De acuerdo con Marx, el capital es una relación social de producción que provoca de manera
sistemática conflictos entre la clase capitalista y la asalariada. Bajo el capitalismo, la propiedad de
los medios de producción está a cargo de la burguesía, mientras que el trabajo, lo desempeña el
proletariado.
Según explica, los capitalistas, al emplear a la fuerza de trabajo para producir bienes, compran el
uso de su fuerza de trabajo como una mercancía. Los obreros dirigen sus esfuerzos a la producción
de mercancías cuya venta produce ganancias al capitalista. La diferencia entre las mercancías que
compran los capitalistas y las que ellos venden es el valor excedente o plusvalía, el cual apoya la
acumulación de capital.
La plusvalía es entonces el valor excedente del trabajo no remunerado del obrero asalariado y del
que se apropia gratuitamente el capitalista.
Pongamos un ejemplo para hacer más clara esta idea. Si la jornada de trabajo es de 8 horas, y el
trabajador produce en 3 horas lo que necesita para vivir, significa que las 5 horas de trabajo que le
quedan servirán sólo para darle valor al capitalista (su patrón).
En este sentido, la jornada de trabajo se puede dividir en 2 partes: trabajo necesario y trabajo
excedente. El valor de la producción del trabajo necesario se paga en salarios, mientras que el
valor del producto que no va a los trabajadores, lo adquieren los capitalistas en forma de plusvalía.
Así nace el concepto de explotación que, además, Marx, desarrollo una fórmula matemática para
su cálculo. En el ejemplo anterior, el trabajador recibe 30 pesos de salario por día, un dinero que
produce en sus 3 horas de trabajo; en las 5 horas excedentes produce 50 pesos para el capitalista.
Con los cálculos Carlos Marx, la tasa de explotación es de 166%, una cifra que es resultado de
dividir el valor del trabajo excedente entre el salario del trabajador y luego multiplicarlo por 100.
Cabe señalar que los medios por los cuales se puede crear más plusvalía, según Marx, son:
- Duración de la jornada de trabajo
- Productividad del trabajo
- Cantidad de mercancías que constituyen el salario real de las mercancías
La crisis
¿Qué pasa cuando el capitalista quiere aumentar su acumulación de capital (ganancias)? Como es
de suponerse, buscará mayor mecanización en el proceso de producción, para transformar mayor
volumen de materias primas en mayor número de bienes terminados.
En esta lógica, aunque aumenta la productividad del trabajo, comenzarán las llamadas
'distorsiones', por ejemplo, al adquirir nuevas máquinas para aumentar la producción. Con ello, la
tasa de ganancia no aumenta, sino que desciende.
Las ganas de aumentar el capital también está relacionado con la caída de los salarios, pues según
lo que Marx detectó con la llegada de la Revolución Industrial fue que el capitalista gasta más
dinero en maquinarias y equipo que en el pago de la fuerza laboral lo que genera desempleo y la
disminución de salarios.
Las ideas de Marx también ligan a la crisis con la baja en la tasa de ganancia. Es decir, el alza de la
acumulación capitalista estimula la demanda de fuerza de trabajo, aumentando así el nivel de
salarios y disminuyendo los beneficios. A su vez, la disminución de beneficios desalienta la mayor
acumulación y precipita la crisis, cuya causa inmediata es la subinversión.
En otras palabras, sobreviene una interrupción en el flujo circular como resultado de un descenso
en la tasa de ganancia por debajo de lo normal.
Otro postulado de Marx es que las crisis son ocasionadas por los dueños de negocios (capitalistas)
que tienen un conocimiento parcial del mercado en el que compiten y tienden a producir
demasiado o muy poco; lo que provoca reajustes y en ocasiones hasta desorden general en la
oferta y la demanda.
Otra razón puede ser el subconsumo. De acuerdo con Marx, el capitalismo crea plusvalía en el
proceso de producción en forma de mercancías cuando los productos logran ser vendidos. Sin
embargo, como el consumo de la gente está restringido por los bajos salarios y el desempleo, los
precios de estos productos tienen que bajar, sacrificando la ganancia de los capitalistas.
Crítica científica del capitalismo
El capital es la obra maestra científica de Karl Marx. A diferencia de El manifiesto
comunista, este texto no es un breve pero ferviente llamado a la revolución, sino un análisis
detallado, exhaustivo y sistemático y una “crítica de la economía política”, tal como lo
expresa el subtítulo. Marx pasó 15 años completos trabajando solo en el primer volumen de
esta obra. En su extenso y complejo tratado Marx intenta descubrir el funcionamiento
oculto del capitalismo. Al hacerlo, se acerca paso a paso a los conceptos de mercancía,
valor de cambio y valor de uso de su famosa teoría del valor del trabajo: según Marx, una
mercancía tiene tanto valor como el tiempo de trabajo “incorporado” en ella. El trabajador,
que no posee medios de producción, tiene que vender su fuerza de trabajo a los capitalistas,
que poseen máquinas y otros medios de producción. El capitalista no quiere vender sus
mercancías para comprar otras, sino para incrementar su dinero. El “dinero incubado por
dinero”, el proceso de acumulación del capital, es el centro de la crítica marxista. Es difícil
sobreestimar las repercusiones de la obra de Marx en las ciencias, y mucho menos en los
trastornos políticos de gran alcance en gran parte del mundo en el siglo XX.
Resumen
La mercancía y su valor
Las mercancías son la esencia de la riqueza en las sociedades capitalistas. Son artículos que
pueden satisfacer necesidades, ya sea directamente (como alimentos contra el hambre o
ropa contra el frío) o indirectamente (por ejemplo, una máquina para producir chaquetas
abrigadoras). Cada mercancía tiene, por naturaleza, dos tipos de valor:
1. Valor de uso – Es una medida de la utilidad de una mercancía. Se “adhiere”, por así
decirlo, a la mercancía, por lo que no puede considerarse separado de ella. El valor
de uso es totalmente independiente de la cantidad de trabajo invertido, es decir, al
comprador de una tonelada de acero no le importa cuánto esfuerzo se necesitó para
elaborar este acero.
2. Valor de cambio – Se refiere a la relación en la que una mercancía determinada
puede intercambiarse por otra. Por ejemplo, un kilogramo de trigo podría ser
equivalente a 100 ml de betún para calzado.
“La riqueza de las sociedades en las que prevalece el modo de producción capitalista se
presenta como un enorme cúmulo de mercancías’, y la mercancía individual como la
forma elemental de esa riqueza””.
Para poder comparar mercancías totalmente diferentes, deben contener algo que sea
idéntico en todas. ¿Qué tienen, pues, en común una tonelada de acero y una paca de la más
fina tela? El tiempo empleado para su producción. Este le asigna su valor a la mercancía y,
aun más, genera un valor a partir de ella. Por consiguiente, el valor de la mercancía puede
medirse por medio del trabajo, y este, por medio del tiempo laboral utilizado. Así, los
trabajos más exigentes y complejos pueden considerarse como trabajos sencillos
multiplicados. De esta manera, a partir de la actividad simple, es posible comprender
cualquier trabajo por complejo que sea.
La fuerza productiva del trabajo
La fuerza productiva del trabajo puede ser muy diferente: de acuerdo con la naturaleza, el
nivel de organización social, el estado técnico, la investigación científica y la habilidad de
los trabajadores, con una hora de trabajo se puede producir una cantidad mayor o menor de
mercancías. Encontrar diamantes es laborioso y requiere mucho tiempo. Si de pronto se
descubre una rica mina de diamantes, la fuerza productiva del trabajo aumentaría
inmensamente, porque no habría que excavar tanto para encontrar una cierta cantidad de las
codiciadas gemas. Lo mismo ocurre con los desarrollos tecnológicos; el progreso potencia
la fuerza productiva del trabajo, porque gracias a los inventos, las máquinas y demás, se
pueden producir más mercancías en menos tiempo.
“Un valor de uso o bien, por consiguiente, solo tiene un valor porque en él está objetivado
o materializado un trabajo abstractamente humano””.
Hay bienes que, a pesar de que tienen valor de uso, no pueden describirse como
mercancías. En general, se trata de bienes que se producen para uso personal. Pero para que
sean mercancías, deben tener un valor de uso social, es decir, deben ser negociables. El
valor solo tiene un artículo de uso. Si un bien no es útil, tampoco tiene valor.
El dinero y el carácter fetichista de la mercancía
El intercambio de mercancías se simplificó rápidamente en la historia de la humanidad al
utilizar formas de equivalencia general –conchas, animales o metales preciosos– como
medio de intercambio. Las monedas de metales preciosos son particularmente populares: se
subdividen fácilmente en diferentes cantidades y poseen el valor suficiente para ser
aceptadas como sustituto para otros bienes. Sin embargo, el valor de mercancía del dinero
perdió cada vez más importancia; el dinero se convirtió en una encarnación abstracta del
valor de cambio: nació el papel moneda, cuyo valor material, a diferencia de las monedas,
no tiene nada que ver con su función como medidor del valor.
“A primera vista una mercancía parece una cosa obvia, trivial. Su análisis demuestra que
es una cosa muy complicada, llena de sutilezas metafísicas y caprichos teológicos””.
Las mercancías se convirtieron en fetiche para los humanos: se independizaron y recibieron
un aura misteriosa. La razón es que el individuo que intercambia una mercancía o dinero
por otra mercancía ya no está directamente vinculado con el tiempo de trabajo
“incorporado”. Para un siervo de la Edad Media, que básicamente consumía y poseía solo
lo que él mismo producía, el producto de su trabajo no podía ser un fetiche. El carácter
fetichista (por ejemplo, la calidad de venerable) de la mercancía solo existe porque
realmente hay mercancías, es decir, bienes intercambiados dentro de la sociedad.
El ciclo de mercancía y dinero
Con la circulación de las mercancías, se forman los precios. Los precios son una medida del
trabajo vinculado con las mercancías. Sin embargo, los precios pueden ser demasiado altos
o demasiado bajos. La circulación real de las mercancías ocurre cuando se intercambian
mercancías por medio del dinero, por ejemplo, un tejedor vende el producto de su trabajo y,
a cambio, recibe una cierta cantidad de dinero. Con ese dinero compra, por ejemplo, una
biblia para la inspiración familiar. De esta manera intercambia su dinero por una mercancía
y, por consiguiente, por el trabajo de otros. La circulación, por tanto, sigue el principio
“La circulación del dinero como capital es, en cambio, un fin en sí mismo, pues la
valorización del valor existe únicamente dentro de este proceso constantemente renovado.
El movimiento de capital, por tanto, no tiene medida. Como agente consciente de este
movimiento el poseedor de dinero se convierte en capitalista. Su persona, o mejor dicho,
su bolsillo, es el punto de partida y retorno del dinero””.
mercancía → dinero → mercancía
o dicho de otra manera, el trabajador intercambia una pieza elaborada con trabajo propio
por una pieza elaborada con trabajo ajeno.
Pero existe aun otro ciclo. A saber, cuando el dinero ya no desempeña el papel de
intermediario, sino el de protagonista, entonces el principio
“D–D, dinero que incuba dinero, reza la definición del capital en boca de sus primeros
intérpretes, los mercantilistas””.
dinero → mercancía → dinero
describe el nacimiento del capital. Las mercancías no se compran porque representan un
valor de uso, sino que se compran para venderlas y acumular más capital. Así que aquí no
se trata del valor de uso, sino del valor de cambio, o mejor dicho, del plusvalor que
incrementa el capital. ¿A dónde conduce este proceso? A cada vez más capital: más dinero
→ mercancías → todavía más dinero, y demás. El ciclo de mercancías tiene el objetivo
final de satisfacer necesidades. El ciclo de dinero –que, por supuesto, presupone la
existencia del ciclo de mercancías– es, en cambio, puramente un fin en sí mismo. El
poseedor del dinero que controla este proceso es el capitalista, que tiene un único principio:
hacerse rico y cada vez más rico.
La fuerza de trabajo vendida
¿Pero de dónde viene el plusvalor? Si se intercambian mercancías y dinero, no hay ninguna
“fábrica de plusvalor” sin descubrir en este proceso. Pero sí existe en un tipo muy
específico de mercancía, se trata de la fuerza de trabajo del trabajador, el cual la vende
como una mercancía. El valor de la fuerza de trabajo se mide de acuerdo con los gastos que
el trabajador requiere para su existencia. Aparte de los alimentos, estos son histórica y
culturalmente diferentes, según lo que se considere como mínimo de subsistencia en una
época y cultura determinadas. El valor de cambio del trabajo, es decir, el salario que el
capitalista le paga al trabajador por un día entero de su trabajo, solo asegura su mínimo de
subsistencia. Pero el valor de uso del trabajo es mayor para su comprador, el capitalista.
Este plusvalor beneficia al capitalista, pues su dinero invertido se convierte en capital.
“La segunda condición esencial para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado
la fuerza de trabajo como mercancía es que su poseedor, en lugar de poder vender
mercancías en las que se haya objetivado su trabajo, deba, por el contrario, ofrecer como
mercancía su propia fuerza de trabajo, que solo existe en su corporeidad viva””.
Las materias primas y los medios de trabajo (las máquinas) que utiliza el capitalista en el
proceso de producción son capital constante. Esto significa que su valor no cambia durante
el proceso de producción. La situación es distinta con la fuerza de trabajo: aporta el valor
que se le paga al trabajador como salario y, además, un plusvalor. La parte de capital
invertida en forma de fuerza de trabajo puede, por consiguiente, denominarse capital
variable.
La ciencia de la explotación del trabajador
El comercio de la fuerza de trabajo como mercancía tiene como consecuencia que, al final
del día, en lugar de un producto hecho por él mismo, el trabajador solo tiene el dinero que
le paga su empleador por la entrega de su trabajo. Se pierde la cercanía con los bienes
elaborados: el trabajador se distancia de su trabajo porque su resultado ya no es de su
propiedad, sino del capitalista. El trabajo es un componente integral de la personalidad
humana. Pero, en particular, el trabajador industrial, que realiza actividades especializadas
y estúpidas, ya no tiene ninguna relación con su trabajo. Pero, después de todo, ¿por qué el
trabajador tiene que vender su fuerza de trabajo? En la mayoría de los casos, porque no
posee los medios de producción (por ejemplo, máquinas o materias primas) que necesita
para la elaboración independiente de productos, ya que estos están casi exclusivamente en
manos de los capitalistas.
“El producto es propiedad del capitalista, no del productor directo, es decir, del obrero””.
De la fórmula “plusvalor / trabajo necesario” se puede deducir la tasa de plusvalor, la cual
describe el grado de explotación del trabajador que, de esta manera, aporta el plusvalor de
su trabajo. Cada hora que el trabajador trabaja para el capitalista más allá del tiempo
necesario para la supervivencia, solo le aporta valor al capitalista, no al trabajador. Por
supuesto, el capitalista busca incrementar el plusvalor mediante la extensión de las horas
laborales (por ejemplo, al convertir un día de doce horas en uno de dieciocho horas) o al
aumentar la parte del horario laboral de plusvalor en la jornada laboral total. Esto se logra
al aumentar la productividad con el mismo salario constante.
La acumulación de capital
El capitalista practica con su dinero la acumulación de capital (acopio). Reinvierte una
parte del dinero para adquirir más medios de producción. De esta manera se inicia un
proceso de autorrefuerzo. Con la acumulación de capital intensiva, la productividad
aumenta enormemente, por ejemplo, mediante el progreso técnico. Si la población crece al
mismo tiempo que este incremento en la productividad, se forma un “ejército de reserva
industrial”, un ejército de desempleados. El capitalista solo tiene que chasquear los dedos y
los nuevos trabajadores en la miseria están dispuestos para emplearse incluso por un salario
menor. Así, los trabajadores compiten entre ellos y el capitalista es el beneficiario de este
proceso. En la misma medida en que aumenta la riqueza de los capitalistas, se incrementa la
miseria de la clase trabajadora. El trabajador debe someterse a la ley de la máquina,
extender o acortar su jornada laboral, reubicarse o tomar otras medidas para satisfacer al
capitalista. La sobrepoblación hace posible que el capitalista encuentre siempre suficientes
trabajadores dispuestos a laborar (o forzados a laborar) para poder salir del ejército de
reserva.
La lucha de clases
La relación entre el capitalista y el trabajador no se refiere mucho a una relación personal
entre dos personas, se trata más bien de una relación entre clases, la clase trabajadora y la
clase capitalista, que han estado luchando desde hace siglos por el pusvalor del trabajo. Esta
relación se ha caracterizado siempre por la violencia. Sus raíces se encuentran en la
sociedad feudal de la Edad Media. Solo después de que esta se disolviera y los antiguos
siervos se convirtieran en personas libres, estos pudieron ofrecer su fuerza de trabajo en el
mercado. O, mejor dicho, fueron golpeados y lanzados a la esclavitud asalariada. Una ola
de expropiación se extendió por los países, sobre todo en Inglaterra: primero, los
agricultores fueron expulsados de sus tierras de cultivo, porque estas se usaban como
pastizales y luego, en el transcurso de la Reforma, los favoritos reales confiscaron las
propiedades de la Iglesia que se vendían entre ellos. La pequeña propiedad privada en
manos de muchos se convirtió en propiedad privada extensa en manos de pocos. Además,
en los siglos siguientes, los actos de violencia fueron legitimados más tarde por la ley.
“Por el contrario, la parte del capital convertida en fuerza de trabajo cambia su valor en
el proceso de producción. Reproduce su propio equivalente y un excedente de este, el
plusvalor, que, a su vez, puede cambiar, ser mayor o menor””.
Pero, algún día, el capital se hundirá por su propia codicia. Los capitalistas utilizarán cada
vez más máquinas y cada vez menos trabajadores para la producción. La miseria de las
masas crecerá a medida que el capital se concentre cada vez más en cada vez menos
capitalistas. La expropiación seguirá hasta que las condiciones se vuelvan tan insoportables
que se descarguen en una revolución. La expropiación de los expropiadores se vuelve,
entonces, inminente.
Acerca del texto
Estructura y estilo
La presente edición de El capital reproduce partes seleccionadas de los tres volúmenes.
Originalmente, la obra fue estructurada en cuatro, pero solo el primero fue completado por
el propio Marx. Los demás se basan en notas y conceptos que el amigo de Marx, Friedrich
Engels, llevó a la forma final y, en consecuencia, tienen un estilo menos redondeado. En el
primer volumen, Marx expone los fundamentos de su teoría del valor del trabajo, el
plusvalor y la acumulación de capital. En particular, la séptima sección es importante para
la comprensión marxista de la historia: aquí se encuentran la famosa tesis de la “historia de
la lucha de clases” y un análisis del surgimiento de la clase capitalista y el proletariado. El
segundo y el tercer volúmenes son mucho más difíciles de entender que el primero, porque
aquí Marx –mejor dicho Engels– recurre al método matemático para “probar” la circulación
de capital con muchas ecuaciones, no siempre muy esclarecedoras. Básicamente, la obra se
lee como una mezcla de tratado científico, ensayo y panfleto, condimentado con algunas
indirectas contra los capitalistas, así como contra el precursor de Marx en la ciencia
económica. En conjunto, sin embargo, el escrito no es de ninguna manera tan vehemente y
combativo como El manifiesto comunista. El propio Marx escribe sobre su estilo: “Con
excepción de la sección sobre la forma del valor, no se podría acusar a este libro de ser
difícil de entender. Supongo, por supuesto, lectores que quieren aprender algo nuevo, por
tanto, que también quieren pensar por sí mismos”.
Planteamientos de interpretación
Marx utilizó muchas páginas para explicar el concepto de plusvalor. Subraya que
el comercio “fuerza de trabajo contra dinero” ocurre de manera totalmente justa. Sin
embargo, el trabajador entrega más de lo que le pagan. En un primer momento esta
situación paradójica solo tiene sentido si se consideran por separado el valor de
cambio (el trabajo por el que le pagan al trabajador) y el valor de uso (el valor que
el capitalista puede obtener con el producto del trabajo y los medios de producción).
La teoría del valor del trabajo es el fundamento del análisis marxista. Los
planteamientos de la teoría económica clásica que Marx aplica solo tienen validez
limitada. En su opinión solo tiene valor la mercancía que también contiene trabajo.
Según esta concepción los recursos naturales, como los bosques, no tienen valor
laboral, porque no son mercancías, pero sí tienen valor de uso.
Marx deduce históricamente cómo nació la clase capitalista, pero no busca una
explicación para el deseo de los capitalistas por incrementar el dinero.
Los antagonismos de clase entre el proletariado y los capitalistas son inherentes
para el sistema de Marx. Están condicionados estructuralmente, son rígidos y
existirán siempre mientras se mantenga el sistema. No existe ninguna posibilidad
para el compromiso ni ninguna oportunidad de reforma, porque los intereses de los
capitalistas y los proletarios son diametralmente opuestos. La conclusión de esta
tesis es el derrocamiento violento del capitalismo, la “expropiación de los
expropiadores”.
La teoría histórica de Marx sigue a un importante predecesor en la filosofía del
idealismo alemán: Hegel colocó la dialéctica (tesis, antítesis, síntesis) en el centro
de su doctrina. Marx quería “darle la vuelta” a Hegel para “ponerlo de pie” y
reinterpretar su idealismo (la existencia del hombre, que lo distingue del animal,
está condicionada por la conciencia de sí mismo) en un materialismo histórico, el
ser determina la conciencia, no a la inversa.