CATEGORÍA: B (DE 16 A 18 AÑOS)
GÉNERO: NARRATIVO (CUENTO)
TÍTULO DE LA OBRA: “LA CASA SAPHIR”
GÉNERO: LÍRICO (POESÍA)
TÍTULO DE LA OBRA: “NATURALEZA” ; “PROTECTOR CELESTIAL” ; “NÚMERO
DE AMOR” ; “AMOR DE ENSUEÑO”.
SEUDÓNIMO: BÁRBARA PYAD
OBRA:
“LA CASA SAPHIR”
Parte I
Habían pasado ya tres décadas desde la tragedia en la casa saphir, pero las
pesadillas continuaban, el dolor de la pérdida no cesaba, y aún, después de tantos
años, sentía una pequeña estela de aquella maldición, encastrada en el centro de
mi pecho, ramificando su maldad por el resto de mi cuerpo, lentamente y suspicaz,
tiñendo mis zafiros de rojo sangre.
Parte II
Todo comenzó un 11 de abril de 1994, cuándo los padres de Samantha
decidieron mudarse a una casa de campo, alejada de la demencia citadina.
La casa de color rojo borravino, estaba cercada por tablas de madera ubicadas
en forma de cruz, sus ventanas eran diminutas y tenía una galería que dirigía a
todas las habitaciones. El camino estaba formado por grandes piedras que
marcaban un sendero curvo. La casa se hallaba rodeada de vegetación y en la parte
central decoraba la curva,un árbol de mandarino. En la parte trasera precisaba un
pequeño depósito y un establo, aunque no había caballos en él.
Un día, mientras Samantha se encontraba en su habitación desempacando, oyó
un alarido de espanto, que levantó su piel y erizó su pelaje, aturdida corrió hacia el
sonido, caminando por el pasillo, divisó gotas de sangre sobre el suelo grisáceo.
Llegó a la cocina, era su madre, tenía en la mano derecha un cuchillo, y la otra
blandía rojo. Su madre cayó al suelo desmayada, Samantha, la tomó por la cabeza
mientras llamaba a una ambulancia, intentaba reanimarla pero parecía inútil,
simplemente esperó que llegase la ayuda.
Su padre regresó a la casa por la noche, su madre estaba recostada con una
venda en su mano izquierda, y ella estaba preparando la cena. Aún se sentía en
shock, maquinaba en su mente el rostro de su madre, lleno de pavor, sus ojos
blancos, parecía estar en un trance que no cesó hasta su desmayo.
Al cabo de una hora, llamó a su padre a cenar, pero él mismo no respondía, se
alteró una vez más. Lo llamó a gritos, decidió buscarlo por cada rincón de la casa,
no lo encontró. De repente escuchó un ruido en el depósito de la parte trasera. Se
eyectó como un misil hacia la oscuridad de la noche, atravesó luciérnagas y el rocío
helado que quemaba en sus mejillas, llegó al depósito, abrió la puerta con ferocidad
y observó a su padre sujetando un martillo, estaba apunto de estamparlo contra sus
ojos, gritó su nombre, al igual que su madre, un trance, un segundo de locura, no
entendía que sucedía, gritó una vez más, gritó…….su padre despertó, asustado
dejó el martillo sobre la mesa de trabajo y dijo:
- ¿Qué haces aquí Sam?
- Te estaba llamando a cenar, y no venías, entonces te fui a buscar y estabas
aquí, apunto de masacrarte los ojos con ese martillo -dijo con pánico, terror,
temblando, mientras sus ojos absorbían la lluvia.
- Me parece que solo estás cansada hija, ven vamos adentro.
Samantha ingresó a la casa con su padre y cenaron, nada, actuaba
normalmente, como si nada hubiese pasado, como si en un solo día sus padres no
hubiesen intentado hacerse daño. No lo comprendía, mucho menos lo quería
comprender. Optó por acostarse y esperar soñar con algo fructíferamente agradable
después de tanto terror espectral.
Parte III
Eran alrededor de las cuatro de la mañana cuándo Sam despertó de su profundo
sueño, el cansancio era inevitable después de tanto, pero aún así algo le impedía
cerrar sus ventanas, algo peligroso, su piel lo presentía, su corazón se aceleró sin
razón, y sus sofocados suspiros hacían eco en la oscuridad de su habitación,
cuándo de repente, oyó un estruendo, un grito de terror, su sangre se heló, se
paralizó su cuerpo, apenas podía mover la cabeza, aunque independientemente su
cuerpo temblaba en sudor, sus ojos brillaban reflejándose en la luna llena, mientras
se escondía tras las sábanas, de lo que haya provocado ese grito.
Pensó en su madre, en su padre, en su lúcida imaginación, rebotando como una
pelota, si es con fuerza, llega alto, si no la picamos se ralentiza el rebote y termina
por morir. Así se sentía en ese momento, en un impulso, en un rebote, podría
averiguar qué sucedía, o podría dejar que la pelota tome su rumbo y esperar
apaciblemente la muerte. Al final decidió rebotar fuertemente sobre sus pasos y
dirigirse hacia aquel estruendo que acalló el canto de las lechuzas. Caminó
lentamente por los pasillos, tomó un barrote de hierro y lo alzó sobre su hombro,
salió por la galería y atravesó las hojas naranjas que húmedas por la lluvia no
dejaban escuchar los crujidos de las almas caminantes.
Se acercó y atravesó la curva, giró por los establos cuándo escuchó un ruido
nítido de pasos, y al acercarse por los corrales vió lo inimaginable, un espanto
momentáneo que le quitó alma, un último estertor, un último latido. Vió pulcramente,
sobre las vigas leñosas de los establos, una soga que recorría el cuello de sus
padres, muertos, su piel pálida y sus ojos desencajados, sus cuerpos húmedos por
la lluvia, sus rostros desfigurados y sus zafiros que una vez fueron azules, teñidos
de rojo sangre.
Parte IV
Los rayos del sol atravesaron los cristales empañados, sus ojos pardos se
iluminaron de fuego, estaba empapada ¿Acaso todo eso fue real, fue su
imaginación, una alucinación? Samantha solo estaba segura de algo, esa casa no
era normal, los sucesos no eran imaginarios, y en las paredes se ocultan oscuros y
malignos secretos que por la noche desataban los miedos de los vivos, y animaban
a los espíritus de los muertos.
Ese mismo día, la joven sabía que su madre estaría en el hospital haciéndose
análisis y su padre en el trabajo, pero su ausencia aún inquietaba los nervios y
dejaba suspicazmente la duda de la muerte de sus padres, pero no podía, decidió
averiguar.
Salió por la galería y se dirigió a los establos, cuándo oyó que la llamaban. Era su
vecina, Martha, una mujer de unos cincuenta años, un tanto descuidada, pero
asumió que era la vejez. La señora la llamaba, su cuerpo consumido, su cabello
canoso y mal recortado, lo normal, excepto por el parche que llevaba en su ojo
derecho, un parche de cuero marrón que acentuaba su piel color oliva. Algo raro
sucedía, porque era la primera vez que notaba la presencia de una persona, jamás
vió su casa, ni mucho menos a ella, pero de todas formas se dirigió a hacia la
anciana, que rabiosamente pronunciaba su nombre:
- ¡Niña, niña! Ven.
- Hola, me llamó señora?
- ¿Eres tú la de los caballos?
- No señora, yo ... .no tengo animales.
- Mmmm ... .habré oído mal, ya sabes como es la vejez. La noche estuvo
inquieta así que supuse que los sonidos provenían de su casa.
- Si, fue una noche inquieta ... .pero que escuchó exactamente?
- Oí relinchos y supuse que tenían animales. Pero sí oí un alarido, no es mi
intención preguntar qué era, pero la soledad de la montaña incentiva mi
curiosidad.
- Yo no lo sé.
- Niña déjame decirte algo, no estás segura en esa casa, acaso conoces la
historia de la casa Saphir, cosas paranormales ocurren ahí. No oyes
susurros, pensamientos, tentaciones de muerte…..Para tu comprensión te lo
diré…. “Hace más de 200 años, esa misma casa, le pertenecía a una familia
muy pudiente, un hombre de respetada reputación y una mujer esperaban un
niño. La mujer falleció en el trabajo de parto junto al niño. El dolor de la
pérdida fue inmenso para el hombre que aún vivía en ésta misma casa. Un
día lluvioso, decidió ir hacia los establos, ató una soga en una viga y se quitó
la vida. Se dice que aún por las noches se escuchan los relinchos de los
equinos, clamando por ayuda, la ayuda que jamás vino. Antes de su muerte
el hombre juró que nadie pasaría por la casa Saphir, no hasta el regreso de
su esposa y su hijo. Quién se atraviese a usurpar su hogar moriría
dolorosamente, de la misma forma que él sufrió, y quién sobreviviera, llevaría
consigo la maldición, cargaría en sus ojos la sangre de las víctimas, y
quedaría eternamente atado a la casa, paseando por los pasillos, susurrando,
atormentando la mente de los usurpadores hasta que la última gota
derramada tiña sus ojos y puedan desatarse de la cuerda que sujeta sus
almas hacia las tragedias de la casa Saphir”
Parte V
Helada, sintió como su cuerpo se balanceaba débilmente, asintió temerosamente
a los dichos de la anciana. Se despidió y se retiró. Su respiración se aceleró
rápidamente, sus pasos imprecisos marcaban el camino hacia los establos. Allí
estaban, su madre, su padre, oía todo y no oía nada, le dolía el pecho, sus lágrimas
recorrían su traslúcido rostro, la anciana había desaparecido, al igual que la casa,
su cuerpo estaba consumido, se sentía débil, casi espectral, decidió correr lo más
que pudo, atravesó el árbol de mandarino cuyas ramas parecían muertas, rebalsó
su cuerpo sobre las tablas, y saltó. En un abrir y cerrar de ojos se hallaba en el
centro de la galería, la anciana la observaba desde afuera, su parche no estaba
puesto.
Pudo sentir el espíritu de la casa introducirse en su ser, encadenándola
eternamente, esparciendo la maldición en su cuerpo, mientras lentamente, sus
zafiros castaños se impregnaban de rojo sangre.
“Naturaleza"
La madre naturaleza vive en mí y yo en ella.
Camino sobre tierra húmeda
Sigo las huellas de animales pequeños.
Me pierdo en la inmensidad del oceánico cielo
Y en el destello de la luna.
La brisa guía las hojas hacia mi cabaña del lago
Donde se hospedan las criaturas nocturnas.
Acaricio las cicatrices de los árboles
Mis manos queman todo rastro de dolor.
Despierto en la madrugada para ver amaneceres
Escucho los cantos celestiales de las aves del cielo.
Pinto atardeceres de fuego
Cuando la diosa de la noche se presenta.
Y en el silencio de la oscuridad
Canta canciones de cuna para las estrellas.
Corto los tallos de las más hermosas flores
Mientras escucho llorar abejas.
Huye de nosotros como presa
Nuestras filosas garras desean el sabor de su pureza.
La naturaleza vive en mí y ahora yo le pertenezco a ella.
“Protector celestial”
Reposa sus palacios en lo alto de las nubes
Atiende a los recién llegados.
Azulado el hogar de las aves
Con desprecio desde arriba me observa.
Oh, poderoso cielo, guiador de los viajeros
¿Existe algún lugar para mí allí?
Desteñido por blanquecinos algodones
Mis ojos se pierden en su hipnotizante inmensidad.
Solo haciendo que me pregunte
Si habrá algo más detrás?
De una gran criatura de rocas
Por donde el sol esconde sus rayos dorados.
De una masa espumosa, terroríficamente misteriosa
Donde ni la luz del divino puede llegar.
Protector celestial de los seres que lo ignoran
Observador innato hasta de lo que no puede ser observado.
Oh, poderoso cielo, guiador de los viajeros
¿Existe algún lugar para mí allí?
Reposa sus palacios en lo alto de las nubes
Atiende a los recién llegados.
“Número de amor”
Solitaria mi alma deambula
En espera por tu amor.
Mientras en vida esquiva
Las flechas de Eros
El arquero de los cielos.
Sueña despierta con caricias
Y ver bailar sus cuerpos con la brisa.
Sueña con el roce de sus cuerpos
Y probar el sabor de tus labios.
Sueña ver tus ojos brillar
En los días más oscuros
Y escuchar el eco de tu sonrisa
En los silencios más agudos.
Sueña con pintar tus sombras
De los colores más resplandecientes.
Sueña que sostengas suavemente
Sus frágiles manos ardientes.
Sueña ver en los atardeceres
La locura de tus venas
Que la condenan
A una espera eterna.
Mientras en vida esquiva
Las flechas de Eros
El arquero de los cielos.
Solitaria mi alma deambula
En espera por tu amor.
“Amor de ensueño”
Acaricias mi rostro, con la palma de tu mano
Pintas de color durazno mis mejillas.
Llevas en tu mano un cigarro
El viento guía el humo hacia la orilla.
Sentados en un bar, a la medianoche
Nuestras miradas se enamoran.
Y sin revisar el tiempo, se sujetan por horas.
Estamos completamente solos
Mientras suena una serenata de fondo.
Cantamos tomados de la mano
Bailamos por la avenida.
Colocas mi cabello, detrás de mis orejas
Y tocas suavemente, mis labios de cereza.
Nos besamos a luz de la luna y las estrellas.
Nos desvelamos junto al mar
Hasta que se apagaron todas las velas.
Antes del amanecer
Juramos amarnos para siempre.
Y con el canto de los pájaros
Desperté de ese sueño tan convincente.