ARTE Y CULTURA: SESIÓN 9
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DE ARTE Y CULTURA:
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“Somos Fleming, somos ganadores”
EL VANGUARDISMO
Entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, en casi todos los países con un cierto grado de
desarrollo industrial se puso de manifiesto un sentido del presente y un ansia de romper con los estilos del pasado.
Fue un momento agitado y complejo, en el que la búsqueda de lo nuevo convivía con la permanencia del pasado:
rechazo de la máquina y aceptación de nuevas tecnologías (que exploraban o anticipaban el futuro), agitación
social y anarquismo a la par que consolidación de los valores de la cultura burguesa, además la crisis arte-sociedad
se evidencia siendo la característica que conlleva la vanguardia.
Se conoce como vanguardias históricas a los estilos artísticos que
aparecieron en la primera mitad del siglo XX. Su propuesta rupturistas fue
tan radical que más de un siglo después siguen siendo el paradigma del
arte de vanguardia, dado que en la época se produce en el arte una
auténtica revolución de las artes plástica.
Escultura y pintura, participan de los mismos supuestos. Los movimientos
vanguardistas son más una actitud ante el arte que una estética, que
abandonará la imitación de la naturaleza para centrase en el lenguaje de
las formas y los colores. Es la hegemonía del inconsciente, de la
reconstrucción mental de la obra. Al espectador se le exige una nueva
actitud ante la obra de arte. Los estilos dejan de ser internacionales para
ser característicos de un grupo de artistas.
Para entender las razones por las que las vanguardias artísticas
se desarrollaron, es necesario echar la vista atrás, al siglo XIX.
Tres acontecimientos políticos, la constitución de la segunda y
la tercera República Francesa (1848 y 1871) y la Primera
Guerra Mundial (1914), provocaron una reacción intelectual en
contra de la sociedad de la época. Empieza así el estereotipo
de artista incomprendido, bohemio y comprometido con una
serie de valores contrarios a todo ese mundo convulso que
provocaba situaciones miserables y desafortunadas A estos
tres acontecimientos políticos, se debe añadir uno artístico de
obligado nombramiento, el comienzo de los llamados Salones
de París, unas muestras artísticas anuales de elevado prestigio
que contaba con un jurado tradicional y conservador, y de
donde fueron rechazados la mayoría de pintores impresionistas.
Estos inauguraron, por iniciativa propia, los llamados Salón de los Rechazados con la intención de que su trabajo,
aunque no fuera aceptado en la muestra principal, pudiera ser apreciado y valorado por el público. Quizá fue este
el primer gran desencuentro entre el mundo artístico y el intelectual de la época, que no había hecho más que
empezar.
A este precedente se debe añadir el panorama de principios del siglo siguiente, lleno de cambios y aportaciones
significativas que modificaron ciertas ideas y modos de vida: la Segunda Revolución Industrial, con la aparición del
motor de explosión, la publicación de la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein y la Interpretación de los sueños
de Sigmund Freud, la popularización de la fotografía, el nacimiento del Cine… anunciaban a voces que algo en el
mundo estaba cambiando.
El término vanguardia ha sido uno de los más utilizados para el desarrollo del arte en el siglo XX, sea para definir posturas
ante el arte y su papel en la sociedad, sea para ordenar el estudio de la historia del mismo siglo. Convirtiéndose así en un
fenómeno nuevo respecto a otros periodos de la historia, importante para comprender el arte de nuestra época, y solo en
ésta aparecen expresiones como: Arquitectura de vanguardia, música de vanguardia, cine de vanguardia, etc.
El término es de origen medieval y se usaba en el lenguaje militar. Ya en el siglo XIX empezó a ser utilizado en sentido
figurado con relación al arte y, en el XX constituye un termino clave para el mundo del arte.
Tomando literalmente el término implica la idea de lucha, de combate, de pequeños grupos destacados del cuerpo mayoritario
que avanza, que se sitúan por delante. Efectivamente, la vanguardia artística se manifestó, como acción de grupo reducido,
como élite que se enfrentaba a situaciones más o menos establecidas y aceptadas por la mayoría. Estas tendencias se
enfrentaron al orden establecido, a los criterios asumidos por las clases altas económicas e intelectuales hablando con ánimo
de ruptura. Fueron en ocasiones y con sus particularidades, movimientos agresivos y provocadores. La incomprensión inicial
y la posterior aceptación justifican su papel anticipador del futuro.
“Somos Fleming, somos ganadores”
Desde un principio estos serían los aspectos más definitorios del
concepto de vanguardia, pero la idea de vanguardia comporta una
mayor complejidad. Para precisarla un poco más hay que examinar
de qué modo ha evolucionado el uso del término en el terreno
cultural. Vanguardia con relación al arte aparece por primera vez
en el primer cuarto del siglo XIX, en textos de los socialistas
utópicos.
No se trataba de un grupo o de una tendencia artística en particular,
sino que el arte se presentaba en general, como avanzadilla de los
sectores fundamentales que tratan de transformar la sociedad: la
ciencia y la industria. Esto introduce otro concepto de vanguardia:
Vinculación con actitudes progresistas (implicaba ansia
transformadora de la sociedad). A fines del XIX, el término
vanguardia se utilizó en el vocabulario político y antes de la primera
guerra mundial pasó a ser frecuente, en la crítica artística
concretamente se aplicó al Cubismo y Futurismo.
También hay en el concepto de vanguardia concomitancia con el vocabulario político, como el activismo, voluntad de ruptura,
idea de revolución artística y, sobretodo la aparición de un documento literario como pieza clave en muchos movimientos de
vanguardia “ El Manifiesto”. Con la aparición del “Manifiesto Comunista de 1848 “, surgieron también manifiestos artísticos,
que a modo de declaración pública recogía los propósitos de actuación, en ocasionas con términos y lenguaje contundente,
al igual que los documentos políticos. En este sentido el “Futurismo” será el más paradigmático, redactando manifiestos
dedicados a la literatura, pintura, escultura, arquitectura, música, cine.
“Somos Fleming, somos ganadores”