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Bajo la lluvia cerniéndose allá en Rusia, los autos eran locomoción sobre las calles, una o

dos personas corrían con apresuro para no mojarse aún más.


Aún con la sombrilla en mano, me sentía gélido, tanto que el propio aire se sentía mohíno
en mi rostro. Pensé con la poca razón que tuve en mí, realmente odio quedarme en silencio.
—Mierda.
Luché por decir, fue audible pero no lo suficiente para que otras personas lo escuchasen,
mis piernas temblaron pero aún con determinación caminé hasta la estación del tren.
«Les informamos a todos los pasajeros esperar cinco minutos antes de partir, gracias por
su atención.»
Escuché decir al maquinista ferroviario decir para todos los pasajeros incluyéndome.
Demonios, esto es de lo peor.
Esperé como buen chico. He observado desde la ventanilla las gotas más grandes cayendo
con mucha más vehemencia, las luces de los autos también se incluyen en mi campo de
visión, las pequeñas tiendas de comida cerraron su venta, a de ser por la lluvia tan
repentina.
A lo largo del recorrido, con los auriculares puestos, solo escuché a penas la lluvia caer, la
música y su melodía fueron perfectas a mi entorno, a pesar de lo triste que pareciese en mi
rostro.
Mis labios no emitieron sonido alguno después de salir de ese martirio llamada universidad.
Me inquieta saber desde cuánto tiempo el chico de mi lado izquierdo está mirándome, pero
no le tomaré importancia, tal vez esté incómodo.
Mis ojos obsidiana se apretaron ligeramente con un sueño leve en mis entrañas, froté mis
sienes con ambos dedos índices, las prácticas académicas que tomé son un poco demasiado
exigente para mí, trataré de fumar un cigarro cuando llegue a casa.
Observé mi teléfono y aún sin notificaciones por abrir, una más se integró al grupo, era un
mensaje de texto muy parecido al de madre, ella solía ser más rigurosa con las situaciones
educativas para mí y mi hermano, a pesar de las tradiciones que llevamos, madre no llegó a
odiar a mi hermano homosexual.
En mis pensamientos más encontrados, escuché con la poca sensibilidad en mí como los
pasajeros se levantaban, pues el tren se detuvo en cierto estacionamiento. Con rapidez
también mimeticé sus movimientos y salí del vagón con confusión en mi rostro.
Las luces del bulevar por dónde transitaba se desvanecía con cada paso mío, cada vez me
veía alejarme de tal panorama, aún con la lluvia cayendo y danzando sobre mi sombrilla, la
diligencia aún estaba en mí y sabía que me hallaba en casa, la cálida bienvenida se asomaba
en mi cuerpo.
En mi regreso a casa, decidí fumar un poco, encaminé con pasos lentos. El olor a tabaco se
mezclaba con el dulce sabor de la nicotina, incluso el olor de lluvia fue éxtasis para mí.
Un suspiro de alivio me cierne completo al estar en casa, madre está cansada por las
actividades que ha de hacer en su trabajo ajetreado, la dejaré descansar. Fui a mi habitación,
mis labios se apretaron con ligera suavidad al sentir el cigarro calado.
Para dormir más rápido decidí estar en mi teléfono, viendo lo que sea, aún si es lo más
tonto de internautas. Empecé a ver incluso noticias mundial y nacional.
—¿Uh? —. Leí un artículo de una noticia famosa.
«El presidente de Rusia, Fyodor Skavronskaya proeza una alianza junto a China, la cual
fue aceptada por la OTAN.»
No era mi problema pero ha de afectar la población mundial, a pesar de ello, el acuerdo de
la unión soviética debió haber previsto tal hazaña.
Negué al acomodar mis pensamientos, pensé en otras personas las cuales están en
diferentes condiciones de vida, observé en mis recuerdos haber visto a un hombre joven a
lado mío, sus ojos pardo me contemplaron con un gesto furtivo.
De un momento a otro mi mente captó la penumbra de la noche, mis ojos se habían cerrado
completamente. Dormí con mi teléfono en mano.
(…)
El visillo y su pequeño vaivén fue lo primero que escuché, no sin antes sentir el sol
abrazador sobre mi rostro. Mis ojos parpadearon con lentitud, despertando con dificultad.
Me tomé el tiempo para entender mi entorno, aún estaba perdido en lo peor. Entendí con
nitidez mi estado, y al vislumbrar por fin lo que pude haber no observado desde el
principio, lo reconocí.
En fin.
Aún era las seis de la mañana, con el gélido viento ludiéndome el cuerpo, sabía que la
ducha caliente sería más satisfactoria que cualquier otro barbitúrico.
Con la monotonía en mí, arrastré los pies hasta la ducha de mi propia habitación. Con cada
trozo de ropa retirada, hallé los productos de aseo y de hecho tuve que ocultar mi
cansancio, duchándome tranquilamente.
Posteriormente mi ida de la ducha fue tan rápida, pues tenía que optar la ropa más holgada
que tenía en mi closet. Cepillé mi cabello y me vestí, guardando lo necesario para todo el
día de hoy.
Con cierta intensidad de no ir hacia la fugitiva universitaria, un gesto molesto se formó en
mi rostro. Fruncí el ceño con amargura y sin darme cuenta, ya estaba sentado en la estación
del tren.
—¿Disculpa?
Volteé el rostro con incierta confusión y observé a un hombre con rasgos pronunciados,
incluso su educación me impresionó. No era un hombre adulto incapaz de sentir codicia en
su mirada vieja y desgastada, pues sé que hay muchas personas adultas sentirse estúpidas
cuando un joven y fruto de la felicidad está justo frente de ellos.
Pero sin más, me quité los auriculares puestos y le miré con ojos justicieros. — ¿Eh? — lo
observé, mucho más que observar, lo analicé.
Sus arrugas de extendieron un poco en su rostro y luego suspiró con ironía. — ¿Pensaste
que un adulto te hablaría así de la nada? —. Me habló como si se tratase de un juego de
niños.
—Profesor… —. Murmuré con amargura, pero no solía de ser así, justo ahora cuando
regañadientes he estado, mi “dulce” profesor me habla en medio de estos masivo seres.
En su rostro se mostraba una señal de odio quemarse junto a los demás excluyéndolos. A
pesar de todo lo malo que he vivido, estoy justo a lado de un hombre cuyo nombre está tan
preterir.
Moví mi cuerpo y traté de ajustarme a ese estrecho lugar. Observé al profesor sentarse junto
a mí, y con su amargado rostro inquieta a muchas y muchos pasajeros.
Intenté calmar mi temperamento, ¿Es acaso que este viejo quiere verme frustrado? Suspiré
en silencio para alejarme de la realidad. Los auriculares puestos nuevamente y la música a
un volumen muy alto se inició en mí con mucha ansiedad en mis pies inquietos.
Junto a lado de aquel profesor solo me sentía completamente frustrado, pero de alguna
manera no rompía mi muro de privacidad.
—Creí que mi estudiante sería más amable conmigo, a pesar de mis esfuerzos para darle
educación apropiada, parece que mi estudiante es un descarado. — Miró a todos los
pasajeros, hablando solo para mí y mi frustración.
Apreté los puños sin embargo poco a poco me solté y un suspiro se escuchó de mí. Con
muchas desgracias en mi mente, pregunté con educación. — ¿Soy tan bueno en las
matemáticas?
En tal instante, el hombre negó con desprecio mi pregunta. La respuesta fue rápida y
constante, sentía el glacial cristal de la ventanilla calando un escalofrío recorriendo mi
columna.
—¿Qué carajo? —. Susurré con intensidad, deseaba golpear a este hombre.
Nuestro punto final sería el mismo, sin embargo yo también tengo cordura y se podría
quebrar. Por primera vez en mucho tiempo sentí un alivio suspirarme al escuchar el tren
detenerse sutilmente en la estación. Tomé mi mochila y salí antes que ese hombre.
Llegué al gran campus de la universidad, observé a muchos estudiantes de distintos oficios.
Caminé hasta llegar a cierto lugar, el aula amplia de paredes blancas y el pizarrón lleno de
garabatos, estaba justo en mi mirar y ahí me quedé, sentado en mi escritorio. Mis
compañeros estaban completamente ocupados en lo suyo, aparentando ser únicos e
inteligente.
Desde luego, es una mierda.
Observé cada detalle de todos ahí, más y más compañeros ingresaban a esa aula, sentándose
junto a sus amigos.
“Espero no ser molestado por nadie.” Pensé pero supongo que lo hice después de ver a dos
entes ingresar y a acercarse a mí con intenciones malas.
—¡Blok! —. Ambos hombres jóvenes de mi edad se acercaron a mí, y empezaron a
abrazarme y a masajear su mejilla sobre la mía. — ¡Cómo te extrañé!
Suspiré cansando, sintiendo el cariño brotando en mi entorno, al principio fue ese hombre y
ahora son estos idiotas. Tuve que separarlos de mí cuánto antes, pues el profesor
trigonometría Neurología de justamente estaba acomodándose en su asiento.
—Aléjense de mí. — tuve que decir a regañadientes, esperando echar a mis dos cariñosos
amigos de mi lado.
En algún momento me dejé llevar y me gustó sus tonterías; sin embargo el profesor ingresó
al salón de clases y mi rostro se tornó estoico, formando una cierta incertidumbre en el
rostro de mis amigos.
—¿Nos acompañas a fumar después de clases? —. Un susurro se presenció justo en mi oído
derecho, era de uno de mis amigos.
Suspiré con cansancio y acepté con cierta duda. — de acuerdo.
La clase empezó
El profesor explicó su clase como es de costumbre. El pizarrón lleno de garabatos y unas
más se integraban, mi alrededor será bullicio por parte de todos mis compañeros
hablándose entre ellos.
Mis labios se fruncieron un poco, observé a mis compañeros a lado mío, cada uno
respondía el pequeño examen sorpresa que el profesor dictaba. Con un cansancio también
moví las dedos, sujetando los bolígrafos para contestar pregunta tras otra.
Con tres horas escritas en mi cansancio, el receso se presentó ante nosotros, el profesor
incluso suspiró aliviado, yéndose de ahí como si fugara del salón de clases.
Dos manos en ambos hombros, y me arrastraron hasta un lugar lejano del pabellón C.
Suspiré al verles sacar cigarros y me entregaron uno.
—No tengo dinero en mi tarjeta, mi madre me matará. — decía uno de ellos, fumando
como un maldito profesional ese cigarro económico.
Reí con ironía.
Bueno, reímos.
Boté el humo grisáceo por las fosas nasales, y sujeté el cigarro con ambos dedos largos.
—Joder, siempre es lo mismo contigo. Ni siquiera has pagado la hipoteca de tu nueva casa,
idiota. — escupió esas palabras mi amigo más joven.
Simplemente dejamos de hablar de ello, pues se sentía completamente frustrado por no ser
de ayuda en su pobre y miserable vida.
Al terminar el receso de cuarenta y cinco minutos a lo largo de nuestra nueva clase tuvimos
que ir a otras nuevas horas.
(…)

Con si fuese una pesadilla, observé la ventana y sentí la brisa gélida que se estanca sobre
esta, y unas cuantas gotas regordetas cayendo y danzando sobre el cristal. Aún si era o no
invierno, la lluvia sirimiri se vuelve más casual, y poco tiempo las clases terminaron con
apresuro.
La pluvia que generaba las oscuras nubes son iguales para los ojos de las personas.
Al final de clases, llevé una sombrilla y caminé.
“Los exámenes finales se acercan, siento que aprendí nada este ciclo.”
Pensé mucho, mis ojos perdidos guiaban a mis piernas perezosas. Mis irises obsidiana
penetraron de alguna manera a un muchacho delgado y pálido, su mirada parecía aún mas
perdida que la mía, las gotas caían sobre sus cabellos negros. Mi cuerpo reaccionó al
instante, y justo al estar frente a ese muchacho, sentí una sensación extraña. Con
gesticulación en mi cuerpo, observé mi sombrilla en medio de nosotros, aún la sostenían
con fuerza, mis ojos estaban completamente preocupados por ese extraño que no articuló
palabras alguna.
Su expresión vacía y mohína de pronto me producía una reminiscencia inmediata en mi ser,
parece un cascarón vacío.
“¿Por qué eres igual a mí?”
Me pregunté inconscientemente, sus ojos estaban completamente negros y vacíos, su rostro
estoico también yacía ahí, en mi memoria.
—¿Eh…? —. Apenas podía pronunciar quejidos sutiles, sus labios resecos y pálidos se
debía al frío que hallaba insertada en nuestro entorno.
“¿Quién eres tú?”
Una gota cayó sobre sus ojos, demostrándome que aún había vida sobre ese pálido joven.
Mi rostro se acercó al suyo, examinando su estado actual. Tan deprimente. — ¿Disculpa?
— pregunté, atrayendo la sombrilla aún más hacia él, mi espalda estaba descubierto,
haciendo que las gotas regordetas cayeran sobre mi espalda.
Sus ojos poco a poco se volvían con vida, me devolvió una mirada poco convincente. —
Oh, lo lamento mucho. — por fin habló, fue amable pero su expresión parecía incómoda,
una sonrisa poco gustable se formó en sus labios reseco.
Con curiosidad tomé su mano diestra, sentía su tacto sobre el mío, suave como la porcelana,
sus dedos huesudos se apretaron ligeramente sobre los míos y con un gesto incómodo
sonreí.
—¿Has estado mucho tiempo varado en medio de la multitud? —. Pregunté alejando mi
curiosidad y sus manos.
Su ojos me mostraron inseguridad, incluso si le muestro mi bondad, la incómoda
interacción será más consciente, observé su rostro y él me observó a mí, era de alguna
manera un poco más que incómodo. — Eh, lo siento, ha de ser un poco demasiado tonto de
mi parte quedarme varado en medio de tu camino incluso se los demás. Lo lamento. — me
demostró sin desdén lo que sucedía; sin embargo su voz era tan poco audible que
necesitaba acercarme más para escucharlo, ya que las gotas de lluvia atormentaban nuestra
conversación.
“Joder, ¿en serio debes disculparte?”
Al ver sus ojos aún melancólicos me entristecí, a pesar del poco tiempo que he hablado con
este chico, he visto que su animosidad se observa desde muy cerca.
—No es de mi atrevimiento pero, ¿Te quedarás aquí hasta que la pluvia se calme? —. La
curiosidad se atrevía a hacerse presente en mi voz.

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