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Alcores 11, 2011, pp.

129-145 ISSN:1886-8770

Resistencia y memoria de
la Resistencia en Italia
Luciano Casali
Universidad de Bolonia
Roberta Mira
Universidad de Florencia
Fecha de aceptación definitiva: 16 de septiembre de 2011

Resumen: La Resistencia contra el nazismo y el fascismo (1943-1945) fue un momento de


fuerte ruptura en la Historia de Italia, porque por primera vez los italianos vivieron una
experiencia de desobediencia masiva contra el Estado y porque de esa experiencia nació la
República italiana y su Constitución. Sin embargo, la Resistencia no tuvo igual desarrollo
en todo el territorio nacional e igual participación popular. Para comprender las razones
de ello, resulta necesario un estudio de un largo periodo que afronte las vivencias de la
segunda mitad del siglo xix y del nacimiento de los movimientos obreros y ciudadanos.
La memoria del antifascismo y de la Resistencia no es un valor unánimente compartido en
Italia debido a la diversidad de las experiencias históricas vividas en las diversas regiones pero
sobre todo no ha representado para todo el país el eje sobre el cual hoy se puede defender
los valores democráticos. Para el Pueblo de la Libertad y Silvio Berlusconi, por ejemplo, el
antifascismo y la Resistencia resultan equiparables al comunismo y, por tanto, elementos
a combatir. Por ello, proponen periodicamente la necesidad de revisar la Constitución,
dado que contiene elementos subversivos que habría que eliminar, precisamente, porque
están fundados sobre la experiencia del antifascismo y de la Resistencia.
Palabras clave: Resistencia, nazismo, fascismo, Italia, memoria.
Abstract: Resistance against Nazism and fascism (1943-1945) was a time of strong break
in the History of Italy, because for the first time the Italians lived experience of mass
disobedience against the state and because of that experience came the Italian Republic
Constitution. However, resistance development was not equal throughout the national
territory and equal participation. To understand the reasons, it is necessary to study a
long period that addresses the experiences of the second half of the nineteenth century
and the birth of the labor movement and citizens movement. The memory of fascism
and the Resistance is not unanimously shared value in Italy. The diversity of historical
experiences lived in all regions but not for the country represented the axis around which
today can defend democratic values. To the People of Freedom and Silvio Berlusconi, for
example, anti-fascism and the resistance are comparable to communism and therefore
combat elements. So they propose the need to review periodically the Constitution, as it
contains subversive elements that should be eliminated precisely because they are based
on the experience of fascism and the Resistance.
Keywords: Resistance, nazism, fascism, Italy, memory.

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Luciano Casali y Roberta Mira

En la segunda parte de estas reflexiones, en la que acometeremos directamente


el tema de la Resistencia y de la memoria de la Resistencia, subrayamos que nos
encontramos frente a un fenómeno profundamente distinto para cada región de
Italia. Evidentemente, los acontecimientos enlazados al desarrollo de la Segunda
Guerra Mundial y al avance de los ejércitos anglo-americanos del Sur al Norte
de la Península condicionaron la participación de los italianos en la lucha por
la Liberación nacional. Hay que considerar, sin embargo, con atención, que la
Resistencia no fue exclusivamente un fenómeno militar. Indudablemente, la con-
tribución armada de los partisanos a la liberación de Italia fue relevante y se dieron
episodios —como la batalla para la liberación de Rávena de diciembre de 1944 o las
operaciones alrededor de la ciudad de Génova de abril de 1945— de notable relieve
militar, que demostraron las capacidades tácticas de los partisanos combatientes.
Sin embargo, si no tenemos en cuenta que las operaciones militares finalizaron con
la derrota política del fascismo y la construcción de una democracia avanzada y de
fuerte contenido popular —es decir, con fuertes contenidos sociales y políticos a
la vez— no logramos comprender el rostro más profundo, significativo y duradero
del fenómeno «Resistencia».
Para entender las diferencias en el desarrollo de la Resistencia en diversas partes
del territorio nacional no es suficiente conocer los acontecimientos de la historia
italiana en el periodo 1943-1945, sino que es necesario reflexionar sobre una
historia de larga duración, analizar el desarrollo de la oposición al fascismo en los
años 1922-1943 —sin olvidar, naturalmente, que el Régimen disfrutó en todo
caso de un amplio consenso de masas— y tener bien en cuenta los modos distintos
de desarrollo de la segunda revolución industrial en Italia y de formación de la
sociedad y mentalidad de masas, a partir de las últimas décadas del siglo xix1.
Si la «modernización» económica, social y política nació en algunas zonas
del país —Liguria, Piamonte occidental, Lombardía septentrional— con la gran
industria, con la urbanización de la masa campesina y con el nacimiento de un
consistente proletariado de fábrica, en otras partes del territorio —sobre todo en
la Llanura padana, con la Emilia Romaña en el centro— los protagonistas de di-
cha «modernización» fueron los trabajadores de los campos y, por eso, la segunda
revolución industrial fue un fenómeno también campesino. El nacimiento y el
desarrollo de la cooperación representó entonces, sobre todo en las provincias de
Rávena, Bolonia y Reggio Emilia —aunque la influencia se extendió mucho más
allá— un medio de modificar la tipología de la producción agraria, introduciendo

1 Retomamos algunas consideraciones que hemos desarrollado más ampliamente en Casali, Luciano:

Paysans et résistance en Italia, en F. Marcot y D. Musiedlak (dirs.), Les Résistances miroirs des régimes de
oppression, París, Presses universitaires de Franche-Comté, 2006; y Aspetti sociali della Resistenza in Emilia
Romagna. Identikit della Resistenza, Bolonia, Clueb, 2011.

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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

nuevos cultivos y nuevos métodos de trabajo, cambiando la forma de comercializa-


ción de los productos, interviniendo sobre la propiedad de los terrenos, creando los
presupuestos necesarios para favorecer la democracia de masa y la gestión política
y administrativa del territorio.
Este fenómeno, que comenzó en la última década del siglo xix y que perduró
hasta después de la Gran Guerra, fue interrumpido bruscamente por la llegada del
fascismo, justo cuando estaba a punto de alcanzar el punto álgido de su desarro-
llo. De hecho, el fascismo, a pesar de sus esfuerzos, no logró anular el fenómeno
cooperativo, acabando sencillamente con la congelación de su desarrollo.
De algún modo, casi podríamos decir que, por cuanto atañe al mundo cam-
pesino, sería oportuno aceptar una interpretación crociana del fascismo y casi
considerar el Ventennio un paréntesis, una interrupción en la evolución de las rei-
vindicaciones, de las luchas y del «modelo» propuesto por el mundo agrícola. No
es casual que las reivindicaciones puestas sobre la mesa por jornaleros y aparceros
en la zona de Bolonia en el transcurso del verano de 1944 fueran las mismas que
las que fueron puestas en el curso de la gran lucha agraria de 1920 y que hicieron
que se consiguiera la forma de contrato agrario considerada —hasta aquel mo-
mento— la más avanzada. Se recuperó la lucha reivindicativa en el mismo punto
en que fue interrumpida por la llegada del fascismo.
Por lo tanto, no hay que olvidar que el fascismo representó un fenómeno
principalmente urbano y que cuando se utiliza la definición de «fascismo agrario»
no se quiere resaltar la presencia o la existencia de un fenómeno protagonizado
por los campesinos, sino de un movimiento particular que quiso bloquear las rei-
vindicaciones en los campos y que se caracterizó, por lo tanto, por la presencia y
la dirección de los propietarios agrícolas. Aun allá donde el fascismo se convirtió
rápidamente en un fenómeno con una fuerte presencia de jornaleros (como en
la ciudad de Ferrara desde 1920) o de aparceros (como en Rávena desde 1922),
es oportuno subrayar que no fueron los trabajadores agrícolas los promotores del
squadrismo fascista, y que la presencia activa de los «campesinos» en las secciones
del Partido fascista se fue reduciendo en la segunda mitad de los años veinte para
desaparecer en los años treinta.
Ante todo es oportuno hacer una observación: es necesario recordar que es bas-
tante complicado hablar del mundo campesino italiano, y no sólo por la presencia
de numerosas figuras y formas contractuales extremadamente diversificadas (de
los jornaleros a los pequeños propietarios, los aparceros, los agricultores arrenda-
tarios, los cooperativistas, etc.). A tales categorías laborales correspondieron en
el tiempo valores políticos igualmente diversificados y, por lo tanto, conductas
no homogéneas respecto a la llegada del fascismo y de su régimen. Es necesario
simplificar. Así es posible recordar que los jornaleros fueron en mayoría socialistas;
los aparceros se adhirieron generalmente al Partido Republicano italiano, aunque,
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Luciano Casali y Roberta Mira

a partir de los años treinta, se acercaron cada vez más al Partido Comunista; en
cambio, los pequeños propietarios y los cultivadores directos eran cercanos al
Partido Católico.
Hay que señalar, sin embargo, que la misma figura laboral no era tampoco ho-
mogénea en la totalidad del territorio nacional. Los aparceros emilianos, por ejem-
plo, se dedicaban sobre todo al cultivo de acelga y huertos al lado del tradicional
cultivo de trigo, mientras que los aparceros de la Toscana estaban atados a cultivos
más tradicionales o a los viñedos; se piensa, por otro lado, en los jornaleros de la
Apulia, obligados a una agricultura pobre y de fuerte explotación, en comparación
con los jornaleros de la zona de Cremona y de la Llanura lombarda, dedicados al
cultivo mecanizado o, incluso, con los de la zona de Reggio Emilia o de Rávena,
donde las formas de cooperación estaban reemplazando progresivamente a los viejos
propietarios, o con aquellos de la zona de Ferrara, obligados a buscar obras públicas
y de saneamiento de la tierra —no siempre útiles y financiado en todo caso por el
Gobierno— en el intento de alcanzar las 50-70 jornadas laborales anuales.
Sin embargo, el problema concreto de la conducta de estas diversas figuras
sociales frente al fascismo no ha sido analizado adecuadamente, tampoco para
una zona como la Emilia Romaña, donde el carácter de masa de la Resistencia,
la participación en la lucha (armada y política) de vastas masas campesinas, y su
orientación política, dirigida a los partidos de izquierda, en particular al Partido
Comunista, fueron repetidamente subrayadas ya en los meses y en los años inme-
diatamente siguientes al final de la Guerra, y donde se solicitaron estudios sobre
las particularidades del movimiento «campesino» que no obstante resultaron en
cierta medida superficiales, hasta el punto de que en el año 1986 todavía era po-
sible afirmar que se trataba de «una historia por escribir»2.
El nacimiento y el desarrollo del movimiento de la Resistencia en Italia después
del armisticio entre Italia y las fuerzas aliadas anglo-americanos en septiembre de
1943 representaron un factor de fuerte discontinuidad con la historia anterior,
puesto que «por primera vez en la historia de la Italia unida los italianos vivieron
en formas varias una experiencia de desobediencia de masa»3; se trató de una frac-
tura desde la cual surgió un nuevo régimen político, republicano y democrático,
después de la experiencia de la monarquía de los Saboya, de la dictadura fascista
y de la Guerra.

2 Casali, Luciano y Gagliani, Dianella: «Una storia da scrivere. Contadini e Resistenza in Emilia-

Romagna», en I contadini emiliani dal Medioevo a oggi. Indagini e problemi storiografici, Bolonia, Il Mulino,
1986, pp. 241-275.
3 Pavone, Claudio: Una guerra civile. Saggio storico sulla moralità nella Resistenza, Turín, Bollati

Boringhieri, 1991, p. 26.

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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

La Resistencia no conoció un desarrollo similar en todas las regiones de Italia.


Fue un fenómeno concentrado sobre todo en el centro-norte de la Península, con
diferencias a veces notables región por región. Los tiempos y las modalidades de
formación y de acción de los grupos de partisanos fueron diferentes por áreas, así
como los mandos y los cln (Comités de Liberación Nacional) locales, y las redes
de conexión entre las centrales del movimiento resistente y las unidades particu-
lares no resultaron homogéneas. La variedad de las experiencias es atribuible a las
particulares condiciones políticas, geográficas, sociales en las cuales los partisanos
se formaron y actuaron: en algunas áreas, por ejemplo, fue decisiva, ya desde los
primeros días después del 8 de septiembre, la aportación de unidades del viejo
ejército italiano, cuyos hombres se agruparon y se escondieron con las armas en
dotación para huir del peligro de ser capturados por los militares alemanes, dan-
do vida a las primeras formas de resistencia organizada; en otro lugar prevaleció
el enlace con los partidos antifascistas reorganizados después de la detención de
Mussolini el 25 de julio de 1943, con el antifascismo de los años del régimen y
con la tradición política del período anterior al fascismo; en todos los sitios fueron
decisivos las conexiones y los enlaces que surgieron entre partidos y formaciones
y entre los diferentes grupos de partisanos para dotar al movimiento de una orga-
nización cierta, indispensable para conseguir la fuerza necesaria para la acción y el
reconocimiento por parte del Gobierno italiano del Sur, de los angloamericanos y
de la población italiana. No es de extrañar que estos procesos fueran difíciles y no
lineales y, a veces, surgieran peleas entre los grupos y los mandos partisanos; tampo-
co la relación con la población fue siempre idílica y, si en algunas áreas la adhesión
al movimiento armado y civil de resistencia por parte de la población fue masivo,
en otras el apoyo a los partisanos no fue mayoritario. La Resistencia también fue
un fenómeno variado desde el punto de vista de las orientaciones políticas y de los
objetivos propios de cada formación política del Comité de liberación nacional y
de otras apolíticas o sólo militares. En el interior del cln se enfrentaron además
concepciones diferentes de la lucha y de sus objetivos que podríamos resumir así:
una más avanzada, capaz de armonizar la expulsión de los alemanes, la derrota de
los fascistas y una profunda renovación de la sociedad, de la política y de la forma
del estado italiano, que correspondía a la posición del Partido Comunista, del
Partido de Acción y del Partido Socialista; y otra más moderada, sostenida por los
liberales y por la Democracia Cristiana, que lucharon por la derrota del fascismo
y del nazismo y por la conclusión de la Guerra, pero querían el mantenimiento
del orden social existente o una leve modificación de éste. En todo esto influye-
ron obviamente el contexto de la Guerra y el éxito de las operaciones militares, la
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Luciano Casali y Roberta Mira

evolución de la ocupación nazi, la presencia o no de la Republica social italiana y


su manera de ejercer su exiguo poder4.
La Resistencia fue, en fin, un fenómeno tan complejo que es difícil proporcio-
nar una periodización y una narración unívoca y válida para cada contexto local.
No hay que asombrarse por tanto de que de ella se conserven memorias diferentes
de una zona a otra y que incluso en la misma zona se hayan producido diferentes
recorridos del recuerdo según la orientación política, la estructura social y los
acontecimientos históricos que, más allá de la Resistencia, han marcado la vida
de las regiones, de las ciudades y de las comunidades. En un extremo tenemos la
creación de mitos y tradiciones, como aquel de la «Emilia roja»; por otro lado la
adhesión casi a posteriori a la idea de la democracia y de la República nacida por la
Resistencia en aquellos lugares donde —por ejemplo en muchas partes del Sur de
Italia— por el rápido sucederse de los acontecimientos y la inmediata liberación
por parte de las tropas anglo-americanas, no han conocido la lucha partisana or-
ganizada, sino sólo esporádicos episodios de oposición y resistencia.
Además la Resistencia, entendida como oposición armada a la ocupación nazi y
al fascismo de la República social, fue un hecho minoritario. Sólo una minoría de
la población italiana, de hecho, tomó las armas combatiendo activamente, aunque
mucho más amplio fue el frente de quien llevó adelante otras formas de resistencia
sin las cuales las armas no habrían podido tener algun éxito. El énfasis puesto sólo
sobre los partisanos combatientes y sobre el nexo entre política, antifascismo y
formaciones armadas en la memoria y en la transmisión de los acontecimientos
ha comportado sin embargo para buena parte de los italianos la dificultad, cuando
no la imposibilidad, de hacer confluir dentro de la experiencia de la Resistencia su
propia experiencia de Guerra y, en particular, la última fase de 1943-1945 y, por lo
tanto, de reconocer plenamente la Resistencia como fundamento del nuevo Estado
italiano. Quedaron excluidos no sólo aquellos que no se alinearon abiertamente,
o sea la gran parte de la población italiana, y quien fuera víctima de la Guerra o
de los bombardeos, sino también las mujeres, implicadas en mayor medida en
formas de resistencia civil, y aquellos que manifestaron su oposición, a menudo
no directamente política, por otros medios, como los internados militares que
rechazaron jurar fidelidad a la rsi, prefiriendo quedar prisioneros en los Campos
de concentración alemanes o los deportados políticos que, aunque detenidos por
motivaciones ligadas al antifascismo y a la oposición, como las huelgas obreras del
marzo de 1944 o la participación en acciones de resistencia, no hicieron después

4 Battaglia, Roberto: Storia della Resistenza italiana, Turín, Einaudi, 1970 (edición actualizada de

la de 1964 [1953]); y Bocca, Giorgio: Storia dell’Italia partigiana settembre 1943-maggio 1945, Milán,
Mondadori, 1995. Son dos clásicos de la historia resistencial. Más crítico y actualizado sobre el debate
historiográfico: Peli, Santo: La Resistenza in Italia. Storia e critica, Turín, Einaudi, 2004.

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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

de la captura una contribución activa a la lucha5. Un discurso aparte merecería la


particular mención de «memoria dividida» que caracterizó —y en algunos casos
todavía caracteriza— a algunas comunidades golpeadas por las matanzas nazis y
fascistas, cuya elaboración del recuerdo vio en los partisanos, acusados de haber
azuzado a los adversarios con su actividad y su presencia, los culpables de los acon-
tecimientos históricos. Por fin también se desarrolló una memoria antagónica del
período 1943-1945: la de los fascistas, que reapareció periódicamente también de
modo encendido y fue instrumentalizada con intentos polémicos y abiertamente
revisionistas6.
Considerando estos elementos se puede comprender cómo la memoria de la
Resistencia en Italia y la atribución a ella de un sentido público-político sobre el
cual basar un sistema de valores común para los italianos no resulten unánimemen-
te compartidas. Eso no significa que el antifascismo no sea un valor y ciertamente
una parte de italianos se reconoce profundamente en ello, pero aquí queremos
sólo tomar nota de la atención prestada a los puntos críticos de la memoria del
fascismo y de la Resistencia, para colocar en su justa dimensión las dificultades que
el sistema de referencia fundado en el antifascismo ha atravesado y está atravesando
en Italia. Dos nudos problemáticos representan precisamente la diferencia de las
experiencias históricas y de la multiplicidad de las memorias, pero no bastan para
explicar la crisis del paradigma antifascista en el debate público y político y en el
sentir común de la sociedad italiana.
La fallida depuración, es decir el castigo de los fascistas por sus crímenes de
naturaleza penal y administrativa, es uno de los factores centrales de este proceso.
La legislación puesta en marcha para proceder a la depuración fue compleja y
contradictoria y se caracterizó por una aplicación blanda, debida sea a la per-
manencia del orden jurídico precedente, es decir de la legislación fascista, sea a
la continuidad sustancial de la magistratura llamada a hacer respetar las normas
sobre las sanciones contra los fascistas. La magistratura italiana no fue de hecho
purgada, con el resultado de que numerosos jueces llamados a condenar a los
fascistas no estaban a su vez exentos de connivencia con el régimen de Mussolini.
Los castigos golpearon más a las figuras de relieve menor y menos a los jerarcas,
que habían tenido responsabilidades en el campo político, administrativo, econó-
mico y militar. Los primeros anuncios y las primeras medidas, dirigidos a golpear

5 Bravo, Anna y Bruzzone, Anna Maria: In guerra senza armi. Storie di donne. 1940-1945, Roma-

Bari, Laterza, 1995; Bravo, Anna y Jallà, Daniele (coords.): Una misura onesta. Gli scritti di memoria
della deportazione dall’Italia 1944-1993, Milán, Franco Angeli, 1994.
6 Sobre el tema de la memoria dividida véanse sobre todo los trabajos de Paggi, Leonardo: Storia e

memoria di un massacro ordinario, Manifestolibri, Roma 1996; y Contini, Giovanni: La memoria divisa,
Milán, 1997; sobre el tema de la memoria fascista, Germinario, Francesco: L’altra memoria. L’estrema
destra, Salò e la Resistenza, Turín, Bollati Boringhieri, 1999.

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Luciano Casali y Roberta Mira

de modo generalizado a los fascistas en diferentes sectores de la sociedad italiana


para saldar las cuentas con la experiencia de la dictadura, dieron paso en poco
tiempo a disposiciones más indulgentes que, eliminando poco a poco posibles
imputaciones, acabaron limitando el número de los culpables sólo a quienes fue-
ran considerados responsables del crimen de colaboracionismo con los alemanes
«invasores» en el período 1943-1945. Fueron ignorados, sustancialmente, el fas-
cismo del Ventennio y la República social, es decir las responsabilidades italianas en
cuanto tales. Además, también los pocos resultados de la depuración conseguidos a
través de las comisiones de investigación aliadas y de las Corti d’Assisi (el Tribunal
del jurado) extraordinarias fueron anulados con la amnistía de 1946. Todo eso se
acompañó de la llamada «continuidad del Estado», manifestada en la permanencia
de hombres y de estructuras en la administración pública, en la magistratura, en las
fuerzas armadas, en los aparatos de policía, en los entes públicos. Una continuidad
que se extendió a sectores más o menos grandes de la sociedad italiana, como la
burguesía industrial o el mundo de la información. La misma Iglesia, que había
tenido gran participación en la posguerra en la orientación de la opinión de los
italianos, atravesó indemne la fase de transición del fascismo a la democracia, a
pesar del Concordato de 1929 y de las posiciones no siempre límpidas mantenidas
por la jerarquía vaticana respecto al fascismo y sus Leyes7.
Junto a la fallida depuración y a la continuidad del Estado y de algunas estruc-
turas de la sociedad está pendiente en Italia una reflexión crítica profunda sobre
el pasado fascista del país8. A ésta se sustituyen, ya desde la inmediata posguerra,
dos lecturas del fascismo que en ambos casos tienden a deslucir su alcance y su
sentido para la historia italiana y contribuyen a debilitar el antifascismo como
fundamento de la pertenencia republicana. Es conocida la visión del fascismo
enunciada por Benedetto Croce a mediados de los años cuarenta del pasado siglo9
como un paréntesis degenerado en la historia de Italia, como el injerto de algo
enfermo sobre un cuerpo que queda, no obstante, predominantemente sano, cuya
deriva es la idea consolatoria y de auto-absolución de un país alejado del fascismo
de Mussolini y de sus acciones. Al término del conflicto los italianos prefirieron
interpretar el papel de víctimas pasivas del régimen antes que interrogarse sobre el
nudo del consentimiento que buena parte del país dio al fascismo. Era más simple

7 Pavone, Claudio: Alle origini della Repubblica. Scritti su fascismo, antifascismo e continuità dello Stato,

Turín, Bollati Boringhieri, 1995; Woller, Hans: I conti con il fascismo. L’epurazione in Italia 1943-1948,
Bolonia, il Mulino, 1997; Dondi, Mirco: La lunga liberazione. Giustizia e violenza nel dopoguerra italiano,
Roma, Editori Riuniti, 1999; Zunino, Pier Giorgi: La Repubblica e il suo passato. Il fascismo dopo il fascismo,
il comunismo, la democrazia: le origini dell’Italia contemporanea, Bolonia, il Mulino, 2003.
8 Paggi, Leonardo: «Il popolo dei morti». La repubblica italiana nata dalla guerra (1940-1946),

Bolonia, il Mulino, 2009.


9 Zunino, Pier Giorgi: La Repubblica e..., op. cit.

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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

dirigir todas las culpas a un hombre solo, Mussolini, o al estrecho círculo de los
jerarcas y de los colaboradores del duce, que reconocer los motivos profundos de
la adhesión de muchos al fascismo y a sus políticas.
La segunda lectura es paralela a esta, aunque ha surgido no por una elimina-
ción del fascismo de la historia de Italia, sino por una interpretación que ve en el
fascismo italiano un régimen no cumplidamente totalitario, en el fondo benévolo,
cuya obra debe ser juzgada más a la luz de los muchos progresos aportados al país
que por sus pocos errores, cuya gravedad no obstante debe ser condenada: se trata
principalmente de la alianza con la Alemania de Hitler y de la decisión de entrar
en Guerra, dos elecciones extrañas al deseo y al carácter de los italianos, los cuales
sufrieron dicha situación impuesta por los altos cargos políticos fascistas, a la cual
se suma, ya en años más cercanos a nosotros, la promulgación de las Leyes raciales
contra los judíos. En los casos más extremos la imposición concerniría al mismo
Mussolini, obligado a seguir a Hitler para limitar sus objetivos y actitudes. Se co-
necta a esta interpretación la idea de que lo que de negativo tuvo el fascismo fue
en realidad de importación alemana, olvidando que Mussolini e Italia fueron los
primeros en llevar al poder una experiencia política de tipo fascista, que sirvió de
ejemplo para otros países europeos, Alemania incluida10. Eso es particularmente
evidente en el caso de las Leyes contra los judíos emanadas del fascismo en 1938,
tradicionalmente presentadas como una concesión debida al aliado alemán, en au-
sencia de un verdadero antisemitismo en Italia, y juzgadas poco eficaces y aplicadas
con ligereza. La vara con que se miden las Leyes raciales italianas es la Alemania
nazi y el porcentaje de judíos italianos deportados y matados resulta «pequeño»
en comparación con el genocidio nazi, destacando igualmente la inexistencia en
la Italia fascista de campos de exterminio según la definición clásica, datos que
parecen suficientes para absolver a la Península.
Sobrevuela a estas interpretaciones el mito de los «italianos buena gente»11, que
a su vez se nutre de la representación del fascismo como dictadura blanda. Los ita-
lianos que han vivido el fascismo y la Segunda Guerra Mundial generalmente son
recordados como los «colonizadores de rostro humano», que tendieron a solidari-
zarse con las poblaciones conquistadas en vez de someterlas de manera brutal, como
soldados desganados y obligados a combatir, o como un pueblo que se movilizó
casi en su totalidad para salvar a los judíos italianos de la deportación requerida
por los nazis. Se olvidan completamente los crímenes de guerra cometidos por los
italianos en Grecia, Yugoslavia y en África y la verdadera dimensión de la domi-
nación colonial italiana; por fin, por cuanto toca al bienio 1943-1945, se tiende a

10 Collotti, Enzo: Fascismo, fascismi, Milán, Sansoni, 1989; Casali, Luciano: Fascismi. Partito,

società e stato nei documenti del fascismo, del nazionalsocialismo e del franchismo, Bolonia, Clueb, 1995.
11 Bidussa, David: Il mito del bravo italiano, Milán, Il Saggiatore, 1994.

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Luciano Casali y Roberta Mira

atribuir todas las culpas a los alemanes, absolviendo al conjunto de la población


italiana a través de la Resistencia, como si todos hubieran participado en ella, sin
recordar que la Resistencia, sea en sentido estricto como resistencia armada, sea en
una acepción más amplia, como oposición también civil al fascismo y al nazismo,
sólo afectó a minorías. En fin, la tendencia es a representar a los italianos como
víctimas: víctimas del fascismo, de la Guerra, de los alemanes12.
Tras esta lectura de la historia italiana, y del período fascista en particular, están
las tesis de Renzo De Felice y, sobre todo, sus interpretaciones y simplificaciones
en clave periodística, dirigidas efectivamente a un público vasto, listo a acogerlas
porque están cercanas al sentir común que quiere ver a los italianos como inocentes
y no responsables del pasado fascista13.
En realidad, la historiografía italiana de inspiración antifascista ha analiza-
do estos temas desde una perspectiva crítica ya desde los años setenta y luego,
con renovado interés, desde los noventa, poniendo atención en los orígenes del
fascismo, los nudos de la violencia y de la coerción, de la propaganda y de la
simbología, del consentimiento, en los proyectos de dominio colonial e impe-
rial en el Mediterráneo, en las políticas racistas contra los africanos y contra los
judíos, en la Guerra fascista de 1940-1943, en la experiencia de la República de
Saló14. Al mismo tiempo, los estudios que han abordado el bienio 1943-1945
han ido abandonando progresivamente la lectura predominantemente político-
militar y unitaria de la Resistencia y las reconstrucciones de los primeros años de
la posguerra para focalizar la atención sobre temáticas antes descuidadas, como la
participación de las mujeres en la Resistencia, la realidad de los internados milita-
res italianos, la deportación por motivos políticos y raciales, la implicación de la

12 Focardi, Filippo: La guerra della memoria. La Resistenza nel dibattito politico italiano dal 1945 a

oggi, Roma-Bari, Laterza, 2005, resume eficazmente el debate sobre estos temas.
13 Véanse en particular, De Felice, Renzo: Intervista sul fascismo, Roma-Bari, Laterza, 1975; y

Rosso e nero, Milán, Baldini y Castoldi, 1995. Sobre las tesis de De Felice y la historiográfia italiana, cf.
Gallerano, Nicola: «Critica e crisi del paradigma antifascista, in Fascismo e antifascismo negli anni
della Repubblica», Problemi del Socialismo, 7 (1986); Trangaglia, Nicola: Un passato scomodo. Fascismo
e postfascismo, Roma-Bari, Laterza, 1996; Santomassimo, Gianpasquale: Il ruolo di Renzo De Felice, en
E. Colllotti (coord.), Fascismo e antifascismo. Rimozioni, revisioni, negazioni, Roma-Bari, Laterza, 2000;
Gentile, Emilio: Renzo De Felice. Lo storico e il personaggio, Roma-Bari, Laterza, 2003.
14 Nos limitamos a recordar los numerosos trabajos de Emilio Gentile sobre el fascismo, en par-

ticular: Il culto del littorio. La sacralizzazione della politica nell’Italia fascista, Roma-Bari, Laterza, 1993;
y Fascismo. Storia e interpretazione, Laterza, Roma-Bari 2002; los estudios de Angelo Del Boca sobre el
colonialismo italiano en Africa, sintetizados en Italiani, brava gente? Un mito duro a morire, Vicenza, Neri
Pozza, 2005; Rodogno, Davide: Il nuovo ordine mediterraneo. Le politiche d’occupazione dell’Italia fascista
in Europa (1940-1943), prólogo por Philippe Burrin, Turín, Bollati Boringhieri, 2003; Gobetti, Eric:
L’occupazione allegra. Gli italiani in Jugoslavia (1941-1943), Roma, Carocci, 2007; Collotti, Enzo: Il
fascismo e gli ebrei. Le leggi razziali in Italia, Roma-Bari, Laterza, 2003; Gagliani, Dianella: Brigate nere.
Mussolini e la militarizzazione del Partito fascista repubblicano, Turín, Bollati Boringhieri, 1999.

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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

población en la Guerra Total y las violencias nazis y fascistas contra los italianos,
la Guerra Civil, el análisis de la Resistencia desde abajo y desde su interior para
destacar su complejidad15. Tales reflexiones sobre aspectos poco conocidos y a veces
controvertidos, que han contribuido notablemente al debate especializado sobre
la historia de Italia, no hicieron mella en el sentir común al nivel del público y
de conocimientos difusos, con el resultado de que hay que registrar la sustancial
ignorancia de los italianos en lo referente a los problemas históricos, políticos y
sociales que estaban en la base del surgimiento del fascismo y de su desarrollo en
el curso de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado. Además, debe no-
tarse, en efecto, que el aspecto que está cobrando relieve en la opinión común en
los últimos años, especialmente por cuanto concierne al período 1943-1945, es el
relativo a la violencia ejercida por los partisanos italianos, tanto del periodo de las
formaciones como del periodo posbélico contra los fascistas, que aparecen descri-
tos de manera desenvuelta y privada de espíritu crítico y de análisis del contexto
histórico en estudios que, aunque se presenten como análisis que quieren poner en
evidencia realidades ocultas, aparecen cada vez más orientados a la criminalización
de la acción de algunas formaciones de la Resistencia, sobre todo de la comunista16.

15 Sin pretensión de exhaustividad citamos Bravo, Anna y Bruzzone, Anna Maria: In guerra senza...,

op. cit.; Gagliani, Dianella (coord.): Guerra, Resistenza, Politica. Storie di donne, Reggio Emilia, Aliberti,
2006; Labanca, Nicola (coord.): Fra sterminio e sfruttamento. Militari internati e prigionieri di guerra
nella Germania nazista (1939-1943), Florencia, Le Lettere, 1992; e Il libro dei deportati, investigación del
Departamento de historia de la Universidad de Turin, dirigido por Brunello Mantelli y Nicola Tranfaglia,
promovido por la Asociación nacional ex deportados, 3 vols., Milán, Mursia, 2009-2010; Picciotto,
Liliana: Il libro della memoria. Gli ebrei deportati dall’Italia (1943-1945), Milán, Mursia, 1991 (nueva
edición 2002); Gribaudi, Gabriella (coord.): Terra bruciata. Le stragi naziste sul fronte meridionale, Napoli,
L’Ancora del Mediterraneo, 2003; Fulvetti, Gianluca y Pelini, Francesca (coords.): La politica del mas-
sacro. Per un atlante delle stragi naziste in Toscana, Nápoles, L’Ancora del Mediterraneo, 2006; Casali,
Luciano y Gagliani, Dianella (coords.): La politica del terrore. Stragi e violenze naziste e fasciste in Emilia
Romagna, Nápoles, L’Ancora del Mediterraneo, 2008. Queda central por el análisis de la Resistencia ita-
liana, Pavone, Claudio: Una guerra civile..., op. cit. Además sobre aspectos menos conocidos Peli, Santo:
La Resistenza difficile, Milán, Franco Angeli, 1999; Mira, Roberta: Tregue d’armi. Strategie e pratiche della
guerra in Italia fra nazisti, fascisti e partigiani, Roma, Carocci, 2011. Por un examen sobre la historiografía
sobre fascismo, antifascismo y Resistencia véase Collotti, Enzo (coord.): Fascismo e antifascismo..., op.
cit.; In/formazione. Número especial para el 50° aniversario de la Resistencia y de la liberación, 25-26 (1994);
Leganani, Massimo: La storiografia della Resistenza ieri e oggi y Resistenza e Repubblica. Un dibattito inin-
terrotto, Italia contemporanea, 213 (1998); Gallerano, Nicola (coord.): La Resistenza tra storia e memoria,
Milán, Mursia, 1999; Peli, Santo: La Resistenza in..., op. cit.
16 Pensamos en los libros que Giampaolo Pansa viene publicando desde hace casi diez años (Il sangue

dei vinti fue publicado por primera vez en el año 2003, ha sido reimpreso más veces y seguido por muchos
otros textos en la misma interpretación) en el debate que circunda sus trabajos y en la oleada abiertamente
revisionista que éstos han alimentado. Los temas y los tonos utilizados por Pansa están muy cercanos en
aquellos típicos de la derecha italiana de la posguerra, pero mientras las reivindicaciones y las polémicas de
matriz fascista no han logrado nunca conseguir dignidad como para ser tomadas en consideración como
textos de historia por un público más vasto que el de los movimientos y de las formaciones políticas ex-
plícitamente atadas a la experiencia fascista, Pansa, presentándose como un antifascista que quiere desvelar

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Luciano Casali y Roberta Mira

En el caso de la Guerra Civil de 1943-1945 es, en tal sentido, útil hacer referencia
a la Resistencia y al fascismo de Saló como a fenómenos menores, referencia su-
primida en otros casos donde resulta más ventajoso describir la Resistencia como
lucha de todo el pueblo italiano: si la mayor parte de los italianos no ha tomado
parte en la Guerra Civil y ha permanecido ajena a ella, puede borrarse más fácil-
mente la memoria de los aspectos más feroces y oscuros del período que precede
al nacimiento de la República.
El discurso público sobre la memoria del antifascismo tiene un papel impor-
tante en los procesos que estamos describiendo rápidamente, ya que, obviamente,
el uso público de la historia influye en el sentir común en mayor medida que la
historiografía y las investigaciones dirigidas a un público de especialistas. Como
también ocurrió en el resto de Europa, en Italia ya desde 1945 los partidos políti-
cos nacidos después de la Guerra y la Resistencia tendieron a fundamentar en el
antifascismo y en la experiencia de la lucha partisana su propia legitimación para
gobernar el nuevo Estado17. Desde entonces, antifascismo y Resistencia volvieron
a ser los principales cánones de definición y de auto-representación de la identidad
colectiva italiana en el debate público y político justo en tanto que antítesis del
fascismo: éste último fue demonizado y condenado de modo unánime, presen-
tado como una aberración con respecto a la historia italiana, a la cual se opuso la
«verdadera Italia» antifascista, y eso contribuyó inevitablemente a la renuncia a
una reflexión seria sobre el fascismo como fenómeno histórico y sobre su efectiva
relación con Italia y los italianos. A este espíritu unitario inicial lo sustituyeron en
poco tiempo muchas interpretaciones de la historia de la oposición antifascista y
sobre todo del bienio 1943-1945, que se disputaron la exclusiva sobre la herencia
de la Resistencia. La controversia fue particularmente encendida entre 1948 y
mediados de los años cincuenta, tras la exclusión de los partidos de izquierda del
Gobierno y el inicio de la fase dominada por la Democracia Cristiana, período so-
bre el cual tuvieron un fuerte influjo la Guerra Fría y la alineación internacional de
Italia. En aquellos años, el Partido Comunista Italiano y la Democracia Cristiana se
acusaron recíprocamente de traición respecto al pasado resistencial: el pci denunció
el giro excesivamente moderado de la dc por negar los valores y los objetivos más
avanzados perseguidos por la lucha partisana; y, viceversa, la Democracia Cristiana
acusó a los comunistas de no aceptar el juego democrático y de querer monopolizar
el recuerdo de la Resistencia con finalidades revolucionarias marxista-estalinistas.
En los años sesenta y setenta se redujo el choque entre comunistas y fuerzas mode-
radas, que se diluyó en una celebración más unitaria de la Resistencia como mito

en perspectiva crítica las verdades escondidas de los antifascistas (comunistas), tiene sus seguidores.
17 Collotti, Enzo (coord.): Fascismo e antifascismo..., op. cit.; De Bernardi, Alberto y Ferrrari,

Paolo (coords.): Antifascismo e identità europea, Roma, Carocci, 2004.

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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

fundacional de la República, aunque la rivalidad y la disputa sobre la herencia más


auténtica de la lucha partisana no se apagaron completamente, resurgiendo en
determinados momentos de manera más o menos marcada. Los puntos más altos
de convergencia y afirmación de un pasado antifascista compartido por parte de
los partidos herederos de los cln se dieron en 1960, cuando la movilización de
la sociedad civil contra el Gobierno del demócrata cristiano Fernando Tambroni,
sostenido en el Parlamento gracias a los votos del Movimiento social italiano,
heredero del fascismo y de la República de Saló, le obligó a dimitir y permitió el
inicio de la experiencia de los Gobiernos de centro-izquierda con la entrada del
Partido socialista en el Gobierno; y en los años setenta con la «solidaridad nacio-
nal» entre todos los partidos del arco democrático, de los moderados a la izquierda
comunista, frente a las amenazas de la violencia de extrema derecha con finalidades
subversivas y del terrorismo de izquierda, culminado en el secuestro y asesinato
del líder de la dc, Aldo Moro, por las Brigadas Rojas.
A pesar del contraste de rasgos ásperos sobre todo en clave anticomunista,
el paradigma resistencial seguía vivo porque los partidos políticos herederos del
Comité de liberación nacional aceptaron la competencia parlamentaria democráti-
ca y se reconocieron en los principios de la Constitución italiana; además, ninguna
formación política del arco constitucional tuvo realmente nunca la intención de
poner en tela de juicio las raíces antifascistas de la República, aunque reivindi-
casen para sí la autenticidad de la experiencia resistencial y la misma lectura del
pasado antifascista. Hay que notar que al vigor del paradigma antifascista también
ha contribuido la eliminación de algunos temas en el debate público, como los
crímenes de guerra nazis en Italia y fascistas en los países ocupados por el ejército
de Mussolini, posibles causas de fracturas interiores y repercusiones a nivel de
política internacional.
Se registró un primer ataque bastante duro al paradigma antifascista y resisten-
cial en los años ochenta con el desafío lanzado para la Constitución por parte del
Partido socialista de Bettino Craxi, en la época de Gobierno, que quiso reformar
la carta fundamental y el balance entre los poderes del Estado para modernizar
el país. En defensa de la Constitución se alzó el Partido comunista que, excluido
del Gobierno porque estaba próximo al régimen soviético, encontró su fuente
principal de legitimación para competir con la democracia italiana justamente
en la relevante contribución de los comunistas al antifascismo y a la Resistencia y
en la Constitución, en cuya redacción participó el pci. En los años de Craxi, sin
embargo, la antítesis antifascismo-fascismo quedaría en segundo plano respecto
a aquella entre totalitarismo y democracia y se desempolvó la cuestión de que,
mientras todos los demócratas fueron y habían sido antifascistas, no todos los
antifascistas —en particular los comunistas— fueron sinceramente democráticos:
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Luciano Casali y Roberta Mira

no fue por lo tanto el antifascismo, cuyo exponente fue también el pci, la base
sobre la cual fundar la democracia italiana.
El verdadero punto de ruptura que ha decretado la crisis del antifascismo como
base de la República italiana «nacida por la Resistencia» ocurrió en los años no-
venta, cuando el tema de la memoria de la Resistencia volvió al centro del debate
político, al mismo tiempo que los trastornos provocados por el año 1989 a nivel
internacional y la caída de la Primera República a consecuencia del escándalo de
Tangentopoli. En aquel instante se derrumbaron los partidos políticos que dieron
vida a la República italiana al final del conflicto mundial, incluido el principal
partido de la oposición excluido por principio de la posibilidad de acceder al
Gobierno, o sea el Partido comunista, implicados en actos ilícitos, corrupción y
‘tangentes’ en un circuito vicioso entre financiación de la política y favores persona-
les. Al mismo tiempo accedieron al Parlamento italiano partidos no directamente
vinculados a la experiencia del antifascismo histórico y de la Resistencia, que no
tenían sus bases de legitimación en la oposición al fascismo y en la democracia
nacida después de la Segunda Guerra Mundial: Fuerza Italia y la Liga Norte no se
basaban en la tradición antifascista precedente, buscando sus puntos de referencia
y sus raíces en otros sistemas de valores; mientras el Movimiento social italiano
—reconvertido en Alianza nacional— fue el heredero directo de la experiencia
del último fascismo de la República social italiana e, incluso aceptando el sistema
y la dialéctica democrática, no renegó ni abominó completamente del pasado. El
caso de Alianza nacional aparece por su pasado neo-fascista con certeza más claro,
pero no es difícil entender que todos estos partidos necesitaron, para conseguir una
plena legitimación, una re-fundación de la República italiana sobre nuevas bases
que no fuesen ya, o no sólo, la antifascista y la resistencial. De aquí las polémicas
contra la degeneración «partitocrática» provocada por los partidos del Comité de
Liberación Nacional que condujeron a los fenómenos de parcelación y corrupción
política, motivo de la caída de la Primera República; de aquí las invitaciones a
rebasar la contraposición fascismo/antifascismo en cuanto hecho tan lejano en el
tiempo como para poderse considerar terminado y desprovisto de sentido en la
presente coyuntura; y de aquí las tentativas de disminuir el carácter totalitario,
represivo y violento del fascismo, cuando no de reevaluar los años del régimen de
Mussolini; en fin, de aquí los ataques a la memoria de la Resistencia.
En los últimos dos años el panorama de la derecha italiana ha cambiado ulte-
riormente con la creación de Futuro y Libertad por Italia por parte de Gianfranco
Fini, líder histórico del Movimiento Social Italiano y Alianza Nacional, que ha
puesto en marcha un debate controvertido sobre la oportunidad de que también
la derecha italiana se reconozca en el antifascismo, aunque no en el de origen
comunista. Parecen todavía ser relativamente pocos los hombres de la ex Alianza
Nacional dispuestos a seguir a Fini en este recorrido, como demuestra la adhesión
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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

de la mayor parte de ellos a las posturas defendidas por el Pueblo de las Libertades
de Silvio Berlusconi, nacido con la fusión de Fuerza Italia y an, un partido que
todavía sostiene una encendida polémica contra el 25 de abril, el antifascismo, la
Resistencia, la violencia de la posguerra y el comunismo italiano, y que propone
periódicamente una revisión del fascismo y del bienio 1943-1945, además de la
modificación de la Carta Constitucional definida «soviética».
Hay que subrayar además la escasa reacción por parte la izquierda italiana post-
1989 a estos ataques, más ocupada en quitarse de encima los legados del pasado
comunista vinculados a la unión soviética que en reivindicar su propia contribu-
ción positiva y constructiva en favor del antifascismo, la Resistencia y el nacimiento
y la historia de la Italia republicana. Con esto, la izquierda también ha allanado
el camino a importantes reflexiones críticas aun a nivel historiográfico, pero en
algunos momentos ha permitido excesivamente la difusión de ideas revisionistas,
hasta incluso negacionistas18.
El terreno privilegiado para observar las modalidades de manifestación en
el curso de los años de la contraposición entre partidos sobre la memoria de
la Resistencia y para comprobar los sentimientos de la mayoría de la población
con respecto a este tema, es el de las celebraciones del aniversario símbolo de la
República italiana, en particular la Fiesta de la Liberación del 25 de abril. Las
conmemoraciones, en efecto, forman parte del proceso de aflojamiento del lazo
entre los italianos y el sistema de valores representado por el antifascismo. Desde
el primer aniversario, en 1946, la celebración asumió los rasgos exteriores que le
serían propios hasta hoy con la participación de representantes de las instituciones
centrales y locales, de las fuerzas armadas, de los partidos políticos, de la Iglesia, de
las asociaciones de partisanos, veteranos, deportados, víctimas; a través de proce-
siones, funciones religiosas, depósito de coronas en los monumentos y lápidas en
memoria de los caídos o cerca de lugares simbólicos como cementerios y cárceles,
inauguración de nuevos monumentos, asignación de medallas al valor. Pero en los
años de más dura contraposición entre las oposiciones de izquierda, especialmente
el Partido comunista y los partidos en el Gobierno, sobre todo la dc, también
la fiesta de la Liberación fue celebrada de manera conflictiva, con una creciente
rivalidad entre los partidos para conquistar el monopolio sobre las ceremonias y
también acaparrarse la memoria, evitando que los adversarios pudieran aprovechar-
se y con el fin de legitimarse como los auténticos herederos del antifascismo y de la
Resistencia. A mediados de los años sesenta, en las celebraciones del vigésimo ani-
versario de la Liberación, se dio un fuerte impulso a la mitificación de la Resistencia

18 Para los cambios acaecidos hoy en día en el discurso público sobre la Resistencia y su sentido de la

posguerra véanse Luzzatto, Sergio: La crisi dell’antifascismo, Einaudi, Torino 2004; y Focardi, Filippo:
La guerra della..., op. cit.

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Luciano Casali y Roberta Mira

como fenómeno unitario de participación para todos los italianos, sin distinción
de clases sociales, de género y de edad, y todos los partidos políticos antifascistas
representantes del pueblo. De este modo se recuperó el espíritu inicial de 1946 y
se hizo oficial el fundamento de la unidad nacional, en línea con las primeras lec-
turas e interpretaciones de la Resistencia propuestas por memorias que se hicieron
historiografía en la inmediata posguerra y describieron la Resistencia como Guerra
del pueblo, un pueblo completamente antifascista y una guerra principalmente
librada contra el invasor alemán apoyado por una minoría de italianos fascistas
sometidos a la fuerza extranjera. La Resistencia, entendida como epopeya y mito,
celebrada durante los rituales de la fiesta nacional, fue monumentalizada y este
proceso favoreció no sólo la legitimación de los partidos del arco constitucional,
sino también la eliminación de algunos elementos «incómodos» de la memoria
colectiva: la Guerra Civil ante todo, las instancias más avanzadas de los trastornos
socio-económicos, la complejidad de la historia del movimiento partisano y del
período 1943-1945 y, en último análisis, el fascismo mismo, aún leído como
paréntesis en la historia de Italia donde la Resistencia reanudó los hilos cortados
por el régimen enlazándose otra vez al Resurgimiento. Inevitablemente los mitos
se han acompañado con el paso del tiempo con una cierta dosis de retórica que ha
influido en el alejamiento público del significado más profundo del hecho histórico
«Resistencia», cómplice la lejanía temporal y la desaparición de los protagonistas
y testigos de la época.
Junto a la construcción del mito a nivel de celebraciones públicas y rituales se
dio también un proceso de «embalsamamiento» de la Resistencia por las asocia-
ciones de ex partisanos y de sectores de la historiografía que han querido proponer
algunos temas sin debatirlos en su complejidad. Aunque esta reacción sea com-
prensible como reacción al ataque contra la Resistencia de los años de la Guerra
Fría y a las periódicas tentativas de rehabilitar a los fascistas criminalizando a los
partisanos, como las nuevas teorías revisionistas de la derecha o de campo mode-
rado, debe reconocerse que ésta forma todavía parte de aquel vaciado retórico de
la Resistencia y del antifascismo y de la crisis de éstos como valores y fundamentos
de identidad.
Por otra parte, los mismos aspectos de rutina en las celebraciones y la pretensión
de unidad entre partidos y en la descripción histórica de la Resistencia fomentan
críticas y polémicas contra los partidos políticos en la tentativa de redescubrir
la autenticidad de la Resistencia y de apropiarse de ella desde abajo. Esto es por
ejemplo lo que ha ocurrido en 1968 con su reivindicación por los movimientos
que querían formas alternativas de recuerdo y celebración.
De las fiestas y de las ceremonias emerge sin embargo también un dato que
debe ser considerado de manera positiva. Periódicamente en la historia de Italia
se registra, justo durante las fiestas, como en el caso del 25 de abril, una reacción
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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia

de la sociedad y un redescubrimiento del antifascismo como fundamento común


contra los ataques a la Resistencia y, en sentido más amplio, a la democracia ita-
liana: es este el caso de las manifestaciones de 1960 contra el Gobierno Tambroni
y contra el congreso del Movimiento social italiano en Génova y, aunque en fases
y con intensidad diferente, el caso de la participación en las celebraciones del 25
de abril en polémica con los Gobiernos de Berlusconi y sus políticas desde 1994
hasta hoy19. Es la señal de que el antifascismo, que en el siglo xxi tiene ciertamente
necesidad de una nueva orientación, todavía puede constituir un factor de agrega-
ción y reconocimiento para la formación de una identidad colectiva.

19 Cenci, Cristina: «Rituale e memoria: le celebrazioni del 25 aprile», en L. Paggi (coord.), Le memorie

della Repubblica, Florencia, La Nuova Italia, 1999; Schwarz, Guri: Tu mi devi seppellir. Riti funebri e culto
nazionale alle origini della Repubblica, Turín, Utet, 2010.

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