Dos palabras por Isabel Allende
Hay muchos ejemplos sobre las palabras que tienen realidad independiente y “fiscalidad”. Belisa
Crepusculario misma se dio su nombre, “lo busco hasta encontrarlo y se vistió con él”. También
“regalaba una palabra secreta para espantar la melancolía”. Su familia era tan pobre que “no
tenían nombres”. Como si fueran mascotas, “las palabras andan sueltas, sin dueño”. Eligiendo
entre ellas, Belisa descarta “las palabras ásperas y secas, […] las que estaban desteñidas por el
abuso, las que ofrecían promesas improbables, las carentes de verdad y las confusas”. El Coronel
hablo “con palabras refulgentes y durables”. Las palabras se pueden dar y devolver, como si
fueran objetos.
Las palabras, dice el narrador con naturalidad, mejoran la calidad de los sueños, llevan las
noticias (como hacen los medios de comunicación), pueden traer justicia y cambios: “[estaba]
vendiendo argumentos de justicia a un viejo que solicitaba su pensión desde hace 17 años”. Las
palabras detienen al Mulato “espantándole el deseo”. Las palabras convierten a un bandido en
un orador persuasivo. Belisa, por el hecho de poseer las palabras y venderlas, puede cambiar la
vida de otros, solucionar problemas o proveer a las gentes con lo que necesitan. Al final del
cuento, el temible coronel está bajo el poder de Belisa, debido a sus “dos palabras”.
Al tener las palabras esta realidad independiente, valen naturalmente según su cantidad y
calidad: tienen diferentes precios de acuerdo con sus usos. Y por cincuenta centavos de compra,
Belisa da un bono: una palabra secreta, capad de “espantar la melancolía”.
Belisa es independiente, fuerte, atrevida y decidida. No se queja de sus enormes dificultades,
tiene un espíritu valiente y emprendedor. En el ambiente y la cultura latinoamericanos donde
tradicionalmente se ha apreciado a la mujer esposa y madre, abnegada y generosa, supeditada a
un hombre, la independiente Belisa, que sabe tomar iniciativa y decisiones, es una sorpresa.
También es compasiva (“no pudo negarse, temiendo […] que el Coronel se echara a llorar”),
generosa y apasionada.
Hasta conocer a Belisa, es un hombre destructivo que causa espanto por donde pasa. Es
también “el hombre más solo del mundo”, que quiere ser amado y admirado en vez de temido.
Sabe que las palabras—su discurso—pueden efectuar la trasformación. La sociedad en que
viven no es tan distante de la realidad rural del norte de Colombia hace algún tiempo: muchos
son analfabetos, viven una vida dura sometida en parte a los rigores del clima, son víctimas de
un hombre fuerte y despiadado que vive fuera de la ley, autonombrado Coronel, que quiere ser
presidente. Podría intentarlo apoderándose del gobierno y siendo un tirano, un golpe de estado
más de los muchos que han tenido lugar, pero él desea ser elegido.
Belisa ha elegido deliberadamente dos palabras que sabe van a atar emocionalmente al Coronel.
Por ello, no se sorprende cuando el Mulato viene a buscarla, lo está esperando. No es
importante saber cuáles son, lo fundamental es creer en su poder.
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Dos palabras por Isabel Allende
El narrador es como uno de los personajes que pueblan la historia: crédulo, en cierto modo
ingenuo y confiado. El narrador espera un narratorio como el, que crea y acepte la historia. Esto
contribuye a que el lector se deleite con el cuento y “acepte” el poder mágico de las palabras.
Toda la descripción de los orígenes míseros de Belisa en un lugar inhóspito es hiperbólica.
Algunos ejemplos son: “El sol se agranda hasta ocupar el horizonte entero y el mundo se
convierte en un desierto”; “el hambre y la fatiga de siglos”’ “la tierra estaba] sembrada de
piedras fósiles de árboles […] esqueletos de animales blanqueados por el calor”; “Se arrastraban
con la piel convertida en cuero de lagarto”. También son hiperbólicas la vida y campana del
Coronel: “dejando a su paso un espanto de huracán, salieron volando las gallinas, dispararon a
perderse los perros”. O la reacción de la gente al discurso del Coronel. El efecto que causan las
exageraciones, aparte de un toque de humor es adentrar al lector en un mundo si no totalmente
fantástico, si diferente de la experiencia cotidiana, y hacerle aceptar el poder casi mágico de las
palabras.
Nos introduce a una mujer de nombre nada común. Esta retratada como una persona
independiente. También queda establecido el importante punto del poder de las palabras y su
“fisicalidad”.
Como es típico en los relatos de realismo mágico, lo real y lo fantástico están mezclados sin
separación alguna. El narrador cuenta con el mismo tono hechos de experiencia habitual con
otros inverosímiles. Hay detalles minuciosos, listas de pormenores, que anden realismo. Y,
también, frecuentes hipérboles, tratadas de nuevo con absoluta naturalidad. Todos estos rasgos
tienen en común la actitud del narrador. El narrador, al aceptar los hechos que cuenta como si
los estuviera viendo y como si fueran habituales y nada sorprendentes, aceptados por los
personajes (y por el narratorio, el “lector” imaginado al que va dirigido el cuento también). La
narrativa es, así, una mezcla de elementos, sin líneas que separen lo real de lo (casi) imposible.
En el cuento de García Márquez también tiene lugar una transformación, pero se debe a la
llegada a un pueblo de un ahogado hermosísimo. Un pueblo pobre, estrecho de miras y mísero,
se convierte en otro donde sus habitantes están llenos de deseos de mejorarse. Su lenguaje
esta, como el de Allende, repleto de detalles que añaden credibilidad a hechos increíble, y hay
hipérboles que los personajes y el narrador aceptan como hechos normales y reales. En ambos
cuentos es el narrador quien hace que lo mágico aparezca como real, al contar la historia con
naturalidad, sin asombrarse por lo que acontece.
Las palabras en el cuento pueden transformar la tiranía en democracia. Cambian a un opresor
brutal y lo convierten en un candidato capaz de hablar poéticamente y con lucidez; traen
renovación, justicia y esperanza; y transforman lo que sería una atracción sexual en profundo
sentimiento y pasión. La autora sugiere uno de sus temas favoritos: el poder transformador de
la palabra y, dando un paso más, implícito en el cuento, de la literatura.
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Dos palabras por Isabel Allende
Han visto en el Quijote al caballero nombrando a su caballo, a su dama y a sí mismo,
confiriéndose de este modo una nueva identidad, creando nuevos personajes. Belisa
Crepusculario, pues, al darse su nombre se crea a sí misma, su primer acto de independencia y
autosuficiencia.
Se puede hablar de literatura femenina latinoamericana, al menos hasta tiempos recientes. Una
característica común bastante evidente es que su sujeto es, con frecuencia, una mujer. Otra,
que su escritura refleja en gran manera su modo de pensar como persona. Es decir, que la voz
poética, o en este caso la protagonista, comparte rasgos con sus autoras. Su actitud valiente,
hasta rebelde y desafiadora es otro aspecto común. Su estilo, por supuesto varía. Isabel Allende,
novelista y cuentista contemporánea no tiene que librar las batallas de sus antecesoras, cuenta
con mayor libertad de acción y tiene una aceptación y un éxito que no podrían haber soñado las
escritoras que la precedieron.