Modulo Rios Profundos
Modulo Rios Profundos
1. INTRODUCCIÓN
Los ríos profundos es la tercera novela del escritor peruano José María
Arguedas. El título de la obra (en quechua Uku Mayu) alude a la profundidad de los
ríos andinos, que nacen en la cima de la Cordillera de los Andes, pero a la vez se
refiere a las sólidas y ancestrales raíces de la cultura andina, la que, según Arguedas,
es la verdadera identidad nacional del Perú.
Publicada por la Editorial Losada en Buenos Aires en 1958, recibió en el Perú el
Premio Nacional de Fomento a la Cultura Ricardo Palma (1959) y fue finalista
en Estados Unidos del premio William Faulkner (1963). Desde entonces creció el
interés de la crítica por la obra de Arguedas y en las décadas siguientes el libro se
tradujo a varios idiomas.1
Según la crítica especializada, esta novela marcó el comienzo de la
corriente neoindigenista, pues presenta por primera vez una lectura del problema del
indio desde una perspectiva más cercana a él, mérito que comparte con la obra del
escritor mexicano Juan Rulfo. La mayoría de los críticos coinciden en que esta
novela es la obra maestra de Arguedas.
2. CONTEXTO
A finales de la década de 1950, Arguedas se mostró muy prolífico en cuanto a producción
literaria. El libro apareció cuando el Indigenismo se hallaba en pleno auge. Por entonces
era ministro de Educación el antropólogo e historiador Luis E. Valcárcel, quien organizó
el Museo de la Cultura, institución que impulsó los estudios indigenistas. De otro lado,
con la aparición de Los ríos profundos se inició un proceso de valoración de la obra de
Arguedas en el Perú y que también se ha ido dando a nivel internacional.
3. COMPOSICIÓN
La génesis de la novela sería el cuento Warma kuyay (que forma parte del libro de
cuentos Agua, publicado en 1935), uno de cuyos personajes es el niño Ernesto,
inconfundiblemente el mismo Ernesto de Los ríos profundos. Un texto de Arguedas que
apareció publicado en 1948 bajo la forma de relato autobiográfico,4 conformaría después
el segundo capítulo de la novela bajo el título de Los viajes. En 1950 Arguedas anunció en
el ensayo «La novela y el problema de la expresión literaria en el Perú» la existencia del
proyecto de la novela.5 El impulso para completar su composición surgió años después,
por el año 1956, cuando realizaba un trabajo etnográfico de campo en el valle
del Mantaro. No paró entonces hasta verlo concluido. Algunos textos de estudio
etnográfico fueron adheridos al relato, como la explicación etimológica
del zumbayllu o trompo mágico.
4. ESCENAR5IOS
La plaza de Abancay, uno de los escenarios de la novela
El 70 % de la acción de la novela transcurre en la ciudad de Abancay, en
quechua Awancay. Otros escenarios son mencionados en los dos primeros capítulos de la
novela: el Cuzco y diversas ciudades costeñas y serranas del sur y centro del Perú,
lugares que Ernesto, el protagonista, recorre acompañando a su padre antes de instalarse
en Abancay.
Abancay es un pueblo con pequeños barrios separados por huertas de moreras, y con
campos de cañaverales que se extienden hasta el río Pachachaca. Lo rodea la hacienda
Patibamba, cuyo patrón no la vendía y por ello la ciudad no podía expandirse. Un árbol
característico de Abancay es el nativo pisonay, que en primavera se llena de flores
grandes y rojas.
Lugares importantes de Abancay donde se desarrolla la novela son el Colegio religioso
o internado, con su enorme patio polvoriento; el barrio de Huanupata, tugurio
maloliente poblado de chicherías, donde también se podían encontrar mujeres fáciles;
la Plaza de Armas; la Avenida Condebamba, que es una amplia alameda sembrada de
moreras. Ya en las afueras se alza el puente del Pachachaca, símbolo de la conquista
española, sostenido por bases de cal y canto y que pese a sus siglos de vida aún se
mantiene firme y aguanta las embestidas del río que pasa bajo su arco, el
Pachachaca.
El río es precisamente un elemento vital en el mundo mágico-religioso de la cultura
andina y por eso es el que da el nombre a la obra, pero con el agregado de
«profundo», constituyendo así en una metáfora de la cosmovisión andina que no se
queda en el aspecto exterior, sino que se adentra más en su interior, a su esencia más
profunda.
5. ÉPOCA
Teniendo en cuenta que se trata de una novela de corte autobiográfico, la época en que
está ambientada la narración es la década de 1920, bajo el oncenio de Augusto B.
Leguía. Para ser más exactos, fue el año de 1924 en que Arguedas estudió el quinto de
primaria en el colegio de Abancay, dirigido por los padres mercedarios.
6. RESUMEN
7. TEMA
El tema principal es el conflicto existencial en el que se debate un adolescente, de elegir el
mundo andino en el que ha nacido y pasado su infancia o el mundo criollo u occidental al
cual las necesidades de la vida le empujan. Él optará por identificarse con el mundo
andino. Otros temas que se presentan en la novela son la violencia racial, social y sexual,
el sistema opresivo de la educación y el vínculo del hombre andino con la naturaleza.
8. LOS DOS NARRADORES
En la obra se distinguen dos narradores. El primero es el narrador principal, un hombre
adulto que evoca su niñez, es decir, una versión adulta de Ernesto. El segundo es una
especie de narrador cognoscitivo cuya intervención es esporádica, se encarga de
completar y mejorar la comprensión del lector respecto a los sucesos de la novela,
aportando datos no conocidos por los lectores, sobre todo en temas de etnología.
9. PERSONAJES
En la obra hay una multitud de personajes tanto individuales como colectivos. El personaje
central y narrador es el adolescente Ernesto, alter ego del escritor.1213 Personajes
recurrentes en la obra son los compañeros de colegio de Ernesto: Ántero, Lleras, Añuco,
Peluca, Palacitos, Chauca, Rondinel, el Chipro, Romero, Valle, Gerardo. También es de
destacar El Viejo (hacendado), el padre de Ernesto (que es abogado), el padre Linares
(director del Colegio) y doña Felipe (la líder de las chicheras). 2
Merecen resaltarse también los personajes marginales de la obra como el pongo
(sirviente), la opa Marcelina (demente) y los colonos de la hacienda Patibamba.
9.1. PERSONAJES PRINCIPALES
Ernesto, el protagonista-narrador, es un muchacho de 14 años que vive escindido entre
dos mundos, el de los hacendados explotadores y el de los indios maltratados. Ello le
permite un proceso de aprendizaje acelerado y una manera de ver el mundo con una
mayor perspectiva. Irá interpretando una realidad a la que se ve enfrentado y su proceso
de aprendizaje tendrá que ver con la elección ética de ubicarse del lado del poderoso o del
desposeído. Para combatir la imposibilidad de pertenecer enteramente a cualquiera de
estos dos mundos, decide soportar su condición a través de la ensoñación y la
comunicación con la naturaleza. A menudo, se identificará más con los indios.
9.2. PERSONAJES SECUNDARIOS
El Viejo, de nombre don Manuel Jesús, es el tío de Ernesto. Terrateniente poderoso,
dueño de cuatro haciendas en el valle del Apurímac, prepotente y avaro, representa el
mundo hostil, ese sistema socioeconómico explotador al que por primera vez se ve
enfrentado Ernesto. Tiene un servidor indio o pongo muy servicial, quien, por oposición,
representa a las víctimas de dicho sistema. El Viejo aparece al principio de la novela,
alojado en una casona del Cuzco; al final de la novela vuelve a ser mencionado, pues a
una de sus haciendas es enviado Ernesto tras la irrupción de la peste en Abancay.
Los alumnos del colegio.- En el colegio religioso de Abancay existían dos tipos de
alumnos: los externos y los internos. Ernesto es uno de estos últimos; en dicho ambiente
entra en contacto con adolescentes y jóvenes que repiten los mismos esquemas de los
poderosos y que cometen las mismas injusticias sociales. En la obra se mencionan a los
siguientes alumnos:
o Añuco, interno, era hijo de un hacendado caído en la ruina. A los nueve años había
sido recogido por los padres del Colegio, poco antes de que falleciera su padre. Amigo
y cómplice de Lleras en continuas mataperradas tanto dentro como fuera del colegio, su
rabia era una manera de expresar su tristeza. Al final, luego de la huida de Lleras, se
amista con sus compañeros, y los padres lo trasladan al Cuzco, para que siguiera la
carrera religiosa.15
o Lleras, interno, era huérfano como Añuco, y a la vez el más altanero y abusivo de todos
los alumnos, aprovechando la ventaja que le daba tener más edad y fuerza que el resto.
Muy flojo en los estudios, sin embargo, esa carencia lo compensaba con su habilidad
en los deportes, siendo infaltable su presencia en el equipo del colegio, a la cabeza del
cual destacaba en las competencias locales de fútbol y atletismo. Amigo y protector de
Añuco, formaban ambos una dupla temible, no solo en el colegio sino en todo el pueblo.
Su poder radicaba en infundir el miedo y el dolor a los más chicos o desvalidos. Al final,
arremete físicamente a uno de los religiosos, por lo que es castigado severamente.
Logra sin embargo huir del colegio, para luego abandonar la ciudad, junto con una
mestiza del barrio de Huanupata. No se supo más de él. Los rumores decían que había
fallecido en su huida y que su cuerpo había sido arrojado al río.215
o Ántero Samanez, externo, apodado el Markask’a o el «marcado», por sus lunares en
el rostro, era un chico de cabellos rubios muy encendidos, por lo que también le
apodaron el «Candela». Era hijo de un hacendado del valle del Apurímac. Aparte de su
aspecto físico, no destacaba en nada. Al principio se hizo amigo de Ernesto, cuando
llevó al colegio un juguete nuevo, el zumbayllu o trompo, al cual, conforme a la
mentalidad andina, atribuía propiedades mágicas. Ambos, Ántero y Ernesto, son
opuestos a Lleras y Añuco, y por lo tanto, a la violencia. Sin embargo, conforme avanza
la novela, las diferencias entre ellos se tornan evidentes y esto origina un alejamiento.
En el motín de las chicheras Ernesto participa al lado de estas, y Ántero da su respaldo
a los hacendados. Pero lo que lleva a la ruptura total es cuando Ántero se hace amigo
de Gerardo, costeño e hijo del comandante de la Guardia Civil destacado en Abancay.
o El Peluca, interno, un joven de 20 años, muy corpulento, aunque cobarde y de mirada
lacrimosa. Le dieron ese apodo porque era hijo de un peluquero. Se destacaba por su
obsesión enfermiza hacia una mujer demente, la opa Marcelina, a quien asaltaba en los
excusados y la obligaba a tener relaciones sexuales. Esta conducta anómala era motivo
de las burlas soeces de sus compañeros, quienes sin embargo no lo enfrentaban pues
temían su fuerza física. Al fallecer Marcelina, enloqueció, profiriendo aullidos, y sus
familiares tuvieron que sacarlo del colegio atado de pies y manos.
o Palacitos, apodado también como el «indio Palacios», era el interno menor y humilde, y
el único proveniente de una comunidad indígena. Al principio le costó mucho adaptarse;
leía penosamente y no entendía bien el castellano. Todo ello motivó que fuera
maltratado física y psicológicamente por el Lleras y otros alumnos mayores, al punto
que suplicaba con lágrimas a su padre (que iba a visitarle cada mes) a que lo trasladara
a una escuela fiscal. Sin embargo, con el paso del tiempo fue amoldándose; los
alumnos mayores dejaron de molestarle, se hizo amigo de Ernesto y empezó a rendir
en los estudios, al extremo de recibir una felicitación de parte de uno de los profesores.
Su padre, feliz, le alentó a que siguiera progresando para que llegara a ser ingeniero.
o Chauca, rubicundo y delgado, es otro de los que tenían una obsesión enfermiza por la
opa Marcelina, aunque, a diferencia del Peluca, siente remordimientos y trata de
domeñar sus deseos. Una vez le descubren azotándose.
o Rondinel o el Flaco, alumno que se hacía notar por su extrema delgadez. Reta a una
pelea a Ernesto, pero enseguida se amistan.
o Valle, alumno de quinto año, muy lector y elegante. En los días de fiesta y en las
salidas lucía una vistosa corbata atada de manera original, que bautiza con el nombre
de k’ompo. En su conversación se esforzaba en hacer citas literarias y otros ejercicios
pedantescos. En la calle andaba siempre rodeado de señoritas y presumía de sus
conquistas amorosas. Se jactaba incluso de haber seducido a la esposa del médico de
Abancay.
o Romero, aindiado, alto y delgado, el atleta del grupo, campeón imbatible en salto y
otras disciplinas deportivas. También era hábil tocador del rondín (armónica) y cantor
de huaynos. Defiende a los más débiles de los abusos del Lleras y el Añuco. 16
o Ismodes, apodado el Chipro, natural de Andahuaylas, hijo de mestizo. Su apodo en
quechua significa el «picado por la viruela», por las marcas inconfundibles de dicha
enfermedad que tenía en el rostro. Se pelea constantemente con Valle. 16
o Simeón, llamado el Pampachirino, por ser oriundo del pueblo de Pampachiri.
o Gerardo, hijo del comandante del guardia civil destacado en Abancay. Es costeño,
natural de Piura. Se hace amigo de Ántero y lo matriculan en el colegio. Destaca por su
habilidad en los deportes, y por su facilidad natural en ganarse amigos y conquistar a
las chicas. Le acompaña su hermano Pablo.
Los Padres del Colegio. Son los religiosos que dirigen la institución educativa: 16
o Augusto Linares, o simplemente el Padre Linares, director del Colegio, ya anciano, de
cabellos blancos, que tenía fama de santidad en todo Abancay.
o El padre Cárpena, alto y fornido, aficionado a los deportes.
o El hermano Miguel, afroperuano, era oriundo de Mala, en la costa central peruana. Los
alumnos irrespetuosos le llaman despectivamente «negro».
La opa Marcelina, una joven mujer con discapacidad mental, blanca, baja y gorda, que
había sido recogida por uno de los Padres y colocada como ayudante en la cocina. Opa
es un vocablo quechua que designa a lo que ahora denominamos una persona con
capacidades diferentes. Marcelina se convierte en una especie de símbolo del pecado,
pues los internos mayores suelen buscarla por las noches para forzarla a tener
relaciones sexuales. Fallece víctima de la epidemia de tifo.21614
Doña Felipa, es cabecilla de las chicheras que se amotinan reclamando el reparto de la
sal al pueblo. Es una mujer robusta, de voluminosos senos y anchas caderas, con el rostro
picado de viruela. Ernesto la admira por su coraje, fuerza y sentido de justicia. Luego del
motín, Felipa huye llevándose consigo un fusil y logra burlar la persecución de las fuerzas
del orden. Gracias a ella, Ernesto comprueba que la reivindicación social es posible. 218
Salvinia, chica de 12 años, delgada, de piel morena y de ojos rasgados y negros. Es la
enamorada de Ántero. Vivía en la avenida Condebamba, una alameda o amplia calle
abanquina sembrada de moreras. Ernesto nota que sus ojos son del color del zumbayllu
(trompo mágico) al momento de girar.
Alcira, amiga de Salvinia, de su misma edad. Vivía camino de la Plaza de Armas a la
planta eléctrica. Cuando Ernesto la ve por primera vez, le encuentra un gran parecido con
Clorinda, una jovencita del pueblo de Saisa, de quien en su niñez se había enamorado y
de la que nunca más volvió a saber.
9.3. PERSONAJES COLECTIVOS Y EVENTUALES
Los colonos, trabajadores indios contratados en la hacienda Patibamba, circundante a la
ciudad de Abancay, entre quienes se extiende la epidemia de tifo. Invaden la ciudad
exigiendo una misa para los difuntos.
Las chicheras, mujeres del pueblo, encabezadas por Felipa, que se rebelan para exigir el
reparto de sal al pueblo.19
Los guardias civiles, cuerpo de policía de la ciudad de Abancay. Son llamados
jocosamente «guayruros» (frijoles de colores) por el color de sus uniformes (negro y rojo).
Se les ridiculiza por no poder controlar el motín de las chicheras.
Los oficiales y soldados del Ejército, quienes ocupan la ciudad tras producirse el motín
de las chicheras.
La cocinera del internado, protectora del Palacitos y quien fallece víctima del tifo.
Abraham, portero del internado, quien también cae víctima de la peste y regresa a
Quishuara, su pueblo natal, para morir.
Prudencio, joven indio, del pueblo de Kakepa, soldado y músico de la banda militar,
paisano y amigo de Palacitos.
El papacha Oblitas, mestizo, maestro músico, experto tocador de arpa.
El Kimichu, un indio peregrino recaudador de limosnas para la Virgen de Cocharcas.
Lleva una urna con la imagen de la Virgen, encima de la cual iba un lorito.
Jesús Warank’a Gabriel, cantor, acompañante del Kimichu.
Don Joaquín, forastero challhuanquino, que contrata los servicios del abogado Gabriel, el
padre de Ernesto, sobre un litigio de tierras.
Pedro Kokchi y Demetrio Pumaylly, indios, amigos de la infancia de Ernesto, que los
menciona al rememorar dicha etapa de su vida.
Alcilla, notario de Abancay, amigo del padre de Ernesto, hombre envejecido y enfermo,
con esposa e hijos.
10. ESTRUCTURA
La obra está dividida en 11 capítulos, numerados con dígitos romanos y con título propio,
siendo muy variable la extensión de cada uno de ellos. El más extenso es el último
capítulo, el titulado «Los colonos». El más corto es el capítulo IV, titulado «La hacienda».20
Breve esquema de la novela:
I. El viejo.- La llegada de Ernesto y su padre al Cuzco, donde se encuentran con El Viejo,
un agrio y avaro hacendado, que se niega a ayudarlos, pese a ser pariente de ellos. 9
II. Los viajes. - Los recorridos de Ernesto y su padre (abogado itinerante) por diversas
ciudades de la sierra y de la costa central y sur del Perú. 21
III. La despedida. - La llegada de Ernesto y su padre a Abancay. Ernesto es internado en
un colegio religioso y su padre continúa sus viajes en busca de trabajo. 22
IV. La hacienda. - Ernesto visita la hacienda colindante de Abancay, Patibamba, cuyos
colonos o peones indios eran muy reservados. El Padre o cura del pueblo da sermones a
los indios en los que elogia a los hacendados.22
V. Puente sobre el mundo. - Ernesto visita el barrio de Huanupata, el barrio alegre de
Abancay. A las afueras está el puente sobre el Pachachaca, construido en el siglo XVI por
los españoles. Se describe el colegio religioso, los padres directores, los hermanos
profesores y los alumnos. Una sirvienta que sufre de retardo mental, Marcelina, es el
objeto sexual de los alumnos mayores.22
VI. Zumbayllu.- Uno de los alumnos internos, el Ántero o Markask’a trae al colegio un
zumbayllu o trompo, de significado mágico. Ernesto hace amistad con Ántero. Se
describen las peleas entre los alumnos y los abusos de los mayores sobre los menores,
como el Lleras sobre el Palacitos.23
VII. El motín. - Las chicheras del pueblo, encabezadas por Felipa, se rebelan para exigir el
reparto de sal al pueblo. Ernesto les acompaña en el tumulto. Las chicheras reparten la sal
a los indios de Patibamba, pero luego irrumpen los guardias civiles y recuperan la sal. 24
VIII. Quebrada honda. - Ernesto es castigado por los padres, por seguir a las chicheras.
Luego regresa a Patibamba acompañando al Padre Director, quien sermonea a los indios
explicándoles que era un pecado robar la sal, aunque fuera para los pobres. Ernesto
regresa al colegio y se encuentra con Ántero, quien le enseña un winku o trompo brujo,
superior al zumbayllu. En otra escena, el Lleras empuja a uno de los religiosos, el hermano
Miguel, el cual responde dándole un puñetazo. El Lleras es recluido en una habitación pero
en la noche se fuga del colegio.24
IX. Cal y canto. - Los militares llegan a Abancay para contener la rebelión de las chicheras
y capturar a Felipa. Ántero y Ernesto conversan en el colegio sobre la situación. Ambos
visitan en el pueblo a Salvinia (enamorada de Ántero) y a Alcira, la amiga de esta.25
X. Yawar Mayu. Un domingo Ernesto y los otros alumnos van a la plaza del pueblo donde
dan retreta o exhibición de la banda militar. Ernesto conoce a Gerardo, el hijo del
comandante destacado en Abancay, quien se hace amigo de Ántero. Asimismo, visita el
barrio de Huanupata, donde se deleita escuchando a los músicos y cantores. 26
XI. Los colonos. - Los militares se retiran de Abancay, sin haber capturado a Felipa.
Gerardo ingresa al colegio religioso y se le ve siempre junto a Ántero. Cuando ambos se
jactan de sus conquistas amorosas, Ernesto se pelea con ellos y no les vuelve a hablar.
Luego irrumpe la peste de tifo en el pueblo. Marcelina fallece víctima del mal. Ernesto es
puesto en cuarentena por temor a un contagio. Cientos de colonos o peones indios de las
haciendas colindantes se acercan a Abancay para exigir al Padre que dé una misa por los
difuntos. El Padre acepta y da la misa a medianoche. Con el permiso del Padre, Ernesto
abandona Abancay y se va a una de las haciendas de El Viejo, donde esperará el retorno
de su progenitor.26
10. RESUMEN POR CAPÍTULO
1.- El viejo
El relato empieza cuando el narrador (Ernesto) cuenta su llegada al Cusco, acompañando
a su padre Gabriel, quien era abogado y viajaba continuamente buscando dónde ejercer
su profesión. En la antigua capital de los incas visitan a un pariente rico al que conocen
como El Viejo, para solicitarle alojamiento y trabajo, pero este resulta ser un tipo avaro,
tosco y con fama de explotador, por lo que deciden abandonar la ciudad y buscar otros
rumbos. Pero antes pasean por la ciudad. Ernesto se deslumbra ante los majestuosos
muros de los palacios de los incas, cuyas piedras finamente talladas y perfectamente
encajadas le parece que se mueven y hablan. Luego pasan frente a la Iglesia de la
Compañía y visitan la Catedral, donde oran frente a la imagen del Señor de los
Temblores. Allí se encuentran nuevamente con el Viejo, quien estaba acompañado de su
sirviente indio o pongo, símbolo de la raza explotada. Ernesto no puede contener el
desagrado que le produce el Viejo y lo saluda secamente.
3.- La despedida
Cuenta el narrador cómo su padre le promete que sus continuos viajes acabarían
en Abancay, pues allí vivía un notario, viejo amigo suyo, quien sin duda le recomendaría
muchos clientes. También le promete que le matricularía en un colegio. Llegan pues
a Abancay y se dirigen a la casa del notario, pero este resultó ser hombre enfermo y ya
inútil para el trabajo, y para colmo, con una mujer e hijos pequeños. Descorazonado, el
padre prefiere alojarse en una posada, donde coloca su placa de abogado. Pero los
clientes no llegan y entonces decide reemprender sus viajes. Pero esta vez ya no le podrá
acompañar Ernesto, pues ya estaba matriculado de interno en un colegio de religiosos de
la ciudad, cuyo director era el Padre Linares. Su decisión se apresura cuando un tal
Joaquín, un hacendado de Chalhuanca, llega a Abancay a solicitarle sus servicios
profesionales. Ernesto se despide entonces de su padre y se queda en el internado
4.- La hacienda
En este capítulo el narrador cuenta la vida de los indios en la hacienda colindante a
Abancay, Patibamba, a donde solía ir los domingos tras salir del internado, pero a
diferencia de los indios con quienes había vivido su niñez, estos parecían muy huraños y
vivían encerrados. Relata también las misas oficiadas por el Padre, y cómo este predicaba
el odio hacia los chilenos y el desquite de los peruanos por la guerra de 1879 (recordemos
que eran los años de 1920, en plena tensión peruano-chilena por motivo del litigio
por Tacna y Arica) y elogiaba a la vez a los hacendados, a quienes calificaba como el
fundamento de la patria, pues eran, según su juicio, los pilares que sostenían la riqueza
nacional y los que mantenían el orden.
6.- Zumbayllu
Esta vez Ernesto relata como uno de los alumnos, el Ántero o Markask’a, rompe la
monotonía de la escuela al traer un trompo muy peculiar al cual llaman zumbayllu, lo que
se convierte en la sensación de la clase. Para los mayores solo se trata de un juguete
infantil, pero los más chicos ven en ello un objeto mágico, que hace posible que todas las
discusiones queden de lado y surja la unión. Ántero le regala su zumbayllu a Ernesto y se
vuelven desde entonces muy amigos. Ya con la confianza ganada, Ántero le pide a
Ernesto que le escriba una carta de amor para Salvinia, una chica de su edad. Luego, ya
en el comedor, Ernesto discute con Rondinel, un alumno flaco y desgarbado, quien le reta
a una pelea para el fin de semana. Lleras se ofrece para entrenar a Rondinel mientras que
Valle alienta a Ernesto. En la noche, los alumnos mayores van al patio interior; allí el
Peluca tumba a Marcelina y yace con ella. De lejos, Ernesto ve que Lleras y Añuco
colocan sigilosamente en la espalda del Peluca unas tarántulas o apasankas; algunos se
asustan al verlas, pero el Peluca las arroja y las aplasta sin temor
7.- El motín
A la mañana siguiente, Ernesto le entrega a Ántero la carta que escribió para Salvinia;
Ántero la guarda sin leerla. Luego le cuenta a su amigo su desafío con Rondinel. Ántero se
ofrece para amistarlos y lo logra, haciendo que los dos rivales se den la mano. Luego
todos se van a jugar con los zumbayllus. Al mediodía escuchan una gritería en las calles y
divisan a un tumulto conformado por las chicheras del pueblo. Algunos internos salen por
curiosidad, entre ellos Ántero y Ernesto, que llegan hasta a la plaza, la que estaba copada
por mujeres indígenas que exigían que se repartiera la sal, pues a pesar de que se había
informado que dicho producto estaba escaso, se enteraron de que los ricos de las
haciendas las adquirían para sus vacas. Encabezaba el grupo de protesta una mujer
robusta llamada doña Felipa, quien conduce a la turba hacia el almacén, donde
encuentran 40 sacos de sal cargados en mulas. Se apoderan de la mercancía y lo reparten
entre la gente. Felipa ordena separar tres costales para los indios de la hacienda de
Patibamba. Ernesto la acompaña durante todo el camino hacia dicha hacienda, coreando
los huaynos que cantaban las mujeres. Reparten la sal a los indios, y agotado por el viaje,
Ernesto se queda dormido. Despierta en el regazo de una señora blanca y de ojos azules,
quien le pregunta extrañada quién era y qué hacía allí. Ernesto le responde que había
llegado junto con las chicheras a repartir la sal. Ella por su parte le dice que es cusqueña y
que se hallaba de visita en la hacienda de su patrona; le cuenta además cómo los
soldados habían irrumpido y arrebatado a latigazos la sal a los indios. Ernesto se despide
cariñosamente de la señora y luego se dirige hacia el barrio de Huanupata, donde ingresa
a una chichería para escuchar a los músicos. Al anochecer le encuentra allí Ántero, quien
le cuenta que el Padre Linares estaba furioso por su ausencia. Ambos van a la alameda a
visitar a Salvinia y a su amiga Alcira; esta última estaba interesada en conocer a Ernesto,
según Ántero. Pero al llegar solo encuentran a Salvinia, quien se despide al poco rato pues
ya era tarde. Ántero y Ernesto vuelven al colegio.