LAUDATO SI’
CAPÍTULO V: ALGUNAS LÍNEAS DE ORIENTACIÓN Y DE
ACCIÓN
Miguel Pérez Rojas
En primer lugar, hemos de decir que en este capítulo el Papa Francisco, después
de exponer el tema de la encíclica y encuadrarlo en la teología de la creación, propone
una serie de propuestas para la acción y la revisión, tanto a nivel personal como, sobre
todo, institucional.
En este sentido, este capítulo comprende de los puntos 163 al 201. Está dividido,
a su vez, en cinco subtítulos. En los tres primeros vemos que propone diálogos sobre el
medio ambiente, animando a los gobiernos a promover políticas internacionales y vías
de institucionalización que sean efectivas y transparentes. Por otra parte, en el subtítulo
cuarto, profundiza en los aspectos políticos y económicos que puedan hacer posible lo
anterior, exhortando a vivir una economía y una política al servicio de la vida (LS.
189). Por último, en el subtítulo cinco relaciona todo lo anterior con la aportación
fundamental que la cultura y las religiones hacen a la política y a la economía.
El capítulo V, en una visión general, podemos decir que es uno de los más
importantes, pues es aquel en el que el Papa Francisco propone vías de acción para
poner en práctica todo lo dicho en la Encíclica. Sin este capítulo, por tanto, la encíclica
quedaría incompleta.
Por ello, en él el Papa anima a tener un diálogo sincero y profundo sobre los
problemas medioambientales en la política internacional, de manera que todos los países
lleven a cabo un proyecto común (LS. 164), pues todos formamos parte de la misma
casa común. En este sentido, anima a los diferentes gobiernos a utilizar energías
renovables y adecuadas para el efectivo y natural desarrollo del medio ambiente,
especialmente a los más poderosos. Acto seguido, el Papa Francisco resalta los logros
obtenidos en este tema, citando, para ello, los grandes acuerdos o tratados mundiales
sobre la cuestión ambiental.
Sin embargo, acaba concluyendo que estos proyectos no han sido objetivamente
efectivos en la práctica, pues como él mismo afirma las negociaciones internacionales
no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian
sus intereses nacionales sobre el bien común (LS. 169). De tal forma que, como suele
ocurrir, los más débiles y empobrecidos son los más perjudicados.
En este capítulo, el Papa vuelve a poner en relación la cuestión ambiental con la
cuestión antropológica, resaltando unión entre la lucha por el medio ambiente junto a la
lucha por la dignidad de los más pobres (LS. 172.175. 196). Por lo tanto, vuelve a
resaltar esta unidad que reflejaba en el anterior capítulo IV y que llamaba ecología
integral, que es la clave de toda la encíclica.
Desde aquí, el Papa realiza una crítica de la inefectiva política y económica y
gubernamental de las naciones verdaderamente responsables de la pobreza en el mundo,
calificando que estas naciones enriquecidas padecen de “miopía” por el afán de poder
(LS. 178). Por ello, en este punto, el Papa describe en que consiste realmente una buena
y real política, proponiendo que es mucho lo que si se puede hacer (LS. 180)1. Para ello,
sigue afirmando, es necesario que dicha política esté motivada por fines y valores
realmente humanistas y coherentes (LS. 181).
En este sentido, denunciará la corrupción (LS. 182) y la cultura del consumo (LS.
184. 191. 193) como dos de los grandes males que impiden el efectivo abordaje de la
cuestión ambiental y el verdadero desarrollo integral, denunciando, así mismo, que la
rentabilidad no puede ser el único criterio a tener en cuenta (LS. 188).
Desde esta afirmación, relaciona el tema de la política con la economía,
afirmando que la política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a
los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia (LS. 189). Sino que
amabas deben estar al servicio de la humanidad, especialmente de los más débiles.
Por otra parte, Francisco realiza una afirmación importante al proponer una nueva
redefinición de “progreso”, anima a no entenderlo desde un discurso “ecologista” y
tecnocrático, sino desde la lógica que permita ver que una preocupación sincera por el
medio ambiente es la misma que vuelve imprevisible una preocupación por integrar a
los más frágiles (LS. 196).
Finalmente, anima a las distintas políticas internacionales a entablar un diálogo
sincero y profundo con las distintas religiones, pues son las que están orientadas al
cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de
respeto y de fraternidad (LS. 201).
En este capítulo, por tanto, el Papa vuelve a llamarnos a todos a mirar juntos por
el bien común, en colaboración, en unión con los otros, desde un diálogo respetuoso y
fructífero, teniendo siempre en cuenta en este sentido que la realidad es superior a la
idea (LS. 201)2.
1
Este es un tema que resalta mucho en su última encíclia Fratelli Tutti, en el capítulo V que titula La
mejor política (FT. 154-197).
2
Como ya afirmaba en el punto 110 de esta misma Encíclica.