Amor y Pérdida en Hogwarts
Amor y Pérdida en Hogwarts
Rating: Mature
Archive Warnings: Graphic Depictions Of Violence, Major Character Death
Category: M/M
Fandom: Harry Potter - J. K. Rowling
Relationship: Harry Potter/Severus Snape
Characters: Severus Snape, Harry Potter, Draco Malfoy, Hermione Granger, Ron
Weasley, Tom Riddle | Voldemort, Pansy Parkinson
Additional Tags: snarry, Drama, Angustía, Romance, Ambiguous/Open Ending
Language: Español
Stats: Published: 2020-04-10 Completed: 2023-02-11 Words: 83,987 Chapters:
28/28
Senseless
by OldBearS (OldBearSoul)
Summary
Durante una batalla contra el señor oscuro, Harry recibe un hechizo intentando proteger a su
maestro de pociones. Todo parece indicar que no hubo daño y que el hechizo falló: pero no
fue así. Uno a uno Harry perderá los sentidos y todas sus facultades, dejará de saborear, de
oler, de escuchar, sentir y ver, además dejará de hablar e incluso dejará de respirar. Al final
Harry se convertirá en un cascaron y nadie sabe cómo revertirlo. Mientras buscan una cura
alguien tiene que cuidarlo, ¿y quién mejor protector que Severus Snape?
SNARRY
Desastre
Capítulo 1. Desastre.
Ese domingo había sido apacible, demasiado a ojos de Severus, pero no había razón para
sospechar que algo malo pasaría; craso error.
Cuando el año escolar recién comenzaba los de séptimo se reunieron entre ellos para planear
algo importante —o por lo menos importante para adolescentes de 17 y 18 años. Lograron
pedir un permiso especial para tener una salida “extra” a Hogsmade porque estaban
planeando una especie de baile para navidad antes de que las vacaciones empezaran el 10 de
diciembre y, aunque todavía estaban a mediados de octubre, le explicaron al director y a los
jefes de casa que necesitaban adquirir las cosas con tiempo porque entre exámenes y estudios,
tiempo era lo que menos tenían.
Obviamente Dumbledore aceptó con alegría, el viejo estrafalario estaba encantado con la idea
del baile-fiesta que estaban planeando sus alumnos, y entendía el porqué de comprar ciertas
cosas con anticipación. Incluso muchos de la casa de las serpientes estaban emocionados por
ese baile y, de cierta forma, colocaban las diferencias que tenían con otras casas para
colaborar, eso le alegraba aún más.
Los de ultimo año habían vivido tantos malos ratos gracias a Voldemort—y vivían, porque
aún seguía vivo— que habían decidido pasar su último año de la mejor forma que pudieran y
así, entre Voldemort y exámenes, podrían tener algo que recordar. Obviamente los seguidores
del señor oscuro que en su mayoría pertenecían a las serpientes no estaban tan de acuerdo con
eso, pero no iban a intervenir en algo que se haría en el colegio.
El plan era simple: dos bailes inolvidables o por lo menos pretendían que fueran inolvidables.
Uno se haría antes de las vacaciones de navidad, sería un baile de disfraces, pero tenía un
bonus, seria por temática. Por grupos se disfrazarían de algo, lo que más les gustara y lo
representarían en el baile. El que no quisiera participar en la temática podía escoger un
disfraz cualquiera, pero muchos ya estaban emocionados con la idea. Algunos iban a ser un
grupo de piratas, unas chicas de Hufflepuf serían unas princesas Disney, otros representarían
series o películas, incluso los profesores podían participar. No solo sería el disfraz, sino
también hacer una pequeña presentación, se estaba hablando hasta de un concurso y premios.
En el baile incluirían a los de sexto curso también, pero solo los de séptimo estaban dentro de
la planificación.
El segundo baile, que se haría antes de la graduación tenia temática de “una noche en parís”,
una idea mucho más sencilla y repetida, pero que a las chicas les hacía mucha más ilusión.
Dumbledore les ofreció ayuda con la decoración, pero los encargados dijeron que era algo
que querían hacer entre ellos y el director cedió un poco.
Así que ese domingo, a mediados de octubre, un grupo de estudiantes de séptimo año fue a
Hogsmade acompañados por un obligado Severus Snape. La mayoría de los chicos compraría
su disfraz el 30 de ese mes, cuando fuera la salida de todos a Hogsmade, pero la comisión de
organización debía salir antes para ir comprando los preparativos, y en la salida general
comprarían su disfraz.
Por supuesto que en esa comisión estaba parte del trio de oro. Hermione Granger era una de
las encargadas principales de la organización del baile y Harry, aunque no era mucho de ese
tipo de cosas, le hacía ilusión participar en cosas “normales” de adolescentes como organizar
un baile, y estaba ayudando mucho en la preparación. Ron no se involucraba demasiado y
aunque la salida resultaba algo atractiva, decidió quedarse en el castillo a “estudiar”, aunque
todos sabían que solo se quedaría a dormir.
La comisión que había salido era pequeña: dos Slytherins, tres Hufflepuff, cuatro Ravenclaw
y cuatro Gryffindors, y en vista de eso Dumbledore dijo que solo necesitaban a un maestro, y
como Minerva estaba resolviendo unos asuntos fuera del colegio y Lupin estaba débil por que
el día anterior fue luna llena, el director declaró que Snape sería el idóneo para acompañar al
pequeño grupo.
—Tienes más profesores—Snape había dicho de mala gana cuando el director le contó la
noticia en su despacho.
—Sí, pero en estos tiempos de guerra no quiero que mis niños estén con alguien que no sepa
actuar rápido. Y mis otros profesores no están tan capacitados como tú.
Por lo menos, los alumnos que conformaban la comisión entendían que debían comportarse,
y más cuando les informaron que sería Snape quien iría con ellos. Y ahí estaba, vigilando
desde fuera de las tiendas a los alumnos. Al principio entraban todos juntos en la misma
tienda y él podía verlos desde las puertas, pero luego empezaron a separarse según veían
diferentes cosas que llamaban su atención y se le hizo más sencillo quedarse fuera aun con el
frio que hacia ese día.
Hermione veía la lista de las cosas que aún les faltaban, por lo menos no eran tantas, porque
el tiempo de salida ya se les estaba agotando. Harry la veía con cara divertida, su amiga se
estresaba tan solo con la decoración de un baile.
— ¿La azul o la gris? —preguntaba ella mientras señalaba dos cintas de decorar.
Ella asintió dándole la razón y tomó cinco rollos de cinta mientras veía la lista. Los demás se
estaban encargando de otras cosas, así que debía preguntarles cómo iban sus avances.
— ¿Crees que Snape esté sufriendo allá afuera? —dijo Harry de la nada viendo a través de la
ventana de la tienda desde donde podía ver la silueta del maestro de pociones.
Hermione lo vio alzando una ceja, sabia los sentimientos que tenía su amigo hacia el profesor
y, aunque en un principio le dijo a Harry todos los contra que tenía, sabía que su amigo había
pasado por demasiadas cosas y tenía derecho a estar enamorado, aunque Snape le rompería el
corazón rápidamente si se llegaba a enterar de esos sentimientos.
Por lo menos Harry y Snape tenían una especie de amistad-compañerismo que nació cuando
el mayor tuvo que darle lecciones privadas de hechizos desde el sexto año. Entre clase y clase
y el conocimiento de que el mayor era un espía para Dumbledore, la hostilidad entre ambos
dio paso a la tregua amable, y de ahí pasaron a tener cierta camaradería entre ambos, el
problema fue que Harry se enamoró.
Comenzó a sentirse atraído por la clara inteligencia del hombre mayor, luego por su voz, por
la calma que le transmitía el tenerlo cerca. Después solo esperaba ansioso las sesiones de
entrenamiento para verle y hablar con él.
Fue muy duro aceptar que se había enamorado. Se sentía prisionero de ese sentimiento y para
las vacaciones de verano se lo contó todo a sus amigos en una forma de desahogo. Ron lo
tomó con claro desagrado y Hermione intentó explicarle las razones por las que no debería
enamorarse del profesor, entre ellas la primera es que no sería correspondido. Pero conforme
los días pasaban y veían en Harry una felicidad y esperanza que no tenía desde que Sirius casi
muere y las pesadillas se volvieron recurrentes, ellos entendieron que quizás era un escape de
su amigo de la cruel realidad que le había tocado vivir, y decidieron apoyarlo.
Hermione tuvo un plan y, acercándose a su oído para que nadie más en la tienda les
escuchara, le susurró algo que al otro le hizo reír y asentir. Harry le dijo que volvería en un
segundo y salió de la tienda.
Snape lo vio salir de la tienda sin Hermione y levantó una ceja con duda. Desde que habían
llegado a Hogsmade esos dos no se había separado para nada. El chico le dio una mirada
rápida y caminó hasta una tienda de libros antiguos. Era más que obvio que no necesitaban
nada de esa tienda para la fiesta.
Snape vio las calles llenas de personas que iban y venían, no había ningún peligro cercano y
lo más probable era que continuara de esa forma así que encaminó sus pasos hasta la tienda
en la que Potter había entrado y lo vio revisando uno de los libros de la estantería.
—Dudo mucho que necesiten un libro acerca de los distintos grosores de cristalería en
pociones señor Potter. —dijo cuando leyó el título de lo que leía el otro.
Harry sonrió cuando lo escuchó, fue buena idea entrar a un lugar en donde claramente no
necesitaría nada para que el otro lo siguiera.
—No sabe si quiero disfrazarme de maestro de pociones. —respondió ocultando su sonrisa
tras el libro.
La tienda se encontraba vacía, tan solo estaba un hombre bastante mayor detrás del mostrador
que parecía estar leyendo, y de todas formas estaba muy lejos para escucharlos o interesarse
en ellos.
— ¿Y ya compró su disfraz? —dijo Snape con clara diversión, aunque manteniendo su rostro
inexpresivo.
—Aun no, —bajó el libro y le dedicó al otro una media sonrisa—pensé que talvez podía usar
una de sus túnicas.
Snape se quedó estático por un segundo, eso a sus oídos había sonado bastante sugestivo,
demasiado en verdad. Quizás solo se estaba confundiendo, aunque últimamente había
escuchado las palabras de Potter como si tuviesen doble sentido, pero no podían tenerlo ¿o
sí?
Iba a contestar pero lo peor que podía pasar hizo acto de presencia: mortifagos.
Escucharon gritos de muchas personas viniendo de la calle y Severus supo lo que era cuando
la marca comenzó a doler.
Era un grupo de mortifagos, cinco para ser exactos, con las caras descubiertas atacando a las
personas. Severus solo pensó en dos cosas: proteger a los alumnos y no descubrir su fachada.
Fue difícil en verdad, pero con la ayuda de los que estaban atacando a los mortifagos pudo
lanzar hechizos sin tener que enfrentarse a ellos cara a cara. El problema fue que eran fuertes
y unos minutos después llegó Voldemort.
Los chicos se habían escondido en una de las tiendas junto con un grupo de personas,
Severus ya había activado un prendedor hechizado que Dumbledore le había dado para casos
como ese, pero lógicamente la ayuda tardaría en llegar.
Tres de los mortifagos estaban muertos, pero la llegada de Voldemort empeoraba aún más las
cosas. El señor oscuro vio a Snape emerger de un callejón y erróneamente pensó que el
maestro de pociones se había unido a sus mortifagos para ayudarlos.
Harry se encontraba luchando, desde que lo vieron se había convertido en el blanco de los
mortifagos, pero a su lado estaba Hermione apoyándole y dos hombres que estaban
protegiendo a sus familias ocultas.
—Al parecer no tengo que esssperar mucho másss para eliminarte—dijo Voldemort y Harry
se adelantó a enfrentarle dejando a los otros combatiendo a los mortifagos restantes.
Severus se las arregló para parecer que luchaba junto a los mortifagos cuando vio que Harry
se las estaba arreglando en general contra Voldemort, pero no tardaron en llegar cuatro
enemigos más y la balanza se inclinó a ellos.
Por suerte llegaron refuerzos del lado de la luz, y entre estos estaba el director. Mientras
Severus luchaba por controlar a los mortifagos y vigilar a Harry, este y dos aurores se
enfrentaban a Voldemort. Cuando el señor oscuro vio que quizás no podría ganar esa pelea
deicidio retirarse sin dejar de lanzar maldiciones. Muchas de las infraestructuras estaban
siendo golpeadas y tuvieron que sacar a las personas que se escondían porque se iban a
colapsar. Snape intentó poner a salvo al grupo de estudiantes y no vio que, al estar en la
batalla, Voldemort lanzó su último hechizo en dirección a él—porque quería golpear a
Dumbledore que se había acercado a sacar a los alumnos. Pero Harry si lo vio y reaccionó a
tiempo. El lord se había girado para desaparecer y no vio cuando Harry se lanzó para proteger
al maestro de pociones recibiendo todo el impacto del hechizo.
Después de recibir todo el impacto en su pecho, Harry se desmayó sintiendo como Severus
intentaba levantarlo en brazos y escuchando a Hermione gritando su nombre.
…………………………………………………………
—Señor Potter, ¿es que usted no puede durar más de dos meses sin tener que dormir en una
cama de enfermería?
Snape había visto a Harry despertar ligeramente y se había sentido relajado al fin, pero eso no
iba a evitar que dijera uno de sus habituales comentarios sarcásticos. Harry parpadeó varias
veces hasta acostumbrarse a la luz que le rodeaba e intentó enfocar su vista en la persona a un
lado de su cama, había reconocido la voz de Severus. Buscó sus lentes que estaban a un lado
de la cama antes de contestar.
—Cuanto más tiempo pase en la enfermería menos tengo que estar en su clase, Snape.
Severus quiso agregar algo más pero sintió la llegada de alguien a la enfermería y cambió su
relajado rostro por su máscara habitual. Madam Pomfrey entraba acompañada de Albus
Dumbledore.
—El hechizo que le coloqué me avisó que había despertado joven Potter—dijo la bruja con
una sonrisa acercándose a la cama, no perdió tiempo y comenzó a pasar su varita por encima
de Potter revisándolo. — Ya lo había revisado antes y no encontré nada, esto es solo un
último chequeo de rutina.
—No perderás tus clases de pociones en la tarde—dijo Albus con un tono jocoso.
Poppy no entendió mucho el doble significado y pensó que Harry estaba preocupado por
perder clases —era su último año, así que era normal que le preocupara eso—, Severus bufó
y Harry solo apretó los labios intentando no reír.
Harry había pasado un día completo durmiendo. Ya era lunes cuando despertó y, aunque
Pomfrey dijera que sus análisis resultaban bien todos estaban preocupados del hecho de que
no despertara.
Severus entendió que ya no necesitaría estar preocupado y dijo que solo estaba ahí para ver si
las pociones que le habían suministrado estaban funcionando bien, y ya que el muchacho se
encontraba recuperado, volvería a su aula a prepararse para la siguiente clase. Cuando se
encaminó fuera de la enfermería se encontró de frente con dos Gryffindor que lo miraron de
forma expectante.
—Ya despertó—dijo simplemente y siguió su camino luego de ver la cara de alegría que
ponían los dos.
Cuando llegó a su aula, se preparó para recibir a los Hufflepuf y los Slytherins de quinto año,
ese día tocaba repasar una poción sencilla —por lo menos a ojos de Severus— así que no
asumiría demasiado de su capacidad de vigilancia.
“No tenía que haberme protegido” pensaba mientras corregía a un alumno la forma de cortar
un ingrediente “No entiendo por qué lo hizo”.
Snape tomó aire y decidió pensar en eso. Los lunes a las 8 tenía pautados entrenamientos con
Harry, el chico había estado en la enfermería y no practicarían nada para que descansara, pero
aprovecharía que iría a su despacho para decirle que no volviera a arriesgar su vida de esa
forma. No conocían el hechizo que lo había golpeado, ni siquiera escucharon cuando
Voldemort lo pronuncio, y por un instante temieron que fuera algo letal. Potter no debía
estarse poniendo como escudo humano tan fácilmente.
El gusto
Capítulo 2. El gusto.
Cuando Hermione y Ron llegaron a la enfermería luego de que Severus saliera, la chica lo
abrazó con tanta fuerza que casi le saca todo el aire del cuerpo.
—Con cuidado señorita Granger—dijo Pomfrey viéndola con reproche—el joven Potter
necesita descansar.
Dumbledore sonrió y disculpó a Hermione diciendo que era obvio que ellos habían estado
asustados por Harry, y salió de la enfermería para darle un momento a los amigos. Pomfrey
se dirigió a su propia oficina diciendo que podían quedarse unos minutos, pero que nada de
abrazos monstruosos y Hermione se sonrojó por lo que había hecho.
—Nos diste un buen susto—dijo Ron mientras le ponía una mano en el hombro a Harry.
Hermione no pudo evitar abrazarle de nuevo y él tuvo que convencerla de que estaba
realmente bien, la chica se había asustado bastante cuando lo vio caer luego de que el hechizo
le impactó.
Le contó luego acerca de cómo Voldemort había huido y que el maestro de pociones cargó al
chico hasta llevarlo a un lugar seguro. Harry no pudo evitar sentirse feliz al saber eso y solo
deseó haber estado consiente. Se imaginó lo que sería ser levantado por el mayor, aferrarse a
su pecho mientras el otro le sujetaba con fuerza para no dejarle caer. Ron hizo una broma
acerca de que probablemente había lucido como una princesa en apuros, pero a Harry no le
importó.
Pomfrey volvió a aparecer luego de un rato diciendo que Harry tenía que comer y que lo
haría en la enfermería y los otros dos tuvieron que obedecer y dirigirse al gran comedor.
Harry había estado tantas veces en la enfermería que solia estar acostumbrado a las “comidas
nutritivas y adecuadas” que le daba Pomfrey, pero no pudo evitar hacer una mueca cuando
Madam Pomfrey le puso en frente una bandeja con un plato de sopa y le advirtió que si no se
la terminaba, no podía salir de ahí. Ella lo dejó solo para dirigirse a su despacho.
Harry suspiró cuando se quedó solo resignado a que tendría que comer esa sopa. De entre
todas las comidas la que menos le gustaba era la sopa, sentía que era como beber un jugo
salado usando cuchara, pero no le quedaba de otra.
Hundió la cuchara en el líquido turbio. Sintió un ligero cosquilleo en su pecho y se rascó
ligeramente. Levantó la cuchara y la llevó hasta su boca.
—Esta desabrida—dijo. —aunque quizás Madam Pomfrey mandó a hacerla así apropósito.
Volvió a sentir el cosquilleo en su pecho, esta vez un poco más fuerte, y se rascó intentando
aplacarlo. “Seguramente es un hilo suelto de esta bata de enfermería”
Terminó de comer la sopa con bastante desgana, y más por que casi no le encontraba sabor,
así que fue bastante feliz cuando terminó. No le hizo ningún comentario sobre el sabor de la
comida a Madam Pomfrey, seguramente ella diría algo como “la comida aquí debe ser
nutritiva, no deliciosa”, así que solo esperó que le dejaran salir una hora después.
Antes de salir de la enfermería recibió la visita de Lupin, el mago no había podido verlo antes
porque había estado haciendo unos encargos fuera del colegio por petición de Dumbledore,
pero le mandaba todos los buenos deseos que Sirius no podía darle en persona por tener que
seguir oculto. Remus se quedó con él hasta que le dieron el alta pues a esa hora no tenía
clases que dar.
A Harry le dieron un permiso para faltar a clases —pociones incluida— que no desaprovechó
y se recostó en su cama a leer un poco. Había encontrado gran fascinación año y medio antes
por las novelas: de romance, policiacas, de terror, de lo que fuera. De niño—cuando podía
claro está— le gustaban mucho los cuentos infantiles, pero en cuanto entró a Hogwarts, entre
magia, clases y Voldemort, no le quedaba mucho tiempo para leer de ocio. Hasta que había
recuperado ese habito con las novelas.
Durante su lectura el pecho volvió a molestarle un poco, pero intentó concentrarse en el libro
y dejarlo pasar.
Cuando finalizaron las clases Ron subió a buscarlo a las habitaciones acompañado de
Hermione.
— ¿Hay alguien más contigo en la habitación? —preguntó ella desde la puerta sin animarse
a entrar y encontrar a algún compañero de los chicos semidesnudos.
Lo habían buscado para ir a cenar juntos al Gran Comedor. Harry lo pensó, a decir verdad no
tenía demasiada hambre aunque solo había comido sopa al mediodía.
—Me daré una ducha primero—dijo, recordando que luego de la cena iría donde Snape y no
se había duchado luego de la enfermería.
— ¿Quieres oler a rosas para Snape? —dijo Ron adivinando los pensamientos de su amigo.
Harry le lanzó la almohada que tenía más cerca y se lanzó de la cama para ir a ducharse
rápidamente. La chica dijo de ir a buscar algo a su habitación y que se reunirían en la sala
común. Harry no tardó casi nada en el baño y su amigo lo seguía esperando.
Ron no pudo evitar sonrojarse un poco y poner una sonrisa embobada. Harry rió ante eso.
La sonrisa de Ron dio paso a una mueca de confusión cuando vio a Harry.
Harry bajo la mirada intentando ver donde Ron decía, tenía unas marcas largas en el pecho,
pero le pareció que debían ser las marcas de sus uñas por estarse rascando.
Harry se colocó una camiseta y se puso la túnica encima. Solía utilizar camisetas cuando
entrenaba con Snape por ser más cómoda, y con la túnica encima nadie las notaba.
Bajaron al comedor mientras Ron le contaba lo que había sucedido en las clases a las que
había faltado, solo le contó las cosas divertidas, de las tareas que habían dejado Hermione se
encargaría de contarle más tarde. Consiguieron un puesto en el medio de la mesa, vieron a
Ginny unos asientos más allá sentada muy cerca de Neville, a lo que Ron solo pudo hacer una
mueca de molestia.
La comida esa noche no le llamaba demasiado la atención a Harry y supuso que eran los
estragos de haber pasado el día en la enfermería. Pero de todas formas debía comer. Se sirvió
un vaso de jugo y una pequeña porción de puré de papas.
—Oye Harry—dijo Hermione acercándose bastante a su oído para que nadie más escuchara
—creo que el código S te está mirando.
Aunque siempre eran muy cuidadosos cuando hablaban de Snape para que nadie los
escuchara, no era muy prudente estar diciendo el nombre del maestro cuando querían hablar
acerca de él. Ron había propuesto que utilizaran una frase en clave, habían propuesto muchas
cosas, Weasly inclusive mencionó que dijeran “misión bastardo”, a lo que obviamente los
otros dos se negaron. Hermione propuso que simplemente dijeran “Código S”, era algo
sencillo y que nadie iría asociando con Snape puesto que simplemente mencionaban la S,
Harry estuvo de acuerdo y aunque Ron seguía insistiendo en que “Misión Bastardo” o
“Código Murciélago” eran mejores, tuvo que ceder.
Lo utilizaban cada vez que iban a hablar del maestro de pociones, incluso cuando casi no
había nadie cerca.
Harry asintió y giró la cabeza discretamente para ver de reojo la mesa del profesorado, su
movimiento no duró demasiado y en efecto, Snape le estaba mirando.
— ¿De qué hablan? —preguntó Ron frente a ellos, Harry se inclinó para decirle.
A diferencia de Harry, Ron giró la cabeza sin nada de discreción para ver a Severus.
—Es cierto—dijo luego en voz baja por encima de la mesa—te está mirando.
—Eres un estúpido—dijo Hermione con el ceño fruncido— ¿Por qué giraste la cabeza como
el exorcista? Se supone que debes disimular.
La actitud de Ron había sido muy descuidada, seguramente Snape se había dado cuenta que
el trio de oro lo estaba mirando, pero Harry no pudo evitar reír ante el reclamo de Hermione,
y más porque Ron no sabía que era el “exorcista”.
Ron también tomó un trago del mismo vaso y estuvo de acuerdo con su novia: el jugo tenía el
mismo sabor de siempre.
—Es como si no pudiera sentir todo el sabor, quizás tengo la lengua adormilada por las
pociones que me dieron.
Probó el puré de papas y tampoco tenía mucho sabor para él. Hermione buscó entre la mesa y
consiguió pudin de chocolate.
—Prueba esto—dijo, Harry le hizo caso y pudo sentir un poco mejor el sabor a chocolate—es
porque el sabor es más fuerte. Mientras se pasa lo de tu lengua come cosas que tengan sabor
fuerte, y así no los sentirás tan mal.
Harry asintió dejando atrás el puré y el jugo y se dedicó a comer el pudin. De todas formas no
tenía mucha hambre.
No es una cita
— ¿Entonces qué harás con el código S? —preguntaba Ron en voz baja, alrededor de ellos
casi no había estudiantes cerca, pero no estaba de más ser precavidos.
—Supongo que nada—dijo mientras veía la mesa de profesores, Snape se había ido un rato
antes. —dudo mucho que alguien como él se fije en un simple alumno como yo.
—Eso está bien—decía Ron afirmando con la cabeza—me daría asco si llegaran a besarse.
Hermione lo fulminó con la mirada mientras los pensamientos de Harry divagaron en ese
beso que se veía tan imposible obtener de su profesor.
—Bueno—siguió ella—en el hipotético caso de que te diga que sí, lo intentan y ven que sale.
—Oye, que Voldemort nos mate es mucho mejor que verte besarte con él—dijo Ron con una
cara muy seria, y esta vez recibió la mirada enojada de ambos. —Ya, ya—elevó las manos
pidiendo paz—es una opinión personal.
Harry suspiró ante las palabras de su amiga, ella casi siempre tenía la razón. Pero no podía
evitarlo, no podía evitar decir ciertos comentarios frente al hombre mayor, o actuar con
mayor soltura, incluso luchaba para no coquetearle de forma abierta como había hecho con
otros chicos de su edad.
— ¿No vas tarde para tu cita con el código S? —Ron los sacó de sus pensamientos.
El camino hacia las mazmorras siempre se le hacía difícil. Quizás era la expectación de saber
que estaría hora y media cerca de Snape, viéndole, escuchándole, siendo el centro de atención
del maestro aunque fuera solo para los entrenamientos.
—No te disculpes, me has dicho todas las excusas posibles para llegar tarde.
Harry no pasó por alto el tuteo de Snape, algo que solo hacia cuando estaban solos y que solo
hacía de unos pocos meses a la fecha. Eso significaba que el maestro no estaba enojado por
su tardanza, no mucho por lo menos.
Harry comenzó a desprenderse de la túnica y se fijó que Snape no tenía la túnica puesta, pero
aún no se remangaba la camisa como solía hacer cuando entrenaban.
—Saliste esta tarde de la enfermería, —dijo cruzándose de brazos mientras se recargaba del
escritorio— no te pondré a practicar ningún hechizo ni a hacer ningún esfuerzo.
Harry lo miró por un segundo, quería que entrenaran, si no lo hacían tendría que irse a su sala
común obviamente, porque Snape no perdería el tiempo haciendo nada con él.
El otro elevó las cejas, Harry había sonado como un niño haciendo berrinche.
—Harry
— ¿Qué?
—Le he dicho que me puede decir Harry cuando no hay nadie. —Se encogió de hombros
ante la mirada del otro—Me permite decirle Snape y no profesor cuando estoy aquí.
—Señor Potter—dijo, pero claramente era burlándose del menor—mejor podría sentarse y
explicarme por qué cenó con un pudin de chocolate y no con algo más nutritivo.
— ¿Me espía? —dijo Harry sin poder evitar sonreír. No sabía hasta qué punto o no podía ser
una falta de respeto al otro lo que decía o como lo decía, pero a veces se dejaba llevar.
—Ninguna poción de las que te dieron provoca que pierdas el sentido del gusto.
— ¿Ah no? Quizás me estoy resfriando, cuando eso sucede las cosas me saben mal también.
Sin decir palabras Snape se bajó del escritorio y acortando la distancia que lo separaba de
Harry, colocó el dorso de su mano en la frente del muchacho.
Snape no sabía lo que eso provocaba en su estudiante, porque de saberlo, no lo haría. Harry
dejó de respirar por un momento, sintiendo la cercanía del otro, la mano sobre su frente.
Estaba tan cerca del maestro que podía ver con claridad todas las facciones del otro, el olor
de Snape inundó sus fosas nasales, el maestro no olía a hierbas y menta —el olor
característico que le dejaban las pociones—, tenía un olor más suave, pero que era bastante
agradable en verdad. Estar tan cerca de él le aceleró el pulso, y el mayor notó que su alumno
se agitó ligeramente.
Harry no necesitó responder, porque por buena o mala suerte la marca tenebrosa empezó a
doler en el brazo del mayor. Snape se sujetó el brazo sin entender el llamado. El día anterior,
luego del fiasco del ataque Voldemort los había convocado a todos para desquitarse con sus
súbditos, por suerte Severus no recibió ningún castigo.
…………………………………………………………
Estaba triste, no podía negarlo. Triste porque casi no tuvo tiempo de estar junto a Snape, y
preocupado a partes iguales de que al hombre le ocurriese algo en esa reunión con Voldemort.
Lamentablemente no podía quedarse fuera de la puerta a esperarlo, ni siquiera contaba con la
confianza suficiente de ver al hombre cuando llegara de una de esas misiones.
—Solo espero que no te pase nada malo.
Le gustaría llegar a tener la confianza de poder tutear al hombre, pero eso se veía tan lejano
como recibir un beso de su parte. Por lo menos le quedaba el pequeño consuelo de recibir
algunas manifestaciones de la preocupación de Snape, aunque fueran pequeñas.
La sala común estaba llena de los de último año, algunos estudiaban y otros planeaban con
gran emoción lo que utilizarían para disfrazarse. Ron y Hermione estaban en uno de los
sillones junto a Seamus y Dean. Los últimos dos estaban ansiosos por hacer una recreación
de una película muggle Hombres de Negro con las gafas de sol y las armas—falsas claro está
—.
Harry los saludó con una sonrisa que no llegó a sus ojos y subió directamente a su habitación,
no tenía muchas ganas de hablar. Sus amigos lo vieron y supieron de inmediato que algo
malo había sucedido, querían hablar con él pero sabían que Neville estaba en la habitación y
no tendrían privacidad para el código S.
Longbottom estaba en su cama estudiando Herbologia, según los libros que tenía.
—No, no. Bueno, no todavía. —Neville se rascó la cabeza mientras organizaba sus ideas—
Estoy esperando a que ella me diga que sí, pero creo que las cosas van muy bien por ahora.
¿Y tú? ¿Por qué no estas abajo con los demás?
Neville asintió al tiempo que Harry se metía en su cama y cerraba las cortinas. Colocó un
hechizo para tener un poco de luz para leer. Tomó La Dama de las Camelias y siguió desde la
página en donde se había quedado. No se fijó en qué momento se quedó dormido.
Tuvo un sueño extraño, normalmente solía tener pesadillas que le despertaban gritando a
media noche, por eso tanto el cómo Ron habían encontrado un hechizo que silenciara el
espacio de sus camas pero que permitiera al pelirrojo saber cuándo Harry se despertaba por
un mal sueño. Harry no quería molestar a Ron de esa forma, pero fue casi una obligación por
parte del pelirrojo y de Hermione, ambos decían que no lo dejarían pasar por un mal
momento estando solos. Cuando eso sucedía Ron iba a la cama de Harry y se quedaba un rato
junto a él para luego volver a su cama propia. Solían incluso utilizar la capa de invisibilidad
para que ninguno de sus amigos los vieran pasar de una cama a otra.
Pero esta vez no era uno de esos sueños que lo hacían despertarse gritando y alertaban a Ron,
era más bien un sueño muy raro. Estaba acostado en un hermoso campo rodeado de flores, el
cielo estaba gris amenazando con llover pronto. A su lado estaba un hombre que se le parecía
mucho a Snape pero que no llegaba a distinguir su rostro del todo. El hombre le abrazó por la
cintura y Harry acomodó su cabeza en el pecho del otro. El perfume de su acompañante llegó
a su nariz y casi podía jurar que olía igual a Snape. El cabello negro del otro le acarició la
cara cuando la brisa los envolvió y Harry lo sentía todo tan real…
—Harry—dijo una voz que reconoció como la de Ron, y tardó un segundo en darse cuenta
que su amigo se estaba metiendo en su cama— ¿Estas despierto?
— ¿Tu qué crees? —preguntó de mala gana acomodándose las gafas torcidas. — ¿Qué haces
en mi cama?
—Shh—dijo Ron mientras sacaba su varita y colocaba un hechizo, Harry supo que era para
que nadie pudiera escucharlos y que nadie pudiese abrir las cortinas. —Ahora sí. Hermione y
yo estábamos preocupados por saber que te sucedió y ella me envió a hablar contigo.
Harry estaba asombrado por las acciones de Hermione, en verdad que el amor cambiaba a las
personas.
—Pero en fin—prosiguió su amigo—ella temía que fuera algo muy grave y tuvieses una
pesadilla.
—Ahora que estoy despierto te aseguro que no la tendré. —dijo haciendo una mueca. Sentía
la lengua pesada dentro de su boca y supuso que solamente estaba sediento.
—Vamos Harry, lo siento. —Ron se veía verdaderamente apenado por haberle despertado,
pero más que por molestar, él y Hermione estaban genuinamente preocupados por su amigo
— ¿Qué te hizo el código S?
—Eso es bueno ¿o no? Yo me preocupo por Hermione cuando no come porque sé que esta
estresada o algo, si el notó eso, debe quererte, —intento sonreír para animar a su amigo, pero
no lo logró— supongo.
—No lo creo, —el movimiento de su lengua al hablar se hacía pesado— quizás solo sea el
hecho de que está obligado a protegerme, pero en fin. Terminó diciéndome que las pociones
que tomé no producen que pierda la capacidad de saborear y le dije que quizás me estaba
enfermando y entonces, él se acercó mucho a mí para ver si tenía fiebre. Me puse nervioso, lo
tenía tan cerca y no podía hacer nada. Y luego…
— ¿Que pasó?
—El estará bien— dijo adivinando parte del decaimiento de su amigo: estaba preocupado.
Vio como Harry se frotaba ligeramente el pecho pero no le dio importancia cuando el otro
siguió hablando.
—Cuando va a esas misiones siempre regresa golpeado, o casi siempre. Lo sé por las
sesiones de entrenamiento que tenemos, es notorio que si el día anterior fue llamado por el
señor tenebroso, él no puede moverse con la misma agilidad.
Ron se recostó a un lado de Harry, compartiendo la almohada. Estaba pensando que podría
hacer para ayudar a su amigo, sabía que de estar Hermione en esa situación, la chica tendría
las palabras adecuadas para tranquilizar al otro, ella siempre tenía las palabras adecuadas para
todo, a diferencia de Ron. Pero Ron no dejaría de ayudar a su amigo, así que levantó su
mano y pellizcó el hombro de Harry con fuerza.
— ¿Por qué hiciste eso? —gritó alejándose de la mano en el poco espacio que quedaba de la
cama. Era una suerte que Ron pusiera el hechizo de silencio, porque si no todos sus
compañeros se habrían despertado ante su grito.
—Una vez leí, o escuche, no recuerdo, que el dolor físico ayuda a remplazar al emocional—
dijo como si no hubiese hecho nada malo.
Ron se iba a reír, pero por un momento recordó algo que su amigo había dicho.
—Si no fue la poción, ¿Por qué no pudiste saborear nada? No pareces enfermo.
—No sé, quizás Madam Pomfrey me dio algo extra que el profesor Snape…
Seamus fue el primero en despertarse. Se frotó los ojos con calma y decidió levantarse para ir
al baño, en eso alguien tocó la puerta. Los golpes eran bastante rudos y seguidos, incluso
despertaron a Dean antes de que Seamus pudiese abrir y ver quien era.
— ¡¿Besaste a May?! —dijo un chico de sexto año con la pijama puesta y una clara mirada
de enojo. Su vista estaba enfocada en la cama de Dean.
— ¿De qué me estás hablando? —respondió Thomas aun con el sueño nublándole la
conciencia.
—Que besaste a May hijo de puta—el chico le apuntaba con un dedo y se veía bastante
molesto.
Se frotó los ojos con desgana e intentó entender que estaba pasando, claramente había
personas peleando en su habitación y decían algo de una tal “May”, un beso y que alguien era
un hijo de puta y un mal amigo. Aun con el sueño, se sentó y tomó las cortinas para abrirlas.
— ¿Qué está pasando aquí? —exclamó, se había olvidado que no estaba en su cama.
Los chicos presentes lo miraron por un segundo y luego una expresión indescifrable llenó el
rostro de cada uno. En la puerta también había dos chicos—uno de séptimo y otro de sexto—
que estaban al pendiente de la pelea. Así que en total seis pares de ojos se fijaron muy bien en
algo: Ron estaba en la misma cama que Harry.
………………………………………
La noticia se expandió rápidamente y, para antes del desayuno, lo sabía todo Gryffindor. Las
otras casas se enteraron en el transcurso del día. Intentar explicar a sus compañeros porque
estaba en la cama de Harry era difícil, por un lado, no admitiría que consolaba a su amigo
porque estaba triste por un amor imposible o porque solía tener pesadillas y necesitaba
apoyo, por otro lado, casi nadie le creía.
Harry se sintió pésimo cuando se despertó con el ruido de su cuarto y vio a Ron intentando
convencer a los chicos de que solamente se habían quedado dormidos mientras hablaban. Los
“tres” intrusos se fueron sin escuchar muchas palabras y comenzaron a divulgar todo
rápidamente.
En verdad Harry se sentía mal, no solamente Ron era heterosexual, sino que era de las
personas a las que le molesta mucho que duden de su sexualidad, Harry lo sabía y siempre le
había respetado eso así como su amigo respetó cuando le dijo que era gay.
A Hermione una de sus compañeras la despertó con la noticia de que acababan de descubrir a
su novio con su mejor amigo teniendo sexo, y la chica solo pudo abrir los ojos de par en par.
Y ahí estaban ahora, el trío de oro —con Hermione informada de cómo habían sucedido las
cosas— intentaban bajar a desayunar entre las miradas indiscretas de algunos de sus
compañeros de casa.
Hermione tuvo ganas de golpearle la cara a Brown, pero Harry la detuvo y terminaron de
salir de la sala de Gryffindor. Desayunaron entre miradas indiscretas de los alumnos. Muchos
sabían de la relación que tenían Hermione y Ron, así que los chismes eran de diferentes
clases. Algunos decían que Ron engañaba a la chica con Harry y esta no quería creer la
infidelidad; que Hermione era solo una tapadera del pelirrojo y que este era gay y pareja de
Potter; que los tres tenían una relación poliamor, que era un triángulo amoroso en donde tanto
Harry como Hermione luchaban por el amor de Ron…
Todo lo que se podía inventar sobre ellos, lo hicieron en ese poco tiempo de desayuno. Ron y
Hermione estaban más que enojados con los que les miraban y susurraban algún rumor, y
Harry solo tenía la cabeza baja. Todo aquello había sido su culpa, por su debilidad tan grande
sus amigos lo cuidaban demasiado y los había metido en ese problema. Además el pecho le
seguía molestando, ahora era un pequeño ardor que no se iba, y seguía in poder saborear nada
bien. Antes por lo menos podía sentir los sabores fuertes, ahora absolutamente todo le sabía a
tierra mojada o a algo más desagradable que no lograba descifrar.
Levantó un poco su vista para fijarse en la mesa de profesores, ahí estaba Snape y este lo veía
sin disimular demasiado. Tenía una mirada indescifrable que a Harry no le sentó muy bien sin
saber por qué.
Empujó un poco su plato sin querer seguir intentando comer, el horrible sabor que tenía en la
boca cada vez que masticaba le estaba dando nauseas ya. Los tres se fueron del comedor tan
pronto Ron terminó de comer, esperarían sus clases en un sitio sin tantas miradas curiosas y
susurros.
Quizás no estaban susurrando tanto como en el Gran Comedor, pero las miradas claramente
estaban ahí. En las clases seguían las hipótesis acerca de su extraña relación. Muchos incluso
comenzaron a ofender a Harry cuando otra hipótesis surgió y en esta se acusaba a Harry de
intentar romper la “hermosa” relación que tenían sus amigos por celos a ser ignorado.
Para cuando llegó la hora de la cena no solo lo sabía cada estudiante, también los profesores
habían escuchado cada rumor dicho y lo que había sucedido aquella mañana en la habitación
Gryffindor y ninguno de los tres amigos podía moverse libremente sin recibir una mirada o
un comentario.
También los rumores fueron variados acerca de lo que había sucedido en la mañana. Muchos
comentaban que directamente los habían encontrado teniendo sexo en la cama de Harry, otros
decían que Ron abrió las cortinas solo en bóxer—cosa que no era para nada cierta—, o que si
los vieron besándose a través de las cortinas.
De algo Harry estaba muy seguro, entre su lengua embotada y su dificultad para saborear, el
ardor en su pecho y los rumores ese había sido un día de mierda.
………………………………….
Severus intentó corregir el ensayo que tenía en frente pero se le estaba haciendo muy difícil
concentrarse. Ya no tenía clases por ese día y como faltaba tiempo para la cena en el Gran
Comedor decidió aprovechar su tiempo y corregir la basura de respuestas de los estudiantes
de quinto año.
Volvió a leer lo que estaba corrigiendo y se dio cuenta que casi todo estaba mal.
No estaba muy animado, su mente estaba más concentrada en el tema que había estado
rondando en Hogwarts todo el día.
No solamente se había sorprendido al enterarse que Harry era gay, sino que además estaba el
hecho de que tuviese una relación con Ron Weasly, o eso era lo que parecía por lo menos. De
entre todos los rumores y suposiciones que había escuchado por los pasillos a lo largo del día,
la que más creíble le resultaba era que Potter y Weasly eran pareja y Granger era solo una
tapadera del pelirrojo. No podía creer en absoluto que los tres tenían una relación entre ellos
—o por lo menos no quería creerlo— y mucho menos que Harry quisiera romper la relación
de sus amigos.
¿Pero él en verdad conocía como era Harry? No podía negar, aunque le costara admitirlo, que
desde que comenzó a entrenar a Harry las cosas entre ellos habían cambiado. Se llevaban
¿bien? Por lo menos cuando estaban solos. Seguían siendo Profesor Snape y Potter frente a
los demás, con todo lo que eso implicaba, pero dentro del aula de entrenamiento eran
solamente Snape y Harry.
Habían sido muchas las veces que luego de entrenar, el muchacho se quedaba junto al
maestro a hablar. Al principio hablaban de más hechizos o movimientos de pelea, pero en las
últimas semanas habían pasado a hablar de cosas aún más triviales y Severus tenía que
admitir, aunque le doliera en el alma decirlo, que estaba comenzando a encariñarse con el
muchacho.
Volvió a ver el ensayo, encontrando un error que no había remarcado. Lo dejó a un lado y
descansó su cara en sus manos intentando entenderse a sí mismo.
Estaba molesto por los rumores que rondaban ¿Por qué? Era por varias razones. La primera:
en alguna de esas conversaciones Severus le había dicho a Harry que era gay. Se lo había
mencionado para contestar una pregunta del menor que indirectamente tenía que ver con su
sexualidad, y en cierta forma le molestaba que este no tuviera la misma confianza de decirle
que también era gay.
—No seas estúpido Severus—se decía a sí mismo—un estudiante no te tiene que decir sus
preferencias sexuales.
Punto numero dos: le disgustaba el hecho de creer —o saber— que era pareja de Weasly.
Mejor dicho, por algún motivo le disgustaba el hecho de creer—o saber— que Potter tenia
pareja. Era como una espina en su cabeza que le molestaba cada vez que lo pensaba.
Punto número tres: odiaba, detestaba el que los descubrieran por que los encontraran en la
misma cama. Quizás no los habían encontrado teniendo sexo—y Severus esperaba que no
fuera así— pero todos los rumores tenían algo en común: a los dos los habían descubierto por
que estaban en la misma cama.
¿Pero por qué se molestaba tanto? Harry no tenía que rendirle cuentas a nadie, y mucho
menos al profesor de pociones. El Gryffindor era un muchacho joven, el cual podía estar con
quien quisiera y hacer lo que quisiera con su cuerpo.
El cuerpo de Harry…
…………………………………………………………………
A la mañana siguiente el director le citó en su oficina bastante temprano. Cuando llegó, se
encontró que ya estaba McGonagall y Remus sentados frente a Dumbledore mientras
tomaban té. La profesora le dio los buenos días y Severus le respondió con un asentimiento
de cabeza, hizo lo mismo con Remus. Cuando tomó asiento, el director le ofreció alguna
bebida y sus habituales caramelos de limón, Snape declinó ambos.
McGonagall había pedido la reunión por la situación del día anterior. Ella se había dado
cuenta que el trio de oro estaba siendo blanco de bromas muy fuertes por parte de todo el
colegio y los alumnos solo querían estar hablando de ese tema entre las clases. Temía que la
situación no se hubiese terminado y se repitiera ese día también. Incluso Severus estaba en la
reunión por petición de Minerva, los Slytherins eran quienes estaban haciendo bromas más
pesadas acerca de la relación de esos tres y no dejaban a los demás concentrarse en clase.
Dumbledore se acomodó sus lentes de medialuna al tiempo que veía a sus tres profesores. Era
una situación difícil en verdad, pero no podían simplemente hacer un anuncio en el gran
comedor sobre que se detuvieran los rumores, ese tipo de cosas solía aumentarlos aún más.
También estaba el hecho de que, aunque no quería ser un viejo metiche, él conocía la relación
que tenían Ron y Hermione, pues los había visto ir y venir agarrados de manos, y le parecía
imposible creer que Harry se habia metido entre ellos.
Procedió a aclarar su garganta y empezaron a discutir los puntos que como docentes, podían
utilizar para evitar o por lo menos aminorar lo que estaba sucediendo.
Harry ató su carta a la pata de la lechuza acariciándola antes de dejarla partir. Se había
levantado muy temprano para enviar esa carta. El sábado Sirius le había enviado una carta
preguntándole como estaba y un paquete de chocolates. Se le había pasado contestarla y
decidió no hacerle esperar más. Ya era miércoles así que escribió relatando todo lo que había
sucedido incluyendo el ataque de Voldemort—algo que seguramente ya sabía por Lupin— y,
aunque no quería, le explicó sin detalles el problema que tenía sobre su supuesta relación con
Ron.
Cuando no le contaba las cosas a su padrino y este se enteraba por Lupin, Sirius solía hacer
un drama acerca de la poca confianza que Harry le tenía, y no era verdad. Harry confiaba en
Sirius más que a nadie, pero no le gustaba molestarlo con tantos dramas que rodeaban su
vida.
Se frotó el pecho sintiendo la molestia nuevamente, esa mañana al cambiarse había visto que
tenía las marcas rojas de antes—tres para ser exactos— más notorias y rojas, y aun creyendo
que se las había hecho él mismo con las uñas decidió dejar de rascarse.
Vio a Hedwig alejarse y salió de la lechuceria para acompañar a sus amigos a desayunar.
El simbolo
Capítulo 5. El simbolo
—Son unos estúpidos—dijo Hermione viendo como ellos seguían siendo el centro de
atención esa mañana. Harry los había alcanzado en el Gran Comedor luego de mandarle una
carta a Sirius. La chica tomó un plato de avena y se dispuso a comer.
Ron gruñó algo que parecía una afirmación mientras devoraba su propio desayuno. Harry los
miró a ambos, ninguno de los dos parecía molesto con él, solo estaban molestos con los
compañeros. Harry pensaba que cualquier otro se habría alejado de él, nadie en su sano juicio
aguantaría ser amigo de alguien que causaba tantos dramas y problemas.
De la mesa de los Gryffindor solo Ginny, Seamus, Neville y Dean se sentaban cerca de ellos
e intentaban mantener una conversación fluida lejos de ese tema. Ron veía con cierto disgusto
el que su hermana y Neville estuvieran sentados muy juntos, pero se ahorraba los
comentarios seguramente amenazado por Hermione, aunque seguramente explotaría en algún
momento alegando cosas ridículas como que su hermana era muy pequeña para tener novio.
Después de ellos, muchos de sus compañeros de casa seguían con la ridiculez de los
comentarios mal intencionados, de los cuales muchos llegaban a sus oídos. Los Ravenclaw,
en su mayoría, eran ajenos a esas bromas, aunque no todos. Los Hufflepuff eran mitad y
mitad. En el caso de los Slytherins eran miradas maliciosas y comentarios hirientes cada vez
que pasaban cerca de ellos.
Intentó olvidarse de eso y alargó su mano para alcanzar una porción de puré deseando ya
poder comer con tranquilidad, pero cuando se llevó la cuchara a la boca, no sintió nada. No
fue como en las otras comidas donde podía sentir ligeramente el sabor de la comida, o la
sentía pastosa y con mal sabor, esta vez no le sabía a nada. Como si se tapara la nariz al
masticar un cubo de hielo.
Probó con un vaso de jugo y con pudin de chocolate, nada. Intentó con el tocino que tenía a
un lado, y nada. Decidió tomar el azucarero y se llevó una cuchara llena de azúcar a la boca,
nada. Sin entender, tomó el salero y ante la vista confundida de sus amigos, vertió sal en una
cuchara y se lo llevó a la boca, absolutamente nada.
— ¿Qué te pasa Harry? —preguntó Hermione, preocupada por la salud mental de su amigo.
Intentaron no llamar la atención de sus compañeros, pero por suerte Dean y Seamus estaban
enfrascados en una discusión acerca de Quidditch mientras Neville y Ginny intentaban
calmarlos.
—No, no, es diferente. No siento nada, por más fuerte que sea.
— ¿Probaste con algo amargo? —preguntó Ron y le pasó una taza de café sin azúcar—toma
esto.
Eso no podía ser hecho por una gripe, incluso él ni siquiera se sentía mal.
Harry detestaba ir a la enfermería, y casi nunca iba por cuenta propia, pero aquello era
extraño. Era mejor ir por si acaso era algún virus muy fuerte o algo por el estilo, además, el
no poder saborear nada se estaba volviendo frustrante.
Fue pensando que ya que iría a la enfermería, aprovecharía para pedirle a Poppy que le diera
algún ungüento para el pecho. Fue por estar tan concentrado en lo que le pasaba a su lengua y
a su pecho que no se fijó que mientras iba saliendo, Severus y Remus iban entrando al Gran
Comedor, ni siquiera los saludo.
— ¿Qué le habrá pasado? —preguntó Remus en voz alta, aunque no esperaba respuesta de su
acompañante—tenia cara de preocupación.
Severus lo notó pero no comentó nada, terminó de dirigirse a su mesa y se dispuso a sacar a
Potter de sus pensamientos.
—Señor Potter, es raro que venga por aquí por sus propios pies.
Poppy lo vio casi divertida pensando las veces en que ese Gryffindor se quejaba de tener que
estar en la enfermería, Harry se balanceó de un pie al otro pensando en que casi siempre que
llegaba a la enfermería era inconsciente o agonizando por algún hechizo.
—No puedo saborear nada. —La mujer lo miró extrañado y él procedió a explicarse—
Cuando estuve aquí la comida me sabia desabrida, pero ahora simplemente nada tiene sabor
para mí. Primero pensé que podía ser el efecto de alguna poción.
Harry asintió sin mencionar que el profesor Snape ya le había dicho lo mismo.
—Usted no estaría aquí por una simple gripe. —dijo Poppy levantando una ceja en burla.
—Es que es algo frustrante el no poder saborear, ni siquiera tengo la nariz congestionada y es
peor aún oler la comida y no poder saborearla. Además vine por algo extra, quizás pueda
darme una pomada para disminuir el dolor.
Pomfrey cambió rápidamente su semblante de burla, un dolor era algo más serio.
—Tuve una ligera comezón en el pecho, quizás me lastimé con mis uñas y ahora me duele,
pero no creo que sea nada.
Pomfrey le hizo una seña para que se subiera a la camilla y Harry le obedeció. La bruja tomó
su varita y empezó un escaneo general en el muchacho.
Pomfrey le había visto tantas veces sin ropa que a Harry no debería darle vergüenza, pero le
daba siempre. Aun así pasó a obedecerla.
La reacción de Poppy no le gustó del todo. La bruja se extrañó de las marcas que tenía en el
pecho y procedió a retener su varita en esa área.
Harry no entendió lo que quería decir y dirigió su vista hacia abajo para intentar ver las
marcas. Habían variado mucho a como estaban en la mañana antes de ir a la lechuceria, se
veían más anchas y muy marcadas, incluso parecía que de repente sangraría a través de ellas.
Además, lo que era más extraño, es que se notaba que una tercera marca con forma de doble
círculo comenzaba a rodear a las otras tres que eran solo unas líneas. Era lógico que esa
circular no se la había hecho con las uñas
—No estaban así esta mañana—dijo confundido. — y tampoco estaba el circulo doble.
— ¿Tienes algún otro síntoma que no me hayas dicho? —preguntó la bruja— ¿o alguna otra
marca?
Poppy apretó los labios, era demasiado inteligente para olvidar que Harry había sido atacado
el domingo por un hechizo de Voldemort, aunque sus análisis no mostraban nada, no podía
descartar que fuera algún remanente de magia oscura, ese tipo de símbolo que se estaba
formando en el pecho de Harry, donde las líneas hacían hueco a través de la piel, lo había
visto muchas veces cuando estaba involucrada la magia oscura.
Dumbledore no tardó ni dos minutos en llegar a la enfermería. Solía ser bastante rápido
cuando Poppy lo llamaba pues sabía que era algo muy importante si la capaz bruja solicitaba
su ayuda, pero no evitó pensar que quizás era algo más grave de lo que creía cuando vio a
Harry sentado en una de las camas y a Poppy a su lado revisándole minuciosamente.
Rápidamente la bruja procedió a contarle todo lo que Harry le había dicho y a enseñarle las
marcas en el pecho.
Dumbledore tuvo que ajustar sus gafas para observar mejor. Harry se sentía incómodo al
saber que nuevamente era objeto de un minucioso registro.
Aun cuando los chequeos no demostraban nada, Dumbledore estaba seguro de que las
marcas se estaban formando por el hechizo de Voldemort, pero no reconocía el símbolo que
se estaba formando, ni tampoco sabía si lo que Poppy le había comentado acerca de que
Harry perdiera la capacidad para saborear se relacionaba o no.
— ¿Harry no dijo que iría con Madam Pomfrey? —preguntó Ron lo suficientemente bajo
para que solo Hermione escuchara, haciendo eco de sus pensamientos.
La chica no le respondió mientras se fijaba en la bruja que iba directamente a la mesa del
profesorado y quedó frente al profesor Remus Lupin y Severus Snape. Pomfrey les dijo algo
a ambos hombres, parecía ser serio porque Snape frunció el ceño y Lupin pareció preguntarle
algo preocupado. McGonagall, que estaba a un lado de los hombres, también pareció
preguntar algo a la bruja, pero Pomfrey negó y quizás—porque desde esa distancia Hermione
no escuchaba nada— les dijo algo que los tranquilizó un poco.
Tanto Snape como Lupin se levantaron para seguir a la bruja que se había dado media vuelta,
los tres iban a salir del Gran Comedor y Hermione sabía perfectamente que irían a la
enfermería. Cuando pasaron al nivel que ellos se encontraban, Remus no pudo evitar mirar a
los jóvenes Gryffindor por un momento y, antes de que su mirada le delatara, volvió a girar la
cabeza y continúo su camino hasta desaparecer por las puertas dobles.
—Se trata de Harry ¿cierto? —preguntó Ron sin esperar respuesta de su novia.
Ambos estaban deseando que todo fuera una coincidencia, que Harry ya no estuviera en la
enfermería o que la llamada de ambos hombres no fuera por algo relacionado a su amigo,
pero era muy difícil de creer.
Mientras recorría el camino a la enfermería Severus se preguntaba que podría ser. Pomfrey
tan solo le había dicho que Dumbledore les requería por algo relacionado a Potter, y nada
bueno debía de ser si involucraba al Gryffindor.
El director les dio un corto asentimiento y procedió a explicarle lo que estaba sucediendo,
poniendo especial hincapié en las extrañas marcas del pecho del chico.
Por su parte Harry se veía bastante incomodo, mientras Dumbledore les contaba a los dos
recién llegados lo que estaba sucediendo y que quería una opinión al respecto, Snape no
dejaba de darle fugaces miradas sin perder el hilo de lo que el director hablaba. Casi pasaba
desapercibido, pero Harry lo notaba por que no podía apartar los ojos de su maestro.
Tener que volver a pasar por una observación fue un calvario de nueva cuenta, pero era
necesario. La mirada de Remus y Severus sobre la marca, que parecía evolucionar más
rápido, era indescifrable. Ahora no solo eran las tres líneas rodeadas por un doble círculo,
solo un poco debajo de este se veía la forma de una cruz que estaba emergiendo al igual que
habían iniciado las otras marcas.
Si tan solo supieran cual hechizo había utilizado Voldemort, pero era difícil saberlo. Su amo
estaba más furioso que nunca incluso, pues pensaba que su hechizo hacia el director había
fallado y por eso había convocado a dos reuniones seguidas para desquitar su furia con los
mortifagos. Pero Severus pensaba que había sido algo para golpear al mago más viejo, no que
sería magia tan oscura.
—No estoy muy seguro, —dijo con una mueca sin querer admitir del todo su temor—incluso
parece ser que aún está incompleto, como nos dijeron que no tenía las cruces antes.
Remus asintió.
Por el momento esperarían a que Remus diera con la respuesta y mantendrían vigilado al
chico ante cualquier cambio que pudiera suceder. Remus les avisó que quizás tardara un poco
en averiguarlo, quizás en la noche, y Dumbledore asintió comprendiendo.
Sus amigos no pudieron preguntar nada entre clases, pero no desaprovecharon la oportunidad
cuando llegó la hora de la comida. Ron protestó el hecho de que no pudiesen hablar en el
Gran Comedor y que se perderían la comida, pero Hermione lo miró con advertencia y el
pelirrojo se calló.
— ¿Qué sucedió?
Habían salido a los jardines para tener un momento de privacidad, pensaron que podían subir
a la habitación de los chicos y hablar con tranquilidad y comodidad, pero como estaban los
rumores no querían que nadie los viera a los tres entrar a una habitación.
Solo pudo decirles unas cuantas cosas porque la tranquilidad les duró poco cuando alguien se
les acercó a molestarlos.
—Pero si son el trio de oro—la voz de Draco se hizo eco, y venía con dos de sus fieles
guardaespaldas.
— ¿Quieren privacidad para hacer sus perversiones aquí afuera? —preguntó Draco. — ¿Así
es como consiguen que la Granger les haga las tareas? ¿Le pagan poniéndola en cuatro?
— ¡Estás muerto, idiota!—gritó Ron poniéndose de pie, no iba a permitir que nadie insultara
a su novia en su cara.
Las varitas se asomaron y estaban todos dispuestos a iniciar una guerra de hechizos, suerte
que la presencia de Severus Snape hizo que las cosas no llegaran a mayores.
—Señor Malfoy—dijo con gesto serio—le recuerdo que el tipo de comentarios que ha dicho,
también está castigado por las normas de esta escuela. Así que tendrá detención esta noche
con el señor Filch. —la cara de Draco y sus guardaespaldas fue todo un poema, se veía que
quería protestar pero antes de que pudiera hacerlo Snape le dedicó una mirada de advertencia
y siguió hablando—Y para ustedes—se giró a los Gryffindors—intentar atacar a un
estudiante con hechizos les restará diez puntos Señor Weasly.
Harry sintió la extraña mirada que Snape le dedicó por un momento, pero no lo pensó
demasiado y obedeció la orden de su maestro. Los Gryffindor decidieron que hablarían en el
Gran Comedor, aunque tuviesen que sentarse en una esquina alejada de los demás y hablando
con palabras claves.
—Es estúpido que me quite puntos a mí—decía Ron mientras se servía en su plato—cuando
fue Draco quien inició.
—Mira el lado positivo Ron—exclamó Hermione— puso en detención a Draco. Eso es algo
que pocas veces se puede ver.
Harry apoyó ese comentario y Ron tuvo que admitir que era cierto, incluso al pensarlo
detenidamente era casi surreal que Severus castigara a Draco por insultar a un grupo de
Gryffindor. Incluso era aún más raro que solo le quitara los puntos a Ron, en vez de quitarle
diez a cada uno.
—Ahora estoy asustado, ¿en verdad era él? Harry, ¿has tenido algún avance con el código S
que no nos hayas dicho y por eso fue tan amable?
—Oh cállate Ron, —dijo Hermione pellizcándole el hombro. —no digas esas cosas.
Harry no dijo nada, pensando que en verdad su maestro había sido indulgente con ellos,
aunque a simple vista no lo notaran.
— ¿Y de qué crees que se trate? —preguntó Hermione recordando el tema que habían dejado
inconcluso por la interrupción de Draco.
Harry agito su cabeza negando, les había dado una descripción del símbolo en su pecho,
diciendo que en cuanto tuvieran la oportunidad se los enseñaría.
—No debe ser algo muy malo o ya estarías agonizando—acotó Ron—la magia oscura trabaja
rápido, ¿o no?
Harry pensó en eso mientras estiraba su mano para servirse algo de comer, pero se detuvo a
media acción. No quería volver a comer hasta resolver el problema de su lengua, era
demasiado fastidioso masticar sin saborear nada, incluso ese hecho provocaba que ni siquiera
sintiera hambre.
Remus no había mencionado que quien le ayudaría a reconocer el hechizo seria Sirius. El
animago tenía los libros que le podían ayudar en uno de los baúles asegurados con magia que
guardaban muchas de las reliquias familiares que Black no deseaba tener cerca por que eran
muy peligrosas o porque no le importaban en lo más mínimo. Muchos de esos libros eran
antiguos y solo seguían existiendo debido a que habían sido pasados de generación en
generación.
Remus había leído unos cuantos unos años atrás, pero siempre devolviéndoles al baúl con el
hechizo correspondiente. Lógicamente si era reliquia Black eran libros sobre magia oscura,
del tipo más sanguinario y cruel que había. Black se encargaría de buscar entre los baúles y
quitar los encantamientos de protección para cuando Remus llegara.
Después de la comida, Lupin supo que ya podía utilizar los libros y se lo informó a
Dumbledore. El director le dijo que se retirara a buscar la información y que él se haría cargo
de suplirlo en las clases de Defensa que quedaban por el resto del día.
—Los libros están en la biblioteca—dijo Sirius recibiéndole con un beso. — ¿Qué es lo que
buscas?
Se pusieron a buscar entre la montaña de libros revisando si alguno tenía una descripción
acerca del símbolo junto con el hechizo asociado.
—Estoy ansioso por que lleguen las vacaciones de diciembre y Harry pueda pasar unos días
aquí.
Remus no dijo nada sintiendo el peso de no decirle al hombre lo que estaba pasando y siguió
buscando.
—Lo encontré—dijo Black levantándose de su asiento para llevarle el libro al otro—o eso
creo, porque según lo que me dices estaría incompleto, mira.
Le tendió el libro y Remus pudo ver el símbolo, las tres líneas y el doble circulo eran
exactamente iguales a lo que tenía Harry ya formado, la cruz, aunque en Harry era solo un
esbozo, también se parecía mucho en cuanto a la ubicación y longitud que tenía en el dibujo
del libro, solo que en el dibujo había algo más bajo la cruz, había cinco puntos uno junto al
otro.
Leyó la descripción del libro y sintió un sudor frio bajando por su espalda. Sirius se había ido
para traerle algo de beber y no pudo ver la expresión de horror en la cara de su pareja. Remus
había encontrado el hechizo, pero era peor de lo que se podrían imaginar.
No toda la verdad
Remus no esperó un segundo más antes de levantarse del sofá y dirigirse a la chimenea.
Sirius iba entrando a la biblioteca acompañado de un elfo domestico que traía una bandeja.
— ¿A dónde vas?
—Tengo que hablar con Dumbledore, es urgente. —intentó mantener la calma en su voz,
pero se le hacía difícil.
Solo pudo asentir y dejó al otro solo desapareciendo por la chimenea para llegar a sus
aposentos.
El camino a la oficina del director se le hizo eterno, incluso se cruzó con unos cuantos
profesores a los que por poco y no les devuelve el saludo de tan concentrado que estaba, por
lo menos era hora de la cena así que la mayoría de los estudiantes ya estaría en el Gran
Comedor. Esperaron a que Severus se les uniera siendo llamado por un elfo doméstico. Lupin
se veía inquieto y estaba rogando equivocarse.
—No estoy del todo seguro—dijo en cuanto entró el maestro de pociones—pero creo que es
este. Lo había visto antes y por eso se me hacía tan familiar.
Abrió el libro en la página del hechizo, notó la mirada de ambos magos sobre el objeto que
claramente se veía que era una reliquia acerca de encantamientos malditos, pero ninguno
hizo ningún comentario acerca de la procedencia.
—En cierta forma, —Remus estaba reacio a creer que era el mismo hechizo sabiendo lo
terrible que era— fue hace muchos años ya.
Dumbledore leyó el libro con la descripción del hechizo, luego, en un completo mutismo, se
lo extendió a Snape para que pudiese hacer lo mismo
Corpore Inclusus
Hechizo antiguo e indetectable que servía como castigo a aquellos que cometían los peores
actos y la muerte no era suficiente castigo. Solo puede ser utilizado por única vez por un
mismo mago, y después de haber ingerido la poción Absoluta Virtute para poder realizar el
hechizo.
La persona afectada irá perdiendo las facultades de los sentidos, gusto, audición, vista,
olfato y la capacidad táctil de sentir otras cosas o sobre su propia piel. También perderá la
capacidad de hablar y de moverse por si solo, aunque nuca perderá la conciencia para
mayor sufrimiento. Entonces, cuando la persona afectada sea ya un cascaron sin
comunicación con nada de lo que le rodea, perderá la capacidad de respirar poco a poco
hasta su inevitable muerte.
El símbolo del encantamiento es el que se usaba para sellar los ataúdes de las personas que
se enterraban vivas como castigo, y significa enclaustramiento.
El doble circulo con tres líneas internas que se refieren al hecho de estar encerrado en el
propio cuerpo, la equis se refiere al cese de la vida que llegará pasado el tiempo y los cinco
puntos marcan el cese de las facultades. Se formaran el circulo y la equis cuando el primer
signo aparezca, el último punto aparecerá cuando se vaya a cortar la respiración indicando
el cumplimiento total del hechizo.
Más abajo seguía detallando las fases del hechizo, pero lo que más le interesó a Severus era
que por ninguna parte hablaba de un contra hechizo ni nada para detener el avance del
maleficio.
—En el tiempo que vi el hechizo en la otra persona, tampoco había contra hechizo. Nunca
supe que pasó con él.
—No, —dijo el maestro, si bien aquella no era una poción demasiado difícil de hacer, sí que
lo era de conseguir— pero es una poción que toma año y medio en terminarse. Seguramente
no ordenó que se la prepararan, la consiguió con alguien que ya la tenía.
De repente, para Snape muchas cosas cobraron sentido. El señor Oscuro parecía estar
tramando algo que él no entendía, parecía incluso nervioso, se lo había comentado a
Dumbledore pero luego de semanas de que no hiciera ningún movimiento, ya no sabían que
pensar.
—Por eso el señor oscuro estaba tan enojado —dijo pensando en las dos reuniones
consecutivas—nos llamó dos noches seguidas, tuve la suerte de que no me atacara con
hechizos, parecía estar satisfecho con lastimar a un par de mortifagos solamente.
—Estaba agotado por haber lanzado la maldición, y furioso por que no pudo lastimar su
objetivo.
Remus hizo una mueca. EL objetivo era Dumbledore. Voldemort había querido atacar al viejo
mago con algo que no pudiese deshacer, si supiera que había logrado herir a Potter estaría
más que feliz. Eso no podía llegar a sus oídos obviamente.
¿Qué hacer en ese momento? Aquello parecía no tener cura, pero siempre había una cura, y
ellos debían intentar encontrarla.
—La persona que sufrió esto—dijo Remus—puedo intentar localizarla y saber qué sucedió
con él.
— ¿Crees que siga vivo? —preguntó Snape, su voz sonaba tan necesitada de una esperanza
que no pudo pasar desapercibida por los otros presentes.
—Eso espero—contestó simplemente—su pareja en ese entonces era muy capaz, y dijo que
no se rendiría hasta no encontrar una forma de detener el maleficio.
—Y quizás encontremos algo más en algún otro libro—Dumbledore acomodó sus gafas
mientras pensaba en sus posibles opciones—es un maleficio muy antiguo, pero esta no debe
ser la única literatura que hable de él. Además, debe haber más personas, aparte de Remus,
que le hayan visto. Alguna debe de ofrecernos un camino a seguir. El problema es el tiempo
que tardemos en encontrar estas respuestas, aquí no habla del avance de la maldición y la
perdida de los sentidos—volvió a releer el libro por encima para corroborar sus palabras—
debemos pensar en algo que nos dé tiempo extra para que Harry pueda aguantar.
El encantamiento Minuere era uno de los más poderosos para desacelerar maldiciones o
embrujos de larga duración en lo que se conseguía una cura definitiva o por lo menos
alargaba la vida de las personas que ya no tenían salvación. Su uso era complicado porque se
basaba en la elaboración de una poción potente, volátil y mortal—en caso de ser mal
preparada— y un hechizo de unión acompañado de un ritual.
La persona que realizaba la poción debía ser la misma que hiciera el ritual, y se le llamaba
proveedor de vida. El proveedor debía colocar parte de su sangre en la poción y dársela a
beber al afectado, luego, estaba la parte del ritual donde el proveedor lanzaba un hechizo de
protección para lograr que el avance de la maldición se retrasara.
—El Minuere sería muy bueno en esta situación—dijo Remus exclamando la misma duda
que el director—es un encantamiento potente que puede retener muy bien una maldición de
este tipo. Pero quien crea la poción es el mismo que debe hacer el hechizo de unión. La
poción incluye tu sangre Severus, y el encantamiento…
—Lo sé—expresó cortante el maestro de pociones, sabia bastante bien que incluía el
encantamiento.
—Pero Severus, si inicias con el encantamiento deberás continuarlo hasta que encontremos la
cura. No podemos cambiar de proveedor de vida. ¿Sabes todo lo que eso significa?
—El joven Potter tendrá que pasar a estar más tiempo contigo Severus. —dijo el director con
cautela.
Severus sabía que los otros estaban dudando de su capacidad de soportar todo lo que el
hechizo implicaba. El Minuere fue creado originalmente por un pocionista cientos de años
atrás para proteger a su esposa. La mujer tenía una enfermedad que le estaba secando la vida
y el hombre creó el encantamiento para prolongar la vida de la mujer. Como el hechizo
requería traspasar energía vital de un cuerpo a otro el hombre abrazaba a su esposa todas las
noches para completar el encantamiento.
Severus tendría que preparar la difícil poción que incluiría su propia sangre, hacer el ritual
con Harry y dormir ciertas noches con él para completarlo. ¿En verdad estaba dispuesto a
eso?
—Al final iba a golpearme a mí—repuso Severus—le debo la vida a Potter en este momento.
Es una deuda que debo pagar.
Los otros dos entendieron la reacción de Severus, aquello era una deuda de vida, era lógico
que alguien como Snape estuviera dispuesto a pagarla sin importar lo que necesitara hacer.
—Al final me alegra escuchar eso—soltó Albus—no solo encontrar un pocionista tan capaz
para realizar esa poción sería casi imposible, sin hablar del poder que necesitaría para realizar
el hechizo. Y la confianza que requeriría para realizar el encantamiento junto a Harry.
También estaba el factor confianza. Se trataba de dejar la vida de Harry en las manos de
alguien, y Dumbledore no podía confiar en nadie más que en Severus para esa misión.
Pensando en lo que diría a continuación, Albus esperó que no afectara demasiado a los
hombres frente a él y expresó que no debían contarle a Harry la falta del contra-
encantamiento antes de encontrarlo, ni del hecho de que después de perder las funciones, iba
a morir inevitablemente.
—¿Y no es cruel decirle a un pobre muchacho, que a sus 17 años ha pasado por tantas cosas,
que va a morir de una forma tortuosa e impensable mientras se convierte en un ente sin
comunicación?
—No va a morir—repuso Remus con cierta furia—debe haber una cura. Siempre la hay.
—Pero aún no lo sabemos, y Harry sufrirá cada día más que no lo sepamos.
Severus tenía demasiados años conociendo al viejo director. Había visto la furia en el otro, la
alegría de sus sonrisas, la incredulidad o burla reflejada en su cara, la tristeza cuando la
guerra se llevaba algún amigo… pero jamás en su vida había visto a Dumbledore con
lágrimas retenidas en los ojos. Era algo hasta impensable para Severus, y por supuesto que
Albus no se permitió llorar, pero ver toda esa tristeza reflejada en los ojos del otro le hizo
darse cuenta de la propia. Él tampoco quería que Potter sufriera de más. Incluso la culpa de
saber que el encantamiento le pudo haber golpeado a él y no a Harry le sentaba aun peor.
Harry lo había protegido, y Severus estaba más que en deuda con él. Y en silencio se
prometió que lo protegería a todos los niveles posibles.
¿Cómo decirle a un chico de 17 años que había sido maldecido por un hechizo que
probablemente no tenía cura? ¿Y luego como pasar a explicarle todo el tormento por el que
pasaría? Era probable que no existiera el contra hechizo o una forma de revertirlo, más no
imposible. El chico había sufrido demasiado ya. Ellos querían prolongar el tener que darle
una noticia que antes que la misma maldición, mataría la angustia.
En otras palabras, aunque sonará mal, le ocultarían parte de la verdad a Harry. Era un hechizo
poco conocido, más bien habían tenido la suerte de descubrirlo rápido porque Remus supo
dónde buscar, así que Harry no descubriría fácilmente la mentira.
¿Era algo deleznable? Por supuesto que sí, y ninguno de los tres se sentía cómodo sabiendo
lo que le iban a hacer a Potter, pero era por su bien. O por lo menos era lo que se decían.
Decidieron hasta donde le dirían a Harry la verdad y que luego de hablar con el muchacho
iban a reunir a Arthur y Molly Weasly, a McGonagall, Pomfrey y Sirius. A ellos si se les
contaría todo, obviamente aclarando que Harry no debía saber la magnitud del problema.
Necesitarían decirle la verdad a Mandan Pomfrey por razones más que obvias, la medibruja
debía estar al tanto de lo que realmente sucedía en caso de que Harry necesitará ayuda
médica en cualquier momento. McGonagall era la jefa de casa del chico y quien mejor podía
vigilarlo cuando estuviera en la sala común. Molly y Arthur debían saberlo porque podrían
ayudar con la investigación. Si bien socialmente no eran muy aceptados, los Weasly venían
de una familia antigua y habían mantenido alguna relación con ciertas familias de la misma
categoría y quizás alguno conocería el hechizo o sabría de casos en los que había sido
utilizado.
En cuanto a Sirius, sopesaron bastante sobre si decirle o no y, aunque Severus detalló una
larga lista de las razones por las cuales debían de decirle a Sirius la misma verdad a medias
que le dirían a Harry, Remus dio los puntos por los que el animago estaba en derecho de
saber toda la verdad. Remus se hizo responsable de explicarle a Black las razones por las que
no le podía contar a Harry.
Harry había decidió saltarse la cena en función de quedarse a leer en su cuarto. Le había
dicho a sus amigos que estaría bien y, aunque Hermione le dio un largo discurso acerca de la
importancia de ingerir alimentos a las horas adecuadas, el recordarle su problema de sentir
los sabores hizo que la chica se avergonzara y le dejara en paz.
Para su suerte su habitación estaba vacía y pudo relajarse terminando las últimas páginas que
le quedaban. Ya que era miércoles, tenía su lección de entrenamiento con Snape y, entre todo
lo malo de los últimos días, la lecciones con su maestro de pociones eran lo más agradable y
estaba ansioso de que llegara la hora.
Cuando terminó de leer revisó los apuntes que había hecho con sus amigos. Los jueves y los
sábados en la tarde Hermione y Ron le ayudaban en una especie de sesión de estudios donde
buscaban mejorar sus habilidades en Defensa Contra las Artes Oscuras. El mismo Ron, que
casi no le gustaba hacer las tareas, esperaba con ansias esas sesiones.
—No es lo mismo hacer un aburrido ensayo de Adivinación que buscar un hechizo para hacer
volar cien metros a un mortifago—decía el pelirrojo cada vez que su novia le preguntaba por
qué esperaba con tantas ansias esas sesiones, pero dejaba para ultimo las tareas asignadas.
Mientras estudiaba los últimos hechizos que habían anotado Harry tenía una idea rondando
por su cabeza. Una pequeña espina le decía que Snape quizás podría estar ligeramente
interesado en él. En la soledad de su habitación pudo recordar las veces que se encontró con
el maestro mirándole o no llamándole la atención cuando hacia un comentario impropio de
un alumno a un maestro.
“Quizás sea que no le eres del todo indiferente a Snape” decía una vocecita en su cabeza,
pero eso debía de ser imposible ¿o no?
Harry no lo admitiría frente a sus amigos, pero hubo un momento en el que pensó que moriría
cuando se interpuso en el hechizo de Voldemort. Aunque no escuchó cual encantamiento era,
había jurado que era una imperdonable.
Hermione le había dicho que esperara hasta el final del curso para confesarse ¿pero y si no
llegaba al final del año? Era una probabilidad que no podía ignorar.
¿Y si se arriesgaba un poco y se confesaba ante Snape? O por lo menos hacia que sus
indirectas fuesen más directas. Si Snape lo mandaba a la mierda —y la probabilidad era muy
alta—se arruinaría la pequeña amistad que había logrado con el hombre y probablemente
hasta dejaría de impartirle las lecciones nocturnas. Pero si aceptaba…
Harry suspiró pensando en las cosas que podrían suceder si el hombre aceptaba, aunque
sonara infantil lo que más anhelaba era probar los labios del hombre, para él eran su
perdición. Se imaginaba lo que sería ser abrazado por el mayor, respirar su aroma mientras
sus fuertes manos le acariciaban y acercarse poco a poco para recibir ese tan anhelado beso.
Apretó los labios sintiendo subir el rubor por su cara. Deseaba tener la oportunidad de un
beso por parte del hombre antes de la muerte que lógicamente llegaría algún día a manos de
su enemigo. Había besado unas cuantas veces a unos chicos del colegio, pero ninguno le
provocaba tantas sensaciones como lo hacía Snape con su simple presencia.
“Quizás pueda intentarlo, arriesgarme por un beso. Así si muero antes de graduarme no
tendré ese remordimiento”. Se sentía tonto al darse cuenta que anhelaba tanto un beso de su
profesor, que lo consideraba como su único deseo para antes de morir.
Sonrió ante ese pensamiento, pero se enderezó cuando sintió a alguien entrando a su
habitación. Era Remus, quien había lo había estado buscando.
La expresión del licántropo era extraña según Harry, y tuvo que recordar que quizás se
trataba de su problema. Remus estuvo silencioso todo el camino, incluso cuando Harry le
preguntó si se trataba acerca del maleficio de Voldemort el profesor solo pudo asentir. Eso lo
hizo sentir un poco asustado, y no se sintió mejor cuando, al llegar a la oficina de
Dumbledore, sintió la atmosfera aún más pesada.
La resolución de los tres hombres de no decirle toda la verdad a Harry estaba fallando,
tenerles sentado frente a ellos, esperando una respuesta sin saber que sus protectores le
mentirían, les estaba inundando de culpa.
Harry se mordía los labios esperando a que alguien le dijera algo, la tensión le estaba
matando.
—Un enclaustramiento corporal. Es una especie de encierro dentro del propio cuerpo —
Afirmó el director—En él las personas pierden las funciones de los sentidos.
—Así me temo.
Harry estaba procesando, Dumbledore había mencionado las funciones de los sentidos.
Además del gusto estaba la vista, el olfato, la audición y el tacto. Según lo que el director le
decía ¿los iba a perder también? ¿Se iba a quedar sin ver, oír ni sentir nada?
La expresión en la cara de Harry fue suficiente para hacerle ver a los otros que estaba bien el
mentirle. El muchacho se había puesto blanco y Remus incluso se acercó a él por si acaso
Harry se desmayaba.
— ¿Significa que seré como un muñeco? —Preguntó, casi parecía que iba a hiperventilar,
pero se obligó a seguir hablando— el contra hechizo...
—Tenemos una idea de lo que podría ser—mintió el director. —lamentablemente son pocas
personas que lo saben. Pero mientras tanto usaremos un hechizo que desacelere el avance de
la maldición.
—Y luego, cuando pierda mis sentidos, ¿qué pasará conmigo? —interrumpió Harry al
director. No quería un encantamiento para desacelerar eso, quería detenerlo.
—No lo sabemos — dijo Remus ocultando la parte donde dejaría de hablar y respirar
progresivamente y colocó una mano en su hombro— el maleficio no llega más allá de eso,
suponemos.
Harry apretó los puños sobre sus piernas por unos segundos, intentando controlarse frente a
los otros tres. Lo que le estaban planteando no era nada fácil de digerir.
— ¿Cuánto tiempo tengo para…?—tomó un corto respiro sin saber cómo continuar.
Severus se dio cuenta lo que quería decir, quería preguntar el lapso de tiempo en el que
perdería cada sentido y se notaba lo difícil que se le estaba haciendo.
—No lo sabemos—dijo, y era verdad, eso no lo decía en el libro que tenían—pero de todas
formas tenemos el hechizo para retrasar el avance.
— ¿Y cuál es el hechizo para desacelerar? —preguntó, necesitaba escuchar algo bueno en ese
momento.
—Minuere—pronunció el director. —Es un encantamiento complicado, pero nos ayudara a
aguantar la maldición hasta que… encontremos el contra hechizo.
— ¿Ritual?
—Es algo complicado—dijo Remus viendo la abrumada expresión de Harry—pero por ahora
es algo que no necesitas saber. Será indoloro y te lo podemos explicar después.
Harry asintió obligándose a respirar, Remus seguramente estaba entendiendo lo mal que se
estaba sintiendo en ese momento y agradeció no tener más información que analizar en ese
segundo.
—Harry…—llamó el director, pero no le hizo caso y sin avergonzarse por parecer un niño
pequeño, echó a correr fuera de la oficina.
El secreto de Malfoy
Harry bajó de la gárgola sintiendo que no podía respirar del todo bien. Se sentía mareado, con
náuseas y con una sensación de desolación que no le dejaba pensar bien. Había salido de la
oficina del director ¿pero con qué rumbo? Ni siquiera podía mantenerse de pie de forma
correcta, sentía que se caía y tuvo que agarrarse de las paredes para no terminar contra el
suelo.
—Harry.
Escuchó que dijeron su nombre, pero entre la bruma que le nublaba el pensamiento no
reconocía quien era. Sintió que le tomaban de ambos brazos y le hacían caminar, no pudo
resistirse ni tenía ganas de hacerlo tampoco.
Lo que acaban de decirle giraba en su cabeza de forma veloz y sofocante. Tenía una
maldición que le quitaría uno a uno sus sentidos. Estaba perdiendo la capacidad de saborear
los alimentos, pero luego seguiría la capacidad de sentir, de oler, de escuchar, de ver…
Sería un muñeco que solo respiraría, podría hablar sí, pero ¿para qué? No habría diferencia
entre él y un cascarón. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no iba a detener. Ya no sentía que
lo sujetaban de los brazos, ni sabía dónde estaba. Tenía una sensación de algo alrededor de su
cuerpo que vagamente asociaba con un abrazo. Su llanto silencioso tardó unos diez minutos,
y después de ese tiempo fue capaz de salir un poco de la bruma en donde se encontraba, y
darse cuenta que estaba en una habitación que no era la suya, y que quien lo abrazaba era
Hermione. El perfume de la chica inundó sus fosas nasales, y el conocimiento de que pronto
ya no sería capaz de hacer eso provocó que emitiera un quejido doloroso, asustando a la
chica.
—Por favor Harry—dijo ella entre lágrimas, ver así a su amigo le había provocado que le
acompañara en su silencioso llanto—dinos que sucede.
Cuando Remus estaba buscando a Harry, había ido hasta el Gran Comedor pensando que
estaría cenando con sus amigos. Ron le dijo que estaba en su habitación y Hermione y Ron
recordaron que Harry estaba esperando que Remus investigara acerca de lo que tenía, así que
se les hizo fácil suponer que lo estaba buscando por ese tema. Decidieron esperar ocultos
fuera de la oficina del director y vieron a Harry entrar tras Remus. La espera fue larga, pero
en cuanto vieron a Harry salir solo y en el estado en que se encontraba, no tuvieron dudas de
que algo muy grave le sucedía a su amigo. Se acercaron a él pero el chico no les contestaba,
así que lo tomaron de los brazos y lo llevaron casi arrastrando a la Sala de los Menesteres.
Una vez en la seguridad de la sala, Hermione lo había abrazado y Harry se había puesto a
llorar en silencio, la chica no pudo contener sus lágrimas tampoco. Ron intentaba controlarse,
pero solo pensar en qué podía poner a su amigo de esa forma le llenaba los ojos de lágrimas
que no iba a derramar.
Poco a poco Harry fue entendiendo en donde se encontraba, y también se fijó en la mano en
su espalda que intentaba reconfortarlo y pertenecía a Ron. Se aferró aún más en el abrazo de
su amiga intentando darse valor, sintiendo como ella lo sujetaba con más fuerza.
Les explicó todo lo que le habían dicho entre sollozos, de todo lo que trataba el hechizo, de
todo lo que perdería, de que no sabían cuál era la forma de detenerlo y ninguno de los
Gryffindors frente a él tuvo la valentía para decir nada durante unos minutos.
—La única esperanza que me dan por el momento—decía aun entre los brazos de su amiga—
es que hay una especie de hechizo para bloquear el avance.
—Minuer, creo.
— ¡Oh Harry! —dijo, y volvió a sentir ganas de llorar por la mala suerte de su amigo— Si no
fuera por toda esta situación estarías más que feliz de recibir ese encantamiento.
—Que no le digas así, —exclamó ella con bastante furia hacia su novio— no sé exactamente
que tanto implica por que casi no había información donde lo leí, y es algo bastante antiguo,
pero tienes que pasar una noche con quien haga el ritual. Unidos.
— ¿Unidos es…?—preguntó Harry con duda, sintiendo un ligero calor en sus mejillas.
¿Tendría sexo con Snape? ¿Acaso esa era una cruel jugada del destino? Darle algo tan bueno
como esa oportunidad, y a la vez tan malo como la maldición en su pecho al mismo tiempo.
—Pero si ese es solo un hechizo para desacelerar el progreso, ¿Cómo romperán la maldición?
— ¿Algo? ¿Quienes?
—Dumbledore, Remus y el profesor Snape. Los tres estaban presentes. Tengo la sensación de
que me ocultan algo.
—Bueno, —terminó diciendo Hermione — si Dumbledore dice que hay una cura debemos
creerle, él no te mentiría. Ni Remus tampoco. Solo debemos tener paciencia.
—El tendrá más que paciencia, —exclamó Ron haciendo una mueca—tendrá sexo con
Snape, que asco.
— ¡Ron!
—Tomémoslo como algo bueno entonces—dijo ella, y le dio una clara mirada de advertencia
a Ron—mientras esperas el contra hechizo, que obviamente llegará, podrás pasar tiempo con
Snape.
Salieron de la sala cuando Harry se sintió listo, la hora del toque de queda había comenzado
así que tuvieron que tener mucho cuidado de que nadie les encontrara.
—Debimos traer la capa de invisibilidad—se quejó Ron en voz baja mientras adelantaban el
paso.
— ¿Cómo sabríamos que la necesitaríamos? —dijo Hermione y casi le da un infarto cuando,
a punto de llegar al retrato de su sala común, se chocaron con un maestro— Profesora
McGonagall...
Por un momento los tres temieron recibir la reprimenda y el castigo que lógicamente les
pondrían, y probablemente la reducción de puntos, pero al final Minerva solo suspiró.
Hermione entendió que Dumbledore ya la habría puesto al tanto en el tiempo que ellos
estaban abajo y, aunque estaba feliz de que no les redujeran puntos, la indulgencia de su
profesora demostraba lo difícil que era aquella situación para Harry y que ella quería, de
alguna forma, ayudarle.
A Draco le fue inmensamente difícil no ser descubierto. Cuando iba a dirigirse al Gran
Comedor para cenar, vio a los lejos cuando Hermione Granger y Ron Weasly salían luciendo
preocupados por algo. Tuvo una fuerte corazonada de que se trataba de algo relacionado con
Potter y decidió seguirlos.
Tenía suerte de que los Gryffindors sabían atacar, pero no tenían fama de ser los más
cuidadosos o de vigilar su alrededor tanto como lo hacía un Slytherin. Eso provocaba que
ninguno de los dos se diera cuenta de su presencia. Ambos leones se quedaron escondidos
cerca de la oficina de Dumbledore, y Draco hizo lo mismo, solo que un poco más retirado.
Unos pocos minutos después junto a su escondite vio pasar al profesor Remus Lupin seguido
de Potter, ambos se notaban tan preocupados en algo—y eran Gryffindors— que no se
percataron ni de su presencia ni de los dos amigos de Harry escondidos tras unas columnas.
Después de un largo rato vio que los otros dos se movieron de su lugar, y Malfoy decidió
moverse un poco, siendo cuidadoso, para observar mejor. Hermione parecía acercarse a
Potter, no podía verle la cara a Harry porque Ron le tapaba la vista, pero los dos amigos
parecían estar sosteniendo a Potter.
Vio como ambos sostenían a Harry de los brazos y lo llevaban lejos. Con cuidado los siguió,
tenía suerte de que ambos estaban demasiado concentrados en no dejar caer a su amigo.
Por poco y los pierde, pero tuvo la suerte de verlos entrar a la sala de los menesteres. Draco
ya conocía esa sala, así que decidió volver a esperar. Se escondió tras una columna cuando el
toque de queda inició, no queriendo ser encontrado por ningún maestro. Si bien él era un
prefecto, no podía dar una explicación para quedarse en ese pasillo hasta que los otros
salieran.
Salieron bastante tarde, revisando que nadie les viera. Draco vio que Hermione terminaba de
limpiarse el rostro, se notaba que había estado llorando.
Decidió dar media vuelta y dirigirse de inmediato hacia su sala común. Caminando a través
de las mazmorras no podía sacarse el pensamiento de que esas acciones no indicaban nada
bueno. Un profesor había llevado a Potter hasta la oficina del director, y luego este había
salido—visiblemente afectado por algo—y tuvo que ser llevado por sus dos amigos casi a
rastras. En la sala de los menesteres los dos lacayos de Potter lógicamente se habían enterado,
y era algo grave, puesto que Granger había salido llorando, y el rostro de Potter tampoco se
veía muy bien.
Draco se acomodó un mechón de pelo tras la oreja y le dio la contraseña al retrato de su sala.
— ¿Dónde te habías metido? —le preguntó Pansy Parkinson tan pronto le vio entrar a través
del retrato al tiempo que se le acercaba.
— ¿Es problema tuyo?— respondió Draco con una mueca. —Yo creo que no.
—No es necesario que se preocupen, —ignoró la mirada asesina de Pansy y se dirigió hacia
Blaise— yo se cuidarme solo, y más entre los pasillos del colegio.
— ¿Recuerdas que soy tu novia? —preguntó Pansy apretando los dientes. —eso me da el
derecho y la obligación de saber dónde andas.
Draco por poco y dice “eres mi novia por conveniencia”, pero se detuvo no queriendo seguir
enojando a la Bruja Parkinson
—Pansy, déjalo tranquilo—Theodore se acercó a la chica y colocó sus manos en los hombros
de ella—todos sabemos que es tu novio ¿contenta?
Pansy pareció relajarse ante la presencia de su amigo Nott y dio media vuelta disgustada para
alejarse arrastrándolo. Draco solo pudo suspirar y subió hasta su habitación seguido de
Blaise.
— ¿Me dirás en dónde estabas? —solo estaban ellos dos en la habitación y Blaise tuvo la
confianza para hablar.
—Crabbe y Goyle me dijeron lo que hiciste en la tarde, y que el mismo Snape te quitó
puntos.
Estaba frustrado, no solamente se había enojado al ver a los tres Gryffindors tan juntos—y
los rumores le martilleaban la cabeza— sino que además perdió puntos para su casa y por
parte del propio jefe de las serpientes.
—Vamos, yo sé que fuiste a molestarlo solo para estar un poco cerca de él.
Draco se acostó en su cama, dándole la espalda al otro. Aunque lo que Blaise decía era cierto,
era humillante escucharlo en voz alta.
— ¿Crees que en verdad sea pareja de la comadreja? —soltó al fin luego de unos minutos en
silencio con voz derrotada.
Blaise se sentó a un lado de su amigo para darle una palmada. Sabía que aquella noticia había
provocado que Draco se deprimiera, y quizás fue por eso que se armó con sus dos tontos
guardaespaldas para ir a molestarlo.
Lucius Malfoy le había dado un ultimátum a Draco, debía buscar novia. Por los círculos de
los Malfoy empezó a correr el rumor de que el único heredero de estos era gay, y eso era algo
más que inaceptable para Lucius.
Su padre le había dicho que para mantener limpio el apellido, él mismo le conseguiría una
novia sangre pura. Los Malfoy y los Parkinson aprovecharon el momento para afianzar su
alianza por medio del noviazgo y futuro compromiso de sus hijos. Pansy estaba más que
contenta, ella había estado tras Draco desde años atrás, pero el chico jamás le hizo caso.
El problema era que Draco sí era gay —cosa que solo sabía Blaise a ciencia cierta— y lo que
era peor, estaba enamorado de Potter desde la mitad del quinto año y la única forma que
había encontrado de estar cerca de él, era molestarlo tanto como tuviese oportunidad. Zabini
no supo que responder a la pregunta de su amigo. Por una parte sonaba un poco descabellado
todos los rumores que había sobre los leones, por otra parte ellos siempre parecían estar en
algo raro…
—De todas formas, creo que algo le sucede a Potter—exclamó Draco sacando a Blaise de sus
pensamientos.
— ¿A qué te refieres?
—No sé exactamente, seguí a sus amigos y estos lo esperaron mucho tiempo fuera de la
oficina del director, luego se encerraron en una habitación mucho rato.
—Estoy preocupado. —dijo, y se veía que le costaba admitirlo. —solo quiero saber que le
sucede.
—Draco… que hayas descubierto que es gay no significa que tú le gustes o algo así.
Zabini suspiró y colocó una mano en el hombro de su amigo. ¿Podía decirle que no a algo
que le pidiera Draco?
Capítulo 8.
Voldemort miraba al mortifago que tenía a sus pies con indiferencia, el pobre hombre
agonizaba bajo las imperdonables que le lanzaba sin apiadarse ni un segundo.
Estaba furioso.
¿Cómo era posible aquel error? Había perdido su mejor oportunidad por desesperarse. En
cuanto le dieron el aviso de que un grupo de sus mortifagos tenían acorralado a Potter, no
dudó en ir y aprovechar el momento.
Se había estado preparando con un hechizo mortal, incluso había logrado conseguir una
difícil y casi inexistente poción que le daría la capacidad necesaria para realizar el Corpore
Inclusus. Estaba destinado a ser para Albus Dumbledore, no solamente debía sacar a Potter,
sino también a Dumbledore, y con el viejo mago necesitaba algo poderoso. Dumbledore
lograba detener o esquivar todos sus avadas, pero ese hechizo era más que perfecto, no podía
ser detenido.
Lanzó otro hechizo que provocó que el mortifago a sus pies se retorciera.
Ahora tenía tres días estando demasiado débil para volver a dirigir algún ataque, y lo peor de
todo es que no podría volver a arrojar ese hechizo que con tanta dedicación había preparado.
Pero también había algo que lo tenía confundido, un detalle, algo que le tenía muy intrigado y
que no comprendía del todo. Tenía la extraña sensación de creer que el hechizo si estaba
funcionando. Era algo extraño, en los textos en donde leyó el Corpore Inclusus hablaba de
una conexión donde quien realizó el hechizo podía sentir el avance de la maldición en el
hechizado, y sin embargo era como sentir y no sentir a la vez ¿se estaba volviendo loco ya?
Quizás era más una paranoia por haber fallado. Incluso, por un momento llegó a pensar que
Dumbledore, al ser tan poderoso, estaba bloqueando con su magia esa "conexión" que se
creaba al lanzar ese hechizo y por eso no lo notaba, pero descartó la idea considerando que ni
el viejo mago era tan poderoso.
Pero estaba bien, aquello no importaba lo más mínimo, no se revolcaría en su fracaso durante
demasiado tiempo. Jamás se había rendido ante un contratiempo como aquel y, de todas
formas, ya tenía una idea rodando en su mente acerca de su siguiente movimiento.
El día siguiente, jueves, fue inevitablemente caótico para Harry. Tuvo que volver a la oficina
del director temprano en la mañana cuando McGonagall entró a buscarlo antes de que bajara
al comedor por un gran detalle: Sirius.
Cuando Remus le contó lo que estaba sucediendo, a Black por poco y le da un infarto.
Incluso el licántropo llegó a pensar que su compañero podría sufrir de un ataque de ansiedad
en cualquier momento. Mientras los chicos dormían, Dumbledore no perdió tiempo y avisó
de la situación a los Weasly y a McGonagall mientras Remus hacia lo mismo con Black.
Lupin se ahorró muy bien el decirle a Sirius que la maldición había golpeado a Harry por
proteger a Severus —eso traería más problemas, peleas y reclamos que en verdad no
necesitaban en ese momento—, pero le explicó todas las razones por las que debía recordar
no decirle toda la verdad a Harry acerca de su situación. Al principio no le pareció, decía que
su ahijado tenía todo el derecho de saber la verdad, pero luego llegó a entender lo difícil que
sería para Harry pasar por todo aquello si le quitaban la esperanza de creer que sabían acerca
de la cura. El saber que podría hacer un hechizo para retener el avance de aquella maldición
fue un alivio, y tuvo que tragarse todas las ganas de quejarse cuando supo que lo haría Snape.
Podían tildarlo de inmaduro en muchas ocasiones, pero sabía cuándo contenerse, y si aquella
era la mejor manera de ayudar a Harry, no discutiría.
En cuanto vio a Harry cruzar la puerta, no pudo evitar abrazarlo fuerte. Quizás estaba
empeorando la situación, con sus acciones podría poner a Harry más nervioso, pero no pudo
evitarlo.
—Te prometo que encontraré esa cura lo más pronto que pueda. —dijo en voz baja.
En parte no dejaba de sentirse culpable por ocultarle parte de la verdad a su ahijado, Harry
estaba depositando su confianza en ellos, en él, ¿en verdad estaba haciendo lo correcto si se
sentía tan culpable?
En el Gran Comedor, la primera noticia que recibieron los estudiantes durante el desayuno
fue que todas las clases de pociones de ese día estarían suspendidas. Dumbledore no
especificó razones, y por supuesto que aquello provocó comentarios curiosos de los que no
podían creer que el estricto Severus Snape no diera clases por ese día completo.
Incluso la curiosidad fue lo suficientemente grande para que el tema de las relaciones entre el
trío de oro quedara en un segundo plano.
Como su primera hora era pociones, y después de saber que estaban libres, Draco tomó a
Blaise sin que este pudiera terminar su desayuno y lo llevó hasta sus habitaciones casi
arrastrándolo, ignorando la mirada de su novia al dejarla sola en la mesa. Cuando estuvieron
solos en su habitación, el rubio habló con rostro serio:
—No creo que esté relacionado—Blaise decidió sentarse en su cama, sabía que su amigo
estaba relacionando a Snape con Potter, lo conocía demasiado bien para no darse cuenta, y
más con la expresión que había puesto mientras escuchaba las palabras del director.
Draco se cruzó de brazos, ofendido por que su amigo dudara de su capacidad de análisis.
— ¿Cuándo Snape ha cancelado una clase? Ahora será el día completo —alzó una ceja para
dar más énfasis.
— ¿No puedes pensar que es una simple coincidencia? — Preguntó, obteniendo una fría
mirada como respuesta— Bueno, pero eso no significa nada. — ¿Cómo las dos cosas pueden
estar relacionadas? No le encontraba el sentido para nada en lo absoluto. Quizás su amigo se
estaba volviendo paranoico.
—Draco, Snape trabaja para Lord Voldemort, —recordó Blaise, lo sabía muy bien por haber
escuchado la conversación de sus padres. Aunque tanto él como Draco no querían ser
mortifagos, no podían evitarlo y eran llevados a muchas reuniones de sus padres donde
hablaban de ese tema. Incluso de que en poco tiempo ellos mismos se unirían a esas filas. —
Si Harry estuviese enfermo no le prepararía una poción para ayudarlo.
—Si se lo pide el viejo come caramelos sí. —afirmó. Aunque sabía muy bien que Snape
trabajaba para Lord Voldemort, seguramente si el director le pedía algo no podría negarse.
Sabía muy bien que el mismo profesor era quien abastecía de pociones la enfermería ¿Por
qué no un pedido especial de Dumbledore?
—Pero en ese caso si es algo tan catastrófico como te lo estas imaginando ¿no se lo diría
Snape al señor oscuro?
Buen punto pensó Draco ¿Eso significaba que Snape ya le había contado o le contaría de la
situación de Potter?
Blaise tuvo una idea, se pateó mentalmente diciéndose que se estaba juntando demasiado con
Draco.
— ¿De qué hablas? —arrugó el entrecejo intentando pensar a que se refería. ¿De qué sería
Snape culpable?
—Podríamos equivocarnos, que haya salido por otra cosa, o que este aquí y molestarlo no
nos traería nada bueno. —no pudo evitar encogerse de hombros, no quería que apoyar a
Draco significara molestar a Snape y correr el riesgo de perder puntos para su casa.
—No te preocupes Blaise, —dijo pensando en sus posibilidades—yo puedo hacer esa parte
solo.
—Ya, pero una duda ¿Qué harás si es culpable? O si no lo es ¿Qué harás si le ha contado a
Voldemort la situación? —Blaise se veía muy preocupado por Draco, podía meterse en
problemas serios si seguía con sus ideas de ayudar a Potter— ¿Recuerdas que Snape es tu
padrino y que él y tu padre están del mismo lado?
Aunque tenía muchos de los ideales de los Sangre Pura, no estaba nada feliz de tener que
servir a un loco sádico con problemas de ira. Nunca había deseado unirse a las filas de
Voldemort, y con el único que podía compartir aquel pensamiento era con Blaise.
Odiaba mas a su padre por obligarlo a servir al señor oscuro que por obligarlo a estar con
Pansy, y eso ya era mucho decir.
Severus había empezado a preparar la poción desde antes de que amaneciera, ni siquiera
había pensado en bajar al comedor a desayunar para no tener que detenerse, de todas formas
concentrado como estaba no sentía hambre. Apenas se dignó a pedirle a uno de los elfos que
le prepara un té. Necesitaba preparar la poción lo más pronto posible, luego podría
prepararlas en las noches sin tener que interrumpir sus clases.
Mientras cortaba los ingredientes de forma meticulosa, solo podía pensar en que aún no le
habían dicho a Harry la parte que correspondía al ritual, y siendo sincero, tenía ansiedad por
saber cómo se lo tomaría. No estaba seguro de que fuera demasiado del agrado del chico el
tener que dormir con él. Seguramente el director o el lobo le dirían mientras avanzara el día.
Potter...
Los pensamientos que tenía sobre que el Gryffindor a veces le daba indirectas debía de
descartarlos, y más en aquellas circunstancias en donde debía de actuar como el adulto
responsable que era. Se trataba de que ahora sería obligatorio para mantener su vida que el
chico estuviera con él, y debía ser muy canalla si se aprovechaba de aquella situación.
Todos aquellos pensamientos que lo habían vuelto loco cuando se enteró de la especie de
relación de Potter con Weasly volvieron a atacarlo, esta vez quizás con más peso y más
insistencia. Aquello le habia afectado por que en cierta forma se habia encariñado con el
muchacho, y ahora estaría tan cerca de él...
Pero no, debía mantenerse centrado en todo momento, no iba a sobrepasar la confianza de
aquel chico, incluso ya estaba llevándose bien con él, y en verdad no deseaba que esa
pequeña "cortesía" que tenían, se esfumara por aquello.
Aun cuando secretamente has disfrutado la idea de poder hacer el ritual para él...
Ahuyentó ese pensamiento con rapidez y se dijo así mismo que se ofreció a hacer el ritual
porque Harry salvó su vida, y nada más. También debía recordar el hecho de que ya Potter
estaba al parecer en una relación con Weasly, así que seguramente al chico no le debía
agradar nada la idea de tener que estar en una cama con su maestro de pociones.
Miró a su alrededor la mesa en la que estaba trabajando. Gracias a Merlín por lo menos tenía
todos los ingredientes. Dos de ellos eran raros y tenía suficiente en almacén para prepararla
dos veces, pero ya había hablado con el director acerca de conseguir más.
Gracias a ellos estaba un poco más tranquilo, incluso le habían hecho entender que si
Dumbledore, Lupin y Snape le prometían la cura, solo necesitaba esperar.
— ¿Y ya sabes cómo es? —preguntó Hermione fuera del salón a la espera de su siguiente
clase. Les había contado lo que ella sabía, pero no era demasiado debido a la falta de
información en donde lo había leído.
Además, el Minuere, aunque no era considerada magia negra, tampoco era del todo blanca.
La poción contenía tres diferentes tipos de sangre, y el ritual involucraba sangre. Además que
el proveedor de vida —quien realizaba la poción y daba parte de su energía—debía ser muy
capaz cuando recitara el hechizo. Así que no era un simple encantamiento que encontrarían
en cualquier libro.
—Dumbledore me dijo que S me explicaría. —les dijo Harry mirando a sus compañeros
distraídamente.
—Seguramente le da pena decirte que tienes que acostarte con código S—bromeó Ron en
voz baja, evitando los oídos curiosos—seguramente le pasa como a mí, que se estremece tan
solo de pensarlo.
—Si a Harry le gusta no será tan malo. —recordó Hermione, intentaba buscarle el lado bueno
a toda esa catástrofe.
—Pero aún no se si yo le gusto, —Harry lucía un poco ansioso, como si la idea de que al
final de todo no le gustara a Snape ni un poco—y seria...raro.
—Si no le gustas de esa forma por lo menos afianzaran la amistad—atinó a decir el pelirrojo.
—Está bien, —respondió—de todas formas, yo ya había decidido ser un poco más directo.
— ¿Te le vas a declarar? —Hermione estaba verdaderamente sorprendida, no se esperaba que
Harry terminara de decidirse por expresarle sus sentimientos al maestro abiertamente.
—Eso estaba pensando antes de saber que tengo esto y, quizás pueda aprovechar que,
literalmente, "eso" va a suceder.
—Conseguirás sexo antes que un beso— mencionó su amigo dándole una palmada en la
espalda— tu siempre vas un paso adelante Harry.
Harry no pudo evitar que el pensamiento se le hiciera un poco hilarante, pero no agregó nada
más cuando Flitwick les abrió la puerta para entrar al salón.
Draco se había pasado toda la mañana esperando a que Snape apareciera. Cada minuto que
pasaba le martilleaba en la cabeza confirmando la hipótesis. A su lado, Blaise lo miraba sin
opinar nada, cuando su amigo se concentraba era realmente difícil sacarlo de esa especie de
"trance." Y quizás eso hizo que Pansy—quien tenía desde su llegada hablándole— terminara
por explotar.
— ¡¿Puedes prestarme atención por un maldito minuto?! —los dientes de la chica estaban
firmemente apretados, y Blaise pensó que se le rompería la mandíbula en cualquier momento.
Draco dejo de ver la mesa del profesorado y la miró a ella con hastió.
—Que me prestes atención ¿es mucho pedir? —Él rodó los ojos y ella se enojó aún más—
Tengo toda la comida hablándote, y tú como idiota mirando hacia la maldita mesa de
profesores.
—Vamos Pansy, quizás solo está pensando en algo importante—intentó tranquilizarla Nott
colocando una manos sobre el brazo de ella, pero la chica se lo quitó de encima con
brusquedad.
—Hijo de pu...
—Muy bien, —Blaise detuvo el claro insulto de la chica, temiendo que empezaran a pelear
en serio frente a tanta gente—Draco, acompáñame a buscar mi libro de... mi libro. Lo dejé en
el dormitorio y lo necesito para la siguiente clase.
No dio tiempo a una réplica por parte de Draco ni de Pansy, se levantó y tomó a Malfoy del
brazo para que hiciera lo mismo, tal cual había hecho el rubio con él en la mañana. Salieron
del Gran comedor bajo la cortante mirada de Parkinson.
—Por tu culpa ya he perdido dos comidas, —resopló Blaise cuando cruzaron las puertas
dobles.
—No es culpa mía, —se escudó sintiéndose ofendido, estaba bastante enojado con Pansy—
esa idiota me pone los nervios de punta.
—Lo se Draco, pero se supone que es tu novia. No te puedes dar el lujo de que ella se queje
con tu papá.
Draco asintió recordando esa parte. El no tener problemas con Lucius era lo único que
evitaba que no mandara a Pansy a la mierda y le aguantara todos sus berrinches.
Se frotó la cara con frustración y en un segundo y sin avisar a su amigo, empezó a caminar.
— ¿Que?
—No tardaré demasiado—dijo sin detenerse y siguió caminando hacia las mazmorras, saldría
de esa duda en ese instante.
Había acompañado a sus amigos al Gran Comedor, pero el no poder saborear nada provocó
que realmente no comiera.
Sus amigos lucían preocupados, y Hermione intentó que comiera algo, pero el simplemente
decidió beber un jugo —que no le supo a nada— pero que por lo menos solo necesitaba
tragar sin masticar.
Se fijó casi sin querer en Malfoy y su grupo de amigos, parecían estar discutiendo por algo,
principalmente Pansy Parkinson. Luego vio como Draco y Blaise salían del Gran Comedor
con prisa.
— ¿Te sorprende? —Preguntó Ron al tiempo que se giraba para ver mejor—son serpientes,
no pueden aguantar ni su propio veneno entre ellos.
—No deberían, Pansy y Draco son novios, se supone que deberían llevarse bien.
Draco fue directamente a las habitaciones privadas de Severus, tocó la puerta sin pensarlo
demasiado, pero no obtuvo respuesta.
La tercera vez, tocó con más fuerza, si Snape estaba en sus habitaciones privadas debía
escucharlo sí o sí.
Le quedaban en aula de pociones y el despacho del maestro, y decidió ir al último antes que
al aula. Si la opción de que estuviera haciendo una poción era cierta, podría encontrarlo ahí.
Esta vez decidió no tocar la puerta y entrar al despacho directamente. Había otra puerta en el
fondo, tras el escritorio del pocionista, que daba a un cuarto que el maestro usaba para
preparar las pociones y que —y esto Draco no lo sabía— era el mismo que usaba para
entrenar a Harry.
Se acercó a la puerta dispuesto a abrirla, pero esta se abrió y Snape apareció mirándolo
severamente.
Bueno, Draco había salido de la duda de si habían despedido a Snape, claramente no. De
todas formas podía significar que si estaba ayudando a Harry por órdenes del director. Y no
podía descartar que si Harry tenia algo malo, este no se lo dijera al señor oscuro.
Pero antes de pensar en nada más, debía salir de la situación en la que se encontraba. Sonrió
antes de responderle a Snape, un Malfoy siempre tiene un plan de respaldo.
Cuando la noche llegó y volvió a ir con sus amigos al Gran Comedor para la hora de la cena,
sucedió lo mismo que en las otras comidas, realmente no comió nada. Fue más bien para
acompañarlos, porque entre su problema y su ansiedad de que en breve debía ir con Snape, le
sería casi imposible pasar comida a través de su garganta.
Sus amigos estaban hablando acerca de su plan de estudios sobre Defensa Contra las artes
oscuras, se habían saltado el jueves, así que Hermione estaba hablando de doblar la cantidad
de hechizos que estudiarían el sábado. Se unió a la conversación para intentar despejar su
mente y, luego de la cena, se quedaron hablando en su sala común acerca de cómo iban los
preparativos de la fiesta de disfraces. Cuando la hora indicada llegó, se levantó con ansiedad
y caminó directo a las mazmorras.
Beso inesperado
Durante todo el camino había intentando reunir todo el valor posible, pero ahora, estando de
pie frente a la puerta de las habitaciones privadas de su maestro de pociones ¿Cómo debía
sentirse sino era nervioso?
Ni siquiera en todas las veces que había estado con Snape a solas entrenando se había sentido
tan ansioso, y era lógico, aquello era una situación muy diferente, algo que jamás se había
imaginado. Tocó después de reunir toda su valentía, —ni estando frente a Voldemort sentía
miedo como en ese momento— y no esperó ni dos segundos antes de que Snape abriera la
puerta.
Severus le miró de arriba abajo, el chico estaba retrasado por unos diez minutos, y estuvo
tentado de hacer algún comentario acerca de su acostumbrada impuntualidad, pero se detuvo
al analizar que el chico debía estar ya bastante nervioso para decir algo que le avergonzara
más.
—Adelante, Potter.
Jamás había entrado a las habitaciones de Snape, eran más diferentes de lo que había
imaginado. El lugar se sentía cálido, acogedor incluso, y era extraño puesto que pensaba que
toda habitación en el área de las mazmorras seria fría y espeluznante.
Habitación...
Severus le hizo señas hacia la puerta de la habitación y Harry entró en ella. Era igual que la
sala anterior, acogedora y apacible, pero la cama central con sabanas oscuras le sobrecogió.
Vio al maestro entrar con un frasco y una daga en las manos.
—Esta es la poción.
— Por lo menos no la puedes sentir en la boca —dijo Snape recordando que el mismo había
tenido que beberla antes de traérsela a Harry y sabia lo desagradable que era.
Con la mano libre, Severus tomó su varita y recitó la primera parte del hechizo. Era largo, y
Harry admiró su capacidad para decirlo de memoria. Sabía que debía permanecer quieto y en
completo silencio para no provocar que el mayor perdiera la concentración. Mientras
esperaba, su vista fue acomodándose a la oscuridad, y pudo distinguir los rasgos del rostro de
su maestro. Estando tan cerca de él, con tantas ganas de besarlo...
Este hombre siempre huele bien. Pensó mientras el otro se acomodaba en la cama. Aun con
todos sus nervios, pensó que podría aprovechar la situación. Volvió a tener la determinación
de antes, había quedado que sería más directo con Snape, ¿sería un pecado intentarlo?
Cuando terminó, Snape le dijo en voz baja que se recostara, sin necesidad de verlo, podía
notar que Harry se había tensado aún más con solo decir eso, así que cuando él también se
acostó colocó su mano en el hombro del menor.
Harry se estremeció ligeramente bajo ese toque ¿Snape daría el primer paso? Colocó una
mano en el pecho de su maestro, sintiendo aquel toque tan esperado para él, teniéndolo tan
cerca.
—Intenta relajarte, —escuchar la voz grave de Severus tan cerca no lo dejaba relajarse en lo
absoluto, todo lo contrario— este ritual es sencillo.
¿Sencillo? No sabía cómo sentirse ante el hecho de que se refiriera a que tendrían sexo como
algo sencillo.
—Supongo que es una forma de decirlo... ya sabes, con eso de que involucra sexo...
Snape lo miro detenidamente, y carraspeó su garganta sintiéndose ligeramente incómodo.
— ¿Solo es dormir abrazados? —la vergüenza que estaba sintiendo era indescriptible. En su
cabeza había rondando demasiadas ideas, y ahora quedaba mal frente a Snape.
—El Minuere fue creado por un gran mago para ayudar a su esposa, ella estaba muy enferma
y—parecía no querer continuar por el bienestar de su alumno que ya de por si estaba más que
avergonzado—digamos que ella estaba demasiado enferma para algo más que solo dormir
abrazados.
—Oh—fue lo único que pudo emitir. Retiró la mano del pecho de Snape como si quemara, al
menos la oscuridad evitaría que el otro pudiera ver su sonrojó incrementando.
—Pensé que Dumbledore te había explicado, —se disculpó Snape, debía haberle preguntado
desde un inicio si conocía todo del hechizo—parecías conocer los pasos.
—No—dijo intentando hacer su voz parecer normal—Hermione había leído algo acerca de
esto, pero no mucho, por eso pensamos que...
No continuó, no tenía que mencionar lo que habían pensado, lo había dejado bien en claro
¿Podía morirse en aquel momento? Toda su confianza se fue a la mierda, aquel deseo de
aprovechar la situación ya no le llamaba nada la atención.
Por lo menos e mayor no hizo intento de aumentar su vergüenza con otro comentario.
Sintió que Severus besó su cabeza ¿aquello era parte del hechizo? Seguramente si, y no
preguntaría puesto que ya no quería verse como un estúpido. Luego se sintió envuelto en un
firme abrazo por esos fuertes brazos y Severus volvió a recitar unas palabras que no pudo
comprender del todo.
Y no sintió cuando delicadamente Severus le retiró los lentes para que no le estorbaran al
dormir.
En algún punto en todo el día, tuvo miedo de tener una pesadilla y molestar a Snape en medio
de la noche. Pero no tuvo ninguna. Su sueño fue apacible, como hacía mucho no dormía.
Nada de Voldemort, nada de muertes, nada de sentir el miedo o el terror de perder a un ser
querido.
Despertó temprano, o mejor dicho, lo despertaron temprano. Sintió que alguien le removía el
hombro y le llamaba, pero él no quería hacerle caso, hacia demasiado tiempo que no dormía
tan bien, era injusto que le arrancaran su paz tan rápido.
Pero él necesitaba despertar para darle un informe al director, y Potter necesitaba despertar
para poder revisar si había funcionado el Minuere. Cuando vio que el chico parecía abrir los
ojos e intentaba enfocarlos en él, aclaró su garganta y habló:
—Quítate la camiseta—dijo
A Harry se le fue todo el sueño de repente ante esa frase. Veía a Severus bastante cerca de él,
aunque algo borroso. ¿En qué momento se había quitado los lentes?
—Ah, el símbolo—repitió. A veces se sentía tan estúpido cerca del hombre ¿para que si no
era eso?
Obedeció y Severus repasó el símbolo que tenía. Colocó su mano encima de esta y sintió el
ligero cosquilleo característico. Harry tragó saliva bajo ese toque.
—Creo una conexión—explicó el mayor—solo nos resta ver que tan bien funciona.
Harry se levantó y se acomodó un poco la ropa que se había arrugado mientras dormía.
Severus anotó mentalmente que para la próxima, le conseguiría una pijama.
Aunque a Harry le encantaba estar con su maestro, la vergüenza que había pasado en la noche
aun le seguía carcomiendo, y tenía la imperiosa necesidad de retirarse donde el otro no
pudiese verlo, así que sin mediar más palabra se dirigió a la pequeña salita para ir
directamente hacia la puerta.
Pero antes de salir, pensó que debía disculparse por lo que había sucedido.
—Supongo que podrá decirle a sus amigos que su odiado profesor no dañó su virtud. —
Severus estaba a unos pasos de él, intentó sonar sarcástico, aunque a sus oídos sonaba
ligeramente dolido—De esa forma el señor Weasly no estará enojado o celoso.
—Nunca pensé que usted fuera de los que escuchan las tonterías que dicen los estudiantes por
los pasillos.
— ¿Y su tipo es? —no pudo evitarlo, esas palabras habían salido de su boca sin siquiera
pensarlo. ¿Para qué? O ¿Por qué quería saber eso?
Más serpiente.
¿Qué mierda significaba aquello? Severus a veces pensaba que Harry quería volverle loco,
debía de ser eso. Por qué no podía creer de nueva cuenta que aquello eran indirectas para él
¿o sí? No, definitivamente no. Estaba confundiendo la amistad que tenía con el chico con un
deliberado coqueteo, y su mente le estaba jugando una mala broma.
En cuanto Harry salió, se preparó y fue a la oficina de Dumbledore quien ya lo debía de estar
esperando. No se equivocó cuando vio a Albus con mirada expectante.
—Así parece. Sentí la señal de la unión —dijo recordando cuando había colocado la mano
sobre la marca del pecho de Harry, sintiendo la conexión — pero sabes que solo nos tocara
esperar y ver como evoluciona.
Dumbledore asintió, lo malo del Minuere es que realmente no había una forma de saber cómo
estaba funcionando más que ver cuánto se retrasaba la evolución. Pero confiaba en que había
salido bien, Severus era un mago muy capaz.
—Perdió el primer sentido en menos de tres días luego del hechizo, —analizó recordando los
sucesos del ataque del domingo— solo nos restara esperar ver cuánto logramos retrasar hasta
el segundo sentido.
Severus tomó de su té y, al tiempo que colocaba la taza nuevamente en su lugar, recordó algo
importante.
—Sirius se está preparando para partir en la tarde. —dijo Albus tomando un caramelo de
limón, la noticia de que al parecer el Minuere podría estar funcionando bien y de que no
tuvieron ningún contratiempo al lanzarlo le estaba devolviendo el buen humor— Al parecer
es alguien que conocía a quien sufrió de esta terrible maldición.
— ¿Le dejaran a ese perro un trabajo tan importante? —Severus frunció el entrecejo, no
pensaba que Black era la persona más idónea para realizar un trabajo de ese tipo. No lo
consideraba apto para ningún trabajo en realidad.
—Vamos Severus, —sonrió el director, en cierta forma le divertía que en ningún momento
esos dos perdieran su rivalidad— sabes que si se trata de Harry, Sirius se lo tomará enserio.
—Hizo una pausa para tomar de su olvidado té, tan dulce como siempre—Además, en dos
días es luna llena, —recordó—Remus no podrá ir. Es solo una pista para llegar al paradero de
quien Remus recuerda tuvo esta misma maldición, así que estoy seguro que lo hará bien.
Aquello aún seguía sin convencer al maestro de pociones, pero no podía ser de otra forma. Se
perdió en sus pensamientos hasta que el director le volvió a hablar.
—Pensé que tú o el lobo le habían indicado como seria, —su expresión era claramente
acusatorio, no entendía como pudieron pasar por alto algo tan importante—tuvo la increíble
idea de que el ritual involucraba un acto sexual.
Los ojos de Albus se abrieron enormemente, incluso pareció que la comisura de sus labios se
curvaba hacia arriba.
— ¿Por quién me tomas, Albus? — Interrumpió al director con una ceja alzada, ¿acaso estaba
insinuando que se aprovecharía del desconocimiento de Potter? — Sabes que jamás abusaría
de un estudiante.
La expresión del director fue algo indescifrable para el maestro de pociones, de esas
expresiones que ponía cuando sabía algo que los demás no
¿Qué está ocultando este viejo metiche ahora? pensó Severus, esperando que esta vez no
fuera algo que lo involucrara a él.
—Piénsalo tú mismo, quizás yo me he dado cuenta por mis años de experiencia, pero tú no lo
has hecho por tu terquedad.
Severus detestaba cuando no le decía las cosas directamente ¿tanto le costaba no hablar con
indirectas?
El director volvió a beber un sorbo de su té, sin comentar nada más. Se había dado cuenta de
los sentimientos de Harry hacia el maestro de pociones. Era bastante perspicaz, y quizás
Severus no lo notaba por que las atenciones eran hacia él, y bien que había escuchado una
vez que todo el mundo podía darse cuenta de algo, menos el afectado.
No le preocupaba aquello, aunque sería una relación entre un maestro y un alumno, había que
aceptar que Harry nunca había sido un alumno normal. El muchacho había pasado por tanto
que ¿Quién podría oponerse si encontraba a alguien que quisiera? E inclusive, le alegraba que
fuera Severus. El maestro de pociones podía ser difícil de tratar pero sabía muy bien que era
una persona excelente, de un gran corazón dispuesto a sacrificarse por las personas que
amaba.
Era bastante temprano, pero aun así ya muchos se estaban dirigiendo al Gran Comedor para
desayunar. No se sorprendió cuando al entrar en la sala común, Harry se encontró con
Hermione y Ron, aun en pijamas, esperándole.
Los dos parecían haber estado preocupados por verlo llegar, y suspiraron de alivio cuando lo
vieron cruzar el retrato. Tenían curiosidad por lo que había sucedido, pero debían esperar. En
la sala común no podría hablar por la cantidad de alumnos que había y en la habitación de
Harry y Ron aún seguían Longbottom y Seamus. Decidieron cambiarse y bajar al Gran
Comedor y buscar un lugar aislado, pero allí fueron abordados por Ginny que pedía ayuda a
Hermione sobre una tarea y por Dean. Como en las primeras clases de ese día Harry y Ron
tenían horario diferente a Hermione, tuvieron que esperar hasta la hora de la comida, y esta
vez fueron a la biblioteca para que no volver a ser interrumpidos. Ron se quejó de no poder
comer pero hasta él estaba harto de que se entrometieran. Además los tres tenían pociones en
la tarde, y en cierta forma querían saber que había sucedido antes de ver a Snape.
—Te guardas los detalles—dijo Ron sin querer escuchar ciertas cosas.
—Nada de lo que están pensando — explicó haciendo una seña con una mano—El hechizo
no llevaba...eso. Solo era dormir abrazados.
—No quiero romper su burbuja—dijo Ron sin querer lastimar a su amigo—pero lo tuvo en su
cama y no intentó nada, aun después de ver que Harry estaría dispuesto a eso. Quizás en
verdad no le gusta.
—Tal vez notó que en verdad Harry no sabía y no quiso aprovecharse—dijo encogiéndose de
hombros, en verdad quería creer que su amigo tenia oportunidad. De todas formas, decidió
cambiar el tema a algo más importante — ¿Cómo te sientes? ¿Funcionó?
—Supongo que sí. Snape me dijo que lamentablemente no crea un retroceso, así que no
podré volver a sentir los sabores hasta que encuentren una cura, —su expresión se volvió
inevitablemente sombría, saber que estaría así hasta que encontraran el contra hechizo no
sería fácil de sobrellevar—pero por lo menos no perderé nada más, por ahora.
Ron levantó la vista un segundo, y puso una mueca de asco al ver quien se estaba acercando a
ellos.
Draco terminó de acercarse a la mesa donde estaban los Gryffindors, y miró directamente a
su objetivo principal.
— ¿Qué quieres Malfoy? —Ron seguía enojado por los puntos que había perdido debido al
hurón, y pensaba que seguramente estaba ahí para molestarlos de nuevo, lo raro es que esta
vez venia solo, sin sus guardaespaldas.
—Quiero hablar contigo Potter, —dijo, y al ver que los otros dos no se movían, agregó— a
solas.
—Eso ni soñarlo Malfoy—Ron no dejaría a Harry a solas con Draco para que lo metería en
problemas. Ni siquiera a Hermione le gustaba esa idea, y apoyó a su novio en no dejar a su
amigo solo con el rubio.
Harry lo miró por un segundo, el rubio tenía una mirada que jamás había visto y era extraña.
— ¿O no puedes hechizarlo aquí? —preguntó Ron, creía que claramente aquello era una
manera de hacerle algo a Harry, y debido a la maldición que su amigo tenia, él y Hermione lo
estaban cuidando aún más.
Harry estaba atento a Draco, se notaba que el rubio estaba haciendo un gran esfuerzo para no
explotar por las acusaciones de Ron, y eso de por si era algo extraño. Malfoy jamás se había
contenido nada, por lo que parecía que sea lo que sea que tuviese que decirle, era algo
importante. Con un suspiro de resignación se levantó de la silla bajo la atenta mirada de los
otros tres.
— ¡Harry!—exclamaron Ron y Hermione al unísono. Aquello no les parecía para nada una
idea prudente.
Cuando se colocó a un lado de Draco, este le hizo una seña para que le siguiera fuera de la
biblioteca y luego, en completo silencio, caminaron a través de unos pasillos. Harry comenzó
a preguntarse si en verdad sería una trampa para hacerle alguna broma pesada cuando notó lo
solitario de los pasillos, pero no dijo nada y entró en el aula en desuso que Draco le señaló.
Cuando Draco cerró la puerta tras de sí, Harry por fin habló.
Draco había decidido ser directo, así que se cruzó de brazos y preguntó: — ¿De que estas
enfermo?
— ¿De qué mierda hablas? —entrecerró los ojos, ¿Acaso Draco sabia...?
—Estás enfermo, lo sé. —afirmó el rubio con voz firme, pero luego suavizó un poco el gesto
antes de agregar: — Quiero ayudarte.
— ¿Te has vuelto loco? —Ahora se estaba sintiendo arrepentido de haber aceptado hablar
con él—No tengo idea de lo que estás hablando.
—Te seguí antes de ayer. —Confesó, colocándose un mechón de pelo tras la oreja en un
gesto nervioso — sé que tienes algo malo, no sé qué es, pero estoy seguro que es algo grave.
Harry se quedó paralizado, se suponía que nadie debía enterarse. La furia comenzó a
aumentar en él cuando comenzó a ver al rubio frente a él como un verdadero enemigo.
— ¿Qué me detiene de hechizarte ahora? —preguntó con los puños apretados. Arrepentido
enormemente de haber accedido hablar con él.
—Estoy preocupado por ti. —el orgullo característico Malfoy parecía haberse esfumado, pero
tan furioso como estaba, Harry no podía darse cuenta de aquello. Draco dio un paso hacia el
Gryffindor, pero eso empeoró todo.
— ¿Esa es la nueva táctica del señor Oscuro? —Explotó intentando alejarse del rubio— ¿Se
cansó de atacarme y ahora le dice a sus lacayos que intenten ser mis amigos?
— ¡Claro que no! —Se levantó la manga del brazo izquierdo, dejándolo al descubierto— ¡Yo
no soy un mortifago!
— No todavía, —espetó con furia—pero es obvio que lo serás. ¿Fue el quien te dijo que
verificaras si ya estaba funcionando su maldición?
— ¿Te sorprende? —Harry solo podía creer que Draco se estaba burlando de él ¿Qué más si
no era así?
— ¡¿Puedes callarte y escucharme?! —gritó, por suerte no podían escucharlos desde donde
estaban.
Draco se estaba desesperando, nunca había tenido demasiada paciencia, y menos para
aguantar a Potter gritándole sin dejarle explicarse.
—Ve y dile al maldito Voldemort que lo logró, ¿No es eso lo que ustedes querían desde un...?
Fácil, besándolo.
Draco se había adelantado y sin que el otro lo esperara, unió sus labios en un beso que había
deseado desde hacía mucho tiempo. Por un momento, el desconcierto de Harry ante esa
acción no le dejó moverse, pero luego apretó el puño y le estampó un puñetazo a Draco en la
cara.
Tan solo un día había transcurrido desde que hizo el ritual con Snape y Draco le besó, y
mirando en retrospectiva, esa quizás fue una de las semanas más extraña y tormentosa que
había tenido en su vida.
Desde que había sido maldecido el domingo, hasta que fue el chisme principal del colegio —
aunque eso no era gran novedad— porque los estudiantes especulaban acerca de su relación
amorosa con sus amigos. Luego pasó a estar en la misma cama que Severus, —
experimentando una gran vergüenza creyendo algo que no iba a suceder— hasta ser besado
por Draco el viernes a mediodía.
Por lo menos la semana parecía terminarse ya. Era sábado y gracias a Hermione habían
adelantado la mayoría de sus deberes —ventaja número dos de tener a Granger como amiga
—. Después del desayuno habían quedado con el equipo de Quiddicth para practicar, y ya en
la tarde retomarían la sesión de estudios, como todos los sábados en la tarde.
Se estaban dirigiendo al campo de Quidditch, Ron y Harry con sus uniformes puestos
mientras Hermione continuaba preocupaba.
— ¿Crees que sea una buena idea? —preguntó su amiga mientras los tres salían al campo de
Quidditch. —puede que sea peligroso con respecto a la maldición que tienes.
Harry se encogió de hombros, dudaba bastante que montar su escoba le afectara en algo.
—Estará bien, — respondió Ron en defensa de su amigo, sabiendo lo mucho que este quería
salir a volar— no parece que afecte su fuerza física.
—No creo que se oponga, además, la maldición no dice nada acerca de no poder montar una
escoba. —contestó Harry dedicándole una corta sonrisa. Entendía muy bien la preocupación
de Hermione, y hasta se sentía agradecido de que sus amigos se preocuparan tanto por su
salud, pero él necesitaba aquello. Volar era una forma de escape ante todo lo que siempre
amenazaba su vida, y en aquel instante, con una maldición sobre él, era lo que más
necesitaba.
Cuando llegaron al campo se fijaron que aún no llegaban el resto de sus compañeros. Ron
murmuró algo relacionado a la impuntualidad, a lo que Hermione rio debido a que su novio
era quien solía ser el impuntual.
— ¿Oye, y crees que Malfoy quiera molestarte hoy? —preguntó Ron mientras comenzaba a
estirarse ligeramente.
Al final no les dijo que Malfoy le había besado. Estaba plenamente convencido que aquello
era una broma muy pesada para hacerlo sentir mal por su sexualidad o algo por el estilo, y
quería evitar que Ron —cuyo enojo hacia Draco estaba en un tope muy alto— hiciera una
estupidez y perdiera puntos por intentar vengarse del rubio.
Solamente les había contado —y porque lo consideraba demasiado importante— que Malfoy
parecía saber acerca de la maldición que tenía.
Pero para ellos era algo fácil suponer que Draco lo sabían, pues los mayores no habían
compartido con ellos la suposición de que probablemente Lord Voldemort no lo sabía.
Que difícil aprenderían que ocultar tantas cosas podía ser aún más letal que una maldición
antigua.
Sentado en lo alto de las gradas estaba Malfoy acompañando de Blaise. Draco parecía mirar
directamente hacia ellos, a Harry en específico, mientras Blaise le susurraba algo.
Hermione pensaba comentar algo, pero en ese momento vieron a sus compañeros de equipo,
y ella decidió irse a las gradas a vigilar que nada malo sucediera. Podrían olvidarse de Draco
por aquel momento, dudaba mucho que intentara algo con tantos leones siendo ellos solo dos
serpientes.
—Te das un beso con Potter y ya andas como estúpido—chilló Blaise sin poder detenerse.
Draco lo miró con alarma, estaban en los pasillos de la mazmorra y, aunque su amigo no
había hablado demasiado fuerte, podían haberlo escuchado.
— ¿Qué te sucede, maldición? —preguntó mirando hacia ambos lados, y todo el color se fue
de su rostro cuando vio a Snape acercarse a ellos con paso calmado.
Pero el maestro tan solo pasó a su lado y casi pareció no haberlos notado.
— ¿Te has vuelto loco? —preguntó Draco con los ojos abiertos.
Blaise no estaba loco, estaba enojado. Sentía mucha furia por el beso que Draco le contó le
había dado a Potter, y en verdad no estaba pensando las cosas con claridad. Ahora el rubio
quería ir a ver el entrenamiento del Gryffindor ¡Como si fuera una novia que ve entrenar a su
novio!
—Esto ya es estúpido, ¿te das cuenta? —Blaise bufó, no podía creer que Draco decidiera
vigilar a Potter, y menos de forma tan visible.
—Te dije que no tenías que acompañarme—respondió Draco sin mirarle— no es como si no
pudiera estar aquí yo solo. Además, fuiste muy estúpido, Snape casi nos escucha.
Blaise lo miró por un segundo y suspiró. Realmente no dejaría solo al rubio, no podía,
aunque eso significara acompañarlo para que viera a la persona que le gustaba.
—Estoy seguro que no nos escuchó—dijo Blaise soltando el aire, intentando tranquilizarse.
Él no tenía derecho a sentir celos de Draco, porque solo eran amigos, así que intentó
desvanecer su furia.
Se quedaron en silencio unos momentos, Zabini giró su cabeza para ver a su amigo, el rubio
estaba totalmente concentrado vigilando a los leones en el campo.
—En verdad no puedo creer que hayas besado a Potter—Blaise quería parecer feliz por su
amigo, pero en verdad no podía mantener una sonrisa del todo sincera, tenía suerte de que
Draco no le estaba prestando demasiada atención.
—Sí, ni siquiera yo me lo creo. —dijo con una pequeña sonrisa en su rostro, su mejilla aun
dolía y estaba ligeramente roja, pero aun así pensaba que había valido totalmente la pena.
—En verdad no lo sé. Quiero apoyarlo ahora que sé que está enfermo y...ver si puedo lograr
algún avance. Quiero saber qué es lo que tiene.
—Te has metido en tantos problemas por él, —en ese momento vieron como los compañeros
de Gryffindors llegaban, y comenzaban a practicar—Pansy ha peleado más contigo que
nunca.
—Casi te metes en problemas con Snape—continuó, sin hacerle caso a la interrupción del
rubio—tuviste suerte de que se creyó tu estúpida excusa de que queríamos hacer el trabajo
extra, pero eso significa que tendremos que hacer un maldito trabajo extra.
Blaise lo miró conteniendo las ganas de reír, ¿Qué si alguna vez se había enamorado? Quizás
era por eso que aguantaba todas las estupideces del rubio, no podía ser de otra forma.
Draco no le prestó atención, tan solo se quedó mirando al buscador de los leones.
A su derecha, McGonagall parecía haber preguntado algo importante al director, ya que este
torno su expresión en una de seriedad. Snape intentaba concentrarse en las palabras de
Dumbledore, pero no podía. Estaban en el salón de profesores, donde el director había
reunido a todos los maestros para discutir algo que verdaderamente no estaba entendiendo.
Esas palabras de Zabini dirigidas a Draco le estaban martilleando en la cabeza con fuerza y
determinación.
Si bien el muchacho había dicho que él y Ron no eran pareja, jamás desmintió que fuera
homosexual, entones, ¿se sentía atraído por Draco?
Tenía la misma sensación de molestia y coraje cuando creyó que Harry estaba con Weasly, y
eso le irritaba aún más. ¿Por qué no podía dejar de tener esos estúpidos sentimientos extraños
por su alumno? ¿Por qué le molestaba ver o pensar en Potter con alguien más?
Potter era joven, tenía todo el derecho de estar con alguien, y más por todo lo que estaba
sucediendo en su vida. Si quería que alguien se la alegrara, y ese alguien era otro estudiante
de su edad, ¿Por qué entonces le molestaba tanto?
Sabía que de entre todo, Draco no era tan fiel seguidor del señor oscuro como quería
aparentar. Severus ponía un ojo crítico en todos sus alumnos para saber cuál podría unirse a
las filas del Lord, y Draco parecía estar más bien obligado por su padre a seguir esos pasos.
Así que realmente no podía poner la excusa de que el rubio era un peligro para Harry, o por
lo menos no sería una excusa del todo valida.
Cuando la reunión terminó, Remus colocó una mano sobre Severus para detenerle.
El tema Harry Potter siempre le afectaba demasiado. Salió del salón seguido del otro, quien
parecía estar legítimamente preocupado de que el Minuere fuera demasiado extenuante para
el maestro de pociones y le estaba cuestionando acerca de su estado físico.
Los dos caminaban a través de los pasillos, aunque realmente no se dirigían a ningún lugar en
específico. Lupin torció el gesto, recordando la carta que le dirigió Black y que había llegado
aquella mañana. Sirius había partido la noche del jueves, y seguramente aun le faltarían
varios días para obtener información.
En el silencio de aquel pasillo, Severus expresó un miedo profundo, el cual todos los
involucrados compartían, y ninguno había querido expresar en voz alta.
Remus lo miró con detenimiento. Debido a su experiencia, y más siendo un gran maestro en
defensa contra las artes oscuras, siempre había tenido un plan b.
A veces, las pequeñas cosas son las que resultan más complicadas dependiendo las
circunstancias que se presenten; y una de las cosas más difíciles que le estaban sucediendo
llegó: ir al Gran Comedor.
Él hizo una mueca ante la petición de Hermione, era verdaderamente difícil intentar comer.
Ni siquiera sentía hambre, y probablemente era por el hecho de lo desagradable que le
resultaba el pensar en cómo se sentiría la comida en su boca.
Había dejado de ser molesto para resultarle desagradable. Era algo más allá de simplemente
no sentir el sabor. Pero tampoco podía dejar de comer completamente ¿o sí? Entonces sería
peor todo.
Después de comer se la habían pasado estudiando unos hechizos de Defensa que vieron la
semana anterior en la biblioteca. Ellos se tomaban las sesiones de estudios bastante en serio,
y más cuando comprobaban que al enfrentarse a los mortifagos no quedaban tan en
desventaja como los demás alumnos.
—Ya quiero practicarlo en la sala de los menesteres. —Ron apuntaba información del
hechizo en una hoja en blanco. Hermione lo miró con los labios apretados, si tan solo su
novio fuera la mitad de aplicado en las clases regulares...
Harry los miró. Hermione se inclinó hacia Ron para ver lo que este anotaba, y el pelirrojo le
dio un rápido beso antes de pasarle su hoja para que la viera con más detenimiento.
A veces tenía verdadera envidia de sus amigos. Envidia en el buen sentido, pues quería algún
día tener lo que ellos tenían. Incluso su padrino tenía a alguien que lo quería de esa forma
especial.
Alejó esos pensamientos de su mente, había algo más que quería hablar con sus amigos y ese
parecía ser un momento oportuno.
— ¿Creen que podríamos encontrar en algún libro la maldición que tengo? —preguntó
llamando la atención de los otros dos, había algo que lo estaba molestando de todo aquello,
aparte de la obviedad de que tenía una maldición, y quería ver si podía encontrar información
por sí mismo.
—No sé, —Harry dudó ¿Cómo explicarlo?— me gustaría buscarlo sin que él lo supiera.
— ¿Crees que oculta algo? —Hermione preguntó sin poder ocultar su asombro.
—Quisiera que fuera algo entre nosotros, nada de preguntarle al director, ni a nadie.
Eso implicaba a Snape, Remus y su padrino. Era más bien unas ganas de comprobar algo,
podía parecer que dudaba de lo que le estaban diciendo los demás. Pero él había sobrevivido
al Lord Voldemort desde niño ¿Por qué no confiar ahora en sus instintos?
Hermione pensó esa idea por un segundo, por esta vez no tenía ganas de quejarse si de alguna
forma conseguían el hechizo que golpeó a su amigo.
Harry pensó que dentro de sus infortunios, habían cosas que solo podía catalogar como un
golpe de suerte, y aquella situación lo fue. Llegó la noche y con ella, su deseo de no estar
rodeado de personas.
Como él era parte de la comisión de preparación del baile tenía que ir a la reunión que harían
después de la cena, pero siendo sincero no tenía mucha ganas de ir. Por suerte Ron, quien
estaba celoso desde hacía un tiempo de un Ravenclaw llamado Robert Hollard porque decía
que aprovechaba la situación de la comisión para acercarse demasiado a Hermione, le pidió el
favor de dejarlo ir en su "representación", y de esa forma asegurarse que Hollard se
mantuviese alejado de su novia.
— ¿En serio no te importa que tome tu lugar? —preguntó Ron cambiándose la camiseta. No
quería parecer un novio celoso, pero en verdad quería estar ahí. —sé que a ti te gusta esto de
ser parte de la comisión de organización y eso...
—En absoluto, solo lo tomo como algo para pasar el tiempo—respondió Harry viéndole
desde su cama, aunque se alegraba de que Ron le supliera sin tener que pedirlo, había algo
que debía comentar— pero sabes que Hermione jamás sería capaz de...
—Lo sé. —Cortó Ron, no dudaba de su novia, pero no soportaba la actitud de Hollard—
Solamente quiero ir.
Harry se encogió de hombros. Solo esperaba que su amigo no hiciera una escena de celos que
complicara las cosas.
—Vamos a cenar—dijo Ron con entusiasmo, ya estaba planeando como molestar a Hollard si
intentaba acercarse a Hermione para enseñarle "algo interesante".
La cena fue casi la misma estampa que la comida y el desayuno, una situación difícil. Hizo
todo su esfuerzo por tomar la bebida que Hermione le había pasado, pero no pudo comer
nada de su plato realmente.
Cuando Ron y Hermione se fueron a la reunión de la comisión, Seamus le invitó a jugar Snap
Explosivo con Dean y Neville en la habitación. Al parecer apostarían con retos ya que Dean
había mencionado que nadie podría superarlo.
Harry declinó y viendo que su habitación no sería el mejor lugar para estar tranquilo, decidió
ir a otro lugar donde pudiera estar a solas. En ese momento la Torre de Astronomía le parecía
el mejor lugar para estar.
El aire frio le golpeó su rostro cuando se poyó en el barandal de la torre, y estuvo viendo el
horizonte sin darse cuenta del tiempo, hasta que una voz lo alertó.
—Puede enfermarse si no come, Potter—Harry se giró y se encontró con los ojos oscuros de
su profesor de pociones que lo veían fijamente.
Para Severus no fue una coincidencia encontrarse con el chico ahí, él lo había seguido.
Cuando vio que Harry se separó de los otros dos, tomó la infantil decisión de vigilar y ver
donde iba. Quizás tenía la idea de que se encontraría con Draco Malfoy, y quería ver por sus
propios ojos si en verdad ellos dos tenían algo. Pero Harry solo permanecía ahí, de pie
apoyado del barandal, y no parecía estar esperando a nadie más.
Severus se acercó colocándose junto al menor, sintiéndose tonto por no haber pensado en
aquello.
—De todas formas, — dijo suavizando su tono— no puedes debilitarte dejando de comer. —
Harry sonrió cuando escuchó el tuteo que le hizo — eso complicaría las cosas.
—Lo lamento.
Estando tan cerca, Harry podía sentir el aroma de la ligera fragancia de Snape. Sus ojos se
conectaron y, aun con la poca luz que había, el mayor no pudo evitar pensar que aquellos ojos
verdes eran increíblemente hermosos a su parecer. Severus quiso estirar su mano y tocarlo,
pero no podía exceder ese límite, porque, aunque el Minuere los había involucrado en la
misma cama, fuera de esta no sabía cuánto contacto físico podía permitirse con el chico.
—Recuerde que hoy tenemos la sesión del ritual—dijo y dando media vuelta se fue de aquel
sitió.
Harry asintió y vio como Snape se alejaba. Y se preguntó si algún día podría llegar a besarlo
como tanto había soñado.
Naranja. Parte uno
El beso era lento, cálido, tierno; igual al que tantas veces había repetido en su imaginación.
Cerró sus ojos de forma instintiva, queriendo concentrarse plenamente en cada sensación. Su
cuerpo estaba debajo del mayor, siendo aprisionado contra las suaves sabanas de la cama.
Harry sintió las manos de Snape subir por su cuello y enredar sus dedos en su pelo y no pudo
evitar sonreír ligeramente sin dejar de corresponder al otro. Pensó que la boca de Snape sabía
a vino, y sus labios eran igual de embriagantes y adictivos. El beso era suave, calmado,
necesitado; pero en un segundo esa necesidad aumentó y, en una sorpresa bien recibida,
Severus profundizó aquello.
El más joven no recordaba cómo habían terminado así. Completaron el ritual del Minuere de
esa noche y, sin saber quién empezó o como— y sin importarle demasiado en verdad—, se
encontraron de repente en aquella sublime escena.
Harry sentía los labios cálidos y suaves del otro sobre los suyos, y el pelo de Snape caía de tal
forma que le acariciaba la cara haciéndole ligeras cosquillas. Sus brazos envolvieron la figura
sobre él y se aferró a la espalda del mayor, intentando apegarlo más a su cuerpo, deseando
que el otro jamás volviera a irse de su lado, queriendo convertir ese momento en algo eterno.
A su nariz llegaba la suave fragancia de su profesor.
— ¿Te gusta? —escuchó la voz ronca del maestro preguntar luego de morder su labio
inferior.
¿Cómo podía preguntar aquello? ¿Acaso no se notaba que lo estaba volviendo loco? Cada
beso que le daba, cada caricia en su pelo... aquello era sublime, y era apenas el inicio.
El maestro cortó el beso, Harry hizo un pequeño gruñido en forma de queja. Quería más,
había esperado demasiado tiempo, deseando a escondidas que aquello por fin ocurriera, pero
se obligó a abrir los ojos y fijar su vista en aquellos ojos negros, profundos y hermosos que lo
miraban con adoración.
—Harry, yo...—los labios de su maestro se movieron frente a sus ojos, pero no escuchó nada.
—Repite, por favor—pidió con voz suave e intentó colocar un mechón del pelo de su
profesor tras la oreja de este— ¿Puedes repet...?
Se quedó a media oración cuando se dio cuenta que no sentía el pelo de Snape entre sus
dedos, claramente lo estaba tocando, sus ojos no mentían, pero simplemente no sentía nada
en los dedos.
Miró a Snape preocupado, y casi gritó cuando vio a su maestro intentar decirle algo,
moviendo los labios, pero él no escuchaba nada.
De repente todo comenzó a volverse opaco ante sus ojos, y la figura de su maestro se hizo
borrosa y luego, en un segundo más, todo se hizo negro y la sensación del cuerpo de Snape
sobre el suyo desapareció.
Alzó los brazos intentando encontrarlo, pero se dio cuenta que en la cama junto a él ya no
había nadie más.
Se encontraba solo.
No escuchaba nada.
Intentó volver a hablar, pero la voz tampoco le salía, o no sabía si era su voz o su audición,
por que movía los labios pero ahora nada llegaba a sus oídos.
Parpadeó varias veces, con la esperanza de acostumbrarse a la oscuridad del lugar y poder ver
donde se encontraba, pero tan mortal como un disparo en el pecho se dio cuenta que no
estaba en la oscuridad, simplemente estaba ciego.
El sudor corría por todo su cuerpo y tenía la respiración agitada. Se sentía cansado, enfermo y
con nauseas. Todo su cuerpo se movía en incontrolables temblores, y la respiración se le
dificultaba de tal forma que parecía no llegar nada de aire a sus pulmones por más que lo
intentara.
Hizo un esfuerzo sobre humano para sentarse y respirar mejor. Mantuvo el silencio como
pudo, si no gritaba Ron no se alertaría y no despertaría a media noche para consolarlo. No
quería molestar a su amigo más de lo que ya hacía. Encogió sus piernas y se abrazó a sí
mismo e inspiró profundamente tantas veces como pudo.
Estaba aterrado, su pecho molestaba ligeramente y pensó que quizás por eso no podía respirar
del todo bien.
Se sentía cansado, pero después de ese sueño no quería volver a dormir. Temía soñar y que
aquella pesadilla se repitiera.
Cerró los ojos con fuerza. Ya habían pasado quince días desde que perdió la capacidad de
sentir los sabores. Y en ese mismo tiempo no había sabido nada de Sirius, quien estaba en
una especie de misión para encontrar lo que podría curar aquella maldición.
Quizás por todo eso había tenido ese horrible sueño, estaba sobrellevando demasiadas cosas.
En esos quince días habían sucedido varias cosas. La primera y de la que más se alegraba
quizás, era que los comentarios de su extraña relación de tres se habían suprimido casi por
entero. Solamente quedaban un grupo de Slytherins que seguían murmurando por los
pasillos, liderados por Pansy Parkinson.
En el tema de las serpientes, otra cosa que había sucedido y que era por demás extraña fue el
comportamiento de Draco. El rubio había estado actuando de una forma por demás inusual,
siendo que no había vuelto a molestarlos ni a insultarlos de ninguna forma. Sus amigos no se
habían dado cuenta, pero Harry sí. Incluso parecía sonreírle ligeramente por los pasillos
cuando sus miradas se cruzaban.
Y Snape, aquello era diferente. En esos quince días habían hecho el ritual unas seis veces, y
el hombre siempre lo trataba de la misma forma amable y cortes que le hacía desesperar.
Siempre le daba un beso en la cabeza antes de que cayera dormido, eso y el dormir abrazados
quizás era lo mejor de esas dos semanas.
De Sirius no había tenido noticias más que cuando Remus le indicaba que se encontraba bien
y que pronto volvería de la misión.
Se sentía muy extraño, su pecho seguía molestando ligeramente y recordó que lo hacía de la
misma forma que cuando perdió el primer sentido. Pero además de eso, no notaba nada
extraño.
Se quitó la camisa con rapidez y revisó el símbolo en su pecho. El doble círculo y la cruz se
veían de un tono rojizo, como si estuvieran a punto de sangrar, y notó algo que no tenía antes.
Debajo de la cruz, se formó un pequeño punto.
Esa oscuridad.
En ningún momento se durmió y con las cortinas echadas, escuchó como sus compañeros se
despertaban y comenzaban su rutina de los sábados. Cuando Ron se despertó encontró a
Harry viendo hacia el techo de su cama.
Ron hizo una mueca, pero no comentó nada más. Suponía que si Harry quería decirle algo, lo
haría cuando se sintiera listo.
Hermione los esperaba en la sala común para bajar juntos al Gran Comedor. Después de
desayunar se alistarían, ese día tendrían salida a Hogsmade y todos aprovecharían para
comprar sus disfraces, incluso los de la comisión de organización, pues debido al ataque de
Voldemort, muchos de ellos no habían tenido tiempo de comprar todo lo que necesitaban.
Cuando iban entrando, Snape pasó a un lado de ellos. Sus amigos se habían adelantado, así
que solo él saludó a su maestro de pociones.
Llegó junto a sus amigos y se sentaron en la mesa— Ron junto a Harry y Hermione frente a
ellos— y nuevamente enfrentaría su dilema. Se sirvió un plato que no comería y tomó algo
de jugo antes de hacer una mueca. Frunció el ceño cuando sintió que en verdad algo estaba
diferente, pero no comprendía.
— ¿Ya saben todo lo que necesitan para el baile? — preguntó la menor mientras se sentaba
junto a Hermione.
—Al final escogimos el primero que te dije, — mencionó Ginny, y comenzó a llenar su plato
con una felicidad que Harry envidió — el de Blancanieves y el príncipe. Aprovecharemos la
salida a Hogsmade para terminarlo.
Mientras hundía la cuchara en su plato, Ron murmuró algo por lo bajo que tanto su hermana
como su novia escucharon decidieron ignorar. Harry le dio una palmada de apoyo, esperaba
que pronto su amigo entendiera que su hermana era lo suficientemente mayor para salir con
alguien.
— ¿Harán el truco con la manzana que te comenté? —preguntó Hermione.
— ¿Qué truco? —preguntaron Harry y Ron al mismo tiempo sin entender a que se referían
las otras dos.
—Un truco para la famosa manzana del cuento—explicó Mione viéndolos a ellos, luego
volvió a girar su rostro a la menor— ¿entonces les quedó bien?
—Más o menos bien— mencionó encogiéndose de hombros, luego tomó su mochila y sacó
una enorme y brillante manzana roja de ella—el hechizo hará que dure dos meses sin
descomponerse, así que esta será la que usaremos.
—Aquí se originó—le corrigió Hermione— según sé es una especie de historia sin confirmar,
una leyenda.
— Aunque hay muchos magos que si la consideran cierta— agregó Ron, recordando todo lo
que había escuchado de esa historia cuando era un niño.
— Al parecer Blancanieves era una princesa de un reino muy prospero, hija de dos grandes
magos, pero nació como Squib. Su madre murió de dolor al ver que su hija era hermosa, pero
que no tenía poderes. Su padre también estaba triste porque era Squib, y se volvió a casar con
el deseo de tener otro heredero que esta vez sí fuera mago.
— Vaya, eso explica más cosas que el que cuentan en el mundo Muggle. — Soltó Harry—
Así es más lógico entender por qué su padre no se dio cuenta de lo que estaba pasando acerca
del odio de su madrastra hacia ella.
— Era más bien rechazada— concordó Hermione— el rey murió de una enfermedad que no
pudieron detectar, y como la madrastra aún no había tenido un hijo con él, técnicamente el
reino completo debía pertenecer ahora a Blancanieves. Por eso la mandó a matar en el
bosque.
—Eran elfos domésticos del castillo—respondió Hermione viendo que Harry ponía la misma
cara que ella puso cuando se enteró. —le habían tomado mucho cariño a ella, y se enteraron
del malvado plan de la madrastra, así que antes de que la mataran, la ayudaron a escapar y
vivieron con ella en el bosque. La madrastra se enteró que los elfos escaparon con ella y la
mandó a capturar. Pidió ayuda al reino vecino diciendo que Blancanieves era una bruja que
hechizaba a los niños para matarlos. El príncipe de ese reino se ofreció a capturarla
personalmente, pero se enamoró de ella y los elfos le contaron la historia real.
—Ahora que lo pienso—razonó Harry con los codos apoyados en la mesa— es una historia
que habla sobre manzanas y espejos hechizados, debí imaginarme que tenía su creación en el
mundo mágico.
—Al parecer el príncipe si era mago, y fue él quien mató a la bruja. Y el espejo que usaba la
reina no era para preguntar quién era la más bonita, sino para intentar localizar a
Blancanieves.
— ¿Y la manzana?
—La reina sabía que ella estaba en el bosque, pero no exactamente en dónde. Así que
hechizó todo un campo de manzanas con la esperanza de que ella se comiera alguna y
muriera envenenada. Se volvió vieja porque el hechizo tomó toda su fuerza, no porque se
lanzara un embrujo a sí misma.
— ¿Y qué truco es que van a usar? —preguntó Ron refiriéndose a la manzana que guardaba
su hermana. No creía que fueran a envenenar a nadie.
—Sí, no es toxica. El hechizo está en que te da la ilusión de que la muerdes, pero no es así. El
problema está en que no sabemos por qué, pero huele a naranja.
— ¿Naranja? —Hermione la miró con confusión, el hechizo que buscó para Ginny no decía
nada sobre cambiar la esencia de las cosas.
Ron alargó su mano para quitarle la manzana a su hermana y cuando la tomó, la olisqueó
haciendo un pequeño sonido de exclamación.
El terror de la comprensión lo inundó por un segundo. Hasta ese momento no se había dado
cuenta que ni siquiera podía oler la comida sobre la mesa. Y fue por eso por lo cual tampoco
pudo sentir el aroma de Snape.
Los otros tres se enfrascaron en una pequeña discusión acerca de si era limón o naranja, y
Harry paso el resto del desayuno en completo silencio, sin volver a tocar su plato.
Naranja. Parte dos
Había visto a sus amigos abrigarse bastante bien preparándose de esa forma para la salida
planificada pues, aunque apenas era 30 de octubre, el frio calaba en lo profundo de cualquier
ser.
Incluso aun sabiendo eso, luego de que todos los alumnos se fueron, Harry decidió subir a la
torre de astronomía sin utilizar nada más que su habitual uniforme del colegio. Ni siquiera se
dignó a utilizar un hechizo para aminorar la sensación de escalofríos que lo invadía, en cierta
forma lo agradecía, porque podía aminorar el peso de sus pensamientos.
Estaba empeorando.
Logró zafarse de la ida a Hogsmade poniéndoles una excusa a sus amigos acerca de que
Remus tenía una información que necesitaba discutir con él. Al principio ellos quisieron
quedarse y hacerle compañía, pero él logró convencerlos y pedirle a Hermione que se
encargara de comprar su disfraz.
—Señor Potter ¿Qué está haciendo aquí? —Harry se giró ante la grave voz de su maestro de
pociones, pero desvió rápidamente la mirada hacia el paisaje ante sus ojos.
Tenía ganas de estar solo, y en ese momento se sentía demasiado vulnerable como para no
llorar frente al maestro.
Severus se extrañó de verlo en la torre cuando se suponía que los estudiantes estaban en la
salida de Hogsmade. Todos aprovecharían aquel día para comprar su disfraz ya que, después
del último ataque de Voldemort, las salidas del colegio estaban restringidas al mínimo a los
estudiantes, y seguramente aquella sería la última antes de las vacaciones de invierno.
Dumbledore incluso pidió un favor al ministerio para que un par de aurores acompañaran a
sus estudiantes. Severus había sido uno de los maestros que permaneció en el colegio.
Se acercó hasta Harry quien estaba apoyado de la baranda, con la vista perdida en el
horizonte.
— ¿No se supone que debería estar con sus amigos en Hogsmade? —había querido usar un
tono de voz indiferente con el Gryffindor, como siempre hacia cuando estaban fuera de sus
habitaciones o del salón de entrenamiento, pero algo le decía que Harry no estaba del todo
bien — El director no les dará otra oportunidad para que compren sus disfraces.
— Es solo que... quería un momento a solas— Harry intentó sonreí, pero solo pudo crear una
mueca trise que le dio a Severus la razón en cuanto a que algo malo sucedía.
El maestro de pociones no lo dudó más y, teniendo la confianza de que nadie subiría hasta
allá, cortó la distancia que los separaba y tomó la barbilla de Harry para encararlo.
La mirada en el rostro de Severus fue de puro terror, creía que podrían retrasarlo por más
tiempo, y el conocimiento de saber que ya iba por el segundo sentido, fue algo difícil de
procesar.
—No fue como el primero, — continuó Harry— fue diferente. El primero fue gradual, ahora
simplemente...desapareció.
—Lo siento, yo solo...Tengo miedo de seguir perdiendo. De quedarme sin nada. Estaré bien
¿verdad?
Severus sintió una inmensa necesidad de consolar al chico que lo veía con esos ojos tan
llenos de miedo y de...confianza. Y lo abrazó.
Volvió en él el sentimiento de culpa que le embargaba cada vez que recordaba que no le
habían dicho toda la verdad a Harry, pero desapareció cuando el chico se aferró a él en el
abrazo, y se afianzó a la idea de que en verdad estaba haciendo lo correcto.
Harry no podía decir que odiaba la oficina del director, pero casi nunca había estado en ese
sitio sin que alguna mala noticia o tragedia fuera mencionada. Los retratos estaban en
completo silencio, y pensó que talvez Dumbledore había utilizado algún hechizo para
mantenerlos a raya, quizás lo hacía cuando necesitaba debatir algo realmente importante en
su oficina porque haciendo clara memoria, el día que se enteró de que cargaba con una
maldición de enclaustramiento tampoco los escuchó ni los vio moverse. Pero al día siguiente,
que se encontró con Siriuss en esa misma oficina y su padrino le abrazó, en un momento
dado vio a los habitantes de los recuadros murmurar algo entre ellos, así que claramente
Dumbledore usaba un hechizo para silenciarlos en esos momentos.
Giró el rostro para ver a Snape terminando de detallar al director todo lo que él le había
contado. Severus no había querido desperdiciar ni un minuto y casi llevó a Harry a rastras
hasta la oficina del director. Albus permaneció en silencio, claramente afectado por el
conocimiento de que aquello estaba avanzando más rápido de lo que habían previsto.
—Tendrás que aumentar las sesiones—dijo el director, con voz calma pero con un deje de
amargura—creo que lo mejor será que sea algo diario.
No quería hablar, realmente no tenía nada que agregar ni que preguntar, o por lo menos eso
creía.
Aquello era bastante malo, y aunque Harry realmente no sabía toda la verdad, lo que conocía
era suficiente para aterrarle. Quizás más aterrado estaban los dos hombres a su lado, las
cuales sí sabían el final de todo aquello. Y lo peor era que una carta que Sirius habían
enviado y la cual llegó a primeras horas de la mañana, disminuyó los ánimos en un
porcentaje increíble.
La pista que Sirius estaba siguiendo para encontrar a la persona que Remus conocía que
sufrió la maldición lo había llevado lejos, pero al llegar tuvo la mala suerte de que le dijeran
que esa persona nunca había estado ahí. Lo querían, lo necesitaban para saber cómo había
soportado la maldición y de tener suerte, quizás la había logrado vencer. Pero tendrían ahora
que buscar en otro lado, y Sirius regresaría con las manos vacías. Por supuesto estaban
buscando otras formas de encontrar una respuesta, pero nada parecía dar frutos.
Y ahora, con el descubrimiento de que aun utilizando el Minuere retrasaron el hechizo solo
15 días, sabían que tenían el tiempo más que en contra.
Dumbledore pensó en el profesor de pociones. El Minuere agotaba físicamente, y Snape lo
estaba sobrellevando hasta ahora, ¿pero qué pasaría cuando aumentaran las sesiones? Incluso
estaba el tema de Voldemort. Snape no podía presentarse ante el Lord tan débil como
seguramente le dejaría el hechizo. Debían ir pensando en perder el factor espionaje en pos de
evitar que el Lord dañara a Severus.
En un acto reflejo Dumbledore iba a alargar la mano para ofrecerle al más joven de los tres
los característicos caramelos de limón, pero se detuvo al recordar la situación y darse cuenta
que el muchacho ni siquiera había bebido de su té.
— ¿Qué pasara cuando lleguen las vacaciones? — preguntó realmente preocupado. Ese
pensamiento había llegado a su mente de repente, el solía pasar las vacaciones en la
madriguera desde que tenía quince ¿entonces no harían el ritual? Quizás tendría que quedarse
en el colegio, no estaba del todo seguro donde pasaba Snape las fiestas, y tenía el
presentimiento de que su maestro no estaría demasiado contento de arruinar sus vacaciones
por él.
—Creo que tendrá que pasar las vacaciones de navidad contigo Severus, —suspiró Albus
viendo hacia el maestro—, el ritual deberá mantenerse ininterrumpido. Imagino que
preferirás pasarlas en tu casa
—Yo no quiero ser una molestia para el profesor Snape—dijo Harry rápidamente. No podía
negarse a sí mismo que tenía ganas de ir, aquello de ver la casa de Snape le resultó
interesante inmediatamente lo escuchó, pero no quería molestar al maestro con su presencia
en su casa.
Snape era demasiado reservado con sus asuntos personales, seguramente no estaba muy
deseoso de que invadieran su privacidad.
—Hablaré con los Weasly para informar sobre el cambio de planes—dijo Albus mientras
empujaba sus gafas de media luna sobre su nariz—y sobre la nueva situación, tendremos que
avisar a Remus y a Sirius...
— ¿Por qué no nos dijiste? — preguntó Hermione con un tono dividido entre preocupado y
reproche. Harry miró a sus amigos sintiéndose ligeramente culpable.
Su situación era penosa, pero realmente estaba intentando no deprimirse por aquello. Estar
triste sería lo más fácil ¿y quién lo culparía cuando desde un principio su vida estaba rodeada
de tanta mierda?
Pero no, no quería preocupar a los demás, no podía. Quizás por eso mismo fue por lo que se
enamoró de Severus, aquel sentimiento le servía de salvavidas para distraerse en esos
momentos.
Y fue por eso que cuando sus amigos llegaron notaron inmediatamente que algo estaba
sucediendo. Seamus, Dean y Neville estaban en la sala común, habían dejado sus compras en
la habitación y habían bajado a jugar Snap Explosivo, así que por el momento tendrían la
libertad para hablar.
— ¡Harry! No vuelvas a hacer algo así—exclamó Hermione, su furia había aumentado por
encima de su preocupación—un viaje a Hogsmade no es nada comparado contigo.
—Hermione tiene razón—secundó Ron—no debió ser motivo para que no nos dijeras.
Harry se encogió de hombros, podría disculparse, pero en verdad no estaba arrepentido. Sus
amigos le ayudaban demasiado y vivían preocupándose por él. Incluso perdían muchos
momentos de intimidad solo para no dejarle solo, así que a veces se sentía culpable. Sabía
que de haberles dicho lo que sucedía, no habrían ido al paseo donde seguramente se
divirtieron mucho, y él no quería que ellos perdieran ese tipo de cosas solo por estar con él.
Harry negó hacia ellos mirando a su alrededor. Era una lástima, Hermione había pedido
permiso desde hacía unos meses atrás para poder pasar las vacaciones de navidad en la casa
de los Weasly, y de esa forma tener unas vacaciones juntos.
Molly estuvo más que encantada de saber que además de Harry, Hermione también se
quedaría, y ya había preparado para nochebuena, incluso, una gran cena donde lógicamente
estaban invitados Sirius y Remus. Sus hijos mayores irían para la cena, y también había
invitado a Dumbledore y McGonagall. La profesora ya tenía planes, pero había dado las
gracias de antemano.
—Puedes venir en nochebuena—dijo Ron, en verdad le dolía que no poder pasar esas
vacaciones con su amigo e intentaba no perder su última esperanza—hablare con mis padres,
no creo que se opongan.
—Snape puede llevarte—mencionó Hermione, queriendo de igual forma verlo aunque fuera
en nochebuena—no creo que se oponga.
¿Sería molestarlo demasiado con esa petición? Quizás no, si Snape ya tenía planes para pasar
navidad seguramente agradecería no tener que estar con él en nochebuena.
—Ya me siento mal por arruinarle la navidad. —mencionó tirándose hacia atrás en la cama.
—No lo sé, pero normalmente las personas tienen planes para pasar sus vacaciones, así que
sería lo más lógico.
Le agradaba la idea de pasar navidad con él, el problema es que era algo impositivo, no que
el maestro quisiera desde un primer momento.
El hecho de que tenía que dormir con Severus cada noche tenía un inconveniente. Podía
ocultar a sus compañeros de cuarto que dormía fuera de su habitación algunas noches, solo
era cuestión de cerrar las cortinas y pedirle a Ron que mantuviera un ojo para que ellos no lo
descubrieran.
El director le dijo que hablaría con sus compañeros, aquello debía permanecer en secreto y
nadie más debía saber que no estaba durmiendo en sus habitaciones. Pero Harry tuvo una
idea y le pidió a Dumbledore el permiso para ser él y Ron quienes hablarían con sus
compañeros, y el mayor no pudo negarle una petición al muchacho. Harry lo resolvería con
una mentira disfrazada: Decirles que se quedaría con el maestro de Defensa para que lo
pudiera entrenar.
Les contó que debido a los ataques de Lord Voldemort, Dumbledore le pidió al maestro de
defensa que lo entrenara, y para no interferir con sus clases habituales el entrenamiento seria
por las noches
—Vamos, vamos —atajó Ron— ¿hasta qué hora practicaran? Es mejor que se quede allá y
listo.
Los otros tres aceptaron entendiendo la situación, y Ron termino por decir:
—Solo queremos que, si alguien pregunta, digan que Harry sigue durmiendo aquí.
El baile
Chapter Notes
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Cuando abrió los ojos aquel diez de diciembre sintió su cuerpo pesado. Estaba en la cama de
Snape, como desde hacía ya más de un mes, y se encontraba solo, como siempre lo había
estado durante todo ese mes.
Cuando supo que tendría que realizar el ritual con el maestro de pociones de forma diaria,
una parte suya creyó —ingenuamente al parecer— que podría tener una oportunidad de que
la relación de amistad que tenían diera el siguiente paso.
Realmente no sabía que les había sucedido, si su amistad se había estancado, o había
involucionado.
Seguía yendo a la sala común de Gryffindor, y se iba temprano para que nadie notara que
salía muy tarde. Sus amigos solían acompañarlo y daban un par de vueltas hasta que él se
dirigía a las mazmorras. Era extraño, pero Snape le dirigía más la palabra cuando entrenaban
—porque habían retomado su entrenamiento— que cuando estaban en el ambiente íntimo de
la habitación, a punto de realizar el Minuere.
Era como si Snape quisiera evitarlo, pero no demasiado. Incluso en las mañanas se levantaba
temprano, más temprano de lo que necesitaría levantarse, y Harry pensaba que lo hacía para
no tener que toparse con él en las mañanas. Porque cuando él se despertaba, ya el maestro de
pociones había salido de la habitación.
Decidió levantarse de la cama y vestirse, solía tener parte de su ropa ahí para cambiarse sin
necesidad de ir a su sala común. No subió a la Torre de Gryffindor, ni siquiera fue hasta el
Gran Comedor. Decidió que saldría al lago. Todos estaban emocionados y ocupados, en la
noche se llevaría a cabo el tan esperado baile, así que nadie le prestaría demasiada atención.
Ni siquiera Hermione, que seguramente estaba más atareada de la cuenta, y Ron
indudablemente estaría ayudándola y evitando que Hollard le ofreciera ayuda.
Había nevado la noche anterior y como no iba bien abrigado —solo tenía puesto uno de los
sweaters que le había dado Molly— convocó un hechizo para no morirse de frio.
Era divertido, había practicado tanto que pudo hacer ese hechizo sin varita. Era un mago más
poderoso que la media, y en aquellos momentos se sentía inmensamente vulnerable.
¿Cómo decirles a sus amigos que no quería ir al tan esperado baile? Esperaba no estarse
viendo como un niño berrinchudo, pero ciertamente sus ánimos no daban para demasiado.
Esa mañana, mientras todos revoloteaban a su alrededor con la felicidad del adolescente que
no tiene más preocupaciones que el de terminar sus exámenes e invitar a quien le gusta al
baile, él solo pudo pensar en el tiempo.
El primer sentido lo había perdido alrededor de tres días luego de ser maldecido. El segundo,
aun con el Minuere, lo había perdido tan solo 15 días después—justo el 30 de octubre—.
De eso habían pasado más de 30 días, ¿Cuánto tiempo le quedaba entonces para perder el
tercer sentido? Era un hecho que por ese motivo habían aumentado las sesiones del ritual, de
no haberlo hecho seguramente ya habría perdido dos sentidos más, pero recordaba demasiado
bien que el Minuere solo era un desacelerador, no la cura.
Le aterraba, eso no podía negarlo. El hechizo que estaban utilizando no detenía el avance,
solo la retrasaba, y a juzgar por la velocidad del avance de la maldición, el Minuere estaba
funcionando bien, pero eso no significaba que dentro de poco no perdería la siguiente
facultad.
¿Cuál sería?
Él había tenido dificultades visuales casi toda su vida. Cuando se quitaba las gafas todo le
parecía borroso, pero aun así, podía ver. ¿Qué pasaría cuando todo a su alrededor se volviera
oscuro?
Lanzó su cabeza hacia atrás, frente a los demás intentaba no mostrarse tan preocupado, pero
le era inevitable estando solo.
A sus pensamientos también llegó el detalle de que al día siguiente comenzarían las
vacaciones de navidad y los alumnos irían a sus casas y él tendría que ir con Snape.
Suspiró.
Volvió a entrar al castillo después de la hora de comida, ni siquiera se había dado cuenta del
paso del tiempo.
Severus no pensó vivir lo suficiente para ver aquello, incluso pensó que estaba soñando o
teniendo una alucinación debido al cansancio que su cuerpo experimentaba por tener que
realizar el Minuere constantemente. Era un hombre fuerte y podía manejar la situación,
además Remus se había ofrecido a ayudarle con su carga de trabajo en cuanto a la corrección
de exámenes y trabajos. Al principio Snape se negó —no podía ser de otra forma— pero
luego de 20 días desde el primer ritual del Minuere, tuvo que ceder. Entre dar sus clases,
seguir haciendo pociones y el ritual, además de las llamadas de Voldemort —que por lo
menos no habían sido tan frecuentes—, tuvo que admitir que era agotador.
Y no solamente estaba agotado físicamente. En ese mes también había descubierto o mejor
dicho, aceptado, porque era algo que ya sospechaba e intentaba ocultar, que se sentía atraído
por Harry de una forma más allá de una simple amistad. Con el paso de los días y la cercanía
con el muchacho, con tenerlo abrazado cada noche, aspirando su aroma, viendo su sonrisa y
cayendo en la profundidad de esas esmeraldas ¿Quién no termina sucumbiendo?
Y el hecho de saber que seguramente Harry ya estaba con alguien más —muy seguro que con
Draco Malfoy— le llenaba de un dolor profundo. El chico no le había comentado si tenía
pareja, pero tampoco le había mencionado acerca de su preferencia sexual, así que
seguramente le gustaba mantener esos temas en privado.
Y Severus no preguntaría, aquello no le concernía. Fue por eso que tuvo que intentar poner
una distancia entre él y el chico. Algo que fue más agotador de lo que creyó. Se despertaba
temprano para no verlo recién levantarse, intentaba no tocar temas personales cuando estaban
en sus aposentos —porque el ambiente era demasiado íntimo— y, aunque parecía sencillo,
sus ganas de acercarse y no alejarse le complicaban las cosas.
Pero ahora, con lo que sucedía frente a sus ojos, en verdad pensaba que necesitaba descansar
más, por que ver a Sirius Black rogar frente a él solo podía ser causa de un delirio.
Después de que el primer viaje de Black buscando a la persona que había padecido la
maldición fuera infructuosa, se dedicaron a seguir buscando alguna pista, pero nada.
Buscaron en casi todos los libros existentes de magia oscura, pero no encontraban
información más allá de la que ya sabían.
Sirius estaba desesperado, cada día que pasaba era un avance para la maldición. Estaba
bastante claro que solo era cuestión de tiempo para que Harry perdiera el siguiente sentido, y
luego, cuando ya no quedara nada, lo verían morir. ¿Cuánto podía esperar hasta que llegara
ese momento?
Sin el Minuere la maldición había avanzado en solo tres días, con el ritual, en quince. Con el
aumento de la frecuencia habían conseguido ganar más de un mes, pero seguramente el día
llegaría pronto. No había que ser un genio para calcular el tiempo, si no encontraban una
cura, su ahijado moriría en menos de un año. Habían ganado tiempo gracias al hechizo
desacelerador, pero eso no era suficiente.
Entonces el corazón de Sirius estaba dividido en dos caminos, el que quería ser fuerte y
convencerse de que pronto encontrarían la cura y de nada valía preocuparse, y la otra parte,
que le gritaba de forma dolorosa y despiadada que debía ser realista y que su Harry, su
precioso niño al cual quería como un hijo propio, moriría en un año.
No había podido conciliar el sueño en ese tiempo, ¿Quién podría dormir tranquilo sabiendo
que una de las personas más amadas tenia los días contados?
Remus sabía de sus insomnios y los compartía, pero nada podía calmarlo.
Fue por eso que ese 10 de diciembre, sabiendo que al día siguiente iniciarían las vacaciones
de navidad, hizo lo que nunca pensó hacer: rogarle a Severus Snape. Él sabía que habían
tenido que hacer el ritual diario para que funcionara mejor y que por ese motivo Harry tenía
que quedarse con Snape en las vacaciones. ¿Pero y si aquella eran las últimas vacaciones que
tenía con su ahijado?
Cuando Severus le abrió la puerta de sus habitaciones y vio quien era, estuvo tentado a
decirle que lo dejara en paz pues estaba demasiado cansado para los reclamos de Black, pero
se detuvo al ver el semblante del hombre. Lo dejó pasar sin decir una palabra, sabiendo que
lo que tenía que decirle era sumamente importante.
—Yo sé que me odias—dijo Black sin esperar demasiado cuando la puerta se cerró tras de él,
tenía los puños tan apretados que sus nudillos estaban blancos, —y eso está bien, nos hemos
hecho demasiadas cosas como para que sintamos algo diferente al odio el uno por el otro,
pero ahora necesito, no, te imploro que me escuches.
En cortas palabras, Black le suplicó que le permitiera pasar navidad con él y con Harry. Sabía
que el chico necesitaba a Severus para continuar el ritual, y que seguramente lo último que
quería Severus era pasar navidades con Sirius, pero el animago tenía miedo.
—Yo sé que hay que tener esperanza—siguió diciendo el Gryffindor. Severus estaba en
completo silencio, jamás se esperó aquello, y era tan increíble que no sabía ni que decir. El
semblante de Black era de furia, pero de temor en partes iguales—pero debo ser realista, si es
su última navidad dame la oportunidad de pasarla junto a él— una lágrima se escapó de los
ojos de Sirius, haciendo que Snape se sorprendiera aún más ante esa muestra de debilidad
frente a él— si quieres dinero, te daré toda mi bóveda. Te daré lo que me pidas, yo solo... yo
necesito...
—Black...
—Si tan solo le queda un año—continuó Sirius—déjame pasarlo a su lado, es lo único que
me queda de James y Lily—el animago hizo una pausa, respirando profundamente—es mi
hijo.
Un año, Severus también había pensado aquello, aunque le resultara sumamente doloroso.
Según el avance del Corpore Inclusus, si no encontraban la cura, esta sería la última navidad
del chico ¿No debería Harry pasar ese tiempo con sus seres queridos también?
Miró hacia Sirius y asintió. Y cuando creyó que nada podría sorprenderlo ya, el hombre
frente a él le susurró un "gracias" con la voz quebrada.
Sus compañeros ya habían bajado al Gran Comedor para la fiesta de disfraces, y Ron
seguramente estaba dándole los toques finales a su disfraz junto a Hermione. Él estaba
sentado en su cama, con su disfraz ya completo y un sentimiento de extrañeza sofocándole.
Sintió que alguien abrió la puerta y Ron entró a la habitación seguido de Hermione. Vio el
disfraz de sus amigos, se veían mucho mejor de lo que había imaginado con sus disfraces de
Morticia y Homero Addams.
Harry había descubierto a través de su amiga que la historia de la Familia Addams también se
había originado inicialmente una historia muy antigua del mundo mágico.
La historia era bastante diferente: Había una bruja llamada Eudora que tenía una hija,
Moritia, la cual se enamoró de un Muggle. El Muggle, que se llamaba Heros, también se
enamoró de Moritia. Eudora no aprobaba aquello, y durante mucho tiempo intentó separarlos,
pero jamás pudo.
El amor de ellos dos era tan grande, que se iban a sacrificar en un ritual para reencarnar en
otra vida juntos, lejos de las maldiciones de Eudora, pero esta última, por amar tanto a su
hija, cedió ante el amor de la pareja, solo que llegó a detener el ritual a la mitad. Y Moritia y
Heros quedaron en una especie de muerte y vida para siempre. Eran como humanos de
ultratumba, y se decía que habían quedado ligeramente locos también. La historia del amor
entre la pareja llegó a ser tan famosa en el mundo mágico, que fue cuestión de tiempo para
que los muggles lo tomaran como un cuento, y naciera la Familia Addams.
—Solo tienes envidia—se defendió Ron mientras se lanzaba en la cama. —de que a mí me
queda bastante genial.
Hermione rodó los ojos ante las palabras de su novio y miró detenidamente a Harry.
—A mí me gusta—sentenció Harry.
No esperaron mucho más para reunirse con sus compañeros, y Harry no pudo evitar un
sonido de aprobación cuando contempló el excelente trabajo que había hecho la comisión de
organización. El Gran Comedor estaba espectacular. Para que no pareciera una simple fiesta
de Halloween los chicos se habían encargado de colocar bastantes y variadas decoraciones
navideñas, y el director les dio una mano con la nieve fina que caía desde el techo sin parar,
pero que al tocar el suelo simplemente se desvanecía.
Al principio los tres permanecieron juntos, y no podía negar que en verdad se la estaba
pasando bien. Veía a Snape a lo lejos, los maestros se habían disfrazado también, menos el
maestro de pociones —lo cual no fue sorpresa para nadie—. Harry quería acercársele, pero
cada vez que lo intentaba alguien le impedía el camino para comentarle o compartirle algo.
Hasta que en un punto simplemente lo perdió de vista.
En un punto de la noche, cuando se acercó solo a la mesa de bebidas, sintió que alguien le
tomó del brazo, era Draco.
El rubio se había disfrazado de lo que parecía ser un cazador, y le miraba con seriedad.
Harry lo vio receloso, si bien Draco estaba actuando de una forma más amable, extraña sí,
pero amable, no confiaba demasiado en él.
Y menos después de aquel beso, seguía sospechando que tramaba algo. Pero el rubio no
parecía querer soltarlo hasta no obtener una respuesta, y Harry asintió para quitárselo de
encima.
El resto de la noche fue menos extraño para él. Sonrió cuando vio que Ginny y Neville
ganaron uno de los premios como disfraz de pareja por la temática que habían creado. En
verdad se veían bien juntos, y al parecer la chica le había dado el sí a Longbottom, a juzgar
por que se la habían pasado con las manos agarradas casi toda la noche.
Sin que sus amigos se dieran cuenta, fue dándoles un poco de espacio. El había notado que
ellos no querían dejarle solo, y lo agradecía, pero tampoco le agradaba ser la tercera rueda
que evitara sus momentos normales de noviazgo.
Mientras la noche iba avanzando, terminaron de dar los premios, la mesa se quedó sin comida
y la música comenzaba a ser más calmada. La mayoría de las parejas bailaban las lentas
canciones y algunos otros solo estaban sentados mientras descansaban y hablaban de lo que
harían una vez iniciaran las vacaciones al día siguiente.
A lo lejos vio a sus amigos bailando de forma tranquila, y sonrió ante aquello. Decidió que
para él ya había sido suficiente baile y lo mejor era salir de allí.
Caminó directo a las puertas, sintiéndose verdaderamente triste de que a pesar de haber
bailado bastante, no pudo hacerlo con quien en verdad quería. Pero, en cuanto dio unos pasos
fuera del salón, una presencia cortó su camino. Era Severus quien con un rápido movimiento
tiró de él hasta un pasillo solitario. No estaban muy lejos, seguía escuchando la música del
Gran Comedor, de forma muy tenue, pero aún se comprendían bien las canciones.
—Profesor yo...
Severus tomó al chico de la mano y con su otra mano libre, le tomó delicadamente de la
cintura y para apegarlo a su cuerpo. El eco de la música llegaba hasta ellos apaciguado por
las paredes, pero por lo menos estaban solos, y eso era más que suficiente. Se había pasado
toda la noche dominando unas enormes ganas de acercarse a Harry, pero en ese momento,
ignorando su sentido común que le enumeraba una lista de todas las razones por las que no
debería hacer aquello, aprovecharía aquel momento.
Harry estaba triste, decepcionado, incluso furioso. Estaba tan cerca de su profesor, con su
cabeza recostada en el pecho del hombre, y se estaba perdiendo del seguramente embriagante
aroma de su perfume.
Pero, también se sentía tan bien estar rodeado entre los brazos de Severus, dando vueltas
lentas, ellos solos...
—Supongo que debo considerarme un hombre tonto—dijo Severus en un susurro, pero Harry
no comprendió el significado exacto de aquello.
Harry sintió como el mayor soltaba su mano y lo abrazaba completamente por la cintura sin
dejar de moverse.
¿Cuántas veces había soñado con ese momento? Muchas. El momento en el que estuviera tan
cerca de Snape que pudiera apreciar sin problemas cada línea de su rostro, que sintiera sus
brazos envolverlo, que la música guiara pasivamente sus pasos mientras ambos se
concentraban el uno en el otro, que su aroma se quedara para siempre en su memoria.
Ya no podía recordar el aroma de Snape ni siquiera. Y era tan confuso, doloroso y molesto.
Harry negó con la cabeza, en ese momento se dio cuenta que tenía peligrosas lágrimas en sus
ojos amenazando con escapar. Parpadeó varias veces para intentar alejarlas.
—No pienses mucho Harry, los leones no están diseñados para eso.
La broma, acompañado del uso de su nombre, provocaron que se relajara un poco. Snape
tenía un efecto increíble sobre él.
Nota: por si alguien no entendió lo que quiso decir Severus por que la canción esta en
ingles, en la canción dice "Wise men say only fools rush in" lo que viene a significar que
solo los tontos se apresuran o caen, en otras palabras que se enamoran, es por eso que él
dice "supongo que debo considerarme un hombre tonto"
La declaración
Cuando abrió los ojos, estiró su mano para tocar el espacio de la cama a su lado, y no se
sorprendió demasiado al encontrarlo vacío.
No podía quejarse de cómo había terminado su noche del baile, por lo menos no del todo. Si
bien habría deseado que el momento con Snape durara más que unas tres canciones, era algo
que no pensó que podría obtener desde un principio, así que no podía quejarse.
Tampoco podía quejarse de no haber recibido un beso, quería, pero no podía. Y aunque el
ambiente que se había formado entre ambos fue el más propicio, en ningún momento intentó
conseguir el beso que tanto deseaba por miedo a que Snape lo rechazara y rompiera su
burbuja momentánea. La valentía de la que se llenó a mediados de octubre, creyendo que
podría lanzarse sin miedo a Severus con la esperanza de que este no lo rechazaría estaba
muriendo poco a poco en la medida en la que el hombre parecía no dejar nunca que los
momentos llegaran a más.
Por supuesto que durmió en la habitación de Snape para hacer el ritual después del baile, pero
de alguna forma la intimidad que habían tenido en aquel pasillo junto al Gran Comedor
simplemente desapareció. Aquella mañana no fue tan diferente a las demás, el profesor de
pociones se esfumó de su lado a primeras horas de la mañana, y él no pudo hacer nada para
evitarlo.
De alguna forma, sentía que aquel baile de la noche anterior fue más por pena que por otra
cosa en realidad, y eso provocaba que su resolución se quebrara aún más. Pero sus planes de
declararse no se habían esfumado, solo que ahora estaba pensando en volver directamente a
su plan original de esperar con paciencia el día de su graduación, y de esa forma no dolería
tanto el rechazo que parecía inminente.
De todas formas por ese día debía intentar recomponerse de eso y no pensarlo demasiado,
aquella mañana todos partirían a sus casas para pasar las vacaciones, y el necesitaba preparar
su cosas pues partiría junto a Snape cuando el maestro terminara sus asuntos en el colegio.
Pasaría todas las vacaciones de navidad con la persona de la que estaba enamorado y con la
cual al parecer no tendría una oportunidad.
Se cambió de forma rápida con la ropa que tenía en aquella habitación y cerciorándose que
no había ningún estudiante en los pasillos, salió de la habitación.
Tenía otro detalle a tener en cuenta, Draco Malfoy le había pedido verse en la Torre de
Astronomía y realmente estaba dudoso acerca de qué podría esperar. Había dormido poco
pensando en eso durante una gran parte de la noche. Si bien tenía muchas razones por las
cuales negarse a ir a hablar con la serpiente, las actitudes de los últimos días del rubio le
tenían, en cierta medida, intrigado. Fue por eso que terminó esperándolo en el sitio indicado
viendo el paisaje desde la Torre, la noche anterior había nevado y todo estaba cubierto por un
manto blanco.
—Pensé que no vendrías—soltó, y por primera vez Harry vio en el otro un atisbo de sincero
alivio—no me respondiste nada ayer.
—Tu novia te estaba llamando—respondió. Si había alguien más insoportable que Draco esa
era Pansy Parkinson, y más en esos meses en donde sus burlas, y más desde el incidente con
Ron, habían aumentado.
—No es mi novia.
— ¿Seguro?
—Estoy obligado—explicó Draco acercándose a Harry, no había pensado que otro obstáculo
de declararse a Potter, era el hecho de que él tenía novia— mi padre me obliga a estar con
ella.
—Pero fue real. Y también es cierto todo lo que te dije, me importas. Quiero ayudarte. —hizo
una pausa, tomo aire y agregó: — Me gustas mucho.
Aquello debía ser una broma, quizás la mejor broma que Slytherin había tramado para él.
Pero el hecho de saberse completamente solos —pues Harry había aprendido a comprobar su
alrededor en las clases con sus amigos— le hacía dudar del fin de aquella broma. Quizás
Draco les enseñaría el recuerdo de ese momento a los demás, y se reirían del hecho de que un
león creía en los engaños de una serpiente.
¿Pero por qué malgastar fuerzas en una broma de ese estilo? Los Slytherins eran astutos, pero
no solían tramar algo de ese tipo solo para reírse de él. Les bastaba más con burlas directas o
arruinar sus pociones en clase.
—Mira, no sé cómo diablos me enamoré de ti, pero sucedió. Nada de lo que te estoy diciendo
es un engaño y créeme, de haber podido encontrar una forma de hacerte desaparecer de mi
mente ya lo habría hecho. Pero supongo que uno no puede controlar de quien se enamora, y
es una verdadera mierda ese hecho porque de haber podido, sé que no escogería a alguien que
no me ve de esa forma.
En honor a la verdad, las palabras de Draco tocaron en Harry un punto sensible, porque ese
mismo discurso él podría decírselo a Snape. Además aquellas palabras eran lo
suficientemente humillantes para saber que una persona como Draco Malfoy no las diría por
una simple broma.
Pero el pensar en eso —en que todo aquello podía ser real—no hizo las cosas más fáciles.
— ¿Cómo podría creerte? —preguntó Harry. — ¿o es que acaso las veces que has sido un
idiota conmigo fueron una declaración de amor?
Por su parte, Harry aún seguía manteniendo la idea de que aquello no era más que una broma.
¿Y si no lo era? No creía en verdad que Draco Malfoy se hubiese enamorado de él. Quizás
había algo más. ¿Y si aquello era un plan aún más elaborado por parte de Voldemort?
No, eso sería más descabellado. Voldemort no perdería el tiempo con ese tipo de trucos. Y no
enviaría a la serpiente con la que más Harry peleaba para engañarlo de esa forma.
Draco resopló, exasperado. En perspectiva no se había comportado para nada bien con Harry,
pero aquello había sido inevitable. Lo había hecho tanto para tener una forma de acercarse al
Gryffindor, como para guardar las apariencias frente a sus compañeros.
— ¿Quieres ver dentro de mi mente? —Preguntó sin más ideas ya—tú sabes el hechizo, hasta
un niño podría hacerlo. Vamos, adelante, compruébalo por ti mismo.
Quizás eso ayudaría a aclarar todo aquel asunto. El hechizo en verdad era sencillo, no le
costaría demasiado y, aunque él no era bueno para la oclumancia, el leregemens sí que era un
poco más fácil.
— ¿Cómo…?
— ¿Para que sepas mi ubicación? —cortó receloso, cada vez que Draco decía algo no podía
evitar sospechar que traía dobles intenciones.
—Maldición, ¿en qué momento piensas creerme? — Draco talló su rostro sintiendo toda la
frustración acumulada explotando en ese momento. Necesitaba que Potter le entendiera de
alguna forma, pero la terquedad de los leones no parecía querer dejarlo cooperar— Créeme,
¿Si? Hay maneras de ocultar tu ubicación. Y ya te lo dije, me gustas, no quiero hacerte daño.
De todas formas me imaginé que podrías pensar eso, y planee algo.
Harry lo miró, sin saber muy bien que hacer en ese momento, pero terminó por asentir e
indicarle al rubio que escucharía lo que tenía planificado. Y eso para Draco significó que por
lo menos estaba sopesando lo de permitirle acercarse, porque de otra forma ya se habría
largado de ahí.
— A mí me parece que tú le gustas también— exclamó Ron revisando debajo de su cama por
si se le había quedado algo.
Claramente no les había dicho a sus amigos la conversación que tuvo con Draco, prefería que
aquello se quedara como un secreto por lo menos hasta entender del todo la situación con el
Slytherins. Sabía que Malfoy no era del agrado de Hermione y mucho menos de Ron, y eso
significaba que ninguno de los dos seria imparcial en ese asunto.
Así que después de hablar con él, fue hasta la Torre de Gryffindor y le explicó a sus amigos
que simplemente se había quedado dormido. Ellos no le cuestionaron demasiado, de todas
formas Harry había dado indicios de cansancio y suponían que eran efectos de la maldición.
Lograron conseguir un momento a solas mientras los chicos ordenaban sus cosas —
Hermione lo había hecho el día anterior— y él pudo contarles lo que sucedió una vez salió
del Gran Comedor la noche anterior.
— Hasta yo lo creo— apoyó Hermione, se había sentado en la cama de Harry junto con este,
quien ya había terminado de empacar. —No creo que el maestro haga ese tipo de acciones
muy seguido.
—No estoy seguro, después de eso se portó igual que siempre. Esta mañana desapareció por
igual. Creo que solo lo hizo porque le doy…pena.
Ron intentó contar un chiste acerca de esa situación, pero solo consiguió que Hermione lo
mirara con advertencia. De todas formas cambiaron el tema por petición de Harry y hablaron
acerca de la noche buena y el día de navidad, los cuales sí podrían pasar juntos. Los Weasly
estaban más que de acuerdo con que Snape pasara esa noche en la madriguera para no romper
el ritual, y el maestro había aceptado en hacer aquello para que Harry pudiera pasar ese
momento con su familia. Molly incluso les dijo que en ningún momento debieron dudar de
que ellos aceptarían aquello. Aunque no sería lo mismo todas las vacaciones a solo esos dos
días, por lo menos acordaron escribirse lo más seguido posible.
— ¿Estás seguro que Código S te dejara escribirnos? —preguntó Ron la duda que tenía desde
unos días atrás. —Puede que no le guste la idea.
—No es como si me fuera a encerrar en un sótano. —Harry miró a su amigo, a veces no
estaba seguro si él seguía dudando de las actitudes de Snape o solo lo hacía para engañarlo—
de todas formas ya le pregunté, y me dijo que no tenía ningún problema.
—No lo sé Harry—interrumpió su amigo—él sería de los tipos que tienen una mazmorra
personal en su casa. A veces me cuesta creer que no sea un vampiro.
—Sabes, ese es un chiste que debiste dejar en tercer grado— dijo Hermione habiendo
escuchado ese comentario miles de veces ya.
Estaba seguro de que extrañaría a sus amigos, y más en la situación por la que estaba pasando
donde ellos sabían bastante bien subirle los ánimos. Por lo menos esperaba no tener una
navidad opacada por aquella maldición que seguía avanzando.
No fue sino hasta después de medio día que los estudiantes partieron a sus casas para pasar
esas vacaciones. Cuando se quedó completamente solo en aquella habitación, sintió una
extraña sensación que no pudo describir. Si bien aún quedaban algunos alumnos de
Gryffindor en el colegio que no irían a sus casas, parecía que ninguno estaba en la Torre de
Gryffindor. O quizás sí y estaban en sus habitaciones, pero el silencio era tan profundo que
realmente dudaba lo último.
Sabía que tenía que esperar hasta entrada la noche para que su profesor lo pasara a buscar.
Los profesores se irían hasta terminado el día, e incluso había planeado ver a Remus un rato
antes de tener que irse. Había estado pensando en la posibilidad que tendría de ver al
licántropo y a su padrino durante esas vacaciones. Sabía que era más que improbable que
ellos pudieran visitarlo en la casa de Snape, pero Harry tendía prohibido el viajar a ningún
sitio solo por orden de Dumbledore—ni chimenea, ni aparición, ni traslador—, por lo que si
quería ir donde su padrino necesitaría la ayuda de su maestro. Su miedo era que se negara a
ayudarlo por no tener que ver o estar cerca de Sirius, sabia el odio enorme que se tenían esos
dos, pero quizás tendría una esperanza de conseguir que Severus le llevara por lo menos un
día donde ellos.
La serpiente entre leones
Mientras leía, una extraña sensación le embargó cuando sintió un ligero cosquilleo bajando
por sus brazos y sus piernas. De pronto, unos gritos fuertes y agudos comenzaron a
escucharse en toda la habitación. Cubrió sus oídos lo más fuerte que pudo para intentar
opacarlos, pero no resultaba, y él ni siquiera sabía de donde provenían. Sabía que estaba solo
en aquella habitación y aun así aquellos alaridos parecían provenir de muy cerca. Casi como
si estuviesen gritando justo a un lado de él. No entendía que estaba pasando e intentó
moverse para salir de la habitación, pero no podía moverse. Sus músculos no reaccionaban y
lo único que podía seguir haciendo era cubrirse para intentar escuchar menos.
Pero de nada valía. Un segundo después aquel cosquilleo que recorría sus brazos y piernas se
transformó en algo más doloroso, era como si uñas afiladas se deslizaran a través de su piel y
la desgarraran a su paso. Había cerrado los ojos por el dolor que los gritos producían en su
cabeza pero intentó abrirlos en busca de una forma de escapar de aquello. Pero no vio nada.
— ¡Harry! —en el medio de aquellos gritos y aquella profunda oscuridad en la que estaba
envuelto, escuchó su nombre.
El dolor que provocaban aquellas uñas se intensificó junto con el sonido de los gritos. Luego
y de repente, todo se quedó en un profundo silencio. No sentía nada, ni dolor, ni gritos. Ni
nada.
Entonces, una fría sensación recorrió su espalda y sintió una presencia a su lado.
—¿Ssssabes quien sssoyy? —dijo una voz muy de cerca en un siseo. Era indudablemente la
voz de Voldemort. En aquel momento, en aquel instante, Harry estaba a oscuras junto a
Voldemort, sin poder mover su cuerpo, sin saber exactamente donde se encontraba, sin
escapatoria. Sintió los dedos fríos y largos de su enemigo recorrer su espalda y, casi como si
lo visualizara, lo sintió acercarse aún más a su rostro antes de decir: — yo gané.
— ¡Harry!
Su pulso estaba acelerado y respiraba con dificultad: estaba hiperventilando. Fue la voz de
Remus la que estaba escuchando, después de unos segundos había sido capaz de distinguirla.
El licántropo estaba a su lado en la cama, abrazándolo e intentando calmarlo. Escuchaba
palabras como "estamos contigo, estarás bien, respira"
—Fue solo una pesadilla—decía su reconfortante voz.
Se controló todo lo que pudo mientras seguía las instrucciones que el licántropo le daba para
ayudar a controlar su respiración. Sirius también estaba en la habitación, a su izquierda,
haciendo pequeños círculos en la espalda de Harry con su mano, intentando calmarlo.
Fue igual que la vez pasada, pero en esta ocasión su pecho no dolía ni lastimaba.
Solo fue una pesadilla, se dijo a sí mismo. De haber sido el anuncio de otro sentido sentiría
el dolor en mi pecho. Fue una de mis tantas pesadillas relacionadas con Voldemort. No voy a
perder otro sentido.
— ¿Estas bien? —preguntó Sirius en cuanto vio que su respiración se había regulado después
de unos minutos.
— Ya estoy mejor.
Harry pensó por un momento. ¿Aquello era una simple pesadilla? No sería la primera vez que
Voldemort rondaba sus sueños y le aterraba en ellos, había aprendido muy bien a vivir con
eso ya. Quizás el estrés acumulado por la maldición que llevaba hizo que uniera en un mismo
sueño eso y al Señor Tenebroso. Además, el símbolo en su pecho seguía sin molestarle, así
que solo debía tratarse de un mal sueño.
—Sí, fue solo eso. Estaba estudiando y no se en que momento me quede dormido.
Harry lo miró sin saber que contestar a ese respecto. No quería que los otros supieran los
estudios que hacía con sus amigos.
—Te traemos una buena noticia—dijo su padrino con una gran sonrisa.
Con pocas palabras, le explicó que ellos dos se quedarían con él y Snape, algo que Harry no
creía debido a que jamás pensó escuchar las palabras Snape, Sirius, navidad y juntos en la
misma oración sin que alguna maldición no estuviera de por medio.
Ni en sus sueños más locos, retorcidos, extravagantes o extraños se imaginó que alguien le
diría que estaría viviendo en la misma casa que Sirius Black y Severus Snape.
Sirius hizo una mueca, sintiendo una ligera sensación de molestia cuando Harry se mencionó
a él y a Snape como un "nosotros", pero no comentó nada por el momento. Le había
prometido a Remus que se mordería la lengua antes de saltar con alguna "estupidez", y el
licántropo tuvo a bien informarle que Harry y Snape parecían tener una relación de amistad
bastante buena, y que tendría que aprender a sobrellevarla.
—Así es, — confirmó Sirius, y fingió molestarse por la respuesta ruda de su ahijado— ¿te
molesta eso acaso?
—No, no, por supuesto que no—respondió Harry sentándose más cerca del borde de la cama,
su gran sonrisa y la iluminación de sus ojos le confirmó a Sirius que la noticia le había
alegrado—es solo que, no lo sé, no pensé que podrían.
Poder... ambos hombres se dieron cuenta que Harry se estaba refiriendo a que nunca se
imaginó que los tres mayores podían estar bajo una misma casa, específicamente Sirius y
Severus, lo que era una creencia muy válida.
—El director nos habló— Remus tomó la palabra, siendo que ya habían planificado la excusa
que iban a decir—está preocupado de que el Señor Tenebroso pueda llamar a Severus en
alguna noche, y como el ritual es debilitante para él, prefiere que ustedes no estén solos.
Harry sabía que el Minuere debilitaba a Snape y, aunque en parte Dumbledore veía con
agrado que los dos tuviesen la compañía de magos capacitados, no era la verdadera razón
para aquello.
¿Pero podían decirle que la verdadera razón de aquello era porque tenían miedo de que fuera
su última navidad?
Rotundamente, no.
Impensable.
Imposible.
De todas formas Harry no pareció dudar de aquella explicación, el simple hecho de saber que
podría pasar navidad con su padrino y Remus también le hacía no querer saber más detalles.
Por lo menos la navidad que haba planeado con Hermione y Ron no se había perdido del
todo.
—Pero tú y Snape, el profesor Snape, —se corrigió y luego señaló directamente a Black —
¿podrán llevarse bien?
—Solo ha convocado a dos reuniones y se ve muy concentrado. —recordó que en esas dos
reuniones Voldemort parecía hablar consigo mismo, ansioso o esperando por algo—
— ¿Crees que esté planeando algo sin contarle a ninguno de sus seguidores?
Aquello era un hecho innegable para el maestro de pociones. Voldemort los llamaba para que
le dieran una especie de informe y, en caso de no conseguir progreso de alguno, maldecirlos
hasta el cansancio. Quizás para alguien menos observador su actitud habría pasado
desapercibida, pero para Severus, quien había dedicado prácticamente toda su vida a la
observación y el espionaje, aquello no pasó desapercibido.
Voldemort, si bien seguía tan despiadado como siempre, parecía estar ligeramente inquieto,
quizás a la espera de algo. Además, parecía estar extremadamente silencioso. Convocó a
Snape para que este le diera alguna información de Dumbledore, pero en ningún momento
hizo ningún comentario que le diera al maestro de pociones algún indicio de lo que planeaba.
—Deberemos estar preparados para lo que venga. —sentencio Dumbledore, sintiendo que el
peso de la situación estaba haciendo demasiada mella en sus años— la última vez que
mantuvo sus pensamientos para sí mismo terminó lanzando el Corpore Inclusus.
—No tienes que recordármelo—dijo apretando los labios, el hecho de no haber tenido ningún
avance con la maldición de Harry le afectaba mucho más que no saber qué esperar del señor
oscuro. — ¿sigue sin haber nada?
—Unos viejos amigos del ministerio continúan ayudándome con sus influencias buscando a
la persona que Remus conoció. Pero es como si se hubiese desvanecido. Por otra parte, he
contactado con los magos más viejos que creo hayan podido escuchar la maldición.
Dumbledore hizo silencio, y Severus no necesitó que dijera nada más para saber que nada de
lo que estaban haciendo estaba dando resultados.
Necesitaban más tiempo, y era justo lo que no tenían.
Después de darle la noticia de que los cuatro estarían juntos en esas vacaciones, Remus tuvo
que irse alegando que aun debía terminar de hablar unos detalles con Minerva. Sirius se
quedó con Harry y, sin tocar el tema de la maldición —cosa que Harry agradeció —
estuvieron hablando un rato acerca de lo que podrían hacer esa navidad y de que Sirius estaba
planeando una broma junto con los gemelos para hacerla en nochebuena en la madriguera.
Cuando llegó la hora de irse y Remus se les unió, fueron a la oficina del director donde el
maestro de pociones los estaba esperando. Dumbledore les había preparado un traslador hacia
la casa de Severus ya que después de haber realizado el Minuere tantas veces, Snape
intentaba realizar las apariciones lo menos posible y solo hacerlas cuando Voldemort le
llamaba. Como en aquella ocasión también iba a llevar a Harry, había decidido que un
traslador era su mejor opción.
Cuando los tres Gryffindors entraron a la oficina, Dumbledore no pudo evitar ofrecerles unos
cuantos caramelos de limón para el viaje, aunque fuese un viaje de unos pocos segundos.
Consiguió el traslador de uno de sus cajones y se lo tendió a Snape, quien lo miró con
desagrado.
Al llegar el momento de partir, Snape tuvo el fugaz pensamiento de si habría forma de retirar
un poco el traslador de la mano de Sirius y provocar que este se quedara en el castillo, habría
sido divertido ver su reacción.
— ¿Un muñeco? —preguntó Sirius con sarcasmo cuando vio el traslador en la mano de
Severus.
Ignorando los comentarios del director de saber distinguir un muñeco de una reliquia antigua,
en el segundo justo indicado todos tocaron el muñeco.
Snape había destruido su casa de la Hilandera mucho tiempo atrás, demasiados recuerdos de
un padre abusivo y una madre despreocupada que no deseaba volver a revivir una y otra vez.
En cambio optó por algo que quedaba mejor con sus deseos de tranquilidad y soledad: una
cabaña en medio del bosque.
Ninguna persona aparte de él y el director conocía su casa, aunque ahora aquello no era un
secreto para tres Gryffindors que miraban el lugar donde habían llegado con curiosidad. El
mismo Dumbledore le había ayudado a colocar las protecciones incluyendo el escudo
alrededor de la propiedad que provocaba que fuera completamente invisible e indetectable de
los ojos curiosos.
El bosque era bastante espeso, cosa que siempre le había agradado y fue la principal razón de
ubicarse en esa zona. En aquel momento el frio del lugar era bastante fuerte, pero aún no
nevaba y Harry se preguntó cómo luciría aquel lugar con un manto de nieve sobre él.
La cabaña de dos pisos que se elevaba frente a ellos, no era demasiado grande. Aquello jamás
le importó a Severus debido a que siempre había vivido solo, pero ahora, al imaginarse pasar
aquellos días con Sirius Black pensaba que su casa era demasiado pequeña para poder
aguantar aquello.
Snape les hizo una seña para que le siguieran y en algún punto se sintió intimidado al
entender del todo que tres leones estaban ingresando en los dominios de una única serpiente.
Remus consideró que Severus podría sentirse incomodo con aquello y le había ofrecido pasar
esas navidades en Grimmauld Place y de esa forma no sentiría que invadirían su hogar, y
podría mantener su casa en privado. Estuvo a punto de aceptar aquella oferta, pero después de
pensarlo bien supo que sería peor pues estaría entrando en el dominio propio de los leones, y
eso era mucho peor.
En el piso inferior estaba la sala de estar, la cocina y una puerta que luego descubriría daba
hacia una biblioteca personal. En el segundo piso estaban las dos habitaciones que —y
Severus agradeció mentalmente por ese detalle— por lo menos cada una tenía un pequeño
cuarto de baño propio. De haber tenido que compartir un baño con el animago estaba seguro
de que se matarían antes de la cena de nochebuena.
Cosquillas
—Hay dos habitaciones en la parte superior. —Explicó Severus en tono serio y luego se giró
a Remus y Sirius— ustedes pueden tomar la de la izquierda. Y nosotros tomaremos la de la
derecha.
Ahí estaba nuevamente la mirada de Sirius que demostraba que no le agradaba nada el
escuchar el “nosotros” que incluía a Harry y a Severus en una misma oración. Pero,
recordando que no estaba en ninguna posición de reclamar, simplemente se giró para ver a
Harry y preguntarle si necesitaba ayuda.
Desde la pesadilla que había tenido aquella tarde Harry se sentía ligeramente mareado. No, a
decir verdad se sentía de esa forma desde la mañana, cuando habló con Draco.
Lamentablemente tuvo que reconocer que su ingesta alimenticia había sido precaria desde
que perdió el sentido del gusto y, aunque quería evitarlo, era malditamente difícil forzarse a
comer y más agregado a que ni siquiera podía engañar a su cerebro con los olores. Porque
tampoco podía hacer eso.
Se excusó diciendo que necesitaba usar el baño y Severus lo llevó hasta arriba ayudándole a
levitar su baúl bajo la atenta mirada de Sirius. Snape le mostró la habitación rápidamente y,
dándole privacidad, volvió a la sala de estar donde se habían quedado los otros dos.
—Supongo que podrán actuar con madurez estos días, por el bien y la paz mental de Harry.
—aclaró Remus en cuanto vio a Severus bajar la escalera, sintiendo que aquello
probablemente sería muy difícil de lograr.
El rostro de Remus era serio y pretendía ser intimidante. El momento de debilidad de Sirius
frente a Snape no iba a durar demasiado. Por más que lo intentara, eran más de quince años
de rivalidad que había entre ellos el cual no se resolvería de la noche a la mañana.
Pero, por la paz mental de Harry y de todos, hicieron un acuerdo silencioso de, por lo menos
intentar, no matarse en lo que duraran esas vacaciones.
Como habían llegado ya de noche Remus se ofreció a preparar algo para que todos cenaran y
ver si de esa forma se relajaban los ánimos. Severus le ayudó, indicándole donde podría
conseguir todo en la cocina hasta que el licántropo se adaptara. El maestro de pociones había
decidido dejar que ellos comieran juntos y mantenerse apartado. Estuvo pensando en el
transcurso de aquel día que lo mejor que podría hacer seria mantenerse alejado para que
Harry pudiese pasar ese tiempo con su familia. No podía negar que ese pensamiento se le
hizo bastante molesto, pero debía de aceptar que él no era parte de la familia de Harry aun si
así lo quisiera. Simplemente tenían una especie de amistad que no estaba del todo seguro que
tan fuerte era.
Decidió que estaría en la biblioteca mientras tanto pero, como sus planes nunca se cumplían
como era su voluntad, Harry bajó en ese preciso instante atraído seguramente por el olor de la
comida y exclamó:
—Supongo que cenaremos todos juntos—su voz se escuchó lo suficientemente feliz como
para provocar que ninguno de los presentes pudiera negarse.
—No veo por qué no—asintió Remus sonriéndole, evitando que ninguno de los otros dos
tuviera algo que decir.
No pasó mucho tiempo para que los cuatro estuvieran sentados en la mesa de la cocina. Sirius
y Severus quedaron uno frente al otro, y si bien aquello era peligroso, lo era más si quedaban
uno al lado del otro.
La ligera tensión que había en el ambiente podía sentirse a bastante. Remus suspiró y se
dispuso a mantener aquella primera cena a flote y sin sangre de por medio. Colocó temas de
conversación neutros, principalmente acerca de los estudios de Harry y este, notando lo que
sucedía, le siguió la corriente. También hablaron de la broma que seguramente planearían los
gemelos para noche buena y, siguiendo con temas neutros, sobre la temporada de Quidditch.
Tanto Severus como Sirius comentaban, pero no se dirigían realmente la palabra entre sí.
Mientras la cena avanzaba por buen camino, Severus veía de reojo a Harry quien fingía
comer cuando realmente no había tocado ni la tercera parte de su plato. Eso le hizo recordar
una conversación que tuvo con el muchacho en la Torre de Astronomía donde este le
comentó que comer le daba asco.
No había sido su imaginación que lo estaba notando más delgado los últimos días.
Casi a mitad de la cena y cuando todo parecía ir bastante bien, a Sirius no se le ocurrió otra
cosa que mencionar una palabra que debió haber sido vetada de toda conversación:
mortifago.
Quizás no habría sobrepasado a mayores de no ser porque la dijo en tono agrio, en una
oración muy general que involucraba las palabras traidores, asesinos y sin escrúpulos, y por
qué lo hizo mirando a Severus.
Severus lo miró, sintiendo que el cuchillo que tenía en su mano sería bastante más útil que su
varita.
—Harry, — interrumpió Remus sintiendo como los otros dos parecían querer atacarse con
algún hechizo—creo que dejé una jarra en la sala. ¿Puedes ir a buscarla para servir el jugo?
Harry no tenía que pensarlo demasiado para darse cuenta que Remus le estaba pidiendo de
forma poco sutil que los dejara a los tres un momento a solas. ¿A caso al hombre se le
olvidaba que él tenía 17 años ya? No se trataba de un niño que no podía escuchar una
discusión de personas mayores.
—Yo…—intentó protestar.
—Tráela—le cortó Severus, sabiendo lo que había querido Lupin desde un principio y
estando de acuerdo en que Harry no necesitaba ver ese tipo de rencillas.
Sirius entrecerró los ojos. No le agradó para nada que Snape le exigiera algo a Harry, y
menos en ese tono de voz.
—Él no es tu maldito elf… ¡Mierda!—exclamó Black con los dientes apretados cuando sintió
un fuerte golpe en el pie que no le dejó terminar la oración.
Debido a la dirección del golpe, supo rápidamente que aquello fue una patada provocada por
Remus, así que lo miró con los ojos abiertos. Remus le había pisado para que se callara.
—Me tropecé—se disculpó el licántropo intentando controlar su tono de voz, pero con una
clara advertencia en su mirada.
— ¿Te tropezaste sentado? —preguntó Black. Aquella pisada le recordaba que tenía a su lado
a un hombre lobo, con todo y fuerza mayor a la del promedio incluido.
—Sí, Sirius.
— ¿Y por qué no te tropiezas con él? —reclamó apuntando a Snape. —Él es quien empieza.
El ruido que hizo Harry al arrastrar la silla cuando se levantó de golpe obtuvo la atención de
los tres hombres presentes.
—Harry…
—Tengo suficiente con Voldemort como para verlos a ustedes pelear también. Me voy a
dormir.
Ninguno de los tres dijo nada y, cuando después de subir a la habitación azotó la puerta, un
estallido de magia provocó que todo el interior de la casa se agitara por un segundo.
Harry se lanzó sobre la cama, dándole la espalda a la puerta y esperando fundirse entre las
sabanas para no tener que ver a los otros por un largo tiempo. ¿Había actuado de una forma
inmadura? Ciertamente quizás fue un poco exagerado con su salida dramática. Tal vez debió
intentar conciliar más entre ellos dos y ver si lograba que dejaran de pelear de una vez por
todas.
Pero es que le frustraba verlos peleando. Se trataba de su padrino —la familia más cercana a
sus padres que le quedaba— y la persona que quería. Nada le habría hecho más feliz verlos
llevándose bien, pero suponía que aquello era demasiado pedir.
Sintió la puerta abrirse y se reclamó a sí mismo que debió haberla asegurado. El problema es
que aquella también era la habitación de Snape, y si era él por obvias razones no podría
decirle que no entrara.
Remus asintió aunque Harry no podía verlo, terminó de entrar a la habitación y cerró la
puerta. Se acercó a la cama y se sentó a un lado del muchacho en la cama.
—Dales tiempo, —soltó con voz suave, colocando una mano en el hombro del otro—algún
día aprenderán a comportarse.
—Sus rencores están muy arraigados—explicó Remus. Pero eso no hizo que Harry los
entendiera más. —es una pelea que viene desde sus años de escuela.
—Sigue siendo frustrante. No ha pasado un día y ya se pelean. ¿Qué nos queda el resto de las
vacaciones? Estaba bastante emocionado creyendo que podríamos pasar las vacaciones bien,
pero ahora…
—Te gusta Severus, ¿cierto? —preguntó Remus de la nada, tomando a Harry por sorpresa—
tu emoción no solo era por Sirius y por mí, sino también por él.
Harry parpadeó varias veces, sintiéndose expuesto e incapaz de decir una mentira que sonara
convincente.
— ¿Como?
—No del todo, — admitió, y no pudo evitar que su sonrisa se ensanchara más al agregar lo
último: — pero la forma en la que lo miras también ayuda mucho a fomentar mi hipótesis.
Inevitablemente Harry se sonrojó. ¿Acaso había sido tan obvio que Remus se había dado
cuenta? ¿Eso significaba que alguien más lo había notado? Por su bien, esperaba que no.
—Yo… no le digas a Sirius—soltó. No valía la pena negar algo que Remus ya sabía. —no
quiero que haya una discusión por algo que probablemente no ocurra.
— ¿Crees que él no te corresponde? —Ante el asentimiento de Harry, Remus hizo una mueca
en desacuerdo —ciertamente mi instinto no funciona con él porque no somos tan cercanos,
pero eso no significa que no me doy cuenta cómo te trata o se comporta cuando estas a su
alrededor.
—Estas exagerando.
— ¿Exagerando? Estoy más que seguro que lo de hace un rato no pasó a mayores porque tú
estabas presente, y eso provocó que Snape se controlara. Vi como apretó su mano deseando
sacar su varita y aguantándose las ganas.
Harry desvió la mirada, incapaz de creer del todo las palabras de Remus cuando siempre
parecía que Snape se alejaba si el intentaba acercársele. Pero, había algo más en las palabras
de Remus que le dejó con duda. En su discurso no había reproche alguno.
Aunque sabía que Severus y Remus se llevaban con bastante decencia y podían convivir sin
insultarse, era un hecho que tiempo atrás habían sido enemigos, principalmente por que el
licántropo era amigo su padre y de Sirius, y estos siempre detestaron a la serpiente.
— ¿Qué podría verle mal? —Respondió, entendiendo su duda— No te negaré que me habrá
gustado verte con alguien de tu edad, pero él es un buen hombre que siempre te ha protegido.
Y tú, aunque no tengas 18, eres más maduro que muchos a tu edad, y si él es quien te hace
feliz yo no me opongo de ninguna forma.
—Pero Sirius…
—Olvídate de Sirius, este lobo puede controlar a ese perro viejo. Al final entenderá por las
buenas o por las malas.
Después de hablar con Harry, Remus fue a la habitación que compartiría con Black por esos
días y lo encontró dando vueltas alrededor del pequeño cuarto. Lo dejó pensar con
tranquilidad y se alistó para acostarse. Aun después de Lupin ya estaba en la cama, Sirius
seguía dando vueltas, pensativo. Lo conocía demasiado bien desde hacia los suficientes años
como para no saber exactamente lo que pasaba por la mente del animago. Pero no dijo nada,
sabiendo que el otro necesitaba un momento para debatir consigo mismo.
—Sé que te preocupa, pero estará bien. —su voz era suave y baja, con palabras susurradas
directamente en el oído del otro—Mañana podrás hablar con él cuando le disminuya el enojo
que le provocaron.
— ¿Cómo puedes saber que estará bien? —preguntó, veía el techo con los brazos cruzados.
En cierta forma sabía que había metido la pata, aunque no iba a aceptar que era el único
culpable.
Sirius se arrepintió de haber dicho esas palabras inmediatamente la última salió de su boca.
Sabía que Remus detestaba que le hiciera burla a su condición de lobo y menos a esa parte de
su instinto.
Lupin estiró sus brazos alrededor del otro y Sirius se acurrucó más en el abrazo, sintiéndose
demasiado impotente en aquel momento. El licántropo sabía que Black no lo había dicho a
propósito, y no iba a reclamárselo en ese momento.
Después de unos minutos de silencio en donde Black pareció relajarse entre sus brazos, tuvo
la fuerza para expresarle aquello que le estaba atormentando: —Creo que también estoy algo
preocupado por la relación que tiene con Snape. Parecen tan…cercanos.
— ¿Por eso ese comentario sobre mortifagos? Sirius, han estado haciendo un ritual mágico
por casi dos meses que involucra que estén juntos en una cama.
—Eso no tiene nada que ver. —cortó alejándose un poco para ver directamente la cara de
Lupin—En ese ritual no hacen nada más que estar juntos, a menos que esa serpiente se haya
aprovechado de él…
— ¿Cómo piensas eso? — Remus respiró profundo, a veces Sirius resultaba ser un gran dolor
de cabeza— Severus jamás haría algo de ese estilo. Además, es quien le ha estado ayudando
con sus entrenamientos y, te recuerdo, al fin y al cabo es buena persona.
—No veo el punto. —Sentenció volviendo a acurrucarse entre los brazos de su pareja—ni
creo necesitar verlo.
—El punto es, — habló suave, sabiendo que más que odio hacia Snape, Sirius solo estaba
celoso de que alguien tuviera la atención de su ahijado— qué es más que lógico que tengan
una buena relación.
—A mí no me parece tan lógico. Solo espero que esta mierda de maldición se rompa pronto
para que Harry no tenga que pasar más tiempo con él.
Aunque llevaba tiempo acostado en la cama sin hacer nada desde que Remus habló con él,
Harry seguía sin poder dormir. No lo había intentado demasiado, de todas formas, ya que
necesitaba esperar a que Snape subiera a la habitación e hicieran el ritual del Minuere antes
de dormir. Unos minutos más tarde, quizás pasadas las diez de la noche, sintió que la puerta
se abría y se volvía a cerrar, y supuso que debía ser Severus.
— ¿Sigues despierto? —escuchó que decía con voz grave al tiempo que se sentaba a su lado.
— Debemos hacer el ritual, ¿o no? — preguntó cortante. Seguía ligeramente molesto con
Snape por lo de la cena, y aunque no quería, era inevitable. Se giró para verle, y frunció el
ceño cuando vio que el mayor había traído una bandeja con comida. Fue inevitable no sonreír
ante eso. — ¿No comiste suficiente en la cena?
—No tengo hambre. —desvió la mirada hacia algún punto en la habitación. Sabía que se
estaba descuidando, pero lo poco que comía ya le era demasiado trabajoso y difícil.
Severus asintió, colocó la bandeja en la mesita de noche que tenía a su lado y tomó el plato
que había en ella.
—Puede que no tengas hambre, que lo dudo. Eso no significa que no necesites comer.
—Yo no…
—No dije que lo eras. —afirmó, sabiendo que de la última forma que veía a Harry seria como
un niño—pero los adultos necesitan ayuda a veces. Solo inténtalo.
Harry miró la cuchara que el otro sostenía frente a su cara sin entender por qué no le dejaba
comer por sí mismo. Aceptando a regañadientes después de entender que Snape no le dejaría
salir de aquella situación sin obedecerle, abrió su boca y aceptó lo que le daban.
— ¿Qué rayos? —exclamó con la boca llena controlando una ligera risa que quería brotar por
sus labios. La sensación de cosquillas en su estómago era ligera, nada para reír a carcajadas,
pero era notable.
—Controla tu lenguaje, Potter. —le regaño Snape en tono serio, pero Harry pudo ver una
ligera sonrisa asomarse en los labios del maestro. —solo come.
Harry masticó pero seguía notando la sensación de las ligeras cosquillas en todo su cuerpo.
Tuvo que controlarse para no reír.
Harry entrecerró los ojos y volvió a aceptar la cuchara que Severus elevaba cerca de su cara.
Inmediatamente la comida estuvo en su boca, volvió a sentir las cosquillas.
—No estoy loco—dijo dejando escapar una sonrisa, era inevitable—algo me está haciendo
cosquillas.
Severus habló con el mismo tono monótono con el que explicaba sus clases, como si no
estuviera diciendo que se había preocupado tanto por Harry, que hechizó la cuchara para que
cada vez que Harry la tocara con su boca le hiciera ligeras cosquillas para que no solo se
concentrara en la comida que ni podía oler o saborear.
Aquel era un hechizo que utilizaban muchos padres cuando sus hijos no querían comer. Las
cosquillas les hacían reír y ellos aceptaban seguir comiendo tan solo para que la magia les
siguiera haciendo cosquillas.
Era extraño, pensar en lo que estaba sucediendo en aquella habitación era más que extraño.
Los dos sentados en la cama, Harry siendo alimentado por Severus y controlando las risas
que el hechizo le provocaba. Severus sonreía ligeramente, incapaz de resistirse a la cara del
menor que intentaba controlar su risa.
Al final Harry tuvo que admitir que aquello funcionó bastante bien. El esfuerzo que tuvo que
hacer para evitar reírse ante Severus le mantenía lo suficientemente distraído para no pensar
en la comida en sí. Y la cara del maestro de pociones —que no podía evitar tener una
pequeña sonrisa en su rostro— tampoco ayudaba.
—Gracias—dijo cuándo Severus recogió los platos para llevarlos a la cocina. Cualquier
rastro de enojo acerca de lo que había pasado en la cena desapareció.
—No veo por qué agradecer. —respondió, dejando solo al muchacho en la habitación.
Tardó en la cocina más de lo que necesitaba. Ese momento, lejos de cualquier otro, lo había
sentido como uno de los más íntimos que había tenido con Harry. Así lo sentía, y era algo
ilógico pues ellos ya habían compartido abrazos, habían dormido juntos y, sin embargo, el
hacer aquello por Harry mientras escuchaba la ligera risa del muchacho le hizo sentir
demasiadas cosas que no debería sentir.
Se frotó la cara buscando la entereza que se le había perdido. Y respiró profundamente antes
de volver a subir a su habitación y hacer el ritual. Debía controlar lo que estaba sintiendo, o
aquella sería una noche bastante larga y difícil.
Aquel era un sueño, y Harry lo sabía. Supo exactamente el momento exacto en el que
después de hacer el ritual quedó dormido. Lo supo porque en el momento exacto en que se
durmió, entró en ese cuarto blanco. Nada le rodeaba, solo estaba él sin saber qué hacer. Ese
sueño no era como los anteriores ni como ninguna de sus pesadillas pasadas. En esa ocasión
estaba plenamente consciente de todo. Y quizás eso provocaba que todo fuera aun peor.
De la nada y como la última pesadilla que había tenido, llegaron los gritos. Gritos espantosos
le rodeaban nuevamente y no podía detenerlos ni siquiera tapando sus oídos con fuerza. Y
nuevamente no sabia de donde venía aquello, en aquella habitación blanca no había nada a su
alrededor, no había nadie a su alrededor, sin salidas, sin ventanas.
Pero gritaba al vacío, porque no lograba ver nada más que blanco. La luz que había a su
alrededor se fue desvaneciendo y como en tantos sueños atrás, volvió a estar envuelto en la
oscuridad. Aquella oscuridad emporó todo. Intentó gritar pero esta vez nada salió de sus
labios. Entonces lo que tanto temía, ocurrió. El dolor en su pecho justo en el punto de la
marca se hizo presente, y ya sabía lo que significaba aquello.
Se despertó de golpe sintiendo que se ahogaba, y tomó todo el aire que sus pulmones
pudieran soportar en una sola respiración.
No llores, no llores, no llores, se dijo a si mismo cuando las lágrimas amenazaban con
desbordar sus ojos.
¿Cómo no darse cuenta de lo que estaba sucediendo? Ya no podía ignorar la verdad, seria ser
demasiado estúpido para pensar que era una simple pesadilla esta vez.
Se alejó ligeramente de Snape en la cama, estando casi a punto de caerse cuando llegó a la
orilla opuesta de la cama. Estaba hiperventilando y no podía controlarse. Su cuerpo temblaba
y no sentía que el aire llegara a sus pulmones por más fuerte que inspirara. Quería levantarse,
llegar al baño y encerrarse en él, pero simplemente no tenía las fuerzas para hacerlo.
Severus se despertó confundido, alertado por los movimientos del muchacho y por el sonido
de su respiración forzada. En cuanto vio a Harry sentado en la cama, temblando y luchando
para respirar, estuvo a su lado en un segundo.
— ¿Harry? —preguntó, pero no obtuvo respuesta. Acortó la distancia que los separaba y
puso una mano en el hombro del otro—Harry ¿Qué sucede?
Una intensa respiración de Harry le dio el indicio a Severus de que el muchacho intentaba no
llorar, y eso lo alarmó aún más.
—La marca—logró decir con voz cortada—la marca de mi pecho esta…duele. Sentí lo
mismo cuando...
A Snape aquellas palabras le cayeron como un balde de agua fría, y no necesitó que Harry le
dijera nada más para entenderlo todo.
Severus lo abrazó intentando darle un consuelo que lógicamente no logrería. No había forma
de consolarlo ante aquella dolorosa realidad.
Palabras de aliento eran dichas en voz baja, pero Harry parecía estar en una especie de trance
debido al sueño que había experimentado y no las escuchaba.
Aquella situación empeoró cuando la marca de Severus, la que cargaba en su brazo izquierdo
como penitencia eterna por haberse unido a las filas de Lord Voldemort empezó a doler de
una manera horrible, y eso sucedía cuando el señor oscuro estaba increíblemente feliz, o
demasiado enojado.
Harry seguía acurrucado en su abrazo, ignorante a lo que sucedía con Severus, pero por lo
menos su respiración se había controlado. Ahora solo se concentraba en no llorar.
Snape calculó su tiempo, solo tenía un par de minutos antes de desaparecer hacia la presencia
del Lord. Si tardaba demasiado cualquier castigo que él tuviese preparado seguramente irían
dirigidos hacia su persona.
— ¡Black, Lupin!
Ninguno de los dos llevaba demasiado tiempo dormido, y de todas formas los instintos de
Remus lo mantenían lo suficientemente alerta para reaccionar rápido al llamado de Snape.
—Tenemos un problema.
Tuvo que ser rápido para explicarles lo que sucedía con Harry y que el señor oscuro lo
convocaba a una reunión. Apenas si pudo recoger las cosas que necesitaba antes de salir a la
fría noche y alcanzar el punto desde donde podría aparecerse.
Esa noche era especial y él podía sentirlo, la marca quemaba de una forma increíble ante el
llamado. Voldemort estaba más que eufórico, acababa de descubrir que la maldición que
lanzó había dado en un blanco.
Voldemort
Severus apresuró el paso ignorando el jardín seco y las plantas marchitas. No traía su máscara
puesta. Cuando el señor tenebroso llamaba a sus súbditos con tanto ímpetu —sin importar si
era por buenas o malas circunstancias— le gustaba ver las expresiones de sus fieles cuando
hablara. Y las emociones de Voldemort se estaban incrementando, podía sentirlo a través del
quemante dolor de la marca en su antebrazo izquierdo.
Ignoró a los mortifagos apostados en la entrada que vigilaban la llegada de los demás y se
encaminó lo más rápido que pudo hasta el salón principal de aquella casa, donde sabía que
Voldemort estaría torturando a uno de sus fieles seguidores. Cerca de la puerta del salón
principal podía escuchar los gritos. Ahogados, suplicantes y jadeantes.
Pero algo de todo aquello le resultó extraño, y es que solo estaban tres mortifagos
arrodillados y con los rostros inclinados al suelo. Además de ellos tan solo estaba el joven a
quien estaban torturando. Severus pudo darse cuenta, pues el pobre muchacho estaba boca
arriba recibiendo el cruciatus, que aquel no podía ser mayor de 20 años. Uno de los nuevos
que se habían unido a las filas.
Aguantaba estoicamente el dolor de la marca y supo que algo debía estar emocionando
demasiado a Voldemort si, además de llamarlos de aquella forma, torturaba a uno de sus
nuevos reclutas con un disfrute casi pasional.
A Snape no le gustaba que Voldemort estuviera demasiado enojado, pues eso significaría que
podría torturarlo hasta casi la muerte. Pero tampoco le agradaba un Voldemort feliz, porque
eso solo era indicio de grandes problemas para el bando de la luz, y quizás eso era peor.
La quemante sensación de la marca cedió y, colocando una expresión seria, se preparó para
cualquier intrusión mental cuando Voldemort se acercó directamente a él.
—Mi señor.
— ¡Todos fuera! —Gritó Voldemort a los otros mortifagos—Ya no me sirven para nada.
Los tres mortifagos obedecieron y Severus pudo reconocerlos aun con el rostro semi
agachado. Eran el Crabbe Senior, Corban Yaxley, y Alemyc Stephan, este último un
mortifago que había estado consiguiendo bastante poder entre las filas de Voldemort. Al más
joven Severus no lo reconoció, así que supuso que no había estado en Hogwarts.
Hubo un gran detalle que el maestro de pociones no pudo ignorar mientras los hombres
caminaban hacia la salida: cojeaban. Parecían estar lastimados o, mejor dicho, parecían haber
recibido maldiciones. Pero había sido muy corto el tiempo entre que la marca de Severus
dolió hasta que llegó frente al Lord; lo que significaba que era imposible que los cuatro
fueran maldecidos en ese lapso.
La única idea es que a ellos los llamara con anterioridad —aunque no entendía para qué— y
que la principal intención de Voldemort era el quedarse solo con Severus desde un principio,
pero gastar sus energías antes. ¿Para qué? ¿O acaso habría otra explicación acerca de por qué
parecían estar heridos?
La puerta se cerró tras los mortifagos y, antes de hablar, Voldemort le pidió que se irguiera y
le mirara fijamente.
— ¿Sabías que mi hechizo dio en el blanco? —Dijo con sus ojos fríos fijos en el maestro de
pociones—Y no cualquiera, —agregó con una sonrisa—dio en Harry Potter.
Severus no se permitió tensarse, aunque aquello era lo que quería. Sabía que el Lord estaba
leyendo su mente en busca de alguna mentira que pudiera contar. Seguramente Voldemort se
preguntaba como mierda su supuesto mejor espía pasó por alto el hecho de que Potter estaba
sufriendo de una maldición devastadora.
No quería hacer parecer que desconfiaba de las palabras del Lord, pero no había una forma de
salirse de aquello, cualquier cosa que dijera podía hacerlo enojar. Voldemort cortó la
conexión visual y dio media vuelta.
—Ha sido la conexión que tengo con Potter. —explicó, y Snape se golpeó mentalmente al
darse cuenta que jamás recordaron la conexión de Harry y Voldemort— ¿No notaste nada,
Severus?
Ahí estaba, ¿Qué podría decir que no delatara su coartada? o en otro aspecto, ¿que no lo
hiciera ver como un espía inservible?
—Lo vi entrar varias veces a la oficina del director, pero suponía que era a darle algún tipo de
lección.
La maldición no se hizo esperar y el cruciatus lo golpeó con fuerza. Para su suerte no duró
tanto como pensaba.
—Muy mal por ti, debes decirme todo cuando pase en torno a Potter, o pensaré que no sirves
para este trabajo. — El Lord le lanzó otra maldición y la mantuvo por un tiempo más largo.
Hasta que se detuvo y, dándole un segundo a su mortifago para que tomara aire, volvió a
hablar. — El Corpore Inclusus crea una conexión entre las dos personas involucradas, para
que quien lo lanzó pueda sentir el avance de la maldición, pero eso no sucedió. O eso es lo
que yo pensaba. La conexión siempre estuvo ahí, solo que de alguna forma se entremezcló
con la que ya yo tenía con él, algo obvio considerando que son conexiones mágicas fuertes.
—Pero hay algo que no entiendo. A estas alturas ya Potter debería estar muerto. —Tan solo
la mención de esa palabra en los labios del Lord provocó que Severus casi temblara, casi.
Pero se controló. — La maldición toma un lapso de dos a cuatro días en llevarse cada
sentido, y yo lo hice todo bien. —Los siseos de Voldemort se acentuaban con cada palabra,
demostrando lo molesto que se volvía mientras seguía hablando. —Supongo que Dumbledore
habrá encontrado la forma de detener el avance. Quizás por eso las idas a la oficina del viejo.
¿Tú qué opinas?
—Puede ser, mi señor. Dumbledore no dejaría que Potter muera con tanta facilidad.
—Sácale esa información al hombre, necesito saber que hechizo están utilizando, y en qué
estado se encuentra Potter en este momento, así sabré cuanto esperar para volver a atacar.
Aun no me recupero del todo de haberla lanzado. —una pausa y Voldemort volvió a su
posición inicial, acomodándose en su asiento para ver detenidamente a su mortifago—
Imagino que te has dado cuenta que Lucius no está aquí, ¿cierto? Él está perdiendo
privilegios, no provoques que te ocurra lo mismo.
Severus ya lo sospechaba, el mismo Lucius le había dicho que necesitaba hablar con él,
aunque aún no concertaban aquella cita. Pero no sabía a ciencia cierta hasta qué punto
estaban tan mal las cosas para los Malfoy.
Voldemort decidió que su castigo por ser un espía ineficiente aún no había terminado, así que
decidió que podría entretenerse un rato más con Snape.
La tortura duró casi hasta las cinco de la mañana y, cuando se apareció en los límites de su
casa, apenas si podía caminar. Se aferró el abdomen y caminó con lentitud. Su mano se
ensangrentaba a cada paso que daba, Voldemort había pasado de los simples cruciatus a
cortes y otro tipo de tortura; nada fuera de lo habitual para una noche de castigos. Aun con lo
desecho que estaba, en aquel momento lo único que quería era llegar y saber si Harry estaba
bien. Recordaba en qué circunstancias abandonó al chico antes de partir a la reunión y le
preocupaba haberlo dejado con un claro ataque de ansiedad.
Sabía que se había quedado en buenas manos, pero aun así deseaba verlo.
Con unos pasos separándolo de la puerta principal vio como esta se abría y el director se
adelantó a su encuentro. Solo en ese momento Severus se dio cuenta lo débil que se
encontraba y no pudo evitar caer de rodillas entre la nieve.
Sirius consoló a Harry lo mejor que pudo. Mientras lo abrazaba le decía palabras
confortantes, aunque no habían muchas palabras de aliento que pudiera decirle que
funcionaran realmente.
Harry no lloró, ni una sola lagrima salió de sus ojos, y estando tan cerca de él Sirius podía
escuchar como el más joven repetía "no llores" una y otra vez. Quiso decirle que podía llorar,
que nadie lo acusaría si lo hacía, pero esas palabras no llegaban a formarse en sus labios.
Remus se quedó unos pasos alejado, dándoles espacio. Sirius abrazaba a Harry en la cama
con fuerza y desesperación, sabiendo que ellos estaban más lejos de la cura y Harry más
cerca de la muerte. Y no podían hacer nada.
El director llegó poco tiempo después y Remus salió de la habitación para hablar con él,
dejando solo a los otros dos Gryffindors. Sirius les hizo compañía cuando Harry se durmió
una hora después, y los tres esperaron impacientemente la llegada de Snape.
Albus sintió la llegada del mago en el punto cercano de aparición y salió rápidamente a darle
encuentro. No se sorprendió de encontrarlo en el estado en que lo hizo y se apresuró a
ayudarlo cuando lo vio caer de rodillas. Por lo menos el maestro no perdió la conciencia en
ningún momento, lo que habría empeorado el cuadro de sus heridas.
Snape tenía en su casa todo lo necesario para curarse y aunque quiso negarse tuvo que
permitir que el director y Remus le ayudaran con sus heridas. Sirius giró el rostro ante
aquello sin querer ver como lo curaban, pues su enemistad no podía aguantar ver al hombre al
que odiaba desde siempre siendo atendido por heridas provocadas por ayudar al lado de la
luz; y menos si ese hombre estaba retrasando la maldición que tenía Harry.
Por un momento, por una minúscula fracción de segundo, pensó que su suerte estaba
cambiando. Dumbledore estuvo de acuerdo en que los Dursley no lo trataban adecuadamente
y aquel verano antes de entrar a su séptimo año fue la última vez que los vio. No hubo
despedidas emotivas ni mucho menos, y ninguno de sus tíos le dijo nada cuando lo vieron
salir con sus maletas.
Albus dijo que podrían ver de qué forma mantenerlo seguro en un ambiente más sano para él,
e inclusive podría quedarse en Hogwarts si no encontraban algún lugar más seguro antes de
que se graduara. Aprovechando eso fue que pudo planear sus vacaciones de navidad en la
madriguera, y Hermione rogó bastante a sus padres para que la dejaran quedar a ella también.
Por eso pensó que su suerte estaba cambiando. Por fin pudo dejar a sus tíos y tenía un
sentimiento que si bien no era correspondido—por lo menos él no lo sabía— sí que lo llenaba
de una inusitada esperanza y felicidad cuando estaba junto al hombre.
Quizás podía ser más feliz, quizás podía ser más normal.
Ahora tenía una maldición marcada en su pecho que le quitaría sus sentidos hasta dejarlo
como un caparazón vacío. Y no pudo evitar pensar en eso mientras abría los ojos.
No sabía exactamente qué hora era, pues las pesadas cortinas estaban echadas y la habitación
se mantenía en penumbras, pero no pasó demasiado tiempo antes de que la puerta se abriera y
Lupin se asomara a verificar su estado.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó acercándose a la cama. Solo había subido a ver si seguía
durmiendo, no esperó encontrarlo despierto.
Harry supo que el licántropo estaba preguntando acerca de si ya estaba perdiendo el siguiente
sentido, de si sentía alguna diferencia. Hasta el momento no había nada diferente en él, por lo
menos nada de lo que se diera cuenta.
Negó con la cabeza, sin atreverse realmente a hablar en voz alta de ese tema.
— ¿Y Severus?
Harry sabía que Voldemort había llamado al maestro de pociones. Durante el tiempo que
Sirius estuvo con él consolándolo, y en un momento donde estaba más calmado, se dio
cuenta que el maestro ya no estaba a su lado y preguntó por él.
Considerando sus opciones Sirius decidió decirle la verdad, después de todo sabia de la
conexión que tenía Harry con Voldemort y, si acaso llegaba a tener alguna visión o
comunicación, querían saberlo.
—Esta abajo —respondió con voz calmada y, al ver que el más joven estaba dispuesto a
ponerse de pie para bajar al primer piso, decidió que lo mejor sería informarlo de lo que había
sucedido y de que Snape estaba herido.
El director mencionó que deberían tomar otro enfoque si querían encontrar alguna pista, así
que volvería al colegio lo más pronto posible. Severus se quedaría, pues necesitaba
recuperarse por completo para ser capaz de volver a realizar el Minuere aquella misma noche,
pero Remus y Sirius acompañaron a Albus y le informaron a Harry que estarían de regreso
para la noche.
Había bajado al primer piso antes de que el director se marchara con Sirius y Remus, así que
pudo ver las caras más que serias de los cuatro hombres. No pudo decirles qué sentido había
perdido, pues aun no sentía ninguna diferencia. Y, aunque estaba intentando mantenerse
tranquilo, la sola idea de perder la vista lo estaba abrumando más de lo que quisiera admitir.
Harry sabía que ellos partían para algo relacionado con su maldición, pero ellos le dijeron
que eran cuestiones de la Orden. Era como si quisieran tranquilizarlo de más, como aplacar lo
terrible de la situación. Y eso le provocaba que sus sospechas de que ellos no le estaban
diciendo todo se acentuaran más.
Se quedó solo en la casa cuando los tres partieron y Severus salió después de ellos, aun con
sus heridas, al exterior de la casa. Harry no lo sabía pues habían llegado apenas el día anterior
pero en la parte trasera, unos metros alejados de la cabaña principal, Snape tenía un pequeño
taller para sus pociones e iría a reponer las que fueron usadas en sus heridas. Además, los
cuatro habían quedado de acuerdo que Harry necesitaría de la poción para dormir sin sueños,
no querían que tuviera alguna pesadilla o conexión con Voldemort. Y menos cuando este
último podría utilizar esa conexión y empeorar la situación.
Harry estaba en la cocina frente al desayuno que Remus le había dejado preparado, pero los
acontecimientos de la noche, más el problema de su lengua eran demasiado para que pudiese
comer algo. Ni siquiera el recuerdo de las cosquillas de Severus, que le había hecho tan feliz
en la noche, lograba hacerlo sentir mejor.
Desapareció la comida sin deseos de tan siquiera intentarlo. No escuchó cuando Snape abrió
la puerta e ingresó en la casa, y tan solo lo notó cuando su sombra pasó a su lado. Se levantó
de la silla y fue directo a su habitación, pero antes de subir las escaleras sintió que una mano
se posó en su hombro.
—Te he estado llamando. —Snape estaba a su derecha, y su voz grave sonó diferente para él.
—Lo siento, —dijo con verdadera pena —creo que estaba pensando demasiado.
—Creo que ya te he dicho que los leones no estaban diseñados para eso.
Harry sonrió, pero se sintió ligeramente incomodo cuando notó aquella mano en su hombro
pues, debido al hecho de que continuaba perdiendo sentidos, había estado pensando en algo
en torno a la relación que tenía con Snape.
Pero por el momento no quería pensar en aquello, se había puesto de pie por que tenía otras
cosas que quería hacer.
Había quedado en mandarles una carta a sus amigos tan pronto llegara a la casa de Snape, y
seguramente ellos estaban ansiosos de saber cómo se encontraba. Además, también había
quedado de enviarle una carta a Draco Malfoy, y no estaba seguro de si lo tenía permitido o
no. Y, aunque él nunca se caracterizó por seguir demasiado las normas, estaba en la casa de
Snape, y el hombre le estaba ayudando bastante como para hacer aquello sin decirle primero.
—Quería hacerte una pregunta —dijo — es que quiero mandar una carta y...
—No tiene que pedirme permiso para mandarle una carta a tus amigos. —cortó Snape, sin
creer que Harry pensaría que él podría prohibirle aquello.
Severus entendió por qué la extraña actitud de Harry y no pudo evitar sentir celos ante
aquella frase.
Ahí regresaba aquel tono en su voz y la forma de llamarlo. Estaba molesto aunque no tuviese
derecho a estarlo.
Severus apretó los dientes ligeramente, intentando aminorar una mueca de disgusto. Un
disgusto que no tenía razón de ser, pues él no era nada de Harry.
Pero aquel disgusto era producto de entender que si Harry le escribiría a Draco significaba
que tenían una buena relación.
—Esos despistes no son del todo seguro, Potter. —Sabía que estaba siendo infantil y que no
tenía derecho a prohibirle aquello a Potter, así que tuvo que volver reunir la madurez que se
le había perdido antes de aclarar su garganta. —Está bien, puedes mandársela. Pero yo haré el
hechizo sobre la lechuza.
Se giró, dispuesto a subir las escaleras, cuando sintió que Severus volvió a hablarle. Pero esta
vez la voz del maestro de pociones se escuchaba baja, lo que no podía ser porque ninguno de
los dos se había alejado todavía.
Estaba sucediendo de nuevo, la voz sonaba lejana. Pero antes no lo hacía. Giró su rostro
nuevamente, colocándose en la misma posición de cuando estaban hablando y le pidió que
volviera a hablar.
Extrañado pero sin contradecir, Severus hizo lo que le pidió y Harry escucho perfectamente.
Volvió a girar el rostro a donde tenía problemas, específicamente le dio el perfil derecho a
Snape, y le pidió volver a hablar.
Harry contuvo el aire. Aquello era claro: el siguiente sentido en perder era la audición.
Harry asintió.
—No estoy escuchando bien del lado derecho—dijo con una sonrisa— pero es algo que ya
esperaba.
No esperó la reacción del otro y subió a la habitación, sabiendo que Severus le dejaría aquel
tiempo a solas sin interrumpirlo. No quería pensar en aquello, no podía ni estaba del todo
preparado. Así que, antes de que todos esos pensamientos desastrosos lo embargaran, abrió
su baúl y se preparó para escribir las cartas.
Las reglas impuestas por Harry eran más que claras: nada de nombres o apodos que pudieran
reconocerlos, nada de direcciones ni nombramiento a personas relacionadas —a menos que
no fuera en palabras claves— y, tampoco ninguna mención a las casas que pertenecían.
Para: Un idiota.
No te lo voy a negar; aún sigo creyendo que tramas algo, pero supongo que escribirte no me
hará daño, o eso espero. He decidido que confiaré en ti, aunque tengo el presentimiento de
que me arrepentiré de esta decisión. Así que no lo arruines o te maldeciré hasta que seas un
anciano. Creyéndote de que no sabes nada, la respuesta es sí, porto una maldición, pero no
necesitas saber de qué trata.
Están consiguiendo la cura, o eso supongo. No sé realmente qué más quieres saber, así que
supongo que no debería escribir más. La lechuza esperará tu respuesta, y no intentes
averiguar dónde estoy, me encargué de eso.
La carta era corta y sencilla, pero realmente no sabría que más podría escribirle a Draco. Así
que suponía que aquello sería suficiente.
Releyó la carta varias veces, dudando nuevamente si debería enviarlas o no. Pero al final
pensó que ya la había escrito, y su suerte no podía seguir empeorando.
Terminó colocándola a un lado y empezó a escribirle a Ron y Hermione, en este caso tendría
que ser más extenso y explícito. Después de haberles ocultado lo de la pérdida del segundo
sentido ellos le habían remarcado que no les escondiera nada, se preocupaban mucho por él y
no querían que se quedara sufriendo en silencio. Además, el iría a la madriguera en noche
buena, y era lógico que se dieran cuenta de que se estaba quedando sordo en cuanto lo vieran.
Reescribió ambas cartas unas cuatro veces, más por el hecho de permanecer ocupado que por
realmente necesitarlo. Y al final terminó utilizando las que había escrito en primer lugar.
Uno de los asuntos principales que atormentaban al director cuando se dirigió a Hogwarts
seguido de Sirius y Remus, además del Corpore Inclusus y el mismo Voldemort, era su
profesor de pociones. Sabía que aquel espionaje que hacía para él tendría que terminar en
algún momento, ya fuera por su propia seguridad o por que fuera descubierto.
Pero ahora había un detalle agregado, el Minuere. Era un ritual demasiado desgastante ya que
la principal base era que Severus pasaba parte de su "fuerza" y "vida" a Harry, por lo que lo
debilitaba. Y las reuniones con Voldemort, por si solas, eran peligrosas y desgastantes.
Severus podía decir que estaba bien —que no era cierto— y que podría continuar con ambas
cosas, pero Dumbledore sabía que no era así. Aun llevándole buenas noticias a Voldemort le
gustaba maldecir, y no podían darse el lujo de que el maestro saliera tan agotado que no
pudiese continuar el ritual una noche. Tampoco era saludable para Snape, aquel ritmo le seria
insoportable de aguantar y, después de todo, también estaban en un callejón sin salida.
Así que Albus tomó una decisión, esa noche le diría a Snape que su coartada como mortifago
tendría que terminar en pos de favorecer su salud y la de Harry. Pero mientras el día avanzaba
pensaría en alguna forma de contener el llamado de la marca tenebrosa.
Pasaba de mediodía cuando el picoteó de la lechuza en la ventana lo sorprendió. Draco no se
estaba quedando esas vacaciones en Malfoy Manor, si no en una pequeña villa en las afueras
de escocia que tenía su familia. La pequeña villa era enorme y lujosa —aunque nada
comparado con su mansión — pero por lo menos estaba apartada de todo y casi nadie tenía
conocimiento que los Malfoy poseían aquella propiedad.
Lucius se había metido en problemas. El señor Oscuro lo tenía en su mira y, aunque no era el
mejor ejemplo de una paternidad saludable, no podía permitir que su hijo corriera peligro. Él
se quedó en la mansión, pero envió a su esposa e hijo a un lugar donde estuvieran más
seguros, por lo menos hasta que las vacaciones volvieran a comenzar y Draco volviera a la
seguridad de Hogwarts.
A Draco poco le importaba aquello, se sentía más cómodo en aquel lugar que en la mansión,
y era un lugar mucho más bonito rodeado de nieve. Además, en aquel sitio tampoco iban los
mortifagos a hablar con su padre. Se sentía más libre y, aunque su madre estuviera con él,
realmente no lo estaba. Ella se pasaría los días cuidando el jardín techado que poseía como la
mejor de sus creaciones, con las flores más hermosas. O simplemente leyendo en sus
habitaciones. En definitiva no lo molestaría. Por eso se sintió tan confiado de poder escribirse
con Potter sin que nadie le descubriera. Aunque debía de admitir que no tenía muchas
esperanzas de que Harry en verdad le escribiera. O, en otro caso, que lo hiciera tan pronto.
Dos párrafos cortos y precisos y un insulto en el encabezado. Eso era todo lo que tenía aquel
pedazo de papel. Pero era más de lo que esperaba, tenía que admitir, así que no se quejaría de
eso y atendería a lo importante.
Harry tenía una maldición y, si no quería decirle lo que era, probablemente es que era algo
terrible.
De: Ya quisieras.
No seas tonto, te dije que no averiguaré tu dirección, ¿necesitas que te bese de nuevo para
que entiendas lo serio que voy? Como ya te expliqué, y tu cabeza dura no te deja entender,
quiero ser tu amigo. Sé que te puede parecer algo ilógico e irreal, pero créeme, es cierto.
Imagino quien pudo ser el responsable de lo que tienes, y quisiera poder ayudar de alguna
forma. Mi familia cuenta con libros muy amplios en esos temas y quizás tenga alguno
referente a eso. ¿No puedes decirme de que se trata? Si yo fuera parte de los responsables lo
sabría, y no necesitaría preguntarte. Así que esa es una forma de que sepas de que parte
estoy.
Agregó unos detalles superfluos a su carta antes de enviarla, por algún motivo se sintió
inmensamente feliz y, sin poder evitarlo, aprovechó para escribirle a Blaise lo que acababa de
ocurrir. Tenía en su escritorio una carta de Pansy sin responder pero a ella no tenía nada de
ganas de escribirle nada, así que lo dejaría para después.
Voldemort supo que había perdido a Severus Snape tres días después de su última reunión.
Lo llamó a través de la marca, deseoso por conocer el avance de sus investigaciones, pero el
maestro nunca llegó. Enfureció al minuto de darse cuenta que su llamado no era efectivo.
Sabía que no estaba muerto, la marca era una conexión con sus súbditos, y las de Severus
seguían ahí. Pero el mago no aparecía.
Solo hizo falta una hora para que la voz entre los mortifagos de que el gran pocionista
Severus Snape había abandonado a Lord Voldemort corrió como pólvora. Todos sabían que el
hombre estaba sentenciado, esa traición puso a su cabeza el mismo precio que los principales
objetivos de Lord Tenebroso.
La espera
—Inténtalo a ver si puedes—respondió con confianza, sintiendo que podía ganar esta vez.
Sirius hizo un gesto afirmativo, levantó su varita y después de una cuenta regresiva,
empezaron su batalla de nieve.
Habían pasado doce días desde que Severus fue a la reunión de Voldemort —a la última— y
desde que Harry estaba perdiendo el sentido de la audición. Era la víspera de noche buena, 23
de diciembre, y tanto Harry como Sirius se habían pasado toda la mañana apilando nieve en
forma de hombres de nieve para armar sus propios ejércitos. Cada uno tenía once
hombrecitos y los disparaban con ayuda de la magia a su adversario. Era una de las cosas que
más habían jugado en esos días y, aunque Sirius siempre ganaba —pero Harry estaba
pensando que hacia trampa— esta vez Harry se sentía con suerte.
En esos doce días se había escrito unas cinco cartas —cada uno — con Draco. Estaba
comenzando a confiar que quizás el Slytherin no guardaba malas intenciones, aunque aún
recelaba bastante acerca de lo que escribía. Quien más confianza tenía para hablar era Draco,
que a grandes rasgos y sin detalles le contaba ciertas cosas de su vida o peleaban acerca de
Quidditch. Harry era receloso de la información que le daba, pero hubo algo que decidió
confesarle y, de esa forma, obtener su ayuda. Quería información sobre el Corpore
Inclusus. Aun no se le quitaba esa sensación de sospecha y duda con respecto a los que le
rodeaban, sabía que había algo que probablemente no le estaban diciendo, y quería saber qué
era.
En la biblioteca de Snape no encontró nada en los tres días que estuvo buscando, pero ya
Severus se había encargado de esconder el único libro que mencionaba a aquel encantamiento
previniendo que Harry pudiera descubrirlo. Así que, en la quinta carta, Harry le dio el
nombre de la maldición que cargaba —sin detallarle nada— con la esperanza de que Draco,
quien iría por unos días a Malfoy Manor antes de regresar a clases, diera con el hechizo en la
biblioteca familiar.
Las cartas de Ron y Hermione habían sido casi el doble, y mucho más extensas también. Aun
estando separados continuaron con su estudio de hechizos, ellos los practicaban en los
alrededores de la madriguera y Harry se alejaba de la cabaña para practicar a solas. El primer
día que lo hizo a Sirius casi le da un infarto. Harry se había desaparecido por horas y,
teniendo en cuenta el avance de la maldición y lo que Harry seguramente estaba sintiendo al
perder los sentidos, pensaron lo peor. Ellos salieron a buscarlo y dieron con él practicando
unos hechizos. No necesitó que le explicaran lo que habían estado pensando, a Harry le bastó
con el abrazo silencioso de Sirius y las miradas intranquilas de Severus y Remus para darse
cuenta. Y los tranquilizó diciendo que solo necesitaba un momento a solas, prometiendo que
no se alejaría demasiado de la cabaña.
En esos doce días también había pasado mucho tiempo con su padrino, y se dio cuenta que
jamás había pasado unas vacaciones completas con él. Algunas veces Black se iba en las
mañanas junto a Lupin a Hogwarts, otras veces eran Severus y Lupin y su padrino se quedaba
junto a él. Jamás le dejaban solo. Y cuando estaban juntos Sirius no perdía el tiempo para
retarlo a guerras de nieve o para repetirle los cuentos de sus aventuras cuando era más joven.
Y con Severus... con él era otra historia. El hombre seguía tratándole como lo había hecho
hasta el momento: siendo bastante amable, pero alejándose cuando el momento podría llegar
más allá. Y él ya no tenía la misma determinación para hacerle ver sus sentimientos.
Lo quería, mucho, demasiado. Podría incluso reconocer que haber pasado junto a él esos
meses —aunque fuera debido al Minuere— habían incrementado lo que sentía por él. Severus
hacia un esfuerzo enorme para hacer el ritual que estaba retrasando la maldición, aguantaba la
enemistad con Sirius para que pudieran estar juntos, le cuidaba y se preocupaba por él —
había repetido un par de noches el hechizo de las cosquillas cuando veía que Harry no comía
— y tuvo que aguantar el dolor de la marca oscura cuando Voldemort se dio cuenta de su
traición e intentó torturarlo a través de ella. Si bien el director colocó un hechizo en el
antebrazo de Severus junto a una banda metálica que recibiría la magia de la marca como si
fuera una vasija, la magia de Voldemort era fuerte, y aunque mínimo, Severus seguía
sintiendo molestias en el antebrazo.
Severus era excelente disimulando, pero cuando aquel dolor duraba todo el día, al llegar la
noche podía verse agotado de aguantar aquello.
Y fue por todas esas cosas por las que Harry entendió que no debía declararse a Snape ni
hacerle ver sus sentimientos.
¿Y si me corresponde solo por pena? le había preguntado a sus amigos en una de sus cartas.
Ya estaba completamente sordo del oído derecho, más los sentidos que había perdido antes.
Mientras encontraban la cura —y Harry estaba más que desesperado porque la encontraran—
probablemente perdería algo más. Snape estaba siendo verdaderamente bondadosos y bueno
con él, y temía que el hombre, al ver su situación al momento de expresarle sus sentimientos,
de besarle por fin o de hacerle saber que le quería, le mirara con pena y aceptara darle a un
pobre enfermo lo que quería.
Y Harry no podía hacerle eso a Snape, ni tampoco quería que le correspondieran por simple
pena. Hermione había entendido su punto y concordó con él, en aquel momento realmente no
podría saber si Severus lo aceptaba por amor o compromiso, así que tendría que esperar a
recuperarse para declararse.
Y se dio cuenta que en esos meses le habían pasado tantas cosas, que había cambiado de
decisión con respecto a ese tema demasiadas veces, y que el día que por fin le admitiera sus
sentimientos al otro seria libre y feliz, sin importarle al final si le decía que sí o no.
—Harry, concéntrate— gritó Sirius —después no digas que te gané haciendo trampa.
Harry se fijó que se había distraído pensando en Severus. Elevó su vista hacia la entrada de la
cabaña, Severus estaba en la entrada de pie, mirándolos. Desvió la vista y volvió a
concentrarse en su padrino.
Severus lo vio, apoyado del marco. A un par de metros de la guerra de Harry y Sirius, Remus
apareció envuelto en su abrigo y ajustando su bufanda. El licántropo había estado toda la
mañana con Dumbledore y traía en sus hombros el dolor de no traer las noticas que quisiera.
Pasó de largo a los otros dos, esquivando la nieve que llegó hasta él, y terminó por acortar la
distancia hasta llegar donde Severus.
Remus se fijó que Snape no estaba demasiado abrigado para estar fuera de la casa.
—No los voy siguiendo. —dijo, aunque llevaba de pie unos quince minutos observándolos.
Remus sonrió al tiempo que su instinto de lobo le confirmaba lo que ya venía sospechando.
Era tiempo suficiente de haber convivido con Severus. Pero decidió cambiar de tema.
No habían encontrado nada. Todas sus búsquedas resultaron ser un fracaso. Un par de los
conocidos del director conocían el encantamiento, fue muy famoso durante un tiempo
lanzado por los magos más poderosos como castigo contra su peor enemigo, pero nunca
escucharon acerca de ninguna cura.
Debía haber una, siempre había una, pero no era cuestión de lanzarle a Harry hechizos al
azar, o hacer que bebiera pociones cualesquiera para ver cuál funcionaba.
La única pista que les quedaba—la única esperanza que realmente les quedaba— era
encontrar a la persona que Remus conocía, pero era verdaderamente difícil cuando solo
tenían el nombre.
Severus apretó los puños y dio media vuelta para entrar en la cabaña. En esos doce días a él
también le había sucedido algo, sus sentimientos por Harry no solo eran claros, sino que
tenían un nombre: amor. No sabía cómo, pero rememorando desde que su relación con el
chico mejoró cuando empezó a darle las clases, debía darse cuenta que sus sentimientos
habían cambiado.
Lo quería desde antes de que fuera impactado por la maldición y tuvo que reconocer aquello
cuando los celos que sintió por el hecho de que le escribiera a Draco Malfoy se hicieron
presentes.
Y lo peor de todo es que después de hablar con Lucius no podía ni siquiera consolarse en el
hecho de que Draco fuera mala persona para Harry por pertenecer al bando del Lord, porque
estaba siendo más que obligado.
¿Cómo deshacerse de aquel sentimiento? Le sería imposible cuando veía a Harry cada día,
cuando compartía su espacio con él y cuando tenía que dormir con él cada noche, abrazados.
Tendría que encontrar la forma de aplacar esos sentimientos y no dejar que le gobernaran.
Después de todo Harry no se fijaría en alguien como él teniendo mejores oportunidades.
Lucius tomó de su taza, releyendo la carta que su esposa le había enviado acerca de cómo
iban las cosas en la Villa en la que se encontraba con Draco. Aun no entendía como había
llegado a aquella situación.
Estaba perdiendo poder entre las filas del Lord por un detalle: debilidad. Voldemort había
estado reuniendo súbditos cada vez más jóvenes, quizás alegando que podría moldear mejor
sus mentes y reforzar mejor su lealtad de esa manera. El problema era que se había fijado —
obsesionado— con trece jóvenes de Slytherin de séptimo año. Entre ellos estaban Pansy y
Draco.
Los Parkinson no tuvieron problemas en aquella noticia, al contrario, se alegraron
enormemente al saber que su hija fue "escogida". Pero Lucius Malfoy no. Si bien quería que
su hijo formara parte de las filas del Lord quería que Draco fuera capaz de terminar su último
año de escuela sin necesidad de asistir a esas reuniones rápidas y nocturnas y sin que
recibiera maldiciones como parte del entrenamiento. Tampoco era novedad que aun
mortifago necesitara dimitir de los estudios por petición del mismo Voldemort si lo
necesitaba para algún tipo de misión especial. Él sabía de las excelentes habilidades de Draco
para las pociones, y temía que lo usara para reemplazar a Severus Snape; lo cual sería
excelente, si su hijo estuviera listo.
Malfoy se había encargado de darle una excelente educación a su hijo, incluso entendía que
había resuelto el problema de su supuesta orientación sexual, emparejándolo con una bruja de
alto nivel social. Draco era su descendiente, no solo quería que fuera de superior entre las
filas del señor oscuro, también quería que tuviera lo que el alcanzó, o incluso mas.
Así que Lucius hizo algo que nadie se esperaba de uno de los más fieles servidores del Lord:
le pidió tiempo. Pidió que le permitiera a su hijo terminar el año antes de darle la marca, nada
más. Incluso le dijo que él mismo lo llevaría ante su presencia el día de su graduación.
Pero Voldemort tomó como una desobediencia aquella petición. Maldijo a Lucius hasta la
saciedad y le dijo que "consideraría" su petición; cosa que sabía no iba a suceder. Por eso
tuvo que hacer un plan. Seguramente debido a su petición Voldemort obligaría a Draco a
aceptar la marca y lo trataría peor que a nadie para resarcir la desobediencia de su padre, y no
podía permitirlo.
Draco estaba seguro en Hogwarts pero en las vacaciones corría peligro, así que lo envió a una
casa sin Red Flu y fuera del conocimiento de casi todo el mundo, con la esperanza de que
pudiera llegar a enero a salvo. Su siguiente paso fue hablar con Snape, fue toda una odisea
lograr una reunión con el hombre después de enterarse que había traicionado al Lord, quizás
porque Snape pensaba que Lucius le tendería una trampa, pero lo había logrado.
24 de diciembre.
Remus y Severus habían tenido que ir a Hogwarts por petición del director aquel día en la
mañana, pero Sirius se quedó con Harry para llevarlo a la madriguera en la mañana como
habían prometido. También había sido solicitado por el director, pero necesitaba asegurarse
de hablar unas cosas con Molly y Arthur antes de irse. Cuando llegó el momento de partir
salieron al punto de aparición fuera de la cabaña de Snape.
La noche anterior había nevado bastante y se les hundían los pies en aquel manto blanco.
Pero a pesar de eso ninguno utilizó su varita para ayudarse, ya que prefirieron hacer una
carrera y ver quién llegaba primero al punto. Ganó Harry, y Sirius mientras respiraba con
fuerza para recuperar el aliento, tuvo que admitir que su ahijado estaba en mejor forma de la
que aparentaba. Le tomó de la mano para ayudarle a aparecerse y en cuanto los pies de Harry
volvieron a tocar el suelo sintió unos brazos que le rodearon con fuerza.
— ¡Te extrañé!
Hermione lo apretó con bastante fuerza, había estado tan preocupada que no pudo evitar
esperar la llegada de su amigo en el punto de aparición aun con todo el frio que hacia aquella
mañana. Ron estaba a su lado y esperó su turno para palmear el hombro de su amigo en señal
de bienvenida. Los dos estaban envueltos en abrigos y bufandas, pero traían la cara roja por
el frio y parecía que llevaban bastante tiempo esperándolos.
Recordaron a Sirius y lo saludaron con cierta vergüenza por haberse olvidado que también
estaba presente. Pero la vergüenza no duró demasiado y se concentraron en su amigo
nuevamente y casi lo arrastraron dentro de la casa.
Sirius iba detrás de ellos viéndolos con detenimiento. Los tres eran jóvenes que pronto
cumplirían los 18 años, pero a sus ojos eran solo niños forzados a crecer rápidamente por las
acciones de un demente como lo era el señor oscuro. Sabia de todo lo que tuvo que pasar
Harry, y de que en todas aquellas desventuras ni Ron ni Hermione se apartaron de su lado, y
eso era digno de admirar.
Entraron a la casa y los abrazos continuaron. Molly no esperó ni siquiera un saludo cuando
ya estaba envolviendo a Harry entre sus brazos. Porque en cuanto la señora Weasley lo vio lo
abrazó, casi sacándole todo el aire que tenía su cuerpo. El señor Weasly hizo lo mismo pero
con menos fuerza.
Decirle a Molly que ya había desayunado— aunque en honor a la verdad solo comió un par
de bocados— era simplemente perder su tiempo. Solo asintió ante aquella petición.
Los Weasly también saludaron a Sirius, quien elevaba una ceja y sonreía, sarcástico, al ver
como todos lo ignoraban por Harry.
Los adultos fueron a la cocina, y esa fue la señal para que Ron, Hermione y Harry subieran al
cuarto del pelirrojo rápidamente. Ellos ya sabían que no estaba escuchando nada, así que fue
algo más que obvio que no preguntaron nada al respecto. Pero sí que había algo que les había
dicho y ellos le pidieron explicación: el tema Malfoy. Pero evitó decirles —en favor de la paz
mental de Ron— del beso de Malfoy.
En la última carta que ellos le habían escrito Hermione había enumerado una larga lista de
por qué no debería confiar en Draco. Ron fue mucho más breve y directo y solo mencionó
tres adjetivos para describir al rubio, tres adjetivos soeces y nada amables.
Ron estaba tirado en una de las camas de su habitación, Harry y Hermione en otra.
—Seguramente es una trampa, —decía Ron elevando los brazos de forma dramática — ¿Por
qué de la nada querría hacerse tu amigo?
—En primer año quiso intentarlo —recordó Harry, pensando acerca del día que Draco le
tendió la mano.
—Después de que nos insultó, —acotó Ron. —Además, no es como si no hubiese hecho
bastantes cosas en todos estos años como para dudar de él.
Harry negó, si bien ese punto era totalmente cierto, no se trataba de abrirle su alma a Draco
de inmediato.
—No es como si confiara en él de inmediato, —dijo— además, está el hecho de que podría
ayudarme a encontrar algo acerca del hechizo en su biblioteca.
—Imagino que debe tener una gran colección de libros de magia oscura—agregó Ron, seguía
malhumorado por aquello. Estaba completamente seguro de que esa amistad tenía una trampa
oculta, y no quería que su amigo cayera en ella, y menos en las circunstancias en las que se
encontraba.
Hermione decidió intervenir en aquello, aunque ni siquiera ella estaba demasiado convencida.
—Bueno, si Harry quiere confiar en él, nosotros podemos darle a Draco el beneficio de la
duda.
—Yo no. —Sentenció Ron y se giró en la cama para ver directamente a Harry —Podré
tenerle mis dudas a Snape en cuanto a que estés con él, pero conocemos sus lealtades. En
Draco no confió nada.
—Está bien, tu no, yo sí. —respondió Granger mientras jugaba con su cabello— O por lo
menos lo intentaré. Solo ten cuidado Harry. Como dice Ron, no sabemos en donde están las
lealtades de Malfoy.
Harry asintió asegurándoles que tendría cuidado, pero luego sonrió y su mirada pasó entre
sus amigos.
—Cambiemos de tema, —dijo elevando las cejas— ¿Cómo ha sido que vivan bajo el mismo
techo?
— ¿A qué te refieres?
—Oh vamos, se burlaron de mí cuando les dije que iba a pasar las vacaciones con Snape.
Pero ustedes las están pasando juntos y solos.
—No estamos solos —dijo Hermione, ligeramente apenada al darse cuenta de lo que
insinuaba.
Harry entrecerró los ojos y comenzó a contar los puntos que iba diciendo con sus dedos:
—Los gemelos trabajan la mayor parte del día en su tienda y Arthur en el ministerio. Molly
sale siempre a hacer alguna compra u otra cosa, y no creo que se les haya hecho difícil
convencer a Ginny de que se quede en su habitación un tiempo.
— ¡Ron!
Al grito de Granger sobrevino la risa de Harry, que no podía aguantarse al ver la expresión
avergonzada de su amiga.
—Oh vamos, siempre les cuento mi avance con Código S. —dijo recuperando su respiración
—es justo que también los moleste con eso.
—Es vergonzoso, —dijo ella poniéndose de pie. — Iré a buscar algo de beber.
Sin darle tiempo a que dijeran algo más Hermione se puso de pie y salió casi corriendo de la
habitación. Harry volvió a reír ante aquella salida de su amiga, y siguió riendo cuando Ron le
tiró una almohada a la cabeza. Pudo tranquilizarse unos segundos después, e incluso tuvo que
secar una lágrima que se le había escapado.
— ¿Me guardas un secreto? —le preguntó su amigo de repente, poniéndose serio. Harry
asintió ante aquello— Le pediré que se mude conmigo después de la graduación.
—Mucho —asintió, sin poder evitar sonreír. —Lo he estado pensando bastante, y es algo que
ya tengo decidido. ¿Crees que me diga que si?
—Sin dudarlo. Solo cuídense, no creo que a Molly le haga mucha gracia que le digan que
será abuela sin que terminen la carrera.
—Ya nos dio la charla, y me amenazó que si eso pasaba, me castraría. Que nos apoyaría con
el bebé, sí. Pero luego de la castración.
Harry pudo imaginarse a Molly en modo serio, y sabía que verdaderamente cumpliría su
palabra si eso llegaba a pasar.
Ginny había estado durmiendo durante todo ese tiempo, y en cuanto se despertó y se enteró
que Harry había llegado se les unió en la habitación de Ron para hablar. Harry y Hermione
reían cada vez que Ginny mencionaba a Neville debido a que Ron giraba los ojos y ponía
cara de asco. Ginny no sabía nada de la maldición de Harry, y él se sintió agradecido por eso
ya que ella seguía siendo una niña y seguramente no sabría cómo tratarlo con respecto a eso.
Bill y Fleur llegaron una hora después junto a Charlie. Harry no supo si los dos hermanos
mayores de Ron sabían acerca de su maldición ya que si lo hacían, lo disimulaban bastante
bien. Aun con el intenso frio que había, y un pronóstico de tormenta que parecía sería
inminente, se pasaron casi toda la mañana volando y jugando Quidditch. Cuando se cansaron
y el frio los agotó, —y Molly los amenazó con que dejaran de volar mientras nevaba tanto—
entraron a la casa y continuaron con sus juegos, esta vez cerca del fuego de la chimenea. La
tormenta comenzó poco después.
El director, Minerva y Snape hicieron su aparición una hora más tarde. Una sonrisa se formó
en los labios de Harry en cuanto vio a Snape entrar junto a los otros dos profesores, fue
inevitable. Ron le dio con el codo, indicándole que debía disimular y más que Ginny estaba a
su lado, y Harry solo pudo bajar la vista avergonzado. El que no se fuera a declarar —por el
momento— no disminuía lo que sentía por Snape, y se sentía feliz al darse cuenta que sería la
primera noche buena que compartiría con el hombre.
Se acercó hasta él, aprovechando que Dumbledore se había alejado para saludar a Arthur en
primera instancia.
—Harry, que me digas Harry. — repitió, odiaba cuando Snape le decía Potter— ¿Y cómo voy
a meterme en problemas en solo medio día?
Harry sonrió ante eso, sin poder negar esa afirmación. Snape lo miró y le sonrió por un
segundo antes de corresponder el saludo de los señores Weasly que se le estaban acercando.
Si bien Severus había esperado pasar la nochebuena más incómoda de su vida, se encontró a
si mismo sorprendido de estarla disfrutando. O por lo menos, no odiándola tanto.
Cuando el director le pidió reunirse en su despacho para hablar de que Harry pasaría noche
buena y navidad en casa de los Weasly, Molly estaba presente. Severus estuvo de acuerdo, el
muchacho se lo merecía. Pero se sorprendió cuando Molly le extendió la invitación a él
también. Si bien no había pensado en saltarse el ritual de esa noche —sabía que sería
perjudicial para Harry— sí que estaba pensando en alguna forma de hacer el ritual sin tener
que convivir con ellos.
Al parecer Molly y Dumbledore habían pensado en aquello y ella, con una expresión
horrorizada, le dijo que si hacia eso parecía que era el amante furtivo de Harry, llegando por
la noche y yéndose antes del amanecer, y que lo que menos podría hacer era quedarse a cenar.
A través de las gafas de media luna los ojos de Dumbledore brillaron ante esa afirmación, y
ocultó su sonrisa detrás de una taza de té. Y así fue como, con expresión seria, Severus supo
que tendría que aceptar pasar aquella noche en la madriguera.
Percy llegó con su novia, Anne y los gemelos junto a Angelina alrededor de las siete,
tuvieron que cerrar tarde la tienda debido a pedidos especiales de sus productos para el día de
navidad. Harry se dio cuenta que al igual que Ginny ellos tampoco sabían acerca de su
maldición, por algo bastante sencillo: no se daban cuenta que no debían hablarle del lado
derecho. Pronto pudo dividir entre quienes lo sabían y quiénes no. Ginny, Percy, Anne,
Angelina, Fleur y los gemelos no lo hacían, debido a que le hablaban indistintamente sin
importar el lado en que estuvieran. Por suerte Hermione y Ron se fijaron en eso, y le
ayudaban repitiendo lo que habían dicho —en su oído sano— o respondiendo ellos
directamente.
No podía negarlo, le gustaba el hecho de que por lo menos un par de personas no supieran de
la maldición. Podía notar, a medida que la noche pasaba, la diferencia en el trato de quienes
sabían y quiénes no. Y aunque sabía que aquel trato medianamente especial y delicado no era
con malas intenciones, le gustaba que todavía le siguieran tratando de forma indistinta.
Dejando a los demás en un juego de snap explosivo que se estaba subiendo en emoción,
caminó hasta la cocina por un vaso de jugo para Ron — quien no quería despegarse del juego
— y se detuvo al ver la escena que tenía lugar. Arthur estaba abrazando a su esposa, y se
notaba que Molly estaba limpiándose un par de lágrimas que se le escapaban.
— ¿Por qué a él le suceden estas cosas? —dijo ella con voz partida.
Nunca deseó mas no poder escuchar algo, pero lamentablemente por la posición en la que
estaba lo hizo. Harry dio media vuelta, olvidándose de lo que había ido a buscar y caminó
hasta la puerta trasera, saliendo un momento. Hacía mucho frio fuera, demasiado, y su
sweater tejido no era una gran barrera contra el inclemente clima y el violento viento que
soplaba.
Había tantas cosas implícitas en aquella frase de Molly y en aquel llanto. Había tato dolor en
el rostro de Arthur y en la forma que sujetaba a su esposa.
Harry tenia tantas cosas en que pensar que en realidad no podía pensar en nada, y estaba tan
ofuscado que no sintió la puerta abrirse a su espalda.
— ¿Por qué estás aquí afuera? —le preguntó Snape con un tono preocupado, sin preocuparse
por esconderlo.
Harry se giró, algo en sus ojos alertó al maestro de pociones quien se acercó rápidamente. La
camisa que Severus llevaba puesta no era buena protección contra el frio, pero poco le
importaba cuando anteriormente había tenido que permanecer en situaciones similares con
poco abrigo durante bastante tiempo.
Harry lo miró, Severus estaba bastante cerca de él. El viento soplaba con cierta intensidad y
sentía sus pies hundidos en la nieve. Demasiadas dudas se aglomeraban en su mente,
deseosas de explotar y saltar frente al otro: ¿Cuánto les falta por encontrar una cura? ¿Por
qué siento que hay cosas que no me están contado? ¿Realmente hay una cura?; eso era lo
único que podía pensar.
Ver a la señora Weasly llorar le había hecho demasiado mal a su ánimo porque, en cierta
forma, la señora Weasly era la madre que la vida le había dado. Y si una madre lloraba por su
hijo... significaba que las cosas no iban tan bien como pretendían parecer.
Harry negó con la cabeza y se obligó a sonreír. Aquel era un momento especial, con todas las
personas que quería reunidas en un mismo lugar. Y quería mantener aquel recuerdo lo más
feliz posible.
— ¿Aire? —repitió Snape, escéptico. — ¿Acaso no estás viendo que a esto le falta poco para
convertirse en una tormenta? No soy tonto Harry, sé que te sucede algo.
Severus le tomó del brazo cuando el más joven no parecía querer darle una respuesta, y el
pensamiento de no saber si el hombre mayor le estaba ocultando algo le hizo sentir aún más
culpable.
— ¿Qué sucede? —preguntó Sirius desde la puerta, viéndolos a ambos fuera en la nieve. —
¿Harry?
Harry aprovechó aquella distracción y se soltó del agarre, repitiendo que solo necesitaba un
poco de aire, poniendo una enorme sonrisa, y dirigiéndose al interior de la casa sin esperar
que ninguno de los otros hombres volviera a cuestionarlo.
Snape lo siguió rápidamente y Sirius lo detuvo por un brazo. Pero Harry no vio aquel
intercambio entre ellos dos.
Cuando llegó la hora de cenar, tener dieciocho personas alrededor de la mesa era caótico y
hermoso a ojos de Harry. Él siempre quiso tener una numerosa familia llena del amor que se
tenían los Weasly, y el estar entre ellos —siendo tratado como un hijo más— y teniendo
también a Sirius y Snape en la misma mesa sin pelearse le estaba resultando casi un sueño. Se
alegró de no haberle dicho nada a Snape cuando estuvieron fuera en la nieve, le habría
enojado haber arruinado la posibilidad de tener ese momento.
Molly los ubicó de tal manera que a la derecha de Harry quedó Sirius —quien si quería
llamar su atención sabía que tendría que tocarlo— y Snape a su derecha, para evitar que
cualquiera de los gemelos quisiera hacerle una broma. Ya que, efectivamente, respetarían a
Harry solo por estar cerca de Snape.
—Todo esta delicioso, —decía el director con una sonrisa, secundado por Minerva, — mis
felicitaciones a las responsables.
Molly y Fleur sonreían cada vez que halagaban la comida, siendo que ambas se habían
esmerado bastante en aquello. Harry miraba la comida con cierto pesar, y comiendo bocados
pequeños para evitar las miradas de los demás. Le alegraba que todos estuvieran disfrutando
de aquello, y no quería arruinarlo de ninguna forma ni que sintieran pena por él. Pero le era
inevitable no sentirse mal con aquello.
Casi a media comida Bill se puso de pie y levantó su copa, llamando la atención de todos.
—Tenemos un pequeño anuncio que hemos decidido compartir con ustedes el día de hoy—
dijo con una sonrisa, tomó la mano de su esposa, quien permanecía sentada, y luego
prosiguió. —Fleur y yo estamos esperando un bebé.
No faltaron las felicitaciones a la feliz pareja, ni los buenos deseos o las lágrimas de felicidad
de Molly que tuvo que ponerse de pie para abrazar a la madre de su futuro nieto.
Severus no pudo evitar pensar que los Weasly nunca se acabarían, y que estaría destinado a
enseñarles el resto de su vida mientras continuara como profesor de Hogwarts.
Cuando la felicidad inicial se contuvo y volvieron a hablar con menos intensidad, Severus se
fijó en Harry, quien pretendía comer y se inclinó hacia él.
—Come—le dijo muy bajo, empujando con su propia pierna la de Harry, para hacerle énfasis
a la petición.
—Come de verdad.
Sirius los vio sin disimular demasiado —cosa que Sirius nunca sabía hacer— y se fijó en que
su ahijado había tocado poco su plato. La dualidad de sus sentimientos para con Snape volvió
a atormentarlo en medio de aquella cena: por un lado el sentimiento de agradecimiento por lo
que hacía por el chico, por otro las ganas de que se alejara de Harry y no le molestara. Pero le
había prometido a Remus bajo amenaza de que se comportaría y no haría una escena, y
viendo que el licántropo lo veía fijamente, siguiendo la trayectoria de su mirada, le hizo
controlar lo que estaba a punto de decir.
Pasada la media noche Percy y Anne se despidieron ya que habían quedado en pasar la
mañana de navidad junto a los padres de ella. McGonagall y Albus se fueron poco después.
Hermione y Angelina dormirían con Ginny. Bill y Fleur dormirían en la habitación de este, y
Charlie con ellos en otra cama. Los gemelos dormirían junto a Ron para darle su habitación a
alguien más, y ahí llegaba el asunto de Harry.
— ¿Por qué no puede dormir Harry con nosotros? —había preguntado Fred visiblemente
molesto cuando se enteró de que dormiría con Remus y Sirius.
—No más de tres por habitación —respondió Molly. Los había llevado a una esquina para
que no armaran escandalo frente a los demás.
— ¿Y eso que tiene de malo? —preguntaba George con los brazos cruzados.
—Además es injusto, llegamos tarde y no hemos podido pasar mucho tiempo con él.
Los gemelos protestaron bastante, pero Molly se mantuvo firme y los amenazó con esconder
sus regalos si continuaban con los berrinches sin sentido.
Harry dormiría con Severus en el segundo piso y solo Remus y Sirius en el tercero. Ron se
encargaría de mantener a los gemelos vigilados para que no decidieran bajar a molestar y se
dieran cuenta del cambio.
Aunque en la habitación había dos camas, lógicamente solo utilizarían una. En una
distracción de los gemelos y Ginny subió hasta la habitación. Se sentía verdaderamente
cansado —cosa que podría ser tanto por la misma maldición como por su reducida ingesta
alimenticia— y decidió alistarse para dormir. Se tomó su tiempo, después de todo Snape
siempre le daba bastante espacio para que pudiera prepararse tranquilo antes de entrar a la
habitación. Y más en esos días de vacaciones que habían compartido juntos.
Se subió a una de las camas y lo esperó, se sentía extraño pensando que estaba en una de las
camas de los gemelos y dormiría abrazado a Snape. El hombre tardó poco en aparecer.
Todo aquello eran pasos conocidos y Harry esperó pacientemente a que Snape terminara de
recitar el hechizo antes de hablar.
Aquella noche el abrazo parecía ser más apretado y reconfortante al mismo tiempo, y Harry
tuvo que recordarse que todo era parte del ritual.
—Debo admitir que no estuvo tan mal—admitió Severus. —Los Weasley siempre me han
parecido... interesantes.
—Molly me lo dijo, que aunque ellos no planeaban reemplazar a mis padres, podría
considerarlos como tal, si así lo necesitaba. Desde tercer año me acompañan a comprar mis
útiles en Hogsmade, y siempre que le mandan algo a Ron a través del correo, lo hacen
conmigo.
Severus sabía que aquello era cierto. En las reuniones que habían tenido para discutir el
avance de la búsqueda para una cura del Corpore Inclusus, había visto a Molly llorar en
silencio unas dos veces, y Arthur tenía el mismo rostro que cargaba Sirius o Remus cuando
no llegaban a nada concreto. Para los Weasly, Harry era un hijo más. Y ellos estaban
sufriendo la enfermedad de un hijo.
En el silencio que los había envuelto, Harry decidió que como ya había pasado la cena,
podría preguntar algo que traía atorado desde que vio a Molly llorar.
Cuando decidieron ocultarle parte de la verdad sabían que Harry podría llegar a dudar de
algo, y había acordado mantenerse en la negación pasara lo que pasara. Y eso era lo que haría
hasta el final.
Si bien algo le decía que siguiera preguntando y cuestionando, Harry decidió que confiaría en
Snape y seguiría disfrutando de la felicidad de aquella noche.
Después de todo si Draco conseguía alguna información podría confirmar o desestimar sus
sospechas, y al final de cuentas no creía que aquella maldición podría tener algo peor de lo
que ya le habían contado.
Severus apretó el abrazo en la oscuridad, sintiendo que necesitaba afianzarse a él debido a esa
sorpresiva pregunta. Sin detenerse a pensar en lo que estaba haciendo envolvió una pierna de
Harry con la suya, sorprendiéndolo, y hundió su nariz en el pelo revuelto; haciendo mucho
más íntimo aquel momento que compartían desde hacía dos meses. Ninguno de los dos dijo
nada, sabiendo que si hacían el más mínimo ruido podría arruinar ese momento.
Y en silencio, Severus Snape derramó la primera lágrima luego de haber llorado por última
vez, hacía más de dieciséis años, cuando encontró a su única amiga muerta a manos de
Voldemort.
En aquel tiempo lloró cuando perdió a Lily, siendo la más bella y pura amistad que jamás
tuvo, y ahora no pudo evitarlo cuando sentía que perdía un amor en manos del mismo ser.
Notas:
Ahh, siento que ha sido una eternidad desde la ultima vez que actualice este fanfic, y es
que tenia muchas ganas de escribir, pero mi pc no cooperaba (entre otras cosas). Les
traje cuatro capitulos bien dramaticos y llenos de Angst, lo se. A veces quiero dejar de
escribir tanta Angst y hacer cosas mas felices, pero se me hace imposible.
Se sentía flotar en una infinidad de nubes de algodón, todo a su alrededor era calmo,
tranquilo, bonito; y no supo que le hizo salir de aquel idílico ensueño, pero despertó . Sintió
su brazo izquierdo entumecido por no haber cambiado de posición en toda la noche al igual
que su pierna izquierda. Su plan era estirarse ligeramente y dar media vuelta en la cama para
seguir durmiendo—o intentarlo, por lo menos—, hasta que notó que no estaba solo en la
cama. Contrario a tantas mañanas anteriores, en esta, cuando abrió los ojos, se encontró
frente a frente con Severus, quien aún no había abandonado el lecho.
La sorpresa le inundó y recordó que estaban en la madriguera, y que quizás la noche anterior
tantos gryffindors y Weasleys reunidos habían mermado a aquel slytherin —aunado a los
efectos del Minuere — y por eso seguía durmiendo. El hombre tenía los ojos cerrados y un
semblante tan relajado que Harry solo pudo sonreír; mantenían aún sus piernas entrelazadas,
y las manos de Severus rodeaban su cintura haciendo de aquello un momento íntimo para él.
Levantó su mano suavemente y la acercó al rostro del otro, sin saber si debía, solo deseando
tocarlo de una forma más íntima. Sopesó de acercarse despacio y besarlo, aunque solo fuera
algo breve y leve, pero no estaba seguro si debía.
—Supongo que este debe ser mi regalo de navidad—murmuró para sí mismo mientras
delineaba la mejilla de Severus muy suavemente, deseando que aquel momento se alargara.
—A esta distancia lo escucho murmurar, Potter—dijo Snape sin siquiera abrir los ojos, y la
gravedad de su voz le provocó una mezcla de excitación y sorpresa.
Después del escalofrío inicial, Harry se tensó al oír esas palabras, dándose cuenta que el
maestro de pociones estuvo despierto todo el tiempo, por lo que se había dado cuenta de
todos sus movimientos...
Retiró la mano que seguía en el rostro del pocionista con rapidez, sonriendo de forma
nerviosa cuando Snape fijó sus orbes oscuros en él.
Era una mentira de Snape, pero entendía que Harry no necesitaba saber la verdad. El maestro
de pociones pensó que aquel era un buen momento para retirarse; a decir verdad se había
despertado antes que Harry —como siempre— y sopesado la idea de levantarse y bajar,
donde seguramente los señores Weasley estaban despiertos, pero cambió de idea. Se perdió, o
dejó perder, en la contemplación del perfil de Harry, admirandolo como tantas veces había
hecho en las mañanas, y había fingido estar dormido tan pronto lo sintió despertarse. No se
había levantado principalmente por qué la pregunta que le había hecho la noche anterior aún
rondaba por su cabeza.
—¿Puedes quedarte así un segundo más? —preguntó Harry inusitadamente tímido. —Solo
unos segundos.
Hasta ese momento Severus se dio cuenta que Harry lo seguía viendo y que no parecía
molestarle en absoluto la posición en la que se encontraban.
Harry cerró los ojos y acortó la escasa distancia que los separaba, cumpliendo el sueño que
no dejaba de rondar por su cabeza: besar a Severus. Fue apenas un leve roce en los labios que
le supo a gloria, pero se separó rápido, incapaz de imaginar lo que haría Snape por aquel acto.
Pero, contrario a todas las represalias que creía podrían surgir, Severus se acercó hacia él y
volvió a unir sus labios. Harry casi jadeó de la sorpresa cuando el maestro inició el beso,
creyendo que seguía soñando o peor, que se había vuelto loco; pero no, todo aquello era real.
Devolvió el beso con placer, abriendo ligeramente su boca cuando sentía que aquello se
profundizaba. Las manos de Severus, que habían estado envolviendolo hasta aquel momento,
lo aferraron con más fuerza para estrechar el abrazo. Harry movió su brazo libre y enredó sus
dedos entre el pelo negro, dejándose llevar. Se estremeció al sentir la lengua de Severus que
parecía querer dominar su boca, y un leve gemido brotó de su garganta al sentir aquel
dominio que el mayor estaba ejerciendo sobre él.
Ninguno de los dos parecía recordar —o no querían recordar— dónde estaban, pero unos
golpes en la madera de la puerta les hizo separarse velozmente, quedando Severus sentado en
la cama y Harry enredado entre las sábanas, sin entender que estaba sucediendo.
—¡Hora del desayuno!— canturreó Molly con voz alegre a través de la puerta, sin abrirla. —
Los espero abajo.
El tener a tantas personas en la casa siempre la hacía feliz y emocionada, tanto, que esa
mañana se había despertado aún más temprano para preparar el desayuno y darse a la tarea de
que a nadie se le pegaran las sábanas, aunque la mayoría se había dormido tarde el día
anterior.
Severus escuchó los pasos de la matriarca Weasly, que indicaban que ella se alejaba de
aquella habitación. Se giró hacia Harry, viendo cómo este se sentaba en la cama.
—Digamos que fue un accidente —le cortó Severus, levantándose de la cama— pasamos
mucho tiempo juntos y... fue el calor del momento. Que quede entre nosotros, Potter.
Era notorio el cambio en la actitud del mayor al decir esas palabras comparado con su actitud
unos momentos antes, volvía a ser el estoico Maestro de Pociones. Severus estaba dispuesto a
salir de la habitación cuanto antes, pero no contó con la rapidez de Harry, quien de un salto se
lanzó de la cama y se colocó entre él y la puerta.
Severus no podría hechizarlo ni aunque Harry intentara atacarlo, y ambos lo sabían, el mayor
ni siquiera hizo el amague de sacar su varita.
—Ahora no.
—¿Cuando?
El pocionista entrecerró los ojos, viendo que Harry no se la pondría tan fácil como habría
deseado, y terminó por ceder a sus demandas por aquel momento.
—En la noche, en mi cabaña. Pero no discutiré nada de esto con un montón de Weasley en el
primer piso.
Harry tenía dos regalos especiales, uno para Severus, el cual estaba oculto en la habitación de
Ron y esperaría a verlo para entregárselo, y el otro para Sirius, por el cual se había esmerado
durante varios meses. Los demás regalos los compró en una salida a Hogsmeade acompañado
por Remus unos días antes, donde tuvo que procurar ser cuidadoso para que el licántropo no
viera su propio presente.
Incluso le había comprado un regalo a Draco, algo sencillo y que seguramente no le gustaría,
pero Harry pensaba que si estaban entablando una mediana amistad, lo mínimo que podría
hacer sería comprarle algo. Aquel regalo también estaba encogido y guardado, esperando al
regreso a clases.
Los Weasley que habían tenido que marcharse la noche anterior regresaron justo a tiempo
para recibir y entregar sus propios presentes, incluso Dumbledore, quien hasta había llevado
los presentes de McGonagall, pues ella estaba visitando otras amistades. Incluso le resultó
una gran sorpresa, así como a muchos otros presentes, el saber que Severus había dejado
obsequios debidamente identificados con Molly, para que está los entregara. Harry se vio
rápidamente rodeado de diversos presentes y, entre ellos, el abrigo tejido de la matriarca
familiar.
—Espero que te guste, —le susurró Molly en su oído sano cuando se lo dio. —Este año es un
poco diferente.
Harry desenvolvió el suéter y vio la parte frontal, dándose cuenta que no eran sus iniciales,
como Molly siempre hacía; sino que, en letra un poco más pequeña, la mujer había escrito
Harry Potter Weasley.
—Al fin y al cabo también eres un Weasly, era justo que tu sueter también lo dijera.
En una de las pocas veces que había podido ir a Grimmauld Place, Harry encontró un baúl
lleno de fotografías y recortes de sus padres, Sirius y Remus. También había algunas cuantas
donde aparecía colagusano antes de que se dieran cuenta que era un servidor de Voldemort,
pero en la mayoría lo habían recortado.
Casi el 90% de las fotos estaban dañadas, les faltaba una parte, se habían arrugado, mojado o,
en términos simples, casi todas se encontraban en pésimo estado. Remus le había contado que
el culpable había sido Kreacher unos 7 años atrás, pues el elfo lo había hecho en un arrebato
de cólera contra Black por "manchar el apellido Black." Lupin le contó que el elfo había
dañado varias cosas personales de Sirius, pero que aquellas fotos eran lo que más le dolían, y
que fue por eso que no las tiraron. Kreacher había utilizado magia para arruinarlas, por lo que
era muy difícil componerlas, aunque no imposible.
Harry se las llevó a Hogwarts sin decir nada y con ayuda de sus amigos —más que nada de
Hermione, quien encontró el hechizo necesario— pudo restaurarlas una por una. Con la
ayuda de Albus había conseguido un álbum mágico, incluso el director le ayudó con unos
cuantos hechizos de protección para que no pudiesen dañar el libro, y lo mantuvo ocultó todo
ese tiempo. Aunque, a decir verdad, logro terminar el regalo en la cabaña de Severus, gracias
a los grandes lapsos de tiempo que pasaba solo.
Su padrino lo miró extrañado cuando desenvolvió su regalo y encontró un libro rojo con
letras doradas que rezaba "Los merodeadores", y lo abrió volviendo a ver sus preciosos
recuerdos nuevamente. Las fotos no solo estaban como en el momento en el que Kreacher las
arruinó, sino mejor inclusive. Harry y Dumbledore no solo habían puesto hechizos
protectores, sino unos de proyección, por lo que el álbum superponía las fotos de la página
que se estaba viendo, dando casi la sensación de ver una proyección dentro del libro,
haciéndolo todavía más especial.
Pero quizás lo que más conmovió al animago —aunque todo el regalo en sí le conmovió —
fue que Harry colocó una foto en la que salían ellos dos y Remus, sentados en el sofá de
Grimmauld un año antes. La foto se la había quedado Harry, y decidió que el mejor lugar
para colocarla sería en el álbum.
Sirius sintió sus ojos escocer y el cosquilleo de su garganta ante las inherentes ganas de llorar
que aquel regalo le trajo.
—Gracias, —dijo, sosteniendo una lágrima traviesa que amenazaba con caer. —Esto es muy
especial para mi.
—El álbum está hechizado, es resistente a muchos hechizos. —se le acercó, queriendo
susurrar la última parte, aunque los demás estaban absortos a sus propios obsequios— incluso
resiste maldiciones oscuras, así que nadie volverá a dañar tus fotos.
Harry le sonrió, no muy seguro de querer revelarle que aquel había sido un hechizo más que
básico para los que él conocía debido a sus sesiones de estudio con Ron y Hermione. Ni
siquiera el director sabía que él había colocado protecciones extras contra magia oscura, o
esperaba que no lo supiera. De todas formas no necesitó decirle, pues Sirius recordó que no
le había dado su regalo verdadero.
Sirius había decidido unos meses antes regalarle a Harry una nueva escoba luego de ver que
la de él estaba ligeramente desgastada. La había comprado en agosto, cuando salió la nimbus
más reciente, y planeó guardarla hasta navidad. Pero había cedido a sus impulsos y se la
había dado un par de días antes para que la pudiera probar en casa de Snape. Pero, no
obstante a eso, decidió regalarle algo más a su ahijado.
—Esto es solo un detalle pequeño, —le tendió una pequeña caja con un moño dorado—
además la escoba te la dí antes de navidad, imaginé que no contaría.
Harry se quejó diciendo que obviamente aquello contaría, pero abrió la pequeña caja y
extrajo con asombro la esclava de oro que había en su interior. Sirius levantó su mano
derecha, y hasta ese momento Harry se dio cuenta que él también llevaba una.
—Están conectadas, si estamos en peligro solo tocalá dos veces con tu varita, y sabré que
necesitas ayuda.
El animago asintió y le explicó cómo debía dar los toques en la esclava y le ayudó a
colocarsela, pidiéndole expresamente que no se la quitará. Harry tomó aquel regalo como una
preocupación de su padrino de algún otro ataque de Voldemort, y le prometió que la llevaría
consigo a todas partes.
El resto de la mañana pasó entre risas y envoltorios desperdigados por el suelo. Remus y
Sirius sí permanecieron hasta mediodía y aprovecharon para tener un partido de Quidditch en
el patio. Colocaron a los gemelos en el equipo de Harry para evitar que le hicieran daño, ya
que Sirius y Ron, estando en el equipo de Ginny, no le lastimarían. Harry se mordió el labio y
se obligó a no comentar que la maldición no le había afectado en su habilidad de volar o
jugar, ni lo había debilitado físicamente y ellos estaban exagerando, pues durante el juego
casi no le hacían oposición. Cuando su padrino y Lupín se fueron, Harry no perdió el tiempo
en decirle a sus amigos que necesitaba hablar con ellos algo, y debía ser de forma inmediata,
pues él volvería a la cabaña de Snape en la tarde y el arrebato de ímpetu que tuvo en la
mañana había mermado.
La sorpresa en la cara de Ron era impagable, parecía estar teniendo una perfecta imagen
mental de la situación y entrar en un colapso debido a ella. Hermione, por su parte, estaba
más calmada, y su sonrisa implicaba que también estaba feliz por qué su amigo realizó algo
que quería desde hacía mucho.
—¿Puedes hablar más bajo? Que hayamos puesto protecciones no implica que grites. Y sí, lo
besé, fue un impulso. Pensé que él se enojaría cuando me separé, pero él se inclinó y me
besó.
—¡Eso es genial, Harry!— Hermione se acercó hacia el, sentándose a su lado — No hay
prueba más contundente de que le gustas.
Él puso ligeramente en duda aquella afirmación al contarles el resto de la situación hasta que
Snape salió de la habitación, e incluso Ron se rió al escuchar que su madre los había
interrumpido.
Harry se cubrió la cara y se dejó caer en la cama de espaldas, no sabía absolutamente nada de
lo que le diría en la noche.
—Después de darle su regalo no se qué decirle. Han pasado tantas cosas que realmente no
estaba en mis planes lo del beso por... ya saben.
—Exacto, pero fue simplemente que... él estaba tan cerca... estábamos tan cerca... No sé qué
hacer.
Tanto Hermione y Ron lo miraron antes de intercambiar una mirada entre ellos. El pelirrojo
se aclaró la garganta, dispuesto a darle un poco de ánimos según su punto de vista.
—Dudo mucho que sea algo por pena, no fue que te siguió el juego, sino que tomó la
iniciativa de regresarte el beso. Yo diría que fueras con todo.
—Concuerdo con Ron, me pareces que tienen una buena oportunidad. Solo sé sincero.
Ser sincero era quizás el consejo más general e impreciso que le podían dar en aquel
momento, pues si bien él planeaba hablar con la verdad, el detalle es que no sabía
exactamente cómo decirlo. Suspiró mientras volvía a sentarse en la cama y pensaba que lo
mejor era cambiar de tema por el momento. Había un hechizo que estuvo practicando cuando
nadie lo veía, y quería mostrárselo a sus amigos antes de tener que marcharse.
Los pasos de Bellatrix resonaban estrepitosos en los pasillos húmedos y vacíos de aquel lugar
mientras avanzaba a gran velocidad. Su señor la había llamado, y ella no perdía tiempo en
llegar ante la presencia de Lord Voldemort. Llegó hasta la sala donde él la esperaba y dio dos
toques rigurosos en la puerta entornada, asomando ligeramente su cabellera por el resquicio
abierto.
—Mi señor.
Voldemort miró a la bruja que tenía enfrente y le hizo una seña para que cruzara la puerta.
Bellatrix obedeció y entró, haciendo una exagerada reverencia cuando se acercó ante la
presencia viperina.
La habitación estaba en penumbras, apenas mal iluminada por unas velas desperdigadas por
las esquinas. No había ni una ventana por donde entrará el sol o la luz de luna, ni parecía
importarle en lo más mínimo al señor tenebroso. Bellatrix se percató de unos cuantos viales
de poción rotos en el suelo, pero no había mancha de líquido alguno, por lo que fue lógico
para ella el pensar que su señor había tomado el contenido de aquellos antes de romperlo.
Voldemort solía tomar distintas pociones, eso no era extraño, pero ella nunca había visto
tantos viajes juntos.
El rostro del Lord estaba contraído en una mueca de seriedad e ira, y parecía estar luchando
por no arremeter contra ella y matarla para liberar su frustración.
—Bellatrix —siseó, haciéndole una seña para que se acercara más. —Tendremos que
adelantar nuestros planes.
La bruja dio un par de pasos al frente y miró al lord, consternada. Ella sabía, como mano
derecha de su señor, de los planes de esperar al inevitable debilitamiento de Potter a manos
de la maldición que lo golpeó, y por eso estaban fortaleciendo sus filas.
—¿Puedo preguntar a qué se debe, mi señor? —se atrevió a preguntar, mordiendo su labio
inferior.
—No, —demandó con un tono que no admitía réplica alguna. —¡Solo obedéceme! Te
informaré el día del ataque.
Bellatrix realizó otra exagerada reverencia y salió de aquella habitación, dispuesta a cruciar a
quien necesitará tan solo para adelantar los planes de su señor.
Voldemort miró la puerta por donde se había ido su más fiel seguidora y su única mano
derecha, luego del descubrimiento de la traición de Snape. Apretó su puño, clavando sus
garras, y no se detuvo ni cuando sintió la sangre brotar de las heridas que se había hecho.
La maldición con la que se enorgullecía de haber alcanzado a Potter le estaba afectando, todo
por la maldita conexión que ellos compartían. Tardó más que con el muchacho, y al principio
no quiso creerlo, pero era inevitable. En su pecho se había formado la ineludible marca, con
los círculos y las cruces; estaba completamente ciego de su ojo derecho, y su tacto se había
desvanecido por completo.
Había tomado varias —muchas —pociones basadas en sangre de sus mismos mortifagos, los
cuales murieron en el proceso, solo para hacer algún hechizo desacelerador, como lo hacía
Harry con el Minuere; pero Voldemort sabía demasiado bien que aquella maldición no se
podía quitar de forma tan sencilla.
Solo había una forma, una única oportunidad de deshacerse de ella —y ni siquiera era
infalible— pero sería su única opción. Para eso, debía matar a Harry Potter.
Momentánea felicidad. Primera parte
No fue sino hasta caer la noche que Remus regresó a la madriguera para llevar a Harry a la
cabaña de Severus. Sus amigos se despidieron de él con una mirada cargada de apoyo y
expectación, y Hermione le susurró un "tu puedes" al oído tan bajo como pudo. Si Remus
logró escuchar aquello con sus sentidos de lobo no lo demostró, y Harry agradeció ese hecho.
Despedirse de los señores Weasley apenas tardó unos minutos, pero los sentimientos
reflejados en el rostro de Molly le daban a Harry una punzada en el estómago difícil de
ignorar. No la culpaba, la consideraba como una madre y sabía que a la matriarca Weasley se
le hacía difícil ocultar sus sentimientos cuando se trataba de sus hijos.
A pesar de que Harry le dijo que no necesitaba ayuda, Remus se ofreció —o más bien
informó— que iba a aparecer los a ambos; realmente el más joven no refutó demasiado, tenía
otras cosas en las cuales pensar. La aparición en los terrenos de la cabaña y la caminata hasta
la puerta fue silenciosa; si bien Harry habría querido mantenerse tranquilo y relajado no
podía evitar estar nervioso, y prefería no mirar y/o conversar con Remus para evitar delatarse
más de la cuenta.
Al entrar, encontró con que los otros dos adultos ya estaban ahí, y fue en ese momento que
recordó que tendría que esperar hasta estar a solas con Severus en la habitación para poder
hablar con él y, que mientras tanto, pasaría un momento incómodo con él mientras no
aclarara el asunto.
Aprovechó un momento para subir a la recámara y dejar los regalos que había recibido,
además del que era para Severus, el cual dejó sin pensar demasiado dentro de su baúl. Logró
quedarse en la habitación hasta que Sirius casi le obligó a bajar para cenar. Él no tenía
hambre, pero de todas formas le dijeron que necesitaba comer. Al sentarse a la mesa y ver su
plato reprimió un suspiro; siempre se esmeraban con la intención de que la comida luciera
excelente —incluso mejor en su plato que los demás —, y Harry a veces tenía ganas de
decirles que le daba igual si le colocaban una pasta amorfa, pues le sabría a lo mismo. Por lo
menos las ganas que tenía de no pensar en Snape sentado a un lado suyo le hicieron
concentrarse tanto en su plato y comió todo, haciendo felices a los tres hombres que le
rodeaban. Al acabar la cena estuvo hablando un rato con Sirius hasta que un tercer bostezo
hizo reír a su padrino.
Aquel bostezo fue fingido, y resultó en la mejor forma de retirarse hacia la recámara sin
levantar sospechas. Ni siquiera pensó por un momento en ponerse la pijama o en hacer nada
más que no fuese buscar el regalo de Severus y sentarse en la cama a esperarlo lo más
paciente que pudiera, cosa que, para un Gryffindor, era casi imposible.
No supo si fueron sus nervios o si el hombre lo hizo a propósito, pero le pareció que Snape
tardaba más en subir a la habitación que días anteriores. Intentó concentrarse en lo que podría
decir, pero en cuanto sintió la puerta de la habitación abriéndose, cualquier planificación se
fue por la borda.
Severus había tenido la mínima esperanza de que quizás Harry dejaría pasar el incidente del
beso y la locura de querer hablar acerca de eso. Pero todo apuntaba a que no sería tan fácil.
Snape suspiró resignado y colocó una barrera alrededor de la habitación, sabiendo que
aquella sería una conversación que no debían escuchar los otros dos gryffindors. Mucho
menos el pulgoso.
Severus se adelantó un paso, dispuesto a intentar manejar la situación a su manera, pero antes
de poder decir nada Harry le tendió una caja decorada con papel verde y un delicado lazo
negro.
Snape se detuvo ante la sorpresa, sin esperarse en lo absoluto aquello. Realmente nunca
estuvo en sus planes el quedarse al intercambio de regalos en la casa Weasley, y el hecho de
que se marchó después de lo que ocurrió con Harry fue solo coincidencia. Había dejado sus
regalos genéricos —comprados por un elfo doméstico con una lista que había hecho — en la
madriguera y, explícitamente le remarcó mucho a Albus y Minerva que bajo ninguna
circunstancias le dieran ningún obsequio. Por supuesto que ninguno le hizo caso.
Dumbledore le regaló un fino juego de té, pero como toque sorpresa también le había dado
una dotación por un mes de caramelos de limón, Minerva había optado por algo más sencillo
como un túnica de invierno, pero también tuvo la desfachatez de jugarle una broma, y le
obsequió dos gemelos en rojo y dorado, alegando que estaba conviviendo con demasiados
Gryffindors como para no gustarle esos colores. Incluso Remus le había obsequiado algo —
diciéndole que también era parte de Sirius. Pero, quizás el colmo verdadero había sido Molly,
quien antes de dejarlo ir de la madriguera le dio un paquete, y le dijo al oído que "si duerme
en la madriguera, es parte de la madriguera"; y resultó ser un suéter tejido con sus iniciales.
Snape se preguntó en qué momento se había perdido el respeto y temor que tanto infundía
para que se tomarán tantas libertades de hacerle aquellos regalos.
Pero, aún con todos esos regalos que no pidió recibir y recibió, el que más le sorprendía era el
que tenía frente a él en ese momento. No esperaba un regalo de Harry, en lo absoluto. Ni
siquiera podía recordar con exactitud qué cosa de la lista le había pedido al elfo que
envolviera para el chico. Su semana había sido bastante intensa, e incluso la mañana de
nochebuena tuvo que terminar de reponer la poción que usaban para el Minuere y por poco y
se duerme sobre el caldero.
Severus cortó la distancia entre ellos y tomó el regalo que se le ofrecía con precaución. Lo
abrió con cuidado y lo que vio casi lo dejó sin palabras por unos segundos.
Era una caja hecha de madera de ébano, pequeña y plana, con el nombre de quién la había
hecho tallado en una elegante caligrafía sobre la madera: Blans's.
Aquello fue una sorpresa más que enorme para él. Blans's era el nombre del herbolario más
importante que el mundo mágico podría conocer. Estaban ubicados en Suiza, y aquel negocio
familiar era casi tan antiguo como el mundo mismo. No había ingrediente para poción que
ellos no tuvieran, y eran reconocidos por la calidad de sus ingredientes. Lo lamentable era
que debido a eso no solían aceptar muchos encargos, por qué se basaban en calidad antes de
cantidad. Debido a eso era muy difícil acceder a sus servicios, por no decir casi imposible, y
la prueba era que Severus solo había visto una caja de aquel sitio una sola vez en su vida,
hacía casi siete años antes. Eran elitistas, valía más el reconocimiento que los cientos de
galeones que pudieran ofrecerle, lo cual provocaba que ni Voldemort fuese bienvenido como
comprador en Blan's.
Al abrir la caja se encontró con ocho frascos pequeños perfectamente ordenados, y encima de
ellos una nota de instrucción escrita a mano que explicaba cómo retirar el hechizo protector
de la caja, además de indicar otro hechizo para acceder a las otros 16 frasquitos que estaban
debajo de los ocho primeros. Hechizar ingredientes de pociones no era sencillo, muchos se
arruinaban si se intentaban encoger o transportar, y eso era una de las tantas cosas que hacían
tan famoso a Blans's.
Aquello era sorprendente, Severus sabía muy bien cuál era el ingrediente que tenía en sus
manos, pues era necesario —y uno de los más difíciles — para preparar el Minuere. Miró a
Harry sin entender cómo lo había conseguido, y el chico le sonrió antes de hablar.
Severus elevó una ceja haciendo énfasis en sus palabras. Harry no se sintió ofendido ante
aquella verdad. Poco le molestaba ser malo en pociones.
—Yo no, pero Hermione sí. —admitió con una sonrisa— Ella reconoció todos los
ingredientes y, aunque sí había muchos....¿complicados? como curiosidad nos señaló uno
difícil, y nos explicó todo lo que requería para que estuviese perfecto. Pensé que ya le estaba
dando bastante trabajo y quise buscar una forma de ayudar.
—Yo nunca me he quejado de hacer esto, Potter, no era necesario que hiciera nada de eso.
Harry suspiró y se levantó de la cama cruzando los brazos. ¿Acaso parecía que se estaba
quejando?
—No le estoy diciendo que se queja ¿Me deja terminar? El punto es que le pregunté cómo
podríamos ayudarlo aunque sea con ese ingrediente, ella me explicó lo difícil que es y blah
blah blah...
Severus reprimió la sonrisa que saldría después de escuchar el brillante léxico de Harry, pero
sabía que el más joven no podía durar demasiado hablando de pociones así que se abstuvo de
hacer algún comentario por el momento.
>>—Me habló de Blans's y que podrían hacerle llegar el ingrediente listo para usar. Me contó
que era un lugar especial, viejo y todo eso.
—¿Como Granger supo de eso?—Severus entrecerró los ojos, normalmente aquel sitio era
solo conocido por los pocionistas o personas cercanas a esas ramas. —No es un lugar que los
estudiantes conozcan.
—Le sorprendería darse cuenta de todo lo que sabe Mione. —Harry sonrió, pensando que
incluso a él le seguía sorprendiendo todo lo que sabía Hermione. — El punto es que
conseguimos la dirección y enviamos la primera lechuza con una petición. Al principio se
rieron de mi petición, pero luego accedieron.
Ese era el punto que Severus no entendía. ¿Como Harry había logrado saltarse casi un año de
lista de espera para poder recibir los servicios de Blans's? El Gryffindor no parecía darse
cuenta de lo que había logrado; aquel no era un sitio que se pudiera exigir o acceder con
facilidad. Eran una familia de sangre pura que defendían su negocio generación tras
generación, ni siquiera Voldemort los tenía en su lista. Para acceder a ellos era necesario ser
reconocido como pocionista ejemplar, intachable y brillante. Severus no calificaba pues si
bien no todos sabían que era "mortifago", si había rumores sobre su conexión con magia
oscura, y eso lo excluía de ser "ejemplar".
—¿Pero cómo?
Ese fue el momento en el que Harry enrojeció ligeramente, balanceando su peso de un pie al
otro, luciendo ligeramente avergonzado.
—Digamos que use un poco mi apellido. La nieta del dueño actual es, digamos, mi fan. Ella
consiguió ver mis cartas y al parecer hizo suficiente presión a su abuelo para que accediera.
—¿Una rabieta?
Severus entrecerró los ojos y Harry enrojeció aún más de lo que ya estaban sabiendo la
pregunta que el maestro haría.
—¿Fotos?
—Fotos autografiadas... lanzándole besos.
Severus no pudo aguantar la sonrisa que aquello le provocó, e incluso tuvo que resistir el
impulso de reír al ver el claro bochorno de Potter.
—Nunca me habían pedido una foto así, no lo negaré, fue muy extraño. — apuntó la caja que
Snape tenía entre las manos, recordando otra parte del regalo. —Dentro de la caja hay unas
tarjetas especiales, solo necesita colocar el ingrediente que necesita y a ellos les llegará. Creo
que puede usarlas por un año. No sé si sea un buen regalo de navidad digo, son pociones,
pero quise ayudarlo.
El rostro de Snape volvió a tomar seriedad. ¿Potter le estaba diciendo que le había
conseguido un pase por un año en un sitio tan caro e inaccesible? Era como si la hazaña del
chico aumentara cada vez que abría la boca, y Severus sintió que aquello era demasiado. Aún
si había logrado el acceso gracias a la nieta del dueño, debía de pagar el costo, era imposible
que aceptara algo así.
—¿No le gusta?
—Oh bueno, tiene que, porque no lo puedo devolver y estoy bastante seguro que yo no lo
usaré. No me veo en un futuro cercano ordenando escamas de dragón o sangre de nada.
Severus apretó la caja sintiéndose bastante avergonzado en aquel momento. Harry le estaba
dando algo que no solo le había costado dinero, sino que también un gran esfuerzo y, después
de todo, un gran bochorno. ¡El ni siquiera se acordaba de lo que le había regalado!
El maestro de pociones casi cierra los ojos para reprenderse a sí mismo. ¿Le regaló una
escoba? ¿Sirius le había dado una escoba un par de días antes y él no pudo acordarse de eso?
En ese momento se sintió peor, era como si no le hubiese dado absolutamente nada, y más si
lo comparaba con lo que Harry había hecho.
Pero era más que notorio que Harry no entendía la real magnitud de su regalo, y era debido
probablemente a su poco conocimiento en cuanto a pociones se refería. De todas formas
Severus asintió, dándole a entender que aceptaría el regalo y murmurando un sincero
"gracias" que hizo feliz a Harry. Buscaría la forma de resarcir aquel regalo tan costoso, sabía
que Potter tenía una pequeña fortuna heredada por sus padres, y que al parecer Sirius había
destinado la mitad de la bóveda Black para su ahijado, pero eso no significaba que se sintiese
cómodo siendo objeto de un obsequio tan caro aun sabiendo que al chico no le afectaba
gastar.
Colocó la caja con cuidado en la mesita a un lado de la cama, y se giró, sabiendo que había
algo más de lo que debían hablar aquella noche.
Harry hizo una mueca cuando Severus dijo "tema pendiente" refiriéndose al beso que se
habían dado. Los dos estaban de pie, uno frente al otro, y Harry pudo notar el cambio que el
otro había adoptado en su expresión, haciéndola ligeramente más seria.
—Me gustas, Severus. -- Soltó aquellas palabras rápido, sin querer escuchar las palabras que
seguramente diría el maestro. No quería escuchar un "lo que sucedió fue un error, solo
estábamos demasiado cerca o hemos pasado demasiado tiempo juntos y estamos
confundidos". Por qué no, él no estaba confundido. — Lo que sucedió no fue ningún
accidente.
Estaba seguro de sus palabras, pero no de su valentía pues a cada frase que decía sentía que
sus rodillas temblaban por el hombre que tenía en frente. Sentía más miedo que cuando
estaba frente a Voldemort, sentía más terror y su corazón palpitaba más veloz. Reunió toda la
valentía que pudo encontrar y recorrió los dos pasos que lo separaban de Snape, quedando a
un palmo de este.
Esa simple frase le tomó más valor de lo que pensó. Vio como el mayor apretaba los labios
por un segundo antes de responder, y con aquel simple gesto confirmó que sus sospechas
habían dado en el clavo.
—No debería jugar así cuando es claro que no sabe lo que dices. Solo estás confundido con
todo esto que está sucediendo: la maldición, el que estemos pasando tanto tiempo juntos y el
hecho de tener que dormir en la misma cama lo han afectado, Potter.
Harry se mordió el labio, disgustado, al tiempo que movía la cabeza de un lado a otro,
intentando negar todas las palabras que escuchaba.
—Me gusta desde antes de todo esto, es solo que nunca pude ser directo. ¿Acaso no notó
nunca nada? Y se hace llamar el mejor espía.
Severus dejó pasar aquella última frase en virtud de que Harry se veía bastante disgustado, y
tuvo que recordar las veces en las que había creído que el más joven coqueteaba con él para
después pensar que se estaba volviendo loco.
¿Entonces todo era real? se preguntó, intentando entender cómo era aquello posible. ¿Harry
enamorado de mi? Su mente intentó buscar más formas de refutar aquello, pero se dio cuenta
que ya no valía la pena negar que lo que había sucedido no había sido producto del momento.
En cambio sus pensamientos fueron más a la defensiva, pues no entendía como alguien joven
y hermoso como Harry podía sentir aquello por el.
—No entiendo que puede gustarle de mi, —dijo mientras se alejaba un paso, sintiéndose
demasiado cerca del muchacho para su propio bien. — No me conoces, no sabes cómo soy.
Además no hay nada en mi que pueda atraerte...
—Claro que lo sé, y lo hago desde que nuestras clases particulares iniciaron. —dijo con
firmeza, dando un paso adelante. Sentía un ligero estremecimiento recorrer su cuerpo, pero
no iba a acobardarse en aquel momento— Además hay demasiadas cosas que me atraen de ti.
Me atrae tu voz, tu inteligencia, la calma que me transmites cuando está cerca de mi.
—Potter...
—Pensaba esperar hasta terminar el año para decirte y, que si me rechazabas, no tener que
sufrir viéndote diario, pero no esperaba todo lo que sucedió y supongo que ya no pude más.
Severus sentía su corazón latir con rapidez ante las palabras de Harry; era como si todo lo que
había pensado que no podría tener se le estaba sirviendo en bandeja de plata. Pero no, debía
comportarse como adulto responsable y comprender que aquello tenía demasiadas razones
para suceder. Una cosa era enamorarse del muchacho, eso era inevitable, otra muy diferente
era sucumbir ante aquella situación.
En alguna parte en su mente Severus sintió como dos vocecillas —partes de su conciencia,
quizás — se peleaban entre sí por aquella situación. La vocecilla de la cordura y la
responsabilidad le recordaba que Harry no se merecía a alguien como él, que Severus tenía la
obligación de buscar la forma de sanarlo para que estuviese con alguien que lo mereciera,
alguien que fuera joven, que pudiese darle un buen futuro alegre y feliz como él jamas
podria. Y fue pensando en eso que habló con voz grave y decidida:
—¿Por qué?
—Porque soy tu profesor, porque te llevo más años de los que tú tienes vivo, por que no me
conoces ni....
—Entre esa lista —dijo, sin importarle interrumpirlo— ¿en esa lista está la opción de que no
me quieres?
—¿Qué?
Aquella pregunta descolocó por un segundo a Snape, que no entendía a qué se refería. Harry
se acercó un paso más, convirtiendo el espacio entre ellos en algo casi inexistente, su mirada
fija en los ojos del mayor.
—Nada de lo que me ha dicho me importa, he pasado toda mi vida luchando contra la muerte
como para que me importen esos detalles. Te quiero, y de la única forma en la que podrías
evitar que vuelva a besarte, es si me dices que no sientes lo mismo.
Severus dejó de hablar, incapaz de decir nada ante aquel despliegue de valentía del
gryffindor. El chico le había dado su oportunidad, solo era cuestión de mentirle, de decirle
que no sentía nada por él y acababa con todo, pero no pudo. Porque lo que en verdad quería
decirle era que él también le quería, y en ese momento la vocecilla de la parte egoísta tomó
control de su pensamiento, y le recordó cuánto había deseado escuchar esas palabras, cuánto
había querido besarlo y tenerlo entre sus brazos sin ninguna restricción. Y esa misma voz
egoísta le recordó que había una posibilidad de que no encontraran una cura para el Corpore
Inclusus, y que lo perdería para siempre.
Y su parte egoísta y altruista se pelearon tanto, que por primera vez en mucho tiempo Severus
no pudo pensar claramente.
Harry tomó el silencio de Snape de una forma neutra, y aprovechando la valentía que todavía
le quedaba, decidió arriesgarse nuevamente y besarlo: sería quizás el beso decisivo. Colgó
sus manos alrededor del cuello de Snape y pegó su cuerpo al otro, dejándole claro que
aquello no era, en lo absoluto, un accidente. Quiso demostrarle con aquel beso que todo lo
que decía era cierto, pero cuando estuvo a punto de retirarse sintió los brazos de Severus
envolver su cintura y afianzarlo para que no se despegara de su lado.
Severus le devolvía el beso con el mismo ímpetu con que lo había besado aquella mañana, y
Harry sintió las manos del otro recorrer lentamente su cintura, casi como si tuviese miedo y
ansias de realizar aquella exploración. Él, por su parte, aprovechó para hundir sus dedos en el
cabello del otro. Harry separó sus labios cuando la lengua de Severus hizo presión sobre
ellos, profundizando el beso.
Harry se sintió ligeramente frustrado al poder estar de aquella forma con Severus y no poder
sentir su aroma, pero aquello no evitó que sintiera una inmensa felicidad al sentir como lo
envolvía, aceptando a todas luces que también le quería.
Snape se separó luego de darle un tierno beso en la comisura de sus labios, pero no lo soltó, y
debido a que era más alto apoyó su frente en el hombro de Harry, ocultando su rostro contra
su cuello.
—¿Me dirás que esto fue un accidente también?—su voz sonaba risueña pues no podía
ocultar su felicidad.
—No sea insolente, Potter. —Severus quiso fingir molestia, pero en aquel momento le
resultaba imposible. — No debería tomarse tantas confianzas conmigo, recuerde que sigo
siendo un Slytherin.
Harry iba a comentar ante eso, mencionando que en parte él también pudo haber sido un
Slytherin, pero sintió el tirón sobre su cuerpo cuando Severus tiró de él hacia la cama,
cayendo uno junto al otro mientras seguían abrazados. Harry rió ante aquella inesperada
acción, y afianzó más el abrazo en el que estaban, pensando que las cosas habían ido mucho
mejor de lo que había pensado.
Severus, por su parte, tuvo un pensamiento que le hizo sentir ligeramente incómodo por un
segundo. Aflojó su agarre en Harry y se incorporó en la cama antes de hablar.
—Imagino que esto quiere decir que lo suyo con el joven Malfoy no ha dado frutos, pues no
estoy demasiado dispuesto a ser el tercero en discordia.
Harry se quedó acostado pero apoyó el codo en la cama y su cabeza en su palma, mirando
con extrañeza al hombre ante aquella pregunta.
Severus entrecerró los ojos ¿Acaso iba a obligarle a decirlo? Odiaba cómo iba a sonar en
aquel momento, por qué en aquel momento, aunque lo intentara, sabía que su voz saldría con
un tinte de celos.
—No tengo nada con Draco. -- respondió firme, sin entender de dónde había sacado aquello.
—¿Acaso el señor Potter se besa sin ser nada?—eso sí sonó bastante celoso, pero no pudo
evitarlo. —No conocía esa faceta.
—¿Beso? ¡Eso no ocurrió! —Harry tomó un momento para pensar, y luego se dio cuenta de
lo que Snape estaba diciendo— Bueno, él me besó y yo casi le parto la nariz, pero estamos
trabajando en una amistad, más o menos. ¿Pero cómo se enteró de eso?
Severus lo miró. No necesitó usar legeremancia para saber qué Harry no mentía, el
Gryffindor era un libro abierto y su expresión y sus palabras se escuchaban sinceras. No le
dijo cómo se había enterado, tan solo recordó la hora y se levantó para ir a buscar la poción
que necesitaban para el ritual.
Pensó por un momento lo que podría decirle, volviendo a escuchar las molestas voces que
discutían sobre lo que debería hacer a continuación. Soltar al chico, dejarlo libre, no era una
opción por el momento; no mientras Harry lo quisiera.
Por un momento, cuando se despertó ese 26 de diciembre, pensó que los sucesos de la noche
anterior habían sido un sueño; pero tan solo ver qué Severus seguía en la cama a su lado le
confirmaba que no. El maestro de pociones parecía haber despertado hacía muy poco, y le
miraba con un atisbo de sonrisa que a Harry le pareció celestial.
—Simplemente pensé que no te sería muy agradable tener que despertar junto a mi en las
mañanas.
—Si supieras— suspiró, pensando en todas las veces que había deseado aquello— Es
extraño, digo, está situación, pero es agradable también.
Harry sonrió abiertamente sin poderlo evitar, sintiendo que aquella mañana, aunque fuera
solo por aquel momento, se borraba parte de lo malo que había sucedido en los últimos
meses. Se elevó ligeramente hasta alcanzar los labios que tantas veces había anhelado, y que
ahora le devolvían los besos con entusiasmo. Sintió las manos del pocionista acariciando
delicadamente su espalda y atrayendole más hacia él, apretando aquel abrazo de forma casi
imposible. Por un momento pensó que aquella situación escalaría bastante rápido, pero de un
instante a otro Severus redujo la intensidad del beso, y le dijo con toda normalidad que
debían de bajar a desayunar. Harry se quedó unos segundos enojado por aquella interrupción,
pero decidió ser obediente, aunque fuera por aquella vez.
Los pocos días que quedaban antes del nuevo año pasaron con relativa normalidad —dentro
de la normalidad de estar maldito—. Recibió una carta de Hermione preguntando acerca de
su situación y él, aunque no quiso darles muchos detalles por papel, les contó que todo estaba
saliendo bien. Y a ellos no les tomó mucho entender el significado de aquello. No había
recibido ninguna carta de Malfoy, pues sabía que el Slytherin pasaría nochebuena en su
mansión y desde ahí no podrían escribirse, así que debía esperar a encontrarse con él en el
colegio cuando regresaran a clases.
Esos pocos días fueron bastante felices para él, no podía negarlo. Severus y él acordaron que
fuera de la habitación actuarían lo más normal posible, y como Harry no quería que Sirius
cometiera una locura, aceptó sin pensarlo demasiado. Aun así se sentía bien al saber que al
cerrar la puerta de la habitación Severus no le miraba igual que antes, y sus besos
compensaban cualquier sacrificio que tuvieran que hacer durante el día.
No hicieron nada más que besarse durante esos días y, aunque Harry protestó la primera vez
que sus manos fueron detenidas en el camino de desabotonar la camisa de Severus, no volvió
a insistir en esos avances, creyendo que quizás el Minuere agotaba al hombre más de lo que
aparentaba para esas cuestiones. Pero Snape no lo detenía por eso, sino más bien por una
cuestión moral, pues aunque su parte "egoísta" había ganado al aceptar aquello, seguía
pensando en alguna parte de su mente que aquello era un error, y quería manejar la situación
tan lento como su autocontrol se lo permitiese con la esperanza de que Harry estuviese
totalmente seguro de lo que hacía. Aunque disfrutaba los besos en gran medida, y sus ansias
por llegar más también se acrecentaban.
..............................................
No fue sino hasta la víspera de Año Nuevo que Draco tuvo la oportunidad de investigar el
hechizo que afectaba a Harry. Quería hacerlo antes, pero extrañamente la mansión no tuvo un
momento de quietud. Sus padres pasaron con él más tiempo del habitual y los Zabini
estuvieron visitandolos casi todos los días. Por lo menos, debido a eso, Blaise estuvo con él
durante esos días. Ninguno de los dos tenía idea de lo que sucedía, pero eran suficientemente
inteligentes para saber qué estaba pasando algo extraño. Blaise pasó con los Malfoy
nochebuena y navidad en la mansión Malfoy, pues los Zabini necesitaban resolver un asunto
importante. Draco recibió varios regalos que esperaba, incluso muchos otros que no quería,
como una colección completa y renovada de libros de pociones avanzadas, pero el afán de su
padre por que fuera el mejor en los estudios era indiscutible y él solo pudo asentir y decir que
les sacaría provecho. Blaise también recibió los regalos que le dejaron sus padres, y no se fue
de aquella mansión hasta que ellos lo fueron a buscar el 30 de diciembre, después de que
hablaran con Lucius.
Al quedarse sin su amigo Draco sopesó acerca del comportamiento que habían tenido los
adultos ese invierno. Desde que habían llegado a la mansión no pudo ignorar el hecho de que
sus padres parecían estar guardando más secretos que de costumbre. Lucían preocupados y
conversaban tan bajo como les fuera posible en su presencia, pero intentaban no llamar su
atención; además de las constantes visitas de los Zabini, que parecían tener más intenciones
que las que ellos les decían. Estaba más que seguro que el problema por el cual habían
pasado gran parte de sus vacaciones en aquella villa había empeorado, pero ni su padre ni su
madre estarían dispuestos a decirle nada, por lo que por el momento se preocupó en resolver
aquello que sí sabía: el pedido de Harry.
Algo que tampoco pudo ignorar fue el hecho de que sus padres intentaron pasar gran parte de
ese día con él en una especie de día "familiar''. No era tan raro por parte de Narcisa como de
Lucius, quien parecía fuera de lugar intentando ser un padre modelo. Invariablemente de
cuanto Lucius quisiera ser un padre comprensivo, el tema de su noviazgo con Pansy salió a
relucir durante la comida, y el patriarca de la familia pareció complacido cuando su hijo le
mintió diciéndole que todo iba conforme él quería. Por lo menos el resto de la conversación
fluyó a tópicos menos desagradables que Parkinson.
Ya entrada la tarde, Lucius recibió una lechuza con una carta y, luego de darle una mirada de
entendimiento a su esposa, salió alegando que tenía negocios importantes por hacer. Narcisa
le dijo a Draco que se retiraría a sus aposentos pues necesitaba enviar unas cartas
importantes, y Draco sabía que había llegado su oportunidad para buscar la información que
necesitaba.
Malfoy Manor contaba con dos bibliotecas bastante imponentes. La primera era un amplio
salón con estanterías en las paredes que iban desde el suelo hasta el techo, unos cómodos
muebles de lectura y una acogedora chimenea. Era, en cierto sentido, la biblioteca de cara al
público. Contenía una amplia gama de libros que iban desde la historia más antigua jamás
escrita, hasta pociones, encantamientos de transformación y demás. Contaba con un par de
tomos de magia oscura en una sección bloqueada por magia, pero Draco sabía que esa
sección solo era una fachada para que nadie sospechara, pues sería muy dudoso que una
familia tan antigua como los Malfoy no tuviese libros oscuros en su colección.
La verdadera colección de libros oscuros de los Malfoy estaba en la segunda biblioteca, una
que era tan antigua como aquella casa, con libros prohibidos y tan peligrosos, que era un
delito el que los ciudadanos los poseyeran. Era lógico pensar que si existía algún maleficio,
estaría en uno de esos libros. Aunado a eso, muchos de los libros que ahí se encontraban solo
tenían una o dos copias más, seguramente en la biblioteca de alguna familia sangre pura que
fue heredada de generación en generación.
La puerta de la segunda biblioteca estaba junto a la primera, solo que oculta. Draco sabía
cómo ingresar pues su padre le había enseñado, después de todo era parte de su legado. Se
colocó donde sabía que estaría la puerta y colocó su varita en el punto justo antes de recitar el
hechizo. Aquella entrada, que solo se abriría con la magia familiar, se comenzó a esbozar con
líneas negras y trazos irregulares en la pared. Aquel rectángulo que se había marcado tomó
rápidamente un tono oscuro y un aspecto rugoso, desmarcandose la puerta de forma
completa.
Draco empujó la puerta e ingresó en el lugar, y esta se cerró tras él. Sabía que la entrada
volvería a desaparecer hasta que él decidiera salir, por lo que no tendría riesgo de ser
descubierto.
Aquella biblioteca era mucho menos acogedora que la otra, y Draco siempre tuvo el
pensamiento de que el aire de aquel lugar era más lúgubre y pesado de la cuenta.
Como solo sabía el nombre de la maldición de Potter y eso no le ayudaba en nada, decidió no
perder tiempo y comenzar su búsqueda de inmediato. Intentó reducir la búsqueda para ver si
obtenía mejores resultados, de lo contrario podría quedarse encerrado todo lo que restaba del
año escolar leyendo cada libro y no obtendrá ninguna información. Según lo poco que sabía
se trataba de un maleficio, seguramente de gran antigüedad debido a la dificultad que había
para contrarrestarlo, el cual probablemente llevara sangre —como la gran mayoría de esos
encantamientos antiguos— y encantamientos que creaban una conexión. Seguía existiendo
una amplia variedad de maldiciones que cumplieran con esos puntos, pero por lo menos era
un avance.
Estaba seguro de que había entrado a aquella biblioteca cerca de las cuatro de la tarde, y
seguramente ya pasaba de media noche cuando se frotó los ojos con un más que evidente
cansancio. Por lo menos no tenía que preocuparse de que sus padres sintieran su ausencia,
pues habían convivido demasiado durante la mañana y parte de la tarde, y seguramente
pensarían que necesitaba su espacio.
Con gran cansancio volvió la vista al diagrama que tenía. Aparte de la lista que había
realizado para disminuir su búsqueda, decidió que sólo buscaría en los libros más antiguos
y/o prohibidos, aquellos que estaban bajo un conjuro para mantener cerrados y en su lugar,
pues le serían de más ayuda.
Tomó el siguiente libro que leería después de realizar el conjuro pertinente. La portada, que
rezaba el titulo El arte de la muerte, estaba hecha de cuero negro conservado perfectamente;
pero el interior no estaba en iguales condiciones. Las paginas eran de un amarillo deslucido y
se notaban muy fragiles al tacto. Había algunos trozos de las páginas rasgados, pero podía
leerse casi todo el contenido. Era un libro de encantamientos de castigos muy antiguos y que,
por lo visto en las primeras páginas, debían de ser considerados todos ilícitos.
Los hechizos del libro estaban en orden alfabético, por lo que se dirigió rápidamente hacia la
C. Pasó por los encantamientos que no le interesaban casi de inmediato, y su corazón dio un
vuelco cuando unas letras negras, que ocupaban casi un tercio de la página, llenaron sus ojos:
Corpore Inclusus, era el hechizo del que Harry le había hablado. Había más de cinco páginas
detalladas del encantamiento, explicando lo que era, su elaboración y efectos y, al final del
libro, la forma de revertirlo.
Leyó cada línea del maleficio sin poder creer que Potter estaba sufriendo aquello, ni siquiera
al momento de leer la parte de la reversión se sintió mejor, pues sabiendo que Voldemort le
había maldito, aquella solución sería casi imposible.
—Potter va a morir...
No pudo evitar que aquel susurro se escapara de sus labios, y apretó los puños hasta el punto
en que sus uñas le hicieron daño a sus palmas. Deseaba arrancar las hojas de aquel libro, pero
sabía que Lucius se enteraría si algún libro resultaba dañado por el hechizo de protección que
tenía puesto aquella habitación. No le quedó más opción que tomar la pluma y los
pergaminos que había llevado previniendo necesitarlos y transcribió al pie de la letra las
cinco páginas completas.
Se aseguró de dejar todo en orden cuando hubo terminado, y salió con los pergaminos ocultos
entre sus ropas para dirigirse de inmediato a su habitación. Se sentó en la cama y los sacó
para volverlos a leer, ahora con su apretada y cuidada letra. No había cenado y estaban cerca
de ser las tres de la madrugada, pero no tenía nada de hambre en lo absoluto.
Ya era primero de enero, y en unas horas tendría que ponerse en camino para volver a
Hogwarts. Tendría que hablar con él tan pronto tuviera la oportunidad.
Es uno u otro
El primero de enero llegó, y con él todos los estudiantes que regresaban a Hogwarts.
El viento frío golpeó su cara con fuerza cuando salió temprano aquella mañana siguiendo los
pasos de Remus. Su padrino se había ido la noche anterior, alegando que Dumbledore le
había encomendado algo importante. Lo que Harry no sabía era que aquello tan importante
era la persona que hablaría con ellos acerca de la maldición, quien llegaba aquel día a
Inglaterra.
Severus también había partido temprano, no sin antes darle un profundo beso antes de salir de
la recamara, y Remus se quedó con él hasta que terminó de alistar su baúl para llevarlo al
colegio.
El desayuno estaba esperándolo cuando bajó con sus pertenencias y, al momento de irse, vio
que el licántropo sacaba el traslador-muñeca que los había llevado en un inicio. Harry ajustó
su abrigo antes de salir al punto donde podrían usar el traslador, y mientras caminaban
hundiendo los pies en la nieve, Remus carraspeó para llamar su atención antes de hablar.
Harry se tensó al escuchar aquellas palabras, Remus lo miraba con una sonrisa sincera, casi
divertida ante su expresión de desconcierto. ¿Cómo sabía aquello? Estaba seguro de haber
sido bastante cuidadoso, ¿Lo sospechaba acaso Sirius?
»Instinto de lobo ¿recuerdas? —aclaró, viendo la duda en la cara de chico— te dije que
puedo leer las fluctuaciones de tus emociones. Y si eres de mi familia, y conviertes a alguien
en tu pareja, también lo sentiré.
¡¿Había convertido a Snape en su pareja?! Bueno, habían quedado en tener algo, de forma
lenta, pero algo al fin y al cabo. Sintió sus mejillas teñirse de rosa al saberse descubierto.
—Realmente no creo que esté listo para saber acerca de esto—corroboró, y tornó su
expresión seria antes de volver a hablar —. ¿Eres feliz con… esto?
Harry asintió sin poder ocultar una enorme sonrisa. Remus suavizó su expresión diciendo que
aquello era lo más importante, y que podría contar con su apoyo cuando inevitablemente
Black se enterará.
Después de unos segundos pusieron su atención en el traslador y, cuando fue la hora exacta,
Remus lo activó con un toque de su varita. Harry sintió la característica sensación y un
segundo después sintió el suelo de la oficina de Albus bajo sus pies.
Fawkes agitó las alas desde su posición, como si secundara las palabras del viejo mago.
Dumbledore se levantó de su silla, acercándose a los recién llegados para preguntarle a Harry
si le había gustado su regalo de navidad —un extraño reloj que Harry aun no sabía como
funcionaba— y para ofrecerle un par de caramelos.
En un momento el director les dedicó una mirada que solo Lupin descifró, sabiendo que la
persona que habían estado esperando había llegado. Harry fue a su habitación en la Torre
después de un rato, queriendo estar solo un poco antes de que los demás alumnos arribaran al
castillo en dos horas.
Los pasos de ambos resonaban en el pasillo desierto. Remus siguió con rapidez al director
tan pronto Harry se marchó a las habitaciones de Gryffindor, llegando a un salón que
utilizaban casi siempre para las reuniones de la Orden cuando convocaban a tantos que no
cabían en la dirección. Albus abrió la puerta y entró, dejándole pasar antes de cerrarla y los
aseguró con un hechizo de privacidad.
El salón tenía una mesa alargada con sillas descuidadamente dispuestas, pero ninguna de las
tres personas dentro estaba sentada, sino que se mantenían de pie y se giraron al sentirlos
entrar.
Remus miró a Sirius y Severus, pero puso su atención rápidamente en el otro hombre, a quien
no tardó en reconocer: Louis Dinnigan, el esposo de quien habían maldito con el Corpore
Inclusus. Dinnigan tenía la misma edad que él, y a Remus se le había parecido un poco a
Lucius Malfoy en aquellos tiempos, pero ahora el hombre se veía casi diez años más de los
que era, y sus ojos habían perdido el brillo que una vez les conoció.
—Sé por qué me han estado buscando, Dumbledore me contó que maldijeron a alguien con el
Corpore Inclusus, —hizo una pausa para deshacer el claro nudo que se formaba en su
garganta al pronunciar la maldición—, pero Alan murió, así que no puedo darles muchas
esperanzas.
Aquello cayó como un muro sobre los cuatro hombres que escucharon la noticia. Una
maldición de la que se sabía poco, que había sido utilizada muy poco —por todo lo que
requería y que ameritaba el beso del dementor a quien lo usara— y cuya única persona que
conocían había atravesado por ella en los últimos, quizás 200 años, había muerto, y al parecer
a causa de ella.
La voz de Severus rompió el silencio lúgubre que se había formado. Aquella frase no era una
pregunta, pero había sido pronunciada con duda, con ganas de que fuera contradicha.
—Si, hay una forma. —Louis asintió mientras hablaba, pero cuando su mirada se clavó en el
suelo no les permitió esperanzarse tanto como quisieron—. Usamos un hechizo desacelerador
mientras buscábamos una solución, al final quien lo maldijo nos contó dónde había
encontrado el hechizo un día antes de que lo besara el dementor, supongo que creyó que con
eso sería suficiente para redimirse—, una sonrisa triste se asomó en su cara, denotando que
pensaba en el amor que había perdido—. Solo hay una solución, tiene que traspasar esa
maldición a alguien y luego esa persona debe morir, llevando consigo la maldición.
—¿Debe traspasarse?
Severus no supo si aquello lo había dicho Lupín o Black, pues apenas escuchaba bien
después de entender lo que el hombre frente a él decía.
—La única forma de "curarse" para siempre es traspasando la maldición a alguien más a
través de un rito que simula lanzar el Corpore Inclusus. Entonces esas dos personas
compartirán la maldición e irán teniendo los efectos al mismo tiempo, por así decirlo. Quién
muere primero, en esencia, debe llevarse la maldición.
>>Y digo en esencia por qué ni siquiera estoy totalmente seguro de que en verdad funcione.
Al final podrían terminar las dos personas malditas y, aunque una muera, la otra seguirá
cursando la maldición hasta… que deje de respirar. Y, si funciona, ni siquiera sabría decirles
cuanto tardaría realmente en desaparecer los síntomas. En mi han tardado bastante.
Aquella última oración provocó nuevamente un silencio en el salón. Remus, quien era quien
más conocía a Dinnigan, fue quien se atrevió a preguntar:
—¿Lo intentaron?
—Lo convencí de que me la traspasara, de alguna forma lo engañé. Mi idea era pasar tiempo
con él y morir primero para que él pudiese curarse. Él se dio cuenta de lo que había hecho
y… decidió liberarme.
Se había quitado la vida para llevarse la maldición con él. Dinnigan no necesitaba decirlo
para que ellos supieran que eso era exactamente lo que había sucedido.
>> Fue hace más de nueve años ya, y todavía me arrepiento de no haber tomado la decisión
primero para que tuviese vida.
Aquella pregunta la había hecho Dumbledore, pero la atención de Dinnigan fue por un
momento hacia el maestro de pociones, a quien le habían presentado como Snape, pues veía
en él las mismas expresiones que tuvo él. Luego miró al director y negó, mientras volvía a
abrochar su camisa.
Lupín se acercó hacia él, colocando una mano en su hombro. Dinnigan le sonrió, y a esa
distancia Remus pudo ver los estragos que la partida de Alan había dejado en él.
—Lamento que estén pasando por lo mismo que yo tuve que pasar, se que no les he sido de
mucha ayuda, pero lamentablemente no hay más que pueda decirle.
Dinnigan asintió y, aunque tenía curiosidad acerca de quién portaba aquella terrible
maldición, no quiso preguntarle nada a Remus al ver el rostro que había dejado en todos en
aquella habitación.
Poco después el invitado mencionó que debía retirarse pues no le agradaba estar mucho
tiempo fuera de su casa. Remus lo escoltó hasta las protecciones para que él pudiera
aparecerse en la estación del tren, se había ofrecido a acompañarlo personalmente hasta
Kings Cross, pero Louis le había asegurado que no hacía falta. Al llegar al punto de
aparición el hombre miró al licántropo con seriedad y, debido a que estaban solos, se atrevió
a poner en palabras su duda.
Aquella pregunta descolocó a Remus por un segundo antes de que pudiera hablar.
—Él tiene la misma expresión que tuve yo cuando me enteré que había una forma de salvar a
Alan, aunque fuera a costa de mi propia vida.
Vigilaba desde la entrada como los alumnos se bajaban de los carruajes saludándose unos con
los otros, dispuestos a contar todo lo que había hecho y a descansar aquel día antes de que las
clases iniciaran el día siguiente.
Normalmente en sus años en el colegio ella había visto que los alumnos subían a los carruajes
con sus amigos, pero cuando vio detenerse al Thestral y descender del carruaje que traía a
Draco Malfoy, Ronald Weasly y Hermione Granger —y ninguno discutía— pensó que la
carga de la subdirección la había vuelto loca.
Los tres descendieron y atravesaron las puertas a gran velocidad, y parecía que iban en la
misma dirección.
Lo primero que hizo Hermione al subir al tren fue buscar a Draco Malfoy; no le fue difícil
convencer a su novio para que la acompañara pues, aun con la adversidad que Ron le tenía al
rubio, si en verdad había averiguado que le ocurría a su amigo él también quería saber.
Lo encontraron en un vagón junto a Blaise, el rubio tenía unas ojeras marcadas y el semblante
contraído. Cuando los dos Gryffindors se detuvieron en la puerta del vagón Zabini se puso en
guardia, creyendo que iban en busca de problemas, pero Draco entendió que ellos sabían de
su correspondencia con Potter cuando la mirada de Hermione se posó en él buscando
respuestas, y le dijo a su amigo que podía relajarse.
Malfoy les tendió las hojas que había transcrito, sin deseos de hablar ni explicar nada.
Granger entendió rápidamente lo que significaban aquellas palabras, Ron tardó un poco más
pero al llegar a su destino ambos estaban sin poder creer aquello.
De haber sido en alguna ocasión menos terrible, Draco le habría hecho algún comentario a
Ron acerca de que era increíble que creyera en algo que él les contaba, pero supuso que ya
ellos sospechaban que había algo que no cuadraba en la falta de cura para lo que tenía Potter,
y que quizás por eso no dudó ni un minuto de la información que le había dado el Slytherin.
Cuando llegaron a los carruajes se subieron en el mismo sin pensarlo demasiado, pues ya se
imaginaban que Harry estaría en el colegio mucho antes que ellos. Al llegar a la puerta se
adentraron sin detenerse a pensar lo extraño que se veían estando juntos. Blaise se quedó
rezagado frente a la entrada, viendo a Draco partir junto a los dos leones. A lo lejos había
visto a Pansy acercándose y pensó que le serviría más a su amigo si se quedaba a distraer a
Parkinson y evitaba que quisiera buscarlo; después de todo él quedaba algo fuera de lugar
entre ellos.
La verdad
La verdad.
Pasaba las páginas con lentitud, sin prestar demasiada atención al libro que estaba releyendo.
Se había acostado cuan largo era en la cama mientras esperaba la llegada de sus amigos, y así
fue como Ron lo encontró cuando entró a buscarlo. Haciendo demostración de una
tranquilidad y seriedad que Harry nunca había visto en ningún Weasly —ni siquiera en
Arthur—Ron le llevó hasta la sala de los menesteres, donde lo esperaban Hermione y Draco.
El que ellos tres estuviesen juntos hizo saltar sus alarmas, pero no fue sino hasta que su
amiga no pudo retener una lágrima, que supo que las cosas estaban muy mal.
Draco le tendió las hojas que había transcrito, pero esta vez prefirió hablar explicando todo
mientras Harry lo veía de pie, pues había rehusado tomar asiento hasta saber lo que estaba
sucediendo.
A diferencia de la vez en que Albus habló con él en su oficina junto a Remus y Severus,
mantuvo una calma de la que no se creía capaz, y tampoco lloró esta vez. Escuchó con
atención todos los aspectos de la maldición nuevamente, incluso los que en un principio le
habían ocultado.
Luego, cuando Draco habló de traspasar la maldición a otra persona, Harry supo que moriría
con aquello.
Sintió una fuerte punzada en su cabeza al intentar contener toda su rabia, y poco notó que su
magia hizo vibrar los objetos que habían en el salón que había aparecido para ellos. Por un
momento, su mente se llenó de pensamientos volatiles e impulsivos. Pero se calmó, pues
pensó en aquella vez que Sirius casi muere en el Ministerio tan solo porque él fue impetuoso
y había actuado sin pensar.
Se dio cuenta al serenarse que Hermione lo abrazaba, y Ron tenía un brazo a su alrededor,
dandole apoyo.
Draco, unos pasos delante de él, no se atrevía a acercarse pues no se sentía pertenecer al trío
de amigos. En cambio se quedó observándolos, sabiendo que, si la única opción de Harry era
traspasar la maldición a alguien, este preferiría morir.
—Harry…
La verdad era qué, conociendo a Harry, sabían muy bien que aquello no sería una opción para
él.
Harry apretó las hojas que aun tenía entre las manos y, aunque estaba más calmado, una
opresión en su garganta y pecho le hizo separarse de sus amigos y salir del salón de los
menesteres diciendo que tenía algo que hacer. Temiendo que fuera alguna locura sus amigos
fueron tras de él, pero no alcanzaron a detenerlo cuando lo vieron subir en la gárgola hasta la
oficina del director.
Depues de la charla que habían tenido con Louis Dinnigan, tanto Sirius, Remus y
Dumbledore se habían trasladado a la oficina del último para continuar su conversación.
Severus, teniendo que volver a sus deberes, había decidido ir a su laboratorio para cerciorarse
de que todo estuviera en orden antes del comienzo de las clases al día siguiente, y para
asegurarse que Madam Pomfrey tuviese las pociones necesarias para el inicio del año.
Harry en realidad no se esperaba encontrar con tres de los cuatro implicados. Había pensado
solo hablar con Dumbledore y luego buscar a los demás, pero aquello le facilitaba las cosas.
Tocó de forma abrupta, y el único que no se alarmó ante los toques fue el viejo director, pues
sabía quien estaba tras su puerta. Aún así, se imaginó que no podría ser nada bueno.
Al entrar después de recibido el permiso, Potter miró de uno a otro de los hombres, y su furia
se incrementó, aunque no tanto como para que los objetos se movieran.
Harry se acercó hasta el escritorio, levantó la mano en la que tenía los papeles y los colocó
sin cuidado sobre el escritorio.
—¿Qué dices…?
—No intentes ocultar nada, Sirius. Han estado jugando conmigo, dándome falsas esperanzas,
mintiéndome. ¿Que iban a encontrar una cura? ¿Que cura, si la unica forma es que le pase
esta mierda a alguien más?
Fue solo un minúsculo segundo que tardaron los mayores en entender a lo que se refería el
pequeño león, y fue Lupin quien, abriendo los ojos con gran sorpresa, dio un paso hasta él.
—Harry…
—¿Qué, Remus? ¿Me vas a decir que estoy cometiendo un error? Nada de lo que he dicho es
mentira.
—¿Como te enteraste?
Fue Sirius quien preguntó. Harry pudo jurar que su padrino estaba haciendo un esfuerzo para
que no se le cortara la voz, pero aquello no podía importarle menos. El director, tras el
escritorio, parecía no tener palabras para decir, algo que quizás nunca le había sucedido.
No importaba cual de los tres había dicho aquello, pues para Harry daba lo mismo. Harry
tampoco recordaría que obscenidad había gritado luego de reclamar que lo veian como a un
niño, pero el rostro consternado de Remus le demostraba que había sido una palabra bastante
fuerte.
No quiso durar más tiempo en aquella oficina y, sabiendo que los adultos no se atreverían a
seguirlo por el momento, dio media vuelta y salió de la oficina del director. Al bajar vio a sus
amigos y a Draco tras de ellos.
Hermione apretó los labios y le hizo un asentimiento, mientras tomaba las manos de Draco y
Ron. Harry le agradeció con la mirada y dio media vuelta para después desaparecer por el
pasillo
Detrás de la tercera puerta a la derecha, poco antes de llegar a la torre de astronomía, había
un aula olvidada. Estaba limpia, porque los elfos domésticos no permitirían que ninguna
esquina del castillo no estuviera impoluta, pero tenía años sin usarse realmente. Harry la
había descubierto en su segundo año y, cuando necesitaba estar solo—y que no le encontraran
en la sala de los menesteres—, solía recurrir a aquel lugar.
Se había sentado encima del escritorio, con las piernas colgando y la mirada perdida entre las
mesas que hacía mucho los estudiantes no usaban. No supo realmente por cuanto tiempo
estuvo así, pensando en tantas cosas que no lograba analizar ninguna, pero estaba tan absorto
que no sintió que alguien entró al aula hasta que una voz conocida carraspeó para llamar su
atención. Al girar su rostro vio a Severus de pie, cerrando la puerta del aula tras su espalda.
Sirius Black había creido que fue Severus quien le había contado toda la verdad a Harry, y
fue a reclamarle con la varita alzada. Gracias a la intervención de Remus aquello no pasó a
mayores, pero quedaba de por medio la preocupación por Harry. Sabían que debían darle al
muchacho un poco de espacio y, como tenían seguridad de que seguía en las inmediaciones
del colegio, podían estar seguros de que nada malo le pasaría, aunque no estaban del todo
seguros. Severus intentó esperar, pero mientras las horas pasaban su preocupación
aumentaba. Ni siquiera planificar sus clases para la semana, o revisar sus preciados
ingredientes podían calmarlo.
Recordando una de las conversaciones que había tenido con el león se imaginó en donde
podía estar y decidió, cuando este no bajó al comedor a la hora del almuerzo, que era hora de
buscarlo.
Sí que lo recordaba. Aquellos tiempos en los que podía pasar tiempo con Severus sin una
maldición de por medio se veían muy lejanos.
Harry volvió a girar el rostro hacia el frente, sin querer ver a Severus. El pensamiento de que
aquello que tenían se trataba de un remordimiento de conciencia se había instaurado tan
fuerte en su corazón que le daban ganas de ponerse a llorar, y no lo haría.
El mencionado mordió su labio inferior y, sin mirarlo, respondió con voz furiosa:—¿Por qué
no me lo dijeron?
—Harry…
El león soltó una carcajada burlona y se bajó del escritorio de un salto, encarando al maestro
de pociones.
—¡No soy un maldito niño! ¡Tenía derecho a saberlo! No importa lo que creyeran o no,
debieron contarme toda la verdad desde un inicio.
Severus apretó la mandibula, sabiendo que Harry tenía la razón en su reclamo. Iba a decir
algo para apaciguar al más joven, pero este se le adelantó y volvió a hablar.
—Harry, escúchame.
Severus eliminó la distancia que había entre ellos con largos pasos y lo tomó por los
hombros, ejerciendo suficiente fuerza en el más joven para que no escapara.
—No soy tan benevolente para estar con alguien por pena, Potter, eso tenlo en claro. Si
acepté esto fue por que yo quise, y no por ninguna maldición.
Los ojos de Harry se cristalizaron, y Severus vio como el Gryffindor apretó la mandíbula.
—¿No me crees?
Severus quiso besarlo hasta que todas sus dudas desaparecieran, pero eso sería aprovecharse
de un momento de gran vulnerabilidad de Harry. El muchacho estaba procesando demasiadas
cosas al mismo tiempo, y debía darle su tiempo.
Flojó su agarre, pero no lo soltó del todo. Sorpresivamente Harry se inclinó hacia él,
colocando su frente en el pecho de Severus.
—Lo pensé—admitió Harry ligeramente avergonzado— pero supongo que al final no valdría
de nada.
Severus mordió el interior de su mejilla, recordando que Harry estaba donde estaba debido a
que había interferido en una maldición que le golpearía a él. Si el chico no se hubiese
atravesado no estaría sufriendo aquello.
—Me gustaría estar solo un poco más, aún tengo mucho en que pensar.
Severus quizo decirle que era peligroso dejar que un león pensara demasiado, perso se
abstuvo y asintió con simpleza.
—Recuerda que debemos hacer el Minuere.
Harry hizo una mueca, pues había olvidado ese pequeño gran detalle. Sabía lo importante que
era aquel ritual, y que no debía saltarse ni una noche, por más enojado que estuviera.
Tambien sabía muy bien que Snape lo buscaría donde sea y le obligaría a realizar el Minuere,
aunque tuviera que amenazarlo con su varita.
Hizo un asentimiento y se alejó del cuerpo del maestro en silencio, diciendo que estaría en su
habitación en las mazmorras de forma puntual. Severus no mencionó nada más, y salió del
salón para dejarle solo por lo que quedará del día.
Harry no bajó durante toda la tarde, y tan solo apareció frente a sus amigos poco antes de la
hora de cenar. Ellos no le hicieron demasiadas preguntas, y el lo agradeció. No cenó y
tampoco lo intentó. Bajó hasta las mazmorras y, sin haberlo acordado antes, ninguno habló de
nada fuera del ritual.
Harry se sentía incómodo, sin tener claro del todo si en verdad aquella relación no se trataba
más bien de un sentimiento de culpa, aún a pesar de lo que Severus le había dicho. Severus,
por su parte, se imaginaba la tormenta de pensamientos que estallaban en la cabeza del
Gryffindor, y como en las primeras veces que hacían el ritual, prefirió estar silencioso para la
comodidad del otro.
Al día siguiente, dos de enero, las clases empezaron sin problemas. Por suerte los séptimo
año de Gryffindor no tuvieron pociones ese día, y Harry no necesitó volver a ver a Snape de
frente. Tampoco cedió en hablar con el director, Remus o su padrino, sintiendo todavía que,
aunque entendía sus razones, no podía perdonarlos.
Todo transcurrió de forma normal durante el día: tan normal como era el cargar una
maldición de enclaustramiento. Pero no fue sino hasta que anocheció, que el señor oscuro
sorprendió a todos.
La muerte de uno
Aquel 2 de enero, faltando solo cinco minutos para que dieran las 7 de la noche, el ataque
empezó.
Un viento helado estremeció todo, como si supiera lo que sucedería esa noche en el mundo
mágico y quisiera unirse a la lucha. Y, aunque era bien sabido por muchos que aquello era
algo que sucedería pronto, nunca se está suficientemente preparado para el inicio de una
batalla.
Con la caída de los copos de nieve el primer grupo de mortifagos atacó en Hogsmeade,
incendiando las tiendas y maldiciendo a todo el que osara hacerles frente. Fue un ataque
feroz, pues buscaban destruir todo lo que pudiesen por órdenes directas de su señor. El
segundo ataque comenzó casi de inmediato, cuando un grupo de hombres lobo liderados por
Fenrir Greyback atacaron el mismísimo Ministerio de Magia.
Mientras, en la espesura del bosque oscuro, Voldemort se alzó cuan largo era con sus ojos
afilados apuntando directamente al castillo de Hogwarts. Sintió que Bellatrix se puso a su
derecha y esta le susurró con una sonrisa que los dos ataques se estaban efectuando siguiendo
sus órdenes y en pocos minutos podrían atacar el colegio; en cuanto Dumbledore mordiera el
anzuelo. Después de todo él había dividido sus fuerzas en tres grupos, y el tercero estaba
esperando el momento justo para destruir el castillo de una vez por todas. Esa noche
Voldemort acabaría con Potter, librándose por fin del niño que vivió y del Corpore Inclusus al
mismo tiempo.
El ambiente del gran comedor seguía teniendo la misma emoción burbujeante del día
anterior, donde los estudiantes aún no terminaban de contar a sus compañeros todo lo que
habían hecho en las vacaciones de invierno o hablaban de la enorme cantidad de deberes que
les habían asignado tan solo en el primer día de clases. Tambien se hablaba de que muchos
alumnos Slytherin de séptimo no habían regresado de las vacaciones, lo que el profesorado
había tomado como una clara advertencia de una amenaza cercana.
Harry estaba sentado entre sus amigos mirando sin ganas el plato que Granger había puesto
frente a él. Ni siquiera las súplicas bajas de su amiga podrían lograr que comiera en ese
momento, pues su cabeza aún seguía burbujeando con la información del día anterior. Se
sentía herido, dolido y traicionado. Y esos sentimientos se entremezclaban de forma fuerte y
molesta a la desolación de saber el curso que seguiría la maldición. Todo eso era lo
suficientemente frustrante como para quitarle las ganas de comer.
—No importa lo que haya investigado el hurón —dijo Ron bajo, forzando una media sonrisa
— debe haber algo que quizás todavía no hayamos pensado.
—¿Eso crees?
—Venciste a ya sabes quién siendo un bebé. ¿Crees que hay algo que no puedas hacer?
Harry iba a contestar que quizás esta vez no saldría tan victorioso, pero su atención fue
captada por la entrada de dos grandes lechuzas que se dirigieron de inmediato a la mesa del
profesorado, y las cuales dejaron una nota cada una frente al director. Este último no tardó ni
un minuto en leer ambas notas, y el contenido de las misivas no parecía ser agradable debido
a su expresión.
Pero antes de que el director pudiera levantarse de su asiento o hacer algún movimiento,
Hagrid entró a gran velocidad en el Gran Comedor anunciando la presencia de un grupo de
mortifagos en Hogsmeade y el Ministerio. No tardó mucho tiempo para que el pánico
cundiera entre los estudiantes, pues la palabra ataque asustó a todos los que se encontraban
cenando.
Albus Dumbledore hechizó su voz para alzarse entre el barullo formado y mandó a que todo
el alumnado se encaminara a sus salas comunes vigilados por los prefectos. Con un vistazo
rápido al profesorado les dio las instrucciones para su actuar. Salió rápidamente del lugar
siendo seguido por los profesores. Ya fuera de la vista de los alumnos pensó rápidamente lo
que deberían hacer, pues algo en su interior decía que aquel ataque no sería como los demás.
—Tanto el Ministerio como Hogsmeade estan siendo atacados. —Dijo de forma severa—.
Los miembros de la orden ya deben estar en camino, iré con ellos, no podrán manejar estas
dos situaciones sin mi ayuda. Minerva, quedas a cargo.
Severus quería protestar ante eso pero tuvo que callar. Albus dio unas cuantas indicaciones
más hacia sus otros profesores antes de partir solo seguido de Remus y el semi gigante.
Minerva no perdió tiempo y regresó al Gran Comedor para cerciorarse de que todos
estuvieran camino a sus habitaciones de forma correcta, e iba recalcando que solo era algo de
prudencia y que no estaban en peligro, y que recordaran respetar a los prefectos que
impondrían orden.
Dentro del gran comedor los alumnos ya se habian levantado rápidamente para seguir las
instrucciones del director. Harry vio a sus amigos cuando Ron tomó la mano de su novia,
sabiendo de qué se trataba. Entre el grupo de alumnos que se aglomeraban formando filas,
aprovechó que al ser los de séptimo quedaron hasta atrás y, cuando la fila de Gryffindor pasó
junto a un pasillo, logró escabullirse sin ser notado por los alumnos que solo querían llegar
hasta su sala común y que estaban alterados a pesar de las palabras de la subdirectora.
Se alejó lo más que pudo de la masa estudiantil, esperanzado de que los profesores que
habían quedado en el recinto estuvieran demasiado ocupados para estar revisando si algún
alumno escapó y de que sus amigos tardaran en darse cuenta que ya no estaba a su lado.
Tomó la varita de su bolsillo y la afianzó, dispuesto a salir y buscar a Voldemort para acabar
con aquello porque, después de todo, él ya no tenía nada que perder.
Logró esconderse en un recodo entre columnas hasta que las puertas de Hogwarts estuvieran
libres. No tenía forma de llegar a su dormitorio a buscar su capa de invisibilidad y volver a
salir, por lo que su única opción era quedarse hasta que los profesores tuvieran la necesidad
de irse. Por lo menos no esperó mucho, pues algunos profesores fueron enviados a asegurar
el perímetro circundante. Severus se había perdido de su vista unos minutos atrás y
McGonagall había ido a la oficina de Albus para usar su RedFlu.
En ese momento Harry aprovechó el pasillo desierto y corrió hacia las puertas del castillo,
atravesandolas. No se detuvo ni siquiera a revisar si había algún profesor cerca, siguió
corriendo, queriendo alcanzar la barrera de protección del castillo para poder aparecerse.
Sabía que seguramente Hermione y Ron habían notado su ausencia y lo que menos quería era
que ellos lo acompañaran, ellos sí tenían por lo cual vivir.
Por lo que dijo Hagrid al llegar al Gran Comedor sabía que estaban atacando Hogsmeade y el
Ministerio. No tenía idea de en qué sitio estaría Voldemort pero se arriesgaría por el primero,
de todas formas era el que estaba más cerca del colegio.
Había alcanzado la mitad del camino cuando unos pasos apresurados se escucharon detrás de
él. No necesitó girarse para reconocer a quien le seguía.
—¡Potter!
La voz a sus espaldas era inconfundiblemente de Severus. Harry quiso seguir corriendo pero
se detuvo, girando sobre sí mismo para enfrentarse al profesor.
—¡¿Qué crees que estás haciendo?!—gritó, acortando la distancia que los separaba. —¿Qué
demonios crees que estás haciendo?
—Iré a buscar a Voldemort —dijo envalentonado —. Acabaré con esto de una vez.
—¿Acaso te has vuelto loco? —Terminó por acercarse a Harry y lo tomó de los hombros. El
ver al más joven con la varita firmemente sujeta y la decisión marcada en el rostro le llenaba
de angustia. —¿Acaso crees que es un juego?
—No, he entrenado lo suficiente para saber qué puedo vencerlo. Tú sabes de lo que soy
capaz.
Un estruendo de gritos y explosiones al otro lado del castillo les alertó. Ninguno de los dos
tuvo dudas de que aquellos eran mortifagos, y Harry pensó que quizás no le haría falta
aparecerse, pues seguramente Voldemort estaría entre esas filas.
Sus miradas volvieron a encontrarse cuando otra explosión resonó mas cercana. Harry sintió
los dedos de Snape temblar ligeramente en su agarre.
—Moriré de todas formas —soltó, congelando a Snape con sus palabras —. Estoy destinado
a morir. ¿Por qué no hacerlo evitando más muertes, más sufrimiento? ¿Por qué no acabar con
esto de una vez?
Severus apretó más el agarre y Harry pensó que intentaría llevarle de vuelta al castillo,
aunque tuviese que utilizar magia. Pero, por el contrario, lo acercó a su cuerpo hasta que no
hubo espacio entre ellos y lo besó. El más joven no tardó en devolver el beso en cuanto sintió
aquellos labios que lo reclamaban como suyo. Fue un momento intenso, pero corto. Como si
con aquello se estuviesen despidiendo, sin saber si volverían a verse.
Tan pronto como lo besó Severus separó sus labios, y lo apretó una última vez entre sus
brazos antes de soltarlo.
Fue lo último que dijo el maestro de pociones en un susurro antes de dar media vuelta y
alejarse rumbo al puente, donde seguramente estarían los demás profesores haciendo frente a
los mortifagos. Harry lo miró alejarse y tomó su varita entre sus manos. Sabía que aquella
noche se decidiría todo.
El viento frío de enero azotaba inclemente al caer la noche, la nieve no había dejado de caer y
todo estaba cubierto por un manto blanco impoluto que pronto sería teñido con sangre.
Bellatrix miró a su señor, esperando la señal para iniciar con aquella batalla decisiva. Su
señor ya le había dicho que de esa noche se decidiría la vida de él o Potter, y ella iba a
asegurarse de que ganará su lord. Voldemort sonrió mientras veía Hogwarts ante él, acababan
de informarle que alguien había informado de su ataque unos minutos antes de que sucediera,
por lo que estaban resistiendo mejor de lo que esperaba. No sabía quién había sido el traidor,
aunque sospechaba de Lucius Malfoy. Pero no importaba, sabía que aquella batalla estaba
ganada.
Sintió el siseo de Nagini bajo sus pies y asintió, ella se encargaría de los dos traidores que
abandonaron sus filas, Snape y Malfoy, y se aseguraría de que pagarán.
Se giró hacia su ejército de magos que lo miraba expectante y, más allá de ellos, las criaturas
mágicas que mostraban un frenesí casi imparable, deseosas de comenzar la batalla.
Voldemort no les iba a dar un discurso ni palabras de aliento, ya todos sabían que si lo
decepcionaban, correrían el mismo camino que estaba profetizado para Snape y Malfoy: una
muerte dolorosa. Pero, aunque no perdió su tiempo con peroratas vacías, pronunció tres
palabras que dieron inicio al ataque al castillo:
—Potter es mío.
Los magos alzaron sus varitas y corrieron en tropel siendo rebasados por las criaturas
mágicas. Las protecciones de Hogwarts cayeron rápidamente cuando el grupo que había
preparado lanzó los hechizos necesarios, sin Dumbledore molestando todo iba a ser más
sencillo.
No hubo un segundo de descanso después del primer hechizo. Las maldiciones iban y venían
y el colegio apenas había recibido a unos cuantos Aurores que fueron enviados a proteger a
los niños, pero no serían suficiente. Voldemort había creído que los profesores esconderían a
Potter en alguna parte de Hogwarts junto con los demás niños, por lo que sus instrucciones
habían sido más que claras: entrar en el colegio a como dé lugar. Pero, a pocos minutos de
iniciada la batalla, el señor Tenebroso sintió un llamado inusual, y tardó poco en darse cuenta
que, al parecer, Harry lo llamaba a través de su conexión.
Susurró al percatarse de que no necesitaría ir hacia su presa, sino que aquella presa se había
entregado en bandeja de plata. Se separó de la batalla encarnizada y de su amada serpiente
que quedaba encargada de buscar a Severus y acabar con él, y se dirigió al llamado del Niño
que Vivió, que lo esperaba fuera de los invernaderos de herbología.
Harry sintió un ligero estremecimiento cuando vio al mago oscuro acercarse con una sonrisa
torcida, y apretó nuevamente su varita, sintiendo su mano sudorosa.
—Nosss volvemos a encontrar, Potter.
Los hechizos entre ellos comenzaron a llover uno tras otro. Los estudios con sus amigos
habían dado un resultado espléndido en él. No lanzaba simples expelliarmus, sino hechizos
que hacían que Voldemort tuviese que poner toda su concentración en ellos, restándole así
tiempo para lanzarle cualquier maldición oscura.
Pero, a decir verdad, ninguno tenía verdadera ventaja sobre el otro. Se movían casi al
unísono, como si conocieran el siguiente paso de su adversario y quisieran adelantarse a él, lo
que provocaba que volvieran a estar empatados.
Harry quiso responder pero estaba muy agotado. Escuchaba los estruendos que llegaban de
lejos, y sabía que no iba a poder contar con ayuda pues se notaba que la batalla no lo
permitiría. Respiró hondo y se levantó justo a tiempo para evitar otro hechizo, quedando cara
a cara nuevamente con su adversario.
Ambos tenían la varita alzada, esperando cautelosamente el ataque del otro. Los hechizos
lanzados no solo habían hecho mella en sus cuerpos, sino también en su ropa. La túnica del
señor oscuro estaba rasgada a la altura de su pecho y Harry pudo ver de forma fugaz una
marca demasiado familiar.
El grito de Harry provocó una mueca de burla en la retorcida cara de Voldemort. El mago
oscuro dejó escapar una risa honda y cruel sin dejar de apuntarle.
—¿Es que acasssso no te diste cuenta a través de nuestra conexión? Me sorprende lo lejos
que hasss llegado siendo tan ignorante, mi pequeño Harry. Sí, lamentablemente el Corpore
Inclusus es una maldición demasiado fuerte, y logró llegar hasta mí a travésss de nuestra
conexión. Es por eso que decidí… adelantar mis planesss y acabar contigo, no puedo seguir
debilitándome.
Lanzó un crucio que Harry esquivó por muy poco rondando por el suelo. El Gryffindor corrió
a ocultarse detrás de la pared derruida cuando un pensamiento cruzó por su mente. ¿Acaso lo
que había dicho Voldemort significaba que el que derrotará al otro podría librarse de la
maldición? ¿Le había traspasado la maldición a alguien más aunque fuera sin haberse dado
cuenta? Entonces eso significaba que había una oportunidad de que si derrotaba al señor
oscuro terminaría con aquello. Podría volver a la normalidad.
Apretó su varita con más fuerza y salió de dónde estaba con decisión. Apuntó a su enemigo y
recitó un hechizo que por poco lo golpea, apenas tuvo tiempo de esquivar el rayo de luz verde
con el que Voldemort contraatacó.
—¿Qué?
—Veras, pensé que esconderían a todos los alumnos juntos. Incluyéndote a ti. Jamás imaginé
que vendrías hacía mi de forma tan directa. Así que les ordené a mis mortifagos que atacaran
de forma directa al castillo, y que mataran a todos los que estuvieran dentro.
También pensó en Severus. Sabía que el maestro de pociones pelearía a muerte contra todos
aquellos mortifagos. Y en Sirius, que no dudaría en ir al castillo tan pronto se enterara de los
ataques.
Lanzó una maldición al mismo tiempo que Voldemort. Ambos rayos chocaron y peleaban por
ser el vencedor. Sintió sus fuerzas mermar pero, con su último aliento, aumentó la fuerza de
su hechizo. Luego se sintió desfallecer.
El director llegó casi al final de la batalla para ayudar en el control del caos, por suerte,
aunque habían muchos heridos, las bajas del lado de la luz habían sido mínimas. Incluso los
estudiantes que se habían visto envueltos en el campo de batalla no llevaban más que lesiones
superficiales. Solo habían unos cuantos estudiantes que resultaron tan heridos como algunos
profesores o aurores, y ya estaban de camino a San Mungo.
Tan pronto como el último enemigo al que se enfrentaba cayó, Severus corrió desde su
posición hacia donde se imaginaba podría estar Harry. Sabía que Voldemort estaba muerto,
pero no sabía cómo se encontraba Potter. Sentía sus músculos arder por el agotamiento y su
corazón palpitando a mil, pero no tomó ni un segundo de aliento hasta que no encontró a
Harry. Se dirigió a la zona del herbolario cuando a lo lejos pudo ver la destrucción que había
quedado tras una clara batalla. Se apoyó contra la pared más cercana cuando a lo lejos vio
dos cuerpos tendidos en el frío suelo de piedra. El más cercano era lo que quedaba de Lord
Voldemort sin lugar a dudas, y el otro… el otro lucía igual a Harry.
Un sentimiento de horror le embargó al notar que Harry no se movía, y usó la poca fuerza
que le quedaba para correr hasta él y arrodillarse a su lado. Tenía quemaduras en un brazo y
en el costado izquierdo junto con parte de su ropa chamuscada, también varios cortes en su
cara y cuello y se notaba que había sido golpeado varias veces. Pero respiraba, y Severus no
dejaría que nada malo le pasará a partir de aquel momento.
Sintió unos pasos acercarse a su posición y no necesitó girar para saber que era Sirius. El
animago estaba apaleado, con sangre sobre él y se sujetaba el hombro con el brazo contrario,
como si estuviera dislocado.
El hombre había luchado de forma salvaje contra los mortifagos, incluso fue quien mató a la
gran serpiente justo antes de que esta atacara a Severus Snape. Pero aquel no era momento
para agradecimientos.
Tanto había apremiado Severus el cargar a Harry, que no se preocupó en limpiarse la lágrima
solitaria que había resbalado por su mejilla al haber encontrado al Gryffindor en aquel estado.
Sirius logró ver aquel rastro en el rostro del Slytherin antes de que le pasará por el lado; eso
le dio mucho en que pensar mientras seguía al maestro de pociones hacia la enfermería.
Senseless
Los días habían transcurrido con lentitud y un peso doloroso; en un pestañeo se habían vuelto
semanas y, en un abrir y cerrar de ojos, habían transcurrido dos meses desde que El Señor
Tenebroso había caído bajo el poder de Harry.
El mundo mágico había quedado con graves secuelas después de la batalla: vidas se habían
perdido durante el enfrentamiento con los mortifagos, muchos otros estaban heridos y un
gran daño en la infraestructura en donde se habían llevado a cabo las batallas. Daños que, por
ser provocados por diversos hechizos —muchos de ellos magia oscura— tardaban bastante
en repararse aún con el uso de la magia.
Pero, aun con todo eso, la visión del futuro para la comunidad mágica era más luminosa y
brillante. Libres del yugo de Voldemort todo lo que quedaba hacer era sanar las heridas y
seguir adelante, como se pudiera.
Las clases en Hogwarts tardaron una semana para retomarse cuando se comprobó que el
colegio estaba libre de hechizos o de cualquier clase de magia oscura. Y cuando se comprobó
que la infraestructura que aún faltaba por reparar no comprometía la integridad de ningún
estudiante o miembro del profesorado.
No todos los alumnos volvieron aquella semana al colegio, pues los que se habían unido a la
batalla resultaron lo suficientemente heridos como para permanecer bajo observación en San
Mungo por más tiempo. Ninguno protestó mucho, pues el colegio le otorgaría varios puntos a
sus calificaciones finales por su inmensa valentía.
Ron logró salir de la batalla tan solo con una contusión menor, por lo que su estancia en el
hospital no pasó más allá de un par de días. Hermione, por el contrario, tardó más de una
semana debido al golpe de varios cruciatus. Draco, quien se había unido al lado de la luz
sorprendiendo a muchos, recibió un par de hechizos para proteger a Hermione. Pero una
poción para el dolor y mucho reposo lo pusieron de pie de forma pronta.
Harry, por el contrario, tenía dos meses sin despertar. Más allá de la pelea contra Voldemort,
la explicación de los medimagos se basaba en que la maldición del Corpore Inclusus lo había
debilitado aún más de lo normal, dejándolo en aquel estado.
Severus no dejó de hacer el ritual ningún día de esos dos meses que Harry estuvo ingresado
en San Mungo.
Sintió su boca seca, pastosa, e intentó pedir algo de agua. No supo si logró articular las
palabras adecuadamente, pero pronto sintió que alguien le sostenía la cabeza con una mano y
le colocaba algo en los labios. Quizás era agua o quizás no, pero sintió que su necesidad del
liquido vital mermaba. Aún así, el amargo de su boca no había desaparecido.
Escuchó de forma lejana sonidos diversos que supo eran palabras, pero no logró descifrarlos.
La voz le pareció conocida, y pudo jurar por un momento que se trataba de la señora
Weasley, pero sus ojos pensaban tanto que le era imposible abrirlos, y la niebla de su mente
tampoco le ayudaba a entender lo que sucedía a su alrededor. Así que no se dio cuenta
cuando los medimagos entraron a su habitación alertados por Molly. En cambio, volvió a
sumirse en la tranquilidad del sueño y poco a poco los sonidos sin forma que escuchaba
comenzaron a desaparecer; y la sensación de que lo rodeaban también desapareció.
Se encontró de pronto en un lugar tan blanco que los ojos le molestaban por el reflejo de una
luz que no sabía de dónde venía. Intentó componerse, entender en dónde estaba y lo que
sucedía. A su alrededor no había absolutamente nada: nada a lo que aferrarse, nada que sentir.
Se sintió hiperventilar, pues en medio de la bruma reconoció, debido a los anteriores, que se
trataba de un sueño premonitorio de la maldición.
Procuró mantener la calma y respirar profundamente, pero sentía que el aire, si es que había
en aquel lugar, no llegaba a sus pulmones. Lo que más le molestaba era la intensa luz que se
colocaba aun a través de sus párpados cerrados y que le lastimaba los ojos. No supo cuánto
tiempo estuvo en aquel lugar, pero de un momento a otro el dolor característico de la
maldición le oprimió el pecho con fuerza, y un pitido incesante le taladró el oído derecho,
como si quisiera dejarle sordo en aquel instante. Tan solo pasaron unos segundos que sintió
como eternidad cuando todo cesó, y volvió a sentir su cuerpo en posición horizontal, y tardó
poco en reconocer que estaba recostado en una cama.
Se removió ligeramente, pues era todo lo que sus músculos doloridos le permitieron. Por lo
menos la brillante luz que lo cegaba ya no estaba, y parecía que el cuarto en donde estaba
ahora se encontraba a oscuras, tan solo iluminado por la tenue luz de la luna que se filtraba a
través de la ventana. Sentía un dolor punzante de cabeza, que se acrecentaba en la cuenca de
sus ojos de forma persistente.
—Harry…
Una voz muy conocida había dicho su nombre, y por la posición, sabía que la persona que lo
había nombrado estaba a su izquierda.
—Severus…
Su garganta dio un tirón cuando pronunció aquella palabra, probablemente debido al tiempo
que duró sin despertar.
—Despertaste esta mañana, Molly estaba contigo. Te volviste a dormir desde entonces.
—¿Cuánto… tiempo he estado…?
—Dos meses.
Aún en la oscuridad de la habitación fue notoria la sorpresa del león, y el suspiró que exhaló
pareció de tristeza. Severus se imaginó que aquella sería una reacción normal, pero lo que no
se esperó fue escuchar la verdadera razón de la pesadumbre del más joven.
Severus quiso fruncir el ceño, pero no pudo evitar sonreír ante aquello. Seguramente lo
último que Harry podía recordar era haber caído en batalla junto con el Lord Tenebroso, pero
de lo que más se preocupaba en aquel momento era de haberse perdido su cumpleaños.
Harry negó, pareciendo no estar de acuerdo con que el cumpleaños de Severus no era algo de
importancia. Pero luego, cuando la razón volvió a él, a su cuerpo llegó un ligero temor antes
de preguntar:
—¿Voldemort…?
—Toda su pandilla de rufianes se encuentra sana y salva, señor Potter. Tienen algunos
moretones y quizás unos raspones de rodilla, pero sobrevivirán. Eso incluye a Lupin y al
perro… a tu padrino.
Harry sonrió débilmente. Algo que jamás pensó que sucedería por fin era realidad: Voldemort
estaba muerto. Una extraña tristeza le embargó por completo, sintió una opresión en su
garganta y ganas de llorar que no se permitió demostrar. Estaban libres de aquella oscuridad
que por tantos años les había atormentado, pero él prontamente entraría en una nueva
oscuridad de la que quizás no hubiese salvación. Aun con aquella triste realidad, intentó
concentrarse nuevamente en Severus y en todo lo que le decía. Tenía demasiadas preguntas
que hacer.
Fue entonces que notó que aunque sabía no tenía sus lentes y estaba en la oscuridad, una
mancha extraña se cernía sobre su campo visual, situándose junto a su maestro de pociones.
Pensó en un primer instante que era quizás por haber dormido tanto tiempo, así que parpadeó
varias veces pensando que aquello lo mejoraría; pero no lo hizo. Tambien se dio cuenta que la
molestia en sus ojos que había tenido anteriormente se había instaurado de forma precisa
detrás de su ojo izquierdo.
Severus había querido decirle que lo mejor era que dejaran la luz apagada, pues después de
todo era de noche y lo mejor era que Harry volviera a descansar, pero algo en el tono del otro
le alertó, y encendió la luz con un simple movimiento de su varita. Cuando la oscuridad se
esfumó de la habitación, Harry parpadeó varias veces para aclarar su vista. Severus le ayudó
a alcanzar sus lentes y, luego de ponerselos, cerró el ojo izquierdo y comprobó que veía de
forma habitual. Entonces cerró su ojo derecho, y entendió cuál era el problema cuando lo
único que vio fue un manto gris y amorfo frente a él.
Aquellas palabras fueron un balde de agua fría para el corto momento de felicidad que tenían.
Severus se acercó a Harry y tomó su rostro entre sus manos e inició una inspección rigurosa.
El ojo izquierdo, a diferencia del otro, presentaba una extraña mancha grisácea que cubría
casi por completo el iris, ocultando el verde que tanto adoraba de aquellos ojos.
Harry recordó entonces que, aunque había eliminado a Voldemort, no significaba que se
había librado de la maldición, tal como le había explicado Draco.
El silencio fue interrumpido por la voz grave de Severus, quien le hizo una petición que le
heló la sangre.
¿Acaso Severus quería que le condenara? y, lo que era peor, ¿creía que Harry era capaz de
hacerlo? Negó con la cabeza ante el ridículo pensamiento, y fijó sus ojos en Snape antes de
hablar.
Por un momento la sorpresa inundó las facciones del maestro de pociones, quien necesitó
unos segundos para procesar lo que el más joven estaba diciendo.
—Pero, ¿como?
—Realmente no sé como, pero parece que todo sucedió por la conexión que teníamos.
Severus entendió lo que el más joven decía, llenando su ser con una pizca de esperanza. Pero,
aunque por un minúsculo momento pensó que aquella era su salvación, recordó lo volátil y
confuso que resultaban ser las reglas del Corpore Inclusus. No solo Louis Dinnigan les había
dicho que de intentarlo no se sabía si funcionaría o no, si no que no sabía si el traspaso que
había ocurrido con Voldemort era válido. Quizás aquello no funcionara porque Harry no lo
había traspasado de forma conciente.
Severus apretó los labios, dudando de si debería arrebatarle a Harry la pizca de esperanza que
tenía. Una pequeña voz en su cabeza le dijo que, si jugaba bien sus cartas, podría intentar
engañar a Harry como Dinnigan lo hizo con su pareja, y hacer que le traspasara la maldición,
pero tuvo a bien recordar que Harry no merecía que le ocultaran nada más.
—Una persona, cuya pareja fue atacada por el hechizo, nos contó que en parte para que
funcione el traspaso la persona original debe de desearlo si no, no funcionaria. No es tanto la
conciencia de hacerlo o no.
—Siempre estaba pensando en alguna forma de derrotar a Voldemort, de ser libre de él ¿no
sería eso traspasarlo de forma deseada?
—No sabemos cómo funciona el hechizo, para estar más seguros deberíamos…
No necesitó que el maestro terminara aquella frase, pues sabía lo que quería decirle. Severus,
por primera vez que Harry recordara, se presentó ante él con angustia reflejada en su rostro, y
con la dolor brotando de su voz.
—No podría Severus, no te quitaría la vida. Por algo me interpuse entre la maldición y tú. No
soportaría verte morir.
Harry sonrió triste, apretando la mano de Snape que estaba sobre la cama.
—Tú mereces vivir más que yo, Potter. Eres joven y podrás volver a ena….
Un silencio pesado se apoderó de ambos, y aunque quisieran decir muchas cosas, nada
parecía ser adecuado.
—Cuando dijiste que te acepté solo por lástima, no podías estar más equivocado.—Dijo
Severus, con voz ronca y baja—. Quiero que sea algo que te quede claro, Potter. Tambien
quiero que lo pienses mejor, que de verdad entiendas que tu vida…
—Ya lo pensé, y mucho. Aquel día que estuve en el aula cerca de la Torre de Astronomía
pensé muchas cosas. Pensé en no esperar a que la maldición hiciera efecto y terminar con
esto de una vez por todas…
Aquella frase hizo que Snape se estremecira de horror, pero no dijo nada al ver que Harry aun
no terminaba de hablar.
>>Fue por eso que fui tan valiente tras de Voldemort, pues una parte de mi ya estaba
dispuesta a morir. ¿Pero sabes en que pensé cuando descubrí que matando a Voldemort podría
revertir la maldición? En que podría tener una oportunidad para vivir, y para estar contigo.
Ahora sé que no haré nada que impida eso que deseó.
—Hay algo que puedes hacer. —Acalló por un momento, como si no se atreviera a decir lo
que deseaba. Tomó un hondo suspiro y, despues de sentir una ligera caricia en su mano
infundiendo valor, continuó—: Quiero quedarme contigo hasta que mi cuerpo aguante. Pero
entiendo que será dificil, y no puedo obligarte.
Severus se acercó de forma delicada a Harry y posó un beso en sus labios, acariciando su
rostro en el proceso.
—Por supuesto que quiero, Potter. Tendrían que matarme para que no lo hiciera.
Harry sonrió y le hizo una seña a Severus para que entrara en la cama a su lado, y este aceptó.
Ya habían estado juntos en aquella pequeña cama de hospital mientras realizaban el Minuere,
aunque el león estuviese inconciente.
Harry se perdió la mirada atónita del mayor ante tan inesperada petición, pero supo muy bien
que el maestro colocó una sonrisa coqueta en su rostro debido al tono de voz que usó para
responder.
—No creo que sea una buena idea hacerlo aquí, Potter. Los medimagos vendrían a ver qué te
sucede cuando las maquinas sientan tu… agitación. No creo que seas de los que les guste dar
espectáculos.
Entre los brazos de Severus, Harry enrojeció a más no poder, y aclaró su garganta antes de
continuar.
—Ahora, no… quiero decir… Me refiero a que me gustaría que lo hiciéramos antes de que
yo pierda otro sentido. Me gustaría poder verte… y sentirte en un momento como ese.
Severus no dijo nada, y solo afianzó más su abrazo alrededor del Gryffindor.
DOS SEMANAS DESPUÉS….
Harry caminó despacio con sus brazos envolviendo su cuerpo. No hacía frío, por el contrario,
el clima era agradable y el sol daba la calidez justa para salir a pasear, pero por alguna razón
se sentía más débil que los días anteriores. Abandonar su cama de hospital y poder caminar
por los bien cuidados jardines de San Mungo era una maravilla, pues a veces se sentía
prisionero en aquellas cuatro paredes tan blancas.
Era un jueves cerca del mediodía, y el medimago que llevaba su caso le comentó que al día
siguiente ya podría salir del hospital, algo que le alegraba considerablemente. A esa hora no
había demasiadas personas a su alrededor, lo que era algo bueno, pues no necesitaba estar
recibiendo agradecimientos acerca del ser el salvador del mundo mágico.
Se sentó de pronto en uno de los bancos y comenzó a leer el libro que había llevado consigo.
Pronto, si la maldición seguía avanzando, no sería capaz de leer más y eso, aunque no lo
dijera en voz alta, le destrozaba el alma.
Una de las cosas que más le habían hecho feliz en su difícil vida era la lectura. Tomaba los
libros de cuentos de Dursley que este nunca leía, y se ayudaba de la poca luz que se filtraba a
través de la puerta de su pequeña habitación bajo la escalera para pasarse horas leyendo. Los
libros le ayudaban a no pensar en su estómago vacío, le ayudaban a sentirse feliz y en otra
parte. Luego pasó el mayor tiempo que podía en la biblioteca pública, después de cumplir sus
obligaciones de jardinería y cocina. Incluso una de las primeras cosas que hizo cuando
Hagrid le dijo, en su primer año de Hogwarts, que disponía de todo el dinero que necesitaba,
fue comprar su primer libro. Y se sintió más que feliz.
Ahora leía lo que quizás sería su última lectura, y se preguntó si sería capaz de terminar el
libro o de si la maldición sería más rápida que él.
Unos pasos se acercaron a él, pero bajó la guardia rápidamente cuando escuchó la voz de
Sirius preguntar: —Harry ¿puedo acompañarte?
Levantó la cabeza de su libro y vio la amplia sonrisa de su padrino. Sin esperar contesta el
hombre se sentó a su izquierda, y miró el libro que leía levantando una ceja.
—Así es. Y créeme, que si tenía que quedarme otro día en este hospital iba a volverme loco.
—Oye, oye, no te quejes. Snivellus y yo te hemos estado haciendo compañia todo este
tiempo.
—¿Podrías no decirle así?
—Oye, si voy a aceptar que ustedes están juntos, debo por lo menos poder desahogarme con
algo.
Harry solo tardó unos pocos segundos en entender las palabras del animago, y se congeló
bajó la divertida mirada del otro.
—¿Lo sabías? — fue lo único que pudo preguntar cuando recobró la compostura.
—No al principio. Digo, realmente no se cuando ustedes comenzaron…eso que tienen, pero
fui viendo señales que no comprendía, o que quizás no quise comprender del todo.
—No, para nada. Si te soy sincero el tan solo pensar que ese cretino…— pausó y volteó
nuevamente a ver el rostro de Harry, carraspeando ligeramente antes de continuar— tan solo
pensar que Snape te pone las manos encima, no solo me da náuseas, sino ganas de hechizarlo.
Pero —dijo, antes de que Harry pudiera quejarse de su elección de palabras— él te hace feliz,
y supongo que eso debe bastarme.
Terminó sus palabras con otro encogimiento de hombros, como si lo que acabara de decir
tuviera más peso en él de lo que aparentaba. Potter lo miró, impresionado por aquellas
palabras. Ni en sus sueños más locos se habría imaginado aquello.
Sirius sonrió. No había sido sencillo para él adaptarse a esa idea. Durante varios días fue
atando cabos. La forma en la que veía como Snape se preocupaba por Harry en las reuniones
sobre la maldición, incluso en como actuó cuando hablaron con Louis Dinnigan. La forma en
que su ahijado se sentía cómodo junto al profesor, y como se lanzaban miradas de vez en
cuando. Incluso creía saber que el momento específico en que algo entre ellos había surgido
había sido luego de la cena navideña en la casa Weasley.
Como no tenía prueba de nada mas que sus suposiciones, y como sabía que el Minuere era
vital para el más joven, jamás se quejó. Incluso guardó sus sospechas a Remus, aunque no
pudo evitar quejarse un poco de aquella relación frente al licántropo para ver si este sabía
algo y se le escapaba alguna información.
Cuando realmente creyó que tenían algo, se enojó a mas no poder, creyendo por un momento
que Severus Snape había utilizado su cercanía con Harry para engatusarlo de alguna forma,
hasta que se enteró de que el maestro de pociones estaba dispuesto a tomar el lugar de su
ahijado para salvarlo de la maldición.
Le había regalado la esclava de plata a Harry el día de Navidad para esclarecer sus dudas. Se
había encargado de evitar que el brazalete tomara la maldición del Corpore Inclusus como
daño a Harry, pues se habría pasado todo el tiempo mandando señales de algo que ya sabía.
En cambio, podría detectar cualquier otro peligro potencial para su ahijado, dolor físico
principalmente. De aquella forma podría detectar sin duda alguna si Snape le hacía algún
daño. Aunque mataría a la serpiente si osaba lastimar a Harry, casi deseó por un momento
que se activará la esclava en los momentos que sabía estaban juntos, pero nunca sucedió.
La primera y única vez que se activó fue durante la pelea contra Voldemort. Mientras luchaba
con sus propios oponentes Sirius supo que la esclava funcionaba y que, el hecho de que los
días anteriores no se activara era porque simplemente Snape nunca lastimaría a Harry.
Cuando el más joven se recuperó de sus heridas físicas la esclava dejó de darle la alerta, y
durante esos meses que el león estuvo con Snape, no había vuelto a emitir ningún aviso.
Seguía con ganas de golpearlo, pues aun no le agradaba del todo la idea de que alguien como
Snape estuviera con quien consideraba su hijo. Pero teniendo conocimiento de que aquello
parecía ser… mutuo y, que principalmente Harry parecía ser feliz, no tuvo más opción que
tragarse sus propios sentimientos.
—Te apoyaré en todo lo que desees. Aunque tus decisiones sean horrorosas.
Pensó que Harry le rebatiría aquella última frase que había dicho, pero el más joven solo le
sonrió. Aquella fue una sonrisa llena de gratitud y amor, y Sirius supo que había tomado la
decisión correcta. Potter se inclinó y apoyó la cabeza sobre el hombro de su padrino,
murmurando un suave “gracias” antes de quedarse en silencio.
Draco suspiró pateando la roca. El pequeño proyectil se hundió en el lago sin mucho
esfuerzo, creando unas cuantas ondas en las aguas que duraron unos segundos. Luego, el lago
volvió a estar en calma.
—Me siento confundido, ¿sabes? La muerte de Pansy significa una gran libertad para mí en
muchos sentidos. Pero no he podido dejar de pensar en ella en todos estos meses.
Draco guardó silencio sin terminar la frase, como si hacerlo le hiciera enteramente culpable
de la muerte de su compañera. Harry vio su rostro, y encontró que el rubio cargaba el mismo
sentimiento de culpa que él tenía de todas aquellas muertes dejadas por la guerra
—Tenía nuestra edad —se encogió de hombros y fijó su vista en el suelo, queriendo
encontrar otra roca para patear —. No era un monstruo, solo una niña caprichosa. Yo lo fui
alguna vez.
—¿Lo fuiste?
Harry no pudo evitar el comentario ni su expresión de escepticismo. Draco metió las manos
en los bolsillos sin sentirse ofendido.
—De acuerdo, lo sigo siendo. Quizás por eso entiendo sus acciones, solo seguía los deseos de
sus padres, y se sentía feliz de ser reconocida como alguien importante.
Draco volvió a suspirar y Harry no dijo nada por un momento, sabiendo que lo único que
necesitaba el otro era alguien que estuviera acompañandole en silencio.
En aquel momento de silencio pensó en lo que había pasado en esos meses. Salir de San
Mungo e integrarse a la “normalidad” no le había supuesto tanta dificultad. Seguía realizando
el Minuere en las noches, pasando el tiempo con sus amigos y preparandose para sus
exámenes. La prensa y el mundo magico habían anhelado entrevistas y reuniones con él en
cuanto se enteraron de su salida del hospital, pero Dumbledore se encarrgó de evitar aquello
con la frase de que el único agradecimiento que pedía el salvador del mundo magico, era paz.
Y cuando eso no bastó para detener a unos cuantos, utilizó un poco más de fuerza.
Draco había comenzado a formar parte del grupo de leones, pues después de la batalla final
no había sido demasiado bienvenido con las serpientes que lo consideraban un traidor. Tan
solo Blaise y un par de Slytherin le seguían dirigiendo la palabra sin miradas cortantes de por
medio.
Habían llegado a finales del año escolar de forma medianamente pacífica, y Harry aun no
creía que tan solo le quedaban un dos días antes de salir del colegio. Lo gracioso era que,
aunque su vida parecía no ir por buen camino, su relación con Snape iba tan bien como nunca
pensó posible. Habían tenido su primera noche una semana después de que el menor saliera
del hospital, y fue tan especial como lo imaginó.
Las cosas entre ellos seguían tan bien como podían con la maldición de por medio. Snape
incluso le ayudó a estudiar para sus exámenes, diciendole que si quería convertirse en auror
en un futuro necesitaba buenas calificaciones. Harry le dijo que si llegaba al futuro, ya no
querría convertirse en auror, pues sentía que su vida había sido lo suficientemente caótica
como para seguir aquel camino.
El león volvió a la realidad cuando después de unos minutos fue el mismo Malfoy quien
volvió a iniciar la conversación, pues durante aquel silencio había estado pensando en algo
que Hermione le mencionó el día anterior.
—La Granger me dijo algo que no quiero creer.
Harry sonrió de forma triste, sabiendo muy bien qué era aquello a lo que Draco se refería.
Había tomado una decisión con respecto a su vida, o a lo que le quedara de vida. Se lo había
comentado ya a los Weasleys y Hermione el día anterior, y debió admitir que se sorprendió
ante el gran autocontrol que tuvieron todos ante su decisión: solo hubo llanto alrededor de
una hora. Todo un logro, considerando que esperó mucho más. Cuando se lo contó a Remus y
Sirius tambien obtuvo diferentes respuestas. El primero pareció saber de antemano aquella
decisión, y Harry se preguntó si se trataba de los instintos de lobo, pero su única reacción fue
la resignación. Sirius, por el contrario, fue una erupción de rabia y negación, y le rogó de una
forma ardua que le traspasara la maldición para estar seguros, diciendo que le debía a James y
a Lily el salvar al hijo que confiaron como su ahijado.
—Realmente no mucho, dijo que te tocaba a tí decirmelo. Pero se le escaparon unas lágrimas,
así que puedo imaginarme que no es nada bueno.
Harry asintió y se apoyó en el tronco del árbol más cercano que tenían. Draco lo miró de
forma aguda, así que tomó aire antes de soltar aquello.
—No se realmente si la maldición retroceda o no, pero sé muy bien que las posibilidades no
están a mi favor. Tomé una decisión: no quiero que nadie me vea en ese estado. Si muero, lo
haré en mis términos.
—No. —Harry negó fuertemente con la cabeza, sabiendo el camino de los pensamientos del
otro—. Lucharé hasta el final, soy un Gryffindor al fin y al cabo, ¿o no? Pero no quiero
compasión. Me iré… a donde nadie pueda verme.
Draco volvió su rostro al suelo, tratando de buscar una roca para volver a lanzar. Aunque en
realidad lo que necesitaba era dejar de ver el rostro de Harry para que sus sentimientos no se
desbordaran en aquel momento.
Lo miró, levantó ambas manos y golpeó sus dedos índices uno contra el otro. Ante el
levantamiento de la ceja de Harry, Draco decidió no terminar su frase. Aquel seguía siendo
un tema ligeramente tabú para el rubio. Aunque entendía que quizás nunca habría tenido
oportunidad con Harry en ese sentido, nunca se imaginó que su mayor rival sería Severus
Snape.
Draco mordió su labio inferior y preguntó algo que ya se imaginaba.
—¿Cuando te vas?
—Después de la graduación.
Harry intentó sonreír, pero fue una mueca a medias. Draco sintió una opresión indescriptible
en el pecho, pero mordió el interior de su boca y pensó que sus lágrimas era lo que menos
necesitaba Potter en aquel momento. Quiso decir algo que aligerara el momento, pero se
sorprendió cuando Potter se acercó y le abrazó sin pronunciar palabra. No lo dudó y envolvió
al Gryffindor de forma apretada, queriendo que aquel momento durara para siempre.
Si bien ya sabía que Harry no le quería de aquella forma, y si bien ya sabía que Harry tenía
pareja, eso no impedía que su corazón molestara enormemente al saber que a quien más amó
en secreto por todo aquel tiempo le esperaba un destino tan cruel. Y él no podía hacer más
nada que darle un último abrazo.
Draco se dio cuenta que su voz salió temblorosa, y también notó que había dejado salir las
lágrimas que intentó retener. De todas formas Harry soltó una risilla a su comentario y al
separarse se fijó en que los ojos del león se veían cristalinos, aunque su rostro estaba seco. El
ver aquellos ojos tan de cerca, siendo que uno de ellos estaba ya opaco por un manto gris, le
oprimió más el corazón a la serpiente.
—Lo intentaré, Malfoy. —Al separarse, Harry recordó algo que le había mencionado
Hermione—. Sabes hurón, deberías poner un poco más de atención, quizás encuentres un
gran tesoro en un amigo muy cercano.
Draco solo entrecerró los ojos, pero no agregó nada más. Ambos se encaminaron de nuevo al
interior del castillo con paso lento, cada uno añorando más tiempo que ya no podrían tener.
Un final para un comienzo
—No entiendo por que tengo que llevar un moño, me veo ridiculo.
Ron frotó su cara con frustración, salió del baño y se dejó caer en su cama con estruendo, sin
preocuparse de estrujar su camisa. Había intentado sin exito acomodar el moño de su camisa
antes de colocarse su túnica de gala, la cual, por suerte, no lo haría parecer a su tía Tessi. Era
una túnica de gala simple, negra, sin encajes ni mangas pomposas, algo que le alegraba
mucho.
Harry soltó una risilla a su lado, completamente vestido con su túnica, ofreciendo su ayuda
antes de que Hermione tuviera que irlos a buscar por tardar demasiado.
—Debería haber un hechizo para esto—suspiró Ron acercandose a su amigo y dejando que
este comenzara a arreglarlo—. Sería más facil.
Ron hizo una mueca, y se fijó en su amigo aprovechando la cercanía de ambos. Después de
que Harry regresara a Hogwarts, luego de su estadía en San Mungo, este les había contado
sobre la posibilidad de que la maldción se revirtiera luego de la muerte del señor oscuro. Y,
luego de ese día, Harry les hizo prometer no volver a mencionar la maldición, ni preguntar
nada acerca de ella hasta que perdiera otro sentido, pues deseaba terminar lo que quedaba de
su año escolar de la forma más “normal” posible.
Ambos lo cumplieron, aunque les fuera dificil. Eso no significó que no pudiesen seguirlo
cuidando y preocupándose por él a su manera, porque para eso estaban los amigos. De forma
parcial incluso habían aceptado a Draco en su grupo porque después de todo, el hurón había
sido repudiado por casi todos sus compañeros de Slytherin luego de haber ayudado al bando
de la luz en la última batalla.
Harry había omitido decirles que Severus, e incluso Sirius, se habían ofrecido para que les
traspasara la maldición, aunque no sabía que sus amigos habían escuchado una conversación
de Molly y Arthur —que sabían de esto—, y estaban enterados. Pero, de todas formas, su
promesa de no hablar acerca del tema seguía en pie, y no la romperían.
No fue sino el dia anterior a ese que Harry volvió a hacer mención de la maldición y les
comentó su decisión de mantenerse alejado de todo y de todos. Al principio ninguno de ellos
aceptó aquella resolución, y estuvieron dispuestos a discutir e increpar que ellos también
querían ayudarlo, pero cedieron cuando vieron que Harry estaba determinado. Así que solo
les quedaba seguir siendo los amigos que Harry necesitaba en esos momentos, y volvieron a
actuar como si el Corpore Inclusus no existiera entre ellos.
—Listo— dijo Harry, dando unos pasos hacía atrás— ¿Ves que no era tan complicado?
Ron murmuró algo inentendible, y se colocó la túnica para bajar con Harry.
Más allá de un discurso emotivo por parte de Dumbledore, y de la decoración con tematica
distinta, aquello no era muy diferente al baile que habían tenido antes de navidad. Más
elegante, sí, pues las chicas se habían esmerado en sus hermosos vestidos y peinados, y los
chicos usaban sus mejores túnicas. Hermione tambíen estaba hermosa, y su vestido rosa la
hacía brillar aún más ante los ojos de Ron.
Igual al anterior Harry estuvo con ellos al principio, pero tambien acompañó durante un rato
a Draco y Blaise. Al igual que el anterior baile también decidió darle espacio a sus amigos
cuando iniciaron las canciones románticas y los bailes más lentos, y notó con felicidad como
Blaise parecía arriesgarse y pedirle un baile a Draco, con nerviosismo brillando en su rostro.
Se mantuvo alejado, casi como si no quisiera molestar mientras estaba sentado en una mesa
con un vaso de ponche en la mano.
Paseando su mirada por la estancia vio la silueta de Severus en el fondo del salón, el cual
parecía estar enfrascado en una conversación con Minerva. De todas formas el maestro
pareció sentir su mirada y le devolvió la vista. Esta vez Harry no suspiraría anhelando un
baila con su profesor, pues habían quedado de verse en el pasillo del baile anterior, el único
inconveniente es que tendrían que esperar a que la noche avanzará y Severus pudiera
escabullirse de sus obligaciones como chaperón.
Después de estar un rato fijándose en las parejas que bailaban lentamente, Harry percibió que
las luces del salón se hicieron opacas. Fue algo gradual, pero le pareció extraño que
profesores como McGonagall o Snape no protestaran ante tal oscuridad en un baile escolar.
Entonces, se dio cuenta que en realidad no era que estuviese oscuro, sino que él estaba viendo
opaco.
Parpadeó varias veces, lo hizo dos veces, cuatro veces, seis veces; parpadeó 10 veces para
intentar aclarar su vista.
Cerró su ojo derecho a sabiendas de que ya había perdido completamente la visión del
izquierdo y comprobó que efectivamente todo lo que veía era negro a su alrededor. Entonces
con temor cerró su ojo izquierdo, y notó que su visión del ojo derecho ya no era la misma.
Tocó su cara para confirmar que aun tenía sus lentes puestos, y la realidad lo golpeó.
Respiró profundo, intentando tranquilizarse ligeramente, pues si bien sabía que aquello
sucedería, no significaba que fuera facil de procesar. Había tenido un sueño premonitiorio el
día anterior, pero como no había ocurrido nada quiso pensar que se trataba de una pesadilla
por el estrés de la espera, craso error.
Pensó que lo mejor que podía hacer era salir del salón y llegar rápidamente hasta la
habitación de Snape y esperarlo en el pasillo hasta que el maestro terminara con sus
obligaciones en el baile. Chocó ligeramente con algunas personas en su camino hacia la
salida y pidió disculpas rápidas, no queriendo llamar la atención sobre su persona.
Creyó que la perdida de la visión de su ojo derecho sería igual que el izquierdo, y que tardaría
alrededor de quizas un día viendo sombras grises antes de ir a negro completamente, pero se
equivicó. Fue parecido a lo que pasó con su audición, donde simplemente dejó de escuchar
del oído derecho. Y esta vez, a tan solo un pasillo que lo separaba del gran comedor, donde
incluso podía seguir escuchando la música, su mundo quedó en negro completamente.
—Harry….
Un momento de silencio los envolvió a ambos de forma pesada. Snape intentaba buscar las
palabras exactas que pudiera decir en ese momento, aunque sabía que no las había. De todas
formas fue el mismo león que, con un susurro entrecortado, pidió:
—¿Bailarías conmigo?
Aquella petición tomó al profesor de sorpresa. Harry parecía esforzarse por sonreír al tiempo
que se erguía completamente. A final de cuentas, Harry había estado esperando toda la noche
la oportunidad de volver a tener otro baile con Snape.
—Potter…
—Estoy bien, sabía que sucedería, solo me asusté ligeramente. —Aseguró asintiendo hacia el
frente—. Ahora tan solo necesito un baile contigo.
Severus no lo pensó demasiado, tomó su varita y lanzó un hechizo para que nadie pudiese
verlos en aquel pasillo. Aquel hechizo alertaría al director, pero sabía que Albus no se
molestaría demasiado. Tomó la mano que Harry le ofrecía y apegándose más a su cuerpo se
movieron al son de la música.
A diferencia de la vez pasada la música se escuchaba mucho mejor, y Harry suspiró cuando
Severus le tomó de la cintura y sostuvo con más firmeza.
No, no estaba bien. Se había quedado completamente a oscuras, y tenía tanto dolor y miedo a
partes tan iguales que su mente no procesaba un pensamiento coherente. Pero, en ese
momento el dejarse llevar por el movimiento de Snape le ayudaba, aunque fuera ligeramente.
Por lo menos podía sentirse protegido, y la sensación de vulnerabilidad se apaciguó, aunque
no del todo.
Apoyó el lado en el que aún escuchaba en el pecho de Severus, escuchando sus latidos,
queriendo grabarlos en su memoria para siempre.
No asistió a su graduación. Había imaginado que la maldición no llegaría antes de ese día,
pero como tantas veces, se equivocó.
Tan pronto como Severus cumplió con sus obligaciones de profesor durante la graduación
partieron del castillo. Así como deseó no hubo lágrimas ni abrazos eternos: tan solo él y
Severus, tomando sus baúles y aterrizando en la cabaña que los acogió aquel invierno. La
noche anterior, después de que bailaran en el pasillo junto al Gran Comedor, Snape lo llevó
hasta sus aposentos. Hicieron el ritual y Harry estuvo más que seguro que el maestro le había
echado algun somnifero a la poción del Minuere, por que cayó en un sueño profundo sin
pesadillas.
Habría deseado que Sirius no le viera de aquella forma, pero cuando el animago supo el
estado de Harry y que no asistiría al evento de la graduación —por obvias razones— casi se
enfrenta con Severus para que le dejaran darle el adiós que le hubiese dado durante la
ceremonia. Y, aunque Harry no podía verlo, sabía que el animago estuvo controlando las
ganas de llorar cuando le vió completamente ciego.
Arribar a la cabaña no fue difícil. Cuando tomó su decisión se preguntó si lo mejor era irse a
un lugar donde nadie conociera su paradero, pero al final Severus le indicó que bastaría con
un encantamiento Fidelio que sólo conocieran ambos, y Harry aceptó. La cabaña le había
encantado desde que la vió, además, el conocerla de antemano le serviría enormemente por el
hecho de perder la vista, por lo que los golpes que se dio contra los muebles los primeros días
no fueron tantos.
Los meses pasaron, y ambos disfrutaron lo que pudieron de su compañía mutua. Severus fue
fiel a la promesa que le hizo a Harry de jamás revelar el fidelio a nadie, pero de lo que Harry
no se enteró es que este enviaba una carta cada dos semanas a Remus, contando la evolución
del menor, y este les informaba a los demás.
Pasaron alrededor de cinco meses hasta que la maldición volvió a hacer acto de presencia y,
aunque pensaba que lo dejaría completamente sordo, la realidad es que se trató de algo
diferente: perdió la capacidad táctil de sus manos. El sueño que preludiaba aquello había sido
casi igual que los demás, por lo que fue una sorpresa el darse cuenta de aquello. En aquel
estado tardó un dia completo en animarse a salir de la cama, y se dio cuenta que jamás había
apreciado tanto la capacidad de tocar las cosas, hasta que no pudo.
Podía sentir las caricias en el resto de su piel pero, aunque supiera que estaba tocando algo
gracias a la ayuda de Severus, simplemente no lo sentía. Dos días después de perder el
sentido, Harry le dijo a Severus que haberle pedido que se quedara había sido un acto egoísta,
y le pidió que le dejara solo para que pudiera seguir con su vida. La única respuesta del
maestro de pociones fue decir que los Gryffindors nunca se cansaban de llevar a cuestas la
martirización.
Severus pensó que quizás, si el tiempo entre las pérdidas era de cinco meses, la maldición
podría revertirse antes del sigiuiente pues Louis Dinnigan se había recuperado antes de perder
el tacto, pero se equivocó. Aún llevando el Minuere al pie de la letra, tan solo dos meses
transcurrieron antes de la siguiente pérdida, y Harry dejó de sentir. Ya no tenía frío, calor o
dolor, no podía sentir ningún objeto sobre su cuerpo, ni roce del profesor, ni viento, ni su ropa
ni nada.
Fue durante esos meses que su magia comenzó a comportarse de forma extraña. Había dejado
de hacer hechizos después de perder el tacto de sus manos, pues no era capaz de sostener la
varita al no comprender la presión que necesitaba, pero su magia parecía querer ayudarle. Era
como si de forma burda le ayudara a comprender el mundo del que ya no estaba formando
parte, aunque lo hacía de una forma que ni el entendía.
Luego de mes y medio, dejó de hablar. Al final lo único que le quedaba era la audición de su
oído izquierdo. El tono de voz de Severus nunca dejó de ser jugueton y grave a partes
iguales. Hablaban mucho, siendo lo único que le quedaba a Harry, hasta que, tan solo un mes
después y sin creer que sería tan rapido, tambien perdió la audición del lado izquierdo.
Le había hecho prometer a Severus, luego de que este no aceptara marcharse, que pasase lo
que pasase le dejara morir sin intentar nada pues, si la maldición iba a quitarle la capacidad
de respirar, significaba que no habría forma de salvarlo.
Aunque no podían comunicarse, ambos pensaron que si el tiempo entre cada sentido se había
acortado de forma drástica era por que la parte final lo haría de igual forma, por lo que la
muerte tocaría a la puerta en, quizás, un mes. Pero Harry pasó casi ocho meses en aquel
estado. Claro que para el león el paso del tiempo era confuso. Todos los días y las noches le
eran iguales, los minutos se confundían con los segundos, y las horas a veces se le volvían
días.
No solamente fue el paso del tiempo lo que se volvió confuso, sino también todo lo que había
podido guardar en su mente. Las caras, los sonidos, los olores o las sensaciones: todo lo que
intentaba recordar se convirtió en una masa amorfa y gris que le acompañaba día con día.
Ni siquiera podía soñar nada coherente hasta que una noche, ocho meses y doce días después
de perder la audición, vio algo en la penumbra de su mente.
Esa noche tuvo un sueño extraño, del mismo tipo de sueños que preludiaba la pérdida de
algún sentido.
Todo a su alrededor era oscuro, silencioso e inexistente.
En la masa negra, una figura amorfa y gris se fue formando. Era indistinguible, pero después
de un largo tiempo de que aquella figura estuviera casi inerte, un pequeño punto blanco
emergió de ella y brilló hasta que Harry despertó. Aquella era la primera vez que volviá a
recordar/soñar con el color blanco.
La magia de Severus zumbó a su lado y lo abrazó, o por lo menos hizo el acto de abrazarlo.
No sabía si el mago a su lado se había percatado de su sobresalto, aunque lo más probable
fuera que sí lo había hecho; Snape estaba siempre atento, aun mientras dormía.
Su magia se había vuelto su única forma de interactuar con el mundo. A través de ella podía
“sentir” ciertas cosas, aunque todo fuera confuso y muy superficial. Más que sentir, podía
entender un poco lo que sucedía a su alrededor, aunque siguiera en la nada misma.
Aquella fortuna de su magia no había hecho las cosas mejores, pero por lo menos eran un
poco más fáciles.
No quiso decirle a Snape acerca del sueño que había tenido. Sabía que si se esforzaba lo
suficiente la magia le ayudaría a hacerle entender que había tenido una pesadilla relacionada
con la marca, y Severus captaría de forma inmediata. Si iba a morir sería algo inevitable, y
eso provocaría que sus últimos momentos junto al maestro de pociones fueran amargos, pues
sentiría la desesperación y tristeza en su magia, y no quería eso.
Supo que le ayudaba a alimentarse y Harry le dejó. No había vuelto a sentir hambre o dolor
desde que el hechizo le enclaustró, pero dejaba que el maestro lo hiciera, como últimas
esperanzas de mantenerlo con vida. Aunque a veces se sentía como un muñeco.
A veces podía abstraerse tanto en sus pensamientos que no notaba las horas ir y venir; o
concentrarse tanto en entender lo que pasaba a su alrededor que los minutos se le hacian
eternos. Así que, cuando quiso entender qué sucedía a su alrededor, ya estaba casi
anocheciendo.
Él no lo sabía como tal, pero sintió la esencia de Snape a su izquierda, y se imaginó que le
tomaba de la mano. Como el maestro de pociones se mantuvo haciendo las mismas cosas que
hacían antes de que Harry quedara totalmente enclaustrado, le facilitaba las horas del día.
Todas las tardes, despúes de las seis, se sentaban en la parte delantera de la cabaña y miraban
el paisaje. Solían hablar, jugar ajedrez mágico —donde Severus siempre era el ganador—,
leer —cuando Harry podía— o, simplemente, quedarse en silencio. En esas ocasiones Snape
siempre se ponía a su izquierda, tomándole de la mano.
Harry intentó recordar el paisaje, con los arboles moviéndose por el viento y los pájaros
volando. Se imaginó el mismo viento rozando su cuerpo, y la calidez de la mano de Severus.
De repente, sintió una molestia en su ojo izquierdo y, como la única sensación que realmente
podía dolerle o molestarle era su pecho después de los sueños, se asustó. Pasaron unos
minutos en los que intentó entender qué era aquella molestia, pues después de ocho meses sin
sentir realmente su mente no lograba descifrar del todo lo que sucedía. Luego entendió que
era como si tuviera arena en su ojo, cosa que sería imposible. Parpadeó como pudo ayudado
por su magia, o eso intentó, cuando la molestia aumentó en intensidad.
Aunque para él no había diferencia entre si cerraba los ojos o no, pues la oscuridad era la
misma, notó que algo había cambiado. Logró entender que la oscuridad cambiaba de a ratos,
y después de un poco más de tiempo comprendió que, cuando abría los ojos, algo se filtraba
por su ojo izquierdo. No estaba todo oscuro, sino que ahora se presentaban ante él un grupo
de sombras grises y amorfas que se amontonaban unas con otras y se movían rítmicamente de
un lado al otro, y un escalofrío lo atravesó al darse cuenta, después de unos minutos, que
estaba visualizando —de una forma burda— los árboles que se movían. Giró su rostro donde
sabía que estaba sentado Snape. Ante él era una gran mancha gris sin líneas delimitadas, pero
estaba ahí y no se trataba de su magia.
No pudo ver ni sentir la lágrima negra que corrió por su mejilla. Severus sí lo vio, y lo abrazó
temiendo lo peor. Pero aquello no era malo, todo lo contrario, estaba comenzando a ver.
Fin
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