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Tabla de contenido
Hoja de rostro
resumen
Prefacio
I. PARNASSA
requisitos previos de gestión
Dinero real (nefesh chaia)
Voto de riqueza o ishuv ha-olam
II. LOS LÍMITES DE LA RIQUEZA
Límites de tiempo
Límite ecológico o espacial
Moishe, el cabalista y el sustento
III. ACUMULANDO RIQUEZA EN OTROS MUNDOS
Cabalá y ciclos de riqueza
¿Porque yo no tengo?
IV. RIQUEZAS PARA LO QUE NO TIENES
Yo no robo (ossek/guezel)
robo de tiempo
Robo de expectativa
robo de información
Robo de prestigio
Tzedaká
V. RIQUEZAS POR TENER MENOS
Reconociendo la hospitalidad
Regalos y propinas
El bolsillo
Aprendiendo del ladrón
El arte de la propiedad o la terapia del don
SIERRA. CUESTIONES PRÁCTICAS DE LA RIQUEZA EN EL MUNDO
¿Por qué los rabinos entenderían el dinero?
aprendiendo a perder
¿Qué pedir?
Loterías y milagros en el sustento.
Empresas y contratos
Deudas
Préstamos e intereses
Negocios reales – heter iska
Precios y ganancias
En busca del precio real
Competencia
VII. AGENTES DE PARNASSA (SOSTENIMIENTO)
Maz'l (suerte)
evocando suerte
Meluchim (ángeles)
VIII. MEJORA LA RIQUEZA
IX. MUERTE Y RIQUEZA
X. DINERO EN EL MUNDO POR VENIR
LA TRILOGÍA
La Cabalá de la comida
La Cabalá de la envidia
Créditos
El autor
resumen
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Prefacio
I. PARNASSÁ – LA KABBALA DEL SOSTENIMIENTO
Requisitos previos de Gesheft (negocios)
Dinero real (nefesh chaia) y dinero como mano de obra congelada
Voto de riqueza o ishuv ha-olam – La obligación de aumentar el nivel de vida del
cosmos
II. LOS LÍMITES DE LA RIQUEZA
Límites de tiempo: ¡Cicada tenía razón! (b'tul zeman)
Límite ecológico o espacial
Moishe, el cabalista y el sustento
III. ACUMULANDO RIQUEZA EN OTROS MUNDOS
Cabalá y ciclos de riqueza
¿Porque yo no tengo? – Digresión sobre una paradoja humana
IV. RIQUEZAS PARA LO QUE NO TIENES
Yo no robo (ossek/guezel)
robo de tiempo
Robo de expectativa
robo de información
Robo de prestigio – Rejilut (chismes) y lashon hará (malas palabras)
Tsedaká – Eliminar rastros de robo (tzedaká como terapia; tzedaká como negocio)
V. RIQUEZAS POR TENER MENOS
Reconocer la hospitalidad (ecología)
Regalos y propinas
El bolsillo – Frontera de tener menos, tener más
Aprendiendo del ladrón – (el mal impulso) de cada uno de nosotros
El arte de la propiedad o la terapia del don
SIERRA. CUESTIONES PRÁCTICAS DE LA RIQUEZA EN EL MUNDO
¿Por qué los rabinos entenderían el dinero?
Aprendiendo a perder – Ieridá tsorech aliá hi
¿Qué pedir? “Saber precios, no saber valores”
Loterías y milagros en el sustento.
Empresas y contratos
Deudas
Préstamos e intereses
Negocios reales – heter iska
Precios y ganancias
En busca del precio real – Dinero y precios negativos
Competencia
VII. AGENTES DE PARNASSA (SOSTENIMIENTO)
Maz'l (suerte)
evocando suerte
Meluchim (ángeles)
VIII. MEJORA LA RIQUEZA – EL OTRO LADO
IX. MUERTE Y RIQUEZA: SE QUITA MUCHO DE ESTE MUNDO
X. DINERO EN EL MUNDO POR VENIR
LA TRILOGÍA
La Cabalá de la comida
La Cabalá de la envidia
Créditos
El autor
Prefacio
Por una ética económica sostenible
YSTA ORIGINAL La Cabalá del dinero revela una mirada muy especial sobre la
riqueza, el mercado y las relaciones entre las decisiones individuales y sus
consecuencias para el conjunto de la población.
El rabino Nilton Bonder no recurre a Keynes, Marx o Samuelson, sino al Talmud, la
Torá y el antiguo conocimiento de los rabinos para reflexionar y dilucidar las
intrincadas conexiones entre moneda, negocios (gesheft), acumulación y fracaso.
Utilizando ejemplos de decisiones cotidianas, ilustradas con sabrosas citas rabínicas,
nuestro lúcido Bonder avanza la filosofía de la economía con un sesgo fuertemente
humanista y ecológico.
Las enseñanzas esenciales y actualizadas de esta sorprendente La Cabalá del Dinero
nos conducen directamente a la dimensión de la ética y la justicia en las relaciones
económicas. Destacan la necesidad de que las transacciones financieras no imposibiliten
los medios de vida (Parnassá) y contribuyan a elevar el nivel de vida; revelan, como ya
explicó la Torá, la necesidad de imponer límites a la acumulación, así como al
desperdicio, temas que hoy cobran enorme protagonismo con la cuestión climática y
los desafíos de la supervivencia planetaria.
Cuando Bonder profundiza en la dimensión de la corresponsabilidad y los acuerdos
justos (Tsedaká), evitando, en las transacciones, la opresión del socio (ossek), muestra
cómo el pensamiento ancestral de los rabinos anticipó el concepto y la práctica de lo
que hoy se conoce como Economía Solidaria y que llevó a los economistas indios al
Premio Nobel.
La dimensión ecológica en los cálculos y decisiones económicas está fuertemente
presente en esta camarilla. Esto me produjo especialmente una gran satisfacción. Hay
que evitar que, como en la Torre de Babel, la actividad económica se convierta en un
fin en sí misma, produciendo más de lo necesario e incluso generando hambre a su
alrededor. Es el concepto de anti-riqueza el que corrompe injustamente el mercado y
amenaza la preservación de los recursos que necesita la sociedad, como es el caso, por
ejemplo, del costo de limpiar los ríos, que debe incorporarse al costo de producción.
Esto queda ilustrado por la historia del hombre que ganó un caso contra un
productor de aceite de sésamo. Se sintió perjudicado porque la vibración causada por
la elaboración del aceite fue tan fuerte que sacudió su casa. Esto se aborda
actualmente en la contabilidad socioambiental, en la que la naturaleza ya no se
considera infinita y libre.
Autor de la trilogía compuesta también por La Cabalá de la comida y La Cabalá de la
envidia, Nilton Bonder ilumina la vigencia actual de los fundamentos históricos judíos
y nos invita, con una narrativa placentera, a descifrar con solidaridad la humanidad
los grandes desafíos de nuestro tiempo.
CARLOS MINC
I. PARNASSÁ – LA KABBALA DEL SOSTENIMIENTO
W.COMO PARTE DE LA TRILOGÍA La Cábala de la comida, La Cábala del dinero y La
Cábala de la envidia, este segundo volumen trata principalmente de la relación del
individuo con su mundo y el sistema de valoración del universo que le rodea.
Inspirándonos en el dicho judío “Se conoce al hombre por tres maneras: por su COPA,
por su BOLSILLO y por su IRA” (KOSSÓ, KISSÓ VE-KAASSÓ), abordaremos aquí el
BOLSILLO (KISSÓ) y lo revelador que es nuestra actitud hacia es . En cada BOLSILLO
surgen cuestiones de supervivencia y sus fronteras: excedente, posesión, poder e
inseguridad. Esta misma tradición dice: “El camino más largo es el que lleva del
corazón al bolsillo”. No hay manera de meterse en el bolsillo sin reflexionar sobre la
vida y su significado. Nuestra relación con nuestros bolsillos revela quiénes somos y
dónde estamos en este inmenso mercado de valores que es la realidad.
En este sentido, la tradición judía tiene mucho que aportar. Caricaturescamente
famosos por su amor al dinero, los judíos vieron a sus patriarcas (Abraham, Isaac y
Jacob) convertirse en protagonistas de chistes sobre la avaricia y la voracidad. Se
convirtieron en motivo de burla y tuvieron su máximo símbolo de impureza, el cerdo,
elevado a la categoría de compañero inseparable a través del cofre en forma de
cerdito. Y, de manera prejuiciosa y caricaturizada, les exacerbaron la nariz para
poder olfatear y orientarse en las cloacas del submundo de los sistemas financieros.
Sin querer entrar en consideraciones apologéticas, quisiera invitar al lector educado
en las costumbres de este mundo a compartir una reflexión más objetiva y menos
prejuiciosa. Me dirijo al lector que reconoce que, mucho más allá de las
clasificaciones del bien o del mal, la experiencia humana está marcada por la
corrección constante de nuestras intenciones a medida que se materializan en
contacto con la realidad. Nuestra capacidad de transformar la experiencia en
cultura y tradición y, al mismo tiempo, exponerla a la crítica de las generaciones
futuras mediante la producción de una perspectiva ética nos da acceso a las
profundidades de nuestra propia humanidad.
En este sentido, los judíos son esenciales en la memoria y la historia de Occidente. Sobre
ellos se proyectaron muchas de las fantasías colectivas de esta civilización. Muchas
de las experiencias sublimadas y reprimidas por el individuo civilizado tomaron forma
en este “otro”. Otro que parecía exorcizable, sujeto a exclusión para solucionar “el
problema judío”, como si fuera posible librarse de una patología. Y lo más probable es
que la violencia y la obsesión hubieran triunfado si no fuera porque en esta trampa
psíquica el fin del problema judío era también el fin de la solución judía. Defiendo la
idea de que los judíos no eran un problema de Occidente, sino su solución fuera de
lugar. Al fin y al cabo, el chivo expiatorio es el sueño de quienes son incapaces de
asumir la responsabilidad, ya sea de su conciencia o de sus acciones. Sin embargo, no me
corresponde extender estos pensamientos ya elaborados en obras de gran consistencia.
Me interesa resaltar que los “rasgos negativos” de los judíos en muchas situaciones
revelan un esfuerzo cultural que va exactamente en la dirección opuesta. Así como
fantaseamos con el rabino que, tras bambalinas del templo, come cerdo, o con el
sacerdote que tiene reuniones secretas en el confesionario, o con el líder político que
tiene sus transacciones fraudulentas en los sótanos bajo la tribuna donde defiende la
La gente también lo es. Existe una gran demanda de quienes se proponen adoptar una
postura que desafíe los instintos y reacciones primitivos. En otras palabras, es un
efecto colateral de toda la cultura generar el deseo de su propia quiebra. Esto se
debe a que el esfuerzo civilizador contiene aspectos inhumanos excesivamente críticos
y represivos, ya sea en sus ideales o en sus proposiciones teóricas sobre el bien y el mal,
constructivas y destructivas.
Los judíos, con su tradición basada en la ética y en el establecimiento de la moral
occidental, sufrieron la violencia propia de esta reacción a la civilización que se
manifiesta en la inversión maliciosa de sus preceptos en estereotipos. Inventaron la ley
fundacional “No matarás”, pero se les atribuye el gran “asesinato” de la historia. En
la Edad Media, caracterizada por una urbanización sin cuidados sanitarios y plagada
de brotes epidémicos, los judíos, con prácticas higiénicas exacerbadas en cumplimiento
de los preceptos tradicionales, fueron caricaturizados como personas sucias y
sórdidas que se deleitan con la inmundicia. Asimismo, a pesar de sus estrictas
prescripciones dietéticas, se les acusa de antropofagia ritual de los niños cristianos.
Finalmente, se les da fama de obsesionados con el dinero, y su Dios, que no puede ser
representado por una imagen, toma la forma de un signo de dólar. ¡Nuevamente hay
una inversión maliciosa de aspectos reales porque los judíos respetan el dinero! Pero
no por codicia, sino porque perciben en ello algo que establece nuestro sistema de
valores y determina la distancia real entre el bolsillo y el corazón.
El verdadero significado del dinero o PARNUSSE, del sustento, recibe un tratamiento
ético en la tradición judía, pionera en la preocupación por las repercusiones sociales
de las prácticas económicas. La Cabalá del Dinero es un intento de observar las ideas
de los rabinos sobre las implicaciones sociales, ecológicas y espirituales que surgen del
intercambio y la interdependencia, reconociendo en el dinero un valor simbólico
único. A través de él podemos radiografiar nuestro sistema de valoración de forma
concreta e incuestionable. Somos lo que hacemos, somos la forma en que reaccionamos,
somos lo que creemos y nuestro dinero es una extensión de esas opciones. Nuestra
relación con el mundo se debe al dinero que entra o al dinero que sale; es uno de los
grandes determinantes de lo que hay afuera, del valor que las cosas y las personas
tienen para nosotros, del valor que tenemos en relación con las cosas y las personas.
Los rabinos reflexionan extensamente sobre el dinero y le dan un tratamiento
simbólico similar al del cuerpo. Así como tenemos un alma cubierta por un cuerpo que
actúa e interfiere en el mundo, nuestros apegos, intenciones y estima toman forma en el
uso del dinero.
Este libro te invita a una excursión a un mundo conocido, el mundo que llevamos en el
bolsillo. Propone un gran recorrido por el universo de los mercados, una reflexión
sobre los efectos del dinero en la emoción, la afectividad y la espiritualidad. Un paseo
por un HUERTO que desprende el dinero de su pecado demoníaco, quitando la sombra
proyectada desde nuestra propia alma. Nos anima así a reflexionar sobre los límites de
la riqueza y la solidaridad, así como sobre las vergüenzas resultantes de las
incoherencias e inconsistencias de nuestra humanidad.
A tal descontaminación de prejuicios respecto al dinero, debemos reconocer su
potencial para promover interacciones perversas e idólatras, no sólo cuando se lo
adora, sino también cuando se lo desprecia. Los rabinos explican: “¿Cuál es la causa de
la muerte? La vida." ¿Cuál es la causa del dinero? El deseo de equivalencia y justicia.
Ciertos elementos tienen la capacidad de absorber huellas de la propia naturaleza
humana. Y, una vez que esto sucede, podemos observar aspectos hasta ahora
imperceptibles de nuestro propio comportamiento en estos elementos.
Los judíos respetan el dinero, pero no siguen el estereotipo del avaro y materialista.
Por el contrario, les interesa el dinero real, que es un instrumento para ampliar la
vida y sus mercados con nuevos potenciales y posibilidades. Dinero que permite una
gran sofisticación en los vínculos entre el tejido de la vida, resultando en
enriquecimiento y refinamiento. Dinero que establece valor para intercambiar comida
por entretenimiento, medicina por arte, real por virtual, creatividad por
combustible y tantas otras relaciones inviables en el pasado económico no monetario.
Al mismo tiempo, los judíos mostraron un gran interés por el dinero simbólico, que
expone gran parte de nuestra naturaleza humana y animal.
¿Qué es ese dinero que puede ser objeto de textos sagrados? ¿Qué es ese dinero con el que
tratan los sacerdotes? ¿Qué dinero es éste que también será moneda en el otro mundo o
en el paraíso? ¿Cómo, por otro lado, podemos lidiar con un mercado que tiende a
devaluar el significado, que desinfla nuestro tiempo y nuestros valores, que infla la
insatisfacción y que vuelve recesivos ciertos potenciales? Los rabinos responden a
algunas de estas preguntas mediante su búsqueda de una moneda fuerte.
Requisitos previos de Gesheft (negocios)
“Quien quiera vivir en santidad debe vivir según las verdaderas leyes del comercio y las finanzas”.
(Talmud, BK 30a)
“V.NOS GUSTARÍA HACER UN GESHEFT (negocio)…” es una frase en la tierra que
provoca gran revuelo en los cielos. Sagrado es el momento en el que dos individuos
utilizan su conciencia en un intento de establecer un intercambio que optimice la
ganancia para ambos. Hacer negocios, tal como lo imaginan los rabinos, pone a prueba
todos los esfuerzos de la cultura y la espiritualidad y, respondiendo a una conciencia,
exige responsabilidades del individuo más allá de sí mismo. Sólo dos santos pueden
entrar en gesheft; no se debe evitar el gesheft por cobardía; y hay que salir del
gesheft con máxima ganancia, teniendo como referencia la máxima ganancia del otro y
el mínimo de molestia o consumo para el universo. Este tipo de transacción, que
presupone un uso no predatorio y la satisfacción de las necesidades de quienes
interactúan, establece una nueva naturaleza. Naturaleza en la que no estamos sólo a
merced del caos externo de una supervivencia casual o determinada por la capacidad
puramente física de un individuo, sino en la que los conceptos de justicia y de capacidad
humana de “percibir” al otro pretenden introducir la presencia de lo sagrado en la
realidad. Esta nueva naturaleza se llama mercado. Cuanto menos desarrollado esté
el mercado en el sentido rabínico, más cerca estará de su naturaleza primitiva: una
jungla. El mercado, por tanto, es el ámbito donde se desarrolla la supervivencia de los
individuos, que está determinada por su propia percepción de lo que es la
supervivencia. Para un ser humano, la supervivencia es su capacidad para sustentar su
sustento físico y las responsabilidades inherentes a la conciencia. Estas
“responsabilidades” son fundamentales para que los intercambios se produzcan en un
mercado rabínico y no en la naturaleza. La entrada de supervivientes que no han
pagado impuestos por sus “responsabilidades” envenena el mercado, contribuyendo a la
naturaleza caótica de lo que nos puede pasar. La siguiente historia ilustra cuán
fuerte es la noción rabínica de la proximidad entre el mercado y la naturaleza:
A un rabino muy justo se le permitió, en una concesión especial, visitar el purgatorio
(Gehena) y el paraíso (Gan Eden). Primero fue llevado al purgatorio. De allí salieron
los gritos más horrendos que jamás había escuchado, y cuando vio los rostros de
quienes gritaban, notó que tenían rasgos angustiados como nunca antes había visto.
Estaban todos sentados alrededor de una gran mesa, en la que se ofrecían los manjares
más deliciosos imaginables, servidos de la forma más bella y sofisticada. Sin comprender
por qué sufrían ante tal festín, el rabino miró más de cerca y notó que tenían los
codos invertidos. Comprendió así su sufrimiento: como no podían doblar los brazos, no
tenían acceso a toda esa abundancia. Se enfrentaron a tal prosperidad, pero no
pudieron disfrutarla.
Luego el rabino fue llevado al paraíso, donde emanaban las risas más extravagantes en
una atmósfera de festividad y alegría. Allí estaban todos sentados en una mesa como la
que había visto en el purgatorio, cubiertos con los mismos manjares, todo exactamente
igual. Para su sorpresa, los codos de los que estaban allí también estaban invertidos.
Entonces notó que había una diferencia, un pequeño detalle: en lugar de considerarse
impotentes por no tener acceso al banquete debido a la rigidez de sus brazos, habían
resuelto el problema haciendo que uno de ellos llevara la comida a la boca del otro. .
Esta leyenda describe el purgatorio como un mundo sin mercado, donde basta una
dificultad para perder toda capacidad de disfrutar del banquete ofrecido. En el
paraíso, además de disfrutar del placer de las delicias llevadas a la boca, también
existe el valor añadido de la solidaridad que reduce la angustia y produce confianza
cada vez que se lleva la comida a la boca de otro. Lo más curioso de esta historia es la
representación de la realidad como única: purgatorio y paraíso, mercado y
naturaleza constituyen un mismo escenario, vivido y dramatizado de diferentes
maneras. Es el comportamiento, no sólo los activos o las acciones, lo que establece la
riqueza. Aunque pueda parecer un detalle nimio, la distancia entre estas dos
actitudes es grande, muy grande, cambiando por completo nuestra calidad de vida.
Esta distancia la vemos en la vida cotidiana, cuando perdemos la capacidad de
disfrutar de la prosperidad, empobrecidos por nuestra incapacidad de afrontar la
vida desde otro ángulo, con otra actitud.
Dinero real (nefesh chaia) y dinero como mano de obra congelada
ohEL TRATADO DE ÉTICA DE LOS ANCESTROS establece: “Donde no hay harina [bienes
materiales], no hay Torá [estudio y crecimiento espiritual]. Donde no hay Torá, no hay
harina”.
La primera afirmación que recomienda satisfacer las exigencias físicas antes que las
espirituales parece obvia, pero la segunda podría parecer cuestionable. Su intención es
explicar el origen de la harina, no la harina de la naturaleza, sino la harina del
mercado. La Torá, al ejercer el papel de poner límites a las necesidades humanas y a los
modos de satisfacerlas, exigiendo las responsabilidades inherentes a toda harina, hace
posible el mercado.
Aquí no estamos hablando de dinero o bienes, ya que sabemos que, para obtenerlos, la
TORÁ no es un requisito previo. Se trata de dinero producido honestamente en el
mercado, alejado de la naturaleza y que, además de apoyo material, es también fuente
de alegría y esperanza para quienes lo disfrutan. De este dinero extraído de
intercambios justos que tienen como objetivo optimizar las ganancias para todos los
involucrados, se obtiene dinero real. El dinero real es aquel garantizado por Di-s y
que tiene liquidez cósmica. Para entender mejor esto, tenemos que definir el significado
del dinero.
El dinero es un símbolo importante del convenio colectivo que queremos vivir en el
Edén. A medida que este pacto se fue solidificando, a través de las primeras experiencias
del paraíso, surgió una nueva forma de interacción. Esto aumentó la sensación de
sustento, lejos de la sensación tradicional de supervivencia que se encuentra en la
naturaleza. Desde el primitivo intercambio de mercancías, desde el trueque, el ser
humano empezó a utilizar metales raros y con el peso suficiente para que al pollo, por
el que intercambiaban monedas, se le atribuyera su valor real. Quien se quedara con
las monedas ciertamente no podría alimentarse de ellas para sobrevivir, como lo
haría con un pollo, pero sabía que el valor recibido tenía el mismo potencial. Con el
tiempo, la gente empezó a confiar aún más en este mercado, sustituyendo las monedas
que tenían valor por su rareza por otras que no tenían ningún valor. El papel o
metales inferiores, además de no contener el valor alimenticio de un pollo, tenían un
valor real inferior y no tenían un valor nominal igual al del pollo. Sobre ellos había
una promesa de diez, cincuenta o mil unidades de pollo. Esta promesa quedó
garantizada por el acuerdo que fue cada vez más respetado y respaldado por
resultados y sentido común. Por tanto, estaba garantizado por la confianza y, en
última instancia, por Di-s.
Estos dos tipos diferentes de símbolos obtuvieron sus nombres exactamente del estado
de confianza y fe en este acuerdo.
Los primeros, elaborados con metales raros, se llamaban PESOS, LIBRAS o shekel
(literalmente, “pesas” en hebreo), porque “pesaban” el valor real del pollo. El segundo
–cuyo peso y valor real no correspondía al del pollo– se llamaba zuz (de la raíz
hebrea zaz que significaba “en movimiento”, “circulando”). Zuzim era la moneda de los
rabinos. Inútil, era el símbolo del entrelazamiento de la humanidad, del contrato
asumido y de que el mundo entendiera la diferencia entre “purgatorio” y “paraíso”.
Tenían absoluta confianza en que Dios aprueba a todos los Zuzim.
El dinero, el zumbido –este circular, ese movimiento– no tenía ninguna connotación
vil; por el contrario, denotaba el deseo de organización, de civilización, de
convivencia, de conciencia ecológica y, en definitiva, de seguir la TORÁ, de
espiritualidad. El acuerdo, que en última instancia da valor al dinero, sólo puede
existir mientras exista creencia y fe en él. El acuerdo, normalmente idolatrado como
fe en los mecanismos de inversión –ya sea el sistema financiero, las instituciones
gubernamentales, el Estado o el patriotismo–, en realidad depende de la buena fe, la fe
de manera absoluta. No es casualidad que encontremos en varias monedas de la familia
Zuzim (sin valor en sí mismo), como el dólar, la extraña inscripción In God We Trust,
una versión de la palabra AMEN (un acróstico en hebreo de la frase El Melech Neeman
– el Soberano que es digno de confianza), que da fe a un trozo de papel pintado. Da fe en
su valor en la transacción, pero, sobre todo, da fe en que es dinero real,
representativo de la supervivencia y de sus responsabilidades. Son estas
responsabilidades las que le dan un valor que no existe para quienes no forman parte
de este acuerdo.
El dinero real es muy diferente al dinero de la naturaleza, el becerro de oro, que es
cuando pensamos que el valor existe en el objeto mismo, y no en la conservación del
acuerdo que, como veremos más adelante, va más allá de la seguridad de los valores.
intercambiado. Preservar el acuerdo, producir dinero real e igualar el mercado no es
tarea fácil. Es tan difícil como hacer posible la era mesiánica, como lo es para el ser
humano optimizar su humanidad.
En relación con el dinero real, su valor aumenta cuando le asignamos todas las
responsabilidades que forman parte del verdadero nivel de solidaridad y civismo que
alcanza una comunidad; su valor disminuye cuando escapamos de estas
responsabilidades, un destino cruel para todo símbolo que pierde su significado.
Del mismo modo, el dinero no es sólo el intercambio de bienes gravados
responsablemente (harina), sino que cuantifica el trabajo gravado responsablemente.
Para los rabinos, el dinero equivaldría a unidades de mano de obra congelada. El
valor del trabajo sería igual a X unidades de oferta de este trabajo, multiplicadas por
Y unidades de dificultad intelectual o de ingeniería, multiplicadas por Z unidades de
esfuerzo físico incurrido. Esta multiplicación quedaría entonces congelada en forma
de dinero. Lo que equivale a decir que, para que haya dinero, no puede haber ninguna
variable con valor “cero” en esta multiplicación. Estas variables tampoco pueden
asumir valores que tiendan al infinito, o cercanos al infinito, ya que existen límites
reales al valor de todo trabajo.
El intento de hacer que una de estas variables tienda al infinito infla ligeramente el
mercado, ya que representa una situación de poco trabajo y mucho dinero. Incluso
cuando una de las variables se valora desproporcionadamente (haciendo que tienda al
infinito) y otra se lleva a valores cercanos a cero -es decir, cuando se compensan entre
sí y crean dinero aparentemente proporcional a las medidas de trabajo- hay que tener
cuidado para no generar dinero falso. Cuanto más desarrollada es una comunidad,
mayor es el cuidado que se pone para garantizar que los valores de las diferentes
variables no se desalineen en magnitud. Cabe señalar, sin embargo, que existen límites a
la cantidad de “trabajo congelado” que podemos tener en el banco: límites a la
duración de la vida humana y a la energía de un ser humano. Por lo tanto, la riqueza
desproporcionada de un solo individuo que surge del trabajo significa que la sociedad
produjo una gran cantidad de “dinero falso”. Sin embargo, dejaremos esto para
reflexionar más adelante, cuando hablemos de los límites del sustento y la riqueza.
Voto de riqueza o ishuv ha-olam – La obligación de aumentar el nivel de vida del
cosmos
“Una vez fui pobre y una vez fui rico; ser rico es mejor”. "Es mejor ser rico y sano que pobre y enfermo".
(Refranes yiddish)
ohLOS RABINOS PERCIBÍAN la pobreza como un drama sin igual. En el Midrash (Éxodo
Rabá 31:14), encontramos:
No hay nada peor en el universo que la pobreza: es el más terrible de los sufrimientos.
Una persona oprimida por la pobreza es como alguien que lleva sobre sus hombros el
peso de todo el sufrimiento de este mundo. Si todo el dolor y el sufrimiento de este
mundo se colocaran en un lado de la balanza y la pobreza en el otro, se inclinaría
hacia la pobreza.
Para combatir este enemigo universal que tiene su origen en causas naturales y
culturales, los rabinos desarrollaron el concepto de ishuv ha-olam – la búsqueda
del “asentamiento del mundo”. Según este concepto, nos comprometemos a incrementar
constantemente la calidad de vida de forma sostenible con el mundo. Es obligación de
cada individuo hacer que la riqueza, no sólo la suya propia, se expanda por todo el
mundo que le rodea. Se entiende por “riqueza” el nivel más alto posible de organización
y transformación del medio ambiente de tal manera que todo lo que está vivo e
importante para lo vivo exista sin escasez. En otras palabras, cuanto más abundante
sea posible hacer una demanda a los seres vivos SIN QUE REPRESENTE ESCASEZ de otra
demanda a los seres vivos, mejor. Esta es la obligación de un individuo: mejorar el nivel
de vida del universo que lo rodea.
Por supuesto, es muy difícil definir cómo crear abundancia sin crear escasez en un
universo abierto. Por tanto, es una regla de sentido común que, en caso de duda, es
preferible beneficiarse de la no escasez que de la abundancia. Si al transformar algo en
abundancia generamos escasez, estaremos creando un doble trabajo para nosotros
mismos: producir abundancia y tener que reponer, a causa de esta abundancia, lo que se
ha vuelto escaso. Por eso el Justo, en caso de duda, opta por no crear más abundancia.
La complejidad de este proceso radica en que nunca estamos libres de crear la máxima
cantidad de abundancia que no genere escasez. En el lenguaje mercantil de los rabinos,
este es el concepto de “uno no pierde nada y el otro se beneficia”, un concepto muy
importante en todo mercado que se pretende ampliar y enriquecer. El Justo es el
responsable de que esto suceda. Veamos un ejemplo creado por los rabinos.
Según la DINA DE BAR-METZRA (ley de vecinos), quien tiene una propiedad que linda
con la propiedad ajena automáticamente tiene la opción de compra. Una vez que esta
venta se realiza dentro del valor de mercado, no hay pérdidas para el vendedor,
mientras que el comprador gana con la transacción, ya que la expansión de su
propiedad aumenta el valor de su propiedad. De esta forma, uno de los participantes se
beneficia y el otro no pierde nada.
Maimónides (Mishne Torá, Leyes de Vecindad, 12:5) analiza el tema: “Esta ley no se aplica
a mujeres, menores o huérfanos que quieran adquirir tierras, ya que el concepto de
'bien y mal' en relación con estas categorías excede en importancia el deseo de un
comprador normal...”
Otro ejemplo de este tipo de concepto.[1]se encuentra en el Talmud (Ket. 103a):
Reuven alquiló su molino a Shimon con la condición de que este último moliera el
grano del primero a cambio. Pero Reubén se hizo rico y compró otro molino, en el que
moler su grano no le costó nada. Pronto ya no necesitaba a Shimon para trabajar. Si
pidiera un reembolso en efectivo en lugar del acuerdo de molienda, Shimon podría
negarse. Pero si Shimon tenía el grano de muchos clientes para moler en su molino, de
modo que, con el tiempo y el esfuerzo de molerlo para Reuven, pudiera molerlo para
otra persona y no tener pérdida, Shimon se vería obligado a aceptar el pago. Esto se
hace para que no actúe de manera similar a los habitantes de Sodoma, quienes se
negaron a hacer favores a los demás, incluso cuando no les costó absolutamente nada.
Escaparse de la obligación de hacer favores es una infracción cuyas implicaciones son
similares a las del robo. Si impides que alguien obtenga algo, incluso si no se beneficia de
ello, cometes un robo del patrimonio potencial de la humanidad y de los seres vivos. La
responsabilidad del individuo concierne a todo lo que controla directa o
indirectamente: la posesión va más allá del tener, va al poder. El hecho de impedir que
alguien obtenga algo es comparable al acto de quitarle algo a alguien. Al frenar el
enriquecimiento del mercado que te rodea sin dañar aparentemente al mundo,
contribuyes a aumentar la escasez e impides que las fuerzas sustentadoras lleguen a
buen término en este lado del cosmos. De esta manera, impide el aumento del nivel de
vida de este cosmos inmediato y viola la ley de la búsqueda del enriquecimiento y
asentamiento del mundo (ishuv ha-olam). Es difícil entender que los aspectos
vinculados al “uno no pierde y el otro se beneficia” sean del mismo orden que al “uno le
quita al otro”.
Hacerse rico es necesario. La lucha contra la escasez es necesaria, pues permite que el
sustento divino llegue a quien lo recibe. Sin embargo, esta no es una condición
suficiente para los límites de la riqueza. Hay otras cuestiones importantes para que el
dinero pueda convertirse en un instrumento que represente la relación entre la
conciencia y la vida y con los ideales al alcance de la imaginación humana.
1.Meir Tamari, WAYP, pág. 36.
II. LOS LÍMITES DE LA RIQUEZA
"Si no es tan bueno con el dinero, sin él es mucho peor".
(Dictado en yiddish)
ohEL MAYOR RETO DE LA SOCIEDAD HUMANA es el establecimiento de relaciones
comerciales que cuiden constantemente el “asentamiento del mundo”. Cada vez que no
ayudaban al otro en cuestiones como “uno se beneficia y el otro no pierde”, los
ciudadanos de la llanura de Sodoma y Gomorra reforzaron un mercado de
abominables consecuencias, similar al purgatorio antes descrito, donde los comensales
con sus Los codos se giraron y no se ayudaron entre sí. Es curioso, sin embargo, que
otro pasaje, que también sirve de modelo para un “mercado enfermo” en el texto
bíblico, sea la generación de la Torre de Babel.
Según los rabinos, el mayor error de esta sociedad fue hacer de las actividades
sociales y económicas un fin en sí mismo. Al hacerlo, aunque describa una situación de
codos girados y sabiendo comer los maravillosos manjares servidos en el banquete, no
se caracteriza un paraíso. En la historia mencionada anteriormente, uno de los
grandes placeres del paraíso no era el simple acceso a lo que había sobre la mesa, sino
la capacidad de realizar, a través de estos objetos, un acto aún más “placentero”: el
intercambio. El acercamiento de un codo volcado con comida puede resultar
sumamente angustiante si la persona no sabe lo que está haciendo y repite la operación
sin tener en cuenta la capacidad y velocidad de absorción del receptor. Podemos tener
hambre, estar rodeados de cucharas y tenedores que se acercan cada vez más,
obligándonos a hacer algo que, cuando éramos niños, experimentábamos como
extremadamente incómodo.
Cuando los rabinos intentan explicar que las actividades económicas pueden conducir
a la santidad, se refieren al hecho de que es el cuerpo el que necesita “instrucción” y
“elevación”. Rabí Shmuel de Sochochov dijo: “El alma no necesita elevación espiritual –
ya que es pura. Es el cuerpo el que necesita ser purificado por el ser humano, ya que
esa fue la intención del Creador al crearlo”. O como dijo otro maestro: “No tenemos
alma, somos alma. Tenemos un cuerpo”.
Esta extraña división entre “cuerpo” y “alma” tal vez pueda expresarse como la
diferencia entre placer “inmediato” y placer “acumulativo”. La satisfacción corporal
se puede sentir tan rápidamente como el sufrimiento: todo ocurre a la velocidad de
las neuronas. Si, por un lado, las neuronas son nuestros límites de velocidad (o la
forma más rápida de ser recompensados con experiencias de placer), la velocidad de las
experiencias de lo que llamamos alma es lo más lenta posible. Las experiencias del alma
sólo se “cierran” o se vuelven perceptibles a medida que se viven determinadas etapas
de la vida. Mientras que las experiencias corporales están saturadas de la repetición
de eventos y se traducen en experiencias de muerte, las experiencias del alma permiten
una lectura diferente de estas experiencias y se traducen en existencia. Y existir nos da
mucho placer. Optimizamos el potencial y creamos riqueza y “asentamiento mundial”
para el gran mercado del cosmos.
Todo esto significa que el enriquecimiento del cuerpo sólo encuentra un límite en el
enriquecimiento del alma. O que la abundancia de experiencias corporales no puede
deberse a la escasez de experiencias del alma. La ley es clara: la abundancia que genera
escasez es una doble pérdida de esfuerzo y de tiempo.
Intentemos entonces identificar algunas de las formas más comunes de abundancia que
generan escasez, no sólo en el ámbito de los bienes, sino también en el ámbito del
empobrecimiento de la experiencia humana. A esta pobreza la llamaremos “límites de la
riqueza”, añadiendo ahora la palabra “humana”.
Hay tres grandes límites a la riqueza humana: 1) límites de tiempo; 2) límites ecológicos;
y 3) límites éticos.
Analizaremos cada uno de ellos, en este orden, en busca de una mejor comprensión del
significado de mercado, dinero y cambio.
Límites de tiempo: ¡Cicada tenía razón! (b'tul zeman)
"Es mejor no hacer nada que convertir algo en nada".
AAL INTERPRETAR EL VERSO del Eclesiastés que dice “¡Únete a las hormigas,
perezoso!”, los comentaristas explican que la hormiga es el símbolo del trabajo
desperdiciado: “Al fin y al cabo, sólo necesitan dos granos de trigo para sobrevivir una
temporada entera y aun así Trabajan incesantemente para acumular una fortuna”. En
esta antigua fábula aparece una pregunta angustiosa: “¿Qué hacer?” Gran parte de la
riqueza acumulada es la falta de saber qué hacer o qué mejor hacer. Nuestra
mortalidad y las preguntas sobre el sentido de la vida hacen que en momentos en los
que aparecen espacios vacíos de tiempo pensemos que es mejor combatir la escasez y, por
tanto, acumular tiempo para cuando tengamos algo que hacer. En la tradición judía,
la pregunta “¿qué hacer?” tiene una respuesta fundamental: estudiar. El tiempo es algo
que se divide entre estudio, trabajo y necesidades fisiológicas. El tiempo sobrante, una
vez cubiertas las necesidades fisiológicas y laborales, deberá destinarse al estudio.
Sólo en el estudio una persona debe reservar su tiempo. El famoso “tiempo es oro”
representa una aberración para los valores judíos. El tiempo es estudio, el tiempo
sobrante hay que acumularlo e invertirlo en estudio. Por tanto, el trabajo o
unidades de escasez convertidas en abundancia tienen un límite que viene marcado por
el límite de tiempo de un ser humano. Lo que se entiende por estudio es literalmente la
dedicación al estudio de la Torá, de los valores que permiten al ser humano
profundizar en su condición humana, que se da en la ampliación de la percepción, la
humildad y la compasión. Es el estudio que permite crear el paraíso en el que las manos
de un individuo alimentan a otro y es el estudio que debe imponerse culturalmente. La
cultura debe enseñar a quienes aún no han llegado al límite de sus necesidades que no
es buena idea dedicar todo su tiempo al objetivo de satisfacerlas. Incluso si el individuo
afirma ser diferente de la generación de la Torre de Babel, afirmando tener la
intención de satisfacer sus necesidades básicas y luego dedicarse al estudio, todavía se
incluye entre los “ciudadanos de la Torre de Babel” e incurre en el error de B' TUL
ZEMAN, eso es una perdida de tiempo. Nuestro tiempo ya tiene un destino a priori: ser
más y saber más del potencial que somos. Cualquier tiempo dedicado a otra actividad
es también una forma de ser y conocerse a uno mismo, pero con límites reales; cuando se
excede, representa B'TUL ZEMAN – uso inadecuado del tiempo asignado a las
experiencias del alma. Estos, a pesar de acumularse en el tiempo dedicado a otras
actividades, sólo se producen en el consumo real de tiempo. Por tanto, es mejor no
hacer nada que convertir algo en nada. Es mejor afrontar la nada que intentar
hacerte rico más allá de tus límites y hacer que tu tiempo sea nada. Soportar “nada” y
afrontarlo automáticamente lleva al individuo a estudiar, y el verdadero estudio es
lo que conduce a nada.
USAR BIEN EL TIEMPO EXCESO – EL ESTUDIO QUE NO CONDUCE A NADA
Es importante hacer una pequeña digresión sobre el estudio, ya que afecta a nuestra
riqueza y es de suma importancia para el mercado. Un mercado formado durante
mucho tiempo por B'TUL ZEMAN se está erosionando de tal manera que los valores
reales de sus activos circulantes disminuyen. La depresión, la apatía y la pérdida de
significado resultantes de demasiado B'TUL ZEMAN tienen un alto coste para el
mercado. Lo importante entonces es estudiar. ¿Pero de qué estamos hablando?
Maimónides decía que el desarrollo de un individuo surge de su percepción de la
“recompensa” o “remuneración” asociada al estudio. De niños empezamos a estudiar y
aprendemos a recibir un terrón de azúcar del maestro. Cuando éramos mayores,
estudiábamos para recibir maní. Cuando somos adolescentes estudiamos con el objetivo
de ganarnos la vida. Como adultos, estudiamos para ser honrados y gozar de respeto.
Sin embargo, sólo cuando alcanzamos la madurez estudiamos gratis (LISHMÁ – ¿en
nombre de qué?). Este estudio sin intención ni interés le permite no ser producto del
trabajo, una forma camuflada de acumular tiempo en riqueza más allá de los límites
reales de la riqueza humana. El estudio es un área importante de acumulación que
genera abundancia sin producir escasez. Los límites del tiempo imponen al dinero que su
acumulación en trabajo más allá de ciertas medidas produce escasez.
Estudiamos a LISHMÁ para existir. Y eso no es tan extraño. Después de todo, también
comemos, dormimos y trabajamos para existir. Es cuando trabajamos más de lo que
necesitamos para existir que producimos B'TUL ZEMAN – existencia desechada. También
parece lógico que, si estudiamos y trabajamos con el objetivo de lograr la abundancia
y eliminar la escasez, si logramos la riqueza, todo estudio y trabajo esté, por
definición, dirigido a no obtener nada. Si nos empeñamos en pensar que el objetivo del
estudio y del trabajo sigue siendo una mayor riqueza más allá de sus límites, entonces
transformamos algo en nada.
Por lo tanto, las cuestiones de tiempo perdido, B'TUL ZEMAN, son factores
determinantes en la riqueza.
Esta es la razón por la que nos tratan como a la generación de la Torre, cuando
primero buscamos conseguir riqueza y sólo después estudiamos a cambio de nada.
Porque esta riqueza, al igual que la Torre, que pretendía llegar a los cielos, no tiene
parámetros de futuro. Nadie podrá ser rico en el futuro, ya que no hay abundancia
que pueda suplir una escasez que aún no existe. Por eso, es necesario ayudar
culturalmente a quienes aún no han alcanzado la madurez y están lejos de la
seguridad material, para que comprendan también que les corresponde dividir su
tiempo con el estudio cuyo objetivo es la nada.
Según la tradición judía, incluso un salario debe entenderse como el pago del B'TUL
ZEMAN de una persona, es decir, la pérdida de tiempo que podría dedicarse a estudiar
para que otra persona pueda beneficiarse directa o indirectamente de su ZEMAN
(tiempo destinado al estudio). ). El tiempo es uno de los límites impuestos a la riqueza.
El tiempo es oro, pero no todo el tiempo debe convertirse en dinero.
Límite ecológico o espacial
AA PARTIR DE LA DEFINICIÓN DE riqueza como abundancia que no genera escasez, se
asumen límites. El sustento congelado en la naturaleza sólo debe transformarse en
sustento cuando sea necesario, y no hay mejor manera de preservar el sustento que en
la forma de la naturaleza. Cuando el maná cayó del cielo, los hebreos que intentaron
recolectar más de la ración diaria no sólo vieron pudrirse el exceso, sino que también
intervinieron en el medio ambiente, en la naturaleza, reduciendo su “voluntad” de
proporcionar sustento. Aquí se aplica nuevamente la idea de que, cuando no hay
necesidad, es mejor no hacer nada que convertir algo en nada. Hay que tener mucho
cuidado, ya que el beneficio puede ser mera imaginación. Las ganancias de hoy que
generan pérdidas mañana no representan riqueza; al contrario, es un trabajo
doblemente desperdiciado. A menudo nos vemos obligados a actuar de esta manera para
sobrevivir, pero un mercado sofisticado debe planificar para evitar este tipo de
sucesos, que van en contra de la ley de ishuv ha-olam (asentamiento del mundo).
¿Quién es rico?
El Talmud pregunta: ¿Quién es verdaderamente rico?
Rabí Iossi dijo: El que tiene un baño cerca de su mesa de comedor.
Rabí Meir dijo: Aquel que obtiene tranquilidad de su fortuna.
(Shabat 25b)
Por un lado, tenemos al rabino Iossi hablando del sueño del consumo. En esta visión
materialista, la riqueza es la mejora de la experiencia de consumo. Cuanto más lo uso,
más rico soy. Esta visión ilimitada de la riqueza que nos sitúa en un término medio
entre comer y defecar no hace más que exacerbar la percepción de que el cuerpo es un
fin en sí mismo. Alimentarse y saciarse es el fin último de la vida, como si la existencia
fuera un fin en sí misma.
Rabino Meir, por su parte, resume la condición de ser rico como la más alta calidad de
vida sin generar escasez para sí mismo y para los demás, cumpliendo en este proceso con
las responsabilidades de no “perder el tiempo” y no transformar el sustento de la
naturaleza más allá de lo necesario. El rabino Meir llama a esta tranquilidad
obtenida de una fortuna. O, en otras palabras, no es fácil ser rico. Presupone mucha
atención a la vida. Una interesante descripción de un falso rico la ofrece Bahía Ibn
Paquda (siglo XI), en su obra titulada Las obligaciones del corazón:
Escribo sobre aquel que piensa que sus intuiciones en materia financiera son sus
pensamientos más sofisticados... Sus sueños lo llevan a las expectativas más increíbles,
de modo que sus diversos tipos de propiedades no son suficientes. Es como el fuego, que
arde con más intensidad cuanto más leña se añade. Tu corazón también está
entusiasmado con tus sueños. Espera ansiosamente la temporada en que se almacenará
la mercancía y la temporada en que se venderá. Estudia las condiciones del mercado,
reflexiona sobre los bienes más baratos o más caros y presta atención a si los precios
están subiendo o bajando en diferentes partes del mundo. No hay calor ni frío, no hay
tormenta en el mar ni distancia en el desierto que te haga renunciar a llegar a los
lugares más recónditos. Todo esto lo hace con la esperanza de llegar a un final, en un
tema que no tiene fin y que puede generar mucho dolor, tribulación y esfuerzo
desperdiciado. Y si consigues un poco de lo que querías... probablemente lo único que
tendrás de esta fortuna será el trabajo de cuidarla, administrarla, tratar de
protegerla de todo tipo de peligros, hasta que acabe en el manos de aquel para quien
fue decretado.
Ser rico requiere un compromiso con la simplicidad, recordando que la razón última
para buscar riqueza es la calidad. Esta sencillez, al mismo tiempo, tiene que estar
atemperada por la ambición y un compromiso constante con la riqueza. Hay que tener
cuidado de no exagerar esta “sencillez”, del mismo modo que no hay que perderla de
vista. Adaptamos nuestras necesidades a la frecuencia de lo que nos dan como sustento,
pero no perdemos el objetivo de incrementar nuestro nivel de vida y el de los demás. El
“simplón” es perjudicial para el mercado del cosmos.
IL Peretz nos cuenta una interesante historia en “Bontche, el silencioso”. Un hombre
sencillo llevaba una vida sin mayores ambiciones, realizando su trabajo limpiando las
calles. Humilde y sin hijos, nunca se vio envuelto en disputas y, cuando murió, fue
enterrado como un pobre, ni siquiera se le entregó una lápida. En el cielo, sin embargo,
hubo un gran alboroto a su llegada. Nunca habían recibido allí un alma tan ilustre, y
todos corrieron a la Corte Celestial para recibir esa figura pura.
El propio Creador insistió en oficiar el juicio, mientras el Fiscal Celeste se retorcía de
odio por la causa que ya había percibido como perdida. Bontche fue llevado ante los
ángeles, el Creador y el Fiscal, quienes pronto desistieron de hacer acusaciones. El
Creador tomó entonces la palabra y, alabando a Bontche, le dijo: “Fuiste tan
maravilloso en tu vida que todo lo que hay aquí en el cielo es tuyo. Sólo pregunta y
lo tendrás todo. Vamos, ¿qué quieres, alma pura? Bontche miró con desconfianza y,
quitándose el sombrero, dijo: —¿Todo? “¡Todo!”, respondió el Creador, aunque
consciente de la audacia de semejante oferta. “Entonces… entonces me gustaría un café
con leche y un panecillo con mantequilla”. Cuando dijo esto, la decepción llenó los
cielos. El Creador se sintió avergonzado y el Fiscal no pudo contener la risa. Bontche
no era un hombre justo: era un tonto.
Se nos exige el máximo. Es cierto que ese máximo depende de innumerables variables,
como ya hemos visto, pero es un máximo, es excelencia. No hay forma de escapar de esto,
y la definición misma de la vida es saber administrar el máximo estudio, la máxima
riqueza y el máximo respeto a aquellos (y a las cosas que) nos rodean. Este equilibrio
no sólo trae tranquilidad sino que también enriquece el mercado y asienta el mundo.
Empoderarse es ser parte del proyecto de vida.
Moisés, el cabalista y el sustento
W.Un día sonó el interfono y la secretaria me dijo: “Rabí, aquí en la entrada hay un
joven que dice ser cabalista y quiere hablar con usted. ¿Puedo dejarte subir?
No todos los días alguien llama a tu puerta anunciándose como cabalista. Acepté que
subiera y vi a un chico entrar a la oficina, exudando calma y reverencia. Se presentó en
un inglés entrecortado: “Mi nombre es Moishe, soy cabalista y vengo a venderles
libros”. Sin esperar reacción alguna por mi parte, comenzó a mostrar sus libros,
mientras yo lo observaba tratando de entender quién estaba frente a mí.
Me dijo que había entrado al país con mil libros que terminaron retenidos en el
aeropuerto. Sin embargo, logró rescatarlos, incluso sin guías de importación y sin
ningún conocimiento de la legislación y sus procedimientos. Luego comentó: “Pero eso
no es nada... En realidad, es difícil escribir libros sobre Cabalá. Entonces pasa todo lo
malo. Esto se debe a que el 'Otro Lado' hace lo que puede para impedirlo... Luego el
almacén con su papel se incendia, las máquinas se estropean y así sucesivamente... Pero
cuando están listas y se convierten en PARNUSSE (sustento), entonces no se podrá hacer
nada más”.
Medité sobre esa consideración. En un momento, Moishe decidió buscar en su bolsillo la
dirección donde se hospedaba y comenzó a vaciarlo, colocando varios fajos de dólares
sobre mi mesa. Le pregunté: “¿Andas así por las calles? ¿No sabes que es peligroso? Hay
muchos robos por aquí”. Me miró con curiosidad y dijo: “Eso también es una regla: lo
que es tuyo, realmente tuyo, nadie lo puede quitar... pero sólo si ya es PARNUSSE, por
supuesto”.
Más tarde supe que Moishe recorría la ciudad en un autobús ofreciendo las obras que
había traído consigo. Cuando nos volvimos a encontrar, le pregunté: “¿Cómo se venden
libros en hebreo a personas que no pueden entenderlos en lo más mínimo?” Explicó: “Yo
digo que estos libros, aunque son difíciles de leer, es bueno tenerlos, y que el solo
hecho de tenerlos en el estante es en sí mismo una invitación a la bendición”.
Lo que realmente tocó la fibra sensible fue la actitud decidida de Moishe, que no
dejaba lugar a dudas: un gran vendedor estaba en la calle luchando duramente por su
sustento. Su arma infalible era la certeza de que ya tenía asegurado un cierto
sustento y era independiente del esfuerzo consciente de querer vender o ganar más.
En la tradición judía encontramos esta misma postura en la discusión entre “libre
albedrío” y segula, literalmente, el tesoro. El libre albedrío es el esfuerzo realizado
conscientemente para obtener algo, mientras que segula es “una fuerza interior
implantada en la naturaleza del alma que, como la naturaleza de todo lo que existe,
no se puede cambiar”.[dos]El sustento entonces proviene de la interacción entre estas
dos fuerzas. De la misma manera, ciertas partes de nuestra actividad para mantener
nuestra vida son activas (simpáticas) –hacer, atacar, huir– y otras son pasivas
(parasimpáticas), sucediendo a pesar de nuestra conciencia, incluso a través de un
esfuerzo que es nuestro, como por ejemplo respiración, digestión y sistema
circulatorio.
Según los rabinos, dentro de nosotros hay movimientos activos para ganarse la vida,
que representan la suma de esfuerzos conscientes, así como movimientos pasivos,
representados por el “tesoro” incrustado en nuestras almas, que van desde la suerte
hasta la perspicacia para los negocios.
Conocemos este fenómeno porque experimentamos ciertas “intuiciones conscientes”,
que son los límites de quiénes somos y de qué estamos hechos. Así como la visión o el
oído son límites de las actividades simpáticas o parasimpáticas –ya que veo y oigo
independientemente de mi control, al mismo tiempo que puedo dirigir mi atención a
objetos de interés–, el “libre albedrío” y la segula se complementan entre sí,
permitiéndonos reconocer estos aspectos en la experiencia de nuestras vidas.
Lo que Moishe quiso decir es que la voluntad de un individuo no puede ser bloqueada o
perjudicada por el “Otro Lado”, por ninguna fuerza negativa, mientras que el “libre
albedrío”, éste puede ser bloqueado y afectado. Moishe también quiso señalar que
PARNUSSE no se puede robar. Se puede tomar algo de un individuo, pero el sustento es
algo que ya tiene en cuenta las posibles pérdidas o sombras que acompañan a una
persona. Por lo tanto, se pueden tomar bienes o monedas, pero no sustento. Del mismo
modo, un libro dañado en su elaboración es inmune, ya que expresa una forma de
sustento. Por tanto, no debemos dejarnos desanimar por segmentos desastrosos de la
historia de nuestro PARNUSSE. Una curiosa historia del rabino Najman de Bratslav
ejemplifica esto:
En cierta localidad vivía un hombre pobre que se ganaba la vida cavando arcilla para
venderla. Un día, mientras cavaba, encontró una piedra preciosa. Intentó evaluarlo,
pero acabó descubriendo que nadie en su ciudad ni en sus alrededores tenía dinero
suficiente para comprarlo, tan grande era su valor. Luego tuvo que viajar a Londres
para tasarlo en un mercado adecuado.
Siendo muy pobre, incluso tuvo que vender sus pertenencias, y con el dinero logró
llegar al puerto, donde se dio cuenta de que no podría comprar un billete a
Inglaterra. Luego buscó al capitán del barco y le entregó la piedra preciosa. El
capitán quedó muy impresionado y le permitió subir a bordo, pensando que el dueño de
tal piedra debía ser una persona muy rica y respetable. El capitán lo alojó en primera
clase, con todos los lujos de los muy ricos. El hombre, bien asentado, se regocijaba con
su piedra preciosa, especialmente durante las comidas, porque es bueno para la
digestión alimentarse con buen humor y moral alta. Un día, sin embargo, se quedó
dormido junto a la piedra que estaba sobre la mesa. Uno de los sirvientes entró a la
habitación para limpiar y, sin notar la piedra, agitó el mantel por la ventana que daba
al mar.
Cuando el hombre despertó y se dio cuenta de lo sucedido, estaba tan desesperado que
casi pierde la cabeza. ¿Qué haría el capitán con él ahora que no podía pagar el viaje ni
el alojamiento? Ni siquiera dudaría en matarlo. Entonces decidió permanecer de buen
humor como si nada hubiera pasado. El capitán pasaba unas horas con este hombre, y
una vez le dijo: “Sé que eres un hombre inteligente y honesto. Me gustaría comprar
trigo para venderlo en Londres, pero tengo miedo de que me acusen de malversación de
fondos del tesoro del rey. Entonces permite que la mercancía se compre a tu nombre y
te remuneraré”. El hombre estuvo de acuerdo.
Poco después de llegar a Londres, el capitán falleció repentinamente y todo su trigo,
que valía mucho más que la piedra preciosa, se quedó con el hombre.
El rabino concluyó diciendo: “La piedra preciosa no fue hecha para permanecer con el
hombre, y la prueba es que no permaneció con él. El trigo estaba destinado a ser suyo, y
la prueba es que permaneció con él. La razón por la que tuvo éxito es que sabía cómo
controlarse cuando fracasaba”.
El fracaso es una expresión momentánea de un PARNUSSE; sin embargo, su ciclo
principal –da segula– permanece sin cambios. Si se le da algo de tiempo, se reconstituirá.
Se dice en yiddish: “Una onza de suerte vale más que una libra de oro”. O quizás: “Vale
más una buena reunión que una buena decisión en el mundo empresarial”. Segula no es
suerte, es la profunda integración entre quienes somos y nuestra importancia e
interactividad con el entorno que nos rodea. Puede compensarse con grandes
esfuerzos, pero aquellos que tienen un “tesoro” considerable encontrarán que las
cosas les llegan más fácilmente. Por supuesto, una buena fortuna no garantiza que
serás rico, ya que para ello también debes conocer el arte de interactuar con el
mercado y ser capaz de transformarlo en riqueza.
dos.Rav Kook, pág. 66.
III. ACUMULANDO RIQUEZA EN OTROS MUNDOS
Cabalá y ciclos de riqueza
ALa KABBALA SOBRE EL DINERO se refiere a la forma en que se realiza nuestro
intercambio en el mercado. Como vimos anteriormente, no sólo se refiere a lo que
recibimos, sino también a la forma en que lo que recibimos está en armonía con lo que
fue posible recibir. Quizás esto suene como una gran racionalización, ya que
observamos en nuestra vida diaria que los “ricos” no están particularmente
preocupados por ninguna forma de armonía. No nos corresponde demostrar aquí que
estas personas no son verdaderamente ricas, de la misma manera que los rabinos,
cuando intentan abordar teológicamente el tema Tsaddik ve-Ra Lo, Rasha ve-Tov lo –
“Justos con una mala vida, malvados con buena vida” –, evitan elaborar una apología
que explique esta contradicción. En el mundo en que vivimos hay injusticia y, por muy
triste que esto nos parezca, en la dimensión concreta de la vida, no existe un castigo o
cargo automático que restaure la justicia e impida el sentimiento de impunidad (chok
hagemul – ley de devolver).
Es tan difícil vivir con esta perspectiva que el Salmo 92:7 advierte: “El necio no
entenderá”. Así como en el acercamiento a la reencarnación, los rabinos nos explican
que siempre hay un retorno, que hay un retorno de todo a todo, y, de la misma
manera, la justicia visita sus injusticias desde otro plano de tiempo y realidad. Si el
polvo de galaxias distantes puede transformarse en moléculas humanas, y las
moléculas humanas pueden regresar a las galaxias, entonces no podemos dudar de que
todo está sujeto a retorno, siendo a veces el radio orbital de estos retornos tan
inmensurable que nos parece como un línea recta, o tangente, a simple vista
(experiencia).
Estos rayos de retornos gigantes, estas revisitas de situaciones y condiciones son
llamados “karma” por algunas tradiciones. Los karmas son costos reales de cualquier
mercado. Hoy se identifican más fácilmente en cuestiones ecológicas, un ámbito en el
que ya comenzamos a notar la reverberación de lo que parecía no alcanzarnos -el
radio era muy grande, pero ya no lo es-. Anteriormente, los propietarios de tierras
que deforestaban sus bosques parecían disfrutar de beneficios sin costo alguno. Hoy
estos costos son tan concretos que sus descendientes pueden maldecirlo, el Estado
puede cobrar multas reales o él mismo puede morir de cáncer de piel o de pulmón como
consecuencia de sus acciones. Incluso aquel que disfrutaba cuando el radio de la
órbita de retorno parecía tender al infinito pagó su precio en la oscuridad. ¡Observar
esto, dijeron los rabinos, exige mucha sabiduría y sensibilidad (zaric Iun)! Cuando
actuamos con ignorancia, no pagamos por la “ley del retorno”, pero la ignorancia
misma, nuestra propia oscuridad, es en sí misma el precio, el costo y la sombra. Cuando,
por el contrario, actuamos con conocimiento, entonces incorporamos lo que fue
cobrado por la ley del retorno, y los costos se gravan en karma.
Los rabinos subrayan que ésta no es una explicación racional que pueda ser probada,
sino una descripción aproximada de fragmentos proporcionados por la sensibilidad y
que, superando la oscuridad circundante, tiene en cuenta otras formas de realidad a
las que está sujeta la existencia.
La riqueza real es también un proceso complejo, que va más allá del simple hecho de
estar en el lugar correcto en el momento correcto. Esto es difícil de entender, pero
tiene que ver con las órbitas de retorno más alargadas, casi imperceptibles, y los
cuatro mundos (dimensiones) del sustento.
La Cabalá utiliza la división en cuatro mundos para alertarnos sobre las diversas
dimensiones de la realidad. Esta división nos ayuda a reconocer cuán limitada e
incompleta es la percepción humana, que normalmente sólo puede distinguir los costos
de “recibir” ciclos que tienen radios de retorno muy pequeños. Veamos la siguiente
tabla:
MUNDO:ASSIÁ – Mundo funcional
UNIVERSO INTERIOR: PESHAT – Lógico
REALIDAD:FÍSICO
MANIFESTACIÓN EN APOYO: NECHES – Bienes materiales
MUNDO:IETSIRÁ – El mundo de la formación
UNIVERSO INTERIOR: REMEZ – Alusivo
REALIDAD:EMOCIONAL
MANIFESTACIÓN DE APOYO: SEGULA – Hacienda
MUNDO:BRIÁ – Mundo de la creación
UNIVERSO INTERIOR:DERASH – Simbólico
REALIDAD:MENTAL
MANIFESTACIÓN DE APOYO: ZEJUT – Mérito
MUNDO:ATSILUT – Mundo de emanaciones
UNIVERSO INTERIOR: SOD – Secreto
REALIDAD:ESPIRITUAL
MANIFESTACIÓN EN SOSTENIMIENTO:LISHMÁ – No hay representación de ganancia
En el mundo de Assiá utilizamos la lógica para determinar las ganancias y los costes
del menor radio de retorno. Nos preocupamos por obtener ganancias rápidamente,
minimizando también los costes que puedan volver en un corto espacio de tiempo. Este
es el mundo material con sus propias complejidades, tan grandes como la mente misma y
sus elucubraciones.
En el mundo de Yetirá nos ocupamos del tesoro interno o, como vimos anteriormente,
de nuestro potencial para transformarnos en sustento. Esta dimensión se expresa así en
tiempo y oportunidad a partir de la suma de nuestro pasado emocional. El radio de la
órbita de retorno es en este caso mayor, pero sigue siendo bastante perceptible para
los sentimientos y, en cierta medida, para la mente. Tiene que ver con ciertas
expresiones como: “Ese tipo… todo lo que toca se convierte en oro”.
En el mundo de Briá, el “Mérito” (Zechut) participa de nuestro sustento, de la
acumulación de méritos provenientes de la herencia de vida de nuestros antepasados.
El concepto de Zejut exige una definición más específica.
La noción de sustento presupone múltiples matices y una gran complejidad. Uno puede
ganarse la vida escribiendo libros, por ejemplo. Sin embargo, no es posible alimentar,
albergar o tomar medicamentos con libros. En el mercado se hizo posible ganarse la
vida a través de la educación, el ocio, los servicios, la intermediación y muchas otras
formas desconocidas en la naturaleza. Ni siquiera la simbiosis de la naturaleza o el
intercambio ecológico entre especies se acercan al sentido humano del mercado. En la
naturaleza sólo existen formas de colaboración a nivel del sustento vital; En el
mercado, sin embargo, encontramos esto a nivel emocional y mental. Por lo tanto,
hoy, cuando nos sustentamos, de alguna manera se lo debemos a una intrincada e
irredimible sucesión de “méritos”.
De la misma manera que hoy no podría estar comiendo y respirando si mis antepasados
no hubieran comido ni tenido relaciones sexuales, otra infinidad de factores menos
objetivos fueron los responsables de la realidad en la que vivimos. Por ejemplo, cuando
alguien dedica tiempo a escribir un libro, hay mérito implícito en ese acto de la misma
manera que lo hay en el acto de otra persona que dedica ese mismo tiempo a cambiar
pañales. Ambos casos establecen relaciones con el mercado que nos hizo y nos sigue
haciendo “posibles”.
Nuestros antepasados, de esta manera, codificaron los méritos y los colocaron en el
mercado. Estas influencias de mérito son como un “karma” positivo que nos permite
existir. Hay mucha fuerza en esta dimensión y nos damos cuenta de ello cuando la
evocamos.
En las oraciones judías más importantes (amidah), cuando asumimos la postura de
estar ante la divinidad, siempre pedimos que se nos identifique como descendientes de
los patriarcas y matriarcas y sus méritos. Lo que lograron en el pasado (ciclos
orbitales muy extensos), de alguna manera, está codificado en quiénes somos y cómo nos
comportamos en el mercado. Estos méritos son el mayor fundamento de nuestra especie
y de donde derivamos tanto nuestro sustento como nuestros derechos (méritos) como
parte del mercado. Debido a su forma, Zejut sólo se percibe a nivel subjetivo y
colectivo en forma de herencia cultural. Sin embargo, comprender la forma en que
las intenciones individuales y nuestra propia interferencia en el pasado (¿vidas
anteriores?) influyen en nuestro sustento concreto del día a día es algo difícil de
imaginar. Las emociones captan un poco de esta realidad, mientras que el espíritu
necesita borrar esas mismas emociones y exigir silencio a la mente para permitir esta
percepción.
En el universo Atsilut, encontramos hacerlo por el hecho de hacerlo sin esperar
obtener ningún beneficio. Esto es un secreto para nosotros, dado a aquellos que no
están diferenciados, aquellos que experimentan la unidad y se conocen a sí mismos sólo
como conectados con lo divino, como una manifestación de Sus propias emanaciones.
Esta es la dimensión espiritual, cuya percepción es fugaz. Pescamos sin redes; cuando
casi podemos verlo, algo se nos escapa.
NO PUEDO O NO QUIERO – DIGRESIÓN SOBRE LO INCOMPRENDIBLE
Es imposible entender el sustento sin comprender las intrincadas relaciones con el
proceso de la vida. Todo “rico”, o todo aquel que se gana la vida, reconoce niveles muy
sutiles de relaciones de intercambio con el mercado de la vida. De ahí que escuchemos,
en relación al sustento, la constante preocupación por la suerte, con la sensación de
que algo está de nuestro lado o en nuestra contra. Incluso los prisioneros de las
dimensiones más concretas en materia de sustento, aquellos totalmente racionales y
desprovistos de fe, perciben en su experiencia cotidiana la acción de “fuerzas extrañas”
que participan activamente en el proceso de sustento. Continuaremos con ésto luego.
Aquí nos corresponde a nosotros abordar lo inefable y las áreas de misterio para que
podamos abordar el sustento en todos sus niveles.
Una de las confrontaciones más poderosas en el debate sobre lo incomprensible ocurrió
hace poco más de dos siglos. El Baal Shem Tov (también llamado Besht), una de las
figuras más importantes del renacimiento espiritual judío moderno, fue abordado por
un rabino de otro linaje menos exotérico (mitnagged) que pretendía estudiar sus
enseñanzas sobre la intuición y el misterio. Esto proporcionó un encuentro clásico no
sólo entre dos escuelas, sino también entre dos tendencias que dividen a los seres
humanos: aquellos que perciben la vida como impregnada del Misterio mismo y
aquellos que, a pesar de reconocer el Misterio y la grandeza en la vida, no lo perciben
manifestado en sus vidas. ...experiencias rutinarias de la realidad. Las diferencias entre
los seres humanos están siempre en la gradación y magnitud de percepciones y creencias
muy similares. Esto permite la distinción entre racional/concreto e
intuitivo/abstracto; entre quienes enfatizan los aspectos caóticos de este universo y
quienes se dejan cautivar por sus aspectos de orden; o entre aquellos que expresan su
creencia en términos de Misterio o Di-s y aquellos que son menos conscientes de la
presencia o interferencia de lo inexplicable en sus vidas.
El encuentro del Baal Shem Tov con este rabino representó un debate entre estas dos
tendencias, incluso dentro del universo religioso. El relato de este encuentro, a pesar
de desarrollarse en el lenguaje específico de la tradición judía, tiene un carácter tan
universal que podría traducirse de una manera que exprese cualquier confrontación
dentro de otra tradición o sistema de percepción y pensamiento. El final de este
choque tiene lugar en un pequeño incidente que refleja la experiencia personal y cómo
se traduce en las percepciones de un individuo. El Baal Shem Tov presenta su punto de
vista basándose en una historia del Talmud en el tratado de Berajot (54b) que relata
lo siguiente:
Rabí Akiva viajó con un burro, un gallo y una lámpara por la noche y trató de
alojarse en una posada en cierta aldea. El dueño de la posada no quiso darle la
bienvenida, lo que provocó que Rabí Akiva se dirigiera a un bosque cercano, donde
instaló un pequeño campamento. Durante la noche, su burro fue devorado por un león
y Rabí Akiva ni siquiera se inmutó. Pensó: “Tal vez hubiera sido mejor así”. Poco después,
su gallo fue atacado por una pantera, y una fuerte brisa acabó apagando su lámpara.
Rabí Akiva no se inmutó: “Tal vez fuera mejor así”. A la mañana siguiente, al regresar
al pueblo, se enteró de que había sido atacado durante la noche por una banda de
ladrones que saquearon el lugar dejando varios muertos a su paso. Entonces se dio
cuenta de que, si el burro y el gallo no hubieran sido devorados y la lámpara apagada,
habrían revelado su posición con su ruido y brillo. De hecho, hubiera sido mejor así.
Para el Baal Shem Tov, este fue un ejemplo de una ordenación que sólo parece ser el
resultado de la casualidad o la “mala suerte”. No satisfecho, Baal Shem Tov insistió en
presentar su punto de vista a través de otro ejemplo. Habló de un vecino que una vez se
despertó en mitad de la noche con la picadura de un mosquito. Cuando se levantó,
notó que las brasas de su chimenea habían caído al suelo. Luego buscó un balde de agua
para apagar lo que podría convertirse en un incendio y, en ese mismo momento, el techo
sobre su cama se derrumbó. Si hubiera estado durmiendo, seguramente lo habrían
alcanzado.
En opinión del Baal Shem Tov, estos sucesos y muchas otras experiencias que vivimos a
diario apuntan a niveles de interferencia que están más allá del azar, el libre albedrío
y el instinto. Al rabino de la otra escuela, que buscaba comprender los pensamientos
del Baal Shem Tov, le resultó muy difícil aceptar tales declaraciones,
considerándolas superficiales y supersticiosas. Es más, el rabino consideraba peligroso
abrir las puertas de lo incomprensible de forma tan frívola. Sin contenerse más, le dijo
al Baal Shem Tov: “No puedo, no puedo creer que las cosas puedan ser así”.
Se había resuelto una antigua controversia. Y así habría quedado otro intento vano de
crear puentes entre estas dos percepciones si no hubiera sido por la respuesta del Baal
Shem Tov: “¿No lo puedes creer...? ¡No! ¡Tu no quieres! ¡No quieres creerlo!
Inmediatamente el rabino no prestó mucha atención a lo que decía el otro rabino y se
fue. Regresó a su casa a través de un bosque cuando estaba oscureciendo. En medio del
miedo de la noche que se acercaba, se encontró con un campesino que intentaba con
todas sus fuerzas levantar su carro volcado. Desesperado por no poder realizar la
tarea solo, el campesino pidió ayuda al rabino. Y el rabino, tal vez por lo avanzado de
la hora o por algún miedo ante la situación, respondió impulsivamente: “Lo siento,
pero no puedo”. A lo que el campesino respondió: “No puedes… ¡No quieres!”
Cuando el rabino escuchó estas palabras, inmediatamente recordó la misma
declaración del Baal Shem Tov. Arrepentido, no sólo ayudó al campesino, sino que
regresó al Baal Shem Tov y, a partir de ese momento, su actitud cambió por completo,
convirtiéndose en uno de sus mayores seguidores.
La dificultad respecto de lo incomprensible, lo que exige de nosotros creer, no es si
podemos o no aceptarlo, sino si queremos aceptarlo o no. No existe lenguaje ni
razonamiento que pueda explicar las tesis defendidas por el Baal Shem Tov. Esta
comprensión sólo puede lograrse a través de la experiencia misma. La vida nos permite
poco a poco darnos cuenta de que nuestros problemas están más en la esfera de la
“necesidad” que en la esfera del “poder”. No queremos aceptar que nuestras acciones
tengan consecuencias y reverberaciones que vayan más allá de nuestra conciencia y
capacidad para controlarlas. No queremos aceptar que nuestras puertas no nos den
control sobre lo que pueda existir o penetrar en nuestros espacios. No queremos ver
que nuestras necesidades trascienden lo que se puede adquirir y que nuestras certezas
y suposiciones no son más que mera ilusión.
El Baal Shem Tov, en su sabiduría y con su amplia visión, se da cuenta de que el mejor
argumento es el tiempo y la experiencia en que los fragmentos de los enigmas cobran
sentido.
El sustento y la riqueza son caminos muy importantes para percibir estas dimensiones
de la realidad. Cualquiera que luche por su sustento lo sabe: hay algo extraño y
milagroso en él. En el mercado, en estos intercambios de dinero real, hay mucho
espacio para descubrimientos y revelaciones. Después de todo, el Baal Shem Tov ya sabía
que estos intercambios son en esencia relaciones con el mundo en el que lo
experimentamos. En esta relación reside el potencial de enseñar lo que las palabras y
el pensamiento no nos permiten expresar. Sólo así desenmascaramos nuestras supuestas
incapacidades y exponemos nuestra verdadera dificultad para querer.
¿Porque yo no tengo? – Digresión sobre una paradoja humana
norteEL ENFRENTAMIENTO CON el otro rabino, Baal Shem Tov, aísla una especie de
antídoto contra la perplejidad que nos provoca la realización de situaciones de “los
justos con una mala vida, los malvados con una buena vida”. Desde el comienzo de la
conciencia humana, la cuestión de la justicia y el orden ha preocupado a los seres
humanos. El antídoto es reconocer que las desastrosas realidades del momento bien
pueden representar etapas de un proceso más amplio de ordenamiento. El antídoto es,
por tanto, no permitirse nunca confiar únicamente en un retrato, una instantánea de
la realidad. Sólo en medio de una realidad dinámica podemos percibir y evaluar
situaciones. Este antídoto ciertamente incluye una dosis de fe y comprensión de los
ciclos de rayos más extensos.
Sin embargo, existe un peligro aún mayor que percibir injusticia en nuestra experiencia
diaria, que es la expectativa de que el único antídoto para esta comprensión sea a
través de la “justicia” misma o algo así como: “justo con una vida buena, malvado con
una vida mala”. " ¿Cuáles son las situaciones en las que tenemos derecho a la justicia
basada en el mérito? ¿Y cuándo tenemos derecho a darnos cuenta de que algo nos llega
por mérito? ¿Cómo puede Rabí Akiva, en la historia contada anteriormente, estar
agradecido por todas las señales (o coincidencias) que lo llevaron a sentirse protegido
por una fuerza mayor (hashgajá – supervisión celestial)? ¿Cómo puede una persona rica
interpretar su riqueza como merecida?
Hay un peligro terrible en todo esto.
Una vez, al final de una ceremonia de entierro en un día lluvioso, mientras yo
presentaba mis respetos a la viuda, ella dijo: “Rabino, incluso Di-s está llorando”. Su
alusión a la lluvia pronto encontró una contrapartida. Alguien a mi lado susurró:
“¿Quieres decir que cuando alguien muere y es un día soleado, Dios se ríe?”
Lo mismo explica Elie Wiesel en relación a los supervivientes del holocausto nazi. Si
alguien que se salvó atribuye esto a la participación divina, al hecho de que Dios cuidó
de él, tendrá que soportar el peso de la coherencia al afirmar que Dios no cuidó de
todos los que perdieron la vida. En otras palabras, el punto de vista griego de que “la
suerte es cuando la flecha alcanza a otro” profundiza y vigoriza la percepción de
“justo con una mala vida, malvado con una buena vida”. Con este tipo de visión, la vida
se vuelve más cruel y caótica. La fe ataca a la fe, como en una enfermedad espiritual
autoinmune, y se revela como su peor enemigo. Se convierte en un instrumento de
autoglorificación.
Por lo tanto, cada pobre que se cree justo y sufre el sufrimiento de la miseria, y cada
rico que se cree justo y se regocija en la riqueza, aumenta los niveles de percepción del
caos en el mundo. Aumentar estos niveles está saboteando la estabilidad del mercado.
También basta con enfatizar uno solo de estos aspectos para que existan dos tipos de
distorsiones: 1) los pobres se creen muy justos o que su pobreza es una expresión del
destino, lo que lleva a manipulaciones como las que ejercen ciertos religiosos.
ideologías en algunos momentos de la Historia; y 2) los ricos piensan que son muy justos
o que su riqueza es una expresión del destino, intensificando así reacciones más
radicales como ciertas ideologías del comunismo.
De hecho, hay una paradoja en todo esto: cuanto más percibimos el mundo como nos
recomienda el Baal Shem Tov, considerando que la manifestación divina está
constantemente presente en todo, más podemos entender este mundo como caótico. Los
pobres deben entenderse pobres porque así son, y no por mera casualidad, y los ricos
también deben percibirse ricos como un proceso más allá del azar. Al mismo tiempo, si
no notamos la presencia de esta manifestación, nos volvemos materialistas y elevamos
el azar y el oportunismo a la regla final del mercado. Con esto, también hacemos que
el universo sea más caótico. ¿Entonces lo que hay que hacer?
A simple vista (experiencia), o en la superficie, no podremos escapar de esta paradoja: a
más fe, menos fe. Y la fe, como hemos visto, es un elemento esencial para cualquier
mercado. Sin embargo, el Baal Shem Tov no se refería a una fe que pretenda comprender
por qué el mundo es justo o injusto. Se refería a una fe que busca comprender a través
de la experiencia profunda para qué sirven los justos y los injustos en las situaciones
que vivimos. ¿Cuál es el significado de cada instantánea, justa o injusta, de la realidad
a medida que se desarrollan los viajes individuales y colectivos?
Es este sentido el que permite a cada persona saber cuándo su experiencia es resultado
de una “intervención” o cuándo es mera casualidad. La capacidad de filtrar y dar
autenticidad a unos fenómenos y no a otros deja de ser una patología o una
irracionalidad, convirtiéndose en el lugar exacto donde “el cielo y la tierra se besan”,
donde el alma toca el cuerpo.
Es esta experiencia íntima la que hace que la viuda entienda la lluvia como un llanto,
mientras que el sobreviviente rechaza su experiencia como circunstancial.
El propio Baal Shem Tov nos recuerda que son nuestros “ojos” y “oídos” los que deben
ser entrenados para ver la realidad que nos rodea. Como nos advierte el Midrash
(Génesis Raba, X):
Debemos ser capaces de visualizar lo sutil, ver a los ángeles mientras influyen en el
crecimiento de cada brizna de hierba en la tierra. Tenemos que verlos cuando se ponen
a su lado y le animan: ¡Crece! ¡Crecer! Mientras no seamos capaces de percibir esta
dimensión del orden, mientras no profundicemos en la sutileza de las situaciones en las
que nos encontramos, seremos presa fácil de la paradoja y, por tanto, inmovilizados.
Nuestras percepciones deben compararse con la agudeza de quienes perciben el
crecimiento de las plantas y todas las energías que las alientan. Si se ve con estos
“ojos”, entonces “justo” y “malvado” quizás tengan significados diferentes, al igual que
una vida “buena” o “mala”.
Ciertamente, el mercado se creó y se está creando, en todas sus imperfecciones, con
gran influencia de estos “ojos”.
Por tanto, las preguntas “¿por qué no lo tengo?” y "¿por qué lo tengo?" encontrar
respuestas en la distribución de nuestros potenciales en los diferentes mundos del
sustento. Sin embargo, es importante darse cuenta de que “tener” no es una medida
absolutamente positiva y que el hecho de “tener” puede representar pérdidas muy
graves en otras dimensiones de los medios de vida. Tener puede anular o erosionar
méritos o “tesoros”. Por lo tanto, podemos consumir gran parte de nuestro
patrimonio personal y ancestral en codificaciones materiales a costos muy elevados.
No siempre el que tiene, tiene. No siempre el que no lo tiene, no lo tiene. Pero quien
realmente lo tiene es bienaventurado. Exploraremos formas de adquirir riqueza que
se distribuyen en diferentes niveles de vida, sin necesariamente expresarse en el mundo
concreto y material de Assiá.
IV. RIQUEZAS PARA LO QUE NO TIENES
Ud.UNA DE LAS PRECAUCIONES que hay que tomar constantemente en el mundo
empresarial es no crear anti-riqueza. Como ya hemos visto, es obligación de quienes
aspiran a ser “ricos” aumentar el nivel de vida en el cosmos (ISHUV HA-OLAM).
Discutimos, sin embargo, la creación de anti-riqueza al transformar elementos en
abundancia que, al mismo tiempo, incurren en alguna forma de escasez. Luego vimos que
esta forma no beneficiaba al mercado, era antiecológica y actuaba contra el
movimiento de la Vida.
De manera similar, se pueden introducir anti-riqueza en el mercado, haciéndolo más
corrupto, cuando aumentamos sus niveles de injusticia. Al empobrecer nuestros
mundos de segula (tesoro) o desperdiciar nuestras reservas de zejut (mérito),
disminuimos el potencial de orden y riqueza en el mercado. Por tanto, contradecimos
la ley de ISHUV HA-OLAM en un plano totalmente abstracto y sutil. El siguiente
texto, sobre el rabino de Kotzk, lo ejemplifica bien:
Una vez, el rabino de Kotzk se encontró de viaje con un amigo de la infancia que se había
hecho rico, pero que se había vuelto muy descuidado con sus deberes como hombre
rico. Al verlo, el magnate invitó al rabino a subir a su espléndido carruaje. Una vez
dentro del vehículo, el rabino observó cuidadosamente los detalles de la riqueza y la
riqueza de su amigo y preguntó: "Dime... ¿dónde están tus posesiones de 'este mundo'?"
El hombre rico respondió: "¿Y todo este aparato que ves no dice algo sobre mi riqueza
'en este mundo'?"
“No…”, respondió el rabino, “estas son tus recompensas de 'otros mundos' que te
perderás en el Mundo Venidero. Lo que me gustaría saber es dónde está su porción de la
riqueza de 'este mundo'”.
El hombre rico empezó a meditar sobre las palabras del rabino.
A menudo no nos damos cuenta de dónde obtenemos nuestro “botín”. De esta manera, se
escapa a nuestra comprensión que cuanto menos transformemos nuestros bienes de
otras dimensiones en bienes materiales, mejor. Sólo así tendremos una medida de
nuestro verdadero sustento, sin desperdiciar reservas de otros mundos. Incluso
podríamos decir que “somos ricos por lo que no tenemos”. Esta es una extensión de la
noción ecológica que mencionamos anteriormente: “es mejor no hacer nada que
convertir algo en nada”. Es mejor dejar las riquezas que están en una forma sin
tocarlas que buscar transformarlas en una sola expresión de riqueza. Si hacemos esto,
descubriremos que estamos creando un doble trabajo: hacerlos disponibles en un único
mundo de sustento, crear escasez en otros y, por lo tanto, tener que revertirlos en
algún momento.
Esta noción de ecología del mercado interno es esencial. Después de todo, ¿cuántas
veces nos encontramos siguiendo caminos de enriquecimiento en el mundo concreto,
teniendo que gastar enormes reservas de estos recursos para poder suplir la escasez y
la falta de sustento en otros mundos? ¿Cuántos recursos y tiempo se desperdician en
este proceso porque no sabemos mediar las compuertas de lo que queremos
transformar de nuestros tesoros o méritos en propiedades o poder?
Si esto no parece real, pensemos en todos los recursos que el mercado necesita
suministrar para gestionar los niveles de depresión, autodestrucción, carencia
emocional, aburrimiento y falta de sentido que se introducen en él por la mala gestión
de nuestro propio sustento. recursos en diferentes mundos. Si ahorráramos más de
nuestros recursos emocionales, espirituales y trascendentes, este mercado estaría en
mejores condiciones, quizás incluso alcanzando niveles mesiánicos. La combustión de
nuestras reservas de tiempo en unas pocas formas de riqueza ha empobrecido
enormemente nuestro mercado, creando una especie de recesión en ciertos mundos
donde una gran parte de la población no tiene los medios para garantizar ni siquiera
niveles mínimos de intercambio. Esto caracteriza la ausencia de una masa crítica
considerable de economías saludables en este mundo, como si saturáramos el mercado
con indigencia y jubilación emocional, espiritual y trascendente. Por lo tanto, los
economistas que intuitivamente llaman “tercer mundo” a las bolsas de pobreza y
subdesarrollo no están tan lejos de la verdad. En Cabalá, lo llamaríamos
encarcelamiento en el “cuarto mundo”, recordando sólo que esa pobreza y
subdesarrollo son responsabilidad de los propios individuos, cualquiera que sea el
estrato de la sociedad al que pertenezcan, o incluso si se los considera materialmente
ricos.
Entonces nos preguntamos: ¿cómo podemos evitar este proceso de “aglomeración” de
recursos en una sola dimensión de riqueza? ¿Cómo podemos crear proteccionismo para
cada uno de los mundos hasta que una madurez de tipo mesiánico nos permita una
verdadera “economía de mercado” también entre estos mundos? ¿Cómo crear controles
aduaneros sobre las conexiones de estos mundos?
Queremos hacernos ricos sin tener más, y ésta es una batalla cuesta arriba en el más
doloroso y difícil de todos los ámbitos: la vida cotidiana.
Yo no robo (ossek/guezel)
Ud.UNA DE LAS formas más importantes de proporcionar recursos a otros mundos de
sustento es no robar. No robar enriquece el mercado y especialmente al individuo, que
no necesita tener más para garantizar su sustento.
Pensamos, sin embargo, que, al no ser reconocidos socialmente como ladrones, el robo
está lejos de nuestra realidad. Esto no es verdad. Realizamos robos en la mayoría de
nuestras interacciones. Pequeños robos que afectan el flujo de riqueza del mercado.
La Biblia (Levítico 19:13) clasifica las interacciones de robo en dos tipos: opresión (ossek)
y saqueo (guezel). Nuestra concepción social señala y busca castigar situaciones de
saqueo, pero rara vez encontramos enseñanzas o límites en relación a transacciones
que involucran opresión. Maimónides aclara la distinción más simplificada entre estos
dos aspectos del robo: según él, el botín (guezel) es la apropiación por la fuerza de algo
que no nos pertenece o no está a nuestra disposición; La opresión (ossek) puede ser la no
devolución de algo tomado, incluso con el consentimiento de su dueño, o la retención
de algo que pertenece a otro y que, aunque no pretendemos que se quede con nosotros,
le impedimos que regrese. a su legítimo dueño.
El primer caso de ossek se describe en el Talmud (BM 111a) como la situación de
constante aplazamiento de la devolución de una pertenencia. El texto lo ejemplifica
literalmente: “(fulano de tal) va y vuelve, va y vuelve”, y lo que es tuyo no se
devuelve. Se trata, por tanto, de un robo nada ostentoso y no declarado, pero que
tiene muchas similitudes con el “saqueo”.
El segundo tipo de ossek cubre un campo muy amplio de nuestras actitudes y
comportamientos cotidianos. Veamos algunos ejemplos de robo por parte de este tipo de
atacante.
robo de tiempo
METROMUCHAS VECES TENEMOS el poder de divulgar algo o alguna información,
que, por razones que no siempre nos quedan claras, posponemos. Este es el caso, por
ejemplo, de quienes esperan una respuesta que es retenida sin motivo alguno. O posponer
la resolución de una situación hasta el día siguiente, cuando sepamos que no habrá
posibilidad de alteración o cambio que justifique tal retraso. ¿Por qué no respondemos
inmediatamente, incluso reconociendo nuestra ignorancia, falta de cualificación o
incluso falta de interés? Posponemos algo sin motivo y le quitamos el tiempo a alguien.
Esta es una enorme tragedia privada del individuo y su mercado.
En gran parte, estas ocasiones revelan negligencia o incluso dificultad para afrontar
determinadas situaciones. Sus consecuencias no son sólo la pérdida de tiempo de otras
personas; También multiplican la pérdida de tiempo en situaciones embarazosas, que
dan lugar a innumerables conflictos y pueden causar mucho dolor.
También cometemos ossek cuando, para deshacernos de alguien, remitimos a esa persona
a otra persona que supuestamente podría ayudarle, pero sabemos que no lo hará, por
una razón u otra.
Todo esto va en contra de la noción de ishuv ha-olam, enriquecimiento del mundo. En
portugués existe una expresión coloquial: “¡qué pobreza!” – que se aplica a situaciones
de falta de civismo como las descritas anteriormente. Esto es exactamente lo que
sucede: tales actitudes empobrecen el mercado.
Tan profunda es la conciencia de la tradición judía sobre esta falta de respeto-robo
que se nos cuenta la siguiente historia sobre el rabino Ismael y el rabino Shimeon. Ella
describe el momento en que ambos eran conducidos a su propia ejecución durante el
período de las persecuciones de Adriano:
Rabí Shimeon le dijo a Rabí Ismael: "Maestro, mi corazón sangra, porque no puedo
encontrar la razón por la que me están ejecutando". Rabí Ismael respondió: “¿Nunca te
ha sucedido que alguien vino a consultarte y lo hiciste esperar hasta que terminaste
lo que estabas bebiendo, te ataste los zapatos o te pusiste otra ropa? La Torá dice: 'y si
vienes a oprimir (ossek)...' Esto se refiere tanto a casos graves como a casos triviales”.
Rabí Shimeon suspiró: "Tú me has consolado, mi Maestro".
De manera muy dramática, los rabinos codificaron la falta de respeto por el tiempo de
los demás como una de las posibles formas de atacar la Vida. Si robamos espacio, es decir
tierra, somos penalizados por la justicia humana; sin embargo, si robamos tiempo, la
impunidad es absoluta. De hecho, en la tradición judía, tanto el tiempo como el espacio
son dimensiones que pertenecen a Dios. Más aún, desde una perspectiva religiosa, el
tiempo que se nos da para vivir está determinado por el deseo divino: si consumimos este
tiempo “dando cuerda” a nuestros semejantes, robamos del mercado todas las
“riquezas” posibles que se podrían realizar. con el tiempo tomado. Entonces somos
responsables de que el mercado tenga que absorber esta deuda en todo su potencial.
Robo de expectativa
ohOTRO EJEMPLO QUE LOS RABINOS toman del concepto de ossek es el caso de un
trabajador y su salario. La Biblia dice (Deut. 24:14): “El mismo día que termines tu
trabajo, paga tu salario; El sol no se pondrá sobre él [...] porque sobre él [su paga] pone
su alma”. Este concepto no se refiere a ninguna devaluación que pueda sufrir el
salario como consecuencia del retraso, ya que esto se consideraría saqueo (guezel).
Este caso se refiere única y exclusivamente a la expectativa del trabajador de tener
lo que le corresponde por derecho para utilizarlo en la forma que desee.
Si retenemos el dinero de alguien, aunque le devolvamos la misma cantidad, privamos a
su propietario de sus derechos. Es como si le estuviéramos robando su expectativa de
tener el dinero en el momento exacto en que pasa a ser suyo.
Lo mismo se aplica a las falsas expectativas que puedan crearse en los comerciantes.
Demostrar intereses poco realistas, dando espacio para que un comerciante comience a
contar con una posible entrada de capital, afecta el problema del robo de
expectativas. Si actuamos de esta manera sólo para complacer o crear expectativas,
debemos ser conscientes de que estamos entrando en un nivel diferente de interacción
que atrae posibilidades transaccionales.
Quizás este sea también uno de los elementos importantes para que se produzca el
robo. Sólo hay opresión (ossek) en situaciones de interacción y transacción. Los rabinos
nos advierten que seamos más sensibles y conscientes cuando entramos en el territorio
de las transacciones, porque en este espacio ya no somos totalmente independientes y
libres en relación a las actitudes que adoptamos: tenemos que tener en cuenta a
nuestra pareja y su realidad. Recordemos que la transacción es de mercado cuando
nuestra ganancia es máxima en relación con la máxima ganancia del otro y la mínima
perturbación o consumo para el universo. Por tanto, cuando damos un paso hacia la
transacción, debemos tener cuidado. Hablaremos de esto más adelante.
EL JUEGO ES ROBO
Otra forma común de robo de expectativas, pero de diferente naturaleza, es el juego.
El Talmud presenta al jugador de dados (messachek kubiot) como susceptible a la
interacción de robo. Todo aquel que busca una lotería tiene la expectativa de ganar. Si
esta persona no es consciente de que las posibilidades de que se cumplan sus
expectativas son mínimas, se podría perseguir un tipo de hurto. Esto se debe a que el
jugador ingresa a una transacción con la expectativa de obtener algo y descubre,
luego, que esta posibilidad era casi imposible desde el principio.
El sueño y el uso del sueño con fines de transacciones e interacciones son un claro
ejemplo de malos contratos. Y todo mal contrato, como veremos más adelante, es muy
perjudicial para cualquier mercado.
robo de información
ohOTRA FORMA DE OPRESIÓN (ossek) es la retención de información que permitiría
una mayor riqueza en el universo (ishuv ha-olam). A menudo se nos pide que asesoremos
sobre diferentes asuntos y esta forma de transacción también puede resultar en robo.
Si alguien se te acerca y te pide una dirección en la calle, simplemente puedes decirle:
“Está a tantas cuadras, a la derecha o a la izquierda”. Sin embargo, si conoce alguna
información que sea importante, debe compartirla. Encontramos el comentario (Sifra):
“Si alguien viene a consultarte, no aconseje mal. No digas, por ejemplo: 'Ve temprano,
cuando los ladrones te pueden atacar' o 'Ve al mediodía, cuando el sol puede ser
insoportable...'”
A la hora de dar información deberíamos preguntarnos cómo nos aconsejaríamos. La
máxima bíblica “Ama a tu prójimo como a ti mismo” está estrechamente relacionada
con la cuestión del robo mediante opresión. Este es un gran consejo para enriquecer el
mercado. Si alguien nos pregunta cómo llegar a un determinado lugar, podemos
guiarle para que no sólo llegue a ese lugar, sino que lo haga de la forma más fácil y
segura. ¿Cuántas veces, por pura pereza o insensibilidad ante la importancia de la
transacción que se realiza en una solicitud de consejo o información, transmitimos
sólo fragmentos de nuestro conocimiento?
Compartir conocimientos es imprescindible si no se pierde y el otro gana. Vimos esto
cuando mencionamos la ley de “uno no pierde nada y el otro se beneficia” (dina de
bar-metza). Las pérdidas derivadas de la retención de información pueden tener altos
costos, tanto económicos como físicos (peligros), o incluso emocionales y espirituales.
Si no revelamos situaciones de posible malestar emocional o espiritual, somos
responsables de ello. Por lo tanto, es posible que estemos participando del
empobrecimiento en mundos diferentes: las deudas se deben a nosotros.
ROBO POR INDUCCIÓN – LIFNEI IVER
En Levítico 19:14, los rabinos encontraron un concepto importante: “Delante del ciego
(lifnei iver) no pondrás obstáculo”. Este concepto reconoce la obligación de
comprender no sólo las interacciones que llevamos a cabo, sino también conocer la
naturaleza de la persona con la que estamos interactuando. Entonces debemos
meditar sobre esta noción tan “visual” e imaginarnos saliendo a la calle y a la vida
poniendo obstáculos en el camino de los ciegos.
¿Y quiénes son los ciegos? Todos aquellos cuya “visión” es menor que la nuestra. También
somos ciegos ante otras personas, y ellas son responsables de las transacciones que
realizan con nosotros. Quien ve más tiene esta responsabilidad ante el mercado: ellos
son responsables.
Algunos ejemplos pueden aclarar más el tema.
Si dejamos dinero abandonado sobre la mesa o expuesto frente a una persona muy
necesitada, o incluso alguien que ya se ha dejado apoderar por el deseo de “saquear”,
estamos cometiendo el error de “poner un obstáculo delante”. de un ciego”. La persona
necesitada o con malos hábitos es ciega en esta interacción, y nuestro descuido al dejar
el dinero expuesto es un obstáculo.
Para los rabinos, el jefe que deja joyas en la mesa que acaban siendo robadas por un
empleado también participa en los costes en otros mundos. No sólo pierde sus bienes
materiales, sino que también es declarado ladrón. Él “silenciosamente” evita que un
ciego caiga en su obstáculo.
Es a partir de este concepto que Maimónides prohíbe la venta de armas a ladrones o
guerreros: es como si pusiéramos un obstáculo delante de los ciegos. Los rabinos dan
otros ejemplos:
“Frente a un ciego…” – Se refiere a un padre que ataca físicamente a su hijo adulto.
Porque, como es mayor y fuerte, el hijo resentido (ciego) puede defenderse y cometer
un acto reprensible.
(Moed Katán 17a)
“Frente a un ciego…” – El que sirve como dependiente de negocios ilegales, también se
convierte en cómplice del crimen. Su obstáculo es permitir que los ciegos realicen su
transacción.
(Baba Metsia 75b)
“Frente a un ciego…” – El que tiene dinero y lo presta sin testigos ni contrato viola la
prohibición “frente a un ciego no pondrás obstáculos”.
(Baba Metsia 75a)
En este último ejemplo, queda claro que nuestra falta de compromiso y descuido no
sólo puede causarnos pérdidas monetarias, sino que también puede inducir a otros a
cometer delitos que también les traerán costos muy altos. Hasta que este mundo se
convierta en un mundo Redimido, es importante hacer los contratos con mucho
cuidado, observando cada detalle. Y esto no es por desconfianza ni por avaricia, sino
para que se pongan freno a los malos impulsos que están presentes en todos los seres
humanos. Como dice el refrán yiddish: “Quien no piensa en la ley, acaba en la ley”.
Ésta es otra cuestión muy importante en las transacciones: los contratos. Los buenos
contratos son esenciales para el crecimiento del mercado. Cada contrato mal
ejecutado en la vida resulta en costos desastrosos de anti-riqueza, robo, pérdida de
tiempo y conflictos. Además, los contratos mal hechos tienen gran acceso a los mundos
superiores de sustento, implicando el empobrecimiento de tesoros y méritos.
Robo de prestigio – Rejilut (chismes) y lashon hará (malas palabras)
ohLOS RABINOS TAMBIÉN INFERIERON del texto bíblico – “No andarás contándolo a
la gente” (Levítico 19:16) – otro concepto de robo. A menudo podemos causar un gran
daño al mercado a través de la información que difundimos y difundimos.
No nos referimos a inventar calumnias (motsi shem ra), ya que no entrarían en la
clasificación de “opresión” (ossek), sino más bien de “saqueo”. Hablamos de la difusión de
información veraz que podría resultar perjudicial. Maimónides comenta:
El que habla mal de otro es el que se sienta y dice: “Esto hizo tal, esto hizo sus padres,
y esto es lo que oí de él…” A esto se refería el salmista. a: (Salmo 12:3) “Que el Eterno
corte todos los labios que no se calman y la lengua que habla con altivez”. Los sabios
aclaran que hablar mal de los demás es el peor delito y equivale a negar a Dios. Las
malas lenguas matan a tres personas: el que habla, el que escucha y el de quien se
habla; Quien escucha más que quien habla.
El gran problema del “mala lenguaje” es que descalifica ilimitadamente a una persona.
Quien escucha chismes no sabe poner límites a la realidad implícita en los hechos
contados. El mismo tono con el que están imbuidos los informes puede causar daños
enormes e innecesarios a muchos medios de vida.
Un ejemplo concreto es el caso en el que un pequeño acreedor, sin darse cuenta de la
magnitud de su acto, solicita la quiebra de una empresa. Otros acreedores,
especialmente los más grandes, basándose en rumores, también se declararon en
quiebra. La empresa pierde crédito y acaba cerrando. La actitud del pequeño acreedor
tal vez le costó a la empresa la posibilidad de recuperación. Por el importe que se le
debía, este acreedor asumió el coste de cientos de empleados despedidos, el fin del
trabajo duró varios años y atrajo el odio y la rebelión de muchos. Estos costos en
otros mundos no son más que restituciones para cubrir el robo de prestigio.
Debemos tener presente que incluso el habla es una transacción. En esta interacción se
trazan decisiones y destinos, y su responsabilidad la asumen quienes cuentan y asimilan
la información.
Un discurso puede contaminar la atmósfera y devastar el mercado. Su capacidad de
destrucción es tan grande que los rabinos la asocian con el mandamiento “no
prostituirás la tierra” (lo tizné ét ha-aretz). Después de todo, el “lenguaje soez”
puede compararse en su poder destructivo con las armas nucleares: se propaga en
cadena con gran poder y permanece en el aire durante mucho tiempo, acabando
lentamente con las posibilidades de un mercado saludable.
Tsedaká – Eliminar rastros de robo (tzedaká como terapia; tzedaká como negocio)
TSEDAKAHEQUIVALENTE AL CONCEPTO de “caridad”. Sin embargo, la naturaleza
de la tzedaká no tiene nada que ver con el significado literal de la palabra caridad,
cuyo origen es caritas (amor). El significado judío es relativo al mercado y debería
traducirse literalmente como “justicia” o, con permiso del neologismo, el acto de
“justificar”.
Ésta es quizás una de las profundas diferencias entre el simbolismo judío y cristiano.
Mientras que el cristianismo eleva el amor a la categoría más importante para
establecer una era mesiánica, el judaísmo toma como elemento la “justicia”. Al amar al
prójimo se logra lo que en el judaísmo ocurre mediante la percepción de lo justo. Si la
gente entendiera que todas las interacciones están gravadas por la interdependencia
de todo respecto de todo, o de todos respecto de todos, según el judaísmo, se
establecería un período mesiánico.
La corresponsabilidad por todo y por todos requiere que nuestra vida diaria esté
impregnada de acuerdos de justicia (acuerdos justos), tzedaká. No entanto, da mesma
forma que o amor não é só carinho, mas é acima de tudo conhecer as necessidades do
outro, a tsedaká não é apenas agir com justiça, mas a doação, em todos os níveis, de
indivíduos para indivíduos, espécies e medio ambiente.
La tzedaká es de suma importancia para el mercado, ya que es uno de sus grandes
gestores inteligentes. Se trata, de hecho, de una concreción, a través de actitudes
humanas, del deseo de “enriquecer el cosmos”. La tzedaká se vuelve esencial para que
no haya desperdicio ni desperdicio. Un comentario jasídico dice:
Cuando la carga sobre el lomo de un camello comienza a desequilibrarse y a inclinarse
hacia un lado, basta con la ayuda de un hombre para devolverla a la posición
correcta. Sin embargo, si cae al suelo, ni siquiera cuatro o cinco hombres podrán
levantarlo del suelo y volver a colocarlo en su lugar. Lo mismo ocurre con la
tzedaká: un poco hoy puede lograr lo que mucho mañana quizás no logre.
Verdadero. El Brasil de los niños abandonados lo sabe.
La postura judía es que existe una interconexión entre todas las riquezas. Si la riqueza
no busca aliviar la pobreza, por definición, se vuelve más pobre. No hay neutralidad
para la riqueza. Por lo tanto, en este universo hay riquezas que disminuyen y
aumentan. Veremos esto con más detalle más adelante. Aquí sólo nos interesa señalar
dos tipos de empobrecimiento de la riqueza al ignorar la importancia de la tzedaká.
Este empobrecimiento puede darse de forma sutil o concreta, dependiendo de la
interconexión que se establezca. Esto es lo que nos muestran las siguientes historias.
1) Interconexión sutil
El Maguid de Chelm (una ciudad de gente ingenua que, de una forma u otra, acaba
expresando tangencialmente mucha sabiduría) amonestó a cierto magnate por ser
“irresponsable” con los pobres de la ciudad. Dijo: “Leemos en Deuteronomio (15:11): 'Los
pobres nunca dejarán de existir en la tierra'. Por lo tanto, de esto podemos concluir
que si dejan que los pobres mueran de hambre, algunos de ustedes tendrán que
empobrecerse para reemplazarlos y justificar las palabras de Di-s”.
2) Interconexión concreta
“Dijo Mezibotser al comentar el versículo 'Los justos comerán hasta satisfacer su
deseo; pero el estómago de los impíos seguirá queriéndolo’: ‘Esto se refiere al caso de un
huésped que llega a la casa de un justo o de un malvado. El justo invita a los visitantes
a comer y participa en la comida aunque ya hayan comido, para no avergonzarlos. El
malvado, en cambio, aunque tiene hambre, sufre los dolores del hambre en lugar de
compartir la comida con su huésped'”.
Gran parte de las riquezas no se pueden disfrutar debido a la imposibilidad de
compartirlas. Esto crea situaciones que van desde la vergüenza hasta la violencia,
que terminan privando a los ricos de una vida mejor cuando se eximen de la
responsabilidad que les corresponde.
Podríamos decir, usando el concepto de “Frente a un ciego no pondrás obstáculos”, que
quienes no cumplen con sus responsabilidades de tzedaká aumentan el número de
personas “ciegas” en el mundo. Con más ciegos, muchas más situaciones y bienes se
convertirán en obstáculos y habrá mucha menos libertad. La riqueza sin tzedaká
empobrece y reduce los niveles de libertad de mercado.
La tzedaká es otro ejemplo de “hacerse rico teniendo menos”.
TSEDAKAH- LA TÉCNICA
La tzedaká no es sólo un concepto, también es una práctica o una técnica. El arte de la
tzedaká no puede existir estáticamente. Tzedaká no es llegar al final del año fiscal y
reservar mecánicamente un porcentaje de nuestras ganancias. Tzedaká exige, sobre
todo, participación, creatividad y sagacidad.
El dinamismo de la tzedaká puede ir acompañado de una medida que traduzca bien para
la humanidad la percepción de la interconexión de las riquezas: la gratitud. La noción
de gratitud, en su sentido no trivializado, representa un camino ecológico y una
forma de vivir bien en relación con su sustento. Darse cuenta de los profundos niveles
de felicidad que surgen de la salud, las oportunidades y los intercambios apunta
constantemente a la realización de la tzedaká.
Por lo tanto, la tzedaká debe ser un gesto común realizado con gracia y sabiduría.
Será una de las posibilidades de adquisición en este inmenso supermercado de existencia.
Y hay pocos placeres que igualen el de una tzedaká bien hecha, armoniosa e integrada
con todo nuestro conocimiento, con quienes somos. Aquel que ejercita y se aplica a la
Tzedaká se encontrará realizando involuntariamente actos que serán fuente de
enorme alegría y sorpresa. Revelaciones de un YO interior que se vuelve mejor, más
rico y más capaz de disfrutar de este(s) mundo(s).
Pero ¿cuál sería la tzedaká de todos los tiempos?
Debes medir, en tu sensibilidad para percibir los flujos de sustento, los niveles de
gratitud que cada ganancia te proporciona. Es a través de esta medida de gratitud que
debes gravar tus ganancias. Cuanto mejor, cuanto más exactamente gravados estén,
más vida proporcionarán.
Si has sido recompensado con retornos superiores a tus expectativas, cuando tus
esfuerzos fueron sorprendentemente inferiores a los que habitualmente realizas para
obtener este tipo de resultados, con gusto deberías calificarlos con mucha tzedaká.
La tzedaká también está involucrada en la pérdida y recuperación de un objeto. Por
unos instantes ya no tuviste posesión de algo y te diste cuenta de lo efímero que es
poseer. Cuando ese algo regrese a ti, haz este movimiento de tzedaká, donando parte de
tus ganancias. Cuando perdemos, nos damos cuenta no sólo del coste de las cosas, sino
también del valor implícito de tenerlas. Ésta es la gratitud de la que hablábamos:
fenómenos de “conciencia” del valor que algo o alguien tiene para nosotros.
Cuando perdemos salud y la recuperamos, también debe haber tzedaká involucrada.
Por supuesto, no necesitamos perder nada para sentirnos agradecidos por lo que ya
teníamos. Este es, de hecho, el significado de tzedaká: cuando estamos bien, sanos,
debemos calificarnos a nosotros mismos con la mayor precisión. Sin embargo, sabemos
que es parte del aprendizaje, ser un constante realizador de tzedaká, explorar en
nuestro entrenamiento todas las situaciones que revelan nuestras verdaderas
virtudes, su vulnerabilidad y el milagro de poder disfrutarlas.
Saber aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida para realizar la tzedaká
es un arte al alcance sólo de quienes son conscientes de su existencia y pueden
apreciarla. Tan real es el sentimiento de que la tzedaká es una oportunidad en esta
vida que se cuenta la siguiente historia sobre el rabino de Ropshitzer:
La esposa de Ropshitzer le dijo a su marido: “Tus oraciones hoy fueron largas. ¿Habéis
conseguido que vuestras oraciones sean aceptadas y así los ricos sean más generosos en
sus contribuciones a los pobres?”
El rabino respondió: “Ya he logrado la mitad de los objetivos de mis oraciones. Los
pobres están aceptando recibirlos”.
Aquel que es verdaderamente rico y sabe saborear todas las posibilidades del mercado
reconoce la gratitud incluso por la oportunidad de ser agente de una verdadera
tzedaká.
Por lo tanto, es un gran regalo o ganancia que podamos tener la oportunidad de
realizar tzedaká. Cuando comienzas a darte cuenta de esto, es señal de que has
cruzado uno de los límites (klipot) que nos impiden disfrutar mejor de los mundos del
sustento. Estudiaremos estos límites más adelante.
TSEDAKAH-TERAPIA – TSEDAKÁ Y SU INFLUENCIA EN OTROS MUNDOS
Hay ocasiones en las que los rabinos miran a una persona a los ojos y, de la misma forma
que recomienda un médico o psicoterapeuta, también diagnostican falta de tzedaká. La
ausencia de tzedaká en la vida de un individuo reduce su resistencia a la pérdida,
corroe sus canales de comunicación con el mundo y provoca la peor de las
enfermedades: poco conocimiento de sí mismo.
El fenómeno del sentimiento de bienestar y felicidad se puede descomponer en
estructuras mínimas (felicidad cuántica) que se relacionan con la capacidad de estar
al día con nosotros mismos. Cuanto más nos conocemos a nosotros mismos, más nos
comprendemos, más fácil será encontrar nuestro verdadero camino. Por tanto,
evitamos el peor de los tormentos, que es el sentimiento de desperdicio, de esforzarnos
en seguir indicaciones en las que profundizamos, sabiendo que, si no son las “correctas”,
nos harán sentir más perdidos. Por lo tanto, así como alguien que tiene sus deudas bajo
control y conoce sus compromisos financieros duerme tranquilo, así alguien que se
conoce relativamente bien a sí mismo se despierta fácilmente.
Por increíble que parezca, no estar al día con la tzedaká es una de las cuestiones que
más vitalidad nos quita. Después de todo, la tzedaká es uno de los pocos elementos que
tenemos que produce significado y desapego en nuestras vidas. Nadie tiene ninguna duda
de que el apego o la vida vivida como un juego de póquer, en el que no compartimos
nada con nuestros compañeros de juego, es una fuente de inmensa tensión y angustia.
Pero no es este aspecto el que me gustaría resaltar, sino la increíble capacidad de
nuestra relación con la tzedaká para revelar tendencias, síntomas y desviaciones. Es
en este sentido que la tzedaká es terapéutica y, al mismo tiempo, cabalística:
radiografía el “estado de intercambio” momentáneo, revelando la magia de la vida en
un momento dado.
Son muy pocos los indicadores o medidas que tenemos que conocer nosotros mismos. La
forma en que realizamos tzedaká es una de ellas. Quiénes somos en tzedaká es
exactamente quiénes somos en realidad, y aquel que comienza a comprender el
verdadero significado de la tzedaká se da cuenta y honra sus límites. Honrarlos es lo
que popularmente llamamos felicidad.
¡Qué difícil es dar! No el “dar” en situaciones de pequeñas órbitas de retorno y
recepción, sino el “dar” que, aparentemente, no parece tener relación alguna con
ninguna forma de recibir. No el “dar” para el que inventamos subterfugios para
hacerlo público con el fin de obtener aprobación, respeto o admiración, sino el “dar”
doloroso en el que no hay más testigo que nosotros mismos, que nos hace valorar ese
punto de nuestra propia individualidad que somos sinceros con ello. Y por “dar”
queremos decir dar y no dar. Porque no dar este nivel de autoconocimiento es a la vez
terapia y crecimiento hacia la ampliación de la visión de las constantes relaciones de
tzedaká que bombardean nuestros momentos de la vida.
Es importante meditar en la tzedaká y hacerla más real, no permitiendo que se
convierta en una relación sentimental y paternalista con el mundo. De hecho, al
adoptar esta postura, fácilmente descartamos la tzedaká como un retroceso a un
pasado en el que la gente sabía poco sobre sí misma. No es cierto, la tzedaká es un legado
de percepción de quienes meditaron. Si tiene dificultades para visualizar la tzedaká
cabalísticamente (radiografiar la realidad de los intercambios), intente hacer
cadenas de analogías como la que hizo el rabino Yehuda:
La piedra es dura, pero el hierro la corta; el hierro es duro, pero el fuego lo ablanda;
el fuego es poderoso, pero el agua lo apaga; el agua es pesada, pero las nubes la llevan;
las nubes son fuertes, pero los vientos las dispersan; el viento es fuerte, pero el cuerpo
lo resiste; el cuerpo es fuerte, pero el miedo lo quebranta; el miedo es fuerte, pero el
vino lo ahuyenta; el vino es fuerte, pero el sueño lo vence; la muerte es más poderosa
que cualquiera de estos, pero la tzedaká redime de la muerte.
Midrash Tan'Huma
La afirmación “tzedaká redime de la muerte” puede entenderse, como veremos más
adelante (“Todo es quitado de este mundo”), tanto en el sentido de muerte real como
de miedo o angustia ante la muerte. Rabí Yehuda hace paralelos muy cuidadosos para
que no tomemos sus palabras literalmente. Si observamos atentamente, notamos que la
medida de “fuerte” o “poderoso” concierne al ser humano. Su cadena es una visión
humana de los “poderes”. Es, por tanto, desde una percepción humana que debemos
analizar esta cadena. Y el rabino Iehuda deliberadamente hace que tal percepción
progrese en fuerza, mientras retrocede en concreción, hacia ejemplos más abstractos y
conceptuales.
Al principio encontramos los elementos más concretos de la imaginación humana de la
fuerza: la piedra y el hierro. Luego pasamos a elementos más fluidos, pero aún
concretos: las nubes y el viento. Desde allí, Rabí Iehuda se sumerge en el cuerpo y nos
revela la entrada al mundo interior, donde la fuerza se refiere a la capacidad de
soportar momentáneamente la vida: los miedos. El siguiente eslabón de la cadena
revela cómo superarlos a través de algo más poderoso: el placer. El vino y el sueño
combaten el miedo cuando se asocian con la capacidad de disfrutarlos: la salud. Sin
embargo, es en la dificultad de soportar la vida, no sólo el momento, sino en sus
profundas cuestiones de angustia y significado, donde reside la importancia, el mayor
poder para el ser humano. El término utilizado por Rabí Iehuda es “muerte”, la
angustia de la muerte. Superarlo sólo es posible con un poder más abstracto, más
conceptual que él mismo. Y este poder se encuentra en la tzedaká. Por ser la actitud
más sublime y profundamente implantada en el alma, representando la máxima
sofisticación humana, es también la más poderosa.
Hasta cierto punto, lo que nos dice Rabí Yehuda es que los conceptos de vida,
significado y también intercambio se superponen con “muerte”, el concepto de muerte.
Sin embargo, debemos ser sensibles al uso de una palabra tan “técnica” como tzedaká
para confrontar otra no menos “técnica”: la palabra “muerte” utilizada por él. La
muerte es una abstracción, que nos parece una concreción, del no intercambio, así
como la tzedaká es una abstracción concreta del intercambio.
Aquel que comprende y dedica tiempo a la Tzedaká es un maestro de vida. Rompe
límites, disipa ansiedades profundas y realiza terapia. La terapia constante a la que
tenemos que someternos para pasar de lo que éramos hace un momento a lo que somos
ahora. Transformación necesaria que, sin los elementos del bolsillo, sin equilibrio en
la dimensión de la tzedaká, es imposible.
TSEDAKAHTAMBIÉN ES NEGOCIO
Cuando se comprende plenamente el valor de la tzedaká, se comprende que es una
forma de riqueza. Se puede acumular, hay que tratarlo como una negociación real y
perseguirlo con la misma “voracidad” con la que perseguiríamos cualquier
transacción comercial que nos interese.
Si esto parece un poco difícil de lograr, prestemos atención a dos ejemplos rabínicos. La
primera es radical en el sentido de que la tzedaká se rige por las mismas leyes de
negociación. Hay reglas, además de la percepción de que se trata de un medio de apoyo
para la persona que dona. De hecho, las leyes del mercado y el cuidado que ponemos en
nuestro negocio también se aplican a la tzedaká. Esto es lo que nos muestra la historia
del rabino Schmelke:
El rabino Schmelke no tenía dinero para dárselo a un indigente. Entonces fue al
armario de su esposa, sacó un anillo y se lo dio al pobre. Cuando la mujer regresó y
descubrió que el anillo no estaba en el cajón, comenzó a llorar. El rabino Schmelke le
explicó lo sucedido y ella le exigió que corriera tras el pobre, ya que el anillo valía
más de cincuenta talentos.
El rabino corrió desesperado y, cuando logró alcanzar al limosnero, dijo: “Acabo de
descubrir que este anillo vale al menos cincuenta talentos. No dejes que nadie te
engañe dando menos de lo que vales”.
La historia nos hace permanecer en el nivel más material hasta que al final nos damos
cuenta de que el rabino Schmelke estaba en otra dimensión del mundo del dinero. Una
dimensión donde vio una realidad diferente. La propia preocupación de su esposa sólo
podía interpretarse como un deseo de que este pobre hombre no se dejara engañar en el
valor de su tzedaká. Como relato corto, puede parecernos que el desenlace es inusual,
sin embargo, para quienes leen desde el conocimiento del mundo del sustento, todo
tiene sentido de principio a fin: no hay ruptura.
Otro ejemplo es el del rabino Eleazar quien, basándose en su comprensión del sustento,
se dedicó a la tzedaká como un hombre de negocios voraz:
Los recolectores de donaciones solían esconderse de Rabí Eleazar porque tenía la
costumbre de dar todo lo que poseía para tzedaká. Una vez fue al mercado a comprar
el vestido de novia de su hija. Al verlo, los recolectores de donaciones se escondieron.
Sin embargo, él los vio y los siguió. Cuando los encontró, les suplicó: “Dime para qué
causa estás recaudando fondos hoy”. Ellos respondieron: “Para adquirir los medios
para comprar vestidos de novia para muchachas pobres que están a punto de casarse”.
Rabí Eleazar pensó para sí: “Tienen prioridad sobre mi hija”, y donó todo lo que tenía,
quedándose sólo con un zuz.[3]Con este zuz compró un puñado de trigo, que depositó en
una habitación de su casa.
Cuando su esposa regresó a casa, le preguntó a su hija: “¿Qué te trajo tu padre?” La hija
respondió: “Sea lo que sea, está ahí en la habitación”. La madre entonces entró en la
habitación y no pudo abrir la puerta porque había trigo amontonado hasta el techo.
Al llegar a casa, su esposa se acercó al rabino Eleazar y le dijo: “Ven y mira lo que el
Creador ha hecho por ti”. Cuando el rabino Eleazar vio lo sucedido, dijo: “Este trigo
debe distribuirse entre los pobres y debemos tomar sólo la porción igual a aquellos
que no pueden permitirse comprar un vestido de novia para sus hijas”.
El elemento principal de esta historia no es el personaje milagroso o gratificante, sino
la actitud siempre constante del rabino Eleazar. Coherente en relación con quienes
ven la realidad de una determinada manera. Al principio, los recaudadores de caridad
se esconden de él como si fueran ellos quienes les proporcionaban el negocio y el
sustento. Porque así es exactamente como los ve el rabino Eleazar: como
oportunidades de sustento. Sus palabras al conocerlos llevan a pensar que en realidad
está caminando por el mercado en busca de oportunidades: “¿Qué tienes allí hoy como
tzedaká?” Incluso el escenario del mercado es sugerente para nuestra comprensión del
alcance del verdadero mercado y sus oportunidades. Después de todo, ¿cuántos de
nosotros caminamos notando todas las oportunidades que el rabino Eleazar nota?
Su actitud final, aunque aparentemente moralista, de quedarse sólo con el
equivalente al vestido, no es más que una demostración más de que la realidad que se
presenta es otra. Rabí Eleazar fue al mercado a comprar un vestido para su hija y
salió del mercado con un vestido. No el vestido material, sino con dinero
completamente gastado, dinero responsable, que ahora te permite comprar un vestido
de verdad. Surge entonces la pregunta: ¿y antes? ¿No tenía ya dinero el rabino Eleazar?
¿Y quién dijo que ese dinero no estaba limpio? El rabino Eleazar lo dijo. Se dio cuenta de
que comprarle un vestido a su hija cuando otros no tenían esa posibilidad lo estaba
comprometiendo de alguna manera. Sobre todo, no es pasivo ni tonto el que tira su
dinero a la basura, como podría parecer a primera vista. Mantiene su zuz, que asume el
papel de vínculo financiero entre el dinero no contable y el dinero sujeto a impuestos.
Quizás te estés preguntando: Y si intentamos esto, ¿se multiplicará el trigo? Recuerde:
la actitud de Rabí Eleazar como ser humano es mucho más increíble y milagrosa que la
multiplicación del trigo. Quizás la propia historia utilice este simbolismo del “trigo
multiplicado” para señalar las increíbles posibilidades que tendría el ser humano si se
permitiera desarmarse y caminar por el mercado con la misma voracidad que el rabino
Eleazar. Voracidad no sólo para producir transacciones con su capital, sino, sobre
todo, para realizar transacciones responsables.
Son, sin duda, demostraciones de riqueza por tener, temporal y aparentemente, menos.
Son visiones de sustento cuyos radios de órbita de retorno son grandes: ecológicos.
3.Moneda actual en el período del Talmud.
V. RIQUEZAS POR TENER MENOS
Reconocer la hospitalidad (ecología)
W.COMO HEMOS VISTO, la ECOLOGÍA es entendida por los rabinos como parte de la
dimensión de la tzedaká. No es caridad, sino inversión de justicia, o de “justificación”,
como ya hemos dicho. Vale la pena pensar juntas en estas dos palabras: justicia(r) y
ecología. ¿Qué es justo? O mejor dicho, ¿cómo puede saber el rabino Eleazar si el vestido
de novia de las niñas pobres tiene prioridad sobre el vestido de su hija? Ya sea que su
decisión sea cursi, moralista o schelemil (simple), el rabino Eleazar sacude el mercado.
Por lo tanto, es extremadamente importante, para reducir su capital, que Rabí
Eleazar sepa lo que es justo. Si su elección no hubiera sido justa, habría confundido
aún más al mercado. ¿Se habría convertido en un hombre pobre sin la posibilidad de
darle un vestido a su hija, haciendo que los recolectores de donaciones tuvieran que
trabajar el doble – para hacer que el vestido estuviera disponible para una niña pobre
y también para la hija del rabino Eleazar? De hecho, esta actitud destruiría el
mercado mediante la tonta posición de “lo mío es tuyo y lo tuyo es mío”.
La Mishná (código de leyes orales) alude al sentido de propiedad y justicia
ejemplificando cuatro tipos de actitud:
El que dice “lo mío es mío y lo tuyo es tuyo” tiene la actitud de Sodoma y Gomorra;
quien dice “lo mío es tuyo y lo tuyo es mío” tiene actitud de ignorante; quien dice “lo
mío es tuyo y lo tuyo es tuyo” tiene actitud de justo; mientras que el que dice “lo mío
es mío y lo tuyo es mío” tiene la actitud del perverso...
Decodificamos lo que se dice. Los casos de “lo mío es tuyo y lo tuyo es mío” o “lo mío es
mío y lo tuyo es mío” no presentan dificultades de comprensión. El primero es similar
al caso de “es mejor no hacer nada que convertir algo en nada”; el segundo es un caso
típico de avaricia y voracidad desequilibrada. Son las otras dos actitudes las que
requieren reflexión. Es en estos dos rangos donde oscilan nuestras tendencias
humanas.
La actitud que parecía neutral (lo mío es mío, lo tuyo es tuyo) es descrita como la de
las sociedades corruptas de Sodoma y Gomorra, siendo una clara expresión del
concepto rabínico de que la vida es con personas, o con otros (animales, plantas, cosas).
). La posibilidad de aislamiento es una ilusión responsable de muchos de los
desequilibrios individuales y colectivos que experimentamos. Se trata de un
reduccionismo que describe bien la mayor amenaza ecológica, pues “lo mío es mío, lo
tuyo es tuyo” crea sociedades cancerosas o redes de vida que terminan extinguiéndose.
De hecho, para los rabinos, el concepto “Sodoma-Gomorra” significa algo que
desaparece casi imperceptiblemente, pero que conduce a la extinción. Así es como Dios
arregla Su Creación, dejando en ella el software autodestructivo que le impide ir en
contra de Sus “mandatos” iniciales. La dependencia del sustento y la supervivencia es
mucho más amplia que “lo mío es mío, lo tuyo es tuyo”, está interconectada, es
ecológica, está en radios de órbita de retorno de todas las magnitudes.
La actitud de los justos, sin embargo, parece tonta si tenemos en cuenta que, justos o
no, todos necesitan vivir. Siguiendo “lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo”, esta persona
justa pronto tendrá hambre y frío. Sin embargo, la Mishná no desea ignorar las órbitas
de retorno más inmediatas como parte de la vida; esto sería absurdo. Su deseo es
alertarnos a una conciencia de hospitalidad: somos huéspedes de Dios. Somos invitados
de una inmensa e intrincada red donde la forma más sofisticada de conciencia tiene que
ver con el “lo mío no es mío” y el “lo tuyo es tuyo”.
Aparentemente paradójico e injusto, el “lo mío no es mío” está más vinculado a una
predisposición a participar de todas las riquezas de estos mundos sin aferrarse a la
pobreza de lo que se ofrece sólo en estos cortos rayos de retorno. “Lo tuyo es tuyo” es
una condición previa necesaria para que se produzca cualquier tipo de retorno.
Es como si dijéramos que los esfuerzos en la misma dirección para cada uno de estos
casos ocurren en direcciones opuestas. En el contexto del individuo hacia sí mismo, uno
debe evolucionar para desprenderse de las nociones de propiedad en su forma más
concreta y material. En el espacio del individuo en relación con el otro, es necesario
evolucionar hacia el reconocimiento, sin resistencia, del derecho a la propiedad del
otro en su sentido más terrenal y concreto. Lograr los objetivos de ambos esfuerzos
nos hace ricos.
El ambientalista, el buen huésped, se libera del peso y de los límites del “tener”: lo mío
es tuyo, lo tuyo es tuyo. Si tienes menos, tienes más, aquí tienes otro ejemplo.
Si todo tiene sentido y nos sentimos satisfechos con ello, no debemos olvidar que
comprender es una ínfima parte del trabajo necesario para transformarnos en lo que
entendemos. Volvemos a la pregunta: ¿cómo ser justos? La justicia, entonces, ¿no es
consecuencia de la suma de todas las situaciones, causas, cuestiones y cosas
involucradas no sólo en lo inmediato, sino en el mediano, largo y muy largo plazo? Por
tanto, es humanamente imposible ser absolutamente justo. Es bueno darnos cuenta de
esto mientras reflexionamos sobre las posibilidades y obligaciones inherentes a
situaciones en las que, incluso en medio de nuestra ceguera, podemos ver mucho. La
justicia es algo cada vez más complejo para nosotros, y eso es bueno. Este mundo se está
convirtiendo, para los seres humanos conscientes, en un lugar de sustento cada vez
más complejo. Nuestro sentido de familia es mayor, más amplio, al mismo tiempo que
nuestra percepción de ser anfitrión también se vuelve más clara.
Hay una ley en el hospedaje: cuanto más respeta el huésped el espacio que lo recibe,
mayor será el gusto con el que se le ofrece todo, superando muchas veces en atención
lo que normalmente se ofrece en su propio hogar; cuanto menos respeto haya, más
rápido será tu paso por estos lares.
El buen huésped es un ejemplo de tener menos (ni lo tuyo es tuyo) y tener más.
ESTUDIO Y ECOLOGÍA
En el primer capítulo vimos que en la tradición judía el estudio se considera el único
antídoto contra la pérdida de tiempo de un individuo. Colectivamente, el estudio es
una expresión ecológica. El profesor Ismar Schorch, en un brillante artículo
titulado “Aprender a vivir con menos”, aclara que el objetivo del estudio no es
determinar qué hacer con su tiempo, sino con su tiempo libre. Según él, “existe un
llamado de la tradición a cultivar una vida interior que pueda contrarrestar las
tensiones y las seducciones de la prosperidad y la opresión”. El tiempo libre que no
genera sustento real, que no se utiliza eficazmente en relación con los demás o para el
ocio, genera necesidades y acumula riquezas de otros mundos en esta dimensión.
El consumismo es la mayor fuente de problemas ecológicos. Nos engañamos al pensar
que para tener más, tenemos que tener más. La búsqueda del equilibrio en diferentes
mundos, más allá del mundo concreto y material, está directamente relacionada con
el estudio. Para los rabinos, “estudiar” es un término muy específico en materia de
sustento y significa inversión y enriquecimiento en otros mundos. Saber estudiar es ser
ecológico, es saber extraer, de la propia conciencia que domina y conquista
(manteniéndonos así aprisionados en el mercado meramente material), aperturas para
un sustento superior.
Regalos y propinas
“El que da enfría el juego de la ambición por las riquezas”.
(Dictado en yiddish)
norteEN ESTE CAPÍTULO, “Riquezas por tener menos”, hemos visto que una de las
formas del verdadero enriquecimiento es precisamente evitar la obsesión por el
enriquecimiento. No es que la obsesión simplemente nos haga más difícil acceder a las
“riquezas”, sino que, como dice el Talmud: “Quien busca tesoros apresura el día de su
muerte”.
Deberíamos comprobar constantemente nuestros niveles de ambición en cada momento
de nuestras vidas. Hemos visto que la tzedaká y el estudio son en sí mismos formas de
riqueza y opciones procesales en el arte de transformar “menos” en “más”. De manera
similar, podemos extender esto a relaciones más suaves, pero no menos cotidianas, como
el ofrecimiento de regalos y propinas.
Ambas son terapias importantes contra la obsesión por la riqueza: enfrían su fuego.
Seguramente ya habrás experimentado el inmenso placer de hacer un regalo, cuyo
coste te permitiría adquirir algo que deseabas, y darte cuenta de que nada para ti
podría haber superado ese sentimiento. Lo mismo ocurre con una buena propina.
¿Cuántas veces te has detenido antes de pagar una factura, o pagarle a alguien que fue
increíblemente útil para ti, y no te has encontrado ante el dilema de “irte con más en
el bolsillo o dejarlo sobre la mesa”? ¿Cuántas veces has experimentado en el consejo
ingeniosamente aplicado la sensación de haberle dado a tu dinero un valor que nunca
obtendría por nada que pudieras adquirir?
En el momento del dilema nos enfrentamos a los límites de nuestro bolsillo. Tsedaká,
tiempo de estudio, obsequio y propina se deciden en el bolsillo.
El bolsillo – Frontera de tener menos, tener más
ohEL BOLSILLO ES UN espacio angular, muchas veces de base redondeada, oscuro,
constantemente invadido y penetrado, generando decisiones que significan vida o
muerte. El momento en tu bolsillo es el límite de la transacción, cuando realmente
demuestras cuál es tu visión del mundo, cuánto ves. Con la mano en el bolsillo, dudas.
Con la mano en el bolsillo, estás solo, frente a ti mismo, en un momento sólo
comparable al momento del refrigerador en el mundo de las dietas. ¿Quién eres tú? La
respuesta saldrá de tu bolsillo.
Cada racionalización, cada imagen de uno mismo, cada imagen que usted proyecta de sí
mismo en los demás es cuestionada por la billetera. Y te muestras. Tu bolsillo revela a
los demás y a ti mismo dónde estás y cuánto ves.
Exigámonos un poco a nosotros mismos.
Situación I (tzedaká) – Estás en tu auto detenido en un semáforo, envuelto en
pensamientos. Notas que se acerca un mendigo. Tu discurso en la ventana te pone al
“límite de tu bolsillo”, y surgen dudas sobre: dar; ayudar; lástima; intrusión; miedo a
ser engañado; falla; empatía; fantasía de ser tú mismo el mendigo; posibilidad de
salvarse de esa situación en unos segundos; sensación de estar atrapado con ella para
siempre. Su corazón está sintonizado con su bolsillo y su bolsillo responde por él. Tú
eres su bolsillo y él tiene el veredicto. Ya nada es neutral porque estás “en
transacción”. Ahora bien, o no eres nada, o eres un tonto, o eres justo, o malvado: las
cuatro categorías que la Mishná nos presenta como posibles formas de actuar frente a
la experiencia transaccional.
Situación II (presente) – Te enfrentas a la oportunidad de hacer un regalo. Nos
referimos aquí a un regalo espontáneo que no requiere reciprocidad ni pago. Regalo en
el sentido de expresar afecto que va más allá de la obligación. Estás frente al presente.
Es hermoso, tiene todo que ver con la persona; su precio, sin embargo, es elevado. Tienes
la certeza de que dar es lo mejor y, al mismo tiempo, no dar nada perjudicaría tu
relación. Piensas: “¿Qué es el dinero? El dinero es muchas cosas. ¿Qué pasa si voy más
lejos de lo que debería? ¿Y si pudieras transmitir el mismo cariño con algo más
simbólico?” ¿Cómo puedes negarte este regalo, una vez que ya lo has imaginado
perfecto? Sólo puedes salir de esta situación como nada o como un TONTO, o como lo
que VES o lo que NO VES. La distancia entre tomar y no tomar parece pequeña,
dependiendo únicamente de un impulso del corazón al bolsillo. Sin embargo, esta es la
más larga de las rutas.
Situación III (consejo) – Acaba de recibir la noticia de que alguien le ha brindado una
oportunidad que representa un exceso de beneficio considerable. Tu primer impulso es
de total gratitud y te imaginas recompensando a la persona en consecuencia. Después
de un tiempo, cuando pones tus ganancias en perspectiva en relación con tus necesidades
interminables, todas tus ganancias parecen tener ya un destino. La recompensa
comienza a disminuir en tu imaginación, y todo tipo de racionalizaciones te explican
que el esfuerzo fue realmente tuyo, que la participación de esta persona no fue tan
decisiva, etc.... Sin embargo, no estás convencido. Sabe que le gustaría corresponder,
responder al impulso de gratitud y sustento tal como se le presentó inicialmente, pero
no puede. Con una mano en el bolsillo y la otra en el corazón, estás ante algo muy
grave. Si no te haces cargo de la situación, no será nada; Si actúas “a medias”, de forma
ambivalente, serás un tonto; Si utilizas tu poder de bolsillo para tenerte en cuenta
sólo a ti mismo, devolviendo una fracción menos de lo que es correcto, serás perverso;
Si puedes, de todo corazón, renunciar a la cantidad correcta que era el derecho de
quien es recompensado, será justo.
Nada destruye el mundo, no toma posiciones, creando situaciones y emociones internas
cada vez más embarazosas. Su escape elimina tanto la capacidad de disfrutar como la
capacidad de experimentar el dar. El mercado no se lleva nada de esta posición. El
tonto se pierde en una moral afectada por su bolsillo. Busca justificarse ante sí mismo
mientras se percibe falso y tiene miedo de llegar hasta el final. Acabarás tomando una
decisión por un lado o por otro que no es sincera, sino resultado de presiones externas
o represiones interiorizadas que te empujan en una determinada dirección. El tonto se
sentirá extremadamente infeliz con su decisión, tanto por el sentimiento de haber sido
perjudicado en la transacción, como de haber perjudicado a su socio. El mercado no
quita nada: empobrece.
El malvado es el vendedor de esta dimensión, el mendigo de otros mundos. Es su
fantasía de la que hablamos cuando un mendigo nos pide limosna. Tenemos miedo de ser
“perversos” y dejar la transacción en una situación invertida: somos como mendigos de
otros mundos. Lo “perverso” es antiecológico y multiplica la riqueza en una sola
dimensión, minimizando la posibilidad de ganancia para el mercado que podría surgir de
esta situación-transacción. Para el mercado, lo perverso está por encima de la nada y
del tonto. Esto se debe a que el perverso se revela, dejando claro su comportamiento.
Su actitud permite aprender y retroalimentarse, ya que su pobreza es real y palpable.
Los malvados no conocen la salida, pero al menos saben dónde están.
El justo es el señor del bolsillo. Es el tonto el que no es tonto, es decir, el que logra
percibir en el caldero de la moral-ética-dignidad, más allá de las represiones sociales,
un mercado que es real. Como conocedor del camino, el justo recorre los pegajosos
senderos de los valores, liberándose de la melaza aprisionadora de los prejuicios,
destruyendo los obstáculos de la sublimación y resistiendo la seducción de la
expectativa de recompensas. Los justos acaban llegando a un territorio irónico, donde
ven una realidad mayor. Tu paz no es como la de un tonto, basada falsamente en la
creencia de que tus abstracciones se revelarán mágicamente como recompensas
concretas. La paz de los justos proviene de un camino siempre guiado por la realidad,
por la visión y no por el pronóstico. La persona justa entiende en qué tipo de mercado
estamos: invierte, invierte, retira.
Sin embargo, como vimos anteriormente, lo perverso también es un elemento
importante, ya que está expuesto al mercado y posibilita la reparación y corrección.
Puedes aprender mucho de él. Se dice que el Besht comentó esto basándose en la
siguiente frase de la Mishná:
En relación a las donaciones, existen cuatro actitudes: 1) la de quien quiere
contribuir, pero no quiere que otros lo hagan; 2) la de alguien que espera que los
demás contribuyan, pero no él mismo; 3) la de alguien que dona y espera que otros
también lo hagan; y 4) el de alguien que no aporta y no quiere que otros lo hagan.
Besht dijo:
El último caso podría parecer inadecuado al relacionarlo con actitudes de donación,
ya que no tiene conexión con el mundo de las aportaciones. Por lo tanto, sólo debe
haber tres posturas. ¿Por qué entonces cuatro? Sólo conocemos la luz porque existe la
oscuridad; sabiduría porque hay ignorancia; justicia porque hay maldad; placer
porque hay dolor; Memoria porque hay olvido. Una es la silla en la que se sienta el
otro. De la misma manera, el poco caritativo es la silla en la que se sienta el
caritativo.
Dentro de nosotros hay un no caritativo, un “no percibidor” de otros ciclos de
retorno que nos enseña.
Aprendiendo del ladrón – (el mal impulso) de cada uno de nosotros
VMIREMOS NUESTRA DIFÍCIL situación de tener las manos en los bolsillos, como la del
mendigo junto al coche. ¿Cuál es nuestro interés en esta interacción? Realizar un acto
correcto, justo (justo) para que podamos salir de esta situación sin pérdidas en largos
ciclos de retorno, honrando y salvaguardando nuestra forma de ser en el momento,
sin ser traicionados por falsos ideales o moralismos. No queremos dejar nuestro
corazón atrapado en esa situación; queremos vivirla allí, íntegra, terminada y
resuelta. Queremos ser auténticos con lo que vemos y hasta dónde vemos. Sin embargo,
el bolsillo está oscuro y también hay malos impulsos.
Los malos impulsos están en todas partes y son esenciales para el ser humano. La
tradición judía dice que, si no fuera por el mal impulso, todos moriríamos de hambre y
no nacerían niños en este mundo. El mal impulso es, de hecho, la materia prima con la
que verificamos nuestro comportamiento interno. Cuando se trata de cuestiones de
mercado que afectan al bolsillo, el mal impulso está simbolizado por el ladrón. Tu
tendencia es robarle algo a alguien. Este alguien podría ser el mendigo, el mercado o
nosotros mismos. En realidad, en un ciclo de devolución mediano o largo, si hubo robo,
robarán a todos.
Hay dos malos impulsos inmediatamente peligrosos: buscar justificaciones (tonto) y
escapar (la nada). Respecto al primero, el rabino Schmelke nos dice:
No intentéis criticar a una persona pobre que os pide ayuda, como justificación para no
ayudar. No busques sus defectos como: “Un hombre fuerte como ese… algo debe haber
hecho…” Porque, si haces esto, el Eterno pronto buscará encontrar defectos también
en ti, y ciertamente los encontrará. ellos en abundancia. Recuerda que los errores
del que te suplica ya han sido pagados con su miseria, mientras que las tuyas siguen ahí
contigo.
Ayudar, o cómo ayudar, es aún una cuestión sin resolver. Sin embargo, las
justificaciones son caminos ilusorios que perpetúan la pobreza y generan pérdidas en el
mercado.
En cuanto al segundo mal impulso, huir o rendirse, aprendemos cómo Berdichever fue
instruido, nada menos que por un ladrón:
El rabino de Berdichever viajó de ciudad en ciudad buscando recaudar fondos para las
personas necesitadas, pero tuvo poco éxito. Lamentando el tiempo perdido, decidió no
involucrarse en aventuras de este tipo en el futuro. Al regresar a casa, observó a un
policía golpeando a un ladrón sorprendido en el acto. El rabino pagó la fianza del
ladrón y, cuando lo liberaron, le preguntó si había aprendido la lección y, a partir de
entonces, se abstuvo de robar. El ladrón se apresuró a responder: “¿Y qué si lo pillo?
Esta vez no tuve suerte, pero la próxima no será así”.
“Nunca debo olvidar esta respuesta”, pensó Berdichever. “Así como esta vez tuve poco
éxito en mi emprendimiento, estoy seguro de que la próxima vez será diferente”.
El Berdichever aprende a extraer de la situación el mismo ímpetu e intensidad que
utiliza un mal impulso. De hecho, ésta es la única manera de no rendirse ante él:
aprendiendo de él. El Maguid dijo que debemos aprender de los ladrones las siguientes
cualidades: 1) si fracasan en un intento, nunca se dan por vencidos; 2) sus compañeros
actúan con la mayor camaradería entre ellos; 3) incluso ponen en riesgo su vida para
conseguir lo que quieren; 4) lo que obtienen para sí mismos lo venden por una pequeña
recompensa; 5) son pacientes con las desgracias; y 6) aman su tarea por encima de todas
las demás. Perseverancia, fraternidad, coraje, desapego, tolerancia a la frustración y
dedicación son los antídotos destilados del propio veneno del mercado que pueden
curarlo.
El individuo en el coche debe tener una buena percepción de la interacción que se está
produciendo y cómo neutralizar sus malos impulsos en función de lo que aprende.
Estos son ingredientes importantes del gesheft (negocio) que conciernen tanto a las
inversiones que hacemos en las dimensiones de ciclos de retorno rápidos como en ciclos
de retorno medianos y largos (caridad, conciencia ecológica, etc.).
En cualquier momento de interacción, en cualquier situación pendiente, nunca olvides
los ciclos de retorno mediano y largo. Esta conciencia es fundamental para que no
seamos víctimas de los malos impulsos de la justificación y la indiferencia. Cuando
sientas que se está produciendo una interacción, cuenta hasta tres. Sepa entender que
lo que sucede entre usted y la otra persona con la que interactúa no es sólo una
situación entre dos personas. La siguiente historia quizás ilustre mejor esto:
Un rabino viajaba en un carruaje cuando el cochero se detuvo frente a un campo con
varios sacos de trigo almacenados al lado del camino. Luego le gritó al rabino: “Sigue
mirando y si alguien me ve, grita”.
Cuando empezó a recoger las bolsas, escuchó al rabino gritar. Dejó todo, se subió al
carruaje y se alejó a toda velocidad. Después de unos momentos, miró hacia atrás y no
vio a nadie. “¿Por qué mentiste, rabino?”, preguntó el cochero. “Pero es verdad, amigo
mío”, respondió el rabino. “Grité porque estabas siendo vista… vista por Él, que vive en
lo alto y está presente en todo”.
La Mishná es aún más clara y da la receta, paso a paso, de cómo lidiar con los malos
impulsos en las interacciones: 1) saber de dónde vienes, 2) hacia dónde vas y 3) ante quién
rendirás cuentas. En otras palabras: conocer en profundidad este mercado. Sepan que
en sus infinitos ciclos de retorno es como si existiera eternamente un ojo que ve, un
oído que escucha y un libro donde todo queda registrado.
El arte de la propiedad o la terapia del don
ohOBTENER CONOCIMIENTO y descubrir el secreto del control de la propiedad es
una de las mejores formas de servir al mercado. Después de todo, existe un flujo
constante de derechos y propiedades temporales que alimentan el mercado de Cosmos.
Intentar detener este flujo es no saber “recibir”. En La Cabalá de los Alimentos dijimos
que una persona se vuelve obesa porque retiene en su cuerpo más de lo necesario,
irrespetando el flujo natural de intercambio de alimentos y energía. Aquí en el mundo
de la economía podemos decir algo muy similar: si conservas el poder sobre la
propiedad de algo durante más tiempo del natural te volverás anormalmente rico en
esta dimensión. Retienes el flujo y te enfermas. Te vuelves “obeso” en la dimensión
material y soportas los costos de esto.
Quien preserva la rotación de la propiedad y no frena las corrientes de sustento
encuentra rápidamente la posibilidad de renovar su riqueza. En este sentido, saber
cuándo “abrir la mano” y regalar se convierte en un elemento de gran importancia.
Una vez, cuando salía para el sábado con su manto de oración, una persona se acercó al
rabino Zalman y quedó asombrado por los colores de su manto. La reacción de esta
persona fue tan intensa y espontánea que, después de unos momentos de meditación, el
rabino Zalman le ofreció el manto como regalo. Ella quiso rechazarlo, pero el rabino
no se lo permitió. No es que pudiera soltarse fácilmente del manto, pero se dio cuenta
de que la persona había superado el límite del deseo, provocando un cambio, a un nivel
muy sutil, en los “derechos de propiedad”. Rabí Zalman podría haberse quedado con el
manto, pero no quiso, ya no le pertenecía, o mejor dicho, el máximo beneficio que podía
sacar de su propiedad en ese momento era ofrecerlo. Consciente de este momento de
transición de propiedad, el rabino Zalman maximizó sus ganancias en la relación con el
manto: realizó un guesheft, y uno bueno.
Nuevamente debe quedar claro que el justo no renuncia a lo que es suyo, sino que se da
cuenta cuando lo que es suyo representa para él una ganancia mayor y ya no es suyo. Se
trata ciertamente de ciclos de largo radio, a los que la visión de quienes están presos
de la propiedad no alcanza.
Si siempre supiéramos actuar así, seríamos los mejores inversores. Pasaríamos nuestras
pertenencias cuando fueran más valoradas, para tener placer y regresar. Esto es lo
que nos muestra la siguiente historia.
Se dice que una vez el rabino Najman recibió en su casa a un viajero pobre. Por la
mañana, sin embargo, se dio cuenta de que su invitado ya se había ido y, junto con él,
también había desaparecido el abrigo de Rabí Najman. Cuando el rabino Najman llegó a
la sinagoga, un joven se le acercó: “Rabino, hace unos momentos vi a un hombre que
vestía un abrigo como el suyo. En ese momento no estaba segura si era tuyo, pero ahora
que lo veo sin su abrigo, no tengo ninguna duda”.
“¿Y cómo le quedó el abrigo?”, preguntó el rabino.
“Bueno…”, concluyó el niño.
“Entonces guárdalo. De hecho, es un hombre muy pobre y el invierno no es ninguna
broma”.
A menudo, ciertas actitudes inexplicables en la simple estructura de la realidad que
construimos y legitimamos dejan consternados a quienes no las comprenden. Un ejemplo
de esto es el caso del rabino Zbarazer, quien un día, al regresar a su casa, vio que
estaban robando.
Permaneció estático por unos momentos y murmuró a los ladrones: “No quiero ser
responsable de que ustedes sean culpables de tal pecado, por eso les hago todo esto
como un regalo”.
En un momento, el rabino Zbarazer vio que llevaban un frasco que contenía productos
químicos en su bolso. Luego se acercó y le dijo: “Puedes llevártelo, pero ten cuidado
con el contenido de este frasco, o podrías lastimarte”.
Para algunos, esto podría ser un escenario de pasividad. Podría, pero no lo es. Rabí
Zbarazer no es un santo que quiera absorber todos los errores humanos y dejarles la
gracia de la impunidad. La percepción que tenía era que ya era un hecho consumado. La
propiedad de esos objetos ya estaba a punto de dejar de ser suya, y antes de que se
asumiera su condición de robo, en el último momento de su derecho de posesión, los
transforma en “don”. El rabino Zbarazer se adapta a la corriente. No todas las
situaciones similares exigen una solución de este tipo, pero reconocen la increíble
paradoja de nuestro mercado equivocado, en el que métodos equivocados (el robo)
restablecen el equilibrio de sociedades que no somos capaces de organizar. Rabí
Zbarazer adopta la postura económica correcta: se da cuenta de que el material
robado ya tenía una propiedad anterior a la suya, la propiedad de la tzedaká. Esto es
lo que reconoce y se permite participar del flujo que realmente determina qué es de
quién y por cuánto tiempo.
Moishe, el cabalista, dijo que cuando algo es tuyo, nadie te lo quita. Cuando la
posesión de algo ya no es tuya, lo más peligroso es retenerlo. Aprender a disfrutar de
la posesión hasta casi el último momento que es nuestro es lo que caracterizará al
héroe o sabio de la era no consumista que algún día se asentará en el mundo. Estar con
Di-s, la unio-mística o dveikut, es esta etapa en la que tener es sólo una instantánea del
ser. El mismo cuerpo que poseemos está incluido en este número. Saber entregarlo en el
momento adecuado, ni un instante antes, ni un instante después, es un arte sagrado.
SIERRA. CUESTIONES PRÁCTICAS DE RIQUEZA EN EL MUNDO DE ASSIÁ (MATERIAL)
“Dios se sienta y construye escaleras...” (Midrash Rabá)
¿Por qué los rabinos entenderían el dinero?
ohA LOS SACERDOTES A menudo se les cuestiona su capacidad para aconsejar o dar
una opinión en situaciones relacionadas con el amor y el sexo, ya que viven en el
celibato. Se podría hacer una pregunta similar a los rabinos. ¿Cómo pueden tener tanta
opinión sobre la cuestión del dinero si no tienen una experiencia particular de ser ricos
o pobres? ¿De dónde vendría tu experiencia y sabiduría? ¿De dónde vendría su
credibilidad?
Una historia ilustra bien esta pregunta:
El rabino Sassov dijo: “Leemos en el Talmud: Los rabinos no conocían el significado del
versículo 'Pon la carga de tus hombros sobre el Señor, y Él te sustentará', hasta que
un vendedor ambulante se lo explicó.
“Los rabinos que ganan un salario mensual fijo no entienden del todo el verdadero
significado de la confianza en Di-s. El comerciante, sin embargo, para quien el sustento
no está garantizado y que depende constantemente de la cooperación divina, aprecia y
conoce el verdadero significado de 'confiar en Di-s'”.
Es cierto que el conocimiento del sustento es prerrogativa de quien lo busca
diariamente. Sin embargo, los límites impuestos para que las riquezas sean reales
colocan a los rabinos en la posición de importantes consultores. No sólo eso: los
rabinos están, como todos los demás seres vivos, obligados a garantizar la
colonización y el enriquecimiento del mundo. Por tanto, su postura no puede ser
neutral ni simplista. No pueden quedarse en su rincón, con lo mínimo necesario,
estudiando y santificándose. La lucha es en las calles por el enriquecimiento
constante, sin destrucción ni pérdida de fortunas de otros mundos. Lo ideal es
enriquecer este mundo. Si un rabino no participa en el “enriquecimiento”, si no hace el
esfuerzo de hacerlo, se excluye de la verdadera batalla de la vida cotidiana.
Los rabinos respetan la sabiduría de quienes salen en busca de su sustento, de quienes
confían en su sustento y de quienes, para honrarlo, enfrentan las cuestiones más
angustiosas. Por su parte, intentan mantener una perspectiva de menor implicación.
Una vez un discípulo le preguntó al rabino Kotzker: “Si te alejas de las cosas mundanas
y materiales, ¿cómo puedes dar consejos sobre estos asuntos?” Kotzker respondió
entonces: “A menudo alguien que está fuera ve mejor que alguien que está dentro”.
Los rabinos ven desde fuera. Su respeto por el mercado, su deseo de servir como
consultores en el área de la ética financiera y su búsqueda por esclarecer los flujos e
impedimentos al sustento les han valido, más allá de los estereotipos racistas, una
increíble experiencia en el negocio del dinero.
Aprendiendo a perder -
Ieridá tsorech aliá hola
“En la puerta del éxito dice 'entrada' y 'salida'”.
(Dictado en yiddish)
Ud.UNA PERCEPCIÓN MUY ANTIGUA revela que el mundo del sustento, como la vida
misma en general, es una oscilación constante. La riqueza no existe como un fenómeno
de aumento constante, sino más bien como pérdidas o abstenciones de ganancias que
resultan en menos que las ganancias. Todo surge de este equilibrio, hace posible el
sustento. El sustento, por tanto, es resultado del mercado y no del trabajo.
En nuestra experiencia diaria, nos hacen creer que el trabajo por sí solo da como
resultado un medio de vida. No es así. Por supuesto, sin trabajo, sin este instrumento, el
sustento no llegará. Sin embargo, esto sólo es posible mediante la interacción del
trabajo con el mercado. Tener energía (trabajo) en un espacio favorable (mercado) no
sólo conduce al sustento, sino que debió ser la génesis misma de la vida. Así, para que la
tierra se convirtiera en hombre, fueron necesarios Adán, el soplo divino y un jardín
del Edén. En otras palabras, la respiración se refiere a la energía; Edén, a un nicho
ecológico favorable o a una posibilidad de mercado. Por eso la frase que ilustra este
capítulo trae el mensaje: “Dios se sienta y construye escaleras”. Algunos bajarán por
estas escaleras, otros subirán.
Podemos observar este fenómeno en todos los niveles de retorno. En aquellos con
retornos más rápidos encontramos las leyes del mercado pequeño. Como me explicó un
amigo joyero:
Sucede, por ejemplo, que se compra una piedra por mil dólares y, entre la compra y la
venta, el valor de la piedra baja a tal punto que se puede encontrar en el mercado por
quinientos. Su valor de ventas no excedería entonces de ochocientos. Mucha gente no
lo vendería, pensaría: “¿Lo compré por mil y lo voy a vender por ochocientos?
¡Simplemente loco!" Bueno, vendo. El mercado me lo permite. Vendo la piedra por
ochocientos, compro otra al valor de mercado, quinientos, y todavía me queda una
piedra que puede volver a su valor real de mil, pero mientras tanto me he ganado el
sustento de trescientos.
Esta persona sabe admitir pérdidas momentáneas para ganarse la vida en el mercado.
¿Alguien que se considera exitoso nunca ha hecho un mal negocio? Imposible. Parte del
gesheft es dejar de conservar cada centavo. Es la posibilidad de constantes entradas y
salidas a tal ritmo que lo que nos acompaña, al pasar por nuestra vida o nuestro
sustento, sea satisfactorio. De esta conciencia surge la frase ieridá tsorech aliá hi – el
descenso es una parte necesaria del ascenso.
Válida para muchas cuestiones de nuestra vida, es en el apoyo a largo plazo, en ciclos
de retorno menos inmediatos, donde esta frase se convierte en una realidad que no se
puede perder de vista. Así nos considera el gran mercado, como parte de un todo. Como
ocurre con la rueda, que es un todo, “el lado que sube hasta el punto más alto va
bajando cada vez más, el lado que baja hasta el punto más bajo va subiendo cada vez
más”. Con estas palabras, SY Agnon, Premio Nobel de Literatura, describe la magia del
sustento en su cuento “Rise and Fall”. En esta historia podemos contemplar el ritmo y
el fluir del sustento, como la rueda del destino que, para ser un todo, un mercado,
requiere que lo alto descienda y lo bajo suba. Así se mueve el carro de fuego que trae
el futuro y hace el futuro.
En su cuento, Agnon cuenta la historia de un hombre muy rico que lo tenía todo. Su
familia era hermosa y numerosa, e incluso tenía un yerno que solo estudiaba y lo hacía
sentir muy orgulloso. Una vez, yendo a una feria con mucho dinero para hacer
compras, le pidió al cochero que se detuviera en el camino para satisfacer sus
necesidades. Ya lejos del lugar, que estaba muy concurrido, pues pasaban todos los que
iban a la feria, se dio cuenta que había olvidado su bolso con dinero en el camino.
Seguro de que nunca lo recuperaría, permaneció en la feria y solo regresó días después.
Al regresar decidió, sólo por curiosidad, ver si el dinero aún estaba allí. Para su
sorpresa, así fue. En ese momento, comenzó a llorar profusamente de tristeza.
A partir de entonces, su vida queda desfigurada. Sufre una pérdida de dinero, su mujer
se vuelve loca y, poco a poco, la familia queda destruida. El hombre se encuentra,
finalmente, totalmente destruido y humillado. Es entonces cuando alguien se apiada
de él, invitándolo a compartir la cena del sábado. Va a la casa de baños a prepararse.
Allí, en una disputa con unos mendigos, ve cómo le rasgan la ropa de tal manera que ya
no tenía cómo llegar a esa casa para cenar. En ese momento, desnudo, sin nada ni nadie
en el mundo, empieza a reír eufóricamente.
El llanto en el carruaje es el llanto de los que están arriba de la rueda. Descubrir
que el dinero estaba intacto le hizo sentir la caída. De la misma manera, desnudo, en la
casa de baños, tocó el fondo. A partir de entonces comenzaría la ascensión.
Conocer estos ciclos te permite vivir con las frustraciones y depresiones que surgen de
las caídas. Nadie que haya experimentado abundante sustento o éxito en cualquier
área es inmune a la caída. Por el contrario, cuanto más alto estemos, más debemos
depositar en seguridad para el período de descenso. Depositar en las riquezas del alma,
para que en los ciclos descendentes seamos calentados por la fe en la reanudación de
la ascensión. Debemos aprender a compartir el entusiasmo por la rueda que está
girando y no caer en picada de angustia porque se acercan períodos de decadencia.
La historia de Job en sí misma es la matriz del “Ascenso y Caída”. Las personas exitosas a
menudo esperan explicaciones ocultas para su caída. Experimenten la irrealidad del
período de ascensión como si fuera el desplazamiento de la realidad misma. Combate
entonces sus periodos de caída, cuando, por el contrario, si se permitiera relajarse y
descender, sin agotarse en esfuerzos “contracorriente”, se daría cuenta de que la
cantidad media de placer, sustento y satisfacción en las vueltas de la rueda es
suficiente (¡bendito sea Él!). Feliz aquel que pierde sin deprimirse, sin permitir que el
sentimiento de caer esté marcado por la desesperanza.
El rabino Najman de Bratislava, que combatía y desafiaba la desesperación con la frase
“El descenso es parte necesaria del ascenso”, entendió que la experiencia de poner el pie
en el fondo del pozo era en sí misma una experiencia mística. Todo aquel que vive en lo
alto de la rueda y conoce la grandeza del mercado, la maravilla que el Eterno hizo
posible, o todo aquel que, ya enloquecido por las dificultades y el sufrimiento, toca el
fondo del pozo y realiza las garantías del mercado. , vive momentos de gratitud y
satisfacción.
Y si alguno se queja de esta realidad en la que debe haber una cima y un comienzo de
descenso, que recuerde: Bienaventurado el que hizo del destino una rueda, porque dio
el fondo al pozo e hizo que la fuerza de lo que sube sostuviera lo que sube. caídas. El
mercado existe para contemplar la posibilidad de vida, interdependencia e
interconexión. Nuestras actitudes individuales y colectivas refuerzan o debilitan los
rayos de esta rueda. Estas llantas brindan la capacidad de girar. Piso, esto es un hecho
(¡Bendito sea!).
¿Qué pedir? “Saber precios, no saber valores”
qCUANDO PASAS por el mundo del mercado, es mejor saber lo que buscas. Si queremos
un determinado dispositivo electrónico debemos ser conscientes de la relación
coste-beneficio, qué funciones serán importantes, la mejor marca, el mejor precio… En
definitiva, es mejor que quien pasea por el mercado sepa un poco. sobre el terreno que
pisan.
En la tradición judía, este es uno de los elementos más importantes, que precede a la
riqueza misma: ¿para qué? ¿Qué queremos y para qué? En la celebración más importante
del judaísmo, Yom Kipur (Día de la Expiación), los judíos realizan horas de liturgia
para alcanzar algunos momentos centrales en los que se presentan ante Dios. Y estar
delante de Él es estar en el mercado. Yo explico. Cuando alguien tiene una audiencia
con el alcalde o el gobernador, pasa días estudiando qué dirá y, sobre todo, qué
pedirá. Si la demanda de un individuo o una comunidad es abstracta, como “ayúdame”,
no obtendrás mucho. En la oración lo más aterrador es estar delante de Él y no saber
lo que buscas. En nuestra vida diaria nos enfrentamos a situaciones que requieren la
misma claridad de objetivos, y nuestra frustración es inmensa cuando experimentamos
una oportunidad que se nos escapa por culpa nuestra. No sabemos lo que buscamos,
dudamos y la oportunidad pasa junto con el flujo dinámico del sustento.
Por tanto, quien no sabe lo que quiere pierde su capacidad de sustentarse a sí mismo.
Las grandes fortunas se ven diezmadas porque las nuevas generaciones han perdido la
capacidad de tener objetivos claros para su sustento.
Quien sabe lo que quiere y para qué quiere avanza de tal manera hacia el sustento que
no tiene por qué preocuparse. A diferencia de quienes luchan obsesivamente por la
riqueza, quienes saben lo que quieren reducen su esfuerzo y cosechan sus
oportunidades en cada momento. Se dice que...
Un rey quiso complacer a sus cortesanos más leales y anunció que cada uno vería
cumplidos sus deseos. Unos pedían honores y poderes, otros fortuna. Pero uno de ellos
dijo: “Mi deseo es poder hablar con el rey tres veces al día”.
Tres es el número de veces que los judíos rezan al día (mañana, tarde y noche), y el rey
con quien buscan audiencia es la deidad misma. Para esta persona que sabía qué pedir, se
abrieron muchas puertas.
Así que sepa lo que quiere. El gran secreto es que, si sabes pedir realmente lo que debes
pedir, si te afinas hasta el punto de poder distinguir en qué dirección te gustaría
dirigir tus esfuerzos en el mercado, tu petición será respondido cuando se formula.
Ésta es la magia más increíble que conocen los sabios: si la pides correctamente,
exactamente, ya la habrás obtenido gracias a esta definición. Lo opuesto también es
cierto. Besht dijo:
Cuando una persona ora sólo por beneficios materiales (minimizando sus propias
expectativas), sus súplicas y esfuerzos son en vano. Esto se debe a que se forma una
cortina material entre Di-s y la persona, ya que la materia ha sido llevada al dominio
del espíritu. Por lo tanto, no recibirás ninguna devolución.
Quien no sepa definir qué quiere, qué tipo de riqueza tiene tantas expectativas,
terminará perdiendo el tiempo. Esto es típico de quienes conocen los precios, pero
desconocen los valores. Terminan pagando mucho por cosas de poco valor y haciendo
ofertas ridículas para conseguir otras. Sin embargo, si supieran el valor de estos, si
pudieran verlo, sufrirían por las oportunidades constantemente desperdiciadas para
obtenerlos. Quienes no saben lo que quieren no pueden invertir, y el mercado, en lugar
de representar un sustento, les quitará tiempo y vitalidad.
El que sabe lo que quiere se sostiene a sí mismo muy fácilmente. Esta otra historia
sobre Besht no deja dudas:
Antes de convertirse en una figura conocida, Besht una vez se quedó sin dinero para la
cena de Shabat. La noche anterior había ido a la casa de una persona rica, llamó a la
puerta y se fue. La persona se levantó de la cama, corrió vestida y fue tras Besht.
Cuando logró alcanzarlo, al ver su ropa hecha jirones, observó: “Si viniste a pedirme
ayuda, ¿por qué te fuiste?”.
El Besht respondió: “Cuando un ser humano nace, su sustento nace con él. Son vuestras
imperfecciones las que hacen que vuestro sustento sea retenido y que no aparezca ante
vosotros, a pesar de vuestros esfuerzos. Dado que la imperfección de cada persona
tiene una escala diferente, la cantidad de esfuerzo que deben ejercer también es
diferente. Creo que mi vida, alejada de las cosas mundanas y materiales, me permite
asegurarme el sustento fácilmente, por eso llamé a tu puerta. Después de hacer este
esfuerzo, tuve la confianza de que Di-s me permitiría el sustento, y para mí no hay la
menor diferencia si proviene de ti o de cualquier otra persona”.
Aunque un tanto extrema, esta historia es consistente con la figura del propio Besht.
Como si estuviera en el límite entre el hombre y el santo, como si fuera una “pequeña
diferencia entre el santo”, el Besht necesita lo mínimo para su sustento: el deseo de
tener. El “santo” o el “tzadik ideal” está más allá del sustento. De hecho, son su propio
sustento. Cuanto más cerca estemos de volvernos útiles y ecológicamente funcionales
en todos los mundos, más cerca estaremos de volvernos autosuficientes. En un proceso
de “autosuficiencia” en las relaciones sociales, todo nos llega en la medida y en el
momento justo. Conviene recordar una vez más que no se trata de una postura pasiva
del tipo “sé bueno y todo estará garantizado”. El “bien” se realiza en el mercado, con
otras personas, seres vivos y cosas. Por tanto, armonizaos (santificaos), y todo
empezará a encajar, habrá orden hasta que sea necesaria otra armonía.
Es importante comprender que esto no es una banalización de la fe, sino una
observación de todos los individuos en muchos momentos de sus vidas. La felicidad es
hacernos, convertirse en nuestro sustento. Y todos hemos experimentado esto. Esto es
lo que los místicos llaman la Gran Inmersión en el UNO, o d'vekut. Lo que es sustento
es salud, supervivencia, patrimonio del Universo y conecta con todo y con todos.
En estos instantes lejanos, que se nos escapan, vienen y huyen, experimentamos la rueda
del carruaje. Ellos vienen y nosotros subimos, ellos huyen y nosotros bajamos. Sin
embargo, es en la certeza, o la fe, de la subida que la experiencia del descenso se hace
también de vida. Bajar es una condición humana que nos permite subir. Gran parte del
sustento humano se obtiene de su nostalgia, del recuerdo de sus “ascensos y descensos”.
Tu esperanza es comprender que el sustento es cíclico, ya que todos los mundos
interactúan. Su desesperación, en cambio, es percibir linealidad en el ascenso y la caída.
Querer volver a la cima mediante el giro opuesto de la rueda de la vida es,
físicamente, permanecer más tiempo en el camino descendente.
Para el rabino Najman, las personas desesperadas que no pueden tocar fondo son
precisamente aquellas que resisten el descenso y, en sus pequeñas victorias de ascensión
en la caída misma, establecen caídas interminables. ¡Por estos o por la parte de cada
uno de nosotros que se comporta así, que tenga compasión!
Así es el mundo de Assiá. ¿Por qué caes en esta dimensión? Porque el descenso es parte del
ascenso: Ieridá tsorech aliá hi!
Loterías y milagros en el sustento.
ohSe presenta de vez en cuando, para unos más que para otros, situaciones en las que
es fácil ganarse la vida. Es el caso de las loterías, las herencias y los milagros en el
sustento. Son parte del proceso de armonización constante del mercado. Sin embargo,
debemos tomarlos con precaución. No porque signifiquen la parte superior de la rueda
y el comienzo de la fase descendente, ya que esto no es mecánico, lo que significa que a
la ganancia siempre le sigue la pérdida. Tampoco porque se refieran necesariamente a
dinero que no es real y que puede no haber sido gravado correctamente como pasivo.
El peligro está en la forma en que entendemos estos logros. La forma en que los
entendamos será decisiva para que se establezcan o no procesos de empobrecimiento en
otros mundos. Siempre que ocurre un movimiento extremo en cualquiera de las
dimensiones del sustento, debemos comprobar si las puertas de las interconexiones de
los diferentes mundos están equilibradas.
Prestemos atención a esta historia del Talmud (Shabat 53b) sobre los milagros:
Los rabinos enseñaron: Una vez un hombre perdió a su esposa mientras daba a luz a un
hijo. El niño necesitaba ser amamantado, pero su padre ni siquiera tenía dinero para
pagarle a una nodriza. Por eso recibió un milagro: su pecho se abrió y floreció como
dos senos de mujer, y amamantó a su hijo. El rabino Yosef observó: “¡Ven y mira cuán
grande es este hombre, porque se le ha concedido un milagro de esta naturaleza!”
Abaie le dijo: “Todo lo contrario, amigo. Qué triste es la historia de este hombre, para
quien hubo que cambiar el orden de la Creación”.
El rabino Abaie vio más allá. Feliz aquel que cuenta con el mercado, con el orden ya
establecido por Él. Porque ninguna salud es como la salud de funcionar como
deberíamos, ningún sustento es como el sustento que está presente en las medidas
adecuadas. Nuestro nicho ecológico contiene posibilidades de mercado, y éste es el
milagro que hay que reconocer. En esta comprensión reside la posibilidad de ampliar
la solidaridad y la interacción. La mágica expectativa de milagros y fácil sustento es
para los desafortunados que no pueden participar del mayor de los milagros: la vida
cotidiana. O, como dijo el rabino Elazar:
La salvación y el sustento son análogos... así como la salvación involucra maravillas,
el sustento también involucra maravillas; Así como el sustento ocurre diariamente,
la salvación también ocurre diariamente. Rabí Shmuel bar Najman dijo: “¡El sustento es
mayor que la salvación! Porque acerca de la salvación está escrito: 'El ángel os
salvará de todo mal' (Gén. 48:16); y sobre el sustento está escrito: 'Tú (Di-s) abres tu
mano y sacias a todo ser viviente' (Salmo 145:16)”. Un “simple” ángel actúa en salvación;
en sustento, Dios mismo.
La forma en que “teologizamos” nuestras vidas, o la forma en que construimos
nuestra comprensión en torno a lo que nos sucede, es fundamental para nuestro
bienestar en este mundo de mercado. Ya hemos dicho que el arrogante, el que lee su
momento de ascensión en la rueda de la vida como si derivara de puro mérito, es el
mismo personaje que muestra infelicidad y desesperación en los momentos de descenso.
Una ganancia en el mundo de Assiá que de repente nos enriquece puede reverberar en
mundos más sutiles de sustento, mundos que producen depresión, apatía y pulsiones de
muerte.
La mayor seguridad que puede tener un ser humano es la confianza en el milagro
constante del sustento. La lotería y el milagro del sustento son buenos y deben verse
desde la perspectiva del sustento mismo. Desdichado aquel que espera el milagro, cuya
esperanza está en la desorganización del orden natural de la Creación para
satisfacerlo; de los que no confían en el sustento. Este acaba siendo el especulador, el
consumista, el depredador y el antiecológico. Si no notáis que un desafortunado se
aferra desesperadamente a no completar su ciclo de descenso, tal vez, aunque esto sea
posible (¡si Él/ella no lo permite!), podrá detener la rueda de la vida.
Empresas y contratos
YENCONTRAR SOCIOS O SOCIOS en la dimensión Assiá es una tarea de lo más difícil. La
mayoría de las veces, las sociedades cometen dos errores comunes en su deseo de
enriquecerse. El primero es no saber qué pedir. O mejor dicho, los “socios” no tienen los
mismos objetivos contenidos en el deseo de sustento. Como hemos visto, enriquecerse es
un proceso que requiere sensibilidad para no congestionar las distintas dimensiones de
la riqueza. A menudo, los socios no saben cómo expresar sus expectativas de
enriquecimiento. Por lo tanto, el buen socio sería el que más se acerque a las
expectativas de enriquecimiento del otro en varios mundos.
El segundo problema se refiere a los contratos. Nadie puede ser rico, por definición, sin
conocer el arte de celebrar contratos correctos.
El Rabino de Apt nos cuenta una interesante historia sobre cómo encontrar la pareja
ideal:
Una vez me quedé en una casa de huéspedes y noté que el dueño tenía dos cajas para
guardar dinero. Todo el dinero que ganaba lo dividía en partes iguales entre los dos
receptáculos. Sentí curiosidad por el significado de esto y, revelando mi identidad,
indagué sobre el asunto. A lo que él respondió: “No hace mucho perdí todo el dinero
que había ahorrado durante mi vida en una aventura y estuve a punto de perder mi
pensión. Entonces mi esposa me aconsejó que buscara pareja y fui a la ciudad a buscarla.
Al pasar por el bosque, se me ocurrió pedirle al Eterno que se asociara conmigo y le
prometí dedicar su mitad de las ganancias a la caridad. Oré por unos momentos y
encontré algo de dinero en el suelo en el camino. Lo tomé como una señal de nuestro
acuerdo y desde entonces he cumplido estrictamente nuestro contrato verbal”. En ese
momento, alabé la sencilla confianza que depositó en Di-s y pronuncié una bendición
sobre él.
Y esto no es mala idea: antes de asociarse, asumir que existe una asociación previa que
debe ser trabajada. Depender estrictamente de esta asociación es un elemento muy
saludable, sin duda, para el mantenimiento de las asociaciones a nivel de Assiá.
En cuanto a los contratos, debemos tener verdadera pasión por ellos. Normalmente,
traemos una concepción romántica e ingenua a nuestras relaciones comerciales,
considerando vergonzoso o irrespetuoso querer entrar en detalles en acuerdos
escritos o en aclaraciones ante testigos. Todo lo contrario, ésta es la mayor
demostración de respeto que puede existir. Ya hemos mencionado que actuar de otra
manera es como “ponerle un obstáculo a un ciego”. Los matrimonios no se romperían,
las familias no pelearían y las sociedades no se romperían si no fuera por contratos
descuidados. Por tanto, para los rabinos los contratos eran sagrados. Lo que aquí está
escrito resuena allí. Entonces, ¿no es así? ¿Y no llegarán allí la vitalidad y el tiempo
desperdiciados, el dolor, la desesperanza y la desconfianza generados por los malos
contratos? Si con una parte de tu tiempo Di-s hace escaleras, con la otra parte crea
contratos perfectos. ¡Ah... si este universo no está conforme a un gran y maravilloso
contrato! Lo llamamos Torá.
El mayor enemigo de los contratos es nuestra falsa “moralidad” en relación con la
confianza y solidaridad que se espera que exista entre un individuo y otro. La persona
justa es, ante todo, la que conoce los límites de la solidaridad y luego puede firmar
contratos. Berdichever siempre realizó una prueba, a modo de prueba del nueve, para
advertir de estos peligros:
Un día, el carnicero de la ciudad se acercó a Berdichever: “¿Eres un shochet [matador
ritual]?”, le preguntó. "Necesito un shochet y no puedo esperar a ver lo que sucede
aquí cada semana".
Berdichever respondió afirmativamente. El carnicero le prometió un pago adicional si
el trabajo se hacía rápidamente. Sin embargo, el Berdichever continuó: “Hago esto con
la condición de que me prestes veinte talentos, que te prometo devolverte
rápidamente”.
“¡No!”, dijo el carnicero. “¡No puedo prestarle dinero a alguien que ni siquiera
conozco!”
"Acabas de revelarte como una persona que puede causar muchos problemas", dijo el
rabino. “Te niegas a confiarme dinero porque no me conoces y, al mismo tiempo, estás
dispuesto a contratarme, asumiendo que soy un shojet, sin pedirme ninguna credencial.
¿Cómo sabes que no soy un hombre sin escrúpulos? El carnicero se dio cuenta de lo que
estaba haciendo.
Para que haya calidad y confianza, muchas veces debemos utilizar el test de
Berdichever. Podemos crear situaciones en las que la confianza es ciega, como prestar
dinero a alguien que no conocemos. Sin embargo, también podemos, por respeto a ambas
partes de una asociación, dedicarnos al arte de crear contratos, como nuestro
Creador, cuya imagen y semejanza somos y a quien debemos imitar. Si Su tiempo está
dedicado a los contratos, el nuestro también debería serlo. Haga “contratos” claros
para todo y para todos, sin ser nunca descuidado. De lo contrario, todas las
sociedades de por vida serán posibles situaciones de sociedad disuelta.
DIGRESIÓN SOBRE POSIBLES SITUACIONES CONTRACTUALES
¿Cuándo estamos involucrados con alguien o alguna situación?
Podría ocurrir que estemos pasando por una calle un domingo tranquilo y seamos
testigos de un accidente. De repente nos encontramos involucrados y obligados a
detenernos. Ayudamos a la gente con todo el horror que supone nuestro día de
descanso, vamos a un hospital, y la pérdida de tiempo, dinero y placer puede ser
bastante considerable. ¿Por qué? ¿Por qué fuimos nosotros quienes presenciamos el
accidente y no alguien más que al tomar la calle paralela no interactuó con esta
situación y no se vio involucrado en ella?
Los rabinos recurren a otro caso clásico: encontrar una cartera en la calle. Este
dinero no es suyo, ni siquiera si solo hay efectivo en esta billetera y no hay forma de
identificar a su dueño. En este caso, usted se hace responsable de conservar este dinero
y de buscar a su dueño en todos los sentidos. ¿Por qué? ¿Por qué deberías hacer esto? ¿Y si
no hubiera visto la billetera? Entonces no existiría tal obligación. Pero la viste y te
involucraste. Participó, se involucró. Estuvo junto, se involucró. La implicación es
repentina, ocurre instantáneamente y no hay forma de salir de ella. Quien interactúa
elige no ser nada, tonto, perverso o justo.
¿Qué es entonces la participación? Es una regla de vida. Vivir es estar en “situaciones”
de la vida. Todos pasamos de una situación de la vida a otra constantemente. Las que
llamamos oportunidades nos llenan de buenos sentimientos; aquellos que
consideramos incidentes queremos negarlos y rechazarlos. Sin embargo, en ambas
situaciones, sólo ocurre una cosa: entras en interacción. Entonces surge la necesidad
de definir contratos entre tú y tu conciencia. El mejor contrato es el del justo, que
disfruta de la situación de la vida de la manera correcta: honrando quién es y los
límites de quién es.
No hay salida a una interacción, sólo la muerte. La persona suicida es aquella que se
encuentra desesperada ante las cuatro posibilidades de interacción y opta por
abandonar la situación de interacción. Algunos, entre ellos los rabinos, opinan que
aun así no se deshace de las cuatro opciones.
Deudas
oh¿QUÉ SON LAS DEUDAS? ¿Qué tipo de interacción es esta?
Intentemos diferenciar la deuda del “robo por retención”, que hemos visto
anteriormente. En ese caso, se trataba de la retención deliberada de algo que
pertenecía a otra persona y que podía pagar. Aquí abordamos la imposibilidad de
regresar. Sin embargo, esta incapacidad, según los rabinos, no se da sólo en la dimensión
real y material.
Un hombre vino a quejarse al rabino de Porissov de que estaba ahogado por las deudas.
El rabino respondió: “De cada centavo que recibas como ganancia, reserva una parte
para pagar tus deudas. Cuando quede claro en los cielos que realmente deseas pagar
tus deudas, recibirás ayuda de los cielos para lograrlo”.
El rabino, de manera perspicaz, deja claro que la deuda, o mejor dicho, ahogarse en
deuda, es producto de una interacción muy sutil, muy profunda y oculta, de no
querer pagar las deudas. Si el deudor se esfuerza en convertir en hábito su intención
de pagar las deudas, las paga.
Lo mismo puede aplicarse a quienes prestan mucho que a quienes sufren el “mal de la
deuda”. En este mundo de conexiones, sería justo ayudar al deudor no prestando. Un
viejo chiste sobre los judíos revela, a pesar de su contenido jocoso y prejuicioso, una
importante realidad del mercado en materia de deuda:
Isaac le debía dinero a Jacob, que era su vecino. Toda la noche, antes de pagar la deuda,
Isaac rodó de un lado a otro de la cama, sin dejar dormir a su esposa. Ella, en cierto
momento, se sentó en la cama y dijo enojada: “¿Qué pasa, Isaac?” Él respondió: “Mañana
tengo que pagarle una deuda enorme a Jacob y no tengo el dinero”. La mujer, ya
molesta, no lo pensó dos veces. Se acercó a la ventana y gritó: “Jacob, mi marido Isaac te
debe dinero para pagar mañana y no tiene cómo hacerlo. No podía dormir y ya hizo su
parte; ¡Ahora te toca a ti no poder dormir!
Este mundo es una red gigantesca. Cuando nos endeudamos demasiado es porque
estamos siendo financiados por personas que son incompetentes en el arte de producir
contratos, o por personas maliciosas que alientan el endeudamiento compulsivo. Los
países del Tercer Mundo aprendieron esto de los países industrializados, a los que
debían grandes sumas de dinero. El mercado es tal que cada vez que la deuda se vuelve
imposible de pagar, simplemente hay que recordarle al acreedor que está a punto de
perderlo todo. La deuda nos despierta a la interconexión de todo y de todos.
Encontramos en la Ética de los Ancestros (3:20):
Todo está prometido y la red está tendida sobre todos los vivientes. La tienda está
abierta y el comerciante está esperando. El libro de cuentas está abierto y la mano lo
escribe. Cualquiera que quiera préstamos puede venir y tomarlos, pero los cobradores
andan haciendo sus pagos todos los días, lo quiera el hombre o no. Tienen algo en qué
apoyarse.
“Tener algo en qué confiar” significa garantías tanto para el prestamista como para el
prestatario. Y confiamos en que la tienda permanecerá abierta, preservando la
posibilidad de cambios y pagos de deudas. Ésta es la única manera de sustento y
enriquecimiento.
Préstamos e intereses
YESTE MUNDO DONDE VIVIMOS es el mundo de los préstamos. La vida misma está hecha
de “capital” prestado de nuestros padres, y ellos están hechos de material
“intergeneracional”. Los préstamos son actos de generosidad que encontramos al
nacer y que hacen posible la existencia y la supervivencia. Es precisamente este acto de
afecto el que buscamos imitar en el mercado para dotarlo de la misma vitalidad que
presenciamos en nuestra experiencia vital. En Éxodo Raba encontramos:
Observe cómo a lo largo de la Creación uno toma prestado de otro:
El día toma prestado de la noche, y la noche del día...
La luna toma prestado de las estrellas, y las estrellas de la luna...
La sapiencia toma prestado de la comprensión, y la comprensión de la sapiencia...
Los cielos toman prestado de la tierra, y la tierra de los cielos...
Lo mismo ocurre con los humanos, con la única diferencia: todos los demás prestan sin
acabar ante los tribunales.
El préstamo es visto en la tradición judía como una forma de “rectitud” (tzedaká).
Mediante el endeudamiento, y sólo mediante el endeudamiento, se puede combatir la
verdadera pobreza. De la misma manera que se grava el excedente de producción para
ayudar a combatir el empobrecimiento del mundo, también debería hacerlo el
excedente de capital. Por eso la Biblia especifica: “Si prestas dinero a los pobres de mi
pueblo, no actúes para con ellos como acreedor; no les cobres intereses”.
Durante siglos de miseria y persecución, los judíos tuvieron un fuerte aliado para su
supervivencia y sustento en el sistema de préstamos, que a menudo tomaba la forma de
instituciones o sociedades de préstamos sin intereses. El préstamo como tzedaká tenía
muchas ventajas para el mercado. El primero de ellos se refería al compromiso
asumido no sólo por quienes se gravaban al prestar, sino también por quienes, al
endeudarse, quedaban bajo la obligación de devolver el préstamo. Hubo un estímulo de
la deuda que fue favorable al enriquecimiento del mundo. El segundo hizo posible la
tzedaká sin la presencia de su enemigo número uno: la vergüenza y la humillación.
Para la tradición judía, la humillación es el único dolor no físico comparable a la
miseria. En el Sefer Ha-chassidim (Libro de los piadosos), un tratado de ética del siglo
XIII, se relata una situación como ésta:
Rubén era un hombre honesto que le pidió un préstamo a Simón. Sin dudarlo, Simon hizo
el préstamo y dijo: “En realidad, te lo doy como regalo”.
Rubén estaba tan avergonzado que nunca volvió a pedirle préstamos a Simón. En este
caso, claramente, hubiera sido mejor prestar que dar.
El versículo bíblico citado plantea varias preguntas y problemas para el mercado y
los préstamos. En primer lugar, en “no actuar como acreedor”, se podría leer la
imposibilidad de cobrar el préstamo, una vez vencido el plazo estipulado y no
existiendo medios para pagar.
Los rabinos también son muy cuidadosos con esto. El acto de tzedaká no debe
confundirse con el acto de g'milut jasadim (beneficio o compasión). Estos mundos nunca
deben confundirse. La justicia y la misericordia son dimensiones muy diferentes, y el
equilibrio del mundo y del mercado depende de su separación. Por un lado Din
(justicia) y por el otro Jessed (compasión). Generalmente este es error del tonto, que
confunde ambos conceptos, o del que “convierte algo en nada”. No saber distinguir Din
de Chessed es lo que hace que este mundo sea caótico y, como actitud, se asemeja, a
pesar de estar en polos opuestos, a la corrupción y el soborno.
Alguien que presta puede incluso dar el paso de condonar una deuda, pero esto se hace
como un momento separado e independiente del préstamo. Puede ser, por tanto, un acto
de g'milut jasadim (compasión), pero nunca un acto de tzedaká que, como tzedaká, viene
a realizarse, obligatoriamente, como g'milut jasadim.
Este es un concepto importante: la justicia y la compasión siempre trabajan juntas,
pero son y deben ser autónomas. Cuando la compasión se instala en la justicia o la
justicia en la compasión, el mercado se debilita, y este dispositivo puede aniquilar una
especie por severidad y rigidez o por falta de criterio y ligereza. Feliz el individuo y la
sociedad en los que hay armonía entre su justicia y su compasión. Al fin y al cabo,
juntos son un disparate, ya que uno reside en el espacio de los ojos cerrados y el otro
en el de los ojos abiertos. No puedes tenerlos abiertos y cerrados al mismo tiempo. Pero
la visión, la visión que ve, está hecha de luz y de su reposo.
Otro peligro vendría de la creencia de que el mercado no soporta ningún tipo de
interés. Esto sería completamente contrario a las prácticas del mercado moderno,
que no buscan prohibir las tasas de interés, sino reducirlas a los niveles más bajos (o
más reales) posibles.
De hecho, el interés se basa en el reembolso de dos posibles tipos de pérdidas que pueden
ocurrir en el préstamo. La primera se refiere al tiempo que el dinero permanece en
préstamo. El prestamista no puede utilizar esta cantidad mientras dure el préstamo.
Así, como en el caso de alguien a quien le retienen el salario, no puede utilizarlo. Su
compensación sería por la pérdida de libertad para adquirir o invertir su dinero. El
segundo es un elemento de riesgo que asume el prestamista: que su dinero no será
devuelto en caso de quiebra total de la empresa en la que el prestatario invierte el
dinero. Así funciona el mercado financiero: cuanto más caliente está un mercado,
mayor es la capacidad del dinero para generar más dinero; o cuanto mayor sea el
riesgo de un préstamo, mayores serán los tipos de interés del mercado (compensación
por renunciar al capital activo). Y esto parece justo, al menos desde un punto de vista
pragmático.
Los rabinos estarían de acuerdo en secreto con esto. Sin embargo, como cualquier
individuo o institución reguladora del mercado en nuestros días, su tarea era reducir
o, cuando fuera posible, eliminar los intereses. Hay varias justificaciones para luchar
contra las tasas de interés.
El interés es comparable, como explicó Rashi, el comentarista francés medieval, a
neshej (un bocado). Según él, una mordedura de serpiente al principio es simplemente
incómoda, pero luego se convierte en sufrimiento y gravedad. Asimismo, el interés
resulta inicialmente incómodo y, con el tiempo, se convierte en un veneno mortal para
la economía de un individuo o institución.
La capacidad de las tasas de interés para volverse irreales es grande y, de esta manera,
producirían dinero irreal, en mayores cantidades de las que el dinero mismo podría
generar si se invirtiera en el mercado. Esto constituiría un robo, que en muchos
mercados toma el nombre colectivo de inflación. La inflación es la explosión de
innumerables pequeños robos y el comienzo de una desconfianza generalizada dentro
de un mercado.
Es importante señalar, como explica Meir Tamari,[4]que los rabinos no compartían la
postura cristiana de que el dinero no podía crear riqueza, como sí podían hacerlo los
árboles, el ganado o la tierra. Para ellos el dinero era parte de la increíble
maravilla del mercado y para tener valor real podía ser productor de riqueza,
siempre que fuera real. De hecho, el dinero no podría dictar el ritmo de
enriquecimiento, pero sí podría seguir las tasas de enriquecimiento del mercado. En
otras palabras, el dinero podría producir riqueza igual a la riqueza promedio
obtenida por los árboles, el ganado, la tierra y otros sectores que una economía
considera productores de riqueza.
Al mismo tiempo, los rabinos también dejaron claro que los préstamos sin intereses son
parte de la responsabilidad de cualquier sociedad. Como la distribución de estos
fondos seguiría los criterios de esta misma sociedad, la sociedad de rabinos consideraba
a todos los judíos según sus criterios. Por lo tanto, prohibieron los préstamos con
intereses de un judío a otro judío. Esto, que podría entenderse a grandes rasgos como
un acto discriminatorio, era un criterio de un grupo aislado, a menudo perseguido por
la sociedad en la que se encontraba. Durante mucho tiempo, esta persecución hizo
imposible el acceso a los medios que la propia Iglesia consideraba agentes productores
de riqueza: árboles, ganado y tierras.
Todo mercado debe distribuir recursos sin expectativas de interés real a aquellos que
considera cuidadosamente capaces de aliviar la miseria y, en el mediano y largo plazo,
contribuir a niveles crecientes de enriquecimiento.
4. Con todas tus posesiones, pág. 94.
Negocios reales – heter iska
tESTA ABSTRACCIÓN es muy interesante, pero cuando se trata de la realidad,
particularmente del mercado, las situaciones son más complejas. Los agentes del
mercado, los negociadores, se convierten en virus del enriquecimiento sólo en la
dimensión material, y contenerlos es una tarea a menudo imposible. Toda la astucia
aplicada para promover una economía real se enfrenta a una astucia igual para
transformar cualquier riqueza en riqueza de esta dimensión, riqueza inmediata.
Durante siglos, rabinos y empresarios lucharon por quién tenía más perspicacia para
controlar el mercado.
Precisamente porque el interés, disfrazado de las más variadas maneras, siempre había
servido como el truco más eficaz de los empresarios, los rabinos cerraron filas contra
ellos. Lo hicieron a pesar de ser conscientes de la importancia de los tipos de interés
reales para un mercado. Para ello, los rabinos exigieron que las operaciones de
préstamo con intereses se transformaran en otro tipo de operación: la sociedad de
inversión (heter iska).
Mediante un mecanismo contractual, la persona que prestaba dinero se convertía en
socio inversor de la que pedía prestado. Por tanto, compartió los éxitos y fracasos de
las aventuras financieras, pudiendo, de su capital, recaudar beneficios, aparentemente
intereses. Con este procedimiento, los rabinos promovieron el contacto directo entre
el prestamista y la realidad del mercado. De hecho, era como si el propio proveedor
de capital invirtiera en el mercado. De esta manera, los rabinos transformaron a
posibles intermediarios o intermediarios financieros en verdaderos inversores. El
mercado podría entonces suministrar, según enriquecimientos o éxitos reales, la
medida correcta de producción de riqueza real que el capital podría obtener.
En realidad, nuestro interés no está tanto en las minucias y detalles de estos
mecanismos, sino en el deseo de los rabinos de no permitir la existencia de mercados
paralelos al gran mercado. Frente a una especie de idolatría que ve muchos mercados
posibles de “palo y piedra”, los rabinos saludaron con fe hacia el mercado único, que
era real y que contemplaba el enriquecimiento en todos sus niveles y consecuencias.
Los mundos de la riqueza se fusionan en un mercado único, percepción que, en la gran
mayoría de los casos, los empresarios, de manera pagana, tienden a rechazar.
Precios y ganancias
ohOTRA FORMA DE DESESTABILIZACIÓN DEL MERCADO son los desequilibrios entre
la oferta y la demanda. En la Biblia (Levítico 25:14), encontramos: “Cuando vendas a tu
prójimo o cuando le compres, no uno debe oprimir [ona'á] al otro”.
Independientemente de los precios reales que tenga cada producto en el mercado,
incluidos costes extra como transporte, almacenamiento, etc., encontramos
fluctuaciones de un comerciante a otro. Para los rabinos, si esta fluctuación
superaba 1/6 del valor de mercado del producto, éste sería catalogado como ona'á
(opresión). En este caso, la transacción podrá deshacerse con el plazo necesario para
que el producto sea evaluado por un perito. Una vez más, la preocupación de este
“código de protección al consumidor” de 1.500 años de antigüedad era impedir la
especulación y la creación de riqueza irreal. Sin embargo, ona'á sólo era aplicable en
casos de mala fe:
Cualquiera que compre y venda sin mala fe no puede ser acusado de ona'á. Si el
vendedor le dice al comprador: “Este artículo que te vendo por doscientos se vende en
el mercado por cien”, y el comprador aun así decide comprar, entonces no hay ona'á.
(Mishné Torá, HM, 13:4)
Este es el caso en el que, al declarar públicamente por qué estás vendiendo tu
artículo por encima del valor de mercado, no se registra ona'á. Sin embargo, este
valor discrepante debe explicarse en base a costos adicionales que el producto pueda
tener incorporados a su precio, ya sea por rareza o calidad. Un límite a esta
declaración que exime al vendedor se impone por situaciones en las que el valor se
exagera según las necesidades del consumidor. Por lo tanto, ona'á vuelve a existir. En
el Talmud se analiza un caso clásico. Supongamos que un fugitivo tiene que cruzar un
río y el barquero, conociendo su condición, cobra mucho más que el precio normal. Al
no tener otra alternativa, el fugitivo paga. Aunque haya sido advertido por el
barquero que ese no era el precio común y a pesar de haberlo acordado, el prófugo
tiene derecho a reclamar, y se le debe devolver la diferencia, ya que se trata de un
caso de ona'á (opresión). En otras palabras, en momentos de desesperación (sha'at
ha-d'chak), porque no hay alternativa, los precios pierden su capacidad de
representar un gesheft (una transacción real). Esta situación es bastante diferente de
aquella en la que, ante la posibilidad, el comprador prefiere comprar un producto
más caro que le gusta especialmente porque confía en la calidad o en la garantía que
ofrece un determinado vendedor.
Desde otra perspectiva, los rabinos no están interesados en controlar el mercado y no
tienen problemas en aceptar pagos por encima del valor de mercado, siempre que, en
interés de un posible comprador, resulte ser dinero poco realista. Este interés especial
está incluido, por abstracto que sea, en el mercado. Lo que temen los rabinos es la
mala fe, la explotación o incluso la especulación. Esperan que las transacciones
ocurran de valor real a valor real. Tanto es así que lo que llamamos dinero real lo
llamaron chaiei nefesh, que literalmente contiene vitalidad del alma. Este valor o
dinero formaba parte del enorme caldero de intercambios e interacciones del universo
que permite la vida.
Ona'átambién se aplicaría a un comerciante que vendiera por error su producto por
debajo del valor de mercado. En este caso, por ejemplo, los rabinos no limitaron el
tiempo para darse cuenta del error sólo al necesario para encontrar un experto.
Como el vendedor ya no era propietario del producto, tenía derecho a tiempo
ilimitado para demostrar que había sufrido ona'á.
Para los rabinos, el elemento más importante para garantizar la posibilidad de
realizar transacciones reales con chaiei nefesh (dinero vitalicio) es el acceso a la
información. Siempre que ambas partes involucradas en un gesheft tengan acceso a
información sobre el mercado, su decisión será relevante para el mercado y datos
reales para definir el mercado mismo. Al fin y al cabo, si tenemos en cuenta que el
consumidor ideal imaginado por los rabinos es aquel que conoce los valores en
diferentes dimensiones, ¿quién mejor para regular los precios?
En busca del precio real – Dinero y precios negativos
AADEMÁS DE LA RELACIÓN DEMANDA/OFERTA, hay otro elemento a considerar en la
búsqueda del precio justo. La búsqueda de un precio justo es una tarea sagrada que
involucra enteramente a los sabios y a los justos. Por lo tanto, los rabinos impusieron
el siguiente control adicional de precios: assagat g'vul (tomar posesión de los límites,
invadir el éxito de otro). Este concepto se deriva de la prescripción bíblica
(Deuteronomio 19:14) contra la eliminación de la demarcación de una tierra ajena para
ampliar la propia. En otras palabras, la Torá no considera que este acto esté
contenido únicamente en el concepto de robo, sino que implica, además del acto de
tomar algo incorrectamente, la invasión del sustento de otra persona. La tierra que
el verdadero propietario dejaba sin cultivar representaba un costo de pérdida
adicional junto con el valor real de la tierra. En este sentido, la Biblia reconoce en la
tierra un bien de diferente orden que se produce por sí solo e interfiere con la
prosperidad de manera más compleja que otros bienes.
Este concepto, por tanto, expresaría que los precios conllevan no sólo el valor de
algo, sino su responsabilidad en costes para el mercado. Imaginemos, por ejemplo, un
producto que, al fabricarse, provoca la contaminación de los ríos. Si a su coste de
producción se le sumara el coste que este producto ocasiona al medio ambiente, como
la limpieza de ríos, su precio se acercaría más al real. Estaríamos así computando los
precios negativos, o precios sombra, que trae consigo cada producto. También
estaríamos penalizando en costos el acto de assagat g'vul que se comete al producir
tal producto. Alguien que no utilice el producto o no lo necesite no sufrirá pérdidas
en su entorno. El precio pagado por el producto incluiría el coste de limpieza que la
industria que fabrica el producto tendría que repercutir para compensar la “invasión
de tierras ajenas” (assagat g'vul).
Así, cada consumidor asumiría los costes en tantos mundos como pudiera ver. La
ganancia sería que todos, actuando de esta manera, aumentarían la intensidad de la
justicia, racionalizando y responsabilizando mejor los precios del mercado. En
principio, nada está prohibido al consumidor, siempre que asuma la plena
responsabilidad del coste de sus aventuras.
De alguna manera, esto lo logramos con los impuestos que pagamos a los órganos
organizadores de los espacios sociales y públicos. Los rabinos entendieron que cada
transacción debe asumir plena responsabilidad por sus consecuencias, y cuanto más se
transmitieran al individuo y no a las instituciones, mejor.
Los rabinos entendieron que la definición misma del mercado tiene que ver con esta
increíble interconexión de todo con todo, de todos con todos. Es imposible moverse
aquí sin perturbar allí y crear una nueva armonía. Y encontrar un precio justo es una
tarea que tiende a resultar imposible. Nuestro intento de encontrarlo requiere
tanta conciencia y sabiduría sobre las conexiones de este universo que el precio justo,
idílicamente justo, es en sí mismo la explicación de la razón de todo, incluida nuestra
vida. Después de todo, el precio cósmicamente exacto tendría que tener en cuenta y
priorizar todo en función de esta infinidad de correlaciones en el universo. El valor
de algo definido en relación con el gran mercado es un elemento con el que se podría
decodificar el universo mismo.
Por eso los rabinos recomiendan al tifrósh min ha-tsibur: no alejarse del colectivo (de
la sociedad o, yo diría, del mercado). Tal es la naturaleza de la vida, de los valores y
de lo que tiene sentido, que absolutamente nada tiene valor. El precio de algo sólo
puede existir en el mercado; Fuera de esto, no hay precio ni valor. Este es un mundo
donde la luz y la oscuridad no existen separadas una de otra, donde una define a la
otra. Un precio justo define algo en relación con todo lo demás. De alguna manera, un
precio o un valor son señales de vida y vitalidad. En los planetas donde exista alguna
forma de vida incipiente, habrá valores y precios. Los dilemas de bolsillo son en sí
mismos la confrontación de la vida con su definición, ya que la prioridad decidida
sobre el bolsillo expresa valores y comprensión de uno mismo. La suma de nuestras
decisiones de bolsillo establece relaciones que son reales, tan reales como cualquier
cosa puede serlo. Ésta es la realidad de lo que es: su precio. No de lo que podría ser o de
lo que quisiéramos que fuera, sino de lo que en ese momento recibió como relación de
precio con todo lo demás y se convirtió en valor.
Los precios extraen información de los mundos de la sutileza y la información oculta
que materializa la realidad. Es sabiendo buscar realmente toda la información que
los justos organizan su tiempo y establecen cómo quieren “pasarlo” en esta vida.
Cuanto mayor es la certeza de los valores, más correctos se vuelven los precios y más
significado se añade a la vida. Quienes conocen los precios viven sus vidas sin el
constante sentimiento de angustia que les provoca la duda de que hemos hecho malos
negocios con nuestras propias vidas.
Son pocos los que entienden que realizar aumentos de precios predatorios para el
mercado resulta en mucha confusión de valores y actos contra la vida (¡she-ló
lejaim!).
TRATAR CON LOS PRECIOS
Los rabinos nos enseñan cómo afrontar diariamente la enorme variedad de situaciones
de precios. Algunos ejemplos ponen en perspectiva la mentalidad rabínica:
El rabino Safra estaba rezando las oraciones de la mañana cuando un cliente se le
acercó interesado en comprar su burro. Como el rabino Safra se negó a interrumpir su
concentración, no respondió. El cliente interpretó su silencio como desaprobación del
precio ofrecido. Por eso elevó su oferta. Cuando el rabino todavía no respondió, elevó
su oferta aún más.
Cuando el rabino Safra concluyó sus oraciones, le dijo al cliente: “Decidí venderte mi
burro por el primer precio que mencionaste, pero no quise interrumpir mi oración
para hablar de negocios. Para que pueda adquirirlo al primer precio, no aceptaré las
ofertas más altas”.
De este modo, el rabino Safra puede ser consciente del precio justo, evitando la
tentación voraz de aprovecharse de una situación. Los buenos traders sólo se
aprovechan de una situación cuando se trata de una “situación real”. Cuando
representa sólo una ventaja temporal, cuyo costo es la pérdida de confianza y fe en el
mundo de los intercambios, puedes darte cuenta de que se trata de una “falsa
oportunidad”.
Al mismo tiempo, los rabinos consideraron que los actos de benevolencia para
cooperar en la búsqueda constante de precios justos debían estar muy bien diseñados
para que no resultaran contraproducentes. Sabían que el mercado no es lugar para la
ingenuidad:
El sabio Shmuel solía almacenar alimentos cuando su precio era bajo. Cuando los
precios subieron, vendió su comida a bajo precio a los pobres.
No pasó mucho tiempo antes de que le llegaran noticias de otros sabios pidiéndole que
detuviera este procedimiento. ¿Y cuál es la razón?
Su acumulación de existencias podría provocar por sí misma un aumento de los precios,
y una vez que los precios han subido, se mantienen altos.
Otra preocupación de los rabinos se refería al producto en sí. De la misma manera que
hoy los códigos de protección al consumidor exigen veracidad en relación a lo que se
anuncia sobre un producto, los rabinos no se cansaron de advertir sobre el tema de
pesos y medidas. En la propia Biblia, la recomendación de uniformidad en pesos y
medidas, así como, obviamente, honestidad en sus mediciones, se repite tanto en Levítico
como en Deuteronomio. En la Mishná (BB5:10), los rabinos explican:
Un gran distribuidor debe limpiar su balanza o medidor de medida cada treinta días, y
uno pequeño cada doce meses.
Raban Shimon ben Gamliel decía lo contrario: “Un dispensador pequeño debería
limpiarlo con más frecuencia, porque, por falta de uso, sus escamas tienden a volverse
más polvorientas o pegajosas y, por tanto, faltan fidelidad”.
Además, los propietarios de tiendas deben limpiar sus medidas dos veces por semana,
pulir sus pesas una vez por semana y limpiar sus platillos de báscula después de cada
medición.
Los rabinos sabían que esto también era un control difícil. A menudo se preguntaban si
debían advertir a la población sobre posibles estafas que se realizaban antiguamente.
El rabino Iojanan dijo:
Me cuesta hablar de medidas falsas y también me cuesta no hacerlo. Si entro en detalle
sobre el arte de medir, personas mal intencionadas pueden hacer uso de este
conocimiento; Al mismo tiempo, si no les dejamos claro que conocemos sus trucos y que
la población puede conocerlos, nos tomarán por tontos y seguirán con sus prácticas.
Rabí Shmuel comenta más tarde que Rabí Iojanan decidió revelar su conocimiento a
partir de un versículo de Oseas: “Los impíos quedarán atrapados en sus propias redes”.
La información sigue siendo la mayor defensa contra los “perversos” del mercado.
PRECIO Y CALIDAD DE VIDA – CONTAMINACIÓN DEL TIEMPO Y DE LA VIDA
Como hemos visto, se deben imponer precios negativos con la intención de
responsabilizar a cada producto de su verdadera relación con el mundo vivo. En
realidad, son los precios los que acaban imponiendo el nivel de calidad de vida de una
sociedad. Para que los precios sean gravados, es importante establecer criterios de
conexión entre un producto y las consecuencias de su producción. El ge'ri d'lei
(conexión directa) cubre tales criterios y permite relacionar las responsabilidades
con las actividades económicas.
En el Talmud, uno de los ejemplos utilizados sobre ge'ri d'lei está en el informe sobre
Papi Iona, quien logró ganar un caso contra los productores de aceite de sésamo cerca
de donde vivía, alegando que el método de producción generaba tanta vibración que
hizo temblar tu casa.
Otra causa sumamente ilustrativa es la planteada por el rabino Meir Abulafaia, en la
que personas de un barrio podrían impedir el funcionamiento de alguna actividad
económica que genere tráfico en los alrededores. La congestión del tráfico genera dos
problemas distintos: la contaminación acústica y la contaminación del tiempo. En este
caso, los rabinos observaron que la creación de “contaminación del tiempo”, es decir,
el retraso y la pérdida de tiempo que genera el tráfico para varios individuos, era la
razón más objetiva para imponer sanciones a la actividad responsable del problema.
En una sociedad, los individuos pueden decidir compartir gastos, asimilando los
precios, por ejemplo, del tráfico en la vía pública. Sin embargo, puede ser
responsabilidad de determinadas empresas incluir precios negativos en sus productos
para aliviar situaciones de congestión. Quizás algún producto costaría más para que
parte de su precio pudiera trasladarse a la construcción de alternativas de tránsito
que no generaran “contaminación de tiempo”. Una vez más, los impuestos sólo cubren el
costo monetario mínimo de crear tránsito. Cualquier individuo o institución que
creara niveles de “contaminación del tiempo” superiores a los compartidos por la
sociedad, y cuya responsabilidad de costos recayera en los impuestos, tendría que
soportar la carga.
Estos criterios de conexión son indispensables y deben cultivarse culturalmente. Al
menos, así deberían serlo para quienes se consideran parte de la inmensa multinacional
de los seres vivos.
Competencia
W.COMO HEMOS VISTO HASTA AHORA, los rabinos creyeron, durante los últimos
2.000 años, en una economía de mercado. Consideraban que la competencia honesta era
el arte muy sagrado de establecer los precios, el mercado, el sentido y la vida. En la
Mishná (BM4:12) encontramos:
El rabino Iehuda dijo: “Un vendedor no debe dar almendras a los niños [enviadas por sus
madres a comprar], ya que esto los anima a ir simplemente a sus tiendas, creando así
competencia desleal”.
Sin embargo, los reyes magos pensaron diferente y lo permitieron.
“Un vendedor tampoco debería crear ofertas por debajo del precio de mercado”.
Sin embargo, los sabios dijeron que si alguien actúa de esta manera, su nombre debe ser
recordado para siempre.
Los límites de la competencia se encuentran en varios de los conceptos ya mencionados
sobre no dañar mediante robo o assagat g'vul y en la preocupación constante por los
crecientes niveles de riqueza en el mundo. La postura de los rabinos al condenar las
prácticas monopolísticas también es firme. En el Talmud se menciona una familia
específica cuyo nombre debería borrarse de la memoria por haber guardado secretos,
impidiendo así la competencia honesta en sus áreas de producción.
La competencia es, en realidad, una de las prácticas de interacción del mercado. Si
quienes compiten no pierden la noción de que lo hacen para “competir” y que esta
palabra es también la raíz de “competencia”, ayuda a establecer un ecosistema esencial
para el mercado y el intercambio.
VII. AGENTES DE PARNASSA (SOSTENIMIENTO)
Maz'l(suerte)
"Puedes tener cualquier cosa, siempre y cuando no vaya en contra de la voluntad de Dios".
(Dictado en yiddish)
norteTRADICIÓN JUDÍA, el bissale maz'l (un poco de suerte) marca la diferencia.
“Una onza de suerte vale una libra de oro”, dice el refrán en yiddish. ¿Pero qué es la
suerte? Una tradición que enfatiza tanto la interconexión y la responsabilidad de
todo hacia todo no puede estar de acuerdo con un concepto que significa estar, por
casualidad, en el lugar correcto en el momento correcto. Sería admitir elementos
caóticos y aleatorios que, si por un lado parecen explicar gran parte del mundo en su
dimensión más comprensible al intelecto, por otro rompen con la posibilidad de la
ashgacha (supervisión cósmica). Al fin y al cabo, ¿alguien concede suerte o es producto
del azar?
En la tradición judía, maz'l, traducido como suerte, tiene en su origen hebreo el
significado de “destino”. Y el destino, según el Talmud, “todo está en manos de Di-s,
excepto la reverencia a Di-s”. Esta es toda la apertura o todo el espacio al que se
limitan el libre albedrío y el azar, ya sea reverencia a Di-s o no. Difícil de entender,
esta afirmación aclara que nuestra libertad radica en poder (o querer) ver lo que nos
sucede a través de un determinado prisma. Nuestro mayor problema es darnos cuenta
de que este pequeño y limitado espacio para el azar es básicamente toda la dimensión
del mundo físico y material. Cuando el Talmud excluye todo de la dimensión del azar,
hace referencia a tantos ciclos y dimensiones de retorno complejos, que todo en el
mundo concreto se convierte en un detalle, una fina y frágil coraza que se convierte
en un fenómeno en la realidad del cuerpo y la materia. .
Los seres humanos viven en un entorno de materia, exactamente donde pueden tener
acceso a decisiones y libre albedrío. Es en este plano donde deciden comprender lo que
les sucede como existencia, para reverenciar y ver o no reverenciar y no ver. Y esto es
sólo lo que importa. Más adelante analizaremos más detenidamente las implicaciones
de lo que importa cuando nos acercamos al ya no estar en este plano material y al
concepto de “bienes en el mundo venidero”. La llamada suerte es un espejismo
provocado como efecto secundario de la vida en el entorno de la materia. Estar en el
lugar correcto en el momento correcto, o en el lugar incorrecto en el momento
incorrecto, es una posibilidad en la dimensión de la materia.
Sin embargo, no es así como derivamos el concepto de maz'l. Maz'l es un pequeño
milagro, residuo del Milagro en el que estamos inmersos, que puede ser evocado en un
momento determinado. Es, por tanto, la transformación de segula, de “tesoro”, en
“momento justo, lugar justo”. Como si estuviéramos jugando a uno de esos juegos de
ordenador en los que, cada pocos puntos, nos dan derecho a desaparecer de la
pantalla, volvernos invulnerables o recrear un escenario más favorable. Sin embargo,
quienes juegan se dan cuenta de que dejarse llevar por estos recursos no siempre es la
mejor manera de jugar, ya que con cada cambio de escenario se pierden muchas
oportunidades, y las puntuaciones más altas las obtiene quien agota al máximo las
posibilidades sin recurrir a el bono. También es cierto que usarlos muchas veces nos
permite continuar en el juego. Sí... el bissale maz'l (un poco de suerte) es algo que es
bueno tener; A veces, el simple hecho de saber que puedes contar con ella es importante
en sí mismo.
Gastar demasiado maz'l también es motivo de preocupación, como ya hemos visto en
relación con la rueda del carruaje cuyo punto más alto en un instante es, al mismo
tiempo, el inicio del descenso. Por eso es bienvenido un poco de antisuerte en la
tradición judía. Cuando alguien deja caer un plato al suelo y se rompe, decimos: ¡maz'l
tóv! (¡buena suerte!). En otras palabras, menos mal que no desperdiciaste la suerte para
que el plato no se rompiera... sería un auténtico “desperdicio”.
Aquí es donde empieza a aparecer el verdadero significado de maz'l: qué vale la pena
gastar en maz'l y qué debería celebrarse como maz'l por la capacidad que teníamos de
no agotar a Sega en cosas que no merecen la pena. Discernir qué vale la pena ser
percibido como maz'l y qué es autoglorificación por cosas de menor importancia es
similar a ejercer el derecho a tener reverencia o no tener reverencia.
Esta es la manera en la que también podemos rescatar un poco de la ironía que nos
permite agradecer las pequeñas cosas malas, las pequeñas desgracias, que de alguna
manera aumentan nuestra suerte. Por tanto, la suerte es relativa. También se trata
de poder tenerlo en el momento adecuado para lo correcto. Por lo tanto, no todo el
mundo puede percibir la “suerte” como suerte y, a menudo, lo que ellos llaman suerte
bien podría ser mala suerte.
A menudo encontramos rabinos activando la suerte para que se complemente y
permita que algo que debería suceder suceda sin mayores perturbaciones o retrasos. Es
el último esfuerzo que nos permite acelerar un proceso que de todos modos se habría
completado. Por lo tanto, por un lado, el maz'l no es idolatrado, por otro lado, es
muy bienvenido en el momento adecuado para lo correcto.
Si buscáramos una explicación mecanicista de los rabinos para la existencia de la
suerte, nos llevarían de regreso al panorama del sustento que ya hemos visto. Maz'l es
cuando, al desaparecer de esta dimensión, una necesidad se dirige a otros mundos en
busca de sustento y, al regresar a esta misma dimensión, reaparece como algo mágico.
Como si estuvieran orquestadas, pareciendo planeadas con refinamiento, las cosas se
juntan de una manera sorprendente. Y así es: no lo entendemos, porque la necesidad se
fue a otro mundo, al que no seguimos ni visual ni intelectualmente.
Pero, ¿cómo encuentras suerte cuando es necesaria?
evocando suerte
YINVOCAR A LA SUERTE Es posible, siempre y cuando se tengan algunos conocimientos. Y
de este conocimiento habla la siguiente historia.
El rabino Itschak vivía en la ciudad de Cracovia y era muy pobre. Sucedió que durante
tres noches seguidas soñó con un enorme tesoro escondido bajo un puente en la lejana
ciudad de Praga. Ante la insistencia de su sueño, decidió ir a Praga en busca del tesoro.
Al llegar al lugar, descubrió que el puente estaba patrullado día y noche por los
soldados del rey. Siguió dando vueltas hasta que el capitán de la guardia vino a ver
qué quería. Luego, el rabino Itschak contó sobre su sueño.
“¡Quieres decirme que crees en sueños como este!”, se rió el capitán. “Si creyera en los
sueños, también tendría que ir a la lejana ciudad de Cracovia para encontrarme con
un rabino, un tal Itschak, ¡porque soñé que debajo de su cama había un gran tesoro
enterrado!” El rabino Itschak agradeció al capitán, regresó a casa y encontró el
tesoro debajo de su cama.
Esta historia nos aclara dos puntos. La primera es que ciertas señales apuntan a
formas de obtener “tesoros”. La segunda es que todos están enterrados no sólo en su
propia casa, sino también bajo su propia cama, en la esencia de cada persona. Sólo tendrá
suerte aquel cuyo tesoro encontrado sea el tesoro de su hogar. El tesoro fuera de tu
casa no trae suerte, sino mucha mala suerte. El tesoro en casa es el tesoro interior:
las posibilidades de verdadero placer y disfrute de la vida pueden hacer de cualquier
experiencia externa una fuente de verdadera suerte o ironía.
El sabio evoca la suerte desde dentro y no desde algún poder paralelo al Uno,
existente en el exterior. El sabio busca en el tesoro “debajo de su cama” la apertura
para mirar el mundo e influir en él con la mirada para tener maz'l. Y, como por
milagro, obtiene el bissale maz'l (un poco de suerte). ¿De donde vino? Del tesoro debajo
de la cama y no de un tesoro proyectado en un lugar lejano, inaccesible en el espacio.
Inaccesible por desconocimiento, eso sí, nunca por distancia, falta de oportunidad o
simplemente por mala suerte. Éstas, de hecho, son las justificaciones del nebech (el
pobrecito que hay dentro de cada uno de nosotros). Nebech es la energía que
constantemente pone más tierra encima del tesoro debajo de nuestra cama. El nebech
entierra el tesoro cada vez más profundamente, de modo que, para muchos, alcanzar
el tesoro se convierte en una tarea casi imposible.
Meluchim(ángeles)
ALA SUERTE REPRESENTA AMPLIAR el concepto de interconexión que existe entre
todos y todo en el mercado físico y material de la naturaleza, a la interconexión con
un mercado que trasciende la barrera de los diferentes mundos. Es esta conexión, que
no vemos ni entendemos, la que hace que se “descarguen” situaciones y acontecimientos
que nos sorprenden. Por eso, cuando menos lo esperemos, seremos sacudidos en nuestra
vida por alguna coincidencia o sincronía que nos dejará intrigados. Son situaciones de
este plano que ascienden y son influenciadas por otros planos y, cuando regresan, nos
sorprenden por su aparente discontinuidad. De hecho, nunca dejaron de ser parte de la
Realidad, que atrofiamos y reducimos a una realidad menor.
Uno de estos fenómenos son los melujim (ángeles). En hebreo, melachim (en
pronunciación yiddish, meluchim) significa literalmente "enviado o agentes". Los
ángeles son elementos de conexión entre la realidad menor y la Realidad. No son seres,
sino “motivaciones” de otros mundos que se incorporan a personas, situaciones u
oportunidades. Son, de hecho, los agentes de la suerte y de la mala suerte tal como los
vemos aquí de este lado, en el mundo de Assiá.
En la tradición rabínica (Gén. Raba 50:2), se aclara: “Un ángel (malach) nunca lleva a
cabo dos misiones, así como dos ángeles nunca se proponen llevar a cabo la misma
misión”. Cada “motivación” se expresa de mundo en mundo con la dirección adecuada,
tal como fueron atraídos y cautivados desde este plano en el que vivimos. En otras
palabras, cada uno de nosotros puede dejarse llevar por estas “motivaciones” y
convertirse en un agente, un intermediario entre mundos. Sin que lo sepamos,
terminamos presentando personas a personas, personas a oportunidades, o haciendo
que estén en determinados lugares o no. ¿Cuántas veces hemos descubierto, para
nuestro total asombro, que alguien tiene una gran opinión de nosotros, porque fuimos
fundamentales en su proceso de vida? Muchas veces ni siquiera sabemos a qué se refiere
esta persona. Lo que nos pasó fue producto de las interconexiones de las que fuimos
hechos mensajeros y agentes de la suerte y la desgracia. Fuimos hechos ángeles y
cumplimos nuestra misión intermediando “motivaciones”.
Estas motivaciones provienen de segula y zejut, y nos suministran abundancia o
atestiguan nuestras deficiencias. Este cuento jasídico menciona claramente
interconexiones y comentarios sobre la creación de ángeles (motivaciones): “Dijo el
Keretzer: 'El que ayuda a otra persona crea al ángel Azriel [literalmente, Ayudante –
arz – de Di-s – el]. Aquel que contribuye a la tzedaká [rectitud] crea ángeles Tsadkiel'
[literalmente, Jueces – tsadk – de Di-s – el]”.
De alguna manera, cuando actuamos en interconexión consciente, elevamos
intenciones a otros mundos que regresan como motivaciones. Si prestamos atención,
estas intenciones ya son motivaciones incluso en este plano, pero sólo cuando regresen
a nosotros como ángeles, actuando sobre nosotros mismos, nos daremos cuenta de su
existencia, para nuestro asombro y duda.
Éste es, de hecho, el elemento más aterrador a la hora de darse cuenta de esta
realidad. Nos damos cuenta de que no siempre vamos a lugares por las razones que
creemos que vamos.
Somos seres interactivos, de una forma mucho más intensa y dinámica de lo que
podemos imaginar. Esto es tan fuerte que quien profundice en su percepción puede
sufrir las consecuencias de la confusión, pues existen grandes tensiones que tienden a
disolver el ego. El grado en que seamos interactivos no tendría ningún sentido para
nuestra percepción del "yo". Por un lado, nos encontraríamos “sin padre ni madre”, sin
referentes, en el mundo de los significados; por el otro, quedaríamos deslumbrados
por la unicidad del significado.
Después de todo, en el nodo de interacciones reside el Precio Justo, la verdadera
célula del mercado, el lugar santísimo. ¡Que el Eterno nos cubra hasta que podamos
ver verdaderamente!
En el mundo de los negocios, por supuesto, las “motivaciones” tienen mucho tráfico.
Son ellos los que, en el día a día, en nuestras interacciones cotidianas, se expresan en
sustento. Nosotros mismos nos favorecemos unos a otros con oportunidades. Sin
embargo, como ya hemos explicado, sustento no significa “riqueza material”. Si ese
fuera el caso, seríamos ángeles de apoyo, la mayor parte de las veces, de los ricos
quienes, por alguna razón, estarían de mayor interés en sus motivaciones. Pero no es
algo tan simple ni mecánico, como nos muestra la siguiente historia:
El rabino de Rimanov soñó que había ascendido al cielo y que había oído a un ángel
suplicar al Señor que le permitiera llevar riquezas a la gente de abajo. Dijo: “Mira
cuán piadoso es tu pueblo y en qué miseria vive... Dales riquezas y te serán muchas veces
más devotos”.
Entonces el rabino preguntó el nombre de este ángel y le dijeron: “Se llama Satán”.
El rabino rápidamente exclamó: “¡Déjanos en la pobreza, oh Señor! ¡Guárdanos de los
favores de Satanás!
Rimanover sabía que los medios de vida y la riqueza a menudo no son producto de
interconexiones favorables. No es raro que nosotros también seamos mensajeros de
motivaciones que traen malos mensajes. Entonces nos convertimos en mensajeros de
Satanás, de obstáculos para una vida verdaderamente más rica. Cada ganancia, cada
suerte, cada sustento debe llegar a nosotros sin sensaciones dudosas ni corazones
divididos. Si no es así, es mejor sospechar que, en lugar de riqueza y sustento, pueden ser
obstáculos a la riqueza.
VIII. MEJORA LA RIQUEZA – EL OTRO LADO
oh“OTRO LADO” ES EL nombre que la tradición judía le da a lo demoníaco. Sin
embargo, como señalamos en The Food Kabbalah, no se trata de una entidad
independiente cualquiera, sino, como sugiere el nombre, de otro lado. Quizás, para los
rabinos, Satán podría traducirse como “efectos secundarios”. Mirados por seres
humanos amenazados, a menudo maltratados, los “efectos secundarios” de la vida, o de
otro lado, parecen tener vida propia o una sagacidad que, incluso en los más
ilustrados, reaviva a veces dudas sobre su existencia personalizada. Esta sagacidad no
es más que la naturaleza misma del Otro Lado, que es exactamente el otro lado de las
experiencias en la vida material y física. Cuanto más intensa es la vida, más compleja,
más tienes que perder, más intenso es el Otro Lado. Cuanta más luz, más nítida será la
sombra, que es exactamente el efecto de la materia expuesta a la luz.
Ésta es una de las dificultades de ser, o estar, en los cuerpos. Las religiones durante
milenios han expresado esta noción de aprisionamiento en la realidad física. Para
comprender algo siempre es necesario objetivar, materializar o transformar ese algo
en “cosas”. Cuando vemos colores, se trata de una aprehensión material, concreta, de
algo que no es necesariamente verde, azul o rojo. Además, todo lo que es captado por
el cuerpo está destinado a dejar de serlo debido a la condición finita de la vida misma.
El verde, por lo tanto, contiene en sí el anhelo de no ser verde para siempre. En otras
palabras, la “pérdida” es parte de la misma realidad que el “tener” en el mundo
material: es su otro lado.
Este “otro lado” (Sitra Ach'ra) no es, por lo tanto, exorcizable como mundo físico. Por
eso es tan importante la llamada “vida espiritual”, porque todo lo que es del espíritu
está exento del otro lado. Lo que concierne al alma y al crecimiento espiritual no
causa sombra y se puede “tener” sin expectativas de pérdida. Este es nuestro elemento
divino: “imagen y semejanza”. Este elemento no se pierde ni siquiera con la muerte, lo
que veremos más adelante, en el capítulo “Se quita mucho de este mundo”.
Por eso la prosperidad es tan complicada para nosotros. Y, sin un falso moralismo, la
riqueza no evita en lo más mínimo los elementos de angustia y antagonismo en el mundo
físico. En este sentido, no hay diferencia entre riqueza y pobreza. Es obvio que la
pobreza es un mal que destruye, ya que imposibilita ser parte del mercado y sus
increíbles oportunidades. Pero la pobreza, que es también un elemento físico, de
materia, sólo concierne a un mundo de mercado único. Rico y pobre, por tanto, son
también percepciones, como los colores, aprehendidas por el aparato de la materia o
del cuerpo.
Sin embargo, si por un lado la riqueza material no representa ninguna ventaja o
superioridad sobre la pobreza en otros mundos, por otro lado puede ser un obstáculo
importante para la prosperidad.
El rabino de Chernobyl dijo:
Entre la pobreza y la fortuna, siempre elegí la pobreza. Es la mejor protección contra
el egoísmo y los defectos del espíritu. De hecho, es el más barato y más fácil de
conseguir. Entonces es un buen trato. La pobreza significa que no es necesario luchar
desesperadamente contra la envidia y la competencia; no tener que responder a nadie
ni lidiar con sospechas; y nos hace entender por las personas sin necesidad de
justificaciones ni explicaciones. ¡Os pido, amigos míos, que no me privéis de tal tesoro!
La prosperidad es difícil. Nos arroja constantemente a la cara lo efímero de la vida,
camufla los momentos en los que las ruedas se paran y muchas veces nos hace perder
tiempo, mucho tiempo. Sin embargo, esto no es una apología de la pobreza, incluso
porque los rabinos son claros y objetivos: la prosperidad del mundo es un
mandamiento. Es una advertencia de que cualquier momento de prosperidad debe
tratarse con mucho cuidado, ya que estos son los mayores obstáculos para la riqueza.
¡Si estás prosperando, primero, Maz'l Tóv! (¡felicidades!) y, inmediatamente después,
¡busca ayuda! Primero disfrútalo y luego busca urgentemente dedicarte al estudio, la
tzedaká, etc. El rabino de Tsechiv comentó muy apropiadamente sobre la bendición de
Aarón en Números 6:24:
“Que el Eterno os bendiga y os guarde”. ¿Por qué “bendecir” y “guardar”? Entonces el
que es bienaventurado, ¿acaso no lo tiene ya todo? La prosperidad muchas veces trae
consigo cosas malas, por eso los sacerdotes los bendecían así. Querían que fuéramos
“bendecidos” por la prosperidad, pero también “custodiados”, protegidos de ella.
De aquí podemos derivar una comprensión importante sobre la complejidad de la vida.
Hay una asociación constante entre este mundo y los demás, entre los seres humanos y
la divinidad. La bendición no es el estado de gracia, no es el lugar donde se cumple la
expectativa humana de vivir la vida. Es en el “guardarse” como se establece el
contacto entre el cielo y la tierra. De mantener las puertas abiertas a otros mundos
surge la fe y la capacidad de esperanza. Nuestro deseo, por tanto, no es sólo esperar a
que se abran y nos colmen de bendiciones, sino aprender pacientemente a abrirlos a un
mercado de inversión mucho mayor que el que percibimos en la dimensión material.
Cuidarse es, por tanto, el complemento de la bendición, que, como hemos visto, no
determina si uno es especial o “amado”. Aquellos que son bendecidos a menudo caen en
la trampa de pensar que son especiales. ¿Cuántas personas no crean, a partir de sus
bendiciones materiales, visiones del mundo que, de hecho, son obstáculos para su real
enriquecimiento? Lea atentamente esta historia jasídica, que explica por qué muchas
personas justas no son tan bendecidas como otras que incluso pueden ser malvadas.
Es como un rey que tiene dos hijos.
Todos vienen a recibir su regalo antes del banquete real.
El primer niño simplemente aparece en la puerta del salón, es atendido de inmediato y
se le concede su petición.
El padre tiene poco respeto por este hijo y sólo se siente incómodo con su presencia.
El rey ordena que sus órdenes se den en la puerta, para no tener que acercarse a la
mesa.
Entonces se acerca el hijo amado.
El padre siente una enorme alegría por su llegada y no quiere que se vaya tan rápido.
Por este motivo, el rey demora en acceder a sus peticiones, esperando que su hijo se
acerque aún más a él.
Tan pronto como llega el hijo, se da cuenta del alcance del amor de su padre y no tiene
reparos en servirse él mismo en la mesa del banquete.
Ah... si los bendecidos con la prosperidad se fijaran en los que están vigilados, en los
que sirven su propia mesa... Los “guardados” son aquellos que viajan por otros mundos,
conociendo sus mercados e invirtiendo en ellos. Quizás incluso podamos imaginar una
gradación que relacione la bendición con el “guardar”. Eso nos permite comprender el
tipo de inversión posible con las bendiciones que nos llegan, para que también resulten
en una “tutela” divina.
La siguiente tabla, por tanto, es una representación de posibles inversiones en los
diferentes mundos:
Espacio de MANIFESTACIÓN DE BENDICIÓN EN
Espacio "GUARDATE"
MUNDO PODER INVERSIÓN
ASSIÁ NECHES (bienes materiales) TSEDAKAH
IETSIRÁ SÉGULA (tesoro) G'MILUT JASADIM
BRIÁ ZEJUT (mérito) KEDOSHIM TIHIÚ
ATSILUT LISHMÁ (sin representación de ganancia) ESTUDIAR
(Compárese con el cuadro del Capítulo III.)
Por lo tanto, se realizan las siguientes inversiones:
En el mundo material, a través de la tzedaká, se logra la tributación responsable de
las transacciones y la riqueza, la colonización mundial y el enriquecimiento mundial.
De esta forma se amplían los NECHES (bienes).
En el mundo de las emociones, la inversión es g'milut jasadim, o actos de preocupación
por los demás. A diferencia de la tzedaká, que es un acto de justicia y por tanto una
obligación sin la cual nuestro dinero contiene robo, g'milut hassadim es lo que
llamamos “caridad”. Son gestos de preocupación por los demás que parten de la
proyección del amor al otro y de la identificación del otro como nosotros mismos.
G'milut jasadim abre las puertas al mundo emocional. De esta manera se amplían
TESOROS, que pueden ser utilizados en momentos de necesidad.
En el momento del espíritu, la inversión es kedoshim tihiú. Esta es la expresión usada en
la Biblia para designar que la meta de cada individuo debe ser llegar a ser sacerdote,
o, literalmente, “¡ser santo!” La palabra “sagrado” en hebreo, kadosh, proviene de la
raíz “separado”. Hacer algo sagrado, o consagrar, es separar algo o hacer algo
diferente. En esta inversión, se requiere ir más allá incluso del nivel de la ética
normativa más primaria y operar en la ética del tzadik (de los justos). En el espacio de
kedoshim (sagrado), ni siquiera esta identificación directa con el otro es necesaria: no
amas al otro porque podrías ser tú. Simplemente has internalizado este afecto por
todo lo que está vivo y por todo lo que entra en interacción. En este nivel, el concepto
de pérdida ya no existe y la noción de ganancia toma la forma de zejut, mérito. Aquí se
traspasa la barrera de lo que se puede sacar de este mundo.
El mundo de las emanaciones, al que los rabinos se refieren como “el espacio vacío
donde ya no hay derecha ni izquierda”, ni siquiera contiene ganancia. Ya no hay pérdida
desde el nivel inferior, y aquí tampoco hay ganancia. Es el mundo de Lishmá, en el que
todo se hace “en nombre de”. No hay recompensa, ni enriquecimiento, ni manifestación
de sustento. Al mismo tiempo, todos los demás mundos están bajo la influencia directa
y constante de esta dimensión. También en las emanaciones la relación ya no es diferente
hacia el otro, no existe el concepto de “benevolencia”, ni hacia los demás ni hacia el
mundo. Ya no hay interiorización de ninguna realidad o percepción que se capta y
asimila. En esta dimensión la relación es el estudio, no hay otro que UNO. Para la UM
la inversión es estudio. Así como Di-s hizo la Torá para sí mismo, una inversión del
mundo más superior que maravillosamente llegó a nosotros como un concepto. Torá
del fuego que en este asunto tomó no sólo la forma de palabras, sino, sobre todo, la
noción de estudio de Lishmá: estudio por estudiar. La siguiente historia ilustra bien
esto:
Se dice que a un rabino se le permitió entrar al mundo venidero. Al principio, sus
expectativas se vieron frustradas, ya que esperaba encontrar algo grandioso, donde
los justos vivieran en lujo y maravillas. Sin embargo, todo lo que encontró fue gente
estudiando en una ieshivá [escuela] celestial. Luego preguntó: “¿Pero es esto lo que
hacen? ¿Y no lo hicieron ya en su vida terrenal? A lo que ellos respondieron: “Sí… ¡Sólo
que ahora entienden!”
En este “mundo venidero”, el estudio y la comprensión son la misma cosa. Ésta, después
de todo, es la dimensión donde no hay otro lado, donde todos los lados han sido
asimilados en lo que es, en lo que existe.
IX. MUERTE Y RIQUEZA: SE QUITA MUCHO DE ESTE MUNDO
METROANTERIORMENTE HEMOS MENCIONADO que desde la dimensión de kedoshim
tihiú podemos acumular riquezas indigentes en el Otro Lado. Son riquezas que pueden
acompañarnos incluso más allá de esta dimensión. En realidad, son posesiones sin
materialidad, si eso tiene algún sentido. Debería hacer...
Probemos una breve abstracción. Mucha gente piensa que tener dinero en efectivo es
bueno. En cierto modo esto nos parece correcto, al fin y al cabo con este dinero nos
enfrentamos a todas las posibilidades de “tener”. Sin embargo, el buen inversor no
estaría de acuerdo con esto. El efectivo no es una inversión, sino un retiro de las
inversiones. El efectivo sólo representa un sustento momentáneo. Un ejemplo evidente
de esto fue el maná en el desierto, del cual Di-s hizo descender suficiente para cada
día. Cualquiera que quisiera almacenar más de lo que le correspondía cada día se daba
cuenta de que estaba quitando posibilidades a los demás, mientras que el maná
almacenado se pudría. Así ocurre con el dinero en forma de moneda: se pudre. Entonces
nos vemos obligados a trabajar con el sustento para el futuro, intentando utilizarlo
en cosas que no se pudran. Terminamos con “posesiones” que no son posesiones, sino
expectativas de posesión que, como inversión, esperamos que puedan transformarse en
posesión.
¿En qué invertimos? En la vitalidad de los demás, en la creatividad de los demás, en la
suerte de los demás, en la organización de los demás y también en la producción
constante de energía y sustento que el planeta y el sistema en el que vivimos nos
arrojan como maná todos los días. Porque los rabinos creían que el dinero también se
podía almacenar en interacción. Para ellos, algunas de las inversiones más resistentes
a la putrefacción eran las que se obtenían por ser sagradas.
En la Biblia, una sección muy especial contiene exactamente el código secreto del que
hemos derivado muchas de las preguntas que abordamos. De la misma manera que los
Diez Mandamientos presentan una lista de “inversiones” que el ser humano debe hacer
para obtener sustento en sociedad, encontramos un apartado similar en el centro del
texto bíblico, conocido como kedoshim (sagrado). Este extracto contiene los
mandamientos para los Justos y consejos ocultos en el texto y en la realidad sobre
cómo “invertir” para obtener el sustento de la gran Sociedad, la de los que existen
ahora, en el pasado y en el futuro. Nos dicen lo siguiente (Tratado de Baba Batra, 11a):
En un período de escasez de alimentos, el rey Monobaz [emperador que se convirtió al
judaísmo en el siglo I] distribuyó toda la fortuna que había recibido de sus padres. Sus
hermanos y otros miembros de la familia real protestaron diciendo: “No sólo estás
regalando tu dinero, sino el dinero que heredaste de tus antepasados”. A lo que él
respondió:
“Mis antepasados atesoraron tesoros aquí abajo, pero yo los atesoro en los cielos,
porque escrito está (Salmo 85:12): 'La verdad crecerá de la tierra, y la justicia de los
cielos descenderá a la tierra. '
“Mis antepasados guardaron tesoros en lugares donde podían ser tomados por manos
humanas, pero yo los guardo en un lugar donde ninguna mano humana puede alcanzar,
porque está escrito (Salmo 89:15): 'La caridad y la justicia están en tu trono. '
“Mis antepasados acumularon tesoros que hoy no les dan ningún interés, yo los
guardo de tal manera que les den interés, porque está escrito (Isaías 3:10): 'Bien han
hecho los justos, porque comerán'. los frutos de sus obras!'
“Mis antepasados guardaron dinero en sus arcas, yo guardo almas que se han salvado,
porque escrito está (Prov. 11:30): 'Los frutos [dinero en efectivo] de los justos son el
árbol que sustenta a los vivientes y trae para sí las almas. [que testifican a su favor]'.
“Mis antepasados almacenaron tesoros para sus descendientes y yo los guardo para mí,
porque está escrito (Deuteronomio 24:13): 'A ti te será acreditada la justicia delante de
Di-s.'
“Mis antepasados hicieron tesoros en este mundo, pero yo los hago para el mundo
venidero, porque está escrito (Isaías 58:8): 'Y delante de ti [en el mundo venidero] irá tu
justicia [para interceder por tú].'"
Tenemos que aprender, a ser seres gesheft (empresarios) del verdadero mercado,
sabiendo invertir y ahorrar en todas las dimensiones. Aquel que se queda en este
mundo recogiendo sólo bienes materiales no podrá enviarlos a la siguiente estación de
la que lo único que sabemos es que está desprovista de materialidad. El cuerpo que
queda aquí, como una cubierta, conserva todo lo que le concierne. Si sólo te dedicas a
esto ¡cuidado! ¡Tendrás poco equipaje!
Mezeritzer dijo:
Un rey envió a sus dos hijos a un país lejano para conocer su cultura y sus finanzas. En
el camino, su barco se hundió y terminaron en este país sin posesiones. Los dos príncipes
comenzaron a trabajar para mantenerse, y todo lo que ganaban lo gastaban para
mantenerse. Uno de los príncipes hizo un gran esfuerzo por vivir una vida muy sencilla,
de modo que todavía tuviera tiempo para estudiar la cultura y las finanzas de este
país. El otro trabajaba sólo para mantenerse. Después de un tiempo, el primero regresó
con su padre con muchas noticias y conocimientos. El segundo también acabó
regresando, sin poder sacar sus riquezas del país. Regresó con pocos conocimientos y
las manos vacías y recibió poca atención por parte de su padre.
Porque los príncipes son almas enviadas a este mundo para adquirir comprensión y
actos de bondad. El inteligente dedica todos sus esfuerzos en este mundo a virtudes "no
rentables" y regresa con "noticias". El tonto regresa con las manos vacías.
Aquellos que pueden ver esto buscan cambiar su potencial, para poder vivir una vida
que asuma kedoshim tihiú (¡serás santo!). Por eso el gesheft correcto, los buenos
negocios, no es sólo lo que garantiza nuestro sustento, sino lo que apunta a sostener
todo lo que interactúa con nosotros. En esta dimensión somos responsables de todo lo
que vemos, y cuanto más veamos, mayor será nuestra responsabilidad. Esta postura es
muy cara. Para encontrar medios de intercambio de este mundo por un activo de otros
mundos, tenemos que descubrir formas de entrega y confianza en el mercado. ¡Y qué
difícil es!
El rabino Uri habla del midrash en el que Abraham, siendo joven, se negó a servir a los
ídolos y, al ser arrojado al fuego, milagrosamente no se quemó: “Abraham pensó: 'Si
quiero que los ídolos sean arrojados al fuego, Yo mismo debo ser arrojado al fuego.'
Por eso sobrevivió. Sin embargo, su hermano Harán, al ver que nada le pasaba, entró en
el fuego y fue consumido por él”.
Es necesario entrar en el fuego al que conceptualmente pretendemos arrojar a
nuestros ídolos. En este fuego se produce el cambio, al descubrir que lo que tomó
forma de fuego en el mundo de la materia estaba hecho de la misma esencia que
nuestro deseo real de acabar con los ídolos. Éste es el secreto de Abraham: reconocer
los ídolos y arrojarse al fuego, porque lo que hay que pasar por el fuego o convertir
en un bien de otro orden no es objeto de idolatría, sino nuestro propio corazón.
Este es también el procedimiento que nos señala la tradición de Abraham para vivir
como parte del mundo de assiah, de la materia. Debemos tener mucho cuidado y
comportarnos como explicó Besht:
Cuando un buzo se sumerge en las profundidades del océano en busca de perlas, debe
conservar el aliento y concentrarse únicamente en encontrar la Perla. Debemos
proceder de la misma manera cuando profundizamos en el mundo de la materia, lo
mundano, en busca de la Torá: debemos tener cuidado de no perder nuestro sentido de
lo sagrado y dejarnos seducir por la materia. Porque, si esto sucede, su presión
destruye nuestra vida espiritual, de la misma manera que la presión del agua puede
destruir a un buceador descuidado.
Para ser buceadores cuidadosos, debemos entender que podemos llevar mucho con
nosotros. Nuestras oportunidades de inversión son mucho más complejas. Para esto
dependemos unos de otros: el más cercano a nosotros entre todo el universo. Nuestro
primer paso, por tanto, es notarnos en los demás. Si no podemos lograr esto,
difícilmente seremos verdaderos ecologistas cósmicos, preservadores no sólo del
mundo, sino de los mundos. El “otro” es nuestro primer objetivo en la expectativa de
formar parte del UNO. El otro es la clave para anular el Otro Lado, ya que al
identificarse con el otro este se convierte en el mismo lado: UNO.
Un proverbio dice: “Como en el agua un rostro responde a un rostro, así el corazón del
hombre responde al corazón del hombre”. Los comentaristas preguntan: “¿Por qué
agua y no un espejo?” Ellos responden: “Porque, para verse en el agua, una persona
tendrá que agacharse y acercarse. Así es también como el corazón responde al
corazón: acercándose”. ¿Y qué es la proximidad sino el intercambio, el negocio y la
interacción? Porque es en este mercado de intercambio cotidiano donde realizamos
nuestras aplicaciones en otros mundos y en el gran mercado. De nuestras acciones
diarias hay constantes remesas a nuestros ahorros en mundos inmateriales. Mundos
que interactúan con éste y aquel que un día, cuando ya no estemos hechos de materia,
será nuestro hogar.
Que nosotros también estemos registrados en el Libro del Sustento, gocemos del
Equilibrio y operemos por siempre en el mercado. Mishná Avot (3:20) dice:
En este mundo nada se da incondicionalmente y la red se extiende sobre toda la vida. Y
el Banco está abierto, y el Banquero da crédito, y las carteras de crédito están
abiertas, y la mano toma notas, y quien quiera pedir prestado debe venir y tomarlo;
pero los recaudadores hacen sus rondas constantemente y cobran a los vivos con su
consentimiento o no, ya que al principio se supo que el préstamo no era incondicional; ¡Y
el juicio es un juicio verdadero y todo está listo para el gran banquete!
X. DINERO EN EL MUNDO POR VENIR
W.SE DICE QUE UN REY mandó llamar a un aldeano, quien se asustó mucho por el
llamado. Se preparó con gran temor y salió hacia el palacio. En solidaridad, sus amigos
lo llevaron hasta las puertas del pueblo, mientras su familia lo acompañaba hasta la
puerta del palacio. A partir de entonces, el aldeano sólo siguió sus méritos y su
capacidad para cuidar de sí mismo.
Para los rabinos, ésta es una parábola de la vida. En algún momento, seremos llamados
al palacio (“Este mundo es como un corredor delante del mundo venidero; prepárate y
prepárate en el corredor para que puedas entrar al salón del banquete” – Avot 4:21).
Nuestros bienes y propiedades, nuestros amigos nos acompañarán hasta que
abandonemos el “pueblo” – sólo podremos disfrutar de ellos hasta nuestro último
aliento. Nuestra familia y quienes nos conocieron nos acompañarán hasta el entierro,
la entrada a palacio, y no podrán seguirnos más. Al palacio, al salón de banquetes,
sólo nos acompañan nuestras buenas actitudes.
Ante el rey, sólo las decisiones tomadas en la vida, Le Jaim, el gesheftn bien realizado,
pasan como crédito.
Hasta hace muy poco, todo el aparato que teníamos para medir y evaluar este tipo de
lectura de la vida se basaba en una intuición moralista. Sé “bueno” y luego esto te
servirá para algo. Hoy la conciencia ecológica representa un pequeño y gigantesco
paso para tener más apoyo para comprender esta lectura. Existe una estructura de
interconexión para la cual determinadas actitudes son “buenas” o no. Preservan un
sistema que quiere ser preservado o no. Además del placer y de escapar del
sufrimiento, hay algo que cuenta y es importante para nosotros, como si realmente
descubriésemos algún interés “demostrable” fuera del cuerpo, del individuo.
Los rabinos tenían esta mirada que no es mágica, sino que se trata simplemente de
conocer la forma en que ven los ojos. Decían que, a través del cristal, se puede ver el
exterior. Pon un poco de plata en el otro lado del cristal y se convertirá en un espejo:
todo lo que vemos es a nosotros mismos. Un poco de dinero, materialidad y lo
momentáneamente traslúcido se vive como un día a día en el que resulta difícil
aceptar cualquier realidad exterior. El universo pulsa y nosotros con él, pero es de
mañana, y con el sol llega el periódico.
Para los sabios de Israel, sólo había tres formas de conectar con la dimensión exterior
a la materialidad. En otras palabras, mirar a través de un cristal que no es un espejo y
sintonizarnos con una verdad que flota en el aire, que es el viento o “Viento/Espíritu
Sagrado (ruach)”, sólo es posible en esta dimensión a través de tres procesos: estudio ,
oración y buenas actitudes.
Rescatando la banalidad a la que reducimos estos términos, reconocemos que
representan nuestras capacidades de rastreo de otra dimensión y realidad. El
profesor Saúl Liberman dijo que las oraciones son las instancias en las que hablamos
con Él; el estudio, la instancia en la que Él nos habla. Nuestra meditación, nuestra
mirada al cielo, nuestro ritual, nuestra liturgia de hablarle a la nada, como los
pájaros, son expresiones desde dentro de nuestra propia experiencia de la cual tenemos
una noción desde el “otro lado del espejo”. Nuestra capacidad para estudiar las
tradiciones y lo que se destiló en enseñanzas a partir de lo poco que cada generación
vio más allá del espejo son mensajes capturados a través de un medio que se ha vuelto
traslúcido.
Las buenas actitudes, Le Jaim, aquellas que consideran al otro como símbolo de lo que
está más allá de nuestro cuerpo individual, son las fronteras de la materialidad.
Interiorizar que cada momento debe estar marcado por un “buen gesheft (negocio)” es
la clave para penetrar en ese otro entorno sin espejo, sin siquiera un cristal que nos
separe. Esta conciencia es difícil para nosotros... es insoportable para nosotros
especialmente cuando nos acercamos a nuestra muerte y pérdida total en la dimensión
de la materia. Los maestros jasídicos dijeron: “En las últimas tres horas antes del
próximo mundo, es tan difícil aferrarse a la vida como escalar una lisa pared de hielo.
Por eso encontramos en las oraciones las palabras: 'Ayúdanos en las tres horas': estas
son las horas”.
A través de “buenos negocios”, los rabinos expresaron su creencia de que es más fácil
llegar a una gran conciencia a través del comportamiento que a un comportamiento a
través de la conciencia. Por eso, si en el mundo venidero la gran ocupación es el
estudio, es escuchar de Él directamente y comprender, aquí lo importante es estar
siempre realizando “buenos gesheftn (negocios)” o estudiando para poder llevarlo a
cabo. salir con más frecuencia. Son, por tanto, los buenos negocios los que nos dan
esperanza, los que hacen del sustento nuestra conexión más directa con la fe.
¿Qué es el comportamiento aquí? Allí hay conciencia. Lo que aquí es dinero, allí es
estudio y comprensión.
Por dinero, como ya sabemos, nos referimos a dinero real obtenido de “buenas
gesheftn”. El dinero por el dinero en realidad no es un activo, es una ilusión, una
fenomenología reflejada. En el Tratado de Pesajim (50a), tenemos el siguiente pasaje:
El rabino Yosef, hijo del rabino Yoshua ben Levi, enfermó gravemente y entró en coma.
Después de recuperarse, su padre le preguntó: “¿Qué viste?” “Vi todo un mundo al revés,
un mundo borroso y al revés”, respondió. “Los más altos en la tierra eran los más bajos
allí, y los más bajos en la tierra eran los más altos allí”.
“Hijo mío”, dijo el padre, “no viste un mundo nublado, sino uno claro”.
Es hora de revisar sus ahorros, tal vez incluso la naturaleza de su negocio. Fíjate bien
en las necesidades del mercado que te rodea...
Los judíos, debido a su trágica historia de persecución, expulsiones y constantes fugas,
siempre tuvieron cuidado de no mantener inmovilizado su capital. Quién sabe, tal vez
no tendrían que irse de un momento a otro. Algunos optaron por joyas, dólares y
activos de gran liquidez. Pero aquellos que verdaderamente han comprendido el
midrash de su experiencia en este mundo ven su capital completamente desmovilizado
en “verdaderas interacciones” –en expresiones de kedoshim tihiú (¡santos sois!). Si tienen
que irse, no llegarán al otro lado con las manos vacías: tendrán al menos “un activo”
necesario para establecer su pequeña empresa en el mundo venidero, ganarse la vida y,
quién sabe, prosperar.
Concluyó en la semana en que leemos de las Sagradas Escrituras en las sinagogas:
“Kedoshim tihiú kadósh ani IAH” (Seréis santos, porque yo IAH soy santo – Lev. 19), en el
año 5751.
Esta obra es uno de los libros que componen la trilogía:
La Cabalá de la comida, La Cabalá del dinero y La Cabalá de la envidia,
el cual busca sintetizar la visión que tenían los rabinos, presentando conceptos
basados en un proverbio talmúdico, que afirma que una persona se da a conocer a
través de su taza, su bolsillo y su enojo (Kossó, Kissó see-Kaassó).
La Cabalá de la comida
Este libro aborda, dentro de la tradición judía, lo que se especula y lo que realmente
se sabe sobre los misterios de la dieta y el simbolismo alimentario. Una tradición que
también supo utilizar sus traumas para extraer sabiduría sobre el problema de la
obesidad.
Esta dieta, basada en conocimientos holísticos, considera obeso a toda persona que se
encuentra insatisfecha en su relación con la comida, ya sea física, social, emocional o
espiritualmente.
Son aportaciones de innumerables maestros de distintas épocas, a través de sus
experiencias y sugerencias, y también de un tratado rabínico del siglo XVI, dedicado
exclusivamente a la salud holística, que busca resumir de forma práctica los secretos
de esta antigua tradición cuya relevancia actual es impresivo.
La Cabalá de la envidia
En el tercer y último volumen de la trilogía encontrarás un análisis en profundidad
del tema de la violencia basada en las relaciones humanas rutinarias. Revela la
agresión que liberamos y a la que estamos expuestos en las interacciones más triviales.
“Cómo vivir con mala voluntad”, “saber no tomárselo como algo personal” o aprender
a entender “lo que pasa en el vientre del otro” son algunas de las cuestiones
abordadas. El libro también invita al lector a repensar la importancia de sus “mejores
enemigos” a partir de los secretos y revelaciones que tienen sobre ellos. Aprender a
agradar al enemigo, identificar nuevas tecnologías de paz y desarrollar el “buen ojo”
son posibilidades que surgen cuando se logra establecer puentes entre el mundo
concreto y objetivo y el mundo espiritual.
Derechos de autor© 2010 por Nilton Bonder
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B694c
Bonder, Nilton
La camarilla del dinero [recurso electrónico] / Nilton Bonder. – Río de Janeiro: Rocco, 2010.
recurso digital
ISBN 978-85-64126-21-3 (recurso electrónico)
1. Cabalá. 2. Economía – Aspectos religiosos – Judaísmo. 3. Judaísmo y problemas sociales. 4. Ética judía. 5. Libros
electrónicos. I. Título.
10-6552 CDD: 296,16
CDU: 26-587
EL RABINO NILTON BONDER es un escritor con 19 libros publicados. Reconocido
nacional e internacionalmente como pensador en las áreas del humanismo, la filosofía
y la espiritualidad, sus obras tuvieron gran éxito en Estados Unidos, Europa y Asia. Es
autor de El alma inmoral, Lo sagrado y Quitarse los zapatos, publicado por Rocco,
que también publica una trilogía compuesta por La Cábala de la comida, La Cábala del
dinero y La Cábala de la envidia.