Resistencia y Memoria en Italia
Resistencia y Memoria en Italia
129-145 ISSN:1886-8770
Resistencia y memoria de
la Resistencia en Italia
Luciano Casali
Universidad de Bolonia
Roberta Mira
Universidad de Florencia
Fecha de aceptación definitiva: 16 de septiembre de 2011
129
Luciano Casali y Roberta Mira
1 Retomamos algunas consideraciones que hemos desarrollado más ampliamente en Casali, Luciano:
Paysans et résistance en Italia, en F. Marcot y D. Musiedlak (dirs.), Les Résistances miroirs des régimes de
oppression, París, Presses universitaires de Franche-Comté, 2006; y Aspetti sociali della Resistenza in Emilia
Romagna. Identikit della Resistenza, Bolonia, Clueb, 2011.
a partir de los años treinta, se acercaron cada vez más al Partido Comunista; en
cambio, los pequeños propietarios y los cultivadores directos eran cercanos al
Partido Católico.
Hay que señalar, sin embargo, que la misma figura laboral no era tampoco ho-
mogénea en la totalidad del territorio nacional. Los aparceros emilianos, por ejem-
plo, se dedicaban sobre todo al cultivo de acelga y huertos al lado del tradicional
cultivo de trigo, mientras que los aparceros de la Toscana estaban atados a cultivos
más tradicionales o a los viñedos; se piensa, por otro lado, en los jornaleros de la
Apulia, obligados a una agricultura pobre y de fuerte explotación, en comparación
con los jornaleros de la zona de Cremona y de la Llanura lombarda, dedicados al
cultivo mecanizado o, incluso, con los de la zona de Reggio Emilia o de Rávena,
donde las formas de cooperación estaban reemplazando progresivamente a los viejos
propietarios, o con aquellos de la zona de Ferrara, obligados a buscar obras públicas
y de saneamiento de la tierra —no siempre útiles y financiado en todo caso por el
Gobierno— en el intento de alcanzar las 50-70 jornadas laborales anuales.
Sin embargo, el problema concreto de la conducta de estas diversas figuras
sociales frente al fascismo no ha sido analizado adecuadamente, tampoco para
una zona como la Emilia Romaña, donde el carácter de masa de la Resistencia,
la participación en la lucha (armada y política) de vastas masas campesinas, y su
orientación política, dirigida a los partidos de izquierda, en particular al Partido
Comunista, fueron repetidamente subrayadas ya en los meses y en los años inme-
diatamente siguientes al final de la Guerra, y donde se solicitaron estudios sobre
las particularidades del movimiento «campesino» que no obstante resultaron en
cierta medida superficiales, hasta el punto de que en el año 1986 todavía era po-
sible afirmar que se trataba de «una historia por escribir»2.
El nacimiento y el desarrollo del movimiento de la Resistencia en Italia después
del armisticio entre Italia y las fuerzas aliadas anglo-americanos en septiembre de
1943 representaron un factor de fuerte discontinuidad con la historia anterior,
puesto que «por primera vez en la historia de la Italia unida los italianos vivieron
en formas varias una experiencia de desobediencia de masa»3; se trató de una frac-
tura desde la cual surgió un nuevo régimen político, republicano y democrático,
después de la experiencia de la monarquía de los Saboya, de la dictadura fascista
y de la Guerra.
2 Casali, Luciano y Gagliani, Dianella: «Una storia da scrivere. Contadini e Resistenza in Emilia-
Romagna», en I contadini emiliani dal Medioevo a oggi. Indagini e problemi storiografici, Bolonia, Il Mulino,
1986, pp. 241-275.
3 Pavone, Claudio: Una guerra civile. Saggio storico sulla moralità nella Resistenza, Turín, Bollati
4 Battaglia, Roberto: Storia della Resistenza italiana, Turín, Einaudi, 1970 (edición actualizada de
la de 1964 [1953]); y Bocca, Giorgio: Storia dell’Italia partigiana settembre 1943-maggio 1945, Milán,
Mondadori, 1995. Son dos clásicos de la historia resistencial. Más crítico y actualizado sobre el debate
historiográfico: Peli, Santo: La Resistenza in Italia. Storia e critica, Turín, Einaudi, 2004.
5 Bravo, Anna y Bruzzone, Anna Maria: In guerra senza armi. Storie di donne. 1940-1945, Roma-
Bari, Laterza, 1995; Bravo, Anna y Jallà, Daniele (coords.): Una misura onesta. Gli scritti di memoria
della deportazione dall’Italia 1944-1993, Milán, Franco Angeli, 1994.
6 Sobre el tema de la memoria dividida véanse sobre todo los trabajos de Paggi, Leonardo: Storia e
memoria di un massacro ordinario, Manifestolibri, Roma 1996; y Contini, Giovanni: La memoria divisa,
Milán, 1997; sobre el tema de la memoria fascista, Germinario, Francesco: L’altra memoria. L’estrema
destra, Salò e la Resistenza, Turín, Bollati Boringhieri, 1999.
7 Pavone, Claudio: Alle origini della Repubblica. Scritti su fascismo, antifascismo e continuità dello Stato,
Turín, Bollati Boringhieri, 1995; Woller, Hans: I conti con il fascismo. L’epurazione in Italia 1943-1948,
Bolonia, il Mulino, 1997; Dondi, Mirco: La lunga liberazione. Giustizia e violenza nel dopoguerra italiano,
Roma, Editori Riuniti, 1999; Zunino, Pier Giorgi: La Repubblica e il suo passato. Il fascismo dopo il fascismo,
il comunismo, la democrazia: le origini dell’Italia contemporanea, Bolonia, il Mulino, 2003.
8 Paggi, Leonardo: «Il popolo dei morti». La repubblica italiana nata dalla guerra (1940-1946),
dirigir todas las culpas a un hombre solo, Mussolini, o al estrecho círculo de los
jerarcas y de los colaboradores del duce, que reconocer los motivos profundos de
la adhesión de muchos al fascismo y a sus políticas.
La segunda lectura es paralela a esta, aunque ha surgido no por una elimina-
ción del fascismo de la historia de Italia, sino por una interpretación que ve en el
fascismo italiano un régimen no cumplidamente totalitario, en el fondo benévolo,
cuya obra debe ser juzgada más a la luz de los muchos progresos aportados al país
que por sus pocos errores, cuya gravedad no obstante debe ser condenada: se trata
principalmente de la alianza con la Alemania de Hitler y de la decisión de entrar
en Guerra, dos elecciones extrañas al deseo y al carácter de los italianos, los cuales
sufrieron dicha situación impuesta por los altos cargos políticos fascistas, a la cual
se suma, ya en años más cercanos a nosotros, la promulgación de las Leyes raciales
contra los judíos. En los casos más extremos la imposición concerniría al mismo
Mussolini, obligado a seguir a Hitler para limitar sus objetivos y actitudes. Se co-
necta a esta interpretación la idea de que lo que de negativo tuvo el fascismo fue
en realidad de importación alemana, olvidando que Mussolini e Italia fueron los
primeros en llevar al poder una experiencia política de tipo fascista, que sirvió de
ejemplo para otros países europeos, Alemania incluida10. Eso es particularmente
evidente en el caso de las Leyes contra los judíos emanadas del fascismo en 1938,
tradicionalmente presentadas como una concesión debida al aliado alemán, en au-
sencia de un verdadero antisemitismo en Italia, y juzgadas poco eficaces y aplicadas
con ligereza. La vara con que se miden las Leyes raciales italianas es la Alemania
nazi y el porcentaje de judíos italianos deportados y matados resulta «pequeño»
en comparación con el genocidio nazi, destacando igualmente la inexistencia en
la Italia fascista de campos de exterminio según la definición clásica, datos que
parecen suficientes para absolver a la Península.
Sobrevuela a estas interpretaciones el mito de los «italianos buena gente»11, que
a su vez se nutre de la representación del fascismo como dictadura blanda. Los ita-
lianos que han vivido el fascismo y la Segunda Guerra Mundial generalmente son
recordados como los «colonizadores de rostro humano», que tendieron a solidari-
zarse con las poblaciones conquistadas en vez de someterlas de manera brutal, como
soldados desganados y obligados a combatir, o como un pueblo que se movilizó
casi en su totalidad para salvar a los judíos italianos de la deportación requerida
por los nazis. Se olvidan completamente los crímenes de guerra cometidos por los
italianos en Grecia, Yugoslavia y en África y la verdadera dimensión de la domi-
nación colonial italiana; por fin, por cuanto toca al bienio 1943-1945, se tiende a
10 Collotti, Enzo: Fascismo, fascismi, Milán, Sansoni, 1989; Casali, Luciano: Fascismi. Partito,
società e stato nei documenti del fascismo, del nazionalsocialismo e del franchismo, Bolonia, Clueb, 1995.
11 Bidussa, David: Il mito del bravo italiano, Milán, Il Saggiatore, 1994.
12 Focardi, Filippo: La guerra della memoria. La Resistenza nel dibattito politico italiano dal 1945 a
oggi, Roma-Bari, Laterza, 2005, resume eficazmente el debate sobre estos temas.
13 Véanse en particular, De Felice, Renzo: Intervista sul fascismo, Roma-Bari, Laterza, 1975; y
Rosso e nero, Milán, Baldini y Castoldi, 1995. Sobre las tesis de De Felice y la historiográfia italiana, cf.
Gallerano, Nicola: «Critica e crisi del paradigma antifascista, in Fascismo e antifascismo negli anni
della Repubblica», Problemi del Socialismo, 7 (1986); Trangaglia, Nicola: Un passato scomodo. Fascismo
e postfascismo, Roma-Bari, Laterza, 1996; Santomassimo, Gianpasquale: Il ruolo di Renzo De Felice, en
E. Colllotti (coord.), Fascismo e antifascismo. Rimozioni, revisioni, negazioni, Roma-Bari, Laterza, 2000;
Gentile, Emilio: Renzo De Felice. Lo storico e il personaggio, Roma-Bari, Laterza, 2003.
14 Nos limitamos a recordar los numerosos trabajos de Emilio Gentile sobre el fascismo, en par-
ticular: Il culto del littorio. La sacralizzazione della politica nell’Italia fascista, Roma-Bari, Laterza, 1993;
y Fascismo. Storia e interpretazione, Laterza, Roma-Bari 2002; los estudios de Angelo Del Boca sobre el
colonialismo italiano en Africa, sintetizados en Italiani, brava gente? Un mito duro a morire, Vicenza, Neri
Pozza, 2005; Rodogno, Davide: Il nuovo ordine mediterraneo. Le politiche d’occupazione dell’Italia fascista
in Europa (1940-1943), prólogo por Philippe Burrin, Turín, Bollati Boringhieri, 2003; Gobetti, Eric:
L’occupazione allegra. Gli italiani in Jugoslavia (1941-1943), Roma, Carocci, 2007; Collotti, Enzo: Il
fascismo e gli ebrei. Le leggi razziali in Italia, Roma-Bari, Laterza, 2003; Gagliani, Dianella: Brigate nere.
Mussolini e la militarizzazione del Partito fascista repubblicano, Turín, Bollati Boringhieri, 1999.
población en la Guerra Total y las violencias nazis y fascistas contra los italianos,
la Guerra Civil, el análisis de la Resistencia desde abajo y desde su interior para
destacar su complejidad15. Tales reflexiones sobre aspectos poco conocidos y a veces
controvertidos, que han contribuido notablemente al debate especializado sobre
la historia de Italia, no hicieron mella en el sentir común al nivel del público y
de conocimientos difusos, con el resultado de que hay que registrar la sustancial
ignorancia de los italianos en lo referente a los problemas históricos, políticos y
sociales que estaban en la base del surgimiento del fascismo y de su desarrollo en
el curso de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado. Además, debe no-
tarse, en efecto, que el aspecto que está cobrando relieve en la opinión común en
los últimos años, especialmente por cuanto concierne al período 1943-1945, es el
relativo a la violencia ejercida por los partisanos italianos, tanto del periodo de las
formaciones como del periodo posbélico contra los fascistas, que aparecen descri-
tos de manera desenvuelta y privada de espíritu crítico y de análisis del contexto
histórico en estudios que, aunque se presenten como análisis que quieren poner en
evidencia realidades ocultas, aparecen cada vez más orientados a la criminalización
de la acción de algunas formaciones de la Resistencia, sobre todo de la comunista16.
15 Sin pretensión de exhaustividad citamos Bravo, Anna y Bruzzone, Anna Maria: In guerra senza...,
op. cit.; Gagliani, Dianella (coord.): Guerra, Resistenza, Politica. Storie di donne, Reggio Emilia, Aliberti,
2006; Labanca, Nicola (coord.): Fra sterminio e sfruttamento. Militari internati e prigionieri di guerra
nella Germania nazista (1939-1943), Florencia, Le Lettere, 1992; e Il libro dei deportati, investigación del
Departamento de historia de la Universidad de Turin, dirigido por Brunello Mantelli y Nicola Tranfaglia,
promovido por la Asociación nacional ex deportados, 3 vols., Milán, Mursia, 2009-2010; Picciotto,
Liliana: Il libro della memoria. Gli ebrei deportati dall’Italia (1943-1945), Milán, Mursia, 1991 (nueva
edición 2002); Gribaudi, Gabriella (coord.): Terra bruciata. Le stragi naziste sul fronte meridionale, Napoli,
L’Ancora del Mediterraneo, 2003; Fulvetti, Gianluca y Pelini, Francesca (coords.): La politica del mas-
sacro. Per un atlante delle stragi naziste in Toscana, Nápoles, L’Ancora del Mediterraneo, 2006; Casali,
Luciano y Gagliani, Dianella (coords.): La politica del terrore. Stragi e violenze naziste e fasciste in Emilia
Romagna, Nápoles, L’Ancora del Mediterraneo, 2008. Queda central por el análisis de la Resistencia ita-
liana, Pavone, Claudio: Una guerra civile..., op. cit. Además sobre aspectos menos conocidos Peli, Santo:
La Resistenza difficile, Milán, Franco Angeli, 1999; Mira, Roberta: Tregue d’armi. Strategie e pratiche della
guerra in Italia fra nazisti, fascisti e partigiani, Roma, Carocci, 2011. Por un examen sobre la historiografía
sobre fascismo, antifascismo y Resistencia véase Collotti, Enzo (coord.): Fascismo e antifascismo..., op.
cit.; In/formazione. Número especial para el 50° aniversario de la Resistencia y de la liberación, 25-26 (1994);
Leganani, Massimo: La storiografia della Resistenza ieri e oggi y Resistenza e Repubblica. Un dibattito inin-
terrotto, Italia contemporanea, 213 (1998); Gallerano, Nicola (coord.): La Resistenza tra storia e memoria,
Milán, Mursia, 1999; Peli, Santo: La Resistenza in..., op. cit.
16 Pensamos en los libros que Giampaolo Pansa viene publicando desde hace casi diez años (Il sangue
dei vinti fue publicado por primera vez en el año 2003, ha sido reimpreso más veces y seguido por muchos
otros textos en la misma interpretación) en el debate que circunda sus trabajos y en la oleada abiertamente
revisionista que éstos han alimentado. Los temas y los tonos utilizados por Pansa están muy cercanos en
aquellos típicos de la derecha italiana de la posguerra, pero mientras las reivindicaciones y las polémicas de
matriz fascista no han logrado nunca conseguir dignidad como para ser tomadas en consideración como
textos de historia por un público más vasto que el de los movimientos y de las formaciones políticas ex-
plícitamente atadas a la experiencia fascista, Pansa, presentándose como un antifascista que quiere desvelar
En el caso de la Guerra Civil de 1943-1945 es, en tal sentido, útil hacer referencia
a la Resistencia y al fascismo de Saló como a fenómenos menores, referencia su-
primida en otros casos donde resulta más ventajoso describir la Resistencia como
lucha de todo el pueblo italiano: si la mayor parte de los italianos no ha tomado
parte en la Guerra Civil y ha permanecido ajena a ella, puede borrarse más fácil-
mente la memoria de los aspectos más feroces y oscuros del período que precede
al nacimiento de la República.
El discurso público sobre la memoria del antifascismo tiene un papel impor-
tante en los procesos que estamos describiendo rápidamente, ya que, obviamente,
el uso público de la historia influye en el sentir común en mayor medida que la
historiografía y las investigaciones dirigidas a un público de especialistas. Como
también ocurrió en el resto de Europa, en Italia ya desde 1945 los partidos políti-
cos nacidos después de la Guerra y la Resistencia tendieron a fundamentar en el
antifascismo y en la experiencia de la lucha partisana su propia legitimación para
gobernar el nuevo Estado17. Desde entonces, antifascismo y Resistencia volvieron
a ser los principales cánones de definición y de auto-representación de la identidad
colectiva italiana en el debate público y político justo en tanto que antítesis del
fascismo: éste último fue demonizado y condenado de modo unánime, presen-
tado como una aberración con respecto a la historia italiana, a la cual se opuso la
«verdadera Italia» antifascista, y eso contribuyó inevitablemente a la renuncia a
una reflexión seria sobre el fascismo como fenómeno histórico y sobre su efectiva
relación con Italia y los italianos. A este espíritu unitario inicial lo sustituyeron en
poco tiempo muchas interpretaciones de la historia de la oposición antifascista y
sobre todo del bienio 1943-1945, que se disputaron la exclusiva sobre la herencia
de la Resistencia. La controversia fue particularmente encendida entre 1948 y
mediados de los años cincuenta, tras la exclusión de los partidos de izquierda del
Gobierno y el inicio de la fase dominada por la Democracia Cristiana, período so-
bre el cual tuvieron un fuerte influjo la Guerra Fría y la alineación internacional de
Italia. En aquellos años, el Partido Comunista Italiano y la Democracia Cristiana se
acusaron recíprocamente de traición respecto al pasado resistencial: el pci denunció
el giro excesivamente moderado de la dc por negar los valores y los objetivos más
avanzados perseguidos por la lucha partisana; y, viceversa, la Democracia Cristiana
acusó a los comunistas de no aceptar el juego democrático y de querer monopolizar
el recuerdo de la Resistencia con finalidades revolucionarias marxista-estalinistas.
En los años sesenta y setenta se redujo el choque entre comunistas y fuerzas mode-
radas, que se diluyó en una celebración más unitaria de la Resistencia como mito
en perspectiva crítica las verdades escondidas de los antifascistas (comunistas), tiene sus seguidores.
17 Collotti, Enzo (coord.): Fascismo e antifascismo..., op. cit.; De Bernardi, Alberto y Ferrrari,
no fue por lo tanto el antifascismo, cuyo exponente fue también el pci, la base
sobre la cual fundar la democracia italiana.
El verdadero punto de ruptura que ha decretado la crisis del antifascismo como
base de la República italiana «nacida por la Resistencia» ocurrió en los años no-
venta, cuando el tema de la memoria de la Resistencia volvió al centro del debate
político, al mismo tiempo que los trastornos provocados por el año 1989 a nivel
internacional y la caída de la Primera República a consecuencia del escándalo de
Tangentopoli. En aquel instante se derrumbaron los partidos políticos que dieron
vida a la República italiana al final del conflicto mundial, incluido el principal
partido de la oposición excluido por principio de la posibilidad de acceder al
Gobierno, o sea el Partido comunista, implicados en actos ilícitos, corrupción y
‘tangentes’ en un circuito vicioso entre financiación de la política y favores persona-
les. Al mismo tiempo accedieron al Parlamento italiano partidos no directamente
vinculados a la experiencia del antifascismo histórico y de la Resistencia, que no
tenían sus bases de legitimación en la oposición al fascismo y en la democracia
nacida después de la Segunda Guerra Mundial: Fuerza Italia y la Liga Norte no se
basaban en la tradición antifascista precedente, buscando sus puntos de referencia
y sus raíces en otros sistemas de valores; mientras el Movimiento social italiano
—reconvertido en Alianza nacional— fue el heredero directo de la experiencia
del último fascismo de la República social italiana e, incluso aceptando el sistema
y la dialéctica democrática, no renegó ni abominó completamente del pasado. El
caso de Alianza nacional aparece por su pasado neo-fascista con certeza más claro,
pero no es difícil entender que todos estos partidos necesitaron, para conseguir una
plena legitimación, una re-fundación de la República italiana sobre nuevas bases
que no fuesen ya, o no sólo, la antifascista y la resistencial. De aquí las polémicas
contra la degeneración «partitocrática» provocada por los partidos del Comité de
Liberación Nacional que condujeron a los fenómenos de parcelación y corrupción
política, motivo de la caída de la Primera República; de aquí las invitaciones a
rebasar la contraposición fascismo/antifascismo en cuanto hecho tan lejano en el
tiempo como para poderse considerar terminado y desprovisto de sentido en la
presente coyuntura; y de aquí las tentativas de disminuir el carácter totalitario,
represivo y violento del fascismo, cuando no de reevaluar los años del régimen de
Mussolini; en fin, de aquí los ataques a la memoria de la Resistencia.
En los últimos dos años el panorama de la derecha italiana ha cambiado ulte-
riormente con la creación de Futuro y Libertad por Italia por parte de Gianfranco
Fini, líder histórico del Movimiento Social Italiano y Alianza Nacional, que ha
puesto en marcha un debate controvertido sobre la oportunidad de que también
la derecha italiana se reconozca en el antifascismo, aunque no en el de origen
comunista. Parecen todavía ser relativamente pocos los hombres de la ex Alianza
Nacional dispuestos a seguir a Fini en este recorrido, como demuestra la adhesión
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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia
de la mayor parte de ellos a las posturas defendidas por el Pueblo de las Libertades
de Silvio Berlusconi, nacido con la fusión de Fuerza Italia y an, un partido que
todavía sostiene una encendida polémica contra el 25 de abril, el antifascismo, la
Resistencia, la violencia de la posguerra y el comunismo italiano, y que propone
periódicamente una revisión del fascismo y del bienio 1943-1945, además de la
modificación de la Carta Constitucional definida «soviética».
Hay que subrayar además la escasa reacción por parte la izquierda italiana post-
1989 a estos ataques, más ocupada en quitarse de encima los legados del pasado
comunista vinculados a la unión soviética que en reivindicar su propia contribu-
ción positiva y constructiva en favor del antifascismo, la Resistencia y el nacimiento
y la historia de la Italia republicana. Con esto, la izquierda también ha allanado
el camino a importantes reflexiones críticas aun a nivel historiográfico, pero en
algunos momentos ha permitido excesivamente la difusión de ideas revisionistas,
hasta incluso negacionistas18.
El terreno privilegiado para observar las modalidades de manifestación en
el curso de los años de la contraposición entre partidos sobre la memoria de
la Resistencia y para comprobar los sentimientos de la mayoría de la población
con respecto a este tema, es el de las celebraciones del aniversario símbolo de la
República italiana, en particular la Fiesta de la Liberación del 25 de abril. Las
conmemoraciones, en efecto, forman parte del proceso de aflojamiento del lazo
entre los italianos y el sistema de valores representado por el antifascismo. Desde
el primer aniversario, en 1946, la celebración asumió los rasgos exteriores que le
serían propios hasta hoy con la participación de representantes de las instituciones
centrales y locales, de las fuerzas armadas, de los partidos políticos, de la Iglesia, de
las asociaciones de partisanos, veteranos, deportados, víctimas; a través de proce-
siones, funciones religiosas, depósito de coronas en los monumentos y lápidas en
memoria de los caídos o cerca de lugares simbólicos como cementerios y cárceles,
inauguración de nuevos monumentos, asignación de medallas al valor. Pero en los
años de más dura contraposición entre las oposiciones de izquierda, especialmente
el Partido comunista y los partidos en el Gobierno, sobre todo la dc, también
la fiesta de la Liberación fue celebrada de manera conflictiva, con una creciente
rivalidad entre los partidos para conquistar el monopolio sobre las ceremonias y
también acaparrarse la memoria, evitando que los adversarios pudieran aprovechar-
se y con el fin de legitimarse como los auténticos herederos del antifascismo y de la
Resistencia. A mediados de los años sesenta, en las celebraciones del vigésimo ani-
versario de la Liberación, se dio un fuerte impulso a la mitificación de la Resistencia
18 Para los cambios acaecidos hoy en día en el discurso público sobre la Resistencia y su sentido de la
posguerra véanse Luzzatto, Sergio: La crisi dell’antifascismo, Einaudi, Torino 2004; y Focardi, Filippo:
La guerra della..., op. cit.
como fenómeno unitario de participación para todos los italianos, sin distinción
de clases sociales, de género y de edad, y todos los partidos políticos antifascistas
representantes del pueblo. De este modo se recuperó el espíritu inicial de 1946 y
se hizo oficial el fundamento de la unidad nacional, en línea con las primeras lec-
turas e interpretaciones de la Resistencia propuestas por memorias que se hicieron
historiografía en la inmediata posguerra y describieron la Resistencia como Guerra
del pueblo, un pueblo completamente antifascista y una guerra principalmente
librada contra el invasor alemán apoyado por una minoría de italianos fascistas
sometidos a la fuerza extranjera. La Resistencia, entendida como epopeya y mito,
celebrada durante los rituales de la fiesta nacional, fue monumentalizada y este
proceso favoreció no sólo la legitimación de los partidos del arco constitucional,
sino también la eliminación de algunos elementos «incómodos» de la memoria
colectiva: la Guerra Civil ante todo, las instancias más avanzadas de los trastornos
socio-económicos, la complejidad de la historia del movimiento partisano y del
período 1943-1945 y, en último análisis, el fascismo mismo, aún leído como
paréntesis en la historia de Italia donde la Resistencia reanudó los hilos cortados
por el régimen enlazándose otra vez al Resurgimiento. Inevitablemente los mitos
se han acompañado con el paso del tiempo con una cierta dosis de retórica que ha
influido en el alejamiento público del significado más profundo del hecho histórico
«Resistencia», cómplice la lejanía temporal y la desaparición de los protagonistas
y testigos de la época.
Junto a la construcción del mito a nivel de celebraciones públicas y rituales se
dio también un proceso de «embalsamamiento» de la Resistencia por las asocia-
ciones de ex partisanos y de sectores de la historiografía que han querido proponer
algunos temas sin debatirlos en su complejidad. Aunque esta reacción sea com-
prensible como reacción al ataque contra la Resistencia de los años de la Guerra
Fría y a las periódicas tentativas de rehabilitar a los fascistas criminalizando a los
partisanos, como las nuevas teorías revisionistas de la derecha o de campo mode-
rado, debe reconocerse que ésta forma todavía parte de aquel vaciado retórico de
la Resistencia y del antifascismo y de la crisis de éstos como valores y fundamentos
de identidad.
Por otra parte, los mismos aspectos de rutina en las celebraciones y la pretensión
de unidad entre partidos y en la descripción histórica de la Resistencia fomentan
críticas y polémicas contra los partidos políticos en la tentativa de redescubrir
la autenticidad de la Resistencia y de apropiarse de ella desde abajo. Esto es por
ejemplo lo que ha ocurrido en 1968 con su reivindicación por los movimientos
que querían formas alternativas de recuerdo y celebración.
De las fiestas y de las ceremonias emerge sin embargo también un dato que
debe ser considerado de manera positiva. Periódicamente en la historia de Italia
se registra, justo durante las fiestas, como en el caso del 25 de abril, una reacción
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Resistencia y memoria de la Resistencia en Italia
19 Cenci, Cristina: «Rituale e memoria: le celebrazioni del 25 aprile», en L. Paggi (coord.), Le memorie
della Repubblica, Florencia, La Nuova Italia, 1999; Schwarz, Guri: Tu mi devi seppellir. Riti funebri e culto
nazionale alle origini della Repubblica, Turín, Utet, 2010.