muchacho retiraba rápidamente de ella, pero aquello fue hace horas atrás,
ahora quizá estaba dormido por trajín excesivo.
De hecho, Watanabe también estaba cómodo ante esa postura natural, sin embargo su parada
era exactamente en Osaka para después caminar hacia el distrito Shinsekai. — ¿Watanabe-
san? —. Entonces el Fiscal y Salto vislumbraron aquella situación, y Watanabe simplemente se
sonrojó un poco diciendo.
—Es… es solo qué…— Pero nada salía de sus labios, aún queriendo alejarse un poco del
muchacho este lo abrazaba como diciendo “Él me pertenece”. Sus ojos reflejaban vergüenza.
— M-me pidió-
Pero el muchacho se acercó a la nuca de Watanabe y luego le dijo con aquella voz ronca —.
Usted huele delicioso. — Fue lo único que susurró para él mismo. — ¿Señor, le sucede algo?
—. Y luego sus ojos se fueron hacia los dos que estaban viendo aquello.
—Watanabe, vamos —. Dijo Sato sujetando firmemente la muñeca de su amigo. —
Discúlpame él ya tiene novio —. Dijo suavemente Sato mientras balanceaba a su compañero
hacia su lado. — Debes estar conmigo más a menudo, cariño —. Le dijo como si en realidad
fueran novios o casados.
—¿Eh? —. Watanabe estaba aún más confundido. — ¡¿Qué?! —. Salieron del tren y Watanabe
simplemente le ultrajar rápidamente —. ¡¿Por qué dijiste esas cosas?! —. Su rostro estaba rojo
por la vergüenza que causó su amigo.
—Deja de gritar —. Susurró Sato al ver que su alrededor había gente de todas las edades
viendo su espectáculo. — Nos iremos a Shinsekai. — Luego solo hizo una pequeña reverencia
ante los demás que veían y los tres se fueron ya sin decir nada. — Aunque me gustó —.
Susurró Sato al ver cómo su amigo le golpeaba la cabeza.
{…}
Entonces Watanabe recordó aquella carta, aún no se le hacía bien recordarla toda.
…Hay vidas que aman a otras tan solo para sentirse amados…
Y sabía que aquella carta de una sola hoja era quizá de su tesoro más grande en el mundo. —...
Aún parecía estar recordando con exactitud la pequeña carta que ella le escribió con tanto
dolor a Watanabe. — ¿Señor detective?, ¿Está usted bien? —. Al salir de ese vacío enorme
vislumbró la realidad entre su vista oscura.
—¿Sí?, Yo… —. Entonces sabía que sus ojos húmedos derramaban lágrimas.
Los dos estaban compartiendo miradas de confusión e incluso se acercaron los dos a verle
nuevamente —. ¿Watanabe-san usted está realmente bien?, Hace un momento me estaba
golpeando la cabeza y ahora está llorando —. Luego de aquella explicación de Sato, Watanabe
sabía lo mucho que pensó en ella.
—¡Ustedes dos están siendo exagerados, ni puedo llorar ahora! —. Contradecía las palabras de
su amigo mientras secaba sus lágrimas.
—¿Por qué no gritar ahora? Ya llegamos a casa. — Pues bien, ya estaban en su pueblo como
aquellos decían para animismos. — Detective… ¿Usted realmente no tiene nada que ocultar,
verdad? —. Y si bien decía la verdad entonces a él lo interrogarían.
—De hecho tengo muchos problemas en mi vida, señor Fiscal —. Dijo el detective quién ya se
estaba yendo hacia su hogar. —…
—¡¿Por qué está tan enojado, Watanabe-san?! —. Sato estaba sujetando con firmeza los
dedos delicados de Watanabe —. ¿Es algo sobre ella? —. Entonces las pupilas de Watanabe se
dilataron, sin mover ningún músculo en el proceso. — ¿Realmente sucedió algo con aquella
mujer?, ¿La amabas en verdad? —.
Entonces Watanabe se enrojecía de la cólera haciendo fuerza ante el agarre fuerte de su amigo
—. ¡Si nunca la amé entonces, ¿Por qué debería yo haberme ilusionado en casarme con la
mujer que yo mismo he amado? —. Sus lágrimas ahora ya no eran inconscientemente, toda su
maldita frustración salía ante esas palabras. — Haberme equivocado en no amarle fue mi más
cometido delito, yo me aferré a la mierda de vida porqué… porqué amaba a esa mujer —.
Entonces ya toda su melancolía frustrada salía quizá en los labios de fe de aquel detective.
—Ah… Entonces fue eso… ¿Eso es lo que quieres para ella? —. Tales palabras yacían soltadas
por su amigo de casi medio vida para Watanabe.
Los labios de Watanabe eran sellados profundamente por los de Sato quién seguía sujetando
con fuerza las manos de su amigo. — A veces las almas perdidas llegan arrepentirse tanto,
tanto, tanto. Que desearían morir una vez más, yo no tengo excusa para decir lo contrario, ella
te amó y tú a ella… Entonces ¿Por qué te arrepientes tanto en dejarla vivir?, ¿Acaso nunca
pensaste en su propio remordimiento, en su lugar nunca te has puesto? —. Watanabe estaba
realmente confundido por aquel beso pequeño de parte de su amigo. — Quizá yo no sea nada
en comparación de ella, pero yo siempre estaré aquí…
Fue entonces que luego susurró algo y se fue de allí, dejando a Watanabe quién seguía en
confusión.
—…
Solo necesita un amor imposible para calmar su triste temporada de invierno, y al mirar toda
su habitación solo dijo con aquella voz —. Solo quise amor —. Ya sus ojos reflejaban
melancolía eterna. Cada vez parecía estar más calmado.
Antes en sus inicios de adultez era una pena decir “Estoy envejeciendo” y ahora es difícil decir
aquello, porque nadie aceptaría el cambio de gozo entre sus rostros arrugados y unos ojos que
han visto más de la mitad de una vida en sí.
Entonces fue difícil intentar hablar y solo se durmió más que lento, recordando vida tras vida
su pasado y presente vida, y quizá ya sabía que sus gustos habían sido cambiados
rápidamente, ahora estaba atrás de un joven hombre mujeriego que tan guapo era en su
apariencias y extraño en sus pensamientos.
Pero luego de sentir que su teléfono celular vibró seguidamente contestó inmódicamente. —
¿Aló? —. Fue lo primero que se le vino a la mente.
—¿Hice algo mal? —. Quizá esa pregunta fue más tonta que la primera.
-«…»-
Nadie contestó en el teléfono celular y solo estaba el silencio. — Iré ahora… —Y cortó la
llamada, sintiendo ansiedad sobre todas las cosas. Sin decir nada más fue hacia el
interrogatorio en el cuál ya estaba el joven. Caminaba por aquellas calles estrechas, entonces
llegó hasta el lugar, era mediano ante sus ojos, entonces entró viendo que por dentro estaba
ordenado y se dirigió con ansias hasta el pequeño interrogatorio. —Buenas noches… —.
Susurró Watanabe al ver a Sato y al Fiscal rodeando la mesa que todavía no estaba siendo
habitada por el joven. — ¿Necesita algo mío? —. Y al ver que todavía no había nadie,
Watanabe relajó su rostro como hombros.
—De ahora te encargaras en este caso, yo vendré algunos días y algunos no, sabe usted que mi
trabajo es más que el suyo ¿No, señor detective? —. El fiscal sonrió un poco para luego saber
que su inferior daría las gracias o le odiaría un poco.
Pero antes de pronunciar más palabras, sus ojos se volvieron hacia la puerta quién se abrió y
dejaba ver a tres personas, dos hombres adultos y un joven hombre. — ¡Ah, debería darle
permiso al joven, por favor, señor detective! —. Entonces Watanabe se sonrojó al verle
nuevamente el rostro al joven.
—Como puedes ver, estamos en un interrogatorio, ¿Cómo te llamas jovencito? —. Dijo el Fiscal
un poco malhumorado sin nada más que agregar.
—Esta bienvenida es muy severa, realmente tosca y un poco desordenada —. Finalmente soltó
unas palabras, y aquella voz si era más grave que las otras situaciones anteriores.
—De hecho, está ciudad es muy humilde, quizá también corrupta como cualquier otra ciudad y
además soy muy severo con las cosas interesantes, jovencito. — Fue el Fiscal quién parecía
estar más que enojado. — ¿Cómo te llamas?
Entonces aquel rostro lindo se oscureció un poco para luego ríe un poco, entonces vio a
Watanabe quién seguía sujetando con fuerza sus vestimentas. — Usted —. Llamó, siguiendo la
mirada de Watanabe. — ¿Me podría dar aquel bolígrafo? —. Entonces Watanabe despertó de
sus pensamientos y al saber que ese muchacho cruzó palabra con él, se sintió avergonzado y
rápidamente no sabía que decir o que hacer.
—¡¿Eh?! —. Fue a decir verdad algo tonto, humillándose así mismo. — ¿Ne-necesitas algo? —.
Ahora sí que estaba rojo como un tomate.
—Eh… Necesito aquel bolígrafo —. Las facciones del chico eran coreanas en verdad, sus labios
se enrojecían un poco con el contacto de su saliva.
—¡Sí! —. Con toda su dignidad hasta los suelos, le dio el bolígrafo al joven quién lo agarró y
enredó un poco sus dedos con los de Watanabe, entonces está vez si que iba a explotar rápido.
— A-ah…
—Uh-uh —. El fiscal solo se rascaba la garganta, sin embargo le dijo nuevamente al joven —.
Cómo no dirás tú nombre, Entonces dime ¿Estuviste aquí el día dos de diciembre a las
diecisiete de la tarde? —. Fue la pregunta más directa que pudo hacer el Fiscal.
—Me llamo Sangwoo Kim —. Respondió cortamente el muchacho, quien le sonrió un poco a
Watanabe.
Y el detective se sentía aún más confundido y nervioso, y sus piernas comenzaron a temblar.
Quizá también sentía que su polla explotaría en cualquier instante, aquel momento parecía
que se orinaría en los pantalones por mucha vergüenza y sentía aquello —. Tengo que ir a
lavarme un poco —. Le dijo a la nada y simplemente se fue cerrando la puerta y yéndose al
baño —. A-ah… —. Se echó un poco de agua a la cara, ardía y ardía, sin embargo el problema
era la nueva erección del detective. — ¿Por… por qué sucede esto conmigo? —. Quiso relajarse
un poco pero alguien llamó hacia la puerta.
—Señor detective, le llama el Fiscal. — Y aquello hizo que se tensara un poco más.
Fue cuando pensaba que le diría el fiscal sobre su tonto comportamiento, salió
inofensivamente del baño y le sonrió tímidamente al joven que se encontraba ahí. — Ahora
voy —. Le susurró al aire, y sus movimientos corporales eran un castigo. — Aquí estoy, señor
Fiscal —. Sonrió rápidamente, ese gesto era realmente extraño, pues sus movimientos eran
genuinamente. Entonces al mirar los felinos ojos del joven muchacho, Watanabe se sonrojó
más que un tomate — I…iré al baño —. Dijo para luego salir de ahí rápidamente y esconderse
entre la pared más alejada.
—Señor detective ¿Por qué está ahí y también por qué tiene el rostro rojo? —. Ese muchacho
le sostuvo el mentón al detective acercándose peligrosamente hacia el rostro de este. — ¿Es
fiebre, o algo más? —. Ese muchacho parecía confundido en absoluto, soltando palabra —. ¿Le
gusta alguien? —. Ese muchacho era guapo y coqueto con cualquier género, de hecho parecía
estar interesado en Watanabe en algún principio.
—¡No! —. Watanabe estaba aún más nervioso y avergonzado, nadie debía saber quién era él
que conquistó su corazón. — Quiero decir, no, no me gusta nadie. — Se alejó rápidamente del
muchacho e ingresó decidido al interrogatorio. — Tu-tuve una emergencia. — Sus piernas se
movieron y solo se sentó y mantuvo su postura aunque la vergüenza era más.
—Señor Watanabe, como ya sabe, el chico es una persona —. Pausó el Fiscal, mirando
fijamente al joven y luego volviendo hacia Watanabe — “introvertida”, le dejaré este caso, me
debo ir. — El fiscal se fue de ahí rápidamente, dejando a Sato, Watanabe y al chico solos.
Sabiendo que Sato negaría entonces sería igual. — No, pero vendré algunos días. — Dijo para
luego hacer una pequeña reverencia e irse.
—¿Fue usted quién me espiaba? —. Preguntó el muchacho, sin ninguna expresión en el rostro.
— JAJA —. Río secamente, entonces solo le miró a Watanabe —. ¿Preguntaría? —. Fue lo único
que dijo sonriendo con picardía.
—¿Qué? —. Aún no sabía lo que decía el muchacho quien tenía la mirada oscura.
Fue entonces dónde el chico abrió la boca y dijo lentamente — ¿Es virgen? —. Al mirar
completamente el rostro del muchacho, Watanabe se sonrojó volviendo a su postura normal
—…
—¡¿Q… qué diablos dices?! —. Watanabe se levantó y se acercó al informe que estaba a lado
del muchacho. — Un hombre como yo no es… es…
Pero aún no completaba aquella palabra y se sonrojó aún más, sus cabellos lacios
revoloteaban ante el frío. —…
El muchacho solo miró y luego desvío la mirada en forma de igualdad, realmente extraño. Ese
joven se lamía los labios, tocando la mesa con las yemas de sus dedos largos y huesudos, quizá
también Watanabe contemplaba las venas que se enlazaban en los brazos del muchacho.
A lo largo de unos segundos enteros, Watanabe miró directamente al muchacho quién estaba
dormido, apoyando su rostro lindo sobre la mesa y tiernamente sus cabellos rizados tocaban
de esta.
El detective aún pensaba y nunca comprendía perfectamente, ¿Fue este muchacho quien mató
a alguien? —. No me gustaría verle de esta manera —. Ingenuamente Watanabe se acercaba
tocando los cabellos rizados de éste, su tacto con la piel pálida del chico era frío, el rostro
sonrojado de Watanabe surgía y su corazón latía fuertemente, tal como si estuviera haciendo
un gran crimen. — N-no debería… —. Pero parecía que alguien más estaba emocionado, la
nueva erección extensa del detective sugería ya no tocar el placer, o pasaría algo tonto
nuevamente. — So-solo un poco más — Sus dedos pequeños tocaban con deseo del chico,
todo era placer para el detective. — Y-yo-
Se sonrojaba, cerrando sus piernas exageradamente para no tener placer excesivo. Pero su
plan falló…
—… Señor detective, solo era una pequeña siesta. — El chico se había despertado de su sueño
y agarró la muñeca de Watanabe. Su agarre fue tosco, su rostro permanecía en un ligero
sueño, mirando con perfecta rudeza el rubor del detective, y este tembló queriendo alejarse
del otro con más razón.
—A-ah, quise agarrar e-ese bolígrafo —. Fue lo primero que se le vino a la mente luego de
tragar saliva, cubriendo su erección con sus propias piernas.
Aunque el chico suavizó un poco su agarra, nunca dejó de sostener la muñeca del detective. —
¿Qué bolígrafo? —. El muchacho dudó aún mirando el sexy rostro sonrojado de Watanabe.
—N-no, yo quiero… saber… ese… ese bolígrafo —. Señaló con su mano zurda el bolígrafo qué
estaba muy lejos de ellos dos.
Fue tan vergonzoso saber que aquello estaba muy, muy alejado del chico, sin embargo, se le
ocurrió otra idea, aunque ahora Sangwoo sostuvo la otra mano de Watanabe e hizo que esa
acción fuera torpe con este, bajando hasta ver los ojos felinos. — Su respuesta no tiene
sentido, señor detective.
Ya sin poder sentirse aún más caliente, todo su rostro le exponía, y desviaba sus ojos excitados,
tartamudeando y comiendo sus propias palabras, temblando en el acto y el muchacho aún
parecía estar concentrado en el rostro avergonzado de Watanabe —. T-t-tuve q-q-que… N-no-
No tenía sentido lo que decía, era entonces en dónde la puerta se abrió detrás de el detective
—. Señores, el abogado, llegó. — Y al decir aquello, Watanabe sintió que el agarre del
muchacho se suavizaba y salió casi corriendo del interrogatorio, haciendo una rápida
reverencia al recién llegado.
—Ja…
Escuchó una última risa por parte del muchacho antes de irse hacia el exterior.
Al llegar, vislumbraba gente, bullicio, luces, y más personas, todas conversando, fue a tomar un
poco de aire antes de volver a ingresar, su mano rozaba su entrepierna y mordisqueó
ligeramente su labios inferior, tocándose un poco para luego volver a ingresar —. Disculpe, fui
a ver unos papeles —. Ahora parecía estar concentrado pero no del todo, ya que se
avergonzaba cuando el muchacho le miraba.
Pasaron las horas y el chico no decía ninguna sola palabra, de hecho hasta Watanabe se
hartaba de seguirle el juego, entonces él se fue y todos quedaron discutiendo, pensando en el
asesinato y siguiendo, unas manos sostuvieron su cintura. — ¿Ah? —. Volteó a ver con el
rostro sonrojado a su querido amigo. — ¡Idiota! —. Le abofeteó con fuerza, sin embargo, Sato
se río.
—Me gusta cuando se pones nervioso, ah cómo me gustaría comerlo, Watanabe-san —. Ese
susurro indiscreto hizo que Watanabe se sorprendiera y empujara con fuerza a su compañero.
Y caminó hacia un lugar a ciegas y al abrir la puerta se encontró con el abogado y atrás del
detective se encontraba Sato quién le sonreía coquetamente, pero solo dejó de sonreír cuando
vio a su “chico” sonrojándose rápidamente al ser observado con descaro, Solo hizo una sonrisa
falsa y le agarró ahora sin vergüenza el trasero de Watanabe y este tembló. — Hace tiempo no
lo hago, Watanabe-san —. Su voz era dulce aunque excitante también.
—¡Ah! Por dios, si quieren hacer cochinadas se pueden ir —. Un viejo conocido les sonría con
descaro.
Fue extraño al mirar el rostro oscuro del muchacho, quién solo miraba fijamente a Sato, y
luego sin decir nada agachó la cabeza y dijo algo a sí mismo —. ¿Será así? —. Pero nadie
escuchó al muchacho, Sato mordió suavemente la nuca de Watanabe.
Era una vergüenza tener que soportar las miradas raras de sus compañeros al saber que su
tropiezo era solo para aprovecharse del muchacho. — De ser un detective muy torpe, eh. —
Susurró el chico, sus rasgos coreanos se hacían visibles al acercarse al detective Watanabe.
El chico vislumbró el trasero de su superior y solo volteó el rostro hacia otra parte.
—Es… es una pena, Watanabe-san debe irse. — Dijo Sato con una incómoda sonrisa entre sí,
sujetando el brazo de su amigo e irse de esa habitación. — El fiscal pidió movimiento, sabes
que la señora Watson aún sigue internada en ese interrogatorio, como también sabes que ese
sujeto llamado Sangwoo es un cómplice suyo.
—Lo he oído. — dijo distante el detective pensando un poco más, dejando de pensar en lo
sucedido y seguir con la investigación.
La razón de la señora Watson fue mentir para salir vida de la cárcel, pero se suponía que ella
era solo una testigo más y de alguna manera dijo que ella había matado sin recelo al obeso
hombre.
—¡Venga ya! —. Sato pasó su brazo por el cuello de Watanabe y le susurró locamente. — mi
manera de enamorar a Watanabe-san es solo con amor. — y le acercó a su cuerpo.
Los dos ya eran personas sabias en sus trabajos, quizá también tenían secretos para ellos solos.
Watanabe se sonrojó ligeramente tratando de empujar suavemente a su amigo pero cada vez
que le miraba a los ojos solo sentía satisfacción. — tonto.
(…)