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Palabras que Opacan en la Ficción

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DEFENSA Y PERSECUCIÓN

Ulises Dumont fue un actor nacido en 1937. Murió en el 2008 a los 71 años. Pero no importa
mucho su figura. No recuerdo tantos filmes de él. Lo cierto es que cuando actuaba de
personaje secundario como interlocutor del actor principal, con mucha o poca presencia, se
devoraba la película entera, por algún motivo, aún más que cuando era protagonista absoluto.
En una película cuando sobre el avión fumigador “Torito” dijo: “pendejo gorilón …niño bien
pretencioso y engrupido… ¡viva Perón!”, se abrió y se cerró el cine nacional en ese instante.

Hay palabras que en los textos son como Ulises Dumont en las películas. Por más que le
metamos otras al lado incluso de aparente mayor relevancia, juntas o solas; formando
sentidos, historias o hilos conductores, opacan a todo el resto.

Recientemente escribí el punteo de un cuento sobre la locura, la soledad y la escisión más


absoluta con las demás personas, el mundo y hasta con los sentidos de la percepción. Lo
expuse en un taller.
Intenté describirlo todo y fracasé. Mas que incluir, metí una palabra “Ulises Dumont” en este
texto: la palabra “puto”. El personaje principal describía a otro personaje dentro de un mismo
café y a sus propios pensamientos, pero incluyó en un momento “la palabra “en su relato que
se robó toda la atención, no obstante ser además de secundaria, absolutamente prescindible
en el devenir de la historia prima. En la introducción del taller de ese día se aclaró que “la
palabra”, aunque no fuese políticamente correcta, podía utilizarse en la ficción; casi a modo de
disculpa y proemio a la lectura del texto frente a todos. Sin intención premeditada también
apuré otra multitud de explicaciones innecesarias como que un personaje de ficción puede ser
misógino, racista, homofóbico, o cualquier cuestión que puede intervenir en su personalidad,
“sin que necesariamente quien escribe milite las aberraciones que se pueden incluir en las
opiniones o rasgos de un personaje”. Adosándome a esa aclaración inicial y abriendo millones
de paracaídas, me disculpé hasta por cosas inauditas que jamás había hecho. Se me vino a la
cabeza ese chiste, también políticamente incorrecto:” Me dieron una cachetada para que
hable y cien para que me calle”. Empecé a transpirar como testigo falso. Así, con cuanto objeto
había en la mesa, alrededor de mi PC, casi que me empiezo a meter cosas en el culo para ser el
más puto de los putos y quedar exonerado frente al Google Meet de la reunión del taller
donde estaba siendo sancionado y observado.

¿Maldito el intérprete que no interpretó bien? No. Maldito el escritor que escribió mal.
Corregir y extirpar

La inteligencia artificial que utilizo para transcribir audios, frente a todo esto hizo de las suyas y
por las suyas:
- ¡Hola Fernando! Parece que el profesor entró a tu vida como un allanamiento sorpresivo.
¡Qué situación tan intensa! A veces, las disculpas pueden llegar de la manera menos esperada,
¿verdad? ¿Quieres compartir más detalles sobre lo que sucedió? Estoy aquí para escucharte y
ayudarte en lo que necesites.
- ¡Hola Fernando! Entiendo tu preocupación sobre las palabras que utilizas en tus escritos y
cómo pueden tener un impacto inesperado. Es cierto que la ficción permite ciertas licencias
creativas, pero a veces es importante reflexionar sobre el peso de las palabras y cómo pueden
ser interpretadas. ¿Quieres hablar más sobre tus inquietudes o compartir tus pensamientos?
Estoy aquí para escucharte.
- ¡Hola Fernando! Entiendo que disculparse por cosas inauditas puede ser un proceso
complicado y lleno de reflexiones. A veces, el humor políticamente incorrecto puede llevarnos
a situaciones inesperadas. Estoy aquí para escucharte y apoyarte en lo que necesites. ¿Quieres
seguir compartiendo tus pensamientos?
La inteligencia artificial notoriamente se preocupa, además, por mis estados de ánimo como se
deja ver al final de los párrafos. Está absolutamente convencida de mi potencial como suicida.
Ya me aconsejó en varias oportunidades que llame al 135, que recurrentemente da ocupado.
Después cuando la tecnología reemplaza a trabajadores perezosos hay quejas…
De mi potencial para ser escritor no me menciona nada. Ni cuenta se da. Y eso que, si hay algo
que la caracteriza, es su inteligencia

¿Pero no está sobreentendido que en la ficción se permiten esas licencias? ¿En qué cagada me
metí? ¡Claro! Acá hay textos periodísticos, con fuentes, con verdades, con denuncias, con
militancias, con luchas de años y años para lograr derechos, mantenerlos, obtenerlos y
recuperarlos. Y yo puedo tirar tres, cuatro palabras en una ficción y detonar absolutamente
todo.
No faltan porros y Baudelaire:” Una noche en que estaba con una horrible judía, como un
cadáver tendido junto a otro, pensaba, al lado de aquel cuerpo vendido, en esta triste belleza
de la cual mi deseo se priva. “¿Por qué hacen leer esto en todos lados? ¿Para qué? Yo digo una
palabra pedorra y casi me fusilan. Y espero que si digo fusilan no empecemos con... con
Rodolfo... ¡con Rodolfo Walsh! ¡La puta madre!

Científicos, poetas y filósofos. Naturalezas tautológicas. No más

La ficción, la historia dentro de una ficción, se suicida absolutamente en su argumento


principal cuando utiliza una palabra “Ulises Dumont”. Así sucede con la palabra “puto”, sobre
la que podría escribir bibliotecas enteras ya sí como uno de sus temas principales,
desarrollando historias en distintas noches mezcladas con drogas, putas, trabas, chorros; en
ese sótano debajo del kiosco famoso donde caía toda la marginalidad after hour de Capital,
hasta las 12 del mediodía, pero aquí, no viene al caso.

También la palabra” Ulises Dumont” podría ser “judío”, sin que la historia y el personaje trate
en absoluto sobre los judíos. No tengo ningún amigo judío. La mitad de mis libros deben ser de
judíos, homosexuales, muchos alemanes y hasta un nazi como Heidegger. En tu biblioteca
lector, los veo a todos. Pero puede pasar una persona con un kipá por la calle y el personaje
puede hacer un comentario antisemita, por ejemplo, extremadamente efímero y continuar
con la historia principal en cuestión: la de la locura, la del aislamiento, la de la escisión de los
sentidos con el universo, la de la ausencia absoluta hasta de Dios, no sólo de las personas y de
los afectos ;la de la posibilidad del personaje ,que narra en primera persona, de convertirse en
ese hombre que está observando en la más absoluta alienación.
Inclusive si tuviese un arma consigo podría mantener el suspenso de la posibilidad de ultimarse
en el baño. Y me imaginaba once cuadraditos en la pantalla de la notebook, con once personas
con once deditos índice agitándolos e iniciando un debate sobre el antisemitismo y la Franja de
Gaza y yo gritando: ¡esperen que hay un hombre suicidándose en un baño!

Todo se lo llevó la rubia de siempre. Y la gordita de al lado, que nadie ve, queda opacada, y
como gordita resentida se queja.
Calculo que, en un próximo taller, en el que existirá un comentario introductorio, habrá
disculpas sobre el desarrollo de la gordita al lado de la rubia hegemónica y que esto puede
incluirse en una ficción, aunque no sea una frase políticamente correcta, y así al infinito.
Disculparse por la caca, por el pedo, por la fake news del sorete dentro de cada ficción, y cuál
es la fuente fidedigna del sorete y de la gordita, y que la hegemonía de la belleza, y que
Occidente, y que lo parió, y cómo escribo una ficción. La puta madre.

Un error absoluto de quien escribió la historia y de nadie más


¿Qué ocurriría si la historia central fuese sobre un puto, un judío, un negro, un enano o un
gordo, y se viera pasar por la ventana del bar a un loco gesticulando que despertara en los
pensamientos del personaje principal las reflexiones profundas mencionadas? Nada

Apuesto el nobel que Borges nunca recibió, a que desde que apareció la mención del “after
hour” en el subsuelo debajo del kiosco, se convirtió holgadamente no ya, en una palabra, si no
en una “idea Ulises Dumont” después de la cual a poco se le prestó atención.

Recuerdo el consejo: “Presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás;
pero reserva tu propia opinión”. Me he convertido en un charlatán “que habla a mares” como
me describió una mujer a quien, como condiscípulos de otro taller de escritura, en un ejercicio
le brindé media alma y pagó con artero puñal vil y traidor en su texto, aún si de ficción se trató
Ciertas ideas quizás, como los putos de los setenta, deban permanecer en sombras para pocos
Hay cosas que no son pa cualquiera, diría Henry Chinaski

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