Vacunas en Cáncer e Inmunodeprimidos
Vacunas en Cáncer e Inmunodeprimidos
VacSenior plus
BLOQUE 3
Vacunas en inmunodeprimidos
y situaciones especiales
TEMA 1
VACUNAS EN
INMUNODEPRIMIDOS 2. Recomendaciones de vacunación
Y SITUACIONES
ESPECIALES 3. Vacunas inactivadas
- Vacunas frente a neumococo
TEMA 1 - Vacuna frente a la gripe
Cáncer de - Vacunas frente a la COVID-19
- Vacuna recombinante frente al herpes zóster
órgano sólido - Vacuna frente al toxoide tetánico, el toxoide diftérico y la tosferina
y hemopatías - Vacuna frente al virus de la hepatitis B
4. Vacunas vivas
- Vacuna frente a la varicela
- Vacuna frente al sarampión, las paperas y la rubéola
- Otras vacunas vivas
5. Inmunización
6. Bibliografía
Curso de vacunas para el mayor 2024: VacSenior plus
Bloque 3 • Vacunas en inmunodeprimidos y situaciones especiales
TEMA 1 • Cáncer de órgano sólido y hemopatías malignas
1 Conceptos generales
El cáncer no es una única enfermedad, sino un grupo muy numeroso de patologías con
características de etiología, patogenia y evolución muy diferentes. Desde el punto de vista de
la inmunoprevención distinguimos claras diferencias entre los distintos tumores de órganos
sólidos (el riesgo de un tumor de bronquios/pulmón es diferente al de un tumor de tiroides)
y, sobre todo, con las hemopatías malignas, los tumores derivados de las series hemáticas.
En estas últimas, van a tener una consideración especial las leucemias y linfomas, tumores
derivados de células constituyentes del sistema inmune y, por tanto, con una especial afectación
del mismo. Las personas con cáncer pueden presentar inmunosupresión como resultado de su
enfermedad subyacente y/o por el uso prolongado o intensivo de quimioterapia administrada
con/sin radioterapia. Esta situación puede durar incluso hasta unos meses tras la suspensión
del régimen terapéutico. Además pueden perder total o parcialmente la protección conferida por
las vacunas administradas antes del inicio del cáncer y responder de manera deficiente a las
vacunas administradas durante la terapia o incluso hasta un tiempo tras su cese(2).
Para estos pacientes se han desarrollado nuevas vacunas especialmente indicadas, como la
vacuna de subunidades de herpes zóster. Las dos pandemias recientes, la pandemia de influenza
A H1N1 de 2009 y la actual pandemia de COVID-19 también han demostrado la importancia
de las estrategias de vacunación en los pacientes inmunocomprometidos, con mayor y más
precoz necesidad de prevención. Se debe aumentar el conocimiento sobre las respuestas a las
vacunas en el huésped inmunodeprimido, teniendo en cuenta además las diferentes categorías
de pacientes y que se están desarrollando e introduciendo muchas terapias inmunosupresoras
nuevas(1).
La mayoría de los pacientes con linfoma no Hodgkin (LNH) reciben rituximab o biosimilares
anti-CD20 como parte de su terapia y estas terapias ahora se utilizan como tratamiento de
mantenimiento que a veces se administra durante años. Estos anticuerpos monoclonales
circulan durante mucho tiempo después de la infusión y pueden influir negativamente en las
respuestas a la vacunación (3-5). Las células CAR-T que utilizan CD19 como objetivo de su
actividad se emplean frente leucemias y linfomas y pueden provocar una aplasia prolongada
de células B, presumiblemente también una disminución de las respuestas de anticuerpos,
aunque actualmente esa información es limitada(6). Además, también se ha introducido una gran
cantidad de nuevos agentes en el tratamiento del mieloma múltiple, incluidos los anticuerpos
anti-CD38 (daratumumab) que atacan las células plasmáticas malignas y, por lo tanto, también
podrían deprimir la función normal de las células plasmáticas. También se están desarrollando
células CAR-T dirigidas frente el antigeno BMCA (antígeno de maduración de células B).
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TEMA 1 • Cáncer de órgano sólido y hemopatías malignas
Los inhibidores de puntos de control (checkpoint inhibitors) se utilizan frente una variedad de
cánceres, incluidos el melanoma, el cáncer de pulmón y el linfoma de Hodgkin. Ha habido
dudas con respecto a estos agentes, tanto con respecto a la eficacia para provocar respuestas
inmunitarias como también a la seguridad a través de un mayor riesgo de efectos adversos
relacionados con el sistema inmunitario(7).
Muchos de estos nuevos agentes se han asociado con un mayor riesgo de diversas infecciones
y, por lo tanto, es probable que también influyan en las respuestas inmunitarias provocadas por
las vacunas, incluso después del tratamiento, ya que la afectación de las células T y B puede
prolongarse hasta 12 meses. Una vez concluido, en general, los títulos de anticuerpos frente
a las vacunas recibidas antes de la terapia se recuperan en cierta medida y, por otra parte, la
respuesta inmune a las vacunas recibidas es bastante buena al preservarse las células T de
memoria. El daño al sistema inmune varía en función de la edad de la persona, del tipo de cáncer
y de la intensidad de la terapia recibida. La ciclofosfamida, 6-mercaptopurina, fludarabina, los
corticoides y los anticuerpos monoclonales se postulan como las drogas con mayor potencial
inmunosupresor. El número de estudios que evalúan las respuestas a la vacunación en
pacientes que reciben estas terapias modernas aún es limitado, basando las recomendaciones
en fármacos similares, utilizados previamente. Además, son muy escasas las publicaciones que
aborden este tema en relación a las nuevas terapias del tipo de lenalidomida e inhibidores de
la tirosina quinasa(2).
2 Recomendaciones de vacunación
En general, podemos afirmar que los pacientes con tumores sólidos o neoplasias hematológicas(8)
deben recibir las mismas vacunas que cualquier otra persona de su edad, sexo o condiciones
de exposición, pero hay que tener presente unas ciertas consideraciones; las vacunas vivas
o atenuadas no deben ser administradas a personas con tratamiento activo de quimioterapia
o radioterapia, ya que el riesgo potencial de eventos adversos relacionados con la infección
de las cepas vacunales es mayor, y las vacunas inactivadas o muertas, sin estos efectos,
pueden ver reducida su eficacia a niveles muy bajos, como ocurre con los tratamientos frente
los linfocitos B (por ejemplo rituximab, anti-CD20).
Muchos pacientes con cáncer ya han recibido vacunas antes del inicio del tratamiento, con
pautas vacunales completas o no. En general, no se aconseja el inicio de pautas ya finalizadas,
aunque es evidente que deben completarse los esquemas vacunales incompletos (2).
Además de la vacunación del paciente, que puede ser administrada en condiciones de respuesta
inmune alterada, con menor protección individual, es importante insistir en la vacunación de
los contactos y convivientes como una contribución a la reducción de la incidencia de las
enfermedades inmunoprevenibles. Es aconsejable la vacunación frente a gripe y covid-19, así
como asegurar la protección frente a varicela y sarampión.
Se contempla también la vacuna frente al virus del papiloma humano (VPH). 3 dosis, en
mujeres con cualquier tratamiento de lesión intraepitelial de alto grado en cérvix (cualquier
edad)
Otras vacunas (hepatitis A, hepatitis B, meningococo, triple vírica, varicela, etc.) se recomiendan
en función de riesgos individuales derivados de exposición, tratamientos, o tras valoración
de suceptibilidad, pero no para todos los pacientes con tumores malignos. Para pacientes
oncológicos adultos, la posibilidad de ser susceptibles a varicela y/sarampión son muy escasas,
dada la elevada transmisión en la época prevacunal.
3 Vacunas inactivadas
Vacunas frente a neumococo
La primera vacuna frente a neumococo de amplio uso en nuestro país fue la vacuna polisacárida
23-valente (VNP23), indicada para la prevención de enfermedad neumocócica invasiva (ENI)
en población de alto riesgo desde los 2 años de edad y utilizada en la vacunación sistemática
poblacional de adulto mayor (65 años). Esta vacuna ha sido administrada muy frecuentemente,
por su amplia cobertura de serotipos de neumococo. Sin embargo, presenta diversos
inconvenientes como el hecho de que no ha demostrado protección frente a la neumonía
neumocócica no invasiva, forma más frecuente de la enfermedad; que no sirve para inmunizar
a niños pequeños, uno de los grupos de mayor riesgo de enfermedad neumocócica y además
no permite una revacunación eficaz, ya que los títulos de anticuerpos tras dosis repetidas no
muestran un resultado favorable. Otro aspecto negativo es su nulo efecto sobre el estado de
portador nasofaríngeo, con importancia en la transmisión de la infección.
Las vacunas neumocócicas conjungadas con proteínas (VNC) sin embargo, muestran un mejor
perfil de protección, con un nivel de inmunidad superior y de mayor duración en las personas
de más edad en comparación con las vacunas de polisacáridos. Se pueden utilizar en niños
desde las 6 semanas de vida. Además inducen tanto memoria inmunológica sistémica como
inmunidade local a nivel de las mucosas por lo que disminuye la colonización nasofaríngea,
lo que repercute en la menor transmisión de la enfermedad. Inicialmente se dispuso de una
vacuna conjugada 7-valente VNC7, de uso fundamentalmente pediátrico y posteriormente de
una vacuna conjugada 13-valente VNC13, que desde el año 2011 amplió su administración a
adultos, siendo la vacuna de referencia en la prevención de la enfermedad neumocócica en las
personas de mayor riesgo.
En la imagen se muestran los serotipos de neumococo (de un total de 105) incluidos en las
vacunas comercializadas, remarcando aquellos serotipos nuevos que cada vacuna aporta con
respecto a otras.
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TEMA 1 • Cáncer de órgano sólido y hemopatías malignas
Hoy en día se recomienda que todos los pacientes adultos (≥18 años) con neoplasias
hematológicas o tumores sólidos reciban vacuna antineumocócica. Se recomienda
preferentemente la vacunación antineumocócica con dosis única de VNC20 frente a la pauta
secuencial (VNC13+VNP23 o VNC15+VNP23). En caso de no disponibilidad de VNC20, se
recomienda la pauta secuencial VNC15+VNP23 frente a la pauta secuencial VNC13+VNP23(11).
Afortunadamente, va siendo cada vez más difícil, salvo algunos nuevos diagnósticos de patología
tumoral, encontrar adultos mayores sin antecedentes de vacunación anti-neumocócica. Por
ello, las recomendaciones de vacunación con las nuevas vacunas conjugadas contemplan los
distintos escenarios que pueden producirse en función de los antecedentes vacunales y la
situación del individuo. Para los pacientes con diagnóstico de cáncer se pueden contemplar las
siguientes situaciones:
A pesar del alto riesgo de enfermedad neumocócica invasiva, los estudios muestran una
baja cobertura vacunal tanto a nivel poblacional como en población de alto riesgo. Un motivo
puede ser la pauta secuencial que, además de dos vacunas, necesita una secuencia concreta
VNC-VNP y no la inversa. Para conseguir mejorar la cobertura, el uso de una única dosis y la
recomendación de la vacunación frente las infecciones neumocócicas lo antes posible después
del diagnóstico y preferiblemente antes de iniciar el tratamiento, al menos en pacientes con
neoplasias hematológicas, parecen actuaciones necesarias.
Los pacientes con cáncer tienen más probabilidades de morir durante la hospitalización por
gripe, especialmente si son de edad avanzada y tienen comorbilidades. La morbilidad en
pacientes adultos es mayor en pacientes con neoplasias hematológicas, especialmente
aquellos con leucemia aguda. Los pacientes con cáncer de pulmón tuvieron las tasas de
letalidad relacionadas con la gripe más altas entre los pacientes con tumores sólidos (13). La
gripe además podría interrumpir la quimioterapia programada con un impacto negativo en el
resultado final de la enfermedad. Los datos de eficacia en pacientes adultos con tumores
sólidos aún son limitados, hay estudios que han explorado diferentes estrategias (dos dosis
en la temporada frente a una, vacunas adyuvadas frente a no adyuvadas, antes o después del
inicio de tratamiento oncológico, etc.)(1).
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TEMA 1 • Cáncer de órgano sólido y hemopatías malignas
La mayoría de los estudios muestran que los pacientes adultos con neoplasias hematológicas
responden mal a la vacunación, especialmente los tratados con anticuerpos anti-CD20 como
parte de su régimen terapéutico, incluso durante períodos prolongados después de finalizar la
terapia anti-CD20. Además, en los pacientes con linfoma que habían completado un régimen
que contenía rituximab, la respuesta a la vacuna frente la gripe se vio aún más perjudicada si
los pacientes habían sido tratados con fludarabina(14).
A pesar de las respuestas serológicas más bajas en pacientes con cáncer, una revisión
sistemática mostró que los pacientes con cáncer vacunados tenían un riesgo reducido de
enfermedades similares a gripe (15), una revisión Cochrane evidenció que los beneficios superan
los riesgos al vacunar frente a la gripe a adultos con cáncer(16).
La OMS publica, en los meses de febrero/marzo de cada año, de forma periódica, las cepas
de influenzavirus que se recomienda que contengan las vacunas que van a ser utilizadas en el
hemisferio norte en la temporada de vacunación de ese año. Las recomendaciones se hacen
para las formulaciones de virus cultivados en huevos embrionados y para aquellas realizadas a
partir de virus cultivados en cultivos celulares.
Las vacunas tetravalentes recomendadas para esta temporada 2023-2024 deberán contener
los siguientes componentes:
Se recomienda la vacunación anual frente la gripe con vacuna inactivada tetravalente para
pacientes con cáncer. La preferencia debe ser hacia el uso de vacunas antigripales potenciadas
(alta carga antigénica, vacuna adyuvada), diseñadas para mejorar la respuesta inmune y la
protección conferida por la vacuna.
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TEMA 1 • Cáncer de órgano sólido y hemopatías malignas
Es probable que la protección sea baja en aquellos pacientes que tienen mayor riesgo de
complicaciones graves, lo que hace todavía más necesaria la vacunación de sus contactos,
tanto domiciliarios (familiares y cuidadores) como el personal de los centros sanitarios que
atienden pacientes con cáncer.
Los pacientes con cáncer tienen un mayor riesgo de sufrir COVID-19 grave, aunque el riesgo
varía entre las diferentes poblaciones. Los pacientes de mayor edad son especialmente
vulnerables. Los datos existentes respaldan la variabilidad entre diferentes grupos de pacientes
en la probabilidad de respuesta a la vacuna COVID-19.
En general, los estudios muestran una alta seroconversión después de la vacunación con
dos dosis de vacunas de ARNm autorizadas en pacientes con cáncer, pero respuestas
significativamente más bajas en pacientes con neoplasias hematológicas(18). En un estudio(19)
sobre 315 pacientes con neoplasias hematológicas, el 74,6 % desarrolló una respuesta a dos
dosis de la vacuna BNT162b2, que fue significativamente menor que en los controles sanos
(99,1 %; p < 0,0001). Las respuestas difieren entre los diferentes tipos de neoplasias malignas.
con neoplasias malignas linfoides respondiendo significativamente menos que los pacientes
con neoplasias malignas mieloides (ejemplos: LLC 47%; mieloma múltiple 76%; trastornos
mieloproliferativos 84% y SMD 94%). La edad, el tiempo transcurrido desde el último tratamiento
y el tipo de tratamiento influyeron en la probabilidad de seroconversión. La edad y el tipo de
terapia recibida influyeron fuertemente en las respuestas, y los pacientes tratados con anti-CD20
e inhibidores de la tirosina quinasa Bruton tuvieron las respuestas más pobres. Los pacientes
con LLC responden peor a la vacunación frente a COVID-19 con vacunas ARNm, mostrando
respuestas de anticuerpos en un menor porcentaje que los grupos poblacionales sanos de
su misma edad y sexo. Los pacientes que reciben terapia basada en anti-CD20 responden
muy mal a la vacunación, con muy bajas o inexistentes respuestas de anticuerpos; la ausencia
sistemática de medición de la respuesta celular a la vacunación tampoco nos permite descartar
completamente la existencia de respuesta inmune a la vacunación en todos los sujetos en los
que se aprecia esta hiporespuesta humoral.
Desde el punto de vista operativo, hacer coincidir la vacunación frente a la COVID-19 y la gripe
En el mismo acto facilita el acceso de la población a la vacunación, simplifica el esfuerzo del
personal sanitario en vacunar y conduce a un aumento de las coberturas poblacionales de
ambas vacunas.
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El herpes zóster (HZ) es una enfermedad muy prevalente (incidencia poblacional de 3-5
casos/1000 personas-año en España), con mayor incidencia a partir de los 50 años y en mujeres,
aumentando con la edad y, de manera considerable, con la presencia de inmunodepresión y
ciertas condiciones de riesgo. Resulta un problema de salud pública no por su mortalidad,
baja, sino por sus complicaciones, en especial la neuralgia postherpética (NPH) que pueden
ocasionar discapacidad y disminuir la calidad de vida. Se espera un incremento de la incidencia
en relación con el envejecimiento poblacional y el aumento de personas con alteraciones del
sistema inmune(19).
Las personas con cáncer aumentan el riesgo de desarrollar herpes zóster, de 5-7 veces más
en tumores sólidos (22-28 casos/1000 personas-año) y en neoplasias hematológicas hasta 10
veces más que en la población general (31/1000 años-persona). El HZ se produce en hasta una
cuarta parte de los pacientes con mieloma múltiple, linfoma de Hodgkin y leucemia linfocítica
crónica.
Hasta hace poco, la única vacuna disponibles frente el virus de la varicela zóster han sido
vacunas vivas atenuadas que conllevan el riesgo de efectos secundarios potencialmente mortales
en pacientes gravemente inmunocomprometidos(2). En los últimos años se ha autorizado una
vacuna recombinante de subunidades frente el herpes zóster con adyuvante (HZ/su) que ha
mostrado buenos resultados en pacientes inmunodeprimidos, incluyendo cáncer. La vacuna se
administra en 2 dosis, con un intervalo entre ellas de 2 meses (1-6 meses).
Por tanto, se recomienda la vacunación frente a herpes zóster a los pacientes oncológicos de
18 años o más(21, 22). Las neoplasias hematológicas y los tumores sólidos con quimioterapia son
grupos financiados en este momento en toda España.
En un ensayo aleatorizado(23) de 262 pacientes ≥18 años de edad con tumores sólidos que
recibieron HZ/su (administrados en dos dosis con uno o dos meses de diferencia) o placebo antes
o durante la quimioterapia, HZ/su fue segura e inmunógena; tanto la respuesta inmune humoral
como la mediada por células persistieron un año después de la vacunación, independiemente de
si la vacuna se administra antes o durante la quimioterapia(24). Aunque todos los pacientes que
recibieron HZ/su desarrollaron una respuesta inmunitaria humoral, los que recibieron la vacuna
antes del inicio de la quimioterapia tuvieron respuestas inmunitarias más altas en comparación
con los que recibieron la vacuna durante la quimioterapia. En un ensayo aleatorizado(24) de 569
pacientes ≥18 años de edad con neoplasias hematológicas que recibieron HZ/su (administradas
en dos dosis con uno o dos meses de diferencia) versus placebo, el 80,4% del grupo vacunado
desarrolló una respuesta inmunitaria humoral al herpes zóster en comparación con el 0,8% en
el grupo no vacunado. La tasa de respuesta vacunal celular para HZ/su fue del 83,7 % (IC95
%: 69,3-93,2) en comparación con el 6,8 % (IC95%: 1,4-18,7) del grupo placebo. La respuesta
inmunitaria persistió durante 13 meses de seguimiento. No se detectaron diferencias en los
eventos adversos entre los dos grupos.
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La vacuna demostró una eficacia de un 87,2 % (IC95%: 44,2-98,6) en este tipo de pacientes,
reduciendo la incidencia del HZ de 66,2/1.000 personas-año en el grupo placebo a 8,5/1.000
personas-año en el grupo que recibió HZ/su. HZ/su es segura e inmunogénica, con una eficacia
moderada-alta y un perfil de seguridad aceptable. Además, tiene el potencial de prevenir una
incidencia considerable de herpes zóster y complicaciones relacionadas.
Las respuestas a las vacunas con toxoide diftérico y toxoide tetánico en pacientes adultos
con cáncer no se han estudiado sistemáticamente. La protección frente al tétanos, la difteria
y la tosferina suele ser baja en los pacientes con cáncer sometidos a quimioterapia. Se ha
observado que los pacientes con leucemia aguda no trasplantados pierden protección frente
al tétanos, siendo factores de riesgo para la pérdida de inmunidad fueron LLA versus leucemia
mielógena aguda, enfermedad más avanzada y edad avanzada. También se muestran pérdidas
de inmunidad protectora frente el tétanos y la difteria durante la quimioterapia, aunque parece
que el tratamiento de pacientes con LNH de bajo grado con radioinmunoterapia no influye en la
inmunidad específica al tétanos(1).
Los pacientes inmunocomprometidos en los que está indicada la vacunación por un incremento
del riesgo de exposición al virus de la hepatitis B deben recibir pautas de 4 dosis con vacuna
potenciada para mejorar la respuesta inmune.
Se podrían considerar las vacunas frente a la tos ferina (incluida con los toxoides tetánico y
diftérico en la dTpa) y las vacunas frente a infecciones por meningococos, aunque es importante
evaluar si existe un mayor riesgo de infección grave en pacientes con cáncer. La vacunación
frente meningococos adecuada al grupo de edad debe realizarse según los calendarios de
inmunización locales. También existen vacunas para pacientes con cáncer que viven en
determinadas zonas del mundo o para quienes viajan a esas zonas. Entre ellas se incluyen
la vacuna frente a la hepatitis A y las vacunas frente a la encefalitis transmitida por garrapatas
(TBE) y la encefalitis japonesa. Aunque hay datos limitados sobre las respuestas serológicas
a estas vacunas, el riesgo de efectos secundarios significativos debería ser similar al de la
población sana normal, ya que son agentes que no se replican.
La importancia del VRS (virus sincitial respiratorio) en la patología del lactante es muy conocida
desde hace años, siendo responsable de cuadros de bronquiolitis, ingresos hospitalarios en
UCI y cuadros graves en niños de riesgo (cardiópatas, prematuros, etc.). El papel del VRS en la
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patología del adulto, de riesgo o no, es menos conocido pero podría ser similar al ocasionado
por la gripe, por lo que una vacuna eficaz en la reducción de infecciones por VRS puede suponer
una reducción de las atenciones médicas e ingresos de pacientes con inmunosupresión,
incluyendo pacientes con cáncer. En este momento, existen dos vacunas autorizadas para
adultos de 60 o más años, basadas en la proteína de prefusión PreF, con ligeras variaciones,
una posee en su composición un sistema adyuvante ya conocido, que mejora la respuesta
inmune y otra incluye la proteína PreF de los dos subtipos de VRS, A y B. Ambas han recibido
este año la aprobación de FDA y EMA, aunque todavía no están disponibles para su uso. Los
ensayos pivotales están en marcha y faltan los resultados de ensayos clínicos en personas con
situación de inmunosupresión por cáncer.
4 Vacunas vivas
Vacuna frente a la varicela
En los pacientes con cáncer, tanto tumores sólidos como hematológicos, la posibilidad de
encontrar susceptibles a varicela es muy baja, más del 97% de los adultos de 40 o más años
en España país ya han tenido contacto con el virus, según el estudio de seroprevalencia de
2020(25).
Si realmente se considera necesario realizar serología frente a varicela a un paciente con cáncer,
y el resultado es negativo, se puede administrar una dosis al menos cuatro semanas antes de
comenzar el tratamiento (o dos dosis separadas por cuatro semanas si se dispone de tiempo
suficiente). A los 12 meses tras finalizar el tratamiento se realizará una nueva serología y, si es
negativa, se administrará una o dos dosis en función de las que recibió antes del tratamiento.
Existen datos muy limitados sobre la inmunización con el bacilo de Calmette-Guérin (BCG), la
fiebre amarilla y las vacunas frente al rotavirus en pacientes con cáncer. No se recomienda el
uso de estas vacunas vivas durante la terapia activa frente el cáncer, por el potencial riesgo de
eventos adversos graves derivados de la infección producida por cepas vacunales.
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5 Inmunización pasiva
La inmunización pasiva es el uso de anticuerpos (inmunoglobulinas) ya formados frente a
alguna enfermedad transmisible con el objetivo de prevenir la enfermedad o, en algún caso,
reducir o mitigar sus consecuencias desfavorables. Aunque es una técnica preventiva utilizada
desde hace mucho tiempo, el espectro de enfermedades que se pueden prevenir es mucho
menor que el de la inmunización activa o vacunación.
En los pacientes con cáncer se pueden utilizar gammaglobulinas con la misma indicación
preventiva que en otras personas, así la gammaglobulina antitetánica, antirrábica o anti-hepatitis
B pueden ser utilizadas en los mismos supuestos que en personas inmunocompetentes.
Incluso una medida de inmunización pasiva, la gammaglobulina anti-varicela, de administración
intravenosa, está reservada casi exclusivamente para pacientes con neoplasias hematológicas.
Para pacientes con tumores sólidos y, sobre todo, neoplasias hematológicas, se ha utilizado
en la prevención pasiva de la covid-19 un medicamento, resultado de una combinación de dos
anticuerpos monoclonales frente a epitopos del virus SARS-CoV2, tixagevimab + cilgavimab,
para aquellos pacientes no vacunados o vacunados pero con respuesta negativa de anticuerpos
frente a SARS-CoV2, tratando de conseguir la prevención de covid-19 grave durante un periodo
de tiempo largo (unos 6 meses). Aunque la aparición de nuevas variantes con modificaciones
estructurales de los epitopos han hecho que ya no se utilice esta combinación de anticuerpos
monoclonales en la prevención primaria de covid-19, se está estudiando un nuevo anticuerpo
monoclonal de larga duración en la prevención pasiva de covid-19, destinado a pacientes
inmunodeprimidos, incluyendo tumores sólidos y hematológicos.
Frente a la infección por VRS (virus respiratorio sincitial) también está comercializado un
anticuerpo monoclonal de larga duración (nirsevimab), que se incluirá en el calendario de
inmunizaciones de los niños sanos <6 meses y niños de alto riesgo en otoño de 2023 en
los calendarios de inmunización españoles. Teniendo en cuenta que el impacto estimado de
las infecciones VRS en adultos de riesgo, en términos de mortalidad y morbilidad puede ser
muy similar al de la gripe, se están realizando estudios de uso en adultos inmunodeprimidos
como protección frente a infecciones por VRS, pudiendo ser una herramienta preventiva
complementaria importante para mejorar los resultados de los pacientes onco-hematológicos.
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TEMA 1 • Cáncer de órgano sólido y hemopatías malignas
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