La Peste Negra se refiere a una devastadora pandemia de peste bubónica que afectó a
Europa y Asia en el siglo XIV. Esta pandemia es una de las más conocidas y mortales
de la historia, causada por la bacteria Yersinia pestis, que se transmitía principalmente a
través de las pulgas de las ratas negras (Rattus rattus).
La Peste Negra comenzó en Asia Central en la década de 1340 y se propagó
rápidamente a través de las rutas comerciales hacia Europa, llegando a Italia en 1347.
La enfermedad se caracterizaba por síntomas como fiebre alta, inflamación de los
ganglios linfáticos (bubones), hemorragias bajo la piel que daban un color negro
característico, y en muchos casos, neumonía.
Las consecuencias de la Peste Negra fueron devastadoras. Se estima que entre el 30% y
el 60% de la población europea murió durante los brotes más intensos. Esta alta
mortalidad tuvo impactos profundos en la sociedad de la época, alterando la estructura
económica, social y cultural de muchas regiones.
A pesar de ser una tragedia histórica, la Peste Negra también tuvo efectos a largo plazo
que incluyeron cambios en las prácticas médicas, mejoras en la higiene y cambios en las
actitudes religiosas y filosóficas.
En la actualidad, la peste bubónica sigue existiendo en algunas partes del mundo,
aunque se controla con tratamientos antibióticos efectivos si se diagnostica a tiempo.