0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas73 páginas

Estimado Harry

El relato 'Estimado Harry' es un fanfic del universo de Harry Potter que explora una relación romántica entre Harry Potter y Severus Snape en un contexto de Omegaverse. Harry, un omega de familia influyente, y Severus, un beta de clase media, se ven envueltos en un plan de Lord Voldemort para que Harry se case con él, lo que complica sus deseos de amor verdadero. A lo largo de la historia, se abordan temas de clase social, amor y la lucha por la autonomía personal en un mundo que limita las elecciones de los omegas.

Cargado por

Giselle Tolosa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas73 páginas

Estimado Harry

El relato 'Estimado Harry' es un fanfic del universo de Harry Potter que explora una relación romántica entre Harry Potter y Severus Snape en un contexto de Omegaverse. Harry, un omega de familia influyente, y Severus, un beta de clase media, se ven envueltos en un plan de Lord Voldemort para que Harry se case con él, lo que complica sus deseos de amor verdadero. A lo largo de la historia, se abordan temas de clase social, amor y la lucha por la autonomía personal en un mundo que limita las elecciones de los omegas.

Cargado por

Giselle Tolosa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Estimado Harry

Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]

Rating: Mature
Archive Warning: No Archive Warnings Apply
Category: M/M
Fandom: Harry Potter - J. K. Rowling
Relationship: Harry Potter/Severus Snape
Characters: Severus Snape, Harry Potter, Tom Riddle | Voldemort, James Potter,
Hermione Granger, Ron Weasley
Additional Tags: snarry, Drama, Romance
Language: Español
Stats: Published: 2022-02-21 Completed: 2023-02-05 Words: 31,184 Chapters:
8/8
Estimado Harry
by OldBearS (OldBearSoul)

Summary

Harry es un omega de familia influyente que sueña con encontrar alguien que le ame de
verdad. Severus es un beta clase media, amante de la poesía, que sueña con triunfar en la
vida. Riddle, por su parte, es un alfa con mucho dinero que se encapricha con aquel hermoso
omega y hará lo que sea necesario para casarse con él. Riddle le pide ayuda a Severus pero, al
final, un plan sencillo se complica cuando el amor interfiere.
AU
SNARRY.
Omegaverse.
Capitulo Uno

Harry es un omega de familia influyente que sueña con encontrar alguien que le ame de
verdad. Severus es un beta clase media, amante de la poesía, que sueña con triunfar en la
vida. Riddle, por su parte, es un alfa con mucho dinero que se encapricha con aquel hermoso
omega y hará lo que sea necesario para casarse con él. Riddle le pide ayuda a Severus pero, al
final, un plan sencillo se complica cuando el amor interfiere.

SNARRY.

Omegaverse.

Notas de aclaración:

Es un fic Snarry.

Fic terminado. Tiene alrededor de 8 capítulos que iré subiendo según pueda.

No tengo nada contra Shakespeare, al contrario, me gusta. También me gustan sus obras, solo
fue parte del guión del fic.

Los escritores que aquí aparecen sólo tienen en común que me gustan a mi, pero no están
dentro de las mismas épocas.

La ubicación temporal es la época victoriana (más o menos) pero realmente no profundizaré


mucho en eso. Lo menciono para que entiendan la ambientación.

Es un fic omegaverse.

Capítulo 1

Sus pasos resonaban rápidos y constantes por los amplios corredores, perfumados con las
flores de verano que adornaban en cada esquina. Severus, contrario a su costumbre cuando
visitaba aquella mansión, no se dio el tiempo de admirar ni los claveles ni las begonias; pues
había sido mandado a llamar con prontitud y presteza, y suponía se trataba de algo urgente.

El lacayo al que seguía entornó una puerta doble que daba a un salón que él muy bien
conocía. Entró con rapidez, dejando al joven detrás suyo, quien cerró las puertas sin emitir
palabra. Al fondo, bajo la ventana abierta que dejaba entrar el frescor del verano, vio a Lord
Voldemort exhalando el humo de un puro, con una sonrisa de satisfacción que solo le veía
cuando cerraba tratos jugosos que incrementarían el tamaño de su bolsillo. La calma de
aquella vista le hizo dudar a Severus de si aquel asunto en verdad sería importante o no.

—Mi querido Severus, ya llegaste.


Lord Riddle Voldemort, no se puso de pie, pero con su mano libre le hizo señas al recién
llegado para que se sentara en la butaca a su lado. Su tono era jovial y despreocupado, muy
contrario al tono urgente de la misiva que le habían enviado.

—Enviaste tu mensajero proclamando que era un asunto urgente. —Se sentó en la butaca
mirando a su anfitrión con reproche, dándose cuenta de que había sido engañado—. Al
parecer no es tan urgente como me hicieron creer.

El anfitrión de aquella mansión chasqueó la lengua antes de sonreír, como si hacer enojar a
Severus Snape fuera de las cosas más gratificantes de su día.

—Tonterías mi amigo. Por supuesto que es un asunto importante, crucial, me atrevería a


decir. Algo de vital importancia. —Riddle se incorporó en el diván, quedando sentado. Y se
acomodó con ligereza la solapa de su camisa antes de hablar—. He encontrado a mi omega.

Severus Snape lo miró atentamente por unos segundos, sin saber cómo tomar aquella
sorpresiva información. Lord Riddle Voldemort era un alfa apuesto, elegante y adinerado que
pertenecía a la alta clase social. Su posición y dinero provenían de su linaje familiar, y su
astuta mente para los negocios le había hecho merecedor de buena fama en la ciudad y los
pueblos cercanos. En cambio, Severus Snape era un beta de clase media, quien había tenido
que luchar bastante por escapar de la pobreza después de la muerte de sus padres. Él era un
poeta, o por lo menos lo intentaba, pues la poesía no daba para comer cuando no se era de la
alta clase. De todas formas, su madre le había enseñado el arte de las plantas medicinales, y
podía subsistir entre la venta de medicinas y uno que otro escrito por el cual le pagaban unas
cuantas monedas de plata.

Se habían conocido unos años atrás a raíz de una enfermedad que tuvo a Riddle al borde de la
muerte, donde ningún doctor ni boticario era capaz de encontrar alguna cura. La suerte de
Riddle estuvo en que uno de sus sirvientes había escuchado por boca de unos transeúntes
acerca de un boticario excepcional, que podía hacer magia con las hierbas medicinales. Aquel
boticario era Severus Snape, quien en solo un mes pudo lograr lo que otros no pudieron en
casi un año: devolverle la salud al alfa.

En aquel mes el alfa y el beta fueron entablando una peculiar amistad, dada más que nada por
el interés de Riddle en el cerebro de Snape para las cosas que él desconocía, y por la
capacidad del Lord de darle al beta aquellos recursos que por su precaria economía no podía
permitirse.

Debido a esos años que habían pasado juntos, Snape se enteró de toda la vida del Lord, pues
fue convirtiéndose casi en su confidente. Lord Riddle Voldemort se había casado a sus 20
años por órdenes de su padre para poder heredar su fortuna. La elegida había sido una omega
de buena familia, una joven tímida que apenas decía una palabra y que falleció de difteria a
tan solo cinco años después del matrimonio. Eso fue algo que al Lord nunca le importó, había
obtenido su fortuna y eso era todo lo que necesitaba. Además, por la forma en la que hablaba
de ella, y por la forma en la que se comportaba, el beta estaba seguro de que Riddle había
maltratado física y psicológicamente a su esposa, y ocasionalmente tenía dudas acerca de si
había muerto o no de difteria.
Después de enviudar a tan temprana edad, el alfa había encontrado los placeres que los
burdeles otorgan a los hombres solitarios. Era bien discreto, asi que casi nadie sabia, a
excepcion de Severus, —pues le había confesado todo en una noche de platicas largas— que
tenía un gusto por el sexo mas allá de lo que un hombre respetable deberia de tener. Y eso
incluía el querer provocar dolor con el omega con el que se acostaba.

—Pensé que casarte no estaba en tus planes. Me pareció que no querías volver a atarte a un
solo omega.

—Así es, pero comprendí que el casamiento no significa atadura si puedo mantenerme bajo
perfil.

—No comparto ese pensamiento. —La expresión de Severus era de disgusto. Si bien él no
había llegado a enamorarse de verdad, sabía que en el momento exacto en que lo hiciera
dedicaría su vida a esa persona. Y la traición no sería algo que rondaba su mente—. Si vas a
casarte...

—Oh, mi estimado Severus —le interrumpió moviendo el puro en el aire—, tu eres un


romántico empedernido que cree que los poemas y los cuentos con finales felices son
verdaderos. Eso es muy loable de tu parte, pero no es algo real. Los caballeros como nosotros
no necesitamos creer en esas fantasías. Solo necesitamos una pareja de buen ver que sepa
atender nuestras necesidades.

Severus bufó en desacuerdo y Riddle rió ante aquella respuesta. El beta quiso agregar algo
más, pero se abstuvo en pos de entender porqué había sido llamado con tanta urgencia.

—¿Y encontraste a ese omega entonces?

—Así es. Es un omega cuya familia tiene renombre. Además de que es hermoso, si lo vieras
lo entenderías. Estuve cenando con su padre y me percate que el chico no habla mucho, y eso
es algo que me encandila aún más. Un omega hermoso, callado y de buen apellido. ¿Qué más
podría pedir?

—¿Un compañero con una buena conversación?

—Severus, ¿para qué querría yo un omega con buena conversación? ¿De qué me serviría?
Para eso te tengo a ti y a mis amigos alfas. Pero, sin ánimos de ofensa, los betas no suelen
recordar esa parte.

Intentó no ofenderse ante aquella última oración. No era la primera vez que alguien le
relegaba por su condición de beta, y sabía que no sería tampoco la última vez. De todas
formas no estaba ni jamás estaría de acuerdo con ese pensamiento. Si alguna vez la vida le
daba la oportunidad de encontrar a su compañero de vida sabía que dedicaría sus fuerzas y su
alma a esa persona, por que de eso se trataba el amar de verdad. Aun así, y conociendo a
Riddle, sabía que no cambiaría la forma de pensar del alfa, por lo que volvió a pensar en el
por qué lo habían requerido de forma rápida cuando conocía su pensar.

—Aun no entiendo por qué necesitabas llamarme con carácter de urgencia, —frunció el ceño,
pensando en los brebajes cuya preparación había dejado por mitad—. A mi parecer, esto es
algo que podrías haber mencionado en una carta.

—¡Carta! Esa es la palabra correcta, y ahí es donde entras tú. —La sonrisa del Lord se
ensanchó, y su emoción pareció ser tan grande que necesitó ponerse de pie antes de proseguir.
— Verás, mi querido amigo: después de la cena me quedé hablando con Lord Potter y, como
no me gusta perder el tiempo, le extendí mis deseos de desposar a su hijo. Me aseguró que la
idea le agradaba, pues nuestras posiciones sociales y económicas hacían que un matrimonio
fuese perfecto. Ahora bien, el problema radica en que Lady Evans, su difunta esposa y que en
paz descanse, le hizo prometer antes de partir que permitiría que su hijo se casara con quien
él deseara. Algo, digamos... ridículo. Pues es bien sabido que los omegas no tienen verdadera
capacidad para decidir en asuntos tan importantes.

Aquello era otro punto en el que Severus no concordaba, y se lo dejó saber con una expresión
de desaprobación. Todos, sin importar la clase social ni mucho menos la casta, debían tener la
oportunidad de elegir a su pareja. Pues para él, el casamiento no debía ser algo tan superfluo
como un acuerdo de economías. De todas formas no dijo nada a ese respecto, y solo agregó:

—Aun no entiendo donde entro yo en todo este asunto.

—Tuve una idea brillante, si me permites decir. El pensamiento de un cortejo completo no


resulta de mi agrado. Llevar flores, sentarme a conversar con él para que me "conozca" es un
pensamiento que me aburre sobremanera. Así que pensé en cartas.

—Nunca he sabido que escribas cartas de amor.

—Yo no... pero tu sí.

—¿Qué insinuas?

—¿Que omega se resiste al encanto de una carta, o un poema de amor? Le expliqué a Lord
Potter que prefería enamorar a su hijo a través de cartas, para evitar los murmullos de las
personas si nos veían juntos, y él estuvo encantado creyendo que quería proteger la
reputación de su hijo. Lo que planeo es que tú seas quien le escribas, quien lo enamore, y así
él me pueda aceptar con sencillez.

Una sonrisa molesta y sin diversión se formó en los labios de Snape, quien no podía creer
todo lo que estaba escuchando.

—La cantidad de errores que hay en todo lo que me has dicho es increíble. En primer lugar,
¿qué harás cuando el pobre chico descubra que no fuiste tú quien lo enamoró a través de las
cartas? Que no se casó con un romántico empedernido.

El Lord, que mientras hablaba había estado dando cortos pasos a través del salón, se encogió
de hombros con sencillez, dando una calada a su puro antes de volver a hablar.

—Absolutamente nada, amigo mío. Después de casados él no tendrá oportunidad de quejarse.


Ni siquiera su padre podrá apoyarlo. Después del casamiento el omega le pertenece a su
esposo.
—¿Y si quiere divorciarse de ti? No has pensado en la posibilidad de que prefiera
abandonarte después de descubrir tu mentira.

—¿Separarse? Imposible. Un omega, después de que se casa, no debe separarse. ¿Quién


querría después un omega mancillado y marcado por otro? Estoy muy seguro de que ni
siquiera Lord Potter aceptaría que su hijo terminara el matrimonio. Ni por todas las promesas
que le hizo a Lady Evans.

—También hay otro punto muy importante que no has considerado del todo. Y es que yo no
estoy dispuesto a participar en esta mentira. Se muy bien que para ti la poesía y la literatura
solo son pasatiempos sin sentidos, pero para mí tienen alma; y no estoy dispuesto a utilizarlas
en contra de algún chico que seguramente no lo merece.

—Sabía muy bien que no me sería fácil convencerte, Severus. Tu ímpetu y resolución son
cosas que siempre me han gustado de ti, pues no me gusta rodearme de débiles de carácter.
Así que conseguí algo a lo que se que no podrías negarte.

Lord Voldemort se llevó el cigarro a los labios y, con rápidos pasos, se acercó hasta su
escritorio mientras exhalaba el humo. Rebuscó en una de las gavetas con una mano, hasta que
encontró lo que necesitaba y lo extrajo con una sonrisa de victoria. Era un sobre abierto, con
el sello de cera roto, pero aun así Severus lo reconoció cuando Riddle se lo tendió. Era el
sello de la universidad más prestigiosa de Londres.

—¿Qué significa esto?

—Para mi buena suerte me enteré hace poco de que están requiriendo un nuevo profesor de
literatura que suplante al viejo catedrático que está por retirarse. Eso que tienes en las manos
es la respuesta de la universidad a una carta previa que hice, donde les indicaba que conocía a
alguien con las cualidades necesarias para impartir la enseñanza. Al parecer les plació que
alguien de mi estatus pudiese recomendar a un candidato, y solo están esperando que yo les
diga tu nombre para hacerte la entrevista. Incluso saben que eres un beta. Yo había hecho esta
petición una semana atrás como pago a tu amistad, pero ahora la usaré como aliciente para
esta encomienda.

No solo su bajo estatus económico le era un impedimento, sino también su casta. Ser un beta
era casi ser relegado a lo inservible, a trabajos prácticos más que de gran pensamiento.
Severus había logrado ir a la universidad con el sudor de su esfuerzo, pero nadie le contrataba
cuando sabían que se trataba de un beta, pues se consideraba que esa casta carecía de todo lo
bueno de las otras dos. Los betas no tenían el poder ni el dominio de los alfas, pero tampoco
la capacidad de engendrar con facilidad como los omegas. No poseían fieracidad ni encanto.
O eso era lo que se pensaba.

Los betas que lograban posiciones importantes tenían ayuda externa la mayor parte de las
veces. Y, aunque Severus conocía a Riddle desde hacía años, su orgullo no le iba a permitir
pedirle algún favor que lo favoreciera. Pero aquello que tenía entre las manos no era un
simple favor, era la oportunidad de su vida de demostrar lo bueno que era sin importar su
condición.
—Solo necesitas escribir unos cuantos poemas que enamoren al joven omega, y tendrás un
pasaje directo a enseñar en la universidad más prestigiosa de la ciudad.

Nunca fue un hombre al que le costara tomar una decisión, pues siempre había sido de
pensamientos claros y valores seguros. Pero ante él colisionaban tantas cosas en aquel
momento, que se sintió flaquear por primera vez en su vida.

Por un lado, estaba el hecho de hacer burla de todo lo que era su vida, de usar la poesía y la
literatura para embaucar a una criatura inocente. También estaba el hecho de que atentaría
contra su convicción de que el amor era lo más puro que existía, pues si aceptaba jugaría de
forma cruel con los sentimientos de un joven. Por otro lado, el deseo de tener algo que pensó
jamás podría le sobrecogía, pues vería sus sueños cumplirse si tan solo cerraba los ojos y
escribía un par de cartas. Su indecisión tardó uno minutos bajo la atenta mirada de Lord
Voldemort, hasta que al final levantó la vista y dijo:

—Acepto.

La mansión Potter se alzaba majestuosa varias calles alejada de la vivienda de Lord Riddle
Voldemort. Si bien la fachada austera y sobria era un vivo reflejo de Lord Potter, el decorado
interior y, sobre todo, el hermoso jardín en la parte trasera eran tan hermosos y acogedores
como lo fue Lady Lily Potter —Lady Evans de soltera—. Y si bien la dulce mujer había
fenecido hacía seis inviernos, las áreas de la mansión que más le reflejaban se mantenían de
aquella forma, como si las paredes de piedra se negaran a perder la esencia de la mujer.

Pero, en aquel momento, Harry Potter, el único hijo del matrimonio Potter, no percibía la
esencia de su querida madre entre las paredes de su hogar. Al contrario, la furia que sentía en
ese momento brotaba desde cada poro de su ser y no le permitían ver nada más allá de su
enojo. El joven casi corría e ignoró los llamados de Hermione a su espalda, y continuó casi a
la carrera por los pasillos que dirigían a su dormitorio.

Al llegar, abrió la puerta sin cuidado y fue directo a su cama, lanzándose en ella con
violencia. No cerró la puerta, pues sabía que su dama de compañía entraría en cualquier
momento para intentar tranquilizarlo. Sin embargo, cerró los doseles de seda roja que pendían
del techo, lo que solía comprender su única privacidad, y enterró la cara en la almohada. Un
grito ahogado se escapó de sus labios al tiempo que escuchaba a Hermione entrar y acercarse.

Hermione Granger, una omega de clase baja que servía como dama de compañía al joven
Harry desde hacía siete años, entró en la habitación cerrando la puerta con calma. La joven,
que era unos dos años mayor que el señorito, suspiró con pesar y se acercó a la cama,
sentándose en el piso apoyándose del colchón. Aunque para aquel momento la relación de
ellos se había vuelto más una amistad que amo-sirvienta, ella siempre respetaba la privacidad
de los doseles cerrados, y nunca intentaba descubrirlos.

—Señorito Harry....

—¡Escuchaste lo que dijo mi padre! Que el arrogante alfa que vino anoche le pidió mi mano.

La voz de Harry se escuchaba rota a través de los cortinajes, como si se debatiera entre la
furia y las ganas de llorar.

—Pero Lord Potter ha dejado en claro que usted puede decidir...

—¡No! —Acompañando aquel grito, el joven abrió las cortinas de golpe, viendo
directamente a la joven—. Me dijo que me dará tiempo hasta que llegue a conocer al Lord,
pero que es muy probable que este termine siendo mi esposo. Está rompiendo la promesa que
le hizo a mi madre.

—Su padre tiene miedo, señorito. Las murmuraciones han comenzado después de que usted
rechazó a su cuarto pretendiente y casi está por cumplir diecinueve..

Harry se enfureció y apretó los puños. ¿Era su culpa que todos sus pretendientes fueran unos
idiotas? Era lógico que rechazara a cuatro, cuando en lo único en que esos alfas pensaban era
en que él sería una buena elección para engendrar a sus bebés y que serían una pareja
hermosa.

—¿Y solo por las murmuraciones he de entregarme a uno de esos arrogantes alfas? No quiero
eso, Hermione. No deseo una vida de sumisión y soledad. Mi deseo más grande es casarme,
pero con alguien que me ame de verdad, que me quiera como un igual. Con un alfa que me
dedique poemas, que sea romántico. Con alguien que me ame de verdad y yo pueda amar de
igual forma. ¿Acaso no tengo derecho a decidir por ser un omega? No es mi culpa el haber
nacido en esta casta.

Volvió a lanzarse en la cama y se acomodó de lado, pasando casi toda la mañana en esa
posición encerrado en su habitación, analizando la penosa situación en la que se encontraba.
Hizo caso omiso a las palabras de Hermione acerca de que quizás Lord Voldemort no sería
tan mal pretendiente, que quizás lo había juzgado mal durante la cena, y prefirió pensar en
alguna forma infalible de deshacerse de aquel alfa. Ni siquiera quiso bajar a comer a medio
día, diciendo que se encontraba indispuesto y que le dolía la cabeza. Pero, a eso de las dos de
la tarde, Hermione entró apresurada a su dormitorio, con un sobre en una mano y sujetando
su vestido con la otra para no tropezarse.

—Señorito Harry, llegó una carta... de Lord Voldemort.

Desde su posición en la cama, Harry miró la carta con recelo. No se movió y volvió a cerrar
los ojos, teniendo inmensas ganas de dormir y olvidar aquel asunto.

—No quiero abrirla.

—Por lo menos haga el intento, por favor.


El joven Potter abrió los ojos, suspiró y se levantó de la cama. Observó la carta sin ocultar su
desdén y su desprecio por un tiempo más que prolongado, debatiéndose internamente en sí
debería leerla o destrozarla y enviarla de nuevo a la mansión de Lord Voldemort sin que su
padre se enterara. Cedió al ver la súplica en los ojos de Hermione, pues sabía que esta no
deseaba que el joven tuviese más problemas con su padre.

Al final solo pudo soltar otro suspiro, como si con eso se diera fuerzas para cumplir con una
tarea sumamente desagradable, y tomó la carta de las manos de la joven. La abrió
destruyendo el sello familiar sin mucho cuidado y comenzó a leer en voz alta, con toda la
intención de que su fiel amiga y acompañante le escuchara.

Estimado Señorito Harry Potter...

¿Puedo llamarte tan solo Harry? Quizás sea un atrevimiento muy descarado de mi parte
pedirle a tan noble criatura que me conceda el honor de llamarle tan solo por su nombre;
pues es bien sabido que esa es una de las mayores muestra de confianza, o falta de respeto,
cuando se trata de un alfa que acaba de conocer a su omega. Ruego que no te confundas
pues, en mi caso, no busco faltarte al respeto de ninguna manera posible; todo lo contrario.

Mis modales se han perdido componiendo esta modesta esquela y he olvidado presentarme.
Aunque debes de tener alguna idea de mi identidad, quiero que sepas de forma formal que
soy el Lord que viste el día de ayer durante la cena a la que tu padre me invitó. Quiero que
sepas que yo accedí a esa invitación de buena gana, pues tu padre, Lord James Potter, es un
hombre que influye un amplio respeto en los círculos más altos. Lo que no esperé, sin
embargo, era quedar prendado del omega más hermoso y encantador que mis ojos hayan
visto en toda mi existencia.

Disculpa si estoy siendo irrespetuoso, o si en algún punto te incomoda mi sinceridad; pero es


que solo quiero que entiendas el por qué de una decisión que parece ser muy repentina.

Inmediatamente mis ojos se posaron en ti, mi corazón se detuvo, y todo mi ser me gritó, por
primera vez, que había encontrado la mitad de mi vida que me hacía falta. Es por esto que
ayer mismo le he pedido a tu padre tu mano en matrimonio. Puede parecer algo apresurado,
lo sé; y espero que no te espantes ante esto. Pero yo soy un alfa que siempre ha sabido lo que
quiere, y mis decisiones nunca han sido a la ligera.

Tu padre pareció entender que nuestra unión sería más que maravillosa, pero me ha
extendido su parecer de que no te obligará a casarte, a menos que no te parezca adecuado el
alfa que te pretende. Yo lo entendí, y créeme, no me amedrenta esa información, pues confío
que tu y yo estamos hechos el uno para el otro, y que el destino sabía que era justo el
momento de encontrarnos.

Esta carta, si me permites, será la primera de muchas más que utilizaré como mi medio de
llegar a tu corazón. Pues concordando con tu padre, es la mejor forma de evitar las
habladurías y canturreos de los demás sobre tu persona.

Espero que esta misiva no sea demasiado avasallante, pero es que no puedo retener el
desborde de sentimientos que hay dentro de mi. Esperaré tu respuesta, y rezaré cada minuto
mientras llega, que tu contestación tenga un rayo de esperanza en cuanto a mis ansias. No
soy piloto, sin embargo, aunque te hallaras tan lejos como la más extensa ribera que baña el
más lejano mar, me aventuraría por mercancía semejante.

Te dejo ahora, para que puedas pensar en todo lo que he dicho, pero aunque mis palabras
terminen aquí, mis pensamientos seguirán rodando en torno a tu persona.

Deseando escuchar lo más pronto sobre usted, se despide: Lord Riddle Voldemort.

Un sonido semejante a un suspiro escapó de los labios de Hermione cuando Harry terminó de
leer la carta. La chica se cubrió la cara con ambas manos, ocultando su creciente vergüenza
después de haber escuchado una declaración tan íntima.

—Que romántico...—sus palabras fueron amortiguadas por sus manos. —No esperé que el
Lord que vino ayer pudiese escribir algo tan hermoso.

—Es un pusilánime.

—¡Señorito Harry! —La joven se espantó ante aquella acción, y miró a todos los rincones de
la habitación, como si tuviese miedo de que alguien hubiese escuchado a su amo. —Un
omega como usted no debe decir esa palabra tan fuerte.

—Pero eso es precisamente lo que es: un pusilánime. Unió toda la palabrería absurda y
cándida de la que fue capaz, y la culminó con una frase de Shakespeare para que yo me
derritiera ante su "tierna" prosa.

—Pero...

El joven Potter no escuchó lo que su dama de compañía le decía, o fingió que no le


escuchaba. Decidió levantarse de la cama con gran presteza y caminó hasta su mesita, en
donde rápidamente tomó una de sus hojas en blanco y preparó la pluma y la tinta.

—¿Le contestará tan pronto?

—Por supuesto, mi dulce amiga. No necesito esperar más tiempo cuando sé exactamente lo
que quiero decir.

Hermione no dijo nada más, y estuvo de pie a su lado mientras el joven escribía. En tanto las
letras iban y venían, la dulce joven sabía que aquella era una pésima idea, y que si Lord
Voldemort se enfurecía por semejante respuesta podría quejarse con Lord Potter y enseñarle
lo que su hijo le habría escrito.

Y Harry tendría muchos problemas.

Notas de la autora:

"No soy piloto, sin embargo, aunque te hallaras tan lejos como la más extensa ribera que baña
el más lejano mar, me aventuraría por mercancía semejante."

Frase tomada de de
Capitulo 2

Capítulo 2

Severus no se esperó que el joven omega al que le había escrito en nombre de su amigo le
contestara con tanta prontitud. Esperaba una respuesta al día siguiente, quizás lo mucho, en la
noche. Pero definitivamente no la esperaba a unas pocas horas luego de escribirle. Realmente
pensó que el omega se tomaría su tiempo para interiorizar la situación y releer un par de
veces la carta, pero se había equivocado.

Durante la conversación que habían tenido aquella mañana, Riddle le dio carta blanca para
enviar la mensajería conforme Severus quisiera. Confiaba en la capacidad poética de Snape, y
sabía que el futuro maestro tenía lo que necesitaba. Después de ultimar esos detalles, el Lord
se había marchado de la casa a algún lugar desconocido para Severus, aunque tenía la firme
sospecha de que se trataba de algún burdel de alta clase. De todas formas el Lord había
dejado claras instrucciones a su servidumbre de que cualquier misiva o mensaje que fuera
enviado desde la casa Potter, se le fuera entregado sin mucha demora a Severus Snape; el
cual se quedaría en la mansión los días que se extendiera aquella farsa como invitado
especial.

El beta tomó la carta de las manos del sirviente y le indicó que podía retirarse. Luego de la
partida de Riddle se había movido del salón a la biblioteca personal del hombre para poder
hacer uso de la extensa literatura que poseía la familia Voldemort. La tan sola idea de que
podría estar dando clases en una prestigiosa universidad, enseñando todo lo que sabía acerca
de romance y letras, fue suficiente para que no pudiese estar tranquilo sin tener la nariz
metida en algún libro.

Sin embargo, ahora con aquella carta entre sus manos, colocó a Medea a un lado para leerlo
más tarde, y se acomodó mejor en el sillon. No había necesitado encender la chimenea, pues
aun la hora del día permitía que el calor de la estación rebosara la estancia.

Lo primero que notó es que el sobre no tenía ni una gota de perfume. Era común que los
omegas impregnaran con algo de su propio perfume corporal las cartas que le enviaban a sus
enamorados, lo que le dio un mal presentimiento sobre aquello. Alejando esos pensamientos
negativos por el momento —pues cabía la posibilidad de que la timidez del joven no le
permitiera impregnar la respuesta a su pretendiente con sus feromonas—, rompió el sello
familiar de los Potter con cuidado y extendió la hoja frente a sus ojos. La respuesta era
sumamente más corta de lo que él había escrito y sus ojos no podían creer lo que veían, pues
el omega había prescindido de toda cordialidad.

Usted sabe quien soy, por lo que no es necesario ninguna presentación. Recibí su carta, mi
querido Lord, y he de decirle que mi decepción no fue minúscula. Utilizar un par de palabras
rimbombantes y referirse a Shakespeare no es suficiente para que yo caiga a sus pies. Sé lo
que habló con mi padre y sé, lamentablemente, que mi destino como omega terminará siendo
desposar a un alfa que, ante mis ojos, no valdrá la pena; aun así me mantendré firme todo lo
que pueda en rechazar ridiculeses dirigidas a mi persona. Dispénseme usted si lo ofendo,
pero solo quiero que comprenda que no soy el omega dulce que cree, por lo que no caeré con
dos palabras de amor.

Si mi falta de tacto le hace enojar le ruego que me perdone nuevamente; pero a menos que
no tenga nada mejor que decir que solo alabar lo perfecto que seríamos juntos, no me
escriba.

Con muy poco afecto de mi parte: Harry Potter.

Posdata, tiene permiso para decir mi nombre. De todas formas es algo que no me importa.

A pesar de que solo se trataba de un par de párrafos, tuvo que leerlos varias veces para poder
comprenderlo. Si bien él era un beta y no había enamorado a una gran cantidad de omegas
como lo haría un alfa, Severus siempre había sido muy observador; y su gusto por la
literatura le había abierto el camino a conocer cómo solían pensar y actuar las tres diferentes
castas. Por lo que aquella respuesta le sorprendió a niveles insospechados.

Nunca se esperó a un omega —de alta clase— hablando de forma tan descortés y directa, casi
como si se tratara de un alfa al que no le importa demostrar modales.

Su primera reacción fue enojarse ante tal descortesía a su persona, pero luego tuvo a bien
recordar que el omega no había sido descortés contra él, sino contra la carta que había escrito
haciéndose pasar por Riddle. Si miraba en retrospectiva y era sincero consigo mismo, había
escrito la misiva con la poca información que su amigo le había brindado. Tan solo le había
dicho que Harry Potter era un omega hermoso y tímido, y creyó que se trataba de un joven
igual a todos los demás omegas. Había utilizado las palabras exactas que sabía harían derretir
a cualquiera de su casta. Además sabía que el chico había visto a Voldemort, y Severus
admitía que el Lord era un alfa muy apuesto. Por lo que en verdad llegó a pensar que aquello
sería muy sencillo.

A pesar de su desconcierto y furia inicial terminó por reírse de la situación, imaginando qué
pensaría Riddle si se enteraba que el tímido omega que había conocido parecía no serlo tanto.
Decidió guardar la carta en el bolsillo de su chaqueta y dirigirse a los jardines exteriores para
dar un paseo y despejar su mente. Necesitaba pensar muy bien la respuesta que daría.

Después de haber enviado aquella grosera contestación una parte en el interior de Harry se
arrepintió ligeramente, pues temía que el Lord se quejara con su padre acerca de lo grosero
que había sido. Pero acalló ese miedo, pues no perdería el orgullo de haber puesto en su lugar
a aquel alfa arrogante. No obtuvo respuesta en lo que quedó del día, y se la pasó gran parte
del tiempo leyendo en su habitación, con la esperanza de no encontrarse con su padre, con
quien seguía enojado.

Cuando en la mañana del siguiente día no obtuvo ninguna respuesta, ni se cernió sobre él la
ira de su padre, pensó que Lord Voldemort había desistido de su encomienda, pensando
quizás que un omega irrespetuoso no valía la pena ni las molestias. No fue sino hasta poco
antes de la hora del almuerzo que Hermione se le acercó con un sobre, un pequeño ramo de
hermosas begonias y expresión consternada. Gracias al sello que protegía la misiva sabían
quien le había escrito, y Harry decidió sentarse bajo la sombra del frondoso árbol del patio
junto a su fiel compañera para saber lo que le había respondido el Lord.

Joven Harry Potter:

Quiero empezar mis palabras con una sincera disculpa. Me tomé el atrevimiento de creer
que eras similar a la mayor parte de los omegas que he conocido en mi vida, y después de tu
contestación me he dado cuenta de que me he equivocado como pocas veces en mi vida. No
fue para nada mi intención el hacerte sentir menos, ni mucho menos el ofenderte.

Sin intentar defender mis actos, pero como una forma de explicarme, quiero que sepas que
tomé ideas equivocadas de la noche en que compartimos la cena junto a tu padre, pues su
persona estuvo bastante silencioso en todo momento, y quizás yo me hice suposiciones
erróneas de su forma de ser. Fue muy jactancioso de mi parte el haber citado a Shakespeare
también, pero admitiré que deseaba impresionar más que nada, aunque quizás no fue mi
mejor elección. ¿Puede decirme por qué no fue la mejor elección? Tal vez eso me ayude a
conocerte un poco mejor.

Por lo demás del final de tu carta, no te preocupes, pues no me he sentido ofendido por
ninguna de sus palabras. Si he de encontrar alguna palabra para describir mis
pensamientos, diría sin lugar a dudas que estoy impresionado.

Espero que mi tropiezo no impida mi deseo de seguir conociéndote, pues quedaría la marca
en mi vida como el peor de mis fracasos. Acepte mis sinceras disculpas ante toda las
molestias que mi primer avance le provocó, y reciba esta pequeña ofrenda como una muestra
de mis sentimientos. Si me es permitido, enviaré más junto con mis cartas.

Deseando que encuentre un espacio para mi en su corazón, me despido.

Posdata, solo utilizaré tu nombre cuando así me lo pidas.

Harry jadeó con sorpresa al terminar de leer la carta, y esta vez, a diferencia de la primera
misiva, tuvo que leerla por segunda vez. Estaba más que sorprendido con la respuesta del
Lord, incluso extasiado ante aquello.

—No puede negar que Lord Voldmort es todo un caballero.

Asintió lentamente, concordando con Hermione. Se había esperado una carta demandante de
respeto, obligándole a disculparse por las palabras dichas. La mayor parte de los alfas de
clase alta solían creerse superiores a los omegas, y no soportarían en lo más mínimo una falta
como aquella, insultante. Pero el Lord no solo no se había enojado, sino que al parecer se lo
había tomado con humor. ¡Había dicho incluso que estaba impresionado! Se sintió
ligeramente avergonzado al recordar lo grosero que había sido en su primera respuesta, y
concordó que, en la siguiente carta, debía ser un poco más amable. Solo un poco, pues no
cedería jamás tan sencillo frente a ningún alfa.

Decidiendo que escribiría la carta después del almuerzo, se levantaron y se sacudieron la


hierba en sus ropas antes de encaminarse uno junto al otro dentro del gran salón.

Lord Voldemort había llegado tarde el día anterior y se dirigió directo a su cama. Pero,
temprano en la mañana, sentado a la mesa del comedor junto a su amigo e invitado, y
disfrutando de un copioso desayuno, le preguntó si había iniciado con las cartas. Severus le
respondió con una afirmación escueta, sin ofrecer detalles sobre la misiva que lo había dejado
pensando casi toda una tarde. Pero, de todas formas, a Riddle no le interesaban aquellos
asuntos de conquista, y abandonó la mansión alegando que tenía unos compromisos que
necesitaba resolver de forma temprana.

El quedarse solo en aquella mansión no le afectaba en lo absoluto, pues significaba que podía
pasarse todo el día encerrado en la biblioteca leyendo sin que nadie le molestara, aunque en
aquellos momentos su mente estaba rondando pensamientos diferentes a la lectura.

Cuando Riddle se marchó a eso de las diez de la mañana, Severus se encaminó a la biblioteca
para estar a solas y lejos de la servidumbre, y sacó de su bolsillo la carta que iba a enviarle a
Harry —la que respondía la primera contestación del omega—. La había reescrito cuatro
veces; algo que para él era increíble. Y es que el problema principal se basaba en que
necesitaba encontrar las palabras exactas esta vez, y no solo escribir toda la cursilería de la
que era capaz.

Por lo menos se encontraba a gusto con su respuesta asi que, después de revisar un par de
veces, colocó la carta en un sobre y después de sellarla, se la entregó al mensajero junto a un
pequeño ramo de begonias del propio jardín, con la instrucción de llegar a la casa Potter sin
demora. Después de eso pasó el resto de la mañana leyendo, y almorzó solo en plena
tranquilidad; o eso intentó. Porque se encontró a sí mismo ansiando una respuesta que llegó
alrededor de las dos de la tarde. Intentó convencerse de que solo estaba ansioso porque tenía
curiosidad en saber cómo respondería el muchacho, y nada más.

Rompió el sello con delicadeza y estiró la hoja frente a sus ojos. Aun cuando la falta de
perfume seguía siendo algo notorio, por lo menos en esa ocasión no se trataba de unas pocas
líneas escritas con ira, y se dio cuenta que sus disculpas habían funcionado.

Estimado Lord Riddle Voldemort.


Quiero comenzar diciendo que no me disculpare de ninguna forma por las palabras dichas
en mi antigua carta, pues nada de lo que dije fue mentira. Aun así, debo admitir que me
impresionó su reacción, pues viniendo de un alfa de su posición me imaginé que reaccionaría
de forma furiosa ante el claro irrespeto de un omega. Creo que, en ese sentido, los dos nos
equivocamos.

Debido a que usted fue tan caballeroso en su misiva, le concederé las respuestas a todas sus
dudas con toda honestidad, pues creo que se lo debo.

He de admitir a través de estas líneas, que la forma en la que me conoció hace un par de
noches, mientras cenábamos con mi padre, no es mi verdadera forma de ser. Estaba enojado
con Lord Potter por algo que habíamos discutido con antelación y, con ligera pena, admito
que fui casi obligado a sentarme en la mesa junto a su persona. No quiero decir con esto que
odié su presencia, pero mi enojo no me permitió socializar en ese momento.

Con respecto a Shakespeare, no puedo decir que me molestó, simplemente me decepcionó.


No me lo tome a mal, el alfa es un gran escritor, y he leído Romeo y Julieta un par de veces,
pero es muy básico. Quizás me habría impresionado de haber nombrado al gran Oscar
Wilde, Goethe o Victor Hugo. O mejor, la frase "En asuntos de amor, los locos son los que
tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman
cuerdamente, que es como no haber amado nunca” del gran Benavente, me habría
fascinado.

Si bien la forma en cómo inició me dejó mucho que desear, su disculpa pareció sincera, por
lo que acepto su petición de continuar con esta mensajería. Pero no se confíe, Lord, no se ha
ganado mi afecto de ninguna forma. Solo continuaré con esto en parte por el deseo de mi
padre, por lo que mi postura sigue firme.

Como último detalle, creo que por su sencillez se ha ganado el derecho de usar mi nombre;
me placería que me llame solo Harry.

Me despido de usted.

Posdata, aceptaré el regalo de las flores. Me gustaría ver si adivina cuales son mis favoritas.

No pudo evitar sonreír mientras sus ojos repasaban aquellas letras varias veces. Cada párrafo
era una gran muestra de la personalidad del chico, por lo que podía formarse una idea mucho
mejor de él, y cada vez se percataba más de que no se trataba de un omega como Riddle
pensaba. No pudo describir la sensación que tuvo al leer que Harry mencionó a uno de sus
escritores favoritos como posible referencia sobre William Shakespeare, ni cuando
mencionaba la frase de Benavente que a él también le gustaba.

Sabía que necesitaba pensar si decirle a Voldemort acerca de que Harry no era tan tímido y
sumiso como se pensaba, pero este le había dicho que volvería hasta la noche, por lo que no
necesitaba analizar ese detalle en aquel momento. Así que prefirió seguir desmenuzando la
carta que tenía entre manos.

Lo que más le emocionó fue el claro reto que el omega había interpuesto, y supuso que servía
como excusa para que él pudiese seguir enviando más flores. Sonrió ante eso y se levantó
para buscar tinta y papel. Se dedicó a escribir un par de horas, hasta que obtuvo algo que le
agradó lo suficiente:

Estimado Harry

No miento ni es una exageración de mi parte el decir que fue un placer leer que me permites
usar tu nombre. Me hace indudablemente feliz porque entiendo que tu aversión hacía mí
quizás no sea tan grande como temía. Sé que no tengo un lugar tan siquiera en tu
consideración, pero prometo que me esforzaré para lograrlo; pues con las pocas líneas que
hemos compartido me he dado cuenta que eres un ser especial.

He de decir que comprendo la situación que lo llevó a tener aquella actitud durante la
pasada cena pues, aunque quizás mi situación no pueda compararse con el yugo que llevan
los omegas sobre sus espaldas a la hora de no poder elegir a su pareja, puedo decir que he
estado en algunas situaciones en donde una fuerza externa no me permite expresarme con
completa libertad. Por lo que no tiene absolutamente nada por lo cual disculparse respecto a
esta situación.

Esta es la parte más especial de la que quería hablar, por lo que no dilataré más mis ansias.
No se si ha sido el destino o la vida misma —y yo como poeta no podría decidir—, pero entre
los poetas que menciona tu carta anterior como mejor elección que Shakespeare se
encuentra uno de mis favoritos, por no decir que se encuentra uno de los que marcó la mayor
inspiración en mí, y no sabes la sensación agradable que me inundó. Te iba a escribir en este
mismo párrafo quién era pero, jugando a tú mismo juego, dejaré que intentes adivinar quién
es de entre los tres nombres. Como única pista te diré que puedes guiarte de la forma en que
he escrito todas mis cartas, incluida la fallida primera misiva.

Eso me hace recordar que en tu juego de la flor favorita no me diste ninguna pista, y aunque
tengo un par de presentimientos acerca de cuales podría eliminar, siguen siendo demasiadas
opciones, y te conozco muy poco. Es por esto que entre estas letras ruego, o por alguna pista
o, en mayor medida, por que me escribas un poco más de tí de lo que quizás yo tenga
derecho a preguntarte. No pienses que me he propasado con esta petición, mi querido Harry,
pues no pido nada indecoroso ni que sobrepase tus límites. Solo quiero que me abras un poco
más tu alma, que me relates algo que quizás no le hayas contado a nadie.

Pensarás quizás que pido demasiado y no ofrezco nada, y como caballero que soy frente a un
omega de tu estatus, me pondré a tu disposición con una oferta: hazme la pregunta que
desees. No habrá límites en lo que quieras preguntar, te responderé sin dudar y sin ocultar la
verdad.

Me despediré diciendo que no intentaré adivinar la flor que te gusta, pues sé que fallaría.
Pero por lo menos dime si estoy en lo correcto al decir que no te gustan las rosas, ¿cierto?

Me despido de ti de forma ansiosa.

Severus dejó la carta sobre la mesa, leyéndola en busca de cualquier desperfecto, y se secó
las manos sudadas en el pantalón, preocupado por arruinar el papel que enviaría en poco
tiempo a la casa de los Potter junto a un ramo con cinco girasoles seleccionados por él
mismo.
Cuando el sirviente abandonó la mansión con la carta y las flores, faltaban diez minutos para
las tres. El ama de llaves le preguntó amablemente si deseaba tomar el té, y Severus le dijo
que preferiría tomarlo un poco más tarde, con la esperanza interiorizada de que Harry le
enviaría una respuesta en corto tiempo, y que podría leerla mientras disfrutaba de una taza de
té.

Mientras tanto, caminó por los alrededores de la mansión, como una forma poco efectiva de
no pensar en la posible respuesta del omega. En un momento se acercó a los establos, con la
idea de que ver un poco a los caballos podría distraerle. El pequeño establo de la mansión
estaba en la parte trasera, siendo más que nada un simple cobertizo acomodado para los
caballos. Severus se fijó, gracias a su atención a los detalles, que la cerca que encerraba la
mansión, por detrás del cobertizo, tenía un desperfecto que cedería ante el más mínimo golpe,
y pensó que lo mejor sería comentarlo con Riddle antes de que algún bandido se percatara de
aquello y decidiera robar el coche y los caballos durante horas nocturnas.
Capitulo 3

Capítulo 3.

El sirviente llegó a la casa Potter unos veinte minutos pasadas las tres de la tarde y se anunció
proveniente de la casa Voldemort. Los sirvientes de la casa Potter recibieron los recados sin
demora, y le hicieron llegar tanto las flores como la carta a Hermione para que ésta se la
entregara al verdadero receptor. La joven sonrió con el grato pensamiento de que quizás Lord
Riddle sería el indicado para su joven amo, y se dirigió sin demora al jardín trasero, donde
Harry se encontraba leyendo.

Harry intentó ocultar su sonrisa al ver a su amiga acercarse con las flores y el sobre, pero
falló. Volvieron a sentarse detrás del árbol, igual que la vez anterior; pues el gran tronco les
permitía cierta privacidad de las miradas que pudiesen venir del interior de la mansión. Harry
tampoco pudo ocultar el gusto que le llenó aquellas líneas y, apoyado por Hermione, volvió a
leerlas. Su amiga había sido previsora y llevó consigo un botecito de tinta y hojas para que él
pudiera contestar de forma rápida si así deseaba. Así que, apoyado en el libro que había
estado leyendo, mordió su labio inferior, y empezó a escribir.

La respuesta del joven Potter llegó a la mansión Voldemort un cuarto para las siete de la
noche; y Severus ordenó que le llevaran el té a la biblioteca y que no le interrumpieran en lo
que quedara de la noche. Riddle aún no había llegado, y muy seguramente se aparecería a
horas de la madrugada o cuando empezara el amanecer al día siguiente, lo que le otorgaba
tranquilidad y paz para leer y responder.

Encendió la chimenea pues la noche empezaba a refrescar, y se hundió en el sillón para


empezar a leer.

Mi estimado Lord

Mi deseo fue el de enviar mi respuesta lo más pronto posible, pero su pequeña adivinanza me
ha puesto a pensar durante casi dos horas acerca de mi posible respuesta. Creo que tengo la
solución y, a riesgo de equivocarme, podría decir que se trata de Oscar Wilde. ¿Estoy en lo
correcto? De ser así déjeme decirle que tiene usted un excelente gusto y, si algún día entre
los dos surge alguna cercanía, me placería compartir con su persona algún pasaje de mi
historia favorita “La importancia de llamarse Ernesto”. Con respecto a un tema que va por
estos rumbos, no pude evitar notar que se refirió a su persona como poeta y, de lo poco que
me comentó mi padre, entendí que usted era más inclinado a los negocios.

Desmenuzando el cuarto párrafo de su carta no puedo saber del todo si sus intenciones son
realmente limpias o no. Aunque sabiendo que usted es un alfa, podría decir que sus
propósitos para con esa petición no están del todo limpios. De todas formas, debo admitir
que no estoy en contra de su pedido, aunque, sépalo bien, quizás después de que sepa un
poco más de mi yo deje de parecerle interesante. Eso lo sé bastante bien pues es lo que ha
sucedido con un par de Lores que me pretendieron un tiempo atrás. Los cuales, en sus
palabras, no podían soportar un omega con ínfulas de alfa.

Me ha quedado una duda, ha escrito que se han presentado ciertas adversidades externas
que no le permiten expresarse completamente. ¿Sería muy grosero si le pidiera que me
contara la historia acerca de eso? No es necesario si de alguna forma se siente incómodo,
pero mi curiosidad me hace imposible no preguntar. Lo que mas llama mi atención es que,
siendo usted un alfa, y más de su clase, no debería tener demasiados obstáculos en su
camino que le impidieran cumplir lo que desea. Quizás mis palabras parecen pretenciosas, y
puede pensar que no simpatizo con el dolor ajeno, o que creo que solo yo puedo sufrir; así
que le ruego no piense eso.

Acerca del pequeño juego de las flores y su petición de alguna pista, se la daré.

Se despide de usted, Harry.

Severus sonrió al hecho de que Harry había acertado, y pensó que debía ser quizás otra broma
del destino el hecho de que ambos tuvieran el mismo libro favorito.

Siete cartas más habían sido enviadas entre ellos. cuatro de parte de Severus —bajo el
nombre de Lord Voldemort— y tres de Harry. En aquellas misivas hablaron de trivialidades
que, sin saberlo para ambos, poseían más peso de lo que ninguno de los dos pudo
comprender. En pocas líneas Harry le había dado una pista a Severus acerca de sus flores
favoritas, creyendo que, aún con la pista, al “Lord” se le haría difícil adivinar. Pero el beta,
con un amplio conocimiento de flores, hierbas y con sus conocimientos literarios, no tuvo
problemas en saber que la pista de Harry hacía referencia al amor de madre, a la humildad y
buen corazón que tenía Lady Evans. Y logró darse cuenta que se refería a las lilas púrpuras.
De igual forma consiguió salvarse del desliz que cometió cuando se refirió a sí mismo como
poeta. Le comentó que aquella era una faceta más bien privada de la que nadie sabía, pues
prefería que aquella pasión solo fuera conocida por sus más allegados. Asimismo —y
utilizando verdades disfrazadas— se desahogó de algún modo acerca del punto que decía que
una fuerza mayor no le dejaba expresarse con libertad. Por supuesto nunca mencionó su
condición de beta, pues Riddle era un alfa, pero logró hacer entender su frustración, y se
percató de que contarle a alguien el enojo que sentía por su casta era algo que nunca había
hecho, pero que necesitaba.

Por su parte, Harry se alegró de que por fin un alfa era capaz de hablarle más allá de lo
perfecto que serían juntos y los hermosos hijos que tendrían. Era como si los alfas de las altas
castas considerarán a los omegas una especie sin nada que conversar más allá del deseo de la
producción de la descendencia. Pero, por lo poco que habían hablado, sentía que “Lord
Voldemort” le hablaba más bien como un igual. Incluso pareció ser más que comprensivo con
respecto a la forma en la que se sentía menospreciado solo por ser un omega.

Por primera vez en su vida sintió ganas de conversar con un alfa.

Harry envió otra carta alrededor de las seis y media aquel viernes, sabiendo que,
lamentablemente, Lord Voldemort se tardaría hasta el día siguiente para enviarle alguna
contestación. De todas formas controló una cierta emoción que estaba comenzando a sentir
en su pecho, y pasó lo que quedó de la noche conversando con Hermione acerca del día
siguiente. Se durmió bastante temprano y, aunque no quiso, terminó soñando con Lord
Voldemort.

Aquella mañana de sábado el sol brillaba con hermosura, calentando suavemente con sus
rayos todo lo que podía alcanzar. El joven Potter y su compañera ya estaban alistados y
esperaban tan solo las indicaciones del cochero de la mansión, que preparaba los caballos.

Harry Potter, debido a su calidad de omega y a la alta clase a la que pertenecía, solo estaba
autorizado a abandonar la mansión los sábados en la mañana, cuando podía dar una paseo en
carruaje siempre acompañado de su dama de compañía, y bajo la atenta vigilancia del
cochero; el cual no podía permitir que los jóvenes bajaran del medio de transporte, pues sería
indecoroso que cualquier beta o alfa se acercara a hablar al joven omega.

Aunque Harry deseaba con todas sus fuerzas poder dar un paseo a sus anchas, la autoridad de
su padre se lo impedía. Una vez incluso intentó engañar al cochero y salir sin la supervisión
de Hermione, pero terminó castigado y sin poder ver el exterior por casi tres meses.
Cuando el cochero anunció que el carruaje estaba listo ambos jóvenes subieron y se
acomodaron uno frente al otro, como siempre hacían. Las puertas de la mansión se abrieron y
Harry pudo disfrutar de todo lo que no había podido ver en aquella semana a través de la
ventana del coche. Aunque las casas eran las mismas, las personas eran las mismas, y las
tiendas también, él siempre lo veía como si fuese la primera vez. Hermione, quien podía salir
de la mansión entre semanas, solía contarle las novedades que había visto mientras se
encargaba de comprar los encargos de su joven amo. Pero para él no era lo mismo el
escucharlo que poder verlo con sus propios ojos.

La mansión Potter estaba alejada de las calles principales, así que mientras más avanzaban,
más cosas se asomaban ante ellos; y pronto se acercaron a su parte favorita: La calle Diagon.
La calle era más bien el centro de todo el movimiento, con las tiendas siempre abarrotadas y
las personas yendo y viendo sin parar. Era en aquella calle también donde se asentaban los
circos ambulantes o los vendedores de paso antes de continuar a otros poblados y ciudades.

En aquel momento quienes ocupaban aquel espacio era una gran familia de vendedores de
todo tipo de cosas inimaginables. Desde comida con recetas que nadie por esos lados
utilizaba, hasta artilugios para niños y adultos. Tenían una carpa colorida que acaparaba gran
parte de la atención ubicada casi al final de la calle. El letrero rezaba “La gran familia
Weasley”.

Haciéndole honor a su nombre, no tenían más miembros que los que componían su propia
familia, pero ellos eran bastante numerosos. El Patriarca Arthur Weasley y su trabajadora
esposa Molly Weasley tenían seis hijos y una pequeña niña que a sus pocos trece años ya
demostraba excelentes habilidades en la venta de cualquier artilugio. El mayor, Bill, estaba
casado con una joven francesa, y tenía dos pequeños de cuatro y cinco años, quienes estaban
aprendiendo los gajes del oficio familiar. Charlie también estaba casado y a la espera de su
retoño. Percy, el tercer hijo del matrimonio, alegaba que el amor obnubilaba el juicio, y
dedicaba todo su tiempo a administrar las finanzas, diciendo que no necesitaba distraerse con
nada más. Los gemelos Fred y George siempre estaban inventando nuevos artilugios para
demostrar y vender, por lo que tampoco buscaban ningún amor con el cual distraerse. Pero el
último de los hijos varones, Ron, un alfa que acababa de cumplir los diecinueve años, tenía a
toda su familia asfixiada hablándoles acerca de la omega más hermosa que había visto en su
existencia. Una joven que trabajaba en una de las familias de más alto nivel social: Hermione
Granger.

Se habían conocido cuando la familia Weasley tenía pocos días de haber llegado al pueblo, y
Hermione había salido a comprar un libro para Harry en Flourish y Blotts, una librería cerca
de donde ellos habían instalado su carpa. La conexión entre ambos fue casi instantánea, y
Ron no pudo evitar acercarse a la joven, que se había puesto colorada de inmediato ante el
acercamiento de tan descarado alfa. El primer encuentro duró poco, pues Hermione había
salido casi a las carreras del lugar. Después de eso, Ron esperaba a cada minuto de su día
cuando la joven saliera a hacer algún recado, y poder admirarla por lo menos en la lejanía, o
quizás entregarle una rosa y expresarle que su belleza le tenía enloquecido y que su vida
estaba destinada a ser para ella; para luego alejarse de forma respetuosa.

Cuando el coche en el que iban pasó cerca de la carpa, Harry le pidió al cochero que
detuviera un momento el carruaje al otro lado de la calle, para que así ellos pudiesen ver un
poco de lo que ocurría. El cochero obedeció, pero tuvo a bien recordarle que no debían
ninguno de los dos salir del coche.

La carpa de los Weasley se mostraba ajetreada, pues un grupo de personas se amontonaban a


ver lo que ofrecían y sí estos tenían algo nuevo para mostrar. De aquella familia tan solo se
veían a los hermanos gemelos, a Percy y a la pequeña niña, que ofertaban todo lo que tenían
en una mesa que habían colocado fuera.

Harry captó rápidamente la mirada de Hermione, que buscaba sin querer delatarse al menor
de los varones.

—Quizás al que buscas esté ocupado dentro.

Hermione giró rápidamente el rostro para ver a su amo, y enrojeció al sentirse descubierta.

—No… no busco a nadie.

—¿Acaso crees que no lo se? Puede que intentes disimular, pero cuando paseamos juntos
cerca de la carpa, puedo ver que el joven alfa se queda pendiente de nuestro carruaje.
Además, siempre llegas sonrojada luego de que sales sola.

La joven no sabía si podía enrojecer aún más de la vergüenza, y agachó la mirada hacia sus
faldas.

—Es solo un joven agradable.

—¿Solo eso?

—Hemos charlado. Muy poco, he de decir. No más de lo que el decoro permite.

—¿Y?

Hermione se aclaró la garganta, pero no levantó la vista, como si la falda de su vestido fuera
lo más interesante de la vida.

—Me tomó la mano y me expresó que jamás en su vida se había enamorado de tal manera de
alguien. Y dijo que si así yo lo pedía, en aquel momento podía dejar todo lo que poseía y
arrastrarse detrás de mí por el resto de mi existencia. ¿Puede usted creerlo?

Harry tuvo que hacer un esfuerzo para evitar que la sonrisa que se escapaba de sus labios se
convirtiese en carcajada.

—¿No te gustaría?

La joven mordió su labio inferior por un momento, y levantó el rostro con dirección a la
ventanilla del carruaje, para volver a ver la carpa. Aún no había rastro de Ron Weasley. Su
expresión cambió ligeramente; ya no se veía avergonzada, Harry notó que más bien se notaba
resignada.
—Cuando una omega o un beta se vuelve acompañante de alguien de alta clase, lo hace para
toda la vida.

—Sabes que no estás atada a mi. El día que digas que seguirás a tu corazón, te apoyaré. Mis
ojos se llenarán de lágrimas ante tu partida, pero indudablemente sabré que serás feliz con tu
persona escogida.

La joven negó fervorosamente, como si lo que decía el omega fueran desvaríos.

—Imposible, señorito Harry. Lord Potter fue muy amable al darme este trabajo después de
que mis padres fallecieron. —Hizo un ligera pausa, recordando con una mezcla de nostalgia y
dolor la esencia de sus padres—. Me salvó de todos los peligros que un omega puede
enfrentar al quedarse desamparado en un mundo tan vil. Eso me hace irremediablemente
devota a su hogar.

Harry mordió su labio inferior. Sabía que era verdad lo que la joven decía, pero de todas
formas no sentía que el agradecimiento debiera ser mas largo que la propia vida.

Giraron la mirada justo a tiempo para ver que de la tienda salía un apurado Ronald Weasley,
como si se le hiciese tarde para un evento importante. Y, en efecto, se le había hecho tarde
para la salida habitual de la joven Hermione junto con su amo, pues él había tomado
conciencia de las salidas sabatinas, y siempre intentaba fijar su mirada en el coche y lograr
ver uno de aquellos rizos castaños.

—Recuerda que a quien le debemos más lealtad es a nosotros mismos. Además, creo que es
posible que los Weasley se hayan quedado más tiempo por petición de su hijo menor, pues
sabes tan bien como yo que los ambulantes no suelen estar tanto tiempo en un lugar. Deberías
considerar eso como un acto de devoción de igual forma.

El silencio los envolvió a ambos por un momento, y el cochero les informó que continuaría.
El paseo duró un poco más de media hora, antes de que regresaran a la mansión. Cuando
volvieron para la hora de la comida, se encontraron con que había llegado una carta junto con
unos lirios mientras estaban fuera. Harry contuvo las ganas de leer la misiva, pues prefirió
actuar normal frente a su padre y no mostrar sus ansias. Si le hacía saber de alguna forma que
sentía una pizca de emoción al tener noticias de Lord Voldemort, no dudaría en casarlo lo
más pronto posible por temor a que aquella pasión se esfumara. Y, en pensar de Harry, le
gustaría saber un poco más del Lord antes de que aquello ocurriera. Aunque, debía admitirse
a sí mismo, la idea de estar junto al Lord no le parecía tan mala.

De todas formas alejó aquellos pensamientos de su mente, y se dispuso a leer la misiva en la


comodidad de su habitación junto a su amiga. Hermione ya le había dicho que no necesitaba
leer las cartas junto a ella, pues entendía que él podía necesitar un poco de privacidad. Pero
Harry, queriendo hacerse el desentendido con la realidad, le decía que no sentía
absolutamente nada por aquel alfa, y que solo continuaba con la mensajería por obligación
con su padre; por lo que no sentía necesidad de tener privacidad.

Dejó los lirios a un lado y se enfocó en la carta, rompiendo el sello de la casa Voldemort.
Estimado Harry,

He de decir que nunca antes he sentido tanto el deseo, o la necesidad, de hablar con alguien
como me sucede con tu persona.

Utilizaste el permiso de preguntar cualquier cosa que desearás que te concedí en mi primera
carta, y decidiste preguntarme qué elegiría si pudiera elegir cualquier cosa en la vida. A
decir verdad no necesito pensarlo demasiado: ser profesor de literatura. Por datos que he
mencionado en mis cartas anteriores, sabrás lo mucho que amo la poesía, la literatura, las
letras… Siempre, de alguna forma, he soñado con ser quien enseñe a las siguientes
generaciones lo que un día yo aprendí. Por cuestiones de la vida y azares del destino ese
sueño no se me ha cumplido, todavía. Pero espero el día…

La misiva se extendió unos cuatro párrafos más y, como se le estaba haciendo costumbre,
Harry la releyó un par de veces más antes de contestar. Sin darse cuenta la conexión que
creaba con Lord Voldemort se hacía más fuerte, tanto, que ya no se le hacía difícil sincerarse
con él, ni contarle cosas que guardaba en su corazón.

Incluso, aún en contra de la pureza de su educación y de su negativa aun ferviente de


enamorarse, se imaginó aquella tarde que besaba los labios del alfa.
Capítulo 4
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Capítulo 4

Aquel martes a las nueve de la mañana, casi tres semanas desde el inicio de todo y treinta y
dos cartas compartidas entre ambos, llegó otra misiva de parte de Harry. Cuando el mensajero
llegó a la casa Voldemort se dirigió de forma rápida hacia el beta, el cual esperaba con ansias
en el jardín. Le tendió el sobre a Snape y se marchó, dejándole solo. Severus dudó por un
segundo en sí abrir aquella misiva de inmediato, pero sintió que el sobre estaba más abultado
que de costumbre y su curiosidad le ganó; así que decidió moverse hacia la biblioteca, donde
podría estar lejos de ojos curiosos.

Estaba tan ansioso que ni siquiera tomó asiento en el mullido sillón antes de romper el sello
de cera. Dentro del sobre estaba la tan esperada carta, pero tambien un trozo de tela de color
verde esmeralda, que parecía quizas un pañuelo. Tomó el papel con presteza, desesperado por
leer lo que le había escrito el omega. La carta, a diferencia de las anteriores, no era tan
extensa. Sus misivas recientes llegaban incluso a las cuatro hojas, incapaces de controlar todo
lo querían decirse el uno al otro.

Querido Lord…

¿Cómo puede usted hacerme reír con tanta facilidad a través de las cartas? No puedo
expresar cómo me siento a veces cuando le leo, pero puedo decirle que cierro los ojos, y le
imagino junto a mí, contándome con su voz lo que me escribe en estas líneas.

No, realmente nunca me he interesado en la botánica ni en las plantas ni en las medicinas


derivadas. No es que me disguste ese tema, quizás es solo que no he tenido un estímulo que
me haga querer saber más de eso. Pero por su carta, Lord, pude entender que es usted gran
conocedor de esos menesteres. ¿Se escucharía atrevido de mi parte el pedir que me muestre
algún día? Espero no sonar indecoroso con esa petición, pues incluso la vergüenza llegó a
mis mejillas en un tono carmesí tan solo al escribir esto.

Usted no sabe, Lord, lo que ha provocado en mí. Al inicio pensé que usted era uno más de
esos alfas con la cabeza vacía y sin un verdadero sentimiento hacía mí más allá de ser quien
cargue a sus hijos. Pero usted es… diferente. Me siento como un igual a su lado y, no le
mentiré, nunca había sentido nada igual anteriormente.

Es verdad que al principio mis renuncias no me permitieron tan siquiera tenerle un poco de
conmiseración; ahora me apena decir que tiene un espacio en mi corazón. Es por esto que le
envió un presente junto con estas letras. No es mucho, y en nada se compara a las hermosas
flores que me ha mandado.
Con inmenso cariño…Harry.

Severus volvió a tomar el sobre y sacó el pañuelo con ambas manos, viéndolo con adoración,
y lo acercó delicadamente a su rostro, aspirando el aroma del omega. Harry había
impregnado sus feromonas en aquel trozo de tela. Si bien los betas no tenían la capacidad de
emitir algún aroma característico debido a la falta de feromonas, podían perfectamente
percibir el de otras castas. El aroma de Harry era dulce y fuerte: canela. Pensó que
exactamente así era la personalidad de Harry, dulce y fuerte.

Tuvo que sentarse en el sillón cuando sintió sus piernas temblar. Se sentía el ser más especial
del mundo al poder disfrutar de la esencia del omega, y al mismo tiempo se sentía el ser más
miserable. El era un beta, no un alfa, por lo que no tenía feromonas. En ese sentido jamás
podría impregnar al omega con su aroma.

—¿Pero qué estoy pensando?—se dijo más que que sorprendido por el curso que tomaron sus
pensamientos.— ¿Impregnarlo? Él no es mi omega, ni nunca lo será. Él es… yo soy…

Ni siquiera había sido por él que Harry le había enviado aquello. No. Harry le había enviado
aquel regalo al apuesto Lord Voldemort. O por lo menos, a la idea romántica que el omega
tenía del Lord. Se recostó mejor en el sillón de forma pesada, sintiendo un desasosiego
envolverlo por completo. Apretó entre sus manos el delicado pañuelo, y se sintió febril ante
la avalancha de pensamientos que lo embargaron.

—¿Cómo he podido llegar a este punto?

Después de acariciar la fina tela entre sus dedos con devoción por un momento, decidió
guardarlo en el bolsillo interior de su traje, cerca de su corazón.

Volvió a leer la carta y se apresuró hacia el escritorio por tinta y papel. Esta vez quería
escribirle algo especial a Harry, algo con lo cual agradecer el regalo que le había enviado.
Pensó que lo mejor era escribirle algo que deseaba desde hacía casi veinte cartas atrás, pero
de lo que no se había atrevido: un poema de su autoría. Escrito tan solamente con lo que el
omega le hacía sentir a través de las cartas pues, aunque no le había visto jamás, sentía que le
conocía desde toda la vida.

…………………………………………..

La carta llegó a la mansión Potter a eso de las cuatro de la tarde. En aquel momento
Hermione se encontraba fuera de la mansión haciendo encargos de Harry. Como otras veces,
había pensado esperar su llegada para leer la carta a su lado, pero no podía negar que estaba
ansioso y nervioso. Decidió encerrarse en sus habitaciones y revisar la misiva, pues después
podría leerla junto a ella más tarde.

Sus ansias y nervios se debían por el pañuelo de color verde que había enviado con su aroma
personal. Puesto que sus otros cortejos con los alfas anteriores habían sido rápidos y
descorteses, nunca había impregnado ninguna carta ni obsequio para ningún alfa. Por lo que
estaba avergonzado, sin saber si al Lord le gustaría o no.
Hacer aquello le resultó sencillo. Los omegas, para liberar sus feromonas, necesitan
pensamientos felices, sentirse seguros. Aquella era una diferencia bastante notoria con los
alfas, que solían liberarlas en momentos de tensión o cuando necesitaban hacerse sentir,
como en batallas o cortejos. Harry solo necesitó cerrar los ojos e imaginarse que el Lord le
contaba con su voz todo lo que le escribía en las cartas, y eso le hizo sentirse tanto feliz como
seguro. Frotó el pañuelo ligeramente en su cuello y lo guardó con manos temblorosas dentro
del sobre. Aquella acción le hizo darse cuenta que por primera vez un alfa le hacía sentir
débil; débil y enamorado.

Alejó esos pensamientos vergonzosos de su mente, diciendose así mismo que no debía actuar
de forma tan absurda, y se concentró en leer la respuesta del Lord.

Querido Harry….

Me duele en el alma que este trozo de papel no pueda contener todas las emociones que
siento en este momento. Dices que el pañuelo no es mucho pero, con todo el respeto que tu
persona se merece, debo negar esa afirmación. Más que mucho tú presente significó la vida
para mí, pues eso me da a entender que por fin he logrado el espacio en tu corazón que casi
no obtengo debido a mi primer y catastrófico acercamiento.

Tu aroma es, sin temor a exagerar, el más dulce y encantador que he podido conocer. No
sabes el deseo que tuve de tenerte entre mis brazos y poder aspirar de primera mano tu
fragancia. ¿Me he propasado? Espero no ofenderte ni sonar descarado ante esta
declaración, pero es algo que no puedo evitar. Incluso, el hecho de sentirme querido por tí,
aunque sea de forma minúscula, llenó tanto mi corazón de alegría, que no pude evitar
escribirte un poema.

Se que hasta ahora solo he compartido poemas ajenos contigo, y no es por que no me hayas
inspirado escribirte alguno. Es más bien por que consideré que sería indecoroso de mi parte
utilizarte como musa, como mi numen; pues no sabía si me estaba permitido. Pero ahora,
siento que si no comparto esta vez mi pensar, podría morir de la angustia; por lo que he
decidido atreverme a plasmar aquí las líneas que he escrito pensando en tí.

Oh, amor mio,

El sentimiento que me inunda es solo uno: ansiedad.

Ansiedad, de tenerte en mis brazos

Musitando... palabras de amor.

Ansiedad, de tener tus encantos

Y en la boca, poderte besar.

Oh, hermoso mio, no sabes cuanto he llorado.

Mis lágrimas son perlas que caen al mar


Y el eco adormecido, de este lamento

Hace que esté presente en mi soñar.

Quizás estés llorando tan solo al pensarme,

Y estreches mi retrato con frenesí

Y hasta tu oído llegue la melodía salvaje

Y el eco de mi pena de estar sin ti.*

Es algo corto, pues se que sí me dejo llevar por el sentimiento podría escribir mil páginas; y
aún así no terminaría de expresar lo que me haces sentir.

Por ahora, me despido. Pues mi cabeza y mi alma están llenas de una inmensidad de
emociones y sensaciones que me harían escribir cosas que puedan resultar indecorosas para
un omega como tu.

Con todo mi amor…

Mordía su labio inferior a medida que iba leyendo, sintiendo su pecho hincharse de emoción
a cada letra. Suspiró, recostandose en la cama y volvió a leer el poema que el Lord había
compuesto tan solo para él. Se lo aprendería de memoria en poco tiempo.

………………………………………….

Lord Riddle Voldemort arribó a su mansión a eso de las cinco de la tarde. Atravesó la verja
de entrada y caminó por sus jardines delanteros de forma pausada, admirando el buen trabajo
que hacían sus jardineros. En eso, sintió que a su espalda caminaba alguien a paso veloz, casi
alcanzandolo. Giró el rostro y descubrió a un muchacho flaco, con pecas en la cara y el pelo
corto rizado. El joven le hizo una reverencia cuando el Lord le vio y supo que el muchacho
fungía como mensajero.

Le hizo señas de que podría levantarse y a su mente llegó una pregunta. Había estado
pensando en el omega al que iba a desposar. Siendo sincero, no le interesaba para nada saber
el proceso de la conquista del omega, solo esperaba los resultados. Se había imaginado que
Severus le tendría buenas noticias un par de días antes, pero sabiendo lo cohibidos y
pudorosos que solían ser los omegas, no se sorprendió que tomara tanto tiempo. Seguramente
el joven Potter se cohibiría un poco de responder cartas para no lucir desvergonzado, por lo
que le tomaría más tiempo a Snape enamorarlo. De todas formas estaba dispuesto a
preguntarle al hombre como avanzaban las cosas pero, ya que tenía al mensajero delante,
podría darse un adelanto.

—¿Eres tú quien ha estado llevando la correspondencia a la mansión de los Potter?


El joven asintió de forma larga, casi reverenciando nuevamente.

—¿Cuántas veces has ido?

—Veintiún veces, señor.

¡Veintiún veces! Riddle se sorprendió de forma increíble ante ese número. Pues suponía que
si Severus había enviado unas veintidós cartas, Harry habría tenido que responder con una
cantidad similar. Voldemort pensó que aquello era un número más que aceptable. ¿Por qué
entonces Severus no le daba información del avance? Era imposible que en alrededor de
cuarenta y dos cartas en tres semanas no hubiese surgido alguna forma de cariño por parte del
menor, por lo que era preciso continuar más allá de las simples cartas.

……………………………………………

Una sensación de desasosiego se apoderó de Severus cuando, alrededor de las siete de la


noche, se reunió con Lord Voldemort para la cena. Algo parecía haber cambiado en el
ambiente que les rodeaba, aunque fuese de forma susceptible. Sintió que el Lord lo miraba de
forma mas apremiante que de costumbre cuando le dirigía la palabra, pero se obligó a sí
mismo a entender que aquello debía de ser su imaginación. De todas formas, Riddle no tocó
el tema de Harry, sino que la poca conversación que sostuvieron se centró en cuestiones de
negocios superfluas, pero a Severus le pareció en todo momento que el alfa quería hablar de
otra cosa.

Tan pronto terminó de comer, el alfa se levantó con rapidez, limpiándose la boca de forma
tosca con una servilleta, y exclamó que deseaba reunirse con él en el estudio para tomar el té
y discutir algo importante. Severus contestó escuetamente y vio partir al dueño del hogar con
dirección al salón. No había comido demasiado, pues la sensación de que algo andaba mal le
quitó el apetito.

No tardó mucho tiempo en seguirlo y, para cuando llegó, el Lord ya estaba en la misma
posición en el diván que aquel día cuando reclamó su presencia y le habló de Harry por
primera vez. La diferencia radicaba en que esta vez no fumaba. Le hizo una seña para que se
sentara y Severus lo hizo, expectante.

La pregunta que Severus tanto temía desde que sus sentimientos fueron innegables salió de
los labios del Lord sin vacilación.

—¿Cómo van las cartas?

El silencio se hizo presente por unos pocos segundos, pero Snape sabía que debía mantener
su compostura y responder.

—Aun no creo que esté listo.

—¿No crees que ha sido ya suficiente tiempo?

—Cortejar un omega no se hace de la noche a la mañana.


—Hice unos cálculos a partir de mi charla con mi mensajero hace unas pocas horas. Me
parece que si han compartido cerca de cuarenta cartas Harry está más que listo. No creo que
pueda esperar mucho más, Severus. Realmente me urge casarme y procrear a mi hijo lo más
pronto posible.

Sin que Riddle lo notara había hecho enfurecer a Severus. Tan solo el pensamiento de Harry
siendo desposado y tocado por otro hombre le hizo sentir un rencor y un deseo de posesión
que no pensó posible por su categoría de beta. Una de las características de su casta era que
no sentían un deseo de pertenencia por sus parejas de forma tan voraz y agresiva como los
alfas debido a sus hormonas. O, por lo menos, eso era lo que se decía.

Quiso decir algo más, pero en un deseo maligno del destino, uno de los sirvientes del Lord
tocó la puerta del estudio y entró al escuchar el permiso. Las manos de Severus sudaban
mientras veía al beta abrirse camino a través de la habitación con una carta en la mano. El
joven decidió, por obvias razones, entregarle la misiva a Lord Voldemort, y este la tomó con
una sonrisa.

—Justo a tiempo. —dijo el Lord. Rompió el sello con rapidez y se aclaró la garganta: —
Leeré esta yo mismo.

—Siempre has dicho que no te interesan estas cuestiones.—Sus dientes chillaban de lo


apretados que estaban— Que prefieres pasar tu tiempo en cosas mas importantes.

—Siento… curiosidad.

El Lord leyó la carta bajo la atenta mirada de Severus, que no podía hacer nada más que
esperar y observar.

Querido Lord.

Le he contado a mi dama de compañía la historia de su carta anterior y ella ha concordado


conmigo en que tiene usted un excelente humor sarcástico. Hemos tardado unos cuantos
minutos en entender, pero después nos ha causado tanta risa, que estuvimos a punto de
quedarnos sin aliento por un segundo.

Por lo otro, no necesitaba agradecerme de forma tan efusiva en cada carta que envia, pues
fue un placer para mí el enviarle ese presente. Como le dije, aquel pañuelo es solo un
pequeño agradecimiento por todas las hermosas flores que me ha enviado usted. Incluso
llegué a pensar que podría llegar a hacer mi propio jardín tan solo con los ramilletes que me
ha enviado.

Acerca del poema….

El Lord dejó de leer, sin importarle perderse los siguientes tres párrafos de la misiva. Giró el
rostro hacia Severus, levantando una ceja en su dirección. El deseo del beta había sido el de
saltar encima del Lord y arrebatarle la carta que tenía entre manos, pues todo su interior
gritaba que esa carta no le pertenecía a Riddle, sino a él.

—¿Un pañuelo? No me dijiste que mi omega me había enviado un pañuelo.

Sintió el sabor a bilis en la boca mientras apretaba los puños al escuchar como se había
referido a Harry diciendo “mi omega”. Debía controlarse, pues aún si no tenía los “instintos”
alfas, su furia podría ser demasiado notoria.

—No creí que fuera necesario. Sé lo poco que te interesan esos detalles tan nimios.

Lord Voldemort no respondió en los siguientes segundos, posando una larga y escrupulosa
mirada sobre su amigo antes de aclarar su garganta.

—Tienes razón mi estimado amigo, tienes toda la razón. Pero tengo curiosidad de saber que
hiciste con el pañuelo.

—Lo lancé a la chimenea, pues no le encontré más uso, a decir verdad.

Aquel pañuelo que llevaba consigo desde que lo recibió se hizo pesado en su bolsillo
mientras mentía de forma descarada. Incluso sintió que el perfume del pañuelo se extendía a
través del salón, delatandolo con Lord Voldemort. Pero el alfa no pareció percibir ningún olor
diferente, ni pareció dudar de aquella excusa, por lo que Severus intentó mantener la calma
para no delatarse a sí mismo con sus pensamientos absurdos.

—Yo tampoco le habría encontrado más uso que destruirlo. —Admitió Riddle, haciendo un
ademán hacía la chimenea. Perdió la vista por un momento a través de la ventana, en
dirección al jardín; aunque no logró ver demasiado debido a la oscuridad. —Aun así,
Severus, tu deber era entregarme cualquier cosa que te envíe mi omega.

Nuevamente aquella demarcación de territorio le hizo rabiar, pero se controló lo mejor que
pudo, queriendo salir del salón lo más pronto posible; queriendo alejarse de Riddle. Se
levantó haciendo un asentimiento, indicando que se retiraría a sus habitaciones si ya no era
necesitado. Caminó a paso decidido hacía la puerta pero, cuando estaba a mitad del salón, las
palabras del Lord le hicieron girarse con rapidez.

—Además, Snape, el contenido de la carta me da a entender que el omega está más


enamorado de lo que tú crees; y eso me basta. Iré mañana en la noche, luego de concluir unos
pendientes, a la casa Potter para pedir su mano formalmente.

—¿Estás seguro de esto?—su voz sonaba vacilante, asustada, como nunca antes en su vida—
No creo que él esté listo.

Riddle se puso de pie acercándose a un pequeño bar dentro de su estudio. Retiró el tapón de
cristal de uno de sus licores más finos, y vertió una buena cantidad en un vaso cercano.

—Yo sí lo creo. Y, además, deseo que vengas conmigo en calidad de testigo. Después de todo
mi petición de mañana será dada gracias a ti.
La sonrisa del Lord, aunque sincera, le envolvió con nervios y desagrado. El pensamiento de
que le estaba entregando a Harry en bandeja de plata le dio nauseas, y el olor del alcohol que
el otro había vertido las incrementó aún más. Se disculpó con el Lord diciendo que se retiraba
a sus habitaciones a descansar y volvió a emprender la salida de aquel salón.

Ignoró a la servidumbre que pasó a su lado de camino a su habitación debido al mar de


pensamientos que desfilaban por su mente. Cuando llegó, cerró la puerta casi de golpe y se
sentó en el borde de la cama cubriéndose el rostro con las manos, sintiendo unas inmensas
ganas de vomitar.

Chapter End Notes

Nota de la autora:

El poema que Severus le “inventó” a Harry es un fragmento de la canción Ansiedad, del


cantante Nat King Cole, o por lo menos es la versión de la canción que me gusta. OJO:
Modifiqué la canción ligeramente para que quedara mejor con el fic. Pero les dejo el
link para que la puedan disfrutar:

[Link]
Capitulo 5
Chapter Summary

Notas:

El poema que dice Lord Potter es Deletreos de armonía de Antonio Machado.

El poema que dice Voldemort es un fragmento del poema Amor Verdadero de William
Shakespeare.

El “poema” de Harry es un fragmento de la canción Sign of the Time, de Harry Styles.


Es el fragmento inicial de la canción, solo que lo modifiqué un poco.

Recordar que el poema que Severus “inventó” es un fragmento de la canción Ansiedad,


del cantante Nat King Cole, o por lo menos es la versión de la canción que me gusta.
Modifique la canción ligeramente también.

Les dejó ambas canciones con sus respectivas letras (en español) por si las quieren
disfrutar.

[Link] Harry Style

[Link] Nat King Cole.

Capítulo 5.

—Lord Voldemort vendrá hoy a cenar, me pedirá tu mano en matrimonio.

Aquellas fueron las palabras que su padre le dijo en la mañana, justo a la hora del desayuno.
La mesa estaba solo ocupada por ambos y, mientras Harry se deleitaba con su comida, casi se
atraganta con la noticia de que Lord Voldemort se presentaría ante él.

—¿Esta noche?

—Así es. El me ha enviado una misiva con los primeros rayos del sol. Dice que vendrá a
pedir tu mano, y yo he respondido que me parece perfecto. Creo que ha transcurrido el
tiempo suficiente para que se conozcan, y si tú no me has hecho ningún comentario negativo,
creo que es una clara señal de que no debo perder más el tiempo.
Harry se sonrojó ante la insinuación de su padre de que le gustaba Lord Voldemort, y volvió
su completa atención al desayuno, intentando no mirarle. ¿Realmente estaba enamorado de
Lord Voldemort? Él mismo tenía que admitir que la respuesta era sí, pues la idea de estar
junto al hombre le agradaba sobremanera; y dormir y despertar a su lado… Volvió a
enrojecer, pero esta vez de forma estrepitosa, y al girar el rostro vio como su padre lo miraba
con curiosidad, levantando una ceja.

—Voy a retirarme. — Pronunció levantándose de la mesa y, sin esperar contesta, salió con
dirección a su habitación.

Lord Voldemort y Severus Snape llegaron a la mansión Potter a las seis de la tarde. Durante
todo el camino Severus intentó mantener la calma, y responder de forma cautelosa a las
preguntas que le hacía con respecto a su pronta propuesta.

Al llegar, fueron recibidos en la entrada por Lord Potter, un hombre alto, con elegante
presencia. Lord Riddle presentó a Severus como un gran amigo suyo, intelectual y excelente
escritor, remarcando que había sido escogido para aquel momento por su gran amistad.

Lord Potter sonrió enormemente saludando a ambos invitados, y los hizo pasar a la salita
donde sería la pedida de mano. De ahí estaban destinados a pasar al comedor para la cena de
celebración y, antes de terminar la velada, volverían a la salita para resolver cualquier tema
que quedara pendiente sobre la unión de ambos.

Ni los dos alfas, ni el beta, notaron que dos omegas veían su llegada desde detrás de unas
columnas, siguiendolos con la vista, hasta que desaparecieron dentro de la salita. Los jóvenes
no habían podido escuchar nada debido a la distancia que los separaba, pero pudieron ver
bien a los recién llegados.

Harry se enfocó primero en ver a su futuro esposo. Recordaba bien al alfa de la vez que se
conocieron, pero había perdido muchos de sus rasgos. Lord Riddle Voldemort era en verdad
un alfa muy apuesto: de unos treinta y un años, quizás, era alto, con el pelo marrón corto
hacia atrás, rasgos finos y una sonrisa más que encantadora. Hermione, apretujandose a su
espalda para poder ver mejor, le susurró un “tu futuro prometido es muy guapo”, y él solo
respondió con un asentimiento.

Conocía bien la tradición de que, quien pidiese la mano, debía traer a un testigo de su círculo
cercano, demostrando que sus intenciones eran buenas al desposar a alguien; por lo que no se
sorprendió al ver a otro hombre llegando junto a Voldemort. El desconocido era de la misma
estatura que el Lord, tenía el pelo tambíen negro, pero mas largo, cayendole por los hombros.
Se veía más mayor que el Lord, quizás unos treinta y nueve años, pensó Harry. A diferencia
de Voldemort, que tenía una belleza innegable, la del desconocido era… diferente. Harry
quedó fascinado por un segundo por los rasgos físicos del hombre, y tuvo que sermonearse a
sí mismo por estar contemplando la belleza de esa forma de un hombre que no era nada para
él. Pero, aun así, no pudo evitar decirle a Hermione:

—El desconocido de ojos negros, es… cautivante.

Hermione asintió, diciéndole a Harry que ambos eran bastante apuestos, aunque era muy
notoria que uno tenía mucho más dinero que el otro, tan solo juzgando los detalles de oro de
los ropajes del Lord que brillaban en la lejanía.

Cuando los tres hombres entraron a la salita y desaparecieron de su vista, los jóvenes se
encaminaron a la habitación de Harry, para que su dama de compañía pudiese terminar de
alistarlo. No pasó mucho antes de que uno de los sirvientes del hogar fuera a buscar al omega
por pedido de Lord Potter, y Hermione le despidió con un beso en la mejilla y deseos de
buena suerte. Ella se quedó en la habitación, viéndole partir.

Harry caminó por el pasillo, tembloroso, secándose las manos en su ropa para quitar el sudor.
De pronto, estuvo ante la salita que esperaba su futuro, y en un abrir y cerrar de ojos las
puertas se abrieron, permitiéndole entrar y ver a los que ya estaban ahí.

Los tres hombres se pusieron de pie ante su llegada, y Lord Potter alzó un brazo en su
dirección, pidiéndole que se pusiera a su lado. Harry lo hizo rápidamente, y de esa forma
quedó junto a su padre, frente a ambos hombres. Y en ese momento pudo ver mejor al
acompañante de su futuro prometido. Si comparaba a ambos hombres frente a él, claramente
podría decir que Lord Voldemort era más apuesto. Pero, de los dos, era aquel desconocido
que le veía con una intensidad increíble, como si le conociera de otra vida. Harry, por su
parte, sintió como si lo conociese desde hacía mucho tiempo.

—Harry, como bien conoces, este es Lord Voldemort.

La voz de su padre llegó casi como un eco. Por costumbre en esas situaciones extendió la
mano hacia el Lord, este la tomó y besó el dorso, sonriendo.

>>Por su parte, este es su testigo, Severus Snape.

Al igual que con el Lord, Harry estiró la mano, siendo acogida por la cálida mano del
mencionado. Sus miradas se conectaron por un segundo, antes de que Severus bajara los ojos
y, casi con devoción, besara la mano que sostenía.

La sensación de sus manos entrelazadas fue algo que jamás sintió, ni siquiera con el Lord.

Aunque lo intentó, Snape no pudo detener los desbocados latidos de su corazón. Ver por
primera vez a Harry le llenaba de una emoción sin igual, era casi como ver un ángel. Se había
enamorado indudablemente de aquel omega a través de las cartas, y ver su hermosura de
primera mano solo le encadenaba más a aquella pasión desmedida. Sintió incluso levemente
el olor a canela que había disfrutado por vez primera en el pañuelo obsequiado, y tuvo que
hacer acopio de todas sus fuerzas para soltar la mano que deseaba besar con devoción.
Todo fue rápido y confuso para Harry en cuanto Severus soltó su mano. El no podía dejar de
pensar en aquellos ojos negros, que tampoco apartaban la mirada de su persona. James Potter
le indicó a Riddle que podía iniciar la pedida de mano, y este extrajo una cajita de su bolsillo,
en el cual reposaba un hermoso brazalete dorado de compromiso. El Lord se inclinó en ligera
reverencia, y dijo las palabras requeridas:

—Yo, Riddle Voldemort, trayendo conmigo mi casta y mi estatus, le pido a usted, James
Potter, la mano de su hijo en matrimonio. Prometo cuidarlo, velar por él, y poner sus deseos
ante mis necesidades….

Harry sabía que aquel momento era especial, y que debía estar prestando toda su atención al
hombre que se inclinaba pidiendo su mano en matrimonio, el cual pasó después a colocar el
brazalete en su muñeca. Pero sus pensamientos solo iban al hombre que acababa de conocer,
y no podía dejar de mirarlo por el rabillo del ojo.

Su corazón se sentía desbocado, y él bien sabía que no se trataba de simple emoción al


compromiso. Tuvo el presentimiento de que algo malo estaba sucediendo.

Su mal presentimiento solo se acrecentó con el avanzar de la velada. Pronto pasaron al


comedor, para degustar el banquete que Lord Potter había mandado preparar para la ocasión.
La etiqueta reclamaba que Harry se sentara al lado de su padre; Lord Voldemort, siendo
futuro yerno, debía sentarse frente a su futuro suegro, por lo que Severus quedó sentado
frente a Harry. Durante la cena la conversación fluyó, pero no como esperaba. Lord
Voldemort parecía sólo dirigirle la palabra al otro alfa, y era Severus quien más se encargaba
de hacer partícipe a Harry en las conversaciones. Además, no había nada del romántico y
encantador príncipe en el hablar del Lord, pero sí en el de Severus. Si bien anteriormente
había visto las diferencias en cuanto a las riquezas, se podía notar las diferencias en la forma
de hablar. Lord Voldemort no era nada parecido a las cartas, pero Snape sí.

Por un momento, Harry quiso convencerse de que solo eran sus nervios jugando con su
mente, pero la conversación pasó de alguna forma a la poesía y la literatura, y se notó aún
más el abismo entre ambos.

—No lo voy a negar, a veces no puedo soportar tanta cursilería. Soy más un hombre práctico.

Harry detuvo el vaso de agua que llevaba a sus labios ante las palabras de Lord Voldemort.
Sintió que un peso le oprimía el pecho, mientras el Lord y su padre reían, concordando
ambos que la poesía solo era una mera entretención para cuando se estaba aburrido.
No podía entender lo que estaba sucediendo. ¿Acaso las palabras de Lord Voldemort habían
sido un total engaño para conquistarlo? ¿Significaba aquello que el hombre del cual se había
enamorado no existía? Respiró de forma pausada, intentando no llamar la atención de los
demás. Algo dentro de sí le obligó a mirar a Severus Snape, quien hizo una mueca ante
aquella conversación, como si le doliera. De pronto, Lord Potter pareció recordar algo, y se
disculpó con el beta

—Discúlpeme, Severus. Usted es un poeta y parece que lo ofendo.

—No lo hace, Lord Potter, creame.

—Aún así no debería ser tan descortés con mis invitados. Y no se tome literal lo que digo, la
poesía me gusta, solo que no la veo como fuente de vida. —El hombre hizo un ademán sobre
la mesa, queriendo validar sus palabras. Pero como si pensara que debía enmedar el error que
entendia había cometido, continuó—: Si me da a escoger un poema, diría que mi favorito
es: Deletreos de armonía, que ensaya inexperta mano. Hastío. Cacofonía, del sempiterno
piano que yo de niño escuchaba, soñando... no sé con qué, con algo que no llegaba, todo lo
que ya se fue.*

Voldemort le dijo que estaba muy impresionado al escuchar aquello, y procedió a rememorar
su poema favorito por igual.

—Solo recuerdo una parte —explicó Riddle—Pues hace mucho que no lo leo, pero es: No,
no aparta a dos almas amadoras, adverso caso ni crüel porfía: nunca mengua el amor ni se
desvía, y es uno y sin mudanza a todas horas.*

Lord Potter elogió la elección de Riddle, remarcando que aquel era un poema bastante bueno.
Harry, por su parte, reconoció que aquello pertenecía a Shakespeare, y buscó la mirada del
Lord exigiendo una explicación de todo lo que acontecía. Pero no la encontró, pues era como
si a Riddle no le importara su existencia. Porque incluso fue Severus Snape, quien sí lo
observaba, quien le dijo que era su turno de decir algunas líneas.

—Solo detén tu llanto, —comenzó a decir Harry, algo apático por aquella situación.—Es una
señal de los tiempos. Bienvenidos sean al espectáculo final, espero que lleves tus mejores
prendas. No podemos sobornar al portero, cuando vayamos de camino hacia el cielo.*

Sus palabras fueron dichas viendo de Severus a Voldemort y, aunque esta vez el alfa le veía,
parecía poco interesado. Mientras, la mirada de Severus seguía tan intensa como cuando se
vieron por primera vez frente a frente en la salita.

—Maravilloso, Harry—aplaudió su padre. —¿Y usted, señor Snape? Díganos cuál es su


poema favorito.

—Tengo uno, aunque es poco conocido. Oh, amor, no sabes cuanto he llorado. Mis lágrimas
son perlas que caen al mar. Y el eco adormecido, de este lamento, hace que esté presente en
mi soñar. Quizás estés llorando al recordarme, y estreches mi retrato con frenesí, espero que
hasta tu oído llegue, la melodía salvaje; y el eco de la pena de estar sin ti.
Cuando Lord Potter iba a pedirle el nombre del autor de aquel poema, pues no lo conocía, el
sonido de un tenedor chocando estrepitosamente contra el plato le distrajo. El Lord miró con
desaprobación a su hijo.

—Harry, ¿dónde están tus modales?

Harry no respondió, pues la opresión que sentía apenas le dejaba respirar. Severus le veía fijo,
sabiendo exactamente lo que sus palabras habían provocado en él, deseando que Harry
comprendiera. En cambio, Lord Voldemort creyó erróneamente que el actuar del omega se
debía a su persona, y con voz galante y orgullosa se dirigió a Lord Potter.

—Disculpe al Joven Harry, pues es normal que los omegas se pongan nerviosos en
situaciones como esta.

James Potter asintió renuente, aceptando las palabras del futuro alfa de su hijo. Los dos alfas
rápidamente se enfrascaron en una conversación acerca del acuerdo matrimonial sobre los
bienes de ambos que habría que hacer prontamente, y sobre la dote de Harry, para la cual
Lord Potter no tendría el menor inconveniente. Por su parte, Harry hacía el mayor de sus
esfuerzos por no hiperventilar en medio de todos, y solo podía apretar los cubiertos con
fuerza y mantener la vista clavada en su plato, sin ser capaz de levantar los ojos y fijarse en el
beta.

Apenas escuchó cuando su padre informó que pasarían a la salita a brindar la futura unión. En
ese momento el más joven notó que sus manos presentaban un temblor ligero, y que
necesitaba con urgencia alejarse de los demás.

—Yo… necesito ausentarme unos minutos.

—Pero Harry, se trata de tu pedida de mano. Lord Voldemort y el Señor Snape han venido
hasta aquí solo por ti.

Harry tragó sintiendo la boca seca. Se había fijado en el beta cuando su padre mencionó su
nombre y su corazón empezó a galopar con fuerza inusitada. Severus Snape lo miraba con
ojos cristalinos, casi llorosos, y su expresión notábase desesperada.

—Estoy un poco conmocionado —explicó regulando la voz. Lo que más deseaba en aquel
momento era salir en desbandada hasta estar a solas—. Me gustaría reflexionar un momento
en soledad.

Lord Voldemort sonrió satisfecho con aquellas palabras, estimando que aquella actitud se
basaba en la timidez y el recato de su futuro omega. Incluso Lord Potter pensó que sentirse
conmocionado y turbado eran sensaciones que cualquier omega debería sentir en una
situación parecida, por lo emocionales que solían ser. Así que, ante el asentimiento de su
padre, Harry dio media vuelta dedicándole una mirada al beta, y salió manteniendo toda la
compostura que pudo.

Cuando sintió que ya no podía ser visto por ojos curiosos, se permitió aferrarse a la pared,
sintiendo sus piernas temblorosas y sin fuerzas. Arrastró los pies mientras se sostenía de la
fría piedra y, sin ser visto por la servidumbre, logró llegar hasta el jardín
Por su parte, el corazón de Severus Snape no estaba más tranquilo que el del omega Harry
Potter, y menos cuando lo vio marcharse. Antes de llegar a la salita de estar, donde ya la
servidumbre había abierto las mejores botellas para que los Lores pudieran festejar, pensó en
algo. Conociendo muy bien la soberbia de Riddle e, intuyendo la de Lord Potter, Severus se
excusó de acompañarlos. Su justificación se basó en que creía necesario darles espacio para
que charlaran aunque fuese unos momentos a solas pues, tratándose de su hijo, quizás Lord
Potter querría ultimar algún detalle privado con su nuevo yerno, y podría cohibirse estando
Severus presente.

James Potter vio aquella actitud como la de un correcto caballero, y le informó a Severus que
podía dar una vuelta en los jardines traseros si así lo deseaba. Si Lord Potter hubiese sabido
que su hijo había tomado los mismos rumbos, se habría sermoneado durante toda su vida por
haberle indicado el camino a Severus. Pero ni Riddle ni James, absortos como estaban en su
conversación, tuvieron un segundo pensamiento para Snape.

Gracias a las cartas sabía que el lugar mas preciado para Harry era el jardín de aquella
mansión, y dio gracias al cielo cuando lo encontró en aquel lugar. Aunque, estaba tan
decidido aquella noche, que habria recorrido cada rincon del castillo hasta encontrarlo.

Harry no sabía que Severus Snape le seguiría cuando se alejó de los invitados; tan solo había
ido a los jardines en busca del aire que sus pulmones parecían perder. Así que no pudo evitar
sobresaltarse cuando una voz profunda le sorprendió a sus espaldas.

—Harry…

El aludido se giró, y el recién llegado vio la expresión más dolida y amarga que nunca había
visto antes.

Snape se había acercado lo suficiente al joven para estar a unos pasos de distancia, pero no
adelantaba más, pues sabía que Harry podría reaccionar de forma negativa a su cercanía.

Unos segundos de silencio se sucedieron en aquel momento, mientras la cabeza de Harry


burbujeaba con todo lo que estaba sucediendo.

—¿Tu…? ¿Tú escribiste las cartas todo este tiempo?

Preguntaba sin real motivo, pues el transcurso de la noche le había dado la clara respuesta.
Era más que obvio para él que Lord Voldemort no era más que un alfa como todos los demás,
que le creía inferior y solo como un medio de obtener descendencia. Había actuado igual que
como los demás: tan solo se dirigían a su padre. Como si un alfa no pudiera rebajarse y
conversar con un Omega; o como si los omegas no necesitarán ser escuchados tanto como
vistos.

Por eso se había enamorado de él a través de las cartas, por qué había creído encontrar a la
persona que le amaba de verdad, que le quería. Las conversaciones fluían como jamás le
había sucedido con otros de sus pretendientes. Lord Voldemort parecía realmente interesarse
por él, por sus gustos y, sobre todo, por sus opiniones. Pero todo resultaba no ser más que una
vil mentira.
—Déjame explicarte…

—¡Contesta mi pregunta!

No había forma de ocultar una verdad absoluta, y bajando ligeramente la vista hacia el suelo,
pues no se sentía digno de mirar al omega a la cara, Severus respondió.

—Sí.

El joven omega cerró los ojos, sintiendo como su corazón se rompía en mil pedazos. ¿Que
iba a ser de él ahora? La pedida de mano había sido realizada, y su padre no le permitiría
romper con aquello aún si alegaba engaño. No, las murmuraciones correrían tan pronto se
supiera que su compromiso con Riddle duró pocos segundos y, siendo tan injusta la vida
como era, todos creerían que se trató de algo malo con él por ser Omega. Y Lord Potter jamás
permitiría que ocurriera tal vergüenza. ¿Y si todo aquello había sido plan de su padre?

—Me engañaron. —Su voz salió rota, destruida. Pues ni siquiera tenía fuerza para hacerse el
valiente —¿Que hice yo para merecer una trampa así? ¿Es que acaso Lord Voldemort me
odia y quiso burlarse de mí? ¿O fue quizás mi padre que los provocó a hacerme esto? De esa
forma yo podría aceptar casarme por las buenas.

Se casaría con un hombre que no conocía, pues el hombre con quien había estado hablando
era Severus Snape. Pero Lord Voldemort no era más que un extraño para él.

Severus, por su parte, se sintió destrozado de igual forma. El dia anterior había entendido que
debía llenar su vida de resignación, pues nada podía hacer en aquella situacion, pero la
decisión de hacerle entender a Harry quien era el verdadero escritor le brotó antes de llegar a
la mansión, en el tiempo que duraton en el camino en carruaje. La charla que tuvo con Riddle
en ese trayecto le hizo entender que el joven notaría sobremanera el cambio entre las cartas y
Riddle de forma presente. Eso provocó que pudiera más su orgullo y su amor hacia el
Omega, que su juicio y promesas a Voldemort.

Harry era demasiado inteligente para no notar la diferencia, y el ya no deseaba mentirle de


forma descarada.

—Tu padre no tuvo nada que ver con esto. —Comenzó a explicar, pues sabía que Harry
merecía la verdad. — Riddle quería conquistarte de forma segura, y me pidió ayuda para
conseguirlo. Estaba seguro de que eras un omega fácil de enamorar y él no quería perder el
tiempo, en sus palabras.

—¿Una pérdida de tiempo?

—Eso era lo que él pensaba, no yo. —Se apresuró a decir Snape, sabiendo que había elegido
mal sus palabras —. Yo no creía que eso fuera una buena idea. Al principio me opuse...

—Pero terminaste aceptando ¿O no? Jugaron conmigo.

Severus cerró los ojos por un momento cuando vio resbalar una solitaria lágrima por la
mejilla de Harry. Si bien la poca luz que le llegaba era la de la luna y la tenue luz de las
farolas en las paredes del hogar, fue suficiente para verla.

—Se que no volveré a tener perdón en tu corazón…

—¿Con que compró tu ayuda?

—¿A qué te refieres?

—¿Que hizo el Lord para que aceptaras engañar a alguien que no conocías ?

Severus torció una especie de sonrisa, pensando en aquello que le habían prometido. Y se
sintió como una escoria al darse cuenta que había cambiado la integridad de una persona
inocente por sus deseos egoístas.

—Algo que jamás conseguiría por mi estatus y mi casta, la oportunidad de enseñar en una
prestigiosa universidad.

Harry se quedó en silencio unos segundos, analizando aquella información. Sabía muy bien
como eran tratados los betas en la sociedad, y no le sorprendía el escuchar que les negaran
algún puesto por su casta. Mordió su labio inferior ante aquellas palabras, pues él conocía
muy bien lo que era sentirse imposibilitado por situaciones que eran imposibles de cambiar, y
entonces, recordó las veces que de alguna forma Severus le había hablado de ese tema a
través de las cartas. Cuando preguntó la razón de por qué había aceptado aquel trato esperó
que la respuesta le hiciera enojar, pero en cambio le produjo una inmensa tristeza.

La rabia que había querido brotar de su pecho terminó por aplacarse, y ante él Severus ya no
parecía un complice de Voldemort, ahora era el hombre que no solo le comprendía a traves de
sus cartas, sino que tambien vivía de las injusticias de la sociedad, como él.

—Entiendo las razones. Me duele, pero comprendo que todo esté juego tiene una porqué.

Severus negó de forma ferviente, sus mechones de pelo agitándose sobre sus hombros. Él
pudo ver el momento en que los ojos esmeraldas pasaron de contener una inmensa rabia a
llenarse de resignación, y no deseaba que ninguno de aquellos dos sentimientos embargaran
el alma del omega.

—No fue un juego o, por lo menos, solo lo fue al principio. —Su voz sonó firme, y
aprovechó que Harry no refutó para poder explicarse—. Pero lo juro, que después de aquella
primera carta que envié, mis palabras fueron sinceras. Todas y cada una de ellas eran verdad.
No sé qué pasó. La idea solo era… solo era demostrarte que Lord Voldemort era alguien
romántico, que no fueras a negarte a su propuesta de matrimonio. Él me ofreció algo que yo
siempre quise y sabía que sin su ayuda no podría obtener.

>>No puedo negarlo: fui un sinvergüenza. Me dejé llevar por mi ambición y acepté un trato
perverso. Quizás la vida me castigó provocando que me enamorara de ti. —Sus manos
temblaban de excitación, y se acercó un paso más al omega. — Aquella primera respuesta
que diste… —calló recordando todas las líneas de aquella primera misiva—, no tienes idea
de lo que aquello provocó en mí. Y luego con cada intercambio iba conociendo a alguien que
no creí conocer jamás. Harry, créeme, yo no te mentí más allá de mi identidad.
A la poca luz que le brindaba la luna, Harry vio delante de sí a un hombre que imploraba su
perdón de forma sincera. Ante él estaba la persona con la que se había estado escribiendo,
abriendo las puertas de su corazón. Se dio cuenta, de alguna manera, que en realidad no le
sorprendía el hecho de que el remitente de todas aquellas misivas no fuese Lord Voldemort.
Su primera impesión del alfa había sido cierta: era como todos los demas. Quizas fue su
misma intuición que lo hizo fijarse en el beta con tanta intensidad horas atrás.

Pero, ¿que debía hacer ahora? Entre los dos había una duda palpable acerca de como
proceder.

—Supongo que ahora que ya has terminado tu parte del trato se te será concedido el puesto
que tanto anhelas.

—En este momento solo anhelo una cosa, Harry, y no es ese puesto.

Harry sintió un ligreo escalofríos recorrer su espalda cuando aquellos ojos negros brillaron al
compas de aquellas palabras.

—¿Por qué no me dijiste? —Harry mordió su labio inferior, pensando que la situación podría
haber sido diferente—. Pudiste haber dicho la verdad en alguna carta.

—Lo pensé, no lo negaré. Pero tuve miedo de que me rechazaras. Si decía la verdad pronto
descubrirías que era un beta.

—¿Y creíste solo tú casta bastaría para hacerme perder el interés por ti?

—¿De que habría servido sincerarme si jamás se te permitiría desposar a alguien como yo?
Lo único que habría logrado es que quisieras romper lazos conmigo y con Lord Voldemort
por esta treta. Y, quizás ya lo hayas notado, pero soy un ser egoísta que prefirió tenerte de
alguna forma por el poco tiempo que pudiera.

Harry entendió que si antes había luchado para no comprometerse con alguien que no quería,
no podía rendirse cuando por fin había encontrado a alguien que hacía su corazón palpitar.
Con un impulso de valentía y olvidando todo decoro instruido, acortó la distancia entre
ambos y, sin temor a ser descubiertos, apegó su cuerpo al del beta en un necesitado abrazo.

Severus no se esperaba aquella muestra tan efusiva por parte de Harry, pero la sorpresa no
evitó que reaccionara rapido y envolvió el cuerpo de Harry con sus brazos. El beta llenó sus
sentidos con el dulce aroma de la canela que desprendía el omega; de igual forma, Harry
hundió su rostro en el pecho del escritor.

—Sí tienes aroma —susurró Harry de la nada, sonriendo —. Hueles a menta.

El más joven levantó el rostro, apreciando los oscuros orbes que le contemplaban de forma
necesitada. Se alzó en puntas, acortando la distancia de sus rostros y, sin poder contenerse
ante la poderosa emoción que sentía, besó a quien se había ganado su corazón a traves del
papel.
Aquel fue un beso corto, suave, y en el cual el escritor tuvo que controlarse para no tomar al
menor de la cintura y besarlo hasta saciar su sed. Se separaron al recordar que podrían ser
vistos por cualquiera que se asomara a los jardines traseros, y Snape procuró mantener una
posición que no pareciera ni amenazante ni comprometedora para el más joven. Sabían que
de todas formas era indebido que ambos estuviesen solos en los jardines a aquella indecorosa
hora de la noche, pero todavía tenían demasiado que decirse como para separarse.

—Creo que fue muy atrevido de mi parte…

—No. Hiciste algo que pensé jamás tendría el derecho de recibir.

Harry miró con dirección al pasillo que daba al interior de la mansión. Mientras ellos estaban
fuera confensando su amor mutuo, su padre y Lord Riddle conversaban los pormenores de su
compromiso. Ya sabía que no se casaría con aquel Lord, ¿pero como podría evitarlo?

—¿Qué sucederá ahora?—preguntó titubeante. Sabía lo que quería, pero no si debía formular
sus planes con Severus en ellos. —¿Que deseas?

¿Que deseaba? Severus sabía lo que quería, y estaba justo delante de él. Pero no podía ser tan
fantasioso de pensar que lo peor había pasado, no. Además, él tenía una duda inmensa que le
atravesaba el pecho.

—Siendo sincero, esto es algo para lo que no tengo respuesta. Si bien había pensado liberarte
del engaño, la idea de tu rechazo no me cavilar pensar más allá del día de hoy; creyendo que
todo esto terminaría con tu repulsión hacia mi, y tu aceptación de casarte con el Lord.

—No, yo no podría casarme con Lord Voldemort.—Exclamó con vehemencia, fijando su


mirada en Severus. — Y menos al saber esto que se. Y mucho menos cuando ya alguien a
tomado mi corazón.

—¿Y con un beta pobre podrías casarte? —La seriedad se apoderó de su rostro, y continuó
hablando ante la confusión de Harry—. Se muy bien que la sorpresa no ha permitido que
pienses más allá de la emoción inicial, pero he de entender que no solo Lord Potter se
opondría a mi.

—Parece que no lograste conocerme realmente a través de cartas.

—He sufrido demasiadas decepciones para creer lo contrario.

Harry vio en el rostro del beta el deje de súplica que conllevaban sus palabras, y entendió que
su duda era comprensible.

—Puedes estar seguro que de ser por mi, no habrá matrimonio con Lord Voldemort, así tenga
que negociar ante mi padre con mi propia vida. —Hizo caso omiso al estremecimiento del
beta, y agregó—: ¿Que puedo hacer para que creas en mis sentimientos hacia el verdadero
tú?

—Piensalo esta noche —dijo con voz suave— solo eso. Enviame una carta al amanecer tan
pronto tus pensamientos esten claros. Aceptare cualquier decisión que tomes, aunque esta me
destroce el alma.

—¿Que sucederá si mi respuesta es positiva?

Severus sonrió ligeramente, y Harry podía jurar que un brillo de emoción iluminó aquellos
ojos negros.

—Convertiré mi vida en la tuya, para toda la eternidad.

Con un ligero sonrojo en el rostro Harry asintió, y volvió a confirmar que le escribiría al día
siguiente, respondiendo si sus sentimientos eran tan fuertes como para intentar luchar por él,
o si no veía su futuro al lado de un beta de menor clase social. El hombre le aseguró que
podía enviar la carta a la hora que quisiera ya que Riddle no pasaba los días en la mansión y,
aunque no expresó que recurría a burdeles de forma recurrente, Harry pareció entender que
las ausencias del Lord respondían al ocio más que al deber.

Severus sonrió al final y aguantando las inmensas ganas de envolver al omega entre sus
brazos, dió un corto asentimiento, volvióse sobre sus pasos hasta la salita, donde los Lores ya
habían concluido los preliminares.

Riddle vio acercarse a Snape, y su ceño se frunció cuando percibió algo extraño. Buscó por el
rabillo del ojo detrás del beta, pero no encontró nada. Volvió su mirada nuevamente a Severus
y aguzó sus sentidos, sintiendo un olor a canela que jamás había sentido antes en el hombre al
que llevaba conociendo varios años.
Capitulo 6

Capítulo 6

En aquel momento dormir era lo que menos necesitaba, y el insomnio le acompañó toda la
noche mientras sus pensamientos se agitaban dentro de él. Digerir todo lo que había sucedido
desde la noche que conoció al Lord no era sencillo, y tratar de que sus sentimientos y sus
pensamientos no se mezclaran se le hacía mucho más difícil. Entendió que su impresión
cuando conoció por primera vez a Riddle, en la cena con su padre, había sido certera. Se
había formado la idea de que el alfa era arrogante y pretencioso, y que solo lo veía como una
forma de perpetuar su linaje más allá de contemplarle como un compañero de vida. Y el
universo le mostró que no se había equivocado en sus suposiciones. Gracias a las cartas, llegó
a pensar que el alfa era diferente, que de verdad podían llegar a quererse, que tenían una
conexión verdadera: sin embargo quien escribía no era el mismo hombre. Entonces, llegaba a
la encrucijada entre Riddle Voldemort y Severus Snape.

Por un lado, el Lord representaba todo lo que se suponía debía aceptar: casta y clase social.
De él se esperaba que se casase con un alfa de alto nivel, nada menor. Ni con un alfa menor,
ni con otro omega y, jamás, con un beta. Pero el Lord no era lo que él deseaba para su vida.

Por otra parte, Severus Snape, a quien acababa de conocer de forma personal solo unas pocas
horas atrás, era un beta. Y, sin poder ocultarlo, su corazón latía de forma descontrolada tan
solo con pensar en el hombre. Y es que su corazón pensaba en las cartas, en la conexión que
alcanzó con el beta y en que, mientras aún pensaba que hablaba con Riddle, había deseado
estar junto al hombre con el que intercambiaba misivas.

¿Tenía dudas ahora que sabía que el remitente no era un alfa de alta clase social, sino un
simple beta? ¿Realmente podría estar con un beta de clase menor a él? No tenía que pensarlo
demasiado para saber que la respuesta era sí; por lo que no le fue difícil tomar su decisión. Él
había decidido resistir todo lo posible para que su padre no le casara con un hombre al que no
quería. Y ahora que conocía lo que de verdad era el tener sentimientos por alguien, no había
poder sobre la tierra que le hiciera desposar a Lord Voldemort.

Los primeros rayos del sol le encontraron sentado en la cama, escribiendo la carta que
enviaría tan pronto le fuera posible. Su dama de compañía entró en la habitación después de
unos ligeros toques y le vio escribiendo con ahínco. Él la observó por un momento,
preguntándose si podría confiar en ella todo aquello que había sucedido. Hasta que al final
entendió que ella sería su única aliada si necesitaba luchar por el amor de su vida.

La omega se acercó a la cama y se sentó junto al joven. Escuchó todo el relato en silencio,
apenas emitiendo sonidos cuando no podía controlar su sorpresa ante cada palabra. Harry
tuvo que abogar de forma ferviente a favor de Severus, pues si bien Hermione aborreció la
idea de Lord Voldemort de engañar a su amigo, tampoco veía con buenos ojos el que el beta
aceptara el detestable trato.

—Uno no es mejor que el otro ¿cierto? Ambos le engañaron, a su forma, pero lo hicieron.
Eso era algo que Harry había pensado bastante durante la madrugada, y sus ojeras y la
determinación en su rostro le indicaban a la joven que él había aceptado el engaño de alguna
forma.

—Sé que él también me engañó; no es algo que excusaré ni negaré. Pero, al final, vi en sus
ojos una verdad absoluta cuando hablamos ayer en el jardín. Él es el hombre del cual me
enamoré en las cartas, y se que él también me ama. Puedo vivir mi vida buscando perdonarlo
por sus actos, pero sé muy bien que no puedo vivir sin él. Ni desearé entregarme a otro que
no sea él.

Hermione le tomó de las manos cuando vio el dolor de aquel pensamiento reflejado en el
rostro de su amigo. Le sonrió con dulzura, y asintió con vehemencia antes de volver a emitir
palabras.

—Sabe que puede contar conmigo — Se pausó, temiendo preguntar lo que pensó de pronto.
— Pero ¿Y Lord Potter? El no aceptara un casamiento con un beta de clase media.

Harry suspiró, sabiendo que aquellas palabras eran ciertas.

—Mi matrimonio ha sido fijado para un mes. Usaré ese tiempo para pensar en lo que haré
pues, si tengo que fugarme, lo haré.

—¡¿Fugarse?!

—Moriría de ser necesario, querida Hermione. No por Severus, sino por mi. Pues entregarme
a un hombre al que no amo, y quien solo me desea para engendrar a sus futuros hijos sería la
carga más pesada de mi vida.

Los labios de la joven se convirtieron en una fina línea, detestando la idea de que su amigo
podría quitarse la vida si se veía obligado a casarse con el Lord. De pronto, ella recordó algo.
Casi estaba segura de la respuesta que daría Harry, pero de todas formas prefería asegurarse.

—Señorito Harry, mi deseo es que usted sea feliz, y por eso quiero que esté seguro de esta
decisión. ¿Está dispuesto a perder su vida acomodada? Por lo que me ha contado, Severus
Snape no es de alta clase, no es adinerado. No podría darle las comodidades que puede tener
con Lord Voldemort, ni las que tiene aquí bajo el techo de su padre.

Harry sonrió ante aquel comentario. Aquel punto había sido, para él, el más fácil de resolver.

—El dinero es importante, lo sé. Pero no vale de nada cuando soy un prisionero en mi propia
morada. Tampoco me serviría si me veo obligado a estar junto a un hombre al que no amo y
que se, pues su comportamiento durante la cena me lo demostró, que me hará sufrir; pues el
Lord solo me ve como un objeto decorativo. No me engaño creyendo que todo será del color
de las rosas si elijo a Severus Snape, pero prefiero arriesgarme con él.

—Si eliges al señor Snape, no será lo mismo que estar con Lord Voldemort.

—Eso espero.
Hermione entendió, y Harry procedió a mostrarle la carta que escribía, pues pronto la
enviaría a la casa Voldemort, confirmando al beta su decisión.

Querido Severus Snape.

Me resulta muy extraño escribir tu nombre al inicio de las cartas, pero a la vez, me resulta
familiar.

He pasado la noche pensando en todo lo que sucedió y, en primer lugar, todo lo que me
dijiste. Llegué a la misma conclusión que habría tomado ayer mismo en el jardín: te quiero a
ti. Que seas un beta no es un impedimento para que mi corazón lata desbocado por ti. ¿Que
no tienes el dinero de Lord Voldemort? No me importa. No necesito a ningún Lord en mi
vida, cuando lo único que deseo es a alguien que me ame de verdad, y que yo pueda amar de
vuelta. Mi matrimonio ha sido fijado para un mes. No se como solucionar esto, pero creeme,
mi deseo más ferviente es poder estar contigo.

Con amor, Harry.

La carta fue enviada a las nueve en punto. Y Harry sintió que, de alguna forma, podría
encontrar la manera de estar con Severus.

Lord Voldemort había salido muy temprano aquella mañana, o eso le había dicho a Severus
Snape. La verdad es que el Lord solo había salido de la mansión, pero no se alejó demasiado
de los terrenos. Tuvo a bien el pensar que, para comprobar sus sospechas, debía “realizar” sus
rutina de abandonar su hogar bastante temprano.

Sabía que debía esperar, pero eso le hacía enfurecer, pues nunca se había sentido tan rebajado
en su vida hasta aquel momento. El problema es que no quería alertar a Severus Snape de sus
sospechas. Y si se quedaba en su mansión, o el beta no confiaba en que había salido, tomaría
medidas preventivas.

Así que esperó. Sabía que en cualquier momento uno de los implicados enviaría una carta.
Aquel olor a canela que percibió en el beta en el día anterior era más que acusatorio y, si
comprobaba que le estaban engañando, actuaría de forma implacable.

Su mensajero nunca salió, pero el de la casa Potter llegó pasadas las nueve y media con un
sobre en las manos. Riddle salió de su escondite y recibió al mensajero, el cual le entregó la
carta de forma inmediata, pues conocía muy bien que era el dueño de la dirección a donde lo
habían enviado. Lord Voldemort esperó que el joven se fuera y con prontitud rompió el sello
de los Potter, leyendo la misiva.

Sintió su sangre arder con cada línea y sus manos estrujaron el papel hasta casi romperlo. Se
dio cuenta que estaba liberando sus feromonas cuando un aroma a limón inundó sus sentidos.
Entonces se calmó, o por lo menos lo intentó. Por qué no iba a permitir que un omega y un
insignificante beta le hicieran perder los estribos. Su boca, que había tornado en una
expresión de rabia, volvió a su normalidad; y sus manos aflojaron ligeramente el agarre sobre
el ya arrugado papel.

Respiró profundamente y enderezó su postura. El pensamiento fugaz de entrar a su mansión y


acabar con la vida del traidor con sus propias manos quedó descartado, pues no quería lidiar
con la sangre de alguien tan insignificante a su persona. Además, pensó que peor que la
muerte era tener que vivir en la impotencia. De esa forma emprendió su camino por las calles
poco transcurridas a esa hora, en dirección hacia el cuartel. Lo hizo caminando, pues así
aclararía mejor sus ideas y procedería de forma más eficaz.

Severus Snape creyó que la falta de la misiva de Harry se debía a que este había entendido
que no deseaba estar con un simple beta, y que el joven no tenía el valor de decírselo en una
carta. De todas formas esperó, pues le había dicho al joven que podía tomarse todo el día si
así lo necesitaba.

Pasadas las once de la mañana se adentró en la biblioteca de la casa Voldemort, buscando


algún libro que pudiera distraerlo. Ninguno le pareció suficiente para mantener su mente
concentrada, pero se decantó por Hermann y Dorotea. Mientras leía acomodado en el sillón,
una sensación de incomodidad se instauró lentamente sobre él. Quiso pensar que se trataba
solo de la ansiedad ante la respuesta del Omega, pero se trataba más de un presentimiento de
que algo malo caería sobre él.

Y se dio cuenta que tuvo razón cuando, faltando poco para mediodía, la puerta de la
biblioteca se abrió de forma estrepitosa, y Lord Voldemort entró con una sonrisa ladeada y
alzando un sobre por los aires.

Severus se giró de inmediato, dejando a un lado con rapidez el libro que intentaba leer.
Observó la expresión de Riddle y el sobre que cargaba y, aunque no podía distinguir bien
debido a la distancia, supuso de forma correcta que se trataba de la carta de Harry que
esperaba con ansias.

Entonces, un frío recorrió la espalda del beta, y reconoció el olor a limón como una amenaza
inmediata. Riddle dio un paso hacía el frente, sacó el arrugado papel del sobre y lo leyó con
burla en la voz. Severus sintió una mezcla de felicidad y furia al saber que Harry le había
aceptado, pero que aquella carta en manos del Lord significaba desastre.

Cuando terminó de leer la carta, Riddle volvió a guardarla dentro del sobre. El alfa se aclaró
la garganta, y empezó a hablar sin perder aquella sonrisa que torcía sus gestos.

—Tuve sospechas de que algo extraño sucedía; mi instinto no es solo para los negocios,
¿sabes? —Guardó la misiva en su bolsillo, sabiendo que había otra persona que debía de
leerla—. No puedes meterte con la pertenencia de un alfa y pensar que no se te descubrirá.
Ayer, cuando te uniste a nosotros en la salita, olías a canela. Y los betas no tienen olor.

De entre todas las locuras y estupideces que cometió en su vida, Severus se dio cuenta que
abrazar a Harry el día anterior fue quizás la que más caro pagaría. No recordó en ningún
momento que los sentidos del alfa podrían detectar el aroma que el Omega dejó en él. Lord
Potter seguramente no se habría percatado pues conocía aquel olor, y no le sería extraño.
Quizás pensaría que eran reminiscencias de la presencia de su hijo, pero Riddle nunca tuvo la
oportunidad de sentir las feromonas de Harry, y le sería muy fácil notar un olor que no
reconocía.

>> Quise darte el beneficio de la duda, así que esperé, pacientemente, entre las afueras de la
mansión; hasta que ví al mensajero llegando con carta en mano. El joven Potter me ha dicho
todo lo que necesitaba saber, pues solo me bastó leer el inicio para saber que había estado en
lo correcto.

El alfa, aunque lucía calmado, crispaba las manos y sonreía demostrando los dientes.
Severus, aún en su condición de beta, podía sentir la amenaza que inundó la sala súbitamente
cuando el olor a limón se incrementó. Mantuvo la seriedad, intentando no dejar ver al alfa
que lo estaba intimidando. Por muchas diferencias marcadas que hubiesen entre ambos, no se
dejaría tan fácil.

—Riddle, esto que pasó entre Harry y yo fue un accidente…

—No te dirijas a mi omega de forma tan familiar.

—No es tu omega.

—¿El tuyo si?

—Tu no lo amas.

— No se trata de amor, Snape. Se trata de respeto. Harry me pertenece, por que yo así lo
decidí. Iba a casarme con él aun si debía raptarlo de las manos de su estupido padre. Pero
ahora, con esto —palpó el bolsillo de su traje donde había guardado la misiva—, el
mismísimo Lord Potter me entregará a su hijo en bandeja de plata.

Severus chasqueó la lengua, irritado. El solo escuchar el nombre de Harry en los labios de
Lord Voldemort aumentaba su cólera sobremanera.
—Sé muy bien que no tengo oportunidad en cuanto al beneplácito del Lord se refiere, pero si
confiesas lo que ha sucedido, tampoco lo tendrás. El no dejará que su hijo se case con alguien
que le engañó desde un principio.

Una risa profunda salió de la garganta de Riddle, y sacudió las solapas de su traje de un polvo
invisible.

—Oh, amigo mío, ¿acaso crees que no lograré lo que deseo? Iré con el Lord, sí, pero te
aseguro que me convertiré en la víctima de la historia. Le diré que, de alguna forma, tú y su
hermoso hijo consiguieron engañarme, haciéndome llegar cartas falsas, mientras ustedes se
escribían. Le contaré que se conocieron en uno de esos paseos sabatinos que el Lord me
comentó su hijo realiza, y que lograron comunicarse en alguna distracción de su guardián. No
será difícil que me crea, Severus. Pues en esta misiva está toda la información que revela el
conocimiento del engaño. —Hizo una ligera pausa, sintiendose feliz al ver la rabia escalar
aun más en los ojos negros—. Su padre estará tan furioso y humillado de que su hijo haya tan
siquiera pensando en rebajarse a un beta de tu clase, que me rogará por que me case con
Harry y oculte esta afrenta de los ojos públicos.

Severus sabía, por más que le doliera, que las palabras de Riddle estaban llenas de verdad.
Para Lord Potter sería humillante el saber lo que había estado sucediendo, y no dudaría en dar
a su hijo en matrimonio al alfa de gran estatus con el motivo de salvar la “virtud” de Harry.
Aún así, no era un hombre que cedería sin luchar.

—¿Qué te hace pensar que dejaré que todo esto suceda sin luchar?

Tomó una postura desafiante, aunque supo que dentro de las paredes de Riddle tenía las de
perder. En aquel momento deseó más que nunca la ayuda de feromonas que le hicieran ver
amenazante.

—Oh, Severus, jamás pensé que no lucharías. Aun con tu penosa condición de beta, sé que
podrías intentar evitar esto que te estoy contando. Es por eso que, después de leer la carta y
antes de tener esta charla tan amena contigo, decidí ir a buscar unas personas.

Lord Voldemort salió de la estancia por menos de unos pocos segundos, y regresó antes de
que Severus pudiera reaccionar. Pero, no había regresado solo, pues estaba acompañado de
dos oficiales armados.

—Caballeros, —Voldemort utilizó su voz más grave y contundente dirigiéndose a los


oficiales. —Como les informé en la comisaría, este beta mal agradecido me ha estado
robando en mi propia casa. Llevenselo de mi vista.

Lord Riddle Voldemort no solo había ido a la comisaría a relatar el supuesto robo que había
sufrido, también había dejado caer frente a los oficiales unas monedas de oro para contribuir
a que ninguno de los dos hiciera caso de los alegatos de inocencia por parte del beta. Entre la
casta y el dinero, Severus no podía ganar aquella batalla, pues se trataba de la palabra de un
alfa de alto estatus —y mucho dinero—, contra las quejas de un beta clase media. Así que
Lord Voldemort vio con suficiencia como los oficiales se llevaban al beta. Había dado
instrucciones de encerrarlo en la celda más sucia que tuviesen, y que esperaran sus
instrucciones próximas.
Cuando ya los guardias y Severus habían dejado su propiedad, mandó a su cochero a alistar
los caballos, y se dirigió sin demora a la mansión Potter aún con la carta en la mano. Harry y
Hermione estaban en los jardines traseros a su llegada, por lo que ninguno de los dos lo vio,
ni pudo prever la catástrofe que se avecinaba. Lord Potter lo recibió con una sonrisa que se
borró cuando Riddle le pidió hablar un tema urgente, a solas.

Estuvieron en el estudio de James Potter por espacio de una hora, donde la rabia se mezcló
con la incredulidad y el dolor. El hombre había reconocido la letra de su hijo, y no pudo
negar nada de lo que Lord Voldemort le contaba. Aún así, la sola idea de Harry uniéndose a
un beta de clase inferior le revolvía el estómago y, como había previsto Riddle, James casi le
rogó por que perdonara aquella falla y se casara con su hijo, diciéndole que duplicaría la dote
si era necesario. Lord Potter también había jurado que su hijo seguía siendo puro pues,
aunque había logrado conocer a Severus en un desliz, no le daba momento de que nada
inadecuado pasase entre él y alguien más. Riddle aceptó aquello, pues lo único que deseaba
era poseer a Harry para evitar perderlo frente a un beta. De todas formas, si no resultaba
virgen, podría castigarlo con la rudeza necesaria por aquella afrenta.

Lo último que necesitaban resolver ambos hombres era la forma en que Harry aceptara
casarse sin escándalo, pues ya sabían —Riddle lo intuía por los acontecimientos— que el
omega no aceptaría tan tranquilo. Para esto, Riddle le contó lo que había sucedido con Snape,
y lo que podrían hacer con él para que el omega aceptara. A ninguno de los dos les convenía
un escándalo: Lord Potter velaba por la virtud de su hijo y el respeto que envolvía su
apellido, y Lord Voldemort no aceptaría jamás que la noticia de que había sido
menospreciado en favor de un beta llegará a la luz pública.
Capitulo 7

Capítulo 7.

Lord Voldemort, por petición de Lord Potter, se marchó antes de que padre e hijo hablaran.
La fecha de la boda había sido fijada para una semana, pues ninguno de los dos perdería más
tiempo. Así que, sin dudar, James Potter le pidió a una de sus sirvientas que buscara a su hijo,
mientras él lo esperaba en la propia habitación del omega.

Antes de pedir verlo, se había acercado al escritorio de su hijo y dado con todas las cartas que
se había escrito con el beta durante todo aquel tiempo. No tardó ni un segundo en destrozarlas
con furia mal contenida. Las hizo añicos con sus propias manos, y solo dejó pedazos tan
pequeños que sería más que imposible saber qué trozo pertenecía a cual carta.

Respiró profundamente viendo el montón de pequeños trozos en el piso, y sintió acercarse de


forma lenta y dudosa a su hijo y a la dama de compañía de este.

Harry, sin tener idea de la razón de la llamada, llegó a su habitación acompañado de


Hermione. No necesitaron explicación verbal, pues fueron recibidos por el rostro colérico de
James, quien sujetaba la inconfundible carta que Harry había enviado hace poco. La
habitación se había llenado de un fuerte olor a madera, que el joven reconoció provenía de su
padre. James Potter jamás había usado sus feromonas para intimidar a su hijo, pero en aquel
momento no podía evitarlo.

Harry se fijó además en el montón de trozos que reconoció como sus preciadas cartas, y
sintió un nudo en su garganta al haber perdido algo que sentía tan preciado. Hermione
palideció al comprenderlo todo, y temió por la seguridad de su joven amo. Harry dio un paso
al frente infundiendose valentía, sabiendo que las cosas irían de mal en peor.

Lord James Potter habló. Su tono era grave y apretaba los dientes con furia, como si
masticara las palabras.

—No sabes la furia y la decepción que siento en estos momentos.

—Padre, déjame explicarte…

—¡¿Qué me vas a explicar?! ¿Que te estabas escribiendo con un beta pordiosero?

—Fui engañado…

—¡No me importa cómo sucedió! Puedo creer o no en la explicación de Riddle, pero la


prueba de que tú sabías la condición de Severus Snape es prueba suficiente para hacerme
enojar. ¡¿Cómo te atreves a aceptar los avances de un beta?!—El Lord calló, tomando un
respiro. Se pasó las manos por ese rostro y, con voz calma, dijo:— Te casarás en una semana
con Lord Voldemort.
Harry palideció, sintiendo sus fuerzas caer de golpe. No, él no podía casarse con nadie más
que no fuera Severus Snape, porque él amaba al beta con todo su ser.

—Dijiste… juraste que no me obligarias a casarme. Se lo juraste a mi madre.

James Potter miró a su hijo de forma dura y sin una gota de conmiseración. Apretó la carta
que traía hasta que el arrugado papel cedió y se agrietó entre sus dedos. Cuando habló
nuevamente, su tono había bajado hasta la amenaza peligrosa de un alfa.

—Dije que te daría la oportunidad de casarte con un alfa que te gustara, no que te dejaría ser
desposado por un beta inutil.

—Severus no es inutil. Es inteligente, es atento…

—Es un beta. No hay una casta mas inutil e insignificante que los betas.

—¡Yo lo amo!

James Potter jamás le había levantado la mano a su único hijo, ni siquiera con todas sus
travesuras, hasta ese día. Aquella era la primera vez en que estampaba la palma de su mano
en la mejilla de Harry, y aquel acto sin precedente había dejado mudos a todos los presentes
en la habitación. Hermione solo pudo cubrir su boca con ambas manos, amortiguando el grito
de dolor que escapaba de sus labios. No podía hacer nada para ayudar a su amigo en aquel
momento, y eso le destrozaba el alma.

El sollozo de la joven dama de compañía provocó que Lord Potter saliera de la rigidez que
adquirió su cuerpo luego de aquel acto. Contempló su palma por un segundo y luego miró a
Harry. El joven había quedado inclinado sobre sí mismo, cubriendo con una palma titubeante
la mejilla que se estaba tornando de un rojo intenso en su piel blanquecina debido al golpe
recibido.

—Dime, Harry. ¿Snape te tocó?

Harry se enderezó con lentitud y, aunque sentía un gran dolor en su mejilla, alejó la mano,
dejándola expuesta. Su padre lo miraba fijamente, esperando una respuesta. En sus ojos se
veía la determinación de asesinar al beta si la respuesta de su hijo resultaba afirmativa.

—No

—Le he jurado a Lord Voldemort que lo de ustedes no había llegado a lo físico, he tenido casi
que humillarme para que acepte continuar con este acuerdo.

Harry sintió que su sangre hervía con aquellas palabras, sintiendose un objeto sin voz en la
conversación que habían tenido los dos Lores.

—No pienso casarme de forma tranquila. —Habló sin esperar el permiso de su padre—. Si
tengo que hacer un escándalo, lo haré. Si tengo que escaparme, lo haré. Si tengo que tomar
mi vida, lo haré. No dejaré que se me obligué a desposar a alguien por quien mi corazón no
emite ni un latido.
Por primera vez desde que la conversación inició, Lord Potter sonrió. Cuando se enteró que
su hijo era un omega supo que tendría demasiados problemas en su vida, y los tenía. Había
deseado fervientemente que su descendencia hubiese sido un alfa, eso le habría facilitado las
cosas. En cambio, sólo había obtenido un omega con alma de alfa, y eso no podía ser.

—Lo sé. Se muy bien que aunque te castigue, no te doblegarás tan fácilmente. No sabes
cuanto me duele que no seas un alfa.

—No es mi culpa haber nacido omega. —reclamó dolido.

Él también deseó miles de veces pertenecer a cualquier otra casta, menos la suya.

—Pero es tu culpa no seguir las tradiciones. Es por eso que para asegurar de que cumplas lo
que se espera de ti, Lord Voldemort ha hablado bastante conmigo. Severus Snape está preso.

El jadeo de exclamación de Harry demostró que las palabras de su padre habían dado en el
blanco. Se sintió devastado, pues no había pensado que si los habían descubierto, Severus
podía estar sufriendo las consecuencias de alguna forma.

>>Ese maldito beta está preso. —continúo su padre—. Y se quedará tras las rejas hasta que
Lord Voldemort de la orden.

—Él no ha cometido ningún crimen.

—Eso no importa, Harry. Esa es la diferencia entre un beta de clase baja, y un alfa de la clase
de Lord Voldemort.

Harry mordió su labio inferior, sabiendo bastante bien por qué su padre compartía esa
información con él. Sabiéndose perdido.

—¿Qué le hará a Severus?

—Depende de lo que tú decidas. Está detenido bajo el alegato de robo, y eso es grave. Puede
pasarse toda su vida tras las rejas, y créeme, hijo mío, que estoy dispuesto a ayudar a Riddle
para que eso suceda. En cambio, si te casas de forma tranquila, Snape tendrá libertad y algo
que desea. Un puesto en una universidad me parece. Pero si haces el mínimo arrebato o si
osas con escapar hacia la muerte, la vida del beta será mayor infierno que a donde sea tu alma
pueda ir. ¿Podrías irte de este mundo con el pensamiento de que el beta sufrirá peor destino
que la muerte?

Supo de inmediato a lo que se refería su padre. Al parecer, si Harry se casaba sin alboroto,
Lord Voldemort no sólo liberaría al beta, sino que también mantendría la promesa del puesto
en la universidad que había iniciado todo aquello; seguramente con el deseo de que Snape se
alejara de ellos lo más posible. Harry sabía que no necesitaba pensarlo mucho tiempo, pues si
la decisión de que Severus pudiera ser libre y ser feliz estaba en sus manos, la tomaría. La
muerte tampoco sería una opción para él, pues preferiría sufrir el tiempo necesario sabiendo
que el beta lograría la felicidad. Ni siquiera podía imaginar todo lo que podían hacer los
Lores para vengarse de Severus Snape. Era muy probable que, pasado el tiempo y
conociendo personas en su nuevo trabajo, Severus se olvidaría de aquel amor que un día le
causó tantos problemas. Y Harry podría consolarse en las noches con el pensamiento de que
había hecho lo correcto. A pesar de que pasaría el resto de su vida en brazos de otro hombre.

—De acuerdo padre, —soltó lentamente—. Me casaré con Lord Voldemort bajo las
condiciones necesarias.

Por su parte, en cuanto había salido de la mansión Potter, Lord Riddle Voldemort le dio
indicaciones a su cochero para que se dirigieran a la comisaría. El paseo le resultó refrescante
al Lord, pues sabía muy bien que todo saldría como deseaba. El joven Potter se rendiría
fácilmente ante la amenaza de la vida del beta, y pronto lo tendría a su merced, y en su cama.

Cuando llegó a su destino bajó del coche con soltura, y se encaminó despacio dentro del
lúgubre e inmundo lugar. Se encontró con los dos oficiales a los que les había pagado y, con
un asentimiento, le condujeron a la celda que albergaba al beta. En el lugar tan solo había un
par de presos más, por lo que no le fue difícil encontrar al que buscaba.

Severus estaba sentado en una banca, encerrado en la celda del fondo. Tenía la cabeza entre
las manos, la ropa húmeda y su cuerpo completo gritaba desesperanza. En las pocas horas
que llevaba en aquel sitio los guardias le habían tirado baldes de agua y golpeado contra las
paredes: todo a petición del Lord que lo mandó a encerrar. Severus siempre había sabido que
el dinero compraba muchas cosas, y en aquel momento supo que también compraba la
dignidad y la posibilidad de justicia de un hombre.

El beta sintió los pasos que se dirigían a su celda, y levantó la cabeza ante el inconfundible
aroma a limón de quien lo había encerrado en aquella celda.

A través de los barrotes, Voldemort le veía con suficiencia y deleite.

—Veo que no la has pasado muy bien, — comentó el Lord desbordando burla —¿Crees que
deba decirles que sean más… hospitalarios?

Severus se puso de pie rápidamente, acercándose a los barrotes de forma agresiva.

—¿Qué es lo que quieres, Riddle?

El Lord levantó ambas manos en son de paz, pero dio medio paso hacia atrás, alejándose de
las barras.

—Solo vine a decirte que cumpliré mi promesa, Severus. Pero no porque lo merezcas, sino
porque soy un caballero.
—¿De qué promesa hablas?

—De tu puesto en la universidad. Nuestro trato fue que enviaras cartas, y lo cumpliste. Yo
cumpliré mi parte, y enviaré la misiva recomendando tu nombre.

Lord Voldemort cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra, mientras parecía
inspeccionar la pequeña celda que se extendía frente a sus ojos, detrás del hombre. Severus
calló por un momento, sin entender el porqué del cambio en el trato del Lord.

—¿Por qué harías algo así?

—Ya te lo dije, soy todo un caballero. La única condición es que te marcharás tan pronto
salgas de aquí. Recoge tus cosas, no vuelvas por lo que no puedas llevarte, y jamás le dirijas
la palabra ni a Harry ni a mi nuevamente. —Bajó su tono de voz tanto, que casi parecía un
susurro —. Déjame explicarte esto: no me molesta que hayas creado sentimientos hacía ese
omega, el problema es que ese omega me pertenece. Quizás, si no tuviese planes de casarme
con él, podríamos compartirlo. Pero no puedo dejar que las personas sepan que un omega
prefirió a un beta sobre mi. No, no puedo permitir eso.

—¿Y crees que aceptaré eso de forma tan sencilla?

—Lo harás, claro que sí. Por que imagino que deseas más el bienestar de Harry que el tuyo
propio. Escucha esto, ya le conté todo a su padre, y oh, el pobre Lord estaba casi lloroso con
la información. Me rogó que perdonara la ofensa de su hijo y yo, tan benevolente, acepté.
Pero eso no significa que olvidaré todo lo que ha sucedido, no. Si por algún motivo osas
hacer algo que perjudique mi honor, no arremeteré contigo, no. Será con Harry. Y tú más bien
que nadie sabes lo sádico que puedo llegar a ser con un omega. No sólo lo marcaré tan fuerte
en nuestra noche de bodas que tardará en cicatrizar, no. Lo destrozaré de forma tal que no le
quedarán ni deseos de volver a respirar. Pero todo depende de lo que tu decidas.

Severus tragó, sintiéndose perdido. El solo pensamiento de Riddle lastimando a Harry lo dejó
sin aliento por unos segundos, deseando con todo su corazón haber podido tener la fuerza o
los recursos necesarios para proteger al omega; pero no los tenía. Bajó la cabeza frente a Lord
Voldemort por primera vez en su vida, y aceptó marcharse tan pronto lo liberaran.

Después de que su hijo había aceptado casarse con Lord Voldemort, James Potter abandonó
la habitación, dejando solos a Harry y Hermione. Sin dar explicación alguna había dicho a
sus guardias que su hijo tenía terminantemente prohibido recibir ninguna carta, ni salir de la
mansión. Ni siquiera le sería posible salir al jardín pues Lord Potter temía que, en algún
despiste y aún con lo prometido, Harry pudiese escapar. Colocaría a uno de los guardias fuera
de la puerta de la habitación de su hijo, y se marchó a su estudio para pensar en silencio.

En cuanto su padre había salido, Harry se encaminó a su cama y, bajó la mirada de Hermione,
cerró los cortinajes y se acostó. La muchacha, fiel a su costumbre, respetó su privacidad; y se
sentó en el suelo a un lado de la cama, por si el joven la necesitaba. Harry no lloró, o por lo
menos ella no lo escuchó, y la noche y la mañana llegaron al unísono.

Eran apenas las seis de la mañana cuando, por fin, Harry abrió las cortinas que le envolvían,
y vio a su fiel compañera. Ninguno de los dos había dormido lo suficiente aquella noche, ni
lo necesitaban tampoco. La joven, entendiendo las señales silenciosas de Harry, subióse a la
cama y le abrazó con ternura, sintiendo como propio su dolor.

Hermione sintió la resignación de Harry en aquel abrazo, pues al parecer el joven había
pasado toda la noche entendiendo que no había más remedio que casarse con el Lord. Por su
parte, el insomnio de ella había dado frutos diferentes, y la resignación no era uno de esos.
Pero, por el momento, no le contaría nada, y dejó que su amigo se durmiera entre sus brazos,
cediendo al cansancio.

Daban las nueve de la mañana cuando la joven de cabellos rizados salió del dormitorio del
omega, bajo la atenta mirada del guardia que habían dispuesto en la puerta, y le anunció que
necesitaba hablar con Lord Potter. El guardia la dejó marchar, quedándose a vigilar la puerta,
y Hermione caminó con precaria determinación a donde sabía que encontraría al Lord. Tocó
la puerta de forma pausada, y entró cuando la voz del alfa le dio permiso.

El hombre levantó el rostro de los papeles que hojeaba, y frunció el ceño cuando se fijó que
era la dama de compañía de su hijo. No sabía hasta qué punto la muchacha sabía lo que
ocurría entre Harry y el beta, y pensó toda la noche en que quizás debería buscarle un lugar
lejano, pues no quería que ella divulgara aquellas vergüenzas.

Pero, antes de que él pudiese decir algo, ella se inclinó en mediana reverencia, y habló:

—Mi Lord, si el joven Harry contraerá matrimonio con Lord Voldemort, permítame mandar a
encargar su vestuario.

Hermione tembló al tiempo que se inclinaba como muestra de respeto ante Lord Potter. Había
llegado hasta el despacho del hombre, con la esperanza de que su plan funcionara, pero el
miedo la invadía a cada segundo. El Lord, olvidándose momentáneamente de lo que había
estado pensando, masajeó su frente con brusquedad.

—Olvidé esos menesteres completamente. —Lord Potter levantó el vaso que tenía frente a
los papeles, y tomó un trago de su bebida ambarina, antes de mirar fijamente a la muchacha
—. Si mi esposa estuviese viva, no habría permitido que ese detalle me pasara por alto, esas
son cosas de omega. Pero tienes razón, jovencita, mi hijo necesitará el mejor atuendo para la
ocasión. Pero la situación no amerita que Harry hable con personas fuera de nuestra mansión.
Como comprenderás, temo que lo que ha sucedido entre él y ese beta desagradable pueda
llegar a oídos del pueblo.
La joven sintió la mirada inquisitiva de Lord Potter sobre ella, analizándola. Sabía muy bien
que debía demostrarle al alfa que ella estaba de su lado, que le tuviese confianza. Y para eso,
antes de llegar con él había practicado las palabras adecuadas.

—Entiendo muy bien su temor, Lord Potter. Y permítame el atrevimiento de decir que es
también el mío. Yo misma me sorprendí cuando me enteré que el remitente de las cartas no
era Lord Voldemort, pues si bien Harry siempre me las leía, me ocultaba muchas cosas que
yo ameritaba a simple privacidad. —Ella se irguió, dejando ver la consternación que había
colocado en su rostro—. He estado intentando convencer a mi joven amo de que saque de su
corazón al señor Snape, pues no tiene nada que pueda ofrecerle a alguien de su estatus. Por
eso me ofrezco para conseguir yo misma su traje de bodas, y de esa forma encontrar algo
hermoso que le haga ver que su matrimonio con el Lord le traerá beneficio. Conozco todas
sus medidas, además, por lo que puedo encargarme de que la costurera realice un trabajo
exquisito sin que tenga que ver mi joven amo.

James Potter asintió complacido ante esas palabras, estando agradecido de que la dama de
compañía de Harry le ayudaría a hacer que su hijo entrara en razón. Sentía que por lo menos
tenía un aliado en aquella locura.

—Estupendo, querida niña. Veo que puedo encontrar en tí un aliado. ¿Cuándo crees que
debamos mandar a hacer el ropaje?

—Si me permite, hoy mismo, mi Lord. Harry se merece un vestuario hecho de los más finos
materiales, y con los más exquisitos detalles. Y eso toma tiempo, siendo que el matrimonio se
realizará en seis días.

—¿Y conoces el sitio donde podamos contar con un trabajo exquisito?

—Maddam Malkin´s, la mejor de todas. Su tienda está a una esquina de la calle Diagon.
Puedo encargarme de elegir las telas, el bordado y la forma más apropiada de confección. Si
me voy ahora, quizás regrese para antes del anochecer.

Lord Potter asintió, agradeciendo no tener que encargarse de un menester que no le competía
a un alfa como él. Sacó del cajón de su escritorio una bolsa con monedas de oro y se lo tendió
a la joven, diciéndole que pagara todo el vestuario de una vez, para que la costurera tuviese
más determinación para acabarlo con rapidez.

Informó a su cochero de que llevara a la joven omega a la tienda que deseara, y que la
esperara todo lo que necesitara, y Hermione partió rápidamente sin siquiera hablar con Harry,
quien aún no había despertado.

Durante el trayecto, la cabeza de Hermione bullía en pensamientos que apenas la dejaban


pensar con claridad, y rezó una pequeña plegaría pidiendo que todo lo que había planeado
resultara, pues su amigo no podía casarse con Lord Voldemort.

El cochero estacionó a un lado de la calle, frente a Madame Malkin’s, y se ofreció a


acompañarla hasta la tienda, pero ella le dijo que podía esperarla en el coche pues tardaría
bastante debido a todo lo que tenía que hacer. El hombre aceptó la oferta de esperar,
tentandose con la idea de dormir un poco mientras esperaba, y no deseando pasar toda la
tarde entre telas y vestuarios. La vio alejarse rumbo a la tienda, y luego desvió la vista para
ver a un par de jovencitas omegas que pasaron a su lado.

Hermione caminó hacia la tienda mirando por encima de su hombro, regocijándose al ver
como el cochero se acomodaba con la cabeza hacía atrás, en una clara idea de dormir unos
minutos, y aprovechó a un grupo de personas para ocultarse entre ellas y poder entrar sin ser
vista a un callejón que daba a la otra calle. Cuando se sintió fuera de la vista del hombre,
levantó ligeramente su vestido para no tropezarse con él, y corrió todo lo que pudo en
dirección del final de la calle Diagon.

Poco acostumbrada a ese tipo de carreras sentía que perdía el aliento, pero una alegría
inmensa le devolvió las fuerzas para mantener el ritmo cuando vio a Ron Weasley fuera de la
carpa familiar, ayudando a su familia con la multitud que aún se aglomeraba fuera de la
carpa. El joven alfa la vio, y dejó lo que hacía para llegar hasta ella, preocupado por la forma
en la que la omega se acercaba a ellos.

El joven la retuvo antes de que ella terminara de llegar a la carpa, y sujetó las pequeñas
manos de la omega entre las suyas, preocupado. No le molestaba que su familia le viera, pues
ellos sabían la devoción que sentía por aquella omega. Incluso había logrado que su familia
se quedara unas semanas más en aquel pueblo tan solo para poder ver a la muchacha, aunque
no sabía cuánto más podía retenerlos. De todas formas se habría quedado solo en aquel lugar
de ser necesario, vagando por las calles y esperando con paciencia, aunque solo fuera para
ver a Hermione una que otra vez.

Fue por eso que cuando Hermione le pidió ayuda, Ron supo que podría incluso dar su vida, si
aquella joven se lo pedía.

—Ayúdame, por favor.

—Todo lo que me pidas.


Capitulo 8

Capítulo 8

El carcelero abrió la reja casi a las once de la mañana, justo como le había indicado Lord
Riddle Voldemort el día anterior. El hombre, un alfa robusto y entrado en años, no sabía con
exactitud qué había hecho aquel beta para hacer enojar a un Lord a tal punto de mandarlo a
encerrar unas cuantas horas, pues al igual que su compañero, no creía del todo en la excusa
del robo. Aunque no sería la primera vez que eso ocurriera. De todas formas no le importaba
mucho, siempre y cuando aquellos Lores le dieran un merecido pago por ayudarles.

Severus salió de detrás de los barrotes y caminó fuera de aquel lúgubre y sucio lugar,
sintiendo que el día que había sido encerrado le habían vaciado el alma. Su estómago rugía
por la falta de alimento desde el día anterior, y tiritaba ligeramente de frío, pues su ropa
seguía húmeda. Ni siquiera el calor de los rayos del sol le hicieron sentir mejor, pues nada
podría calentar el frío que sentía en el alma.

Pensó, de forma casi depresiva, que solo le quedaba caminar hasta su casa, unas cuadras al
sur, recoger sus pocas pertenencias y prepararse para tomar el tren al día siguiente. No le
quedaba más nada que aceptar el trato de Riddle y marcharse a tomar el puesto de profesor,
aunque esa idea le supiera amarga.

Cuando se dispuso a caminar, se fijó que, al otro lado de la calle le veían dos jóvenes. A la
chica la reconocía claramente como la dama de compañía de Harry, pues la había visto por un
momento durante la cena de compromiso de Lord Voldemort. A su lado había un joven alto,
pelirrojo y con varias pecas en la cara. Ambos estaban de pie frente a un coche tirado por
unos viejos caballos. Severos cruzó la calle en dirección a ambos jóvenes, sabiendo que si la
joven de pelo rizado se encontraba ahí, debía de ser por causas de Harry.

En cuanto se acercó a ellos, pudo ver la angustia reflejada en los ojos de la omega, y tuvo
miedo.

—Señor Severus, necesito hablar con usted. Pero no aquí, no sé que servidumbre de Lord
Potter pueda estar fuera, y si me ven hablando con usted se lo dirán al Lord.

Severus entendió y, decidiendo rápidamente, entendieron que el mejor lugar sería en casa del
beta. Severus y Hermione subieron al carruaje, y Ron subió a las tablillas para tirar de los
caballos, siguiendo la dirección de Snape. Al llegar, vieron una pequeña casa totalmente
cerrada, pues el beta no la había usado desde que comenzó con las cartas a Harry.

Entraron de forma rápida para evitar ser vistos, y Hermione pudo ver libros desperdigados
junto con muchos materiales medicinales en pequeños frascos. Pensó por un momento que,
aunque la casa de Snape tenía el tamaño de la sala de estar de la mansión Potter, se sentía más
acogedora.
Se sentaron en la única mesa que había en la casa, y la joven procedió a contar sin esperar
demasiado todo lo que había sucedido entre Lord Potter y Harry.

—Usted debe ayudarle, Harry no puede casarse con ese alfa.

—¿Qué me queda? —Replicó Severus, con dolor en su voz. —Si hago algo ante esta
situación, lo condenaría a una vida de fugitivo, además ¿que podría darle yo en comparación
a Lord Voldemort?

—Todo, ¡Oh, no tiene idea de cómo está sufriendo mi querido amigo! Incluso se ha
enfrentado a su padre por usted, recibiendo una bofetada en el proceso.

Severus sintió su sangre hervir ante el conocimiento de que Harry había sido golpeado. Pero
eso no evitaba el riesgo que le provocaría al omega hacer algún movimiento. Pensó que el
joven estaría mejor sin él, hasta que Hermione dijo:

—Harry estaba dispuesto a escaparse, a morirse si era necesario. Amenazó a su padre en un


momento de cólera con que haría lo que fuera necesario con tal de no quedarse junto a Lord
Riddle, aunque ensuciara el apellido de los Potter en el proceso. Pero Lord Potter le dijo de
forma rotunda que si él se atrevía a hacer algo, sería usted quien lo pagaría en sus propias
carnes. Mi querido amigo sólo ha aceptado casarse de buenas con el Lord para que no lo
dañen a usted.

—Lord Voldemort me ha ofrecido continuar con el… trato que teníamos al inicio. Me
informó que, siempre y cuando yo me marchara, mi puesto en la universidad seguiría en pie.
Dudé de por qué lo hacía, pues sé muy bien que el Lord no es de buen corazón… Luego
entendí que se trataba de mantenerme alejado de Harry, y me dijo que si intentaba algo la
pagaría con él en lugar de hacerme algo a mí.

—Los Lores les han hecho aceptar la resignación con tal de salvar al otro.

El beta sintió náuseas tan solo de pensar que Harry le estaba salvando la vida y su futuro a
cambio de su propia felicidad. Hermione, por su parte, pensó que el repentino mutismo de
Severus Snape se debía a que habría considerado lo suficiente la propuesta de la universidad
para que no deseara más arriesgar su futuro por su amigo. En cambio, cuando el beta habló
nuevamente, tenía el ceño fruncido y la determinación pintada en el rostro.

—¿Crees que él venga conmigo ?

Ella sonrió y asintió con vehemencia.

—La única cosa que evita que saliera corriendo a buscarlo, es que teme a que usted sufra de
las represalias de ambos Lores.

Por un momento, Severus quedó en silencio, pensando, bajando la mirada hasta la mesa. De
un momento a otro levantó el rostro, sabiendo que había tomado su decisión: se escaparía con
Harry. Pero, de pronto, recordó algo más, y miró a Hermione con consternación.
—Y tu, niña ¿Que harás? Sabes que James Potter se enterará de una forma u otra de tu
traición, por lo que no puedes quedarte en aquella casa. Si deseas, puedes acompañarnos. Yo
velaré por Harry y por ti.

Hermione sintió la mano de Ron apretando su hombro, y enrojeció cuando su mirada buscó la
del Alfa. Ella sabía que no podía quedarse en la casa Potter después de lo que haría y, aunque
acompañar a su amigo le traería una inmensa alegría, sabía que era el momento en que ambos
debían seguir su camino.

—Yo cuidaré de Hermione. —Fue Ron Weasley quien habló, sorprendiendo a Severus con la
mirada decidida —. Ya hablé con mi familia, hoy mismo nos marcharemos del pueblo.

Severus entendió que aquella cercanía entre ellos no era algo de un día, y vio en los ojos de
Ron el mismo deseo ferviente de proteger al ser amado. Severus haría lo que fuera por
proteger a Harry, de igual forma. Incluso se habría alejado tragándose su amor si eso hubiese
deseado el Omega. Pero si lo único que evitaba que Harry estuviera con él era su deseo de
protegerlo, se enfrentaría a un ejército si era necesario para recuperarlo.

Ambos jóvenes le contaron de forma rápida la idea que tenían, y sabían que todo lo que
hicieran debía hacerse aquella noche. Severus les informó que tenía facilidad para conseguir
un coche y escapar, pues pensó sin problemas en el coche que había visto anteriormente en el
cobertizo de la mansión Voldemort, y recordó con alegría que jamás llegó a contarle al Lord
de la reja rota. Con malicia pensó que no podría obtener el empleo prometido, pero que
conseguiría un regalo de bodas por parte del Lord sin que esté supiera.

—¿Tiene algún lugar a donde ir? —Le preguntó la omega al beta, preocupada—. Un lugar
donde no pueda ser encontrado por Lord Voldemort ni Lord Potter. Ni esta casa, ni su puesto
en la universidad pueden ser considerados jamás.

—Si desea, —interrumpió Ron con voz suave — pueden acompañar nuestra caravana en
nuestro viaje. Podemos ayudarles.

Severus les agradeció a ambos, pero declinó la oferta. Sabía de un sitio suficientemente
lejano donde podría llevar a Harry e iniciar una vida. Un lugar que nadie conocía —pues él
nunca contaba su vida con detalle— y que era suficientemente hermoso y lejano. Le tomaría
tiempo arreglar la destruida casa, pues hacía tiempo que no iba por esos lares, pero trabajaría
día y noche para hacer de aquel lugar un hogar. Comenzaría en aquel sitio su fama de
boticario y no descansaría hasta darle al omega la vida que se merecía.

Hermione entendió que la negativa del hombre de aceptar la propuesta se debía a que tenía en
mente algún rumbo, así que no preguntó más. Sin embargo, tomó la bolsa con monedas de
oro que había obtenido de Lord Potter y la deslizó por la mesa, extendiendosela a Snape.

—¿Y este dinero?

—Lord Potter me lo entregó para que confeccionara un traje para el señorito. Me quedaré con
la mitad—dijo enrojeciendo ligeramente —. Quiero que le guarde el resto para Harry.

—Me encargaré de que nada le haga falta a Harry.


Hermione resopló. La terquedad de Severus Snape combinaba bastante bien con el empeño
de Harry Potter.

—Con todo respeto, señor Snape: no sea terco. A veces debemos dejar de lado nuestro
orgullo para asegurar un futuro mejor. ¿Y si alguno de los dos se enferma de camino a donde
sea que se dirijan? Si no desea usarlo, Harry lo hará de ser necesario. Se lo daría yo misma
pero no puedo esconder la bolsa en mi vestido. Y no me pueden ver llegando nuevamente
con las monedas.

Severus Snape miró la bolsa de tela con las monedas por largo rato, y las aceptó con una
mueca de disgusto. Tenía algo de dinero ahorrado escondido en un rincón de su casa, pero
ciertamente no era lo suficiente para un viaje tan largo como el que realizarían. Pero,
haciendo caso a las sabias palabras de la joven, se tragaría su orgullo, pues su bien mayor era
la seguridad de Harry.

Volvieron a conversar brevemente del plan antes de marcharse, pues se le estaba haciendo
tarde a la joven de cabellos rizados. Y temía que el cochero quisiera entrar a Madam Malkin
´s para preguntar si ya había terminado.

—Solo necesitaremos esperar a que todos se duerman, —comentó Hermione—, y rezar por
qué los cuidadores no nos sientan al salir.

—Yo conozco un mejor truco que rezar en este caso.

Severus se levantó de la mesa y fue hasta la habitación en la que creaba la mayor parte de sus
brebajes medicinales. Tomó un pequeño —muy pequeño—frasco de color ambarino y volvió
con los jóvenes, que lo esperaban expectantes.

Se lo tendió a Hermione, explicando lo que era y contemplando su plan. Terminaron pronto,


pues la joven debía volver con el cochero a prisa. Al quedarse solo, Severus sabía que
necesitaba reunir las pertenencias que iba llevarse a toda prisa, y se encargó de reunir
también todo lo que Harry pudiese necesitar en aquel viaje, pues sabía bien que el Omega
saldría de su casa con las manos vacías. También se encargó de empacar gran parte de los
brebajes que podían usar o vender en el camino, y de las hierbas qué más necesitaría. Cuando
todo estuvo listo, se sentó a esperar.

Tendría que esperar a que oscureciera para colarse en el cobertizo de la mansión Voldemort y
sacar el coche sin ser visto. Luego, tendría que esperar a que su amor logrará escapar.

Hermione bajó del carruaje de Ron justo en la entrada de la calle donde había desaparecido.
Se despidió del alfa con una mirada cargada de emociones y, sin perder tiempo, regresó junto
con el cochero. El hombre había despertado hacía más de una hora, y murmuró que tanto
había que tardar en algo tan simple como lo era la ropa.

El camino a la mansión Potter fue lento, al parecer de la joven. O quizás era la ansiedad que
sentía en aquel momento, y el miedo enorme que le embargaba de que alguien descubriera lo
que guardaba entre las telas de su vestido.

Al llegar, le informó a Lord Potter de su encomienda, y le dijo que volvería mañana en la


tarde para ver cómo irián los avances. Bajo la sonrisa de felicidad del Lord, pidió permiso
para ir donde Harry y hablarle de su ropaje, y se dirigió de forma veloz hasta la habitación de
Harry. El guardia la dejó pasar a la habitación, y ella cerró la puerta rápidamente. Vio a su
joven amo sentado en la cama; ni siquiera había cerrado los doseles. No lloraba, pero su
rostro reflejaba la amargura y desolación que sentía en ese momento.

Levantó el rostro al sentir entrar a la muchacha, y no pudo evitar fijarse en que su actitud era
extraña. Su padre le había informado que ella había salido con la intención de mandar a hacer
el traje que usaría el día de su boda; pero parecía que algo no cuadraba en las expresiones de
la omega.

Nerviosa, se acercó a la cama y se arrodilló junto al muchacho, y sacó de entre el interior de


su corsé un pedazo de papel doblado, sin sobre, y se lo tendió a Harry mordiéndose los
labios, expectante.

—¿Qué es esto? —preguntó al tiempo que tomaba el pedazo de papel.

Nunca dudaría de nada de lo que su amiga le tendiera, pero jamás había visto a la joven
comportarse de esa manera.

—Es una carta del señor Severus Snape.

—¿Te encontraste con Severus?

La joven enrojeció de vergüenza al instante, pues Harry comprendió que la salida de ella
aquella tarde había sido por algo muy diferente a lo que le habían contado.

—No quise decirle, pues sabía que estaría nervioso todo el día. Y necesitaba que nadie
sospechara y nadie nos vigilará para enseñarle esta carta.

Sin decir nada más, Harry desdobló el papel y la inconfundible letra de Severus se presentó
frente a sus ojos. Casi derramó una lágrima de alegría, pues pensó que, después de que su
padre destrozara las antiguas misivas y de que se le prohibiera a la servidumbre de la casa
aceptar cualquier carta dirigida a Harry, jamás volvería a saber del beta.

Amor mio….
No sabes cuanto me duele esto que está pasando. Quisiera decirte que me gustaría devolver
el tiempo y evitar que esto sucediera tan solo para evitar tu sufrimiento, pero sería mentira.
Aún si diera marcha atrás a todo esto, mi corazón seguiría buscando por tu ser, por tu amor.
Y yo soy un ser egoísta que, de alguna forma u otra, terminaría volviéndose a enamorar de tí
tan solo para volver a sentir la inmensa felicidad de imaginarte mio.

Harry, créeme cuando te digo que la única razón por la que he estado silenciado, es por que
Riddle usó artimañas para encerrarme; pues de otro modo ya estaría luchando por que nos
dejaran unir nuestro amor. Pero, durante mi tiempo encarcelado, me amenazó con lo que
más me duele: tu felicidad. Y me enteré de que a ti también te amenazaron usándome a mi.
Caímos en una trampa mi amor, y todo por el amor que nos tenemos.

Confesaré que pensé que todo estaba perdido, que realmente tú estarías mejor sin mi; hasta
que tu amiga llegó como un ángel de la guarda, y me explicó que lo único que te ha retenido,
es por que piensas que mi vida corre peligro. Oh, amor mío, no puedes estar más equivocado
a ese respecto, pues mi vida no corre más peligro que solo con el hecho de estar lejos de ti.

Ideó un plan para ayudarnos, y ella tiene la certeza de que tu lo aceptaras. Debo decirte que,
si bien ansío volver a verte, entenderé si al final cambias de parecer y decides quedarte y
casarte con Lord Voldemort. Después de todo y aunque me duela lo que ahora escribiré, si
bien a mi lado jamás te faltará nada, y mucho menos amor, mi situación no me permite darte
la vida que has tenido y te mereces.

No te explicaré mucho por aquí acerca del escape pues, si decides que me prefieres, sé que tu
amiga tendrá tiempo de darte todos los detalles.

Con el inmenso amor que es solo para tí, me despido.

Sus manos temblaron ligeramente mientras leía y, al terminar, sus ojos descendieron al nivel
de su amiga, sintiéndose sobrecogido.

—Esto significa…

—Le sacaré de aquí. Tiene el derecho de estar con Severus si así lo desea.

Harry sabía, desde que había aceptado que el escritor de las cartas era el beta, que no podía
esperar una vida a su lado igual que la que tenía; pero no le importaba. ¿Realmente podía
llamarse vida a lo que él vivía? Estar encerrado casi siempre, no poder convivir con
normalidad con los demás. Y luego, estar a merced de un esposo déspota, pues si Voldemort
era capaz de encerrar a Severus, no se imaginaba lo que podría hacer con él. Severus Snape le
amaba de verdad y sabía muy bien que la vida con él no sería igual: sería mejor.

Harry asintió suavemente, concordando que su deseo era marcharse con el hombre al que
pertenecía su corazón. Y se quedó en completo silencio mientras ella le contaba los detalles
de todo lo que habían hablado en casa de Severus.
—No puedo involucrarte en esto. Si me ayudas a escapar ten por seguro que mi padre no solo
me buscaría a mi y a Severus, sino también a ti.

—Yo no sería feliz jamás sabiendo que usted vive en sufrimiento. No sólo hablé con el señor
Snape en mi salida. —La joven hizo una pausa y tomó el vuelo de su vestido con ambas
manos, enrojeciendo ligeramente—. Hablé con el joven Ronald Weasley y le expliqué mi
necesidad de huir. El me ha pedido casamiento de inmediato.

Hermione se sorprendió cuando Harry la abrazó sin avisarle, cayendo de la cama, riendo de
completa felicidad ante la noticia. No solo estaba feliz por la posibilidad que se le presentaba
de una vida junto a su amor, sino que también se regocijaba de su amiga; pues era más que
notorio que la joven se había enamorado realmente del joven Weasley.

Pero recordando que llevaba algo más resguardado dentro del corset de su vestido, Hermione
sacó el diminuto frasco que Severus le había dado, comprobando que no se había roto. Harry
la vio, intrigado, y ella se lo tendió para que lo viera.

—Severus me dio esto.

—¿Qué es?

—Un somnífero. Me dijo que es potente, por lo que apenas unas pocas gotas harán efecto en
un par de horas. Pondré unas gotas en la olla de la cena esta noche, para la media noche todos
estaran durmiendo de forma profunda. Debe de intentar no comer nada.

El joven Potter asintió, y siguieron hablando de lo que harían tan pronto todos los integrantes
de la mansión cayeran rendidos.

Harry tomó el tenedor y desmenuzó el pan de forma aparentemente perezosa, pero con
bastante ansiedad. Había bajado a la cena por órdenes de su padre, y ambos se encontraban
en la mesa, a unas tres sillas uno del otro. Sabiendo que Hermione había vertido el somnífero
dentro de la sopa que probaría todo el castillo, él no se había atrevido ni siquiera a olerla,
temiendo la potencia del brebaje.

—¿No probarás la sopa?

La voz de Lord Potter le hizo estremecer. Giró el rostro para ver a su padre, quien a su vez lo
observaba con gran atención. Lord Potter había ingerido tres cuartos de su respectiva sopa, y
se extrañaba que la cena de su hijo siguiera casi intacta, pues Harry solía ser un joven de buen
comer.
—No tengo mucho apetito esta noche. —carraspeó ligeramente antes de llevarse un ligero
trozo de pan a la boca, e hizo señas de encontrarse completamente lleno. Aunque la verdad
era que tenía bastante hambre—. Creo que preferiría retirarme a mis habitaciones.

Lord Potter, achacando a la falta de apetito de su hijo a que probablemente seguía enojado
con el tema de Snape, frunció el ceño y le hizo una seña para que se retirara, pues realmente
no tenía paciencia para lidiar con aquello esa noche.

Harry se levantó de la mesa y, antes de marcharse, le dedicó una mirada a su padre; pues
sabía que si todo resultaba de acuerdo al plan, aquella sería la última vez que le vería. Por un
momento su corazón se encogió al recordar que, aun con su forma estricta, su padre siempre
le demostró que le amaba a su forma. Deseó que las cosas pudieran ser diferentes, pero sabía
muy bien que no podían ser.

Se retiró en silencio y caminó por los pasillos, cabizbajo. Cuando Harry llegó a su habitación
notó que no había nadie vigilando. Esperó que el guardia encargado aquella noche estuviera
cenando, y rezó por que todos comieran lo suficiente para poder dormirse de forma profunda.

Hermione llegó a su habitación al poco tiempo, con los labios apretados y, después de cerrar
la puerta, se sentó a un lado de la cama junto a Harry. Este había estado escribiendo una carta
de despedida a su padre, pidiéndole perdón por nunca haber sido lo que él deseaba:
disculpándose por no ser un alfa. Dejó la carta sobre su almohada para que fuera encontrada a
la mañana siguiente, y tomó las manos temblorosas de Hermione, para darse valor el uno al
otro. Sabiendo que lo único que les restaba en aquel momento era esperar a que el soporífero
causara el efecto deseado y que el castillo se sumiera en un sueño profundo, alzaron una
plegaria.

Era muy pasada la medianoche cuando abrieron la puerta de la recamara con cuidado y Harry
asomó su cabeza por entre el pequeño espacio. El guardia que debía vigilarlo durante las
noches estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada de la fría pared de piedra, y sus
cortos ronquidos daban a entender que el somnífero de Severus había funcionado. Hizo una
seña afirmativa a su amiga que estaba detrás de él, expectante, y salieron de la habitación
cerrando la puerta tras de sí, y procurando no hacer el menor ruido para no despertar al
guardia.

Avanzaron por los pasillos de forma sigilosa, pero rápida. Aun a pesar de que el somnifero
parecía estar funcionando, ambos sabían que debían evitar a cualquier costa que la
servidumbre de la casa los encotntrara, pues correrían a avisarle a Lord Potter de forma
inmediata; ya que nadie querría sufrir el castigo que conllevaría el dejar escapar al señorito
Harry.
Después de haberse escabullido en la cocina para verter el somnífero, Hermione se aseguró
de cerrar las puertas principales de la casa de tal modo que el portero pensase que había
echado llave sin darse cuenta, por lo que se daría media vuelta sin necesidad de verificar.
Rezó todo el camino, con el corazón palpitando de forma acelerada, que el portero no hubiese
deseado revisar de cerca si había pasado llave o no, pues todo su plan dependía de aquello.

Cuando llegaron a la puerta, un alivió la invadió de súbito, pues el cerrojo solo estaba
echado, más no asegurado. Con ayuda de Harry, abrieron la puerta lo más suave que
pudieron, pues no podían darse el lujo de que esta hiciera el mínimo chirrido.

—Vamos —dijo ella mientras cerraban la puerta tras de sí —. Así si el portero llega a
despertarse y revisa en la madrugada, no sospechará.

Al terminar, voltearon hacía la calle. La vereda estaba oscura y silenciosa, apenas alumbrada
por los faroles solitarios que hacían su mayor esfuerzo en esa noche sin luna. El frío les
calaba los huesos y ambos tiritaron al unísono. Ninguno había pensado en cubrirse de forma
adecuada debido al calor del momento; pero al verse a la cara, convinieron en que no era
momento de actuar de forma débil.

La joven le dijo rápidamente la calle a la que debían de ir y, debido a sus acostumbrados


paseos sabatinos, Harry supo el camino. Tomó la mano de su amiga, para darse valor y
seguridad entre ambos, y caminaron con precaución a través de la oscuridad.

Severus y Ron habrían deseado de forma ferviente esperarlos a la salida de la mansión Potter;
pues, aunque solo los separaban tres cuadras hasta su punto de destino, tenían justas razones
para temer de los peligros que acecharían a dos jóvenes Omega a mitad de la noche. Sin
embargo, era menester de que ambos vigilaran los carruajes que los llevarían a su destino. Y,
además, el ruido de esos transportes podría alertar a algún vigilante cercano, arruinando su
escape.

No tardaron demasiado en vislumbrar las sombras de los carruajes que marcarían el inicio de
su nueva vida. Al sur de la calle Ron estaba apoyado en uno de ellos, y se irguió al ver
acercarse a los inconfundibles jóvenes. Levantó un brazo en señal de reconocimiento para la
chica de cabellos rizados, y montó la carreta a la espera de que ella se despidiera de su amigo
y fuera hasta él, para llevarla a su nueva vida.

Por su parte, el carruaje de Severus estaba direccionado hacia otra entrada de aquella calle,
reflejando de forma indudable la separación de ambas parejas. El beta contuvo el impulso de
saltar del carruaje y tomar a Harry entre sus brazos, sabiendo que, desde aquella noche en
adelante, tendría toda la vida para ello. Sin embargo, esa sería la última noche que Harry y
Hermione se verían en mucho tiempo, por lo que decidió darles la privacidad de la despedida.

Ambos jóvenes, que habían llegado al medio de la calle y estaban a la misma distancia de
ambos carruajes, entendieron que había llegado el momento de la despedida y de la indudable
separación. Si bien la expectativa de su nueva vida junto al amor de su vida les resultaba
hermoso, el hecho de que se separaban desde la primera vez que se conocieron les rompía el
alma. En los siete años que tenían juntos se habían sentido más hermanos que criada y amo.
Hermione nunca sintió los deseos de Harry como peticiones, y el joven jamás miró a la
muchacha como alguien inferior a su persona. En aquel punto se acabarían sus charlas bajo la
sombra de los árboles, las risas que compartían y los paseos juntos que disfrutaban.

Hermione Granger abrazó al joven Harry con fuerza conteniendo las lágrimas, pues sabía
que, aunque la despedida es triste, no podía llorar en un momento como aquel. Harry le
devolvió el abrazo sin dudar, sintiendo en el alma el dolor de separarse de, quien
indudablemente, fue su mejor amiga. Ninguno de los dos sabía a dónde iría, por lo que no les
era posible compartir alguna dirección para enviar alguna carta. Ambos sabían que, debido a
esto, serían muchos los inviernos que pasarían antes de que la vida le diera noticias del otro y
pudiesen comunicarse.

—Prométame que será feliz. —sollozó la joven en el hombro de su amigo—. Así sabré que
esta tristeza que siento ahora valdrá la pena.

Harry se separó ligeramente para fijarse en el rostro de la chica, y con el dorso de su mano
limpió las lágrimas que ella no pudo retener.

—Seré muy feliz con Severus, lo sé. Tu se muy feliz con el joven Ronald, y deseo que tengan
todos los hijos que siempre soñaste.

Hermione se ruborizó ante las palabras del que se había llegado a convertir en su mejor
amigo, y sabiendo que ya no les quedaba más tiempo, lo apremió a dar la vuelta y correr
hasta donde se encontraba el beta. Ella tampoco perdió el tiempo y, levantando ligeramente la
falda de su vestido para no tropezarse, corrió todo lo que pudo hasta la salida contraria de
aquel callejón, donde Ron Weasley la esperaba con ansias para llevarla a un lugar seguro con
su familia.

El menor de los Weasley había hablado con su familia del amor tan inmenso que la omega le
inspiraba y, siendo aquella familia tan unida como era, no dudaron en apoyarlo. De todas
formas el clan había decidido partir de aquellas tierras, así que solo adelantaron la partida.
Habían preparado todo para embarcar su rumbo tan pronto Ron llegara con la nueva
integrante por lo que, para cuando Lord Potter escuchara el rumor de que la criada de su hijo
—quien lo había ayudado a escapar— se había marchado con los Weasleys, ellos estarían
demasiado lejos para atraparlos. Molly Weasley, sabiendo la forma en la que la muchacha se
había escapado, ya le tenía preparada una modesta muda de ropa mientras le conseguían
mejores prendas. Además, el clan no solo la recibiría como la esposa de Ron, sino como una
heroína pues, todos convinieron en que arriesgarse de aquella forma por un amigo era cosa de
alabar.

La joven asió la mano de Ron, quien la ayudó a subir al carruaje, y se ruborizó cuando este
tomó sus manos para besarla con devoción, antes de arriar los caballos y partir en la negrura
de la noche.

Harry le dio una última mirada al carruaje de su amiga antes de que este desapareciera y se
alegró al saber que ella estaría segura y sería muy amada, y subió con confianza al carruaje,
ayudado por la mano firme de Severus.

A pesar de la oscuridad, las faroles le permitieron ver la intensidad de la mirada del beta
cuando se sentó a su lado en el carruaje. Una mirada llena de amor y deseo. Harry sintió la
duda y el estremecimiento de Snape, y le abrazó, sabiendo que aquello era lo que deseaba el
beta, pero que no lo hacía por miedo de abrumarlo. Severus le abrazó protectoramente,
respirando su aroma como si fuese la primera vez.

—¿Te encuentras bien?— preguntó separándose de él, pero reteniéndolo entre sus manos de
forma delicada.

El omega se permitió perderse en la oscuridad de los ojos de su amor, y sabía que en esas
profundidades estaría seguro por toda la eternidad.

—Nunca me he sentido mejor.

El adusto beta sonrió, sintiendo lo mismo. Acercó a Harry lo más que pudo y lo cubrió con la
manta que había preparado, pues la noche era fría y su camino apenas iniciaba. Además había
prevenido que Harry no tendría para cubrirse más que la ropa que llevaba debido a su
apresurada salida. Pero, se juró a sí mismo aquella noche, que él velaría a cada segundo por
la seguridad y comodidad del omega que había abandonado todo por él.

—Fuiste un necio al cambiar tu libertad por mi bienestar.

—No me habría perdonado nunca si algo malo te llegara a pasar por mi culpa.

—Lo malo habría sido quedarme sin ti, Harry.

Tiró de las riendas y el sonido del galope y las ruedas de la carreta llenaron aquella noche.

Iniciarían una nueva vida juntos. Y eso era lo único que importaba.

Fin.
Please drop by the Archive and comment to let the creator know if you enjoyed their work!

También podría gustarte