➢ Acerca del rol y las funciones de los preceptores.
La manera en la que consideramos posible pensar el trabajo diario del preceptor,
está enmarcado en una escuela: “la suya”, “esa en la que trabaja”. Desde esta
mirada las organizaciones son pensadas como campos complejos en los que se
ponen en juego una innumerable cantidad de elementos que conforman el
engranaje de esta gran maquinaria. Considero entonces que para poder hablar de
las competencias de los preceptores escolares con la intención de realizar una
mirada analítica en torno a sus derechos y responsabilidades no podemos apartar
nuestra mirada de las regulaciones que con vigencia configuran el ejercicio
profesional. Las acciones que desarrollamos como preceptores escolares no son
independientes de la estructura de las dependencias u órganos del Estado. En
otras palabras, dicha estructura se compone de un conjunto de cargos ordenados
en líneas jerárquicas y grados de coordinación que son desempeñados nada más ni
nada menos que por nosotros: personas.
Si nos adentramos en la Escuela como nuestro lugar habitual de trabajo también nos
“topamos” con una estructura organizativa que (nos) define funciones y
responsabilidades. Los roles y la estructura son independientes de las personas
porque establecen conceptualmente una separación entre persona y rol. Dicha
disociación hace que en las organizaciones el rol sea relativamente fijo y
permanente, mientras que las personas podemos rotar. El fundamento de dicha
separación obedece a una necesidad de supervivencia y de fijeza de las
organizaciones en el tiempo; también cuanto más grande es una organización tal
vez se torna mayor su grado de formalización y de definición explícita de roles.
De todos modos, se trata de posiciones oficialmente sancionadas y que
comúnmente son aceptadas como legitimas por “todos” los miembros que forman
parte de la organización y que por ello las “acatan”.
Otra premisa nos sirve para continuar pensando al preceptor en relación con sus
derechos y responsabilidades: somos preceptores y de esta manera somos
empleados del Estado (nacional o provincial); es decir somos empleados públicos y
como tales nos pre-existe toda una serie de instrumentos legales que establecen
nuestros derechos y deberes en vínculo directo con nuestra prestación laboral
hacia el Estado.
Muchos preceptores aparecen como “guardianes del orden institucional”. Estos
preceptores comúnmente piensan que un preceptor que no se ubica en ese lugar
no puede pensarse como adulto (referente, autoridad) para los adolescentes y que
lo perciben más como un amigo que como un docente. Acá la cuestión se torna
seductora: ¿De qué manera acompañar? ¿Cuál es esa “saludable” distancia para
poder acompañar la trayectoria de los adolescentes en la escuela? ¿Solo en la
escuela? ¿Solo en nuestra escuela?
Las tareas que los preceptores realizan se desarrollan de un modo intuitivo,
artesanal, hoy las tareas del preceptor toman un perfil ligado al cuidado
personalizado, al acompañamiento permanente, a la contención afectiva, a la
construcción de lazos, en síntesis, actividades ligadas con la creación de
condiciones necesarias para facilitar el ingreso y la permanencia de los
estudiantes en la escuela secundaria.
En algunos casos los preceptores se describen como portadores de información
extra institucional y conocedores de la historia de vida de sus alumnos. Estas
consideraciones nos introducen de lleno en la temática del poder ¿Qué les
confiere a los preceptores contar con dicha información? ¿A qué los habilita?
¿Qué les garantiza contar con dicha información? Es posible hablar de una
jerarquización del rol por la razón de contar con información de los alumnos. ¿Qué
hacen los preceptores con dicha información? ¿Qué instancias de intercambio
tienen al interior de la institución educativa?
Muchas veces oímos renegar del trabajo de preceptor ¿Sos preceptor? ¿De verdad
querés ser preceptor? Muchas veces aparecen actores institucionales portadores
de un discurso donde ubican al preceptor en la escala inferior de la escuela, como
una posibilidad de acceder al sistema, de tener un pie en el sistema. Un preceptor
puede tener su cargo como si fuese una beca o puede generar algo diferente con
los pibes. La opción de elegir qué hacer más allá de la retribución económica.
✓ Algunos testimonios de preceptores sobre sus vivencias:
“Trabajar de preceptor nos implica con aquello más allá de lo administrativo...creo
que muchas veces no tenemos registro de lo que significa nuestro lugar para los
adolescentes...”
“Estar pendiente de las necesidades que puedan surgir, ofreciéndole ayuda para
lograr un ambiente cómodo en el inicio y durante toda de la actividad”.
“Se acerca al piso el vicedirector y socializo el caso de Cecilia. Sus compañeras me
han informado que se encuentran preocupadas por los vómitos sistemáticos
registrados luego de cada almuerzo...”
“...trabajar con adolescentes es descubrir algo nuevo todos los días, uno crece y debe
adaptarse a algo que siempre tiene la misma edad “los alumnos”
“...a veces es difícil por las épocas que pasan y uno debe acompañar si o si, pero a su
vez dejamos estático o algo estático ciertas normas que tenemos que seguir
haciendo cumplir por la institución escolar, eso se torna medio difícil”.
“Ser preceptor, en estos momentos significa sinónimo de auxilio, por eso yo lo
calificaría como un DOCENTE AUXILIAR en todo sentido”.
“...el recreo es uno de los mejores momentos para charlar con los “pibes”...”
“Las tareas menos rutinarias. Esto implica ayudarlos a atravesar situaciones que les
generan ansiedad, como las previas a las evaluaciones, situaciones conflictivas con
sus pares (muchas veces interviniendo como mediador), situaciones familiares
conflictivas (que les generan angustia y necesitan compartir) y que muchas veces
implican derivaciones al gabinete, asistirlos cuando sienten malestar físico y
comunicación a su familia”
“Somos, junto con los docentes, el acompañamiento diario del colegio en la vida
estudiantil, los acompañamos en casi todo momento desde diversos roles”.
“...hay veces que algún chico o chica tienen algún problema y, si tienen confianza
conmigo me lo vienen a plantear (suelen ser problemas de índole personal, de tipo
amoroso, de conflictos con amigos o con la familia, etc.). De acuerdo a la gravedad
del problema decido si lo puedo ayudar yo con algún consejo o si es necesario
recurrir al tutor”.
“Somos de alguna manera el primer dique de contención a nivel institucional, por eso
me da bronca que muchas veces se menosprecie el cargo, saquen preceptores para
otras tareas que no sea estar con los chicos...”