El fallo en cuestión se refiere a un caso en el que una empleada demandó al Banco Comafi y a
su ART por considerar que padecía estrés laboral o síndrome de burnout debido a que su tarea
era por demás estresante, con una exigencia desmedida, con malos tratos. La sentencia de
primera instancia rechazó la demanda, pero la actora apeló.
La actora presenta testimonios de compañeros de trabajo que afirman que el estado de salud
de la misma era delicado, que la vieron desmejorarse físicamente y psiquiátricamente, con
pérdida de peso y del pelo por los nervios, con crisis de nervios, llorando, descompuesta,
sufriendo gran presión laboral. Se creía que se trataba de una cuestión personal, entre algunos
jefes o superiores para con ella. Además, se dijo saber que el Banco Comafi ordenó despidos
masivos, siendo el testigo una excepción a la regla ya que también estaba incluido en una lista
de despidos, pero fue defendido por la comisión gremial interna.
Otra testigo asegura que fue muy difícil trabajar, que había una presión desmedida y al quedar
tanta gente afuera ya de por si era una presión trabajar con menos personal. Dijo saber que el
estado de salud de la actora, en un determinado momento, empezó con un tema depresivo,
con mucho estrés, estaba con atención psiquiátrica. Por otro lado muchos testigos
coincidieron en que no se le hicieron ningún examen médico a ninguno de ellos.
El tribunal de alzada analiza los testimonios presentados y considera que existe evidencia
suficiente para establecer que durante el periodo trabajado por la actora existió un ambiente
hostil en el banco, caracterizado por la inseguridad laboral y el temor a perder el empleo.
En base a esta evidencia, el tribunal considera acreditado el nexo causal entre las tareas
desempeñadas por la actora y la enfermedad sufrida.
En relación a las pericias médicas, el tribunal destaca que los informes de los peritos psicólogo
y psiquiatra respaldan la incapacidad psíquica de la actora. Sin embargo, la sentencia de grado
concluyó que ni del peritaje médico en psiquiatría ni del informe en psicología surge que el
daño psíquico constatado, fuera derivación de la prestación de servicios en un ámbito laboral
de trabajo calificado como nocivo según la descripción efectuada en el escrito de inicio y del
síndrome de “burnout”.
Por otro lado el perito psicólogo señaló que descartando todos los factores previos y/o
predisponentes consultados, la incapacidad psíquica es del 20% equiparable a una Reacción
Vivencial Anormal Neurótica con manifestación depresiva en grado III. Y señala que
corresponde indicar un tratamiento de apoyo psicoterapéutico por un lapso de seis meses y no
inferior a 18 meses, en una entrevista semanal. Su diagnóstico luego de sus amplias y fundadas
consideraciones establece que la actora presenta Trastornos adaptativos mixto con ansiedad y
estado de ánimo depresivo basado en Manual de Diagnóstico. Concluye que al persistir la
desadaptación se requiere un tratamiento psicológico oportuno y con psicofármacos para
tratar los síntomas que se manifiesten. Coincide con el profesional psicólogo en cuanto el
tratamiento psicoterapia que aconseja para el estado de la actora el que calcula en $38.400
anuales.
Finalmente el tribunal concluye que existe un nexo causal entre las tareas desempeñadas por
la actora y la enfermedad sufrida, y se revoca la sentencia de grado que había rechazado la
demanda. Se le otorga a la demandante una prestación dineraria, con intereses desde el
evento dañoso, por incapacidad laboral parcial y definitiva, conforme el diseño del Régimen de
Riesgos del Trabajo vigente, -asimismo- a soportar el costo del tratamiento psicoterapéutico
anual y regular los honorarios de los letrados de la parte actora, de la aseguradora demandada
y de los peritos médico, contador y psicólogo por su labor en origen