Educación Emocional en Primaria
Educación Emocional en Primaria
Integrantes:
Carmona, Daiana Macarena – DNI: 37.820.239
Moschen, Fiorela Evelim – DNI: 41.240.016
Paz Cardinali, Emilia Belén – DNI: 42.605.519
Vides Romero, Maria Alexa – DNI: 42.221.410
ÍNDICE
Pág.
INTRODUCCIÓN.................................................................................................3
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INTRODUCCIÓN
Esta monografía tiene como objetivo indagar las teorías, estrategias y beneficios de
la educación emocional, así como su aplicación práctica en el entorno educativo, a
través de una comprensión profunda de las emociones y el desarrollo de habilidades
socioemocionales de los estudiantes de nivel primario.
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FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL
“Propone como una posible solución forjar una nueva visión acerca del papel que
deben desempeñar las escuelas en la educación integral del estudiante,
reconciliando en las aulas emoción y cognición. En tal sentido, la educación debe
incluir en sus programas la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas
como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, así como
el resolver conflictos y la colaboración con los demás.” Goleman (1996)
Se puede definir como la forma de interactuar con el mundo, que hace gran énfasis
en los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la
autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la
agilidad mental, entre otros. Estas habilidades configuran rasgos de carácter como la
autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una
buena y creativa adaptación social.
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las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos.” Goleman
(1995)
Las emociones son los estados anímicos que manifiestan una gran actividad
orgánica, que se refleja en los comportamientos externos e internos.
“Las emociones son un estado complejo del organismo caracterizado por una
excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las
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emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno.”
Bisquerra (2003)
“La emoción humana se refiere a un fenómeno complejo que envuelve, por un lado,
una base biológica y, por otro, posee determinantes socioculturales presentes en el
desarrollo del individuo. El estudio sobre las emociones se torna relevante como
consecuencia de los procesos de patologización y medicación de niños y adultos, los
cuales constituyen un fenómeno creciente en la actualidad” (Consejo Regional de
Psicología de São Paulo, 2011)
1.5 La empatía
“La empatía es la actitud que tiene una persona para reconocer las emociones en
los demás, es decir, es la capacidad de comprender los sentimientos de los otros y
poder leer sus mensajes no verbales.” Goleman (1995)
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general. Dicha expansión se debe en parte al éxito que tuvo el best seller Emotional
Intelligence, escrito por el psicólogo y periodista Daniel Goleman en 1995. En el
interior de esta resuena con gran fuerza la necesidad del estudio de la inteligencia
humana, donde no solamente prevalece el estudio de los aspectos cognitivos e
intelectuales, sino que señala la importancia adecuada en el uso y gestión del
mundo emocional y social a fin de comprender el rumbo de la vida de las personas.
El autor Goleman demuestra, en su libro (“Inteligencia emocional” 1995), cómo la
inteligencia emocional puede ser fomentada y fortalecida en todos nosotros, y cómo
la falta de la misma puede influir en el intelecto o arruinar una carrera. La inteligencia
emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los
sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en
el trabajo, estudio etc., acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar
una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo
personal.
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Revisando los cuatro ámbitos de la IE descritos por Goleman, se concluye que se
trata de una capacidad fundamental, y, como muchas, existe la posibilidad de
desarrollar estas habilidades en cualquier ámbito, como el contexto escolar, laboral,
el ámbito de las relaciones familiares y en las relaciones con los pares, a fin de
obtener un rendimiento excelente.
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En segundo lugar, la facilitación emocional del pensamiento se refiere a las
emociones sentidas que entran en el sistema cognitivo como señales que
influencian la cognición (integración emocional y cognición). Las emociones priorizan
el pensamiento y dirigen la atención a la información importante. El estado de humor
cambia la perspectiva del individuo, desde el optimismo al pesimismo, favoreciendo
la consideración de múltiples puntos de vista. Los estados emocionales facilitan el
afrontamiento. Por ejemplo, el bienestar facilita la creatividad.
En tercer lugar, la comprensión emocional. Comprender y analizar las emociones
empleando el conocimiento emocional. Las señales emocionales en las relaciones
interpersonales son comprendidas, lo cual tiene implicaciones para la misma
relación. Capacidad para etiquetar emociones, reconocer las relaciones entre las
palabras y las emociones. Se consideran las implicaciones de las emociones, desde
el sentimiento a su significado; esto significa comprender y razonar sobre las
emociones para interpretarlas. Por ejemplo, que la tristeza se debe a una pérdida.
Habilidad para comprender sentimientos complejos; por ejemplo, el amor y odio
simultáneo hacia una persona querida (pareja, hijos) durante un conflicto. Habilidad
para reconocer las transiciones entre emociones; por ejemplo, de frustración la ira,
de amor a odio.
Por último, la regulación emocional (emotional management). Alude a la regulación
reflexiva de las emociones para promover el conocimiento emocional e intelectual.
Los pensamientos promueven el crecimiento emocional, intelectual y personal para
hacer posible la gestión de las emociones en las situaciones de la vida. Habilidad
para distanciarse de una emoción. Habilidad para regular las emociones en uno
mismo y en otros. Capacidad para mitigar las emociones negativas y potenciar las
positivas, sin reprimir o exagerar la información que transmiten.
2.3 Bar-On: modelo de la inteligencia emocional social (mixed model)
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Este modelo introduce el término cociente emocional (EC), el cual, relacionado con
la IE, señala que la esfera emocional y la cognitiva contribuyen en igual medida a las
potencialidades de una persona; es decir que esta confluencia explica cómo un
individuo se relaciona con las personas que lo rodean y con su ambiente.
Si bien Bar-On, con el objeto de sostener su afirmación, ha conducido estudios que
buscan la relación de la IE con la salud física y psicológica, la interacción social, el
rendimiento escolar y laboral, bienestar subjetivo y la realización del ser. De esta
misma forma el modelo ha encontrado su aplicabilidad en diversos contextos, como
el laboral, educativo, médico clínico y de investigación en programas de prevención
(Mancini & Trobini, 2011).
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La escuela comienza a percibirse como un espacio privilegiado para promover,
desde edades tempranas, un verdadero desarrollo integral del alumnado (García-
Tudela y Marín-Sánchez, 2019; Marco, 2018). Aunando las dimensiones
académicas, psicológicas y sociales trabajadas de forma global y transversal en el
aula (Bisquerra y Hernández, 2017), se favorece un positivo desarrollo emocional y
social (Domitrovich et al., 2017). Se ha comprobado que el alumnado procesa y
recuerda mejor los contenidos adquiridos si establece objetivos, aprende a manejar
su comportamiento y sus emociones, y si construye relaciones positivas en su
entorno escolar, lo cual redundará en su propio bienestar actual y futuro (Wang et
al., 2019). Una estrategia para el desarrollo positivo del alumnado son los programas
de educación socio-emocional, que refuerzan las habilidades y competencias
emocionales y sociales para mantener o mejorar la salud emocional, el bienestar
social y personal.
Estresores como la presión por alcanzar resultados considerados exitosos, el bajo
rendimiento académico, los problemas de exclusión entre compañeros, la presión
social, los problemas de acoso escolar (bullying) o los deberes pueden afectar
negativamente a la salud mental y al bienestar (Bazzano et al., 2018). Por ello, los
programas de educación socio-emocional (Sentir y pensar (Bisquerra, 2010) o VERA
(Benito, 2017), para alumnado de Primaria.), por una parte, ayudan a identificar
problemas de salud mental desde edades tempranas y, por otra parte, actúan como
factores de protección frente a la aparición de problemas emocionales en el entorno
educativo, al brindar al alumnado la posibilidad de mejorar sus fortalezas y
competencias intra e interpersonales. Los programas de educación socio-emocional
se centran en la adquisición y desarrollo de competencias socio-emocionales
clasificadas, como intrapersonales e interpersonales. Las primeras se refieren a las
habilidades para identificar y entender emociones propias, ponerles nombre,
manejarlas, y comprender su influencia en el comportamiento y la relación entre
emoción, cognición y comportamiento (Bisquerra, 2003; Bisquerra y Hernández,
2017; Bisquerra y Pérez-Escoda, 2007). Dentro de estas se encuentra la conciencia
emocional del modelo desarrollado por el GROP (Grupo de Investigación en
Orientación Psicopedagógica, por sus siglas en catalán).
Las competencias interpersonales aluden a la capacidad de empatizar con las
emociones de los demás y comprender normas éticas y sociales, de mantener
relaciones sociales positivas y saludables (cooperación, negociación, ofrecer ayuda,
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etc.), y de hacer elecciones de forma constructiva y respetuosa teniendo en cuenta
valores y normas sociales establecidos (Bisquerra, 2003).
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educadores y psicólogos, de conocer estos aspectos del proceso de desarrollo
infantil. Para intervenir de una forma distinta de las prácticas hegemónicas, que
reducen al individuo a sus características biológicas, deben conocerse plenamente
la educación afectiva que reciben los niños que se presentan en estados de
sufrimiento, así como los factores que impiden o dificultan su pleno desarrollo. Tal
comprensión es posible en la medida en que se abarcan aspectos involucrados en el
desarrollo emocional infantil —los cuales apenas están presentes de manera
rudimentaria en la fase inicial de la vida—, que incluye características biológicas e
innatas, pero que, en el transcurso de este proceso, adquieren cada vez más
características históricas y sociales, es decir culturales, surgidas de las relaciones
entre el niño y las personas que lo rodean. De esta manera, la emoción se
comprende en sus aspectos internos, biológicos, pero también en su desarrollo junto
a las demás funciones psíquicas, que abarca los aspectos externos, originados en
las relaciones sociales inmediatas y más amplias.
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En definitiva, el desarrollo temprano del juego posibilita el progreso global del niño,
ya que contribuye a la evolución de todas sus dimensiones: la biológica, gracias a la
potenciación del desarrollo del sistema nervioso; la motriz, ya que ayuda a
desarrollar el cuerpo y los sentidos; la afectiva y emocional, porque es una actividad
placentera, facilita las expresiones y ayuda a descargar tensiones; la intelectual, por
su papel en la evolución de las capacidades de razonar y la creatividad y finalmente,
la social, potenciando la comunicación y cooperación. Todo ello, gracias a la
oportunidad que le proporciona de experimentar, vivenciar, relacionarse con sus
compañeros, ejecutar ejercicios psicomotores, inventar, soñar, expresar, de forma
placentera, provocando un aprendizaje significativo y vinculado a su realidad más
cercana que establecerá la base para su posterior desarrollo en su vida de adulto.
El placer representa la finalidad intrínseca del juego mientras que la actividad seria
tiene como meta un resultado útil poseyendo un fin concreto.
La actividad lúdica es divertida y siempre es evaluada positivamente por quien la
realiza, pero no sólo engendra placer, además fomenta y desarrolla la capacidad de
goce del niño. El elemento clave del juego es el placer intrínseco que obtiene el
jugador al investigar y experimentar con sus propios límites y capacidades, incluso
con las posibilidades de los medios y materiales disponibles, teniendo con todo ello
un efecto estimulador y relajante.
El placer corporal del cual habla Aucouturier (1985) nos permite comprenderlo como
el camino real del cambio en el niño considerándose como una fuente de evolución
de todos sus bloqueos.
Es claro que el papel del docente es clave, más aún si a través del aprendizaje se
procura el promover habilidades cognitivas y las capacidades emocionales, que le
permitan un aprendizaje autónomo y permanente que puedan utilizarlo en
situaciones y problemas más generales y significativos y no solo en el ámbito
escolar.
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investigaciones más recientes confirman que las actitudes afectivas de los
profesores juegan un papel importante tanto en lo académico o cognoscitivo como
en lo interpersonal. La impronta que los procesos educacionales hacen en el futuro
emocional de los alumnos puede entenderse en dos direcciones. Por un lado, los
procesos de escolarización están impregnados de un complejo de relaciones
personales que hacen una particular huella en las personas, principalmente en los
primeros años de formación. Por otro lado, en todos los tiempos, el maestro ha
constituido un modelo a seguir para sus alumnos, por lo tanto, la manera en que
maneja sus emociones se constituye en un marco de referencia para los alumnos.
Martín y Bock (1997: 181) al respecto afirman que: Los alumnos que tienen
profesores inteligentes, desde el punto de vista emocional, disfrutan asistiendo a la
escuela, aprenden sin pasar miedo alguno y van edificando una sana autoestima.
Pero, sobre todo, la postura humana del profesor trasciende a ellos.
Para los psicólogos educacionales es fundamental que toda persona que se dedique
a enseñar tenga habilidades para relacionarse con los alumnos en diversas
circunstancias. Rasgos como flexibilidad, tolerancia, sentido del humor, capacidad
para relajarse, ser innovador y poder improvisar son primordiales en un maestro.
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Del mismo modo, estos autores también señalan que frecuentemente el docente en
su actividad del día a día en las aulas, debe enfrentarse a múltiples situaciones que
tienen que ver con un pobre desarrollo de la inteligencia emocional de sus alumnos,
por ejemplo, patrones actitudinales y conductuales poco apropiados, dificultades
para relacionarse, existencia de etiquetados y estigmatizados, afrontamiento
inefectivo de los problemas, entre otros. Para esta delicada tarea, precisan Gallego,
Alonso, Cruz y Lizama (1999: 55) que: Resulta imprescindible que el educador tenga
una clara conciencia de sí mismo y de sus procesos emocionales. La introspección y
el reconocimiento de sus puntos débiles y fuertes, la confianza en sí mismo que
demuestre, la atención que preste a sus estados de ánimo interiores y la expresión
que haga de las mismas ante sus alumnos son aspectos que un educador
competente debe trabajar y afianzar antes de enfrentarse a la enseñanza de la
inteligencia emocional a su grupo de alumnos.
Esta idea es compartida también por Pérez, Reyes y Juandó (2001: 122) quienes
sostienen que la formación para los maestros tiene tanto que ver con la adquisición
de una mayor información y conocimiento como con la reflexión sobre su propia
actuación, con el análisis sobre la adecuación de sus propios hábitos de
comportamiento docente.
Imbernón (1999) plantea que la escuela no puede ya tener como único objetivo la
transmisión de conocimientos, sino que también debe ocuparse de la educación de
la persona tanto en los aspectos individuales como sociales.
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Otro aspecto, más teórico, envuelve la misión de la escuela en general. Algunos ven
la escuela como un lugar para aprender materias académicas - como matemáticas,
literatura, donde las habilidades sociales y emocionales deben ser aprendidas en
otros espacios como la casa, la comunidad.
Elías, Hunter y Kress (2001: 138) destacan tres condiciones como necesarias para
desarrollar el aprendizaje social y emocional en las escuelas:
c. Los padres juegan un papel activo: así como los padres juegan un papel
importante en el desarrollo académico, también lo juegan en el desarrollo emocional
de sus hijos. Por lo tanto, las escuelas a través de las escuelas para padres u otras
iniciativas, podrían contribuir a su preparación. En razón a lo anteriormente
señalado, se precisa que en las instituciones educativas se pueden desarrollar
iniciativas como la evaluación del potencial emocional de sus miembros (profesores,
alumnos, padres, etc.), la identificación de las redes emocionales y del ambiente
emocional de la institución, el asesoramiento o apoyo individualizado para
profesores, alumnos y padres, promoción de campañas de sensibilización
emocional, desarrollo de programas de educación emocional.
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personal y social. La educación emocional, es un factor esencial para la prevención
y el desarrollo personal y social que se pone en práctica con el fin de evitar
comportamientos y actitudes negativas como la baja autoestima, depresión, estrés,
violencia… Se puede afirmar que muchos de los problemas que afectan a la
sociedad actual, tienen un fondo emocional y que se requieren cambios en la
respuesta emocional que damos a los acontecimientos para prevenir los
comportamientos negativos. Una respuesta a esta problemática puede ser la
educación emocional. La educación emocional, está entre otros factores, formada
por la inteligencia emocional. Los antecedentes de la inteligencia emocional, tienen
que rastrearse en las obras que se ocupan de la inteligencia y de la emoción.
Concretamente, los antecedentes centrados en la emoción que son los que más
interés tienen en este proyecto provienen de enfoques centrados en las emociones.
Este enfoque defiende que cada persona tiene la necesidad de sentirse bien consigo
misma, experimentar las propias y crecer emocionalmente.
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CONCLUSIÓN
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Además, la educación emocional en el nivel primario sienta las bases para un
bienestar general a lo largo de la vida. Los niños que adquieren habilidades
emocionales desde temprana edad tienen más probabilidades de convertirse en
adultos emocionalmente equilibrados, capaces de manejar situaciones estresantes y
establecer relaciones saludables. La educación emocional les brinda las
herramientas necesarias para mantener una buena salud mental y emocional a lo
largo de su vida.
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