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3° Año Cuadernillo Lenga y Litratura 2024 82 Pag

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Estudiante:

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Recordatorio de tareas

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Propiedades del texto

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No hablo, no veo, no oigo
La primera vez que tuve esa intuición sentí pánico. Habíamos ido con Roberto a ver un
River—Racing decisivo que perdimos dos a uno. Yo tenía trece años. De regreso a Mercedes
pensé que, posiblemente, el resultado habría sido otro si esa tarde no hubiésemos ido a la
cancha. Supe que, al ir, habíamos modificado sutilmente el destino. Desde ese día ando con
mucho más cuidado.

Aquel primer sentimiento de dualidad fue muy básico, pero ahora me sirve para explicar
con sencillez el proceso: al ir aquella vez a Núñez interactuamos (Roberto y yo) con otras muchas
personas. Posiblemente, al ocupar un parking de la cancha de River, hayamos provocado que otro
coche tuviera que buscar sitio.

Ese otro coche quizá se haya topado —por nuestra culpa— con el ómnibus que traía al
equipo de Racing, impidiéndole el ingreso al estadio. Esos segundos de retraso pudieron haber
provocado algún malestar en Rubén Paz que, una hora más tarde y por culpa de aquello, erró un
penal que nos hubiera puesto dos a dos. Y habríamos salido campeones.

Pudo no haber sido así. Pero pudo haber ocurrido de ese modo. La duda (la acechante
probabilidad) es la que genera nuestra incertidumbre y la que alimenta la pena con la que
tenemos que convivir.

Esa sensación de haber modificado el destino le ocurre con mucha frecuencia a quienes
padecen una desgracia muy grande:

-Si le hubiese insistido a Andrea de ir a correr ese domingo —se dolía Giovanni tras la
muerte de su hijo, en La stanza del figlio—, él no habría ido a bucear y no hubiese muerto.

Pero no necesariamente las desgracias que cometemos al actuar, o al dejar de hacerlo,


provocan desastres en nuestro círculo. Pensar de ese modo es no tener visión de conjunto. ¿No
es posible, acaso, que al llamar a un número equivocado en Cuba, al provocar que alguien atienda
un llamado, estemos salvándolo de morir en un accidente, o provocándole la muerte en la bañera?
Lo mejor es no atender ni usar los teléfonos. Lo mejor es no hacer nada.

Me ocurría algo muy extraño durante la Navidad, en Argentina. La medianoche nos


encontraba siempre de sobremesa en el jardín de la casa de mi hermana. Al aire libre. Y
entonces yo escuchaba, muy lejos, los primeros tiros al aire. Tan pronto sentía un disparo, me
preparaba para recibir la bala perdida. Pero con dignidad: sin luchar.

Cualquier cosa que pase (por ejemplo un balazo al cielo) inaugura la posibilidad de morir.
Es decir que si estoy a la intemperie cuando ocurre un disparo festivo, acabo de comprar —sin
querer— un número para la lotería de la muerte. Las posibilidades de que la bala caiga en medio
de un campo o en mi cabeza son las mismas. En esos casos, la gente superficial lo que hace es
guarecerse abajo de un techo. Yo no. Yo me quedo quieto. Siempre pienso que si me muevo, la
bala me encontrará en el camino. Lo mejor es no hacer nada. Siempre. Es preferible que la
bala te encuentre y no que la vayas a buscar.

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García Márquez cuenta una historia espeluznante que tiene que ver con esto. Una mujer
sueña que ocurrirá una desgracia horrible en el pueblo y se lo comenta a su hijo mayor en el
desayuno. El hijo reproduce el vaticinio a sus amigos en el billar. El rumor llega al carnicero, que
lo repite en el mostrador. Cada ama de casa cuenta la historia en la sobremesa del almuerzo;
luego los maridos la expanden en sus empleos y los hijos en las aulas. A las ocho de la tarde el
pueblo entero padece una histeria tan brutal que provoca un éxodo sangriento. Entre la
marabunta que corre, la madre del sueño encuentra a su hijo y le dice:

— ¿Viste m'hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?

Los que llevamos con dramatismo este terror, los que tememos interferir en el destino
poniendo los pies donde no debemos, solemos quedarnos paralizados. Dentro de lo posible, no
hacemos nada. No es que tengamos fiaca, como piensan algunos con malicia y cortedad. Es que no
queremos vivir con la culpa de estar tejiendo involuntarios desastres colectivos.

— ¿Esta vez tampoco me acompañarás al pediatra? —me pregunta Cristina, ya con la nena
en brazos y de evidente mal humor.

—Mejor andá vos sola —le digo—, que después pasa lo que pasa. Ayer, por ir a sacar la
basura, mirá la que se armó...

— ¿Qué pasó? —me pregunta, como si no lo hubiera leído en el diario.

—El atentado en Bangladesh—le digo, sintiendo cómo la culpa me envuelve—. Dieciséis


muertos. Si hubieras sacado la basura vos no pasaba nada.

—Un día va a pasar una desgracia de veras —me dice, medio llorando—, pero aquí dentro.
Tú sigue tirado en el sofá y verás.

Cristina se va siempre de casa gritando o pegando portazos. Eso tampoco es bueno, se lo


tengo dicho. Hay que cerrar las puertas despacio. Hay que hablar lo menos posible, en susurros.
Los que somos respetuosos de los mundos paralelos tratamos de pasar desapercibidos.

Yo no sé, con el escándalo que hace esta mujer cada vez que sale de casa, cómo es
posible que todavía no haya habido un golpe de estado en Portugal. Yo creo que es cuestión de
días.

Hernán Casciari

Glosario:

• Rubén Paz: Exjugador de fútbol uruguayo. Fue mimbro del equipo de Racing y
se lo considera uno de los ídolos de este club.
• La stanza del figlio: Película italiana dl director Nanni Moretti, traducida
como “La habitación del hijo”. Cuenta la historia de una familia cuyo hijo
menor muere ahogado en el mar; Giovanni, el padre psicoanalista no puede
socorrer al hijo por estar con un paciente que lo había llamado de urgencia.

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• García Márquez: Célebre escritor colombiano, autor de numerosas novelas y
cuentos.
Actividades:

Marca con X la opción correcta.

a) El cuento está escrito en:


* Primera persona
* Segunda persona
* Tercera persona
b) ¿Dónde vive el protagonista?
* En Núñez
* En Avellaneda
* En Mercedes
1. Responder verdadero (V) o falso (F) según corresponda:
 El auto estacionado provocó, sin lugar a dudas, un retraso en la llegada de los
jugadores de Racing. ……
 En Navidad, el personaje se encierra por temor a las balas perdidas. ……
 El personaje se siente culpable por el atentado en Bangladesh. ……
 En cada Navidad, el personaje se preparaba para recibir una bala perdida. …..
 El personaje se siente tranquilo con la historia de García Márquez. …….
 El personaje vive con el miedo constante de provocar una desgracia. ……
2. ¿En qué ocasiones el narrador experimentó ―esa intuición‖?
3. El personaje de este cuento se pregunta cuánto influyen sus acciones en algunos
eventos (la suerte de su equipo en el campeonato, una desgracia familiar, un
acontecimiento político). ¿Qué opinas sobre esto?

La historia aludida en este relato es “Algo muy grave va a suceder en este


pueblo”. Marabunta: Conjunto de gente alborotada y tumultuosa.

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Ideas principales y secundarias

Actividades

1) Lee el siguiente texto

2) Busca en el diccionario las palabras que desconozcas.

3) Identifica las ideas principales y secundarias.

4) ¿Qué título le pondrías?

Los primeros vertebrados que aparecieron en el curso de la evolución y que tuvieron su


origen, como los restantes grandes grupos de animales, en el agua fueron los peces. Desde
los temibles escualos o las siguientes rayas a las comunes carpas, percas o ciprinos, pasando
por los curiosos peces pulmonados, una notable diversidad de especies integran esta clase,
de gran importancia no solo científica o ecológica, sino también, económica.
Los peces son animales vertebrados, adaptados a la vida acuática, de temperatura
corporal variable según las oscilaciones térmicas del entorno, con el cuerpo cubierto de
escamas y dotados de una serie de apéndices natatorios, las aletas, con las que se desplazan
por el agua.
―Enciclopedia Hispánica‖ [Link]., 1996

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El pronombre

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Actividades
1. Clasifica los pronombres que se encuentran marcados en las oraciones.

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El mapa conceptual

Ejemplo:

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Cuento policial

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La noticia

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Texto argumentativo

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Cuento de ciencia ficción
1) Explica de qué manera burlo este personaje a la justicia.
2) ¿Por qué el abogado de Stein dice: ―pues cambiemos las leyes, para que se tenga
en cuenta el viaje por el tiempo‖?
3) ¿Qué significado tiene para usted la sentencia del juez?
4) ¿por qué este cuento es un relato de ciencia ficción?

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El GUANTE DE ENCAJE

María Teresa Andruetto


Cierta vez, un paisano de La Aguada viajaba con su hijo en carro por el camino
viejo que une al poblado que llaman Capilla de Garzón con Pampayasta. Cuando
iban pasando por el campo de los Zárate, en el cruce mismo con el camino
nuevo, una mujer muy joven vestida de fiesta, los detuvo.
Aunque era muy entrada la noche, la habían visto de lejos porque la luz de la
luna era intensa y el color del vestido, blanco brillante.
– Mi novio se ha enojado conmigo y me ha dejado sola en el medio del campo –
dijo cuándo el carro se detuvo- ¿Podrá usted llevarme hasta la entrada de
Pampayasta? Yo vivo ahí.
-Cómo no, señorita – contestó el paisano, y él y su hijo le hicieron un lugar en el
carro. Viajaron en silencio un buen rato, hasta que empezaron a hablar de
cosas sin importancia, más por ser amables que por verdadera necesidad de
decir algo. En esas conversaciones ella confesó que le gustaba demasiado el
baile y que se llamaba Encarnación.
Era una noche de crudo invierno y la joven estaba desabrigada. Cuando el
paisano la vio temblar, dijo: – Convide, hijo, a Encarnación con un bollo de anís
y un trago de ese vino de canela que llevamos, que es bueno para los
enfriamientos. Y el muchacho le ofreció pan y vino. Ella pegó un bocado grande
al bollo y tomó desesperada unos tragos. Algo de vino cayó sobre el vestido y
dejó allí, en el pecho, una mancha rosada como un pétalo- – ¡Qué Lástima! –
Habló ella- ¡Era tan blanco!
Pero siguió comiendo el bollo de anís con muchas ganas, tanto que cualquiera
hubiera dicho que iban a pasar años antes de que volvieran a ofrecerle algo.
Cuando llegaron a la entrada de Pampayasta, muy cerca de donde está el
boliche de Severo Andrada, les dijo que habían llegado. El paisano detuvo el
carro y ella bajó y fue corriendo a meterse en la casa de la esquina, frente al
cruce. Padre e hijo siguieron viaje. Habían hecho unas cuantas leguas cuando el
hijo vio brillar algo en el piso del carro. Se agachó y descubrió un guante
blanco de encaje fosforescente. Entonces se lo mostró a su padre y decidieron
volver a la casa donde habían dejado a Encarnación, para devolvérselo.
Hicieron de regreso las leguas que habían andado, hasta la zona del boliche de
Severo Andrada, y se detuvieron en la esquina, frente al cruce. Bajaron los

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dos, pero fue el padre quien golpeó las manos. -¡Avemaría Purísima!- llamó como
lo hacen los paisanos. Le contestaron los perros. Y después, la voz de un
hombre recién arrancado del sueño: -¿Qué se le ofrece?
-¿Aquí vive una señorita llamada Encarnación? -preguntó el paisano. El dueño
abrió la puerta. Estaba pálido. Y se quedó mirando a los dos forasteros sin
decir palabra.
-Venimos a devolverle un guante. Se lo ha olvidado hace un momento en
nuestro carro.
El hombre siguió mirándolos en silencio.
-No lo tome a mal-insistió el paisano-. Tuvo un problema y nos pidió que la
acercáramos. -El hombre seguía en silencio.
El hijo estuvo con la mano extendida, acalambrada de tanto ofrecer el guante
al dueño de casa, hasta que éste habló: – Es mi hija, pero está muerta… ayer se
cumplieron veinte años…
-Dijo que venía de bailar… recordó el paisano.
-Hace veinte años… contó el padre- para el día de Santa Rosa, murió bailando
en las fiestas patronales. Del corazón, ¿sabe?
Los dos hombres que habían llegado en el carro, así como estaban, pegaron
media vuelta murmurando una disculpa. Pero el padre de la joven reclamó: –
El guante… por favor. Es para llevárselo a la tumba. Todos los años, para la
fiesta de Santa Rosa, se olvida algo en alguna parte y hay que ir a ponérselo.
El muchacho entregó el guante de encaje. Después alcanzó en silencio a su
padre que ya estaba sentado en el carro azuzando a los caballos.

Desarrollo de las actividades


1. ¿Qué efecto causa este desenlace: miedo, risa, incertidumbre,
asombro?
2. ¿Percibieron indicios, a lo largo del texto, que adelantaran de
algún modo el final?
3. ¿A qué hora suceden los hechos y cómo es el lugar en que se
desarrollan?
4. ¿Cuál es el suceso sobrenatural? ¿En qué momento se revela?
5. ―Habían hecho unas cuantas leguas cuando el hijo vio brillar algo
en el piso del carro. Se agachó y descubrió un guante blanco de

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encaje fosforescente‖ ¿Qué importancia tiene el guante en este
cuento?
6. ¿Perciben que el cuento se estructura a partir de una creencia
rural?
7. ¿Conocen otras versiones similares?
8. ¿Qué otras creencias populares vienen a su memoria a partir de
escuchar este cuento?
9. ¿Cómo se caracteriza a los personajes: mediante descripciones o
comentarios por parte del narrador?
10. ¿Qué semejanzas o diferencias encuentran entre la voz del
narrador y la de los personajes?
11. ¿A qué tipo de género literario consideran que pertenece el
cuento? ¿Por qué? ¿Qué se espera del lector de este tipo de
relatos?

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 Leer el siguiente cuento:

―En la villa, la ropa lava mal‖ de Horacio Sotelo (Quilmes, Bs As, 1945)

Pensaba la "Chanchi", en cuclillas sobre el tacho de plástico, refregando. Miró


su remera preferida, la blanca, con la cara de la "Mona" Jiménez estampada. El blanco nunca
queda blanco. Será por el viento y la tierra o porque el agua se corta a cada rato o porque vos
no tenés ganas, "Chanchi".
El gorgojeo ronco del pico al cortarse el agua. Otra vez. El caño maestro pasaba por la
otra cuadra, lo habían "pinchado" en una sola conexión para todos, ellos estaban últimos: si los
primeros usaban el agua, no les llegaba. Había que esperar.
En la villa siempre hay que esperar. Que vuelva la luz o el agua. Esperar que pare de
llover porque ya está goteando adentro o que amaine el viento que hace cimbrar las chapas y
descuelga los ganchos. O que la suerte cambie. Esperar. El entrenamiento pacífico, paciente y
abnegado de los pobres.
Volvía el agua. Se apuró a enjuagar antes de que se cortara otra vez. Miró la ropa
lavada. ¡Fiú! Había estado como tres horas lavando. Ahora venía su peor pesadilla: colgar la
ropa en la soga, su enemiga más odiada, que se cortaba a cada rato y que su padrastro ya iba a
arreglar, ya iba a arreglar.
Colgó cada prenda suavemente, con una desconfianza rayana en el trauma y, cuando
terminó, la amenazó con un dedo:
- Esta vez no, eh, hija de... ¡Ni se te ocurra!
Del otro lado del alambrado que los separaba de los vecinos, doña Eugenia miraba sin
mirar, con esa costumbre ladina que tenía de tomar mate mirando el piso pero sin perder
detalle. Vieja chusma.
Le dio la espalda a su última obligación diaria y se encaminó hacia la puerta de calle, a
sentarse en el tronquito y mirar, a lo lejos, pasar los coches por la ruta 20, su ventanita al
mundo.
El chasquido, como una puñalada por la espalda. Se incorporó de un salto.
- ¡Noo! ¡Otra vez no, no!
Toda la ropa en el suelo.
Su padrastro, desde adentro de la casa:
- ¡Qué pasó, Chanchi!
- ¡Qué pasó! ¡Que otra vez se cortó la maldita soga que ya vas a arreglar, ya vas a
arreglar!
Apretó los puños. Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero estaban entrenadas, siempre
se asomaban, pero rara vez caían.
Doña Eugenia miraba, ahora abiertamente.
- ¡Qué mirás, vieja de ...!
Su padrastro se acercó.
- Es que la soga está podrida, hay que hacerla de alambre, pero no tengo... Ahora
cuando cobre...
Las lágrimas que, al fin, siempre huían hacia adentro. Tal vez ahí estaban mejor. Tomó
aire.
- Bueno, cuando cobrés y la arreglés, vuelvo a lavar.

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Se sentó otra vez en el tronco. Pero ahora la ventana estaba empañada. El mundo
quedaba lejísimo.
Vio a su vecina entrar y salir de todas las casas de la cuadra.
Estaría contando que se le rompió la soga y que eran tan pobres que no podían
arreglarla. La odiaba.
La sorprendió caminando hacia ella con un rollo de alambre y una tenaza en las manos.
- Hola, Chanchi, ¿tu papá está?
No era su papá, pero…
- Sí, está adentro, pase.
- Permiso.
La hija de doña Eugenia venía con un tacho grande y una manguera. Y otras dos vecinas
también, con tachos grandes. Se paró, extrañada.
Entró y vio a su padrastro tendiendo el alambre.
- Vení, Chanchi, entre todas te vamos a ayudar a lavar la ropa de vuelta.
- Con qué agua, doña Eugenia, sale un culito, aquí estamos últimos y ...
Eugenia abrió la canilla. Un chorro fuerte.
- Ya hablé con todos los vecinos, no van a usar el agua hasta que terminemos
... Vení, las viejas lavamos y vos y mi hija enjuagan.
Ella se agachó y tomó el paquete de jabón en polvo del suelo. Quedaba un poquito así.
- Yo traje, vamos a llenar los tachos. ¿Qué música te gusta?
- Cuarteto.
- ¿Quién?
- La Mona.
Doña Eugenia era de la guardia vieja y entonces se puso a cantar:
"Cómo la gasta, cómo la gasta,
la flaca Marta, cómo la gasta"
Todos la imitaron y, mientras llenaban los tachos, cantaban y bailaban con ese pasito
nuestro de los pies como rematando cucarachas y el movimiento inigualable de las caderas con
tonada.
La Chanchi las miraba lavar. Le asombraba su rapidez y firmeza. Son manos guapas,
Chanchi. Manos villeras veteranas de pobrezas. Porque si no tenés lavarropa, secarropa,
procesadora, tus manos pueden hacerlo. Porque siempre lo hicieron.
Alguien trajo un "musiquero" y ahora sí, la "Mona" a ―ful‖: "Porque es la novia blanca..."
Golpeaban las manos, cantaban, bailaban aferradas a los tachos. La Chanchi sonreía y
estaba comprobando que una sonrisa le hace bien al cutis. Rejuvenece. Había recuperado su
carita de niña contenta.
Al fin terminaron y colgaron la ropa en la ahora, aparentemente, robusta soga. La
Chanchi la miraba con desconfianza, de reojo, como al peor de los traidores.
- Chau, Chanchi.
- Gracias, gracias - ella.
Doña Eugenia le puso una mano en el hombro.
- Vamos, Chanchi, todo no es tan tremendo... Con fe, amor y ganas, siempre salís
adelante... vamos, vamos, hija, eh, vamos - y le levantó un pulgar.
- Gracias, doña Eugenia.

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Y ahora, sí, por fin, una pequeña lagrimita, tan chiquita que casi no la sentía, saltó el
cerco y rodó por su mejilla. Su padrastro se acercó.
- No se va a cortar, Chanchi, la puse bien fuerte.
- No estoy tan segura... Siempre se rompe, porque eso es lo único que me pasa en la
vida, que la soga se corte, sólo eso.
Él se acercó más:
- Bueno, si querés que tu vida cambie, empezá a darle motivaciones diferentes y otras
intenciones.
- ¿Como cuáles?
- Como creer en la gente ¿viste cómo te ayudaron?... y vos ni siquiera las saludabas... y,
si podés, tener un poco más de fe en lo que hago. Puse bien la soga, no se va a cortar.
Lo miró. En realidad, no era malo. Trabajaba, no tomaba y los trataba bien a ella y a sus
hermanitos, cinco, nunca les había pegado ni siquiera gritado. No, no era malo, pero… Era su
padrastro. Un intruso.
- Si querés, te hago una apuesta.
- ¿Cuál? - contestó ella.
- Colgate vos también de la soga y vas a ver que aguanta.
- Y qué jugamos.
- Un beso aquí -se tocó la mejilla- El beso que nunca me diste... dale, yo te alzo.
Sintió sus manos en la cintura y fue un contacto mágico, como de duendes alzándola de
la cuna. No se atrevía a tocar la soga… Y pensó: ―Ese beso que nunca me diste‖.
- Está bien, no se va a cortar, ganaste, te pago la apuesta. Y le dio un beso, sonoro y
fuerte.
1) Redactar en tres renglones: de qué se trata el cuento.

2)
a) ¿Quién es el personaje principal?
b) Descríbelo (tanto físicamente como en sus acciones).
3)
a) ¿Cuál es el conflicto?
b) ¿Cómo se resuelve?

4) ¿Cómo justificas que el cuento es realista?


5) Elaborar tu opinión acerca del cuento.
6) Buscar la biografía del autor y copiarla.

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