Alcores 11, 2011, pp.
109-127 ISSN:1886-8770
Cuando el Antifascismo
derrotó el antifascismo.
Interpretaciones de la Resistencia en la alta cultura
antifascista italiana, 1955-1965
Giovanni Orsina
Universidad luiss-Guido Carli de Roma
Fecha de aceptación definitiva: 16 de septiembre de 2011
Resumen: Este ensayo quiere reconstruir como, entre el final de los cincuenta y el
comienzo de los sesenta, se afirmó en Italia una determinada lectura de la Resistencia: una
lectura Antifascista, con la inicial mayúscula. La esencia de la argumentación se puede
resumir así: en los cincuenta la alta cultura antifascista moderada se ocupa muy poco de la
Resistencia, por respeto de los requisitos temporales de la investigación histórica y, sobre
todo, por miedo de que el recuerdo de aquellos años legitime el Partido Comunista. Las
memorias de la lucha de liberación, por lo tanto, acaban siendo patrimonio casi exclusivo
de los antifascistas progresistas —comunistas, socialistas, accionistas—. Cuando, a partir
del final de los cincuenta, a causa de la mutación de los equilibrios políticos nacionales, la
Resistencia adquiere nueva centralidad no sólo para la opinión pública, sino también para
los partidos gubernamentales y las instituciones, la alta cultura moderada paga el precio
de su silencio y de su desinterés: en cambio, la alta cultura progresista recoge los frutos de
más de una década de trabajo intelectual y organizativo.
Palabras clave: Italia, Resistencia, liberación, antifascismo, comunismo.
Abstract: This essay aims to analyze how, between the late fifties and early sixties, a certain
reading of the Resistance became hegemonic: an Antifascist reading, with an initial
capital letter. The essence of the argument can be summarized as follows: in the fifties
the conservative antifascist high culture deals very little with the Resistance, both because
it believes that historical research needs some distance from its object and, above all,
lest the memory of those years legitimize the Communist Party. The memories of the
liberation struggle, therefore, end up being almost exclusively nurtured by the progressive
antifascists: communists, socialists and «azionisti». When, after the end of the fifties,
because of the mutation of the domestic political balance, the Resistance acquires a
new centrality not only for the public opinion but also for the governing parties and
political institutions, the conservative high culture pays the price of its silence and lack of
interest, and the progressives reap the benefits of more than a decade of intellectual and
organizational work.
Keywords: Italy, Resistance, liberation, anti-francoism, communism.
109
Giovanni Orsina
El primer epígrafe de este artículo es de carácter modélico, los otros dos de
carácter histórico. En el primero, he intentado describir los antifascismos y los
anticomunismos presentes en la Italia de los cincuenta y sesenta, y he ilustrado el
tipo ideal de una particular lectura de la Resistencia: la progresista que, mayorita-
ria en los cincuenta en la alta cultura, a lo largo de la década siguiente penetrará
también en la cultura media y baja. El segundo apartado analiza el cuadro de
las interpretaciones antifascistas de la Resistencia alrededor de la mitad de los
cincuenta, evidenciando el predominio en la alta cultura de la lectura cuyo ideal
tipo ha sido presentado en el párrafo anterior, pero subrayando también las dife-
rencias y los contrastes que se han desarrollado en el ámbito de dicho ideal tipo.
Finalmente, el tercer epígrafe ilustra de qué manera, entre el final de los cincuenta
y la mitad de los sesenta, se transformó en la alta cultura la visión de la lucha de
Liberación, y cómo en aquel período cambia también la relación entre la cultura
alta, media y baja.
Antifascismo y antifascismo, Anticomunismo y anticomunismo
Del antifascismo se pueden identificar dos formas, una con la inicial minúscula
y la otra con la inicial mayúscula. En el primer caso el término indica simplemente
el rechazo de los valores antidemocráticos del fascismo en cuanto fenómeno his-
tórico concreto, y la voluntad de impedir que vuelvan a imponerse. Es una defi-
nición en negativo. En este sentido, definir como antifascista la República italiana
significa constatar que la lucha al fascismo ha representado objetivamente el lugar
histórico e ideológico donde nació en Italia el régimen democrático.
En cambio, el Antifascismo con mayúscula no representa sólo una declaración
de oposición al fascismo: es una ideología completa, fundada en un conjunto
de valores políticos estructurado y proyectado hacia el futuro, y en una lectura
de la historia de Italia que no considera el fascismo un fenómeno acabado con
el final de la Segunda Guerra Mundial. El concepto de fascismo se extiende
más allá de sus límites históricos. Ser Antifascista es una definición en positivo:
significa aspirar a una trasformación profunda de la cultura, de la economía, de
la política y de la sociedad, e identificar como adversarios —y «fascistas»— a to-
dos aquellos que a dicha trasformación se opongan. Consecuentemente, definir
Antifascista la República italiana no significa sólo reconocer las raíces históricas
y la fuente de legitimación del régimen democrático, sino también afirmar que
dicho régimen tiene que desarrollarse según un determinado programa político
de carácter progresista1.
1 Galli della Loggia, Ernesto: «La perpetuazione del fascismo e della sua minaccia come elemento
strutturale della lotta politica nell’Italia republicana», en L. Di Nucci y E. Galli della Loggia (eds.), Due
nazioni, Bolonia, il Mulino, 2003, pp. 227-262.
110 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
Del mismo modo, podemos hablar de un anticomunismo y de un
Anticomunismo2. Sin embargo, mientras que antifascismo y Antifascismo difieren
por su nivel de complejidad, el Anticomunismo se diferencia del anticomunismo en
virtud de la diferente intensidad, y se basa sobre todo en una diferente percepción
de la relación entre la dimensión nacional y la internacional. El Anticomunista está
convencido de que el Partido Comunista Italiano (pci) pertenece integralmente al
movimiento comunista internacional, y por lo tanto impedir su fortalecimiento
tiene que ser el pilar absoluto de la política italiana. En cambio el anticomunista,
aún rechazando el sistema soviético, cree que el pci es en todo o en parte un partido
nacional, y que su exclusión del poder no puede ser considerada un dogma.
De los cuatros conceptos que hemos identificado, Antifascismo y Anticomunismo
son los únicos que son recíprocamente incompatibles. Es posible ser antifascista y
Anticomunista, anticomunista y Antifascista, antifascista y anticomunista, pero no
es posible —o es muy difícil— ser Anticomunista y Antifascista. Efectivamente,
el marco intelectual utilizado por el Antifascismo para interpretar la historia de
Italia, los valores y los programas que propone, no permiten dar prioridad absoluta
a la lucha contra el pci. Sus valores y programas no son necesariamente comu-
nistas, pero en el plano práctico no tienen muchas posibilidades de llegar a buen
puerto sin recuperar al pci y sus votos. Quien se mueve en el campo ideológico
Antifascista, por lo tanto, puede sin duda rechazar el sistema soviético y el modelo
comunista en general: sin embargo, en el ámbito nacional tiene que considerar a
pci un interlocutor posible y trabajar no para excluirlo y demonizarlo, sino para
incluirlo y democratizarlo3.
En general, extrayendo de las obras que examino más detalladamente en los pá-
rrafos siguientes, y en particular de los volúmenes anuales de la revista Il Movimento
di Liberazione in Italia, me parece posible identificar los siguientes rasgos defini-
torios de una interpretación Antifascista de la Resistencia:
1. La Resistencia ha sido un fenómeno de masas: el rescate de un pueblo al que
el régimen fascista había humillado y llevado a una ruinosa derrota. La caída
del fascismo no ha sido (sólo) el fruto de una conjura de palacio, sino también
(sobre todo) el fruto de la presión desde abajo que se ha hecho visible en las
huelgas de mayo de 1943. La participación popular en la lucha de liberación ha
2 Lepre, Aurelio: L’anticomunismo e l’antifascismo in Italia, Bolonia, il Mulino, 1997. Sobre el anti-
comunismo véase Pertici, Roberto: «Il vario anticomunismo italiano (1936-1960)», en L. Di Nucci y E.
Galli della Loggia (eds.), Due nazioni..., op. cit., pp. 263-334.
3 Baldassarre, Antonio: «La costruzione del paradigma antifascista e la costituzione republicana»,
Problemi del socialismo, (enero-abril de 1986), pp. 11-33; Noventa, Giacomo: Tre parole sulla Resistenza,
Milán, Scheiwiller, 1965. Sobre el «anticomunismo» de la izquierda, véase Del Noce, Augusto: «La po-
tenza ideologica del marxismo e la possibilità del successo del comunismo in Italia per via democrática»,
en vvaa, I cattolici e il progressismo, Milán, Leonardo, 1994, pp. 45-92.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 111
Giovanni Orsina
alcanzado su cénit con las insurrecciones de abril de 1945, que han tenido no
sólo una relevancia simbólica sino también una efectiva importancia militar.
2. El carácter fundamental de la Resistencia ha sido político. Su objetivo no ha
consistido sólo en liberar Italia de los invasores alemanes, sino también en im-
primir al país una diferente y renovada orientación política. Dado que ha sido un
conflicto ideológico y no entre naciones, es posible hablar de «Guerra Civil». La
expresión no admite una equiparación entre las dos partes en conflicto: Guerra
Civil en cuanto guerra política contra el fascismo italiano y el nazismo alemán,
y en la cual está fuera de discusión quién tenía razón. Una Guerra Civil, por lo
tanto, que no se puede y no se debe olvidar en nombre de la «pacificación nacio-
nal»: en cambio, tiene que ser siempre perfectamente recordada, para confirmar
y perpetuar la victoria del bien y la derrota del mal.
3. La Resistencia ha tenido un carácter unitario. Pero no en el sentido de que pueda
ser reducida a simple fenómeno patriótico, convirtiéndose así en objeto de cele-
braciones formales que neutralicen su carácter político, y político-partidista. Ha
tenido carácter unitario en el sentido de que ha surgido en primer lugar de un
sentimiento universalmente compartido de rebelión instintiva contra la inhuma-
nidad y la barbarie del totalitarismo nazifascista, y luego ha cristalizado en una
dimensión política que sin duda preveía una diversificación partidista, pero al mis-
mo tiempo se basaba en la voluntad común de renovar el país desde la raíz, para
extirpar tanto el fascismo como su posibilidad, mediante la eliminación de todo
elemento cultural, económico y social que hubiera podido contribuir a generarlo.
4. La Resistencia, aun representando un fenómeno popular nacido de una rebelión
instintiva, no puede ser reducida a una revuelta ciega, y/o privada de raíces his-
tóricas. Al contrario, tiene que ser leída en plena continuidad con la tradición
antifascista —su fecha de nacimiento no es el 8 de septiembre de 1943, sino por
lo menos el 28 de octubre de 1922—, tanto por sus componentes ideológicos y
culturales, como por su personal dirigente. Y el papel fundamental que asumen
los partidos después del primer momento de espontánea sublevación popular no
puede ser considerado un momento de corrupción del espíritu primigenio de la
Resistencia, ni de perniciosa fragmentación de la unidad originaria. Al contra-
rio, los partidos consolidan e institucionalizan los mejores frutos de la llamarada
inicial, y reconstruyen una unidad más profunda, fecunda y duradera.
5. El potencial palingenésico nacional contenido en la Resistencia ha encontrado
grandes obstáculos entre las mismas fuerzas que colaboraban en la lucha contra
el nazifascismo, y tanto en el interior como en el exterior del país. Las institu-
ciones del Estado italiano que sobrevivieron al desastre del 8 de septiembre, las
fuerzas políticas moderadas y los angloamericanos han desempeñado un papel
sin duda importante en la derrota de los alemanes y de los colaboracionistas de
Saló. Pero, dado que el carácter fundamental de la Resistencia ha sido político
y que el verdadero Antifascismo consiste en la extirpación radical no sólo del
fascismo, sino de todo lo que lo haya favorecido en el pasado y pueda favorecerlo
en el futuro, la mera participación en la lucha que no haya sido acompañada
por una profunda adhesión al espíritu político resistencial no representa en re-
112 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
alidad un mérito suficiente. Además, en ausencia del elemento político también
el esfuerzo militar tendrá que aparecer más débil, según el constante y polémico
estereotipo comunista del attesismo, el término negativo utilizado para definir a
quienes limitan su oposición antifascista a la espera de la llegada de los Aliados.
Las estrategias utilizadas para construir una interpretación de la lucha de
liberación capaz de salvaguardar su carácter unitario, político y «revoluciona-
rio», hablando al mismo tiempo de la presencia entre los antifascistas de insti-
tuciones e individuos que en este marco no caben, son múltiples y no siempre
compatibles. Aquí están algunas: a) la Guerra de los angloamericanos —y sobre
todo de los ingleses— es desacreditada porque ha sido una Guerra nacional y
no ideológica —o, si ideológica, sobre todo anticomunista—. De los Aliados
se subraya que han obstaculizado, retrasado y debilitado a la Resistencia por te-
mor de fortalecer su elemento verdaderamente democrático y por un demasiado
frágil antifascismo; b) la contribución de las estructuras del Estado italiano, y del
Ejército en particular, la Guerra de liberación no es considerada determinante.
Los soldados sin duda han contribuido a la Resistencia, pero lo han hecho como
«hijos del pueblo» más que como miembros de un cuerpo del Estado. Además,
los militares que han querido seguir las reglas de la Guerra entre ejércitos han
fracasado rápidamente ante las nuevas exigencias de la Guerra de bandas, y sólo
cuando se han convertido integralmente en partisanos han podido aportar una
contribución militar verdaderamente eficaz; c) la participación de las forma-
ciones autónomas —es decir, de los partisanos no ligados explícitamente a un
partido político— al esfuerzo militar no es valorada, y además de las forma-
ciones autónomas se niega la autonomía, subrayando su ideología esencialmente
liberal; d) se hace hincapié en el radicalismo político que en el Norte, entre los
combatientes, caracterizaba también democristianos y liberales, atribuyendo la
subsiguiente victoria del moderantismo a una «vuelta» oportunista de fuerzas
ajenas al verdadero pueblo resistente; e) se subrayan con fuerza los momentos
de convergencia entre los participantes moderados en la lucha contra el nazi-
fascismo por un lado —Iglesia, Monarquía, Aliados, Estado italiano, poderes
económicos, democristianos y liberales—, y los nazifascistas por otro: por ejem-
plo los acuerdos para la liberación de Roma y las negociaciones con Mussolini y
los alemanes que se desarrollaron en la víspera del 25 de abril.
6. Dado el predominio interno e internacional de los moderados, después de la
conclusión del conflicto no se han concretizado las esperanzas de radical reno-
vación que caracterizaron la lucha de liberación. El balance no puede ser juz-
gado totalmente negativo, considerando que con la Constitución, los partidos
de masas, el pluralismo político, la adquisición de las libertades fundamentales,
Italia haya efectivamente obtenido progresos. Sin embargo, aquella destrucción
profunda no sólo del fascismo sino también de la posibilidad del fascismo por la
que luchaban los resistentes no se ha verificado. La Resistencia, por lo tanto, no
puede ser considerada un fenómeno concluido, sino el comienzo de un camino
interrumpido que debe ser retomado cuanto antes. Es decir, el Antifascismo no
sólo no es un simple criterio de interpretación historiográfica, sino tampoco un
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 113
Giovanni Orsina
mero elemento histórico capaz de legitimar o cuestionar el sistema presente: a to-
dos los efectos es un patrimonio ideológico vivo, todavía es plenamente historia
de hoy, no de ayer. Sobre la posibilidad de que los valores resistenciales puedan
finalmente realizarse integralmente, las opiniones en el seno del Antifascismo
discrepan. En general, varían desde el pesimismo de algunos círculos accionistas4
hasta el optimismo de los comunistas, convencidos de que la presencia y la fuer-
za del partido proletario son la garantía de la victoria final. De manera menos
general, la esperanza de realizar los valores de la Resistencia se modifica según
las diferentes fases históricas, alcanzando su nadir alrededor de la mitad de los
cincuenta, y recuperando rápidamente al acercarse el cambio de década.
7. La Resistencia puede ser considerada un segundo Resurgimiento. Pero no en el
sentido de que deba ser leída, como el Resurgimiento, en clave esencialmente
nacional, es decir, como obra de liberación del territorio italiano de los inva-
sores, sino como momento de renacimiento del país, como demostración de
que Italia ha sido capaz de retomar en sus manos sus propios destinos. Más en
particular, se utiliza el adjetivo «segundo» para indicar no el mero repetirse de
un fenómeno, sino más bien el producirse de un fenómeno nuevo que se ha
enlazado con el antiguo, pero sobrepasándolo y completándolo. La Resistencia
«segundo Resurgimiento», bajo algunos aspectos debe ser leída en continuidad
con el «primer» Resurgimiento, pero bajo muchos otros representa una inno-
vación radical, una especie de «revancha», sobre todo por el diferente peso de la
participación popular y de las fuerzas políticas progresistas.
También mediante la relectura histórica que han hecho de la Resistencia, las
dos versiones del antifascismo y las dos del anticomunismo que he descrito arriba
han proporcionado una contribución esencial en la definición del arena ideológi-
ca donde se ha desarrollado el enfrentamiento político de la Italia de posguerra.
El exordio de la República, con la neta derrota de los socialcomunistas en las
elecciones de 1948 y el nacimiento del llamado «centrismo», es decir, la alianza
gubernamental entre la Democracia Cristiana y los partidos laicos —liberales,
republicanos, socialdemócratas— registra el prevalecer en el arena política —pero
no en la cultural— del Anticomunismo antifascista. De todas formas, no faltan
4 La breve vida del Partido de Acción (1942-1947) coincidió, en substancia, con la duración de
la Guerra de Liberación. Los accionistas fueron entre los principales animadores de la Resistencia, que
interpretaron como una oportunidad única para introducir, inmediatamente y desde abajo, una fractura
profunda en las continuidades de la historia de Italia. Ideológicamente el partido fue en realidad bastante
heterogénea. De todas formas, con el término «accionismo» en general se indica la cultura del ala más
radical del partido, muy crítica hacia el pasado de Italia y descontenta de su presente, perennemente a la
búsqueda de una ocasión genéricamente «revolucionaria» para introducir en Italia un momento de total
discontinuidad política y, sobre todo, ética. La referencia «clásica» para la historia del Partido de Acción
es De Luna, Giovanni: Storia del Partito d’Azione, 1942-1947, Milán, Feltrinelli, 1982. Sobre la relación
entre Partido de Acción y accionismo: Carioti, Antonio: Maledetti azionisti. Un caso di uso politico della
storia, Roma, Editori Riuniti, 2001. Sobre el accionismo véase el reciente Cofrancesco, Dino: «Pur en
finir col Partito d’azione», Ventunesimo Secolo, 24 (2011), pp. 107-157.
114 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
en la coalición centrista unas fuertes corrientes Antifascistas anticomunistas, cuya
participación en la alianza es determinada más por razones coyunturales que por
profunda convergencia ideológica —las presiones generadas por la fase inicial y
más aguda de la Guerra Fría y la falta de alternativas políticas practicables—.
A lo largo de la segunda legislatura (1953-1958), con el comienzo de la larga
fase de crisis del centrismo y del lento proceso de distanciamiento del Partido
Comunista por el Partido Socialista, esta situación empieza a cambiar: por un lado,
la posibilidad de una «apertura a la izquierda» hacia los socialistas hace disponible
aquella alternativa política que antes faltaba: por el otro, la presión ideológica del
Antifascismo empieza a crecer, incluso al interior de los partidos de la mayoría
gubernamental. La alternativa —una mayoría gubernamental que incluye a los
socialistas y excluye a los liberales— finalmente se realiza, con gran retraso, en
1962-1964. Su larga y tormentosa gestación es acompañada por un imponente
movimiento cultural e intelectual y genera notables ambiciones reformistas, que
en unos ámbitos se tiñen de colores casi revolucionarios. Un paso crucial de esta
gestación es el constituido por el gobierno Tambroni y por los desordenes que en
el verano de 1960 determinan su crisis, relanzando con fuerza el Antifascismo5.
Las expectativas palingenésicas generadas por el ingreso de los socialistas en
el gobierno, los acontecimientos de julio de 1960, la transformación del clima
cultural general y las dinámicas generacionales desplazan visiblemente el equi-
librio ideológico de la República desde el Anticomunismo antifascista hacia el
Antifascismo anticomunista6. Como veremos en el segundo y tercero epígrafe, esta
mutación incide profundamente sobre la memoria de la Resistencia, proporcio-
nando fuerza política e institucional a aquellas interpretaciones Antifascistas que
en los cincuenta habían sido elaboradas en el ámbito de la alta cultura. Se cierra
así en los años sesenta, por lo menos en parte, aquella separación entre política y
5 El gobierno, liderado por Fernando Tambroni, era un monocolor dc y duró desde marzo hasta julio
de 1960, con el apoyo parlamentario determinante del Movimiento Social Italiano, el partido neofascista.
Entre el final de junio y el comienzo de julio, diversas manifestaciones populares se enfrentaron duramente
en las calles con la policía, produciendo varios muertos. Los enfrentamientos empujaron hacia un nuevo
acuerdo político: Tambroni dimitió, y se formó un nuevo monocolor dc liderado por Amintore Fanfani y
apoyado en Parlamento por republicanos, liberales y socialdemócratas, con la abstención de monárquicos
y socialistas. Los acontecimientos del gobierno Tambroni hicieron imposible desde entonces el uso parla-
mentario de los votos del Movimiento Social, relanzó el Antifascismo, aumentó la legitimidad del Partido
Comunista. De todas formas, cabe subrayar que la permanencia de aquel gobierno había sido sostenida,
entre otros, por el secretario democristiano Aldo Moro y por el Presidente de la República Giovanni
Gronchi, y debía servir para evitar la formación de un más sólido y estable gobierno de centro-derecha,
tomando tiempo para la apertura a los socialistas.
6 Para una descripción más detallada de estas dinámicas, me permito señalar Orsina, Giovanni:
L’alternativa liberale. Malagodi e l’opposizione al centro sinistra, Venecia, Marsilio, 2010; y Orsina,
Giovanni, Quagliariello, Gaetano (eds.): La crisi del sistema politico italiano e il Sessantotto, Soveria
Mannelli, Rubbettino, 2005.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 115
Giovanni Orsina
alta cultura que había caracterizado la década anterior. Sin embargo, se cierra sólo
parcialmente. Por un lado, porque no falta un proceso de ulterior radicalización
hacia la izquierda de una parte de la cultura. Por otro lado, porque la política
absorbe el radicalismo en el plan retórico, pero permanece moderada en el plan
político, como queda demostrado por la persistencia tanto de la conventio ad ex-
cludendum contra el pci como de la centralidad de la dc. La esquizofrenia de la
República por lo tanto persiste, pero se desplaza: si antes separaba la política de
los partidos gubernamentales de la alta cultura, ahora se mueve al interior de los
propios partidos de gobierno, alejando su discurso de su práctica.
Interpretaciones de la Resistencia en el décimo aniversario de la Liberación
A mitad de los años cincuenta, en correspondencia con el décimo aniversario de
la Liberación, en la alta cultura la interpretación Antifascista de la reciente historia
de Italia, cuyo modelo he expuesto en el párrafo anterior, resulta mayoritaria. Pero
aquella interpretación no había logrado imponerse como lectura de la Resistencia
«oficial» y hegemónica. Al contrario, en la cultura «media» del país —en los dia-
rios, en los periódicos— era contestado no sólo el paradigma Antifascista, sino
también el antifascismo genérico, en el nombre de la valoración «nacional» de
las continuidades de la historia de Italia, del Anticomunismo, de una República
que no se fundase en una ruinosa derrota y una Guerra Civil 7. Sin embargo, estas
formas de diverso anti-antifascismo aparecen poco, o nada, en la alta cultura de
los libros y revistas: no logran traducirse en un discurso completo y articulado
de relectura de la experiencia resistencial8. Por cierto, influye el hecho de que el
centro de gravedad de la cultura italiana caiga en los cincuenta más a la izquierda
que en la política, por no hablar de la opinión pública9. Pero no se trata sólo de
esto. Influye también la timidez con que la alta cultura antifascista moderada, y
también la anti-antifascista, intervienen en la historia italiana reciente. Es decir,
la interpretación Antifascista de la Resistencia, en sus diferentes encarnaciones, es
mayoritaria en la alta cultura porque son casi exclusivamente los Antifascistas los
7 Sobre las diferentes maneras en que las derechas contestaban el mito resistencial, véase Chiarini,
Roberto: «Guareschi, la destra e l’antimito della Resistenza», Nuova Storia Contemporanea, (marzo-abril
2000), pp. 27-57; Baldassini, Cristina: L’ombra di Mussolini. L’Italia moderata e la memoria del fascismo
(1945-1960), Soveria Mannelli, Rubbettino, 2008. Sobre la «memoria» de la derecha neofascista véase
Germinario, Francesco: L’altra memoria. L’Estrema destra, Salò e la Resistenza, Turín, Bollati Boringhieri,
1999. Véase además Pertici, Roberto: «Il vario anticomunismo...», op. cit., pp. 289-295.
8 Sobre la ausencia e imposibilidad de una historiografía neofascista: Germinario, Francesco: L’altra
memoria..., op. cit., pp. 7-31.
9 Sansone, Mario: «La cultura», en Dieci anni dopo, 1945-1955. Saggi sulla vita democratica italiana,
Bari, Laterza, 1955, pp. 515-598.
116 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
que se ocupan de la lucha de liberación, explicitando sus contenidos históricos y
políticos, analizando sus caracteres y recopilando sus documentos10.
La desatención de los no-Antifascistas tiene también orígenes de carácter pro-
fesional. Según los criterios de la historiografía académica, los acontecimientos
de 1943-1945 eran todavía demasiado cercanos y políticamente vivos para ser
tratados como objetos de investigación. Los historiadores moderados, respetando
estos criterios, no se ocuparon de la Resistencia. En cambio los intelectuales que
gravitaban alrededor de los institutos para la historia del movimiento de liberación,
rechazando el embargo profesional sobre la historia del tiempo presente, dedicaron
tiempo y energías para demostrar que, estando la historiografía siempre condicio-
nada por las exigencias de la actualidad, estando cada interpretación inevitable-
mente sometida a las opciones del intérprete, era posible escribir la historia de la
Resistencia como de cualquier otro fenómeno del pasado11. De todas formas, en la
debilidad de las lecturas no-Antifascistas de la lucha de liberación influyen sobre
todo razones políticas. Ante la objetiva capacidad de los acontecimientos de 1943-
1945 de legitimar el pci; ante la agresiva estrategia cultural de los comunistas que,
perfectamente conscientes de esta capacidad objetiva, intentan forzar al máximo la
lectura de la Resistencia para hacerla funcional a sus propias exigencias de consoli-
dación y desarrollo; ante todo esto, la alta cultura Anticomunista reaccionó con el
silencio, ocupándose lo menos posible de la lucha de liberación. Dejar el práctico
monopolio de la interpretación de la lucha de liberación al Antifascismo fue una
estrategia miope, dado que los años 1943-1945 representaron a todos los efectos
el momento en que la República tomó forma y elaboró sus valores fundacionales
y legitimadores. Que se trató de una estrategia miope no dejó de subrayarlo la
conocida revista de la izquierda liberal il Mondo que, a los moderados que evitaban
hablar de antifascismo y Resistencia para no favorecer a los comunistas, contestó
que el pci pudo instrumentalizar estos temas justo gracias al silencio de los mo-
derados acerca de los mismos12.
La preponderancia del paradigma Antifascista en las interpretaciones de la
Resistencia que circulaban en la alta cultura alrededor de la mitad de los cincuenta,
10 Gundle, Stephen: «The ‘civic religion’ of the Resistance in post-war Italy», Modern Italy, 2 (2000),
pp. 113-132.
11 Vaccarino, Giorgio: «Gli studi storici intorno alla Resistenza in Italia e in Europa», comunica-
ción presentada en el congreso La resistenza e la cultura, Venezia, 22-24 abril de 1950, Il Movimento di
Liberazione in Italia (mli), (mayo de 1950), pp. 40-44; Pieri, Piero: «È possibile la storia di avvenimenti
molto recenti?», Il Movimento di Liberazione in Italia (mli), (enero de 1953), pp. 7-15; Valiani, Leo:
Dall’antifascismo alla Resistenza, Milán, Feltrinelli, 1959, pp. 7-8.
12 Véase por ejemplo Ferrara, Mario: «La resistenza non è finita», il Mondo (14-V-1949); Taccuino:
«L’antiresistenza», il Mondo (29-III-1955). Sobre las dificultades que encuentra il Mondo en gestionar
políticamente el antifascismo y el anticomunismo: Flores, Marcello: «L’antifascismo all’opposizione»,
Problemi del socialismo, (enero-abril de 1986), pp. 34-61.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 117
Giovanni Orsina
resulta claramente visible si se toman en consideración tanto los volúmenes sobre
el tema que salieron en aquel período, como las revistas que dedicaban mucha
atención a la lucha de liberación. Sin duda caben en este paradigma las numerosas
intervenciones publicadas a lo largo de los cincuenta por los comunistas: podemos
mencionar por ejemplo Roberto Battaglia, con su Storia della Resistenza italiana de
1953, así como los escritos de Longo, Secchia y Togliatti, y los numerosos ensayos
sobre el período 1943-1945 que aparecieron en Rinascita. Cabe citar además,
total o parcialmente, escritos del área socialista o accionista como la Storia della
Resistenza de Renato Carli Ballola, de 1957, los ensayos de Leo Valiani escritos
entre 1955 y 1958 y reeditados en 1959 en Dall’antifascismo alla Resistenza, el
célebre libro colectivo aparecido con ocasión del décimo aniversario de la libera-
ción, Dieci anni dopo, los numerosos ensayos sobre la Resistencia publicados por
la revista il Ponte y, finalmente, el copioso material —investigaciones, reseñas,
reflexiones interpretativas, intervenciones polémicas— producido por el Instituto
para la historia del movimiento de liberación en Italia de Milán y por los otros
homólogos institutos regionales, que fue publicado por la revista Il Movimento di
Liberazione in Italia13.
Reconduciendo estos escritos al paradigma Antifascista, quiero afirmar que
comparten, totalmente o en su mayor parte, los elementos típicos de aquel pa-
radigma. En cambio, no quiero decir que coincidan en la interpretación de la
Resistencia. La intensidad y radicalidad de algunos juicios pueden variar hasta
presentar lecturas profundamente diferentes. Por ejemplo, las evaluaciones to-
talmente negativas a propósito de la contribución angloamericana promovidas
por Battaglia y por Giorgio Vaccarino, otro estudioso muy comprometido en la
reflexión sobre la Resistencia, difieren mucho de los juicios mucho más cautelosos
de Valiani y Ferruccio Parri, el ex líder del Partido de Acción y Primer Ministro
inmediatamente después de la Liberación14. Además hay que considerar que las
diferencias internas en el bando Antifascista no son irrelevantes. La fractura más
profunda es sin duda la que separa los comunistas de los no comunistas.
Las peculiaridades de la versión comunista del Antifascismo son al mismo
tiempo ideológicas e histórico-políticas. En primer lugar, en el terreno histórico
y político, para los comunistas la Resistencia no es, así como para los accionistas,
13 Battaglia, Roberto: Storia della Resistenza italiana, Turín, Einaudi, 1953; Carli Ballola, Renato:
Storia della Resistenza, Milán-Roma, Edizioni dell’Avanti!, 1957; Valiani, Leo: Dall’antifascismo alla..., op.
cit.; e «Il problema politico della nazione italiana», en Dieci anni dopo..., op. cit. A propósito de il Ponte,
véase Polese Remaggi, Luca: «Il Ponte» di Calamandrei, Florencia, Olschki, 2001.
14 Battaglia, Roberto: Storia della Resistenza..., op. cit.; Vaccarino, Giorgio: Problemi della Resistenza
italiana, Modena, Stem-Mucchi, 1966; véase las colaboraciones de Parri, Ferruccio y Valiani, Leo, en
vvaa, Atti del II convegno di studi sulla storia del movimento di liberazione. La crisi italiana del 1943 e gli inizi
della Resistenza, monográfico de mli, (enero-febrero de 1955).
118 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
una ocasión extraordinaria y difícilmente repetible de radical transformación del
país. Representa más bien una batalla de una guerra más larga: por lo tanto se hace
indispensable consolidar y fortalecer el ejército de la revolución, es decir, la urss
en el ámbito internacional y el pci en la península. Además los comunistas, sin
llegar a negar la naturaleza popular y espontánea de la Resistencia, no permiten
que sea infravalorado el papel desempeñado por los partidos y sobre todo por el
Partido, que en cambio otros subrayan con fuerza sin duda menor. En segundo
lugar, la lectura comunista del contexto internacional donde se coloca la lucha de
liberación es notablemente asimétrica: los Aliados son considerados como adversa-
rios tibios del fascismo, que aspiran sobre todo a apagar el potencial de renovación
democrática contenido en el movimiento partisano; en cambio la Unión Soviética
dedica sus esfuerzos a defender y acrecentar el valor democrático de las luchas del
pueblo. En otras encarnaciones del paradigma Antifascista esta asimetría es menor
o ausente: en algunos casos se mira con más simpatía a los angloamericanos, y en
otros se considera la actuación soviética como «política de potencia», en un marco
de neta contraposición entre los Estados tradicionales y las espontáneas iniciativas
populares. Los no-comunistas no están dispuestos a aceptar la imagen de una
Unión Soviética tutora infalible del antifascismo popular y democrático.
La convicción de que hay unos sujetos históricos —el pci en Italia y la urss
en el mundo— capaces de continuar y ganar la batalla por la renovación demo-
crática permite a los comunistas proyectar la Resistencia hacia el futuro, usándola
para generar identidades y entusiasmos rentables en la óptica de la confrontación
política presente, silenciando la exigencia, expresada sobre todo por los accio-
nistas, de comprender por que razón las expectativas de la lucha de liberación
no han sido cumplidas. Además, hay que subrayar que los accionistas como Leo
Valiani estigmatizan el excesivo poder adquirido por los partidos durante la lucha
de liberación y luego en el sistema político republicano, tomando así una posi-
ción claramente incompatible con la visión comunista del partido obrero como
el auténtico garante de la posibilidad de renovación democrática en Italia15. Estos
diferentes enfoques señalan una contradicción entre un uso «mitológico» y un uso
«científico» del paradigma Antifascista. Según la lectura de la Resistencia propia
de los comunistas, la lucha de liberación, aunque no haya logrado alcanzar sus
máximos objetivos, se inscribe en una guerra épica entre el bien y el mal, y por
lo tanto su memoria tiene que alimentar el entusiasmo político para favorecer el
triunfo final del pueblo y de la democracia. La Storia de la Resistenza italiana de
Battaglia, también por las grandes habilidades literarias del autor, representa un
15 Valiani, Leo: «La Resistenza e la questione istituzionale», mli, (julio-diciembre de 1958), pp.
18-49. Sobre la divergencia entre comunistas y accionistas a propósito del tema de los partidos, Polese
Remaggi, Luca: «Il Ponte» di..., op. cit., pp. 199-216.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 119
Giovanni Orsina
ejemplo extraordinario de este carácter cautivador y teleológico de la narración
comunista de la lucha de liberación.
Las diferencias entre las versiones comunistas y no-comunistas del paradig-
ma Antifascista son innumerables. Sin embargo aquí cabe subrayar que, a pesar
de que muchos de los creadores y promotores de dicho paradigma manifiesten
frecuentemente críticas contra el pci y, sobre todo, contra la urss, nunca lle-
gan a poner en discusión el hecho de que los comunistas pertenezcan al bando
Antifascista, constituyendo un componente fundamental. Si la Resistencia ha sido
un fenómeno político unitario finalizado a la profunda renovación del país, y los
valores Antifascistas que ha generado siguen siendo políticamente actuales, en
el marco de aquel fenómeno y aquellos valores caben también los comunistas
italianos. Por lo tanto, el paradigma Antifascista no puede ser compatible con el
Anticomunismo.
Ante la hegemonía, alrededor del décimo aniversario de la Liberación, de las
interpretaciones Antifascistas de la Resistencia, aparece mucho más débil la pre-
sencia en aquellos años de interpretaciones antifascistas, es decir, interpretacio-
nes que condenen netamente el fascismo, celebrando su derrota y encontrando
en esta derrota las raíces de la República, pero sin aceptar los pilares del para-
digma Antifascista y, por lo tanto, presentándose compatibles con una posición
Anticomunista. A mediados de los cincuenta, el lugar antifascista más distante
del Antifascismo me parece ser Civitas, la revista del político democristiano y
medalla de oro de la Resistencia Paolo Emilio Taviani. Esencialmente, Civitas
aspira a despolitizar la Resistencia lo más posible, minimizando su naturaleza
partidista y haciendo hincapié casi exclusivamente en sus componentes patrióticos
y/o espirituales —una genérica consciencia religiosa de la libertad—. Alrededor de
este intento de fondo, gravitan varios elementos interpretativos de contorno: la
valorización de la contribución de los militares y de los Aliados a la Resistencia
y a la liberación; la negación de la continuidad entre el Antifascismo anterior al
25 de julio y la Resistencia y, al contrario, la exhibición de la continuidad en-
tre la Resistencia y la República liderada por los democristianos; la atribución a
Mussolini de toda responsabilidad por haber convertido en fratricida, mediante la
fundación de la República Social, una Guerra que en principio era sólo en contra
del invasor extranjero; el énfasis puesto en la participación de los católicos en la
lucha partisana; la exclusión de los comunistas del «verdadero espíritu» de la lucha
de liberación, realizada en nombre de una libertad que tiene como enemigos los
totalitarios tanto de derecha como de izquierda; la consecuente justificación de la
alianza con el pci en el ámbito del Comité de Liberación Nacional (cln), presen-
tada como una dolorosa necesidad histórica16.
16 Véase los importantes artículos de Taviani, Salvi, Passerin d’Entrèves, Marazza, Ciasca, Cadorna,
120 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
Más o menos los mismos elementos, pero en una forma menos elaborada y con
un mayor énfasis puesto en la participación de los católicos a la Guerra partisana,
en el contenido social y progresista de la Resistencia y en el Anticomunismo,
podemos encontrarlos también en los numerosos artículos que, al aproximarse
el décimo aniversario, Il Popolo —el diario oficial de la Democracia Cristiana—
dedica a la Liberación, y en particular los que fueron publicados en el número
especial del diario que salió el 24 de abril de 1955. No es sólo Civitas, y en medida
menor Il Popolo, el lugar de la alta cultura donde a mitad de los cincuenta es posible
encontrar interpretaciones no Antifascistas, sino antifascistas, de la lucha de libera-
ción. Sin embargo, los otros casos que he podido considerar, además de constituir
un conjunto minoritario, conceden todos algo más al Antifascismo que la revista
de Taviani, sobre todo atribuyendo una importancia mayor a los elementos polí-
ticos y partidistas de la Resistencia. Hay que recordar, a este propósito, Il secondo
Risorgimento, un importante volumen editado por la Presidencia del Consejo con
ocasión del décimo aniversario, y otros dos libros publicados en el mismo período:
uno de orientación católica, Il fascismo e la Resistenza de Giuseppe Rossini, y otro
de inspiración liberal, la Storia della resistenza italiana de Max Salvadori17.
Interpretaciones de la Resistencia entre el décimo y el vigésimo aniversario:
evolución y consolidación del paradigma Antifascista
En la década comprendida entre el décimo y el vigésimo aniversario de la
Liberación, no se producen mutaciones muy relevantes en las interpretaciones de
la Resistencia promovidas por la alta cultura italiana. A este propósito, me parece
especialmente significativo que las obras de carácter general sobre la Guerra partisa-
na y de liberación publicadas con ocasión del vigésimo aniversario son reediciones
o recopilaciones de ensayos ya editados en la década anterior. Incluso Civitas pro-
pone nuevamente, en abril de 1965, muchos de los escritos que había publicado
ya diez años antes, dejándolos casi siempre con modificaciones o aportando cam-
bios poco relevantes18. Tampoco cambia, de un aniversario a otro, la correlación
de fuerzas político-culturales que promueven interpretaciones de la Resistencia,
siguiendo siendo mayoritario en la Italia «culta» el paradigma Antifascista. Sin
embargo, en el ámbito de este marco de continuidad, no faltan algunos elementos
Ferrando e Scattini publicados en el número de Civitas, (abril de 1955); Además de Pizzoni, Alfredo:
«Nel decimo anniversario della Resistenza», Civitas, (junio de 1955), pp. 3-10.
17 vvaa: Il secondo Risorgimento. Nel decennale della Resistenza e del ritorno alla democrazia, 1945-1955,
Roma, Istituto poligrafico dello Stato, 1955; Rossini, Giuseppe: Il fascismo e la Resistenza, Roma, Edizioni
5 lune, 1955; Salvadori, Max: Storia della resistenza italiana, Venecia, Neri Pozza, 1955.
18 Cabe subrayar que no son publicados nuevamente los escritos más característicos de una inter-
pretación puramente antifascista de la Resistencia, es decir, los de Cadorna, Ciasca, Passerin d’Entrèves
y Pizzoni. Sin embargo, vale la pena subrayar que es publicado un nuevo e interesante ensayo de Sergio
Cotta: «Lineamenti e problemi di storia della Resistenza», Civitas, (abril-mayo 1965), pp. 9-39.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 121
Giovanni Orsina
novedosos que modifican los tonos, y en parte la sustancia, de la reflexión sobre la
lucha de liberación. Es decir que el paradigma Antifascista conserva sus caracteres
fundamentales y sigue siendo mayoritario en los libros y en las revistas «cultas»,
pero me parece que se modifica por lo menos en tres direcciones: se consolida y
se «institucionaliza»; adquiere mayor radicalidad sobre todo, pero no solamente,
en sentido clasista; su contenido nacional se debilita, hasta casi anularse. Además
aquel paradigma, que en los cincuenta había encontrado dificultad en afirmarse
fuera de los circuitos de la alta cultura, entre el final de la década y el comienzo de
los sesenta se fortalece notablemente tanto en la opinión pública como en el inte-
rior de las instituciones políticas locales y nacionales. Hay que subrayar también
que en estos años los católicos realizan considerables esfuerzos para acrecentar su
legitimidad resistencial, y que se produce el vano intento de llevar la Resistencia a
aguas menos turbulentas, liberándola de su insostenible peso político.
Al comienzo de los sesenta el paradigma Antifascista se consolida en el sentido
que hace más explícitos y coherentes sus bases y sus rasgos, los utiliza para evaluar
cuestiones que hasta entonces no había tocado o había tratado sólo superficial-
mente, y es asumido por un grupo de intelectuales más amplio, más activo y
más agresivo. En efecto, además de profundizar en el conocimiento de aspectos
específicos de la lucha de liberación y de los años 1943-1945, unos historiadores
de la «segunda generación» —por ejemplo Enzo Collotti, Massimo Legnani y
Giorgio Rochat— se dedican también al mantenimiento y al desarrollo del pa-
radigma interpretativo, manejándolo de manera más rígida y rigurosa que en los
años anteriores. Durante la primera mitad de los sesenta, por ejemplo, el carácter
Antifascista de la sección de reseñas de la revista Il Movimento di Liberazione in
Italia se acentúa notablemente, y las reseñas son casi siempre utilizadas para dife-
renciar los puntos de vista, las opiniones, las publicaciones y los autores que son
compatibles con los rasgos del paradigma de los que no lo son.
La radicalización del paradigma Antifascista y la considerable atenuación de
los elementos patrióticos que hasta entonces había llevado en su seno represen-
tan, por lo menos en parte, las dos caras de la misma medalla: la medalla que
consiste, en el terreno cultural, en una más marcada afirmación de la clase social
como instrumento de interpretación de la realidad y, en el terreno político, en
la emergencia de una oposición de izquierda al pci. La persistente falta de una
profunda renovación política del país, a veinte años de distancia de la liberación,
fortalece las dudas ya existentes, sobre todo en el ámbito accionista, acerca de la
validez de la estrategia de «unidad nacional con hegemonía proletaria» que el pci
ha promovido durante la Resistencia y defendido también después, afirmando
que la presencia y el fortalecimiento del partido habrían sido garantías suficien-
tes del sucesivo cambio de los equilibrios de poder. El núcleo de la cuestión lo
pone en evidencia el historiador Claudio Pavone ya en 1959, denunciando la
122 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
incompatibilidad entre la interpretación nacional y la interpretación clasista de
la lucha de liberación, que los comunistas intentaban tener unidas, y subrayando
la urgencia de una clara elección19.
Con menor rigor intelectual que Pavone, y con objetivos más claramente políti-
cos, del nexo entre patriotismo y hegemonía proletaria, y sobre todo de la exigencia
de hacer de la Resistencia un acontecimiento más proletario que patriótico, se
ocuparán frecuentemente en los años siguientes circuitos intelectuales diferentes,
pero todos pertenecientes a una izquierda menos cautelosa que el pci. Tratan este
tema, por ejemplo, Lelio Basso y Laura Conti en una ponencia presentada en el
congreso de la Fédération Internationale des Résistants que tiene lugar en Varsovia
en el abril de 1962, y en las revistas comunistas se habla ampliamente de eso alre-
dedor de la mitad de la década20.
El debate acerca del papel desempeñado por la clase obrera en la Resistencia,
y la emergencia de una contestación de izquierda al pci, de todas formas, no
permiten explicar completamente por qué razón en los sesenta los elementos pa-
trióticos de la interpretación Antifascista de la Resistencia se debilitan y llegan casi
a desaparecer. La cuestión es más amplia, y enlaza con factores profundos de la
vida intelectual italiana, y no sólo italiana, de aquella época. En los cincuenta, por
razones culturales y generacionales, la idea de nación todavía aparece vital como
estructura interpretativa útil para comprender la realidad y/o como recurso ideo-
lógico que se puede utilizar en lucha política. No es casualidad que el pensamiento
progresista, y el comunista en particular, no aparezcan dispuestos a renunciar al
patriotismo: al contrario, se esfuerzan para cambiarlo en una forma que sea más
compatible con sus valores y que pueda sostenerlos y fortalecerlos21. Entre el final
de los cincuenta y comienzo de los sesenta aquella idea se debilita, perdiendo su
utilidad tanto como estructura interpretativa y como recurso ideológico22. Por
19 Pavone, Claudio: «Le idee della Resistenza. Antifascisti e fascisti di fronte alla tradizione del
Risorgimento», Passato e Presente, (1959), pp. 850-918.
20 Basso, Lelio y Conti, Laura: «Sul carattere nazionale e internazionale della Resistenza in Italia»,en
mli, (enero-marzo de1963), pp. 3-22; y (abril-junio de 1963), pp. 26-50 (la ponencia es publicada en
dos partes). Para una panorámica general del debate sobre la Resistencia desarrollado en la primera mitad
de los sesenta en los ambientes marxistas: Crainz, Guido: op. cit., pp. 85-95. Para la emergencia de un
antifascismo radical dirigido también en contra del pci, Galli della Loggia, Ernesto: «La perpetuazione
del...», op. cit., pp. 249-260. Para el debate en las revistas comunistas véase, por ejemplo, Frassati, Filippo:
«Una polemica coi cattolici sulla Resistenza», Critica Marxista, (marzo-abril de 1965), pp. 76-90.
21 Valiani, Leo: «Il problema politico della nazione italiana», en Dieci anni dopo..., op. cit., pp.
1-112. Para el uso político del patriotismo por parte del pci, Aga Rossi, Elena y Orsina, Giovanni:
«L’immagine dell’America nella stampa comunista italiana, 1945-1953», en P. Craveri y G. Quagliariello
(eds.), L’antiamericanismo in Italia e in Europa nel secondo dopoguerra, Soveria Mannelli, Rubbettino,
2004, pp. 119-147.
22 Del Noce, Augusto: Il suicidio della Rivoluzione, Milán, Rusconi, 1978. Sobre la persistencia de
la idea de nación, por lo menos como cuestión irresuelta, en el ámbito accionista, Polese Remaggi, Luca:
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 123
Giovanni Orsina
lo tanto la izquierda no tiene razones para seguir disputando a los moderados el
terreno conceptual de la nación, que los progresistas pueden conquistar sólo a
través de grandes esfuerzos y de considerables renuncias ideológicas. La diferente
manera en que dos historiadores comunistas como Roberto Battaglia y Ernesto
Ragionieri, abarcan en épocas diferentes la cuestión de la relación entre Resistencia
y Resurgimiento, me parece ilustrativo en este sentido. Según Battaglia, el nexo de
continuidad entre los dos momentos de la historia italiana se tiene que salvaguar-
dar, justo para evitar dejar a los moderados el monopolio de los valores nacionales.
En cambio, según Ragionieri aquel nexo tiene que ser roto, porque disminuye la
importancia de la lucha antifascista, haciendo menos visible su naturaleza princi-
palmente ideológica e internacional23.
Si el equilibrio interpretativo, a pesar de las novedades que se han mencionado,
entre el final de los cincuenta y el comienzo de los sesenta no se modifica de manera
sustancial, en cambio se transforma considerablemente, a causa de las mutaciones
de las circunstancias políticas, la relación entre aquel equilibrio interpretativo, las
instituciones y la opinión pública. Dicho más explícitamente: durante los cincuen-
ta la interpretación Antifascista de la Resistencia prevalece en la alta cultura, pero
los sostenedores de esta interpretación perciben las instituciones como hostiles y
les piden mayor espacio y más recursos para difundir ampliamente su mensaje24.
Durante los sesenta la interpretación Antifascista de la Resistencia sigue prevale-
ciendo en la alta cultura, pero sus defensores por un lado logran construirse una
relación mucho más sólida con la opinión pública, y por el otro se sienten mejor
acogidos por las instituciones, logran apoyarse en el Estado y en los entes locales
y colaboran con ellos25.
No hay duda de que, en coincidencia con el cambio de década, se produjeron
significativas mutaciones en la opinión pública. No sé si los ciclos de clases sobre
la historia italiana desde el fascismo a la República han sido realmente «una de las
más grandes manifestaciones culturales realizadas en la nación italiana en la segunda
posguerra»26. De todas formas ha sido seguramente un fenómeno de considerable re-
levancia, también en el sentido cualitativo, y ha respondido a una verdadera exigencia
La nazione perduta. Ferruccio Parri nel Novecento italiano, Bolonia, il Mulino, 2004.
23 Battaglia, Roberto: Storia della Resistenza..., op. cit.; y Risorgimento e Resistenza, Roma, Editori
Riuniti, 1964; Ragionieri, Ernesto: «Resistenza e storia europea: problemi e metodologia dell’insegna-
mento», mli, (abril-junio de 1965), p. 22-50.
24 Véase, por ejemplo, Parri, Ferruccio: «Intervento conclusivo al iii Convegno di studi sulla storia del
Movimento di Liberazione», mli, (julio-diciembre de 1958), pp. 211-214; Francovich, Carlo: Funzioni e
scopi dell’Istituto storico della Resistenza, Florencia, Istituto storico della Resistenza in Toscana, 1958.
25 Véase los juicios expresados por Augusto Del Noce en su introducción a la edición de 1973 de
Noventa, Giacomo: Tre parole sulla resistenza, Firenze, Vallecchi, 1973.
26 Ragionieri, Ernesto: «Resistenza e storia..», op. cit., p. 34.
124 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
de información de las generaciones más jóvenes. El primer ciclo de conferencias
tuvo lugar en Roma en la primavera de 1959 por iniciativa del Partido Radical, y
no preveía la presencia de oradores comunistas excepto como testimonios. El ciclo
turinés se desarrolló en vísperas de los desórdenes del verano de 1960, cuando los
problemas del gobierno Tambroni estaban alcanzando el punto de ruptura, y no
preveía «limitaciones a la izquierda»; siguieron muchos otros, tanto que al comienzo
de los sesenta casi todas las editoriales cercanas a los ambientes Antifascistas tenían
su propio volumen de textos sobre la historia italiana del período 1922-194527.
Los ciclos de conferencias y testimonios, y los volúmenes con sus actas, consti-
tuyeron una aportación considerable para la divulgación de la lectura Antifascista
de la Resistencia. De cada ciclo se reivindicaba siempre el carácter pluralista, así
como el deseo de contribuir a la honesta reconstrucción de la verdad histórica y a
la formación de un espíritu crítico en los jóvenes. Hay que subrayar que la llamada
al rigor historiográfico se añadía, produciendo no pocas contradicciones, a la rei-
vindicación de un objetivo genéricamente político, es decir, el deseo de fortalecer
los sentimientos Antifascistas, desarrollando en la conciencia histórica y política del
presente los valores de la Resistencia. «Exigencia histórica y neta posición antifascis-
ta. Los dos términos no se excluyen, al contrario, se completan recíprocamente», se
puede leer en la nota introductoria de las charlas milanesas. No se excluían porque
el examen el pasado reciente era considerado una operación historiográfica y no
política; porque era una exigencia historiográfica el intento de comprender «lo que
ha sido el fascismo ayer, y lo que es hoy. En que formas perdura»; finalmente, porque
«el fascismo nunca ha tenido conciencia histórica, ha luchado contra la historia»,
y por lo tanto consciencia histórica y antifascismo necesariamente coincidían28.
Coherentemente con estas premisas, también el pluralismo de las Jornadas quedó
contenido casi enteramente al interior del paradigma Antifascista. Con la excepción
del ciclo que tuvo lugar en Roma, nunca fueron invitados a hablar estudiosos que
daban una lectura de la Resistencia de orientación más moderada.
Representando el efecto y al mismo tiempo la señal de la renovada centralidad
cultural y política de los valores Antifascistas, y por lo tanto del reencenderse de
la esperanza que Italia sea finalmente un país profundamente renovado, los ciclos
de conferencias del comienzo de los sesenta testimonian también un temporal
eclipse del topos accionista de la «Resistencia traicionada»29. Por lo tanto el tono
prevalente de las Jornadas aparece más orientado hacia el futuro que hacia el
27 Permoli, Piergiovanni (ed.): Lezioni sull’antifascismo, Bari, Laterza, 1960 (clases romanas); vvaa:
Trent’anni di storia italiana (1915-45), Turín, Einaudi, 1961 (clases turineses); vvaa: Fascismo e antifascismo.
Lezioni e testimonianze, 2 vols., Milán, Feltrinelli, 1962 (clases milaneses).
28 «Nota introduttiva», en vvaa: Fascismo e antifascismo..., op. cit., vol. i, pp. 5-8.
29 Catalano, Franco: «Problemi e prospettive della storiografia sulla Resistenza», Nuova Rivista
Storica, 1965, pp. 390-414.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 125
Giovanni Orsina
pasado, y frecuentemente las ponencias terminan subrayando la permanente vali-
dez del mensaje de profunda palingenesia civil y social lanzado por la Resistencia.
El centrismo aparece como una fase ya cerrada, y la vena radical, presente en la
República desde su fundación, emerge con renovada fuerza, sobre todo en el plano
intelectual y retórico30.
En 1958, introduciendo el tercer congreso sobre la historia del movimiento de li-
beración, Parri podía reivindicar como una victoria el hecho de que, en la celebración
nacional de la Resistencia que tuvo lugar en el Vitoriano en febrero de aquel mismo
año, la alianza política que había triunfado sobre el fascismo en 1945 fuese repre-
sentada compacta, y que también el Gobierno hubiese participado31. Efectivamente,
el acontecimiento demuestra claramente cómo en aquellos años estaba cambiando
el clima político y cultural del país, y cómo estaban mejorando las relaciones entre
los custodios de las memorias resistenciales y las instituciones públicas32. Hasta en-
tonces, en los ambientes del Instituto nacional para la historia del movimiento de
liberación se había lamentado la indiferencia, cuando no la hostilidad, del Estado
italiano, que no contribuía a la obra de recolección de los documentos resistenciales,
ni financiaba las instituciones que se dedicaban a la conservación de la memoria y al
estudio del movimiento de liberación. Entre el final de los cincuenta y el comienzo
de los sesenta, las razones de estas quejas van desapareciendo.
La relación entre la red de los institutos para la historia del movimiento de
liberación y las instituciones públicas se hace más íntimo. Desde los primeros
años sesenta, en las crónicas de Il Movimento di Liberazione in Italia se encuentran
abundantes informaciones sobre la aportación de las administraciones locales a la
fundación y/o al desarrollo de los institutos y a las iniciativas promovidas por ellos.
La reconciliación entre los custodios de las memorias resistenciales y el Estado ita-
liano me parece que alcanza su auge el 2 de marzo de 1963, con el nombramiento
de Parri como senador vitalicio, y sobre todo el 16 de enero de 1967, cuando el
Instituto nacional para la historia del Movimiento de Liberación en Italia obtiene
finalmente su reconocimiento legal.
Esta reconciliación influye en la escuela y en los programas escolares. La primera
innovación en este ámbito se produce por iniciativa del Ministro de Instrucción
Pública Aldo Moro, todavía bajo el gobierno Zoli, mediante la introducción de la
30 Véase las conclusiones de las clases de Bauer, Battaglia, Lombardi y Parri en vvaa: Fascismo e
antifascismo..., op. cit., vol. ii, pp. 436-450, 472-498, 519-546 y 611-627.
31 Cabe notar que en febrero de 1958 el gobierno era un monocolor democristiano liderado por
Adone Zoli, que en Parlamento había obtenido también el voto de confianza del Movimiento Social
Italiano. Mostrar una especial convicción en la militancia antifascista, por lo tanto, era funcional al olvido
de este «pecado de origen».
32 Parri, Ferruccio: «Relazione introduttiva», Atti del iii Convegno di studi sulla storia del Movimento
di Liberazione, monográfico de mli, (julio-diciembre de 1958), pp. 7-17.
126 Alcores 11, 2011, pp. 109-127
Cuando el Antifascismo derrotó el antifascismo.
educación cívica en las escuelas. Por lo tanto, dado que los estudiantes tienen que
conocer la Constitución, los custodios de las memorias resistenciales piden que sea
enseñada también la historia que ha generado dicho documento. A fortalecer polí-
ticamente este propósito contribuyen también los acontecimientos ya mencionados
de julio de 1960, tanto que en el noviembre siguiente el gobierno decide extender
los programas de historia hasta la segunda posguerra. Al comienzo de los sesenta
la cultura Antifascista se centra también en el problema de la formación de los do-
centes y en la revisión de los libros de texto, en primer lugar organizando, mediante
la fórmula de la colaboración entre institutos para la historia del movimiento de
liberación, administraciones locales y universidades, cursos de actualización para
el profesorado de las escuelas. En segundo lugar se empieza una labor de revisión
sistemática de los manuales, que a veces amenaza con convertirse en una especie
de redacción de un índice de libros prohibidos. Por ejemplo, un grupo de estudio
nacido en el ámbito de uno de estos cursos de actualización denuncia que los textos
escolares tratan poco el antifascismo y la Resistencia, y cuando lo hacen utilizan un
punto de vista conservador33. Considerada esta situación, un congreso organizado
por el Instituto nacional para la historia del Movimiento de Liberación en Italia en
1965 llega a pedir que la Sociedad de los historiadores «constituya una comisión
para examinar periódicamente los manuales en venta y señalar los eventuales errores
a las editoriales, a los autores, e incluso a la opinión pública y al profesorado»34.
Al comienzo de los sesenta la memoria de los acontecimientos de 1943-1945,
guardada en un marco interpretativo esencialmente Antifascista, adquiere así una
centralidad sin duda mayor que en el pasado. El «gran rechazo» de la cultura
moderada de los cincuenta, su decisión de no ocuparse de la lucha de liberación
para respetar los protocolos de la investigación histórica y, sobre todo, para evitar
legitimar al pci, es rentable hasta cuando logra imponerse en el mundo político
y en la opinión pública. Pero al paso de los años, con el relevo generacional, con
la mutación de las circunstancias internacionales y del clima cultural, y, sobre
todo, con la afirmación de una fórmula política que exige la recuperación de las
memorias antifascistas tanto en positivo para fundar su proyecto de renovación
del país como en negativo para derrotar a sus adversarios, el mantenimiento de la
«estrategia del olvido» resulta imposible. Y en ese momento la década de ventaja
intelectual de la cultura Antifascista se hace determinante, produciendo la derrota
de las lecturas antifascistas de la lucha de liberación.
33 «La storia contemporanea nella scuola. Note sui libri di testo», mli, (abril-junio de 1964), pp.
68-98.
34 Cesa, Claudio: «Un convegno su scuola e Resistenza», Belfagor, (1965), pp. 359-363; y «La storia
contemporanea nella scuola media superiore. Considerazioni e proposte», mli, (julio-septiembre de 1966),
pp. 71-79.
Alcores 11, 2011, pp. 109-127 127