La opinión del doctor Jesús Bernardo García, fundador
y director de la Unidad de Nutrición, Alimentación y
Metabolismo (UNAM)
“Cuando la alimentación es mala, la medicina no
funciona. Cuando la alimentación es buena, la medicina
no es necesaria”.
Llevar una dieta saludable tiene muchos beneficios. La
alimentación no sirve sólo como tratamiento sino
también como prevención. Llevar un estilo de vida
saludable reduce las probabilidades de padecer
enfermedades en el futuro tales como la Diabetes Mellitus,
hipertensión, enfermedades cardiovasculares y del sistema
digestivo, anemia, dislipemias y algunos tipos de cáncer.
“La alimentación no sirve sólo como tratamiento sino
también como prevención”
El estilo de vida actual, el estrés y las prisas juegan en
contra de la alimentación saludable. Cada vez las personas
recurren más a los platos preparados y precocinados con el
objetivo de ahorrar tiempo. En Estados Unidos, el país de
las prisas y el “fast-food” la tasa de obesidad ha llegado a
unos niveles en los que nunca antes se había situado. Casi
el 40 por ciento de los adultos estadounidenses y el 20
por ciento de los jóvenes padecen obesidad.
La obesidad es la pandemia del [Link]. Por esto, es
tan importante cuidar la alimentación en en todas las
etapas de la vida y, en especial, en la infancia. Esta es
una etapa muy importante con respecto a la alimentación
ya que es el momento en el que el niño va a adquirir los
hábitos alimentarios que seguirá a lo largo de su vida.
Datos curiosos
La densidad ósea no solo depende del
calcio. Para mantener fuerte nuestro
esqueleto no solo tenemos que tomar
alimentos ricos en calcio como los lácteos o
las sardinas en conserva, también tenemos
que aportar al organismo minerales como el
magnesio, el zinc y la vitamina D. ¿Dónde
encontrarlos? Pues tienes infinidad de
alimentos con los que completar tu dieta y
desarrollar una masa ósea densa y sana:
pescados azules como la caballa o el atún,
así como los huevos y el aguacate.
Las verduras, mejor cocerlas con el agua ya
hirviendo. Seguro que alguna vez has
puesto verduras a cocer antes de que el
agua empezara a hervir pensando ¡qué más
da echarlas antes o después! Pues sí,
influye. Si no nos esperamos a que el agua
llegue al punto de ebullición, las verduras
pueden perder gran parte de sus nutrientes
por permanecer demasiado tiempo en
remojo.
El estado de ánimo depende de la vitamina
B. Este es el resumen que podemos extraer
si tenemos en cuenta que el sistema
nervioso, responsable de nuestras
emociones, se ve altamente influenciado por
nuestra alimentación. ¿Cómo alimentamos
correctamente nuestro sistema nervioso?
Pues con vitaminas del grupo B y ácidos
grasos Omega-3. Aquí juegan un papel
importante las verduras y cereales
integrales, y los pescados azules en
conserva, como la melva y la caballa, por su
alta concentración de Omega-3, vitamina
B12 y potasio.
El calor influye en nuestra digestión. Así es,
la llegada de las altas temperaturas afecta a
la totalidad de nuestro cuerpo si no la
gestionamos correctamente. Con el calor,
nuestro sistema digestivo pierde fuerza y
necesita de un mayor aporte de alimentos
ligeros, o lo que es lo mismo, una
importante reducción y equilibrio en el
consumo de fritos, carnes o comidas
pesadas.
Todo el pescado es igual. Y aquí venimos a
destacar la importancia de alternar el
consumo de pescado blanco y pescado azul.
Y no, no da igual comer uno que otro.
Mientras el pescado azul posee entre un 5%
y 10% de materia grasa, el pescado blanco
no supera el 2%. Ambos son igualmente
saludables, pero debemos alternar el
consumo de blancos, por su alto contenido
en proteínas, vitamina D y otros minerales
como el potasio, pero también debemos
incluir el consumo de pescado azul, en
cualquier de sus formas, para aportar a
nuestro organismo las grasas saludables
Omega-3 necesarias para el desarrollo de
sus funciones, así como el conjunto de
vitaminas y minerales que pueden
ofrecernos pescados como el atún, el
salmón, las sardinas, la melva y la caballa.
Calorias y porcentaje
Para conocer este valor con exactitud es preciso
saber algunas variables como la edad, el sexo, la
actividad física o el momento vital de cada
persona.
Conocer cuántas calorías se deben consumir cada día
es algo que se tiene que calcular a nivel individual,
pues cada persona es diferente.
No solo influyen variables como el peso o la edad,
sino también algunas condiciones de salud, los
objetivos concretos en relación al peso corporal o el
tipo de actividad física que se realiza a diario.
Para aproximarse a estos datos, existen fórmulas y
tablas establecidas que pueden ofrecer una
información orientativa. Todo ello sin olvidar que las
calorías no tienen que ser el único aspecto a tener
en cuenta al hablar de una alimentación saludable.