Una placa tectónica o placa litosférica es un fragmento de litosfera relativamente rígido que se
mueve sobre la astenosfera, una zona relativamente plástica. Toda la litosfera está dividida en
placas tectónicas, quince de ellas de gran tamaño y más de cuarenta microplacas.
Un avance significativo en el problema de la formación de los geosinclinales y sus orogenias
ocurrió entre 1908 y 1912, cuando Alfred Wegener, al mirar las líneas de costa a ambos lados
del Océano Atlántico y tras considerar cierta información geológica (rocas del mismo tipo y
edad coincidían con otras situadas hoy en día a larga distancia), paleontológica (encontró
fósiles de los mismos animales terrestres en continentes separados) y paleo climática (supuso
que al norte se hallaban bosques tropicales y al sur glaciares),3 hipotetizó que las masas
continentales estaban en movimiento y que se habían fragmentado de un supercontinente
que denominó Pangea. Mediante la teoría de la tectónica de placas se explicó finalmente que
todos estos fenómenos (deriva continental, formación de cordilleras continentales y
submarinas) son manifestaciones de procesos de liberación del calor del interior de la Tierra.
Placas oceánicas. Están cubiertas íntegramente por corteza oceánica, delgada, de composición
básica: hierro y magnesio dominantes. Aparecen sumergidas en toda su extensión, salvo por
existencia de edificios volcánicos intraplaca, de los cuales los destacados por altos aparecen
emergidos, o por arcos insulares (de islas) en alguno de sus bordes. Los ejemplos más notables
se ubican en el Pacífico: la del Pacífico, la placa de Nazca, la placa de Cocos y la placa Filipina.
Placas mixtas. Son placas parcialmente cubiertas por corteza continental y así mismo en parte
por corteza oceánica. La mayoría de las placas son de estas características. Valen como
ejemplos de placas mixtas la placa Sudamericana y la placa Euroasiática.
Placa africana, Antártica, arábiga, del caribe, filipina, de Nazca.
Placas secundarias: de Altiplano, Amuria, de los Andes del norte, Anatolia, Birmania, Bismark
del Norte y del sur, Galápados.
Límites divergentes: corresponden al medio oceánico que, de manera discontinua, se extiende
a lo largo del eje de las dorsales. La longitud de estas dorsales es de unos 65 000 km. La parte
central de la dorsal está constituida por un amplio surco denominado Gran Valle del Rift:
elongación formada por depresión de un bloque cortical entre dos fallas o zonas de falla de
rumbo más o menos paralelos, por el cual desde el manto asciende magma y provoca actividad
volcánica lenta y constante.
Límites convergentes: donde dos placas se encuentran. Hay dos casos muy distintos:
Subducción: una de las placas se pliega un ángulo pequeño, hacia el interior de la Tierra, y se
introduce bajo la otra. El límite está marcado por una fosa oceánica o fosa abisal, una estrecha
zanja, cuyos flancos pertenecen a una placa distinta. Hay dos variantes, según la naturaleza de
la litosfera en la placa que recibe la subducción: a) de tipo continental, como ocurre en la
subducción de la placa de Nazca con respecto a la cordillera de los Andes; b) de litosfera
oceánica, donde se desarrollan edificios volcánicos en arcos insulares. Las fosas oceánicas y los
límites que marcan son curvilíneos, de gran amplitud, como la sección de un plano inclinado, el
plano de subducción con la superficie.
Colisión: se originan cuando la convergencia facilitada por la subducción provoca aproximación
de dos masas continentales. Al final las dos masas chocan, y con los materiales continentales
de la placa que subduce emerge un orógeno de colisión, que tiende a ascender sobre la otra
placa. Así se originaron cordilleras mayores, como el Himalaya y los Alpes.
Límites de fricción: denominación de la separación de dos placas por un tramo de falla
transformante. Las fallas de esta índole intersecan transversalmente las dorsales y les
permiten desarrollar un trayecto sinuoso a pesar de que su estructura interna requeriría
rectas. Topográficamente las fallas transformantes aparecen como estrechos valles rectos
asimétricos en el fondo oceánico. Solo una parte de su longitud en el medio de cada falla es
propiamente límite entre placas. Los dos extremos se proyectan dentro de cada placa.
Las zonas de las placas contiguas a los límites —los bordes de placa— son las regiones de
mayor actividad geológica interna del planeta. En ellas se concentran:
Vulcanismo: la mayor parte del vulcanismo activo se genera en el eje de las dorsales, en los
límites divergentes. Por ser submarino y de tipo fluidal, poco violento, pasa muy
desapercibido. Detrás se ubican las regiones contiguas a las fosas por el lado de la placa que no
subduce.
Orogénesis: es decir, surgimiento de las montañas. Es simultánea a la convergencia de placas,
en dos ámbitos: a) donde ocurre subducción se levantan arcos volcánicos y cordilleras, como
los Andes, ricas en volcanes; b) en los límites de colisión el vulcanismo es escaso o nulo, y la
sismicidad es particularmente intensa.
Sismicidad: suceden algunos terremotos intraplaca, en fracturas en regiones centrales y
generalmente estables de las placas, pero la inmensa mayoría se origina en bordes de placa.
Las circunstancias del clima y de la historia han hecho concentrarse buena parte de la
población mundial en regiones continentales sumamente sísmicas, las que forman los
cinturones orogenéticos, junto a límites convergentes. Algunos terremotos importantes, como
el de San Francisco de 1906, se generan en límites de fricción. Los sismos importantes de las
dorsales se producen donde las fallas transformantes actúan como límites entre placas.
El hipocentro o foco es la zona en el interior de la Tierra donde inicia la ruptura de la falla:
desde ahí se propagan las ondas sísmicas.
El epicentro es el punto en la superficie terrestre situado directamente encima del hipocentro.
unas son las llamadas ondas Rayleigh, de movimiento vertical, y otras, las ondas Love, de
movimiento horizontal, nombres que corresponden a los dos científicos ingleses del siglo XIX.
al romperse la roca se generan ondas que se propagan a través de la Tierra, tanto en su
interior como por su superficie. Básicamente hay tres tipos de ondas. El primero de ellos,
llamado ondas P, consiste en la transmisión de compresiones y rarefacciones de la roca, de
forma similar a la propagación del sonido. El segundo tipo, u ondas S, consiste en la
propagación de ondas de cizalla, donde las partículas se mueven en dirección perpendicular a
la dirección de propagación de la perturbación