padre–hijo puede llevar a manifestaciones ateístas sin que la persona afectada se de cuenta de que
existen relaciones entre la crisis familiar y la crisis espiritual.
c) La desilusión
Algunos de los casos presentados más arriba, como tensión entre padres e hijos, podrían ser
presentados también aquí como desilusión de los padres. Sobre todo cuando se trata de padres
supuestamente creyentes. Los jóvenes tienden a cuestionar, con razón o sin ella, la autenticidad de la fe
de sus padres. A veces los hijos de miembros activos de la Iglesia son los que menos interés tienen en
el culto, quizás por tener acceso a la vida privada de sus padres. Cuando el Evangelio se profesionaliza
o se mecaniza la desilusión viene como sub–producto obligatorio. El mejor sermón es aquel que se
predica con la vida.
El problema del hombre contemporáneo no es tanto que haya dejado de creer en Dios, sino que ha
dejado de creer en la Iglesia, que ha dejado de creer en los cristianos. Esto se debe fundamentalmente a
la pobreza del testimonio de los cristianos. Ignacio Lepp por mucho tiempo fue un activista de
campañas antirreligiosas en que se invitaba a las personas a escuchar una charla sobre religión y el
propio Lepp se encargaba de dictar las conferencias sobre la inexistencia de Dios, ante sus sorprendidos
oyentes que esperaban que se les dijera todo lo contrario. El estaba desilusionado del cristianismo,
leamos sus propias palabras: “Quizás parezca sorprendente que un hombre cuya vida ha transcurrido
principalmente en los diversos países del oeste europeo, no haya encontrado, hasta la edad de 26 años,
92
un sólo cristiano que fuera testimonio de su fe”. Pero cuando encontró a un cura obrero que realmente
vivía el Evangelio, este joven dejó la hoz y el martillo para abrazar la cruz de Cristo. Jung, señala que
los católicos suelen ir más lejos en la desilusión que los protestantes. El católico que se separa de la
Iglesia tiene inclinación al ateísmo, mientras que el protestante es más probable que se una a un grupo
sectario. “El absolutismo de la Iglesia Católica requiere al parecer, una negación igualmente absoluta,
al paso que el relativismo protestante permite variaciones”.93
La desilusión no es necesariamente una actitud neurótica, hay que distinguir la desilusión producto
de una situación objetiva de aquella que es más bien producto de un problema subjetivo. En el caso de
Carlos Marx es evidente que hay varios ingredientes, uno de ellos es su desilusión frente a la burguesía
alemana, supuestamente cristiana, que explotaba sin misericordia a los campesinos y obreros. Es
también evidente que Marx necesitaba un sustituto y, como veremos más adelante expresa cierto
resentimiento.
El secretariado para los no creyentes, de la Iglesia Católica, en un informe sobre la difusión del
ateísmo, cuando se refiere a la América Latina, afirma que “la causa más importante de la extensión del
ateísmo –aparte de la ignorancia religiosa– es la injusticia social. Injusticia social que los creyentes
defienden y mantienen. Hay en América Latina, por una parte, una serie de pequeños grupos de
privilegiados de dinero. Y, por otra parte, una masa de miserables. En general las clases dirigentes dan
la impresión de ser creyentes y católicos.94 En cuanto a las posibilidades de progreso del ateísmo en la
América Latina el informe dice:
“Para las masas proletarias, creo yo, que son las condiciones precisas para llevarlas al ateísmo en breve tiempo.
Vista su triste situación y su ignorancia, esto podría producirse muy rápidamente. Esta situación lleva por otra
92
Ignacio Lepp, op. cit. Pág. 27.
93
C. G. Jung, Psicología y Religión, Pág. 45.
94
La Iglesia, el hombre y la sociedad, Instituto de Sociología y Pastoral Aplicadas. Editorial Estela S.A. Barcelona,
Pág. 210.
parte, a los jóvenes que han adquirido una cierta cultura a una actitud de repulsa, y lleva a los intelectuales, a
buscar, a comprender, a experimentar el mundo por medio de la Ciencia, sin recurrir a un Dios creador”.95
Pero es muy común encontrar desilusiones neuróticas, como la que señala Lepp en el caso del gran
filósofo Nietzsche, a quien nos referiremos cuando nos ocupemos de la gratificación del yo como una
razón para el ateísmo. Dice Lepp que cualquier psicólogo al enfrentar a un hombre con un odio tan
desmesurado por el cristianismo como el que experimentó este filósofo, aún cuando no sepa nada de la
vida de este hombre, deducirá inmediatamente que se trata de un gran amor defraudado. Dice Lepp:
“Los biógrafos del filósofo, entre los que se encuentra su hermana, reconocen que Nietzsche, en su
juventud había esperado del cristianismo mucho, quizás humanamente demasiado”.96
d) Sustitución de la fe por un ídolo
“La cuestión no es tener o no tener religión, sino que clase de religión”, 97 ha dicho Erich Fromm.
Ya hemos señalado el punto de vista de Fromm en el sentido de que todo ser humano tiene la necesidad
de un marco de orientación y un objeto de devoción y Fromm la define como una necesidad religiosa
Pero Fromm señala que una persona puede encontrar satisfacción a esa necesidad en “un partido
político, cuyo único criterio de valor y verdad es el interés del estado o del partido, para quien la
bandera como símbolo de su grupo es un objeto santo, tiene una religión de adoración al clan y al
tótem, aunque en sus propios ojos es un sistema perfectamente racional, lo cual, por supuesto, creen
todos los devotos de cualquier clase de religión primitiva”.98
Peter Ehlen, en su biografía de Carlos Marx, afirma que el famoso filósofo utilizaba las
matemáticas como sustituto. En una ocasión, cuenta EhIen, que la esposa de Marx estaba gravemente
enferma, éste se refugió en su escritorio donde se entregó a las matemáticas. En cierta manera era un
intento de ahogar el deseo de orar.
Ya hemos señalado el punto de vista de algunos pensadores que afirman que el hombre tiene que
escoger entre el Dios verdadero y un ídolo o un fetiche como dice Max Scheler. No vamos ahora a
repetir los argumentos.
e) Gratificación del yo
Muchas veces al buscar el sustituto para el Dios Verdadero, el hombre se escoge a sí mismo como
ídolo. Adler señala la urgencia que experimenta el hombre por alcanzar poder. Federico Nietzsche
(1844–1900) enfatizó la voluntad de vivir, que es la voluntad de poder y de dominio, lo cual hace
necesario el ideal del Superhombre, aquel ser en el cual la voluntad de dominio se revela con toda su
intensidad. Este Superhombre si es que tiene alguna moral, es la moral del señor, en oposición a la
moral del esclavo. Entendía que la moral cristiana era una “moral de resentidos”. En su obra: Así
hablaba Zaratustra, Nietzsche, hace una confesión: “Si hubiera dioses, ¿cómo podría yo resistir no ser
un dios? Por lo tanto, no hay dioses”. Al comentar este dicho Paul Johnson señala, y con razón, que la
conclusión no es lógica sino psicológica. Afirma que es “una conclusión para gratificar al ego y no al
canon del silogismo. Así el ateísmo puede alimentar el ego para escapar de la inferioridad a la
superioridad inflada”.99 El ateísmo de Nietzsche podría también ser considerado como resentimiento,
como desilusión, como sustituto (el Superhombre en lugar de Dios) y como proyección, es decir,
95
Ibid, Pág. 211.
96
Ignacio Lepp, op. cit. Pág. 172.
97
Erich Fromm, op. cit. Pág. 26.
98
Ibid, Págs. 31–32.
99
Paul Johnson, op. cit. Pág. 183.
culpando a Dios y a la religión por su propia inferioridad. Como vemos no es posible establecer una
clara línea de demarcación entre las distintas causas que estamos señalando. En algunos casos se
conjugan varias causas.
Sin embargo, la afirmación de la personalidad no conduce necesariamente al ateísmo. Es bueno y
saludable que todos afirmemos nuestra personalidad, y con esto nos estamos refiriendo a las actitudes
extremas en que realmente se asumen actitudes idolátricas en que el yo es el fetiche. Lejos de condenar
la afirmación de la personalidad, el cristianismo la estimula. Jesucristo nos dice claramente: “Amarás a
tu prójimo como a ti mismo” lo cual significa que tenemos que amarnos si es que queremos llegar a
amar al prójimo. Pero cuando se exagera el amor por sí mismo, estamos en peligro de caer en el
narcisismo. (ver glosario)
f) Proyección
En Psicología Pastoral estudiamos la proyección como un mecanismo psicológico inconsciente que
nos impide encarar nuestra propia realidad.100 La proyección consiste en un rechazo de la culpa
personal, la cual se proyecta en alguien. La proyección suele ser un escape ante la responsabilidad
moral. En algunos casos se piensa así: Si Dios me hizo es responsable por lo malo que pueda haber
hecho. En otros, como señala Berkoff en su Teología Sistemática, “las fallas morales son a menudo la
causa del ateísmo. El hecho de que no conviene que Dios exista”. Johnson cita a Dostoievsky como un
autor que refleja el ateísmo del siglo XIX en los Hermanos Karamazov. En esta obra Iván, al regresar
de sus estudios universitarios informa que si no hay Dios nada es ilegal, ni siquiera el canibalismo. El
criado de su padre, Smerdyakov se apropió de la idea y mató a su patrón.101 En el informe del
Secretariado para los no Creyentes, que hemos mencionado antes, se hace un estudio sobre el ateísmo
en la Unión Soviética. Se afirma que el ateísmo nihilista nietzscheano prevalece sobre el ateísmo
marxista. Presenta cuatro actitudes hacia Dios en la juventud: 1. - El ateísmo filosófico, que representa
una minoría, 2. - Un grupo más importante que busca a Dios o que ya lo ha encontrado, 3. - Algunos
jóvenes que rechazan a Dios, porque se dan cuenta que si buscan a Dios hay que aceptarlo totalmente,
con una moral cristiana que es rigurosa. Tienen miedo de comprometerse. ¿Son ateos o no? Esto es
bastante dificil de saber, 4. -“La masa que está a mitad de camino entre una cierta fe y una cierta
102
duda”. En conclusión encontramos, según este informe, en la Unión Soviética dos tipos de ateísmo:
El filosófico y el psicológico. El tercer grupo se refiere claramente a la proyección como medio de
evasión moral, Dios no existe porque no me conviene que exista. En mi opinión el grupo 4 sería similar
al 2. La duda la considero como un elemento positivo, ya lo veremos en el capítulo quinto.
Antes de terminar las reflexiones en torno a la proyección quiero presentar al lector dos casos en
que creyentes han pasado al ateísmo por un mecanismo de proyección. Me refiero a dos predicadores
que traté de ayudar: uno laico, el otro, clérigo. En ambos había el mismo problema: el sexo. Ambos
asumían una actitud de extrema rigidez hacia el sexo. El primero consideraba que un joven cristiano
que asistiera al cine a ver cierto tipo de películas no era cristiano. Predicó un sábado a la noche en un
anexo de la Iglesia, en La Habana, según me dijeron los hermanos de esa pequeña congregación, fue un
buen sermón. Al día siguiente un amigo vino muy preocupado porque la persona en cuestión le había
confesado que ya no creía en Dios. Dos días más tarde venían a visitarme. El “ateo”, llamémosle
Alfredo, estaba muy triste porque había perdido, decía él, un gran tesoro. “Cuando creía me sentía feliz
100
Jorge A. León Psicología Pastoral, op. cit. Págs. 53-56.
101
Paul Johnson, op. cit. Págs. 183–184.
102
La Iglesia, el Hombre y la Sociedad, op. cit. Págs. 205–206.
y mi vida tenía significado, ahora que soy ateo no tengo razones para vivir. Esto es terrible pastor, yo
quiero creer pero no puedo”. Al preguntarle qué había pasado la noche del sábado después del
magnífico sermón que había predicado, afirmó que no había pasado nada. Su angustia era tal que lo
hipnoticé (ver glosario) y le sugerí que ya creía, al despertar era creyente de nuevo. Al tercer día volvió
a ser ateo. Volvió rogándome que lo hipnotizara de nuevo, para volver a creer. Me opuse
terminantemente. Era cuestión de encontrar la causa de su ateísmo, No fue fácil para aquel joven
contarme lo que ocurrió aquella noche del sábado. Al salir del culto se encontró con una vieja amiga,
que no había visto en mucho tiempo. Terminaron en un hotel. Llegó a su casa a las dos de la
madrugada del domingo y estas son sus palabras: “Me dispuse a orar como lo hacía todas las noches al
acostarme. Cuando me ví arrodillado frente a mi cama me dije: ¡Qué descarado eres! ¿Cómo te atreves
a dirigirte a Dios en oración cuando acabas de hacer lo que sabías que no debías hacer? Me acosté sin
orar por primera vez en muchos años”. Al despertarse no tuvo deseos de levantarse para ir a la Escuela
Dominical ni al culto. Se levantó a la hora en que en la Iglesia comenzaba el culto, en ese momento
llegó a la conclusión de que no valía la pena. A la tarde le confesó al amigo que no podía seguir
creyendo en Dios. Un caso típico de proyección en que se quiere silenciar la culpa personal en un Dios
del cual hay que deshacerse para liberarse. Si no hay Dios nadie podrá exigirnos una conducta moral.
El otro caso es más complejo y nos llevarla mucho espacio presentarlo. Sólo señalamos que una
neurosis fue la motivación de su llamado al ministerio. Con un espíritu utilitarista deseaba,
inconscientemente, usar a la religión para liberarse de sus dificultades. Los años habían pasado y al
descubrir que el conflicto seguía latente la desilusión neurótica se apoderó de él y de un extremo saltó
al otro, los extremos se tocan. En ambos casos es necesario tener en cuenta el contexto de una filosofía
oficial atea, creo que en Cuba es más fácil el uso de este mecanismo psicológico, pero siempre es una
posibilidad en cualquier lugar del mundo.
g) Racionalización
En Psicología Pastoral estudiamos la racionalización como un mecanismo psicológico inconsciente
que nos impide encarar la realidad de lo que somos.103 Allí presentamos los puntos de vista de Paul
Johnson, Erich Fromm, E. A. Strecker y K. E. Appel y que no vamos a repetir ahora. Me limitaré a
presentar un caso. Se trata de un técnico mexicano que había venido a Cuba contratado por el gobierno.
Un amigo le recomendó que viniera a verme y a pesar de ser ateo se presentó ante un pastor.
Su problema era que padecía de unos fuertes dolores en el vientre, a veces tan fuertes que le
impedían trabajar. Había agotado todas las investigaciones médicas, aparentemente no padecía ninguna
enfermedad conocida. Espontáneamente empezó a hablar de las razones por las cuales había abrazado
el ateísmo y comenzó a hablar mal de un sacerdote mexicano que, curiosamente, cinco años atrás había
venido a radicarse en Cuba. Dijo que había sido sacristán y que había seguido a ese sacerdote a
diferentes parroquias de la capital mexicana. Estuvo en relación con él por alrededor de trece años.
Acusaba al sacerdote de haber tenido relaciones sexuales con una joven, prima suya, y con una terrible
agresividad afirmó que si habla venido a Cuba era para tratar de encontrarlo y matarlo. Dejó de creer
por la desilusión ante el mal ejemplo de su ídolo. Podríamos pensar en un mecanismo de proyección,
pero en este caso más bien hay una racionalización. A la tercera entrevista confesó que soñaba de vez
en cuando que él era su prima y tenía relaciones sexuales con el sacerdote. Para él estos sueños eran
absurdos y le molestaban terriblemente. Afirmó que desearía ver muerto al sacerdote. No obstante más
tarde afirmó que había averiguado donde se encontraba y que varias veces había ido a misa, “sólo para
103
J. A. León, Psicología Pastoral, op. cit. Págs. 51-53.
verlo, porque siendo ateo la misa no tiene para mí significado”. En el fondo había una fijación
homosexual platónica y la tormenta había surgido cuando se puso celoso de su prima, que según él,
mantenía relaciones íntimas con el sacerdote. El insistía en que era muy macho y hacía galas de las
múltiples aventuras heterosexuales que vivía, simultáneamente, en La Habana. Cuando sus
motivaciones inconscientes fueron clarificándose y se dio cuenta que había en él un hermafroditismo
(ver glosario) psíquico, que trataba de ahogar con una intensa vida heterosexual. (ver glosario) Cuando
aceptó que en ciertos momentos sentía como si fuera una mujer y que en lugar de una culpa neurótica
debía aceptar sus dificultades como culpa existencial, no solo desaparecieron sus dolores en el vientre,
sino que volvió a la fe. El motor de su ateísmo era su pasión homosexual. Por un lado deseaba matar al
Dios que con su moral impedía una relación homosexual (proyección) y por el otro lado condenaba al
sacerdote por una conducta inmoral y por desilusión caía en el ateísmo. No se trataba sino de una
racionalización. Su pasión triunfaba sobre su razón. Aunque pretendía presentar un ateísmo racional
éste era básicamente pasional.
h) Regresión
En Psicología Pastoral nos ocupamos de la regresión como mecanismo inconsciente utilizado para
104
evadirse de los conflictos mediante un “regreso” a normas infantiles de conducta. Erich Fromm
señala que hay un tipo de regresión que se manifiesta en la vida religiosa, el regreso a formas
primitivas de religión. Señala la responsabilidad de las religiones monoteístas de salvar al hombre de
tales regresiones. Se pregunta: "¿No es la creencia en Dios una salvaguardia contra la caída en el tótem
ancestral o en la adoración al becerro de oro… ? Pero la religión histórica ha capitulado y se ha
comprometido con el poder secular una y otra vez. Se ha preocupado más por los dogmas que por la
práctica de la humildad en la vida diaria… Si las iglesias fueran los representantes no sólo de las
palabras sino del espíritu de los Diez Mandamientos y de la Regla de Oro, podrían ser fuerzas potentes
bloqueando la regresión a la adoración del ídolo”.105 Hoy esa regresión se expresa mediante el
resurgimiento del espiritismo, la brujería, etc.
Más que de ateísmo se trata de idolatría, aunque no se reconoce al ídolo como tal, si no que hay
cierta racionalización. Se pretenderá que las motivaciones son exclusivamente racionales y que no hay
aspectos emocionales envueltos. Como ya hemos señalado no es posible establecer una clara línea de
demarcación entre las diferentes causas del ateísmo. Aquí nos encontramos con la idolatría como
sustituto y también con la racionalización, causas a las cuales ya nos hemos referido.
i) Educación
Es el caso del niño que nace en un hogar ateísta y al cual se le educa para que sea ateo. He tenido
oportunidad de dialogar con varias personas en esta situación. En una asamblea de jóvenes recuerdo el
caso del hijo de un líder comunista que me dijo: “Nunca se me había planteado el problema de Dios,
ahora que lo tengo he perdido la paz”. Una señora, también criada en el ateísmo, me decía: "¡Cómo
desearía tener su fe! Siento que necesito creer, pero realmente no puedo”. Esto nos plantea un problema
a la tesis que venimos desarrollando en el sentido de que el hombre es una Gestalt Viviente en proceso
de integración, donde el elemento espiritual es un ingrediente indispensable por cuanto en todo ser
humano se encuentra el Imago Dei. ¿Es la religiosidad innata o adquirida? El ser humano tiene una
intuición innata que le lleva a procurar la experiencia religiosa o a un sustituto, pero esa inclinación
necesita ser educada. Lo que es aplicable al alimento material también lo es al espiritual. Cuando un
104
J. A. León, Psicología Pastoral, op. cit. Págs. 59-61.
105
Erich Fromm, op. cit. Págs. 33–34.
niño nace siente la necesidad de mamar, y comienza ahí un largo proceso de educación. Hay que
educar al niño para que aprenda a comer. Si al niño no se le educa comería como los animales.
Igualmente el ser humano necesita la educación religiosa. Son tendencias naturales que necesitan
orientación. La revelación subjetiva, a la cual nos hemos referido, es incompleta sin la revelación
objetiva. Eso explica la angustia de los dos casos que acabo de señalar. La falta de educación religiosa
en la niñez no había permitido acumular en el inconsciente datos suficientes para lograr un esquema
referencias bien balanceado. De no existir la revelación subjetiva estas personas no se habrían hecho
problemas aún cuando se les hablara de la existencia de Dios. Ahí reside básicamente la diferencia.
j) Resentimiento
Ignacio Lepp se refiere al rechazo que hacen de la religión tanto Marx como Freud, rechazo que se
hace en nombre de la ciencia, pero salta a la vista la parte preponderante de los elementos pasionales
efectivos. “El resentimiento desempeña un importante papel en el ateísmo de casi todos los judíos que
conozco, y en el ateísmo de Carlos Marx su papel es probablemente mayor que en ningún otro”.106 Es
interesante señalar que esta es la opinión de un ex–activista marxista.
Para terminar con estas reflexiones sobre las causas del ateísmo, debemos señalar que en muchos de
los casos presentados el ateísmo es más aparente que real. No obstante, en unas estadísticas del
Secretariado para los no Creyentes, se afirma que en el mundo hay 2.700 millones de creyentes en Dios
y 400 millones de ateos”.107 “La Psicología Profunda no puede dar ni destruir la fe; ésta permanece en
108
el dominio metapsíquico, que la teología llama gracia”. La religión neurótica suele desaparecer con
el ajuste emocional, pero no así la religión verdadera. Esa es la diferencia entre lo auténticamente
humano y lo que es sólo una muleta.
Terminamos estas reflexiones con un comentario de Rümke:
"He tratado a muchas personas mediante el psicoanálisis. En el curso del análisis nunca he visto derribarse una
creencia real; pero, en cambio creencias reprimidas han sido liberadas mediante el análisis. Un segundo
argumento es la experiencia que tan a menudo he tenido; la llamada incredulidad muestra tener una mayor
afinidad con la neurosis que la creencia real”.109
CAPÍTULO III
LA CONVERSION
1. Definición
La Biblia no nos presenta una definición del fenómeno religioso que conocemos con el nombre de
conversión. Sencillamente nos presenta los hechos como realidades incuestionables. Una buena parte
de las iglesias protestantes hacen de la conversión, entendida como arrepentimiento de los pecados y
aceptación de Jesucristo como salvador, el tema central y casi único de la predicación. Un miembro de
mi congregación, que procedía de una denominación con esquemas rígidos, me dijo un día a la
terminación del culto: “Muy bueno su sermón pastor–––pero de vez en cuando hay que predicar el
Evangelio”. ¿Qué cree usted que he predicado?, fue mi respuesta. Para este hermano si no se predica el
arrepentimiento y la aceptación de Cristo, no se ha proclamado el Evangelio. Es interesante como ese
énfasis, que aparece pocas veces en la Biblia,1 ha influido tanto sobre algunas denominaciones. No
106
Ignacio Lepp, op. cit. Pág. 66.
107
La Iglesia, el Hombre y la Sociedad, op. cit. Pág. 197.
108
Ignacio Lepp. op. cit. Pág. 55.
109
Rümke, op. cit. Pág. 44.
1
Marcos 1:15, véase Mateo 3:2; Lucas 15:7, 10; Lucas 24:47
quiero decir que ese tipo de predicación debe eliminarse, simplemente reacciono contra la creencia de
que ese es todo el Evangelio.
Vamos a tratar de encontrar una definición a partir de este enfoque tradicional. El esquema aparece
en San Mateo y San Marcos: “Arrepentíos y creed en el Evangelio”, es incompleto en San Lucas y no
aparece en San Juan. Es interesante señalar que el verbo arrepentirse y, el sustantivo arrepentimiento no
aparecen ni una sola vez en el Evangelio según San Juan.2 . ¿Significa eso que el Evangelio de Juan no
es el Evangelio? ¿Significa que si sólo tuviéramos el Evangelio de San Juan no seríamos cristianos?
Por otro lado, cuando Jesús llamó a sus discípulos no les hizo someterse a una fórmula rígida: No les
obligó a arrepentirse y aceptarle como salvador antes de constituirse en discípulos suyos. El los invitó a
seguirle. Los cuatro Evangelios son testigos del llamado de Jesús a seguirle; San Mateo: “Otro de sus
discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: sígueme;
deja que los muertos entierren a sus muertos” (8:21–22). “Pasando Jesús de allí, vio un hombre llamado
Mateo… y le dijo sígueme (9:9), San Marcos: "… vio a Leví… y le dijo: sígueme” (2:14). “Entonces
Jesús, mirándole, le amó y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres,
y tendrás tesoro en el cielo, y ven, sígueme tomando tu cruz” (10:21). “Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha
salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”. (10:52). San Lucas: “Leví,
sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: sígueme” (5:27). “Y dijo a otro: sígueme. El le
dijo: Señor déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren
a sus muertos; y tú ve, y anuncia el Reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré Señor; pero
déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su
mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (9:59–62). San Juan: “El siguiente día
quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: sígueme” (1:43). “Yo soy la luz del mundo: el que
me sigue no andará en tinieblas” (8:12). “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”
(10:27). “Si alguno me sirve, sígame” (12:26). “Y dicho esto añadió: sígueme” (21:19).
Otros pasajes aclaran el significado y alcance de seguir a Jesús: “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí,
no es digno de mí" (Mt– 10:38). “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, Y tome su cruz, y
sígame” (Mt. 16:24). El verbo seguir es bien dinámico, implica movimiento, avance, progreso. Y es en esos
términos que debemos entender la conversión. Es interesante señalar que la profesión de Pedro viene casi al cabo
de tres años de seguir a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16, Cf. Mc. 8:29 y Lc. 9:20).
En estas reflexiones nos basamos en la concordancia griega siguiendo el uso del verbo griego
akoloutheo (seguir). Pero la invitación de Jesús se expresa de otras maneras: “Simón… y Andrés, su
hermano… y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. (Mt. 4:19) El mismo
Pedro que deja las redes para seguir a Jesús y que después hace la confesión de fe en Jesucristo, recibe
como postrer mandato del Cristo resucitado la orden de seguirle, San Juan 21:19. Podríamos añadir
muchos pasajes más, pero nos parece innecesario, sólo señalamos que el verbo akoloutheo (seguir) se
usa 28 veces en Mateo; 21 veces en Marcos; 17 veces en Lucas y 20 veces en Juan. En total 86 veces
en los cuatro Evangelios. Esto muestra la importancia de seguir a Jesucristo.
Volvamos ahora a los pasajes que tradicionalmente han sustituído al largo proceso de seguir a
Jesús, específicamente Mateo 3:2 y Marcos 1:15. Debo señalar, sin embargo, que la combinación:
arrepentirse–creer, aparece en otros pasajes pero con referencia a la predicación de Juan el Bautista y
no a la del Señor, por lo tanto, no los tomaremos en consideración. El primer error al utilizar esos dos
2
El verbo metanoeo o el sustantivo metanoia aparecen, en total, siete veces en Mateo, tres veces en Marcos,
catorce veces en Lucas y ninguna vez en Juan.
versos bíbIicos es divorciarlos de su contexto. Marcos, el Evangelio más antiguo, dice: “El tiempo se
ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el Evangelio” (1:15). En pasajes
paralelos Mateo ha conservado estas palabras: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha
acercado” (3:2 y 4:17). El arrepentimiento se presenta en el contexto del reino de Dios. Si el reino es
3
una escatología (ver glosario) realizándose como ya hemos señalado. Después de largas reflexiones
sobre el uso que hizo Jesús del Salmo 110 y el cambio que hizo en el texto de la Séptuaginta (ver
glosario) para presentarnos un mensaje conmovedor, en Teología de la Unidad, afirmo:
De todo lo que hemos dicho podemos concluir, sin pecar de exagerados, que nuestro Señor Jesucristo creyó en
una escatología en curso de realización. (Justo lo que ha llegado a ser el consenso teológico señalado en el
capítulo anterior). Sus enseñanzas paradójicas sobre el reino presente y futuro, que han dado tanto que hacer a
los exégetas del Nuevo Testamento, la paradoja misma del dicho ante el sumo sacerdote, sentado y viniendo, la
adaptación y el uso del Salmo 110:1, sólo y mezclado con Daniel 7:13, nos permiten hacer tal afirmación. La
anaquefalaiosis en Cristo tendrá su consumación, esa es nuestra esperanza. Hacia ella marchamos guiados por
el Espíritu Santo”.4
Si el reino de Dios es un proceso iniciado en la persona y ministerio de Jesucristo y a consumarse
con su segunda venida y si el arrepentimiento está íntimamente relacionado con el Reino, es lógico que
se trate también de un proceso. Al usar la palabra arrepentimiento estamos pensando en el término
griego metanoia para el cual quizás deberíamos encontrar otra traducción. Entramos ahora a considerar
esa cuestión. Existe un documento de Aristeas, del siglo II A.C. donde usa el verbo metanoeo
(arrepentirse) para señalar un proceso mediante el cual Dios está: “Convirtiendo al hombre de su
5
maldad y conduciéndolo hacia un cambio”. Una traducción literal de arrepentimiento sería: Cambio de
mente (meta y noia). “El cambio de mente de aquellos que han comenzado a detestar sus errores y
malas acciones y han determinado entrar en un curso de vida mejor, así que incluye tanto un
reconocimiento del pecado y pesar por él y un cambio sincero, prueba y efecto de lo cual son las
6
buenas acciones”.
Hemos visto que Jesús nos llama a ponernos en movimiento, a seguirle en el camino. Hemos visto
que la palabra arrepentimiento tiene un tremendo dinamismo que es mucho más que una actitud pasiva.
Más bien es algo que nos mueve. El cambio de mente comienza cuando uno tiene una nueva
perspectiva ante el impacto del Evangelio, pero ese cambio va superándose paulatinamente en marcha
hacia la culminación. La idea del proceso en la conversión ha sido señalado por varios autores, veamos
algunas definiciones famosas: Para William James la conversión es el proceso gradual o repentino, por
el cual un yo, hasta entonces dividido y conscientemente malo, inferior y desdichado, deviene
unificado y conscientemente bueno, superior y dichoso, como consecuencia de su más firme asirse a las
7
realidades religiosas”. John Baillie presenta dos definiciones que ofrece Cicerón, dentro del contexto
del estoicismo, por medio de analogías. “La de un hombre caído en aguas profundas, que gradualmente
se eleva, hasta que llega a la superficie súbitamente y se halla en condiciones de respirar; y la de un
3
J. A. L. Teol. de la U., op. cit. Véase capítulo 2 y 3.
4
Ibid, Pág. 40.
5
J. H. Moulton, The Vocabulary of the Greek Testament, Glasgow, Hodder and Stoughton, 1963, Pág. 404.
6
J. H. Thayer, Greek-English Lexicon of the New Testament, Grand Raplds, Michigan, Zondervan Publishing
House, 1963, Pág. 406
7
William James, op. cit. Pág. 189.
cachorro que nace ciego y gradualmente va avanzando hacia el poder de la visión, hasta que
8
súbitamente descubre que puede ver las cosas”.
Las tres definiciones hacen justicia a la realidad de que se trata de un proceso, también señalan que
tiene un momento culminante. En nuestra opinión, la conversión es el proceso idóneo para alcanzar la
plena integración de la Gestalt Viviente, que es el hombre, mediante varios momentos culminantes
donde la revelación subjetiva y la objetiva aparecen íntimamente imbricadas. Estos momentos
culminantes son cuatro: 1. - Encuentro divino–humano, 2. - Experiencia Mística, 3. - Lucha conflictiva
y 4. Maduración. Como se verá, no identificamos la conversión con el momento culminante que
llamamos “Encuentro Divino–Humano”, reconocemos esa experiencia como un elemento fundamental
e indispensable para la conversión, pero no es toda la conversión. Es el primer escalón, pero no es toda
la escalera. Estos momentos culminantes serán estudiados en el presente y en los tres capítulos
siguientes. Trataremos a continuación de fundamentar bíblica y teológicamente nuestra definición:
2. Teología de la conversión
Hemos hecho las siguientes afirmaciones:
“La Gestalt Viviente en proceso de integración es a nivel individual lo que la Anaquefalaiosis en Cristo es a
nivel cósmico” y “El mismo esquema que aplicamos en Teología de la Unidad a la Iglesia, queremos aplicarlo
en esta obra al individuo, especialmente al creyente que es consciente del proceso por el cual está atravesando”.
En nuestra definición presentamos a la conversión como el proceso idóneo para alcanzar esa integración.
Entendemos que es imposible divorciar lo individual de lo social, la conversión individual de la
redención cósmica. Para evitar caer en el individualismo religioso es preciso tener en cuenta la
perspectiva de un proceso mucho más amplio que nos incluye, pero que también incluye a toda la
creación. Nos proponemos ahora tratar de probar la inter–relación entre conversión y anaquefalaiosis
en Cristo. Hemos visto que la anaquefalaiosis es un proceso de conducción de todas las cosas hacia la
plena soberanía de Jesucristo. Cuando un hombre se rinde ante Jesucristo y le reconoce como Señor y
Salvador, a nivel individual se produce un cambio que se conoce con el nombre de conversión y a nivel
cósmico se está cumpliendo la anaquefalaiosis en Cristo. La anaquefalaiosis es una “conducción
hacia la consumación escatológica. (ver glosario) Implica un movimiento en la historia que va dejando
atrás hechos concretos en su marcha hacia la consumación de los planes eternos de Dios”. 9 Los hechos
culminantes (kairoi) de la anaquefalaiosis, que aparecen en la Biblia, son: La cruz del Calvario, que
abre las puertas a la posibilidad de conversión individual (Juan 3:16) pero que también tiene una
proyección cósmica (Col. 2:14). El segundo momento culminante es la resurrección de nuestro Señor,
mediante la cual ha dado vida a los creyentes (Efesios 2:5), tanto a nivel individual como comunitario.
El tercer momento es el descenso del Espíritu Santo sobre la Iglesia (Hechos 2). El cuarto momento es
la revelación del misterio –mediante el cual judíos y gentiles forman un solo cuerpo (Efesios 1:9, 3:5–
6), ya no existe pared de separación entre los hombres (Efesios 2:14–15). El quinto momento es la
revelación de la Iglesia como primicias de la consumación de la anaquefalaiosis en Cristo (Efesios
1:23). Sobre la afirmación de que la Iglesia es la “plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”,
(Efesios 1:23). Markus Barth afirma que lo más probable es que la Iglesia sea designada como la
comunidad que ya está llena de Cristo. Para Barth esto quiere decir que la Iglesia reconoce
conscientemente su señorío y por lo tanto levanta su voz y sus brazos para alabarlo. El dominio de
Cristo no se ejerce sólo sobre la Iglesia, pero, “todos los hombres no saben todavía que Cristo ya está
8
John Baillie, Regeneración y Conversión, Buenos Aires, Editorial La Aurora, 1956, Pág. 45.
9
J. A. León, Teol. de la U., op. cit. Pág. 19.
llenándolo todo, sólo la Iglesia lo sabe”.10 Por estas razones afirma Markus Barth que la Iglesia debe
ser llamada “las primicias, el comienzo, el ejemplo, la señal y alabanza que debe ser conocida
universalmente y disfrutada conscientemente por los hombres. La Iglesia no es más que una institución
preliminar, transitoria y de servicio. Por el momento es la única comunidad sobre la tierra que sirve a
11
Jesucristo conscientemente”.
Creemos que a cada momento objetivo de la anaquefalaiosis cósmica corresponde un momento
culminante en la experiencia individual de conversión. La Cruz del Calvario y la Resurrección son dos
momentos casi simultáneos, mirándolos a larga distancia, en la perspectiva de los siglos y milenios, a
este kairós (ver glosario) corresponde el encuentro divino–humano y la regeneración, que no es más
que la muerte a la vida bajo la soberanía del pecado y el renacer bajo la soberanía de Jesucristo.
“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo
resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos
6:4). (Véase Efesios 2:1–10). En el capítulo II nos referimos al proceso de integración en la descripción
bíblica. Allí estudiamos brevemente los conceptos de salvación, redención y hombre nuevo. Vimos que
en los tres conceptos hay coincidencia en la idea de un proceso que conduce a la consumación.
Especialmente cuando reflexionamos sobre el hombre nuevo, afirmamos que el hombre que está en
Cristo, ya es una nueva criatura, ya ha sido regenerado, pero todavía no se ha consumado el proceso. Es
una realidad por cuanto el proceso ha comenzado a marchar, no es una realidad consumada porque
queda mucho terreno por andar. El tercer momento culminante en el proceso de anaquefalaiosis es el
descenso del Espíritu Santo sobre la comunidad primitiva, la misma experiencia es necesaria en el
creyente individual. El cuarto momento en la anaquefalaiosis es la unión de judíos y gentiles en un
solo cuerpo, pero un cuerpo lleno de tensiones entre los judeocristianos y los paganocristianos.
Igualmente en el creyente individual surgen conflictos que se manifiestan a través de dudas. Por último
la Iglesia madura, como primicia de la consumación es lo que debe ser también hoy cada congregación
por la contribución de cada creyente maduro. Es evidente la correspondencia entre el proceso más
amplio y el individual, los dos terminan en la Iglesia madura. Cada uno de estos momentos culminantes
serán analizados en sendos capítulos. Véase el siguiente esquema. Aquí tratamos de presentar lo más
claramente posible nuestra interpretación de la conversión como un proceso con algunos momentos
culminantes, siendo el primero y fundamental el encuentro personal con Jesucristo.
Anaquefalaiosis en Cristo y conversión individual
Hechos objetivos que son
reconocidos sólo por la Iglesia. Que
nos señalan que se ha iniciado un
proceso que conduce
paulatinamente a todas las cosas
que están en la tierra y en el cielo,
bajo el señorío de Jesucristo
(Efesios 1:10)
Calvario Resurrección Recepción Unificación Señorío de
del Espíritu de judíos y Jesucristo sobre
10
Markus Barth, The Broken Wall, Londres, Collins, 1960. Pág. 139
11
Ibid, Pág. 139.
Santo gentiles en todos
un solo
Cuerpo.
Tensiones
en el seno
de la Iglesia
Encuentro Regeneración Experiencia Lucha con Madurez
con Renacimiento Mística las dudas cristiana
Cristo. bajo el (Santificación
Muerte señorío de vivida en
del Jesucristo comunidad
hombre
viejo
Experiencia personal subjetiva de
cada creyente, que se presenta en
forma de crecimiento y que es una
manifestación particular de un
proceso más complejo a nivel
cósmico.
Como se verá, el esquema está dividido en dos partes. El superior marca la realidad objetiva que es
válida para todos los hombres, pero que no todos los hombres hacen suya. Allí se presenta la salvación
gratuita que Dios ofrece en Cristo a todos los hombres. Debajo aparecen los momentos culminantes en
que el creyente hace suyos esos momentos culminantes que Dios ha provisto para todos los hombres.
La línea horizontal, al centro del diagrama, tiene una serie de flechas que indican dirección, progreso,
movimiento.
Nuestra interpretación difiere del concepto, muy corriente, de que la conversión se limita a una
experiencia instantánea y no progresiva. Por otro lado, no desechamos la experiencia que comúnmente
llamamos conversión, sino que la entendemos como un escalón y no como la escalera. Es el primero y
fundamental escalón, pero es indispensable seguir subiendo, de lo contrario corremos el riesgo de
estancarnos espiritualmente.
Creemos que el concepto tradicional no es erróneo, pero es parcial. La herejía no consiste en
afirmar algo contrario a la verdad, sino tomar un aspecto de la verdad, magnificarlo de tal manera que
se niegue el resto de la realidad. Creo que una de las razones por la cual no se ve un progreso numérico
en las iglesias es por una incomprensión del concepto cristiano de conversión. A continuación
presentamos algunas de las razones por las cuales consideramos desafortunado el concepto tradicional,
restringido de conversión:
a) Estancamiento espiritual. Si la experiencia súbita y conmovedora del encuentro se convierte en la
única meta y propósito del individuo y la congregación, por lo general se arriba a la desilusión.
¡Cuántas veces nos encontramos con personas que hacen una auténtica decisión en un culto de
evangelización y después les vemos apartarse! Algunos resuelven fácilmente el problema afirmando:
“Es que nunca estuvieron convertidos”. Pero, ¿quiénes somos nosotros para juzgar la experiencia
personal de los demás? La persona puede haber tenido una experiencia auténtica, pero en la Iglesia se
le dice que ya se ha consumado una nueva vida o en la misma invitación se le asegura que viniendo a
Cristo y arrepintiéndose de sus pecados todo se solucionaría. La persona viene honestamente pero
descubre que sigue teniendo dificultades. El Evangelio no ha fallado, ha fracasado el método y los
evangelizadores. La persona que tiene una experiencia personal con Cristo se ve estancada, si no se le
explica que tiene que seguir creciendo.
b) La idolatría. Juan A. Mackay dedicó un capítulo, en uno de sus libros, 12 al análisis de “El Gran
Encuentro y la Idolatría del Sentimiento”. En diálogo con Karl Barth, Mackay presenta su experiencia
personal como creyente que deseaba unirse a la Iglesia teniendo sólo quince años. Dos veces fue
rechazado por los ancianos, dice Mackay: “las partes principales del examen consistía en preguntarme:
‘¿Sobre qué se funda usted para creer que efectivamente es usted una nueva criatura?– ¿Cuáles son las
marcas, los rasgos de la nueva vida en usted? ¿Qué nos puede usted decir de su experiencia
cristiana…?’ uno de ellos gritó cuando por fin fui aceptado por la mayoría: Yo debo dejar constancia
de que no estoy a favor de que se acepte a este joven’. Fue este un tipo de extremismo, que no creía que
un muchacho de quince años se tomara en serio como miembro de la Iglesia”.13 Las personas que han
hecho de una experiencia sola, la meta de su vida, suelen ser los primeros en dar testimonio, los
escuchamos siempre dando el mismo testimonio, como si el Espíritu Santo no tuviera nada que
ofrecernos en la vida cotidiana. Viven de las glorias del pasado, no pueden entender la conversión
como un proceso que marcha hacia la consumación, que ofrece una vida espiritual radiante de nuevas
experiencias cada día y que sin desconocer lo que el Señor ha hecho por nosotros en el pasado, al poner
la mano en el arado no mira atrás, sino que se extiende hacia el futuro confiado en Dios. John Baillie
cuenta su experiencia en ocasión de celebrar un culto unido de cuaresma donde él predicó sobre la
conversión. Al terminar un pastor se le acercó y le dijo: “Las personas más obstruccionistas y de más
estrecha visión en mi congregación son aquellas que tuvieron hace tiempo una dramática experiencia
14
de conversión y desde entonces han descansado satisfechos en su propia y particular Sión”. Esto lo
constato en mi experiencia pastoral. Hay quienes, como Pedro, están dispuestos a sacar la espada para
defender a Cristo (Juan 18:10), pero no están dispuestos a darle la vida (Juan 18:25–27).
Como dice Mackay: "… aquí precisamente es donde se asoma un nuevo ídolo: el endiosamiento de
la emoción, la idolatría del estetismo”.
3. Historia de casos
Lo que hemos presentado en forma teórica queremos demostrarlo en forma práctica a través de tres
casos, uno tomado de la Biblia, otro de la historia de la Iglesia y el último de nuestra situación actual.
a) Pablo de Tarso
12
Juan A. Mackay, Realidad e Idolatría en el Cristianismo Contemporáneo,Buenos Aires, Editorial La Aurora,
1970, Cap. 111, Págs. 41–60.
13
Ibid, Pág. 47
14
John Balille, op. cit. Pág. 85.