Parte V.
Derecho Administrativo
TEMA 65
1. La invalidez de los actos administrativos y sus grados
2. La nulidad de pleno derecho
3. La anulabilidad y las irregularidades no invalidantes
4. La incomunicación de la invalidez, la conversión, la conservación y la convalidación
1.- La invalidez de los actos administrativos y sus grados ____________________ 2
1.1.- El esquema tradicional de la invalidez de los actos jurídicos ____________________ 2
1.2.- La incidencia de la posición privilegiada de la Administración ___________________ 3
2.- La nulidad de pleno derecho _________________________________________ 5
2.1.- Los supuestos legales de nulidad __________________________________________ 5
2.2.- El régimen jurídico de la nulidad __________________________________________ 6
3.- La anulabilidad y las irregularidades no invalidantes_____________________ 7
3.1.- Los supuestos legales de anulabilidad ______________________________________ 7
3.2.- El régimen jurídico de la anulabilidad ______________________________________ 8
3.3.- Las irregularidades no invalidantes ________________________________________ 8
4.- La incomunicación de la invalidez, la conversión, la conservación y la
convalidación________________________________________________________ 11
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1.- La invalidez de los actos administrativos y sus grados
El régimen de la invalidez de los actos administrativos se encuentra construido, en
sus líneas fundamentales, sobre los principios clásicos que esta teoría ha adquirido en el
Derecho civil a lo largo de la historia (1.1). Sin embargo, el concreto régimen jurídico
que se halla implícito en dicha teoría sufre muy importantes distorsiones y matizaciones
en su aplicación a los actos de la Administración (1.2), habida cuenta del conjunto de
privilegios que ésta ostenta.
1.1.- El esquema tradicional de la invalidez de los actos jurídicos
La teoría civil de la invalidez de los actos jurídicos se apoya en una tripartición de las
modalidades tipológicas de irregularidad, que son las siguientes:
- La nulidad absoluta o de pleno derecho, que constituye la sanción que, por regla
general, el ordenamiento atribuye a los actos que incurren en violación del mismo
y que se caracteriza por tres notas: el carácter automático e inmediato de la
invalidez, la cual se produce sin necesidad de impugnación judicial, cuya sentencia
tiene, en cualquier caso, naturaleza declarativa; sus efectos erga omnes, de tal
forma que es susceptible de ser alegada por cualquiera y que, por su carácter de
orden público, puede ser apreciada por los jueces de oficio; y su insubsanabilidad,
ya que la nulidad no se extingue por prescripción, ni puede sanarse por
convalidación mediante actos posteriores.
- La anulabilidad o nulidad relativa, que sólo tiene lugar en los casos especiales en
que el ordenamiento la prevé y que se caracteriza por tres rasgos justamente
opuestos a los de la nulidad absoluta: no posee carácter automático, siendo precisa
su declaración judicial para que surta efecto (la sentencia, en consecuencia, posee
naturaleza constitutiva); sólo puede ser alegada por determinadas personas en cuyo
beneficio se establece; y puede sanar por el transcurso del tiempo, o en virtud de
confirmación o de convalidación.
- Finalmente, en algunos ordenamientos se admite la categoría excepcional de la
inexistencia, aplicable a los supuestos de ausencia grosera y ostensible de
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requisitos básicos de validez que, por su evidencia, no han sido establecidos
expresamente por las normas ([Link]., la adopción de un perro). Su régimen es
sustancialmente el mismo que el de la nulidad absoluta, pudiendo ser el acto
inexistente simplemente desconocido por todos.
1.2.- La incidencia de la posición privilegiada de la Administración
Este esquema, aun aceptado en sus principios básicos, sufre alteraciones notables en
su contenido al ser aplicado a los actos de la Administración Pública.
A.- La primera distorsión que dicho esquema experimenta se debe a la incidencia de la
presunción de validez o autotutela declarativa de que están provistos los actos
administrativos. El que estos actos se presuman válidos o ajustados a Derecho, salvo
declaración expresa en contra, supone varias consecuencias:
.- primera, que la posición respectiva de las modalidades básicas de invalidez
se invierte, de forma que la anulabilidad pasa a ser la regla, cobrando la
nulidad absoluta carácter excepcional (o, al menos, sólo para supuestos
específicamente previstos por ley);
.- segunda, que determinadas infracciones legales en que el acto incurre
(principalmente, de carácter formal) no se sancionan con su invalidez, dando
lugar a la atípica figura de las irregularidades no invalidantes;
.- y tercera, la existencia de un amplio conjunto de técnicas tendentes a sanar
o excluir parcialmente la invalidez, como son la incomunicación de invalidez
a los actos posteriores al anulado, la nulidad parcial, la conversión de actos
viciados, la conservación de los actos no afectados por la nulidad del acto
final y la posibilidad de convalidación sin plazo.
B.- La segunda distorsión se produce como consecuencia de la ejecutoriedad o
autotutela ejecutiva, que conlleva igualmente tres efectos:
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.- la necesidad, en todo caso, de reacción impugnatoria por parte de los
afectados por el acto administrativo; desde el momento en que la
Administración puede llevar por sí a efecto, incluso de modo coactivo, el
contenido de todos sus actos, resulta obvio que el mero desconocimiento del
acto viciado (incluso cuando se trate de nulidad absoluta) es inútil;
.- la misma potestad de la Administración de ejecutar por sí sus actos supone
que su impugnación en vía de recurso se encuentra sometida a la observancia
de plazos extraordinariamente breves; plazos que, por lo demás, son de
caducidad y, por tanto, no interrumpibles;
.- por fin, la ejecutoriedad conlleva que la impugnación de los actos no
supone la suspensión automática de su ejecución, salvo declaración expresa
en contrario del órgano administrativo o judicial competente para resolver el
recurso.
C.- Tomando como base estas circunstancias, nuestro Derecho positivo ha diseñado,
desde 1958, un régimen de la invalidez que se basa en dos figuras: la nulidad de pleno
derecho y la anulabilidad; no es conocida en nuestro ordenamiento la categoría de la
inexistencia (que, en la mayor parte de los casos, es reducible a la figura de la nulidad
de pleno derecho); y junto a aquellas figuras es preciso hacer una referencia a la ya
citada técnica de las irregularidades no invalidantes.
1.3.- Regulación
El título III de la Ley 39/2015, rubricado De los actos administrativos, se
estructura en tres capítulos en los que se regulan los requisitos de los actos
administrativos (Capítulo I), su eficacia (Capítulo II) y, por último, la nulidad y la
anulabilidad (Capítulo III). Este tercer Capítulo, titulado precisamente Nulidad y
anulabilidad, comprende los siguientes artículos:
Artículo 47. Nulidad de pleno derecho.
Artículo 48. Anulabilidad.
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Artículo 49. Límites a la extensión de la nulidad o anulabilidad de los actos.
Artículo 50. Conversión de actos viciados.
Artículo 51. Conservación de actos y trámites.
Artículo 52. Convalidación.
La regulación coincide con la propia de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, si
bien se sustituye la expresión Transmisibilidad, que rubricaba el anterior artículo 64,
por la de Límites a la extensión de la nulidad o anulabilidad de los actos, que da título
al artículo 49, equivalente a aquél.
2.- La nulidad de pleno derecho
2.1.- Los supuestos legales de nulidad
La nulidad de pleno derecho de los actos administrativos se produce,
exclusivamente, en los supuestos específicamente previstos por las leyes. Dichos
supuestos se enumeran, con carácter general, en el artículo 47 de la Ley 39/2015
(rubricado, precisamente, Nulidad de pleno derecho), cuyo número 1 establece que “los
actos de las Administraciones públicas son nulos de pleno derecho en los casos
siguientes”:
a) Los que lesionen los derechos y libertades susceptibles de amparo
constitucional.
b) Los dictados por órgano manifiestamente incompetente por razón de la
materia o del territorio.
c) Los que tengan un contenido imposible.
d) Los que sean constitutivos de infracción penal o se dicten como consecuencia
de ésta.
e) Los dictados prescindiendo total y absolutamente del procedimiento legalmente
establecido o de las normas que contienen las reglas esenciales para la formación
de la voluntad de los órganos colegiados.
f) Los actos expresos o presuntos contrarios al ordenamiento jurídico por los que
se adquieren facultades o derechos cuando se carezca de los requisitos esenciales
para su adquisición.
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g) Cualquier otro que se establezca expresamente en una disposición con rango
de Ley.
Como puede observarse, el catálogo de supuestos de nulidad ofrecido por el artículo
47 no es cerrado, previéndose su ampliación mediante disposiciones con rango de Ley
que los establezcan de forma expresa. Así lo ha hecho, por ejemplo, la Ley 29/1998, de
13 de julio, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa, cuyo artículo
103.4 dispone que “serán nulos de pleno derecho los actos y disposiciones contrarios a
los pronunciamientos de las sentencias, que se dicten con la finalidad de eludir su
cumplimiento”.
El mismo artículo 47, ahora en su número 2, establece que “también serán nulas
de pleno derecho las disposiciones administrativas que vulneren la Constitución, las
leyes u otras disposiciones administrativas de rango superior, las que regulen materias
reservadas a la Ley, y las que establezcan la retroactividad de disposiciones
sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales”.
2.2.- El régimen jurídico de la nulidad
Los efectos que acarrea la incidencia de un vicio de nulidad de pleno derecho son
sólo similares a los que tienen lugar en el ámbito del Derecho privado y, en la práctica,
se reducen a dos:
A.- En primer lugar, los actos nulos no son convalidables mediante la
subsanación ulterior de los vicios de que adolezcan. Así se deduce de lo
dispuesto por el art. 52.1 Ley 39/2015, a sensu contrario, según el cual “la
Administración podrá convalidar los actos anulables, subsanando los vicios de
que adolezcan”.
B.- En segundo lugar, los actos nulos son, según SANTAMARÍA PASTOR,
subsanables parcialmente por el transcurso del tiempo (imprescriptibilidad
relativa). Este efecto es diverso según se trate de la impugnación del acto en vía
de recurso o de revisión de oficio: la impugnación de un acto nulo en vía de
recurso se encuentra sometida a los mismos plazos de caducidad que la
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impugnación de los actos anulables, de tal forma que la ausencia de
interposición del recurso en tiempo hábil los hace igualmente inatacables; en
cambio, la revisión de oficio de los actos nulos puede hacerse en cualquier
momento, sin sujeción a plazo alguno.
3.- La anulabilidad y las irregularidades no invalidantes
3.1.- Los supuestos legales de anulabilidad
La anulabilidad constituye el tipo de sanción general que recae sobre los actos
ilegales. Por ello, el art. 48 Ley 39/2015 define su ámbito mediante una clausula
general, que se completa con la definición de carácter sólo parcialmente invalidante que
poseen dos tipos de vicios (irregularidades no invalidantes, a las que nos referiremos en
el punto 3.3).
Contenido de dicha cláusula general
1) “Son anulables los actos de la Administración que incurran en cualquier infracción
del ordenamiento jurídico, incluso la desviación de poder” (art. 48.1 Ley 39/2015). De
esta forma se enuncia la regla antes citada, según la cual toda ilegalidad, no incluida en
alguno de los supuestos específicos de nulidad de pleno derecho, da lugar a la
anulabilidad del acto.
2) La anulabilidad se produce, como dice el precepto transcrito, por cualquier
infracción del ordenamiento jurídico, ya se trate de la vulneración de la Constitución,
de una norma de rango legal o reglamentario, de un tratado internacional o norma de
Derecho comunitario, o de un principio general del Derecho: tal es el sentido
omnicomprensivo que tiene el empleo de la expresión “ordenamiento jurídico”, con la
que quiere aludirse a cualquiera de las normas integrantes del mismo.
3) El precepto menciona, a título de mera especificación, y como una de las posibles
infracciones del ordenamiento jurídico, la desviación de poder, cuya definición no hace
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este artículo, pero que se contienen en el art 70.2 LJCA: “ Se entiende por desviación de
poder el ejercicio de potestades administrativas para fines distintos de los fijados en el
ordenamiento jurídico”.
Este tradicional vicio de los actos administrativos es obra, como tantas otras
técnicas, de la jurisprudencia francesa. La norma que crea las potestades administrativas
asigna a las mismas una finalidad institucional; y el acto que las pone en práctica debe
estar orientado exactamente a la consecución de dicha finalidad; pues bien, existe
desviación de poder cuando dicha potestad es utilizada, mediante un acto concreto, con
un fin simplemente distinto al fijado legalmente para aquélla (ya se trate de un interés
privado o público). No es preciso para la existencia de la desviación de poder, pues, que
concurra ningún tipo de vicio de moralidad en el órgano autor del acto, ni que con éste
se persiga ninguna finalidad privada o ilegítima; basta con que el fin perseguido por el
acto sea meramente distinto del atribuido a la potestad de que emana.
3.2.- El régimen jurídico de la anulabilidad
Los efectos propios de la declaración de un acto como anulable son los paralelos
a los de nulidad de pleno derecho, pero de sentido opuesto:
A.- En primer lugar, los actos anulables son, por definición, convalidables
mediante la subsanación a posteriori de los vicios de que adolezcan. Así lo prevé el art.
52.1 LPAC, que volvemos a citar: “la Administración podrá convalidar los actos
anulables, subsanando los vicios de que adolezcan”.
B.- Y en segundo lugar, los actos anulables sanan por el transcurso del tiempo;
esto es, por el transcurso de los plazos establecidos para la interposición de todo tipo de
recursos administrativos, de tal manera que el vencimiento de dichos plazos sin que se
haya interpuesto el recurso procedente los hace por completo inatacables.
3.3.- Las irregularidades no invalidantes
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1) El art. 48 Ley 39/2015 enuncia, en sus apartados 2 y 3, dos supuestos de infracciones
legales que constituyen otras tantas excepciones parciales a la regla general de la
anulabilidad:
- primera, las producidas por un defecto de forma, el cual “sólo determinará la
anulabilidad cuando el acto carezca de los requisitos formales indispensables
para alcanzar su fin o dé lugar a la indefensión de los interesados” (art. 48.2); y
- segunda, la realización de los trámites fuera del plazo legalmente previsto, lo cual
“sólo implicará la anulabilidad del acto cuando así lo disponga la naturaleza del
término o plazo”.
La previsión de estas excepciones supone, obviamente, que existen determinadas
infracciones del ordenamiento jurídico que, por regla general, no producen la invalidez
del acto con cuya ocasión se han cometido; infracciones que reciben el nombre técnico
de irregularidades no invalidantes.
2) En primer término, la eficacia invalidante de los vicios o defectos de forma (esto es,
la infracción de cualquiera de las normas reguladoras del procedimiento
administrativo, o de la forma de los actos) ha recorrido un completo ciclo histórico, en
el que ha pasado de tener una importancia prácticamente absoluta (merced a una
jurisprudencia extremadamente rigurosa con la observancia por la Administración de
todos los trámites) a una relativización casi total, que la Ley 39/2015 sólo acierta a
reflejar pálidamente. Las directrices de informalismo y de flexibilidad que la inspiran
(y que ya se encontraban en las Leyes de 1958 y de 1992) han llevado a la atribución
de un carácter puramente instrumental a los vicios de forma, que la Ley sólo sanciona
con la invalidez en los dos supuestos que menciona:
- en primer lugar, cuando la infracción formal, por omisión o realización incompleta
o irregular de un trámite, haya producido indefensión al interesado; para apreciar
la existencia de ésta, como la jurisprudencia ha declarado con sumo realismo, no
basta con comprobar la vulneración de los derechos de defensa que se haya
producido como consecuencia de la irregularidad; es necesario contemplar, en su
conjunto, las posibilidades de defensa de que el interesado ha gozado a lo largo de
todo el procedimiento administrativo, del recurso administrativo, si lo hubo, e
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incluso del proceso contencioso-administrativo; y sólo en el caso de que,
contemplando en su totalidad este iter complejo, se apreciara que las posibilidades
de defensa han quedado sustancialmente mermadas, es cuando el vicio de forma
determina la anulabilidad del acto;
- y, en segundo lugar, cuando el vicio de forma tenga como resultado que el acto
carezca de los requisitos indispensables para alcanzar su fin; lo que quiere decir la
Ley 39/2015 con ello es que sólo se produce la anulabilidad en aquellos casos en
que la infracción formal haya producido la omisión de los elementos de juicio
imprescindibles para concluir acerca de si la decisión de fondo es correcta o no (p.
ej., la falta de motivación); porque si fuera probable que, una vez subsanada la
infracción, el nuevo acto administrativo fuera idéntico al anterior en el que
concurrió el vicio, la anulación sería perfectamente superflua.
3) El supuesto de la realización fuera de plazo de las actuaciones y trámites
procedimentales es sustancialmente similar al de los vicios de forma, y expresa un
discutible principio de relativización general del deber de cumplimiento de los plazos
por parte de la Administración (que, con cierta incongruencia, enuncia de modo
enfático el art. 29 Ley 39/2015). La eficacia invalidante de la infracción de las normas
relativas a plazos se halla más restringida aún que en el caso de los vicios de forma, y
de modo bastante poco preciso: decir que la anulabilidad concurre “cuando así lo
imponga la naturaleza del término o plazo” equivale, de hecho, a introducir una
distinción vaga e insegura entre plazos importantes y menos importantes. Dentro de los
primeros se incluyen, ciertamente, todos aquellos en los que la Ley anuda a su
transcurso una consecuencia jurídica de producción automática o un efecto de cierre
([Link]., el de caducidad por inactividad de la Administración) así como, en general, los
integrantes de procedimientos competitivos, en la medida que puedan otorgar ventajas
comparativas desiguales a los diversos aspirantes; pero, salvo en estos casos, la fuerza
anulatoria de este concreto vicio queda sumido en la mayor de las oscuridades, a
reserva de su determinación empírica por vía jurisprudencial.
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4.- La incomunicación de la invalidez, la conversión, la conservación y la
convalidación
La aversión que el legislador parece sentir hacia la invalidez de los actos
administrativos se refleja también, junto a la regla general de anulabilidad, en la
consagración de otra serie de técnicas que tienden de modo uniforme a reducir sus
efectos al mínimo indispensable. Por su simplicidad, bastará con poco más que
enunciarlas:
A.- En primer lugar, la no transmisión de la invalidez, que el art. 49.1 Ley 39/2015
enuncia diciendo que “La nulidad o anulabilidad de un acto no implicará la de los
sucesivos en el procedimiento que sean independientes del primero”; la independencia
debe entenderse en el sentido de inexistencia de relación de causalidad, de tal forma que
sólo serán “dependientes” aquellos actos de trámite que no podrían realizarse
válidamente de no haberlo sido alguno de los que le antecede ([Link]., la declaración de
caducidad sin haber efectuado el previo requerimiento al interesado, art 95 Ley
39/2015).
B.- En segundo lugar, la regla de nulidad parcial, según la cual “la nulidad o
anulabilidad en parte del acto administrativo no implicará la de las partes del mismo
independientes de aquélla salvo que la parte viciada sea de tal importancia que sin ella
el acto administrativo no hubiera sido dictado” -art. 49.2 LPAC- ([Link], cuando un acto
administrativo ordena la demolición de unas obras ilegales e impone por ello una
sanción; si sólo la sanción, pero no la orden de demolición, fuera ilegal, esta última no
tendría por qué anularse; a la inversa, en cambio, habría que declarar la nulidad de
ambas medidas, por cuanto si la obra fuera legal, tampoco podría imponerse sanción
alguna).
C.- En tercer lugar, el principio de conversión de los actos irregulares, que el art 50 Ley
39/2015 establece diciendo que “Los actos nulos o anulables que, sin embargo,
contengan los elementos constitutivos de otro distinto producirán los efectos de éste.”
(así, en el ejemplo anterior, si un Ayuntamiento impone como sanción la demolición de
un edificio carente de licencia, sin haber seguido el procedimiento sancionador, sería
nulo como tal sanción, pero válido en cuanto orden de demolición no sancionadora).
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D.- En cuarto lugar, el principio de conservación, de sentido también obvio: “El órgano
que declare la nulidad o anule las actuaciones dispondrá siempre la conservación de
aquellos actos y trámites cuyo contenido se hubiera mantenido igual de no haberse
cometido la infracción” (art. 51 Ley 39/2015) (p. ej. en un procedimiento en el que se
hubiera omitido el trámite final de audiencia, la Administración, al resolver el recurso,
puede decidir que conserven valor todos los trámites anteriores del procedimiento, como
los informes y las pruebas).
E.- Y, finalmente, el régimen de convalidación, aplicable sólo a los actos anulables
mediante la subsanación de los vicios en que hubieran incurrido. De acuerdo con lo
dispuesto por el artículo 52.2, el acto de convalidación producirá, salvo lo dispuesto en
el art. 39.3 para la retroactividad de los actos administrativos, efecto desde su fecha.
Dicha subsanación se produce, cuando el vicio fuera de incompetencia, mediante el acto
ad hoc dictado “por el órgano competente cuando sea superior jerárquico del que dictó
el acto viciado” (art. 52.3 LPAC); aunque resulte incongruente, no cabe la
convalidación cuando la incompetencia sea por exceso (esto es, cuando el acto fuera
dictado por el órgano superior a aquel que sea el competente); y si fuera ocasionado por
la falta de alguna autorización ([Link]., la aprobación autonómica que precisan
determinados planes urbanísticos previamente aprobados por el Ayuntamiento), la
convalidación se producirá mediante el otorgamiento de la misma por el órgano
competente (art 52.4 LPAC).
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Ley 39/2015
TÍTULO III. De los actos administrativos
CAPÍTULO III. Nulidad y anulabilidad
Artículo 47. Nulidad de pleno derecho.
Artículo 48. Anulabilidad.
Artículo 49. Límites a la extensión de la nulidad o anulabilidad de los actos.
Artículo 50. Conversión de actos viciados.
Artículo 51. Conservación de actos y trámites.
Artículo 52. Convalidación.
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Artículo 47. Nulidad de pleno derecho.
1. Los actos de las Administraciones Públicas son nulos de pleno derecho en los casos
siguientes:
a) Los que lesionen los derechos y libertades susceptibles de amparo constitucional.
b) Los dictados por órgano manifiestamente incompetente por razón de la materia o del
territorio.
c) Los que tengan un contenido imposible.
d) Los que sean constitutivos de infracción penal o se dicten como consecuencia de ésta.
e) Los dictados prescindiendo total y absolutamente del procedimiento legalmente
establecido o de las normas que contienen las reglas esenciales para la formación de la
voluntad de los órganos colegiados.
f) Los actos expresos o presuntos contrarios al ordenamiento jurídico por los que se
adquieren facultades o derechos cuando se carezca de los requisitos esenciales para su
adquisición.
g) Cualquier otro que se establezca expresamente en una disposición con rango de Ley.
2. También serán nulas de pleno derecho las disposiciones administrativas que vulneren
la Constitución, las leyes u otras disposiciones administrativas de rango superior, las
que regulen materias reservadas a la Ley, y las que establezcan la retroactividad de
disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales.
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Artículo 48. Anulabilidad.
1. Son anulables los actos de la Administración que incurran en cualquier infracción del
ordenamiento jurídico, incluso la desviación de poder.
2. No obstante, el defecto de forma sólo determinará la anulabilidad cuando el acto
carezca de los requisitos formales indispensables para alcanzar su fin o dé lugar a la
indefensión de los interesados.
3. La realización de actuaciones administrativas fuera del tiempo establecido para ellas
sólo implicará la anulabilidad del acto cuando así lo imponga la naturaleza del término o
plazo.
Artículo 49. Límites a la extensión de la nulidad o anulabilidad de los actos.
1. La nulidad o anulabilidad de un acto no implicará la de los sucesivos en el
procedimiento que sean independientes del primero.
2. La nulidad o anulabilidad en parte del acto administrativo no implicará la de las
partes del mismo independientes de aquélla, salvo que la parte viciada sea de tal
importancia que sin ella el acto administrativo no hubiera sido dictado.
Artículo 50. Conversión de actos viciados.
Los actos nulos o anulables que, sin embargo, contengan los elementos constitutivos de
otro distinto producirán los efectos de éste.
Artículo 51. Conservación de actos y trámites.
El órgano que declare la nulidad o anule las actuaciones dispondrá siempre la
conservación de aquellos actos y trámites cuyo contenido se hubiera mantenido igual de
no haberse cometido la infracción.
Artículo 52. Convalidación.
1. La Administración podrá convalidar los actos anulables, subsanando los vicios de que
adolezcan.
2. El acto de convalidación producirá efecto desde su fecha, salvo lo dispuesto en el
artículo 39.3 para la retroactividad de los actos administrativos.
3. Si el vicio consistiera en incompetencia no determinante de nulidad, la convalidación
podrá realizarse por el órgano competente cuando sea superior jerárquico del que dictó
el acto viciado.
4. Si el vicio consistiese en la falta de alguna autorización, podrá ser convalidado el acto
mediante el otorgamiento de la misma por el órgano competente.
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