0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas12 páginas

Anorexia en La Adolescencia

Cargado por

Silvana Maiutto
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas12 páginas

Anorexia en La Adolescencia

Cargado por

Silvana Maiutto
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Anorexia en la Adolescencia

Aportes de la metapsicología

Autor: Dra. Silvana Maiutto

Médica Pediatra Especialista en Psiquiatría InfantoJuvenil

Docentes: Dr. Aryan, Asbed

Lic. Mancini, Elena

Lic. García, Héctor


Anorexia en la Adolescencia: Aportes de la metapsicología

“¿De quién es el apetito que siento? ... es de mi cuerpo, no es mío... “Yo estoy aquí y el
hambre está ahí, fuera de mí”

Introducción
La anorexia y la bulimia nerviosa son consideradas los grandes trastornos de la conducta
alimentaria. Estas constituyen un recorte nosográfico cuya prevalencia es del 0.5% para la
primera y alrededor del 3% para la segunda, ya que existen numerosas manifestaciones
parciales o intermedias que pueden alcanzar valores bastante más altos en la población
femenina joven de los grandes núcleos urbanos del mundo occidental.
Actualmente se acepta, gracias a las investigaciones sobre conceptos clínicos y
psicopatológicos, de tratamiento y el seguimiento de estas pacientes; entre ellas las de Hilde
Bruch y P. Jeammet que, los trastornos alimentarios severos y sus manifestaciones clínicas son
el resultado de la suma de múltiples factores predisponentes y desencadenantes.
Así algunos autores se refieren en éste a las llamadas patologías del goce, otros a las patologías
de los estados-límite, otros a una “clínica del vacío” o una “clínica de los bordes”.

Objetivo

El objetivo de este breve trabajo es realizar una revisión de los aportes de la metapsicología y la
posición del psicoanálisis actual respecto a los trastornos de la conducta alimentaria.
Como ejemplo citaré algunas viñetas presentes en el libro “Días sin hambre” que es la
autobiografía de una joven anoréxica de 19 años.
Perspectiva histórica

Según la opinión popular los padecimientos de anorexia y bulimia son el producto de los criterios
estéticos de las últimas décadas. Sin embargo la primera descripción médica de la anorexia
nerviosa fue publicada por Richard Morton a fines de siglo XVII, en 1689, quien relata un caso de
una joven que a los dieciocho años, comenzó a presentar síntomas de “consunción nerviosa”.
Este padecimiento según Morton era causado por “una multitud de tristezas y preocupaciones
ansiosas”.

La transición adolescente y su relación con la psicopatología

En el escenario de la adolescencia se encuentra un sujeto que, si bien tiene que hacer frente a la
pérdida de la identidad infantil y las condiciones de la infancia, se ve presionado a asumir una
nueva identidad, esto implica la elaboración de tres duelos fundamentales: 1) duelo por el cuerpo
infantil; 2) duelo por la identidad y rol infantiles; 3) duelo por los padres de la infancia.
Por lo tanto, reflexionar sobre la problemática adolescente implica considerar la interrelación
entre el mundo intrapsíquico, sus recursos y limitaciones con las exigencias y condiciones que
surgen del ambiente externo (Aberastury y Knobel, 1971).
La adolescencia es un campo propicio para conductas de riesgo, ya que el pensamiento
omnipotente y la necesidad de probar nuevas sensaciones llevan a los adolescentes a una
mayor vulnerabilidad a las llamadas de los medios de comunicación. Además, ésta es una fase
de varios cambios, tanto físicos como psicológicos. Estas cuestiones ocupan un espacio
privilegiado en el mundo intrapsíquico del adolescente y el deseo de encontrar respuestas
requiere un tiempo marcado por repeticiones, logros y pérdidas (Aberastury & Knobel, 1971). Por
lo tanto, la adolescente es testigo directa de modificaciones continuas e imprevisibles que
pueden llevarla a sentir a su cuerpo como extraño, y por lo tanto, fuente de angustia, lo que la
impele a vivirlo de modo persecutorio (Maldavsky, 1984).

“Al llegar a su casa, Laure se miró en el espejo del cuarto de baño, no vió nada, ni la
muerte en su rostro ni sus hombros puntiagudos como picos helados. Había dejado de
verse. Era demasiado tarde…No quería morirse, solo desaparecer. Esfumarse.
Disolverse.”

Al abordarse la cuestión de las expresiones patológicas en la adolescencia, es de extrema


importancia comprender las características y las implicaciones que trae consigo éste periodo de
vida, así como también, describir las condiciones y características del entorno en el que se
produce. Por lo tanto, en este intrincado y paradójico juego de expectativas y temores que
acompañan el trayecto del joven al distanciarse del mundo infantil y aproximarse al adulto, es
innegable la existencia de un enlace entre lo interno y lo externo tanto en la viabilidad de
recursos de salud como en la fragilidad de padecimientos.
Descripción clínica

El síntoma anoréxico se encuentra en muchos trastornos psiquiátricos, pero específicamente la


anorexia mental se acompaña de una restricción alimentaria metódica y un adelgazamiento que
no preocupa al sujeto, acompañadas de amenorrea e hiperactividad asociada a cambios de
carácter y problemas de percepción del cuerpo.

La anorexia es una enfermedad mental que consiste en una pérdida voluntaria de peso por un
deseo patológico de adelgazar y un intenso temor a la obesidad. Los anoréxicos tienen una
marcada tendencia a la inanición, acompañada por un temor irracional hacia los alimentos. Se
niegan a comer, tienen terror a aumentar de peso, se vuelven incapaces de reconocer los
riesgos que eso provoca y oscilan permanentemente entre la hiperactividad, la ansiedad y la
depresión.
Existen rasgos psicológicos más o menos constantes que contrastan con la normalidad y la
ausencia de problemas alimentarios previos. Son trastornos de relación con el entorno, sobre
todo con los padres, desinterés por cualquier forma de sexualidad genital, hiperactividad motora
e intelectual y una adaptación social aparentemente normal. Realizan múltiples actividades, que
analizadas, carecen casi siempre de coherencia o de creatividad, la adaptación escolar es
buena y la social también, pero es superficial. Las pacientes intentan hacer lo que se espera de
ellas, pero sin comprometerse.

“Cuando se anunció el verano...empezó un régimen para poder menear el trasero en


bañador en la playa”. Cuando se para a pensarlo, se da cuenta de que en realidad todo
empezó más tarde, no tenía nada que ver con las revistas. Sobre todo recuerda la
sensación de asco. Primero eliminó la carne roja, después todas las proteínas. Más
adelante eliminó todo tipo de materia grasa. El azúcar también. Se hacía más fuerte que
el hambre, más fuerte que la necesidad. Sólo a costa de eso lograba sentir una forma de
alivio, de desahogo. Pero cada vez tenía que pasar un poco más de hambre para recobrar
esa sensación de poder, en una cadena que le constaba que era de toxicómana, eliminar
gradualmente, seguir reduciendo el número de calorías ingeridas.”

“Recuerda…que subía cuatro o cinco veces seguidas las seis plantas con la mirada
extraviada. Era mucho más que una necesidad, era algo imperioso, una droga, ni más, ni
menos.”

Si la anorexia es acompañada de atracones, purgas y vómitos provocados se denomina como


anorexia del tipo compulsivo/purgativo.

“Nunca vomitó expresamente. Dejaba de comer. Era más sencillo. Y ya está.”

La adicción a las drogas es una característica bastante frecuente entre estas pacientes así como
su tendencia a la depresión y a la ansiedad. La enfermedad no tiene una causa única, sino que
existen elementos biológicos, psicológicos y sociales que predisponen a padecerla o la
desencadenan directamente.

“Era algo extraño a ella que no sabía nombrar. Una silenciosa energía que la cegaba y
gobernaba sus días. Una forma de colocón y también de destrucción… Recuerda esa
sensación de poder, que alejaba cada vez más los límites del ayuno y del sufrimiento…
Hasta que el frío invadió su cuerpo… Un frío que le anunciaba que había llegado al
final y que tenía que elegir entre vivir o morir”

La anorexia y la bulimia son manifestaciones patológicas que pueden encontrarse en el marco


de las neurosis, psicosis y patologías narcisistas.

Cuando se trata de trastornos de la alimentación en las neurosis, éstos expresan conflictos con
la identidad sexual, son síntomas en sentido estricto, es decir formaciones de compromiso entre
el deseo y la defensa.
Se trata de transacciones, que sustituyen a representaciones inconscientes que ponen en juego
la conflictiva edípica, la angustia de castración y fantasías tales como: de felatio, de castrar al
hombre, de morder el pene, de embarazo, dando cuenta del desplazamiento de la genitalidad a
la oralidad. Es frecuente el fantasma de fecundación por vía oral a través del alimento, típico de
las teorías sexuales infantiles, negadoras de la diferencia de los sexos.
Ante estos síntomas es posible la transferencia y el trabajo asociativo.

Estas alteraciones de la alimentación son poco frecuentes en la psicosis y cuando se presentan


generalmente están estructuradas como producto de la percepción deformada de su cuerpo,
constituyendo un núcleo delirante e irreductible, o bien forman parte de un delirio melancólico o
de envenenamiento.

La denominación de anorexia restrictiva, anorexia mental o nerviosa y bulimia nerviosa refieren


a trastornos propios en la estructuración del yo presentes en las patologías narcisistas.

Asistimos a importantes cambios en las presentaciones clínicas, que nos obligan a preguntarnos
acerca de si se trata de las clásicas estructuras psicopatológicas que adoptan renovados modos
de presentación acordes con el imaginario social de los tiempos; o si por el contrario nos
enfrentamos a “nuevas enfermedades del alma” según las palabras de Julia Kristeva, o a las
“nuevas formas del síntoma”, como lo expresa Massimo Recalcati al referirse a “aquellas
posiciones subjetivas (anorexia-bulimia, depresión, adicción a las drogas, etc.) en las cuales falta
o es deficitaria la articulación metafórica del síntoma”

“Necesitará tiempo para recorrer el camino a la inversa, remontarse lo más lejos posible,
hasta las primeras desganas, los primeros alimentos desterrados del frigorífico… cuando
tenga que sacar de Dios sabe dónde esas heridas intactas conservadas en la cámara
frigorífica, para intentar explicar la construcción o la elección de su síntoma”
Esto coincide con la posición de Jeammet para quien la práctica psicoanalítica se ha extendido
más allá de las neurosis clásicas- y por lo tanto de los conflictos ligados a la represión- hacia el
análisis del narcisismo y los modos de relación objetal; es decir la patología del Yo o distorsiones
del Yo ligadas a carencias narcicísticas primarias. Pasando del Narcicismo de vida al Narcicismo
de muerte como lo postulara André Green.

Por lo tanto ésta inhibición de una conducta instintiva esencial, no puede ser comprendida sólo
bajo el ángulo de un conflicto pulsional y de las relaciones de objeto que están ligadas a él, sino
que también cuestiona la estructura del Yo y la existencia de fallas en el desarrollo de la
personalidad.

De hecho, la delgadez se percibe como valor absoluto, como garantía de la perfección moral,
intelectual, y como testimonio de omnipotencia. La gordura horroriza; el menor defecto se vive
con una catástrofe insoportable que amenaza el sentimiento de identidad y de integridad,
rozando a veces la angustia de despersonalización.

“Intenta aceptar su cuerpo torpe y convaleciente, intenta no hundir las uñas en su carne
para arrancar toda esa grasa que prolifera como mala hierba.”

En el plano psicoanalítico se puede afirmar que en éstas pacientes, el Ideal del Yo, heredero del
Narcisismo primario, se coloca allí en el lugar del objeto que falta, con el fin de lograr la
autosuficiencia. Pero lo característico de la estructura anoréxica es que ese Ideal del Yo es de
orden corporal y que el sujeto puede alcanzarlo por la prueba objetiva de la delgadez. Adelgazar
es fuente de satisfacción y de exaltación y otorga al sujeto un sentimiento de omnipotencia y de
invulnerabilidad.

“El ayuno como un poder supremo, como una fortaleza. En ayunas, el guepardo es
capaz de enfrentarse a cualquier peligro…En ayunas Laure se sentía más fuerte,
inaccesible. Ahora es otra cosa”

“Traga cada bocado diciéndose que podría perfectamente no hacerlo, que conserva por
entero su voluntad. Busca la prueba de que mantiene intacto su poder, pararé cuando
quiera...lo justo para sobrevivir”

Otra dimensión en las perturbaciones de la relación de la anoréxica con su cuerpo es de las


experiencias corporales: del hambre y también del acto alimenticio.

“Laure intenta describirle la angustia que sigue invadiéndola cada vez que come, la
angustia de cada comida como una angustia de muerte”

La economía placer- displacer tiene una investidura netamente regresiva comparable a la de los
adictos. La evolución de la anorexia hacia la bulimia toma a veces el aspecto de un uso
toxicomaníaco de la alimentación; en los momentos de restricción alimentaria, la tensión del
hambre es fuente de placer en una especie de erotización de la espera que puede culminar en
un autoerotismo regresivo –el orgasmo de hambre-.
“El recuerdo de la ebriedad está aún tan cercano, esa ebriedad del ayuno que a ratos le
pasa por la cabeza”

“Cada mañana, Laure lucha de nuevo contra la sensación del vientre vacío, del vientre
muerto…. Saborea ese pequeño vacío que le recuerda la ebriedad del ayuno…ha de
renunciar a ese pequeño abismo que la llama. Renunciar, cada día. Al cuerpo esencial,
reducido a su misma esencia, evanescente. Sueña con ello, subir y bajar escaleras…tal
vez volar, vivir sin comer, consumirse por dentro… Anestesiarlo todo”

Más allá de las características del síntoma, los trastornos de la conducta alimentaria revelan una
dinámica específica de las relaciones y sus investiduras.

La observación de las actitudes y de los comportamientos de éstos pacientes muestra en acción


parejas de opuestos y juegos de equilibrio entre contrarios, entre lo manifiesto y lo latente.

No hay anoréxica que no tema devenir bulímica, las anoréxicas puramente restrictivas tienen la
obsesión por la comida y por el aumento de peso.

Se puede describir un estilo anoréxico de los comportamientos e incluso una identidad


anoréxica, fundada en la intensa investidura del aspecto corporal descarnado; ésta “identidad” es
según Mc Dougall una forma de supervivencia.

“Se aferra a esa enfermedad como si fuese el único modo de existir. No posee otra
identidad, defiende los vestigios de su escualidez, para ella las únicas señales de su
presencia.”

“Todavía no dice mi anorexia, la palabra le rechina en los oídos”

“Inexorable y anoréxica, ha dicho ya ve usted cómo se parecen las dos palabras”

El temor a engordar, el deseo de adelgazar más, el control de las calorías ingeridas, la toma de
laxantes o diuréticos, el control ansioso de sus formas físicas, son manifestaciones de
contrainvestidura de un deseo bulímico que se expresa a como pasión por la comida: colección
de recetas, robo de alimentos, voluntad de alimentar a los demás.

“…hacía pasteles, preparaba guisos, sin probarlos nunca, sin mojar nunca el dedo
meñique. Malditos los que no tenían hambre, porque había que marcar la diferencia”

Kestemberg y Decobert, describen en ésta patología una organización narcisista original,


relacionada con la psicosis. El conflicto edípico está presente aunque mal estructurado y suscita
en la adolescencia una regresión a fijaciones preobjetales. La relación con el cuerpo se
acompaña de múltiples escisiones, la negación del cuerpo sostiene la hiperactividad motora y
cognoscitiva y la sensación de hambre se erotiza. Siempre está presente el placer
experimentado en el cuerpo por medio del hambre y de una actividad cruel de la motricidad y del
pensamiento.
“No como, antes cuando devoraba kilómetros con la tripa vacía y subía escaleras como
otros se pinchan las venas. Ha vaciado el cuerpo de toda vida, ha apurado todos los
límites hasta quedarse sin fuerzas.”

Con medio pomelo en el estómago, volaba por las aceras, días enteros en la calle,
vaciando su cuerpo”.

“En la misma violencia de esa emoción que le encoge el estómago, se da cuenta de que
ya no poseía más que una certeza intelectual de su presencia, un conocimiento
intelectual del espacio y del tiempo. Comprende que su cuerpo ya no era capaz de sentir
sino el miedo y el frío. Quería tornarse transparente, ir por la calle golpeándose las
rodillas, sin detenerse nunca. Volatilizarse, flaquear, pero aguantar. En ese afán
descabellado, pasional, buscaba el aislamiento, también la indiferencia. No volver a
llorar, ni a oír, ni a sentir”

En la anorexia nerviosa se destaca la búsqueda activa de la delgadez. Esa aspiración de un


“cuerpo ideal” que no tiene hambre, ni sed, ni cansancio, ni sueño es al mismo tiempo la figura
ominosa de un cadáver; éste “ideal” aunque paradójico nunca se consigue, por más que la
paciente renueve sus esfuerzos, es una aspiración siempre insatisfecha. Esa aspiración a un
ideal de perfección corporal, es la pretensión de un estado que promete la fusión con el objeto
primario, esto nos muestra de manera sutil o implacable las insuficiencias en el cuidado materno;
ésta falla afecta el desarrollo y la estructuración de las formaciones ideales (Yo Ideal- Ideal del
Yo). Por lo tanto ese intento por recobrar aquel estado de fusión con el objeto primario es al
mismo tiempo el reencuentro con un investimento mortífero.

Cuando ha habido un defecto en la constitución del Yo Ideal como ocurre en la anorexia, el Ideal
del Yo es un Ideal del Yo patológico. Este Ideal del Yo es la imagen invertida, el negativo de
dicho Yo Ideal y a la satisfacción absoluta y omnipotente de éste último se opondrá la renuncia,
también absoluta a toda satisfacción posible, como forma de afirmación de una omnipotencia,
ahora destructiva a la que no se quiere renunciar.

“Era como una boca ávida, dispuesta a engullirlo todo, quería vivir deprisa, segura,
quería que la amaran hasta la muerte, quería colmar aquella llaga de la infancia, aquel
hueco nunca colmado. Consciente de que la transformaba en una presa ofrecida al
mundo, abandonó el deseo de vivir en un cuerpo desecado, constriñó ese delirante afán
de vivir, esa búsqueda absurda, voraz, dejó de comer para controlar en sí misma ese
exceso de alma, vació su cuerpo, del ansia indecente que la devoraba, que había que
acallar”
El papel de la familia en los trastornos de la conducta alimentaria

La personalidad de los padres ha dado lugar a distintas descripciones que pueden considerarse
complementarias.

Los vínculos en esas familias contienen frecuentemente pactos y alianzas mortíferas al


descubierto o, por el contrario, se presentan como una “familia ideal, un “como sí” según el
concepto de Helen Deustch; pero ésta apariencia de normalidad y bienestar oculta un estado de
vacío. La afectividad de éstas familias es pobre y por lo tanto la calidad y cantidad de su
investimento sexual y narcisista con el cual pueden investir a sus hijos. Estos padres no invisten
narcicísticamente a sus hijas, o mejor dicho las invisten, pero con un narcisismo cargado de
muerte.

“Corinne ha pasado a verla ésta mañana. Acababan de quitarle la sonda…Habla sin


mirar a Laure, lanza al pie de la cama esas frases que le han venido a la mente al mismo
tiempo que los kilos, los fundamentos de su curación tal vez, los fundamentos de su
curación tal vez. Se asfixiaba. No tenía ya espacio alguno para existir, en la mirada de
sus padres, en ese deseo de agradarles, en esa búsqueda de éxito, de perfección que
había hecho suyas. Al principio sólo quería encoger un poco para sustraerse de su
dominio, hasta que un día quiso desaparecer.”

“….quería hacerles daño, herirlos en lo más hondo, tal vez destruirlos. A su padre y a
su madre…. Venenosos ambos. Pero ahora sabe que eso no cambiará nada, que puede
arrojarles a la cara su cuerpo descarnado como un insulto…. Que se dejará la piel sin
que ellos se den por enterados”

“Quería colmar con el vacío aquella carencia que habían abierto en ella, hacerles pagar
ese asco que sentía hacia sí misma, esa culpabilidad que seguía ligándola a ellos”

Las madres de las pacientes anoréxicas no pueden investir a sus hijas en forma adecuada
debido a sus dificultades con sus propias madres con las que tuvieron una relación idealizada y
ambivalente. Su ser mujer funciona para sus hijas como un ideal, pero como el negativo de un
ideal.

Ha venido su madre. La mira comer. Su cara no expresa nada. La madre lleva años sin
hablar. Unas palabras al día…”

“Esta noche comen frambuesas congeladas. Sí, congeladas. Están duras, frías, cuesta
masticarlas. Mamá ha dicho que esa era la cena. Frambuesas congeladas”

“Su madre le dijo: tú tienes que ir al hospital…Laure dejó que se espesase el silencio.
Su madre concluyó: pues entonces te morirás. Laure esperaba, indignación, miedo,
amenazas. Mucho tendría que haber esperado, se hubiera dejado la piel. Su madre era
incapaz de expresar el sufrimiento, su sufrimiento de madre. Andaba, comía, dormía
como un robot, un robot programado con neurolépticos, amordazado con reguladores
del humor, un robot mudo embutido en una camisa de fuerza química.”

“No necesita morirse para renacer. Pero de ese hospital ya conocía el olor. Había ido
allí a visitar a su madre… su madre internada. Ni hablar de seguir los pasos de su
madre.

El padre puede ser inexistente como función paterna, o funciona como un doble de la madre, y
en éste caso se trata de un padre tiránico, autoritario, más siniestro que la madre, pero incapaz
de separar a la hija de su madre; además de el profundo rechazo que sienten frente al desarrollo
puberal de sus hijas.

“Su padre ha pasado a verla para traerle un “surtido” para ver la tele… Un día él la
llamó, semanas antes de que la hospitalizaran para contarle que ya no era posible, que
no podía más. Porque daba la impresión de estar viendo etíopes en la tele, sólo faltaban
las moscas. Estaba cansado, hecho polvo, entiendes…Es tanto el sufrimiento que te
causan los hijos…Sí, pero ella era su hija”

“Laure es contagiosa Ya ha hecho bastante daño. Eso le ha dicho su padre ésta mañana
por teléfono…Contamina. Eso le ha dicho. Todo eso le viene de la madre, internada
cuando Laure tenía trece años, sólo para joderlo, fastidiarle la vida…Contó a todo el
mundo incluida la panadera que él es distinto.

“¿Qué prefieres, a papá o un yogur?” Era una pregunta ritual desde niña.”

El padre, comúnmente ausente, duplica en eco los deseos inconscientes maternos. Muchas
veces puede ser el mayor factor en la problemática inconsciente, siendo las situaciones que se
emparentan con “lo perverso” y/o con la patología adictiva (alcoholismo) las que más se han
observado.

“Le cuenta la violencia de su padre. La violencia de las palabras….Y él se pasa la


noche escupiendo agravios, historias repetidas cientos de veces, reproches, todo ese
odio que vomita, el odio a la madre de ellas, el odio a su propia familia…palabras que
son basura. Palabras caducadas, corrompidas, imposibles de digerir. Que se atascan
en el estómago. Pero él está lanzado. La botella de whisky por delante. Siempre lo
mismo. Ellas gritan un poco, sobre todo Laure, por ese asco que le sube a la boca. Pero
el grita más.”

“Laure comprende a cachitos, a bocaditos. Rumia también. Palabras. Cruzan por su


mente las palabras de su padre, como meteoritos”
Conclusiones

La experiencia nos muestra que el fin de la adolescencia puede signar la entrada en un episodio
psicótico cuya causa desencadenante a menudo se desarrolla con su primer fracaso. Fracaso en
una primera relación sexual, fracaso imprevisto en un examen. Un fracaso que forma parte de la
experiencia de muchos jóvenes, ha venido a arruinar el aparente equilibrio en el que funcionaba.

Los padres nos dirán que todo iba bien hasta que sucedió esto. Si uno se quedara con este
relato se podría creer que la causa de éste drama es el hecho de que el adolescente no pueda
asumir el fracaso de un proyecto identificatorio o sexual relacional, que creía parte de sus
posibilidades Pero cuando miramos más de cerca nos damos cuenta que este fracaso es el
resultado de un movimiento de desinvestidura contra el cual el joven se defiende desde hace
mucho tiempo.

Los trastornos de la conducta alimentaria ocupan una posición de encrucijada entre la infancia y
la edad adulta, por eso su advenimiento casi selectivo en la adolescencia; entre lo psíquico y lo
somático; entre lo individual y lo social y en éste último, el grupo familiar resaltando la profunda
perturbación de éste vinculo, y su incidencia en sostener la vigencia del síntoma en ésta
patología.

La mayoría de los estudios acuerdan que aunque no existe una patología declarada, hay un
desequilibrio en la pareja de padres, que se relaciona con alteraciones de la personalidad de la
madre o del padre o ambos. Estas alteraciones se revelan y se exacerban cuando la conducta
anoréxica de la hija pone en tela de juicio en forma dramática a sus padres. La aspiración de la
paciente anoréxica a un cuerpo ideal que no consigue tener, salvo en la muerte, nos muestra de
forma paradójica la patología del ideal debido a un Ideal del Yo mal constituido por carencias
narcicísticas primarias, debido al investimento mortífero de la madre.

El abordaje psicoanalítico de éstas pacientes es complejo; implica considerar las conductas de


éstas pacientes desde una perspectiva psicodinámica, para permitir un trabajo de elaboración
psíquica y devenir disponible aquello que su comportamiento tiene por meta reprimir. Para esto
es fundamental adoptar el mismo lenguaje que ellas utilizan, para así reconocer lo más particular
que ellas tienen, que son las formas originarias de relación con los otros y el equilibrio
narcicístico objetal a partir del cual desencadenan éstos síntomas.
Es en el cuerpo de éstas pacientes donde aparece encarnada la falla narcisista. Es el cuerpo
que clama, lo que el psiquismo acalla.

Bibliografía:

1- André Green. De locuras privadas. Bs. As. Amorrotu Editores (1994)


2- Kancyper, Luis. El Proceso Psicoanalítico en la Adolescencia.
Metapsicología y clínica. Revista Actualidad Psicológica.
3- Betania Xamo Las dos anorexias. Publicado en el Boletín del IOM
Bahía Blanca Año 6 - Número 27 - Octubre 2007.
4- Gonzalo Varela Viglietti (APU). Los padres en laAnorexia Nerviosa.
5- Jeammet, Phillippe. El abordaje psicoanalítico en los trastornos de
las conductas alimentarias. Revista n/A N 6 (pg. 25-42).
6- Aryan, Asbed. Megalomanía, imagen corporal y déficit
identificatorio. Clínica con adolescentes. Editorial Teseo.
7- Brusset, Bernard. La expresión somática. La anorexia mental de las
adolescentes. Tratado de Psiquiatría del Niño y del Adolescente.
Tomo IV. (p.186-201).
8- Chandler, Eduardo. Escisión y Contexto en la Anorexia Nerviosa
Actualidad Psicológica 288:12-15, Buenos Aires. Octubre de 2001.
9- De Vigan, Delphine. Días sin hambre (Narrativa) Editorial
Anagrama.

También podría gustarte