Emprendimos vuelo.
No sé cuándo, cómo, siquiera por qué, pero si pasó no es casualidad.
Supongo que amar no desecha la torpeza, creo que incluso la anima.
Él es mi amor, y yo como la torpeza.
Quizás, él sepa amar; yo también, pero a mi manera; difieren.
Él sí aprendió a amar antes que yo, pero no siento dolor, es una espinilla, siquiera molesta,
o capaz que sí, yo no sé.
I think there would be more butterflies than prettier eyes.
Perfect, like storms.
He's the most electric cloud in the rain.
Like tears, they fall down.
Quizás, donde plantó sus teatros, eran teteras de cerámica.
Porque quizás, en cuestión de minutos se percató del aroma.
A veces, sólo quizás, ella era la tetera de porcelana.
No hubieron años, quizás para ella fueron segundos.
Porque en un diminuto átomo de su ego, desencadenó su tristeza.
Prefiriendo danzar, para evitar demostrar las matices de su canto, quedó muda.
Ahora, ¿Quién querría a un alma muda?
"Nadie", susurró.
Creyó creer que se ahogó tantas veces con su té, que se perdió en un valle rojizo de lanas
verdes, sin tonos celestinos.
Espera adivinar sus cabellos, danzando a la par de ellos, acompañada de sus plumas
amarillentas.
Cree creer que todo es falso, así entonces podría equivocarse una vez más.
Sólo esperó al amanecer para susurrar, nuevamente, un canto impar.
Aunque no supiera contar, siguió su rastro grisáceo, hacia un tal valle arcoiresco.
Creyó creer que era real.
No pudo evitar descansar al notar lo real que era aquel engaño.
Cree nunca haber terminado de creer que aquello era su mundo real.
Pensó que al ahogarse en un baile de azar, en un sueño volvería a despertar.
Al no hallar sonrisas, partió rumbo a un caudal.
No sabía nadar, y aún así se aventó al acantilado.
Aproximado a un canto sereno, casi irreal, danzó fuera de sus álabes durante una década
más.
Dónde no habían instrumentos, tomó su mano y comenzó a susurrar.
Aún cree que se ahogó en un engaño de ficción.
Poco a poco creyó en que su historia y andar, eran sólo caricias a un mar dulce.
Se abalanzó sobre su canto y nadó en su nube, pero aún no se permiten danzar.
Creían que un tango sería muy atrevido, y decidieron cortar tulipanes de su rosal.
¿De qué servirá, si al final, acabará?
Supone que las rosas no esperan años a su apogeo, sólo lo buscan.
Se consideró un girasol, luego un árbol; terminó siendo un cielo.
Descubrió que los libros, a veces, tienen epílogos desordenados, y descubrió también que
ese era su trastorno; el quilombo.
No supo, no quiso saber, si su paleta era igual de grande que su locura.
Se internó, se suicidó, cree creer que aún no murió.
Dice que su alma aún se activa cada 3 o 4 noches, y que a veces tarda semanas, meses,
incluso años.
Cuenta que no se encendió durante un largo largo día, pero todos dicen que pasaron años.
Sólo recuerda qué tan brusco y marchito fué.
Descubrió canciones, encontró colores y pintó letras, sin saber qué eran.
Ahora se cree casi casi enorme, pero es tan tan diminuto, que no lo ves del cielo; no lo ves
en sí.
Cree creer que se ahogó en una nube, y aún no sabe su flora.
Intentó descubrir su fauna natural, pero encontró una estrella infinita.
Aún no sabe si es propia, ajena, única, igual o brillante, como la vió.
Pero la describe como un jardín flotante, un paraíso para sí.
Como volar, lo describió.
No nombró palabras, pero sus ojos le cantaron poemas a orillas de un mar florecido.
Supuso suponer que se encontraron, guiados por un camino de estrellas.
Ya recorrieron el cielo, dijeron que era su destino final; habitan un mar estrellado de rosas.
No fue fugaz, pero nació, y fue repentino, y fue mágico.
Mágico como danzaron.
Abrirnos a un nuevo mundo e innovarnos con un mundo abierto.
Donde hay pasto, no desbordan flores, y donde hay tierra sólo habitan cantores.
En su realidad, carecen piedras y espantan las voces.
Y si fuera un mundo boreal, sólo habrían 15 rosas por cortar.
“Donde hay rosas, no hay amor”, exclamó un picaflor.
“Demostrar, es mentir”, lo apoyó un gorrión.
Una danza lejana, exclamó: “Si se enamoran, ya no valió”.
Una que otra ardilla se acercó, curiosa y entusiasta, y asintió.
Una sombra quiso gritar, pero la brisa de verano la logró callar.
Egoístas eran los ríos y autónomos los árboles.
Gobernaban claveles y legislaban tulipanes.
Poemas de un cristal, el Sol escribió, en una noche, con Luna de corazón.
Como el hábitat de un castor y un pabellón sin cerradura,
se desarmó su encendedor, e insinúa que gas no hay en su corazón.
Sí halló un poco de luz, es de un farol con etiqueta.
Se decepcionó, creyó ser suyo.
La emoción recuperó al leer ina instrucción de conservación.
Supuso que le depositaron un regalo ajeno, ahora brillante.
Cada día, más leña a la fogata agregaría.
Cuando el farol le reflejó un camino,
le iluminó el color.
Quizás se terminó.
Quizás sólo se hundió.
No se ahogó, así lo contó.
Lo escuchó muchas veces, cree que todos los momentos.
Pero lo olvidó.
¿Es normal?
Se echó a la suerte.
Su vida quedó rentada.
Se alegró,
Supo estar alegre.
¿Era alegría?
Se aburrió.
Retomó, aún aburrida.
Dudó; abandonó.
¿Se terminó?
No le respondió.
Ahora, se perdió.
¿Cuándo? Ya sabrá.
¿Dónde?
¿Qué sería de su esencia?
Se ahogó.
Ahora, no habrían más noches que contar, sólo mediodías por derrochar.
If I told you I love you, would you run away or keep yourself away?
Amé una locura indeseada, que un día se marchó.
Hoy en día la locura aparenta un aire de señor.
Se tornó aburrido su proceso, ya no sé qué ver, pero si sé verlo.
Se encuentra mendigando en mi corazón hoy, un alma sin nombre, de famosa voz.
Resulta conocido y atrapante verlo, pero oírlo parece ser agobiante.
Le he echado culpa,.pero aprendí que lo malo vuelve peor, y en su voz me gritó.
No saber cómo saber amar, es hoy un trauma difícil de curar, que hasta el día de hoy, no se
señala en sanar.
Quizás amar sea ajeno y yo admiro.
Lo admiro, aún dudo en cómo lo hago, siento que mi mirada puede persuadir su ida.
Quizás no es así, quizás yo lo ame a él, y él sólo me mire; no creo creer que me admire.
Admirarme es como gritar: un desahogo doloroso, del que pronto me haré cargo, no hoy.
Quizás nos amemos… ¿Eso también estará mal?
¿O sólo será como yo?
Quizás es muy fácil ser yo, pero se tiñó de matices heladas.
Él es mi tono veraniego.
Quizás eso sea malo.
Quizás eso sea bueno.
Quizás eso me cuide.
Quizás eso me prenda.
No creo creer que si te amo, me amarás.
Prefiero imaginar un mundo en el que no me ames, entonces nadie sufre.
Si me convierto en nadie, prefiero contarlo.
Hoy en día, padezco de colores mortales.
Hoy en día, ya no dormiré entre tus piernas.
Promesas de hilo, cantó al cesar
En un tibio silbido, se oyó su color
Él, dice creer en el mar
Ella, cree conocer su ideal
Las cicatrices de un joven roble
Los cristales de mar
Quizás en cien días
Su amor será
“Un amor culto, se lo llevó el mar”
Susurran sus voces planas.
No era un amor culto, sino uno social.
Danzaban murmullos dudosos, sobre un amor convencional.
Serán las dudas quienes matarán.
Sin interrogos, y sin alteración, un alma de cielo calló en su pudor.