La literatura gauchesca está atravesada por un contexto socio-histórico en crisis
caracterizado por levantamientos, tensiones, confrontaciones e inestabilidad social
y política. Numerosos hechos de trascendental importancia se sucedieron: La
sanción de la Constitución Nacional de 1853, la Organización Nacional durante la
presidencia Julio A. Roca, la conquista del desierto, ley de leva, admisión y
beneficios para el residente extranjero, grandes transformaciones sociales,
económicas y políticas, marcada actitud despectiva y de menosprecio hacia el
hombre de campo.
Estos escritos literarios se enmarcan en tiempos de enfrentamientos por la
revolución de la Independencia (1816) que se sostuvieron aguerridamente por
diferencias políticas entre Buenos Aires y las provincias, momentos en que
Argentina era colonia, durante el controvertido proceso de reorganización,
emancipación y constitución como nación y se extendió hasta el siglo XX.,
desarrollándose hasta la conformación del Estado Liberal (1830).
A partir de este género, se instaura un nuevo pacto social: por primera vez, los
intelectuales, los hombres de ciudad, letrados y cultos se interesan en hacer eco
de la voz de un personaje real pero invisible para la sociedad burguesa hasta ese
entonces. Desde la instauración de la dicotomía sarmientina de civilización y
barbarie, la historia de la literatura argentina ha gravitado entre estos polos
ineludiblemente para manifestar la otredad/ese otro enemigo que existe pero
violenta y perturba y que, de acuerdo a las situaciones históricas de cada
momento específico, tuvo diferentes rostros y características distintivas: el indio, el
gaucho, el inmigrante, entre otros. En otros términos, se despliega una imbricación
discursiva construida en torno a la bestialidad y a la humanidad que se dirime en
el campo político. La condición de gaucho bueno o malo estaba dada por su
filiación política e ideológica- unitario o federal- siendo su figura un instrumento de
uso político.
La representación literaria del gaucho-como héroe o anti-héroe- ha ido
modificándose conforme a los contextos socio-históricos en que la literatura
argentina fue evolucionando. Los modos de construir y presentar la otredad
impactaron positiva y negativamente en este personaje de acuerdo a las
reconstrucciones narrativas en clave de valores, virtudes y fortalezas o en clave de
anti-valores, debilidades y vicios, que diferentes escritores impulsaron para
presentar el perfil de este hombre de campo. Es decir, a través de los cristales de
la estigmatización y/o marginalización hasta su reivindicación mediante la
idealización y posterior consagración como símbolo de identidad nacional.
Numerosos autores visibilizaron literariamente a este mítico personaje renegado y
desplazado que habitaba las zonas rurales de la Pampa Argentina. Mediante sus
escritos recuperaron las voces olvidadas de estos hombres de campo entre sus
líneas dando vida a su espíritu salvaje, indomable pero de nobleza intacta e
incorruptible, recreando sus modos y estilos de vida así como también, su
particular expresión verbal- repertorio de registro coloquial e informal compuesto
de dichos y refranes, vocabulario y dialecto regional para aportar mayor efecto de
verosimilitud.
Con el auge del romanticismo europeo, la influencia de este movimiento en los
círculos intelectuales argentinos, adoptó ciertas características comunes pero se
distanció en tanto orientó a las creaciones literarias hacia un romanticismo social
que reflejase la propia cultura, la singularidad y la realidad social del momento. En
este proceso, emerge la figura del gaucho como el ideal del héroe romántico y
como marca registrada de un nuevo subgénero literario: la literatura gauchesca.
Un individuo tradicional y folclórico ligado inevitablemente a la naturaleza salvaje
desde su interior –espíritu y alma-y desde su exterior-medio circundante-.
Es por ello, que diversas obras de la literatura gauchesca han recogido con
elocuencia, la dinámica de su transformación, de individuo desprestigiado y
marginal, a modelo cultural idealizado y legitimado. Resulta muy interesante
detenernos y advertir cómo el rechazo y discriminación inicial de su existencia
como individuo – ser con quien nadie quería vincularse o identificarse - se
transforma paradójicamente, en símbolo de admiración, héroe de unidad y de
identidad nacional argentina en términos sociales como literarios.
OPERACIÓN MASACRE: RODOLFO WALSH. 1957.
Operación Masacre, es una obra de denuncia íntegra que surge luego del
fusilamiento de José Hernández Suárez, durante esa noche se acribilló y asesinó
a muchos civiles peronistas, este suceso marcó un antes y un después en la vida
de Rodolfo Walsh como intelectual políticamente comprometido. Esta obra no solo
documenta el terrorismo de Estado sistemáticamente ejecutado por los militares
en el poder, sino que también da inicio a un nuevo género literario- el periodismo
literario de ficción-pues al ser el periodismo su profesión de base y al ser
también escritor, Walsh logró combinar ingeniosamente el abordaje de hechos
verídicos, registrados desde el contexto inmediato en el cual acontecieron, e
incorporarlos a la narrativa ficcional, articulando elementos del discurso
periodístico y del discurso literario simultáneamente. Estos dos tipos de discurso
con intencionalidad y rasgos escriturarios disimiles, al ser combinados desde el
punto de encuentro de ambos-uso del lenguaje- generaron una nueva hibridación
genérica, es decir, un género hibrido a partir de la fusión de la literatura y el
periodismo, producto del contexto socio-histórico de la dictadura.
En términos de género, Operación Masacre es mucho más que la indeterminación
literaria entre crónica periodística-cuya investigación notable sostiene el
argumento del relato- y novela- cuyas referencias a hechos reales constituye la
base de su entramado narrativo. La creación literaria del escritor y periodista
Rodolfo Walsh-circunscripta al nuevo periodismo como novela de no ficción--
revela una de las caras más turbias de la Revolución Libertadora durante la
dictadura militar. Entre sus líneas, y mediante recursos literarios y periodísticos, su
autor deconstruye detalladamente los fatídicos sucesos de la ejecución efectiva de
cinco personas, de un total de doce detenidas, en un basural de León Suárez la
trágica noche del 9 de junio de 1956.
En términos específicamente periodísticos, su obra presenta una precisa,
detallada y minuciosa reconstrucción de los personajes y de los hechos, lograda
mediante el ejercicio de una investigación formal y profunda con su respectiva
recolección progresiva y registro de evidencia y/o datos judiciales, esenciales y
relevantes. Su intención es informativa pero con especial énfasis en expresar una
contundente denuncia social y política.
En esta novela de no ficción, la formidable decisión estética junto a la
intencionalidad literaria que orientan el relato, se vinculan a la ficcional cuya
tensión creciente acompaña la progresión narrativa hasta el final.
Asimismo, sin desatender la distancia objetiva de los hechos, el periodista-escritor,
logra exitosamente adentrarse en las subjetividades de los personajes: los
diálogos, los testimonios y la recapitulación directa y en primera persona de
sucesos- desde las voces y palabras mismas de las víctimas de la aversión anti-
peronista- nos introducen íntimamente a desentrañar los sentimientos,
experiencias, apreciaciones, impresiones de todos ellos en los momentos
cruciales de la masacre: los momentos previos a la detención, la detención, el
fusilamiento en el basural, la huida de los sobrevivientes y la posterior persecución
para silenciarlos.
La impertinencia literaria contestataria de Walsh como redactor e intelectual
militante de izquierda, reside en hacer un tipo de periodismo que se leyera como si
fuese una novela pues la novela de no ficción interpela a la realidad de manera
directa a través de las fuentes documentales sólidas-apelando a fuentes de
información explicitas e implícitas- y cuya prueba irrefutable la sustentan como
hecho verídico.
La novedad del género de no ficción inaugurado por Rodolfo Walsh reside en su
hibridez, confluyen en su narrativa el campo literario y el periodístico. Los aportes
estéticos para construir la trama argumental y el manejo de fuentes de información
para reconstruir verazmente la narración permitieron generar un relato ficcional a
partir de una investigación periodística.
Por ello, Operación Masacre es el producto literario final de la selección,
jerarquización, descontextualización y recontextualización de evidencia, y de datos
registrados desde diferentes fuentes de información. En este sentido, su trama
discursiva estructura la reconstrucción objetiva de los hechos para lograr una
aproximación cabal a la veracidad de todas y cada una de las vejaciones e
injusticias sociales expuestas, revelando entre sus líneas argumentales, la fuerza
de una intención literaria cargada de repudio, condena y denuncia.